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Radio Ambulante - Boom - Colapso

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La familia de Sinar Alvarado se fue de Valledupar, Colombia, a finales de los 70s, y se mudó al otro lado de la frontera, a Venezuela. Era el final del boom petrolero, cuando la clase media venezolana podía irse de vacaciones a Miami, comprar autos nuevos y disfrutar un estilo de vida que era poco común en el resto de la región. Hoy, Venezuela está en una crisis nunca antes vista. ¿Qué dice la historia de esta familia sobre el colapso de una nación?

Gracias
por
escuchar
Radio
Ambulante.
Mañana,
empieza
tu
día
con
“Up
First”,
el
podcast
de
noticias
matutino
de
NPR.
En
una
reseña
de
Apple
Podcast,
Eve
Bethel
escribió:
“Conciso
y
completo.
Escucho
‘Up
First’
todas
las
mañanas
en
el
camino
al
trabajo.
Me
da
un
resumen
de
las
noticias
más
importantes
del
día
y
lo
que
se
viene
de
la
semana”.
Arranca
el
día
con
“Up
First”,
mañana
en
NPR
ONE
o
en
cualquier
app
de
podcasts.
¿Ya
conoces
la
Escuela
Radio
Ambulante?
Es
nuestro
nuevo
proyecto
educativo
en
el
que
estamos
compartiendo
recursos
para
aprender
a
producir
crónicas
de
audio
al
estilo
Radio
Ambulante.
Si
quieres
aprender
cómo
identificar
una
buena
historia,
técnicas
de
entrevista,
cómo
escribir
un
guión
contundente,
o
simplemente
por
dónde
empezar
a
producir
tu
podcast
narrativo,
visítanos
en
www.escuelaradioambulante.org,
escuela
radio
ambulante
punto
o
ere
ge.
Bienvenidos
a
Radio
Ambulante,
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.
Y
este
es
Sinar
Alvarado.
Me
cuesta
identificar
mi
origen,
si
soy
de
allá
o
de
acá.
Eso
como
que…
como
que
varía:
como
que
a
veces
me
siento
más
de
allá,
a
veces
más
de
acá.
Probablemente
sea
una
especie
de
60/40,
60%
venezolano
y
40%
colombiano,
algo
así.
Colombiano
porque
nació
en
Valledupar.
Venezolano
porque
se
crió
allá,
en
una
ciudad
llamada
Maracaibo.
Era
solo
un
bebé
de
meses
cuando
su
familia
se
cambió
de
país.
Y
ahí
viviría
por
casi
3
décadas.
Pero
como
miles
de
venezolanos,
Sinar
se
fue…
El
que
está
allá
adentro
—supongo
que
debe
ser
casi
como
un
mecanismo
de
defensa
psicológico—
ve
la
situación
como:
«Bueno,
esto
está
muy
mal,
pero
todavía
se
puede».
Porque
si
no
lo
asumes
así
pues
te
vuelves
loco
o
te
vas.
En
el
2004,
cuando
Hugo
Chávez
apenas
llevaba
5
años
en
el
poder
y
Sinar
tenía
27
años,
decidió
mudarse
a
Colombia.
Pero
seguía
yendo
a
Venezuela
con
frecuencia…
Ahora,
una
vez
que
sales
y
vuelves,
al
volver
te
das
de
verdad
cuenta,
es
decir:
«Esto
está
realmente
mal
¿Cómo…
cómo
aguanté
yo?
¿Cómo
viví
en
este
sitio?».
Inseguridad,
inflación,
represión…
Lo
veía
en
cada
visita,
cada
vez
de
manera
más
pronunciada.
Esta
es
la
complicada
realidad
de
Venezuela
ahora.
Uno
de
los
países
más
prósperos
de
América
Latina
se
ha
convertido
en
uno
de
los
más
caóticos,
más
miserables,
más
violentos.
Un
país
que
antes
atraía
inmigrantes
de
toda
la
región,
ahora
expulsa
gente…
Con
mucha
gente
con
la
que
yo
hablo,
que
ha
emigrado
de
Venezuela,
mucha
gente,
casi
todo
el
mundo
dice:
«No,
yo
me
fui
en
el
momento
justo,
porque
ya
después
de
que
yo
me
fui,
ya
eso
se
jodió
«.
Entonces,
¿cuál
es
el
momento
justo
para
dejar
un
país?
Claro,
una
situación
que
empeora
cada
día,
sí,
hoy
es
mejor
que
mañana,
y
mañana
es
peor,
y
así…
Esta
es
una
historia
de
ir
y
volver.
De
salidas
apresuradas,
y
retornos
inesperados.
Comenzamos
con
el
papá
de
Sinar.
Es
un
poco
confuso,
porque
también
se
llama
Sinar.
Mi
nombre
es
Sinar
Alvarado
Royero.
Nací
en
Chiriguaná
el
18
de
octubre
de
1940…
Y
en
Colombia…
Tenía
trabajo,
era
profesional,
tenía
contactos,
conocía
gente,
tenía
un
programa
de
radio,
escribía
en
el
periódico…
Tenía
una
carrera
establecida.
Era
veterinario
y
le
iba
bien.
Pero
a
finales
de
los
70
se
le
complicó
un
poco
la
cosa.
En
parte,
por
su
propia
personalidad…
Siempre
ha
sido
como
muy
beligerante.
No
se
calla
nada.
Puede
llegar
a
ser
explosivo.
Nada
diplomático.
Llegó
hasta
recibir
amenazas
por
lo
que
escribía,
y
en
medio
de
esta
crisis…
Surgió
una
oferta
en
Maracaibo
y
dijo:
«Vámonos».
Cuando
voy
a
Maracaibo
y
empiezo
a
cruzar
el
puente
siento
una
emoción
tan
grande
que
se
me
nubla
la
mente…
Era
una
oferta
para
trabajar
en
una
compañía
de
productos
veterinarios.
No
lo
pensé
dos
veces,
y
creí
que
era
el
momento
de
irme.
Con
mi
mujer
y
mis
dos
hijos,
y
a
explorar
lo
desconocido.
En
el
momento
en
que
uno
decide
irse,
no
sabe
cuando
vuelve.
Digo,
uno
se
va
por
tiempo
indefinido,
es
un
contrato
que
no
tiene…
no
tiene
fecha
de
término.
¿Ustedes,
o
tú,
pensaste
en
algún
momento
en
volver
a
Colombia?
Cuando
me
fui
sí.
Y
muchos
amigos
le
decían:
«Tú
eres
muy
parrandero»,
«Tú
eres
muy
criollo»,
«Tú…
no
vas
a
aguantar».
Pero
se
acostumbró.
Y
para
Sinar
y
su
hermana
Martha,
Maracaibo
sería
el
lugar
de
su
infancia.
Maracaibo
tiene
un
puerto,
está
frente
a
un
lago
que
está
comunicado
con
el
mar,
entonces
es
una
ciudad
abierta.
Históricamente,
esta
ciudad
siempre
ha
tenido
una
fuerte
relación
con
el
Caribe:
las
Antillas,
Aruba,
Curaçao,
Trinidad…
Tuvimos
un
vecino
trinitario,
recuerdo,
Puerto
Rico,
Cuba…
O
sea,
una
ciudad
internacional.
Muchos
colombianos
también.
Una
ciudad
próspera.
Maracaibo
no
sólo
produjo
dinero
para
misma
en
cantidad,
produjo
dinero
para
toda
Venezuela…
y
más.
La
explotación
petrolera
empezó
en
esta
región…
Allí
reventó
el
primer
pozo
a
principios
del
siglo
20,
y
durante
100
años
no
han
dejado
de
sacar
petróleo
de
ahí.
Ese
petróleo
sería
el
ingreso
principal
de
Venezuela
durante
décadas.
Y
este
fue
el
país
al
que
llegó
la
familia
de
Sinar.
Llegamos
a
un
país
donde
habían
muchas
oportunidades,
una
gran
bonanza.
Pensé
que
iba
a
volver,
pero
cuando
estuve
6
meses
allá,
y
ya
tuve
acceso
al
primer
carro,
y
ya
me
los
llevé
a
ustedes,
entonces
ya
yo
estaba
completo.
Es
que
estamos
hablando
de
un
boom
económico
en
serio.
De
lo
que
no
se
veía
en
el
resto
de
la
región…
En
agosto
de
los
años
78…
80
y
pico…,
salían
de
Maracaibo
4
aviones
diarios
repletos
de
personas
que
iban
a
sus
vacaciones
a
Disneyworld
a
Estados
Unidos.
Bueno,
porque
Disneyworld
representa
para
ella
algo
nuevo,
¿no?
Es
un
mundo
infantil
maravilloso…
Y
no
solo
a
Disney.
Miami
se
llenó
de
Venezolanos
durante
esos
años…
Miami…/
Miami…/
Hacia
Miami…/
Ahorita
voy
a
ir
Miami…/
Para
Miami…/
Pienso
ir
de
compras…/
Bueno,
pues
mi
papá
acaba
de
comprar
un
departamento
entonces
que
lo
vamos
a
estrenar
este
año…
Y
la
familia
de
Sinar
claro,
también
se
beneficiaba
de
este
boom
petrolero.
Para
entender
lo
atractivo
que
era
todo
esto
para
ellos,
hay
que
saber
bien
cómo
vivían
en
Colombia.
No
teníamos
nosotros
un
televisor,
no
teníamos
un
aire
acondicionado.
Muchas
cosas.
Un
carro:
jamás.
Mientras
que
en
Venezuela…
Ustedes
estaban
en
colegios
privados,
que…
Teníamos
dos
carros:
la
Brasilia
Volkswagen
y
el
Malibú
Chevrolet.
Fuimos
a
Estados
Unidos,
a
Disney,
fuimos
a
Nueva
York.
Entonces,
era
un
estándar
de
vida
que
por
eso
se
llamaba
la
Venezuela
Saudita.
Tampoco
es
que
estemos
hablando
de
gente
exageradamente
pudiente.
No…
Era
un
estilo
de
vida
accesible
para
la
clase
media
profesional
que
tenía
un
trabajo
común
y
corriente.
Los
ganaderos
a
veces
dicen
que
cuando
huele
a
animales
—ese
olor
a
monte,
un
olor
salvaje—,
pues
dicen
que
huele
a
dinero.
Para
un
veterinario
de
animales
grandes,
es
igual.
El
papá
de
Sinar
olía
a
ganado.
Y
ese
olor
a
vaca,
es,
según
Sinar,
el
olor
que
definió
esos
años
de
prosperidad.
Todo
sobraba,
todo
abundaba:
el
alimento,
el
dinero,
había
espacio
para
todos.
Entonces
al
tener
acceso
a
todo
ese
bienestar
te
va…
te
va
haciendo
que
comiences
a
echar
raíces,
y
que
cada
día
se
vayan
profundizando.
Y
eso
fue
lo
que
ocurrió…
Pero
detrás
de
esta
bonanza,
se
estaba
incubando
una
crisis.
Hoy,
en
cambio,
me
toca
recibir
una
economía
desajustada
y
con
signos
de
graves
desequilibrios
estructurales,
que
han
erosionado
alarmantemente
la
capacidad
adquisitiva
de
las
clases
medias.
Recibo
una
Venezuela
hipotecada.
Este
es
el
presidente
Herrera
Campíns,
el
día
que
asume
la
presidencia
en
1979.
Solo
2
años
después
de
que
llegamos
a
Venezuela.
Era
un
sistema
que
agonizaba.
Pero
como
hubo
tanto
dinero
en
su
momento,
tardó
años
en
estallar.
Lo
que
mi
padre
recuerda
como
los
buenos
tiempos,
eran
en
realidad
los
últimos
años
de
la
Venezuela
Saudita.
Si
hubiéramos
sido
más
avispados,
nos
hubiéramos
dado
cuenta
del
sistema
que
se
estaba
cayendo.
Señor
presidente,
aquí
está
flotando
en
el
ambiente
una
palabra
que
parece
que
todo
el
mundo
tiene
miedo
de
mencionar,
y
es
devaluación.
Esto
fue
el
viernes
18
de
febrero
de
1983…
La
BBC,
el
Financial
Times,
se
han
dedicado
las
últimas
24
horas
a
mencionar
la
situación
de
Venezuela…
Para
los
venezolanos,
el
famoso
“Viernes
Negro”…
El
presidente
Herrera
Campíns
trataba
de
calmar
los
ánimos…
Vea,
hay
una
serie
de
rumores
y
de…
desinformaciones,
internas,
en
relación
con
algunas
instituciones
bancarias,
que
parecen
tender
a
hacer
perder
credibilidad
en
el
sistema
bancario.
Pero
ese
viernes
el
bolívar,
la
moneda
venezolana
y
la
más
fuerte
de
Latinoamérica,
perdió
más
de
la
mitad
de
su
valor.
El
Gobierno
prohibió
la
venta
de
dólares
y
otra
monedas
extranjeras…
Un
convenio
cambiario
suspendiendo
las
ventas
de
divisas
extranjeras…
Pero
no
fue
suficiente…
Se
podría
decir
que
este
evento
partió
en
dos
la
historia
reciente
del
país.
El
bolívar
nunca
volvió
a
tener
el
mismo
valor,
y
la
inmensa
mayoría
nos
empobrecimos
de
la
noche
a
la
mañana.
Hay
que
notar
algo
que
a
veces
se
olvida:
la
Venezuela
Saudita
nunca
fue
de
todos.
Si
bien
una
clase
media,
incluyendo
familias
como
la
mía,
vivieron
años
de
boom,
de
bienestar,
muchos
nunca
tuvieron
acceso
a
esas
oportunidades.
Podría
decirse
que
con
el
“Viernes
Negro”,
comienza
una
nueva
etapa
en
la
historia
reciente
de
Venezuela.
Una
etapa
de
crisis
constante.
Si
se
compara
con
lo
que
pasa
hoy,
pues
no
es
nada.
Pero
también
hay
que
ponerlo
en
contexto,
comparar
lo
que
pasaba
en
Venezuela
con
la
realidad
de
otros
países
en
la
región.
El
bolívar
de
esa
época
siempre
valía
más
que
otras
monedas
sudamericanas.
Colombia
vivía
los
peores
años
del
narcotráfico.
Perú
estaba
en
medio
de
un
conflicto
sanguinario
con
el
grupo
terrorista
más
violento
de
Sudamérica.
Argentina
acaba
de
salir
de
la
Guerra
de
las
Malvinas.
Chile,
Brasil
y
Uruguay
seguían
en
dictadura.
Ese
mismo
año,
1983,
mis
padres
se
separaron,
y
a
la
crisis
de
la
economía
nacional,
se
sumó
una
nueva
crisis,
una
crisis
doméstica.
La
verdad
es
que
no
tengo
recuerdos
del
día
en
en
que
se
fue
mi
papá.
No
recuerdo
que
me
hayan
dicho
nada.
Mi
hermana
Martha,
que
me
lleva
un
par
de
años,
tampoco.
Esa
conversación,
eh,
definitivamente
pues
no
la
hubo.
Solamente,
pues,
recuerdo
el
momento
—aproximadamente
tenía
como,
sí,
como
9
años—
que
nuestro
padre,
pues,
o
sea
el
taita,
pues,
salió
de
la
casa,
pues,
considerablemente,
pues,
alterado,
con
su
maleta,
y
a
estas
alturas,
pues,
no
pues
cual
tomó
esa
decisión.
Lo
que
recuerdo
con
claridad
es
que
de
ahí
en
adelante
éramos
los
3.
Mi
mamá,
mi
hermana
y
yo.
Ahí
empezaron
los
tiempos
duros.
La
ironía
es
que
en
los
siguientes
10
años
sobrevivimos
gracias
al
país
que
habíamos
abandonado:
Colombia.
Aunque
Venezuela
estaba
entrando
en
crisis,
el
cambio
de
la
moneda
todavía
nos
favorecía.
De
todas
formas,
para
que
la
balanza
se
invirtiera
tendrían
que
pasar
muchos
años.
Entonces
muchos
venezolanos
seguían
comprando
cosas
en
Colombia.
Mi
mamá
también.
Un
par
de
veces
al
mes,
me
acuerdo,
viajaba
en
su
Chevrolet
Malibú
Classic
de
1983
—que
fue
su
última
gran
compra
antes
de
la
devaluación—
a
Maicao,
un
pueblo
colombiano
a
un
par
de
horas
de
Maracaibo.
Allá
compraba
ropa,
zapatos,
perfumes,
joyas,
esmeraldas,
aretes,
anillos
de
oro…
Todo
para
revender.
Y
cuando
mi
mamá
volvía
de
estos
viajes…
Cuando
ella
venía,
o
sea,
la
típica
pregunta,
o
sea,
¿qué
nos
trajiste,
o
qué
me
trajiste,
no?
Cuando
llegaba
ponía
todas
esas
cosas
sobre
su
cama.
Ahí
sacaba
un
cuadernito
y
empezaba
a
ponerle
precio
a
todo.
«Esto
costó
tanto,
se
va
a
vender
en
tanto”.
Y
anotaba
cuánta
ganancia
le
dejaría
cada
cosa.
De
esa
inventario
salía
nuestra
comida.
Nada
menos…
Cuando
volvamos,
la
crisis
de
Venezuela
se
agudiza…
Gracias
por
escuchar
Radio
Ambulante.
Cuando
sientas
ganas
de
divertirte,
óyete
el
podcast
Ask
Me
Another.
Ahí
encontrarás
juegos
y
adivinanzas.
Pon
a
prueba
tu
cerebro
con
poesía
basada
en
Star
Trek,
juega
“Dos
verdades
y
una
mentira”,
y
demuestra
tu
conocimiento
de
comedias
noventeras
con
las
invitadas
Jeneane
Garofalo
y
Lili
Taylor.
“Ask
Me
Another”
es
como
una
noche
de
trivia,
pero
mucho
más
divertido.
Juega
con
ellos
ya
en
NPR
One
o
en
tu
app
favorito
de
podcast.
En
mi
familia
siempre
nos
preguntamos
quiénes
somos,
o
qué
somos:
si
somos
venezolanos,
si
somos
colombianos…
Bueno,
yo
creo
que
siempre
ha
sido
como
50
y
50,
¿no?
Creo
que
50
primeramente
maracucha
de
corazón,
y
pues
vallenata
de…
la
tierra
natal.
Pero
desde
pequeña
50
y
50.
Yo
me
siento
un
poco
más
venezolano.
Será
porque
soy
un
poco
más
joven,
y
nunca
viví
en
Colombia
de
niño.
También
podría
ser
por
mi
trabajo.
El
periodismo
siempre
te
mete
en
temas
de
política,
temas
coyunturales,
que
te
ligan
de
una
manera
u
otra
a
la
situación
del
país
donde
estás
viviendo.
Bueno,
y
lo
que
tengo
muy
claro
es
que
durante
mi
niñez
y
adolescencia,
las
cosas
se
ponían
cada
vez
más
complicadas.
A
comienzos
del
89,
el
presidente
Carlos
Andrés
Pérez
empezó
a
implementar
una
serie
de
reformas
neoliberales:
cortes
en
el
presupuesto
nacional,
aumento
del
precio
de
la
gasolina,
aumento
de
los
pasajes
en
transporte
público…
Ahí
empezó
el
lío.
Las
medidas
que
anuncio
al
país
en
materia
económica,
no
pueden
estar
desligadas
de
decisiones
dirigidas
a
fortalecer
la
calidad
de
la
vida
y
a
preservar…
Yo
estaba
a
punto
de
cumplir
12
años.
Fue
la
época
más
dura
para
mi
mamá
y
para
nosotros.
Mi
abuelo
acababa
de
morir,
después
de
vivir
con
nosotros
por
3
años.
Mi
mamá
lo
extrañaba
tanto,
que
no
aguantaba
vivir
en
la
casa
sin
él.
Nos
mudamos
a
una
casa
vieja,
entonces.
No
quién
la
bautizó
así,
pero
por
mucho
tiempo
la
llamamos
“El
Ranchón.”
En
esa
casa
vivíamos
cuando
estalló
en
febrero
de
ese
año,
todo
el
lío
y
las
protestas
contra
el
paquete
de
reformas
de
Carlos
Andrés
Pérez.
Y
esta
semana,
el
mundo
entero
volvió
los
ojos
hacia
Venezuela.
Sorprendió
por
un
enorme
y
repentino
estallido
social
que
causó
varios
centenares
de
muertos.
Lo
que
se
conoce
como
el
“Caracazo”…
La
protesta
que
un
principio
era
pacífica,
se
tornó
violenta
hasta
el
punto
en
que
la
policía
no
pudo
controlar
la
cantidad
de
focos
de
desorden
que
se
producían
en
toda
la
localidad
de
Guarenas.
Los
estudiantes
en
este
momento
tienen
la
razón
de
protestar
públicamente
en
la
calle
porque
el
pasaje
lo
están
cobrando
hasta
el
200%,
y
no
están
reconociendo
el
pasaje
estudiantil.
Este
local
que
está
totalmente
destruido,
incendiado,
arrasado,
era
un
gran
almacén
donde
había
una
gran
cantidad
de
productos
alimenticios.
Todo
esto
se
ha
derrumbado
a
raíz
del
incendio
que
provocaron
los
saqueadores.
Según
cifras
oficiales
hubo
más
300
muertos,
y
más
de
3.000
desaparecidos.
Desde
la
capital,
el
presidente
se
pronunció…
Ahora
se
abre
la
posibilidad
plena
para
que
podamos
tomar
el
resto
de
las
medidas
y
para
que
todos
los
venezolanos,
todos
los
que
participan
en
el
proceso
económico,
sepan
a
qué
atenerse.
Eso
lo
debo
hacer…
Anunció
un
toque
de
queda.
Durante
días
nos
quedábamos
en
la
casa
hablando
de
política
con
mi
familia.
En
el
sector
de
del
valle
las
cosas
se
han
complicado
a
medida
que
la
mañana
ha
transcurrido…
Ahora,
el
“Caracazo”
ahora
lo
veo
como
un
síntoma
de
lo
que
vendría-
Esa
supuesta
prosperidad
escondía
un
descontento
masivo…
los
efectivos
militares
también
se
han
hecho
presentes…
El
sistema
político
que
ya
llevaba
30
años
en
el
poder,
alternándose
entre
2
partidos,
se
acercaba,
ahora
sí,
a
su
final…
Nosotros
cuando
salimos
a
la
calle
no
salimos
a
reprimir.
Salimos
a
reestablecer
un
orden
que
está
alterado.
Todavía
faltaba
un
década
para
que
muriera
por
completo.
Pero
ya
había
mucha
crisis,
demasiada
corrupción
y
desgaste.
Los
mismos
viejos
de
los
partidos
pretendían
ser
los
líderes
para
siempre…
Y
la
gente
estaba
harta.
Doctora,
¿cuál
es
la
situación
del
hospital
hasta
este
momento?
El
hospital
está
en
emergencia,
señor.
Bueno,
pues,
los
heridos
que
han
habido,
debido
a
que
están
heridos
de
bala.
Disturbios
con
la
policía.
El
“Caracazo”
demostró
que
la
gente
estaba
lista,
que
las
condiciones
estaban
dadas
para
la
aparición
de
alguien
como
Hugo
Chávez.
Su
primer
intento
de
asumir
el
poder
fue
3
años
después,
en
el
golpe
fallido
de
1992.
Cuando
decidí
irme
del
país,
no
fue
por
la
crisis.
Eso
es
algo
que
le
cuesta
entender
a
muchos.
Es
casi
incomprensible
si
ves
la
situación
actual,
pero
hasta
hace
relativamente
poco,
uno
podía
vivir
bien
en
Caracas,
incluso
siendo
periodista.
Yo
no
me
fui
por
necesidad,
sino
por
ambición
profesional.
Quería
hacer
crónica,
periodismo
de
largo
aliento,
y
en
Venezuela
no
había
muchos
medios
que
publicaran
este
tipo
de
trabajos.
Había
más
oportunidades
en
Bogotá.
Entonces
me
fui
en
julio
del
2004.
Casi
2
años
después,
de
visita
en
Caracas,
conocí
a
Gaby.
Pasaron
4
años
antes
de
que
nos
hiciéramos
novios.
Gaby
también
es
periodista.
Y
en
2010,
volví
a
Caracas
por
unos
meses,
y
empezamos
a
salir.
Y
nos
enamoramos.
Poco
después
ella
se
ganó
una
beca
para
irse
a
estudiar
a
Italia,
y
decidimos
irnos
juntos.
Y
allá,
en
Roma,
fue
donde
empezamos
a
pensar
en
qué
hacer…
Lo
que
más
recuerdo
es
como
cierta
incertidumbre.
Incertidumbre
por
un
lado,
y
certeza
por
el
otro
lado.
Por
un
lado
sabía
que
no
nos
íbamos
a
quedar
en
Roma
como
inmigrantes
ilegales,
entonces
Italia
estaba
descartada.
Y
a
pesar
de
que
era
el
2011
y
Venezuela
no
estaba
tan
mal
como
ahora,
igual…
Ya
había
muchos
signos,
muchas
señales
de
que
eso
no
iba…
no
iba
bien.
Y…
Entonces
empezamos
a
considerar
un
plan
C…
Que
era
Colombia,
porque
desde
que
vine
la
primera
vez
a
Colombia,
en
el
año
2001,
me
encantó,
y
estaba
enamorada
de
este
país,
o
sea,
era
como,
“wow:
¿qué
tengo
que
hacer
para…
para
vivir
acá?”.
Casarte
con
un
colombiano.
[Risa]
Exacto.
Pero
toda
la
familia
de
Gaby
estaba
en
Caracas,
y
era
difícil
pensar
en
no
volver.
Lo
que
fue
decisivo,
de
algún
modo,
fue
nuestro
trabajo.
Para
2
periodistas
como
nosotros,
volver
a
Venezuela
y
trabajar
bajo
el
chavismo
se
veía
cada
vez
menos
atractivo.
¡Ipsofacto
sale
del
aire!
¡De
inmediato
sale
del
aire
y
se
le
quita
la
concesión
que
tienen
para
estar
transmitiendo!
¡Televisión
o
radio
que
viole
la
ley
se
le
quitará
la
concesión!
¡Yo
no
estoy
mamando
gallo!
Nuestros
amigos,
nuestros
colegas,
nos
contaban
todos
los
días
cómo
seguían
las
cosas.
Muchos
periodistas
independientes
estaban
perdiendo
sus
trabajos.
Nos
contaban
los
malabares
que
tenían
que
hacer
para
poder
vivir.
Varios
testaferros
del
chavismo
ya
estaban
comprando
medios
de
comunicación.
Con
nuestros
ahorros,
decidimos
que
la
mejor
opción
era
probar
suerte
en
Colombia.
Desde
que
tomamos
esa
decisión
han
pasado
6
años.
Y
es
curioso.
Han
sido
años
increíbles,
provechosos,
enriquecedores.
Años
de
mucho
trabajo,
años
duros,
pero
lindos.
Hemos
construido
una
familia.
Nuestro
hijo,
nacido
en
Bogotá,
tiene
casi
4
años.
Y
desde
lejos
hemos
visto
cómo
en
Venezuela
todo
se
ha
ido
a
un
barranco…
Quizás
la
situación
de
Venezuela
ha
golpeado
a
Gaby
más
duro
que
a
mí.
Lo
que
no
sabía,
o
lo
que
no
llegué
a
sospechar
nunca,
es
que…
por
lo
menos
por
ahora
no
quiero
volver
a
Venezuela.
¿Por
qué?
Porque
pienso
que
me
dolería
mucho
ver
el
país
en
el
estado
en
el
que
está.
O
sea,
de
alguna
forma,
vivir
lejos
es
como
un
escudo
o
como
una
protección
a
lo
que
sabes
que
está
pasando
allá.
El
desabastecimiento
y
la
escasez
son
unos
de
los
graves
problemas
que
hoy
por
hoy
enfrentan
los
venezolanos.
A
la
falta
de
harina,
a
la
falta
de
leche…
No
se
encuentra
nada.
Entonces
ellos
tienen
que
traer
la
seguridad
porque
uno
anda
desesperado
buscando
a
ver
qué
consigue
para
comer…
A
la
falta
también
de
productos
básicos
se
suma
también
la
escasez
de
productos
farmacéuticos…
Yo
no
me
siento
protegida
ni
con
la
guardia
ni
con
la
policía
en
la
calle.
Porque
son
los
primeros
que
roban
y
los
primeros
que
atracan.
Aunque
estemos
enterados
las
24
horas
y
por
todos
los
medios
de
lo
que
pasa,
obviamente
no
lo
vivimos
en
carne
propia,
y
eso
es
una
forma
de
protegernos
porque
yo
creo
que
yo
hubiera
soportado
vivir
todo
lo
que
están
viviendo
en
Venezuela…
Movilizaciones
y
enfrentamientos
en
varias
partes
del
país
se
registran
todos
los
días
desde
el
1
de
abril
cuando
la
Corte
Suprema
intentó
usurpar
las
funciones
del
Congreso,
de
la
Asamblea
Nacional.
La
oposición
exige
la
salida
de
Nicolás
Maduro.
La
oposición
exige
nuevas
elecciones.
La
oposición
exige
la
liberación
de
los
precios…
presos
políticos.
Si
Venezuela
fuera
sumida
en
el
caos
y
la
violencia,
y
fuera
destruída
la
revolución
bolivariana,
nosotros
iríamos
al
combate.
Y
lo
que
no
se
pudo
con
los
votos,
lo
haríamos
con
las
armas.
No
sé,
creo
que
ya
hubiera
enloquecido
o
me
hubiera
deprimido
o
no
sé,
no
qué
hubiera
pasado.
Yo
a
veces
siento
lo
mismo.
Las
cosas
van
de
mal
en
peor
en
Venezuela.
Su
capital,
Caracas,
ocupó
el
primer
lugar
en
la
lista
de
las
ciudades
más
violentas
del
mundo…
Y
también
siento
culpa.
Siento
impotencia.
Nosotros
tenemos
2
años
y
medio
que
no
vamos,
y
yo
no
qué
vamos
a
encontrar.
Entonces,
digamos
que
trato
de
no
pensar
en
eso
porque
para
ahora
mi
país
es…
Por
ahora
es
Colombia.
Y
digamos
que
yo
tengo
más
experiencia
como
inmigrante
que
mi
esposa.
Yo
crecí
lejos
del
país
donde
nací,
lejos
de
mis
primos,
mis
tíos…
En
una
especie
de
limbo.
Ni
de
allá,
ni
de
acá.
Pero
para
Gaby…
para
ella
todo
esto
es
nuevo.
Y
lo
conversamos
a
cada
rato.
Yo
que
no
es
fácil
para
ella.
¿Qué
extrañas
de
tu
ciudad,
de
Caracas,
y
de
tu
país,
Venezuela?
No
sentirme
extranjera…
No
sentirme
extranjera.
Aunque
en
Colombia
me
siento
muy
a
gusto
y
muy
en
casa,
y
tenemos
culturas
muy
afines,
muy
similares:
compartimos,
no
sé,
la
gastronomía,
algunas
expresiones,
miles
de
cosas
—música—…
Yo
aquí
siempre
voy
a
ser
extranjera.
¿Cómo
le
explico
que
uno
se
acostumbra
a
eso,
o
que
en
algún
momento
eso
cambia?
Que
uno
puede
llegar
a
sentir
una
suerte
de
pertenencia.
Y
esta
es
otra
verdad:
un
migrante
nunca
descarta
la
posibilidad
de
volver.
En
enero
de
este
año,
2017,
después
de
41
años
de
vivir
en
Venezuela,
mi
papá
volvió
a
Colombia.
A
Valledupar,
que
es
su
ciudad.
Y
con
su
regreso
y
el
de
mi
hermana,
que
viene
ahora
en
unas
semanas,
se
cierra
un
ciclo
de
la
familia
Alvarado
en
Venezuela.
Mi
mamá
murió
en
Maracaibo,
pero
estoy
seguro
que
si
estuviera
viva,
estaría
planeando
su
retorno
también.
pienso
en
vivir
otra
vez
en
Caracas.
La
idea
de
volver
me
entusiasma.
El
clima,
la
comida,
la
gente.
Yo
fui
muy
feliz
en
esa
ciudad.
Es
la
ciudad
donde
me
hice
adulto,
donde
viví
solo
por
primera
vez.
Entonces
no
es
un
final.
La
misma
vida
de
mi
padre
lo
demuestra.
Uno
nunca
sabe
lo
que
va
a
pasar.
Algún
día,
le
digo
a
Gaby
a
veces,
algún
día
podríamos
volver.
¿Hay
palabras?
¿Podrías
enumerar
algunas
palabras
que
te
vienen
así,
rápidamente
a
la
mente,
cuando
piensas
en…
en
Venezuela?
Palabras
que
se
asocian
a
tus
recuerdos
del
país…
Comodidad.
Belleza.
Lo
que
pasa
es
que…
creo
que
el
país
que
yo
recuerdo
ya
no
existe…
Entonces…
Ahí
a
Gaby
se
le
quebró
la
voz
y
dejó
de
hablar.
Yo
me
imaginaba
que
algo
así
iba
a
ocurrir.
En
ese
instante,
tomé
la
decisión
de
dejar
de
grabar.
Mi
reacción
instintiva
fue
protegerla,
tal
vez
cambiar
de
tema
o
distraela,
porque
que
hablar
de
Venezuela,
para
ella,
como
para
muchos
que
viven
afuera,
es
abrir
una
herida.
Y
duele.
Venezuela
duele,
y
duele
mucho…
Sinar
Alvarado
es
periodista,
escribe
para
el
New
York
Times
en
español
y
otros
medios
latinoamericanos.
Gabriela
Méndez
también
es
periodista
y
editora
de
la
revista
“Bienestar”.
Ambos
viven
en
Bogotá.
Esta
historia
fue
producida
por
Silvia
Viñas
y
por
mí,
con
la
ayuda
de
David
Trujillo.
Fue
editada
por
Camila
Segura.
La
mezcla
y
el
diseño
de
sonido
son
de
Ryan
Sweikert.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Désirée
Bayonet,
Jorge
Caraballo,
Barbara
Sawhill,
Luis
Trelles,
Elsa
Liliana
Ulloa
y
Luis
Fernando
Vargas.
Maytik
Avirama
es
nuestra
pasante
editorial,
y
Andrea
Betanzos
es
la
coordinadora
de
programas.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
Hindenburg
PRO.
Conoce
más
sobre
Radio
Ambulante
y
sobre
esta
historia
en
nuestra
página
web:
radioambulante.org.
Radio
Ambulante
cuenta
las
historias
de
América
Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
Check out more Radio Ambulante

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Gracias por escuchar Radio Ambulante. Mañana, empieza tu día con “Up First”, el podcast de noticias matutino de NPR. En una reseña de Apple Podcast, Eve Bethel escribió: “Conciso y completo. Escucho ‘Up First’ todas las mañanas en el camino al trabajo. Me da un resumen de las noticias más importantes del día y lo que se viene de la semana”. Arranca el día con “Up First”, mañana en NPR ONE o en cualquier app de podcasts. ¿Ya conoces la Escuela Radio Ambulante? Es nuestro nuevo proyecto educativo en el que estamos compartiendo recursos para aprender a producir crónicas de audio al estilo Radio Ambulante. Si quieres aprender cómo identificar una buena historia, técnicas de entrevista, cómo escribir un guión contundente, o simplemente por dónde empezar a producir tu podcast narrativo, visítanos en www.escuelaradioambulante.org, escuela radio ambulante punto o ere ge. Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Y este es Sinar Alvarado. Me cuesta identificar mi origen, si soy de allá o de acá. Eso como que… como que varía: como que a veces me siento más de allá, a veces más de acá. Probablemente sea una especie de 60/40, 60% venezolano y 40% colombiano, algo así. Colombiano porque nació en Valledupar. Venezolano porque se crió allá, en una ciudad llamada Maracaibo. Era solo un bebé de meses cuando su familia se cambió de país. Y ahí viviría por casi 3 décadas. Pero como miles de venezolanos, Sinar se fue… El que está allá adentro —supongo que debe ser casi como un mecanismo de defensa psicológico— ve la situación como: «Bueno, esto está muy mal, pero todavía se puede». Porque si no lo asumes así pues te vuelves loco o te vas. En el 2004, cuando Hugo Chávez apenas llevaba 5 años en el poder y Sinar tenía 27 años, decidió mudarse a Colombia. Pero seguía yendo a Venezuela con frecuencia… Ahora, una vez que sales y vuelves, al volver te das de verdad cuenta, es decir: «Esto está realmente mal ¿Cómo… cómo aguanté yo? ¿Cómo viví en este sitio?». Inseguridad, inflación, represión… Lo veía en cada visita, cada vez de manera más pronunciada. Esta es la complicada realidad de Venezuela ahora. Uno de los países más prósperos de América Latina se ha convertido en uno de los más caóticos, más miserables, más violentos. Un país que antes atraía inmigrantes de toda la región, ahora expulsa gente… Con mucha gente con la que yo hablo, que ha emigrado de Venezuela, mucha gente, casi todo el mundo dice: «No, yo me fui en el momento justo, porque ya después de que yo me fui, ya eso sí se jodió «. Entonces, ¿cuál es el momento justo para dejar un país? Claro, una situación que empeora cada día, sí, hoy es mejor que mañana, y mañana es peor, y así… Esta es una historia de ir y volver. De salidas apresuradas, y retornos inesperados. Comenzamos con el papá de Sinar. Es un poco confuso, porque también se llama Sinar. Mi nombre es Sinar Alvarado Royero. Nací en Chiriguaná el 18 de octubre de 1940… Y en Colombia… Tenía trabajo, era profesional, tenía contactos, conocía gente, tenía un programa de radio, escribía en el periódico… Tenía una carrera establecida. Era veterinario y le iba bien. Pero a finales de los 70 se le complicó un poco la cosa. En parte, por su propia personalidad… Siempre ha sido como muy beligerante. No se calla nada. Puede llegar a ser explosivo. Nada diplomático. Llegó hasta recibir amenazas por lo que escribía, y en medio de esta crisis… Surgió una oferta en Maracaibo y dijo: «Vámonos». Cuando voy a Maracaibo y empiezo a cruzar el puente siento una emoción tan grande que se me nubla la mente… Era una oferta para trabajar en una compañía de productos veterinarios. No lo pensé dos veces, y creí que era el momento de irme. Con mi mujer y mis dos hijos, y a explorar lo desconocido. En el momento en que uno decide irse, no sabe cuando vuelve. Digo, uno se va por tiempo indefinido, es un contrato que no tiene… no tiene fecha de término. ¿Ustedes, o tú, pensaste en algún momento en volver a Colombia? Cuando me fui sí. Y muchos amigos le decían: «Tú eres muy parrandero», «Tú eres muy criollo», «Tú… tú no vas a aguantar». Pero se acostumbró. Y para Sinar y su hermana Martha, Maracaibo sería el lugar de su infancia. Maracaibo tiene un puerto, está frente a un lago que está comunicado con el mar, entonces es una ciudad abierta. Históricamente, esta ciudad siempre ha tenido una fuerte relación con el Caribe: las Antillas, Aruba, Curaçao, Trinidad… Tuvimos un vecino trinitario, recuerdo, Puerto Rico, Cuba… O sea, una ciudad internacional. Muchos colombianos también. Una ciudad próspera. Maracaibo no sólo produjo dinero para sí misma en cantidad, produjo dinero para toda Venezuela… y más. La explotación petrolera empezó en esta región… Allí reventó el primer pozo a principios del siglo 20, y durante 100 años no han dejado de sacar petróleo de ahí. Ese petróleo sería el ingreso principal de Venezuela durante décadas. Y este fue el país al que llegó la familia de Sinar. Llegamos a un país donde habían muchas oportunidades, una gran bonanza. Pensé que iba a volver, pero cuando estuve 6 meses allá, y ya tuve acceso al primer carro, y ya me los llevé a ustedes, entonces ya yo estaba completo. Es que estamos hablando de un boom económico en serio. De lo que no se veía en el resto de la región… En agosto de los años 78… 80 y pico…, salían de Maracaibo 4 aviones diarios repletos de personas que iban a sus vacaciones a Disneyworld a Estados Unidos. Bueno, porque Disneyworld representa para ella algo nuevo, ¿no? Es un mundo infantil maravilloso… Y no solo a Disney. Miami se llenó de Venezolanos durante esos años… Miami…/ Miami…/ Hacia Miami…/ Ahorita voy a ir Miami…/ Para Miami…/ Pienso ir de compras…/ Bueno, pues mi papá acaba de comprar un departamento entonces que lo vamos a estrenar este año… Y la familia de Sinar claro, también se beneficiaba de este boom petrolero. Para entender lo atractivo que era todo esto para ellos, hay que saber bien cómo vivían en Colombia. No teníamos nosotros un televisor, no teníamos un aire acondicionado. Muchas cosas. Un carro: jamás. Mientras que en Venezuela… Ustedes estaban en colegios privados, que… Teníamos dos carros: la Brasilia Volkswagen y el Malibú Chevrolet. Fuimos a Estados Unidos, a Disney, fuimos a Nueva York. Entonces, era un estándar de vida que por eso se llamaba la Venezuela Saudita. Tampoco es que estemos hablando de gente exageradamente pudiente. No… Era un estilo de vida accesible para la clase media profesional que tenía un trabajo común y corriente. Los ganaderos a veces dicen que cuando huele a animales —ese olor a monte, un olor salvaje—, pues dicen que huele a dinero. Para un veterinario de animales grandes, es igual. El papá de Sinar olía a ganado. Y ese olor a vaca, es, según Sinar, el olor que definió esos años de prosperidad. Todo sobraba, todo abundaba: el alimento, el dinero, había espacio para todos. Entonces al tener acceso a todo ese bienestar te va… te va haciendo que tú comiences a echar raíces, y que cada día se vayan profundizando. Y eso fue lo que ocurrió… Pero detrás de esta bonanza, se estaba incubando una crisis. Hoy, en cambio, me toca recibir una economía desajustada y con signos de graves desequilibrios estructurales, que han erosionado alarmantemente la capacidad adquisitiva de las clases medias. Recibo una Venezuela hipotecada. Este es el presidente Herrera Campíns, el día que asume la presidencia en 1979. Solo 2 años después de que llegamos a Venezuela. Era un sistema que agonizaba. Pero como hubo tanto dinero en su momento, tardó años en estallar. Lo que mi padre recuerda como los buenos tiempos, eran en realidad los últimos años de la Venezuela Saudita. Si hubiéramos sido más avispados, nos hubiéramos dado cuenta del sistema que se estaba cayendo. Señor presidente, aquí está flotando en el ambiente una palabra que parece que todo el mundo tiene miedo de mencionar, y es devaluación. Esto fue el viernes 18 de febrero de 1983… La BBC, el Financial Times, se han dedicado las últimas 24 horas a mencionar la situación de Venezuela… Para los venezolanos, el famoso “Viernes Negro”… El presidente Herrera Campíns trataba de calmar los ánimos… Vea, hay una serie de rumores y de… desinformaciones, internas, en relación con algunas instituciones bancarias, que parecen tender a hacer perder credibilidad en el sistema bancario. Pero ese viernes el bolívar, la moneda venezolana y la más fuerte de Latinoamérica, perdió más de la mitad de su valor. El Gobierno prohibió la venta de dólares y otra monedas extranjeras… Un convenio cambiario suspendiendo las ventas de divisas extranjeras… Pero no fue suficiente… Se podría decir que este evento partió en dos la historia reciente del país. El bolívar nunca volvió a tener el mismo valor, y la inmensa mayoría nos empobrecimos de la noche a la mañana. Hay que notar algo que a veces se olvida: la Venezuela Saudita nunca fue de todos. Si bien una clase media, incluyendo familias como la mía, vivieron años de boom, de bienestar, muchos nunca tuvieron acceso a esas oportunidades. Podría decirse que con el “Viernes Negro”, comienza una nueva etapa en la historia reciente de Venezuela. Una etapa de crisis constante. Si se compara con lo que pasa hoy, pues no es nada. Pero también hay que ponerlo en contexto, comparar lo que pasaba en Venezuela con la realidad de otros países en la región. El bolívar de esa época siempre valía más que otras monedas sudamericanas. Colombia vivía los peores años del narcotráfico. Perú estaba en medio de un conflicto sanguinario con el grupo terrorista más violento de Sudamérica. Argentina acaba de salir de la Guerra de las Malvinas. Chile, Brasil y Uruguay seguían en dictadura. Ese mismo año, 1983, mis padres se separaron, y a la crisis de la economía nacional, se sumó una nueva crisis, una crisis doméstica. La verdad es que no tengo recuerdos del día en en que se fue mi papá. No recuerdo que me hayan dicho nada. Mi hermana Martha, que me lleva un par de años, tampoco. Esa conversación, eh, definitivamente pues no la hubo. Solamente, pues, recuerdo el momento —aproximadamente tenía como, sí, como 9 años— que nuestro padre, pues, o sea el taita, pues, salió de la casa, pues, considerablemente, pues, alterado, con su maleta, y a estas alturas, pues, no sé pues cual tomó esa decisión. Lo que sí recuerdo con claridad es que de ahí en adelante éramos los 3. Mi mamá, mi hermana y yo. Ahí empezaron los tiempos duros. La ironía es que en los siguientes 10 años sobrevivimos gracias al país que habíamos abandonado: Colombia. Aunque Venezuela estaba entrando en crisis, el cambio de la moneda todavía nos favorecía. De todas formas, para que la balanza se invirtiera tendrían que pasar muchos años. Entonces muchos venezolanos seguían comprando cosas en Colombia. Mi mamá también. Un par de veces al mes, me acuerdo, viajaba en su Chevrolet Malibú Classic de 1983 —que fue su última gran compra antes de la devaluación— a Maicao, un pueblo colombiano a un par de horas de Maracaibo. Allá compraba ropa, zapatos, perfumes, joyas, esmeraldas, aretes, anillos de oro… Todo para revender. Y cuando mi mamá volvía de estos viajes… Cuando ella venía, o sea, la típica pregunta, o sea, ¿qué nos trajiste, o qué me trajiste, no? Cuando llegaba ponía todas esas cosas sobre su cama. Ahí sacaba un cuadernito y empezaba a ponerle precio a todo. «Esto costó tanto, se va a vender en tanto”. Y anotaba cuánta ganancia le dejaría cada cosa. De esa inventario salía nuestra comida. Nada menos… Cuando volvamos, la crisis de Venezuela se agudiza… Gracias por escuchar Radio Ambulante. Cuando sientas ganas de divertirte, óyete el podcast Ask Me Another. Ahí encontrarás juegos y adivinanzas. Pon a prueba tu cerebro con poesía basada en Star Trek, juega “Dos verdades y una mentira”, y demuestra tu conocimiento de comedias noventeras con las invitadas Jeneane Garofalo y Lili Taylor. “Ask Me Another” es como una noche de trivia, pero mucho más divertido. Juega con ellos ya en NPR One o en tu app favorito de podcast. En mi familia siempre nos preguntamos quiénes somos, o qué somos: si somos venezolanos, si somos colombianos… Bueno, yo creo que siempre ha sido como 50 y 50, ¿no? Creo que 50 primeramente maracucha de corazón, y pues vallenata de… la tierra natal. Pero desde pequeña 50 y 50. Yo me siento un poco más venezolano. Será porque soy un poco más joven, y nunca viví en Colombia de niño. También podría ser por mi trabajo. El periodismo siempre te mete en temas de política, temas coyunturales, que te ligan de una manera u otra a la situación del país donde estás viviendo. Bueno, y lo que tengo muy claro es que durante mi niñez y adolescencia, las cosas se ponían cada vez más complicadas. A comienzos del 89, el presidente Carlos Andrés Pérez empezó a implementar una serie de reformas neoliberales: cortes en el presupuesto nacional, aumento del precio de la gasolina, aumento de los pasajes en transporte público… Ahí empezó el lío. Las medidas que anuncio al país en materia económica, no pueden estar desligadas de decisiones dirigidas a fortalecer la calidad de la vida y a preservar… Yo estaba a punto de cumplir 12 años. Fue la época más dura para mi mamá y para nosotros. Mi abuelo acababa de morir, después de vivir con nosotros por 3 años. Mi mamá lo extrañaba tanto, que no aguantaba vivir en la casa sin él. Nos mudamos a una casa vieja, entonces. No sé quién la bautizó así, pero por mucho tiempo la llamamos “El Ranchón.” En esa casa vivíamos cuando estalló en febrero de ese año, todo el lío y las protestas contra el paquete de reformas de Carlos Andrés Pérez. Y esta semana, el mundo entero volvió los ojos hacia Venezuela. Sorprendió por un enorme y repentino estallido social que causó varios centenares de muertos. Lo que se conoce como el “Caracazo”… La protesta que un principio era pacífica, se tornó violenta hasta el punto en que la policía no pudo controlar la cantidad de focos de desorden que se producían en toda la localidad de Guarenas. Los estudiantes en este momento tienen la razón de protestar públicamente en la calle porque el pasaje lo están cobrando hasta el 200%, y no están reconociendo el pasaje estudiantil. Este local que está totalmente destruido, incendiado, arrasado, era un gran almacén donde había una gran cantidad de productos alimenticios. Todo esto se ha derrumbado a raíz del incendio que provocaron los saqueadores. Según cifras oficiales hubo más 300 muertos, y más de 3.000 desaparecidos. Desde la capital, el presidente se pronunció… Ahora se abre la posibilidad plena para que podamos tomar el resto de las medidas y para que todos los venezolanos, todos los que participan en el proceso económico, sepan a qué atenerse. Eso lo debo hacer… Anunció un toque de queda. Durante días nos quedábamos en la casa hablando de política con mi familia. En el sector de del valle las cosas se han complicado a medida que la mañana ha transcurrido… Ahora, el “Caracazo” ahora lo veo como un síntoma de lo que vendría- Esa supuesta prosperidad escondía un descontento masivo… … los efectivos militares también se han hecho presentes… El sistema político que ya llevaba 30 años en el poder, alternándose entre 2 partidos, se acercaba, ahora sí, a su final… Nosotros cuando salimos a la calle no salimos a reprimir. Salimos a reestablecer un orden que está alterado. Todavía faltaba un década para que muriera por completo. Pero ya había mucha crisis, demasiada corrupción y desgaste. Los mismos viejos de los partidos pretendían ser los líderes para siempre… Y la gente estaba harta. Doctora, ¿cuál es la situación del hospital hasta este momento? El hospital está en emergencia, señor. Bueno, pues, los heridos que han habido, debido a que están heridos de bala. Disturbios con la policía. El “Caracazo” demostró que la gente estaba lista, que las condiciones estaban dadas para la aparición de alguien como Hugo Chávez. Su primer intento de asumir el poder fue 3 años después, en el golpe fallido de 1992. Cuando decidí irme del país, no fue por la crisis. Eso es algo que le cuesta entender a muchos. Es casi incomprensible si ves la situación actual, pero hasta hace relativamente poco, uno podía vivir bien en Caracas, incluso siendo periodista. Yo no me fui por necesidad, sino por ambición profesional. Quería hacer crónica, periodismo de largo aliento, y en Venezuela no había muchos medios que publicaran este tipo de trabajos. Había más oportunidades en Bogotá. Entonces me fui en julio del 2004. Casi 2 años después, de visita en Caracas, conocí a Gaby. Pasaron 4 años antes de que nos hiciéramos novios. Gaby también es periodista. Y en 2010, volví a Caracas por unos meses, y empezamos a salir. Y nos enamoramos. Poco después ella se ganó una beca para irse a estudiar a Italia, y decidimos irnos juntos. Y allá, en Roma, fue donde empezamos a pensar en qué hacer… Lo que más recuerdo es como cierta incertidumbre. Incertidumbre por un lado, y certeza por el otro lado. Por un lado sabía que no nos íbamos a quedar en Roma como inmigrantes ilegales, entonces Italia estaba descartada. Y a pesar de que era el 2011 y Venezuela no estaba tan mal como ahora, igual… Ya había muchos signos, muchas señales de que eso no iba… no iba bien. Y… Entonces empezamos a considerar un plan C… Que era Colombia, porque desde que vine la primera vez a Colombia, en el año 2001, me encantó, y estaba enamorada de este país, o sea, era como, “wow: ¿qué tengo que hacer para… para vivir acá?”. Casarte con un colombiano. [Risa] Exacto. Pero toda la familia de Gaby estaba en Caracas, y era difícil pensar en no volver. Lo que fue decisivo, de algún modo, fue nuestro trabajo. Para 2 periodistas como nosotros, volver a Venezuela y trabajar bajo el chavismo se veía cada vez menos atractivo. ¡Ipsofacto sale del aire! ¡De inmediato sale del aire y se le quita la concesión que tienen para estar transmitiendo! ¡Televisión o radio que viole la ley se le quitará la concesión! ¡Yo no estoy mamando gallo! Nuestros amigos, nuestros colegas, nos contaban todos los días cómo seguían las cosas. Muchos periodistas independientes estaban perdiendo sus trabajos. Nos contaban los malabares que tenían que hacer para poder vivir. Varios testaferros del chavismo ya estaban comprando medios de comunicación. Con nuestros ahorros, decidimos que la mejor opción era probar suerte en Colombia. Desde que tomamos esa decisión han pasado 6 años. Y es curioso. Han sido años increíbles, provechosos, enriquecedores. Años de mucho trabajo, años duros, pero lindos. Hemos construido una familia. Nuestro hijo, nacido en Bogotá, tiene casi 4 años. Y desde lejos hemos visto cómo en Venezuela todo se ha ido a un barranco… Quizás la situación de Venezuela ha golpeado a Gaby más duro que a mí. Lo que sí no sabía, o lo que sí no llegué a sospechar nunca, es que… por lo menos por ahora no quiero volver a Venezuela. ¿Por qué? Porque pienso que me dolería mucho ver el país en el estado en el que está. O sea, de alguna forma, vivir lejos es como un escudo o como una protección a lo que tú sabes que está pasando allá. El desabastecimiento y la escasez son unos de los graves problemas que hoy por hoy enfrentan los venezolanos. A la falta de harina, a la falta de leche… No se encuentra nada. Entonces ellos tienen que traer la seguridad porque uno anda desesperado buscando a ver qué consigue para comer… A la falta también de productos básicos se suma también la escasez de productos farmacéuticos… Yo no me siento protegida ni con la guardia ni con la policía en la calle. Porque son los primeros que roban y los primeros que atracan. Aunque estemos enterados las 24 horas y por todos los medios de lo que pasa, obviamente no lo vivimos en carne propia, y eso es una forma de protegernos porque yo creo que yo hubiera soportado vivir todo lo que están viviendo en Venezuela… Movilizaciones y enfrentamientos en varias partes del país se registran todos los días desde el 1 de abril cuando la Corte Suprema intentó usurpar las funciones del Congreso, de la Asamblea Nacional. La oposición exige la salida de Nicolás Maduro. La oposición exige nuevas elecciones. La oposición exige la liberación de los precios… presos políticos. Si Venezuela fuera sumida en el caos y la violencia, y fuera destruída la revolución bolivariana, nosotros iríamos al combate. Y lo que no se pudo con los votos, lo haríamos con las armas. No sé, creo que ya hubiera enloquecido o me hubiera deprimido o no sé, no sé qué hubiera pasado. Yo a veces siento lo mismo. Las cosas van de mal en peor en Venezuela. Su capital, Caracas, ocupó el primer lugar en la lista de las ciudades más violentas del mundo… Y también siento culpa. Siento impotencia. Nosotros tenemos 2 años y medio que no vamos, y yo no sé qué vamos a encontrar. Entonces, digamos que trato de no pensar en eso porque para mí ahora mi país es… Por ahora es Colombia. Y digamos que yo tengo más experiencia como inmigrante que mi esposa. Yo crecí lejos del país donde nací, lejos de mis primos, mis tíos… En una especie de limbo. Ni de allá, ni de acá. Pero para Gaby… para ella todo esto es nuevo. Y lo conversamos a cada rato. Yo sé que no es fácil para ella. ¿Qué extrañas de tu ciudad, de Caracas, y de tu país, Venezuela? No sentirme extranjera… No sentirme extranjera. Aunque en Colombia me siento muy a gusto y muy en casa, y tenemos culturas muy afines, muy similares: compartimos, no sé, la gastronomía, algunas expresiones, miles de cosas —música—… Yo aquí siempre voy a ser extranjera. ¿Cómo le explico que uno se acostumbra a eso, o que en algún momento eso cambia? Que uno puede llegar a sentir una suerte de pertenencia. Y esta es otra verdad: un migrante nunca descarta la posibilidad de volver. En enero de este año, 2017, después de 41 años de vivir en Venezuela, mi papá volvió a Colombia. A Valledupar, que es su ciudad. Y con su regreso y el de mi hermana, que viene ahora en unas semanas, se cierra un ciclo de la familia Alvarado en Venezuela. Mi mamá murió en Maracaibo, pero estoy seguro que si estuviera viva, estaría planeando su retorno también. Sí pienso en vivir otra vez en Caracas. La idea de volver me entusiasma. El clima, la comida, la gente. Yo fui muy feliz en esa ciudad. Es la ciudad donde me hice adulto, donde viví solo por primera vez. Entonces no es un final. La misma vida de mi padre lo demuestra. Uno nunca sabe lo que va a pasar. Algún día, le digo a Gaby a veces, algún día podríamos volver. ¿Hay palabras? ¿Podrías enumerar algunas palabras que te vienen así, rápidamente a la mente, cuando piensas en… en Venezuela? Palabras que se asocian a tus recuerdos del país… Comodidad. Belleza. Lo que pasa es que… creo que el país que yo recuerdo ya no existe… Entonces… Ahí a Gaby se le quebró la voz y dejó de hablar. Yo me imaginaba que algo así iba a ocurrir. En ese instante, tomé la decisión de dejar de grabar. Mi reacción instintiva fue protegerla, tal vez cambiar de tema o distraela, porque sé que hablar de Venezuela, para ella, como para muchos que viven afuera, es abrir una herida. Y duele. Venezuela duele, y duele mucho… Sinar Alvarado es periodista, escribe para el New York Times en español y otros medios latinoamericanos. Gabriela Méndez también es periodista y editora de la revista “Bienestar”. Ambos viven en Bogotá. Esta historia fue producida por Silvia Viñas y por mí, con la ayuda de David Trujillo. Fue editada por Camila Segura. La mezcla y el diseño de sonido son de Ryan Sweikert. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Désirée Bayonet, Jorge Caraballo, Barbara Sawhill, Luis Trelles, Elsa Liliana Ulloa y Luis Fernando Vargas. Maytik Avirama es nuestra pasante editorial, y Andrea Betanzos es la coordinadora de programas. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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