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Radio Ambulante - Deuda

-
+
15
30

Puerto Rico tiene una deuda de $70 mil millones de dólares que no puede pagar. Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que la isla era un modelo de desarrollo económico para el Caribe y América Latina. En este episodio exploramos las raíces de la crisis, y la historia de inversionistas y banqueros que apostaron en grande y que ahora se juegan el futuro de su país.

:
Bienvenidos
a
Radio
Ambulante,
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.
Y
antes
de
comenzar
quiero
advertirles:
en
este
episodio
de
Radio
Ambulante
hay
muchos
números.
Muchas
cifras.
Términos
y
conceptos
complicados
que
realmente
aquí,
dentro
del
equipo
editorial,
nos
costó
un
poco
de
trabajo
descifrar.
Y
precisamente
por
eso,
porque
hoy
vamos
a
hablar
de
detalles
de
la
economía
que
pueden
parecer
un
tanto
esotéricos,
lejanos,
abstractos,
precisamente
por
eso
quiero
comenzar
aquí,
con
una
escena
sencilla:
frente
al
portón
de
una
escuela
pública
del
pueblo
de
Manatí,
en
la
costa
norte
de
Puerto
Rico.Con
Hiromi,
una
niña
de
7
años.
¿Aquí
era
donde
estudiabas?
Ajá.
Con
Hiromi,
una
niña
de
7
años.
¿En
qué
grado
estudiabas
aquí?
Kinder.
¿Y
la
extrañas?
Sí.
Nuestro
productor
Luis
Trelles
acompañó
a
Hiromi
a
la
escuela
primaria
donde
solía
estudiar.
Hoy
en
día
la
escuela
está
completamente
abandonada.
Paredes
descascaradas,
los
arbustos
casi
tan
altos
como
Hiromi
misma.
Es
difícil
imaginar
que
hasta
hace
poco
este
lugar
estuvo
lleno
de
niños.
A
veces
la
vecina
que
está
al
frente
la
limpia.
Esta
es
Tania
Ginés,
la
mamá
de
Hiromi.
Entre
los
vecinos
pues
la
limpian,
le
cortan
la
grama
y
le
dan
un
poquito
de
mantenimiento,
porque
se
ve,
se
ve
bien
fea…
Las
puertas
abiertas.
Todo.
Los
baños…
abiertos.
La
escuela
José
Meléndez
Ayala
se
encuentra
en
Boquillas,
un
barrio
rural
del
pueblo.
En
mayo
del
2014,
el
Departamento
de
Educación
del
gobierno
de
Puerto
Rico
la
mandó
a
cerrar.
Y
para
muchos
vecinos
el
cierre
fue
un
golpe
durísimo.
Porque,
de
muchas
maneras,
la
escuela
era
el
centro
de
esta
comunidad:
Ahí
llegabas,
todo
el
mundo
se
conocía,
todos
los
niños
eran
de
la
comunidad.
Esta
escuela
lleva
91
años
donde
está.
Yo
estudié
allí,
mis
hermanos
estudiamos
ahí.
Yo
crecí
viendo
a
mis
padres,
¿verdad?,
dando
su
labor
voluntaria,
sábado,
domingo,
limpiando
escuela,
arreglando.
En
Boquillas
la
gran
mayoría
de
los
estudiantes
viven
bajo
el
nivel
de
pobreza.
La
propia
Tania
está
desempleada
y
tiene
dos
hijos
mayores
que
también
estudiaron
en
esa
misma
escuela.
Y
eso
no
es
lo
peor
del
caso.
Porque
cuando
uno
vive
en
en
un
lugar
como
Boquillas,
escenas
como
esta
pueden
ser
demasiado
frecuentes:
Hace
poco
aquí
mismo,
a
las
tres
de
la
tarde,
cerraron
toda
la
calle.
Estuvimos
hasta
las
ocho
de
la
noche
sin
poder
entrar
a
nuestra
casa.
Se
formó
un
tiroteo,
heridos
y
todo
y
entonces
cerraron
toda
la
carretera,
todo
este
trayecto.
¿Pero
crees
que
vinculado
a
tráfico
de
drogas?
Sí.
Entiendo
que
sí.
Sí.
Por
eso
la
escuela
era
un
lugar
tan
importante.
Era
el
sitio
donde
los
chicos
podían
sentirse
seguros
y
donde
quizás
podrían
encontrar
una
alternativa
para
el
futuro.
Pero
estos
espacios,
escuelas
como
ésta
alrededor
de
Puerto
Rico,
están
desapareciendo.
El
gobierno
ha
cerrado
más
de
100
escuelas
en
los
últimos
dos
años.
Y
para
entender
por
qué,
primero
hay
que
escuchar
esto:
La
deuda
pública,
considerando
el
nivel
de
actividad
económica
actual,
es
impagable.
Nuestro
productor
Luis
Trelles
lleva
unos
meses
trabajando
en
esta
historia
desde
Puerto
Rico.
Luis,
este
audio…
¿quién
es
ese
señor?
Pues
ese
es
el
gobernador
de
Puerto
Rico
y
el
audio
viene
de
un
anuncio
que
hizo
en
junio
del
2015
para
anunciar
que
la
isla
tenía
una
deuda
de
70
mil
millones
de
dólares.
Y
si
lo
piensas,
eso
es
muchísimo
dinero
para
una
isla
muy
pequeña
en
el
medio
del
Caribe
con
una
población
de
3.5
millones
de
habitantes.
Pero
eso
no
fue
lo
único
que
dijo.
Porque
la
otra
parte
del
anuncio
era
que
era
imposible
pagar
esa
deuda
en
su
totalidad.
La
meta
será
posponer
por
un
número
de
años
los
pagos
de
la
deuda.
Wow.
Entonces,
¿cómo
así
que
no
pueden
pagar?
O
sea,
¿a
quién
le
deben
tanta
plata?
Pues
a
miles
de
instituciones
que
le
prestaron
al
gobierno.
Bancos
y
fondos
de
inversión
de
Estados
Unidos.
Pero
también
a
individuos,
a
inversionistas
individuales,
a
puertorriqueños
que
le
prestaron
dinero
al
gobierno.
¿Y
te
acuerdas
dónde
estabas
cuando
escuchaste
ese
mensaje?
Pues
sí,
yo
estaba
fuera
de
la
isla.
Estaba
en
un
viaje
de
trabajo
en
Guatemala.
Pero
recuerdo
perfectamente
ver
el
anuncio
del
gobernador
por
internet
y…
no
lo
podía
creer,
Daniel.
Mi
primera
reacción
fue:
“¿Cómo
llegamos
a
endeudarnos
de
esta
manera?”
Entonces
hoy
Luis
va
a
intentar
responder
esa
pregunta,
y
otras.
¿Cómo
se
llega
a
este
punto?
Y
aún
más
importante:
¿qué
pasa
después,
cuando
Puerto
Rico
no
puede
pagar?
Es
una
historia
que
termina
con
despidos,
pensiones
en
peligro
y
en
colegios
–como
el
de
Hiromi–
cerrados.
Y
lo
que
pasa
es
que
no
siempre
fue
así.
Parece
que
fue
hace
siglos,
pero
entre
los
años
cincuenta
y
los
años
ochenta,
Puerto
Rico
tenía
un
modelo
de
desarrollo
económico
que
muchos
países
–tanto
en
Latinoamérica
como
el
Caribe–
seguían.
Observan
una
fábrica
de
hormonas
de
Hato
Rey,
que
es
la
aportación
que
hace
Puerto
Rico
a
la
ciencia
médica.
Las
cámaras
del
noticiero
captan
tres
de
las
nuevas
fábricas
que
ya
están
expandiendo
sus
operaciones.
La
inauguración
de
una
nueva
institución,
concretamente
la
número
100,
que
se
pone
en
funcionamiento
constituye
evento
de
trascendental
importancia.
Bueno,
esos
son
mensajes
de
los
noticieros
del
gobierno
de
los
años
sesenta
y
cincuenta.
Era
una
manera
de
anunciarle
a
la
población
la
industrialización
acelerada
que
se
estaba
llevando
a
cabo
en
la
isla.
Y
los
clips
salen
como
de
una
especie
de
cápsula
de
tiempo,
de
una
época
que
vamos
a
llamar
aquí
“La
era
de
la
936”.
Y
obviamente
nadie
que
no
sea
de
Puerto
Rico
va
a
entender
qué
significa
eso.
Pero
antes
de
explicarlo
quiero
presentar
a
Teresa
García.
Ella
trabajó
en
una
de
esas
fábricas
que
acabamos
de
escuchar
en
los
noticieros.
Era
química
farmacéutica.
Imagínatela
en
bata
blanca,
Daniel,
rodeada
de
probetas,
con
espumas
y
explosiones.
No,
no
es
tanto
como
explosiones
ni
espumas.
Yo
comencé,
sí,
haciendo
análisis,
pero
terminé
supervisando
laboratorios.
Eran
los
años
setenta.
Teresa
era
una
madre
joven,
tenía
dos
hijos
y
una
casa
en
los
suburbios.
La
familia
contaba
con
dos
ingresos:
el
de
ella
y
el
de
su
marido.
Eran
la
típica
familia
de
la
clase
media
puertorriqueña.
Y
Teresa,
en
el
trabajo…
Hacíamos
Lomotil,
que
era
para
la
diarrea.
Hacíamos
espironolactona,
que
esa
era
para
la
alta
presión.
Y
también
hacían
muchas
otras
drogas.
En
esa
época,
unas
75
farmacéuticas
internacionales
abrieron
fábricas
en
la
isla.
Eso
ayudó
a
que
Puerto
Rico
llegara
a
tener
miles
de
nuevos
empleos.
Y
era
que
teníamos
muchos
incentivos
para
las
compañías.
Estaba
la
936…
Y
para
ellos
era
un
paraíso.
Teresa
se
refiere
a
un
paraíso
fiscal.
Y
ese
paraíso
estaba
ligado
a
ese
número
que
ya
escuchamos:
la
936.
Es
un
número
de
un
documento
legal.
Un
código
de
los
impuestos
federales
de
Estados
Unidos.
Y
lo
que
hay
que
entender
es
que
ese
código
lo
que
hacía
era
que
le
abría
el
paso
a
que
compañías
de
Estados
Unidos
se
instalaran
en
Puerto
Rico.
Luis,
espera.
Creo
que
tenemos
que
aclarar
algo
antes
de
seguir.
Tiene
que
ver
con
el
estatus
político
de
Puerto
Rico,
que
es
un
poco
complicado,
¿no?
No
ni
por
dónde
empezar.
Es
una
relación…
difícil.
Pues
nosotros
somos
un
territorio
americano.
Un
territorio,
no
un
estado.
Exacto.
Una
colonia,
básicamente.
Se
nos
aprobó
una
constitución
en
el
1952…
Para
tomar
decisiones
con
respecto
a
cómo
vamos
a
manejar
nuestro
gobierno…
Pero
somos
ciudadanos
americanos,
usamos
la
misma
moneda.
Podemos
entrar
sin
ningún
problema
a
los
Estados
Unidos.
Los
puertorriqueños
que
vivimos
en
Puerto
Rico
no
podemos
votar
por
el
presidente
de
Estados
Unidos.
Pero
además
no
tenemos
ni
senadores
ni
congresistas
que
nos
representen.
Y
esto
es
importante
porque,
al
final
del
día,
es
el
Congreso
de
Estados
Unidos
el
que
tiene
la
última
palabra
en
los
asuntos
de
la
isla.
Y
me
imagino
que
eso
no
es
tan
beneficioso.
Pues
no
creas,
a
veces
sí.
Por
ejemplo,
ese
número
del
que
hablábamos:
936.
Ese
decreto
durante
años
le
trajo
cosas
buenas
a
la
isla.
Como
te
dije,
era
un
estímulo.
Animaba
a
muchas
compañías
a
que
se
mudaran
a
Puerto
Rico.
Así
se
salvaban
de
tener
que
pagar
millones
de
dólares
en
impuestos
a
Washington.
Y
desde
los
años
cincuenta,
distintos
decretos
como
el
de
la
936
se
habían
convertido
en
el
motor
del
desarrollo
económico
en
la
isla.
Por
eso
fue
que
llegaron
todas
esas
compañías.
Esas
farmaceúticas
que
ya
conocimos
con
Teresa.
Pero
el
gobierno
de
Puerto
Rico
también
tenía
que
poner
de
su
parte.
Esa
frase
no
la
entiendo.
“Poner
de
su
parte”.
¿A
qué
se
refiere?
Pues
es
importante
que
sepas
que
Puerto
Rico,
antes
de
los
años
cincuenta,
estaba
muy
subdesarrollado.
Y
para
que
la
936
funcionara,
todas
las
compañías
que
venían
necesitaban
una
cosa:
infraestructura.
Calles.
Carreteras.
Educación.
Grandes
proyectos
que
por
lo
general
se
financian
con
bonos.
Y
para
los
que
no
saben
lo
que
es
un
bono,
¿cómo
lo
defines?
Un
bono
es
básicamente
un
papel.
Pero
no
es
cualquier
tipo
de
papel.
Es
un
papel
que
certifica
un
préstamo,
en
este
caso
un
préstamo
que
se
le
hace
al
gobierno
de
Puerto
Rico.
O
sea,
una
promesa
de
pago.
Y
con
ese
papel,
el
gobierno
le
garantiza
al
que
compra
los
bonos
que
le
va
a
pagar
con
intereses
en
una
fecha
determinada.
¿Quién
los
compra?
Todo
el
mundo:
desde
grandes
fondos
de
inversión
hasta
ciudadanos
comunes
y
corrientes.Ok.
Entonces
en
Puerto
Rico
–como
en
casi
todos
los
países
del
mundo–
el
gobierno
vende
bonos
para
financiar
su
propio
desarrollo.
Exacto.
Es
absolutamente
normal.
Un
gobierno
no
tiene
ese
dinero
a
la
mano
y
por
eso
hace
una
emisión
de
bonos
para
conseguirlo.
Y
en
Puerto
Rico,
comenzando
en
la
década
del
setenta,
los
bonos
trajeron
miles
de
millones
de
dólares
en
inversiones
a
la
isla.
Eso
el
gobierno
dice
“yo
quiero
tomar
prestado”.
Este
es
Jorge
Irizarry.
Es
un
exdirector
del
Banco
Gubernamental
de
Fomento
de
Puerto
Rico.
Es
lo
más
cercano
que
hay
en
la
isla
a
un
banco
central
de
gobierno.
Y
entre
otras
funciones,
ese
banco
hacía
los
bonos
cuando
el
gobierno
necesitaba
dinero
para
proyectos
de
infraestructura.
Cuando
se
va
a
tomar
prestado,
la
legislatura
tiene
que
decir:
“autorizamos
a
que
el
gobierno
tome
prestado
500
millones
para
construir
lo
que
sea:
carreteras,
acueductos…”
Ok,
Luis,
para
aclarar,
entonces:
cuando
se
aprueban
bonos
lo
que
se
está
haciendo
realmente
es
aprobar
deuda.
Sí,
eso.
Y
los
inversionistas
compraban
los
bonos
como
si
fuera
pan
caliente.
¿Y
por
qué?
Pues
la
razón
es
sencilla:
los
bonos
de
Puerto
Rico
tienen
una
característica
muy
especial,
y
es
que
no
pagan
impuestos.
Esa
es
otra
aparente
ventaja
de
ser
una
colonia.
Porque
si
compras
un
bono
del
estado
de
Nueva
York
o
de
California,
esos
bonos
pagan
impuestos
a
nivel
local,
pero
también
a
nivel
federal
en
Estados
Unidos.
Jorge
Irizarry
me
lo
explicó
así:
Si
compro
un
bono
del
tesoro
de
Estados
Unidos,
tributa.
Si
compro
un
bono
del
gobierno
de
Puerto
Rico,
no
tributa.
Era
más
o
menos
esa
diferencia.
Entonces
en
los
años
noventa
y
ya
entrados
los
años
2000,
estos
bonos
puertorriqueños
casi
se
vendían
solos
porque
a
los
inversionistas
les
encanta
todo
lo
que
sea
libre
de
impuestos.
Eso
fue
lo
que
me
contó
Rubén
Rodríguez,
un
asesor
financiero
que
se
dedicaba
a
vender
los
bonos
del
gobierno
a
todo
tipo
de
gente.
Muchas
veces
en
un
mismo
día
se
vendían
billones
de
dólares.
Era
una
locura.
Muchas
veces
no
se
daba
abasto
y
había
gente
que
se
quedaba
afuera
porque
realmente
querían
comprarlo
y
ya
se
habían
acabado.
Y
aquí
hay
que
aclarar
que
muchas
veces
los
puertorriqueños
eran
los
primeros
de
la
fila
para
comprar
estos
bonos.
Comenzando
en
los
años
noventa,
la
gente
de
la
isla
le
ha
apostado
en
grande
al
gobierno
y
ha
puesto
una
buena
parte
de
sus
ahorros
ahí.
Jorge
Irizarry,
el
exdirector
del
banco
del
gobierno,
me
dio
esta
cifra
en
dólares
que
me
sorprendió:
30
mil
millones
son
bonos
de
Puerto
Rico
adquiridos
por
los
puertorriqueños.
Eso
es
mucha
plata.
Mucha.
¿Y
quién
invertía
eso?
Pues,
ese
es
uno
de
los
grandes
problemas
de
esta
historia.
Porque
los
inversionistas
no
eran
millonarios,
Daniel.
Bueno,
había
algunas
personas
que
tenían
fortunas
considerables.
Pero
mucha
de
la
clase
media
puertorriqueña
le
entró
a
este
juego
de
comprar
bonos
del
gobierno.
Doctores,
abogados,
ingenieros…
Personas
como
Teresa.
Una
vez
me
retiré,
mis
ahorros
los
invertí
en
bonos
de
Puerto
Rico,
pensando
de
que
era
una
inversión
segura.
La
inversión
de
Teresa
va
a
ser
mucho
más
importante
un
poco
más
adelante
en
esta
historia.
Pero
por
ahora
hay
que
decir
que
la
onda
de
los
bonos
se
puso
tan
y
tan
de
moda
que
mucha
gente
que
lograba
ahorrar
un
poco
de
dinero
pues
intentaba
comprarlos.
Mientras
investigaba
este
tema
me
topé
con
la
historia
de
Edwin
Batista.
En
los
años
noventa,
cuando
apenas
tenía
20
años,
comenzó
a
invertir,
y
no
eran
sumas
gigantescas.
El
chico
era
un
universitario
que
trabajaba
cocinando
hamburguesas
en
McDonalds.
Edwin
Batista
fue
uno
de
los
que
comenzó
con
casi
nada,
invirtiendo
lo
poco
que
ganaba
en
su
trabajo.
Un
día
yo
logré
ahorrar
mis
primeros
tres
mil
dólares.
Con
todo,
porque
yo
caminaba
“como
los
codos”,
como
dicen
en
el
país.
¿Como
los
codos?
Pues
acá
así
es
como
se
le
dice
a
la
gente
tacaña.
Y
Edwin
pues
cuidaba
muchísimo
su
dinero
y
por
eso
logró
ahorrar.
Y
luego,
cuando
ya
tenía
un
cúmulo
importante,
lo
depositaba
en
inversiones.
El
80%
estaba
en
bonos
del
gobierno.
Realmente
no
es
el
perfil
que
uno
se
espera
de
un
inversionista,
o
sea…
No,
pero
le
fue
súper
bien.
En
el
caso
de
Edwin,
lo
que
había
comenzado
con
una
serie
de
inversiones
mínimas
se
convirtió
en
un
fondo
de
cientos
de
miles
de
dólares.
No,
no
lo
puedo
creer,
hombre.
O
sea,
¿con
tres
mil
dólares
se
hace
una
fortuna
de
cientos
de
miles?
Pues
sí,
y
fue
una
combinación
de
dos
cosas.
Por
un
lado,
Edwin
invirtió
cada
centavo
que
ganaba.
Y
por
el
otro,
los
bonos
de
Puerto
Rico
dan
un
interés
mucho
más
alto
que
la
mayoría
de
los
bonos
en
el
mercado
de
Estados
Unidos.
Entonces,
claro,
sus
inversiones…
fueron
creciendo
y
creciendo
sustancialmente.
Más
adelante
su
plata
se
multiplicó
cuando
heredó
los
bonos
de
su
papá.
Su
papá
había
sido
un
profesor
universitario,
de
economía,
obviamente,
y
llevaba
toda
la
vida
invirtiendo
en
bonos
de
Puerto
Rico.
Y
le
había
ido
excepcionalmente
bien.
Ya
no
se
trataba
de
cientos
de
miles
de
dólares,
sino
de
mucho,
mucho
más.
Así
que
ya
mi
cartera
ya
pasaba
de
ser
una
cuenta
interesante
a
ser
una
cuenta
muy
importante.
¿Nos
puedes
dar
una
idea
de
cuánto
dinero
tenías
invertido
en
todo
esto?
Eh…
aproximadamente
ya
tendría
casi
dos
millones
de
dólares.
Wow.
Así
que…
ya
sabes.
¡Como
si
se
hubiera
ganado
la
lotería!
Pues
imagínate:
de
10
mil
dólares
a
dos
millones.
Eres
un
VIP.
¡Sí!
Y
así
fue
como
lo
empezaron
a
tratar
en
el
banco.
La
persona
que
tiene
este
nivel
no
va
a
un
banco
regular.
Háblame
de
eso,
porque
yo
nunca
jamás
estaré
a
ese
nivel
y
quiero
saber
cómo
es
cuando
estás
a
ese
nivel
preferencial
de
cliente
de
banca
de
inversión.
Pues
mira,
es
bien
interesante
y
es
muy
cómodo.
Por
ejemplo,
llamas
a
tu
banquera
personal,
que
te
resuelve
todas
tus
cosas.
dices:
“Yo
necesito
tal
cosa”.
“Ah,
perfecto”.
Al
otro
día
te
llaman:
“Ya
está
todo
listo,
Batista”.
Es
como
que
el
golden
dream
de
mucha
gente.
¿Cómo
es
que
estos
bonos
se
hicieron
tan
populares?
O
sea,
¿el
gobierno
los
vendía,
los
promocionaba?Pues
no
los
mercadeaban
directamente.
Jorge
Irizarry,
el
exdirector
del
banco
nacional
que
te
mencioné,
pues
él
me
explicó
que
el
banco
del
gobierno
no
le
vendía
los
bonos
directamente
a
personas
comunes
y
corrientes
como
Edwin.
De
eso
se
ocupaban
los
socios
del
gobierno,
es
decir,
los
bancos.
Tanto
los
locales
como
los
internacionales…
Que
UBS
lo
hace
en
Puerto
Rico.
Y
banco
Santander
y
Banco
Popular.
Y
esos
no
eran
los
únicos
porque,
como
decimos
acá,
las
casas
de
corretaje
de
Wall
Street
y
los
bancos
de
inversión
también
estaban
involucradas
en
todo
esto.
Por
decir
Goldman
Sacks,
por
decir
Morgan
Stanley,
Citigroup,
you
name
it.
Todos
ellos…
Son
instituciones
muy
poderosas
en
el
mundo
financiero.
Y
bueno,
como
Puerto
Rico
es
parte
de
los
Estados
Unidos,
pues
ellos
vieron
un
terreno
fértil
para
operar
acá.
Entonces
ellos
son
el
vendedor,
por
decir
así.
Yo
le
entrego
mis
bonos
a
eso
y
ellos
van
y
los
venden
en
el
mercado:
eso
es
lo
que
hacen.
Ah,
ok.
Entonces
son
como
los
intermediarios
entre
el
gobierno
y
el
comprador.
Eso.
Y
bueno,
entonces
tenemos
un
boom
económico
y
financiero
gigantesco.
Las
fábricas
a
toda
máquina
gracias
a
la
936.
Infraestructura
financiada
por
bonos
que
no
pagaban
impuestos.
Mucho
dinero
moviéndose
por
toda
la
isla.
Todo
estaba
perfecto.
Hasta…
Pues…
hasta
lo
que
va
a
pasar
ahora
en
la
siguiente
parte
de
la
historia.
Ya
volvemos.
—MIDROLL—
Soy
Daniel
Alarcón.
Están
escuchando
a
Radio
Ambulante.
Y
yo
soy
Luis
Trelles.
Antes
de
la
pausa,
Luis
me
estaba
contando
sobre
la
deuda
de
Puerto
Rico.
Y
pues
estaba
comenzando
a
sonarme
como
una
burbuja.
Pero
no
de
las
que
se
revientan,
sino
de
las
que
se
desinflan
lentamente.
Porque
no
fue
una
cosa
dramática;
no
sucedió
de
la
noche
a
la
mañana.
Tomó
más
de
una
década.
Y
hasta
diría
que
mucha
gente
no
se
dio
cuenta
de
lo
que
estaba
pasando
hasta
que
fue
demasiado
tarde.
Tienes
que
recordar,
Daniel,
que
al
final
del
día
toda
esta
riqueza
estaba
circulando
en
la
isla
gracias
al
número
ese
mágico
que
ya
hemos
mencionado
varias
veces.
936.
Sí.
Eso
era
lo
que
le
daba
solidez
al
sistema
financiero
porque
todas
esas
farmacéuticas
mantenían
a
la
economía
en
crecimiento.
Pero
llegó
el
momento
en
que
el
Congreso
de
los
Estados
Unidos
se
cansó
de
tener
a
su
propio
paraíso
fiscal
en
medio
del
Caribe.
Porque
recuerda:
cada
una
de
esas
farmacéuticas
que
venían
a
construir
fábricas
en
Puerto
Rico
se
llevaban
trabajos
de
estados
como
New
Jersey.
Entonces
en
1996
decidieron
cerrar
la
936.
¿Y
entonces
ahí
acaba
la
película?
No,
porque
no
fue
de
un
día
para
otro.
El
Congreso
dio
un
periodo
de
10
años
para
que
se
terminara
por
completo.
Y
bueno,
ya
para
el
2006,
las
farmacéuticas
tenían
que
pagar
impuestos
federales
y,
como
te
puedes
imaginar,
Puerto
Rico
ya
no
se
veía
como
un
lugar
tan
atractivo
para
venir
a
construir
una
fábrica.
¿Te
acuerdas
de
Teresa
García?
Claro,
la
química.
Pues
ella
fue
una
de
las
afectadas
por
el
decreto
que
acabó
con
la
936.
Apenas
anuncian
eso…
Entonces
lo
que
hicieron
las
farmacéuticas
grandes
fue
mover
los
headquarters
a
Europa.
A
Francia,
a
Irlanda,
por
allá.
En
total,
en
una
década,
Puerto
Rico
perdió
unos
50
mil
empleos
como
los
de
Teresa.
Buenos
empleos,
Daniel,
con
buena
paga,
estables.
Todos
ellos
se
desvanecieron.
¿Y
Teresa
qué
hizo?
Pues
se
podría
decir
que
ella
fue
una
de
las
afortunadas
porque
Teresa
vio
a
tiempo
lo
que
iba
a
suceder.
No
es
fácil.
Nosotros
sabíamos
que
iban
a
comenzar
a
haber
olas
de
despidos.
Que
eventualmente
mucha
de
la
gente
se
iba
a
tener
que
ir.
Entonces
Teresa
decidió
no
esperar
a
que
la
farmacéutica
en
la
que
trabajaba
se
fuera.
En
el
2005
pudo
jubilarse
y
la
farmacéutica
le
dio
una
compensación
de
150
mil
dólares.
Generosa.
Sí,
bastante.
Teresa
quería
poner
ese
dinero
a
rendirle
una
mensualidad
cómoda,
sobre
todo
en
ese
momento
que
estaba
dejando
de
trabajar,
porque
en
esa
época
tenía
60
años.
Mi
esposo
pues
comenzó
a
orientarse
con
corredores
de
casas
de
corretaje,
y
a
ver
cuáles
eran
las
mejores
inversiones.
Oh,
no.
Sí.
Aquí
es
donde
la
historia
de
Teresa
comienza
a
chocar
de
frente
con
la
historia
de
la
deuda
del
gobierno.
Y
en
el
momento
que
tomé
la
decisión
pues
decidimos
hacer
la
inversión
que
hicimos…
En
bonos
de
Puerto
Rico…
Todo
esto
estaba
pasando
a
mediados
de
la
década
pasada.
Cuando
Teresa
empezó
a
invertir,
nadie
se
imaginaba
que
el
gobierno
de
Puerto
Rico
iba
a
fallarle
a
sus
bonistas.
Al
revés:
invertir
en
Puerto
Rico
era
hasta
patriótico.
Y
de
una
vez
estaba
ayudando
a
mi
país,
para
construir
escuelas,
carreteras.
Esa
motivación,
la
de
ayudar
al
país
a
seguir
desarrollándose,
eso
fue
algo
que
escuché
de
varios
inversionistas.
Edwin
Batista
me
dijo
algo
similar:
Y
el
mismo
banco,
el
broker,
me
decía
“es
para
el
país,
para
construir
al
país”.
Y
yo
“pues
dale,
vamos
a
meterle
mano
al
país”.
Y
me
sentía
que
estaba
aportando
de
cierta
manera
a
que
el
país
funcionara.
Pero
invertir
en
Puerto
Rico
se
estaba
convirtiendo
en
una
propuesta
cada
vez
más
riesgosa.
La
936
se
terminó
finalmente
en
el
2006
y
el
gobierno
no
tenía
una
alternativa
para
sustituirla.
Puerto
Rico
se
había
quedado
sin
ese
número
mágico
que
hacía
que
su
economía
creciera
con
fábricas
y
empleos
bien
pagados.
Para
compensar,
el
gobierno
invertía
más
dinero
en
el
sistema
de
educación,
en
salud
y
en
programas
anti-pobreza,
pero
cada
vez
había
menos
gente
empleada
en
la
empresa
privada.
Y
esto
es
una
ecuación
terrible
porque
eso
significa
que
hay
menos
contribuyentes
que
puedan
sostener
el
gasto
del
gobierno.
En
otras
palabras,
el
gasto
público
seguía
creciendo
y
la
economía
no.
Y
por
eso
las
finanzas
del
gobierno
estaban
cada
vez
peor.
Y
si
ves
en
todos
esos
años,
del
2000
hasta
el
2014,
el
gasto
del
gobierno
es
mayor
que
el
ingreso
del
gobierno.
En
junio,
cuando
fui
a
visitar
a
Jorge
Irizarry,
el
ex
banquero
del
gobierno,
a
su
oficina,
ya
me
tenía
preparadas
varias
gráficas
en
la
computadora.
En
la
pantalla
se
veía
la
diferencia
entre
ingresos
y
gastos
durante
los
últimos
15
años.
Y
de
todas
las
gráficas
que
vi
–y
habían
varias–
la
que
más
me
llamó
la
atención
mostraba
una
línea
roja
que
se
disparaba
hacia
arriba,
año
tras
año.
La
línea
roja
es
el
nivel
de
gasto
actual.
Y
aquí
dice:
“El
déficit
acumulado
entre
el
2000
y
el
2013
era
23
mil
500
millones”.
Entonces,
no
es
una
práctica
sostenible
para
nadie…
O
sea,
como
sacar
una
hipoteca
para
pagar
la
cuenta
de
la
electricidad.
Exacto.
Y
para
cubrir
ese
déficit,
el
gobierno
utilizó
el
último
recurso
que
le
quedaba:
los
bonos.
Pero
con
un
cambio
importante.
Ya
no
se
utilizaban
solamente
para
hacer
obra
pública,
sino
para
cubrir
gastos
comunes
y
corrientes
del
gobierno.
El
gobierno
se
estaba
endeudando
para
pagar
salarios
y
otros
gastos
recurrentes.
O
sea,
el
tipo
de
cosas
que
uno
nunca
debería
pagar
con
un
préstamo.
Exactamente.
Y
todo
esto
era
súper
conveniente
para
los
bancos,
porque
con
cada
nueva
emisión
de
bonos,
ellos
salían
ganando.
Rubén
Rodríguez
me
explicó
que
muchos
de
sus
colegas
en
la
industria…
Se
enfocan
en
“si
yo
vendo
esto,
¿cuánto
me
gano?”.
Y
la
respuesta
es
que
se
ganaba
bastante.
Aún
después
de
que
se
eliminara
la
936,
después
del
2006,
Rubén
seguía
vendiendo
bonos
que
se
acababan
a
los
tres
días
de
haber
salido
al
mercado.
El
gobierno
decidía
que
necesitaba
más
dinero,
anunciaba
que
iba
a
sacar
una
nueva
emisión
de
bonos,
y
luego
gente
como
Rubén
los
vendía
y
cobraba
una
comisión
por
las
ventas.
Si
la
venta
tuya
durante
esos
dos
o
tres
días
eran
10,
15,
20
millones
–y
muchas
veces
más,
pero
mucho
más–
inmediatamente
a
ti
te
pagaban
esa
comisión.
Yo
llegué
a
ver
comisiones
de…
en
un
mes,
de
45
mil,
100
mil
dólares.
Realmente,
sí.
Wow.
Sí,
muchísima
plata.
Y
sobretodo
pensar
en
cifras
así
en
Puerto
Rico,
donde
más
de
la
mitad
de
la
población
vive
bajo
el
nivel
de
pobreza
es
absurdo.
Ya,
¿pero
las
personas
que
compraban
estos
bonos
no
se
daban
cuenta
que
las
finanzas
públicas
no
estaban
nada
bien?
¿Por
qué
seguían
invirtiendo
en
el
gobierno
si
sabían
que
se
gastaba
más
de
lo
que
se
recaudaba?
Bueno,
eso
mejor
que
te
lo
explique
Jorge:
Bueno,
sí,
todos
fuimos
bien
optimistas.
A
partir
del
2000,
el
gobierno
no
ha
tenido
un
solo
año
con
el
presupuesto
al
día.
Ni
uno.
Pero
cada
año
volvían
a
decir
que
ahora
ya
habían
resuelto
los
problemas
y
que
se
iba
a
recaudar
más
dinero
en
impuestos,
y
luego,
esos
recaudos
nunca
aparecían.
Todos
los
puertorriqueños
y
todos
los
gobiernos,
los
gobernadores
y
los
legisladores,
todo
el
mundo
fue
bien
optimista.
Nadie
dijo:
“Bueno,
espérense.
Esto
no…
no
debemos
seguir
por
aquí”.
Y
como
dijo
Jorge
Irizarry,
no
solo
era
solamente
el
gobierno.
Rubén
Rodríguez,
el
asesor
financiero,
recuerda
que
cada
año,
en
el
banco
de
inversiones
en
el
que
trabajaba,
llegaban
varias
firmas
de
analistas
financieros
de
Estados
Unidos.
Los
contrataban
para
asesorar
a
los
vendedores
de
bonos.
Y
venían
todas
estas
compañías
que
también
tenían
mucha
inversión
en
Puerto
Rico
y
seguían
a
Puerto
Rico
y
todo
era
color
de
rosa.
Pero
no
todas
las
compañías
eran
así.
Rubén
me
contó
que
había
una,
Nuveen,
que
regularmente
sonaba
la
voz
de
alarma.
Eran
ellos
los
que
decían
que
la
insolvencia
del
gobierno
estaba
a
la
vuelta
de
la
esquina.
Aún
más,
la
firma
alegaba
que
el
gobierno
no
era
transparente
con
sus
finanzas.
Ellos
siempre
decían
que
ellos
no
creían
en
Puerto
Rico,
que
Puerto
Rico
no
era
un
país
transparente
y
que
todo
el
tiempo
le
estaban
mintiendo.
Lo
decían
desde
el
2008
ya.
O
sea
que
ya
había
gente
que
sabía
los
riesgos.
Pero
también
había
mucha
presión
para
seguir
vendiendo.
Porque
llegaste
a
sentir
esa
presión
cuando
trabajabas
dentro
de
ese
esquema.
La
sentí
y
directamente
me
sentaron
y
me
dijeron
que
si
no
lo
hacía…
me
iban
a
botar.
Y
ya
para
el
2011
la
deuda
crece,
el
déficit
crece…
Y
por
primera
vez
los
corredores
de
bonos
se
empiezan
a
dar
cuenta
que
no
es
fácil
vender
los
bonos
de
Puerto
Rico.
Y
nos
encontramos
con
la
situación
donde
hay
un
montón
de
producto
disponible
para
la
venta,
o
en
inventario
ya,
que
son
mayormente
los
fondos
mutuos
y
los
bonos
locales.
Y
apesta.
¡Bullshit!
¿Y
este
quién
es?
Ese
es
Miguel
Ferrer,
un
tipo
con
una
trayectoria
muy
larga
en
la
industria
puertorriqueña
de
las
finanzas.
Cuando
se
grabó
este
audio,
Ferrer
era
el
director
de
UBS
en
Puerto
Rico,
un
banco
suizo
que
había
abierto
una
división
de
manejo
de
inversiones
en
la
isla.
Tenemos
que
cruzar
el
puente
entre
la
demanda
que
tenemos,
insatisfecha…
Y
lo
que
está
pasando
ahí
es
que
Ferrer
reunió
a
un
grupo
de
brokers
que
trabajaban
para
él,
y
en
este
audio
lo
que
se
oye
es
el
regaño
que
les
está
dando
porque
no
están
vendiendo
los
productos
financieros
de
la
compañía.
Uno
de
sus
propios
vendedores
grabó
este
audio
a
escondidas
y
luego
lo
filtró
a
los
medios.
Porque
los
brokers,
el
trabajo
de
ellos,
es
buscarle
a
los
clientes
el
producto
que
le
conviene
a
los
clientes.
¡No
es
sentarse
en
su
escritorio
a
esperar
que
algo
suceda!
¡Si
no,
señores,
búsquense
otro
trabajo!
¿Entonces
había
brokers
que
no
querían
vender
más
bonos
del
gobierno?
Recuerda
que
era
el
2011.
Puerto
Rico
llevaba
cinco
años
en
recesión
económica.
La
base
industrial
de
la
isla
estaba
desmantelada.
Miles
y
miles
de
trabajos
habían
desaparecido.
Y
lo
único
que
está
manteniendo
a
flote
al
gobierno
son
los
bonos.
Bonos
que
compañías
como
UBS
convertían
en
productos
de
inversión
que
no
garantizaban
el
dinero
de
los
inversionistas.
Y
pues
algunos
corredores
se
negaban
a
venderlos,
porque
sabían
que
eso
no
le
convenía
a
sus
clientes.
Eso
fue
lo
que
hizo
Rubén
Rodríguez,
pero
cuando
se
negó
a
vender
los
productos
de
la
compañía,
le
impusieron
una
metas
mensuales
astronómicas.
Pues
en
un
mes
traer
un
millón
de
dólares.
Este…
o
en
tres
meses
traer
cinco
millones
de
dólares.
Y
si
no
cumplías
con
las
metas
que
te
imponían,
que
eran
humanamente
imposibles,
porque
nadie
quería
invertir
dinero
en
la
compañía,
pues
ya
ellos
tenían
la
evidencia
para
despedirte.
Eventualmente
la
situación
llegó
a
tal
grado
que
en
el
2013
las
Agencias
Acreditadoras
bajaron
la
categoría
de
muchos
bonos.
Porque
parte
del
mercado
se
regula
con
estas
agencias
que,
básicamente,
toman
la
capacidad
de
repago
de
los
gobiernos
y
les
dan
como
una
nota:
decir
A,
AAA
o
AA.
Para
ver
si
son
buena
paga.
Es
como
chequeándole
el
crédito
al
gobierno.
Sí,
algo
así.
Pero
por
más
de
50
años,
la
deuda
de
Puerto
Rico
había
tenido
una
de
las
clasificaciones
más
altas.
En
cinco
años
el
crédito
del
gobierno
comenzó
a
tocar
fondo,
y
se
convirtió
en
chatarra…
Y
eso
tuvo
unas
consecuencias
terribles
para
inversionistas
como
Edwin
Batista.
No
si
te
acuerdas,
Daniel,
pero
él
fue
el
que
comenzó
a
invertir
su
salario
de
McDonalds
y
llegó
a
tener
dos
millones
de
dólares.
En
menos
de
cuatro
años
ese
dinero
comenzó
a
desaparecer.
De
dos
a
un
millón.
Entonces
de
un
millón
pasó
a
700.
Y
entonces
de
700
pasó
a…
como
600,
más
o
menos.
Y
no
paró
ahí.
La
cuenta
no
dejaba
de
perder
valor.
Entonces
es
bien
gracioso
porque
pasas
de
ser
un
cliente
de
Popular
One
a
banca
regular
y
después
te
pasan
a
que…
que
llamas
y
nadie
te
contesta
el
teléfono.
Y
algo
parecido
le
pasó
a
Teresa
García,
la
química
jubilada
de
la
farmacéutica.
Ella
invirtió
los
150
mil
dólares
de
su
retiro
en
bonos
puertorriqueños.
Y
en
su
caso,
Teresa
pudo
ver
cómo
se
desplomaba
su
inversión
casi
en
tiempo
real.
Yo
la
chequeo
todos
los
días
y
yo
he
visto
desde
el
2012,
2013,
para
acá,
cómo
mi
cuenta
ha
ido
bajando
vertiginosamente.
¿Por
qué?
Porque
según
va
bajando
la
acreditación
de
los
bonos,
la
gente
coge
pánico,
empieza
a
vender
y
va
bajando
su
valor.
Teresa
me
contó
que
muchos
de
sus
bonos
ahora
valen
la
mitad
de
lo
que
valían
cuando
los
compró.
Pero
el
verdadero
problema
es
que
aunque
Teresa
quisiera
deshacerse
de
ellos,
no
va
a
encontrar
a
nadie
que
quiera
comprarlos.
Ni
siquiera
con
un
50%
de
descuento.
Yo
tengo
un
bono
que
costaba
100
dólares,
ahora
vale
50.
Pero
si
voy
al
mercado
a
venderlo
me
dicen:
«Nah,
yo
te
voy
a
dar
cinco.
Si
quieres
vender,
yo
te
voy
a
dar
cinco».
Yo
no
puedo
cogerme
ese
riesgo;
lo
voy
a
perder
todo.
Y
con
cada
nuevo
bajón
vienen
las
preocupaciones
y
la
ansiedad…
La
gran
pregunta
para
Teresa
es
cómo
ella
y
su
marido
se
ajustarán
ahora
que
son
mayores
y
necesitan
más
dinero
para
sus
gastos
médicos.
Yo
trato
de
buscar
la
manera
de
tranquilizarme
porque
mi
esposo
es
diabético
y
todas
estas
cosas
a
él
lo
afectan
más
que
a
mí.
En
realidad,
yo
tengo
que
buscar
la
manera
de
ser
fuerte
para
que
él
no
se
sienta
tan
mal…
Pero
para
los
dos
ha
sido
un
cantazo
fuerte…
Y
aquí
llegamos
al
punto
donde
empezamos,
porque
en
junio
del
2015:
La
deuda
pública
es
impagable.
El
gobernador
anuncia
que
la
burbuja
se
acababa
de
reventar
por
completo.
Gente
como
Edwin
Batista
perdieron
casi
todo
lo
que
habían
invertido.
Mira,
te
quería
mostrar
esto.
Este
es…
lo
guardé
de
recuerdo.
Este
es
el
último
informe
de
Popular
Securities
con
el
valor
de
mi
portafolio.
Hace
unos
meses
fui
a
visitar
a
Edwin
a
Orlando.
En
el
2013
sacó
lo
que
le
quedaba
y
compró
una
casa
junto
a
su
esposo.
Ahora
viven
en
un
suburbio
muy
tranquilo.
Pero
todavía
guarda
los
estados
de
cuenta
de
su
banco
y
me
los
mostró.
Era
una
carta
oficial
con
otra
gráfica
más
que
mostraba
una
línea
que
caía
en
picada.
En
el
2010
a
Edwin
le
quedaba
cerca
de
un
millón
de
dólares
en
la
cuenta.
Para
el
2014
sólo
le
quedaban
cinco
centavos.
Cuando
le
pregunté
por
qué
guardaba
ese
estado
de
cuentas,
me
contestó:
Para
que
nunca
se
me
olvide.
Cuando
comienzas
a
olvidar
comienzas
a
cometer
errores
nuevamente.
Este
es
para
no
cometer
más
errores.
Para
eso
es.
Bueno,
pero
es
que
lo
haya
perdido
todo,
¿no?
O
sea,
vive
en
Orlando,
en
un
suburbio,
tiene
una
buena
casa.
Pudo
haber
sido
mucho
peor.
Pero
también
es
cierto
que
nadie
invierte
para
perder,
Daniel.
Y
que
los
que
compraron
bonos
puertorriqueños
confiaron
en
el
gobierno.
Por
eso
ahora
hay
tanta
rabia
y
tanto
resentimiento
contra
la
clase
política.
Sentí
incluso,
y
no
me
da
miedo
decirlo,
odio
por
el
país.
Cosa
que
me
duele
mucho
porque
yo
amo
mi
país,
pero
terminé
odiándolo.
El
país,
de
cierta
manera,
me
sacó
a
patadas.
Me
duele
muchísimo.
Y
Edwin
es
parte
de
un
movimiento
de
gente
mucho
más
grande
que
ha
abandonado
la
isla
para
irse
a
Florida.
Más
de
100
mil
puertorriqueños
hicieron
las
maletas
en
el
2015
y
cada
vez
son
más
lo
que
se
van.
Mientras
tanto,
en
Puerto
Rico,
hay
un
grupo
de
bonistas
locales,
los
Bonistas
del
Patio,
así
se
llaman,
que
se
han
unido
para
presionar
al
gobierno.
Están
convencidos
de
que
el
gobierno
no
está
siendo
honesto
cuando
dice
que
no
puede
pagarles
y
ellos
quieren
todo
su
dinero
de
vuelta.
En
el
verano
pasado
fui
a
una
convención
de
este
grupo…
Y
entre
los
oradores
principales
estaba
una
persona
muy
conocida.
Buenas
tardes
a
todos,
gracias
por
estar
aquí.
Y
gracias
por
el
apoyo
a
Bonistas
del
Patio.
Y
muchas
gracias.
El
que
había
sido
banquero
del
gobierno.
Jorge
Irizarry.
Ahora
es
el
presidente
de
los
Bonistas
del
Patio.
Y
el
mensaje
que
le
envió
al
gobierno
ese
día
era
clarísimo:
No
es
una
falta
de
capacidad
de
pago.
Es
que
no
hay
la
voluntad
de
pago.
La
verdad
es
que
la
carrera
de
Jorge
Irizarry
ha
dado
un
giro
enorme.
Del
2007
al
2008,
cuando
fue
presidente
del
Banco
Gubernamental
de
Fomento,
se
tomaron
prestado
seis
mil
millones
de
dólares
en
bonos.
Pero
ahora
defiende
a
los
bonistas.
Esto
no
es
inusual
en
los
círculos
locales
de
las
finanzas.
Puerto
Rico
es
una
isla
pequeña
y
hay
una
puerta
giratoria
constante
entre
el
gobierno,
la
banca
privada
y
las
casas
de
corretaje.
Y
eso
no
es
ilegal,
pero
es
difícil
saber
cuáles
son
los
intereses
de
los
banqueros.
El
caso
de
Jorge
Irizarry
es
aún
más
extremo
porque
en
su
carrera
ha
sido
banquero
del
gobierno,
banquero
privado
y
ahora,
portavoz
de
los
bonistas.
Y
no
sólo
eso:
Jorge
Irizarry
ha
sido
muy
claro
en
sus
expresiones
públicas,
donde
dice
que
él
también
invirtió
en
bonos
de
Puerto
Rico.
Cuando
le
pregunté
si
en
ese
vaivén
no
había
un
conflicto
de
intereses,
esto
fue
lo
que
me
dijo:
Ni
siquiera
se
trata
de
Jorge
Irizarry.
Pero
yo
soy
bonista,
¿ok?
Pero
se
trata
de
60
mil
personas
y
sus
familias.
Lo
único
que
yo
traigo
es
los
conocimientos
y
la
experiencia.
Eso
es
lo
que
yo
traigo
positivo.
Yo
no
traigo
lastres,
ninguno,
del
gobierno
a
esto.
Yo
abogo
por
la
gente
de
Puerto
Rico,
de
la
cual
yo
soy
uno.
Pero
no
todos
los
puertorriqueños
son
bonistas,
por
supuesto.
Aún
así,
todos
en
el
país
se
tienen
que
enfrentar
a
un
panorama
complicado
de
impuestos
cada
vez
más
altos
y
a
muchas
medidas
de
austeridad.
En
el
2009
el
gobierno
anunció
el
despido
de
más
de
16
mil
empleados
públicos.
Y
cada
empleado
despedido
es
un
adulto
más
que
ya
no
paga
impuestos.
Eso
tiene
consecuencias
reales.
En
los
últimos
dos
años
el
gobierno
ha
cerrado
más
de
100
escuelas.
Se
han
eliminado
rutas
de
transportación
pública.
Las
plazas
del
gobierno
están
congeladas.
La
crisis
va
mucho
más
allá
de
los
bonistas.
Y,
por
eso,
en
Puerto
Rico
queda
mucha
rabia
y
mucho
resentimiento
por
repartir.
Y
es
como
yo
digo:
o
sea,
yo
no
tomé
prestado,
mis
hijos
no
tomaron
prestado.
Esta
es
Tania
Ginés,
la
madre
que
conocimos
al
comienzo
de
esta
historia.
Estuvo
luchando
durante
10
meses
para
que
no
cerraran
la
escuela
pública
de
su
hija.
Al
final
perdió
la
batalla.
Ahora
los
niños
tienen
que
ir
a
una
nueva
escuela
que
les
queda
más
lejos
y
allí
hay
40
estudiantes
por
salón,
problemas
de
ratas
en
el
comedor,
no
hay
terapeutas
para
los
niños
de
educación
especial.
Pero
lo
más
difícil
de
todo
fue
ver
lo
que
hicieron
con
la
escuela
José
Meléndez
Ayala
de
la
comunidad.
Pero
en
la
de
nosotros
no
nos
dejaron
ni
un
clavo.
O
sea,
ellos
desbarataron
la
escuela,
ellos
se
llevaron
todo.
O
sea,
fue
como
decir
“espérate,
que
a
esta
gente
hay
que
darle
duro”.
Los
cierres
responden
a
las
nuevas
prioridades
del
gobierno.
El
ciclo
de
emigración
masiva
y
endeudamiento
crónico
ha
llevado
a
reducir
los
servicios
del
gobierno
a
como
lugar.
Es
una
manera
de
cumplir
con
los
pagos
de
la
deuda,
y
las
escuelas
en
los
barrios
pobres
han
sido
las
primeras
en
la
lista.
Poco
a
poco
la
propia
constitución
de
Puerto
Rico
estaba
llevando
a
Tania
y
a
muchísimos
puertorriqueños
más
a
un
enfrentamiento
directo
con
los
bonistas
del
país.
Lo
que
pasa
es
que
la
constitución
dice
que,
en
caso
de
que
no
haya
suficiente
dinero,
los
primeros
en
cobrar
son
los
que
compraron
bonos
del
gobierno.
Y
ellos
se
supone
que
reciban
su
dinero
aún
antes
que
los
policías
y
los
maestros.
Y
eso
es
lo
que
está
pasando
ahora,
¿no?
La
isla
ha
estado
a
punto
de
caer
en
esa
situación
en
varias
ocasiones
en
los
últimos
dos
años.
Es
como
si
estuviera
tambaleándose
al
borde
de
la
insolvencia.
Y
va
a
ser
muy
duro
cuando
el
gobierno
tenga
que
decidir
a
quién
le
paga
y
a
quién
no.
A
estas
alturas
ya
no
quedan
buenas
opciones.
Cualquier
decisión
que
se
tome
va
a
afectar
de
manera
muy
profunda
a
alguien.
Y
sí,
todos
en
la
isla
vamos
a
tener
que
cargar
con
la
deuda…
Hasta
los
que
menos
pueden.
—-
Algunos
economistas
estiman
que
un
tercio
de
la
deuda
puertorriqueña
le
pertenece
a
fondos
de
alto
riesgo,
conocidos
como
fondos
buitre
de
Wall
Street.
Son
firmas
que
se
dedican
a
especular
con
la
deuda
de
países
en
apuros.
Y
esto
puede
hacer
que
cualquier
negociación
para
reducir
la
deuda
de
Puerto
Rico
sea
aún
más
difícil.
Y
hay
otra
cosa:
en
septiembre
del
2016
comenzó
a
operar
una
Junta
de
Supervisión
Fiscal,
nombrada
por
el
Congreso
de
Estados
Unidos.
Esta
junta
básicamente
controla
las
finanzas
de
la
isla.
Aún
por
encima
del
gobierno
local.
La
Junta
estará
en
funciones
hasta
que
Puerto
Rico
logre
balancear
su
presupuesto
y
pueda
volver
a
vender
bonos.
Y
mientras
tanto,
esta
Junta
tiene
el
poder
de
reducir
los
servicios
y
la
nómina
del
gobierno
–buscando
ahorrar
por
donde
sea–.
Puede
también
forzar
recortes
en
las
pensiones
de
los
empleados
públicos
y
también
puede
negociar
recortes
en
el
pago
de
la
deuda.
Y
al
final,
todo
parece
indicar
que
Puerto
Rico
no
ha
tocado
fondo.
Luis
Trelles
es
productor
de
Radio
Ambulante.
Esta
historia
fue
editada
por
Camila
Segura,
y
por
mí.
Agradecemos
la
ayuda
de
Deepak
Lamba,
Elías
Gutiérrez,
Robert
Smith
y
Mercedes
Martínez.
La
mezcla
es
de
Isabel
Vázquez.
El
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Silvia
Viñas,
Fe
Martínez,
Elsa
Liliana
Ulloa,
Barbara
Sawhill,
y
Caro
Rolando.
Nuestros
pasantes
son
Emiliano
Rodríguez,
Andrés
Azpiri
y
Luis
Fernando
Vargas.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
cuenta
las
historias
de
América
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Soy
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Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
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: Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Y antes de comenzar quiero advertirles: en este episodio de Radio Ambulante hay muchos números. Muchas cifras. Términos y conceptos complicados que realmente aquí, dentro del equipo editorial, nos costó un poco de trabajo descifrar. Y precisamente por eso, porque hoy vamos a hablar de detalles de la economía que pueden parecer un tanto esotéricos, lejanos, abstractos, precisamente por eso quiero comenzar aquí, con una escena sencilla: frente al portón de una escuela pública del pueblo de Manatí, en la costa norte de Puerto Rico.Con Hiromi, una niña de 7 años. ¿Aquí era donde tú estudiabas? Ajá. Con Hiromi, una niña de 7 años. ¿En qué grado tú estudiabas aquí? Kinder. ¿Y la extrañas? Sí. Nuestro productor Luis Trelles acompañó a Hiromi a la escuela primaria donde solía estudiar. Hoy en día la escuela está completamente abandonada. Paredes descascaradas, los arbustos casi tan altos como Hiromi misma. Es difícil imaginar que hasta hace poco este lugar estuvo lleno de niños. A veces la vecina que está al frente la limpia. Esta es Tania Ginés, la mamá de Hiromi. Entre los vecinos pues la limpian, le cortan la grama y le dan un poquito de mantenimiento, porque se ve, se ve bien fea… Las puertas abiertas. Todo. Los baños… abiertos. La escuela José Meléndez Ayala se encuentra en Boquillas, un barrio rural del pueblo. En mayo del 2014, el Departamento de Educación del gobierno de Puerto Rico la mandó a cerrar. Y para muchos vecinos el cierre fue un golpe durísimo. Porque, de muchas maneras, la escuela era el centro de esta comunidad: Ahí tú llegabas, todo el mundo se conocía, todos los niños eran de la comunidad. Esta escuela lleva 91 años donde está. Yo estudié allí, mis hermanos estudiamos ahí. Yo crecí viendo a mis padres, ¿verdad?, dando su labor voluntaria, sábado, domingo, limpiando escuela, arreglando. En Boquillas la gran mayoría de los estudiantes viven bajo el nivel de pobreza. La propia Tania está desempleada y tiene dos hijos mayores que también estudiaron en esa misma escuela. Y eso no es lo peor del caso. Porque cuando uno vive en en un lugar como Boquillas, escenas como esta pueden ser demasiado frecuentes: Hace poco aquí mismo, a las tres de la tarde, cerraron toda la calle. Estuvimos hasta las ocho de la noche sin poder entrar a nuestra casa. Se formó un tiroteo, heridos y todo y entonces cerraron toda la carretera, todo este trayecto. ¿Pero tú crees que vinculado a tráfico de drogas? Sí. Entiendo que sí. Sí. Por eso la escuela era un lugar tan importante. Era el sitio donde los chicos podían sentirse seguros y donde quizás podrían encontrar una alternativa para el futuro. Pero estos espacios, escuelas como ésta alrededor de Puerto Rico, están desapareciendo. El gobierno ha cerrado más de 100 escuelas en los últimos dos años. Y para entender por qué, primero hay que escuchar esto: La deuda pública, considerando el nivel de actividad económica actual, es impagable. Nuestro productor Luis Trelles lleva unos meses trabajando en esta historia desde Puerto Rico. Luis, este audio… ¿quién es ese señor? Pues ese es el gobernador de Puerto Rico y el audio viene de un anuncio que hizo en junio del 2015 para anunciar que la isla tenía una deuda de 70 mil millones de dólares. Y si lo piensas, eso es muchísimo dinero para una isla muy pequeña en el medio del Caribe con una población de 3.5 millones de habitantes. Pero eso no fue lo único que dijo. Porque la otra parte del anuncio era que era imposible pagar esa deuda en su totalidad. La meta será posponer por un número de años los pagos de la deuda. Wow. Entonces, ¿cómo así que no pueden pagar? O sea, ¿a quién le deben tanta plata? Pues a miles de instituciones que le prestaron al gobierno. Bancos y fondos de inversión de Estados Unidos. Pero también a individuos, a inversionistas individuales, a puertorriqueños que le prestaron dinero al gobierno. ¿Y te acuerdas dónde estabas cuando escuchaste ese mensaje? Pues sí, yo estaba fuera de la isla. Estaba en un viaje de trabajo en Guatemala. Pero recuerdo perfectamente ver el anuncio del gobernador por internet y… no lo podía creer, Daniel. Mi primera reacción fue: “¿Cómo llegamos a endeudarnos de esta manera?” Entonces hoy Luis va a intentar responder esa pregunta, y otras. ¿Cómo se llega a este punto? Y aún más importante: ¿qué pasa después, cuando Puerto Rico no puede pagar? Es una historia que termina con despidos, pensiones en peligro y en colegios –como el de Hiromi– cerrados. Y lo que pasa es que no siempre fue así. Parece que fue hace siglos, pero entre los años cincuenta y los años ochenta, Puerto Rico tenía un modelo de desarrollo económico que muchos países –tanto en Latinoamérica como el Caribe– seguían. Observan una fábrica de hormonas de Hato Rey, que es la aportación que hace Puerto Rico a la ciencia médica. Las cámaras del noticiero captan tres de las nuevas fábricas que ya están expandiendo sus operaciones. La inauguración de una nueva institución, concretamente la número 100, que se pone en funcionamiento constituye evento de trascendental importancia. Bueno, esos son mensajes de los noticieros del gobierno de los años sesenta y cincuenta. Era una manera de anunciarle a la población la industrialización acelerada que se estaba llevando a cabo en la isla. Y los clips salen como de una especie de cápsula de tiempo, de una época que vamos a llamar aquí “La era de la 936”. Y obviamente nadie que no sea de Puerto Rico va a entender qué significa eso. Pero antes de explicarlo quiero presentar a Teresa García. Ella trabajó en una de esas fábricas que acabamos de escuchar en los noticieros. Era química farmacéutica. Imagínatela en bata blanca, Daniel, rodeada de probetas, con espumas y explosiones. No, no es tanto como explosiones ni espumas. Yo comencé, sí, haciendo análisis, pero terminé supervisando laboratorios. Eran los años setenta. Teresa era una madre joven, tenía dos hijos y una casa en los suburbios. La familia contaba con dos ingresos: el de ella y el de su marido. Eran la típica familia de la clase media puertorriqueña. Y Teresa, en el trabajo… Hacíamos Lomotil, que era para la diarrea. Hacíamos espironolactona, que esa era para la alta presión. Y también hacían muchas otras drogas. En esa época, unas 75 farmacéuticas internacionales abrieron fábricas en la isla. Eso ayudó a que Puerto Rico llegara a tener miles de nuevos empleos. Y era que teníamos muchos incentivos para las compañías. Estaba la 936… Y para ellos era un paraíso. Teresa se refiere a un paraíso fiscal. Y ese paraíso estaba ligado a ese número que ya escuchamos: la 936. Es un número de un documento legal. Un código de los impuestos federales de Estados Unidos. Y lo que hay que entender es que ese código lo que hacía era que le abría el paso a que compañías de Estados Unidos se instalaran en Puerto Rico. Luis, espera. Creo que tenemos que aclarar algo antes de seguir. Tiene que ver con el estatus político de Puerto Rico, que es un poco complicado, ¿no? No sé ni por dónde empezar. Es una relación… difícil. Pues nosotros somos un territorio americano. Un territorio, no un estado. Exacto. Una colonia, básicamente. Se nos aprobó una constitución en el 1952… Para tomar decisiones con respecto a cómo vamos a manejar nuestro gobierno… Pero somos ciudadanos americanos, usamos la misma moneda. Podemos entrar sin ningún problema a los Estados Unidos. Los puertorriqueños que vivimos en Puerto Rico no podemos votar por el presidente de Estados Unidos. Pero además no tenemos ni senadores ni congresistas que nos representen. Y esto es importante porque, al final del día, es el Congreso de Estados Unidos el que tiene la última palabra en los asuntos de la isla. Y me imagino que eso no es tan beneficioso. Pues no creas, a veces sí. Por ejemplo, ese número del que hablábamos: 936. Ese decreto durante años le trajo cosas buenas a la isla. Como te dije, era un estímulo. Animaba a muchas compañías a que se mudaran a Puerto Rico. Así se salvaban de tener que pagar millones de dólares en impuestos a Washington. Y desde los años cincuenta, distintos decretos como el de la 936 se habían convertido en el motor del desarrollo económico en la isla. Por eso fue que llegaron todas esas compañías. Esas farmaceúticas que ya conocimos con Teresa. Pero el gobierno de Puerto Rico también tenía que poner de su parte. Esa frase no la entiendo. “Poner de su parte”. ¿A qué se refiere? Pues es importante que sepas que Puerto Rico, antes de los años cincuenta, estaba muy subdesarrollado. Y para que la 936 funcionara, todas las compañías que venían necesitaban una cosa: infraestructura. Calles. Carreteras. Educación. Grandes proyectos que por lo general se financian con bonos. Y para los que no saben lo que es un bono, ¿cómo lo defines? Un bono es básicamente un papel. Pero no es cualquier tipo de papel. Es un papel que certifica un préstamo, en este caso un préstamo que se le hace al gobierno de Puerto Rico. O sea, una promesa de pago. Y con ese papel, el gobierno le garantiza al que compra los bonos que le va a pagar con intereses en una fecha determinada. ¿Quién los compra? Todo el mundo: desde grandes fondos de inversión hasta ciudadanos comunes y corrientes.Ok. Entonces en Puerto Rico –como en casi todos los países del mundo– el gobierno vende bonos para financiar su propio desarrollo. Exacto. Es absolutamente normal. Un gobierno no tiene ese dinero a la mano y por eso hace una emisión de bonos para conseguirlo. Y en Puerto Rico, comenzando en la década del setenta, los bonos trajeron miles de millones de dólares en inversiones a la isla. Eso el gobierno dice “yo quiero tomar prestado”. Este es Jorge Irizarry. Es un exdirector del Banco Gubernamental de Fomento de Puerto Rico. Es lo más cercano que hay en la isla a un banco central de gobierno. Y entre otras funciones, ese banco hacía los bonos cuando el gobierno necesitaba dinero para proyectos de infraestructura. Cuando se va a tomar prestado, la legislatura tiene que decir: “autorizamos a que el gobierno tome prestado 500 millones para construir lo que sea: carreteras, acueductos…” Ok, Luis, para aclarar, entonces: cuando se aprueban bonos lo que se está haciendo realmente es aprobar deuda. Sí, eso. Y los inversionistas compraban los bonos como si fuera pan caliente. ¿Y por qué? Pues la razón es sencilla: los bonos de Puerto Rico tienen una característica muy especial, y es que no pagan impuestos. Esa es otra aparente ventaja de ser una colonia. Porque si compras un bono del estado de Nueva York o de California, esos bonos pagan impuestos a nivel local, pero también a nivel federal en Estados Unidos. Jorge Irizarry me lo explicó así: Si compro un bono del tesoro de Estados Unidos, tributa. Si compro un bono del gobierno de Puerto Rico, no tributa. Era más o menos esa diferencia. Entonces en los años noventa y ya entrados los años 2000, estos bonos puertorriqueños casi se vendían solos porque a los inversionistas les encanta todo lo que sea libre de impuestos. Eso fue lo que me contó Rubén Rodríguez, un asesor financiero que se dedicaba a vender los bonos del gobierno a todo tipo de gente. Muchas veces en un mismo día se vendían billones de dólares. Era una locura. Muchas veces no se daba abasto y había gente que se quedaba afuera porque realmente querían comprarlo y ya se habían acabado. Y aquí hay que aclarar que muchas veces los puertorriqueños eran los primeros de la fila para comprar estos bonos. Comenzando en los años noventa, la gente de la isla le ha apostado en grande al gobierno y ha puesto una buena parte de sus ahorros ahí. Jorge Irizarry, el exdirector del banco del gobierno, me dio esta cifra en dólares que me sorprendió: 30 mil millones son bonos de Puerto Rico adquiridos por los puertorriqueños. Eso es mucha plata. Mucha. ¿Y quién invertía eso? Pues, ese es uno de los grandes problemas de esta historia. Porque los inversionistas no eran millonarios, Daniel. Bueno, había algunas personas que sí tenían fortunas considerables. Pero mucha de la clase media puertorriqueña le entró a este juego de comprar bonos del gobierno. Doctores, abogados, ingenieros… Personas como Teresa. Una vez me retiré, mis ahorros los invertí en bonos de Puerto Rico, pensando de que era una inversión segura. La inversión de Teresa va a ser mucho más importante un poco más adelante en esta historia. Pero por ahora hay que decir que la onda de los bonos se puso tan y tan de moda que mucha gente que lograba ahorrar un poco de dinero pues intentaba comprarlos. Mientras investigaba este tema me topé con la historia de Edwin Batista. En los años noventa, cuando apenas tenía 20 años, comenzó a invertir, y no eran sumas gigantescas. El chico era un universitario que trabajaba cocinando hamburguesas en McDonalds. Edwin Batista fue uno de los que comenzó con casi nada, invirtiendo lo poco que ganaba en su trabajo. Un día yo logré ahorrar mis primeros tres mil dólares. Con todo, porque yo caminaba “como los codos”, como dicen en el país. ¿Como los codos? Pues acá así es como se le dice a la gente tacaña. Y Edwin pues cuidaba muchísimo su dinero y por eso logró ahorrar. Y luego, cuando ya tenía un cúmulo importante, lo depositaba en inversiones. El 80% estaba en bonos del gobierno. Realmente no es el perfil que uno se espera de un inversionista, o sea… No, pero le fue súper bien. En el caso de Edwin, lo que había comenzado con una serie de inversiones mínimas se convirtió en un fondo de cientos de miles de dólares. No, no lo puedo creer, hombre. O sea, ¿con tres mil dólares se hace una fortuna de cientos de miles? Pues sí, y fue una combinación de dos cosas. Por un lado, Edwin invirtió cada centavo que ganaba. Y por el otro, los bonos de Puerto Rico dan un interés mucho más alto que la mayoría de los bonos en el mercado de Estados Unidos. Entonces, claro, sus inversiones… Sí fueron creciendo y creciendo sustancialmente. Más adelante su plata se multiplicó cuando heredó los bonos de su papá. Su papá había sido un profesor universitario, de economía, obviamente, y llevaba toda la vida invirtiendo en bonos de Puerto Rico. Y le había ido excepcionalmente bien. Ya no se trataba de cientos de miles de dólares, sino de mucho, mucho más. Así que ya mi cartera ya pasaba de ser una cuenta interesante a ser una cuenta muy importante. ¿Nos puedes dar una idea de cuánto dinero tenías invertido en todo esto? Eh… aproximadamente ya tendría casi dos millones de dólares. Wow. Así que… ya tú sabes. ¡Como si se hubiera ganado la lotería! Pues imagínate: de 10 mil dólares a dos millones. Eres un VIP. ¡Sí! Y así fue como lo empezaron a tratar en el banco. La persona que tiene este nivel no va a un banco regular. Háblame de eso, porque yo nunca jamás estaré a ese nivel y quiero saber cómo es cuando tú estás a ese nivel preferencial de cliente de banca de inversión. Pues mira, es bien interesante y es muy cómodo. Por ejemplo, tú llamas a tu banquera personal, que te resuelve todas tus cosas. Tú dices: “Yo necesito tal cosa”. “Ah, perfecto”. Al otro día te llaman: “Ya está todo listo, Batista”. Es como que el golden dream de mucha gente. ¿Cómo es que estos bonos se hicieron tan populares? O sea, ¿el gobierno los vendía, los promocionaba?Pues no los mercadeaban directamente. Jorge Irizarry, el exdirector del banco nacional que te mencioné, pues él me explicó que el banco del gobierno no le vendía los bonos directamente a personas comunes y corrientes como Edwin. De eso se ocupaban los socios del gobierno, es decir, los bancos. Tanto los locales como los internacionales… Que UBS lo hace en Puerto Rico. Y banco Santander y Banco Popular. Y esos no eran los únicos porque, como decimos acá, las casas de corretaje de Wall Street y los bancos de inversión también estaban involucradas en todo esto. Por decir Goldman Sacks, por decir Morgan Stanley, Citigroup, you name it. Todos ellos… Son instituciones muy poderosas en el mundo financiero. Y bueno, como Puerto Rico es parte de los Estados Unidos, pues ellos vieron un terreno fértil para operar acá. Entonces ellos son el vendedor, por decir así. Yo le entrego mis bonos a eso y ellos van y los venden en el mercado: eso es lo que hacen. Ah, ok. Entonces son como los intermediarios entre el gobierno y el comprador. Eso. Y bueno, entonces tenemos un boom económico y financiero gigantesco. Las fábricas a toda máquina gracias a la 936. Infraestructura financiada por bonos que no pagaban impuestos. Mucho dinero moviéndose por toda la isla. Todo estaba perfecto. Hasta… Pues… hasta lo que va a pasar ahora en la siguiente parte de la historia. Ya volvemos. —MIDROLL— Soy Daniel Alarcón. Están escuchando a Radio Ambulante. Y yo soy Luis Trelles. Antes de la pausa, Luis me estaba contando sobre la deuda de Puerto Rico. Y pues estaba comenzando a sonarme como una burbuja. Pero no de las que se revientan, sino de las que se desinflan lentamente. Porque no fue una cosa dramática; no sucedió de la noche a la mañana. Tomó más de una década. Y hasta diría que mucha gente no se dio cuenta de lo que estaba pasando hasta que fue demasiado tarde. Tienes que recordar, Daniel, que al final del día toda esta riqueza estaba circulando en la isla gracias al número ese mágico que ya hemos mencionado varias veces. 936. Sí. Eso era lo que le daba solidez al sistema financiero porque todas esas farmacéuticas mantenían a la economía en crecimiento. Pero llegó el momento en que el Congreso de los Estados Unidos se cansó de tener a su propio paraíso fiscal en medio del Caribe. Porque recuerda: cada una de esas farmacéuticas que venían a construir fábricas en Puerto Rico se llevaban trabajos de estados como New Jersey. Entonces en 1996 decidieron cerrar la 936. ¿Y entonces ahí acaba la película? No, porque no fue de un día para otro. El Congreso dio un periodo de 10 años para que se terminara por completo. Y bueno, ya para el 2006, las farmacéuticas tenían que pagar impuestos federales y, como te puedes imaginar, Puerto Rico ya no se veía como un lugar tan atractivo para venir a construir una fábrica. ¿Te acuerdas de Teresa García? Claro, la química. Pues ella fue una de las afectadas por el decreto que acabó con la 936. Apenas anuncian eso… Entonces lo que hicieron las farmacéuticas grandes fue mover los headquarters a Europa. A Francia, a Irlanda, por allá. En total, en una década, Puerto Rico perdió unos 50 mil empleos como los de Teresa. Buenos empleos, Daniel, con buena paga, estables. Todos ellos se desvanecieron. ¿Y Teresa qué hizo? Pues se podría decir que ella fue una de las afortunadas porque Teresa vio a tiempo lo que iba a suceder. No es fácil. Nosotros sabíamos que iban a comenzar a haber olas de despidos. Que eventualmente mucha de la gente se iba a tener que ir. Entonces Teresa decidió no esperar a que la farmacéutica en la que trabajaba se fuera. En el 2005 pudo jubilarse y la farmacéutica le dio una compensación de 150 mil dólares. Generosa. Sí, bastante. Teresa quería poner ese dinero a rendirle una mensualidad cómoda, sobre todo en ese momento que estaba dejando de trabajar, porque en esa época tenía 60 años. Mi esposo pues comenzó a orientarse con corredores de casas de corretaje, y a ver cuáles eran las mejores inversiones. Oh, no. Sí. Aquí es donde la historia de Teresa comienza a chocar de frente con la historia de la deuda del gobierno. Y en el momento que tomé la decisión pues decidimos hacer la inversión que hicimos… … En bonos de Puerto Rico… Todo esto estaba pasando a mediados de la década pasada. Cuando Teresa empezó a invertir, nadie se imaginaba que el gobierno de Puerto Rico iba a fallarle a sus bonistas. Al revés: invertir en Puerto Rico era hasta patriótico. Y de una vez estaba ayudando a mi país, para construir escuelas, carreteras. Esa motivación, la de ayudar al país a seguir desarrollándose, eso fue algo que escuché de varios inversionistas. Edwin Batista me dijo algo similar: Y el mismo banco, el broker, me decía “es para el país, para construir al país”. Y yo “pues dale, vamos a meterle mano al país”. Y me sentía que estaba aportando de cierta manera a que el país funcionara. Pero invertir en Puerto Rico se estaba convirtiendo en una propuesta cada vez más riesgosa. La 936 se terminó finalmente en el 2006 y el gobierno no tenía una alternativa para sustituirla. Puerto Rico se había quedado sin ese número mágico que hacía que su economía creciera con fábricas y empleos bien pagados. Para compensar, el gobierno invertía más dinero en el sistema de educación, en salud y en programas anti-pobreza, pero cada vez había menos gente empleada en la empresa privada. Y esto es una ecuación terrible porque eso significa que hay menos contribuyentes que puedan sostener el gasto del gobierno. En otras palabras, el gasto público seguía creciendo y la economía no. Y por eso las finanzas del gobierno estaban cada vez peor. Y si ves en todos esos años, del 2000 hasta el 2014, el gasto del gobierno es mayor que el ingreso del gobierno. En junio, cuando fui a visitar a Jorge Irizarry, el ex banquero del gobierno, a su oficina, ya me tenía preparadas varias gráficas en la computadora. En la pantalla se veía la diferencia entre ingresos y gastos durante los últimos 15 años. Y de todas las gráficas que vi –y habían varias– la que más me llamó la atención mostraba una línea roja que se disparaba hacia arriba, año tras año. La línea roja es el nivel de gasto actual. Y aquí dice: “El déficit acumulado entre el 2000 y el 2013 era 23 mil 500 millones”. Entonces, no es una práctica sostenible para nadie… O sea, como sacar una hipoteca para pagar la cuenta de la electricidad. Exacto. Y para cubrir ese déficit, el gobierno utilizó el último recurso que le quedaba: los bonos. Pero con un cambio importante. Ya no se utilizaban solamente para hacer obra pública, sino para cubrir gastos comunes y corrientes del gobierno. El gobierno se estaba endeudando para pagar salarios y otros gastos recurrentes. O sea, el tipo de cosas que uno nunca debería pagar con un préstamo. Exactamente. Y todo esto era súper conveniente para los bancos, porque con cada nueva emisión de bonos, ellos salían ganando. Rubén Rodríguez me explicó que muchos de sus colegas en la industria… Se enfocan en “si yo vendo esto, ¿cuánto me gano?”. Y la respuesta es que se ganaba bastante. Aún después de que se eliminara la 936, después del 2006, Rubén seguía vendiendo bonos que se acababan a los tres días de haber salido al mercado. El gobierno decidía que necesitaba más dinero, anunciaba que iba a sacar una nueva emisión de bonos, y luego gente como Rubén los vendía y cobraba una comisión por las ventas. Si la venta tuya durante esos dos o tres días eran 10, 15, 20 millones –y muchas veces más, pero mucho más– inmediatamente a ti te pagaban esa comisión. Yo llegué a ver comisiones de… en un mes, de 45 mil, 100 mil dólares. Realmente, sí. Wow. Sí, muchísima plata. Y sobretodo pensar en cifras así en Puerto Rico, donde más de la mitad de la población vive bajo el nivel de pobreza es absurdo. Ya, ¿pero las personas que compraban estos bonos no se daban cuenta que las finanzas públicas no estaban nada bien? ¿Por qué seguían invirtiendo en el gobierno si sabían que se gastaba más de lo que se recaudaba? Bueno, eso mejor que te lo explique Jorge: Bueno, sí, todos fuimos bien optimistas. A partir del 2000, el gobierno no ha tenido un solo año con el presupuesto al día. Ni uno. Pero cada año volvían a decir que ahora sí ya habían resuelto los problemas y que se iba a recaudar más dinero en impuestos, y luego, esos recaudos nunca aparecían. Todos los puertorriqueños y todos los gobiernos, los gobernadores y los legisladores, todo el mundo fue bien optimista. Nadie dijo: “Bueno, espérense. Esto no… no debemos seguir por aquí”. Y como dijo Jorge Irizarry, no solo era solamente el gobierno. Rubén Rodríguez, el asesor financiero, recuerda que cada año, en el banco de inversiones en el que trabajaba, llegaban varias firmas de analistas financieros de Estados Unidos. Los contrataban para asesorar a los vendedores de bonos. Y venían todas estas compañías que también tenían mucha inversión en Puerto Rico y seguían a Puerto Rico y todo era color de rosa. Pero no todas las compañías eran así. Rubén me contó que había una, Nuveen, que regularmente sonaba la voz de alarma. Eran ellos los que decían que la insolvencia del gobierno estaba a la vuelta de la esquina. Aún más, la firma alegaba que el gobierno no era transparente con sus finanzas. Ellos siempre decían que ellos no creían en Puerto Rico, que Puerto Rico no era un país transparente y que todo el tiempo le estaban mintiendo. Lo decían desde el 2008 ya. O sea que ya había gente que sabía los riesgos. Pero también había mucha presión para seguir vendiendo. Porque tú sí llegaste a sentir esa presión cuando trabajabas dentro de ese esquema. La sentí y directamente me sentaron y me dijeron que si no lo hacía… me iban a botar. Y ya para el 2011 la deuda crece, el déficit crece… Y por primera vez los corredores de bonos se empiezan a dar cuenta que no es fácil vender los bonos de Puerto Rico. Y nos encontramos con la situación donde hay un montón de producto disponible para la venta, o en inventario ya, que son mayormente los fondos mutuos y los bonos locales. Y apesta. ¡Bullshit! ¿Y este quién es? Ese es Miguel Ferrer, un tipo con una trayectoria muy larga en la industria puertorriqueña de las finanzas. Cuando se grabó este audio, Ferrer era el director de UBS en Puerto Rico, un banco suizo que había abierto una división de manejo de inversiones en la isla. Tenemos que cruzar el puente entre la demanda que tenemos, insatisfecha… Y lo que está pasando ahí es que Ferrer reunió a un grupo de brokers que trabajaban para él, y en este audio lo que se oye es el regaño que les está dando porque no están vendiendo los productos financieros de la compañía. Uno de sus propios vendedores grabó este audio a escondidas y luego lo filtró a los medios. Porque los brokers, el trabajo de ellos, es buscarle a los clientes el producto que le conviene a los clientes. ¡No es sentarse en su escritorio a esperar que algo suceda! ¡Si no, señores, búsquense otro trabajo! ¿Entonces sí había brokers que no querían vender más bonos del gobierno? Recuerda que era el 2011. Puerto Rico llevaba cinco años en recesión económica. La base industrial de la isla estaba desmantelada. Miles y miles de trabajos habían desaparecido. Y lo único que está manteniendo a flote al gobierno son los bonos. Bonos que compañías como UBS convertían en productos de inversión que no garantizaban el dinero de los inversionistas. Y pues algunos corredores se negaban a venderlos, porque sabían que eso no le convenía a sus clientes. Eso fue lo que hizo Rubén Rodríguez, pero cuando se negó a vender los productos de la compañía, le impusieron una metas mensuales astronómicas. Pues en un mes traer un millón de dólares. Este… o en tres meses traer cinco millones de dólares. Y si no cumplías con las metas que te imponían, que eran humanamente imposibles, porque nadie quería invertir dinero en la compañía, pues ya ellos tenían la evidencia para despedirte. Eventualmente la situación llegó a tal grado que en el 2013 las Agencias Acreditadoras bajaron la categoría de muchos bonos. Porque parte del mercado se regula con estas agencias que, básicamente, toman la capacidad de repago de los gobiernos y les dan como una nota: decir A, AAA o AA. Para ver si son buena paga. Es como chequeándole el crédito al gobierno. Sí, algo así. Pero por más de 50 años, la deuda de Puerto Rico había tenido una de las clasificaciones más altas. En cinco años el crédito del gobierno comenzó a tocar fondo, y se convirtió en chatarra… Y eso tuvo unas consecuencias terribles para inversionistas como Edwin Batista. No sé si te acuerdas, Daniel, pero él fue el que comenzó a invertir su salario de McDonalds y llegó a tener dos millones de dólares. En menos de cuatro años ese dinero comenzó a desaparecer. De dos a un millón. Entonces de un millón pasó a 700. Y entonces de 700 pasó a… como 600, más o menos. Y no paró ahí. La cuenta no dejaba de perder valor. Entonces es bien gracioso porque tú pasas de ser un cliente de Popular One a banca regular y después te pasan a que… que llamas y nadie te contesta el teléfono. Y algo parecido le pasó a Teresa García, la química jubilada de la farmacéutica. Ella invirtió los 150 mil dólares de su retiro en bonos puertorriqueños. Y en su caso, Teresa pudo ver cómo se desplomaba su inversión casi en tiempo real. Yo la chequeo todos los días y yo he visto desde el 2012, 2013, para acá, cómo mi cuenta ha ido bajando vertiginosamente. ¿Por qué? Porque según va bajando la acreditación de los bonos, la gente coge pánico, empieza a vender y va bajando su valor. Teresa me contó que muchos de sus bonos ahora valen la mitad de lo que valían cuando los compró. Pero el verdadero problema es que aunque Teresa quisiera deshacerse de ellos, no va a encontrar a nadie que quiera comprarlos. Ni siquiera con un 50% de descuento. Yo tengo un bono que costaba 100 dólares, ahora vale 50. Pero si voy al mercado a venderlo me dicen: «Nah, yo te voy a dar cinco. Si tú quieres vender, yo te voy a dar cinco». Yo no puedo cogerme ese riesgo; lo voy a perder todo. Y con cada nuevo bajón vienen las preocupaciones y la ansiedad… La gran pregunta para Teresa es cómo ella y su marido se ajustarán ahora que son mayores y necesitan más dinero para sus gastos médicos. Yo trato de buscar la manera de tranquilizarme porque mi esposo es diabético y todas estas cosas a él lo afectan más que a mí. En realidad, yo tengo que buscar la manera de ser fuerte para que él no se sienta tan mal… Pero para los dos ha sido un cantazo fuerte… Y aquí llegamos al punto donde empezamos, porque en junio del 2015: La deuda pública es impagable. El gobernador anuncia que la burbuja se acababa de reventar por completo. Gente como Edwin Batista perdieron casi todo lo que habían invertido. Mira, te quería mostrar esto. Este es… lo guardé de recuerdo. Este es el último informe de Popular Securities con el valor de mi portafolio. Hace unos meses fui a visitar a Edwin a Orlando. En el 2013 sacó lo que le quedaba y compró una casa junto a su esposo. Ahora viven en un suburbio muy tranquilo. Pero todavía guarda los estados de cuenta de su banco y me los mostró. Era una carta oficial con otra gráfica más que mostraba una línea que caía en picada. En el 2010 a Edwin le quedaba cerca de un millón de dólares en la cuenta. Para el 2014 sólo le quedaban cinco centavos. Cuando le pregunté por qué guardaba ese estado de cuentas, me contestó: Para que nunca se me olvide. Cuando tú comienzas a olvidar comienzas a cometer errores nuevamente. Este es para no cometer más errores. Para eso es. Bueno, pero es que lo haya perdido todo, ¿no? O sea, vive en Orlando, en un suburbio, tiene una buena casa. Pudo haber sido mucho peor. Pero también es cierto que nadie invierte para perder, Daniel. Y que los que compraron bonos puertorriqueños confiaron en el gobierno. Por eso ahora hay tanta rabia y tanto resentimiento contra la clase política. Sentí incluso, y no me da miedo decirlo, odio por el país. Cosa que me duele mucho porque yo amo mi país, pero terminé odiándolo. El país, de cierta manera, me sacó a patadas. Me duele muchísimo. Y Edwin es parte de un movimiento de gente mucho más grande que ha abandonado la isla para irse a Florida. Más de 100 mil puertorriqueños hicieron las maletas en el 2015 y cada vez son más lo que se van. Mientras tanto, en Puerto Rico, hay un grupo de bonistas locales, los Bonistas del Patio, así se llaman, que se han unido para presionar al gobierno. Están convencidos de que el gobierno no está siendo honesto cuando dice que no puede pagarles y ellos quieren todo su dinero de vuelta. En el verano pasado fui a una convención de este grupo… Y entre los oradores principales estaba una persona muy conocida. Buenas tardes a todos, gracias por estar aquí. Y gracias por el apoyo a Bonistas del Patio. Y muchas gracias. El que había sido banquero del gobierno. Jorge Irizarry. Ahora es el presidente de los Bonistas del Patio. Y el mensaje que le envió al gobierno ese día era clarísimo: No es una falta de capacidad de pago. Es que no hay la voluntad de pago. La verdad es que la carrera de Jorge Irizarry ha dado un giro enorme. Del 2007 al 2008, cuando fue presidente del Banco Gubernamental de Fomento, se tomaron prestado seis mil millones de dólares en bonos. Pero ahora defiende a los bonistas. Esto no es inusual en los círculos locales de las finanzas. Puerto Rico es una isla pequeña y hay una puerta giratoria constante entre el gobierno, la banca privada y las casas de corretaje. Y eso no es ilegal, pero es difícil saber cuáles son los intereses de los banqueros. El caso de Jorge Irizarry es aún más extremo porque en su carrera ha sido banquero del gobierno, banquero privado y ahora, portavoz de los bonistas. Y no sólo eso: Jorge Irizarry ha sido muy claro en sus expresiones públicas, donde dice que él también invirtió en bonos de Puerto Rico. Cuando le pregunté si en ese vaivén no había un conflicto de intereses, esto fue lo que me dijo: Ni siquiera se trata de Jorge Irizarry. Pero yo soy bonista, ¿ok? Pero se trata de 60 mil personas y sus familias. Lo único que yo traigo es los conocimientos y la experiencia. Eso es lo que yo traigo positivo. Yo no traigo lastres, ninguno, del gobierno a esto. Yo abogo por la gente de Puerto Rico, de la cual yo soy uno. Pero no todos los puertorriqueños son bonistas, por supuesto. Aún así, todos en el país se tienen que enfrentar a un panorama complicado de impuestos cada vez más altos y a muchas medidas de austeridad. En el 2009 el gobierno anunció el despido de más de 16 mil empleados públicos. Y cada empleado despedido es un adulto más que ya no paga impuestos. Eso tiene consecuencias reales. En los últimos dos años el gobierno ha cerrado más de 100 escuelas. Se han eliminado rutas de transportación pública. Las plazas del gobierno están congeladas. La crisis va mucho más allá de los bonistas. Y, por eso, en Puerto Rico queda mucha rabia y mucho resentimiento por repartir. Y es como yo digo: o sea, yo no tomé prestado, mis hijos no tomaron prestado. Esta es Tania Ginés, la madre que conocimos al comienzo de esta historia. Estuvo luchando durante 10 meses para que no cerraran la escuela pública de su hija. Al final perdió la batalla. Ahora los niños tienen que ir a una nueva escuela que les queda más lejos y allí hay 40 estudiantes por salón, problemas de ratas en el comedor, no hay terapeutas para los niños de educación especial. Pero lo más difícil de todo fue ver lo que hicieron con la escuela José Meléndez Ayala de la comunidad. Pero en la de nosotros no nos dejaron ni un clavo. O sea, ellos desbarataron la escuela, ellos se llevaron todo. O sea, fue como decir “espérate, que a esta gente sí hay que darle duro”. Los cierres responden a las nuevas prioridades del gobierno. El ciclo de emigración masiva y endeudamiento crónico ha llevado a reducir los servicios del gobierno a como dé lugar. Es una manera de cumplir con los pagos de la deuda, y las escuelas en los barrios pobres han sido las primeras en la lista. Poco a poco la propia constitución de Puerto Rico estaba llevando a Tania y a muchísimos puertorriqueños más a un enfrentamiento directo con los bonistas del país. Lo que pasa es que la constitución dice que, en caso de que no haya suficiente dinero, los primeros en cobrar son los que compraron bonos del gobierno. Y ellos se supone que reciban su dinero aún antes que los policías y los maestros. Y eso es lo que está pasando ahora, ¿no? La isla ha estado a punto de caer en esa situación en varias ocasiones en los últimos dos años. Es como si estuviera tambaleándose al borde de la insolvencia. Y va a ser muy duro cuando el gobierno tenga que decidir a quién le paga y a quién no. A estas alturas ya no quedan buenas opciones. Cualquier decisión que se tome va a afectar de manera muy profunda a alguien. Y sí, todos en la isla vamos a tener que cargar con la deuda… Hasta los que menos pueden. —- Algunos economistas estiman que un tercio de la deuda puertorriqueña le pertenece a fondos de alto riesgo, conocidos como fondos buitre de Wall Street. Son firmas que se dedican a especular con la deuda de países en apuros. Y esto puede hacer que cualquier negociación para reducir la deuda de Puerto Rico sea aún más difícil. Y hay otra cosa: en septiembre del 2016 comenzó a operar una Junta de Supervisión Fiscal, nombrada por el Congreso de Estados Unidos. Esta junta básicamente controla las finanzas de la isla. Aún por encima del gobierno local. La Junta estará en funciones hasta que Puerto Rico logre balancear su presupuesto y pueda volver a vender bonos. Y mientras tanto, esta Junta tiene el poder de reducir los servicios y la nómina del gobierno –buscando ahorrar por donde sea–. Puede también forzar recortes en las pensiones de los empleados públicos y también puede negociar recortes en el pago de la deuda. Y al final, todo parece indicar que Puerto Rico no ha tocado fondo. Luis Trelles es productor de Radio Ambulante. Esta historia fue editada por Camila Segura, y por mí. Agradecemos la ayuda de Deepak Lamba, Elías Gutiérrez, Robert Smith y Mercedes Martínez. La mezcla es de Isabel Vázquez. El equipo de Radio Ambulante incluye a Silvia Viñas, Fe Martínez, Elsa Liliana Ulloa, Barbara Sawhill, y Caro Rolando. Nuestros pasantes son Emiliano Rodríguez, Andrés Azpiri y Luis Fernando Vargas. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Para escuchar más visita nuestra página web. Radio ambulante.org. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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