logo
Listen Language Learn
thumb

Radio Ambulante - El conteo

-
+
15
30

¿Cómo se define una muerte causada por un desastre natural?

Hola,
ambulantes,
una
cosita
antes
de
empezar.
Muchos
de
ustedes
nos
han
dicho
que
llegó
el
momento
de
producir
más
podcasts
en
español,
y
creemos
que
tienen
razón.
Pero
para
lograrlo
necesitamos
su
ayuda.
Entonces,
por
favor,
vayan
a
nuestra
página
web
radioambulante.org/encuesta
y
respondan
unas
preguntas.
Dígannos,
por
ejemplo,
qué
tipo
de
programas
les
gustaría
que
produjeramos,
además
de
Radio
Ambulante,
obvio:
podcasts
de
ficción,
podcasts
para
niños,
podcasts
sobre
comida
o
fútbol.
Sus
respuestas
nos
van
a
servir
mucho.
Ingresen
a
radioambulante.org/encuesta.
Solo
les
tomará
cinco
minutos
y
es
una
gran
ayuda.
Desde
ya,
¡gracias!
Bienvenidos
a
Radio
Ambulante
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.
Y
estoy
aquí
con
Luis
Trelles.
Hola,
Luis.
Hola,
hola,
Daniel.
Luis
es
nuestro
productor
que
vive
en
San
Juan,
Puerto
Rico.
Y
Luis,
te
tengo
una
pregunta
que
debería
ser
simple:
¿cuántas
personas
murieron
en
Puerto
Rico
luego
del
huracán
María?
Pues,
el
huracán
pasó
por
Puerto
Rico
el
20
de
septiembre
de
2017.
Y
una
semana
después
el
gobierno
estaba
diciendo
que
murieron
entre
13
a
14
personas.
Cuando
el
Presidente
Trump
visitó
la
isla
a
comienzos
de
octubre…
What
is
your…
what
is
your
death
count
as
of
this
moment?
Seventeen?
Sixteen,
certified.
Sixteen
people,
certified.
Y
ese
es
el
presidente
hablando
con
el
gobernador
de
Puerto
Rico,
Ricardo
Rosselló,
durante
esa
visita
.
Ya,
listo.
Dieciséis
muertos
es
lo
que
le
dijo
Roselló
al
presidente
y
añadió
una
palabra
que
me
parece
interesante:
certificado.
¿Certificado
por
quién?
Pues,
certificado
por
el
secretario
de
Seguridad
Pública
de
Puerto
Rico,
un
funcionario
que
se
llama
Héctor
Pesquera,
y
era
él
quien
llevaba
la
lista
oficial
del
gobierno.
Y
ese
mismo
día,
cuando
el
presidente
se
fue
de
la
isla,
el
gobierno
puertorriqueño
subió
el
conteo
de
muertes
a
34.
Y
dos
meses
después
la
lista
volvió
a
subir,
esta
vez
a
64.
Así
que
tenemos
14
,
34,
64.
Es
como
una
lista
que
va
creciendo
poco
a
poco.
Pero
la
verdad
es
que
en
las
semanas
y
meses
después
de
la
tormenta,
había
varios
medios
locales,
medios
como
el
Centro
de
Periodismo
Investigativo
de
Puerto
Rico,
que
empezaron
a
reportar
un
número
mucho
más
alto.
Don
Teodoro
falleció
el
mismo
día
en
que
el
huracán
María
azotaba
con
fuerza
a
Puerto
Rico.
El
caso
es
uno
de
los
47
que
identificó
el
Centro
de
Periodismo
investigativo
en
su
más
reciente
informe
periodístico.
Y
ahí
comenzó
una
discrepancia
que
se
fue
haciendo
cada
vez
más
grande,
porque
los
números
oficiales
y
los
que
se
estaban
reportando
en
los
medios,
esos
números
nunca
coincidían,
Daniel.
Las
funerarias
que
consultamos
mencionaron
haber
visto
499
muertes,
probablemente
asociadas
con
el
huracán.
El
huracán
María
que
azotó
en
septiembre
a
Puerto
Rico
podría
haber
causado
1.052
muertos
y
no
62,
como
dicen
las
cifras
oficiales.
¿Y
qué
hizo
el
gobierno?
¿Seguían
diciendo
que…
que
sólo
había
64
muertos?
Pues,
sí.
El
gobierno
estuvo
aferrado
a
ese
número
de
64
por
casi
un
año.
Eventualmente,
el
gobierno
de
Puerto
Rico
comisionó
su
propio
estudio
para
averiguar
cuánta
gente
había
muerto
y
ese
estudio
estuvo
cargo
de
unos
investigadores
de
la
Universidad
de
George
Washington.
Cuando
finalmente
salieron
los
resultados
de
ese
estudio
—en
agosto
de
2018—,
eso
fue
devastador
en
Puerto
Rico,
porque
lo
que
el
estudio
señalaba
es
que
hubo
2.975
personas
que
habían
muerto
en
exceso.
OK,
aquí
tengo
dos
preguntas.
Primero,
tres
mil
muertes
en
exceso,
ya,
entonces:
¿cómo
llegan
a
ese
número?
Esa
es
mi
primera
pregunta.
Y
la
segunda:
creo
que
tienes
que
explicar
exactamente
lo
que
significa
una
muerte
en
exceso.
OK,
pues…
eh,
los
investigadores
de
la
Universidad
de
George
Washington
básicamente
hicieron
un
promedio
de
todas
las
muertes
que
hubo
en
Puerto
Rico
en
los
últimos
siete
años
y
agarraron
ese
promedio
y
lo
compararon
con
el
número
de
muertes
que
hubo
en
los
cinco
meses
después
del
huracán.
Y
así
fue
cómo
se
dieron
cuenta
que
casi
tres
mil
personas
murieron
por
encima
de
lo
normal.
Y,
bueno,
Daniel,
yo
he
estado
hablando
con
epidemiólogos,
demógrafos,
con
expertos
en
este
tipo
de
cosas,
y
todos
me
dicen
lo
mismo:
una
diferencia
de
tres
mil
muertes
en
un
lugar
como
Puerto
Rico,
eso
no
es
normal.
O
sea,
es
algo
que…
que
sucede
en
un
lugar
donde
hay
una
guerra,
por
ejemplo.
O
sea,
en
términos
demográficos
el
huracán
María
es
comparable
con
un
conflicto
armado.
¡Exacto!
Pero
el
problema
es
que
había
muchas
personas
en
Puerto
Rico
y
también
en
Estados
Unidos
que
se
estaban
negando
a
aceptar
ese
nuevo
número
de
muertes.
Y
uno
de
los
primeros
en
rechazar
ese
conteo
fue
el
Presidente
Trump.
Un
tuit
que
dejó
boquiabiertos
a
muchos.
There
is
a
new
tweet
from
President
Trump
and
it’s
very
relevant
to
today.
He
says:
“Three
thousand
people
did
not
die
in
the
two
hurricanes
that
hit
Puerto
Rico”.
En
un
mensaje
de
Twitter,
el
presidente
negó
que
hubo
tres
mil
personas
que
murieron.
Así
que
la
polémica
de
las
muertes
continúa.
Y
añadió
en
otro
tuit.
“If
a
person
died
for
any
reason,
like
old
age,
just
add
them
on
to
the
list.
Bad
politics.
I
love
Puerto
Rico”.
Y
bueno,
el
presidente
básicamente
estaba
negando
las
conclusiones
del
estudio
y
estaba
alegando
que
las
cifras
estaban
manipuladas
para
hacerlo
quedar
mal
a
él,
personalmente.
Y
bueno,
la
verdad
es
que
es
difícil
saber
qué
muertes
pueden
estar
relacionadas
con
el
huracán
y
cuáles
no.
Te
voy
a
dar
un
ejemplo,
Daniel.
Yo
recuerdo
que
unos
días
después
de
la
tormenta
escuché
de
alguien
que
estaba
buscando
señal
de
celular
en
un
vecindario
que
no
conocía.
Y
hay
que
recordar
que
en
esos
días
era
muy
difícil
conseguir
una
señal
de
celular,
porque
estaba
todo
devastado.
Era
de
noche,
y
este
es
otro
factor
importante,
porque
el
sistema
eléctrico
estaba
totalmente
destruido
y
había
quedado
todo
a
oscuras.
Él
estaba
en
un
puente,
no
se
dio
cuenta
que
el
puente
había
colapsado,
porque
estaba
todo
tan
oscuro,
y
se
cayó.
Y
murió.
Y
yo
estoy
seguro
que
un
caso
como
ese
nunca
llegó
a
la
lista
oficial
que
tenía
el
gobierno.
Pero
yo
me
pregunto:
si
los
vientos
no
hubieran
destruido
el
sistema
eléctrico,
si
las
inundaciones
no
hubieran
destruido
ese
puente,
ese
señor
todavía
estaría
vivo,
¿no?
Justamente
esa
es
la
pregunta:
¿qué
se
define
como
una
muerte
causada
por
un
desastre
natural?
Y
quizá
más
importante:
¿para
qué
sirve
saber
qué
tan
letal
fue
María?
Para
responder
estas
preguntas,
vamos
a
examinar
el
caso
de
una
familia.
Desde
Puerto
Rico,
Luis
Trelles
nos
cuenta.
Gladys
Francheska
Irizarry
solo
tenía
una
cosa
en
mente
el
día
antes
de
que
llegara
el
Huracán
María:
su
abuela
Carmen
González.
Pues
mi
abuela
era
un
ser
bien
especial.
Mi
abuela
vivía
en
Nueva
York.
Y…
ella
cuando
se
enteró
que
yo
nací
pues
arrancó
para
acá.
Y
desde
entonces,
pues,
te
tengo
que
decir
que
éramos
inseparables.
Era
como
tener
una
segunda
madre.
Ya
de
adulta,
luego
de
que
Francheska
se
casara
y
tuviera
hijos,
Carmen
González
siguió
viviendo
con
su
nieta.
A
Francheska
le
gustaba
tenerla
cerca.
Mi
abuela,
es
como
decimos
acá,
éramos
uña
y
mugre.
Pa’
donde
yo
cogía,
ella
cogía
(risa).
Y
esa
relación
se
hizo
más
cercana
todavía
cuando
su
abuela
empezó
a
mostrar
síntomas
de
demencia
senil.
Los
doctores
le
dijeron
a
Francheska
que
podría
tratarse
de
Alzheimer.
Pero
como
yo
siempre,
pues,
me
mantenía
con
ella
tratando
de
que
jugar
brisca
o
un
dominó
o
“cuéntame
tu
historia”.
Como
que
esa
mente
se…
luchaba
ahí
en
contra
de
lo
que
es
el…
la
condición.
Todo
cambió
hace
dos
años,
cuando
Francheska
metió
a
su
abuela
a
una
institución.
Lamentablemente,
pues
me
veo
en
la
necesidad
—no
queriendo—
pero
en
la
necesidad
de…
de
buscar
un…
un
sitio
donde
poderla
tener,
en
un
sitio
donde
le
iban
a
proteger,
donde
la
iban
a
cuidar
y
cositas
así.
Y
aquí
hay
que
explicar
una
cosa
muy
importante
en
esta
historia.
El
sistema
de
cuidado
de
personas
mayores
en
Puerto
Rico
es
fragmentado
y
difícil
de
navegar.
Los
adultos
mayores
y
seniles
—los
que
ya
no
pueden
vivir
solos,
como
la
abuela
de
Francheska—
muchos
terminan
en
lo
que
se
conoce
como
“hogares
de
cuido
prolongado”.
Estas
son
casas
privadas
que
admiten
a
residentes
con
condiciones
crónicas.
Y
esta
es
una
industria
muy
regulada
por
el
gobierno.
Cada
casa
de
cuido
debe
contar
con
más
de
20
permisos
y
requisitos,
de
los
bomberos,
del
Departamento
de
Salud,
de
la
Agencia
de
Manejo
de
Emergencias,
hasta
de
la
policía,
y
es
el
Departamento
de
la
Familia
quien
las
supervisa.
Y,
claro,
el
nivel
de
calidad
en
estos
lugares
depende
del
precio.
En
Puerto
Rico,
los
hogares
de
cuido
prolongado
que
ofrecen
servicios
más
personalizados
—con
más
atención
individualizada
para
cada
residente—
pueden
costar
entre
tres
mil
a
cuatro
mil
dólares
mensuales,
o
más.
Mientras
más
caro,
pues,
más
cuidados,
o
con
más
personal
para…
para
tratarlos
como…
como
reinas
y
reyes,
¿verdad?
Pero
Francheska
no
podía
pagar
tanto.
La
mayoría
de
las
personas
en
Puerto
Rico
tampoco.
Yo
cuando
me
puse
a
buscar,
todos
eran
2.500,
3.000
dólares
y
yo
digo:
“Oh,
my
goodness.
(risa)
¡Qué
es
esto!”.
Aunque
no
quiso
entrar
en
detalles,
Francheska
me
contó
que
estaba
pasando
por
un
momento
muy
difícil
cuando
ingresó
a
su
abuela
en
el
hogar.
Luego
de
pasar
varios
años
en
una
relación
tóxica,
finalmente
había
logrado
divorciarse.
Fue
justo
en
esa
época
que
pasó
unos
meses
en
un
albergue
para
personas
maltratadas.
Y
aunque
el
albergue
le
permitió
pasar
un
tiempo
allí
con
sus
dos
hijos,
no
le
permitían
traer
a
su
abuela.
Por
eso
se
acogió
a
un
programa
de
gobierno:
un
subsidio
para
adultos
mayores
que
no
pueden
pagar
el
costo
completo
de
una
casa
de
cuido.
Tuve
la
oportunidad
de
coger
un
beneficio
con
el
Departamento
de
la
Familia,
donde
ellos
aportaban
la
otra
parte
que
el
Seguro
Social
no
aportaba.
O
sea,
era
parte
del
Seguro
Social
y
parte
del
Departamento
de
la
Familia.
Enfrentarse
a
esa
decisión
—qué
hacer
con
su
abuela—
es
cada
vez
más
común
en
Puerto
Rico.
La
población
de
la
isla
está
cada
vez
más
vieja.
Hoy
en
día,
Puerto
Rico
es
una
de
las
jurisdicciones
con
mayor
cantidad
de
personas
de
edad
avanzada
en
todo
Estados
Unidos.
En
parte,
porque
los
jóvenes
se
van.
Es
una
migración
masiva
la
que
se
ha
vivido
en
los
últimos
diez
años,
en
una
década
de
depresión
económica.
Y
el
resultado
es
que
uno
de
cada
cuatro
puertorriqueños
tiene
65
años
o
más,
y
hay
una
necesidad
muy
grande
de
ver
qué
tipo
de
cuido
se
les
puede
dar
durante
esa
etapa
de
sus
vidas.
El
hogar
donde
Francheska
puso
a
su
abuela
se
llama
“Tu
Familia”
y
es
bastante
representativo
de
la
industria.
Ocho
años
tiene
aquí.
¡Ocho
años,
wow!
En
el
verano
de
2018
fui
a
visitarlo,
para
ver
las
condiciones
en
las
que
estaban
los
residentes.
Tu
Familia
es
una
de
varias
casas
de
cuido
prolongado
que
visité
para
esta
historia.
Es
una
alternativa
de
bajo
costo,
con
un
staff
pequeño
que
se
encarga
de
que
los
residentes
tomen
sus
medicinas
y
coman
tres
veces
al
día.
Se
nota
que
el
hogar
cobra
poco
y
que
los
que
trabajan
allí
no
ganan
mucho.
Los
del
segundo
piso
son
nueve.
¡Catalino!,
¿cómo
usted
está?
¿Estás
bien?
La
institución
está
en
una
casona
de
tres
pisos,
en
un
barrio
de
clase
trabajadora
muy
tradicional
de
San
Juan:
con
casas
de
cemento,
algunas
con
manchas
negras
de
humedad
en
las
paredes
y
todas
tienen
rejas
en
las
ventanas;
son
necesarias
para
evitar
robos
en
una
ciudad
muy
violenta.
Si
no
llega
a
ser
por
el
letrero
gigante
que
dice
“Tu
Familia”
en
el
portón
de
entrada,
no
hubiera
sabido
que
ese
era
un
hogar
de
cuido
prolongado.
Ahora
mismo
lo
están
levantando,
que
ya
durmieron
siesta.
Y
lo
van
a
comenzar
a
sacar,
lo
vas
a
ver.
Cuando
lo
visité,
había
30
residentes:
personas
envejecidas,
ancianos,
casi
todos
con
condiciones
crónicas
de
salud.
Algunos
estaban
incapacitados
y
estaban
amarrados
a
sus
sillas
de
ruedas,
por
su
propia
seguridad,
para
evitar
que
se
caigan
al
piso
o
que
se
lesionen.
Miosotis
Francisco
es
la
administradora
del
hogar
y
también
es
la
expresidenta
de
la
Federación
de
Instituciones
de
Cuido
de
Puerto
Rico.
Cuando
la
entrevisté,
Miosotis
resumió
el
servicio
que
recibe
cada
residente
de
su
institución
de
esta
manera:
Es
como
si
estuviera
en
tu
casa
pero
con
un
cuido
más
profesional.
Entonces,
a
ver,
nosotros
vamos
a
estar
pendiente
de
sus
medicamentos,
a
lo
que
ellos
necesiten,
las
necesidades
básicas
de
ellos.
Lo
básico.
Pero
no
mucho
más.
Francheska
me
contó
que
desde
que
dejó
a
su
abuela
en
el
hogar
Tu
Familia,
le
chocó
la
manera
en
que
limitaban
las
visitas.
Sobre
todo
al
principio,
cuando
le
pidieron
que
pasara
dos
semanas
sin
ver
a
su
abuela.
Para
que
hagan
ese
desapego,
verdad.
Es
una
medida
muy
común
en
las
casas
de
cuido
prolongado,
para
que
la
transición
a
su
nuevo
hogar
sea,
en
teoría,
más
fácil.
Ay,
lo
que
es
para
mí…
pues,
hoy
día
yo
me
pongo
a
pensar
en
eso
y
digo:
“Wow.
Qué
horror”.
No
error,
qué
horror.
Pero,
al
menos
su
abuela
parecía
estar
en
buen
estado.
Entró
caminando,
entró
independiente.
Pero
rápidamente
Francheska
vio
cómo
decaía.
Y
lamentablemente,
pues
ya
al
año
y
medio,
pues
no
era
lo
mismo.
Casi
no
me
conocía.
Estaba
postrada
en
silla
de
ruedas.
No
comía
sola.
La
tenían
que
bañar.
Ya
no
la
paraban.
Cuando
hablé
con
Miosotis,
ella
me
explicó
que
le
dan
el
mejor
cuidado
que
pueden
a
los
residentes
del
hogar,
pero
hay
que
recordar
que
la
mayoría
de
los
residentes
llegan
con
condiciones
crónicas
y
su
salud
empeora
con
el
tiempo.
También
me
habló
de
que
hay
muchos
familiares
que
dejan
a
los
ancianos
en
su
casa
y
luego
no
los
van
a
visitar.
Y
cuando
finalmente
vienen
a
verlos,
a
veces
un
año
después
de
la
última
visita,
se
molestan
porque
los
encuentran
más
flacos,
más
débiles,
incluso
incapacitados.
Por
eso
Miosotis
tiene
una
política
de
decirle
a
los
familiares…
Nosotras
cuidamos,
pero
eres
su
familia.
tienes
que
venir
a
visitarlo.
tienes
una
responsabilidad
como
hijo,
con
tu
familiar,
y
tienes
que
asumirla.
Pero
Francheska
me
aseguró
que
ella
no
era
de
las
que
pasaba
meses
sin
ver
a
su
abuela.
Sí,
sí,
sí,
sí.
Cada
vez
que
podía,
yo
iba
y
la
visitaba.
Aunque
también
sabía
que
no
había
sustituto
para
el
cuidado
que
ella
le
daba
cuando
su
abuela
todavía
podía
vivir
en
su
casa.
Cuando
llegó
el
anuncio
de
que
el
huracán
María
iba
a
pegarle
duro
a
Puerto
Rico,
la
abuela
de
Francheska
ya
estaba
incapacitada.
Y
Francheska
estaba
preocupada,
ya
se
sabía
que
sería
la
tormenta
más
potente
en
la
historia
moderna
de
la
isla.
Por
eso
pasó
por
el
hogar
de
cuido
el
día
antes
y
habló
con
las
administradoras
y
les
preguntó…
“¿Todo
bien?
O
sea,
¿necesitan
algo?
No
nada
más
para
mi
abuela,
sino
para
cualquier
otro”.
Porque,
pues,
uno
no
sabe,
¿verdad?,
si
habían
personas
que…
que
familiares
no
visitaban
o
cositas
así.
Y
yo,
pues,
eso
me
conmovió.
Y
yo
dije:
“¿Algo
le
falta
a
alguien?”.
“No,
estamos
set”.
Miosotis
me
contó
que
el
gobierno
le
exige
a
todos
los
hogares
de
cuido
prolongado
un
Plan
Operacional
de
Emergencias,
o
POE.
¿Qué
yo
voy
a
hacer
si
pasa
un
huracán?
¿Qué
yo
voy
a
hacer
si
pasó
un
incendio?
¿Qué
yo
voy
a
hacer
si
pasa
una
inundación?
Ese
es
el
POE.
El
gobierno
certifica
ese
plan
cada
año.
Y
el
Departamento
de
la
Familia
hace
inspecciones
para
corroborar
que
cada
hogar
cumpla
con
los
requisitos,
requisitos
como
una
planta
eléctrica
de
emergencia,
con
combustible
para
diez
días,
lo
mismo
para
las
reservas
de
agua
potable
y
comida.
Todo,
todo
eso,
eso
es
el
POE.
Que
todo
lo
tenemos.
Pero
esa
noche,
cuando
llegaron
los
vientos
más
violentos
y
se
filtraba
cada
vez
más
agua
en
el
hogar
Tu
Familia,
Miosotis
comenzó
a
sentir
miedo
por
la
seguridad
de
sus
residentes.
A
se
me
llenó
de
agua…
Esto
fue
una
cosa
fuerte
lo
que
nos
pasó.
Y
si
yo
que
estaba
tan
bien
preparada
y
mi
estructura
es
tan
fuerte,
imagínate
los
que
no
estaban.
Esa
madrugada,
sintió
que
quizá
ya
había
llegado
la
hora
de
hacer
una
evacuación
de
emergencia.
Y
aunque
estés
preparada
—yo
me
sentí
preparada—,
y
hubo
un
momento
de
la
madrugada
que
yo
decía:
“Yo
quiero
sacar
a
mis
viejos”.
Y
que
no
puedo,
¿entiendes?
Resistieron.
La
casa
aguantó.
Y
aunque
la
luz
se
había
ido,
la
planta
eléctrica
también
estaba
funcionando.
Pero
esa
misma
madrugada,
cuando
ya
había
pasado
la
lluvia
y
los
vientos.
Sí,
una
de
mis
viejitas
le
dio
un
derrame,
ya
al
otro
día
del
huracán.
Era
Carmen
González,
la
abuela
de
Francheska.
Su
condición
era
crítica.
El
hogar
Tu
Familia
queda
muy
cerca
de
Centro
Médico,
el
hospital
público
más
importante
de
Puerto
Rico.
Llegar
de
un
lugar
al
otro
usualmente
toma
unos
diez
minutos.
Pero
la
mañana
después
de
María,
llegar
a
Centro
Médico
era
casi
imposible.
Postes
de
electricidad
partidos,
árboles
caídos,
pedazos
de
techos,
de
letreros,
hasta
de
rejas
y
paredes
que
habían
volado
con
el
huracán,
todo
eso
se
amontonaba
en
las
calles.
Casi
no
se
podía
pasar
a
pie,
mucho
menos
había
paso
para
una
ambulancia.
Los
vecinos
y
mi
hermana,
pues,
se
metieron
y
me
hicieron
paso.
Y
yo
pude
conseguir
una
ambulancia
y
llevármela
al
hospital.
Eso
fue
a
las
diez
de
la
mañana.
La
mañana
después
del
huracán,
Francheska
se
levantó
con
una
misión:
ir
a
ver
a
su
abuela
para
asegurarse
de
que
todo
estuviera
bien.
Cuando
ya
nos
permitieron
salir
de
las
casas,
yo
paso
rapidito
por
ahí
a
ver
cómo
estaba
mi
abuela.
Había
intentado
llamar,
pero
no
logró
conectar
con
nadie.
Las
torres
de
teléfonos
celulares,
el
internet,
casi
toda
la
infraestructura
de
comunicaciones
estaba
fallando.
Francheska
salió
en
su
carro
por
las
calles
inundadas.
Le
tomó
varias
horas,
y
cuando
llegó…
Entonces
me
dicen:
“¿No
te
llamaron?”.
Y
yo:
“Eh,
no”.
Francheska
no
tenía
idea
de
lo
que
le
había
pasado
a
su
abuela.
Yo
llegué
al
hogar
a
enterarme
que
mi
abuela
estaba
en
el
hospital.
Que
se
le
acababan
de
llevar.
¡Ah!
Yo
me
puse
histérica.
Francheska
llegó
tan
pronto
pudo
a
Centro
Médico
y
esto
fue
lo
que
encontró.
Los
pacientes
los
tenían
prácticamente
desnudos,
tapándole
más
que
sus
partes
íntimas.
Dejó
de
funcionar
los
aires.
Las
plantas
eléctricas
dejaron
de
funcionar.
Se
cayeron.
Un
lugar
tan
importante
como
Centro
Médico.
No,
no.
Bien
triste,
bien
triste.
Centro
Médico
no
era
el
único
hospital
que
estaba
colapsando,
claro.
Era
una
emergencia
en
toda
la
isla.
Lo
que
le
estaba
pasando
a
la
abuela
de
Francheska
también
le
estaba
sucediendo
a
cientos
de
personas.
Y
muchos
no
sobrevivieron.
Luego
de
la
pausa,
trataremos
de
entender
la
magnitud
de
la
crisis,
en
esa
caótica
semana
y
media
inmediatamente
después
del
paso
de
María.
Ya
volvemos.
El
siguiente
mensaje
viene
de
Squarespace,
patrocinador
de
NPR.
Squarespace
le
permite
a
pequeños
negocios
diseñar
y
crear
sus
propias
páginas
web
usando
layouts
modificables,
y
otras
funciones
de
e-commerce
y
edición
móvil.
Además,
Squarespace
te
permite
optimizar
tu
página
para
los
motores
de
búsqueda.
Ingresa
a
Squarespace.com/NPR
para
obtener
una
prueba
gratuita,
y
cuando
estés
listo
para
lanzar
página,
usa
el
código
NPR
para
ahorrarte
10%
en
la
compra
de
tu
primer
sitio
web
o
dominio.
¿Te
gustan
las
trivias,
las
adivinanzas,
los
juegos
un
poco
nerds
y
el
humor?
¿Qué
tal
las
entrevistas
con
actores,
músicos
y
todo
tipo
de
personas?
Si
suena
como
algo
para
ti,
escucha
Ask
Me
Another
todos
los
viernes.
Todas
las
semanas
en
It’s
Been
a
Minute,
Sam
Sanders
y
dos
periodistas
reflexionan
acerca
de
las
noticias
y
los
eventos
culturales
de
los
últimos
días.
Porque
cuando
las
noticias
son
complicadas,
ayuda
muchísimo
hablar
sobre
ellas.
Ponte
al
día
todos
los
fines
de
semana
en
It’s
Been
a
Minute,
de
NPR.
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante.
Soy
Daniel
Alarcón.
Y
estoy
con
nuestro
productor,
Luis
Trelles.
Al
principio
de
esta
historia,
Luis
nos
mencionó
que
un
estudio
de
la
Universidad
de
George
Washington
encontró
que
hubo
casi
tres
mil
muertes
en
exceso
luego
del
huracán.
Y
la
verdad
es
que
el
asunto
de
las
muertes
en
exceso
es
algo
difícil
de
entender
hasta
para
mí,
que
lo
viví
junto
a
mi
familia
y
a
toda
la
gente
que
quiero.
O
sea
entiendo
el
detalle,
de
cómo
se
sintió
pasar
por
eso,
pero
la
escala
del
desastre,
de
cómo
afectó
a
la
isla,
eso
se
pierde.
Entonces,
nos
pusimos
a
pensar
aquí
en
Radio
Ambulante,
cómo
podíamos
sonorizar
estos
números,
para
que
esas
cifras
tan
abstractas
se
puedan
comprender:
14
muertes,
64,
3.000.
¿Qué
significa
realmente?
Cada
una
de
estas
manecillas
representa
el
lapso
de
una
hora
Y
cada
uno
de
estos
bips.
Representa
una
muerte.
En
un
periodo
normal
de
una
semana
y
media
en
Puerto
Rico,
un
promedio
de
unas
75
personas
mueren
al
día.
Algo
así.
Y
el
promedio
de
los
11
días
críticos
inmediatamente
después
del
huracán
indica
que
murieron
120
personas
al
día.
Otra
vez.
Un
periodo
normal
de
once
días.
Y
los
once
días
después
de
María.
Y,
bueno,
así
sonaba
el
conteo
oficial
de
muertos
del
gobierno
de
Puerto
Rico
justo
después
del
huracán.
Es
que
en
ese
mismo
periodo,
el
conteo
oficial
de
muertes
por
parte
del
gobierno
era
de
14,
lo
que
vendría
siendo
una
muerte
por
día.
De
esos
14,
casi
todos
eran
de
personas
que
murieron
durante
el
huracán:
dos
policías
que
se
ahogaron
cuando
enfrentaron
un
golpe
de
agua,
tres
hermanas
que
murieron
en
un
deslizamiento
de
tierra,
casos
así.
Pero,
las
autoridades
no
estaban
contando
las
personas
que
estaban
muriendo
en
hospitales
que
estaban
colapsando,
hospitales
como
Centro
Médico,
donde
estaba
Carmen
González.
Luis
Trelles
nos
sigue
contando.
Era
el
día
después
del
huracán
y
Francheska
Irizarry
había
llegado
a
Centro
Médico
para
encontrarse
con
su
abuela:
había
sufrido
un
derrame
y
los
doctores
de
turno
le
dieron
un
pronóstico
terrible.
En
sala
de
emergencias,
pues,
el
doctor
no
le
daba
más
de
36
horas.
Parte
del
problema
era
el
tipo
de
derrame
que
había
sufrido.
Y
pues,
lamentablemente,
a
ella
le
da…
le
dio
una
isquemia,
o
sea
se
le
alojó
un
coágulo
en
el
cerebrito
cuando
le
dio
el
derrame.
Como
los
generadores
de
Centro
Médico
estaban
fallando,
los
doctores
no
podían
usar
las
máquinas
que
necesitaban
para
hacer
los
estudios.
Claro,
no
te
lo
dicen
así.
te…
te
enteras
en
los
pasillos,
¿me
entiendes?
Todo
te
lo
manipulan
como
que:
“Bueno,
mamá,
o
sea,
no
se
puede
hacer
nada.
Este…
ella
es
mayor”.
O
sea,
te
lo…
te
lo
manejan
todo
con
la
cuestión
de
la
edad.
Es
decir,
la
gente
mayor,
—los
ancianos—
no
eran
prioridad.
Era
como
si
en
medio
de
la
emergencia,
los
médicos
descartaban
la
posibilidad
de
que
gente
como
la
abuela
de
Francheska
podía
sobrevivir.
Un
análisis
que
hicimos
aquí
en
Radio
Ambulante
de
los
datos
del
Registro
Demográfico
revela
que
70
por
ciento
de
los
muertos
eran
mayores
de
65
y
que
la
mayoría
murió
de
causas
asociadas
a
condiciones
crónicas
de
salud.
Entre
las
primeras
cinco
causas
de
muerte
estaban
las
enfermedades
del
sistema
nervioso,
incluyendo
Alzheimer
y
demencia
senil,
como
Carmen
González.
Aún
más,
el
reporte
que
hizo
la
universidad
de
George
Washington
sobre
las
muertes
indica
que
la
mayoría
de
ellas
ocurrieron
en
los
municipios
con
las
tasas
más
altas
de
pobreza
en
Puerto
Rico.
Cinco
meses
después
del
huracán,
la
gente
seguía
muriendo
a
un
ritmo
más
alto
de
lo
normal.
Y
las
personas
más
propensas
a
morir
tenían
tres
características
que
Carmen
González
también
tenía:
eran
viejos,
estaban
enfermos,
eran
pobres.
Luego
del
derrame,
Carmen
González
había
quedado
en
coma
y
Francheska
pensaba
que
podría
morirse
en
cualquier
momento,
que
ya
no
volvería
a
despertar.
Y
por
eso
comenzó
a
despedirse.
Y
a
decirle
que
nos
diera
el
privilegio
de
abrir
los
ojos
para
que
ella
supiera
que
estábamos
ahí
con
ella.
Francheska
quería
que
su
abuela
supiera
una
cosa.
Yo
lo
que
quería
era
estar
segura
de
que:
“Mira,
¿me
viste?
Aquí
estoy.
Vete
tranquila,
yo
voy
a
estar
bien”.
Pero
unos
días
después,
la
abuela
de
Francheska
hizo
algo
que
todos
los
doctores
habían
dicho
que
no
pasaría.
Te
puedo
decir
que
abrió
los
ojos.
La
que
pen…
la
que
en
Centro
Médico
me
dijeron
que
no
iba
a
durar
36
horas
y
la
dejaron
así,
de
ladito
y
de
codito.
Y
aunque
volvió
a
perder
la
conciencia,
siguió
con
vida,
una
semana
más
y
después
otra.
Pero
algo
andaba
mal:
era
su
pierna
izquierda.
Que
se
empezó
a
poner
morada,
morada.
Yo
les
decía:
“Pero
su
pierna,
su
pierna”.
Y
como
que…
claro,
ellos
sabían,
pero
no
me
lo
habían
dicho.
Su
pierna
tenía
gangrena
y
se
estaba
poniendo
peor.
Cuando
llegó
a
Centro
Médico,
la
abuela
de
Franchesca
tenía
dos
coágulos,
no
uno,
como
pensaron
originalmente.
Obviamente
pues
identificaron
el
de
la
cabeza
pero
el
de
la
pierna
no
lo
habían
identificado
porque
no
la
habían
metido
en
las
máquinas.
¿Adivina
por
qué?
Porque
las
plantas
eléctricas
dejaron
de
funcionar.
Y,
claro,
de
haber
detectado
el
coágulo
a
tiempo,
es
muy
probable
que
hubieran
podido
prevenir
la
gangrena
o
al
menos
resolver
el
problema
antes
de
que
fuera
demasiado
tarde.
Es
una
tristeza
porque
quizás
eso
se
pudo
haber
cogido
cuando
quizás
el
dedo
estaba
morado
y
amputar
un
dedo,
pero
que
quede
viva.
A
principios
de
octubre,
los
doctores
le
dijeron
a
Francheska
que
la
gangrena
había
avanzado
demasiado
y
preferían
no
operar.
Su
abuela
estaba
inconsciente,
era
demasiado
mayor,
estaba
demasiado
frágil.
Francheska
hubiera
preferido
que
al
menos
intentaran
salvarla
Es
una
sala
de
emergencias…
que
ahí
acudimos
para
de
alguna
manera
prolongar
nuestras
vidas.
Pues
se
supone
que
el
trato
sea
equitativo,
¿verdad?
Que…
que
todo
el
mundo
sea
por
igual.
Tanto
el
que
acaba
de
nacer
como
el
que
tiene
100
años.
En
cambio,
los
doctores
le
dijeron
que
ya
no
había
nada
que
pudieran
hacer.
Casi
un
mes
después
de
entrar
al
hospital,
los
doctores
dieron
de
alta
a
Carmen
González,
con
gangrena
avanzada
en
la
pierna
y
el
entendimiento
de
que
solo
había
una
cosa
por
hacer:
aliviar
el
sufrimiento
de
la
paciente
en
el
poco
tiempo
que
le
quedaba.
Pero
en
vez
de
aliviarse,
la
situación
de
Carmen
González
empeoró.
Y
es
que
no
había
alivio
para
gente
como
ella
en
Puerto
Rico,
al
menos
no
en
ese
momento.
Cuando
dieron
de
alta
a
su
abuela,
la
primera
intención
de
Francheska
fue
llevársela
a
su
casa.
Yo
lo
que
quería
para
ella
era
una
muerte
en
paz,
tranquila,
rodeada
de…
de
la
gente
que
la
ama.
Pero
no
se
me
fue
permitido.
Su
abuela
estaba
en
muy
mal
estado.
Francheska
dudó
y
los
doctores
llamaron
al
hogar
Tu
Familia
y
en
ese
hogar
le
recordaron
que
su
abuela
aún
tenía
un
contrato
con
la
institución
y
que
debía
traerla
de
vuelta
porque
allí
podrían
cuidarla
mejor.
Y
Francheska
se
dejó
llevar
por
lo
que
le
decían.
La
orientación
que
recibí
de
parte
del
hogar
fue
que
yo
tenía…
que
yo
tenía
que
traerla
allí.
En
el
mes
que
Carmen
González
pasó
en
el
hospital,
la
casa
de
cuido
también
había
entrado
en
crisis,
igual
que
casi
todos
las
instituciones
de
este
tipo
en
Puerto
Rico.
Los
problemas
comenzaron
el
mismo
día
en
que
Miosotis,
la
administradora
de
Tu
Familia,
llevó
a
la
abuela
de
Francheska
al
hospital.
El
factor
luz.
El
factor
luz.
El…
El…
¿qué
te
digo?
Ay
bendito,
porque
es
tan…
es
bien
triste.
Pasamos
mucho.
no
tienes
idea.
El
sistema
eléctrico
de
Puerto
Rico
estaba
destrozado.
Nadie
sabía
cuándo
iba
a
regresar
de
nuevo
la
electricidad.
Entonces,
¿qué
pasa?
Si
estás
cuidando
esos
viejitos
y
no
consigues
y
no
llega
esa
luz,
comienzan…
ahí
vienen
los
problemas
mayores.
La
institución
de
Miosotis
puede
acomodar
a
30
ancianos
y
muchos
tienen
condiciones
que
requieren
electricidad
para
su
tratamiento.
Pacientes
que
necesitan
medicamentos
refrigerados
o
terapias
que
se
realizan
con
máquinas
que
ya
no
funcionaban.
El
Departamento
de
la
Familia
exige
que
haya
generadores
de
emergencia
en
los
hogares
de
cuido
y
Miosotis
tenía
su
planta
—su
generador—,
pero
luego
de
mantenerlo
encendido
varios
días
seguidos,
empezó
a
dar
señales
de
que
se
podía
dañar
en
cualquier
momento.
Y
ni
hablar
del
insoportable
calor
de
la
isla
y
cómo
afectó
a
los
residentes
que
no
tenían
refrigeración,
ni
agua
fría
para
tomar,
ni
abanicos
o
aire
acondicionado.
La
planta
mía
no
se
podía
apagar.
Tu
ves
que
las
plantas
descansan.
La
mía
no
podía
apagarse
porque
si
se
apagaba,
se
dañaba,
no
prendía
más.
Y
para
mantener
su
planta
encendida,
Miosotis
necesitaba
docenas
de
galones
de
diesel
al
día.
Entonces
una
planta
que
esté
24/7
prendida…
tienes
que
estar
echándole
diesel,
echándole
diesel,
porque
si
se
apaga
ya
no
prende
más.
En
el
primer
mes
luego
del
huracán
el
gran
problema
fue
el
combustible.
Ricardo
Rosselló,
el
gobernador
de
Puerto
Rico,
impuso
un
toque
de
queda
que
limitaba
el
tiempo
para
buscar
diesel,
gas
natural
o
gasolina.
Encima
de
eso,
hubo
escasez
y
retrasos
masivos
en
la
distribución
de
diesel
y
gasolina
en
toda
la
isla
.
Desde
el
aire
se
ven
las
filas
kilométricas
para
poner
gasolina.
Aquí
hay
personas
ancianas,
personas
de
la
tercera
edad.
¿Cuánto
tiempo
lleva
usted
aquí
señora?
Tres
horas.
Ya.
Con
85
años.
El
toque
de
queda
será
uno
ahora
indefinido,
hasta
que
la
situación
en
Puerto
Rico
se
normalice.
Aquí
lo
que
hay
es
poco
diesel.
¿Y
el
diesel
es
lo
más
importante
pa’
los
hospitales,
pa’
los
municipios?
Es
lo
que
se
le
está
dando
prioridad.
Miosotis
pasó
varias
semanas
al
borde
de
quedarse
sin
diesel
para
su
generador.
Necesitaba
ayuda,
pero
la
agencia
del
gobierno
que
trabaja
directamente
con
los
Hogares
de
Cuido
Prolongado
estaba
fuera
de
combate.
¿Qué
nos
pasó?
Que
al
otro
día
estábamos
sin
electricidad,
sin
comunicación,
sin
nada.
Esta
es
Glorimar
Andújar
Matos,
la
secretaria
del
Departamento
de
la
Familia.
Cuando
hablé
con
ella
en
septiembre
de
2018,
me
dijo
que
su
agencia
tenía
un
plan
de
emergencia.
Ese
plan
contaba
con
que
se
pudiera
organizar
un
equipo
de
la
propia
agencia
para
brindarle
ayuda
a
ancianos
incapacitados.
O
sea,
a
las
personas
más
vulnerables.
Y
nuestro
mecanismo
era,
de
comunicarnos,
iba
a
ser
precisamente
por
una
llamada
telefónica
como
primera
vía.
Y
eso
nos
vimos
imposibilitados
de
hacer.
Los
celulares,
el
internet
y
las
líneas
regulares
de
teléfono
dejaron
de
funcionar
por
varios
días.
Algunas
áreas
se
quedaron
sin
comunicaciones
por
meses.
El
Departamento
de
la
Familia
no
había
hecho
planes
para
enfrentar
un
caso
como
ese.
Hay
más
de
650
casas
de
cuido
prolongado
en
toda
la
isla.
Unos
3.600
adultos
mayores
viven
en
estos
hogares.
Mientras
la
secretaria
del
Departamento
de
la
Familia
luchaba
para
comunicarse
con
sus
propios
empleados,
la
situación
de
muchas
personas
mayores
empeoraba.
Era
una
parte
de
la
población
que
necesitaba
ayuda
inmediata
para
enfrentar
situaciones
de
vida
o
muerte.
Pero
en
los
días
después
del
huracán,
cuando
había
que
correr
contra
el
reloj
para
ayudar
a
instituciones
como
el
hogar
Tu
Familia,
surgió
otro
problema
que
nadie
en
el
gobierno
había
previsto.
La
secretaria
Andújar
Matos
me
dijo…
Que
ni
tan
siquiera
el
departamento
contaba
con…
con
una
lista
confiable
de
la
información
de
nuestros
hogares,
para
saber
dónde
estaban
exactamente.
O
sea,
tengo
que
repetir
esto,
porque
me
parece
increíble.
La
oficina
central
del
Departamento
de
la
Familia
no
tenía
una
lista
—una
copia
física,
en
papel—
con
las
direcciones
y
contactos
de
las
650
casas
de
cuido
que
supervisan.
Las
listas
oficiales
estaban
en
computadoras
que
se
habían
dañado
por
el
huracán
o
que
no
se
podían
prender
por
el
apagón
que
vino
después.
Y
parece
que
a
nadie
se
le
ocurrió
como
medida
básica
de
prevención
recopilar
esa
información
antes
del
huracán.
Entonces,
claro,
eso
atrasó
el
esfuerzo
de
rescate
por
más
de
tres
días.
Miosotis
me
contó
que
se
tardaron
unas
dos
semanas
en
llegar
a
su
institución.
Mis
necesidades
siempre
fue
la
misma:
diesel.
Un
turno
preferente
nada
más.
Que
nosotros
pudiéramos
ir
a
cualquier
sitio
y
que
nos
lo
dieran,
que
no
tuviéramos
que
hacer
esa
larga
fila
y
que
los
viejos
no
carecieran.
Nada
más.
Miosotis
nunca
recibió
el
permiso
especial
que
buscaba.
Sin
luz,
sin
una
manera
segura
de
conseguir
diesel
y
con
el
Departamento
de
la
Familia
incapacitado,
fue
en
medio
de
esa
incertidumbre
que
la
abuela
de
Francheska
regresó
al
hogar
Tu
Familia.
Para
empeorar
las
cosas,
Francheska
descubrió
que
su
abuela
tenía
una
condición
de
la
piel
extremadamente
contagiosa.
Entonces
te
empieza
como
un
rash
y
un
picazón,
y
un
rash
y
un
picazón,
y
salpullido.
Y
de
momento
dices:
“Ay,
tengo
un
rash”.
Sí,
ajá,
un
rash.
Un
rash
que
cuando
tu
vienes
a
ver,
te
quieres
quitar
la
piel
de
lo
mucho
que
te
pica.
Francheska
estaba
pasando
mucho
tiempo
con
su
abuela.
Y
esa
sarna
humana
se
nos
pegó
a
todos
en
mi
familia.
Luego
de
hablar
con
Francheska,
llamé
a
Miosotis
para
preguntarle
si
en
su
institución
hubo
casos
de
sarna
después
del
huracán.
Y
ella
me
dijo…
Carmen
no
tenía
eso
cuando
estaba
en
el
hogar,
ni
cuando
llegó
del
hospital
tampoco.
Que
no,
que
Carmen
González
no
había
tenido
una
infección
de
la
piel
ni
antes
ni
después
de
ir
al
hospital.
Y
entonces
insistí
y
le
pregunté
si
había
tenido
algún
caso
de
este
tipo
en
los
meses
después
del
huracán.
Pero
me
dices
que
no,
que
en
tu
hogar
no
había
ningún
caso
de
infección
de
la
piel
en
esos
meses
después
del
huracán.
Es
que
depende,
acuérdate
de
la
época
también,
de
cuando
pasó
eso.
Porque
en
todos
los
hogares
eso
pasa,
en
los
hospitales
pasa,
ya
te
lo
dije,
en
todas
partes
pasa
eso.
Ya,
pero
entonces
puede
que
hayas
tenido
casos
después
del
huracán.
Bueno,
como
en
todos
los
hogares.
Ya,
ya.
Miosotis
me
dijo
que
los
brotes
en
condiciones
de
la
piel
surgen
cuando
hace
mucho
calor,
sobre
todo
en
verano.
Y
que
sí,
es
posible
que
haya
tenido
algún
caso
en
su
hogar,
como
en
todas
las
instituciones
para
personas
mayores
en
Puerto
Rico.
Francheska
me
dijo
que
su
abuela
pasó
alrededor
de
una
semana
y
media
en
la
casa
de
cuido
cuando
salió
del
hospital.
En
ese
tiempo
la
gangrena
en
su
pierna
empeoró.
Horrible,
me
cogió
hasta
gusanos.
Hasta
gusanos.
O
sea,
porque
hay
que
llegar
a
eso.
O
sea,
qué
terrible.
Su
abuela
estaba
en
coma
y
estaba
recibiendo
servicios
de
hospicio
para
aliviar
cualquier
padecimiento
en
sus
últimos
días.
Pero
Francheska
me
dijo
que
a
pesar
de
esto,
su
abuela
sentía
dolor.
Me
habló
de
un
video
que
grabó
con
su
celular,
donde
ella
aparece
moviéndole
la
pierna
a
la
abuela
para
limpiársela.
Y
sus
gestos
faciales
son:
“Ay,
Ay,
sabes,
espérate.
No
me
toques
esto
me
duele”.
O
sea…
Unos
días
después,
el
staff
del
hogar
Tu
Familia
la
cambió
de
cuarto.
Francheska
me
explicó
que
ya
se
sabía
que
su
abuela
podía
morir
en
cualquier
momento.
Y
esto
fue
lo
que
más
le
molestó.
sabes
que
está
en
su
lecho
de
muerte
porque
lo
has
visto
mil
veces,
porque
tienes
un
centro
de
envejecientes.
Entonces,
¿no
puedes
permitirle
que
ella
pueda
morir
ahí?
¿Que
no
le
muevas
su
cuerpo?
Que
le
debe
doler…
hasta
el
alma
le
debe
doler
en
ese
momento.
¿Pues
no
la
movieron?
Su
abuela
murió
esa
misma
madrugada.
El
certificado
de
defunción
de
Carmen
González
Morales
indica
que
murió
el
26
de
octubre
de
2017.
Tenía
90
años.
Según
el
certificado,
la
causa
directa
de
su
muerte
fue
un
ataque
al
corazón.
En
segundo
lugar,
sale
que
tuvo
un
“accidente”
cerebrovascular,
un
derrame.
Y
por
último,
el
médico
que
certificó
su
muerte
anotó
que
la
paciente
tenía
gangrena.
¿Quién
decide
cuáles
muertes
realmente
son
causadas
por
un
desastre
natural?
¿O
por
la
crisis
que
vino
después?
¿Cuáles
son
los
criterios?
Cuando
le
pregunté
a
Miosotis
si
ella
pensaba
que
las
muertes
que
hubo
en
su
hogar
—incluyendo
a
la
abuela
de
Francheska—,
si
esas
muertes
estaban
ligadas
de
alguna
manera
a
las
condiciones
en
su
hogar
y
la
crisis
que
vino
después
del
huracán,
ella
me
dijo
no,
que
para
nada.
No,
no,
no.
No,
puedo
decirte
que
no,
que
las
mías
fueron
por
eso.
Yo
entiendo
que
ya
estaban
enfermos
mis
viejitos
y
le
llegó
su
momento.
No
te
puedo
decir
que
haya
sido
a
raíz
del
huracán.
Esta
frase—le
llegó
su
momento—
se
escucha
en
todas
partes.
De
muchos
sectores.
De
burócratas,
de
médicos,
de
hijos
e
hijas
que
vieron
a
sus
padres
morir
después
del
huracán.
Es
de
alguna
manera
el
mismo
argumento
que
hizo
el
presidente
Trump
cuando
descartó
las
conclusiones
del
estudio
del
gobierno
en
un
tuit.
Es
reconfortante.
O
quizás
la
palabra
sea
conveniente.
Es
una
frase
que
nos
ahorra
a
todos
los
puertorriqueños
—sobre
todo
a
los
líderes
políticos
de
la
isla—
la
responsabilidad
sobre
lo
que
pasó.
No
fuimos
negligentes.
Les
llegó
su
momento.
Y
entonces,
una
muerte
como
la
de
Carmen,
Luis,
¿se
le
puede
atribuir
al
huracán?
Hmm,
el
huracán
no
le
provocó
el
derrame
que
la
llevó
a
un
estado
crítico,
porque
ese
derrame
le
dio
el
mismo
día
que
pasó
el
huracán.
Pero
lo
que
pasó
después
—o
sea,
ese
caos
que
estábamos
viviendo
todos
en
la
isla—
y,
claro,
la
falta
de
preparación
para
manejar
ese
caos
—o
sea,
la
falta
de
un
manejo
eficiente
del
desastre—
todo
eso
se
juntó
para
causarle
una
agonía
terrible,
como
una
especie
de
muerte
en
cámara
lenta.
¿Pero
qué
otra
cosa
pudo
haber
hecho
el
gobierno?
Para
ese
es
el
problema.
Porque
hay
mucha
gente
en
el
gobierno
de
Puerto
Rico,
y
en
el
gobierno
federal,
que
piensa
que
hicieron
un
gran
trabajo.
Y
que,
bueno,
que
fue
un
huracán
sin
precedentes,
que
dejó
una
devastación
histórica
en
la
isla
y
que,
dentro
de
esas
circunstancias,
los
funcionarios
del
gobierno
hicieron
lo
mejor
que
pudieron.
Y
francamente
ese
es
el
argumento
que
también
estaba
haciendo
el
presidente
Trump.
Pero,
déjame
darte
otro
ejemplo,
Daniel.
Cuando
hablé
con
el
coordinador
de
la
respuesta
a
la
emergencia,
el
secretario
de
Seguridad
Pública
de
Puerto
Rico,
le
pregunté
qué
hubiera
podido
hacer
si
se
hubiera
dado
cuenta
a
tiempo
de
que
había
personas
como
Carmen
González
que
estaban
muriendo.
Y
él
me
contestó
que….
Yo
no
tengo…
yo
no
soy
adivino,
no
tengo
forma
de
decirlo.
Ese
es
Héctor
Pesquera
—quizá
te
recuerdes
de
él
porque
hablamos
de
él
al
comienzo
de
la
historia—
y
en
esa
conversación
que
tuve
con
él,
lo
que
me
dijo
es
que
no
había
nada
que
hubiera
podido
hacer
porque
nadie
sabía
que
había
tantos
muertos.
Esa
visibilidad
no
la
teníamos.
Nosotros
no
teníamos
un
patrón
establecido,
que
nadie
nos
dijera
a
nosotros:
“Las
personas
que
están
muriendo
están
viniendo
de
este
sector,
de
esta
área”
O
sea,
lo
que
está
diciendo
es
que
no
tenían
los
datos
para
saber
quién
estaba
muriendo
y
en
dónde
y
por
qué.
Y
por
eso
no
tenían
esa
visibilidad.
Pero
la
verdad
es
que
había
visibilidad:
lo
escuchamos
al
principio
de
la
historia.
Varios
medios
de
Puerto
Rico
y
Estados
Unidos
estaban
reportando
que
las
muertes
estaban
muy
por
encima
de
lo
normal.
Y
lo
estaban
haciendo
casi
desde
el
principio
de
la
crisis,
Daniel.
Todos
los
medios
que
investigaron
estas
muertes
trataron
de
hablar
directamente
con
Pesquera.
Pero
cuando
le
recordé
de
esa
cobertura
periodística,
Pesquera
me
dijo
que…
Los
medios
también
estaban
diciendo
que
había
cantidades
de
personas
que
estaban
en…
que
estaban
en
fosas
comunes.
Y
eso
era,
bueno,
el
término
que
usan
allá
en
Estados
Unidos,
cómo
es,
este…
fake
news.
Luis,
como
puertorriqueño,
al
escuchar
a
un
funcionario
público
defenderse
con
el
lema
“fake
news”
en
vez
de
asumir
responsabilidad
por…
por…
por
no
haber
hecho
un
buen
conteo
de
lo
que
estaba
sucediendo,
al
escuchar
eso,
¿cómo
te
sientes?
Pues,
creo
que
es
bien
problemático.
Porque
no
hay
como
un
deseo
sincero
de
reflexionar
y
hacer
un
análisis
y
darse
cuenta
de
los
errores
humanos
que
se
cometieron.
Sí,
o
sea,
es
innegable
que
fue
una
tormenta
histórica
y
que
fue
un
desastre
sin
precedentes.
Y
que
por
eso
mismo
hacía
falta
una
respuesta
estuviera
a
la
altura
del
momento.
Y
la
verdad
es
que
no
la
estuvo.
En
agosto
del
2018
el
gobernador
de
Puerto
Rico,
Ricardo
Rosselló,
aceptó
la
cifra
de
2.975
muertes
en
exceso
que
fueron
causadas
por
el
Huracán
María.
Rosselló
también
admitió
que
cometió
errores
en
el
manejo
de
la
emergencia,
aunque
no
tomó
responsabilidad
por
las
muertes.
El
presidente
Trump
aún
insiste
en
negar
el
número
de
muertos
en
la
isla.
Luis
Trelles
es
productor
de
Radio
Ambulante.
Vive
en
San
Juan,
Puerto
Rico.
Este
reportaje
se
hizo
a
través
del
Diversity
Fellowship,
una
subvención
del
Fund
for
Investigative
Journalism
y
el
Schuster
Institute
for
Investigative
Reporting
de
Brandeis
University.
Agradecemos
el
apoyo
de
Sandy
Bergo
del
FIJ,
y
Florence
Graves
y
Lisa
Button
del
Schuster
Institute.
Hassel
Fallas
hizo
el
análisis
de
datos.
Nathan
Gress
fue
el
asistente
de
datos
del
Schuster
Institute.
Lisbeth
Bueno,
Jennifer
Almodóvar
Jiménez
y
Santiago
Montoya
Palacios
también
colaboraron
en
esta
historia.
También
queremos
agradecer
de
manera
muy
especial
a
Carla
Minet
y
Laura
Moscoso
del
Centro
de
Periodismo
Investigativo
de
Puerto
Rico.
Este
episodio
fue
editado
por
Camila
Segura
y
por
mí,
con
apoyo
de
Luis
Fernando
Vargas
y
Victoria
Estrada.
La
música,
el
diseño
de
sonido
y
la
sonificación
de
datos
son
de
Andrés
Azpiri
y
Rémy
Lozano.
Andrea
López
Cruzado
hizo
el
fact-checking.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Lisette
Arévalo,
Gabriela
Brenes,
Jorge
Caraballo,
Miranda
Mazariegos,
Patrick
Moseley,
Ana
Prieto,
Laura
Rojas
Aponte,
Barbara
Sawhill,
David
Trujillo,
Elsa
Liliana
Ulloa,
Silvia
Viñas
y
Joseph
Zárate.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
Hindenburg
PRO.
Conoce
más
sobre
Radio
Ambulante
y
sobre
esta
historia
en
nuestra
página
web:
radioambulante.org.
Radio
Ambulante
cuenta
las
historias
de
América
Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
Check out more Radio Ambulante

See below for the full transcript

Hola, ambulantes, una cosita antes de empezar. Muchos de ustedes nos han dicho que llegó el momento de producir más podcasts en español, y creemos que tienen razón. Pero para lograrlo necesitamos su ayuda. Entonces, por favor, vayan a nuestra página web radioambulante.org/encuesta y respondan unas preguntas. Dígannos, por ejemplo, qué tipo de programas les gustaría que produjeramos, además de Radio Ambulante, obvio: podcasts de ficción, podcasts para niños, podcasts sobre comida o fútbol. Sus respuestas nos van a servir mucho. Ingresen a radioambulante.org/encuesta. Solo les tomará cinco minutos y es una gran ayuda. Desde ya, ¡gracias! Bienvenidos a Radio Ambulante desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Y estoy aquí con Luis Trelles. Hola, Luis. Hola, hola, Daniel. Luis es nuestro productor que vive en San Juan, Puerto Rico. Y Luis, te tengo una pregunta que debería ser simple: ¿cuántas personas murieron en Puerto Rico luego del huracán María? Pues, el huracán pasó por Puerto Rico el 20 de septiembre de 2017. Y una semana después el gobierno estaba diciendo que murieron entre 13 a 14 personas. Cuando el Presidente Trump visitó la isla a comienzos de octubre… What is your… what is your death count as of this moment? Seventeen? Sixteen, certified. Sixteen people, certified. Y ese es el presidente hablando con el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, durante esa visita . Ya, listo. Dieciséis muertos es lo que le dijo Roselló al presidente y añadió una palabra que me parece interesante: certificado. ¿Certificado por quién? Pues, certificado por el secretario de Seguridad Pública de Puerto Rico, un funcionario que se llama Héctor Pesquera, y era él quien llevaba la lista oficial del gobierno. Y ese mismo día, cuando el presidente se fue de la isla, el gobierno puertorriqueño subió el conteo de muertes a 34. Y dos meses después la lista volvió a subir, esta vez a 64. Así que tenemos 14 , 34, 64. Es como una lista que va creciendo poco a poco. Pero la verdad es que en las semanas y meses después de la tormenta, había varios medios locales, medios como el Centro de Periodismo Investigativo de Puerto Rico, que empezaron a reportar un número mucho más alto. Don Teodoro falleció el mismo día en que el huracán María azotaba con fuerza a Puerto Rico. El caso es uno de los 47 que identificó el Centro de Periodismo investigativo en su más reciente informe periodístico. Y ahí comenzó una discrepancia que se fue haciendo cada vez más grande, porque los números oficiales y los que se estaban reportando en los medios, esos números nunca coincidían, Daniel. Las funerarias que consultamos mencionaron haber visto 499 muertes, probablemente asociadas con el huracán. El huracán María que azotó en septiembre a Puerto Rico podría haber causado 1.052 muertos y no 62, como dicen las cifras oficiales. ¿Y qué hizo el gobierno? ¿Seguían diciendo que… que sólo había 64 muertos? Pues, sí. El gobierno estuvo aferrado a ese número de 64 por casi un año. Eventualmente, el gobierno de Puerto Rico sí comisionó su propio estudio para averiguar cuánta gente había muerto y ese estudio estuvo cargo de unos investigadores de la Universidad de George Washington. Cuando finalmente salieron los resultados de ese estudio —en agosto de 2018—, eso fue devastador en Puerto Rico, porque lo que el estudio señalaba es que hubo 2.975 personas que habían muerto en exceso. OK, aquí tengo dos preguntas. Primero, tres mil muertes en exceso, ya, entonces: ¿cómo llegan a ese número? Esa es mi primera pregunta. Y la segunda: creo que tienes que explicar exactamente lo que significa una muerte en exceso. OK, pues… eh, los investigadores de la Universidad de George Washington básicamente hicieron un promedio de todas las muertes que hubo en Puerto Rico en los últimos siete años y agarraron ese promedio y lo compararon con el número de muertes que hubo en los cinco meses después del huracán. Y así fue cómo se dieron cuenta que casi tres mil personas murieron por encima de lo normal. Y, bueno, Daniel, yo he estado hablando con epidemiólogos, demógrafos, con expertos en este tipo de cosas, y todos me dicen lo mismo: una diferencia de tres mil muertes en un lugar como Puerto Rico, eso no es normal. O sea, es algo que… que sucede en un lugar donde hay una guerra, por ejemplo. O sea, en términos demográficos el huracán María es comparable con un conflicto armado. ¡Exacto! Pero el problema es que había muchas personas en Puerto Rico y también en Estados Unidos que se estaban negando a aceptar ese nuevo número de muertes. Y uno de los primeros en rechazar ese conteo fue el Presidente Trump. Un tuit que dejó boquiabiertos a muchos. There is a new tweet from President Trump and it’s very relevant to today. He says: “Three thousand people did not die in the two hurricanes that hit Puerto Rico”. En un mensaje de Twitter, el presidente negó que hubo tres mil personas que murieron. Así que la polémica de las muertes continúa. Y añadió en otro tuit. “If a person died for any reason, like old age, just add them on to the list. Bad politics. I love Puerto Rico”. Y bueno, el presidente básicamente estaba negando las conclusiones del estudio y estaba alegando que las cifras estaban manipuladas para hacerlo quedar mal a él, personalmente. Y bueno, la verdad es que es difícil saber qué muertes pueden estar relacionadas con el huracán y cuáles no. Te voy a dar un ejemplo, Daniel. Yo recuerdo que unos días después de la tormenta escuché de alguien que estaba buscando señal de celular en un vecindario que no conocía. Y hay que recordar que en esos días era muy difícil conseguir una señal de celular, porque estaba todo devastado. Era de noche, y este es otro factor importante, porque el sistema eléctrico estaba totalmente destruido y había quedado todo a oscuras. Él estaba en un puente, no se dio cuenta que el puente había colapsado, porque estaba todo tan oscuro, y se cayó. Y murió. Y yo estoy seguro que un caso como ese nunca llegó a la lista oficial que tenía el gobierno. Pero yo sí me pregunto: si los vientos no hubieran destruido el sistema eléctrico, si las inundaciones no hubieran destruido ese puente, ese señor todavía estaría vivo, ¿no? Justamente esa es la pregunta: ¿qué se define como una muerte causada por un desastre natural? Y quizá más importante: ¿para qué sirve saber qué tan letal fue María? Para responder estas preguntas, vamos a examinar el caso de una familia. Desde Puerto Rico, Luis Trelles nos cuenta. Gladys Francheska Irizarry solo tenía una cosa en mente el día antes de que llegara el Huracán María: su abuela Carmen González. Pues mi abuela era un ser bien especial. Mi abuela vivía en Nueva York. Y… ella cuando se enteró que yo nací pues arrancó para acá. Y desde entonces, pues, te tengo que decir que éramos inseparables. Era como tener una segunda madre. Ya de adulta, luego de que Francheska se casara y tuviera hijos, Carmen González siguió viviendo con su nieta. A Francheska le gustaba tenerla cerca. Mi abuela, es como decimos acá, éramos uña y mugre. Pa’ donde yo cogía, ella cogía (risa). Y esa relación se hizo más cercana todavía cuando su abuela empezó a mostrar síntomas de demencia senil. Los doctores le dijeron a Francheska que podría tratarse de Alzheimer. Pero como yo siempre, pues, me mantenía con ella tratando de que jugar brisca o un dominó o “cuéntame tu historia”. Como que esa mente se… luchaba ahí en contra de lo que es el… la condición. Todo cambió hace dos años, cuando Francheska metió a su abuela a una institución. Lamentablemente, pues me veo en la necesidad —no queriendo— pero en la necesidad de… de buscar un… un sitio donde poderla tener, en un sitio donde le iban a proteger, donde la iban a cuidar y cositas así. Y aquí hay que explicar una cosa muy importante en esta historia. El sistema de cuidado de personas mayores en Puerto Rico es fragmentado y difícil de navegar. Los adultos mayores y seniles —los que ya no pueden vivir solos, como la abuela de Francheska— muchos terminan en lo que se conoce como “hogares de cuido prolongado”. Estas son casas privadas que admiten a residentes con condiciones crónicas. Y esta es una industria muy regulada por el gobierno. Cada casa de cuido debe contar con más de 20 permisos y requisitos, de los bomberos, del Departamento de Salud, de la Agencia de Manejo de Emergencias, hasta de la policía, y es el Departamento de la Familia quien las supervisa. Y, claro, el nivel de calidad en estos lugares depende del precio. En Puerto Rico, los hogares de cuido prolongado que ofrecen servicios más personalizados —con más atención individualizada para cada residente— pueden costar entre tres mil a cuatro mil dólares mensuales, o más. Mientras más caro, pues, más cuidados, o con más personal para… para tratarlos como… como reinas y reyes, ¿verdad? Pero Francheska no podía pagar tanto. La mayoría de las personas en Puerto Rico tampoco. Yo cuando me puse a buscar, todos eran 2.500, 3.000 dólares y yo digo: “Oh, my goodness. (risa) ¡Qué es esto!”. Aunque no quiso entrar en detalles, Francheska me contó que estaba pasando por un momento muy difícil cuando ingresó a su abuela en el hogar. Luego de pasar varios años en una relación tóxica, finalmente había logrado divorciarse. Fue justo en esa época que pasó unos meses en un albergue para personas maltratadas. Y aunque el albergue le permitió pasar un tiempo allí con sus dos hijos, no le permitían traer a su abuela. Por eso se acogió a un programa de gobierno: un subsidio para adultos mayores que no pueden pagar el costo completo de una casa de cuido. Tuve la oportunidad de coger un beneficio con el Departamento de la Familia, donde ellos aportaban la otra parte que el Seguro Social no aportaba. O sea, era parte del Seguro Social y parte del Departamento de la Familia. Enfrentarse a esa decisión —qué hacer con su abuela— es cada vez más común en Puerto Rico. La población de la isla está cada vez más vieja. Hoy en día, Puerto Rico es una de las jurisdicciones con mayor cantidad de personas de edad avanzada en todo Estados Unidos. En parte, porque los jóvenes se van. Es una migración masiva la que se ha vivido en los últimos diez años, en una década de depresión económica. Y el resultado es que uno de cada cuatro puertorriqueños tiene 65 años o más, y hay una necesidad muy grande de ver qué tipo de cuido se les puede dar durante esa etapa de sus vidas. El hogar donde Francheska puso a su abuela se llama “Tu Familia” y es bastante representativo de la industria. Ocho años tiene aquí. ¡Ocho años, wow! En el verano de 2018 fui a visitarlo, para ver las condiciones en las que estaban los residentes. Tu Familia es una de varias casas de cuido prolongado que visité para esta historia. Es una alternativa de bajo costo, con un staff pequeño que se encarga de que los residentes tomen sus medicinas y coman tres veces al día. Se nota que el hogar cobra poco y que los que trabajan allí no ganan mucho. Los del segundo piso son nueve. ¡Catalino!, ¿cómo usted está? ¿Estás bien? La institución está en una casona de tres pisos, en un barrio de clase trabajadora muy tradicional de San Juan: con casas de cemento, algunas con manchas negras de humedad en las paredes y todas tienen rejas en las ventanas; son necesarias para evitar robos en una ciudad muy violenta. Si no llega a ser por el letrero gigante que dice “Tu Familia” en el portón de entrada, no hubiera sabido que ese era un hogar de cuido prolongado. Ahora mismo lo están levantando, que ya durmieron siesta. Y lo van a comenzar a sacar, lo vas a ver. Cuando lo visité, había 30 residentes: personas envejecidas, ancianos, casi todos con condiciones crónicas de salud. Algunos estaban incapacitados y estaban amarrados a sus sillas de ruedas, por su propia seguridad, para evitar que se caigan al piso o que se lesionen. Miosotis Francisco es la administradora del hogar y también es la expresidenta de la Federación de Instituciones de Cuido de Puerto Rico. Cuando la entrevisté, Miosotis resumió el servicio que recibe cada residente de su institución de esta manera: Es como si estuviera en tu casa pero con un cuido más profesional. Entonces, a ver, nosotros vamos a estar pendiente de sus medicamentos, a lo que ellos necesiten, las necesidades básicas de ellos. Lo básico. Pero no mucho más. Francheska me contó que desde que dejó a su abuela en el hogar Tu Familia, le chocó la manera en que limitaban las visitas. Sobre todo al principio, cuando le pidieron que pasara dos semanas sin ver a su abuela. Para que hagan ese desapego, verdad. Es una medida muy común en las casas de cuido prolongado, para que la transición a su nuevo hogar sea, en teoría, más fácil. Ay, lo que es para mí… pues, hoy día yo me pongo a pensar en eso y digo: “Wow. Qué horror”. No error, qué horror. Pero, al menos su abuela parecía estar en buen estado. Entró caminando, entró independiente. Pero rápidamente Francheska vio cómo decaía. Y lamentablemente, pues ya al año y medio, pues no era lo mismo. Casi no me conocía. Estaba postrada en silla de ruedas. No comía sola. La tenían que bañar. Ya no la paraban. Cuando hablé con Miosotis, ella me explicó que le dan el mejor cuidado que pueden a los residentes del hogar, pero hay que recordar que la mayoría de los residentes llegan con condiciones crónicas y su salud empeora con el tiempo. También me habló de que hay muchos familiares que dejan a los ancianos en su casa y luego no los van a visitar. Y cuando finalmente vienen a verlos, a veces un año después de la última visita, se molestan porque los encuentran más flacos, más débiles, incluso incapacitados. Por eso Miosotis tiene una política de decirle a los familiares… Nosotras cuidamos, pero tú eres su familia. Tú tienes que venir a visitarlo. Tú tienes una responsabilidad como hijo, con tu familiar, y tienes que asumirla. Pero Francheska me aseguró que ella no era de las que pasaba meses sin ver a su abuela. Sí, sí, sí, sí. Cada vez que podía, yo iba y la visitaba. Aunque también sabía que no había sustituto para el cuidado que ella le daba cuando su abuela todavía podía vivir en su casa. Cuando llegó el anuncio de que el huracán María iba a pegarle duro a Puerto Rico, la abuela de Francheska ya estaba incapacitada. Y Francheska estaba preocupada, ya se sabía que sería la tormenta más potente en la historia moderna de la isla. Por eso pasó por el hogar de cuido el día antes y habló con las administradoras y les preguntó… “¿Todo bien? O sea, ¿necesitan algo? No nada más para mi abuela, sino para cualquier otro”. Porque, pues, uno no sabe, ¿verdad?, si habían personas que… que familiares no visitaban o cositas así. Y yo, pues, eso me conmovió. Y yo dije: “¿Algo le falta a alguien?”. “No, estamos set”. Miosotis me contó que el gobierno le exige a todos los hogares de cuido prolongado un Plan Operacional de Emergencias, o POE. ¿Qué yo voy a hacer si pasa un huracán? ¿Qué yo voy a hacer si pasó un incendio? ¿Qué yo voy a hacer si pasa una inundación? Ese es el POE. El gobierno certifica ese plan cada año. Y el Departamento de la Familia hace inspecciones para corroborar que cada hogar cumpla con los requisitos, requisitos como una planta eléctrica de emergencia, con combustible para diez días, lo mismo para las reservas de agua potable y comida. Todo, todo eso, eso es el POE. Que todo lo tenemos. Pero esa noche, cuando llegaron los vientos más violentos y se filtraba cada vez más agua en el hogar Tu Familia, Miosotis comenzó a sentir miedo por la seguridad de sus residentes. A mí se me llenó de agua… Esto fue una cosa fuerte lo que nos pasó. Y si yo que estaba tan bien preparada y mi estructura es tan fuerte, imagínate los que no estaban. Esa madrugada, sintió que quizá ya había llegado la hora de hacer una evacuación de emergencia. Y aunque tú estés preparada —yo me sentí preparada—, y hubo un momento de la madrugada que yo decía: “Yo quiero sacar a mis viejos”. Y sé que no puedo, ¿entiendes? Resistieron. La casa aguantó. Y aunque la luz se había ido, la planta eléctrica también estaba funcionando. Pero esa misma madrugada, cuando ya había pasado la lluvia y los vientos. Sí, una de mis viejitas le dio un derrame, ya al otro día del huracán. Era Carmen González, la abuela de Francheska. Su condición era crítica. El hogar Tu Familia queda muy cerca de Centro Médico, el hospital público más importante de Puerto Rico. Llegar de un lugar al otro usualmente toma unos diez minutos. Pero la mañana después de María, llegar a Centro Médico era casi imposible. Postes de electricidad partidos, árboles caídos, pedazos de techos, de letreros, hasta de rejas y paredes que habían volado con el huracán, todo eso se amontonaba en las calles. Casi no se podía pasar a pie, mucho menos había paso para una ambulancia. Los vecinos y mi hermana, pues, se metieron y me hicieron paso. Y yo pude conseguir una ambulancia y llevármela al hospital. Eso fue a las diez de la mañana. La mañana después del huracán, Francheska se levantó con una misión: ir a ver a su abuela para asegurarse de que todo estuviera bien. Cuando ya nos permitieron salir de las casas, yo paso rapidito por ahí a ver cómo estaba mi abuela. Había intentado llamar, pero no logró conectar con nadie. Las torres de teléfonos celulares, el internet, casi toda la infraestructura de comunicaciones estaba fallando. Francheska salió en su carro por las calles inundadas. Le tomó varias horas, y cuando llegó… Entonces me dicen: “¿No te llamaron?”. Y yo: “Eh, no”. Francheska no tenía idea de lo que le había pasado a su abuela. Yo llegué al hogar a enterarme que mi abuela estaba en el hospital. Que se le acababan de llevar. ¡Ah! Yo me puse histérica. Francheska llegó tan pronto pudo a Centro Médico y esto fue lo que encontró. Los pacientes los tenían prácticamente desnudos, tapándole más que sus partes íntimas. Dejó de funcionar los aires. Las plantas eléctricas dejaron de funcionar. Se cayeron. Un lugar tan importante como Centro Médico. No, no. Bien triste, bien triste. Centro Médico no era el único hospital que estaba colapsando, claro. Era una emergencia en toda la isla. Lo que le estaba pasando a la abuela de Francheska también le estaba sucediendo a cientos de personas. Y muchos no sobrevivieron. Luego de la pausa, trataremos de entender la magnitud de la crisis, en esa caótica semana y media inmediatamente después del paso de María. Ya volvemos. El siguiente mensaje viene de Squarespace, patrocinador de NPR. Squarespace le permite a pequeños negocios diseñar y crear sus propias páginas web usando layouts modificables, y otras funciones de e-commerce y edición móvil. Además, Squarespace te permite optimizar tu página para los motores de búsqueda. Ingresa a Squarespace.com/NPR para obtener una prueba gratuita, y cuando estés listo para lanzar página, usa el código NPR para ahorrarte 10% en la compra de tu primer sitio web o dominio. ¿Te gustan las trivias, las adivinanzas, los juegos un poco nerds y el humor? ¿Qué tal las entrevistas con actores, músicos y todo tipo de personas? Si suena como algo para ti, escucha Ask Me Another todos los viernes. Todas las semanas en It’s Been a Minute, Sam Sanders y dos periodistas reflexionan acerca de las noticias y los eventos culturales de los últimos días. Porque cuando las noticias son complicadas, ayuda muchísimo hablar sobre ellas. Ponte al día todos los fines de semana en It’s Been a Minute, de NPR. Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Y estoy con nuestro productor, Luis Trelles. Al principio de esta historia, Luis nos mencionó que un estudio de la Universidad de George Washington encontró que hubo casi tres mil muertes en exceso luego del huracán. Y la verdad es que el asunto de las muertes en exceso es algo difícil de entender hasta para mí, que lo viví junto a mi familia y a toda la gente que quiero. O sea entiendo el detalle, de cómo se sintió pasar por eso, pero la escala del desastre, de cómo afectó a la isla, eso se pierde. Entonces, nos pusimos a pensar aquí en Radio Ambulante, cómo podíamos sonorizar estos números, para que esas cifras tan abstractas se puedan comprender: 14 muertes, 64, 3.000. ¿Qué significa realmente? Cada una de estas manecillas representa el lapso de una hora Y cada uno de estos bips. Representa una muerte. En un periodo normal de una semana y media en Puerto Rico, un promedio de unas 75 personas mueren al día. Algo así. Y el promedio de los 11 días críticos inmediatamente después del huracán indica que murieron 120 personas al día. Otra vez. Un periodo normal de once días. Y los once días después de María. Y, bueno, así sonaba el conteo oficial de muertos del gobierno de Puerto Rico justo después del huracán. Es que en ese mismo periodo, el conteo oficial de muertes por parte del gobierno era de 14, lo que vendría siendo una muerte por día. De esos 14, casi todos eran de personas que murieron durante el huracán: dos policías que se ahogaron cuando enfrentaron un golpe de agua, tres hermanas que murieron en un deslizamiento de tierra, casos así. Pero, las autoridades no estaban contando las personas que estaban muriendo en hospitales que estaban colapsando, hospitales como Centro Médico, donde estaba Carmen González. Luis Trelles nos sigue contando. Era el día después del huracán y Francheska Irizarry había llegado a Centro Médico para encontrarse con su abuela: había sufrido un derrame y los doctores de turno le dieron un pronóstico terrible. En sala de emergencias, pues, el doctor no le daba más de 36 horas. Parte del problema era el tipo de derrame que había sufrido. Y pues, lamentablemente, a ella le da… le dio una isquemia, o sea se le alojó un coágulo en el cerebrito cuando le dio el derrame. Como los generadores de Centro Médico estaban fallando, los doctores no podían usar las máquinas que necesitaban para hacer los estudios. Claro, no te lo dicen así. Tú te… Tú te enteras en los pasillos, ¿me entiendes? Todo te lo manipulan como que: “Bueno, mamá, o sea, no se puede hacer nada. Este… ella es mayor”. O sea, te lo… te lo manejan todo con la cuestión de la edad. Es decir, la gente mayor, —los ancianos— no eran prioridad. Era como si en medio de la emergencia, los médicos descartaban la posibilidad de que gente como la abuela de Francheska podía sobrevivir. Un análisis que hicimos aquí en Radio Ambulante de los datos del Registro Demográfico revela que 70 por ciento de los muertos eran mayores de 65 y que la mayoría murió de causas asociadas a condiciones crónicas de salud. Entre las primeras cinco causas de muerte estaban las enfermedades del sistema nervioso, incluyendo Alzheimer y demencia senil, como Carmen González. Aún más, el reporte que hizo la universidad de George Washington sobre las muertes indica que la mayoría de ellas ocurrieron en los municipios con las tasas más altas de pobreza en Puerto Rico. Cinco meses después del huracán, la gente seguía muriendo a un ritmo más alto de lo normal. Y las personas más propensas a morir tenían tres características que Carmen González también tenía: eran viejos, estaban enfermos, eran pobres. Luego del derrame, Carmen González había quedado en coma y Francheska pensaba que podría morirse en cualquier momento, que ya no volvería a despertar. Y por eso comenzó a despedirse. Y a decirle que nos diera el privilegio de abrir los ojos para que ella supiera que estábamos ahí con ella. Francheska quería que su abuela supiera una cosa. Yo lo que quería era estar segura de que: “Mira, ¿me viste? Aquí estoy. Vete tranquila, yo voy a estar bien”. Pero unos días después, la abuela de Francheska hizo algo que todos los doctores habían dicho que no pasaría. Te puedo decir que abrió los ojos. La que pen… la que en Centro Médico me dijeron que no iba a durar 36 horas y la dejaron así, de ladito y de codito. Y aunque volvió a perder la conciencia, siguió con vida, una semana más y después otra. Pero algo andaba mal: era su pierna izquierda. Que se empezó a poner morada, morada. Yo les decía: “Pero su pierna, su pierna”. Y como que… claro, ellos sabían, pero no me lo habían dicho. Su pierna tenía gangrena y se estaba poniendo peor. Cuando llegó a Centro Médico, la abuela de Franchesca tenía dos coágulos, no uno, como pensaron originalmente. Obviamente pues identificaron el de la cabeza pero el de la pierna no lo habían identificado porque no la habían metido en las máquinas. ¿Adivina por qué? Porque las plantas eléctricas dejaron de funcionar. Y, claro, de haber detectado el coágulo a tiempo, es muy probable que hubieran podido prevenir la gangrena o al menos resolver el problema antes de que fuera demasiado tarde. Es una tristeza porque quizás eso se pudo haber cogido cuando quizás el dedo estaba morado y amputar un dedo, pero que quede viva. A principios de octubre, los doctores le dijeron a Francheska que la gangrena había avanzado demasiado y preferían no operar. Su abuela estaba inconsciente, era demasiado mayor, estaba demasiado frágil. Francheska hubiera preferido que al menos intentaran salvarla Es una sala de emergencias… que ahí acudimos para de alguna manera prolongar nuestras vidas. Pues se supone que el trato sea equitativo, ¿verdad? Que… que todo el mundo sea por igual. Tanto el que acaba de nacer como el que tiene 100 años. En cambio, los doctores le dijeron que ya no había nada que pudieran hacer. Casi un mes después de entrar al hospital, los doctores dieron de alta a Carmen González, con gangrena avanzada en la pierna y el entendimiento de que solo había una cosa por hacer: aliviar el sufrimiento de la paciente en el poco tiempo que le quedaba. Pero en vez de aliviarse, la situación de Carmen González empeoró. Y es que no había alivio para gente como ella en Puerto Rico, al menos no en ese momento. Cuando dieron de alta a su abuela, la primera intención de Francheska fue llevársela a su casa. Yo lo que quería para ella era una muerte en paz, tranquila, rodeada de… de la gente que la ama. Pero no se me fue permitido. Su abuela estaba en muy mal estado. Francheska dudó y los doctores llamaron al hogar Tu Familia y en ese hogar le recordaron que su abuela aún tenía un contrato con la institución y que debía traerla de vuelta porque allí podrían cuidarla mejor. Y Francheska se dejó llevar por lo que le decían. La orientación que recibí de parte del hogar fue que yo tenía… que yo tenía que traerla allí. En el mes que Carmen González pasó en el hospital, la casa de cuido también había entrado en crisis, igual que casi todos las instituciones de este tipo en Puerto Rico. Los problemas comenzaron el mismo día en que Miosotis, la administradora de Tu Familia, llevó a la abuela de Francheska al hospital. El factor luz. El factor luz. El… El… ¿qué te digo? Ay bendito, porque es tan… es bien triste. Pasamos mucho. Tú no tienes idea. El sistema eléctrico de Puerto Rico estaba destrozado. Nadie sabía cuándo iba a regresar de nuevo la electricidad. Entonces, ¿qué pasa? Si tú estás cuidando esos viejitos y tú no consigues y no llega esa luz, comienzan… ahí vienen los problemas mayores. La institución de Miosotis puede acomodar a 30 ancianos y muchos tienen condiciones que requieren electricidad para su tratamiento. Pacientes que necesitan medicamentos refrigerados o terapias que se realizan con máquinas que ya no funcionaban. El Departamento de la Familia exige que haya generadores de emergencia en los hogares de cuido y Miosotis tenía su planta —su generador—, pero luego de mantenerlo encendido varios días seguidos, empezó a dar señales de que se podía dañar en cualquier momento. Y ni hablar del insoportable calor de la isla y cómo afectó a los residentes que no tenían refrigeración, ni agua fría para tomar, ni abanicos o aire acondicionado. La planta mía no se podía apagar. Tu ves que las plantas descansan. La mía no podía apagarse porque si se apagaba, se dañaba, no prendía más. Y para mantener su planta encendida, Miosotis necesitaba docenas de galones de diesel al día. Entonces una planta que esté 24/7 prendida… tú tienes que estar echándole diesel, echándole diesel, porque si se apaga ya no prende más. En el primer mes luego del huracán el gran problema fue el combustible. Ricardo Rosselló, el gobernador de Puerto Rico, impuso un toque de queda que limitaba el tiempo para buscar diesel, gas natural o gasolina. Encima de eso, hubo escasez y retrasos masivos en la distribución de diesel y gasolina en toda la isla . Desde el aire se ven las filas kilométricas para poner gasolina. Aquí hay personas ancianas, personas de la tercera edad. ¿Cuánto tiempo lleva usted aquí señora? Tres horas. Ya. Con 85 años. El toque de queda será uno ahora indefinido, hasta que la situación en Puerto Rico se normalice. Aquí lo que hay es poco diesel. ¿Y el diesel es lo más importante pa’ los hospitales, pa’ los municipios? Es lo que se le está dando prioridad. Miosotis pasó varias semanas al borde de quedarse sin diesel para su generador. Necesitaba ayuda, pero la agencia del gobierno que trabaja directamente con los Hogares de Cuido Prolongado estaba fuera de combate. ¿Qué nos pasó? Que al otro día estábamos sin electricidad, sin comunicación, sin nada. Esta es Glorimar Andújar Matos, la secretaria del Departamento de la Familia. Cuando hablé con ella en septiembre de 2018, me dijo que su agencia sí tenía un plan de emergencia. Ese plan contaba con que se pudiera organizar un equipo de la propia agencia para brindarle ayuda a ancianos incapacitados. O sea, a las personas más vulnerables. Y nuestro mecanismo era, de comunicarnos, iba a ser precisamente por una llamada telefónica como primera vía. Y eso nos vimos imposibilitados de hacer. Los celulares, el internet y las líneas regulares de teléfono dejaron de funcionar por varios días. Algunas áreas se quedaron sin comunicaciones por meses. El Departamento de la Familia no había hecho planes para enfrentar un caso como ese. Hay más de 650 casas de cuido prolongado en toda la isla. Unos 3.600 adultos mayores viven en estos hogares. Mientras la secretaria del Departamento de la Familia luchaba para comunicarse con sus propios empleados, la situación de muchas personas mayores empeoraba. Era una parte de la población que necesitaba ayuda inmediata para enfrentar situaciones de vida o muerte. Pero en los días después del huracán, cuando había que correr contra el reloj para ayudar a instituciones como el hogar Tu Familia, surgió otro problema que nadie en el gobierno había previsto. La secretaria Andújar Matos me dijo… Que ni tan siquiera el departamento contaba con… con una lista confiable de la información de nuestros hogares, para saber dónde estaban exactamente. O sea, tengo que repetir esto, porque me parece increíble. La oficina central del Departamento de la Familia no tenía una lista —una copia física, en papel— con las direcciones y contactos de las 650 casas de cuido que supervisan. Las listas oficiales estaban en computadoras que se habían dañado por el huracán o que no se podían prender por el apagón que vino después. Y parece que a nadie se le ocurrió como medida básica de prevención recopilar esa información antes del huracán. Entonces, claro, eso atrasó el esfuerzo de rescate por más de tres días. Miosotis me contó que se tardaron unas dos semanas en llegar a su institución. Mis necesidades siempre fue la misma: diesel. Un turno preferente nada más. Que nosotros pudiéramos ir a cualquier sitio y que nos lo dieran, que no tuviéramos que hacer esa larga fila y que los viejos no carecieran. Nada más. Miosotis nunca recibió el permiso especial que buscaba. Sin luz, sin una manera segura de conseguir diesel y con el Departamento de la Familia incapacitado, fue en medio de esa incertidumbre que la abuela de Francheska regresó al hogar Tu Familia. Para empeorar las cosas, Francheska descubrió que su abuela tenía una condición de la piel extremadamente contagiosa. Entonces te empieza como un rash y un picazón, y un rash y un picazón, y salpullido. Y de momento tú dices: “Ay, tengo un rash”. Sí, ajá, un rash. Un rash que cuando tu vienes a ver, te quieres quitar la piel de lo mucho que te pica. Francheska estaba pasando mucho tiempo con su abuela. Y esa sarna humana se nos pegó a todos en mi familia. Luego de hablar con Francheska, llamé a Miosotis para preguntarle si en su institución hubo casos de sarna después del huracán. Y ella me dijo… Carmen no tenía eso cuando estaba en el hogar, ni cuando llegó del hospital tampoco. Que no, que Carmen González no había tenido una infección de la piel ni antes ni después de ir al hospital. Y entonces insistí y le pregunté si había tenido algún caso de este tipo en los meses después del huracán. Pero tú me dices que no, que en tu hogar no había ningún caso de infección de la piel en esos meses después del huracán. Es que depende, acuérdate de la época también, de cuando pasó eso. Porque en todos los hogares eso pasa, en los hospitales pasa, ya te lo dije, en todas partes pasa eso. Ya, pero entonces sí puede que hayas tenido casos después del huracán. Bueno, como en todos los hogares. Ya, ya. Miosotis me dijo que los brotes en condiciones de la piel surgen cuando hace mucho calor, sobre todo en verano. Y que sí, es posible que haya tenido algún caso en su hogar, como en todas las instituciones para personas mayores en Puerto Rico. Francheska me dijo que su abuela pasó alrededor de una semana y media en la casa de cuido cuando salió del hospital. En ese tiempo la gangrena en su pierna empeoró. Horrible, me cogió hasta gusanos. Hasta gusanos. O sea, porque hay que llegar a eso. O sea, qué terrible. Su abuela estaba en coma y estaba recibiendo servicios de hospicio para aliviar cualquier padecimiento en sus últimos días. Pero Francheska me dijo que a pesar de esto, su abuela sí sentía dolor. Me habló de un video que grabó con su celular, donde ella aparece moviéndole la pierna a la abuela para limpiársela. Y sus gestos faciales son: “Ay, Ay, tú sabes, espérate. No me toques esto me duele”. O sea… Unos días después, el staff del hogar Tu Familia la cambió de cuarto. Francheska me explicó que ya se sabía que su abuela podía morir en cualquier momento. Y esto fue lo que más le molestó. Tú sabes que está en su lecho de muerte porque lo has visto mil veces, porque tienes un centro de envejecientes. Entonces, ¿no puedes permitirle que ella pueda morir ahí? ¿Que no le muevas su cuerpo? Que le debe doler… hasta el alma le debe doler en ese momento. ¿Pues no la movieron? Su abuela murió esa misma madrugada. El certificado de defunción de Carmen González Morales indica que murió el 26 de octubre de 2017. Tenía 90 años. Según el certificado, la causa directa de su muerte fue un ataque al corazón. En segundo lugar, sale que tuvo un “accidente” cerebrovascular, un derrame. Y por último, el médico que certificó su muerte anotó que la paciente tenía gangrena. ¿Quién decide cuáles muertes realmente son causadas por un desastre natural? ¿O por la crisis que vino después? ¿Cuáles son los criterios? Cuando le pregunté a Miosotis si ella pensaba que las muertes que hubo en su hogar —incluyendo a la abuela de Francheska—, si esas muertes estaban ligadas de alguna manera a las condiciones en su hogar y la crisis que vino después del huracán, ella me dijo no, que para nada. No, no, no. No, puedo decirte que no, que las mías fueron por eso. Yo entiendo que ya estaban enfermos mis viejitos y le llegó su momento. No te puedo decir que haya sido a raíz del huracán. Esta frase—le llegó su momento— se escucha en todas partes. De muchos sectores. De burócratas, de médicos, de hijos e hijas que vieron a sus padres morir después del huracán. Es de alguna manera el mismo argumento que hizo el presidente Trump cuando descartó las conclusiones del estudio del gobierno en un tuit. Es reconfortante. O quizás la palabra sea conveniente. Es una frase que nos ahorra a todos los puertorriqueños —sobre todo a los líderes políticos de la isla— la responsabilidad sobre lo que pasó. No fuimos negligentes. Les llegó su momento. Y entonces, una muerte como la de Carmen, Luis, ¿se le puede atribuir al huracán? Hmm, el huracán no le provocó el derrame que la llevó a un estado crítico, porque ese derrame le dio el mismo día que pasó el huracán. Pero lo que pasó después —o sea, ese caos que estábamos viviendo todos en la isla— y, claro, la falta de preparación para manejar ese caos —o sea, la falta de un manejo eficiente del desastre— todo eso se juntó para causarle una agonía terrible, como una especie de muerte en cámara lenta. ¿Pero qué otra cosa pudo haber hecho el gobierno? Para mí ese es el problema. Porque hay mucha gente en el gobierno de Puerto Rico, y en el gobierno federal, que piensa que hicieron un gran trabajo. Y que, bueno, que fue un huracán sin precedentes, que dejó una devastación histórica en la isla y que, dentro de esas circunstancias, los funcionarios del gobierno hicieron lo mejor que pudieron. Y francamente ese es el argumento que también estaba haciendo el presidente Trump. Pero, déjame darte otro ejemplo, Daniel. Cuando hablé con el coordinador de la respuesta a la emergencia, el secretario de Seguridad Pública de Puerto Rico, le pregunté qué hubiera podido hacer si se hubiera dado cuenta a tiempo de que había personas como Carmen González que estaban muriendo. Y él me contestó que…. Yo no tengo… yo no soy adivino, no tengo forma de decirlo. Ese es Héctor Pesquera —quizá te recuerdes de él porque hablamos de él al comienzo de la historia— y en esa conversación que tuve con él, lo que me dijo es que no había nada que hubiera podido hacer porque nadie sabía que había tantos muertos. Esa visibilidad no la teníamos. Nosotros no teníamos un patrón establecido, que nadie nos dijera a nosotros: “Las personas que están muriendo están viniendo de este sector, de esta área” O sea, lo que está diciendo es que no tenían los datos para saber quién estaba muriendo y en dónde y por qué. Y por eso no tenían esa visibilidad. Pero la verdad es que sí había visibilidad: lo escuchamos al principio de la historia. Varios medios de Puerto Rico y Estados Unidos estaban reportando que las muertes estaban muy por encima de lo normal. Y lo estaban haciendo casi desde el principio de la crisis, Daniel. Todos los medios que investigaron estas muertes trataron de hablar directamente con Pesquera. Pero cuando le recordé de esa cobertura periodística, Pesquera me dijo que… Los medios también estaban diciendo que había cantidades de personas que estaban en… que estaban en fosas comunes. Y eso era, bueno, el término que usan allá en Estados Unidos, cómo es, este… fake news. Luis, como puertorriqueño, al escuchar a un funcionario público defenderse con el lema “fake news” en vez de asumir responsabilidad por… por… por no haber hecho un buen conteo de lo que estaba sucediendo, al escuchar eso, ¿cómo te sientes? Pues, creo que es bien problemático. Porque no hay como un deseo sincero de reflexionar y hacer un análisis y darse cuenta de los errores humanos que se cometieron. Sí, o sea, es innegable que fue una tormenta histórica y que sí fue un desastre sin precedentes. Y que por eso mismo hacía falta una respuesta estuviera a la altura del momento. Y la verdad es que no la estuvo. En agosto del 2018 el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, aceptó la cifra de 2.975 muertes en exceso que fueron causadas por el Huracán María. Rosselló también admitió que cometió errores en el manejo de la emergencia, aunque no tomó responsabilidad por las muertes. El presidente Trump aún insiste en negar el número de muertos en la isla. Luis Trelles es productor de Radio Ambulante. Vive en San Juan, Puerto Rico. Este reportaje se hizo a través del Diversity Fellowship, una subvención del Fund for Investigative Journalism y el Schuster Institute for Investigative Reporting de Brandeis University. Agradecemos el apoyo de Sandy Bergo del FIJ, y Florence Graves y Lisa Button del Schuster Institute. Hassel Fallas hizo el análisis de datos. Nathan Gress fue el asistente de datos del Schuster Institute. Lisbeth Bueno, Jennifer Almodóvar Jiménez y Santiago Montoya Palacios también colaboraron en esta historia. También queremos agradecer de manera muy especial a Carla Minet y Laura Moscoso del Centro de Periodismo Investigativo de Puerto Rico. Este episodio fue editado por Camila Segura y por mí, con apoyo de Luis Fernando Vargas y Victoria Estrada. La música, el diseño de sonido y la sonificación de datos son de Andrés Azpiri y Rémy Lozano. Andrea López Cruzado hizo el fact-checking. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Lisette Arévalo, Gabriela Brenes, Jorge Caraballo, Miranda Mazariegos, Patrick Moseley, Ana Prieto, Laura Rojas Aponte, Barbara Sawhill, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, Silvia Viñas y Joseph Zárate. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

Translation Word Bank
AdBlock detected!

Your Add Blocker will interfere with the Google Translator. Please disable it for a better experience.

dismiss