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Radio Ambulante - Fealdad

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+
15
30

La escritora Gabriela Wiener nunca se sintió bonita. En diferentes momentos de su vida su aspecto la ha atormentado, inspirado, enfurecido, cerrado puertas y abierto otras. ¿Cómo una mujer define su valor en un país latinoamericano cuando su apariencia puede parecer la única moneda que vale?

Hace
poco
más
de
tres
años
publicamos
los
primeros
episodios
de
Radio
Ambulante
en
NPR.
Sabíamos
que
ser
parte
de
la
radio
pública
estadounidense
iba
a
darnos
un
impulso
enorme.
Y
no
estábamos
equivocados.
Hemos
crecido
como
equipo
—en
ese
entonces
éramos
solo
cinco;
ahora
somos
más
de
20—.
Y
también
hemos
crecido
muchísimo
como
comunidad:
ahora
hay
cientos
de
miles
de
ambulantes
escuchando
desde
todo
el
mundo.
Si
quieren
vernos
seguir
creciendo
y
apoyar
la
siguiente
etapa
de
Radio
Ambulante,
hay
varias
maneras
de
ayudar.
Tenemos
un
programa
de
membresías,
tenemos
una
nueva
app
para
los
oyentes
que
están
aprendiendo
español.
Y
para
los
que
nos
escuchan
en
Estados
Unidos,
por
favor,
consideren
apoyar
a
su
emisora
local
de
radio
pública.
Para
hacerlo,
ingresen
a
donate.npr.org/RadioAmbulante.
Donate
se
deletrea:
D-O-N-A-T-E.
Donate,
en
inglés.
Repito:
donate.npr.org/Radio
Ambulante.
¡Muchas
gracias
desde
ya
por
su
apoyo!
Seguramente
te
ha
pasado
esto:
escuchas
un
episodio
de
este
maravilloso
podcast
y
piensas,
“Oh
my
god,
Randy
would
love
this”.
O
Joane
o
Connie
o
Matthew.
Y
luego:
“¡Ay,
caramba!
Pero
con
sus
dos
semestres
de
español
mi
gringuito
no
va
a
entender”.
Bueno,
lindos,
les
tengo
una
noticia
bárbara:
Radio
Ambulante
ya
tiene
su
propia
app
para
todos
los
Matthews
de
tu
vida.
Pueden
usar
estas
historias
tan
divinas
para
mejorar
su
español.
El
app
se
llama
Lupa.
Hay
más
información
en
la
página
web.
Estén
pendientes.
¡Chao,
bellos!
Bienvenidos
a
Radio
Ambulante,
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.
Hoy
regresamos
a
nuestros
archivos,
a
una
historia
que
publicamos
originalmente
en
el
2016.
Y
bueno,
comencemos
con…
Eh,
me
llamo
Gabriela
Wiener.
Soy
peruana,
soy
escritora.
Tengo
una
hija
y
un
bebé.
Y
dos
novios:
un
chico
y
una
chica.
Mmm…
y
eso.
[Risas]
¿Qué?
No,
súper
normal.
[Risas]
¿Algo
más?
No
qué
tipo
de…
más.
¿Digo
más
cosas?
No,
está
perfecto…
Está
perfecto.
Gabriela
es
amiga
mía
desde
hace
más
de
una
década.
Es
bajita
—mide
metro
62—,
es
morena…
Y
tengo
los
ojos
pequeños.
Tengo
una
boca
dibujada
como,
no
sé,
como
de
los
cómics.
Tiene
el
pelo
muy
largo
y
negro
y
liso,
y
desde
que
la
conozco
nunca
se
he
cambiado
de
peinado.
Y
tengo
un
poco
de…
de
barriga,
que
siempre
he
tenido,
como
de
si
estuviera
embarazada
de
cuatro
meses.
Y
soy
un
poco
corpulenta,
creo.
Y
nada:
me
como
las
uñas
y
hago
esas
cosas.
De
las
cosas
que
asombran
de
Gabriela
es
qué
tan
segura
es
de
misma.
Es
de
las
que
entra
a
una
fiesta
y
se
va
a
casa
con
la
persona
que
quiera.
Hombres
y
mujeres.
Por
eso
me
sorprendió
enterarme
de
que
siempre
se
ha
considerado
una
mujer
fea…
¿Fea?
Si
tiene
no
uno,
sino
dos
novios:
Jaime
y
Rocío.
¿Eso
no
ser
exitoso?
Entonces
le
pregunté.
Sí,
la
verdad
es
que
incluso
mi
novio
como
que
es
considerado
guapo
dentro
de
lo…
de
la
norma,
¿no?
Y…
y
mi
chica
también
es
bastante
guapa
y…
eh,
también
pienso
que
soy,
simplemente,
a
veces,
una
afortunada
o
que
es
una
ironía
de
la
vida.
Camila
Segura
y
yo
hablamos
con
Gabriela
para
entenderla
un
poco
más,
para
que
nos
explicara
mejor
de
dónde
viene
esa
sensación.
Y
cómo
la
ha
afectado…
Mis
amigas
y
yo,
este,
las
tres,
niñas
de
primaria,
estábamos
enamoradas
del
hijo
de
la
directora.
Era
enano,
o
sea,
era
como
el
primero
de
la
fila
porque
era
el
más
pequeñito,
tenía
el
pelo
un
poco
castaño…
Ehm,
supongo
que
era
como
el
blanquito.
Tenía
una
cara
dulce
y
era
tímido
y
callado.
Pero
en
todo
caso
nos
tenía
bastante
obnubiladas,
¿no?,
con…
con
ese
pequeño
tamaño
y
con…
con
eso,
que
no
mataba
una
mosca
en
realidad,
que
no
era
el
típico
guapo
y
seductor
y
no
qué,
pero
era
el…
el
chiquillo
dulce,
pequeño
y
guapo.
Bueno,
y
según
Gabi
este
diminuto
galán….
Él
no
quería
nada,
absolutamente
nada
conmigo,
eh,
y
le
gustaba
más
una
de
mis
amigas.
Eh,
pero
una
vez
le
dijo
a
alguien:
“Si
Gabriela
fuera
blanca,
me
gustaría”,
¿no?
Ehm,
entonces
yo
inmediatamente
me
imaginé,
y
creo
que
durante
un
buen
tiempo,
me
imaginé
exactamente
como
era
yo,
pero
blanca,
¿no?
Y
pensé:
“Ala,
sería…
sería
más
guapa,
entonces,
¿no?,
si
fuera…
si
fuera
blanca”.
Y
mucho
tiempo
viví
engañada
con
eso,
¿no?,
como
si
el
problema
simplemente
fuera
el
color
de
mi
piel,
¿no?
Otra
gente
probablemente
no
le
daría
tanta
importancia
a
estas
cosas.
Pero
para
Gabriela…
En
cambio,
yo
me
puedo
acordar
todavía
de
esto
y
todavía
cuando
lo
cuento,
probablemente,
hay
algo
ahí
que
me
resuena,
¿no?
Un
ruido,
¿no?
¿Te
acuerdas
cuándo
te
sentiste
fea
por
primera
vez?
Sí.
Yo
era,
eh,
una
niña,
desde
muy
pequeña,
que
rendía
muy
bien
en
sus
clases,
¿no?
Muy
inteligente,
etcétera.
También
fui
durante
toda
la
primera
una
niña
bastante
popular,
pero
al
mismo
tiempo
—paradójicamente—
era
una
niña
bastante
maltratada.
Eh,
y
siempre
por
lo
mismo,
¿no?:
por
el
tema
de
mi
color
de
piel.
Eh,
y
era
curioso,
porque
me…
me
llamaban
negra.
O
sea,
cualquiera
que
me
ve
me
identificaría
más
con
un
tema
indígena
o…
o
mochica,
no
con
una
negra,
¿no?
Pero
los
niños
me
decían
negra,
me
decían
mona,
etcétera.
Y
eso
me
frustraba.
Eso
para
significaba
ser
feo,
¿no?
Eso
significaba
estar
en
el…
en
el
lado
triste
y
fracasado,
¿no?,
de
la
vida.
Y
entonces
me
volví
una
niña
muy
introvertida
y
muy
tímida.
Lo
cual,
para
los
que
conocemos
a
Gabi,
parece
inverosímil.
Su
imagen
pública
es
todo
lo
contrario.
Pero…
Entonces
recuerdo
muy
bien,
muy
pequeña,
volver
a
casa
como
con
mucha
tristeza,
llorando,
con
mi
madre,
y
diciéndole
las
cosas
que
me
habían
dicho
durante
las
clases,
¿no?,
en
el
patio.
Y
cuando
volvía
a
casa
y
lloraba,
pues
mi
mamá
intentaba
convencerme
de
que
yo
era
una
niña
bonita,
¿no?
Siempre
me
decía:
“No,
pero
si
eres
linda”,
¿no?
Mis
padres
me
mandaban
ese
mensaje
y
yo
todo
el
tiempo
pensaba
que
me
mentían,
¿no?
Entonces
crecí
un
poco
con
esa
idea,
un
poco
en
la
contradicción,
¿no?,
de
lo
que
te
dicen
el
mundo
de
afuera,
¿no?,
en
lo
público,
y
lo
que
te
dicen
en…
en…
en
privado,
¿no?
Y
mientras
no
tenía
un
novio
o
alguien
que
me
lo
dijera,
pues…
Yo
necesitaba
encontrar
el
reconocimiento
de
fuera.
No
me
servía
lo
de
dentro.
Yo
creo
que
es
recién
cuando
empiezo
a
encontrarme
linda,
es
cuando
alguien
más
me
lo
dice,
¿no?
O
sea,
con
los
primeros
novios,
¿no?
Pero
que
yo
de
repente
tuviera
un
novio
o
de
repente
apareciera
un
chico
que
le
gustara,
o
lo
que
sea,
siempre
me
sorprendió.
No
deja
de
sorprenderme:
ahora
que
me
has
preguntado
que
“oye,
tienes
dos
parejas…”
y
todavía
me
parece
un
poco
sorprendente.
Hola,
Rosi.
Hola.
Oye,
quería
hacerte
una
pregunta.
A
ver…
Ayer
entrevisté
a
Jaime
y
a
Rocío.
Y…
y
los
dos,
eh,
pues,
dijeron
un
poco
lo
predecible,
¿no?
¿Pensaste
que
era
bonita
cuando
me
conociste?
Sí.
Me
recuerdo
perfectamente
cuando
nos
conocimos.
Cuando
te
acercaste
al
grupo
en
el
que
estábamos,
eh,
pensé
que
eras
muy
bonita,
muy
atractiva.
Que
desde
el
primer
día
les
había
parecido
bonita,
¿no?
Que
les
gustaba
todo
de
[risas],
que
no
me
cambiarían
nada…
Siempre
he
sido
un
gran,
gran
fan
de
tus
tetas,
por
ejemplo.
Pero
también
de
tus
piernas,
de
tus
ojos,
de
tu
boca:
la
forma
de
tu
boca
me
parece
preciosa.
Y
tu
pelo
también
es
espectacular…
Ay,
nada.
No
hay
nada
que
no
me
guste.
Bueno,
casi
nada…
Bueno,
igual
que
fueras
un
poco
más
alta.
Te
parezco
pequeña.
No,
no…
Tampoco
pequeña.
Somos
casi
del
mismo
tamaño.
Bueno,
yo
qué
sé,
por
decir
algo.
¿Qué
es
lo
que
menos
te
gusta
de
mí?
Si
pudieras
cambiar
algo
de
mi
cuerpo
o
cara,
¿qué
cambiarías?
Creo
que
si
dijera
que
cambiaría
algo
de
ti,
pues
dejarías
de
ser
tú.
Entonces
no
podría
cambiar
nada
de
ti
porque
eso
podría
causar
una
catástrofe
en
algún
lado
de
mí.
Me
parece
que
en
las
preguntas
que
te
he
hecho
como
que
no
me
has
convencido
del
todo.
Como
si
no
lo
hubieras
dicho
como
si
realmente
lo
sintieras
o…
o
realmente
te
pareciera
así
de
bonita.
No
sé,
como
que
no
te
creo.
No
sé,
siento
que
no
te
creo.
[Risas]
Esa
es
una
de
las
risas
más
feas
que
he
escuchado
en
mi
vida,
por
ejemplo.
[Risas]
Bueno,
sabes
que
es
así…
sabes
que
es
así.
Una
pausa
y
volvemos.
It’s
Been
a
Minute
es
un
programa
de
entrevistas
con
corazón.
Cada
semana,
platican
con
personas
de
la
cultura
que
merecen
tu
atención
y
terminan
la
semana
discutiendo
las
noticias
más
importantes
con
otros
periodistas.
Escucha
It’s
Been
a
Minute,
de
NPR,
un
programa
que
trata
de
encontrar
sentido
en
el
mundo
a
través
de
la
conversación.
Hola,
soy
Jorge
Caraballo,
editor
de
crecimiento
en
Radio
Ambulante
y
te
queremos
recordar
que
hay
muchas
formas
de
apoyarnos.
Ya
sea
a
través
del
programa
de
membresías
o
a
través
de
Lupa,
la
app
para
quienes
están
aprendiendo
español.
Y
si
estás
en
Estados
Unidos,
queremos
invitarte
a
que
apoyes
a
tu
estación
de
radio
pública
local.
Para
hacerlo
solamente
tienes
que
ir
a
donate.npr.org/RadioAmbulante.
Donate
se
deletrea:
D-O-N-A-T-E.
Donate,
en
inglés.
Repito:
donate.npr.org/Radio
Ambulante.
¡Muchas
gracias!
Bueno,
antes
del
break
estábamos
conversando
con
Gabriela
Wiener.
Quizás
algunos
de
ustedes
la
hayan
leído.
Quizás
no.
En
fin.
Lo
que
pasa
es
que
en
2008
publicó
un
libro
llamado
Sexografías.
Son
crónicas,
retratos
de
gente
que
persigue
el
placer
y
que
no
tiene
pudor.
Gente
como
ella
misma.
Y
cuando
salió
el
libro,
hizo
un
blog
con
el
mismo
nombre:
Sexografías.
Entonces
yo
iba
colgando
aquí
todas
las
notas
de
prensa,
críticas…
Bueno,
yo
estaba
muy
emocionada
porque
era
mi
primer
libro,
¿no?
Y…
Y
de
vez
en
cuando
ponía
su
nombre
en
Google,
a
ver
qué
aparecía
y
si
valía
la
pena
subirlo
al
blog.
Pero
jamás
me
imaginé,
¿no?,
que
me
iba
a
encontrar,
en
efecto,
con…
con
el
colegio,
pero
convertido
en…
en
el
infierno,
¿no?,
y
en…
y
en,
directamente,
el
maltrato
y…
y
el…
el
insulto
más
crudo,
¿no?,
y
violento,
¿no?
Una
violencia
terrible
tirada
en
mi
cara
y
por
las
mismas
razones
por
las
que
me
habían
dicho
cosas
cuando
era
niña,
¿no?
A
lo
que
se
refiere
son
los
llamados
trolls.
Esa
gente
anónima,
cobarde,
que
se
dedica
a
atacar
a
la
gente
en
internet.
Y
Gabi
se
convirtió
en
coleccionista
de
los
comentarios
más
atroces.
A
ver,
si
entras
a
mi
blog,
yo…
yo
ahí
escogí
algunos
y
los
puse…
Mira,
pon
“sexografiasblogspot”…
Le
pedí
que
leyera
algunos.
Y
quiero
advertirles
que
van
a
oír
unas
de
las
cosas
más
feas
que
se
puedan
imaginar.
A
ver,
espera…
Blogspot…
“Pobre
cholita
sudaca
que
sólo
sabe
ser
una
reputa”.
“Qué
vergüenza
que
da
el
Perú
y
sus
indios
cuando
se
ponen
a
hacer
huevadas”.
“Qué
fea
esa
huevada,
esa
cojuda.
Sólo
la
tiran
con
una
bolsa
en
la
cara”.
“Esa
Gabriela
está
arrecha
porque,
con
esa
cara,
ni
mi
perro
se
la
quiere
agarrar”.
“Zorra,
mostrita,
mostra
de
mierda,
feita
y
cuadrada
para
remate.
Una
cosa
es
que
te
encante
el
sexo,
otra
que
seas
promiscua.
Jamás
me
la
tiraría.
Qué
tipa
tan
fea”.
“La
chica
necesita
una
buena
cirugía
de
los
pies
hasta
el
cerebro”.
Las
mismas
cosas
que
me
habían
hecho
llorar,
digamos,
¿no?
Que
si
eres
india,
que
si
eres
fea,
que
si
eres
puta,
¿no?
Lo
de
siempre,
¿no?
Quiero
pedirte
disculpas
por…
por
haberte
obligado
a
releerlos…
O
sea,
qué
cosa
más
asquerosa.
Sí.
Bueno,
la
verdad
es
que
ya,
en
el
2009,
estas
cosas
me…
me
tumbaban,
¿no?
Realmente
me
hacían
llorar.
Y
ahora
estoy
como
mucho
más
endurecida,
¿no?,
ante
estas
cosas
y
creo
que
muchísimas
mujeres
que
nos
van
dejando
comentarios
en
Twitter
o
en
Facebook
o…
ya
estamos
bastante,
no
sé,
vacunadas
contra…
contra
los
trolls
y
contra
estas
cosas.
Pero
siempre
duele,
no
te
lo
voy
a
negar.
Siempre
duele,
¿no?
Claro
que
duele.
Si
me
duele
a
mí.
Y
bueno,
toda
esta
historia
empezó
porque
hace
poco
leí
un
ensayo
muy
conmovedor
que
escribió
Gabi
sobre
este
mismo
tema
y
de
ahí
vino
la
idea
de
traerla
al
estudio.
Así
que
nos
pareció
bien
compartir
un
fragmento
del
ensayo
con
ustedes.
Acá
va:
Sufro
trastorno
dismórfico
corporal.
Es
decir,
me
preocupo
obsesivamente
por
algo
que
considero
un
defecto
en
mis
características
físicas.
Lo
más
perturbador
de
una
enfermedad
así
es
que
ese
defecto
pues
puede
ser
real
o
imaginario.
No
está
claro
quién
o
qué
determina
lo
que
es
evidencia
o
producto
de
la
fabulación.
Es
algo
así
como
que
si
entre
los
monstruos
de
nuestras
pesadillas,
en
medio
de
los
niños
de
dos
caras,
de
los
bebés
que
nacen
con
sus
hermanos
en
el
vientre
y
los
gatos
con
seis
patas,
estuvieras
tú.
El
mal
existe,
como
la
deformidad
y
la
putrefacción.
Nadie
podrá
despreciarme
mejor
que
yo,
creo.
Esa
es
mi
conquista.
La
voz
interior
es
siempre
un
recuento
de
catástrofes
y
barroquismo.
Mis
dientes
torcidos.
Mis
rodillas
negras.
Mis
brazos
gordos.
Mis
pechos
caídos.
Mis
ojos
pequeños
clavados
en
dos
bolsas
de
ojeras
negras.
Mi
nariz
brillante
y
granulienta.
Mis
pelos
negros
de
bruja.
Mis
gafas.
Mi
incipiente
joroba
y
mi
incipiente
papada.
Mis
cicatrices.
Mis
axilas
peludas
y
abultadas.
Mi
piel
manchada
pecosa
y
lunareja.
Mis
pequeñas
manos
negras
con
las
uñas
carcomidas.
Mi
falta
de
cintura
y
curvas
traseras.
Mi
culo
plano.
Mis
cinco
kilos
de
sobrepeso.
Los
pelos
hirsutos
de
mi
pubis.
El
pelo
de
mi
ano.
Los
pezones
grandes
y
marrones.
Mi
abdomen
descolgado
y
estriado.
El
tono
de
mi
voz.
Mi
aliento.
El
olor
de
mi
vagina,
mi
sangre,
mi
fetidez.
Y
aún
me
falta
hacerme
vieja.
Y
descomponerme.
En
una
época
me
dibujaba.
Construía
collages
con
fotografías
recortadas.
Unía
partes
de
mi
imperfecto
cuerpo
con
recortes
de
cuerpos
de
modelos
increíbles.
En
uno
de
mis
autorretratos
tengo
un
rubí
en
el
pezón
y
mi
cuerpo
es
el
de
una
heroína
de
cómic
erótico
de
los
setenta.
Soy
una
muñeca
recortable
y
tricéfala
a
la
que
le
he
cortado
el
cuerpo
y
le
he
dejado
los
vestidos.
Nadie
quiere
ser
simpático.
Ninguna
mujer
quiere
ser
sólo
agradable.
Hay
pocas
cosas
tan
en
desuso
como
la
belleza
interior.
Algunas
veces
me
he
aplicado
el
ejercicio
de
juzgar
estéticamente
a
otros,
como
una
gran
entendida.
Todos
sabemos
que
para
la
gente
realmente
hermosa
este
no
es
un
tema
de
conversación.
Los
guapos
de
verdad
ni
se
dan
cuenta
de
lo
guapos
que
son.
Pero
para
la
gente
fea
tampoco.
Para
ellos
no
es
un
tema:
es
el
único
tema.
De
hecho,
alguien
que
no
hable
del
físico
de
los
demás,
aunque
no
sea
una
persona
guapa,
sólo
por
la
abstención
ya
puede
considerarse
un
poco
guapa.
En
cambio,
a
alguien
regular,
incluso
alguien
semi-guapo,
le
afea
bastante
hablar
de
la
belleza
o
la
fealdad
de
los
otros.
¿Estoy
loca?
Creo
que
poca
gente
se
siente
atraída
por
a
primera
vista.
Tanto
que
cuando
ocurre
me
sorprende,
y
esto
puede
ser
muy
molesto
en
un
mundo
donde
casi
la
mitad
de
la
población
tiene
una
anécdota
acerca
de
un
amor
fulminante.
Y
claro,
cuando
me
conocen
ven
mis
cualidades,
también
físicas,
como
mis
pechos
grandes,
mi
cabellera
negra
y
brillante,
mi
boca
pequeña
y
dibujada
con
ese
punto
de
exotismo
e
indefensión.
Sobre
todo
desnuda
parezco
una
nativa
amazónica
recién
capturada.
Eso
da
morbo,
morbo
colonial.
Sí,
eso
dicen
mis
amantes
o
mis
amigos,
que
a
veces
son
genios
feos.
Considero
que
si
mis
amantes
o
mis
amigos
son
feos,
también
es
un
problema
mío.
Me
afean
más.
Me
pasa
lo
mismo
con
lo
que
escribo:
lo
que
escribo
siempre
me
afea.
No
hablaré
aquí
del
odio
que
le
tengo
a
las
escritoras
que,
además
de
escribir
bien,
son
portentos
femeninos.
Tengo
a
una
enterrada
en
mi
jardín.
La
belleza
mata.
Ser
un
hilo
de
conversación,
un
tema,
un
post
para
el
escarnio
público.
En
la
foto
que
alguien
colgó
en
un
blog
anónimo,
yo
estaba
sentada
en
el
suelo
comiéndome
un
plátano.
A
continuación
hay
395
comentarios
en
los
que
me
llaman
fea
o
en
los
que
se
explayan
—sobre
todo
los
hombres—
que
supuestamente
me
tiré
estando
casada
y
lo
puta
que
soy
en
general.
Lo
de
puta
nunca
me
ha
dolido
particularmente;
no
perdamos
el
tiempo
en
eso.
Pero
lo
otro,
lo
otro,
es
evidencia.
Alguna
vez,
yo
también
me
odié
de
esa
manera.
Si
la
dismorfia
corporal
es
una
enfermedad
mental,
¿me
lo
estoy
imaginando
todo?
¿Soy
fea?
¿Soy
en
realidad
bella?
Y
si
me
lo
estoy
imaginando,
¿por
qué
hay
gente
hablando
de
eso?
Escribiendo
sobre
mi
fealdad.
¿Por
qué
es
un
tema?
¿Por
qué
me
ama
entonces
un
hombre
bello?
¿Debería
ser
bella?
¿Querrían
que
fuera
bella
para
así
justificar
su
dolor,
su
apetito,
su
virulencia?
¿Tiene,
en
ese
caso,
que
ver
más
con
mi
impureza
moral
que
con
la
física?
¿No
que
era
linda,
como
decían
mamá
y
papá?
¿Será
la
mezcla
de
ambas
cosas?
¿Estoy
loca
si
me
hago
estas
preguntas?
¿Nadie
más
se
las
hace?
Hay
un
dibujo.
Una
pequeña
viñeta
que
hice
a
partir
de
una
frase
que
me
dijo
un
día
alguien
que
me
ama
a
pesar
de
mis
trastornos,
de
mis
complejos,
o
precisamente
por
ellos.
Me
dijo:
“Me
hubiera
gustado
conocerte
de
niña
y
decirte
que
eras
la
niña
más
bella
del
mundo”.
En
mi
dibujo
él
viaja
al
pasado,
me
encuentra,
me
siento
en
sus
rodillas,
y
como
él
es
el
hombre
más
bello
que
yo
he
visto
nunca,
me
dice
esa
frase
al
oído
y
yo
le
creo.
Y
nunca
más
se
me
olvidará.
Así,
en
esa
historia
alternativa
de
mi
vida,
yo
creceré
sin
el
trastorno
y
no
me
haré
más
preguntas.
Me
parte
el
alma
escuchar
esto.
Porque,
claro,
como
Gabi,
¿cuántas
mujeres
hay
que
se
sienten
así?
Pero
también
le
pregunté
si
había
habido
algunos
momentos
en
que
se
ha
sentido
bonita.
Lo
típico:
también
te
sientes
bonita
cuando
te
dicen
que
has
adelgazado
después
de
una
gastroenteritis
o…
o
después
de
una
depresión
o
una
tristeza.
También
te
sientes
bonita
por
temas
así
de
banales,
¿no?
Hay
un
momento
en
el
que
siempre
me
siento
bonita,
y
es
más
o
menos
como
a
la
cuarta
copa,
o
quinta,
y
entro
al
baño,
este,
y
me
veo
en
el
espejo
y
me
veo
preciosa.
Es
más,
ese
es
el
momento
en
que
me
quito
las
gafas
ya
definitivamente
porque
ya
no
veo
tan
bien
—ni
con
gafas
ni
sin
gafas—
y
me
veo
y
veo
y
vuelvo
al…
al
bar,
o
sea,
sintiéndome
una
triunfadora
total.
O
sea
y
realmente
me
veo
hermosa.
No
por
qué.
Es
una
especie
de…
el
alcohol,
también,
de
embellecedor.
Supongo
que
tiene
que
ver
con
eso,
con
la
seguridad,
pero
yo
diría
que
es
una
cosa
comprobable,
¿sabes?
O
sea,
hay
fotos.
Hay
fotos.
[Risas]
Hay
fotos.
Hay
fotos
de
ese
momento
y
sí,
estaba
hermosa,
¿sabes?
Ok,
—le
dije—
¿pero
y
sin
alcohol?
Bueno,
me
he
sentido
muy
bonita
cuando
me
he
sentido
muy
amada.
Lo
que
puede
ser
peligroso,
¿no?
Por
un
lado
es…
es
increíble
la
experiencia
de
ver…
de
verte
en
los
ojos
de
la
otra
persona
y
verte
embellecido
por
ese
amor.
Pero
por
otro
lado
es
una
trampa
porque
es
como
la
dependencia
de
algo
externo
para
confirmarte
como
alguien
apreciable,
¿no?,
atractivo,
¿no?
Pero
también
me
parece
muy
humano
y
me
parece
muy
lógico
que…
que
esto
ocurra,
¿no?
Creo
que
pasa
todo
el
tiempo.
Y
claro,
tomando
eso
en
cuenta,
la
única
solución
duradera
es
la
de
un
proceso
interno,
de
creérselo
uno
mismo,
de
aprender
a
apreciarte
como
eres.
Y
quizás
lo
más
alentador
de
nuestra
conversación
con
Gabi
fue
esto
que
me
contó:
que
es
posible,
que
uno
puede
llegar
a
hacer
las
paces
con
la
cara
y
el
cuerpo
que
te
tocó.
Nada,
he
dejado
cosas
de
las
que
dependía
muchísimo
y
que
me
daban
esa
seguridad
de
sentirme
bonita,
que
eran
cuatro
cosas.
No,
dos:
eran
mi
rizador
de
pestañas,
porque
tengo
las
pestañas
súper
pequeñas
y
finas
y
para
abajo,
y,
eh,
un
poco
de
polvos
a
lo
Michael
Jackson
para
uniformizar
pues
mis
marcas,
manchas,
sudores
y
brillos,
¿no?
Y
aunque
no
parezca,
algo
tan
simple
puede
ser
revolucionario.
Porque
a
veces
como
que
uno
empieza
a
depender
de
unas
cosas
que
crees
que
te
dan
la
belleza
total,
y
de
repente
dejas
de
usarlas
y
estás
igual,
¿no?
Gabriela
Wiener
es
cronista
peruana
y
vive
en
Madrid.
Su
libro
más
reciente
es
“Dicen
de
mí”.
Camila
Segura,
Silvia
Viñas
y
yo
editamos
esta
historia.
El
diseño
de
sonido
es
de
Andrés
Azpiri
con
música
de
Luis
Maurette.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Lisette
Arévalo,
Gabriela
Brenes,
Jorge
Caraballo,
Victoria
Estrada,
Miranda
Mazariegos,
Patrick
Moseley,
Laura
Rojas
Aponte,
Barbara
Sawhill,
Luis
Trelles,
David
Trujillo,
Luis
Fernando
Vargas
y
Elsa
Liliana
Ulloa.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
es
un
podcast
de
Radio
Ambulante
Estudios,
y
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
Hindenburg
PRO.
Radio
Ambulante
cuenta
las
historias
de
América
Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
Amigos,
felices
fiestas
y
feliz
año.
Vamos
a
hacer
una
pausa
hasta
el
14
de
enero,
pero
cuando
volvamos
vamos
a
Quito,
Ecuador
en
1949.
Interrumpimos
el
programa
de
música
nocturna
para
entregarles
un
cable
urgente
de
noticias.
El
día
que
una
emisora
de
radio
empezó
a
reportar
que
los
marcianos
estaban
invadiendo
al
país.
Según
un
informe
de
nuestros
reporteros,
una
inmensa
bola
de
humo
y
fuego
ha
descendido
sobre
la
ciudad
de
Latacunga.
Yo
me
acuerdo
clarito
que
decían:
“Ya
vienen,
es
una
flota
inmensa”.
¿Cómo
reaccionaron
los
quiteños
a
esa
noticia?
Escuchen,
en
el
próximo
episodio
de
Radio
Ambulante.
¡Feliz
año!
Check out more Radio Ambulante

See below for the full transcript

Hace poco más de tres años publicamos los primeros episodios de Radio Ambulante en NPR. Sabíamos que ser parte de la radio pública estadounidense iba a darnos un impulso enorme. Y no estábamos equivocados. Hemos crecido como equipo —en ese entonces éramos solo cinco; ahora somos más de 20—. Y también hemos crecido muchísimo como comunidad: ahora hay cientos de miles de ambulantes escuchando desde todo el mundo. Si quieren vernos seguir creciendo y apoyar la siguiente etapa de Radio Ambulante, hay varias maneras de ayudar. Tenemos un programa de membresías, tenemos una nueva app para los oyentes que están aprendiendo español. Y para los que nos escuchan en Estados Unidos, por favor, consideren apoyar a su emisora local de radio pública. Para hacerlo, ingresen a donate.npr.org/RadioAmbulante. Donate se deletrea: D-O-N-A-T-E. Donate, en inglés. Repito: donate.npr.org/Radio Ambulante. ¡Muchas gracias desde ya por su apoyo! Seguramente te ha pasado esto: escuchas un episodio de este maravilloso podcast y piensas, “Oh my god, Randy would love this”. O Joane o Connie o Matthew. Y luego: “¡Ay, caramba! Pero con sus dos semestres de español mi gringuito no va a entender”. Bueno, lindos, les tengo una noticia bárbara: Radio Ambulante ya tiene su propia app para todos los Matthews de tu vida. Pueden usar estas historias tan divinas para mejorar su español. El app se llama Lupa. Hay más información en la página web. Estén pendientes. ¡Chao, bellos! Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Hoy regresamos a nuestros archivos, a una historia que publicamos originalmente en el 2016. Y bueno, comencemos con… Eh, me llamo Gabriela Wiener. Soy peruana, soy escritora. Tengo una hija y un bebé. Y dos novios: un chico y una chica. Mmm… y eso. [Risas] ¿Qué? No, súper normal. [Risas] ¿Algo más? No sé qué tipo de… más. ¿Digo más cosas? No, está perfecto… Está perfecto. Gabriela es amiga mía desde hace más de una década. Es bajita —mide metro 62—, es morena… Y tengo los ojos pequeños. Tengo una boca dibujada como, no sé, como de los cómics. Tiene el pelo muy largo y negro y liso, y desde que la conozco nunca se he cambiado de peinado. Y tengo un poco de… de barriga, que siempre he tenido, como de si estuviera embarazada de cuatro meses. Y soy un poco corpulenta, creo. Y nada: me como las uñas y hago esas cosas. De las cosas que asombran de Gabriela es qué tan segura es de sí misma. Es de las que entra a una fiesta y se va a casa con la persona que quiera. Hombres y mujeres. Por eso me sorprendió enterarme de que siempre se ha considerado una mujer fea… ¿Fea? Si tiene no uno, sino dos novios: Jaime y Rocío. ¿Eso no ser exitoso? Entonces le pregunté. Sí, la verdad es que incluso mi novio como que es considerado guapo dentro de lo… de la norma, ¿no? Y… y mi chica también es bastante guapa y… eh, también pienso que soy, simplemente, a veces, una afortunada o que es una ironía de la vida. Camila Segura y yo hablamos con Gabriela para entenderla un poco más, para que nos explicara mejor de dónde viene esa sensación. Y cómo la ha afectado… Mis amigas y yo, este, las tres, niñas de primaria, estábamos enamoradas del hijo de la directora. Era enano, o sea, era como el primero de la fila porque era el más pequeñito, tenía el pelo un poco castaño… Ehm, supongo que era como el blanquito. Tenía una cara dulce y era tímido y callado. Pero en todo caso nos tenía bastante obnubiladas, ¿no?, con… con ese pequeño tamaño y con… con eso, que no mataba una mosca en realidad, que no era el típico guapo y seductor y no sé qué, pero era el… el chiquillo dulce, pequeño y guapo. Bueno, y según Gabi este diminuto galán…. Él no quería nada, absolutamente nada conmigo, eh, y le gustaba más una de mis amigas. Eh, pero una vez le dijo a alguien: “Si Gabriela fuera blanca, me gustaría”, ¿no? Ehm, entonces yo inmediatamente me imaginé, y creo que durante un buen tiempo, me imaginé exactamente como era yo, pero blanca, ¿no? Y pensé: “Ala, sería… sería más guapa, entonces, ¿no?, si fuera… si fuera blanca”. Y mucho tiempo viví engañada con eso, ¿no?, como si el problema simplemente fuera el color de mi piel, ¿no? Otra gente probablemente no le daría tanta importancia a estas cosas. Pero para Gabriela… En cambio, yo me puedo acordar todavía de esto y todavía cuando lo cuento, probablemente, hay algo ahí que me resuena, ¿no? Un ruido, ¿no? ¿Te acuerdas cuándo te sentiste fea por primera vez? Sí. Yo era, eh, una niña, desde muy pequeña, que rendía muy bien en sus clases, ¿no? Muy inteligente, etcétera. También fui durante toda la primera una niña bastante popular, pero al mismo tiempo —paradójicamente— era una niña bastante maltratada. Eh, y siempre por lo mismo, ¿no?: por el tema de mi color de piel. Eh, y era curioso, porque me… me llamaban negra. O sea, cualquiera que me ve me identificaría más con un tema indígena o… o mochica, no con una negra, ¿no? Pero los niños me decían negra, me decían mona, etcétera. Y eso me frustraba. Eso para mí significaba ser feo, ¿no? Eso significaba estar en el… en el lado triste y fracasado, ¿no?, de la vida. Y entonces me volví una niña muy introvertida y muy tímida. Lo cual, para los que conocemos a Gabi, parece inverosímil. Su imagen pública es todo lo contrario. Pero… Entonces recuerdo muy bien, muy pequeña, volver a casa como con mucha tristeza, llorando, con mi madre, y diciéndole las cosas que me habían dicho durante las clases, ¿no?, en el patio. Y cuando volvía a casa y lloraba, pues mi mamá intentaba convencerme de que yo era una niña bonita, ¿no? Siempre me decía: “No, pero si tú eres linda”, ¿no? Mis padres me mandaban ese mensaje y yo todo el tiempo pensaba que me mentían, ¿no? Entonces crecí un poco con esa idea, un poco en la contradicción, ¿no?, de lo que te dicen el mundo de afuera, ¿no?, en lo público, y lo que te dicen en… en… en privado, ¿no? Y mientras no tenía un novio o alguien que me lo dijera, pues… Yo necesitaba encontrar el reconocimiento de fuera. No me servía lo de dentro. Yo creo que es recién cuando empiezo a encontrarme linda, es cuando alguien más me lo dice, ¿no? O sea, con los primeros novios, ¿no? Pero que yo de repente tuviera un novio o de repente apareciera un chico que le gustara, o lo que sea, siempre me sorprendió. No deja de sorprenderme: ahora que me has preguntado que “oye, tienes dos parejas…” y todavía me parece un poco sorprendente. Hola, Rosi. Hola. Oye, quería hacerte una pregunta. A ver… Ayer entrevisté a Jaime y a Rocío. Y… y los dos, eh, pues, dijeron un poco lo predecible, ¿no? ¿Pensaste que era bonita cuando me conociste? Sí. Me recuerdo perfectamente cuando nos conocimos. Cuando te acercaste al grupo en el que estábamos, eh, pensé que eras muy bonita, muy atractiva. Que desde el primer día les había parecido bonita, ¿no? Que les gustaba todo de mí [risas], que no me cambiarían nada… Siempre he sido un gran, gran fan de tus tetas, por ejemplo. Pero también de tus piernas, de tus ojos, de tu boca: la forma de tu boca me parece preciosa. Y tu pelo también es espectacular… Ay, nada. No hay nada que no me guste. Bueno, casi nada… Bueno, igual que fueras un poco más alta. Te parezco pequeña. No, no… Tampoco pequeña. Somos casi del mismo tamaño. Bueno, yo qué sé, por decir algo. ¿Qué es lo que menos te gusta de mí? Si pudieras cambiar algo de mi cuerpo o cara, ¿qué cambiarías? Creo que si dijera que cambiaría algo de ti, pues dejarías de ser tú. Entonces no podría cambiar nada de ti porque eso podría causar una catástrofe en algún lado de mí. Me parece que en las preguntas que te he hecho como que no me has convencido del todo. Como si no lo hubieras dicho como si realmente lo sintieras o… o realmente te pareciera así de bonita. No sé, como que no te creo. No sé, siento que no te creo. [Risas] Esa es una de las risas más feas que he escuchado en mi vida, por ejemplo. [Risas] Bueno, tú sabes que es así… Tú sabes que es así. Una pausa y volvemos. It’s Been a Minute es un programa de entrevistas con corazón. Cada semana, platican con personas de la cultura que merecen tu atención y terminan la semana discutiendo las noticias más importantes con otros periodistas. Escucha It’s Been a Minute, de NPR, un programa que trata de encontrar sentido en el mundo a través de la conversación. Hola, soy Jorge Caraballo, editor de crecimiento en Radio Ambulante y te queremos recordar que hay muchas formas de apoyarnos. Ya sea a través del programa de membresías o a través de Lupa, la app para quienes están aprendiendo español. Y si estás en Estados Unidos, queremos invitarte a que apoyes a tu estación de radio pública local. Para hacerlo solamente tienes que ir a donate.npr.org/RadioAmbulante. Donate se deletrea: D-O-N-A-T-E. Donate, en inglés. Repito: donate.npr.org/Radio Ambulante. ¡Muchas gracias! Bueno, antes del break estábamos conversando con Gabriela Wiener. Quizás algunos de ustedes la hayan leído. Quizás no. En fin. Lo que pasa es que en 2008 publicó un libro llamado Sexografías. Son crónicas, retratos de gente que persigue el placer y que no tiene pudor. Gente como ella misma. Y cuando salió el libro, hizo un blog con el mismo nombre: Sexografías. Entonces yo iba colgando aquí todas las notas de prensa, críticas… Bueno, yo estaba muy emocionada porque era mi primer libro, ¿no? Y… Y de vez en cuando ponía su nombre en Google, a ver qué aparecía y si valía la pena subirlo al blog. Pero jamás me imaginé, ¿no?, que me iba a encontrar, en efecto, con… con el colegio, pero convertido en… en el infierno, ¿no?, y en… y en, directamente, el maltrato y… y el… el insulto más crudo, ¿no?, y violento, ¿no? Una violencia terrible tirada en mi cara y por las mismas razones por las que me habían dicho cosas cuando era niña, ¿no? A lo que se refiere son los llamados trolls. Esa gente anónima, cobarde, que se dedica a atacar a la gente en internet. Y Gabi se convirtió en coleccionista de los comentarios más atroces. A ver, si entras a mi blog, yo… yo ahí escogí algunos y los puse… Mira, pon “sexografiasblogspot”… Le pedí que leyera algunos. Y quiero advertirles que van a oír unas de las cosas más feas que se puedan imaginar. A ver, espera… Blogspot… “Pobre cholita sudaca que sólo sabe ser una reputa”. “Qué vergüenza que da el Perú y sus indios cuando se ponen a hacer huevadas”. “Qué fea esa huevada, esa cojuda. Sólo la tiran con una bolsa en la cara”. “Esa Gabriela está arrecha porque, con esa cara, ni mi perro se la quiere agarrar”. “Zorra, mostrita, mostra de mierda, feita y cuadrada para remate. Una cosa es que te encante el sexo, otra que seas promiscua. Jamás me la tiraría. Qué tipa tan fea”. “La chica necesita una buena cirugía de los pies hasta el cerebro”. Las mismas cosas que me habían hecho llorar, digamos, ¿no? Que si eres india, que si eres fea, que si eres puta, ¿no? Lo de siempre, ¿no? Quiero pedirte disculpas por… por haberte obligado a releerlos… O sea, qué cosa más asquerosa. Sí. Bueno, la verdad es que ya, en el 2009, estas cosas me… me tumbaban, ¿no? Realmente me hacían llorar. Y ahora estoy como mucho más endurecida, ¿no?, ante estas cosas y creo que muchísimas mujeres que nos van dejando comentarios en Twitter o en Facebook o… ya estamos bastante, no sé, vacunadas contra… contra los trolls y contra estas cosas. Pero siempre duele, no te lo voy a negar. Siempre duele, ¿no? Claro que duele. Si me duele a mí. Y bueno, toda esta historia empezó porque hace poco leí un ensayo muy conmovedor que escribió Gabi sobre este mismo tema y de ahí vino la idea de traerla al estudio. Así que nos pareció bien compartir un fragmento del ensayo con ustedes. Acá va: Sufro trastorno dismórfico corporal. Es decir, me preocupo obsesivamente por algo que considero un defecto en mis características físicas. Lo más perturbador de una enfermedad así es que ese defecto pues puede ser real o imaginario. No está claro quién o qué determina lo que es evidencia o producto de la fabulación. Es algo así como que si entre los monstruos de nuestras pesadillas, en medio de los niños de dos caras, de los bebés que nacen con sus hermanos en el vientre y los gatos con seis patas, estuvieras tú. El mal existe, como la deformidad y la putrefacción. Nadie podrá despreciarme mejor que yo, creo. Esa es mi conquista. La voz interior es siempre un recuento de catástrofes y barroquismo. Mis dientes torcidos. Mis rodillas negras. Mis brazos gordos. Mis pechos caídos. Mis ojos pequeños clavados en dos bolsas de ojeras negras. Mi nariz brillante y granulienta. Mis pelos negros de bruja. Mis gafas. Mi incipiente joroba y mi incipiente papada. Mis cicatrices. Mis axilas peludas y abultadas. Mi piel manchada pecosa y lunareja. Mis pequeñas manos negras con las uñas carcomidas. Mi falta de cintura y curvas traseras. Mi culo plano. Mis cinco kilos de sobrepeso. Los pelos hirsutos de mi pubis. El pelo de mi ano. Los pezones grandes y marrones. Mi abdomen descolgado y estriado. El tono de mi voz. Mi aliento. El olor de mi vagina, mi sangre, mi fetidez. Y aún me falta hacerme vieja. Y descomponerme. En una época me dibujaba. Construía collages con fotografías recortadas. Unía partes de mi imperfecto cuerpo con recortes de cuerpos de modelos increíbles. En uno de mis autorretratos tengo un rubí en el pezón y mi cuerpo es el de una heroína de cómic erótico de los setenta. Soy una muñeca recortable y tricéfala a la que le he cortado el cuerpo y le he dejado los vestidos. Nadie quiere ser simpático. Ninguna mujer quiere ser sólo agradable. Hay pocas cosas tan en desuso como la belleza interior. Algunas veces me he aplicado el ejercicio de juzgar estéticamente a otros, como una gran entendida. Todos sabemos que para la gente realmente hermosa este no es un tema de conversación. Los guapos de verdad ni se dan cuenta de lo guapos que son. Pero para la gente fea tampoco. Para ellos no es un tema: es el único tema. De hecho, alguien que no hable del físico de los demás, aunque no sea una persona guapa, sólo por la abstención ya puede considerarse un poco guapa. En cambio, a alguien regular, incluso alguien semi-guapo, le afea bastante hablar de la belleza o la fealdad de los otros. ¿Estoy loca? Creo que poca gente se siente atraída por mí a primera vista. Tanto que cuando ocurre me sorprende, y esto puede ser muy molesto en un mundo donde casi la mitad de la población tiene una anécdota acerca de un amor fulminante. Y claro, cuando me conocen sí ven mis cualidades, también físicas, como mis pechos grandes, mi cabellera negra y brillante, mi boca pequeña y dibujada con ese punto de exotismo e indefensión. Sobre todo desnuda parezco una nativa amazónica recién capturada. Eso da morbo, morbo colonial. Sí, eso dicen mis amantes o mis amigos, que a veces son genios feos. Considero que si mis amantes o mis amigos son feos, también es un problema mío. Me afean más. Me pasa lo mismo con lo que escribo: lo que escribo siempre me afea. No hablaré aquí del odio que le tengo a las escritoras que, además de escribir bien, son portentos femeninos. Tengo a una enterrada en mi jardín. La belleza mata. Ser un hilo de conversación, un tema, un post para el escarnio público. En la foto que alguien colgó en un blog anónimo, yo estaba sentada en el suelo comiéndome un plátano. A continuación hay 395 comentarios en los que me llaman fea o en los que se explayan —sobre todo los hombres— que supuestamente me tiré estando casada y lo puta que soy en general. Lo de puta nunca me ha dolido particularmente; no perdamos el tiempo en eso. Pero lo otro, lo otro, es evidencia. Alguna vez, yo también me odié de esa manera. Si la dismorfia corporal es una enfermedad mental, ¿me lo estoy imaginando todo? ¿Soy fea? ¿Soy en realidad bella? Y si me lo estoy imaginando, ¿por qué hay gente hablando de eso? Escribiendo sobre mi fealdad. ¿Por qué es un tema? ¿Por qué me ama entonces un hombre bello? ¿Debería ser bella? ¿Querrían que fuera bella para así justificar su dolor, su apetito, su virulencia? ¿Tiene, en ese caso, que ver más con mi impureza moral que con la física? ¿No que era linda, como decían mamá y papá? ¿Será la mezcla de ambas cosas? ¿Estoy loca si me hago estas preguntas? ¿Nadie más se las hace? Hay un dibujo. Una pequeña viñeta que hice a partir de una frase que me dijo un día alguien que me ama a pesar de mis trastornos, de mis complejos, o precisamente por ellos. Me dijo: “Me hubiera gustado conocerte de niña y decirte que eras la niña más bella del mundo”. En mi dibujo él viaja al pasado, me encuentra, me siento en sus rodillas, y como él es el hombre más bello que yo he visto nunca, me dice esa frase al oído y yo le creo. Y nunca más se me olvidará. Así, en esa historia alternativa de mi vida, yo creceré sin el trastorno y no me haré más preguntas. Me parte el alma escuchar esto. Porque, claro, como Gabi, ¿cuántas mujeres hay que se sienten así? Pero también le pregunté si había habido algunos momentos en que se ha sentido bonita. Lo típico: también te sientes bonita cuando te dicen que has adelgazado después de una gastroenteritis o… o después de una depresión o una tristeza. También te sientes bonita por temas así de banales, ¿no? Hay un momento en el que siempre me siento bonita, y es más o menos como a la cuarta copa, o quinta, y entro al baño, este, y me veo en el espejo y me veo preciosa. Es más, ese es el momento en que me quito las gafas ya definitivamente porque ya no veo tan bien —ni con gafas ni sin gafas— y me veo y veo y vuelvo al… al bar, o sea, sintiéndome una triunfadora total. O sea y realmente me veo hermosa. No sé por qué. Es una especie de… el alcohol, también, de embellecedor. Supongo que tiene que ver con eso, con la seguridad, pero yo diría que es una cosa comprobable, ¿sabes? O sea, hay fotos. Hay fotos. [Risas] Hay fotos. Hay fotos de ese momento y sí, estaba hermosa, ¿sabes? Ok, —le dije— ¿pero y sin alcohol? Bueno, me he sentido muy bonita cuando me he sentido muy amada. Lo que puede ser peligroso, ¿no? Por un lado es… es increíble la experiencia de ver… de verte en los ojos de la otra persona y verte embellecido por ese amor. Pero por otro lado es una trampa porque es como la dependencia de algo externo para confirmarte como alguien apreciable, ¿no?, atractivo, ¿no? Pero también me parece muy humano y me parece muy lógico que… que esto ocurra, ¿no? Creo que pasa todo el tiempo. Y claro, tomando eso en cuenta, la única solución duradera es la de un proceso interno, de creérselo uno mismo, de aprender a apreciarte como eres. Y quizás lo más alentador de nuestra conversación con Gabi fue esto que me contó: que sí es posible, que uno puede llegar a hacer las paces con la cara y el cuerpo que te tocó. Nada, he dejado cosas de las que dependía muchísimo y que me daban esa seguridad de sentirme bonita, que eran cuatro cosas. No, dos: eran mi rizador de pestañas, porque tengo las pestañas súper pequeñas y finas y para abajo, y, eh, un poco de polvos a lo Michael Jackson para uniformizar pues mis marcas, manchas, sudores y brillos, ¿no? Y aunque no parezca, algo tan simple puede ser revolucionario. Porque a veces como que uno empieza a depender de unas cosas que crees que te dan la belleza total, y de repente dejas de usarlas y estás igual, ¿no? Gabriela Wiener es cronista peruana y vive en Madrid. Su libro más reciente es “Dicen de mí”. Camila Segura, Silvia Viñas y yo editamos esta historia. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri con música de Luis Maurette. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Lisette Arévalo, Gabriela Brenes, Jorge Caraballo, Victoria Estrada, Miranda Mazariegos, Patrick Moseley, Laura Rojas Aponte, Barbara Sawhill, Luis Trelles, David Trujillo, Luis Fernando Vargas y Elsa Liliana Ulloa. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, y se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar. Amigos, felices fiestas y feliz año. Vamos a hacer una pausa hasta el 14 de enero, pero cuando volvamos vamos a Quito, Ecuador en 1949. Interrumpimos el programa de música nocturna para entregarles un cable urgente de noticias. El día que una emisora de radio empezó a reportar que los marcianos estaban invadiendo al país. Según un informe de nuestros reporteros, una inmensa bola de humo y fuego ha descendido sobre la ciudad de Latacunga. Yo me acuerdo clarito que decían: “Ya vienen, es una flota inmensa”. ¿Cómo reaccionaron los quiteños a esa noticia? Escuchen, en el próximo episodio de Radio Ambulante. ¡Feliz año!

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