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Radio Ambulante - El juez

-
+
15
30

¿Qué pasa cuando un sistema judicial ancestral se enfrenta a los problemas modernos de uno de los países más violentos del mundo?

Este episodio fue publicado originalmente en agosto de 2016.

Bienvenidos
a
Radio
Ambulante,
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.
Hoy
volvemos
a
nuestros
archivos,
con
una
historia
del
2016.
5,
6,
7…
Lo
que
se
escucha
al
fondo
es
una
joven
recibiendo
15
latigazos.
Se
robó
la
computadora
de
su
vecina.
Por
eso
le
toca
este
castigo
que
se
llama
xic’a’y.
Es
parte
de
la
justicia
indígena
maya
que
se
ha
practicado
en
Guatemala
desde
hace
siglos.
11,
12…
El
hombre
que
se
escucha
contando
es
Juan
Zapeta
y
es
un
juez
maya.
Es
la
autoridad
máxima
en
Quiché,
uno
de
los
departamentos
donde
todavía
se
aplica
el
xic’a’y.
Puede
parecer
un
método
violento,
pero
para
una
comunidad
indígena
que
ha
sufrido
décadas
de
impunidad
y
genocidio,
quizá
es
lo
más
cercano
a
una
justicia,
no
sólo
verdadera,
sino
propia.
Pero
aquí
viene
la
complicación.
O
bueno,
una
de
las
complicaciones.
¿Cómo
pueden
coexistir
dos
sistemas
de
justicia
en
un
solo
país?
Tenemos,
por
un
lado,
en
comunidades
indígenas,
a
autoridades
comunitarias
como
Juan
Zapeta.
A
la
vez,
tenemos
al
sistema
oficial:
policías,
jueces,
fiscales,
etcétera,
como
en
cualquier
otro
país.
Y
bueno,
a
veces
se
complementan.
Y
otras
veces…
Pues,
mejor
que
lo
explique
el
jefe
de
policía
de
Quiché,
Sergio
Morales,
cuando
le
preguntamos
sobre
Zapeta,
el
juez
maya:
Han
habido
algunos
casos
ahí
que…
que…
que
ese
señor,
la
verdad
de
que…
aplica
justicia
cuando
debería
de
dejar
que
sea
la
policía.
La
periodista
Melissa
Silva
Franco
fue
al
departamento
de
Quiché
para
ver
cómo
conviven
estos
dos
sistemas.
Vamos
a
quemar
su
casa
¡Vamos
de
una
vez!
Eso
no,
tampoco.
Ese
es
un
gran
delito,
señora.
Para
eso
venimos.
Exijamos
solo
el
dinero.
Para
eso
está
la
autoridad.
Es
domingo
y
son
las
tres
de
la
tarde.
Estamos
en
el
patio
de
la
casa
de
Juan
Zapeta.
Él
es
el
único
hombre
de
un
grupo
de
más
o
menos
100
mujeres.
Todas
se
quejan
de
que
han
sido
estafadas
por
la
misma
persona.
El
instinto
de
muchas
es
hacer
justicia
por
mano
propia,
es
decir,
linchar
a
la
acusada.
Muy
pocos
en
esta
región
confían
en
el
sistema
judicial
del
gobierno.
También,
hermanos,
ese
es
el
trabajo
nuestro
y
les
agradecemos
a
ustedes,
pues,
que
respetan
lo
que
nosotros
decidimos,
¿verdad?
Zapeta
es
un
hombre
pequeño.
Mide
más
o
menos
un
metro
y
medio.
Sus
pies
siempre
están
llenos
de
barro
y
de
tierra.
Todos
los
días
él
se
pone
una
camisa
blanca
para
ir
a
trabajar.
Siempre
lleva
un
sombrero
y,
además,
una
vara
de
madera,
dos
símbolos
importantes
para
los
mayas.
Demuestran
que
Juan
Zapeta
es
la
máxima
autoridad.
Al
final,
el
juez
maya
decide:
La
vamos
a…
a
detener.
Lo
vamos
a
hacer.
Eso
sí,
pues,
está
en
ley.
Lo
vamos
a
detener,
lo
vamos
a
amarrar,
como
ustedes
dicen.
Lo
vamos
a
hacer.
Lo
vamos
a
hacer
caminar…
Van
para
la
casa
de
la
acusada,
a
buscarla.
Hay
tres
camionetas
4×4
y
varias
de
las
mujeres
se
suben.
Juan
Zapeta
conduce
una
de
ellas.
Yo
me
subo
en
el
asiento
de
atrás
junto
a
otras
cinco
mujeres.
Y
ahí
el
juez
me
explica
por
qué
la
gente
prefiere
el
sistema
indígena.
Como
ustedes
pueden
ver
ahorita,
digamos,
las
señoras
dicen:
“Vamos
a
verla”,
y
vamos.
Entonces,
eso
es
lo
que
a
la
gente
le
gusta.
En
el
otro
sistema,
digamos,
si
le
dijéramos
al
fiscal
que
fuésemos
a
ver
ahorita,
pues,
no
accede,
¿verdad?
Nada
de
poner
una
denuncia,
de
empezar
una
investigación
larga,
de
necesitar
una
orden
de
captura
firmada
por
un
juez.
En
este
sistema,
todo
se
mueve
mucho
más
rápido.
Recorremos
una
carretera
llena
de
árboles
a
cada
lado.
Y
como
a
los
15
minutos
llegamos
a
la
casa
de
la
acusada.
Mi
mierda,
muchá,
¡se
fue!
¡Se
fue!
Parece
que
la
señora
ya
no
está.
La
acusada
se
llevó
todas
sus
cosas
y
nadie
sabe
a
dónde
se
fue.
Así
que
el
juez
da
su
sentencia:
no
podrá
volver
a
entrar
en
Quiché.
En
caso
de
que
vuelva
será
detenida
por
los
propios
vecinos
y
juzgada
por
el
juez
maya
en
plena
plaza
pública.
Es
decir,
la
exilió.
No
es
un
castigo
ligero,
si
lo
piensan
bien.
Y
las
mujeres
estafadas
no
protestan
demasiado.
Juan
Zapeta
tiene
la
última
palabra
y
ellas
lo
saben.
Juan
Zapeta
recibe
un
promedio
de
20
llamadas
al
día
para
resolver
situaciones
como
esta.
Estas
llamadas
vienen
de
gente
de
su
etnia,
que
viven
en
los
diferentes
rincones
de
Quiché.
Quiché
es
la
cuarta
región
más
poblada
de
Guatemala
con
casi
un
millón
de
habitantes.
Aquí,
9
de
cada
10
personas
son
indígenas.
Y
en
Quiché
—como
en
otros
ocho
departamentos
de
Guatemala
donde
la
población
en
su
mayoría
es
indígena
los
ciudadanos,
cada
cuatro
años,
votan
por
un
alcalde
oficial.
Y
bueno,
hay
un
alcalde
indígena
también
y
este
se
elige
cada
tres
años.
Zapeta
ha
sido
reelegido
tres
veces
ya.
Pero
los
que
lo
postulan
son
las
autoridades
indígenas,
es
decir,
los
ancianos
y
los
mediadores.
Como
alcalde
indígena,
da
charlas
en
las
escuelas
sobre
la
cultura
maya.
Además,
se
reúne
con
jueces
y
resuelve
conflictos
familiares.
Pero
su
función
principal
es
la
de
ser
juez.
Esta
forma
de
justicia,
claro,
no
es
nueva.
Al
contrario,
en
Guatemala
el
nuevo
sistema
es
el
que
trajeron
los
españoles.
Y
el
que
representa
Juan
Zapeta
es
algo
mucho
más
ancestral,
que
se
viene
modificando
desde
la
colonia
hasta
la
república.
Zapeta
me
explica
que
resuelve
desde
los
delitos
más
pequeños…
Hasta
asesinatos,
homicidios,
violaciones,
eh,
dro…
drogas
y
todo
eso
pues
hemos
resueltos
casos.
Pero
dentro
de
lo
más
común
es
la
delincuencia.
O
sea,
asaltos,
robos.
Delitos
que
pasan
en
todos
lados,
sí.
Pero
la
forma
en
que
los
juzgan
es,
claramente,
diferente.
Los
juicios
tienen
que
ser
públicos
y
la
comunidad
afectada
siempre
debe
participar.
Por
ejemplo,
si
un
ladrón
se
roba
una
gallina,
al
juicio
no
solo
va
el
dueño
de
la
gallina,
sino
que
además
van
los
vecinos.
Pues
de
alguna
manera
u
otra,
también
son
afectados
por
el
robo.
Cuando
las
víctimas
o
las
acusadas
son
mujeres,
muchas
veces,
a
Zapeta
lo
ayuda
la
vicealcaldesa,
que,
por
cierto,
también
es
su
cuñada.
(Se
presenta
en
idioma
quiché)
Esta
es
doña
María
Lucas
presentándose
en
quiché.
Pero
ninguno
de
los
dos
cobra
por
este
trabajo.
Viven
de
donaciones
de
la
comunidad.
Cuando
Zapeta
no
está
trabajando
como
juez,
se
encarga
de
su
huerta.
Doña
María,
por
las
mañanas,
vende
helados
en
un
puesto
ambulante.
De
tarde,
guarda
su
carrito
y
saca
su
agenda
donde
lleva
los
casos
como
asistenta
del
juez.
La
justicia
maya
porque…
Doña
María
no
habla
un
español
muy
fluido,
entonces
el
juez
me
traduce
lo
que
ella
dice.
Eh,
la
justicia
maya
para
es
la
corrección
que
damos
a
las
personas
para
que
no
lo
vuelvan
a
hacer
y
se
arrepientan
de
los
hechos.
¿Le
gusta
su
trabajo?
Bueno,
la
verdad
que
porque…
Ella,
pues,
lo
que
ve
es
que,
digamos,
la
sanción
que
se
aplica
dentro
del
sistema
de
justicia
maya
no
es
igual
que
en
el
otro
sistema
¿verdad?
Porque
allá
es
de
cárcel,
y
lo
que
ella
ha
visto,
pues,
es
que
generalmente
no
regenera.
En
cambio,
en
el
caso
nuestro,
hemos
comprobado
que
las
personas
regeneran.
Regeneran,
es
decir,
cambian.
Pero
no
sólo
se
trata
de
que
no
lo
vuelvan
a
hacer.
Zapeta
dice
que
la
justicia
maya
también
se
concentra
en
la
prevención.
Es
la
prevención
de
una
falta,
la
prevención
de
los
delitos,
la
prevención
de
los
conflictos,
y
eso
se
logra
a
través
del
pixab.
El
pixab.
Eso
quiere
decir,
en
español,
“una
serie
de
consejos
o
de
normas”.
Respetar
a
las
personas,
a
la
comunidad
y
sus
bienes.
Cosas
como
no
contaminar
el
río,
no
cortar
un
árbol
sin
permiso,
no
robar,
etcétera.
Y
si
un
adulto
no
cumple
estas
normas
y
es
denunciado
por
alguien,
el
juez
es
quien
decide
el
castigo.
Puede
ser
desde
una
multa
o
trabajo
comunitario,
hasta,
bueno,
la
pena
máxima:
el
xik’a’y,
es
decir,
los
latigazos.
Los
latigazos
se
dan
sólo
en
la
espalda
con
las
ramas
de
un
árbol.
Y
no
es
cualquier
árbol,
sino
es
el
mismo
tipo
de
árbol
que
se
usa
desde
hace
más
de
500
años:
el
membrillo.
Se
usa
porque
huele
bien,
y
es
verdad,
tiene
un
olor
agradable.
A
diferencia
del
delincuente…
Que
hiede,
que
su
vida
que
está
mal,
tenga
olor
a
fragancia.
Y
se
busca
las
ramitas
rectas
para
que
esta
persona,
eh,
su
vida,
se
vuelva
recta
y
no
se
siga
torciendo.
Pueden
ser
desde
5
hasta
40
latigazos.
Pero
Zapeta
nunca
ha
llegado
a
sentenciar
a
nadie
a
40,
porque
él
cree
que
40
pueden
llegar
a
matar.
Lo
más
común
son
entre
9
y
20.
Dar
los
latigazos
es
la
tarea
de
los
familiares.
Generalmente
de
los
padres.
Si
ellos,
digamos,
no
tienen,
digamos,
el
valor,
entonces
ya
nos
toca
a
nosotros.
Y
el
castigo
funciona
más
o
menos
así:
al
culpable
lo
amarran
de
las
manos
y
de
los
pies.
Luego
lo
obligan
a
ir
de
rodillas
por
todo
el
pueblo.
Junto
a
sus
familiares
y
a
los
afectados.
Lo
pasean
por
el
mercado,
por
la
avenida
principal,
por
los
comercios.
Zapeta
siempre
va
adelante
del
grupo.
Cuando
llegan
a
la
plaza
central,
se
sube
a
una
tarima
y….
En
mis
seis
días
con
Juan
Zapeta,
nunca
vi
los
chicazos,
no.
Pero
en
YouTube
se
pueden
encontrar
varios
videos
de
estos
juicios.
¡Pero
los
dejan
morados,
morados!
Ay,
da
lástima
verlos,
cómo
lloran,
cómo
gritan
los
hombres…
Esta
es
Generosa
Uriza.
Una
vendedora
de
tortillas
en
la
plaza.
Ella
me
contó
que
ha
visto
por
lo
menos
60
juicios
hechos
por
Zapeta.
Los
familiares
lloran.
Los
traen
caminando,
caminando,
y
hay
otros
que
los
traen
hincados,
hincados,
hincados.
Hasta
que
llegan
aquí
en
el
parque
y
ahí
en
la
concha
ahí
les
pegan.
Y
toda
la
gente
llega
a
mirar,
porque
es
un
ejemplo,
ese,
pa’
que
se
den
cuenta,
ese,
que
no…
eso
no
lo
tienen
que
hacer,
dicen.
Aunque
no
lo
vi
personalmente,
hablé
con
mucha
gente
que
me
decía
lo
mismo.
Que
me
hablaba
de
la
violencia
del
xic’a’y,
de
lo
brutal
que
es.
Pero
me
sorprendió
lo
que
me
dijo
Zapeta.
Es…
es…
es
algo
inexplicable,
pero
te
causa
dolor.
Te
causa
tristeza.
Es…
es…
es
algo
que…
que
se
mezcla,
digamos,
en
algo…
Porque
cuando
uno,
digamos,
se
encuentra
a
la
persona,
digamos,
en…
en
un
delito,
de
veras
uno
siente
coraje
hacia
esa
persona
que
cometió
ese
delito.
Pero
ya
cuando
estás…
cuando
ellos
están
arrodillados
ya
para
darles,
digamos,
su
corrección,
todo
eso
se
te
olvida.
Todo
eso
a
se
me
olvida;
sino
viene
ya
la
tristeza,
el
dolor,
la
pena.
Se
siente
algo
tan
desagradable.
Pero
como
es
algo
que
se
ha
validado,
hay
que
cumplirlo.
Hay
que
cumplirlo,
dice
el
juez.
Y
para
entender
por
qué,
pues
hablemos
un
momento
del
contexto
guatemalteco.
Estamos
hablando
de
un
país
que
sufrió
una
guerra
civil
de
36
años.
Una
guerra
que
cobró
más
de
200,000
vidas.
La
gran
mayoría
de
indígenas.
Hubo
tortura,
masacres
horrorosas,
y
según
el
informe
oficial
que
hizo
la
comisión
de
esclarecimiento
histórico
más
de
1,400
mujeres
fueron
violadas
durante
el
conflicto.
Es
una
cifra
terrible,
pero
la
comunidad
indígena
y
muchos
activistas
dicen
que
en
realidad
fueron
muchísimas
más.
El
sistema
de
justicia
maya
existe
en
un
contexto
de
casi
total
impunidad
de
estos
crímenes.
No
es
que
sea
una
respuesta
a
la
guerra,
ni
algo
inventado
después.
Ya
hemos
dicho
que
lleva
más
de
500
años.
Pero
la
importancia
de
un
sistema
de
justicia
propio,
el
de
una
comunidad
que
sufrió
tanto,
pues,
se
entiende.
Y
bueno,
Quiché,
el
departamento
donde
trabaja
Zapeta,
fue
una
de
las
zonas
más
afectadas
por
la
guerra.
Después
de
14
años
de
negociaciones,
la
guerrilla
y
los
militares
firmaron
un
acuerdo
de
paz
en
1996.
Desde
entonces
ha
habido
convenios,
dos
referéndums
y
mucha
controversia.
Pero
hoy
en
día,
esta
es
la
situación:
según
la
Constitución,
el
único
responsable
de
administrar
la
justicia
es
el
Estado.
Lo
cual
significa
que
Juan
Zapeta,
a
pesar
del
respeto
y
de
la
autoridad
que
puede
tener
dentro
de
su
comunidad,
legalmente
está
en
un
área
gris.
No
solo
él,
obviamente.
Sino
todo
el
sistema
de
justicia
maya.
Pero
para
muchos
indígenas
la
constitución
tiene
menos
importancia
que
la
tradición.
Entonces,
esa
ambigüedad
legal,
también
es
una
ambigüedad
en
la
práctica.
Por
ejemplo:
en
Quiché
cuando
una
persona
es
detenida
puede
ser
juzgada
de
cualquiera
de
estas
dos
formas.
Pero
es
la
víctima
y
la
comunidad,
quienes
deciden
ante
qué
juez
llevan
su
denuncia.
Pero
esta
situación
tiene
algunas
excepciones:
como
en
el
sistema
maya
no
existe
ni
la
cárcel,
ni
la
pena
de
muerte,
la
víctima
—si
quiere
alguna
de
estas
dos
opciones—
puede
acudir
al
sistema
oficial.
O
si
se
necesita
más
rigor
científico
para
resolver
el
caso
—por
ejemplo,
como
una
prueba
de
ADN—
entonces
el
juez
maya
declina
su
autoridad
y
le
pasa
el
caso
a
la
justicia
oficial.
Pero
también
puede
suceder
lo
contrario.
Ante
la
falta
de
presupuesto
y
de
personal
para
trabajar
en
todas
las
comunidades
del
departamento,
el
sistema
oficial
también
hace
sus
excepciones
y
deja
que
la
justicia
indígena
se
encargue.
Y
bueno,
también
hay
un
detalle
relevante:
hay
350
municipios
donde
no
hay
una
presencia
estatal.
Ninguna.
Entonces
en
esas
áreas,
claro,
funciona
únicamente
el
sistema
de
justicia
indígena.
Pero
todo
esto
no
significa
que
haya
coordinación
entre
ambos
sistemas.
Una
pausa
y
volvemos.
Ya
sea
que
hablemos
de
las
protestas
de
atletas,
la
prohibición
de
que
los
musulmanes
ingresen
al
país,
la
violencia
con
armas
de
fuego,
la
reforma
educativa
o
la
música
que
te
está
dando
vida
en
este
momento,
la
raza
es
el
subtexto
de
gran
parte
de
la
historia
estadounidense.
Y
en
Code
Switch,
de
NPR,
ese
subtexto
se
vuelve
texto.
Suscríbete
y
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todos
los
miércoles.
Ambulantes,
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los
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de
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podcast
es
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pero
producirlos
es
muy
costoso.
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considerado
hacerse
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Su
contribución,
por
más
pequeña
que
parezca,
nos
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muchísimo:
puede
servir
para
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una
hora
de
estudio,
cubrir
los
gastos
de
viaje
de
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reporteras,
digitalizar
documentos
históricos,
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otras
cosas
también.
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Todo
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lugar.
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante.
Soy
Daniel
Alarcón.
Antes
de
la
pausa
escuchábamos
cómo
funciona
la
justicia
indígena
en
Quiché.
Un
sistema
que
muchos
respetan
sin
cuestionamientos.
Pero
lo
cierto
es
que
también
tiene
sus
detractores.
Melissa
nos
sigue
contando.
Policía
Quiché,
buena
tarde.
Permítame
un
segundito.
La
estación
central
de
la
policía
está
a
tres
calles
de
la
plaza
donde
Zapeta
hace
sus
juicios.
Y
para
algunos
ahí,
Zapeta
es
una
figura,
digamos,
complicada.
Este
es
el
jefe
policial
de
Quiché,
Sergio
Morales.
Han
habido
algunos
casos
ahí
que…
que…
que
ese
señor,
la
verdad
de
que…
aplica
justicia
cuando
debería
de
dejar
que
sea
la
policía
o…
o
las
entes
específicamente
estatales.
Según
Morales,
Zapeta,
en
el
proceso,
viola
muchos
derechos…
Porque
ellos
entran
a
las
casas
sin
permiso,
sin
autorización,
sin
orden
judicial
y
sacan
a
la
gente.
O
sea,
ahí
es
donde…
donde
se
pierde
un
poco
el…
el
sentido
de
ellos.
Que
haya
ayudado,
en
realidad,
no
lo
creo.
No
lo
creo
porque
para
es
un
líder
negativo.
No
aporta
en…
en
lo
más
mínimo
lo
que
podría
ser.
Morales
dice
que
ha
trabajado
con
otros
líderes
indígenas
que
han
colaborado
más
con
la
policía
que
Zapeta.
De
hecho,
Morales
tiene
claro
cuál
es
el
papel
que
debe
tener
Zapeta
y
este
no
es
precisamente
el
de
juez.
Pues,
digamos,
que
por
su
lado
y…
y
nosotros
por
el
nuestro.
Yo
siempre
le
he
dicho
que…
que
necesitamos
estar
unidos.
Le
digo:
“Mire,
don
Juan,
ustedes
necesitan
de
nosotros
y
nosotros
necesitamos
de
usted”.
Para
Morales,
Zapeta
debe
conformarse
con
ser
un
líder
espiritual.
Solo
debería
hablar
con
la
gente,
servir
de
mediador
y
explicarles
el
papel
de
la
policía.
Me
enfatizó,
además,
que
en
el
último
año
no
ha
habido
ni
un
linchamiento
en
su
departamento.
Y
es
que
en
algunas
partes
de
Guatemala,
cuando
no
participa
la
justicia
oficial,
los
linchamientos
son
comunes.
Para
Morales,
el
que
no
haya
habido
linchamientos
en
su
departamento
es
un
logro
solo
de
la
justicia
estatal,
no
de
un
trabajo
conjunto
con
la
justicia
maya.
Por
su
parte,
Zapeta
dice
que
quiere
colaborar
con
la
policía,
pero
ve
la
relación
un
poco
diferente.
El
sistema
de
justicia
estatal
nos
quiere
invisibilizar.
Que
no
nos
reconoce.
Que
no
nos
respeta,
¿verdad?
Me
dijo
que
cuando
él
y
doña
María
aplican
una
sanción,
a
veces
viene
la
policía
a
interponerse.
Y
a
él
esta
situación
no
le
gusta
nada.
Porque
realmente
lo
que
nosotros
queremos
es
que
se
practique
la
pluralidad
jurídica
aquí
en
Guatemala.
O
sea,
así
como
vale
el
otro
sistema,
valemos
nosotros;
así
como
vale
un
juez,
valemos
nosotros.
Y
bueno,
puede
que
llegue
un
momento
en
que
en
Guatemala
los
dos
sistemas
se
reconozcan
como
legales.
Pero
por
ahora,
uno
de
los
puntos
más
polémicos
es
el
xik’a’y.
La
constitución
nos…
nos
obliga
a
que
garanticemos
la
integridad
física
de
todas
las
personas.
Este
es,
otra
vez,
Morales.
Entonces,
si
Zapeta
está
dando
latigazos
a
alguien
juzgado
por
la
ley
maya,
¿qué
hace
la
policía
de
Quiché?
Si
la
están
golpeando,
ya
hay
agresión.
Entonces,
eh,
optamos
a
veces
por
no…
Pero
yo
les
dije
eso
en
ese
momento:
“Si
ustedes
le
van
a
golpear
yo
me
retiro.
No
comparto.
Ustedes
saben
que
yo
como
policía
no
comparto
este
tipo
de
situación”.
Es
decir,
en
términos
estrictamente
legales,
al
implementar
este
castigo,
Juan
Zapeta
se
convierte
en
delincuente.
Aunque,
bueno,
la
policía
nunca
ha
detenido
a
Zapeta
por
aplicar
el
xik´a´y.
Pero
esto
no
lo
ha
salvado
de
las
denuncias.
En
una
visita
al
Palacio
de
Justicia
me
enteré
que
Juan
Zapeta
es
el
hombre
con
más
expedientes
judiciales
en
Quiché.
Más
de
40
juicios
abiertos.
Por
lo
general,
los
que
denuncian
son
personas
declaradas
culpables
por
la
justicia
maya
que
no
están
conformes
con
su
castigo.
Entonces
buscan
ayuda
de
la
justicia
oficial.
Y
aquí
hay
un
detalle
importante:
aunque
Zapeta
aplica
la
justicia
maya
tanto
a
indígenas
como
a
no
indígenas,
la
mayoría
de
estas
denuncias
son
de
indígenas
—su
propia
gente.
Aquí
hay
gente
que,
inclusive
de
nuestra
misma
gente,
pues,
que
yo
no
si
detrás
de
ellos
hay,
digamos,
una
mano
peluda;
hay
gente,
digamos,
que
esté
tratando
de
perjudicarnos,
digamos,
nuestro
propio
sistema.
Y
otros
hermanos
indígenas
se
prestan
a
eso,
¿verdad?
Y
lo
que
rechazan,
específicamente,
es
el
xik’a’y.
Pero
la
acusación
que
más
persigue
a
Zapeta
y
por
la
que
recibe
muchísimas
críticas,
no
tiene
nada
que
ver
con
su
rol
como
juez
maya.
En
el
2012
fue
acusado
de
la
violación
a
una
niña
de
seis
años.
Nadie
quiso
comentar
sobre
este
caso,
pero
la
fiscalía
me
confirmó
que
había
sido
resuelto
por
falta
de
pruebas.
Aún
quedan
unos
cuantos
graffitis
en
el
centro
de
la
ciudad
en
los
que
se
pueden
leer:
“Juan
Zapeta
violador”.
De
verdad,
Melissa,
duele
en
el
alma,
duele
en
el
alma
porque
han
habido
calumnias
que
de
veras…
Ahorita
mermó,
antes
mire
usted:
denuncia
y
denuncia
y
denuncia
y
denuncia;
y
yo
me
presentaba
y
todo
se
desvanecía,
porque
se
comprobaba
de
que
yo,
pues
no…
no,
no.
Soy
inocente
de
lo
que
se
me
acusa.
Lo
que
demuestran
las
denuncias
contra
Zapeta
es
que
hay
gente
de
la
comunidad
que
no
está
de
acuerdo
del
todo
con
ciertos
aspectos
de
la
justicia
maya.
Y
parece
ser
algo
generacional.
Los
jóvenes
con
los
que
hablé
no
dudaron
en
rechazar
el
xik’a’y,
mientras
que
muchos
ancianos
todavía
están
a
favor.
Desde
el
año
pasado
hay
un
grupo
de
indígenas
que
está
pidiendo
hacer
un
nuevo
referéndum
sobre
el
xik’a’y.
Aún
no
se
sabe
si
se
hará.
Pero
Zapeta
tiene
otras
preocupaciones,
quizá
más
graves.
Desde
que
comenzó
su
mandato,
ha
recibido
más
de
100
amenazas
de
muerte.
De
hecho,
Zapeta
me
contó
que
dos
motociclistas
encapuchados
le
habían
tirado
una
piedra
grande
a
la
ventana
del
auto
que
conducía.
Se
estrelló,
pero
por
suerte
no
se
lesionó.
Según
Zapeta,
las
amenazas
vienen
de
gente
que
él
ha
acusado
de
delincuentes.
Quizá
por
eso,
Zapeta
—al
igual
que
doña
María—
me
dice
que
se
siente
cansado.
Ya
tiene
60
años
y
el
trabajo
es
agotador.
A
veces
no
dormimos,
a
veces
no
comemos.
Me
consta.
Lo
llaman
a
cada
rato.
En
los
días
que
pasamos
juntos
su
teléfono
no
paraba
de
sonar.
Me
dice
que
a
veces
tiene
la
comida
ya
lista,
que
está
a
punto
de
sentarse
a
comer,
y
lo
llaman.
“Mirá”,
le
digo
a
mi
mujer,
“mirá,
guardá
mi
comida.
Ya
regreso”.
“¡Comé
todavía,
hombre!”,
“No,
me
tengo
que
ir”.
Y
se
va.
Porque
es
su
responsabilidad.
Pero
me
deja
algunas
preguntas:
¿Quién
lo
reemplazaría?
Y
el
próximo
juez
maya,
¿tendrá
la
misma
visión
de
Zapeta?
¿Se
seguirá
aplicando
el
xik’a’y
si
los
jóvenes
parecen
rechazarlo?
En
Quiché
hay
20
mediadores
indígenas
que
podrían
reemplazarlo.
Pero
por
ahora,
no
hay
candidatos.
En
el
2016
inició
la
discusión
para
reformar
la
constitución
guatemalteca.
Una
de
las
modificaciones
propuestas
era
reconocer
el
pluralismo
jurídico
—o
sea,
oficializar
la
coexistencia
de
la
justicia
indígena
y
el
sistema
judicial
tradicional—
pero
la
propuesta
no
avanzó
en
el
congreso
por
falta
de
apoyo
de
los
diputados,
y
se
retiró
de
la
agenda.
A
la
fecha
de
publicación,
Zapeta
sigue
siendo
el
alcalde
indígena
y
juez
maya
de
Santa
Cruz
del
Quiché.
Melissa
Silva
Franco
es
una
periodista
y
documentalista
basada
en
España.
Gracias
a
Pedro
Ixchiu
por
su
ayuda
corroborando
datos
de
esta
historia
y
gracias
también
a
Oswaldo
Hernández.
Esta
historia
fue
editada
por
Martina
Castro,
Camila
Segura,
Silvia
Viñas,
y
por
mí.
La
música
y
el
diseño
de
sonido
son
de
Andrés
Azpiri
y
Rémy
Lozano.
El
resto
del
equipo
de
Radio
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incluye
a
Lisette
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Brenes,
Jorge
Caraballo,
Victoria
Estrada,
Andrea
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Cruzado,
Miranda
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Moseley,
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Rojas
Aponte,
Barbara
Sawhill,
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Trujillo,
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Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
La
próxima
semana
en
Radio
Ambulante,
un
tiroteo
un
sábado
por
la
mañana…
Las
autoridades
confirman
20
muertos
y
26
heridos
en
un
tiroteo
en
un
centro
comercial
en
la
ciudad
estadounidense
de
El
Paso.
Y
lo
que
significó
para
dos
ciudades
hermanas.
Se
me
hizo
importante
venir
a
ofrecer
algunas
oraciones
y
estar
aquí
cerca,
porque
esto
no…
no
debe
ser
ignorado.
En
el
siguiente
episodio
de
Radio
Ambulante.
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Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Hoy volvemos a nuestros archivos, con una historia del 2016. 5, 6, 7… Lo que se escucha al fondo es una joven recibiendo 15 latigazos. Se robó la computadora de su vecina. Por eso le toca este castigo que se llama xic’a’y. Es parte de la justicia indígena maya que se ha practicado en Guatemala desde hace siglos. 11, 12… El hombre que se escucha contando es Juan Zapeta y es un juez maya. Es la autoridad máxima en Quiché, uno de los departamentos donde todavía se aplica el xic’a’y. Puede parecer un método violento, pero para una comunidad indígena que ha sufrido décadas de impunidad y genocidio, quizá es lo más cercano a una justicia, no sólo verdadera, sino propia. Pero aquí viene la complicación. O bueno, una de las complicaciones. ¿Cómo pueden coexistir dos sistemas de justicia en un solo país? Tenemos, por un lado, en comunidades indígenas, a autoridades comunitarias como Juan Zapeta. A la vez, tenemos al sistema oficial: policías, jueces, fiscales, etcétera, como en cualquier otro país. Y bueno, a veces sí se complementan. Y otras veces… Pues, mejor que lo explique el jefe de policía de Quiché, Sergio Morales, cuando le preguntamos sobre Zapeta, el juez maya: Han habido algunos casos ahí que… que… que ese señor, la verdad de que… aplica justicia cuando debería de dejar que sea la policía. La periodista Melissa Silva Franco fue al departamento de Quiché para ver cómo conviven estos dos sistemas. Vamos a quemar su casa ¡Vamos de una vez! Eso no, tampoco. Ese es un gran delito, señora. Para eso venimos. Exijamos solo el dinero. Para eso está la autoridad. Es domingo y son las tres de la tarde. Estamos en el patio de la casa de Juan Zapeta. Él es el único hombre de un grupo de más o menos 100 mujeres. Todas se quejan de que han sido estafadas por la misma persona. El instinto de muchas es hacer justicia por mano propia, es decir, linchar a la acusada. Muy pocos en esta región confían en el sistema judicial del gobierno. También, hermanos, ese es el trabajo nuestro y les agradecemos a ustedes, pues, que respetan lo que nosotros decidimos, ¿verdad? Zapeta es un hombre pequeño. Mide más o menos un metro y medio. Sus pies siempre están llenos de barro y de tierra. Todos los días él se pone una camisa blanca para ir a trabajar. Siempre lleva un sombrero y, además, una vara de madera, dos símbolos importantes para los mayas. Demuestran que Juan Zapeta es la máxima autoridad. Al final, el juez maya decide: La vamos a… a detener. Lo vamos a hacer. Eso sí, pues, está en ley. Lo vamos a detener, lo vamos a amarrar, como ustedes dicen. Lo vamos a hacer. Lo vamos a hacer caminar… Van para la casa de la acusada, a buscarla. Hay tres camionetas 4×4 y varias de las mujeres se suben. Juan Zapeta conduce una de ellas. Yo me subo en el asiento de atrás junto a otras cinco mujeres. Y ahí el juez me explica por qué la gente prefiere el sistema indígena. Como ustedes pueden ver ahorita, digamos, las señoras dicen: “Vamos a verla”, y vamos. Entonces, eso es lo que a la gente le gusta. En el otro sistema, digamos, si le dijéramos al fiscal que fuésemos a ver ahorita, pues, no accede, ¿verdad? Nada de poner una denuncia, de empezar una investigación larga, de necesitar una orden de captura firmada por un juez. En este sistema, todo se mueve mucho más rápido. Recorremos una carretera llena de árboles a cada lado. Y como a los 15 minutos llegamos a la casa de la acusada. Mi mierda, muchá, ¡se fue! ¡Se fue! Parece que la señora ya no está. La acusada se llevó todas sus cosas y nadie sabe a dónde se fue. Así que el juez da su sentencia: no podrá volver a entrar en Quiché. En caso de que vuelva será detenida por los propios vecinos y juzgada por el juez maya en plena plaza pública. Es decir, la exilió. No es un castigo ligero, si lo piensan bien. Y las mujeres estafadas no protestan demasiado. Juan Zapeta tiene la última palabra y ellas lo saben. Juan Zapeta recibe un promedio de 20 llamadas al día para resolver situaciones como esta. Estas llamadas vienen de gente de su etnia, que viven en los diferentes rincones de Quiché. Quiché es la cuarta región más poblada de Guatemala con casi un millón de habitantes. Aquí, 9 de cada 10 personas son indígenas. Y en Quiché —como en otros ocho departamentos de Guatemala donde la población en su mayoría es indígena — los ciudadanos, cada cuatro años, votan por un alcalde oficial. Y bueno, hay un alcalde indígena también y este se elige cada tres años. Zapeta ha sido reelegido tres veces ya. Pero los que lo postulan son las autoridades indígenas, es decir, los ancianos y los mediadores. Como alcalde indígena, da charlas en las escuelas sobre la cultura maya. Además, se reúne con jueces y resuelve conflictos familiares. Pero su función principal es la de ser juez. Esta forma de justicia, claro, no es nueva. Al contrario, en Guatemala el nuevo sistema es el que trajeron los españoles. Y el que representa Juan Zapeta es algo mucho más ancestral, que se viene modificando desde la colonia hasta la república. Zapeta me explica que resuelve desde los delitos más pequeños… Hasta asesinatos, homicidios, violaciones, eh, dro… drogas y todo eso pues hemos resueltos casos. Pero dentro de lo más común es la delincuencia. O sea, asaltos, robos. Delitos que pasan en todos lados, sí. Pero la forma en que los juzgan es, claramente, diferente. Los juicios tienen que ser públicos y la comunidad afectada siempre debe participar. Por ejemplo, si un ladrón se roba una gallina, al juicio no solo va el dueño de la gallina, sino que además van los vecinos. Pues de alguna manera u otra, también son afectados por el robo. Cuando las víctimas o las acusadas son mujeres, muchas veces, a Zapeta lo ayuda la vicealcaldesa, que, por cierto, también es su cuñada. (Se presenta en idioma quiché) Esta es doña María Lucas presentándose en quiché. Pero ninguno de los dos cobra por este trabajo. Viven de donaciones de la comunidad. Cuando Zapeta no está trabajando como juez, se encarga de su huerta. Doña María, por las mañanas, vende helados en un puesto ambulante. De tarde, guarda su carrito y saca su agenda donde lleva los casos como asistenta del juez. La justicia maya porque… Doña María no habla un español muy fluido, entonces el juez me traduce lo que ella dice. Eh, la justicia maya para mí es la corrección que damos a las personas para que no lo vuelvan a hacer y se arrepientan de los hechos. ¿Le gusta su trabajo? Bueno, la verdad que sí porque… Ella, pues, lo que ve es que, digamos, la sanción que se aplica dentro del sistema de justicia maya no es igual que en el otro sistema ¿verdad? Porque allá es de cárcel, y lo que ella ha visto, pues, es que generalmente no regenera. En cambio, en el caso nuestro, sí hemos comprobado que sí las personas regeneran. Regeneran, es decir, cambian. Pero no sólo se trata de que no lo vuelvan a hacer. Zapeta dice que la justicia maya también se concentra en la prevención. Es la prevención de una falta, la prevención de los delitos, la prevención de los conflictos, y eso se logra a través del pixab. El pixab. Eso quiere decir, en español, “una serie de consejos o de normas”. Respetar a las personas, a la comunidad y sus bienes. Cosas como no contaminar el río, no cortar un árbol sin permiso, no robar, etcétera. Y si un adulto no cumple estas normas y es denunciado por alguien, el juez es quien decide el castigo. Puede ser desde una multa o trabajo comunitario, hasta, bueno, la pena máxima: el xik’a’y, es decir, los latigazos. Los latigazos se dan sólo en la espalda con las ramas de un árbol. Y no es cualquier árbol, sino es el mismo tipo de árbol que se usa desde hace más de 500 años: el membrillo. Se usa porque huele bien, y es verdad, tiene un olor agradable. A diferencia del delincuente… Que hiede, que su vida que está mal, tenga olor a fragancia. Y se busca las ramitas rectas para que esta persona, eh, su vida, se vuelva recta y no se siga torciendo. Pueden ser desde 5 hasta 40 latigazos. Pero Zapeta nunca ha llegado a sentenciar a nadie a 40, porque él cree que 40 pueden llegar a matar. Lo más común son entre 9 y 20. Dar los latigazos es la tarea de los familiares. Generalmente de los padres. Si ellos, digamos, no tienen, digamos, el valor, entonces ya nos toca a nosotros. Y el castigo funciona más o menos así: al culpable lo amarran de las manos y de los pies. Luego lo obligan a ir de rodillas por todo el pueblo. Junto a sus familiares y a los afectados. Lo pasean por el mercado, por la avenida principal, por los comercios. Zapeta siempre va adelante del grupo. Cuando llegan a la plaza central, se sube a una tarima y…. En mis seis días con Juan Zapeta, nunca vi los chicazos, no. Pero en YouTube se pueden encontrar varios videos de estos juicios. ¡Pero los dejan morados, morados! Ay, da lástima verlos, cómo lloran, cómo gritan los hombres… Esta es Generosa Uriza. Una vendedora de tortillas en la plaza. Ella me contó que ha visto por lo menos 60 juicios hechos por Zapeta. Los familiares lloran. Los traen caminando, caminando, y hay otros que los traen hincados, hincados, hincados. Hasta que llegan aquí en el parque y ahí en la concha ahí les pegan. Y toda la gente llega a mirar, porque es un ejemplo, ese, pa’ que se den cuenta, ese, que no… eso no lo tienen que hacer, dicen. Aunque no lo vi personalmente, hablé con mucha gente que me decía lo mismo. Que me hablaba de la violencia del xic’a’y, de lo brutal que es. Pero me sorprendió lo que me dijo Zapeta. Es… es… es algo inexplicable, pero te causa dolor. Te causa tristeza. Es… es… es algo que… que se mezcla, digamos, en algo… Porque cuando uno, digamos, se encuentra a la persona, digamos, en… en un delito, de veras uno siente coraje hacia esa persona que cometió ese delito. Pero ya cuando estás… cuando ellos están arrodillados ya para darles, digamos, su corrección, todo eso se te olvida. Todo eso a mí se me olvida; sino viene ya la tristeza, el dolor, la pena. Se siente algo tan desagradable. Pero como es algo que se ha validado, hay que cumplirlo. Hay que cumplirlo, dice el juez. Y para entender por qué, pues hablemos un momento del contexto guatemalteco. Estamos hablando de un país que sufrió una guerra civil de 36 años. Una guerra que cobró más de 200,000 vidas. La gran mayoría de indígenas. Hubo tortura, masacres horrorosas, y según el informe oficial que hizo la comisión de esclarecimiento histórico más de 1,400 mujeres fueron violadas durante el conflicto. Es una cifra terrible, pero la comunidad indígena y muchos activistas dicen que en realidad fueron muchísimas más. El sistema de justicia maya existe en un contexto de casi total impunidad de estos crímenes. No es que sea una respuesta a la guerra, ni algo inventado después. Ya hemos dicho que lleva más de 500 años. Pero la importancia de un sistema de justicia propio, el de una comunidad que sufrió tanto, pues, se entiende. Y bueno, Quiché, el departamento donde trabaja Zapeta, fue una de las zonas más afectadas por la guerra. Después de 14 años de negociaciones, la guerrilla y los militares firmaron un acuerdo de paz en 1996. Desde entonces ha habido convenios, dos referéndums y mucha controversia. Pero hoy en día, esta es la situación: según la Constitución, el único responsable de administrar la justicia es el Estado. Lo cual significa que Juan Zapeta, a pesar del respeto y de la autoridad que puede tener dentro de su comunidad, legalmente está en un área gris. No solo él, obviamente. Sino todo el sistema de justicia maya. Pero para muchos indígenas la constitución tiene menos importancia que la tradición. Entonces, esa ambigüedad legal, también es una ambigüedad en la práctica. Por ejemplo: en Quiché cuando una persona es detenida puede ser juzgada de cualquiera de estas dos formas. Pero es la víctima y la comunidad, quienes deciden ante qué juez llevan su denuncia. Pero esta situación tiene algunas excepciones: como en el sistema maya no existe ni la cárcel, ni la pena de muerte, la víctima —si quiere alguna de estas dos opciones— puede acudir al sistema oficial. O si se necesita más rigor científico para resolver el caso —por ejemplo, como una prueba de ADN— entonces el juez maya declina su autoridad y le pasa el caso a la justicia oficial. Pero también puede suceder lo contrario. Ante la falta de presupuesto y de personal para trabajar en todas las comunidades del departamento, el sistema oficial también hace sus excepciones y deja que la justicia indígena se encargue. Y bueno, también hay un detalle relevante: hay 350 municipios donde no hay una presencia estatal. Ninguna. Entonces en esas áreas, claro, funciona únicamente el sistema de justicia indígena. Pero todo esto no significa que haya coordinación entre ambos sistemas. Una pausa y volvemos. Ya sea que hablemos de las protestas de atletas, la prohibición de que los musulmanes ingresen al país, la violencia con armas de fuego, la reforma educativa o la música que te está dando vida en este momento, la raza es el subtexto de gran parte de la historia estadounidense. Y en Code Switch, de NPR, ese subtexto se vuelve texto. Suscríbete y escucha todos los miércoles. Ambulantes, escuchar los episodios de nuestro podcast es gratuito, pero producirlos es muy costoso. ¿Han considerado hacerse miembros? 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Melissa nos sigue contando. Policía Quiché, buena tarde. Permítame un segundito. La estación central de la policía está a tres calles de la plaza donde Zapeta hace sus juicios. Y para algunos ahí, Zapeta es una figura, digamos, complicada. Este es el jefe policial de Quiché, Sergio Morales. Han habido algunos casos ahí que… que… que ese señor, la verdad de que… aplica justicia cuando debería de dejar que sea la policía o… o las entes específicamente estatales. Según Morales, Zapeta, en el proceso, viola muchos derechos… Porque ellos entran a las casas sin permiso, sin autorización, sin orden judicial y sacan a la gente. O sea, ahí es donde… donde se pierde un poco el… el sentido de ellos. Que haya ayudado, en realidad, no lo creo. No lo creo porque para mí es un líder negativo. No aporta en… en lo más mínimo lo que podría ser. Morales dice que ha trabajado con otros líderes indígenas que han colaborado más con la policía que Zapeta. De hecho, Morales tiene claro cuál es el papel que debe tener Zapeta y este no es precisamente el de juez. Pues, digamos, que por su lado y… y nosotros por el nuestro. Yo siempre le he dicho que… que necesitamos estar unidos. Le digo: “Mire, don Juan, ustedes necesitan de nosotros y nosotros necesitamos de usted”. Para Morales, Zapeta debe conformarse con ser un líder espiritual. Solo debería hablar con la gente, servir de mediador y explicarles el papel de la policía. Me enfatizó, además, que en el último año no ha habido ni un linchamiento en su departamento. Y es que en algunas partes de Guatemala, cuando no participa la justicia oficial, los linchamientos son comunes. Para Morales, el que no haya habido linchamientos en su departamento es un logro solo de la justicia estatal, no de un trabajo conjunto con la justicia maya. Por su parte, Zapeta dice que sí quiere colaborar con la policía, pero ve la relación un poco diferente. El sistema de justicia estatal nos quiere invisibilizar. Que no nos reconoce. Que no nos respeta, ¿verdad? Me dijo que cuando él y doña María aplican una sanción, a veces viene la policía a interponerse. Y a él esta situación no le gusta nada. Porque realmente lo que nosotros queremos es que se practique la pluralidad jurídica aquí en Guatemala. O sea, así como vale el otro sistema, valemos nosotros; así como vale un juez, valemos nosotros. Y bueno, puede que llegue un momento en que en Guatemala los dos sistemas se reconozcan como legales. Pero por ahora, uno de los puntos más polémicos es el xik’a’y. La constitución nos… nos obliga a que garanticemos la integridad física de todas las personas. Este es, otra vez, Morales. Entonces, si Zapeta está dando latigazos a alguien juzgado por la ley maya, ¿qué hace la policía de Quiché? Si la están golpeando, ya hay agresión. Entonces, eh, optamos a veces por no… Pero yo les dije eso en ese momento: “Si ustedes le van a golpear yo me retiro. No comparto. Ustedes saben que yo como policía no comparto este tipo de situación”. Es decir, en términos estrictamente legales, al implementar este castigo, Juan Zapeta se convierte en delincuente. Aunque, bueno, la policía nunca ha detenido a Zapeta por aplicar el xik´a´y. Pero esto no lo ha salvado de las denuncias. En una visita al Palacio de Justicia me enteré que Juan Zapeta es el hombre con más expedientes judiciales en Quiché. Más de 40 juicios abiertos. Por lo general, los que denuncian son personas declaradas culpables por la justicia maya que no están conformes con su castigo. Entonces buscan ayuda de la justicia oficial. Y aquí hay un detalle importante: aunque Zapeta aplica la justicia maya tanto a indígenas como a no indígenas, la mayoría de estas denuncias son de indígenas —su propia gente. Aquí hay gente que, inclusive de nuestra misma gente, pues, que yo no sé si detrás de ellos hay, digamos, una mano peluda; hay gente, digamos, que esté tratando de perjudicarnos, digamos, nuestro propio sistema. Y otros hermanos indígenas se prestan a eso, ¿verdad? Y lo que rechazan, específicamente, es el xik’a’y. Pero la acusación que más persigue a Zapeta y por la que recibe muchísimas críticas, no tiene nada que ver con su rol como juez maya. En el 2012 fue acusado de la violación a una niña de seis años. Nadie quiso comentar sobre este caso, pero la fiscalía me confirmó que había sido resuelto por falta de pruebas. Aún quedan unos cuantos graffitis en el centro de la ciudad en los que se pueden leer: “Juan Zapeta violador”. De verdad, Melissa, duele en el alma, duele en el alma porque han habido calumnias que de veras… Ahorita mermó, antes mire usted: denuncia y denuncia y denuncia y denuncia; y yo me presentaba y todo se desvanecía, porque se comprobaba de que yo, pues no… no, no. Soy inocente de lo que se me acusa. Lo que sí demuestran las denuncias contra Zapeta es que hay gente de la comunidad que no está de acuerdo del todo con ciertos aspectos de la justicia maya. Y parece ser algo generacional. Los jóvenes con los que hablé no dudaron en rechazar el xik’a’y, mientras que muchos ancianos todavía están a favor. Desde el año pasado hay un grupo de indígenas que está pidiendo hacer un nuevo referéndum sobre el xik’a’y. Aún no se sabe si se hará. Pero Zapeta tiene otras preocupaciones, quizá más graves. Desde que comenzó su mandato, ha recibido más de 100 amenazas de muerte. De hecho, Zapeta me contó que dos motociclistas encapuchados le habían tirado una piedra grande a la ventana del auto que conducía. Se estrelló, pero por suerte no se lesionó. Según Zapeta, las amenazas vienen de gente que él ha acusado de delincuentes. Quizá por eso, Zapeta —al igual que doña María— me dice que se siente cansado. Ya tiene 60 años y el trabajo es agotador. A veces no dormimos, a veces no comemos. Me consta. Lo llaman a cada rato. En los días que pasamos juntos su teléfono no paraba de sonar. Me dice que a veces tiene la comida ya lista, que está a punto de sentarse a comer, y lo llaman. “Mirá”, le digo a mi mujer, “mirá, guardá mi comida. Ya regreso”. “¡Comé todavía, hombre!”, “No, me tengo que ir”. Y se va. Porque es su responsabilidad. Pero me deja algunas preguntas: ¿Quién lo reemplazaría? Y el próximo juez maya, ¿tendrá la misma visión de Zapeta? ¿Se seguirá aplicando el xik’a’y si los jóvenes parecen rechazarlo? En Quiché hay 20 mediadores indígenas que podrían reemplazarlo. Pero por ahora, no hay candidatos. En el 2016 inició la discusión para reformar la constitución guatemalteca. Una de las modificaciones propuestas era reconocer el pluralismo jurídico —o sea, oficializar la coexistencia de la justicia indígena y el sistema judicial tradicional— pero la propuesta no avanzó en el congreso por falta de apoyo de los diputados, y se retiró de la agenda. A la fecha de publicación, Zapeta sigue siendo el alcalde indígena y juez maya de Santa Cruz del Quiché. Melissa Silva Franco es una periodista y documentalista basada en España. Gracias a Pedro Ixchiu por su ayuda corroborando datos de esta historia y gracias también a Oswaldo Hernández. Esta historia fue editada por Martina Castro, Camila Segura, Silvia Viñas, y por mí. La música y el diseño de sonido son de Andrés Azpiri y Rémy Lozano. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Lisette Arévalo, Gabriela Brenes, Jorge Caraballo, Victoria Estrada, Andrea López Cruzado, Miranda Mazariegos, Patrick Moseley, Laura Rojas Aponte, Barbara Sawhill, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa y Luis Fernando Vargas. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios y se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. ¿Ya te uniste a nuestro Club de Podcast? Es un grupo privado en Facebook en el que discutimos los episodios de Radio Ambulante con oyentes de otros lugares de Latinoamérica y del mundo. Además, nuestro equipo comparte consejos para la producción de historias de audio. Búscalo en Fecebook como Club de Podcast Radio Ambulante. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar. La próxima semana en Radio Ambulante, un tiroteo un sábado por la mañana… Las autoridades confirman 20 muertos y 26 heridos en un tiroteo en un centro comercial en la ciudad estadounidense de El Paso. Y lo que significó para dos ciudades hermanas. Se me hizo importante venir a ofrecer algunas oraciones y estar aquí cerca, porque esto no… no debe ser ignorado. En el siguiente episodio de Radio Ambulante.

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