logo
Listen Language Learn
thumb

Radio Ambulante - El extranjero

-
+
15
30

Coihueco, en el centro de Chile, es un pueblo aislado, campesino, y hasta hace pocos años, nunca pasaba nada fuera de lo normal. Se vivía de una forma tradicional, sin sobresaltos. Pero en el 2016, llegó Rodlin Etienne. Era el primer haitiano en Coihueco; el primero de muchos.

Bienvenidos
a
Radio
Ambulante
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.
En
todos
estos
años
que
llevamos
al
aire,
hemos
hecho
muchas
historias
sobre
migración.
Está
allí,
en
el
nombre
de
nuestro
programa:
el
Ambulante
se
refería
en
parte
a
eso,
al
movimiento
que
caracteriza
nuestra
región…
Muchos
de
los
que
trabajamos
aquí
somos
migrantes,
de
alguna
manera
u
otra.
Entonces
es
un
tema
que
nos
importa,
que
nos
toca.
Pero
la
mayoría
de
las
historias
que
hemos
hecho
han
sido
sobre
la
migración
más
obvia…
la
que
se
hace
sobre
todo
desde
diferentes
países
latinoamericanos
hacia
Estados
Unidos.
Y
desde
hace
rato
queríamos
ampliar
esa
visión…
Porque
la
migración
es
cada
vez
más
complicada,
más
diversa.
Hay
cubanos
en
Venezuela,
venezolanos
en
Perú,
peruanos
en
Argentina,
y
así…
De
eso
se
trata
la
historia
de
hoy,
de
una
ola
migratoria
que
muchos
no
se
imaginan.
Así
que
hoy
empezamos
en
Coihueco,
un
pueblo
en
la
precordillera
del
centro
de
Chile.
Unas
9.000
personas
viven
en
la
ciudad
de
Coihueco,
unos
30.000
en
la
comuna
que
lleva
el
mismo
nombre…
Queda
a
cinco
horas
al
sur
en
carro
de
la
capital,
Santiago.
Rosa
Muñoz,
una
mujer
de
unos
50
años,
es
una
de
esas
habitantes
y
en
el
2016
estaba
en
campaña
para
convertirse
en
concejala
de
Coihueco.
Pero
Rosa
no
pertenece
al
mundo
de
la
política.
Su
madre
era
artesana.
Su
padre
era
carpintero
que
hacía
muebles,
que
no
sabía
leer
ni
escribir.
Ellos
vivían
acá
en
el
pueblo,
pero
estamos
hablando
de
hartos
años
donde
no
teníamos
calles
pavimentadas,
donde
no
teníamos
baño.
Rosa
no
terminó
el
colegio,
sino
que
se
dedicó
a
ser
ama
de
casa
y
madre
de
familia.
Se
casó
y
tuvo
un
hijo
y
una
hija.
Una
familia
joven
en
una
zona
aislada,
pocos
ingresos,
y
todos
los
retos
que
eso
implica…
Sí,
tuve
que
ir
a
veces
al
negocio
a
pedir
un
kilo
de
azúcar,
a
pedir
leche
para
mis
hijos.
Muchas
veces:
“No…
es
que
sabe
que
no…
que
no,
no
le
puedo
pasar,
es
que
no
le
puedo
anotar”,
y
todo
había
que
comprarlo.
Y
me
empecé
a
preocupar
porque
cuando
los
niños
están
chiquititos
uno
no
puede
dejar
de
alimentarlos.
Buscando
salida
a
esa
situación,
se
dedicó
al
reciclaje
y
a
las
manualidades.
Empecé
a
motivarme
y
a
ver
la
experiencia
de
mis
padres
y
empecé
a
confeccionar
cosas
muy
bonitas.
Con
mucho
esfuerzo
se
las
arregló
para
terminar
el
colegio
y
estudiar
en
la
universidad.
Así
se
convirtió
en
profesora
de
artes
y
manualidades.
Me
fue
muy
bien,
muy,
muy,
muy
bien.
Esto,
todo
esto
me
costó
el
divorcio.
Pero
yo
dije:
soy
responsable
de
dos
hijos
y
si
el
padre
de
mis
hijos
no
me
va
a
acompañar
en
este
desafío
que
yo
tengo,
voy
a
tener
que
seguir
sola…
No
es
de
extrañar.
Coihueco
es
un
lugar
donde
los
roles
tradicionales
de
género
no
suelen
cuestionarse.
Rosa,
en
cambio,
después
de
estudiar
se
capacitó
para
trabajar
con
mujeres
y
formó
agrupaciones
de
campesinas.
Y
además
puso
un
bazar
en
la
plaza,
que
se
convertiría
en
un
lugar
clave
para
la
comunidad.
Y
en
el
2016
fue
cuando…
Las
señoras
con
las
cual
yo
trabajé
me
pidieron
que
fuera
como
candidata
a
concejal.
Entonces
dije
yo:
un
desafío
más,
si
me
va
bien,
no
importa.
Si
me
va
mal,
tampoco
me
va
a
importar.
Fue
una
experiencia
muy
bonita.
Conocí
mucha
gente
y
conocí
todos
los
sectores
de
mi
comuna,
los
cuales
yo
no
conocía.
Y
fue
un
día
de
esos
de
campaña
que
ella
iba
en
un
carro…
Y
veo
a
un
joven
que
estaba
en
un
campo
cortando
una
zarza.
Y
me
llamó
mucho
la
atención
y
paramos
el
vehículo
y
me
bajo.
Lo
que
más
le
llamó
la
atención
al
principio
fue
el
color
de
su
piel.
Me
impresionó
este
joven
porque
yo
no…
Tiempos
anteriores
había
visto
un,
una
piel
chocolate,
como
dicen
ellos,
pero
era
un
brasileño.
Pero
gente
negra
en
Coihueco,
pues
no
se
ven.
O
no
se
veían.
Y
en
el
resto
de
Chile,
a
diferencia
de
otros
países
de
la
región,
no
hay
grandes
poblaciones
afrodescendientes.
No
tiene
la
misma
historia
de
esclavitud
y
de
migración
forzada
como
la
que
tiene
Brasil,
digamos,
o
Colombia
o
Perú…
El
joven
que
Rosa
vio
tenía
una
expresión
muy
triste…
Muy,
muy,
muy
triste,
pero
él
igual
ahí
trabajando.
Me
emocioné
porque
era
un
tiempo
muy
helado,
muy
helado,
y
vi
a
este
joven
que
no
estaba
con
ropa
adecuada
para
estar
trabajando
con
tanto
frío.
Rosa
se
conmovió
mucho.
Y
sentí
la
necesidad
de
acercarme
a
él
y
conversar
y,
y
me
contó
un
poco
de
su
historia
y
yo
le
dije
que
iba
a
ser
su
amiga.
Se
enteró
que
se
llamaba
Rodlin
Etienne.
El
primer
joven
haitiano
en
Coihueco.
El
primero
de
varios…
Martín
Cruz
y
Catalina
May
son
cofundadores
de
Las
Raras,
un
podcast
chileno.
Ellos
han
estado
investigando
esta
historia
por
más
de
un
año.
Aquí,
Catalina.
Coihueco
es
el
arquetipo
de
lo
que
se
conoce
como
“el
Chile
profundo”:
una
comuna
campesina,
con
altos
índices
de
pobreza.
Un
pueblo
muy
tradicional,
habitado
por
pequeños
y
medianos
agricultores
que
recibieron
parcelas
durante
la
reforma
agraria
en
los
años
60
y
70.
Un
lugar
al
que
prácticamente
no
llegaban
extranjeros,
hasta
que
apareció
Rodlin.
El
que
conmovió
a
Rosa
tanto
que
cuando
llegó
a
su
casa
no
podía
parar
de
pensar
en
él
y…
Sentía
unas
ganas
de
ir
a
verlo,
dónde
vivía,
con
quién
estaba.
Y
la
persona
que
me
acompañó…
ehm…
sabía
dónde
él
vivía.
Fuimos
y
estaba
en
la
casa
de
un
profesor.
Y
no
hubo
problema
de
conversar
con
él.
A
pesar
de
que
hablaba
muy
poco
español,
Rodlin,
como
pudo,
le
contó
algo
de
su
historia…
Yo
vivía
Haití
siempre
para
trabajar,
pero
en
Haití
falta
trabajar.
Vine
a
Chile
para
trabajar,
para
ayudar
familia
Haití.
Había
dejado
a
su
esposa
y
a
su
hija
de
4
años
en
Haití
y
cada
vez
que
le
hablaba
de
ellas
a
Rosa…
Siempre
se
emocionaba,
siempre.
Por
ejemplo,
un
día
estábamos
a
la
hora
de
almuerzo
y
él
no
comió
y…
corrían
sus
lágrimas
entonces
le
pregunté
que
por…
qué
pasaba.
Dice:
“Yo
no
poder
comer
porque
yo
saber
que
mi
hija
no
tener
alimentos”.
Y
eso
es
como
algo
bien…
que
cualquier
persona
se
emociona.
Cuando
le
pregunto
a
Roly:
Roly,
¿qué
necesitas?,
¿qué
es
lo
que
quieres?,
¿qué
anhela
tu
corazón?
“Mi
anhelo
es
traer
a
mi
hija
y
a
mi
esposa,
pero
no
saber
porque
yo
necesito
mucho
dinero”.
Los
haitianos
que
en
ese
momento
llegaban
a
Chile
—estamos
hablando
de
mediados
de
2016—
lo
hacían
como
turistas.
No
necesitaban
visa.
Eso
les
daba
90
días
para
conseguir
un
contrato
de
trabajo
y
así
podían
empezar
a
tramitar
su
permanencia
en
el
país.
Todo
legal.
Pero
solo
algunos
lo
lograban.
Sobre
todo
si
se
tiene
en
cuenta
que
llegaban
unos
140
haitianos
al
día.
Y
más
de
alguno
se
quedaba
viviendo
en
el
país
en
situación
irregular.
Eh,
Santiago
tiene
mucho
haitianos,
más
difícil
para
trabajar.
Tiene
personas
buscando
trabajar,
no,
no
se
encontro.
¿No
encontraste
trabajo?
No…Rodlin
salió
de
Haití
y
estuvo
algunos
meses
en
República
Dominicana.
De
ahí
se
fue
a
Santiago
en
avión,
después
de
haber
vendido
su
casa
y
haber
logrado
reunir
los
casi
3.000
dólares
que
le
costaba
el
viaje.
En
Santiago
conoció
a
un
pastor
evangélico
que
le
consiguió
trabajo
con
otro
pastor
de
Coihueco,
Rodolfo
Pérez.
Este
es
Rodolfo:
Entonces
yo
le
dije
que
yo
lo
podía
ayudar
porque
tengo
varias
actividades
acá
en
el
sector,
eh,
actividades
de
agrícolas,
de
campo,
hacer
el
aseo
en
distintas
secciones
que
hay
por
acá
también….
Rodolfo
le
dio
hospedaje
y
trabajo,
pero
no
solo
eso…
Hicimos
el
contrato
legal
como
corresponde,
con
sus
imposiciones,
todo.
Y
eso
fue
muy
importante
porque
le
daba
la
estabilidad
legal
que
Rodlin
necesitaba.
Llevaba
siete
meses
sin
ver
a
su
familia.
Y
eso
lo
tenía
muy
afectado.
Un
día
que
llegamos
allá
y
él
estaba…
notamos
sus
ojos
que
había
estado
llorando.
Le
dijimos
nosotros:
¿qué
pasó?
“Eh,
mucha
angustia,
pena”.
¿Por
qué?,
le
decimos
nosotros.
Eh,
dice:
“Echo
mucho
de
menos
familia,
más
hija,
mucho
tiempo
sin
poderla
ver”.
Este
es
Alfonso
Fritz.
Él
estaba
construyendo
un
templo
para
la
congregación
en
la
que
trabajaba
Rodlin.
Esa
fue
una
situación
en
la
que
a
nosotros
nos
quebrantó.
Bueno,
lloramos
juntos,
lo
abrazamos,
oramos
por
él
y
en
ese
instante
nosotros
le
hicimos
una
promesa
a
él.
Que
iban
a
hacer
hasta
lo
imposible
para
traer
a
su
familia.
Alfonso
y
Rosa
son
vecinos
y
pertenecen
a
la
misma
iglesia
evangélica.
A
medida
que
le
iban
contando
a
los
de
la
congregación
la
historia
de
Rodlin,
todos
quedaban
muy
conmovidos..
Esta
es
Joselin,
otra
feligresa…
Todos
nos
conmovimos
con
su
historia,
que
estaba
solito
y
cuando
supimos
que
quería
traer
a
su
familia
para
acá,
todos
nos
conmovimos
y
empezamos
a
ayudarle.
Y
este
es
Pablo,
que
me
contó
que
lo
que
más
lo
conmovió
de
Rodlin
y
de
su
situación
en
Haití
fue
saber…
Lo
triste,
lo
mal
que
se
pasa,
el
hambre,
la
necesidad,
la
falta
de
alimento
fue
lo
que
más
conmovió
mi
corazón.
Eh,
el
hecho
de
no
tener
por
dos,
tres
días
comida
y
estar
solamente
con
agua
caliente
durante
mañana,
mediodía
y
tarde.
Así
que
con
la
ayuda
de
los
miembros
de
la
iglesia,
a
Alfonso
y
a
Rosa
se
les
ocurrió
la
idea
de
hacer
una
campaña
para
traer
a
la
familia
de
Rodlin
a
Coihueco.
Los
chicos
del
coro,
que
son
mayoría
jóvenes
y
se
manejan
un
poco
con
la
Internet,
entonces
dije,
bueno,
partamos:
¿qué
hacemos?
Bueno,
hagamos
un,
un
eh,
una
página
en
el
Facebook
y
demos
a
conocer
la,
la
campaña.
Por
Facebook,
eh,
íbamos
haciendo
masiva
esta
campaña.
Se
hizo
una
página
web
y
todos
íbamos
compartiendo
y
hicimos
una
cuenta
para
que
todos
fueran
apoyando
y
poder
lograr
el
objetivo
que
era
traer
a
su
familia…
Le
colocamos
un
nombre:
“Acto
de
generosidad”…
Y,
y
nosotros
siempre
—Rodlin
se
comunicaba
con
la
esposa—,
y
nosotros:
Rodlin,
¿cómo
está
esposa?,
¿cómo
está
niña?
“Sí,
niña,
lo
único
que
quiere
es
venirse,
venirse,
venirse”.
Pero…
No
era
fácil,
porque
había
que
juntar
dos
millones
y
medio.
Es
decir,
un
poco
más
de
3.000
dólares:
una
millonada
para
los
vecinos
de
Coihueco.
En
un
principio…
Bueno,
todo
el
mundo
le
gustaba
lo
que
era
la
campaña,
pero
la
realidad
de
todas
las
cosas
es
que
en
cuanto
a
lo
monetario
fue
muy
poco
lo
que
se
juntó.
Y
cuento
corto
que…
fuimos
la
primera
vez
a
ver
cuánto
había,
habían
45.000
pesos.
45.000
pesos.
Es
decir,
solo
70
dólares.
Se
nos
vino
el
mundo
abajo
porque
pensamos,
dijimos:
“No,
así
no,
no
vamos
a
llegar
a
la
meta”.
Frente
a
esta
situación,
los
evangélicos
hicieron
lo
que
saben
hacer…
Y
fue
así.
Se
oró
y
Dios,
a
través
de
su
Espíritu
Santo,
habló
a,
a
Rodlin
y
le
dijo:
“Yo
tengo
ya
la
persona
que
va
a
pagar
todos
los
gastos
de
la
venida
de
tu
hija
y
de
tu
esposa”.
Solo
era
cuestión
de…
encontrarla.
Nosotros,
que
tenemos
un
poquito
más
de
fe,
dijimos:
“Amén.
Gracias,
Señor”.
Amén.
Mientras
los
evangélicos
oraban,
el
cura
católico
del
pueblo,
Manuel
Mosquera,
leyó
sobre
la
campaña
para
traer
a
la
familia
de
Rodlin
en
un
diario
local.
Fue
una
coincidencia
afortunada.
Entonces
los
contactó.
Cuando
conoció
a
Rodlin…
Ahí
planteó
todo,
entonces
yo
me
comprometí
a
ayudarlo.
Este
es
el
cura
Manuel.
Él
tenía
un
motivo
claro
para
empatizar
con
la
campaña.
Yo
soy
un
inmigrante.
Manuel
es
español
de
Galicia
y
llegó
al
pueblo
hace
más
de
30
años.
¿Y
cómo
lo
recibieron
cuando
llegó?
Muy
bien,
muy
bien.
Demasiado
bien
[Risas]…
¿Qué
significa
demasiado
bien?
Que
la
gente
fue
muy
acogedora.
Me
recuerdo
el
primer
día
que
llegué
aquí
a
Coihueco
había
un
gran
cartel
al
fondo
del
templo
que
decía:
“Coihueco
es
su
familia
desde
hoy”.
Me
quedó
grabado
eso.
El
cura
convocó
a
otras
parroquias
de
la
zona
y
entre
más
o
menos
500
feligreses…
Obtuvimos
todo
lo
que
era
el
resto
de
los
fondos…
Una
parte
para
obtener
la
visa
y
otra
parte
para
el
viaje
mismo.
Y
así,
el
24
de
diciembre
de
2016,
Rodlin
partió
a
Santiago
a
buscar
a
su
familia.
Estaba
contento,
muy
contento,
porque
yo
tengo
como…
un
año,
no
vi
familia.
Pero
yo
vine
acá
a
Coihueco,
yo
contento
porque
mucho
la
gente,
felicidad,
ayudar
para
traer
a
familia.
Mientras
tanto,
a
pesar
de
que
ya
se
había
logrado
reunir
la
plata
para
traer
a
la
esposa
y
a
la
hija
de
Rodlin,
en
Coihueco
la
campaña
seguía
más
activa
que
nunca.
Así
lo
cuentan
los
vecinos
que
estuvieron
involucrados:
Nosotros
nos
preocupamos
de
arrendarles
una
casa
para
que
vivieran
en
dignas
condiciones.
Nos
conseguimos
refrigerador,
lavadora,
mercadería
llegaba.
Llegaba
mucha
ropa…
Comedor,
con
la
cocina…
Una
plancha,
eh,
vajilla…
Le
armamos
la
cama
de
dos
plazas,
un
plaza
y
media
para
la
hija.
Frazadas,
colchones,
cocina
a
gas,
refrigerador…
Arreglamos,
pintamos,
estuvimos
como
hasta
la
1
de
la
mañana,
jóvenes
de
la
iglesia,
la
persona
que
nos
ayudó
también
fue
Rosa,
ella
cooperó
mucho
también
con
cosas
para
su
casa.
Yo
fui
a
ver
qué
es
lo
que
faltaba.
Porque
uno
como
mujer
dice
“va
a
llegar
ella,
que
la
casa
esté
bonita”.
Y
me
encontré
con
muchas
necesidades.
Me
di
cuenta
que
no
había
mesa,
no
tenían
sillas
y
mi
pregunta
era
dónde
se
van
a
sentar.
Van
a
llegar
cansados,
van
a
querer
tomar
un
y
me
preocupé
en
ese
momento.
Así
que
yo
tenía
unas
cosas
en
mi
casa
y
las
fuimos
a
buscar
con
Alfonso
y
le
ordenamos
su
mesa,
con
sillas,
mantel
y
le
dejamos
todo
bonito
para
que
ellos
llegaran.
Rodlin,
su
esposa,
Jean
Pederline,
y
su
hija,
Loudnaylie,
llegaron
a
medianoche
a
Coihueco.
Se
instalaron
en
la
pequeña
casa
de
madera
a
una
cuadra
de
la
plaza
que
la
comunidad
había
preparado
para
ellos.
Pero
transiciones
como
esta
no
son
nada
fáciles.
La
esposa
de
Rodlin,
sobre
todo,
sufrió
mucho.
La
chica,
Pederline,
ella
estaba
todo
el
día
en
su
casa,
encerrada.
Ella
no
abre
ventanas,
nada.
A
veces
está
muy
triste,
está
como
ida.
Y
yo
le
pregunto:
“¿Extraña
Haití?”.
Ella
extraña
a
sus
papás,
extraña
a
sus
hermanos.
Todo,
en
el
fondo
yo
me
pongo
en
el
lugar
de
ella
y
ella
extraña
todo.
Comenzamos
a
reportear
esta
historia
en
esa
época,
en
el
2017,
y
recuerdo
que
en
ese
momento
tratamos
de
conversar
con
Pederline,
pero
ella
no
hablaba
nada
de
español
y
muy
poco
francés,
un
idioma
que
algunos
haitianos
dominan.
Nos
costó
mucho
comunicarnos
con
ella
y
la
sentimos
bastante
aislada,
insegura
y,
por
lo
mismo,
desconfiada.
Le
preguntamos
si
estaba
contenta
viviendo
en
Coihueco.
Es-tu
content
ici
?
Oui.
Beaucoup
o
un
peu?
Un
peu.
Un
peu.
OK.
Un
poco.
Solo
un
poco.
Su
hija,
Loudnaylie,
en
cambio,
se
veía
muy
alegre
andando
en
bicicleta
por
la
plaza
del
pueblo.
Todo
el
mundo
la
saludaba
y
le
regalaba
dulces
y
juguetes.
Ella
se
dejaba
querer.
Además,
aprendió
el
español
muy
pronto.
Hola.
Hola.
¿Cómo
estás?
Bien.
¿Cómo
te
llamas?
Loudnaylie
Etienne.
¿Cuántos
años
tienes?
4
años.
¡Sabes
español!
Como
ya
vivían
en
su
propia
casa,
Alfonso
le
consiguió
otro
trabajo
a
Rodlin
y
lo
ayudó
a
mantener
sus
papeles
en
regla.
Rosa
se
convirtió
en
la
apoderada
de
la
niña
en
el
colegio.
La
llevaba
a
clases,
iba
a
las
reuniones
y
hablaba
con
los
profesores.
Y
durante
el
día
acogía
a
Pederline
en
el
bazar
que
Rosa
tiene
en
la
esquina
de
la
plaza.
Le
trataba
de
enseñar
español
y
la
acompañaba
para
que
no
estuviera
sola.
Tanto
Alfonso
como
Rosa
integraron
a
Rodlin,
a
Pederline
y
a
Loudnaylie
a
sus
propias
familias:
iban
juntos
al
templo,
mimaban
a
la
niña
y
compartían
sus
comidas.
Ella
me
invitó
a
comer
y…
cocinan
arroz
con
porotos
negros.
Eh,
al
mirarlo
los
chilenos,
no
nos
da
muy
buena
impresión
pero
es
una
comida
muy
rica.
Aparte
que
el
poroto
negro
yo
pasé
a
la
feria
y
vale
1.200
el
kilo,
y
son
muchos.
O
sea
solo
2
dólares.
Y
según
ellos
dicen
que
ese
es
el
plato
típico
en
Haití.
Pero
toda
esa
cercanía
que
estaban
construyendo
se
interrumpió
una
mañana
de
mayo
de
2017
cuando
Rodlin
no
llegó
a
un
trabajo
que
Alfonso
le
había
conseguido.
La
cosa
es
que
él
tenía
que
salir
el
día
lunes
a
trabajar
y
el
día
domingo
él
arregló
maletas
y
se
fue
a
Santiago.
Y…
y
como
escondido,
es
esa
la
verdad.
En
el
pueblo
no
entendían
nada.
En
la
casa
estaban
todas
las
cosas
que
habían
conseguido
para
ellos.
Y
empezaron
los
rumores:
Rodlin
necesitaba
ganar
más
plata
para
pagarle
a
un
prestamista.
O
para
traer
a
su
hermano
de
Haití.
Debe
haber
conseguido
un
trabajo
en
la
capital.
¿Pero
por
qué
no
se
despidieron
de
nadie?
Cuando
finalmente
lograron
comunicarse
con
él,
Rodlin
les
dijo
que
en
unas
semanas
iban
a
volver.
Nos
quedamos
con
eso
y…
sucedió
de
que
no,
no
volvió.
Así
que
en
la
iglesia,
bueno,
nosotros
por
la
niña
lo
sentíamos
porque
nos
encariñamos,
nos
afiatamos
tanto
a
ella
que
todo
lo
que
se
hizo
y
las
ayudas
que
recibimos,
digamos,
para
que
pudieran
ellos
llegar,
nos
duró
poco,
el
poder
disfrutar
eso.
Cuando
volvamos,
¿por
qué
se
fue
Rodlin?
Una
pausa
y
volvemos.
Este
podcast
de
NPR
y
el
siguiente
mensaje
son
patrocinados
por
Squarespace.
Si
estás
listo
para
empezar
tu
nuevo
negocio,
obtén
un
dominio
único
y
crea
una
bonita
página
web
con
el
apoyo
del
galardonado
servicio
al
cliente
que
está
disponible
las
24
horas
del
día,
los
7
días
a
la
semana.
Ingresa
a
squarespace.com
y
obtén
una
prueba
gratuita.
Y
cuando
estés
listo
para
lanzar
tu
página,
usa
el
código
RADIO
para
ahorrarte
10%
en
la
compra
de
tu
primer
sitio
web
o
dominio.
Imagínalo,
suéñalo,
hazlo
con
Squarespace.
Este
podcast
de
NPR
y
el
siguiente
mensaje
son
patrocinados
por
Sleep
Number.
Sleep
Number
te
ofrece
camas
que
se
adaptan
en
ambos
lados
a
tu
posición
ideal.
Sus
nuevas
camas
son
tan
inteligentes
que
automáticamente
se
ajustan
para
mantenerte
a
ti
y
a
tu
pareja
cómodos
durante
toda
la
noche.
Averigua
por
qué
nueve
de
cada
10
de
los
que
usan
Sleep
Number
lo
recomiendan.
Visita
sleepnumber.com
para
encontrar
una
tienda
cerca
de
ti.
Hola,
yo
soy
Felix
Contreras
del
podcast
Alt.Latino.
Esta
semana
les
presentamos
la
música
de
El
Tiny,
un
poquito
de
la
música
del
Tiny
Desk
Concert
que
presenta
NPR
Music.
Música
de
muchas
culturas
y
estilos
en
el
podcast
de
Alt.Latino.
No
se
olviden.
Hola,
soy
Maria
Hinojosa,
del
programa
Latino
USA
en
NPR.
Esta
semana,
me
puse
a
bailar.
Bueno,
y
también
a
conversar,
con
el
rapero
y
actor
Fat
Joe
sobre
El
Bronx,
la
historia
del
hip-hop,
su
matrimonio
de
23
años
y
su
papel
en
la
película
Night
School.
Encuentra
nuestro
programa
en
NPR
One
o
en
donde
escuchas
tus
podcasts.
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante.
Soy
Daniel
Alarcón.
Un
poco
antes
de
que
Rodlin
y
su
familia
desaparecieran
misteriosamente,
habían
empezado
a
llegar
más
haitianos
a
Coihueco.
Rosa
no
quedó
elegida
como
concejala,
pero
su
bazar
frente
a
la
plaza
se
convirtió
en
una
institución
en
mismo.
Allá
empezaron
a
llegar
los
haitianos
que
se
trasladaban
al
pueblo.
Catalina
May
nos
sigue
contando.Y
tal
como
hizo
con
Rodlin,
Rosa
los
acoge.
Los
acompaña
a
tramitar
sus
papeles,
y
los
ayuda
a
encontrar
casa
y
trabajo.
Yo
conozco
a
muchos…
Mira
primero
está
Peter,
Amos,
eh,
Job,
Pedro,
Noel,
eh,
Wildo,
eh,
Jonás.
Mucho,
mucho,
los
conozco
mucho.
Oye…
y
mira
sí,
yo
pienso
que,
que
mi
negocio
es
como,
es
como
el
punto
de
ellos,
como…
es
que
sabes
que
tener
mucho
frío…
Aquí
tener
un
café.
Coloquen
hervidor,
yo
voy
a
comprarles
pancito
con
algo
y,
y
para
que
coman.
Para
entender
por
qué
llegan
estos
inmigrantes
a
Coihueco,
hay
que
explicar
que
en
el
sector
hay
bastantes
pequeños
y
medianos
agricultores
que
producen
berries,
frambuesas,
arándanos
y
moras.
Este
es
un
cultivo
intensivo
que
permite
producir
grandes
cantidades
de
fruta
en
terrenos
pequeños,
como
los
que
entregó
la
reforma
agraria
a
los
campesinos
del
lugar.
Para
cosechar
la
fruta
se
necesitan
muchas
manos
durante
el
verano.
Y
últimamente,
por
el
desplazamiento
de
los
pueblerinos
hacia
la
ciudad,
en
Coihueco
los
trabajadores
temporeros
escasean.
Y
es
ahí
donde
entran
los
haitianos.
Este
es
Amos,
que
llegó
después
de
Rodlin.
Después
yo
pasa
como
un
mes
allá
Santiago,
yo
te
un
poco
difícil
porque
yo
no,
no
entender
nada,
eh,
no
tener
papel,
por
eso
yo
vine
acá
a
buscar
trabajo
acá.
Yo
trabajar
en
la
frambuesa
como
tres
meses.
Igual
que
Rodlin,
Amos
vino
a
Chile
buscando
trabajo.
Su
idea
también
es
juntar
plata
para
traer
a
su
esposa
y
a
su
hijo.
Junto
con
él
y
con
los
mismos
objetivos
llegó
su
primo
Peter.
Y
en
paralelo
muchos
de
sus
compatriotas.
Este
es
Peter…
Un
día
había
dos,
mañana
había,
eh,
dos
más,
cuatro,
cinco,
así
viene
mucho.
Cuando
empezó
la
temporada
de
cosecha
en
noviembre
de
2017,
las
calles
del
pueblo
y
los
caminos
rurales
del
sector
estaban
llenos
de
haitianos.
Se
formaron
cultos
religiosos
en
creole
y
hasta
se
lanzó
un
programa
en
la
radio
local
conducido
por
un
haitiano.
Estos
migrantes
llegan
en
una
situación
precaria.
Con
poco
dinero,
papeles
irregulares
y
sin
hablar
mucho
español.
En
Coihueco,
como
en
Santiago,
también
viven
dificultades:
principalmente
precariedad
laboral
y
viviendas
hacinadas,
de
rentas
caras.
Pero
por
lo
que
hemos
visto,
la
acogida
en
Coihueco
ha
sido
generosa,
abierta.
La
comunidad
se
ha
mostrado
muy
dispuesta
a
recibir
a
los
haitianos
que
han
ido
llegando.
¿Y
qué
sabías
de
Coihueco
antes
de
venir?
Nada,
nada.
Después
vine,
sabía
mucho
porque
gente
muy
bueno.
¿Te
ha
tocado
algún…
relacionarte
con
alguna
persona
que
hayas
sentido
como
mala
onda?
No.
Por
eso
todos
son
mis
amigos,
siempre
decía
Peter
yo
andaba
en
la
calle,
Peter,
Peter,
sí.
¿Nunca
has
tenido
ni
un
problema
con
nadie?
No.
Esto
no
deja
de
ser
sorprendente.
Sobre
todo
si
se
considera
que
desde
que
empezaron
a
llegar
haitianos
a
Chile,
afloró
en
pleno
el
racismo.
Aunque
hay
muchos
inmigrantes
de
países
como
Perú,
Colombia,
Venezuela
y
Bolivia,
los
haitianos
han
sido
de
los
más
discriminados.
El
impacto
de
su
presencia
ha
sido
alto
porque
la
mayoría
no
entra
por
las
fronteras
del
norte,
sino
que
llega
en
avión
directamente
a
Santiago.
Eso,
sumado
a
la
pobreza
en
la
que
viven
y
a
su
color
de
piel
ha
sacado
lo
peor
de
algunos
chilenos.
En
febrero
de
este
año,
2018,
por
ejemplo,
pasó
esto:
Un
fuerte
debate
ha
provocado
en,
eh,
la
comunidad
de
las
redes
sociales
también…
un
video
que
mostraba
la
llegada
a
Santiago
de
un
avión
charter
que
trasladaba
pasajeros,
eh,
y
numerosos
¿verdad?,
de…
provenientes
de
Haití.
La
persona
que
grabó
estas
imágenes
calificaba
el
ingreso
de
los
extranjeros
como
una
invasión.
La
voz
que
van
a
escuchar
es
del
que
grabó
el
video
en
el
aeropuerto…
Acaba
de
arribar
esta
aeronave,
una
gran
aeronave
767
y
con
full
inmigrantes
haitianos.
Es
inaudito.
Nadie
da
una
explicación.
Este
gobierno,
antes
de
terminar
su
mandato
está
haciendo
ingresos
masivos…
una
invasión…
¡Qué
pasa
con
nuestro
país!…
Vean
ustedes,
señores…
Situaciones
como
esta
se
han
conocido
muchas:
los
haitianos
que
fueron
expulsados
de
un
mall
en
un
barrio
de
clase
alta,
el
haitiano
que
se
durmió
en
el
metro
y
fue
despertado
a
insultos,
el
que
atendía
en
un
centro
de
servicios
y
recibió
en
la
cara
un
hot
dog
por
parte
de
un
cliente,
el
que
fue
apuñalado
sin
motivo
en
un
terminal
pesquero.
Las
historias
aparecen
cada
cierto
tiempo
en
los
medios
de
comunicación.
Pasamos
todo
febrero
de
2017
en
Coihueco
y
desde
entonces
hemos
estado
volviendo
con
cierta
regularidad,
y
sí,
lo
que
se
ve
es
una
relación
entre
la
comunidad
y
los
inmigrantes
haitianos
que
es
aparentemente
armoniosa.
Durante
el
verano
hay
trabajo.
Hay
gente
como
Rosa,
Alfonso
y
muchos
más
de
los
que
ya
hemos
escuchado…
que
han
dedicado
innumerables
horas
a
apoyar
a
los
haitianos
que
han
llegado.
Tanto
Rodlin,
el
primero
en
llegar,
como
Amos
y
Peter,
de
la
siguiente
ola,
hablan
maravillas
del
pueblo,
y
dicen
que
siempre
han
sido
bien
recibidos.
Una
de
las
grandes
alegrías
para
la
comunidad
la
trajo
Peter,
quien
después
de
trabajar
mucho
y
ahorrar,
logró
juntar
la
plata
para
que
viajara
la
que
entonces
era
su
novia.
Apenas
ella
llegó,
Rosa
los
ayudó
a
conseguir
una
hora
en
el
registro
civil
y
se
casaron.
Después,
a
la
semana
siguiente,
era
el
matrimonio
por
la
iglesia.
Muy
bonito,
mucha
ayuda
de
la
iglesia,
unos
que
donaron
la
torta…
eh,
que
el
vestido
de
novia,
que
los,
los
alimentos,
que
cocinar.
Una
señora
se
ofreció
a
cocinar,
otra
señora
a
hacer
el
cóctel
y,
y
todo
muy,
muy
bonito.
Cuéntame
de
tu…
de
tu
esposa.
Ella
está
bien.
Pero
lo
que
pasa
ella
no
tiene
mucho
tiempo
acá,
tiene
como
un
mes
y
medio.
Francisca.
Sí,
Francisca
se
llama.
Amos
también
logró
juntar
la
plata
para
traer
a
su
esposa
y
su
hijo
de
6
años.
Compró
los
pasajes
y
en
Haití
vendieron
todas
sus
cosas
para
preparar
el
viaje.
Iban
a
volar
el
20
de
abril.
Pero
sus
planes
se
truncaron.
Porque
se
cambia
la
ley
de
Chile,
por
eso
no
puede
venir.
Y
es
que
en
2017,
la
llegada
de
haitianos
a
Chile
se
disparó:
según
datos
de
la
Policía
de
Investigaciones
entraron
más
de
100.000,
y
salieron
un
poco
menos
de
5.000.
En
2018,
esta
ola
seguía
creciendo,
hasta
que
el
9
de
abril,
solo
11
días
antes
de
que
la
familia
de
Amos
viajara,
el
presidente
Sebastián
Piñera
anunció
que
se
cambiarían
las
reglas
para
limitar
su
entrada.
Se
ha
determinado
exigir,
a
contar
del
día
16
de
abril
del
año
2018,
la
obtención
de
visa
consular
de
turismo
simple
con
derecho
a
ingreso
y
permanencia
en
Chile
por
un
periodo
de
30
días,
a
todo
ciudadano
haitiano
que
desee
ingresar
al
país…
Este
cambio
en
la
ley
se
hizo
vía
decreto,
es
decir,
sin
consultar
al
congreso.
Como
dijo
Piñera,
exige
una
visa
para
los
turistas
haitianos
que
antes
no
existía.
La
visa
se
debe
tramitar
en
Haití
y
les
permite
quedarse
solo
30
días,
o
sea
60
días
menos
que
antes,
sin
la
posibilidad
de
tramitar
una
estadía.
Piñera
anunció
que
esto
entraba
en
vigencia
una
semana
después,
el
16
de
abril.
Cuatro
días
antes
del
viaje
de
la
familia
de
Amos.
Yo
pasa
como
un
año
y
cuatro
meses
trabajar
acá
a
juntar
dinero
para
comprar
pasaje
para
ellos.
Ahora
no,
no
qué
pase
con
pasajes
porque
ese
compañía
no
quiere
devolver
esa
plata.
Ahora
muy
triste
allá,
muy
triste.
Mi
hijo
también
no
quiere
comer,
no
quiere
ir
al
colegio.
Porque
yo
decía
mi
hijo
antes
si
venía
acá,
hacía
colegio
acá.
Esta
visa
para
los
haitianos
contrasta
fuertemente
con
otra
instaurada
al
mismo
tiempo
por
el
gobierno…
para
los
venezolanos…
Se
crea
una
visa
de
responsabilidad
democrática,
la
que
deberá
ser
solicitada
en
el
consulado
chileno
en
Caracas
u
otros
en
Venezuela,
y
que
otorgará
un
permiso
de
residencia
temporal
por
un
año
prorrogable
por
una
vez
y
que
también
permitirá
la
solicitud
de
la
residencia
definitiva.
Lo
que
efectivamente
ocurre
es
que
hay
un
trato
diferenciado,
¿ya?
A
mi,
a
mi
juicio
es
una
diferencia
discriminatoria.
¿Por
qué
es
discriminatoria?…
Esta
es
Macarena
Rodríguez,
la
directora
de
la
Clínica
Jurídica
de
Atención
de
Inmigrantes
de
la
Universidad
Alberto
Hurtado
en
Santiago.
Ella
considera
que
esta
diferencia
en
el
trato
frente
a
haitianos
y
venezolanos
no
tiene
ninguna
justificación
válida.
Para
ella
es
una
discriminación
arbitraria
porque…
No
hay
antecedentes
que
permitan,
eh,
justificar
una
medida
de
esta
naturaleza…
Entonces
mientras
a
un
grupo
se
le
ponen
trabas
para
llegar,
al
otro
se
lo
facilitan,
y
no
son
muy
claras
las
razones.
Y
porque
nosotros
también
podríamos
sostener
que
hoy
día
en
Haití
las
condiciones
de
caos,
digamos
de…
la,
la
situación
de
pobreza.
Eh,
esa
no
es
tampoco
una
democracia
en
plenitud
como
uno
podría
pensar.
Es
decir,
si
la
visa
para
los
venezolanos
es
de
responsabilidad
democrática,
entre
comillas,
¿no
se
podría
justificar
la
visa
para
los
haitianos
bajo
la
misma
lógica?
En
Coihueco,
Rosa,
que
fue
candidata
a
concejala
por
uno
de
los
partidos
de
la
coalición
de
gobierno,
rechaza
rotundamente
la
nueva
visa
consular…
Entonces
mi
pregunta
es
cuando
hacen
estas
leyes
tan
rápidas
no
ven
a
quiénes
vamos
a
perjudicar.
Quiénes
van
a
tener
prioridad.
Porque
si
yo
veo
que
se
ha
invertido
un
millón
y
medio,
casi
dos
millones
de
pesos
en
los
pasaportes,
los
pasajes
para
que
pueda
venir
esta
familia
y
que
todo
quede
así…
Yo
veo
las
fotos
donde
el
chiquitito
llora,
donde
el
chiquitito
no
quiere
comer.
Me
da
rabia
a
mí.
Veo
que
hay
leyes
que
son
tan
injusta
que…
quizá…
ehm…
nuestro
país
no
está
preparado
para
recibir
tantos
haitianos,
pero
mira
yo
he
entendido
que
el
planeta
tierra
nos
pertenece
a
todos.
Hay
algo
en
su
propia
experiencia
—la
de
una
mujer
que
vivió
en
la
pobreza
y
construyó
su
vida
a
puro
trabajo
y
esfuerzo—
que
hace
que
Rosa
conecte
profundamente
con
los
haitianos
que
ha
acogido
en
Coihueco.
Porque
pienso
que
en
la
vida
todos
merecemos
oportunidades.
Al
contrario
de
Rosa,
Alfonso,
el
que
oímos
al
principio
de
esta
historia,
ese
que
empezó
la
campaña
para
traer
a
la
familia
de
Rodlin…
se
ha
mantenido
completamente
al
margen
de
la
llegada
de
esta
nueva
ola
de
jóvenes
haitianos
a
Coihueco.
Junto
a
su
esposa,
Trinidad,
nos
cuenta
que
lo
ha
preferido
así,
porque
la
partida
de
Rodlin
y
su
familia
lo
dejó
muy
afectado
y
aún
añora
su
regreso.
Tanto,
que
no
se
cansan
de
mirar
las
fotos
que
tienen
guardadas
en
sus
celulares,
especialmente
las
de
Loudnailye:
Aquí
anda
la
Lud.
Ahí,
ahí
está,
ahhh.
Hmm…
A
ver…
Ahí
hay
unas
poquitas
[risa].
Pero
esto
era
acá
todavía,
¿o
no?
Sí,
aquí.
Antes
que
se
fueran,
sí.
¿Eso
fue
como
en
diciembre?
Sí.
Sí,
ella
posaba.
Mi
nieta.
La
adoraba…
Claramente
uno
no
tiene
a
quién
entregarle
amor.
Por
ejemplo
yo,
yo
soy…
Ya
tengo
mis
50
y
tantos
años
y,
y
nunca
tuve
la
posibilidad
de
tener
hijos.
Y
entonces
el
poder
suplir
esa
necesidad
que
en
algún
momento
uno,
como
todo
hombre
o
como
todo
ser
humano
necesita
ser
padre
y…
cuando
ve
la
posibilidad
lo
ejerce
y
lo
aprovecha
y
lo
disfruta.
Así
que
sería,
sería
bueno
que
volviera
porque
igual
se
le
extraña.
Sí,
en
realidad…
Me
emociono
porque
lo
aprendimos
a
amar.
Sí,
lo
aprendimos
a
amarlo…
Igual
ellos
fueron
parte
importante….
No
si
entiende
bien
pero
lo
que
dice
Alfonso
ahí
es
que
se
emocionan
porque
lo
aprendieron
a
amar….
Eso
también
es
parte
de
esta
historia
y
quizás
un
detalle
que
marca
la
diferencia
con
la
migración
haitiana
que
se
vive
en
Santiago.
En
Coihueco
los
haitianos
tienen
nombre
y
apellido.
Son
seres
humanos,
individuos,
cada
uno
con
su
historia,
rodeados
de
una
comunidad
que
se
ha
preocupado
por
ellos,
por
conocerlos.
En
una
ciudad
como
Santiago,
caótica
y
llena
de
gente,
ese
contacto
humano
se
pierde…
Para
aclarar
qué
fue
lo
que
hizo
que
Rodlin
y
su
familia
dejaran
Coihueco
tan
inesperadamente,
lo
buscamos
en
Santiago.
No
fue
fácil
encontrarlo.
Nos
contactamos
por
teléfono
y
se
mostró
bastante
esquivo.
Finalmente
nos
dio
una
dirección,
pero
cuando
llegamos
esta
no
existía
y
él
no
contestaba
el
teléfono.
No
contesta.
No,
nada.
Cuando
ya
nos
dábamos
por
vencidos,
finalmente
apareció…
Estoy
en
la…
Me
voy
a
bajar…
¡Por
fin!
Uy,
qué
nos
costó…Sí,
¿cómo
estás?Bien,
¿y
tú?
BienÉl
es
Martín,
¿te
acuerdas
de
él?Sí.También
lo
conociste…
Cuando
por
fin
pudimos
conversar
le
preguntamos
por
qué
se
fue
de
Coihueco
tan
abruptamente.
La
vida
de
mi
familia
me
interesa.
Así
que
no
hubo
una
cosa
no
interesa,
para
casa,
para
comida,
nada.
Puro
la
vida
de
mi
familia.
Así
que
no
controla
frío…
yo
no
quiere
que
paso
un
problema
como
con
frío.
Porque
no
controla…
Mi
señora
no
quiere,
me
dice
mucho
frío.
No
sale
pa’
la
calle,
tiene
muchos
problemas.
¿Ella
no
se
acostumbró?
No
se
acostumbró
a
frío…
¿No
se
acostumbró?
No
tiene
amigas,
no
tiene
amigos.
Puro
adentro
de
la
casa…
¿Y
acá?
Acá
tiene
familia.
¿Su
hermana?
Sí,
ella
no
trabaja,
todo
el
día
adentro
de
la
casa.
No
conoce
nadie
para
calle.
Rodlin
nos
contó
que
cuando
salieron
del
pueblo
iban
de
visita
a
la
casa
de
la
hermana
de
Pederline,
que
vive
en
Santiago.
Y
que
la
idea
era
volver
en
un
par
de
semanas.
Por
eso
no
se
despidieron
de
nadie.
Pero
finalmente
Pederline
se
quiso
quedar.
Y
así
lo
hicieron.
Ahora
Rodlin
trabaja
en
la
construcción.
Viven
con
su
cuñada
y
su
esposo.
Y
entre
todos
se
están
organizando
para
abrir
un
local
de
comida
rápida
haitiana
y
chilena.
Lo
vimos
bien,
contento.
Pero
nos
confesó
que
si
dependiera
de
él,
volvería
a
Coihueco.
Mira
yo,
yo
quiere
vive
en
Coihueco
más,
porque
más
tranquilo.
Así
que
mejor
para
vivir
tranquilo.
Yo
paso
mucha
experiencias
acá
Coihueco.
Yo
considerar
a
Coihueco
como…
como
una,
una
comuna
muy
bueno
por
mí.
Mucho
la
gente
bueno.
Para
Coihueco
mejor
que
todo
Chile.
Yo
pensar
que
algún
día
yo
fui
a
Coihueco
a
visitar
todos.
Le
dijimos
a
Rodlin
que
tiene
que
visitar
a
Alfonso,
porque
él
lo
echa
mucho
de
menos…
Sí,
igual.
Ese
Alfonso
igual
como
un
papá
mío.
El
2
de
julio
comenzó
a
funcionar
otra
nueva
visa,
llamada
de
reunificación
familiar.
Esta
puede
ser
solicitada
por
los
cónyuges
e
hijos
menores
de
25
años
de
haitianos
con
residencia
en
regla
en
el
país.
Esta
tal
vez
podría
ser
una
forma
de
que
Amos
pudiera
traer
a
su
familia
una
vez
que
logre
juntar,
nuevamente,
la
plata
para
pagar
el
viaje.
Pero
ese
ahorro
le
puede
tomar
años.
Y
el
problema
es
que
esta
visa
estableció
una
cuota:
solo
se
entregarán
10.000
por
año,
lo
que
podría
resultar
insuficiente
si
se
toma
en
cuenta
que,
según
datos
del
Departamento
de
Extranjería
y
Migración,
actualmente
en
Chile
hay
casi
113.000
haitianos.
Cuando
nosotros
estamos
hablando
de
principios
tan
importantes
como
la
reunificación
familiar
esto
no
puede
ir
asociado,
no
debiera
ir
asociado
a
una
cuota.
Porque
¿por
qué
la
persona
solicitante
que
es
el
número
10.001
va
a
quedar
fuera,
cierto?
Y
la
que
alcanzó
a
presentarlo
antes
pudiese
quedar
adentro.
Es
bastante
injusto,
y
porque
si
hay
un
principio
detrás
como
la
reunificación,
entonces
eso
es
lo
que
tiene
que
valer.
Mira,
Catalina,
acá
este
era
un,
un
cuarto,
¿ya?
Donde
habían
muchas
cosas,
desorden
y
todo…
Como
una
despensa…
Como
una
despensa.
Rosa
confía
en
que
Amos
podrá,
de
una
u
otra
manera,
traer
a
su
familia.
Y
se
está
preparando
para
recibirlos.
Construyó
una
pieza
en
un
pequeño
espacio
que
tenía
en
el
patio
de
su
casa,
la
amobló
y
la
tiene
lista…
Entonces
esta
pieza
yo
se
la
quiero
dejar
a
él,
¿ya?
Tiene
ahí
su
cama,
esta
pieza
ya
está
terminada.
Ahora
solo
falta
que
llegue
su
familia.
La
periodista
Catalina
May
y
el
ingeniero
en
sonido
Martín
Cruz
tienen
un
podcast
independiente
que
se
llama
Las
Raras.
Cuentan
relatos
de
no
ficción
que
ellos
definen
como
“historias
de
libertad”.
Pueden
conocerlos
en
lasraraspodcast.com,
en
Facebook,
Twitter
y
en
las
principales
plataformas
de
podcast.
Esta
historia
fue
editada
por
Camila
Segura
y
por
mí.
La
música
y
el
diseño
de
sonido
son
de
Andrés
Azpiri
en
colaboración
con
Martín
Cruz.
Nuestra
pasante
Andrea
López
Cruzado
hizo
el
fact-checking.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Jorge
Caraballo,
Patrick
Mosley,
Ana
Prieto,
Laura
Rojas
Aponte,
Barbara
Sawhill,
David
Trujillo,
Elsa
Liliana
Ulloa,
Silvia
Viñas
y
Luis
Fernando
Vargas.
Nuestras
pasantes
son
Lisette
Arévalo
y
Victoria
Estrada.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
Hindenburg
PRO.
¿Ya
te
uniste
a
nuestro
Club
de
Podcast?
Es
un
grupo
privado
en
Facebook
en
el
que
discutimos
los
episodios
de
Radio
Ambulante
con
oyentes
de
otros
lugares
de
Latinoamérica
y
del
mundo.
Además,
nuestro
equipo
comparte
consejos
para
la
producción
de
historias
en
audio.
Búscalo
como
Club
de
Podcast
Radio
Ambulante.
Radio
Ambulante
cuenta
las
historias
de
América
Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
Check out more Radio Ambulante

See below for the full transcript

Bienvenidos a Radio Ambulante desde NPR. Soy Daniel Alarcón. En todos estos años que llevamos al aire, hemos hecho muchas historias sobre migración. Está allí, en el nombre de nuestro programa: el Ambulante se refería en parte a eso, al movimiento que caracteriza nuestra región… Muchos de los que trabajamos aquí somos migrantes, de alguna manera u otra. Entonces es un tema que nos importa, que nos toca. Pero la mayoría de las historias que hemos hecho han sido sobre la migración más obvia… la que se hace sobre todo desde diferentes países latinoamericanos hacia Estados Unidos. Y desde hace rato queríamos ampliar esa visión… Porque la migración es cada vez más complicada, más diversa. Hay cubanos en Venezuela, venezolanos en Perú, peruanos en Argentina, y así… De eso se trata la historia de hoy, de una ola migratoria que muchos no se imaginan. Así que hoy empezamos en Coihueco, un pueblo en la precordillera del centro de Chile. Unas 9.000 personas viven en la ciudad de Coihueco, unos 30.000 en la comuna que lleva el mismo nombre… Queda a cinco horas al sur en carro de la capital, Santiago. Rosa Muñoz, una mujer de unos 50 años, es una de esas habitantes y en el 2016 estaba en campaña para convertirse en concejala de Coihueco. Pero Rosa no pertenece al mundo de la política. Su madre era artesana. Su padre era carpintero que hacía muebles, que no sabía leer ni escribir. Ellos vivían acá en el pueblo, pero estamos hablando de hartos años donde no teníamos calles pavimentadas, donde no teníamos baño. Rosa no terminó el colegio, sino que se dedicó a ser ama de casa y madre de familia. Se casó y tuvo un hijo y una hija. Una familia joven en una zona aislada, pocos ingresos, y todos los retos que eso implica… Sí, tuve que ir a veces al negocio a pedir un kilo de azúcar, a pedir leche para mis hijos. Muchas veces: “No… es que sabe que no… que no, no le puedo pasar, es que no le puedo anotar”, y todo había que comprarlo. Y me empecé a preocupar porque cuando los niños están chiquititos uno no puede dejar de alimentarlos. Buscando salida a esa situación, se dedicó al reciclaje y a las manualidades. Empecé a motivarme y a ver la experiencia de mis padres y empecé a confeccionar cosas muy bonitas. Con mucho esfuerzo se las arregló para terminar el colegio y estudiar en la universidad. Así se convirtió en profesora de artes y manualidades. Me fue muy bien, muy, muy, muy bien. Esto, todo esto me costó el divorcio. Pero yo dije: soy responsable de dos hijos y si el padre de mis hijos no me va a acompañar en este desafío que yo tengo, voy a tener que seguir sola… No es de extrañar. Coihueco es un lugar donde los roles tradicionales de género no suelen cuestionarse. Rosa, en cambio, después de estudiar se capacitó para trabajar con mujeres y formó agrupaciones de campesinas. Y además puso un bazar en la plaza, que se convertiría en un lugar clave para la comunidad. Y en el 2016 fue cuando… Las señoras con las cual yo trabajé me pidieron que fuera como candidata a concejal. Entonces dije yo: un desafío más, si me va bien, no importa. Si me va mal, tampoco me va a importar. Fue una experiencia muy bonita. Conocí mucha gente y conocí todos los sectores de mi comuna, los cuales yo no conocía. Y fue un día de esos de campaña que ella iba en un carro… Y veo a un joven que estaba en un campo cortando una zarza. Y me llamó mucho la atención y paramos el vehículo y me bajo. Lo que más le llamó la atención al principio fue el color de su piel. Me impresionó este joven porque yo no… Tiempos anteriores había visto un, una piel chocolate, como dicen ellos, pero era un brasileño. Pero gente negra en Coihueco, pues no se ven. O no se veían. Y en el resto de Chile, a diferencia de otros países de la región, no hay grandes poblaciones afrodescendientes. No tiene la misma historia de esclavitud y de migración forzada como la que tiene Brasil, digamos, o Colombia o Perú… El joven que Rosa vio tenía una expresión muy triste… Muy, muy, muy triste, pero él igual ahí trabajando. Me emocioné porque era un tiempo muy helado, muy helado, y vi a este joven que no estaba con ropa adecuada para estar trabajando con tanto frío. Rosa se conmovió mucho. Y sentí la necesidad de acercarme a él y conversar y, y me contó un poco de su historia y yo le dije que iba a ser su amiga. Se enteró que se llamaba Rodlin Etienne. El primer joven haitiano en Coihueco. El primero de varios… Martín Cruz y Catalina May son cofundadores de Las Raras, un podcast chileno. Ellos han estado investigando esta historia por más de un año. Aquí, Catalina. Coihueco es el arquetipo de lo que se conoce como “el Chile profundo”: una comuna campesina, con altos índices de pobreza. Un pueblo muy tradicional, habitado por pequeños y medianos agricultores que recibieron parcelas durante la reforma agraria en los años 60 y 70. Un lugar al que prácticamente no llegaban extranjeros, hasta que apareció Rodlin. El que conmovió a Rosa tanto que cuando llegó a su casa no podía parar de pensar en él y… Sentía unas ganas de ir a verlo, dónde vivía, con quién estaba. Y la persona que me acompañó… ehm… sabía dónde él vivía. Fuimos y estaba en la casa de un profesor. Y no hubo problema de conversar con él. A pesar de que hablaba muy poco español, Rodlin, como pudo, le contó algo de su historia… Yo vivía Haití siempre para trabajar, pero en Haití falta trabajar. Vine a Chile para trabajar, para ayudar familia Haití. Había dejado a su esposa y a su hija de 4 años en Haití y cada vez que le hablaba de ellas a Rosa… Siempre se emocionaba, siempre. Por ejemplo, un día estábamos a la hora de almuerzo y él no comió y… corrían sus lágrimas entonces le pregunté que por… qué pasaba. Dice: “Yo no poder comer porque yo saber que mi hija no tener alimentos”. Y eso es como algo bien… que cualquier persona se emociona. Cuando le pregunto a Roly: Roly, ¿qué tú necesitas?, ¿qué es lo que tú quieres?, ¿qué anhela tu corazón? “Mi anhelo es traer a mi hija y a mi esposa, pero no saber porque yo necesito mucho dinero”. Los haitianos que en ese momento llegaban a Chile —estamos hablando de mediados de 2016— lo hacían como turistas. No necesitaban visa. Eso les daba 90 días para conseguir un contrato de trabajo y así podían empezar a tramitar su permanencia en el país. Todo legal. Pero solo algunos lo lograban. Sobre todo si se tiene en cuenta que llegaban unos 140 haitianos al día. Y más de alguno se quedaba viviendo en el país en situación irregular. Eh, Santiago tiene mucho haitianos, más difícil para trabajar. Tiene personas buscando trabajar, no, no se encontro. ¿No encontraste trabajo? No…Rodlin salió de Haití y estuvo algunos meses en República Dominicana. De ahí se fue a Santiago en avión, después de haber vendido su casa y haber logrado reunir los casi 3.000 dólares que le costaba el viaje. En Santiago conoció a un pastor evangélico que le consiguió trabajo con otro pastor de Coihueco, Rodolfo Pérez. Este es Rodolfo: Entonces yo le dije que yo lo podía ayudar porque tengo varias actividades acá en el sector, eh, actividades de agrícolas, de campo, hacer el aseo en distintas secciones que hay por acá también…. Rodolfo le dio hospedaje y trabajo, pero no solo eso… Hicimos el contrato legal como corresponde, con sus imposiciones, todo. Y eso fue muy importante porque le daba la estabilidad legal que Rodlin necesitaba. Llevaba siete meses sin ver a su familia. Y eso lo tenía muy afectado. Un día que llegamos allá y él estaba… notamos sus ojos que había estado llorando. Le dijimos nosotros: ¿qué pasó? “Eh, mucha angustia, pena”. ¿Por qué?, le decimos nosotros. Eh, dice: “Echo mucho de menos familia, más hija, mucho tiempo sin poderla ver”. Este es Alfonso Fritz. Él estaba construyendo un templo para la congregación en la que trabajaba Rodlin. Esa fue una situación en la que a nosotros nos quebrantó. Bueno, lloramos juntos, lo abrazamos, oramos por él y en ese instante nosotros le hicimos una promesa a él. Que iban a hacer hasta lo imposible para traer a su familia. Alfonso y Rosa son vecinos y pertenecen a la misma iglesia evangélica. A medida que le iban contando a los de la congregación la historia de Rodlin, todos quedaban muy conmovidos.. Esta es Joselin, otra feligresa… Todos nos conmovimos con su historia, que estaba solito y cuando supimos que quería traer a su familia para acá, todos nos conmovimos y empezamos a ayudarle. Y este es Pablo, que me contó que lo que más lo conmovió de Rodlin y de su situación en Haití fue saber… Lo triste, lo mal que se pasa, el hambre, la necesidad, la falta de alimento fue lo que más conmovió mi corazón. Eh, el hecho de no tener por dos, tres días comida y estar solamente con agua caliente durante mañana, mediodía y tarde. Así que con la ayuda de los miembros de la iglesia, a Alfonso y a Rosa se les ocurrió la idea de hacer una campaña para traer a la familia de Rodlin a Coihueco. Los chicos del coro, que son mayoría jóvenes y se manejan un poco con la Internet, entonces dije, bueno, partamos: ¿qué hacemos? Bueno, hagamos un, un eh, una página en el Facebook y demos a conocer la, la campaña. Por Facebook, eh, íbamos haciendo masiva esta campaña. Se hizo una página web y todos íbamos compartiendo y hicimos una cuenta para que todos fueran apoyando y poder lograr el objetivo que era traer a su familia… Le colocamos un nombre: “Acto de generosidad”… Y, y nosotros siempre —Rodlin se comunicaba con la esposa—, y nosotros: Rodlin, ¿cómo está esposa?, ¿cómo está niña? “Sí, niña, lo único que quiere es venirse, venirse, venirse”. Pero… No era fácil, porque había que juntar dos millones y medio. Es decir, un poco más de 3.000 dólares: una millonada para los vecinos de Coihueco. En un principio… Bueno, todo el mundo le gustaba lo que era la campaña, pero la realidad de todas las cosas es que en cuanto a lo monetario fue muy poco lo que se juntó. Y cuento corto que… fuimos la primera vez a ver cuánto había, habían 45.000 pesos. 45.000 pesos. Es decir, solo 70 dólares. Se nos vino el mundo abajo porque pensamos, dijimos: “No, así no, no vamos a llegar a la meta”. Frente a esta situación, los evangélicos hicieron lo que saben hacer… Y fue así. Se oró y Dios, a través de su Espíritu Santo, habló a, a Rodlin y le dijo: “Yo tengo ya la persona que va a pagar todos los gastos de la venida de tu hija y de tu esposa”. Solo era cuestión de… encontrarla. Nosotros, que tenemos un poquito más de fe, dijimos: “Amén. Gracias, Señor”. Amén. Mientras los evangélicos oraban, el cura católico del pueblo, Manuel Mosquera, leyó sobre la campaña para traer a la familia de Rodlin en un diario local. Fue una coincidencia afortunada. Entonces los contactó. Cuando conoció a Rodlin… Ahí planteó todo, entonces yo me comprometí a ayudarlo. Este es el cura Manuel. Él tenía un motivo claro para empatizar con la campaña. Yo soy un inmigrante. Manuel es español de Galicia y llegó al pueblo hace más de 30 años. ¿Y cómo lo recibieron cuando llegó? Muy bien, muy bien. Demasiado bien [Risas]… ¿Qué significa demasiado bien? Que la gente fue muy acogedora. Me recuerdo el primer día que llegué aquí a Coihueco había un gran cartel al fondo del templo que decía: “Coihueco es su familia desde hoy”. Me quedó grabado eso. El cura convocó a otras parroquias de la zona y entre más o menos 500 feligreses… Obtuvimos todo lo que era el resto de los fondos… Una parte para obtener la visa y otra parte para el viaje mismo. Y así, el 24 de diciembre de 2016, Rodlin partió a Santiago a buscar a su familia. Estaba contento, muy contento, porque yo tengo como… un año, no vi familia. Pero yo vine acá a Coihueco, yo contento porque mucho la gente, felicidad, ayudar para traer a familia. Mientras tanto, a pesar de que ya se había logrado reunir la plata para traer a la esposa y a la hija de Rodlin, en Coihueco la campaña seguía más activa que nunca. Así lo cuentan los vecinos que estuvieron involucrados: Nosotros nos preocupamos de arrendarles una casa para que vivieran en dignas condiciones. Nos conseguimos refrigerador, lavadora, mercadería llegaba. Llegaba mucha ropa… Comedor, con la cocina… Una plancha, eh, vajilla… Le armamos la cama de dos plazas, un plaza y media para la hija. Frazadas, colchones, cocina a gas, refrigerador… Arreglamos, pintamos, estuvimos como hasta la 1 de la mañana, jóvenes de la iglesia, la persona que nos ayudó también fue Rosa, ella cooperó mucho también con cosas para su casa. Yo fui a ver qué es lo que faltaba. Porque uno como mujer dice “va a llegar ella, que la casa esté bonita”. Y me encontré con muchas necesidades. Me di cuenta que no había mesa, no tenían sillas y mi pregunta era dónde se van a sentar. Van a llegar cansados, van a querer tomar un té y me preocupé en ese momento. Así que yo tenía unas cosas en mi casa y las fuimos a buscar con Alfonso y le ordenamos su mesa, con sillas, mantel y le dejamos todo bonito para que ellos llegaran. Rodlin, su esposa, Jean Pederline, y su hija, Loudnaylie, llegaron a medianoche a Coihueco. Se instalaron en la pequeña casa de madera a una cuadra de la plaza que la comunidad había preparado para ellos. Pero transiciones como esta no son nada fáciles. La esposa de Rodlin, sobre todo, sufrió mucho. La chica, Pederline, ella estaba todo el día en su casa, encerrada. Ella no abre ventanas, nada. A veces está muy triste, está como ida. Y yo le pregunto: “¿Extraña Haití?”. Ella extraña a sus papás, extraña a sus hermanos. Todo, en el fondo yo me pongo en el lugar de ella y ella extraña todo. Comenzamos a reportear esta historia en esa época, en el 2017, y recuerdo que en ese momento tratamos de conversar con Pederline, pero ella no hablaba nada de español y muy poco francés, un idioma que algunos haitianos sí dominan. Nos costó mucho comunicarnos con ella y la sentimos bastante aislada, insegura y, por lo mismo, desconfiada. Le preguntamos si estaba contenta viviendo en Coihueco. Es-tu content ici ? Oui. Beaucoup o un peu? Un peu. Un peu. OK. Un poco. Solo un poco. Su hija, Loudnaylie, en cambio, se veía muy alegre andando en bicicleta por la plaza del pueblo. Todo el mundo la saludaba y le regalaba dulces y juguetes. Ella se dejaba querer. Además, aprendió el español muy pronto. Hola. Hola. ¿Cómo estás? Bien. ¿Cómo te llamas? Loudnaylie Etienne. ¿Cuántos años tienes? 4 años. ¡Sabes español! Como ya vivían en su propia casa, Alfonso le consiguió otro trabajo a Rodlin y lo ayudó a mantener sus papeles en regla. Rosa se convirtió en la apoderada de la niña en el colegio. La llevaba a clases, iba a las reuniones y hablaba con los profesores. Y durante el día acogía a Pederline en el bazar que Rosa tiene en la esquina de la plaza. Le trataba de enseñar español y la acompañaba para que no estuviera sola. Tanto Alfonso como Rosa integraron a Rodlin, a Pederline y a Loudnaylie a sus propias familias: iban juntos al templo, mimaban a la niña y compartían sus comidas. Ella me invitó a comer y… cocinan arroz con porotos negros. Eh, al mirarlo los chilenos, no nos da muy buena impresión pero es una comida muy rica. Aparte que el poroto negro yo pasé a la feria y vale 1.200 el kilo, y son muchos. O sea solo 2 dólares. Y según ellos dicen que ese es el plato típico en Haití. Pero toda esa cercanía que estaban construyendo se interrumpió una mañana de mayo de 2017 cuando Rodlin no llegó a un trabajo que Alfonso le había conseguido. La cosa es que él tenía que salir el día lunes a trabajar y el día domingo él arregló maletas y se fue a Santiago. Y… y como escondido, es esa la verdad. En el pueblo no entendían nada. En la casa estaban todas las cosas que habían conseguido para ellos. Y empezaron los rumores: Rodlin necesitaba ganar más plata para pagarle a un prestamista. O para traer a su hermano de Haití. Debe haber conseguido un trabajo en la capital. ¿Pero por qué no se despidieron de nadie? Cuando finalmente lograron comunicarse con él, Rodlin les dijo que en unas semanas iban a volver. Nos quedamos con eso y… sucedió de que no, no volvió. Así que en la iglesia, bueno, nosotros por la niña lo sentíamos porque nos encariñamos, nos afiatamos tanto a ella que todo lo que se hizo y las ayudas que recibimos, digamos, para que pudieran ellos llegar, nos duró poco, el poder disfrutar eso. Cuando volvamos, ¿por qué se fue Rodlin? Una pausa y volvemos. Este podcast de NPR y el siguiente mensaje son patrocinados por Squarespace. Si estás listo para empezar tu nuevo negocio, obtén un dominio único y crea una bonita página web con el apoyo del galardonado servicio al cliente que está disponible las 24 horas del día, los 7 días a la semana. Ingresa a squarespace.com y obtén una prueba gratuita. Y cuando estés listo para lanzar tu página, usa el código RADIO para ahorrarte 10% en la compra de tu primer sitio web o dominio. Imagínalo, suéñalo, hazlo con Squarespace. Este podcast de NPR y el siguiente mensaje son patrocinados por Sleep Number. Sleep Number te ofrece camas que se adaptan en ambos lados a tu posición ideal. Sus nuevas camas son tan inteligentes que automáticamente se ajustan para mantenerte a ti y a tu pareja cómodos durante toda la noche. Averigua por qué nueve de cada 10 de los que usan Sleep Number lo recomiendan. Visita sleepnumber.com para encontrar una tienda cerca de ti. Hola, yo soy Felix Contreras del podcast Alt.Latino. Esta semana les presentamos la música de El Tiny, un poquito de la música del Tiny Desk Concert que presenta NPR Music. Música de muchas culturas y estilos en el podcast de Alt.Latino. No se olviden. Hola, soy Maria Hinojosa, del programa Latino USA en NPR. Esta semana, me puse a bailar. Bueno, y también a conversar, con el rapero y actor Fat Joe sobre El Bronx, la historia del hip-hop, su matrimonio de 23 años y su papel en la película Night School. Encuentra nuestro programa en NPR One o en donde escuchas tus podcasts. Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Un poco antes de que Rodlin y su familia desaparecieran misteriosamente, habían empezado a llegar más haitianos a Coihueco. Rosa no quedó elegida como concejala, pero su bazar frente a la plaza se convirtió en una institución en sí mismo. Allá empezaron a llegar los haitianos que se trasladaban al pueblo. Catalina May nos sigue contando.Y tal como hizo con Rodlin, Rosa los acoge. Los acompaña a tramitar sus papeles, y los ayuda a encontrar casa y trabajo. Yo conozco a muchos… Mira primero está Peter, Amos, eh, Job, Pedro, Noel, eh, Wildo, eh, Jonás. Mucho, mucho, los conozco mucho. Oye… y mira sí, sí yo pienso que, que mi negocio es como, es como el punto de ellos, como… es que sabes que tener mucho frío… Aquí tener un café. Coloquen hervidor, yo voy a comprarles pancito con algo y, y para que coman. Para entender por qué llegan estos inmigrantes a Coihueco, hay que explicar que en el sector hay bastantes pequeños y medianos agricultores que producen berries, frambuesas, arándanos y moras. Este es un cultivo intensivo que permite producir grandes cantidades de fruta en terrenos pequeños, como los que entregó la reforma agraria a los campesinos del lugar. Para cosechar la fruta se necesitan muchas manos durante el verano. Y últimamente, por el desplazamiento de los pueblerinos hacia la ciudad, en Coihueco los trabajadores temporeros escasean. Y es ahí donde entran los haitianos. Este es Amos, que llegó después de Rodlin. Después yo pasa como un mes allá Santiago, yo te un poco difícil porque yo no, no entender nada, eh, no tener papel, por eso yo vine acá a buscar trabajo acá. Yo trabajar en la frambuesa como tres meses. Igual que Rodlin, Amos vino a Chile buscando trabajo. Su idea también es juntar plata para traer a su esposa y a su hijo. Junto con él y con los mismos objetivos llegó su primo Peter. Y en paralelo muchos de sus compatriotas. Este es Peter… Un día había dos, mañana había, eh, dos más, cuatro, cinco, así viene mucho. Cuando empezó la temporada de cosecha en noviembre de 2017, las calles del pueblo y los caminos rurales del sector estaban llenos de haitianos. Se formaron cultos religiosos en creole y hasta se lanzó un programa en la radio local conducido por un haitiano. Estos migrantes llegan en una situación precaria. Con poco dinero, papeles irregulares y sin hablar mucho español. En Coihueco, como en Santiago, también viven dificultades: principalmente precariedad laboral y viviendas hacinadas, de rentas caras. Pero por lo que hemos visto, la acogida en Coihueco ha sido generosa, abierta. La comunidad se ha mostrado muy dispuesta a recibir a los haitianos que han ido llegando. ¿Y qué sabías de Coihueco antes de venir? Nada, nada. Después vine, sabía mucho porque gente muy bueno. ¿Te ha tocado algún… relacionarte con alguna persona que hayas sentido como mala onda? No. Por eso todos son mis amigos, siempre decía Peter yo andaba en la calle, Peter, Peter, sí. ¿Nunca has tenido ni un problema con nadie? No. Esto no deja de ser sorprendente. Sobre todo si se considera que desde que empezaron a llegar haitianos a Chile, afloró en pleno el racismo. Aunque hay muchos inmigrantes de países como Perú, Colombia, Venezuela y Bolivia, los haitianos han sido de los más discriminados. El impacto de su presencia ha sido alto porque la mayoría no entra por las fronteras del norte, sino que llega en avión directamente a Santiago. Eso, sumado a la pobreza en la que viven y a su color de piel ha sacado lo peor de algunos chilenos. En febrero de este año, 2018, por ejemplo, pasó esto: Un fuerte debate ha provocado en, eh, la comunidad de las redes sociales también… un video que mostraba la llegada a Santiago de un avión charter que trasladaba pasajeros, eh, y numerosos ¿verdad?, de… provenientes de Haití. La persona que grabó estas imágenes calificaba el ingreso de los extranjeros como una invasión. La voz que van a escuchar es del que grabó el video en el aeropuerto… Acaba de arribar esta aeronave, una gran aeronave 767 y con full inmigrantes haitianos. Es inaudito. Nadie da una explicación. Este gobierno, antes de terminar su mandato está haciendo ingresos masivos… una invasión… ¡Qué pasa con nuestro país!… Vean ustedes, señores… Situaciones como esta se han conocido muchas: los haitianos que fueron expulsados de un mall en un barrio de clase alta, el haitiano que se durmió en el metro y fue despertado a insultos, el que atendía en un centro de servicios y recibió en la cara un hot dog por parte de un cliente, el que fue apuñalado sin motivo en un terminal pesquero. Las historias aparecen cada cierto tiempo en los medios de comunicación. Pasamos todo febrero de 2017 en Coihueco y desde entonces hemos estado volviendo con cierta regularidad, y sí, lo que se ve es una relación entre la comunidad y los inmigrantes haitianos que es aparentemente armoniosa. Durante el verano hay trabajo. Hay gente como Rosa, Alfonso y muchos más de los que ya hemos escuchado… que han dedicado innumerables horas a apoyar a los haitianos que han llegado. Tanto Rodlin, el primero en llegar, como Amos y Peter, de la siguiente ola, hablan maravillas del pueblo, y dicen que siempre han sido bien recibidos. Una de las grandes alegrías para la comunidad la trajo Peter, quien después de trabajar mucho y ahorrar, logró juntar la plata para que viajara la que entonces era su novia. Apenas ella llegó, Rosa los ayudó a conseguir una hora en el registro civil y se casaron. Después, a la semana siguiente, era el matrimonio por la iglesia. Muy bonito, mucha ayuda de la iglesia, unos que donaron la torta… eh, que el vestido de novia, que los, los alimentos, que cocinar. Una señora se ofreció a cocinar, otra señora a hacer el cóctel y, y todo muy, muy bonito. Cuéntame de tu… de tu esposa. Ella está bien. Pero lo que pasa ella no tiene mucho tiempo acá, tiene como un mes y medio. Francisca. Sí, Francisca se llama. Amos también logró juntar la plata para traer a su esposa y su hijo de 6 años. Compró los pasajes y en Haití vendieron todas sus cosas para preparar el viaje. Iban a volar el 20 de abril. Pero sus planes se truncaron. Porque se cambia la ley de Chile, por eso no puede venir. Y es que en 2017, la llegada de haitianos a Chile se disparó: según datos de la Policía de Investigaciones entraron más de 100.000, y salieron un poco menos de 5.000. En 2018, esta ola seguía creciendo, hasta que el 9 de abril, solo 11 días antes de que la familia de Amos viajara, el presidente Sebastián Piñera anunció que se cambiarían las reglas para limitar su entrada. Se ha determinado exigir, a contar del día 16 de abril del año 2018, la obtención de visa consular de turismo simple con derecho a ingreso y permanencia en Chile por un periodo de 30 días, a todo ciudadano haitiano que desee ingresar al país… Este cambio en la ley se hizo vía decreto, es decir, sin consultar al congreso. Como dijo Piñera, exige una visa para los turistas haitianos que antes no existía. La visa se debe tramitar en Haití y les permite quedarse solo 30 días, o sea 60 días menos que antes, sin la posibilidad de tramitar una estadía. Piñera anunció que esto entraba en vigencia una semana después, el 16 de abril. Cuatro días antes del viaje de la familia de Amos. Yo pasa como un año y cuatro meses trabajar acá a juntar dinero para comprar pasaje para ellos. Ahora no, no sé qué pase con pasajes porque ese compañía no quiere devolver esa plata. Ahora muy triste allá, sí muy triste. Mi hijo también no quiere comer, no quiere ir al colegio. Porque yo decía mi hijo antes si venía acá, hacía colegio acá. Esta visa para los haitianos contrasta fuertemente con otra instaurada al mismo tiempo por el gobierno… para los venezolanos… Se crea una visa de responsabilidad democrática, la que deberá ser solicitada en el consulado chileno en Caracas u otros en Venezuela, y que otorgará un permiso de residencia temporal por un año prorrogable por una vez y que también permitirá la solicitud de la residencia definitiva. Lo que sí efectivamente ocurre es que hay un trato diferenciado, ¿ya? A mi, a mi juicio es una diferencia discriminatoria. ¿Por qué es discriminatoria?… Esta es Macarena Rodríguez, la directora de la Clínica Jurídica de Atención de Inmigrantes de la Universidad Alberto Hurtado en Santiago. Ella considera que esta diferencia en el trato frente a haitianos y venezolanos no tiene ninguna justificación válida. Para ella es una discriminación arbitraria porque… No hay antecedentes que permitan, eh, justificar una medida de esta naturaleza… Entonces mientras a un grupo se le ponen trabas para llegar, al otro se lo facilitan, y no son muy claras las razones. Y porque nosotros también podríamos sostener que hoy día en Haití las condiciones de caos, digamos de… la, la situación de pobreza. Eh, esa no es tampoco una democracia en plenitud como uno podría pensar. Es decir, si la visa para los venezolanos es de responsabilidad democrática, entre comillas, ¿no se podría justificar la visa para los haitianos bajo la misma lógica? En Coihueco, Rosa, que fue candidata a concejala por uno de los partidos de la coalición de gobierno, rechaza rotundamente la nueva visa consular… Entonces mi pregunta es cuando hacen estas leyes tan rápidas no ven a quiénes vamos a perjudicar. Quiénes van a tener prioridad. Porque si yo veo que se ha invertido un millón y medio, casi dos millones de pesos en los pasaportes, los pasajes para que pueda venir esta familia y que todo quede así… Yo veo las fotos donde el chiquitito llora, donde el chiquitito no quiere comer. Me da rabia a mí. Veo que hay leyes que son tan injusta que… quizá… ehm… nuestro país no está preparado para recibir tantos haitianos, pero mira yo he entendido que el planeta tierra nos pertenece a todos. Hay algo en su propia experiencia —la de una mujer que vivió en la pobreza y construyó su vida a puro trabajo y esfuerzo— que hace que Rosa conecte profundamente con los haitianos que ha acogido en Coihueco. Porque pienso que en la vida todos merecemos oportunidades. Al contrario de Rosa, Alfonso, el que oímos al principio de esta historia, ese que empezó la campaña para traer a la familia de Rodlin… se ha mantenido completamente al margen de la llegada de esta nueva ola de jóvenes haitianos a Coihueco. Junto a su esposa, Trinidad, nos cuenta que lo ha preferido así, porque la partida de Rodlin y su familia lo dejó muy afectado y aún añora su regreso. Tanto, que no se cansan de mirar las fotos que tienen guardadas en sus celulares, especialmente las de Loudnailye: Aquí anda la Lud. Ahí, ahí está, ahhh. Hmm… A ver… Ahí hay unas poquitas [risa]. Pero esto era acá todavía, ¿o no? Sí, aquí. Antes que se fueran, sí. ¿Eso fue como en diciembre? Sí. Sí, ella posaba. Mi nieta. La adoraba… Claramente uno no tiene a quién entregarle amor. Por ejemplo yo, yo soy… Ya tengo mis 50 y tantos años y, y nunca tuve la posibilidad de tener hijos. Y entonces el poder suplir esa necesidad que en algún momento uno, como todo hombre o como todo ser humano necesita ser padre y… cuando ve la posibilidad lo ejerce y lo aprovecha y lo disfruta. Así que sería, sería bueno que volviera porque igual se le extraña. Sí, en realidad… Me emociono porque lo aprendimos a amar. Sí, lo aprendimos a amarlo… Igual ellos fueron parte importante…. No sé si entiende bien pero lo que dice Alfonso ahí es que se emocionan porque lo aprendieron a amar…. Eso también es parte de esta historia y quizás un detalle que marca la diferencia con la migración haitiana que se vive en Santiago. En Coihueco los haitianos tienen nombre y apellido. Son seres humanos, individuos, cada uno con su historia, rodeados de una comunidad que se ha preocupado por ellos, por conocerlos. En una ciudad como Santiago, caótica y llena de gente, ese contacto humano se pierde… Para aclarar qué fue lo que hizo que Rodlin y su familia dejaran Coihueco tan inesperadamente, lo buscamos en Santiago. No fue fácil encontrarlo. Nos contactamos por teléfono y se mostró bastante esquivo. Finalmente nos dio una dirección, pero cuando llegamos esta no existía y él no contestaba el teléfono. No contesta. No, nada. Cuando ya nos dábamos por vencidos, finalmente apareció… Estoy en la… Me voy a bajar… ¡Por fin! Uy, qué nos costó…Sí, ¿cómo estás?Bien, ¿y tú? BienÉl es Martín, ¿te acuerdas de él?Sí.También lo conociste… Cuando por fin pudimos conversar le preguntamos por qué se fue de Coihueco tan abruptamente. La vida de mi familia me interesa. Así que no hubo una cosa no interesa, para casa, para comida, nada. Puro la vida de mi familia. Así que no controla frío… yo no quiere que paso un problema como con frío. Porque no controla… Mi señora no quiere, me dice mucho frío. No sale pa’ la calle, tiene muchos problemas. ¿Ella no se acostumbró? No se acostumbró a frío… ¿No se acostumbró? No tiene amigas, no tiene amigos. Puro adentro de la casa… ¿Y acá? Acá tiene familia. ¿Su hermana? Sí, ella no trabaja, todo el día adentro de la casa. No conoce nadie para calle. Rodlin nos contó que cuando salieron del pueblo iban de visita a la casa de la hermana de Pederline, que vive en Santiago. Y que la idea era volver en un par de semanas. Por eso no se despidieron de nadie. Pero finalmente Pederline se quiso quedar. Y así lo hicieron. Ahora Rodlin trabaja en la construcción. Viven con su cuñada y su esposo. Y entre todos se están organizando para abrir un local de comida rápida haitiana y chilena. Lo vimos bien, contento. Pero nos confesó que si dependiera de él, volvería a Coihueco. Mira yo, yo quiere vive en Coihueco más, porque más tranquilo. Así que mejor para vivir tranquilo. Yo paso mucha experiencias acá Coihueco. Yo considerar a Coihueco como… como una, una comuna muy bueno por mí. Mucho la gente bueno. Para mí Coihueco mejor que todo Chile. Yo pensar que algún día yo fui a Coihueco a visitar todos. Le dijimos a Rodlin que tiene que visitar a Alfonso, porque él lo echa mucho de menos… Sí, igual. Ese Alfonso igual como un papá mío. El 2 de julio comenzó a funcionar otra nueva visa, llamada de reunificación familiar. Esta puede ser solicitada por los cónyuges e hijos menores de 25 años de haitianos con residencia en regla en el país. Esta tal vez podría ser una forma de que Amos pudiera traer a su familia una vez que logre juntar, nuevamente, la plata para pagar el viaje. Pero ese ahorro le puede tomar años. Y el problema es que esta visa estableció una cuota: solo se entregarán 10.000 por año, lo que podría resultar insuficiente si se toma en cuenta que, según datos del Departamento de Extranjería y Migración, actualmente en Chile hay casi 113.000 haitianos. Cuando nosotros estamos hablando de principios tan importantes como la reunificación familiar esto no puede ir asociado, no debiera ir asociado a una cuota. Porque ¿por qué la persona solicitante que es el número 10.001 va a quedar fuera, cierto? Y la que alcanzó a presentarlo antes pudiese quedar adentro. Es bastante injusto, y porque si hay un principio detrás como la reunificación, entonces eso es lo que tiene que valer. Mira, Catalina, acá este era un, un cuarto, ¿ya? Donde habían muchas cosas, desorden y todo… Como una despensa… Como una despensa. Rosa confía en que Amos podrá, de una u otra manera, traer a su familia. Y se está preparando para recibirlos. Construyó una pieza en un pequeño espacio que tenía en el patio de su casa, la amobló y la tiene lista… Entonces esta pieza yo se la quiero dejar a él, ¿ya? Tiene ahí su cama, esta pieza ya está terminada. Ahora solo falta que llegue su familia. La periodista Catalina May y el ingeniero en sonido Martín Cruz tienen un podcast independiente que se llama Las Raras. Cuentan relatos de no ficción que ellos definen como “historias de libertad”. Pueden conocerlos en lasraraspodcast.com, en Facebook, Twitter y en las principales plataformas de podcast. Esta historia fue editada por Camila Segura y por mí. La música y el diseño de sonido son de Andrés Azpiri en colaboración con Martín Cruz. Nuestra pasante Andrea López Cruzado hizo el fact-checking. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Jorge Caraballo, Patrick Mosley, Ana Prieto, Laura Rojas Aponte, Barbara Sawhill, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, Silvia Viñas y Luis Fernando Vargas. Nuestras pasantes son Lisette Arévalo y Victoria Estrada. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. ¿Ya te uniste a nuestro Club de Podcast? Es un grupo privado en Facebook en el que discutimos los episodios de Radio Ambulante con oyentes de otros lugares de Latinoamérica y del mundo. Además, nuestro equipo comparte consejos para la producción de historias en audio. Búscalo como Club de Podcast Radio Ambulante. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

Translation Word Bank
AdBlock detected!

Your Add Blocker will interfere with the Google Translator. Please disable it for a better experience.

dismiss