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Radio Ambulante - El Cascajo

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¿Qué harías para recuperar un lugar en el que fuiste feliz?

Marino Morikawa vivió los mejores momentos de su infancia en el humedal El Cascajo, al norte de la ciudad de Lima. Dejó de ir por muchos años y cuando volvió, ya de adulto, se encontró con un panorama desolador. Parecía que El Cascajo estaba perdido. Pero Marino se puso manos a la obra.



En nuestro sitio web puedes leer una transcripción del episodio.



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Hola,
soy
Carolina
Guerrero,
directora
ejecutiva
de
Radio
Ambulante
y
hoy
en
Giving
Tuesday
quiero
recordarte
que
tienes
la
oportunidad
de
garantizar
nuestra
sostenibilidad.
El
2020
ha
estado
lleno
de
retos,
pero
no
dejamos
que
nada
nos
pare.
A
pesar
de
todo,
lanzamos
El
hilo,
nuestro
nuevo
podcast
noticioso,
y
hemos
sumado
en
total
cerca
de
70
nuevos
episodios.
Pero
no
es
el
número
de
episodios
lo
que
más
me
enorgullece,
sino
las
historias
que
hemos
reportado.
Cubriendo
política
y
las
secuelas
del
covid
con
El
hilo
y
las
historias
sorprendentes
y
humanas
que
nos
hacen
reír
cada
semana
y
pensar
con
Radio
Ambulante.
También
estamos
organizando
por
primera
vez
el
Radio
Ambulante
Fest,
un
mini
festival
de
lujo
con
cinco
eventos
que
raramente
están
disponibles
en
español.
Es
que
no
paramos.
No
queremos
parar.
Y
este
Giving
Tuesday,
lo
voy
a
decir
de
frente:
el
futuro
de
Radio
Ambulante
Estudios
también
está
en
tus
manos.
Apóyanos
hoy,
en
este
día
global
para
donar
a
las
causas
que
valoras.
tienes
el
poder
de
garantizar
nuestro
trabajo
y
asegurar
que
oyentes
como
tengan
cada
semana
historias
y
noticias
que
nos
conectan
como
región.
Necesitamos
recoger
70,000
dólares
antes
de
diciembre
31,
ya
llevamos
60
por
ciento
de
esa
meta.
Por
favor,
ayúdanos
a
recoger
lo
que
falta
sumándote
a
nuestro
programa
de
membresías,
Deambulantes.
Para
donar,
ve
a
radioambulante.org/deambulantes.
¡Mil
gracias!
Bienvenidos
a
Radio
Ambulante
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.
El
humedal
El
Cascajo,
se
puede
decir,
fue
mi
colegio,
mi
universidad,
mi
posgrado
y
mi
vida
entera.
Él
es
Marino
Morikawa.
Es
un
científico
peruano
de
43
años.
Creció
en
la
provincia
de
Huaral,
al
norte
de
la
ciudad
de
Lima.
Y
el
humedal
del
que
habla,
El
Cascajo
—o
Santa
Rosa,
su
nombre
oficial—
quedaba
a
unos
veinte
minutos
en
carro
desde
su
casa
y
a
más
o
menos
cien
metros
del
mar.
Por
ser
un
humedal
costero,
las
aguas
del
río
que
baja
de
la
montaña
y
las
del
mar
se
filtran
por
debajo
del
suelo
y
crean
un
cuerpo
de
agua,
como
una
laguna.
Mi
padre,
hijo
de
inmigrantes,
tenía
la
cultura
japonesa
bien
marcada,
le
gustaba
bastante
la
pesca.
Y
todos
los
fines
de
semana
me
acuerdo
que
íbamos
a
pescar
y
por
ende
también,
¿no?,
eso
era
familiar,
íbamos
a
hacer
los
picnics
allá,
¿no?,
a
pasar
un
momento
agradable.
También
iban
su
mamá
y
sus
dos
hermanas
mayores.
Pasamos
momentos
fabulosos
de
amor
familiar.
Íbamos
al
humedal,
nos
metíamos,
nos
bañábamos.
De
vez
en
cuando,
llevábamos
nuestra…
nuestros
botes
inflables.
Y
bueno,
en
ese
tiempo
era
un
recuerdo
fabuloso
porque
había
una
biodiversidad
inmensa,
hartas
aves.
Era
un
ecosistema
muy
diverso,
con
muchas
especies
de
animales
y
plantas.
En
cuanto
a
las
aves
había
gallaretas
andinas,
patos
colorados,
garzas
huaco,
cormoranes,
flamencos
andinos
—o
parihuanas,
como
les
dicen
en
Perú—.
El
tamaño
de
El
Cascajo
ha
cambiado
a
lo
largo
de
los
años,
sobre
todo
por
la
intervención
humana,
pero
en
total
llegó
a
medir
más
de
280
hectáreas,
que
son
unas
339
canchas
grandes
de
fútbol.
Y
ahí
fue
donde
a
Marino,
de
seis
o
siete
años,
se
le
empezó
a
despertar
una
gran
curiosidad
por
la
biología,
los
ecosistemas,
la
naturaleza.
Pero
llegó
la
época
del
terrorismo
en
el
Perú,
y
Marino
y
su
familia
se
llenaron
de
miedo.
Dejaron
de
ir
al
humedal
a
finales
de
los
ochenta
cuando
el
conflicto
armado
en
el
país
se
hizo
cada
vez
más
fuerte.
Y
esas
imágenes
tan
bellas
del
humedal
se
quedaron
en
su
memoria
y
en
historias
familiares.
No
volvieron
en
más
de
veinte
años.
Hasta
que
Marino,
mientras
hacía
un
doctorado
en
bioindustrias
en
Japón,
recibió
una
llamada
de
su
papá.
Y
me
dice:
«Oye,
¿te
acuerdas
de
El
Cascajo?».
“Sí”,
le
digo.
«Bueno,
no
vas
a
creer
que
me
fui
a
pescar
y
está
totalmente
perdido».
Perdido.
Su
papá
le
contó
que
había
visto
una
contaminación
impresionante.
Por
culpa
de
la
agricultura
y
la
urbanización
descontrolada
el
humedal
fue
perdiendo
su
tamaño
y
ahora
tiene
un
área
de
menos
de
45
hectáreas.
Marino
no
lo
podía
creer,
tenía
los
mejores
recuerdos
de
El
Cascajo.
Entonces
aprovechó
unas
vacaciones
en
Perú
en
2010
y
le
pidió
a
su
papá
que
lo
llevara.
Quería
ver
con
sus
propios
ojos
lo
que
le
había
contado.
Llegué
y
totalmente
irreconocible.
Tal
y
cual
lo
que
mi
padre
mencionó:
había
una
acumulación
de
basura
de
casi
30
años.
Se
había
convertido
en
un
basurero
ilegal
y
ahí
terminaban
los
desperdicios
de
varios
pueblos
de
la
zona.
Más
o
menos
eran
800
metros
de
largo,
por
80
de
ancho
y
4
a
5
metros
de
profundidad
de
pura
basura.
También
había
criaderos
en
la
zona
de
cerdos,
cabras
y
vacas,
y
los
desechos
de
estos
animales
se
acumulaban
en
el
humedal.
Pero
además,
habían
puesto
un
alcantarillado
alrededor
de
El
Cascajo.
Ese
alcantarillado,
esa
tubería
lo…
lo
drenaba
en
la
orilla
del
mar.
Cuando
venía
el
oleaje
todas
las
piedras
tapaban
esa…
esa
salida
de
la
tubería
y
todos
los
buzones
reventaban
y
salía
toda
el
agua
residual.
Y
toda
esa
agua
residual
se
iba
al
humedal.
Ya
no
había
aves,
ni
peces.
Ni
siquiera
se
veía
el
agua,
porque
estaba
totalmente
cubierta
por
unas
plantas
invasoras
que
se
llaman
lechugas
de
agua
y
que
suelen
crecer
en
estos
sitios
contaminados.
Ese
tapete
de
lechugas
impedía
que
el
agua
se
oxigenara.
Y
el
olor…
Olía
mal,
o
sea
era
un
olor
nausea….
nauseabundo,
¿ya?,
porque
era
agua…
agua
residual
en
época
de
verano.
Y
todo
ese
vapor,
eh,
generaba
un
mal
olor,
¿no?,
a
todo
el
lugar.
Cuando
vi
toda
esa
imagen
desastrosa,
salió
algo…
algo
natural
en
de
que
me
arrodillé,
¿ya?,
y
lo
primero
que
hice
fue
pedir
perdón
por
el
mismo
hecho
de
haberme
descuidado
de…
de
este
hermoso
recuerdo.
Luego
vio
a
algunos
niños
de
la
zona
caminar
alejados
del
humedal.
Y
dije:
“No
es
justo
que
estos
niños
tengan
que
pasar
por
esto
cuando
yo
pasé
una
infancia
hermosa.
No
es
justo
que
estos
niños
crezcan
alrededor
de
un
basural”.
Y
en
ese
momento
se
le
ocurrió
algo
que
para
cualquier
otra
persona
quizás
hubiese
sido
una
locura.
Que
El
Cascajo
se
podía
revivir.
Y
que
él
mismo
era
el
indicado
para
lograrlo.
Nuestro
productor
David
Trujillo
nos
sigue
contando.
Para
entender
por
qué
esta
idea
de
Marino
no
era
completamente
descabellada,
debemos
retroceder
un
poco
y
trazar
su
llegada
a
Japón.
Mucho
antes
de
decidir
que
iba
a
salvar
El
Cascajo,
y
mucho
antes
de
viajar
a
Japón,
Marino
estudió
varias
cosas
en
Perú,
pero
nada
relacionado
con
el
medioambiente.
Luego
se
dedicó
a
asesorar
industrias
de
alimentos
y
agrícolas
en
temas
de
control
de
calidad
y
ahí
se
dio
cuenta
de
que
muchas
de
estas
empresas
no
trataban
adecuadamente
sus
desechos.
Estas
industrias
no
contaban
con
una
planta
de
tratamientos
de
agua
residuales
adecuadas,
¿no?
Bueno,
hasta
el
día
de
hoy
muchas.
Y
drenaban
todas
sus
aguas
residuales
ya
sea
a
los
ríos,
acequias
o…
o
directamente
al
mar.
Contaminaban
y
mucho.
Con
los
residuos
sólidos
de
la
producción,
que
podían
ser
varias
toneladas,
lo
que
hacían
era
enterrarlos.
Les
decía:
«Oye,
¿por
qué
lo
entierras?
¿No
lo
puedes
tratar?»,
«No,
no,
no,
no
te
preocupes.
Las
bacterias
o
los
bichos
se
los
van
a
comer».
Y
obviamente
generó
mayor
curiosidad
de
mi
parte
que
comencé
a
investigar.
Dije,
no
puede
ser
así,
¿no?
¿Por
qué
si
se
está
contaminando?
Marino
tenía
claro
que
para
ofrecer
soluciones
reales
a
estos
problemas
primero
debía
estudiar
sobre
el
tema.
Empezó
a
buscar
opciones
en
Perú
pero,
según
él,
en
esa
época,
a
mediados
de
los
2000,
las
universidades
del
país
no
tenían
alternativas
tecnológicas.
Era
solamente
teoría.
Con
teoría
obviamente
no
iba
a
servir
casi
nada
porque
más
que
todo
sirve
para
el
conocimiento,
pero
para
ejecutar
una
acción
o
solución,
no
te
iba
servir
de
nada.
Dije
entonces:
“OK,
vayamos
a
ver
diversos
países
que
te
den
esa
alternativa
tecnológica
para
brindar
una
solución
al
problema”.
Así
que
se
postuló
a
una
beca
que
ofrecía
el
Ministerio
de
Educación
de
Japón.
Se
la
ganó
y
así
fue
que
terminó
estudiando
en
la
Universidad
de
Tsukuba
en
2005.
Tenía
28
años.
Hice
dos
años
de
maestría,
mi
especialidad
fue,
eh,
lo
que
es
biosistemas,
que
en
es
la
energía
renovable.
Luego,
mi
doctorado,
me
especialicé
en
lo
que
es
bioindustrias:
la
especialidad
fue,
eh,
lo
que
es
tratamiento
de
aguas
residuales
de
cualquier
índole.
Como
las
que
salen
de
las
casas,
las
de
los
alcantarillados
de
las
ciudades,
las
que
están
contaminadas
con
desechos
mineros
o
hidrocarburos.
Marino
decidió
que
todo
eso
que
aprendió
en
Japón,
las
tecnologías
que
conoció
allá,
las
pondría
en
práctica
en
El
Cascajo.
Era
un
proyecto
personal
que
lo
motivaba
mucho.
Seguiría
con
sus
estudios
en
Japón,
pero
quería
empezar
a
demostrar
que
podía
hacer
algo
por
estos
ecosistemas,
así
tuviera
que
estar
viajando
constantemente.
Y
bueno,
también
pensó
que
quizás,
si
le
salía
bien,
por
ahí
podía
ser
el
comienzo
de
una
carrera.
Pero
no
era
tan
fácil,
tampoco.
Para
recuperar
El
Cascajo
se
necesitaban
muchas
cosas:
mejorar
la
calidad
del
agua,
recuperar
la
biodiversidad,
convencer
a
la
comunidad
de
la
importancia
de
cuidarlo
y
lograr
la
voluntad
política
para
garantizar
su
protección
a
futuro.
Y,
claro,
cada
factor
tenía
su
grado
de
dificultad
y
sus
metodologías
propias.
Si
fallaba
en
uno,
no
podía
seguir
con
el
resto.
En
esas
vacaciones
de
2010,
cuando
viajó
a
Perú
a
ver
lo
que
su
papá
le
había
contado,
Marino
empezó
por
hablar
con
el
alcalde
de
Chancay,
el
distrito
al
que
pertenece
el
humedal.
Suerte
nuestra
de
que
el
alcalde
es
amigo
de
la
familia.
Se
llama
Juan
Álvarez
Andrade.
Bueno,
de…
de
cariño
le
dicen
“Juanelo”,
entonces
le
digo:
«Juanelo,
¿qué
haces
acá?»,
¿no?
Y
felicitándolo,
¿no?
«Mira,
Juanelo”,
le
digo,
“Este,
quiero
recuperar
el
humedal».
Se
sorprendió,
¿no?,
abrió
sus
ojos
grandes:
«Pero
no
tenemos
plata,
por
si
acaso»,
me
dice,
¿no?
Marino
le
dijo
que
no
se
preocupara
por
eso.
Simplemente
le
pidió
que
lo
dejara
hacer
su
trabajo
para
demostrar
que
el
humedal
podía
recuperarse.
“Solamente
dame
un
año
nada
más,
Juanelo”,
le
digo,
“dame
un
año.
Si
en
ese
año
no
logro
hacer
nada,
me
quedo
callado,
tomo
mi
avión
y
como
que
no
pasó
nada».
«Ya,
ya,
no
hay
problema,
pero
está
totalmente
cochino».
Le
digo:
«Yo
voy
a
asumir
con
todos
los
gastos,
si
me
pasa…
gastos
médicos
si
me
pasa
algo.
Yo
voy
a
cubrir
con
todos
los
equipo
que
voy
a
hacer.
Pero
solamente
dame
esta
oportunidad».
“Ya,
no
hay
ningún
problema”.
Con
el
permiso
del
alcalde,
Marino
empezó
a
planear
un
presupuesto.
Gran
parte
ha
sido
por
los
pasajes.
Un
pasaje
de
Perú-Japón
es
caro.
Y
es
que
la
idea
que
tenía
Marino
era
estar
viajando
más
o
menos
una
vez
al
mes
para
estar
unos
días
en
el
humedal
y
luego
seguir
con
sus
obligaciones
en
Japón.
Eso
significaba
no
menos
de
mil
dólares
al
mes.
Y
claro,
había
otros
gastos:
Los
alimentos,
viáticos,
el
combustible.
Y
luego
lo
otro
fue
los
materiales,
eh,
la
tecnología
en
sí.
La
tecnología
que
planeaba
usar
para
descontaminar
el
agua.
Más
adelante
hablaremos
en
detalle
sobre
esto.
Como
fuera,
Marino
apenas
tenía
algunos
cálculos
en
su
cabeza
de
cuánto
costaría
su
proyecto
y
la
cifra
era
alta.
Así
que
empezó
a
buscar
dinero.
Toqué
más
de
diez
puertas
para
pedir
financiamiento,
todas
me
las
cerraron
porque
en
ese
tiempo
decían:
«Oye,
¿y
qué
ganamos
con
esto?
Recuperamos,
¿pero
yo
qué
voy
a
ganar?».
«No,
pues
un
marketing,
reconocimiento
de
que
cuidas
el
humedal».
«No,
no.
No
estamos
interesados».
Marino
tuvo
que
recurrir
a
una
última
opción
para
salvar
su
plan.
Y
la
cosa
es
que
ya,
pues
no
me
quedaba
de
otra.
Regresé
a
Japón,
saqué
todos
mis
ahorros,
pedí
préstamos
bancarios
y
regresé
al
Perú.
Ya
en
el
humedal,
Marino
empezó
a
medir
los
comportamientos
del
viento
y
la
cantidad
de
personas
que
pasaban
por
ahí.
Pasaban
aproximadamente
un
tráfico
de
cien
personas
por
día.
Era
gente
que
vivía
ahí
y
Marino
sabía
que
eventualmente
tenía
que
convencerla
de
que
El
Cascajo
no
tenía
por
qué
seguir
siendo
una
cloaca.
Necesitaba
de
que
estas
personas
sean
los
guardianes
del
lugar.
Trabajaba
solo,
desde
las
seis
de
la
mañana
hasta
las
ocho
de
la
noche.
Luego
volvía
a
la
casa
de
sus
papás
y
a
partir
de
esa
hora
se
dedicaba
a
analizar
los
reportes
que
hacía
y
las
muestras
que
iba
recogiendo.
Para
focalizar
su
trabajo,
Marino
decidió
dividir
el
humedal
por
sectores.
Lo
había
divido
en
sector
A1,
A2,
B1,
B2,
hasta
la
D1,
D2:
ocho
sectores.
Y
le
puse
separaciones
con…
con
bambú.
Luego
empezó
a
sacar
todas
las
lechugas
de
agua.
Esa
labor
era
completamente
manual:
llegaba
al
humedal,
se
ponía
uno
de
esos
trajes
enterizos
de
pescador,
botas
de
caucho…
Me
metía
al
humedal,
¿ya?
Llegaba
hasta
el
lugar
donde…
donde
me
cubra
el
traje,
¿ya?,
con
guantes
a
acumular
las
lechugas
y
a
empujarlas.
Para
llevarlas
hasta
la
orilla.
Marino
llegaba
hasta
donde
había
más
o
menos
un
metro
y
medio
de
profundidad.
Como
en
el
fondo
del
agua
hay
lodo
y
sedimentos,
el
esfuerzo
físico
era
grande:
levantar
el
pie,
dar
un
paso,
sacar
el
otro,
empujar
las
lechugas,
avanzar
con
fuerza.
Más
o
menos
yo
podía
empujar
aproximadamente,
sin
exagerarte,
casi
cien
kilos
de
lechuga
y
empujar
esos
cien
kilos.
Claro…
claro
está
que
en
el
agua
pesa
menos,
pero
después,
cuando
ya
llegaba
a
la
orilla,
diez
lechugas
pesarán
como
dos
kilos,
algo
así.
Agacharme,
recoger
la
lechuga,
pararme
y
tirarla.
Tirarla
fuera
del
agua.
Luego
con
esa
lechuga
la
idea
era
hacer
abono
orgánico
y
esparcirlo
por
las
zonas
áridas
de
la
zona
para
que
reverdecieran.
Pero
aunque
sacaba
y
sacaba
lechugas,
parecían
infinitas.
Y
todo
esto
lo
hacía
solo.
Sin
ayuda
de
nadie.
Pero
además
de
las
lechugas,
Marino
tenía
que
sacar
basura
sólida
que
ya
se
había
sumergido.
A
veces
encontraba
cosas
realmente
asquerosas.
Había
muchos
criaderos
y
estos
criadores,
sobre
todo
de
cerdos,
cuando
el
cerdo
se
enfermaba
lo
metían
en
una
bolsa
de
yute,
¿ya?,
con
una
piedra
y
lo
tiraban
al
humedal.
Habré
sacado
más
de
30
sacos
de
cerdos
muertos
del
humedal.
Cuando
terminaba,
se
echaba
alcohol
en
todo
el
cuerpo
para
desinfectarse.
Y
al
otro
día
volvía
a
hacer
lo
mismo.
OK,
aquí
hay
que
decir
algo
obvio.
Lo
que
estaba
haciendo
Marino
era
extraño.
Para
los
que
vivían
cerca
de
El
Cascajo,
era
rarísimo.
Nadie
se
metía
así
al
humedal.
Estaba
sucio,
contaminado
y
apestaba.
Por
supuesto
que
la
gente
que
pasaba
empezó
a
notar
su
presencia.
Varias
personas
que
llegaban
—aquí
en
Perú,
bueno
a
todos
los
orientales
les
dicen
chinos,
¿ya?—
«Oye,
chino,
sal
de
ahí.
Te
vas
a
enfermar».
Que
si
estaba
loco,
que
no
perdiera
el
tiempo.
A
Marino
no
le
preocupaba
eso,
de
hecho
quería
que
a
la
gente
le
diera
curiosidad
lo
que
estaba
haciendo.
Esa
era
la
reacción
que
yo
esperaba,
porque
salía
del
humedal
y
les
decía:
«No,
mira,
esto
del
humedal
es
hermoso.
Tenemos
que
trabajar
en
esto
juntos,
¿qué
te
parece?».
Me
agarraban
el
hombro,
me
decían
“suerte”
y
se
iban,
¿no?
Se
acuerda
bien
que
al
cuarto
día
de
estar
trabajando,
pasó
una
señora
con
una
bolsa.
Y
me
dice:
«Chinito,
ven.
Sal
un
ratito.
Ven,
te
traje
esto,
un
emoliente».
El
emoliente
es
una
bebida
a
base
de
cebada
con
hierbas
medicinales,
limón
y
azúcar.
Me
dijo
esto,
¿ah?:
«Tú
desde
la
mañana
hasta
la
noche
veo
que
no
tomas
ni
comes
nada».
O
sea,
ah
mira,
ya
hay
personas
que
me
están
viendo
y
están
viendo
cómo
trabajo.
Y
que
se
estaban
preocupando
por
él.
Y
así
empezaron
a
llegar
más
personas
a
ofrecerle
comida.
«Ven,
vamos
a
comer
juntos».
Ah,
mira,
ya
no…
no…
ya
no
dicen:
“ten
come”,
“comamos
juntos”,
¿no?
Ya
se
están
integrando
a
esto.
Y
así
cuando
nos
sentábamos,
claro,
aceptaba
la
comida
y
les
explicaba,
¿no?:
“Oye,
este
en
verdad
es
un
humedal
bonito”.
Ya
hubo
una
integración,
ya
todos
sentados,
me
acuerdo.
Ya
yo
después
yo
llevaba
las
bebidas,
¿no?
Al
séptimo
día
de
estar
trabajando,
Marino
se
quedó
dormido,
por
todo
el
cansancio
físico
que
venía
acumulando,
y
llegó
al
humedal
un
poco
más
tarde
de
lo
normal.
Y
me
encuentro
con
la
sorpresa
de
que
cuando
llego,
todas
las
personas
que
saludaba,
todas
las
personas
que
les
hablaba,
estaban
metidos
en
el
humedal
sacando
las
lechugas.
Estaban
haciendo
lo
mismo
que
lo
habían
visto
hacer
durante
esos
días.
No
seguían
los
protocolos
de
seguridad
necesarios,
pero
eso
se
solucionaba
fácilmente.
Ya
Marino
había
logrado
lo
más
difícil:
convencerlos
de
lo
importante
que
era
limpiar
el
humedal.
Fue
emocionante.
O
sea,
todos
eran:
«¡Eeeh,
estamos
contigo!
¡Vamos
a
recuperar
todo
juntos!».
No
soy
de
las
personas
que
sacan
lágrimas,
pero
fue
emocionante
ver
todos
y
abrazarlos
todos,
¿no?
Y
con
fuerza.
En
una
semana,
con
esta
ayuda,
limpiaron
una
octava
parte
del
humedal.
O
sea,
el
sector
A1.
Marino
empezó
preguntar
en
redes
sociales
si
alguien
quería
ayudarlo
a
recuperar
el
humedal
y
ahí
se
les
unieron
cuatro
amigos.
El
número
de
ayudantes
variaba
dependiendo
del
día.
A
veces
eran
decenas,
otras
veces
eran
solo
esos
cuatro
amigos.
Aun
así,
Marino
les
ofrecía
alimentación
y
equipo
de
trabajo
como
botas,
guantes
y
rastrillos.
Bautizó
al
grupo
como
“Cascajo
Team”.
Pero
quitar
las
lechugas
y
la
basura
era
solo
una
parte
del
proceso,
quizás
la
más
simple.
Limpiar
lo
que
uno
ve
es
sencillo.
Pero
qué
pasa
con
los
componentes
que
no
ves,
ya
sea
componentes
orgánicos,
inorgánicos,
bacterias.
Eso
no
lo
puedes
limpiar
con
la
mano.
El
agua
de
El
Cascajo
tenía
la
misma
calidad
de
las
aguas
residuales.
Y
el
tratamiento
de
esas
aguas
era
lo
que
Marino
estaba
estudiando
en
Japón.
Así
que
decidió
que
implementaría
la
tecnología
que
había
conocido
allá
para
estos
procesos.
La
tecnología
se
llama
—y
yo
que
este
nombre
es
complicado—
sistema
de
micronanoburbujas.
La
mayoría
de
las
herramientas
lo
conseguía
en
una
ferretería,
¿ya?
Porque
allí
utilicé,
por
ejemplo,
una
compresora
de
aire,
una
bomba
de
agua,
eh,
un
generador
eléctrico…
Y
varias
mangueras.
Lo
que
hace
este
sistema
es
tomar
el
agua
del
lugar
y
el
aire
de
la
atmósfera,
llenar
el
agua
de
burbujas
y
luego
enviarla
de
vuelta
al
humedal.
Pero
no
son
cualquier
tipo
de
burbujas.
El
dispositivo
sacaba
hasta
cuatro
tipos
de
burbujas:
las
burbujas
normales,
las
burbujas
finas,
las
microburbujas
y
las
nanoburbujas.
Vamos
por
partes.
Las
burbujas
normales
son
las
que
se
ven
en
cualquier
líquido,
casi
siempre
en
la
superficie.
Las
finas
son
más
pequeñas,
como
las
de
una
gaseosa,
y
su
tamaño
es
de
aproximadamente
0,01
milímetros.
Y
la
microburbuja,
¿ya?,
es
seis
veces
más
pequeña
que
la
burbuja
de
la
gaseosa.
Y
la
nano
es
aún
más
pequeña.
Microscópica.
Eso
en
milímetros
es
cero,
coma,
muchísimos
ceros,
uno.
Solo
tienen
que
entender
que
son
burbujas
tan
pequeñas
que
ni
se
ven.
Y
esto
del
tamaño
es
importante
porque
determina
el
tiempo
que
duran
en
el
agua.
Las
burbujas
normales
y
las
finas,
por
ejemplo,
suben
más
rápido
a
la
superficie
y
ahí
se
estallan.
La
microburbuja,
por
ser
de
un
tamaño
microscópico,
puede
estar
en
el
cuerpo
líquido
entre
treinta
a
cuarenta
minutos.
La
nanoburbuja
puede
estar
entre
tres
a
ocho
horas
en
el
cuerpo
líquido.
Pero
además
del
tiempo
en
el
agua,
el
tamaño
de
las
nanoburbujas
hace
que
generen
un
sistema
electroestático
que
atrae
microorganismos
de
su
mismo
tamaño.
En
pocas
palabras,
son
imanes
que
atraen
bacterias.
Esto
puede
producir
tres
cosas.
Primero,
que
las
bacterias
queden
atrapadas
—como
en
una
telaraña—
y
terminen
muriendo
por
falta
de
alimento
o
movilidad.
Segundo,
si
las
nanoburbujas
estallan
dentro
del
agua
también
estallan
las
bacterias,
es
decir,
como
una
especie
de
bombitas
microscópicas.
Y
tercero…
¿Qué
pasa
si
esta
na…
nanoburbuja
se
suspende?
Es
decir,
si
sube
a
la
superficie.
Como
son…
hay
muchas
bacterias
allí,
cuando
llega…
llega
a
la
superficie,
por
interacción
de
la
radiación
solar,
el
viento
u
otros
componentes,
la
bacteria
se
gasifica.
Los
otros
tipos
de
burbujas
que
produce
el
sistema
también
tienen
sus
roles.
La
micro
y
las
burbujas
finas,
aparte
de
que
ayudan
a
una
oxigenación
del
agua,
ayudan
también,
gracias
a
esa
oxigenación,
a
hacer…
cambiar
el
comportamiento
de
las
bacterias
o
componentes
orgánicos.
Las
burbujas
normales
eran
simplemente
un
tema
de
oxigenación.
Pero
el
problema
con
este
sistema
de
micronanoburbujas
es
que
puede
generar
un
efecto
negativo
en
el
cuerpo
de
agua.
En
pocas
palabras,
estamos
eliminando
también
las
bacterias
buenas
del
lugar.
Por
eso
es
que
todo
esto
se
tiene
que
basar
con
estudios
científicos
y
con
las
pruebas
que
uno
tiene
que
ir
realizando.
Para
así
saber
por
cuánto
tiempo
se
puede
aplicar
la
tecnología
y
cómo
puede
evitarse
cualquier
tipo
de
daño
colateral.
Por
eso,
gracias
a
las
pruebas
que
hizo
Marino
en
la
primera
semana,
decidió
poner
el
sistema
durante
diez
horas
al
día
en
varios
puntos.
Además
de
eso,
diseñó
unos
biofiltros
en
cerámica
que
también
instalaba
en
cada
sector.
Con
ellos
capturaba
bacterias
buenas
y
las
protegía
de
las
nanoburbujas
para
luego
devolverlas
al
humedal.
Estos
dispositivos
también
absorbían
componentes
inorgánicos
que
el
sistema
no
podía
tratar.
Habíamos
diseñado
unos
flotadores,
a…
a
partir
de
los
tubos
de
PVC.
Instalamos
allí
los
dispositivos,
en
el
tubo
de
PVC.
Nos
metíamos
al
humedal
hasta
donde
llegaba
la
manguera,
¿no?
Porque
había
que
tener
la
entrada
de
agua
y
de
aire.
Llegamos
al
punto
y
dejamos
un
ancla
para
que
esté
estático,
y
nos
retirábamos.
Prendíamos
el…
el
generador
de
corriente
para
que
pueda
funcionar
la
bomba
de
agua
y
la
compresora
de
aire.
Ahora
se
utilizan
otro
tipo
de
tecnologías
para
limpiar
los
cuerpos
de
agua
naturales,
pero
en
ese
momento,
según
Marino,
a
principios
de
la
década
del
2010.
Me
consideraron
que
fui
el
primer…
la
primera
persona
que
utiliza
la
nanotecnología
para
recuperar
los
cuerpos
de
agua
en
el
mundo.
Todos
los
días
Marino
tomaba
muestras
del
agua
para
saber
cómo
evolucionaba.
Sabía
que
su
sistema
funcionaba,
ya
lo
había
puesto
a
prueba
en
el
laboratorio,
pero
de
lo
que
no
estaba
seguro
era
del
tiempo
que
tardaría
en
mostrar
resultados.
El
día
15…
Saqué
unas
muestras,
¿ya?,
y
las
llevé…
llevé
al
laboratorio.
Y
el
resultado
fue
fenomenal.
Había…
había
reducido
más
del
cincuenta
por
ciento
de
la
carga
contaminante.
El
hecho
de
que
estuviera
funcionando,
no
significaba
que
los
cambios
se
fueran
a
ver
a
simple
vista.
Y
eso
era
un
reto,
sobre
todo
pensando
en
los
residentes.
Sentía
la
necesidad
de
mostrarles
algún
progreso
tangible.
Lo
que
pensaba
era:
¿qué
tengo
que
hacer
para
avanzar
más
rápido?,
¿de
qué
manera
puedo
impulsar
o
contagiar
a
las
personas
ese
apoyo
para
poder
seguir
avanzado?
Para
que
se
recupere
más
rápido
o
pueda
tener
conciencia
ambiental
hacia
las
demás
personas.
Porque
más
allá
de
descontaminar
el
humedal,
una
de
las
cosas
más
importantes
era
persuadir
a
la
gente
de
cuidarlo.
Este
es
uno
de
los
factores
que
garantiza
que
el
trabajo
no
va
a
ser
en
vano.
Afortunadamente
la
noticia
de
la
recuperación
de
El
Cascajo
empezó
a
aparecer
en
los
medios
locales.
El
doctor
Marino
Morikawa,
especialista
en
medioambiente
y
con
posgrado
en
Japón,
está
realizando
el
trabajo
de
restauración
y
purificación
del
agua
en
los
humedales
de
Santa
Rosa.
También
empezaron
a
entrevistarlo.
Y
el
trabajo
que
vienen
realizando
sin
duda
va
a
emplear
mucha
gente.
Se
necesita
mucha
gente,
¿no?
Ahora
solamente,
como
usted
ve,
solamente
somos
cinco
personas
y
con
cinco
personas
ya
se
ha
avanzado
lo
que
usted
ve
allí.
Obviamente
necesitamos
personal,
¿no?
Y
si
hay
gente
voluntaria
que
nos
quiere
apoyar
son
bienvenidos.
Y
este
llamado
funcionó.
Empezaron
a
llegar
personas.
Muchas.
Ahora
el
número
de
ayudantes
podía
llegar
a
cien
por
día
y
eso
aceleraba
muchísimo
el
trabajo.
Estamos
apreciando
que
Marino
Morikawa
ha
logrado
convocar
a
jóvenes
de
universidades,
y
así
mismo
también
de
la
localidad.
Pero
también
de
otras
zonas.
Esta
es
una
de
las
ayudantes
que
entrevistaron
durante
una
jornada
de
limpieza.
¿De
qué
parte
viene
usted?
De
Lima.
Y
viene
con
los
niños,
¿no?
Sí,
ellos
participan.
Somos
de
Comando
Ecológico
y
ellos
participan
también.
¿Cómo
así
usted
se
enteró
usted
del
llamado?
Por
el
Face.
También
se
enteraban
por
medios
nacionales.
Nos
enteramos
por
el
periódico
el…
ayer,
¿no?
Publimetro,
sí.
…el
viernes,
y
no
esperamos
nada
y…
y
nos
vinimos
temprano
hoy
día.
¿Desde
qué
hora
están
acá?
Desde
las
nueve.
¿Conocían
a
Marino
Morikawa?
Eh,
no.
Solamente
por
el
Publimetro,
así
que
a
ayudar
¿no?
Marino
vivía
entre
Perú
y
Japón.
Cada
mes
viajaba
al
humedal
a
trabajar
durante
algunos
días,
y
luego
volvía
a
Tsukuba
en
Japón,
para
seguir
con
sus
obligaciones
en
la
universidad.
El
Cascajo
Team
cada
vez
se
consolidaba
más.
Eran
varias
personas
que
se
turnaban
para
seguir
limpiando
mientras
él
estaba
lejos.
El
humedal
progresaba
lentamente.
Pero
un
día
de
enero
del
2013
recibió
una
llamada
de
uno
de
sus
ayudantes.
Y
me
dice:
«Te
cuento
una
noticia”,
me
dice.
“Te
cuento
que
el
humedal
se
ha
vuelto
blanco».
Blanco.
Marino
no
entendía
bien.
Pero
me
asusté.
Blanco
no
era
el
color
que
debía
tener
el
humedal.
El
agua,
cuando
se
recogía,
debía
tener
un
poco
de
sedimentos,
pero
nunca
debería
ser
blanca.
Pensó
que
algo
de
su
sistema
tenía
que
estar
fallando.
Él
llevaba
algunos
días
sin
ir
y
tal
vez
alguien,
con
buenas
intenciones,
pero
sin
conocimiento
del
tema,
le
había
echado
lejía
o
cloro
o
desinfectante.
Eso
dañaría
el
agua.
Se
preocupó.
Pensaba
en
todo
el
tiempo,
el
esfuerzo
físico
y
mental
que
le
había
invertido
al
proyecto.
En
todas
las
ganas
que
había
despertado
en
la
gente
para
recuperar
el
humedal.
En
los
daños
a
la
biodiversidad
que
podría
desencadenar
algo
así.
Pero
también
pensaba
en
la
plata.
Yo
pasaba
obviamente
por
un
estrés,
¿no?
Porque
obviamente
sacaba…
había…
había
sacado
un
monto
fuerte
de…
de
dinero.
Un
préstamo.
Cómo
pagarlo
pues,
¿no?
Con
esa
noticia,
todo
terminaría
yéndose
a
la
basura.
La
llamada
fue
muy
breve.
Marino
no
pidió
explicaciones,
su
reacción
fue
inmediata.
Colgué
el
teléfono,
compré
el
pasaje
y
al
día…
al
día
siguiente
volé
a
Perú.
Quería
ver
con
sus
propios
ojos
la
magnitud
del
daño
y
saber
si
tenía
solución.
Una
pausa
y
volvemos.
Mientras
dormías,
un
montón
de
noticias
estaban
pasando
alrededor
del
mundo.
Up
First
es
el
podcast
de
NPR
que
te
mantiene
informado
sobre
los
grandes
acontecimientos
en
un
corto
tiempo.
Comparte
10
minutos
de
tu
día
con
Up
First,
desde
NPR,
de
lunes
a
viernes.
Hola
ambulantes,
¿ya
se
registraron
para
el
Radio
Ambulante
Fest?
La
serie
de
conversaciones
con
pioneros
del
podcast
empezará
este
jueves
con
Nadia
Reiman,
productora
del
episodio
de
This
American
Life
que
ganó
el
primer
Pulitzer
en
audio.
Hay
bastantes
eventos
chéveres
como
parte
del
Fest,
incluyendo
talleres,
clubes
de
escucha
y
más
conversaciones.
Puedes
ver
todo
el
cronograma
en
radioambulante.org/fest.
Bienvenidos
de
vuelta
a
Radio
Ambulante.
Soy
Daniel
Alarcón.
Antes
de
la
pausa,
Marino
Morikawa
había
invertido
todos
sus
ahorros
y
gran
parte
de
su
tiempo
en
recuperar
El
Cascajo.
Pero
en
2013,
mientras
estaba
en
Japón,
uno
de
sus
ayudantes
lo
llamó
para
decirle
que
el
humedal
estaba
blanco.
Marino
no
sabía
qué
tan
grande
podía
ser
el
problema
y
mucho
menos
cuánto
tiempo
le
iba
a
tomar
arreglarlo.
Tal
vez,
incluso,
tendría
que
cambiar
su
estrategia
de
recuperación
y
eso
no
entraba
en
su
presupuesto.
No
lo
pensó
dos
veces
y
viajó
a
Perú.
Pero
la
sorpresa
que
se
llevó
fue
más
grande
de
lo
que
esperaba.
David
Trujillo
nos
sigue
contando.
Marino
llegó
a
Perú
y
casi
de
inmediato
se
fue
para
El
Cascajo.
Durante
todo
el
viaje
se
había
imaginado
lo
peor.
Hubiera
sido
inteligente
de
mi
parte
pedir
explicaciones.
Porque
cuando
llegó
ese
color
blanco
que
estaba
viendo
no
era
por
el
cloro.
Nada
que
ver.
El
humedal
estaba
blanco
porque
más
del
sesenta,
sesenta
y
cinco
por
ciento
del
humedal
estaba
cubierto
de
aves
migratorias.
Era
una
sábana
blanca.
Aves
migratorias.
Una
especie
que
se
llama
gaviota
de
Franklin.
Pasaron
volando
en
su
ruta
desde
Canadá
y
Estados
Unidos
hacia
el
sur
del
continente,
vieron
el
espejo
de
agua
del
humedal
recuperado
y
les
pareció
un
buen
punto
de
descanso.
Era
un
gran
indicio.
Dije
guau,
este
esfuerzo
está
valiendo
la
pena.
La
flora
y
fauna
son
indicadores
de
la
calidad
que
debe
tener
un
humedal.
No
se
había
recuperado
completamente,
pero
era
evidente
que
iba
por
buen
camino.
Cuando
comenzaba
a
ver
cómo
volaban
y
se
forman
esas…
esas
bandadas
de
aves
y
forman
unas…
un…
Hacen
un
espectáculo
fabuloso,
¿no?
Y,
claro,
se
sintió
aliviado.
Cada
ave
que
está
acá
es
el
importe
monetario
que
he
podido
invertir.
O
sea,
lo
to…
lo
hice
como
una
analogía
para
no
sentir
ese
estrés
que
me
estaba
afectando
bastante.
Y
con
mucha
más
fuerza
decidí
dedicarme.
Al
ver
tan
buenos
resultados,
se
unieron
organizaciones
al
proyecto.
Incluso
Coca-Cola
decidió
apoyar
la
iniciativa,
y
con
NatGeo
hicieron
un
programa
contando
el
proceso
de
recuperación
de
El
Cascajo.
Para
ese
año,
2013,
Marino
y
el
Cascajo
Team,
según
él,
lograron
recuperar
alrededor
del
95
por
ciento
del
humedal.
Y
el
otro…
el
segundo
regalo
de
la
vida
fue
que
llegaron
los
flamencos.
En
Perú
le
dicen
pitucas
a
las
personas
de
clase
alta,
que
siempre
buscan
las
condiciones
más
cómodas
y
privilegiadas.
Y
yo
les
digo
a
los
flamingos,
flamencos,
aves
pitucas
porque
no…
Estas
aves
no
se
posan
en
lugares
que
están
sucios
o
están
con
una
temperatura
alta.
Y
han
estado
allí,
hasta
su
lomo,
nadando.
O
sea,
es
un
indicador
de
que
la
calidad
del
agua
del
humedal
ha
sido
apta
para
estos…
estas
aves
pitucas.
La
recuperación
casi
total
de
El
Cascajo
llevó
a
que
desde
2012
el
Congreso
de
la
República
del
Perú
le
hiciera
varios
reconocimientos.
Después
vendrían
otros
por
parte
de
diferentes
instituciones.
Luego,
el
Consejo
Nacional
de
Ciencia
Tecnología
e
Innovación
Tecnológica
escogió
a
Marino
como
uno
de
los
tres
mejores
científicos
del
país
en
2014.
Gracias
a
todo
lo
que
aprendió
allí
sobre
el
comportamiento
de
la
naturaleza
y
la
aplicación
de
la
tecnología,
Marino
empezó
a
trabajar
desde
su
universidad
en
Japón
en
proyectos
similares
en
varias
partes
del
mundo.
Pudimos
aportar
en
la
recuperación
de
más
de
treinta
hábitats
naturales.
Ya
sea
en
China,
Corea,
África
del
Norte,
¿no?
Aportar
también
investigaciones
en
Estados
Unidos.
O
sea,
el
éxito.
Bueno,
no
exactamente.
Si
bien
se
había
recuperado
El
Cascajo
casi
por
completo,
faltaba
un
detalle
que
garantizaría
que
el
trabajo
haya
valido
la
pena:
que
las
autoridades
políticas
de
la
zona
se
comprometieran
a
proteger
ese
progreso.
Hice
un
manual
de
ello
y
ese
manual
se
lo
entregué
a
la
municipalidad
para
que
se
haga
cargo.
Sin
embargo,
no
todo
el
mundo
estaba
de
acuerdo
con
la
gestión
de
la
alcaldía
de
Juan
Álvarez,
la
misma
que
le
dio
el
permiso
a
Marino,
con
respecto
a
El
Cascajo.
Por
esa
misma
época,
en
el
2013,
se
creó
el
Comité
de
Vigilancia
Ambiental
del
humedal.
Empezó
como
una
iniciativa
ciudadana,
porque
según
su
coordinador,
William
Jurado,
no
confiaban
en
la
administración
de
Álvarez.
William
ha
estado
involucrado
con
temas
ambientales
y
el
humedal
desde
hace
varios
años.
Para
él,
esa
zona
llegó
a
tales
niveles
de
contaminación,
por
el
descuido
del
alcalde
Álvarez
antes
de
que
llegara
Marino.
Este
es
William.
Él
fue
el
que
abandonó
el
humedal,
no
hizo
nada.
Los
vecinos
del
pueblo
solicitaron
justamente
al
gobierno
regional,
que
es
un
gobierno
superior,
para
que
participe
en
la
conservación.
En
la
conservación
del
humedal.
El
gobierno
regional
decidió
unirse
a
la
iniciativa
y
empezó
a
hacer
reuniones
con
la
gente
y
talleres
al
respecto.
De
ahí
resultó
el
Comité:
serían
los
mismos
ciudadanos
quienes
se
encargarían
de
vigilar
esa
conservación.
El
Comité
empezó
con
más
o
menos
quince
voluntarios.
Lo
primero
que
hicieron
fue
enfocarse
en
el
cuidado
del
entorno
del
humedal,
en
las
partes
secas:
recogían
la
basura
que
botaban
en
esas
zonas,
vigilaban
que
la
gente
no
arrojara
escombros
y
otros
materiales
de
construcción.
En
ese
momento,
Marino
llevaba
tres
años
trabajando
en
la
recuperación
de
la
laguna.
Y
él
comenzó
a
trabajar
este
tema
justamente,
antes
que
nosotros.
Cuando
nosotros
nos
formamos
ya
él
estaba
ahí.
Y
conversamos
con
él,
yo
personalmente
conversé
con
él
para
tener
una
reunión
y
hacer
un
trabajo
concertado.
Es
decir,
apoyar
lo
que
él
hacía,
¿no?,
y
hacer
un
trabajo
conjunto.
Pero,
según
William,
Marino
no
aceptó.
Nunca
pudimos
tener
una
reunión
con
él.
El
alcalde
de
ese
tiempo
tenía
algunos
problemas
con
nosotros.
Por
las
críticas
constantes
que
le
hacían
a
su
administración
y
el
descuido
del
humedal.
Cuando
salimos
nosotros
como
institución
ya
reconocida,
el
alcalde
de
ese
tiempo
lo
vio
mal,
¿no?,
y
lo
apoyó
justamente
a…
a
Marino
Morikawa
y
sus
actividades,
¿no?
Y
eso,
según
William,
hizo
que
no
pudieran
trabajar
juntos.
La
discusión
de
Marino
con
el
Comité
empezó
por
algo
que
parece
insignificante:
el
nombre
del
humedal.
William
insiste
en
que
el
nombre
oficial
es
Santa
Rosa.
Porque
todos
los
documentos
de
gestión,
las
ordenanzas
municipales,
regionales,
las
más
antiguas,
las
más
recientes,
los
libros,
vas
a
encontrar
como
humedal
Santa
Rosa.
Y
fue
un
debate
tremendo,
y
nosotros
tuvimos
que
debatir
en
consejos
municipales,
¿no?,
para
que
no
se
cambie
el
nombre
porque
él
lo
pedía.
Marino
lo
pedía
porque
nunca
estuvo
de
acuerdo
con
que
lo
llamaran
Santa
Rosa.
Aquí
en
Perú,
bueno,
existe
cierta,
este,
amor
hacia
los
santos.
Le
llamo
el
humedal
El
Cascajo,
¿por
qué?
Me
baso
por
su
historia
y
su
geografía.
Es
la
playa
de
El
Cascajo,
al
costado
hay
un
cerro
de
El
Cascajo
y
para
llegar
le
llaman
bajada
de
El
Cascajo,
¿cómo
se
tiene
que
llamar
el
humedal?
Bueno,
Cascajo,
¿no?
(risas).
Pero
para
William,
el
nombre
El
Cascajo
forma
parte
de
una
estrategia
de
mercadeo.
Como
Marino
le
decía
así
desde
que
era
niño
y
la
historia
familiar
fue
tan
importante
para
promocionar
su
actividad
de
recuperación,
quería
asegurarse
de
que
ese
fuera
su
nombre
oficial.
El
tema
de
Morikawa
para
nosotros
es
una
persona
que
ha
contado
un
cuento,
que
promociona
y
es
un…
marketea
muy
bien.
Y
que
a
partir
de
eso
obtuvo
una
serie
de
premios
y
financiamientos.
Y
sí,
William
acepta
que
Marino
puede
hacer
lo
que
quiera
con
su
trabajo
y
buscar
dinero
por
eso.
Eso
no
lo
critican.
Cuando
ya
habló
de
ciertas
cosas
que
no
eran
correctas
del
humedal,
ahí
nosotros
dijimos
no.
William
se
refiere
a
que
cuando
Marino,
desde
2012,
empezó
a
recibir
reconocimientos
por
su
trabajo
en
el
humedal,
hablaba
de
la
recuperación
casi
total
del
ecosistema.
Pero,
según
el
Comité,
eso
no
es
cierto,
así
que
decidieron
criticar
públicamente
lo
que
había
hecho.
Dijeron,
por
ejemplo,
que
el
humedal
no
era
una
cloaca
cuando
Marino
llegó
y
que,
según
estudios
de
expertos,
ya
había
varias
especies
de
aves.
La
contaminación
por
las
aguas
residuales
era
clarísima,
pero
fue
algo
que
el
sistema
de
micronanoburbujas
de
Marino
no
solucionó.
Según
las
muestras
que
tomaron,
el
agua
seguía
contaminada
y
las
lechugas
no
paraban
de
crecer.
Además,
como
Marino
no
ha
hecho
ninguna
publicación
científica
al
respecto,
no
se
ha
podido
confirmar
la
efectividad
de
la
tecnología.
Marino
nunca
los
ha
desmentido
públicamente
y
tampoco
los
ha
denunciado
penalmente
por
difamación.
Le
preguntamos
sobre
estas
acusaciones,
pero
nos
dijo
que
prefiere
no
hablar
al
respecto
y
menos
cuando
se
trata
de
personas
que
han
venido
atacándolo.
Pero
como
sea,
Marino
nos
dijo
que
desde
el
principio
vio
la
creación
del
Comité
como
una
estrategia
política.
Fue,
me
acuerdo
que…
elecciones
de
alcaldías
y
de
gobierno
regional.
Todos
metían…
Cuando
ya
vieron
de
que
mediáticamente
es
rentable,
todos
comenzaron
a
decir:
«Tenemos
que
recuperar»,
«Yo
voy
a
recuperar
el
humedal»,
todas
esas
cosas.
Y
por
eso
se
negó
a
reunirse
con
ellos.
Porque
obviamente
no
iba
a
permitir
de
que
politicen
el
lugar.
No
iba
a
permitir
de
que
gente
extraña
sin
preparación
quiera
meter,
como
decimos
en
Perú,
quieran
meter
su
cuchara
sin
saber
nada.
Y
comenzaron
a…
a
meterse,
¿no?
(risa)
y
politizar
el
lugar.
Bueno,
yo
estuve
en
contra
de
eso.
Bueno,
ge…
generé
cierta
antipatía.
Prefirió
no
darle
importancia
a
una
discusión
que,
para
él,
solo
tenía
intenciones
políticas.
Lo
que
ha
hecho
en
sus
conferencias
y
entrevistas
es
mostrar
fotos
del
humedal
cuando
llegó:
se
ve
cubierto
completamente
de
lechugas,
hay
cerdos
dentro
de
la
laguna
y
mucha
basura
alrededor.
En
cuanto
a
las
aves,
ha
asegurado
que
efectivamente
hay
estudios
previos
sobre
eso.
Que
cuando
él
llegó
había
aproximadamente
cinco
especies.
Pero
eso
tampoco
niega
el
hecho
de
que
las
gaviotas
de
Franklin
hayan
querido
descansar
ahí
al
ver
el
espejo
de
agua.
Y,
bueno,
con
respecto
al
sistema
de
micronanoburbujeo
ha
recibido
premios
por
eso
y
comentarios
positivos
de
algunos
científicos
e
ingenieros.
Solo
en
2014,
cuando
el
Comité
lo
acusó
de
apoyar
los
intereses
de
un
megapuerto
que
planean
construir
en
la
zona,
decidió
dar
declaraciones
públicas
al
respecto.
Este
es
Marino
en
una
rueda
de
prensa
que
dio
para
hablar
sobre
ese
tema.
Han
estado
diciendo
que
hay
una
correlación
o
una
identidad
de
Marino
Morikawa
que
está
con
el
TPCH.
TPCH,
Terminales
Portuarios
Chancay,
la
empresa
operadora
del
megapuerto
que
involucra
a
una
de
las
mineras
más
grandes
del
Perú
y
una
empresa
naviera
china.
Según
el
Comité,
Marino
seguía
los
intereses
del
TPCH
y
se
negaba
a
tomar
acciones
para
proteger
legalmente
el
humedal
y
evitar
el
daño
ambiental
que
el
megapuerto
tendría
sobre
el
lugar.
Se
está
diciendo
mucho
eso,
lo
cual,
sinceramente
les
voy
a
decir
que
eso
lo
voy
a
negar,
¿ya?
Porque
son…
son
apreciaciones
de
otras
personas
que
no
conocen
el
trabajo
y
me
quieren
ligar
a
una
empresa
que
no
conozco.
En
esa
misma
rueda
de
prensa
también
fue
enfático
en
aclarar
cuál
había
sido
su
posición
frente
al
proyecto
que
se
había
planteado.
El
primer,
eh,
perfil
que
sacó
el
TPCH
fue
pasar
una
carretera
por
la
playa
El
Cascajo,
no
si
recuerdan
ustedes.
¿Quién
fue
la
persona
que
dijo
“no”
e
invalidó
esa
idea?
La
persona
que
está
sentada
en
frente
de
ustedes.
Explicó
que
él
mismo
había
ido
a
las
autoridades
ambientales
para
alertarlas
sobre
el
daño
ecológico
que
causaría
esa
carretera.
Y
que,
finalmente,
la
empresa
desistió
por
temas
de
inestabilidad
del
suelo.
Aclaró
que
le
había
solicitado
al
TPCH
su
Expediente
de
Impacto
Ambiental
para
saber
exactamente
si
afectaría
o
no
a
El
Cascajo,
pero
que
hasta
ese
momento
no
habían
querido
entregárselo
ni
a
él
ni
a
la
entidad
que
se
encarga
de
dar
las
certificaciones
ambientales
en
el
Perú.
Si
me
presentan
ese
proyecto,
no
duden
que
voy
a
leer
hasta
la
última
coma.
Incluso
tengo
en
el
grupo…
tenemos
tres
abogados
ambientalistas
Y
que
si
encontraban
algo
que
pudiera
afectar
el
humedal
él
sería
el
primero
en
exigir
todos
los
procedimientos
adecuados
para
evitar
que
se
contamine
nuevamente.
Hasta
ese
momento,
basándose
solamente
en
los
planos
que
había
publicado
TPCH
en
Internet…
Hasta
donde
yo
tengo
visto,
no
va
a
afectar
para
nada
en
lo
que
a
me
corresponde:
en
la
contaminación
del
agua
y
la
biodiversidad.
¿Se
va
a
perder
El
Cascajo?
No
se
va
a
perder
nunca
porque
yo
soy
el
primero
que
va
a
estar
parado
ahí.
En
2015,
Marino
hizo
una
donación
a
Chancay
de
indumentaria
y
herramientas
de
trabajo
necesarias,
no
solo
para
el
mantenimiento
de
El
Cascajo,
sino
de
otros
humedales
en
la
zona.
Pero
por
esa
misma
época
decidió
alejarse
de
todas
las
discusiones
relacionadas
con
el
humedal
y
seguir
con
otros
proyectos.
Según
el
Comité,
ahora
son
ellos
quienes
se
encargan
voluntariamente
del
cuidado
del
humedal.
Hasta
el
momento
no
hay
pruebas
que
involucren
a
Marino
con
el
megapuerto.
El
coordinador,
William
Jurado,
acepta
que
fue
Marino
el
primero
que
empezó
la
limpieza
del
humedal,
y
que
gracias
a
esa
limpieza,
después
de
varios
años
de
tener
una
laguna
verde
por
la
lechuga,
pudieron
ver
el
espejo
de
agua.
En
este
momento
aun
falta
solucionar
los
problemas
de
la
contaminación,
de
aguas
residuales
que
siguen
llegando
a
la
laguna,
de
basura
que
todavía
botan
alrededor
del
humedal.
Problemas
que
han
hecho
que
la
lechuga
vuelva
a
crecer
y
a
tapar
el
agua.
Marino
sabe
eso.
Solamente
que
ahorita
no
nos
conviene
entrar
a
recuperarlo
porque
está
un
poco
político
y
cualquier
cosa
que
haga
lo
pueden
tomar
a
mal.
Prefiero
de
que…
tener
una
conversación
con
el…
con
la
nueva
autoridad
y
decirles,
“¿quieren
nuestro
apoyo?”
O
recibir
una
carta
de
invitación
por
parte
de
ellos.
No
cierra
del
todo
la
posibilidad.
Obviamente
que
nos
causa
cierta
indignación,
pero
tratamos
de
no
ser
tan
negativos,
¿no?
Porque
si
nos
llaman
nuevamente
a
recuperar
el
humedal,
ahora
el
humedal
con
toda
la
tecnología
que
tenemos,
así
esté
lleno
totalmente
de
lechugas,
lo
podemos
recuperar
en
menos
de
tres
meses.
Y
es
que,
como
ya
lo
mencionamos,
su
experiencia
en
recuperación
de
hábitats
naturales
ha
aumentado
muchísimo
desde
entonces.
Ese
mismo
año,
2015,
terminó
sus
estudios
en
Japón
y
volvió
de
manera
permanente
al
Perú
para
poner
en
práctica
lo
que
había
aprendido.
En
2017
creó
la
empresa
TTT
Grupo
Morikawa,
para
dedicarse
a
proyectos
de
descontaminación
de
cuerpos
líquidos,
del
aire
y
de
suelos.
Como
tantas
cosas
en
Perú,
y
como
tantos
casos
de
daño
ecológico,
el
caso
de
El
Cascajo,
o
el
humedal
de
Santa
Rosa,
es
complicado.
O
sea,
se
recuperó
y
volvió
a
contaminarse,
o
quizás
nunca
se
recuperó
del
todo,
dependiendo
de
a
quién
le
creas.
Lo
que
es
cierto
es
que
las
lechugas
han
vuelto
a
tapar
la
mayoría
de
la
laguna.
Sin
embargo,
desde
hace
un
tiempo
varias
organizaciones
ambientalistas
buscaban
que
lo
declararan
Área
de
Conservación
Ambiental.
Eso
haría
que
tuviera
una
protección
estricta
y
especial
a
nivel
nacional.
Además,
obligaría
al
gobierno
local
a
recuperarlo
con
recursos
públicos.
La
buena
noticia
es
que
en
septiembre
de
2020
se
logró.
Ahora
que
es
un
Área
de
Conservación
Ambiental
va
ser
mucho
más
difícil
que
cualquier
persona
o
empresa,
ya
sea
un
megapuerto,
un
acueducto
o
un
criadero,
acabe
con
el
humedal.
Entre
los
proyectos
de
Marino
en
Perú
está
la
recuperación
del
humedal
Pacucha
en
Andahuaylas
y
el
oasis
de
la
Huacachina
en
Ica.
En
2017,
junto
a
su
equipo,
hizo
el
Reto
Quince
Titicaca,
un
proyecto
para
recuperar
la
zona
más
contaminada
de
la
bahía
interior
de
Puno
en
el
lago
Titicaca.
En
quince
días
mostraron
resultados
positivos
y
su
intención
fue
comprobarle
a
las
autoridades
que
es
posible
lograr
la
recuperación
completa
del
lago.
Aparte
de
eso
tiene
proyectos
en
México
y
en
Paraguay,
donde
planea
descontaminar
el
lago
Ypacaraí.
David
Trujillo
es
productor
de
Radio
Ambulante.
Vive
en
Bogotá.
Esta
historia
fue
editada
por
Camila
Segura
y
por
mí.
El
diseño
de
sonido
es
de
Andres
Azpiri
y
Remy
Lozano,
con
música
de
Remy.
Andrea
López
Cruzado
hizo
el
fact-checking.
Queremos
agradecer
a
Joseph
Zárate
por
su
gran
ayuda
en
esta
historia.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Paola
Alean,
Lisette
Arévalo,
Jorge
Caraballo,
Aneris
Casassus,
Victoria
Estrada,
Xochitl
Fabián,
Miranda
Mazariegos,
Barbara
Sawhill,
Elsa
Liliana
Ulloa
y
Desirée
Yépez.
Fernanda
Guzmán
es
nuestra
pasante
editorial.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
es
un
podcast
de
Radio
Ambulante
Estudios,
y
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
Hindenburg
PRO.
Radio
Ambulante
cuenta
las
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América
Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
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► Hola, soy Carolina Guerrero, directora ejecutiva de Radio Ambulante y hoy en Giving Tuesday quiero recordarte que tienes la oportunidad de garantizar nuestra sostenibilidad. El 2020 ha estado lleno de retos, pero no dejamos que nada nos pare. A pesar de todo, lanzamos El hilo, nuestro nuevo podcast noticioso, y hemos sumado en total cerca de 70 nuevos episodios. Pero no es el número de episodios lo que más me enorgullece, sino las historias que hemos reportado. Cubriendo política y las secuelas del covid con El hilo y las historias sorprendentes y humanas que nos hacen reír cada semana y pensar con Radio Ambulante. También estamos organizando por primera vez el Radio Ambulante Fest, un mini festival de lujo con cinco eventos que raramente están disponibles en español. Es que no paramos. No queremos parar. Y este Giving Tuesday, lo voy a decir de frente: el futuro de Radio Ambulante Estudios también está en tus manos. Apóyanos hoy, en este día global para donar a las causas que valoras. Tú tienes el poder de garantizar nuestro trabajo y asegurar que oyentes como tú tengan cada semana historias y noticias que nos conectan como región. Necesitamos recoger 70,000 dólares antes de diciembre 31, ya llevamos 60 por ciento de esa meta. Por favor, ayúdanos a recoger lo que falta sumándote a nuestro programa de membresías, Deambulantes. Para donar, ve a radioambulante.org/deambulantes. ¡Mil gracias! Bienvenidos a Radio Ambulante desde NPR. Soy Daniel Alarcón. El humedal El Cascajo, se puede decir, fue mi colegio, mi universidad, mi posgrado y mi vida entera. Él es Marino Morikawa. Es un científico peruano de 43 años. Creció en la provincia de Huaral, al norte de la ciudad de Lima. Y el humedal del que habla, El Cascajo —o Santa Rosa, su nombre oficial— quedaba a unos veinte minutos en carro desde su casa y a más o menos cien metros del mar. Por ser un humedal costero, las aguas del río que baja de la montaña y las del mar se filtran por debajo del suelo y crean un cuerpo de agua, como una laguna. Mi padre, hijo de inmigrantes, tenía la cultura japonesa bien marcada, le gustaba bastante la pesca. Y todos los fines de semana me acuerdo que íbamos a pescar y por ende también, ¿no?, eso sí era familiar, íbamos a hacer los picnics allá, ¿no?, a pasar un momento agradable. También iban su mamá y sus dos hermanas mayores. Pasamos momentos fabulosos de amor familiar. Íbamos al humedal, nos metíamos, nos bañábamos. De vez en cuando, llevábamos nuestra… nuestros botes inflables. Y bueno, en ese tiempo era un recuerdo fabuloso porque había una biodiversidad inmensa, hartas aves. Era un ecosistema muy diverso, con muchas especies de animales y plantas. En cuanto a las aves había gallaretas andinas, patos colorados, garzas huaco, cormoranes, flamencos andinos —o parihuanas, como les dicen en Perú—. El tamaño de El Cascajo ha cambiado a lo largo de los años, sobre todo por la intervención humana, pero en total llegó a medir más de 280 hectáreas, que son unas 339 canchas grandes de fútbol. Y ahí fue donde a Marino, de seis o siete años, se le empezó a despertar una gran curiosidad por la biología, los ecosistemas, la naturaleza. Pero llegó la época del terrorismo en el Perú, y Marino y su familia se llenaron de miedo. Dejaron de ir al humedal a finales de los ochenta cuando el conflicto armado en el país se hizo cada vez más fuerte. Y esas imágenes tan bellas del humedal se quedaron en su memoria y en historias familiares. No volvieron en más de veinte años. Hasta que Marino, mientras hacía un doctorado en bioindustrias en Japón, recibió una llamada de su papá. Y me dice: «Oye, ¿te acuerdas de El Cascajo?». “Sí”, le digo. «Bueno, no vas a creer que me fui a pescar y está totalmente perdido». Perdido. Su papá le contó que había visto una contaminación impresionante. Por culpa de la agricultura y la urbanización descontrolada el humedal fue perdiendo su tamaño y ahora tiene un área de menos de 45 hectáreas. Marino no lo podía creer, tenía los mejores recuerdos de El Cascajo. Entonces aprovechó unas vacaciones en Perú en 2010 y le pidió a su papá que lo llevara. Quería ver con sus propios ojos lo que le había contado. Llegué y totalmente irreconocible. Tal y cual lo que mi padre mencionó: había una acumulación de basura de casi 30 años. Se había convertido en un basurero ilegal y ahí terminaban los desperdicios de varios pueblos de la zona. Más o menos eran 800 metros de largo, por 80 de ancho y 4 a 5 metros de profundidad de pura basura. También había criaderos en la zona de cerdos, cabras y vacas, y los desechos de estos animales se acumulaban en el humedal. Pero además, habían puesto un alcantarillado alrededor de El Cascajo. Ese alcantarillado, esa tubería lo… lo drenaba en la orilla del mar. Cuando venía el oleaje todas las piedras tapaban esa… esa salida de la tubería y todos los buzones reventaban y salía toda el agua residual. Y toda esa agua residual se iba al humedal. Ya no había aves, ni peces. Ni siquiera se veía el agua, porque estaba totalmente cubierta por unas plantas invasoras que se llaman lechugas de agua y que suelen crecer en estos sitios contaminados. Ese tapete de lechugas impedía que el agua se oxigenara. Y el olor… Olía mal, o sea era un olor nausea…. nauseabundo, ¿ya?, porque era agua… agua residual en época de verano. Y todo ese vapor, eh, generaba un mal olor, ¿no?, a todo el lugar. Cuando vi toda esa imagen desastrosa, salió algo… algo natural en mí de que me arrodillé, ¿ya?, y lo primero que hice fue pedir perdón por el mismo hecho de haberme descuidado de… de este hermoso recuerdo. Luego vio a algunos niños de la zona caminar alejados del humedal. Y dije: “No es justo que estos niños tengan que pasar por esto cuando yo pasé una infancia hermosa. No es justo que estos niños crezcan alrededor de un basural”. Y en ese momento se le ocurrió algo que para cualquier otra persona quizás hubiese sido una locura. Que El Cascajo se podía revivir. Y que él mismo era el indicado para lograrlo. Nuestro productor David Trujillo nos sigue contando. Para entender por qué esta idea de Marino no era completamente descabellada, debemos retroceder un poco y trazar su llegada a Japón. Mucho antes de decidir que iba a salvar El Cascajo, y mucho antes de viajar a Japón, Marino estudió varias cosas en Perú, pero nada relacionado con el medioambiente. Luego se dedicó a asesorar industrias de alimentos y agrícolas en temas de control de calidad y ahí se dio cuenta de que muchas de estas empresas no trataban adecuadamente sus desechos. Estas industrias no contaban con una planta de tratamientos de agua residuales adecuadas, ¿no? Bueno, hasta el día de hoy muchas. Y drenaban todas sus aguas residuales ya sea a los ríos, acequias o… o directamente al mar. Contaminaban y mucho. Con los residuos sólidos de la producción, que podían ser varias toneladas, lo que hacían era enterrarlos. Les decía: «Oye, ¿por qué lo entierras? ¿No lo puedes tratar?», «No, no, no, no te preocupes. Las bacterias o los bichos se los van a comer». Y obviamente generó mayor curiosidad de mi parte que comencé a investigar. Dije, no puede ser así, ¿no? ¿Por qué si se está contaminando? Marino tenía claro que para ofrecer soluciones reales a estos problemas primero debía estudiar sobre el tema. Empezó a buscar opciones en Perú pero, según él, en esa época, a mediados de los 2000, las universidades del país no tenían alternativas tecnológicas. Era solamente teoría. Con teoría obviamente no iba a servir casi nada porque más que todo sirve para el conocimiento, pero para ejecutar una acción o solución, no te iba servir de nada. Dije entonces: “OK, vayamos a ver diversos países que te den esa alternativa tecnológica para brindar una solución al problema”. Así que se postuló a una beca que ofrecía el Ministerio de Educación de Japón. Se la ganó y así fue que terminó estudiando en la Universidad de Tsukuba en 2005. Tenía 28 años. Hice dos años de maestría, mi especialidad fue, eh, lo que es biosistemas, que en sí es la energía renovable. Luego, mi doctorado, me especialicé en lo que es bioindustrias: la especialidad fue, eh, lo que es tratamiento de aguas residuales de cualquier índole. Como las que salen de las casas, las de los alcantarillados de las ciudades, las que están contaminadas con desechos mineros o hidrocarburos. Marino decidió que todo eso que aprendió en Japón, las tecnologías que conoció allá, las pondría en práctica en El Cascajo. Era un proyecto personal que lo motivaba mucho. Seguiría con sus estudios en Japón, pero quería empezar a demostrar que podía hacer algo por estos ecosistemas, así tuviera que estar viajando constantemente. Y bueno, también pensó que quizás, si le salía bien, por ahí podía ser el comienzo de una carrera. Pero no era tan fácil, tampoco. Para recuperar El Cascajo se necesitaban muchas cosas: mejorar la calidad del agua, recuperar la biodiversidad, convencer a la comunidad de la importancia de cuidarlo y lograr la voluntad política para garantizar su protección a futuro. Y, claro, cada factor tenía su grado de dificultad y sus metodologías propias. Si fallaba en uno, no podía seguir con el resto. En esas vacaciones de 2010, cuando viajó a Perú a ver lo que su papá le había contado, Marino empezó por hablar con el alcalde de Chancay, el distrito al que pertenece el humedal. Suerte nuestra de que el alcalde es amigo de la familia. Se llama Juan Álvarez Andrade. Bueno, de… de cariño le dicen “Juanelo”, entonces le digo: «Juanelo, ¿qué haces acá?», ¿no? Y felicitándolo, ¿no? «Mira, Juanelo”, le digo, “Este, quiero recuperar el humedal». Se sorprendió, ¿no?, abrió sus ojos grandes: «Pero no tenemos plata, por si acaso», me dice, ¿no? Marino le dijo que no se preocupara por eso. Simplemente le pidió que lo dejara hacer su trabajo para demostrar que el humedal sí podía recuperarse. “Solamente dame un año nada más, Juanelo”, le digo, “dame un año. Si en ese año no logro hacer nada, me quedo callado, tomo mi avión y como que no pasó nada». «Ya, ya, no hay problema, pero está totalmente cochino». Le digo: «Yo voy a asumir con todos los gastos, si me pasa… gastos médicos si me pasa algo. Yo voy a cubrir con todos los equipo que voy a hacer. Pero solamente dame esta oportunidad». “Ya, no hay ningún problema”. Con el permiso del alcalde, Marino empezó a planear un presupuesto. Gran parte ha sido por los pasajes. Un pasaje de Perú-Japón es caro. Y es que la idea que tenía Marino era estar viajando más o menos una vez al mes para estar unos días en el humedal y luego seguir con sus obligaciones en Japón. Eso significaba no menos de mil dólares al mes. Y claro, había otros gastos: Los alimentos, viáticos, el combustible. Y luego lo otro sí fue los materiales, eh, la tecnología en sí. La tecnología que planeaba usar para descontaminar el agua. Más adelante hablaremos en detalle sobre esto. Como fuera, Marino apenas tenía algunos cálculos en su cabeza de cuánto costaría su proyecto y la cifra era alta. Así que empezó a buscar dinero. Toqué más de diez puertas para pedir financiamiento, todas me las cerraron porque en ese tiempo decían: «Oye, ¿y qué ganamos con esto? Recuperamos, ¿pero yo qué voy a ganar?». «No, pues un marketing, reconocimiento de que cuidas el humedal». «No, no. No estamos interesados». Marino tuvo que recurrir a una última opción para salvar su plan. Y la cosa es que ya, pues no me quedaba de otra. Regresé a Japón, saqué todos mis ahorros, pedí préstamos bancarios y regresé al Perú. Ya en el humedal, Marino empezó a medir los comportamientos del viento y la cantidad de personas que pasaban por ahí. Pasaban aproximadamente un tráfico de cien personas por día. Era gente que vivía ahí y Marino sabía que eventualmente tenía que convencerla de que El Cascajo no tenía por qué seguir siendo una cloaca. Necesitaba de que estas personas sean los guardianes del lugar. Trabajaba solo, desde las seis de la mañana hasta las ocho de la noche. Luego volvía a la casa de sus papás y a partir de esa hora se dedicaba a analizar los reportes que hacía y las muestras que iba recogiendo. Para focalizar su trabajo, Marino decidió dividir el humedal por sectores. Lo había divido en sector A1, A2, B1, B2, hasta la D1, D2: ocho sectores. Y le puse separaciones con… con bambú. Luego empezó a sacar todas las lechugas de agua. Esa labor era completamente manual: llegaba al humedal, se ponía uno de esos trajes enterizos de pescador, botas de caucho… Me metía al humedal, ¿ya? Llegaba hasta el lugar donde… donde me cubra el traje, ¿ya?, con guantes a acumular las lechugas y a empujarlas. Para llevarlas hasta la orilla. Marino llegaba hasta donde había más o menos un metro y medio de profundidad. Como en el fondo del agua hay lodo y sedimentos, el esfuerzo físico era grande: levantar el pie, dar un paso, sacar el otro, empujar las lechugas, avanzar con fuerza. Más o menos yo podía empujar aproximadamente, sin exagerarte, casi cien kilos de lechuga y empujar esos cien kilos. Claro… claro está que en el agua pesa menos, pero después, cuando ya llegaba a la orilla, diez lechugas pesarán como dos kilos, algo así. Agacharme, recoger la lechuga, pararme y tirarla. Tirarla fuera del agua. Luego con esa lechuga la idea era hacer abono orgánico y esparcirlo por las zonas áridas de la zona para que reverdecieran. Pero aunque sacaba y sacaba lechugas, parecían infinitas. Y todo esto lo hacía solo. Sin ayuda de nadie. Pero además de las lechugas, Marino tenía que sacar basura sólida que ya se había sumergido. A veces encontraba cosas realmente asquerosas. Había muchos criaderos y estos criadores, sobre todo de cerdos, cuando el cerdo se enfermaba lo metían en una bolsa de yute, ¿ya?, con una piedra y lo tiraban al humedal. Habré sacado más de 30 sacos de cerdos muertos del humedal. Cuando terminaba, se echaba alcohol en todo el cuerpo para desinfectarse. Y al otro día volvía a hacer lo mismo. OK, aquí hay que decir algo obvio. Lo que estaba haciendo Marino era extraño. Para los que vivían cerca de El Cascajo, era rarísimo. Nadie se metía así al humedal. Estaba sucio, contaminado y apestaba. Por supuesto que la gente que pasaba empezó a notar su presencia. Varias personas que llegaban —aquí en Perú, bueno a todos los orientales les dicen chinos, ¿ya?— «Oye, chino, sal de ahí. Te vas a enfermar». Que si estaba loco, que no perdiera el tiempo. A Marino no le preocupaba eso, de hecho quería que a la gente le diera curiosidad lo que estaba haciendo. Esa era la reacción que yo esperaba, porque salía del humedal y les decía: «No, mira, esto del humedal es hermoso. Tenemos que trabajar en esto juntos, ¿qué te parece?». Me agarraban el hombro, me decían “suerte” y se iban, ¿no? Se acuerda bien que al cuarto día de estar trabajando, pasó una señora con una bolsa. Y me dice: «Chinito, ven. Sal un ratito. Ven, te traje esto, un emoliente». El emoliente es una bebida a base de cebada con hierbas medicinales, limón y azúcar. Me dijo esto, ¿ah?: «Tú desde la mañana hasta la noche veo que no tomas ni comes nada». O sea, ah mira, ya hay personas que me están viendo y están viendo cómo trabajo. Y que se estaban preocupando por él. Y así empezaron a llegar más personas a ofrecerle comida. «Ven, vamos a comer juntos». Ah, mira, ya no… no… ya no dicen: “ten come”, “comamos juntos”, ¿no? Ya se están integrando a esto. Y así cuando nos sentábamos, claro, aceptaba la comida y les explicaba, ¿no?: “Oye, este en verdad es un humedal bonito”. Ya hubo una integración, ya todos sentados, me acuerdo. Ya yo después yo llevaba las bebidas, ¿no? Al séptimo día de estar trabajando, Marino se quedó dormido, por todo el cansancio físico que venía acumulando, y llegó al humedal un poco más tarde de lo normal. Y me encuentro con la sorpresa de que cuando llego, todas las personas que saludaba, todas las personas que les hablaba, estaban metidos en el humedal sacando las lechugas. Estaban haciendo lo mismo que lo habían visto hacer durante esos días. No seguían los protocolos de seguridad necesarios, pero eso se solucionaba fácilmente. Ya Marino había logrado lo más difícil: convencerlos de lo importante que era limpiar el humedal. Fue emocionante. O sea, todos eran: «¡Eeeh, estamos contigo! ¡Vamos a recuperar todo juntos!». No soy de las personas que sacan lágrimas, pero sí fue emocionante ver todos y abrazarlos todos, ¿no? Y con fuerza. En una semana, con esta ayuda, limpiaron una octava parte del humedal. O sea, el sector A1. Marino empezó preguntar en redes sociales si alguien quería ayudarlo a recuperar el humedal y ahí se les unieron cuatro amigos. El número de ayudantes variaba dependiendo del día. A veces eran decenas, otras veces eran solo esos cuatro amigos. Aun así, Marino les ofrecía alimentación y equipo de trabajo como botas, guantes y rastrillos. Bautizó al grupo como “Cascajo Team”. Pero quitar las lechugas y la basura era solo una parte del proceso, quizás la más simple. Limpiar lo que uno ve es sencillo. Pero qué pasa con los componentes que no ves, ya sea componentes orgánicos, inorgánicos, bacterias. Eso tú no lo puedes limpiar con la mano. El agua de El Cascajo tenía la misma calidad de las aguas residuales. Y el tratamiento de esas aguas era lo que Marino estaba estudiando en Japón. Así que decidió que implementaría la tecnología que había conocido allá para estos procesos. La tecnología se llama —y yo sé que este nombre es complicado— sistema de micronanoburbujas. La mayoría de las herramientas lo conseguía en una ferretería, ¿ya? Porque allí utilicé, por ejemplo, una compresora de aire, una bomba de agua, eh, un generador eléctrico… Y varias mangueras. Lo que hace este sistema es tomar el agua del lugar y el aire de la atmósfera, llenar el agua de burbujas y luego enviarla de vuelta al humedal. Pero no son cualquier tipo de burbujas. El dispositivo sacaba hasta cuatro tipos de burbujas: las burbujas normales, las burbujas finas, las microburbujas y las nanoburbujas. Vamos por partes. Las burbujas normales son las que se ven en cualquier líquido, casi siempre en la superficie. Las finas son más pequeñas, como las de una gaseosa, y su tamaño es de aproximadamente 0,01 milímetros. Y la microburbuja, ¿ya?, es seis veces más pequeña que la burbuja de la gaseosa. Y la nano es aún más pequeña. Microscópica. Eso en milímetros es cero, coma, muchísimos ceros, uno. Solo tienen que entender que son burbujas tan pequeñas que ni se ven. Y esto del tamaño es importante porque determina el tiempo que duran en el agua. Las burbujas normales y las finas, por ejemplo, suben más rápido a la superficie y ahí se estallan. La microburbuja, por ser de un tamaño microscópico, puede estar en el cuerpo líquido entre treinta a cuarenta minutos. La nanoburbuja puede estar entre tres a ocho horas en el cuerpo líquido. Pero además del tiempo en el agua, el tamaño de las nanoburbujas hace que generen un sistema electroestático que atrae microorganismos de su mismo tamaño. En pocas palabras, son imanes que atraen bacterias. Esto puede producir tres cosas. Primero, que las bacterias queden atrapadas —como en una telaraña— y terminen muriendo por falta de alimento o movilidad. Segundo, si las nanoburbujas estallan dentro del agua también estallan las bacterias, es decir, como una especie de bombitas microscópicas. Y tercero… ¿Qué pasa si esta na… nanoburbuja se suspende? Es decir, si sube a la superficie. Como son… hay muchas bacterias allí, cuando llega… llega a la superficie, por interacción de la radiación solar, el viento u otros componentes, la bacteria se gasifica. Los otros tipos de burbujas que produce el sistema también tienen sus roles. La micro y las burbujas finas, aparte de que ayudan a una oxigenación del agua, ayudan también, gracias a esa oxigenación, a hacer… cambiar el comportamiento de las bacterias o componentes orgánicos. Las burbujas normales eran simplemente un tema de oxigenación. Pero el problema con este sistema de micronanoburbujas es que puede generar un efecto negativo en el cuerpo de agua. En pocas palabras, estamos eliminando también las bacterias buenas del lugar. Por eso es que todo esto se tiene que basar con estudios científicos y con las pruebas que uno tiene que ir realizando. Para así saber por cuánto tiempo se puede aplicar la tecnología y cómo puede evitarse cualquier tipo de daño colateral. Por eso, gracias a las pruebas que hizo Marino en la primera semana, decidió poner el sistema durante diez horas al día en varios puntos. Además de eso, diseñó unos biofiltros en cerámica que también instalaba en cada sector. Con ellos capturaba bacterias buenas y las protegía de las nanoburbujas para luego devolverlas al humedal. Estos dispositivos también absorbían componentes inorgánicos que el sistema no podía tratar. Habíamos diseñado unos flotadores, a… a partir de los tubos de PVC. Instalamos allí los dispositivos, en el tubo de PVC. Nos metíamos al humedal hasta donde llegaba la manguera, ¿no? Porque había que tener la entrada de agua y de aire. Llegamos al punto y dejamos un ancla para que esté estático, y nos retirábamos. Prendíamos el… el generador de corriente para que pueda funcionar la bomba de agua y la compresora de aire. Ahora se utilizan otro tipo de tecnologías para limpiar los cuerpos de agua naturales, pero en ese momento, según Marino, a principios de la década del 2010. Me consideraron que fui el primer… la primera persona que utiliza la nanotecnología para recuperar los cuerpos de agua en el mundo. Todos los días Marino tomaba muestras del agua para saber cómo evolucionaba. Sabía que su sistema funcionaba, ya lo había puesto a prueba en el laboratorio, pero de lo que no estaba seguro era del tiempo que tardaría en mostrar resultados. El día 15… Saqué unas muestras, ¿ya?, y las llevé… llevé al laboratorio. Y el resultado fue fenomenal. Había… había reducido más del cincuenta por ciento de la carga contaminante. El hecho de que estuviera funcionando, no significaba que los cambios se fueran a ver a simple vista. Y eso era un reto, sobre todo pensando en los residentes. Sentía la necesidad de mostrarles algún progreso tangible. Lo que sí pensaba era: ¿qué tengo que hacer para avanzar más rápido?, ¿de qué manera puedo impulsar o contagiar a las personas ese apoyo para poder seguir avanzado? Para que se recupere más rápido o pueda tener conciencia ambiental hacia las demás personas. Porque más allá de descontaminar el humedal, una de las cosas más importantes era persuadir a la gente de cuidarlo. Este es uno de los factores que garantiza que el trabajo no va a ser en vano. Afortunadamente la noticia de la recuperación de El Cascajo empezó a aparecer en los medios locales. El doctor Marino Morikawa, especialista en medioambiente y con posgrado en Japón, está realizando el trabajo de restauración y purificación del agua en los humedales de Santa Rosa. También empezaron a entrevistarlo. Y el trabajo que vienen realizando sin duda va a emplear mucha gente. Se necesita mucha gente, ¿no? Ahora solamente, como usted ve, solamente somos cinco personas y con cinco personas ya se ha avanzado lo que usted ve allí. Obviamente necesitamos personal, ¿no? Y si hay gente voluntaria que nos quiere apoyar son bienvenidos. Y este llamado funcionó. Empezaron a llegar personas. Muchas. Ahora el número de ayudantes podía llegar a cien por día y eso aceleraba muchísimo el trabajo. Estamos apreciando que Marino Morikawa ha logrado convocar a jóvenes de universidades, y así mismo también de la localidad. Pero también de otras zonas. Esta es una de las ayudantes que entrevistaron durante una jornada de limpieza. ¿De qué parte viene usted? De Lima. Y viene con los niños, ¿no? Sí, ellos participan. Somos de Comando Ecológico y ellos participan también. ¿Cómo así usted se enteró usted del llamado? Por el Face. También se enteraban por medios nacionales. Nos enteramos por el periódico el… ayer, ¿no? Publimetro, sí. …el viernes, y no esperamos nada y… y nos vinimos temprano hoy día. ¿Desde qué hora están acá? Desde las nueve. ¿Conocían a Marino Morikawa? Eh, no. Solamente por el Publimetro, así que a ayudar ¿no? Marino vivía entre Perú y Japón. Cada mes viajaba al humedal a trabajar durante algunos días, y luego volvía a Tsukuba en Japón, para seguir con sus obligaciones en la universidad. El Cascajo Team cada vez se consolidaba más. Eran varias personas que se turnaban para seguir limpiando mientras él estaba lejos. El humedal progresaba lentamente. Pero un día de enero del 2013 recibió una llamada de uno de sus ayudantes. Y me dice: «Te cuento una noticia”, me dice. “Te cuento que el humedal se ha vuelto blanco». Blanco. Marino no entendía bien. Pero me asusté. Blanco no era el color que debía tener el humedal. El agua, cuando se recogía, debía tener un poco de sedimentos, pero nunca debería ser blanca. Pensó que algo de su sistema tenía que estar fallando. Él llevaba algunos días sin ir y tal vez alguien, con buenas intenciones, pero sin conocimiento del tema, le había echado lejía o cloro o desinfectante. Eso dañaría el agua. Se preocupó. Pensaba en todo el tiempo, el esfuerzo físico y mental que le había invertido al proyecto. En todas las ganas que había despertado en la gente para recuperar el humedal. En los daños a la biodiversidad que podría desencadenar algo así. Pero también pensaba en la plata. Yo pasaba obviamente por un estrés, ¿no? Porque obviamente sacaba… había… había sacado un monto fuerte de… de dinero. Un préstamo. Cómo pagarlo pues, ¿no? Con esa noticia, todo terminaría yéndose a la basura. La llamada fue muy breve. Marino no pidió explicaciones, su reacción fue inmediata. Colgué el teléfono, compré el pasaje y al día… al día siguiente volé a Perú. Quería ver con sus propios ojos la magnitud del daño y saber si tenía solución. Una pausa y volvemos. Mientras dormías, un montón de noticias estaban pasando alrededor del mundo. Up First es el podcast de NPR que te mantiene informado sobre los grandes acontecimientos en un corto tiempo. Comparte 10 minutos de tu día con Up First, desde NPR, de lunes a viernes. Hola ambulantes, ¿ya se registraron para el Radio Ambulante Fest? La serie de conversaciones con pioneros del podcast empezará este jueves con Nadia Reiman, productora del episodio de This American Life que ganó el primer Pulitzer en audio. Hay bastantes eventos chéveres como parte del Fest, incluyendo talleres, clubes de escucha y más conversaciones. Puedes ver todo el cronograma en radioambulante.org/fest. Bienvenidos de vuelta a Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Antes de la pausa, Marino Morikawa había invertido todos sus ahorros y gran parte de su tiempo en recuperar El Cascajo. Pero en 2013, mientras estaba en Japón, uno de sus ayudantes lo llamó para decirle que el humedal estaba blanco. Marino no sabía qué tan grande podía ser el problema y mucho menos cuánto tiempo le iba a tomar arreglarlo. Tal vez, incluso, tendría que cambiar su estrategia de recuperación y eso no entraba en su presupuesto. No lo pensó dos veces y viajó a Perú. Pero la sorpresa que se llevó fue más grande de lo que esperaba. David Trujillo nos sigue contando. Marino llegó a Perú y casi de inmediato se fue para El Cascajo. Durante todo el viaje se había imaginado lo peor. Hubiera sido inteligente de mi parte pedir explicaciones. Porque cuando llegó ese color blanco que estaba viendo no era por el cloro. Nada que ver. El humedal estaba blanco porque más del sesenta, sesenta y cinco por ciento del humedal estaba cubierto de aves migratorias. Era una sábana blanca. Aves migratorias. Una especie que se llama gaviota de Franklin. Pasaron volando en su ruta desde Canadá y Estados Unidos hacia el sur del continente, vieron el espejo de agua del humedal recuperado y les pareció un buen punto de descanso. Era un gran indicio. Dije guau, este esfuerzo sí está valiendo la pena. La flora y fauna son indicadores de la calidad que debe tener un humedal. No se había recuperado completamente, pero era evidente que iba por buen camino. Cuando comenzaba a ver cómo volaban y se forman esas… esas bandadas de aves y forman unas… un… Hacen un espectáculo fabuloso, ¿no? Y, claro, se sintió aliviado. Cada ave que está acá es el importe monetario que he podido invertir. O sea, lo to… lo hice como una analogía para no sentir ese estrés que me estaba afectando bastante. Y con mucha más fuerza decidí dedicarme. Al ver tan buenos resultados, se unieron organizaciones al proyecto. Incluso Coca-Cola decidió apoyar la iniciativa, y con NatGeo hicieron un programa contando el proceso de recuperación de El Cascajo. Para ese año, 2013, Marino y el Cascajo Team, según él, lograron recuperar alrededor del 95 por ciento del humedal. Y el otro… el segundo regalo de la vida fue que llegaron los flamencos. En Perú le dicen pitucas a las personas de clase alta, que siempre buscan las condiciones más cómodas y privilegiadas. Y yo les digo a los flamingos, flamencos, aves pitucas porque no… Estas aves no se posan en lugares que están sucios o están con una temperatura alta. Y han estado allí, hasta su lomo, nadando. O sea, es un indicador de que la calidad del agua del humedal ha sido apta para estos… estas aves pitucas. La recuperación casi total de El Cascajo llevó a que desde 2012 el Congreso de la República del Perú le hiciera varios reconocimientos. Después vendrían otros por parte de diferentes instituciones. Luego, el Consejo Nacional de Ciencia Tecnología e Innovación Tecnológica escogió a Marino como uno de los tres mejores científicos del país en 2014. Gracias a todo lo que aprendió allí sobre el comportamiento de la naturaleza y la aplicación de la tecnología, Marino empezó a trabajar desde su universidad en Japón en proyectos similares en varias partes del mundo. Pudimos aportar en la recuperación de más de treinta hábitats naturales. Ya sea en China, Corea, África del Norte, ¿no? Aportar también investigaciones en Estados Unidos. O sea, el éxito. Bueno, no exactamente. Si bien se había recuperado El Cascajo casi por completo, faltaba un detalle que garantizaría que el trabajo haya valido la pena: que las autoridades políticas de la zona se comprometieran a proteger ese progreso. Hice un manual de ello y ese manual se lo entregué a la municipalidad para que se haga cargo. Sin embargo, no todo el mundo estaba de acuerdo con la gestión de la alcaldía de Juan Álvarez, la misma que le dio el permiso a Marino, con respecto a El Cascajo. Por esa misma época, en el 2013, se creó el Comité de Vigilancia Ambiental del humedal. Empezó como una iniciativa ciudadana, porque según su coordinador, William Jurado, no confiaban en la administración de Álvarez. William ha estado involucrado con temas ambientales y el humedal desde hace varios años. Para él, esa zona llegó a tales niveles de contaminación, por el descuido del alcalde Álvarez antes de que llegara Marino. Este es William. Él fue el que abandonó el humedal, no hizo nada. Los vecinos del pueblo solicitaron justamente al gobierno regional, que es un gobierno superior, para que participe en la conservación. En la conservación del humedal. El gobierno regional decidió unirse a la iniciativa y empezó a hacer reuniones con la gente y talleres al respecto. De ahí resultó el Comité: serían los mismos ciudadanos quienes se encargarían de vigilar esa conservación. El Comité empezó con más o menos quince voluntarios. Lo primero que hicieron fue enfocarse en el cuidado del entorno del humedal, en las partes secas: recogían la basura que botaban en esas zonas, vigilaban que la gente no arrojara escombros y otros materiales de construcción. En ese momento, Marino llevaba tres años trabajando en la recuperación de la laguna. Y él comenzó a trabajar este tema justamente, antes que nosotros. Cuando nosotros nos formamos ya él estaba ahí. Y conversamos con él, yo personalmente conversé con él para tener una reunión y hacer un trabajo concertado. Es decir, apoyar lo que él hacía, ¿no?, y hacer un trabajo conjunto. Pero, según William, Marino no aceptó. Nunca pudimos tener una reunión con él. El alcalde de ese tiempo tenía algunos problemas con nosotros. Por las críticas constantes que le hacían a su administración y el descuido del humedal. Cuando salimos nosotros como institución ya reconocida, el alcalde de ese tiempo lo vio mal, ¿no?, y lo apoyó justamente a… a Marino Morikawa y sus actividades, ¿no? Y eso, según William, hizo que no pudieran trabajar juntos. La discusión de Marino con el Comité empezó por algo que parece insignificante: el nombre del humedal. William insiste en que el nombre oficial es Santa Rosa. Porque todos los documentos de gestión, las ordenanzas municipales, regionales, las más antiguas, las más recientes, los libros, vas a encontrar como humedal Santa Rosa. Y fue un debate tremendo, y nosotros tuvimos que debatir en consejos municipales, ¿no?, para que no se cambie el nombre porque él lo pedía. Marino lo pedía porque nunca estuvo de acuerdo con que lo llamaran Santa Rosa. Aquí en Perú, bueno, existe cierta, este, amor hacia los santos. Le llamo el humedal El Cascajo, ¿por qué? Me baso por su historia y su geografía. Es la playa de El Cascajo, al costado hay un cerro de El Cascajo y para llegar le llaman bajada de El Cascajo, ¿cómo se tiene que llamar el humedal? Bueno, Cascajo, ¿no? (risas). Pero para William, el nombre El Cascajo forma parte de una estrategia de mercadeo. Como Marino le decía así desde que era niño y la historia familiar fue tan importante para promocionar su actividad de recuperación, quería asegurarse de que ese fuera su nombre oficial. El tema de Morikawa para nosotros es una persona que ha contado un cuento, que promociona y es un… marketea muy bien. Y que a partir de eso obtuvo una serie de premios y financiamientos. Y sí, William acepta que Marino puede hacer lo que quiera con su trabajo y buscar dinero por eso. Eso no lo critican. Cuando ya habló de ciertas cosas que no eran correctas del humedal, ahí nosotros dijimos no. William se refiere a que cuando Marino, desde 2012, empezó a recibir reconocimientos por su trabajo en el humedal, hablaba de la recuperación casi total del ecosistema. Pero, según el Comité, eso no es cierto, así que decidieron criticar públicamente lo que había hecho. Dijeron, por ejemplo, que el humedal no era una cloaca cuando Marino llegó y que, según estudios de expertos, ya había varias especies de aves. La contaminación por las aguas residuales era clarísima, pero fue algo que el sistema de micronanoburbujas de Marino no solucionó. Según las muestras que tomaron, el agua seguía contaminada y las lechugas no paraban de crecer. Además, como Marino no ha hecho ninguna publicación científica al respecto, no se ha podido confirmar la efectividad de la tecnología. Marino nunca los ha desmentido públicamente y tampoco los ha denunciado penalmente por difamación. Le preguntamos sobre estas acusaciones, pero nos dijo que prefiere no hablar al respecto y menos cuando se trata de personas que han venido atacándolo. Pero como sea, Marino nos dijo que desde el principio vio la creación del Comité como una estrategia política. Fue, me acuerdo que… elecciones de alcaldías y de gobierno regional. Todos metían… Cuando ya vieron de que mediáticamente es rentable, todos comenzaron a decir: «Tenemos que recuperar», «Yo sí voy a recuperar el humedal», todas esas cosas. Y por eso se negó a reunirse con ellos. Porque obviamente no iba a permitir de que politicen el lugar. No iba a permitir de que gente extraña sin preparación quiera meter, como decimos en Perú, quieran meter su cuchara sin saber nada. Y comenzaron a… a meterse, ¿no? (risa) y politizar el lugar. Bueno, yo estuve en contra de eso. Bueno, ge… generé cierta antipatía. Prefirió no darle importancia a una discusión que, para él, solo tenía intenciones políticas. Lo que ha hecho en sus conferencias y entrevistas es mostrar fotos del humedal cuando llegó: se ve cubierto completamente de lechugas, hay cerdos dentro de la laguna y mucha basura alrededor. En cuanto a las aves, ha asegurado que efectivamente hay estudios previos sobre eso. Que cuando él llegó había aproximadamente cinco especies. Pero eso tampoco niega el hecho de que las gaviotas de Franklin hayan querido descansar ahí al ver el espejo de agua. Y, bueno, con respecto al sistema de micronanoburbujeo ha recibido premios por eso y comentarios positivos de algunos científicos e ingenieros. Solo en 2014, cuando el Comité lo acusó de apoyar los intereses de un megapuerto que planean construir en la zona, decidió dar declaraciones públicas al respecto. Este es Marino en una rueda de prensa que dio para hablar sobre ese tema. Han estado diciendo que hay una correlación o una identidad de Marino Morikawa que está con el TPCH. TPCH, Terminales Portuarios Chancay, la empresa operadora del megapuerto que involucra a una de las mineras más grandes del Perú y una empresa naviera china. Según el Comité, Marino seguía los intereses del TPCH y se negaba a tomar acciones para proteger legalmente el humedal y evitar el daño ambiental que el megapuerto tendría sobre el lugar. Se está diciendo mucho eso, lo cual, sinceramente les voy a decir que eso lo voy a negar, ¿ya? Porque son… son apreciaciones de otras personas que no conocen el trabajo y me quieren ligar a una empresa que no conozco. En esa misma rueda de prensa también fue enfático en aclarar cuál había sido su posición frente al proyecto que se había planteado. El primer, eh, perfil que sacó el TPCH fue pasar una carretera por la playa El Cascajo, no sé si recuerdan ustedes. ¿Quién fue la persona que dijo “no” e invalidó esa idea? La persona que está sentada en frente de ustedes. Explicó que él mismo había ido a las autoridades ambientales para alertarlas sobre el daño ecológico que causaría esa carretera. Y que, finalmente, la empresa desistió por temas de inestabilidad del suelo. Aclaró que le había solicitado al TPCH su Expediente de Impacto Ambiental para saber exactamente si afectaría o no a El Cascajo, pero que hasta ese momento no habían querido entregárselo ni a él ni a la entidad que se encarga de dar las certificaciones ambientales en el Perú. Si me presentan ese proyecto, no duden que voy a leer hasta la última coma. Incluso tengo en el grupo… tenemos tres abogados ambientalistas Y que si encontraban algo que pudiera afectar el humedal él sería el primero en exigir todos los procedimientos adecuados para evitar que se contamine nuevamente. Hasta ese momento, basándose solamente en los planos que había publicado TPCH en Internet… Hasta donde yo tengo visto, no va a afectar para nada en lo que a mí me corresponde: en la contaminación del agua y la biodiversidad. ¿Se va a perder El Cascajo? No se va a perder nunca porque yo soy el primero que va a estar parado ahí. En 2015, Marino hizo una donación a Chancay de indumentaria y herramientas de trabajo necesarias, no solo para el mantenimiento de El Cascajo, sino de otros humedales en la zona. Pero por esa misma época decidió alejarse de todas las discusiones relacionadas con el humedal y seguir con otros proyectos. Según el Comité, ahora son ellos quienes se encargan voluntariamente del cuidado del humedal. Hasta el momento no hay pruebas que involucren a Marino con el megapuerto. El coordinador, William Jurado, acepta que fue Marino el primero que empezó la limpieza del humedal, y que gracias a esa limpieza, después de varios años de tener una laguna verde por la lechuga, pudieron ver el espejo de agua. En este momento aun falta solucionar los problemas de la contaminación, de aguas residuales que siguen llegando a la laguna, de basura que todavía botan alrededor del humedal. Problemas que han hecho que la lechuga vuelva a crecer y a tapar el agua. Marino sabe eso. Solamente que ahorita no nos conviene entrar a recuperarlo porque está un poco político y cualquier cosa que haga lo pueden tomar a mal. Prefiero de que… tener una conversación con el… con la nueva autoridad y decirles, “¿quieren nuestro apoyo?” O recibir una carta de invitación por parte de ellos. No cierra del todo la posibilidad. Obviamente que nos causa cierta indignación, pero tratamos de no ser tan negativos, ¿no? Porque si nos llaman nuevamente a recuperar el humedal, ahora el humedal con toda la tecnología que tenemos, así esté lleno totalmente de lechugas, lo podemos recuperar en menos de tres meses. Y es que, como ya lo mencionamos, su experiencia en recuperación de hábitats naturales ha aumentado muchísimo desde entonces. Ese mismo año, 2015, terminó sus estudios en Japón y volvió de manera permanente al Perú para poner en práctica lo que había aprendido. En 2017 creó la empresa TTT Grupo Morikawa, para dedicarse a proyectos de descontaminación de cuerpos líquidos, del aire y de suelos. Como tantas cosas en Perú, y como tantos casos de daño ecológico, el caso de El Cascajo, o el humedal de Santa Rosa, es complicado. O sea, se recuperó y volvió a contaminarse, o quizás nunca se recuperó del todo, dependiendo de a quién le creas. Lo que sí es cierto es que las lechugas han vuelto a tapar la mayoría de la laguna. Sin embargo, desde hace un tiempo varias organizaciones ambientalistas buscaban que lo declararan Área de Conservación Ambiental. Eso haría que tuviera una protección estricta y especial a nivel nacional. Además, obligaría al gobierno local a recuperarlo con recursos públicos. La buena noticia es que en septiembre de 2020 se logró. Ahora que es un Área de Conservación Ambiental va ser mucho más difícil que cualquier persona o empresa, ya sea un megapuerto, un acueducto o un criadero, acabe con el humedal. Entre los proyectos de Marino en Perú está la recuperación del humedal Pacucha en Andahuaylas y el oasis de la Huacachina en Ica. En 2017, junto a su equipo, hizo el Reto Quince Titicaca, un proyecto para recuperar la zona más contaminada de la bahía interior de Puno en el lago Titicaca. En quince días mostraron resultados positivos y su intención fue comprobarle a las autoridades que sí es posible lograr la recuperación completa del lago. Aparte de eso tiene proyectos en México y en Paraguay, donde planea descontaminar el lago Ypacaraí. David Trujillo es productor de Radio Ambulante. Vive en Bogotá. Esta historia fue editada por Camila Segura y por mí. El diseño de sonido es de Andres Azpiri y Remy Lozano, con música de Remy. Andrea López Cruzado hizo el fact-checking. Queremos agradecer a Joseph Zárate por su gran ayuda en esta historia. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Lisette Arévalo, Jorge Caraballo, Aneris Casassus, Victoria Estrada, Xochitl Fabián, Miranda Mazariegos, Barbara Sawhill, Elsa Liliana Ulloa y Desirée Yépez. Fernanda Guzmán es nuestra pasante editorial. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, y se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar. ¿Estás aprendiendo español? ¿Te encantan los podcasts? Of course you do. 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