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Radio Ambulante - Fue el Estado

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+
15
30

Desde el 2000, más de 100 periodistas han sido asesinados en México. El 2017 estableció un récord, con 12 muertes. La periodista Anabel Hernández sabe de primera mano lo peligroso que es. Hoy vive con escoltas 24 horas, 7 días a la semana, por sus investigaciones sobre el narcotráfico y la corrupción estatal. ¿Por qué lo hace? ¿Y qué dice la historia de Anabel sobre la situación del periodismo en México?

Por
mucho
tiempo,
por
muchos
días…
Por
muchos
años…
Viví
pensando
eso.
Que
este
es
mi
último
día.
Ella
es
la
periodista
mexicana
Anabel
Hernández.
Yo
soy
madre
soltera,
soy
responsable
de
dos
hijos,
vivir
con
eso
—pensando
“hoy
es
mi
último
día”,
pensando
que
estás
en
las
manos
de
personas
tan
poderosas,
¿no?—
es
terrible.
Anabel
lleva
más
de
20
años
incomodando
a
los
mexicanos
más
poderosos:
a
políticos,
policías,
narcotraficantes.
Es
conocida
por
sus
investigaciones
sobre
el
narco,
sobre
abusos
de
poder,
y
eso
le
ha
ganado
algunos
enemigos…
Así
que
lo
único
que
yo
podía
hacer
para
defenderme,
eh,
es
seguir
investigándolos
y
seguir
publicando,
¿no?
Bienvenidos
a
Radio
Ambulante,
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.
Nuestra
editora
Silvia
Viñas
se
sentó
con
Anabel
para
conversar
sobre
cómo
es
investigar
al
narco
y
a
la
corrupción
en
un
país
donde
ser
periodista
puede
poner
tu
vida
en
riesgo.
Aquí
Silvia.
Anabel
nació
y
creció
en
la
Ciudad
de
México,
pero
supo
que
quería
ser
periodista
en
San
Francisco,
California,
después
del
terremoto
del
17
de
octubre
de
1989.
Oh
Dios
mío,
estamos
teniendo
un
terremoto.
Espera
un
minuto,
espera,
espera.
¿Puedes
sentir
eso?
¿Qué
pasa
con
el
bebé?
La
plataforma
superior
parece
haber
colapsado
durante
el
terremoto.
¡Jesucristo!
[Ininteligible]
Anabel
tenía
18
años,
y
cuando
pasó
el
terremoto
estaba
visitando
a
unos
familiares
en
San
Francisco.
Fue
muy
fuerte,
de
6.9
grados.
A
ella
y
a
su
familia
no
les
pasó
nada,
pero
murieron
67
personas
y
hubo
más
de
3.000
heridos.
Y
cuando
empezó
a
temblar,
la
gente
estaba
viendo
un
partido
de
la
Serie
Mundial,
el
World
Series,
el
campeonato
anual
de
béisbol
en
Estados
Unidos.
Ese
año
se
estaba
jugando
ahí,
en
San
Francisco.
En
segunda
base,
así
que
los
A
de
Oakland
toman…
toman…
Te
voy
a
decir,
estamos
teniendo
un
terremoto.
Fue
uno
de
los
primeros
terremotos
televisados
en
vivo,
y
Anabel
estaba
pegada
a
la
televisión
viendo
lo
que
pasaba.
Cuando
veía
los
periodistas
entre
los
escombros,
¿no?,
tratando
de
comunicar
a
la
gente,
sirviendo
a
la
gente
directamente,
recopilando
las
voces
de
las
víctimas
y
todo
esto,
entendí
que
eso
era
lo
que
yo
quería
hacer.
Antes
de
ese
viaje
a
San
Francisco,
Anabel
había
decidido
ser
abogada.
Se
imaginaba
litigando
en
tribunales,
defendiendo
a
sus
clientes…
Pero
cuando
volvió
a
México,
le
contó
a
su
papá
que
lo
que
quería
estudiar
era
periodismo.
Él
no
estaba
en
absoluto
de
acuerdo,
él
no
quería
que
yo
estudiara
periodismo,
pero…
¿Por
qué?
Porque
periodismo
en
México
tiene
—tenía
entonces,
y
creo
que
todavía
sigue
arrastrando
un
poco
esto—
una
larga
tradición
de
corrupción.
Y
los
medios
han
estado
controlados
por
mucho
tiempo
por
el…
por
el
gobierno.
La
mayoría
de
los
medios,
siempre
ha
habido
excepciones,
por
supuesto,
¿no?
¡Viva
el
movimiento
el
movimiento
estudiantil!
¡Viva!Y
Anabel
dice
que
a
su
papá
le
marcó
mucho
un
caso
particular:
la
forma
en
que
los
medios
mexicanos
cubrieron
la
matanza
de
Tlatelolco,
un
barrio
al
norte
de
la
Ciudad
de
México.
Y
él
siempre
me
decía
que
los
medios
de
comunicación
nunca
habían
informado
de
la
verdad
de
lo
que
había
pasado
esa
noche,
que
siempre
lo
habían
escondido.
Ese
2
de
octubre
de
1968,
militares
y
policías
dispararon
a
cientos
de
estudiantes
que
estaban
protestando
en
la
Plaza
de
las
Tres
Culturas,
en
Tlatelolco.
Murieron
cientos
de
personas,
hasta
hoy
no
se
sabe
el
número
exacto.
En
ese
tiempo,
el
papá
de
Anabel
enseñaba
en
una
universidad
cerca
de
Tlatelolco
muy
activa
en
las
protestas.
Ese
día
no
estuvo
ahí,
en
la
plaza,
pero
estuvo
muy
cerca,
y
le
tocó
ayudar
a
algunos
estudiantes
y
llevarlos
a
hospitales.
Agreden
a
todos:
mujeres,
hombres
y
niños.
Pisotean
la
Constitución,
no
hay
libertad
de
palabra.
No
hay
libertar,
compañeros,
de
nada.
No
ni
quiénes
son,
nada
más
se
bajan…
Los
días
después
de
la
matanza,
los
medios
reportaron
la
versión
oficial:
que
los
que
habían
disparado
era
un
grupo
de
francotiradores,
que
sólo
habían
muerto
30
personas.
Tuvieron
que
pasar
años
para
que
salieran
a
luz
testimonios,
y
para
que
investigaran
lo
que
pasó
ese
día.
Anabel
dice
que
a
su
papá…
Era
un
hombre
muy
honesto,
que
siempre
luchaba
contra
la
corrupción,
luchaba
contra
la
injusticia
que
había
en
su
pueblo,
entonces
para
él
era
inadmisible
que
yo
fuera
parte
de
este
sistema,
¿no?
Lo
que
yo
le
traté
de
explicar
es
que
yo
no
quería
hacer
eso,
¿no?
Su
papá
solo
leía
la
revista
Proceso,
un
semanario
que
empezó
a
mediados
de
los
70.
Tenía
una
gran
colección
en
su
casa…
Y
yo
le
dije:
“Bueno,
yo
puedo
ser
algo
diferente,
puedo
ser
como
estas
personas
que
lees”,
¿no?
No
lo
convenció,
pero
Anabel
no
cambió
de
idea.
Muy
temprano
en
su
carrera,
fue
parte
del
grupo
de
periodistas
que
fundó
el
diario
Reforma,
uno
de
los
periódicos
más
importantes
de
México.
En
1993,
junto
con
una
camada
de
periodistas
que
realmente,
diría
yo,
que
es
esta
generación
fue
la
generación
que
rompió
con
esa
corrupción
y
que
impuso,
a
través
de
códigos
de
ética
y
de
un
buen
periodismo,
un
nuevo
periodismo
en
México,
diría
yo,
¿no?
Hacía
notas
políticas,
cubría
la
cámara
de
diputados,
hizo
reportajes
muy
importantes
sobre
fraudes
en
el
padrón
de
electores
en
la
Ciudad
de
México.
Ya
para
el
2000
había
publicado
varias
notas
de
primera
plana
para
Reforma
y
también
para
otro
de
los
periódicos
más
importantes
de
México:
Milenio.
Un
día,
en
diciembre
de
ese
año,
su
papá
la
estaba
llevando
al
Congreso
para
cubrir
un
evento,
y
antes
de
que
Anabel
pudiera
bajarse
del
coche…
Recuerdo
que…
que
—no
por
qué
le
nació
a
él
hacer
esto,
¿no?—…
que
sujetó
mi
mano
y
me
dijo
que
estaba
muy
orgulloso…
Muy
orgulloso
de
mí…
Esa
fue
la
primera
y
última
vez
que
lo
dijo.
Unos
días
después,
en
la
madrugada
del
5
de
diciembre,
su
mamá
la
llamó
para
decirle
que
su
papá
no
había
llegado
esa
noche…
Y
realmente
la
primera
vez
en
toda
su
historia,
en
toda
su
vida,
que
no
llegaba
a
dormir.
Podía
llegar
tarde,
etcétera,
etcétera,
pero
no
llegar
a
dormir,
eso
jamás
había
ocurrido,
e
inmediatamente
yo
le…
le
dije:
“Bueno,
mamá,
me
hubieras
llamado
antes,
porque
ahorita
ya
es
demasiado
tiempo,
¿no?”.
Anabel
llamó
a
sus
hermanos
y
empezaron
a
buscar
al
papá
en
todas
partes.
Primero
en
hospitales,
pensando
que
tal
vez
había
tenido
un
accidente.
Pero
nada.
Lo
buscaron
en
prisiones,
por
si
había
tenido
alguna
riña
o
un
problema
legal…
Nada.
Lo
llamaban
a
su
celular,
pero
no
contestaba.
Entonces
la
verdad
es
que
la
preocupación
aumentó,
¿no?
Un
amigo
de
Anabel
que
trabajaba
en
una
radio
le
ofreció
poner
un
anuncio.
Decidieron
denunciar
que
se
habían
robado
el
coche
de
su
papá,
por
si
alguien
lo
había
visto…
Y
entonces
la
noche
de
ese…
de
ese
5
de
diciembre
alguien
llamó
por
teléfono
a
la
estación
de
radio
para
decir
que…
que
habían
encontrado
el
vehículo.
En
una
calle,
en
una
colonia
muy
popular.
Su
hermano
fue
a
buscar
el
coche…
Y
ahí
encontró
los
zapatos
de
mi
papá.
Y
ahí
entendimos
que…
que
algo
terrible
había
pasado
y
lo
empezamos,
entonces,
a
buscar
en
las
morgues…
Poco
tiempo
después
encontraron
su
cuerpo
en
una
morgue.
Ahí
lo
vieron
y
se
dieron
cuenta
que
antes
de
morir
lo
habían
golpeado
mucho…
Y…
Y
él
mismo,
intentando
escapar,
se
había
asfixiado…
Le
habían
hecho
determinado
tipo
de
nudo
que
con
el
movimiento
él
terminó
asfixiándose
tratándose
de
escapar.
En
esos
años
había
muchas
bandas
de
secuestradores
en
la
Ciudad
de
México…
Pues,
mi
papá
era
un
mediano
empresario
ya
en
aquel
momento.
Y
fue
secuestrado
por…
por
dinero.
Anabel
y
su
familia
querían
justicia,
que
el
Estado
de
México
investigara
el
crimen
y
encontraran
a
los
culpables.
Las
autoridades
se
comprometieron
a
resolver
el
caso,
y
mandaron
policías
para
investigar…
Hasta
que
un
buen
día
—digo,
te
estoy
hablando
dos
días
después
de
que
encontramos
el
cuerpo
de
mi
padre—
esos
policías
dijeron
que
si
queríamos
que
encontraran
a
los
responsables
teníamos
que
darles
dinero.
Lo
conversaron
como
familia
y
dijeron,
“no
podemos
aceptar
esto”.
Anabel
era
periodista,
conocía
bien
este
sistema,
y
sabía
que
nada
les
garantizaba
que
fueran
a
encontrar
al
culpable.
Sabía
que
la
policía
era
capaz
de
culpar
a
cualquiera
con
tal
de
recibir
su
pago.
Entonces
lo
que
decidimos
es…
pues…
pues
no…
Aceptar
que…
que
no
era
posible
tener…
tener
justicia.
No
digo
que
resignarnos,
porque
es
algo
de
lo
que
jamás
te
puedes
resignar.
Nunca
supieron
quién
lo
mató.
Esta
experiencia,
con
el
secuestro
de
su
papá
y
la
impunidad
y
corrupción
que
vieron
después,
tuvo
un
impacto
enorme
en
Anabel.
A
me
había
tocado
escribir
historias
de
personas
cuyos
familiares
habían
sido
secuestrados.
Pero
cuando
lo
vives
en
carne
propia,
la
perspectiva
cambia
por
completo.
Absolutamente.
Y
eso
cambió
por
completo
mi
manera
de
ver
mi
carrera
y
mi
manera
de
ejercerla.
La
animó
a
hacer
más
investigaciones
de
largo
aliento.
A
exponer
esta
corrupción,
estas
injusticias
y
la
impunidad…
Y
eso
que
le
dijo
su
papá
cuando
la
dejó
en
el
Congreso,
solo
unos
días
antes
de
lo
que
secuestraran…
Que
estaba
muy
orgulloso.
Muy
orgulloso
de
mí.
Con
el
paso
de
los
años
significa
aún
más
para
Anabel…
Para
son
un
aliento
para
seguir
en
esta
profesión
día
tras
día
pese
a
todas
las
circunstancias
adversas
que
hay
para
mí.
No
solo
para
mí,
sino
para
muchos
periodistas
en
México.
Entonces
Anabel
siguió.
Hizo
investigaciones
más
profundas,
como
una
nota
sobre
bandas
pequeñas
que
trafican
droga
en
la
Ciudad
de
México,
lo
que
se
conoce
como
narcomenudeo.
Nadie
estaba
hablando
de
eso
aún.
Pero
pasaron
años
hasta
que
entró
de
fondo
en
el
tema
del
narcotráfico.
Y
llegó
a
cubrirlo,
como
pasa
muchas
veces,
mientras
investigaba
otra
historia,
una
sobre
explotación
infantil…
Me
pasaron
el
tip
de
que
existían
estos
niños.
Más
o
menos
la
historia
que
ellos
contaban
es
que
eran
niños
entre
6
y
7
años
de
edad
que
estaban
siendo
obligados
a
ir
a
trabajar
a
los
campos
estos
de
marihuana
y
amapola.
Sobre
todo
a
rallar
la
amapola,
como
se
le
llama,
para
poder
obtener
la
goma
y
poder
procesarla
para
heroína,
¿no?
Esta
supuesta
explotación
estaba
pasando
en
el
municipio
Guadalupe
y
Calvo,
en
el
estado
de
Chihuahua.
Está
en
el
corazón
de
lo
que
se
llama
el
“Triángulo
Dorado”:
un
territorio
que
cubre
partes
de
los
estados
de
Chihuahua,
Sinaloa
y
Durango,
en
el
norte
de
México.
Y
la
parte
donde
está
Guadalupe
y
Calvo…
Es
una
zona
muy
boscosa,
es
una
zona
donde
hay
mucha
agua,
es
una
zona
llena
de
cañadas.
Anabel
habló
con
un
contacto
en
Chihuahua,
que
le
confirmó
que
los
maestros
de
la
zona
estaban
reportando
que
sus
estudiantes
trabajaban
en
estos
campos
de
amapola.
Pero
le
dijo
que
era
muy
peligroso
entrar.
Que
no
podía
hacer
que
un
maestro
la
acompañara,
porque
podría
meterse
en
problemas.
Pero
le
dio
un
tip:
que
contactara
a
la
iglesia.
Y
sí,
cuando
hablé
con
el
sacerdote
me
dijo:
“Aquí
la
puedo
recibir.
es
un
asunto
que
nos
preocupa
mucho,
lo
que
está
pasando”.
Pero
le
recomendó
que
no
fuera
como
periodista…
Que
venga
así,
casi
casi
como
si
viniera
aquí
de
misionera,
¿no?
“No,
no,
no
hable
con
nadie,
no
diga
que
usted
es
periodista
porque
aquí
los
narcos
son
los
que
controlan
esta
tierra,
¿no?”.
Finalmente
fue
a
Guadalupe
y
Calvo
con
un
fotógrafo.
Allí
se
encontraron
con
un
funcionario
del
municipio,
que
hizo
de
guía.
Ya
que
estás
ahí
es
un
mundo…
Es
un
mundo
bizarro,
es
un
mundo
que
no
crees
que
eso
está
ahí,
porque
básicamente
pues
la
sierra,
sí,
son
casas
como
pobres
la
gran
mayoría,
¿no?
Y
de
repente
veía
casas
grandísimas,
pequeños
palacetes
con
antenas
parabólicas…
Camionetas
Cadillac
y
Escalade,
y
de
las
más
costosas
que
habían…
Y
gente
armada…
Así
como
si
nada,
¿no?
Entonces,
eh,
para
era
un
mundo
nuevo,
¿no?
Y
ya
haciendo
este
reportaje
y
hablando
con
los
niños
y
con
los
maestros
y
todo
esto,
es
ahí
cuando
yo
me
enteré
que
hace
mucho
tiempo
había
nacido
ahí
un
niño
llamado
Joaquín
Guzmán
Loera.
El
Chapo
Guzmán.
El
fundador
y
jefe
del
cartel
de
Sinaloa.
Nació
ahí,
en
el
“Triángulo
Dorado”,
en
el
municipio
de
Badiraguato,
en
el
estado
de
Sinaloa.
En
ese
tiempo,
el
2005,
era
un
narcotraficante
muy
peligroso
en
fuga.
Se
había
escapado
de
la
cárcel
de
Puente
Grande
4
años
antes.
En
Jalisco
el
día
comenzaba
con
la
increíble
noticia
de
que,
la
noche
anterior,
el
presunto
narcotraficante,
Joaquín
“el
Chapo”
Guzmán,
había
escapado
de
este
penal
federal.
Irónicamente
clasificado
como
de
máxima
seguridad…
Pero
cuando
estás
ahí,
supuestamente
en
el
territorio
del
Chapo,
yo
veía,
pues…
pues…
pues
aquí
no
hay
ni
ejército,
ni
hay
autoridad
ni
hay
nadie.
Es
como
permitir
que
esta
gente
se
dedique
a
esto,
¿no?
De
manera
automática,
sin
ninguna
repercusión
y
sin
ninguna
opción
tampoco,
¿no?,
de
poder
hacer
otra
cosa,
¿no?
En
ese
viaje
entendió
que
los
niños
en
realidad
se
habían
estado
dedicando
al
cultivo
de
amapola
por
generaciones.
No
era
ni
voluntario,
ni
obligatorio.
Era
prácticamente
una
tradición.
Así
como
hay
niños
en
otras
partes
de
México
que
siembran
maíz,
estos
estaban
sembrando
marihuana
y
amapola.
Y
los
niños
iban
con
gran
naturalidad.
Y
tenían
la
ilusión
de
hacerlo
porque
era
como
el
gran
paso
para
convertirte
en
grande,
¿no?
Y
cuando
hablabas
con
estos
niños,
pues
sí,
lo
que
querían
ellos
era
su…
su
metralleta,
su
AK-47,
su
troca,
su
mujer…
su
mujer,
este…
O
sea,
lo
que
querían
era
ser
como
el
Chapo.
Y
es
que
el
Chapo
había
sido
como
ellos:
el
hijo
de
un
campesino
que
abandonó
la
escuela
a
los
7
años
para
trabajar
en
esos
mismos
campos.
Y
es
ahí
donde
realmente
me…
me…
me
entró
la
curiosidad
de
saber
quién
era
este
hombre,
Chapo
Guzmán,
y
cómo
un
hijo
de
un
campesino
que
apenas
sabe
leer
y
escribir
se
convierte
en
este
supuesto
criminal
tan
peligroso,
¿no?
Anabel
publicó
un
artículo
sobre
el
“Triángulo
Dorado”
después
de
ese
viaje,
y
desde
ahí
empezó
a
cubrir
más
a
fondo
el
narco.
Ese
mismo
año,
a
finales
del
2005,
la
contactó
el
abogado
de
un
funcionario
que
había
trabajado
en
la
cárcel
de
donde
se
escapó
el
Chapo.
Este
funcionario
estaba
encarcelado…
Supuestamente
acusado
de
la
fuga
del
Chapo
Guzmán.
En
ese
tiempo
Anabel
trabajaba
para
el
periódico
El
Universal.
Ya
estaba
acostumbrada
a
que
gente
la
llamara
para
decirle,
“le
tengo
una
historia”.
Y
siempre
iba
a
ver
de
qué
se
trataba.
Entonces
fue
a
ver
al
funcionario
a
la
cárcel,
y
lo
primero
que
este
hombre
le
dice
a
Anabel
es:
“Nosotros
no
dejamos
escapar
al
Chapo
Guzmán”.
Le
dice:
“Usted
no
me
va
a
creer,
porque
seguramente
todas
las
personas
a
las
que
entrevista
le
dicen
que
son
inocentes”.
Me
dice:
“Sí
lo
dejamos
hacer
lo
que
quería.
lo
dejamos
meter
alcohol.
lo
dejamos
meter
mujeres.
Él
podía
hacer
lo
que
quisiera
en
la
cárcel”.
Pero
le
dice
que
la
fuga
del
Chapo
no
dependía
de
él,
que
él
no
había
podido
decidir
eso.
Dice:
“No
fuimos
nosotros”,
y
empieza
a
describir
un
poco,
suelta
él
algunas
pistas
que…
que
dejan
ver
que…
que
fue
realmente
altos
funcionarios
del
gobierno
de
Vicente
Fox
quien
habían
dejado
escapar
al
Chapo
Guzmán.
México
ya
cambió.
Hoy
la
gente
como
tú,
que
participó
con
su
voto,
hizo
posible
este
cambio
histórico
que
inundó
de
alegría
y
esperanza
a
nuestro
país…
Vicente
Fox
había
ganado
las
elecciones
presidenciales
del
año
anterior,
julio
del
2000.
Su
elección
terminó
un
periodo
de
71
años
bajo
gobiernos
del
PRI,
el
Partido
Revolucionario
Institucional.
Estas
acusaciones
—que
Fox
había
dejado
salir
al
Chapo—
eran
graves.
Fox
se
supone
que
representaba
un
cambio.
Pero
hasta
ahí,
Anabel
solo
tenía
ese
testimonio.
Pero
este
funcionario
le
dijo
a
su
abogado
que
le
diera
a
Anabel
todo
su
expediente.
Y
ahí
leyendo
todo
esto
fue
cuando
descubrí,
bueno,
el
Chapo
Guzmán
no
se
fugó,
lo
sacaron,
¿no?
Anabel
publicó
una
entrevista
con
el
funcionario
que
le
pasó
este
expediente.
Una
semana
después…
Este
hombre
me
llama
por
teléfono
un
día
y
me
dice:
“Ya
estoy
libre,
muchas
gracias”.
Wow.
Eso
significa
que
el
hombre
utiliza
la
entrevista
para
amenazar
al
gobierno
de
Vicente
Fox
de,
“bueno,
si
me
quieres
tener
aquí
en
la
cárcel,
yo
cuento
todo”.
¿No?
Y
entonces
entendí
realmente
que
el
punto
del
Chapo
Guzmán,
lo
más
importante
de
él,
no
era
la
figura
del
Chapo
Guzmán
o
este
mito
que
el
gobierno
había
creado,
sino
quién
había
creado
al
Chapo
Guzmán,
qué
había
detrás.
El
Chapo
Guzmán
era
solo
la
cara,
el
rostro,
de
esta
corrupción
que
estaba
pudriendo
México.
Y
me
meto
ya
de
fondo
a
investigar
al
Chapo
Guzmán.
Después
de
la
pausa,
qué
pasa
cuando
una
investigación
destapa
conexiones
entre
políticos
de
alto
perfil
y
los
narcos
más
peligrosos
de
México.
Ya
volvemos.
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donde
escuches
tus
podcasts.
Antes
de
la
pausa,
Anabel
había
empezado
su
investigación
sobre
el
Chapo
Guzmán
y
su
fuga
de
la
cárcel
en
el
2001.
Silvia
nos
sigue
contando…
Ese
expediente
fue
el
comienzo
de
una
investigación
que
Anabel
haría
durante
5
años.
Anabel
recopiló
testimonios,
documentos,
y
empezó
a
entablar
relaciones
con
personajes
claves
que
le
funcionarían
como
fuentes.
Una
de
esas
fuentes
era
el
general
Mario
Arturo
Acosta
Chaparro.
Un
militar
mexicano
con
una
historia
larga
y
complicada.
No
vamos
a
entrar
en
detalles
aquí,
pero
Acosta
Chaparro
fue
acusado
de
torturar
y
hacer
desaparecer
a
activistas
de
izquierda
durante
la
llamada
“guerra
sucia”
en
México…
Finalmente
lo
exoneraron
de
esos
cargos.
Después
estuvo
encarcelado
por
supuestas
conexiones
al
cartel
de
Juárez,
pero
lo
dejaron
salir
después
de
casi
7
años
por
falta
de
pruebas…
Acosta
Chaparro
le
contó
a
Anabel
que
Felipe
Calderón,
el
presidente
de
México
del
2006
al
2012,
lo
mandó
a
negociar
con
el
Chapo
y
otros
jefes
de
los
principales
carteles
en
México.
Otros
periodistas
mexicanos
que
han
cubierto
al
narcotráfico,
como
José
Reveles
o
Jorge
Carrasco,
también
han
reportado
sobre
las
reuniones
del
general
Acosta
Chaparro
con
jefes
del
narco.
Cuando
el
general
Acosta
Chaparro
le
preguntó
al
Chapo
Guzmán
cuánto
había
pagado…
que
si
es
cierto
que
había
pagado
a
Vicente
Fox
más
de
20
millones
de
dólares
por
su
fuga,
el
general
me
refirió
que
el
Chapo
Guzmán
soltó
la
carcajada
y
le
dijo,
“bueno,
general,
la
libertad
no
tiene
precio”
Vicente
Fox,
claro,
ha
negado
estas
acusaciones.
Aquí
está
una
entrevista
después
de
que
capturaron
al
Chapo
en
el
2014…
Bueno,
eso
es
de
zonzos
los
que
piensan
eso.
Y
es
precisamente
la
falta
de
inteligencia
y
cómo
se…
cómo
se
manejan
los…
los
temas
públicamente.
Yo
creo
que
es
claro
que
es
una
tontería
el
hecho
de
quienes
argumentan
que
fue
el
presidente
Fox
que
lo
dejó
salir
o
que
negoció
su
salida.
El
Chapo
también
le
dijo
al
general
Acosta
Chaparro…
Que
él
no
se
había
fugado,
que
él
había
salido
vestido
de
policía,
que
lo
había
sacado
gente
de
Genaro
García
Luna,
de
Jorge
Enrique
Tello
Peón.
OK,
muchos
nombres.
Genaro
García
Luna.
Cuando
se
fugó
el
Chapo,
tenía
un
cargo
directivo
en
la
Policía
Judicial
Federal,
que
en
ese
tiempo
era
la
agencia
encargada
de
investigar
delitos
federales.
Años
después
fue
Secretario
de
Seguridad
Pública
durante
el
gobierno
de
Felipe
Calderón.
Y
de
hecho,
Anabel
mientras
hacía
toda
esta
investigación,
empezó
a
investigar
a
García
Luna
paralelamente…
Porque
cuando
la
gente
decía,
“es
que
García
Luna
está
recibiendo
dinero,
millones
de
dólares
de
sobornos”,
yo
decía:
“¿Y
yo
cómo
puedo
probar
esto?”.
Entonces
hizo
una
investigación
patrimonial,
comparando
sus
declaraciones
fiscales,
sus
ingresos
como
servidor
público,
y
lo
que
él
tenía:
propiedades,
vehículos,
todo
eso.
Y
con
esa
investigación,
Anabel
ya
empezó
a
incomodar
a
García
Luna…
Ok.
Y
el
otro
nombre
que
soltó
el
Chapo:
Jorge
Enrique
Tello
Peón.
En
el
momento
de
la
fuga
del
Chapo
era
subsecretario
de
Seguridad.
Ese
día
estaba
en
el
penal.
Pero
la
fuga
del
Chapo
fue
solo
el
comienzo.
La
investigación
de
Anabel
se
expandió
para
explorar
cómo
el
cartel
del
Chapo,
el
cartel
de
Sinaloa,
se
había
convertido
en
el
cartel
más
poderoso
de
México.
También
durante
mi
investigación
pude
ir
descubriendo
por
qué
estaba
esta
guerra,
cuáles
son
las
verdaderas
razones.
Quién
cambió
el
juego
entre
los
carteles
mexicanos
que
empezaron
la
guerra
entre
sí,
¿no?
En
el
2010,
Anabel
publicó
su
investigación
en
un
libro:
Los
señores
del
narco.
No
era
el
primer
libro
sobre
el
narco
ni
sobre
el
cartel
de
Sinaloa,
obviamente.
Pero
antes
de
esta
investigación…
Todo
el
mundo
se…
se…
se
enfocaba
únicamente
a
los,
entre
comillas,
“supuestos
malos”,
¿no?
A
los
narcos,
a
los
sicarios,
a
su
violencia,
a
cómo
violaban,
a
cómo
descuartizaban,
a
cómo
dejaban
los
cuerpos
por
todas
partes.
Pero
nadie
hablaba
de
los
otros
señores
del
narco
—que
eran
los
políticos,
los
senadores,
los
empresarios,
los
presidentes,
los
secretarios
de
Estado—
que
trabajaban
para
el
cartel
de
Sinaloa.
Entonces,
claro,
cuando
publicó
su
libro…
Evidentemente
fue
muy
incómodo.
No
para
el
Chapo
Guzmán,
el
Chapo
Guzmán,
yo
lo
sé,
leyó
el
libro
y
no
tuvo
ningún
inconveniente
respecto
al
libro.
Fue
muy
inconveniente
para
Felipe
Calderón,
fue
muy
inconveniente
para
Genaro
García
Luna,
fue
muy
inconveniente
para
muchos
empresarios
en
México.
Entonces
cuando
ellos
empiezan
a
ver
esos
nombres,
evidentemente
era
como…
como
si
un
pacto
se
hubiera
roto,
¿no?
Y
apenas
salió
el
libro…
Hay
un
silencio
absoluto.
No
hay
ninguna
amenaza.
Lo
cual
era
un
poco
raro,
dado
todo
lo
que
había
revelado.
Había
recibido
amenazas
antes
por
otras
investigaciones.
Sabía
que
iba
a
ser
peligroso
este
libro,
pero
la
verdad
no
calculaba
qué
tanto.
Entonces,
en
medio
de
este
silencio…
Me
llama
una
fuente
de
información
mía,
¿no?,
que
trabajaba
en
la
policía
federal,
y
me
dijo
que
era
urgente
verme,
¿no?
Anabel
fue
a
verlo,
y
esta
persona
estaba
con
uno
de
sus
mejores
amigos,
alguien
en
quien
ella
confiaba.
Entonces
cuando
hablo
con
él,
me
dice:
“Vengo
de
una
reunión,
donde
Genaro
García
Luna
y
Luis
Cárdenas
Palomino
—son
estos
jefes
policiacos—
están
contratando
policías
para
asesinarte.
Te
van
a
asesinar
ya.
Te
van
a
asesinar
ya
en
estos
días.
Van
a
simular
que
es
un
accidente,
van
a
simular
que
es
un
robo
fallido,
un
secuestro
fallido
y
te
van
a
matar.
Este…
Ten
mucho
cuidado,
¿no?”.
En
ese
momento,
Anabel
pensó:
“Esto
es
lo
de
siempre,
algo
que
dicen
que
van
a
hacer,
y
al
final
no
pasa
nada”.
Entonces,
este,
yo
le
digo
a
esta
fuente
de
información,
la
verdad
de
una
manera
—ahora
pienso—
estúpida
de
mi
parte,
¿no?,
porque
le
dije:
“Bueno,
pues
llámales
por
teléfono,
ahórrales
el
trabajo,
diles
que
estoy
aquí,
que
aquí
los
veo,
¿no?”.
Entonces
mi
amigo
se
queda
así
con
los
ojos
abiertos
y
dice:
“No
estás
entendiendo
nada
—me
dice—.
Esto
es
serio.
Es
en
serio.
O
sea,
no
es
una
amenaza.
Ni
te
vas
a
enterar,
lo
van
a
hacer”,
¿no?
Aunque
confiaba
en
su
amigo
y
en
esta
fuente,
no
era
la
primera
vez
que
la
amenazaban
entonces
no
le
dio
demasiada
importancia.
La
verdad
es
que
pensé,
“es
otra
cosa
que
dicen
que
van
a
hacer
y
no
van
a
hacer”,
¿no?
Esa
noche
fue
a
buscar
a
su
hijo…
Era
un
bebé,
tenía…
tenía
apenas
un
año
de
edad.
Y
cuando
llego
a
la
guardería,
veo
que
está
un
vehículo
de
Genaro
García
Luna
en
la
puerta.
Y
yo
lo
sabía
porque
yo
ya
había
hecho
toda
la
investigación
patrimonial.
Conocía
los
coches
de
sus
escoltas.
No
había
la
menor
duda.
Entonces
llego
al
lugar,
y
me
quedo
petrificada
y
digo:
“¿Qué
está
pasando?
O
sea,
¿si
me
bajo
qué
va
a
pasar?
¿Y
si
voy
por
mi
hijo?”…
O
sea,
estaba
yo
realmente
congelada.
En
ese
momento
entendí
esto
es…
esto
es
serio,
¿no?
Anabel
dice
que
llamó
a
un
general,
un
aliado
que
se
había
hecho
durante
estos
años
de
estar
investigando
algo
tan
delicado.
Alguien
que
podía
ayudarla
en
situaciones
como
estas.
Le
contó
lo
que
estaba
pasando,
y
el
general
le
dijo
que
no
se
preocupara,
que
vería
lo
que
podría
hacer,
pero
que
no
se
bajara
del
coche.
Me
dice:
“Tienes
que
entender
que
seguramente
tu
teléfono
está
totalmente
intervenido,
que
lo
están
escuchando”.
Me
dice:
“Estás
llamando
conmigo
—dice—,
yo
me
hago
responsable
de
ti,
¿no?
Que
lo
sepan,
que
me
estoy
haciendo
responsable
de
ti”.
Y
le
dijo
que
llame
a
la
Comisión
Nacional
de
Derechos
Humanos,
la
CNDH,
y
levante
una
queja.
“Ahorita
la
puedes
levantar
vía
telefónica,
haciendo
responsable
a
esta
persona
de
cualquier
cosa
que
te
pase”.
Entonces,
en
ese
momento,
sin
bajarse
del
coche,
llamó
al
número
de
emergencia
de
la
CNDH.
Reportó
todo
lo
que
había
pasado…
Y
en
ese
momento
se
mueve
el
vehículo…
Se
movió
el
vehículo.
Y
pude
bajar
por
mi
hijo
a
la
guardería.
Volvió
a
su
casa
y
se
encerró
por
3
días.
Fueron
terribles.
Ya
haber
visto
esa
unidad
en
la
guardería
de
mi
hijo
era…
era
claro,
era
evidente
que
esto…
que
no
era
una
broma,
¿no?
Que
no
era
una
amenaza,
que
era
un
plan
realmente
definitivo.
También
fueron
días
en
los
que
pensó
mucho
en
su
trabajo…
Y
al
final
de
cuentas
pensé,
que
yo
debería
de
continuar
con
esto
y
no…
y
no
dejé
de
investigar
a
estos
policías
corruptos.
Bueno,
pues
Anabel
Hernández,
nuestra
colega
periodista,
con
quien
hablamos
por
cierto
esta
semana
sobre
su
nuevo
libro,
el
libro
llamado
Los
señores
del
narcotráfico,
Los
señores
del
narco,
pues
ha
presentado
una
denuncia
ante
la
comisión
nacional
de
derechos
humanos…
Anabel
decidió
denunciar
la
amenaza
públicamente.
Presuntamente
García
Luna
y
Cárdenas
Palomino
habían
empezado
a
reclutar
agentes
de
la
ACI,
ofreciéndoles
promociones
en
la
Secretaría
de
Seguridad
Pública
Federal
a
cambio
de
que
me
provocaran
un…
un
supuesto
accidente,
un
intento
de
robo,
algo
que
pareciera…
Desde
ahí,
el
día
a
día
para
Anabel
cambió
por
completo.
Le
pusieron
escoltas,
por
su
seguridad.
Desde
entonces
vivo
con
cámaras
de
seguridad
en
mi
casa,
y
con
alarmas,
¿no?
Y
con
estos
guardias
que
duermen…
que
están
conmigo
las
24
horas
del
día,
¿no?,
ahí,
custodiándome.
Y…
es
como
renunciar
a
la
vida.
Pero
se
quedó
en
México,
tratando
de
seguir
viviendo
ahí
con
sus
dos
hijos.
Pero
las
amenazas
y
el
peligro
seguían
y
no
solamente
para
ella.
En
el
2012…
Mataron
al
general
Mario
Arturo
Acosta
Chaparro.
Que
fue
una
de
mis
principales
fuentes
de
información.
Él
era
el
general
que
había
entrevistado
al
Chapo,
el
que
le
había
contado
a
Anabel
lo
que
le
dijo
sobre
su
fuga,
sobre
Vicente
Fox.
Traté
de
alejarme
para
no
causar
más
daño
a
su
familia
o
a
la
gente
que
era
cercana
a
él.
Era
el
general
que
le
contó
que
el
gobierno
de
Felipe
Calderón
lo
había
mandado
a
negociar
con
jefes
de
carteles.
En
esos
años
también
desaparecieron
otras
fuentes
de
Anabel,
y…
Mi
familia
sufrió
atentados.
Eh…
Dejaron
animales
decapitados
en
la
puerta
de
mi
casa.
El
número
de
animales…
Correspondía
a
mi
número
de
escoltas.
Incluso
el
día
en
que
uno
de
ellos
no
fue,
en
la
caja
quedó
anotado
el
número
de
escoltas
total,
pero
como
no
fue
ese
escolta
solo
dejaron
el
número
de
cuerpos
de
animales
muertos
del
número
de
escoltas
que
estaban
ahí…
O
sea,
quedaba
claro
que
estaba
siendo
cuidadosamente
monitoreada
todo
el
tiempo.
Y
hasta
que
finalmente
en
diciembre
del
2013,
un
comando
de
11
policías
federales
armados
entró
a
mi
domicilio.
Anabel
vivía
en
un
condominio
donde
había
varias
casas.
Y
como
no
sabían
dónde
vivía
yo,
entraron
a
las
casas
de
mis
vecinos,
los
amenazaron
con
pistolas
en
la
cabeza,
y
les
preguntaron
cuál
era
mi
casa.
Los
vecinos
les
dijeron,
y
los
hombres
entraron.
Anabel
no
estaba.
No
robaron
absolutamente
nada.
Yo
pienso
que
estaban
buscando
expedientes,
porque
estuvieron
incluso
vaciando
las
paredes
de
mi
clóset,
tirando
toda
la
ropa
como
buscando
compartimientos
secretos
en
las
paredes
o
en
el
suelo
de
mi
casa.
Yo
creo
que
pensando
que
a
lo
mejor
podía
yo
tener
más
pruebas
o
documentos
en
mi
domicilio.
Los
hombres
armados
se
tomaron
toda
la
manzana,
y
desmantelaron
las
cámaras
de
seguridad.
No,
después
de
eso
ya
era
demasiado,
porque
ya
era…
Uno
de
mis
vecinos,
eh,
me
reclamó
muy
fuerte
porque
tenía
una
hijita
de
6
años
a
quien
le
apuntaron
con
un
arma
en
la
cabeza.
Entonces
yo
me
sentí
muy
culpable,
la
verdad.
Uno
cuando
está
en
este
trabajo
como
que
aprendes
a
asumir
tu
propio
riesgo,
¿no?
Pero
cuando
esta
gente
totalmente
inocente…
yo
me
sentí
demasiado
responsable,
entonces
necesitaba
yo
irme
de
México.
Pero
yo
no
quería
salir
corriendo.No
solo
porque
quería
seguir
trabajando
como
periodista,
sino
también…
Para
demostrarle
a
estas
personas
que
ellos
no
son
dueños
de
mi
vida.
Y
realmente
no
son
dueños
de
mi
vida.
Y
me
dijo
que
hay
muchos
periodistas
que
creen
lo
mismo
que
ella.
Somos
nosotros
quienes
decidimos
hacer
este…
tomar
este
camino.
Aunque
sean
tan,
tan
peligroso
y
riesgoso,
¿no?
Entonces
yo
no…
Yo
no
quería
ceder,
yo
no
quería
rendirme.
Y…
no
quería
enseñarles
a
mis
hijos
a
correr.
No
quería
que
la
gente
me
recordara
de
esa
manera
tampoco.
Anabel
conocía
historias
de
periodistas
mexicanos
exiliados.
Veía
a
algunos
con
sus
vidas
desechas,
sin
poder
ejercer
el
periodismo.
Varias
organizaciones
de
diferentes
países
han
ofrecido
acogerla,
pero
nunca
ha
aceptado.
Dice
que
sería
como
dejarle
ganar
a
los
que
la
están
amenazando.
Hacen
su
fiesta,
¿no?,
la
gran
celebración,
el
día
nacional
cuando
Anabel
Hernández
se
fue…
se
fue
de
México,
¿no?
El
Centro
de
Periodismo
de
Investigación
de
la
Universidad
de
Berkeley
la
invitó
a
dar
una
conferencia,
y
allí
la
animaron
a
concursar
por
una
beca.
Postuló,
se
la
ganó,
y
en
el
2014
se
fue
a
Berkeley
con
sus
dos
hijos.
Ahí
podían
estar
seguros,
y
Anabel
podía
seguir
haciendo
periodismo.
Pero
llegar
a
Berkeley
también
le
hizo
darse
cuenta
de
cómo
las
amenazas,
y
el
vivir
con
escoltas
por
años
había
afectado
a
sus
hijos.
Vivían
en
un
departamento
en
una
planta
baja.
Se
escuchaban
ruidos
de
las
personas
que
vivían
arriba.
Y
un
día,
apenas
habían
llegado,
estaban
desempacando…
Cuando
de
pronto
me
pongo
a
buscar
a
mi
hijo,
porque
de
pronto
no
lo
veía,
¿no?
Estaba
ahí
mi
hija,
pero
yo
no
vi
a
mi
hijo,
pensé,
“¿salió
a
la
calle?,
¿qué
fue
lo
que
pasó?”,
¿no?
Después
me
asomo
y
estaba
debajo
de
la
mesa.
Temblando.
Porque
había
escuchado
ruidos
y
pensaba
que
era
la
gente
que
venía
por
nosotros.
Yo
creo
que
el
costo
más
grande
que
yo
he
tenido
que
pagar
además
de…
de
la
muerte
de
mis
informantes,
es
el
gran
trauma
psicológico
que
tiene
mi
familia.
No
cómo
lo
voy
a
resolver.
No
cómo
la
vida
me
va
a
pasar
esa
factura.
Pero
hay
un
gran,
gran,
gran
costo…
costo
emocional
para…
para
mis
hijos.
En
agosto
del
2016,
Anabel
regresó
a
México.
Con
este…
en
medio
de
este
infierno,
¿no?,
si
es
que
a
esto
se
le
puede
llamar
vida.
Con
escoltas,
cámaras
de
seguridad
y
las
amenazas
de
siempre.
Le
pregunté
si
le
preocupa
más
el
narco
o
el
gobierno,
por
su
seguridad.
El
narcogobierno
es
más
peligroso.
Más
peligrosos
son
los
funcionarios
públicos
que
se
supone
que
trabajan
legalmente,
que
respetan
la
ley
y
que
sin
embargo
están
trabajando
para
los
carteles.
Esa,
esa
pequeña
franja
donde
los
funcionarios
públicos
son
parte
de
los
carteles
y
los
periodistas
empezamos
a
mencionarlos
es
ahí
donde
está
el
verdadero…
el
verdadero
peligro.
Según
Artículo
19,
una
organización
de
derechos
humanos
y
libertad
de
expresión,
más
de
la
mitad
de
las
agresiones
contra
periodistas
en
México
viene
de
funcionarios
públicos.
Y
así,
según
Anabel,
los
periodistas
mexicanos
quedan
en
medio
dos
fuegos:
Ni
el
narcogobierno
quiere
que
informemos
a
la
sociedad
correctamente
lo
que
está
pasando,
que
digamos
quiénes
están
involucrados
nombre
por
nombre
—empresarios,
sacerdotes,
artistas,
gobernadores,
presidentes—,
y
los
carteles
de
la
droga
tampoco
quieren
que
estemos
ahí
siendo
incómodos.
Entonces
estamos
completamente
desprotegidos:
si
es
el
Estado
el
que
nos
está
asesinando,
¿quién
nos
protege
entonces?
En
México
no
hay
libertad
de
expresión.
En
México
vivimos
en
un
“narcoestado”,
donde
el
Presidente
de
la
República
y
la
PGR
son
parte
de
los
cómplices
que
permiten
que
los
periodistas
sigan
siendo
asesinados.
Esto
no
estaría
pasando
si
el
Presidente
de
la
República
tuviera
la
verdadera
voluntad
de
proteger
la
libertad
de
expresión
y
de
que
hubiera
justicia.
A
me
consta
cómo
han
pasado
tantos
fiscales
especiales
en
la
PGR
y
no
investigan
los
casos
de
los
periodistas
asesinados,
no
quieren,
no
les
interesa.
Porque
mientras
no
los
investiguen
los
funcionarios
públicos
y
las
personas
que
han
matado
a
estos
periodistas
siguen
impunes.
Un
mes
antes
de
juntarme
a
conversar
con
Anabel,
su
compañero
y
amigo,
el
periodista
Javier
Valdés,
fue
asesinado…
La
violencia
narco
en
México
se
ha
cobrado
la
vida
de
otro
periodista:
Javier
Valdés.
Asesinado
a
plena
luz
del
día,
por
un
grupo
de
hombres…
Se
sabe
que
el
periodista
Javier
Valdés
Cárdenas,
quien
fuera
asesinado
en
Sinaloa,
México,
estaba
amenazado
porque
él
mismo
así
lo
dijo
hace
varios
días
en
una
visita
que
realizó
a
la
Ciudad
de
México…
Había
hecho
diferentes
artículos
en
donde
relacionaba
al
crimen
organizado
con
las
altas
esferas
del
gobierno
y
con
diferentes
empresas.
Dentro
de
los
libros
más
importantes…
Javier
Valdés
era
conocido
por
cubrir
el
narco
desde
Culiacán,
Sinaloa,
en
la
“mera
mata
del
narcotráfico”,
como
me
lo
describió
Anabel.
Había
fundado
un
medio
local,
Riodoce,
y
también
había
escrito
varios
libros
sobre
narcotráfico.
El
último
que
publicó
es
sobre
los
periodistas
que
siguen
haciendo
su
trabajo
a
pesar
de
los
riesgos.
Se
llama
Narcoperiodismo.
El
narco
manda
en
las
redacciones,
ya
sea
porque
amenaza
de
manera
directa
o
porque
genera
una
atmósfera
—como
en
Sinaloa—
en
la
que
no
es
propicio
escribirlo
todo,
en
donde
uno
no
puede
pasarse
de
la
raya,
de
cierto
límite,
porque
puede
uno
ser
asesinado.
Ese
es
Javier,
presentando
su
último
libro
en
la
Feria
Internacional
del
Libro
de
Guadalajara,
en
el
2016.
La
periodista
Lydia
Cacho
—también
súper
reconocida—
lo
estaba
entrevistando…
¿De
qué
tamaño
es
el
miedo
tuyo
y
de
tu
equipo
en
Riodoce?
¿Dónde
sienten
el
miedo?
¿Cómo
hablan
del
miedo
en
la
redacción?
Pues
se
nos
secan
los
huevos
[risas].
Ahí
nos
sentimos,
en
el
corazón.
El
tamaño
pues
es…
es
inmedible,
del
tamaño
de…
de
un
abrir
y
cerrar
de
ojos,
del
tamaño
del
insomnio.
Nos
está
impidiendo
ir
más
allá,
nos
obliga
a
autocensurarnos,
a
no
publicar
información
porque,
pues,
este…
no
estaríamos
aquí,
¿no?
Era
un
hombre
que
estaba
consciente
que
esto
podía
pasar
en
cualquier
momento.
Y
era
un
hombre
que
no
se
había
rendido.
Ante
el
miedo.
¿Y
de
qué
tamaño
es
la
esperanza
en
la
redacción
para
que
siga?
Quiero
pensar
que
es
más
grande.
Creo
que
escribir
es
un
acto
también
de
esperanza,
de
fe.
Guardar
silencio,
dejar
de
hacerlo,
dejar
de
contar
estas
historias,
de
hacer
periodismo
en
estas
condiciones,
es
un
acto
de
complicidad
y
de
muerte.
Cuando
Anabel
se
veía
con
Javier,
siempre
le
llamaba
la
atención
su
sentido
del
humor.
Javier
Valdés
era
la
antítesis
del
periodista
que
cubre
narcotráfico
porque
él
siempre
estaba
de
buen
humor.
A
Anabel
a
veces
le
desconcertaban
sus
bromas.
Pues,
yo
decía:
“¡Pero
esto
es
un
asunto
serio!”.
Y
él
le
decía:
“Tómatelo
tranquila,
Anabel,
tranquilo.
O
sea,
estamos
en
esto
porque
queremos.
Pero
también
hay
que
aprender
a
disfrutar
la
vida
en
medio
de
esta
tragedia,
¿no?”.
El
asesinato
de
Javier
le
dió
muy
duro
a
Anabel.
Decidió
que
tenía
que
hacer
algo.
Investigar.
Y
esta
investigación
es
muy
personal
para
ella.
Porque
tiene
que
ver
con
la
historia
de
un
amigo,
porque
tiene
que
ver
con
la
historia
de
mis
otros
colegas
que
están
amenazados
o
han
sido
asesinados.
Porque
tiene
que
ver
con
la
historia
de
la
impunidad.
Porque
la
impunidad
es
eso:
la
impunidad
es
ponerle
una
pistola
en
la
cabeza
a
cada
periodista
incómodo
en
México.
Para
mí,
en
este
momento,
reportear
la
muerte
de
Javier
Valdés
es…
es
un
poco
como
reportear
mi
propia
muerte,
mi
posible
muerte.
No
sé,
trato
de
pensar
cuáles
habrán
sido
sus
últimos
pensamientos,
porque
la
manera
en
que
Javier
fue
asesinado
fue…
fue
una
manera
brutal,
fue
una
manera
terrible,
fue
una
manera
muy,
muy
cruel.
Me
pregunto
qué
habrá
pasado
por
su
mente,
me
pregunto…
me
pregunto
si
habrá
valido
la
pena.
Porque
ahora
me
lo
pregunto
yo
todos
los
días.
Anabel
me
dijo
que
presiente
que
esta
investigación
va
a
cambiar
su
vida.
No
todavía
en
qué
sentido.
Porque
me
hace
reflexionar
tanto
sobre
mi
trabajo,
tanto
sobre…
sobre
lo
que
me
dicen
las
personas
que
me
quieren,
¿no?
Que
debo
de
terminar,
que
debo
de
parar,
¿no?
Que
debo
de
salvar
mi
vida,
¿no?
Por
otro
lado,
ve
a
sus
compañeros
periodistas
que
siguen
en
el
trabajo
y,
aunque
no
juzga
a
los
que
deciden
dejarlo
para
vivir
en
paz,
piensa:
“No,
no
puedo
retirarme”.
O
bueno,
no
ahora.
No
qué
va
a
pasar.
Pienso
que
al
final
voy
a
estar
en
la
disyuntiva
de
continúo
con
mi
trabajo
para
hacer
honor
al
nombre
de
Javier
y
para
que
no
haya
muerto
en
vano,
o
me
voy
a
mi
casa
y
tomo
un
reposo
y
disfruto
la
vida
que
Javier
pensaba
que
yo
debía
disfrutar.
También
para
que
él
no
haya
muerto
en
vano.
No
lo
sé.
Por
el
momento,
Anabel
sigue.
Silvia
Viñas
es
editora
y
productora
de
Radio
Ambulante.
Esta
historia
fue
editada
por
Camila
Segura.
Dulce
Ramos
hizo
el
fact-checking.
La
mezcla
y
el
diseño
de
sonido
son
de
Andrés
Azpiri.
Gracias
a
Anayansi
Diaz-Cortes
y
a
Radio
Diaries
por
compartir
con
nosotros
el
audio
de
archivo
sobre
la
matanza
de
Tlatelolco
de
1968.
En
nuestra
página
web
pueden
encontrar
un
link
a
su
episodio.
El
libro
más
reciente
de
Anabel
Hernández
es
La
verdadera
noche
de
Iguala:
La
historia
que
el
gobierno
trató
de
ocultar.
publicado
en
el
2016.
El
19
de
diciembre,
en
Veracruz,
Gumaro
Pérez
fue
asesinado
en
la
escuela
de
su
hijo
en
una
celebración
navideña.
Con
su
muerte,
la
cifra
de
periodistas
asesinados
en
México
en
2017,
subió
a
12.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Jorge
Caraballo,
Patrick
Mosley,
Laura
Pérez,
Ana
Prieto,
Barbara
Sawhill,
Ryan
Sweikert,
Luis
Trelles,
David
Trujillo,
Elsa
Liliana
Ulloa,
y
Luis
Fernando
Vargas.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Con
esta
historia
nos
despedimos
de
nuestra
amiga
y
colega
Andrea
Betanzos.
Que
ha
trabajado
como
coordinadora
de
programas
este
último
año.
Gracias
por
todos
tus
esfuerzos
y
mucha
suerte
en
todo
lo
que
viene.
Radio
Ambulante
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
Hindenburg
PRO.
Conoce
más
sobre
Radio
Ambulante
y
sobre
esta
historia
en
nuestra
página
web:
radioambulante.org.
Radio
Ambulante
cuenta
las
historias
de
América
Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
Check out more Radio Ambulante

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Por mucho tiempo, por muchos días… Por muchos años… Viví pensando eso. Que este es mi último día. Ella es la periodista mexicana Anabel Hernández. Yo soy madre soltera, soy responsable de dos hijos, vivir con eso —pensando “hoy es mi último día”, pensando que estás en las manos de personas tan poderosas, ¿no?— es terrible. Anabel lleva más de 20 años incomodando a los mexicanos más poderosos: a políticos, policías, narcotraficantes. Es conocida por sus investigaciones sobre el narco, sobre abusos de poder, y eso le ha ganado algunos enemigos… Así que lo único que yo podía hacer para defenderme, eh, es seguir investigándolos y seguir publicando, ¿no? Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Nuestra editora Silvia Viñas se sentó con Anabel para conversar sobre cómo es investigar al narco y a la corrupción en un país donde ser periodista puede poner tu vida en riesgo. Aquí Silvia. Anabel nació y creció en la Ciudad de México, pero supo que quería ser periodista en San Francisco, California, después del terremoto del 17 de octubre de 1989. Oh Dios mío, estamos teniendo un terremoto. Espera un minuto, espera, espera. ¿Puedes sentir eso? ¿Qué pasa con el bebé? La plataforma superior parece haber colapsado durante el terremoto. ¡Jesucristo! [Ininteligible] Anabel tenía 18 años, y cuando pasó el terremoto estaba visitando a unos familiares en San Francisco. Fue muy fuerte, de 6.9 grados. A ella y a su familia no les pasó nada, pero murieron 67 personas y hubo más de 3.000 heridos. Y cuando empezó a temblar, la gente estaba viendo un partido de la Serie Mundial, el World Series, el campeonato anual de béisbol en Estados Unidos. Ese año se estaba jugando ahí, en San Francisco. En segunda base, así que los A de Oakland toman… toman… Te voy a decir, estamos teniendo un terremoto. Fue uno de los primeros terremotos televisados en vivo, y Anabel estaba pegada a la televisión viendo lo que pasaba. Cuando veía los periodistas entre los escombros, ¿no?, tratando de comunicar a la gente, sirviendo a la gente directamente, recopilando las voces de las víctimas y todo esto, entendí que eso era lo que yo quería hacer. Antes de ese viaje a San Francisco, Anabel había decidido ser abogada. Se imaginaba litigando en tribunales, defendiendo a sus clientes… Pero cuando volvió a México, le contó a su papá que lo que quería estudiar era periodismo. Él no estaba en absoluto de acuerdo, él no quería que yo estudiara periodismo, pero… ¿Por qué? Porque periodismo en México tiene —tenía entonces, y creo que todavía sigue arrastrando un poco esto— una larga tradición de corrupción. Y los medios han estado controlados por mucho tiempo por el… por el gobierno. La mayoría de los medios, siempre ha habido excepciones, por supuesto, ¿no? ¡Viva el movimiento el movimiento estudiantil! ¡Viva!Y Anabel dice que a su papá le marcó mucho un caso particular: la forma en que los medios mexicanos cubrieron la matanza de Tlatelolco, un barrio al norte de la Ciudad de México. Y él siempre me decía que los medios de comunicación nunca habían informado de la verdad de lo que había pasado esa noche, que siempre lo habían escondido. Ese 2 de octubre de 1968, militares y policías dispararon a cientos de estudiantes que estaban protestando en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Murieron cientos de personas, hasta hoy no se sabe el número exacto. En ese tiempo, el papá de Anabel enseñaba en una universidad cerca de Tlatelolco muy activa en las protestas. Ese día no estuvo ahí, en la plaza, pero estuvo muy cerca, y le tocó ayudar a algunos estudiantes y llevarlos a hospitales. Agreden a todos: mujeres, hombres y niños. Pisotean la Constitución, no hay libertad de palabra. No hay libertar, compañeros, de nada. No sé ni quiénes son, nada más se bajan… Los días después de la matanza, los medios reportaron la versión oficial: que los que habían disparado era un grupo de francotiradores, que sólo habían muerto 30 personas. Tuvieron que pasar años para que salieran a luz testimonios, y para que investigaran lo que pasó ese día. Anabel dice que a su papá… Era un hombre muy honesto, que siempre luchaba contra la corrupción, luchaba contra la injusticia que había en su pueblo, entonces para él era inadmisible que yo fuera parte de este sistema, ¿no? Lo que yo le traté de explicar es que yo no quería hacer eso, ¿no? Su papá solo leía la revista Proceso, un semanario que empezó a mediados de los 70. Tenía una gran colección en su casa… Y yo le dije: “Bueno, yo puedo ser algo diferente, puedo ser como estas personas que tú lees”, ¿no? No lo convenció, pero Anabel no cambió de idea. Muy temprano en su carrera, fue parte del grupo de periodistas que fundó el diario Reforma, uno de los periódicos más importantes de México. En 1993, junto con una camada de periodistas que realmente, diría yo, que es esta generación fue la generación que rompió con esa corrupción y que impuso, a través de códigos de ética y de un buen periodismo, un nuevo periodismo en México, diría yo, ¿no? Hacía notas políticas, cubría la cámara de diputados, hizo reportajes muy importantes sobre fraudes en el padrón de electores en la Ciudad de México. Ya para el 2000 había publicado varias notas de primera plana para Reforma y también para otro de los periódicos más importantes de México: Milenio. Un día, en diciembre de ese año, su papá la estaba llevando al Congreso para cubrir un evento, y antes de que Anabel pudiera bajarse del coche… Recuerdo que… que —no sé por qué le nació a él hacer esto, ¿no?—… que sujetó mi mano y me dijo que estaba muy orgulloso… Muy orgulloso de mí… Esa fue la primera y última vez que lo dijo. Unos días después, en la madrugada del 5 de diciembre, su mamá la llamó para decirle que su papá no había llegado esa noche… Y realmente la primera vez en toda su historia, en toda su vida, que no llegaba a dormir. Podía llegar tarde, etcétera, etcétera, pero no llegar a dormir, eso jamás había ocurrido, e inmediatamente yo le… le dije: “Bueno, mamá, me hubieras llamado antes, porque ahorita ya es demasiado tiempo, ¿no?”. Anabel llamó a sus hermanos y empezaron a buscar al papá en todas partes. Primero en hospitales, pensando que tal vez había tenido un accidente. Pero nada. Lo buscaron en prisiones, por si había tenido alguna riña o un problema legal… Nada. Lo llamaban a su celular, pero no contestaba. Entonces la verdad es que la preocupación aumentó, ¿no? Un amigo de Anabel que trabajaba en una radio le ofreció poner un anuncio. Decidieron denunciar que se habían robado el coche de su papá, por si alguien lo había visto… Y entonces la noche de ese… de ese 5 de diciembre alguien llamó por teléfono a la estación de radio para decir que… que habían encontrado el vehículo. En una calle, en una colonia muy popular. Su hermano fue a buscar el coche… Y ahí encontró los zapatos de mi papá. Y ahí entendimos que… que algo terrible había pasado y lo empezamos, entonces, a buscar en las morgues… Poco tiempo después encontraron su cuerpo en una morgue. Ahí lo vieron y se dieron cuenta que antes de morir lo habían golpeado mucho… Y… Y él mismo, intentando escapar, se había asfixiado… Le habían hecho determinado tipo de nudo que con el movimiento él terminó asfixiándose tratándose de escapar. En esos años había muchas bandas de secuestradores en la Ciudad de México… Pues, mi papá era un mediano empresario ya en aquel momento. Y fue secuestrado por… por dinero. Anabel y su familia querían justicia, que el Estado de México investigara el crimen y encontraran a los culpables. Las autoridades se comprometieron a resolver el caso, y mandaron policías para investigar… Hasta que un buen día —digo, te estoy hablando dos días después de que encontramos el cuerpo de mi padre— esos policías dijeron que si queríamos que encontraran a los responsables teníamos que darles dinero. Lo conversaron como familia y dijeron, “no podemos aceptar esto”. Anabel era periodista, conocía bien este sistema, y sabía que nada les garantizaba que fueran a encontrar al culpable. Sabía que la policía era capaz de culpar a cualquiera con tal de recibir su pago. Entonces lo que decidimos es… pues… pues no… Aceptar que… que no era posible tener… tener justicia. No digo que resignarnos, porque es algo de lo que jamás te puedes resignar. Nunca supieron quién lo mató. Esta experiencia, con el secuestro de su papá y la impunidad y corrupción que vieron después, tuvo un impacto enorme en Anabel. A mí me había tocado escribir historias de personas cuyos familiares habían sido secuestrados. Pero cuando lo vives en carne propia, la perspectiva cambia por completo. Absolutamente. Y eso cambió por completo mi manera de ver mi carrera y mi manera de ejercerla. La animó a hacer más investigaciones de largo aliento. A exponer esta corrupción, estas injusticias y la impunidad… Y eso que le dijo su papá cuando la dejó en el Congreso, solo unos días antes de lo que secuestraran… Que estaba muy orgulloso. Muy orgulloso de mí. Con el paso de los años significa aún más para Anabel… Para mí son un aliento para seguir en esta profesión día tras día pese a todas las circunstancias adversas que hay para mí. No solo para mí, sino para muchos periodistas en México. Entonces Anabel siguió. Hizo investigaciones más profundas, como una nota sobre bandas pequeñas que trafican droga en la Ciudad de México, lo que se conoce como narcomenudeo. Nadie estaba hablando de eso aún. Pero pasaron años hasta que entró de fondo en el tema del narcotráfico. Y llegó a cubrirlo, como pasa muchas veces, mientras investigaba otra historia, una sobre explotación infantil… Me pasaron el tip de que existían estos niños. Más o menos la historia que ellos contaban es que eran niños entre 6 y 7 años de edad que estaban siendo obligados a ir a trabajar a los campos estos de marihuana y amapola. Sobre todo a rallar la amapola, como se le llama, para poder obtener la goma y poder procesarla para heroína, ¿no? Esta supuesta explotación estaba pasando en el municipio Guadalupe y Calvo, en el estado de Chihuahua. Está en el corazón de lo que se llama el “Triángulo Dorado”: un territorio que cubre partes de los estados de Chihuahua, Sinaloa y Durango, en el norte de México. Y la parte donde está Guadalupe y Calvo… Es una zona muy boscosa, es una zona donde hay mucha agua, es una zona llena de cañadas. Anabel habló con un contacto en Chihuahua, que le confirmó que los maestros de la zona estaban reportando que sus estudiantes trabajaban en estos campos de amapola. Pero le dijo que era muy peligroso entrar. Que no podía hacer que un maestro la acompañara, porque podría meterse en problemas. Pero le dio un tip: que contactara a la iglesia. Y sí, cuando hablé con el sacerdote me dijo: “Aquí la puedo recibir. Sí es un asunto que nos preocupa mucho, lo que está pasando”. Pero le recomendó que no fuera como periodista… Que venga así, casi casi como si viniera aquí de misionera, ¿no? “No, no, no hable con nadie, no diga que usted es periodista porque aquí los narcos son los que controlan esta tierra, ¿no?”. Finalmente fue a Guadalupe y Calvo con un fotógrafo. Allí se encontraron con un funcionario del municipio, que hizo de guía. Ya que estás ahí es un mundo… Es un mundo bizarro, es un mundo que no crees que eso está ahí, porque básicamente pues la sierra, sí, son casas como pobres la gran mayoría, ¿no? Y de repente veía casas grandísimas, pequeños palacetes con antenas parabólicas… Camionetas Cadillac y Escalade, y de las más costosas que habían… Y gente armada… Así como si nada, ¿no? Entonces, eh, para mí era un mundo nuevo, ¿no? Y ya haciendo este reportaje y hablando con los niños y con los maestros y todo esto, es ahí cuando yo me enteré que hace mucho tiempo había nacido ahí un niño llamado Joaquín Guzmán Loera. El Chapo Guzmán. El fundador y jefe del cartel de Sinaloa. Nació ahí, en el “Triángulo Dorado”, en el municipio de Badiraguato, en el estado de Sinaloa. En ese tiempo, el 2005, era un narcotraficante muy peligroso en fuga. Se había escapado de la cárcel de Puente Grande 4 años antes. En Jalisco el día comenzaba con la increíble noticia de que, la noche anterior, el presunto narcotraficante, Joaquín “el Chapo” Guzmán, había escapado de este penal federal. Irónicamente clasificado como de máxima seguridad… Pero cuando estás ahí, supuestamente en el territorio del Chapo, yo veía, pues… pues… pues aquí no hay ni ejército, ni hay autoridad ni hay nadie. Es como permitir que esta gente se dedique a esto, ¿no? De manera automática, sin ninguna repercusión y sin ninguna opción tampoco, ¿no?, de poder hacer otra cosa, ¿no? En ese viaje entendió que los niños en realidad se habían estado dedicando al cultivo de amapola por generaciones. No era ni voluntario, ni obligatorio. Era prácticamente una tradición. Así como hay niños en otras partes de México que siembran maíz, estos estaban sembrando marihuana y amapola. Y los niños iban con gran naturalidad. Y tenían la ilusión de hacerlo porque era como el gran paso para convertirte en grande, ¿no? Y cuando hablabas con estos niños, pues sí, lo que querían ellos era su… su metralleta, su AK-47, su troca, su mujer… su mujer, este… O sea, lo que querían era ser como el Chapo. Y es que el Chapo había sido como ellos: el hijo de un campesino que abandonó la escuela a los 7 años para trabajar en esos mismos campos. Y es ahí donde realmente me… me… me entró la curiosidad de saber quién era este hombre, Chapo Guzmán, y cómo un hijo de un campesino que apenas sabe leer y escribir se convierte en este supuesto criminal tan peligroso, ¿no? Anabel publicó un artículo sobre el “Triángulo Dorado” después de ese viaje, y desde ahí empezó a cubrir más a fondo el narco. Ese mismo año, a finales del 2005, la contactó el abogado de un funcionario que había trabajado en la cárcel de donde se escapó el Chapo. Este funcionario estaba encarcelado… Supuestamente acusado de la fuga del Chapo Guzmán. En ese tiempo Anabel trabajaba para el periódico El Universal. Ya estaba acostumbrada a que gente la llamara para decirle, “le tengo una historia”. Y siempre iba a ver de qué se trataba. Entonces fue a ver al funcionario a la cárcel, y lo primero que este hombre le dice a Anabel es: “Nosotros no dejamos escapar al Chapo Guzmán”. Le dice: “Usted no me va a creer, porque seguramente todas las personas a las que entrevista le dicen que son inocentes”. Me dice: “Sí lo dejamos hacer lo que quería. Sí lo dejamos meter alcohol. Sí lo dejamos meter mujeres. Él podía hacer lo que quisiera en la cárcel”. Pero le dice que la fuga del Chapo no dependía de él, que él no había podido decidir eso. Dice: “No fuimos nosotros”, y empieza a describir un poco, suelta él algunas pistas que… que dejan ver que… que fue realmente altos funcionarios del gobierno de Vicente Fox quien habían dejado escapar al Chapo Guzmán. México ya cambió. Hoy la gente como tú, que participó con su voto, hizo posible este cambio histórico que inundó de alegría y esperanza a nuestro país… Vicente Fox había ganado las elecciones presidenciales del año anterior, julio del 2000. Su elección terminó un periodo de 71 años bajo gobiernos del PRI, el Partido Revolucionario Institucional. Estas acusaciones —que Fox había dejado salir al Chapo— eran graves. Fox se supone que representaba un cambio. Pero hasta ahí, Anabel solo tenía ese testimonio. Pero este funcionario le dijo a su abogado que le diera a Anabel todo su expediente. Y ahí leyendo todo esto fue cuando descubrí, bueno, el Chapo Guzmán no se fugó, lo sacaron, ¿no? Anabel publicó una entrevista con el funcionario que le pasó este expediente. Una semana después… Este hombre me llama por teléfono un día y me dice: “Ya estoy libre, muchas gracias”. Wow. Eso significa que el hombre utiliza la entrevista para amenazar al gobierno de Vicente Fox de, “bueno, si tú me quieres tener aquí en la cárcel, yo cuento todo”. ¿No? Y entonces entendí realmente que el punto del Chapo Guzmán, lo más importante de él, no era la figura del Chapo Guzmán o este mito que el gobierno había creado, sino quién había creado al Chapo Guzmán, qué había detrás. El Chapo Guzmán era solo la cara, el rostro, de esta corrupción que estaba pudriendo México. Y me meto ya de fondo a investigar al Chapo Guzmán. Después de la pausa, qué pasa cuando una investigación destapa conexiones entre políticos de alto perfil y los narcos más peligrosos de México. Ya volvemos. Este podcast de NPR y el siguiente mensaje son patrocinados por Squarespace. El destino llama. Dice que necesitas una nueva página web. Crea una tú mismo de manera fácil, y con el apoyo del galardonado servicio al cliente que está disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana. 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Antes de la pausa, Anabel había empezado su investigación sobre el Chapo Guzmán y su fuga de la cárcel en el 2001. Silvia nos sigue contando… Ese expediente fue el comienzo de una investigación que Anabel haría durante 5 años. Anabel recopiló testimonios, documentos, y empezó a entablar relaciones con personajes claves que le funcionarían como fuentes. Una de esas fuentes era el general Mario Arturo Acosta Chaparro. Un militar mexicano con una historia larga y complicada. No vamos a entrar en detalles aquí, pero Acosta Chaparro fue acusado de torturar y hacer desaparecer a activistas de izquierda durante la llamada “guerra sucia” en México… Finalmente lo exoneraron de esos cargos. Después estuvo encarcelado por supuestas conexiones al cartel de Juárez, pero lo dejaron salir después de casi 7 años por falta de pruebas… Acosta Chaparro le contó a Anabel que Felipe Calderón, el presidente de México del 2006 al 2012, lo mandó a negociar con el Chapo y otros jefes de los principales carteles en México. Otros periodistas mexicanos que han cubierto al narcotráfico, como José Reveles o Jorge Carrasco, también han reportado sobre las reuniones del general Acosta Chaparro con jefes del narco. Cuando el general Acosta Chaparro le preguntó al Chapo Guzmán cuánto había pagado… que si es cierto que había pagado a Vicente Fox más de 20 millones de dólares por su fuga, el general me refirió que el Chapo Guzmán soltó la carcajada y le dijo, “bueno, general, la libertad no tiene precio” Vicente Fox, claro, ha negado estas acusaciones. Aquí está una entrevista después de que capturaron al Chapo en el 2014… Bueno, eso es de zonzos los que piensan eso. Y es precisamente la falta de inteligencia y cómo se… cómo se manejan los… los temas públicamente. Yo creo que es claro que es una tontería el hecho de quienes argumentan que fue el presidente Fox que lo dejó salir o que negoció su salida. El Chapo también le dijo al general Acosta Chaparro… Que él no se había fugado, que él había salido vestido de policía, que lo había sacado gente de Genaro García Luna, de Jorge Enrique Tello Peón. OK, muchos nombres. Genaro García Luna. Cuando se fugó el Chapo, tenía un cargo directivo en la Policía Judicial Federal, que en ese tiempo era la agencia encargada de investigar delitos federales. Años después fue Secretario de Seguridad Pública durante el gobierno de Felipe Calderón. Y de hecho, Anabel mientras hacía toda esta investigación, empezó a investigar a García Luna paralelamente… Porque cuando la gente decía, “es que García Luna está recibiendo dinero, millones de dólares de sobornos”, yo decía: “¿Y yo cómo puedo probar esto?”. Entonces hizo una investigación patrimonial, comparando sus declaraciones fiscales, sus ingresos como servidor público, y lo que él tenía: propiedades, vehículos, todo eso. Y con esa investigación, Anabel ya empezó a incomodar a García Luna… Ok. Y el otro nombre que soltó el Chapo: Jorge Enrique Tello Peón. En el momento de la fuga del Chapo era subsecretario de Seguridad. Ese día estaba en el penal. Pero la fuga del Chapo fue solo el comienzo. La investigación de Anabel se expandió para explorar cómo el cartel del Chapo, el cartel de Sinaloa, se había convertido en el cartel más poderoso de México. También durante mi investigación pude ir descubriendo por qué estaba esta guerra, cuáles son las verdaderas razones. Quién cambió el juego entre los carteles mexicanos que empezaron la guerra entre sí, ¿no? En el 2010, Anabel publicó su investigación en un libro: Los señores del narco. No era el primer libro sobre el narco ni sobre el cartel de Sinaloa, obviamente. Pero antes de esta investigación… Todo el mundo se… se… se enfocaba únicamente a los, entre comillas, “supuestos malos”, ¿no? A los narcos, a los sicarios, a su violencia, a cómo violaban, a cómo descuartizaban, a cómo dejaban los cuerpos por todas partes. Pero nadie hablaba de los otros señores del narco —que eran los políticos, los senadores, los empresarios, los presidentes, los secretarios de Estado— que trabajaban para el cartel de Sinaloa. Entonces, claro, cuando publicó su libro… Evidentemente fue muy incómodo. No para el Chapo Guzmán, el Chapo Guzmán, yo lo sé, leyó el libro y no tuvo ningún inconveniente respecto al libro. Fue muy inconveniente para Felipe Calderón, fue muy inconveniente para Genaro García Luna, fue muy inconveniente para muchos empresarios en México. Entonces cuando ellos empiezan a ver esos nombres, evidentemente era como… como si un pacto se hubiera roto, ¿no? Y apenas salió el libro… Hay un silencio absoluto. No hay ninguna amenaza. Lo cual era un poco raro, dado todo lo que había revelado. Había recibido amenazas antes por otras investigaciones. Sabía que iba a ser peligroso este libro, pero la verdad no calculaba qué tanto. Entonces, en medio de este silencio… Me llama una fuente de información mía, ¿no?, que trabajaba en la policía federal, y me dijo que era urgente verme, ¿no? Anabel fue a verlo, y esta persona estaba con uno de sus mejores amigos, alguien en quien ella confiaba. Entonces cuando hablo con él, me dice: “Vengo de una reunión, donde Genaro García Luna y Luis Cárdenas Palomino —son estos jefes policiacos— están contratando policías para asesinarte. Te van a asesinar ya. Te van a asesinar ya en estos días. Van a simular que es un accidente, van a simular que es un robo fallido, un secuestro fallido y te van a matar. Este… Ten mucho cuidado, ¿no?”. En ese momento, Anabel pensó: “Esto es lo de siempre, algo que dicen que van a hacer, y al final no pasa nada”. Entonces, este, yo le digo a esta fuente de información, la verdad de una manera —ahora pienso— estúpida de mi parte, ¿no?, porque le dije: “Bueno, pues llámales por teléfono, ahórrales el trabajo, diles que estoy aquí, que aquí los veo, ¿no?”. Entonces mi amigo se queda así con los ojos abiertos y dice: “No estás entendiendo nada —me dice—. Esto es serio. Es en serio. O sea, no es una amenaza. Ni te vas a enterar, lo van a hacer”, ¿no? Aunque confiaba en su amigo y en esta fuente, no era la primera vez que la amenazaban entonces no le dio demasiada importancia. La verdad es que pensé, “es otra cosa que dicen que van a hacer y no van a hacer”, ¿no? Esa noche fue a buscar a su hijo… Era un bebé, tenía… tenía apenas un año de edad. Y cuando llego a la guardería, veo que está un vehículo de Genaro García Luna en la puerta. Y yo lo sabía porque yo ya había hecho toda la investigación patrimonial. Conocía los coches de sus escoltas. No había la menor duda. Entonces llego al lugar, y me quedo petrificada y digo: “¿Qué está pasando? O sea, ¿si me bajo qué va a pasar? ¿Y si voy por mi hijo?”… O sea, estaba yo realmente congelada. En ese momento entendí esto es… esto es serio, ¿no? Anabel dice que llamó a un general, un aliado que se había hecho durante estos años de estar investigando algo tan delicado. Alguien que podía ayudarla en situaciones como estas. Le contó lo que estaba pasando, y el general le dijo que no se preocupara, que vería lo que podría hacer, pero que no se bajara del coche. Me dice: “Tienes que entender que seguramente tu teléfono está totalmente intervenido, que lo están escuchando”. Me dice: “Estás llamando conmigo —dice—, yo me hago responsable de ti, ¿no? Que lo sepan, que me estoy haciendo responsable de ti”. Y le dijo que llame a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la CNDH, y levante una queja. “Ahorita la puedes levantar vía telefónica, haciendo responsable a esta persona de cualquier cosa que te pase”. Entonces, en ese momento, sin bajarse del coche, llamó al número de emergencia de la CNDH. Reportó todo lo que había pasado… Y en ese momento se mueve el vehículo… Se movió el vehículo. Y pude bajar por mi hijo a la guardería. Volvió a su casa y se encerró por 3 días. Fueron terribles. Ya haber visto esa unidad en la guardería de mi hijo sí era… era claro, era evidente que esto… que no era una broma, ¿no? Que no era una amenaza, que era un plan realmente definitivo. También fueron días en los que pensó mucho en su trabajo… Y al final de cuentas pensé, que yo debería de continuar con esto y no… y no dejé de investigar a estos policías corruptos. Bueno, pues Anabel Hernández, nuestra colega periodista, con quien hablamos por cierto esta semana sobre su nuevo libro, el libro llamado Los señores del narcotráfico, Los señores del narco, pues ha presentado una denuncia ante la comisión nacional de derechos humanos… Anabel decidió denunciar la amenaza públicamente. Presuntamente García Luna y Cárdenas Palomino habían empezado a reclutar agentes de la ACI, ofreciéndoles promociones en la Secretaría de Seguridad Pública Federal a cambio de que me provocaran un… un supuesto accidente, un intento de robo, algo que pareciera… Desde ahí, el día a día para Anabel cambió por completo. Le pusieron escoltas, por su seguridad. Desde entonces vivo con cámaras de seguridad en mi casa, y con alarmas, ¿no? Y con estos guardias que duermen… que están conmigo las 24 horas del día, ¿no?, ahí, custodiándome. Y… es como renunciar a la vida. Pero se quedó en México, tratando de seguir viviendo ahí con sus dos hijos. Pero las amenazas y el peligro seguían y no solamente para ella. En el 2012… Mataron al general Mario Arturo Acosta Chaparro. Que fue una de mis principales fuentes de información. Él era el general que había entrevistado al Chapo, el que le había contado a Anabel lo que le dijo sobre su fuga, sobre Vicente Fox. Traté de alejarme para no causar más daño a su familia o a la gente que era cercana a él. Era el general que le contó que el gobierno de Felipe Calderón lo había mandado a negociar con jefes de carteles. En esos años también desaparecieron otras fuentes de Anabel, y… Mi familia sufrió atentados. Eh… Dejaron animales decapitados en la puerta de mi casa. El número de animales… Correspondía a mi número de escoltas. Incluso el día en que uno de ellos no fue, en la caja quedó anotado el número de escoltas total, pero como no fue ese escolta solo dejaron el número de cuerpos de animales muertos del número de escoltas que estaban ahí… O sea, quedaba claro que estaba siendo cuidadosamente monitoreada todo el tiempo. Y hasta que finalmente en diciembre del 2013, un comando de 11 policías federales armados entró a mi domicilio. Anabel vivía en un condominio donde había varias casas. Y como no sabían dónde vivía yo, entraron a las casas de mis vecinos, los amenazaron con pistolas en la cabeza, y les preguntaron cuál era mi casa. Los vecinos les dijeron, y los hombres entraron. Anabel no estaba. No robaron absolutamente nada. Yo pienso que estaban buscando expedientes, porque estuvieron incluso vaciando las paredes de mi clóset, tirando toda la ropa como buscando compartimientos secretos en las paredes o en el suelo de mi casa. Yo creo que pensando que a lo mejor podía yo tener más pruebas o documentos en mi domicilio. Los hombres armados se tomaron toda la manzana, y desmantelaron las cámaras de seguridad. No, después de eso ya era demasiado, porque ya era… Uno de mis vecinos, eh, me reclamó muy fuerte porque tenía una hijita de 6 años a quien le apuntaron con un arma en la cabeza. Entonces yo me sentí muy culpable, la verdad. Uno cuando está en este trabajo como que aprendes a asumir tu propio riesgo, ¿no? Pero cuando esta gente totalmente inocente… yo me sentí demasiado responsable, entonces necesitaba yo irme de México. Pero yo no quería salir corriendo.No solo porque quería seguir trabajando como periodista, sino también… Para demostrarle a estas personas que ellos no son dueños de mi vida. Y realmente no son dueños de mi vida. Y me dijo que hay muchos periodistas que creen lo mismo que ella. Somos nosotros quienes decidimos hacer este… tomar este camino. Aunque sean tan, tan peligroso y riesgoso, ¿no? Entonces yo no… Yo no quería ceder, yo no quería rendirme. Y… no quería enseñarles a mis hijos a correr. No quería que la gente me recordara de esa manera tampoco. Anabel conocía historias de periodistas mexicanos exiliados. Veía a algunos con sus vidas desechas, sin poder ejercer el periodismo. Varias organizaciones de diferentes países han ofrecido acogerla, pero nunca ha aceptado. Dice que sería como dejarle ganar a los que la están amenazando. Hacen su fiesta, ¿no?, la gran celebración, el día nacional cuando Anabel Hernández se fue… se fue de México, ¿no? El Centro de Periodismo de Investigación de la Universidad de Berkeley la invitó a dar una conferencia, y allí la animaron a concursar por una beca. Postuló, se la ganó, y en el 2014 se fue a Berkeley con sus dos hijos. Ahí podían estar seguros, y Anabel podía seguir haciendo periodismo. Pero llegar a Berkeley también le hizo darse cuenta de cómo las amenazas, y el vivir con escoltas por años había afectado a sus hijos. Vivían en un departamento en una planta baja. Se escuchaban ruidos de las personas que vivían arriba. Y un día, apenas habían llegado, estaban desempacando… Cuando de pronto me pongo a buscar a mi hijo, porque de pronto no lo veía, ¿no? Estaba ahí mi hija, pero yo no vi a mi hijo, pensé, “¿salió a la calle?, ¿qué fue lo que pasó?”, ¿no? Después me asomo y estaba debajo de la mesa. Temblando. Porque había escuchado ruidos y pensaba que era la gente que venía por nosotros. Yo creo que el costo más grande que yo he tenido que pagar además de… de la muerte de mis informantes, es el gran trauma psicológico que tiene mi familia. No sé cómo lo voy a resolver. No sé cómo la vida me va a pasar esa factura. Pero sí hay un gran, gran, gran costo… costo emocional para… para mis hijos. En agosto del 2016, Anabel regresó a México. Con este… en medio de este infierno, ¿no?, si es que a esto se le puede llamar vida. Con escoltas, cámaras de seguridad y las amenazas de siempre. Le pregunté si le preocupa más el narco o el gobierno, por su seguridad. El narcogobierno es más peligroso. Más peligrosos son los funcionarios públicos que se supone que trabajan legalmente, que respetan la ley y que sin embargo están trabajando para los carteles. Esa, esa pequeña franja donde los funcionarios públicos son parte de los carteles y los periodistas empezamos a mencionarlos es ahí donde está el verdadero… el verdadero peligro. Según Artículo 19, una organización de derechos humanos y libertad de expresión, más de la mitad de las agresiones contra periodistas en México viene de funcionarios públicos. Y así, según Anabel, los periodistas mexicanos quedan en medio dos fuegos: Ni el narcogobierno quiere que informemos a la sociedad correctamente lo que está pasando, que digamos quiénes están involucrados nombre por nombre —empresarios, sacerdotes, artistas, gobernadores, presidentes—, y los carteles de la droga tampoco quieren que estemos ahí siendo incómodos. Entonces estamos completamente desprotegidos: si es el Estado el que nos está asesinando, ¿quién nos protege entonces? En México no hay libertad de expresión. En México vivimos en un “narcoestado”, donde el Presidente de la República y la PGR son parte de los cómplices que permiten que los periodistas sigan siendo asesinados. Esto no estaría pasando si el Presidente de la República tuviera la verdadera voluntad de proteger la libertad de expresión y de que hubiera justicia. A mí me consta cómo han pasado tantos fiscales especiales en la PGR y no investigan los casos de los periodistas asesinados, no quieren, no les interesa. Porque mientras no los investiguen los funcionarios públicos y las personas que han matado a estos periodistas siguen impunes. Un mes antes de juntarme a conversar con Anabel, su compañero y amigo, el periodista Javier Valdés, fue asesinado… La violencia narco en México se ha cobrado la vida de otro periodista: Javier Valdés. Asesinado a plena luz del día, por un grupo de hombres… Se sabe que el periodista Javier Valdés Cárdenas, quien fuera asesinado en Sinaloa, México, estaba amenazado porque él mismo así lo dijo hace varios días en una visita que realizó a la Ciudad de México… Había hecho diferentes artículos en donde relacionaba al crimen organizado con las altas esferas del gobierno y con diferentes empresas. Dentro de los libros más importantes… Javier Valdés era conocido por cubrir el narco desde Culiacán, Sinaloa, en la “mera mata del narcotráfico”, como me lo describió Anabel. Había fundado un medio local, Riodoce, y también había escrito varios libros sobre narcotráfico. El último que publicó es sobre los periodistas que siguen haciendo su trabajo a pesar de los riesgos. Se llama Narcoperiodismo. El narco manda en las redacciones, ya sea porque amenaza de manera directa o porque genera una atmósfera —como en Sinaloa— en la que no es propicio escribirlo todo, en donde uno no puede pasarse de la raya, de cierto límite, porque puede uno ser asesinado. Ese es Javier, presentando su último libro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en el 2016. La periodista Lydia Cacho —también súper reconocida— lo estaba entrevistando… ¿De qué tamaño es el miedo tuyo y de tu equipo en Riodoce? ¿Dónde sienten el miedo? ¿Cómo hablan del miedo en la redacción? Pues se nos secan los huevos [risas]. Ahí nos sentimos, en el corazón. El tamaño pues es… es inmedible, del tamaño de… de un abrir y cerrar de ojos, del tamaño del insomnio. Nos está impidiendo ir más allá, nos obliga a autocensurarnos, a no publicar información porque, pues, este… no estaríamos aquí, ¿no? Era un hombre que estaba consciente que esto podía pasar en cualquier momento. Y era un hombre que no se había rendido. Ante el miedo. ¿Y de qué tamaño es la esperanza en la redacción para que siga? Quiero pensar que es más grande. Creo que escribir es un acto también de esperanza, de fe. Guardar silencio, dejar de hacerlo, dejar de contar estas historias, de hacer periodismo en estas condiciones, es un acto de complicidad y de muerte. Cuando Anabel se veía con Javier, siempre le llamaba la atención su sentido del humor. Javier Valdés era la antítesis del periodista que cubre narcotráfico porque él siempre estaba de buen humor. A Anabel a veces le desconcertaban sus bromas. Pues, yo decía: “¡Pero esto es un asunto serio!”. Y él le decía: “Tómatelo tranquila, Anabel, tranquilo. O sea, estamos en esto porque queremos. Pero también hay que aprender a disfrutar la vida en medio de esta tragedia, ¿no?”. El asesinato de Javier le dió muy duro a Anabel. Decidió que tenía que hacer algo. Investigar. Y esta investigación es muy personal para ella. Porque tiene que ver con la historia de un amigo, porque tiene que ver con la historia de mis otros colegas que están amenazados o han sido asesinados. Porque tiene que ver con la historia de la impunidad. Porque la impunidad es eso: la impunidad es ponerle una pistola en la cabeza a cada periodista incómodo en México. Para mí, en este momento, reportear la muerte de Javier Valdés es… es un poco como reportear mi propia muerte, mi posible muerte. No sé, trato de pensar cuáles habrán sido sus últimos pensamientos, porque la manera en que Javier fue asesinado fue… fue una manera brutal, fue una manera terrible, fue una manera muy, muy cruel. Me pregunto qué habrá pasado por su mente, me pregunto… me pregunto si habrá valido la pena. Porque ahora me lo pregunto yo todos los días. Anabel me dijo que presiente que esta investigación va a cambiar su vida. No sé todavía en qué sentido. Porque me hace reflexionar tanto sobre mi trabajo, tanto sobre… sobre lo que me dicen las personas que me quieren, ¿no? Que debo de terminar, que debo de parar, ¿no? Que debo de salvar mi vida, ¿no? Por otro lado, ve a sus compañeros periodistas que siguen en el trabajo y, aunque no juzga a los que deciden dejarlo para vivir en paz, piensa: “No, no puedo retirarme”. O bueno, no ahora. No sé qué va a pasar. Pienso que al final voy a estar en la disyuntiva de continúo con mi trabajo para hacer honor al nombre de Javier y para que no haya muerto en vano, o me voy a mi casa y tomo un reposo y disfruto la vida que Javier pensaba que yo debía disfrutar. También para que él no haya muerto en vano. No lo sé. Por el momento, Anabel sigue. Silvia Viñas es editora y productora de Radio Ambulante. Esta historia fue editada por Camila Segura. Dulce Ramos hizo el fact-checking. La mezcla y el diseño de sonido son de Andrés Azpiri. Gracias a Anayansi Diaz-Cortes y a Radio Diaries por compartir con nosotros el audio de archivo sobre la matanza de Tlatelolco de 1968. En nuestra página web pueden encontrar un link a su episodio. El libro más reciente de Anabel Hernández es La verdadera noche de Iguala: La historia que el gobierno trató de ocultar. publicado en el 2016. El 19 de diciembre, en Veracruz, Gumaro Pérez fue asesinado en la escuela de su hijo en una celebración navideña. Con su muerte, la cifra de periodistas asesinados en México en 2017, subió a 12. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Jorge Caraballo, Patrick Mosley, Laura Pérez, Ana Prieto, Barbara Sawhill, Ryan Sweikert, Luis Trelles, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, y Luis Fernando Vargas. Carolina Guerrero es la CEO. Con esta historia nos despedimos de nuestra amiga y colega Andrea Betanzos. Que ha trabajado como coordinadora de programas este último año. Gracias por todos tus esfuerzos y mucha suerte en todo lo que viene. Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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