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Radio Ambulante - Fuera de lugar

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A Carolina nunca le había gustado el fútbol, pero estaría en medio de un caso que conmocionó al deporte en su país.

Carolina Rozo empezó su trabajo como fisioterapeuta en la sub-17 de la selección femenina de Colombia pensando que era la oportunidad de su vida. Pronto se dio cuenta que no iba a ser lo que esperaba.



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Antes
de
comenzar
una
advertencia.
En
este
episodio
hay
escenas
fuertes
que
no
son
aptas
para
niños.
Se
recomienda
discreción.
Bienvenidos
a
Radio
Ambulante
desde
NPR,
soy
Daniel
Alarcón.
Carolina
Rozo
estaba
en
su
tercer
año
de
estudios
de
fisioterapia
en
una
universidad
en
Bogotá.
Cuando
llegó
el
momento
en
que
le
iban
a
asignar
su
práctica,
ella
solo
quería
una
cosa:
Y
yo
decía
que
no,
que
no
fútbol
no,
fútbol
no,
fútbol
no…
Lo
que
Carolina
más
quería
era
dedicarse
a
la
fisioterapia
en
el
área
clínica.
Pero
tenía
que
aprender
a
trabajar
en
cualquier
campo
de
su
profesión.
Incluyendo
el
deporte.
A
ella
eso
no
le
importaba
mientras
que
no
fuera
fútbol.
Nunca
le
había
gustado.
La
aburría
profundamente.
Pero
no
era
su
decisión.
Y
justo
pasó
lo
que
no
quería.
Y
cuando
me
dicen
Carolina
Rozo
va
para
tal
lugar…
Es
un
equipo
que
se
llama
Independiente
de
Santa
Fe.
Uno
de
los
equipos
de
fútbol
más
importantes
de
Colombia.
Carolina
se
resignó.
No
podía
hacer
otra
cosa.
Así
que
se
dedicó
a
estudiar.
Cuánto
medía
una
cancha,
las
habilidades
de
los
arqueros,
de
cada
posición
del
jugador.
Y,
para
su
sorpresa,
entre
más
estudiaba,
más
le
llamaba
la
atención.
Empecé
a
entender
cómo
es
el
fútbol
desde
la
táctica,
desde
la
técnica,
desde
el
juego.
Y
ahí
es
cuando
empieza
a
gustarme,
a
ver
el
fútbol
de
otra
manera
y
me
empieza
a
gustar.
Carolina
ayudaba
a
los
jugadores
a
recuperarse
de
lesiones
y
a
prepararse
para
los
campeonatos.
Y
como
pasaban
tanto
tiempo
juntos
durante
los
entrenamientos,
comenzó
a
llevarse
muy
bien
con
ellos
y
con
el
resto
del
equipo
técnico.
Le
fue
tan
bien
que
el
equipo
le
pidió
que
se
quedara
trabajando
con
ellos.
Ella,
encantada,
dijo
que
sí.
Se
había
enamorado
del
fútbol
y
no
le
importaba
tener
que
trabajar
y
estudiar
al
mismo
tiempo.
Además
que
le
pagaban
bien
y
estaba
aprendiendo
mucho.
Pero
poco
a
poco
trabajar
y
estudiar
al
tiempo
se
volvió
muy
pesado
para
ella.
Así
que
al
año
de
haber
empezado,
decidió
dejar
el
trabajo
para
dedicarse
solo
a
estudiar.
Estaba
a
punto
de
terminar
la
carrera.
Y
fue
muy
triste,
porque
yo
estaba
muy
bien,
fue
una
empresa
donde
crecí,
aprendí.
Y
es
que
para
ella
era
importante
terminar
la
universidad
porque
diez
años
atrás,
cuando
ella
tenía
veintidós,
tuvo
que
dejar
sus
estudios
de
odontología
porque
se
casó
y
quedó
embarazada.
Así
que
la
fisioterapia
se
había
convertido
en
una
forma
de
retomar
lo
que
había
empezado
una
década
antes
y
esta
vez
quería
terminarlo.
Cuando
terminó
las
materias,
a
finales
del
2017,
con
treinta
y
tres
años,
recibió
una
llamada
de
su
antiguo
jefe.
Me
dice:
«Carolina
hay
una
sub
diecisiete
de
mujeres,
por
qué
no
la
coge
mientras
sale
el
diploma
y
sale
el
grado
y
pues
ahí
vamos
mirando”.
No
había
pasado
ni
un
mes
desde
su
graduación
y
ya
le
estaban
ofreciendo
unirse
como
fisioterapeuta
de
una
selección
nacional.
En
la
llamada
le
explicó
que
el
trabajo
no
era
pago,
que
no
tendría
ningún
contrato
y
que
sólo
le
cubrirían
los
viáticos
en
caso
de
que
saliera
del
país
con
la
selección.
Era
algo
común
en
las
selecciones
femeninas
de
fútbol.
Se
justificaba
con
que
era
un
deporte
en
desarrollo,
y
que
sus
jugadoras
son
aficionadas
y
no
profesionales,
como
los
hombres.
Aunque
esto
no
era
ideal
para
Carolina,
no
se
desmotivó.
Era
una
gran
oportunidad.
Además
su
esposo
tenía
un
trabajo
estable
y
podía
encargarse
de
los
gastos
de
la
casa.
Y
pues
muy
contenta
por
estar
en
una
selección
Colombia.
Si
es
un
logro
para
los
jugadores,
para
el
cuerpo
técnico
también.
Y
pues
me
fui
con
toda
la
alegría
del
mundo.
Pero
pronto
Carolina
se
daría
cuenta
que
la
falta
de
pago
y
de
contrato
no
eran
los
únicos
problemas
que
había
en
la
selección
sub
diecisiete
de
fútbol
femenino.
Nuestra
productora
Lisette
Arévalo
nos
cuenta.
Una
semana
después
de
haber
aceptado
la
oferta
laboral,
Carolina
se
presentó
en
un
hotel
a
las
afueras
de
Bogotá
para
comenzar
con
su
trabajo.
Ahí
el
equipo
iba
a
tener
una
concentración
de
diez
días:
un
entrenamiento
intenso
donde
las
jugadoras
y
sus
entrenadores
se
aíslan
durante
un
tiempo
y
se
dedican
a
prepararse
para
los
partidos.
Era
tal
el
aislamiento
que
hasta
les
quitaban
los
celulares
a
las
jugadoras
y
no
podían
comunicarse
con
nadie
por
varios
días.
Al
llegar,
Carolina
se
registró
y
saludó
a
algunas
de
las
jugadoras
—que
tenían
entre
catorce
y
dieciséis
años—.
También
conoció
al
utilero
—el
encargado
de
alistar
los
uniformes—
quien
se
ofreció
a
mostrarle
el
hotel
y
acompañarla
a
su
cuarto.
Me
iba
diciendo
mientras
me
mostraba
el
hotel,
cómo
es
el
temperamento
del…
del
director
técnico,
que
es
un
poco
fuerte.
El
director
técnico
de
la
sub
diecisiete
femenina
era
Didier
Luna,
un
hombre
de
sesenta
años
con
un
largo
recorrido
en
el
fútbol
colombiano.
Carolina
sabía
muy
poco
sobre
él,
así
que
lo
que
le
dijo
el
utilero
no
le
llamó
mucho
la
atención.
Se
quedó
en
su
cuarto
y
quedó
en
que
bajaría
a
la
hora
de
almuerzo
para
conocer
al
resto
del
equipo
y
al
director.
Cuando
Carolina
bajó
al
comedor
conoció
a
Luna.
Me
saluda:
“Mucho
gusto,
doctora.
Qué
bueno
que
esté
aquí.
Vamos
a
almorzar,
vamos
a
presentarla”.
Muy
normal.
A
Carolina
le
pareció
amable
y
se
sintió
bienvenida
por
él.
Cuando
terminaron
de
comer,
le
presentaron
al
resto
del
equipo
técnico:
una
médica,
al
preparador
físico
y
a
la
psicóloga.
Después
se
reunieron
para
planificar
cómo
serían
los
siguientes
días
de
trabajo.
Y
ya.
Parecía
ir
bien.
Pero
todo
cambió
muy
rápido.
A
la
noche
siguiente,
a
la
hora
de
la
cena,
Luna
se
le
acercó
y
frente
a
sus
compañeros
de
trabajo
le
dijo:
“Oiga
doctora
usted
está
muy
linda».
Pues
yo
lo
tomé
como,
como
normal.
Yo
dije,
de
pronto…
de
pronto
sí,
a
un
hombre
le
pareció
bonita
una
mujer
y
ya.
Nadie
de
los
que
estaban
ahí
dijo
nada.
Así
que
esa
noche
se
fue
a
dormir
sin
darle
muchas
más
vueltas
al
asunto.
Pero
al
día
siguiente,
cuando
todos
los
del
equipo
bajaron
al
desayuno…
Ya
no
era
sólo
el
saludo,
sino
era
el
apretón
duro
para
que
se
juntaran
mi
pecho
con
el
de
él
y
me
hablara
al
oído
y
me
dijera:
“Usted
me
gusta
mucho”.
Varias
personas
lo
vieron,
pero
nuevamente
nadie
dijo
nada.
Carolina
se
quedó
helada,
sin
saber
qué
hacer.
Nunca
había
vivido
una
situación
así.
Solo
se
separó
de
Luna
y
se
sentó
a
comer.
Pero
no
quedó
ahí.
En
los
días
siguientes,
cuando
iban
a
unas
canchas
cerca
del
hotel
para
el
entrenamiento,
Luna
se
sentaba
al
lado
de
ella
en
el
bus
y
le
decía
cosas
como:
«Doctora
usted
amaneció
hoy
muy
linda”.
Comentaba
sobre
su
apariencia
y
su
cuerpo…
“Cómo
le
luce
ese
uniforme,
cómo
le
luce
esa
gorra».
La
invitaba
a
salir…
Yo
quiero
invitarte
a
bailar.
Vamos
a…
a
bailar
salsa”.
Y
así
fue
por
varios
días.
Una
incomodidad
terrible,
una
tortura.
Sobre
todo
en
el
bus,
donde
Luna
siempre
la
acorralaba.
Pero
Carolina
prefirió
quedarse
callada.
Después
de
todo,
era
su
nuevo
jefe,
había
una
relación
de
poder
muy
clara,
¿qué
le
podía
decir?
Porque
yo
dije
bueno,
llevo
cinco
días
y
ya
este
señor
con
esto
de
pronto
estoy
pensando
mal
y
no
quiero
generar
un
conflicto.
Tengo
que
esperar.
Esperar
y
ver
si
las
cosas
cambiaban.
Así
que
cada
vez
que
le
decía
algo,
intentaba
hablar
de
otra
cosa:
sobre
las
jugadoras,
las
lesiones,
y
sus
entrenamientos.
Hasta
que
un
día
Luna
intentó
cogerle
la
pierna.
Y
ahí
fue
cuando
yo
dije:
«No,
stop,
no».
Y
fue
ahí
cuando
yo
ya
tomé
la
decisión
de
irme
a
la
última
silla
con
las
jugadoras
que
iban
atrás.
Yo
dije
no
me
vuelvo
a
sentar
ahí.
Prefirió
evadirlo
a
enfrentarlo.
Carolina
empezó
a
tomar
precauciones
por
su
seguridad.
Por
ejemplo,
con
la
puerta
de
la
habitación
del
hotel…
Yo
le
pasaba
la
cadena
de
seguro,
porque
yo
sentía
temor.
Le
daba
miedo
que
Luna
se
le
fuera
a
meter
a
su
cuarto
sin
permiso.
Había
muchos
indicios
para
creer
que
era
posible.
Un
día,
cuando
Carolina
estaba
en
su
habitación,
alguien
tocó
a
su
puerta.
Se
acercó
y
vio
por
la
mirilla
que
Luna
estaba
afuera
con
un
pastel
en
sus
manos.
Carolina
le
abrió,
pero
no
quitó
la
cadena.
Y
él
me
dijo:
«Ábreme
mi
amor,
ábreme
que
yo
no
te
voy
a
hacer
nada.
Te
traje
un…
un
pedacito
de
pastel”.
Y
yo,
con
ese
corazón
que
se
me
salía,
yo
dije
este
señor
se
me
puede
entrar
en
cualquier
momento
y
me
puede
hacer
algo.
Pero
también
sabía
que
no
podía
negarse
a
recibir
el
pedazo
de
pastel
sin
una
razón.
Así
que
decidió
quitar
la
cadena
y
abrió
la
puerta
un
poco.
Lo
suficiente
para
recibir
el
pastel
rápidamente,
agradecerle
y
cerrarla
otra
vez.
Pero
él
me
decía:
«¿Por
qué
no
me
dejas
entrar?
Déjame
entrar».
Y
yo
le
decía
«No,
no,
no,
no,
no,
no,
no,
no,
no
estoy…
Me
voy
a
duchar,
voy
a
hacer
otras
cosas».
Siguió
insistiendo
pero
Carolina
le
dijo
que
no
y
que
no.
Hasta
que
finalmente
Luna
se
fue.
O
sea
quedé
peor
de
asustada
porque
yo
dije
este
señor
es
capaz,
con
esa
conducta
que
tiene
es
capaz.
Capaz
de
hacer
cualquier
cosa.
Carolina
no
entendía
el
comportamiento
de
Luna
y
comenzó
a
sentirse
culpable.
O
sea,
entra
uno
en
esa
dualidad
de
emociones
y
de
pensamientos,
en
decir
¿será
que
yo
hice
algo
para
que
este
señor
se
esté
comportando
conmigo
así?
Pero
Carolina
no
tardó
mucho
en
darse
cuenta
de
que
no
era
la
única
siendo
acosada
por
Luna.
Lo
primero
que
notó
fue
que
en
los
entrenamientos,
él
les
gritaba
a
las
jugadoras
y
les
decía
cosas
como
“inútiles”,
o
a
veces
incluso
las
llamaba
“lesbianas”,
como
si
eso
fuera
un
insulto.
Pero
lo
que
más
le
llamó
la
atención
fue
ver
que
una
mañana,
durante
el
desayuno,
las
jugadoras
entraban
en
fila
a
saludarlo.
Y
cuando
se
acercaban
a
él…
Pues
les
cogía
la
cola.
Algunas
se
les
acercaba
a
la
mesa
y
les
hablaba
al
oído
también.
Les
cogía
su
cara
y
las
intentaba
besar.
También
lo
hacía
durante
la
recuperación
física.
Después
de
los
entrenamientos,
las
jugadoras
tenían
que
meterse
en
una
piscina
helada.
Y
como
no
era
muy
grande,
lo
hacían
por
grupos.
Pasaban
en
lycra
y
en
top
y
el
tipo
ahí
aprovechaba
para
poderlas
coger
y
tocar.
“Tiene
la
lycra
mal
puesta
acá»,
y
se
la
acomodaba,
pero
era
con
la
morbosidad,
era
con
la
segunda
intención.
Las
tocaba
por
todas
partes.
Y
mientras
hacía
esto,
Luna
les
decía:
«No,
es
que
yo
soy
como
su
papá».
Como
si
eso
fuera
algo
normal
que
los
padres
hacen
con
sus
hijas.
Las
jugadoras
se
quedaban
calladas
y
no
hacían
nada
más
que
agachar
la
cabeza
y
meterse
a
la
piscina.
Algunas,
según
veía
Carolina,
habían
normalizado
esto
porque
trabajaban
con
Luna
desde
que
eran
pequeñas.
Entonces
pensaban
que
así
era
él
y
no
era
algo
de
lo
que
debían
preocuparse.
Hay
que
recordar
que
eran
unas
adolescentes
de
catorce,
quince
y
dieciséis,
y
no
siempre
es
fácil
reconocer
un
acoso.
Carolina
veía
esto
y
sentía
mucha
rabia.
No
sabía
cómo
ayudarlas.
Lo
comentó
con
la
médica
del
equipo
y
ella
le
dijo
que
también
había
visto
cómo
se
portaba
Luna
con
las
chicas
y
que
no
le
gustaba
para
nada.
Pero
la
conversación
quedó
ahí.
Mientras
tanto,
Luna
seguía
buscando
a
Carolina.
Le
mandaba
mensajes
de
WhatsApp
diciéndole
que
estaba
muy
linda,
que
se
cuidara,
que
cuándo
iban
a
salir.
Carolina
por
lo
general
no
contestaba
los
mensajes
y,
cuando
lo
hacía,
era
de
una
forma
cortante.
Pero
Luna
seguía
con
los
comentarios,
los
apretones.
Carolina
dice
que
en
una
ocasión
intentó
besarla.
Ocurrió
una
noche
después
de
la
cena,
cuando
ella
se
acercó
para
despedirse
de
él.
El
señor
me
coge
con
las
manos
mi
cara
y
se
queda
mirándome
con
una
intención
de
besarme.
Iban
saliendo
jugadoras
y
estaba
el
cuerpo
técnico
ahí
y
yo
lo
único
que
hice
fue,
eh,
llevar
mi
cabeza
hacia
atrás
y
asustada
yo
dije:
“No,
no,
no,
no,
¿este
tipo
que
le
pasa?
No,
no,
no,
no,
no”.
Y,
como
siempre
pasaba,
nadie
reaccionó.
Ese
fue
un
punto
de
quiebre
para
ella.
Me
subí
a
mi
habitación
muy
nerviosa.
Ese
día
yo
me
puse
a
llorar
porque
yo
dije
no
pues
ya
esto,
pues
claramente
es
un
acoso,
qué
hago.
Habían
sido
ocho
días
muy
difíciles
para
Carolina
así
que
decidió
contarle
todo
a
la
psicóloga
del
equipo.
Le
dijo
que
le
incomodaba
demasiado
la
actitud
de
Luna
y
que
pensaba
renunciar.
Pero
la
psicóloga
le
contestó:
“No,
eso
es
normal.
Es
que
el
señor
es
cariñoso
y
ya,
o
sea,
no
le
pongas
cuidado.
No
te
vayas
a
ir
por
eso”.
Y
yo
le
dije:
“No,
esa
actitud
de
ese
señor
no
me
gusta”.
A
Carolina
le
pareció
extraña
esta
respuesta,
pero
la
dejó
pensando
en
que
tal
vez
ella
estaba
exagerando.
Se
sintió
más
confundida
que
antes.
Entonces
optó
por
no
decirle
nada
más
a
nadie
de
su
equipo.
Terminó
la
concentración
el
23
de
diciembre,
diez
días
después,
empacó
sus
cosas
y
regresó
a
su
casa
para
las
fiestas.
Pasaron
los
días
y
Carolina
no
podía
dejar
de
pensar
en
lo
que
le
había
pasado
en
la
concentración.
Estaba
molesta.
Y
mientras
más
vueltas
le
daba
al
asunto,
más
se
convencía
de
que
eso
no
era
normal,
como
le
había
dicho
la
psicóloga.
O
sea,
yo
en
ese
momento
no
sabía
que
era
un
acoso
sexual.
Y
me
puse
a
indagar
eh…
Internet
y
artículos.
Quería
una
definición
y
ver
si
su
caso
cabía
ahí.
Encontró
que
el
acoso
sexual
es
una
conducta
no
deseada
que
causa
que
la
víctima
se
sienta
ofendida,
humillada
e
intimidada.
Que
puede
manifestarse
de
varias
formas:
comentarios
sobre
su
aspecto,
tocamientos
indeseados,
chantajes,
gestos
o
miradas
sexuales,
besos
forzados.
Carolina
pudo
identificarse
a
ella
misma
y
a
las
jugadoras
en
todo
lo
que
estaba
leyendo.
Llena
de
indignación,
se
puso
a
buscar
qué
podía
hacer.
Y
yo
leí
la
ley
de
acá
y
pues
decía
que
el…
el
acoso
sexual
tenía
que
ser
repetitivo…
Eh,
que
se
necesitaban
pruebas.
Pero
es
muy
difícil.
Muy
difícil
de
probar.
Yo
decía,
como
víctima,
no
me
van
a
creer,
no
me
van
a
poner
cuidado,
no
me
van
a
escuchar.
Porque
sabía
que
su
palabra
no
era
suficiente
para
comprobar
lo
que
estaba
pasando
en
el
equipo.
Entonces,
ahí
tomó
una
decisión:
volvería
a
la
concentración
en
enero.
Con
el
fin
de
buscar
pruebas
y
pues
también
con
lo
que
las
jugadoras
ya
me
habían
contado
yo
dije
pues
de
aquí
puedo
sacar
algo.
Por
eso
me
arriesgué
a
seguir.
Pero
no
iba
a
ser
fácil.
Cuando
llegó
a
la
concentración,
Luna
empezó
con
el
mismo
acoso
de
siempre
y
más
intenso
que
antes.
Hasta
llegó
a
decirle
a
Carolina
que
se
cuidara,
porque
él
le
iba
a
robar
un
beso.
Carolina
tenía
miedo
y
se
sentía
insegura.
Al
tercer
día,
cuando
ella
estaba
subiendo
a
su
cuarto…
El
señor
me
estaba
esperando
en
el
pasillo
donde
hay
unas
barandas
libres
y
me
arrincona
contra
esa
baranda
y
me
señala
con
el
dedo
al
logo
de
la
federación,
me
toca
el
seno.
Carolina
le
apartó
la
mano
pero
se
quedó
quieta,
arrinconada
contra
la
baranda.
Estaba
muerta
de
miedo.
Y
me
dice:
«Esta
es
la
mujer
que
yo
quiero
para
mí.
Yo
sólo
quiero
que
me
regale
un
pedacito
de
su
corazón.
Eso
no
le
cuesta
nada.
Yo
quiero
que
me
un
hijo.
Yo
quiero
que
sea
mi
amante.
Yo
quiero
que
sea
mi
amiga
especial”.
Yo
lo
dejé
que
hablara
y
yo
le
dije;
«No,
usted
está
mal.
Yo
vengo
es
aquí
a
trabajar.
Yo
vengo
es
con
un
objetivo
de
crecer
profesionalmente,
de
ayudar
a
estas
jugadoras.
Usted
está
mal».
Pero
Luna
no
se
quedó
tranquilo
con
esa
respuesta.
Este
señor
me
dice:
“Yo
a
usted
la
puedo
llevar
a
cosas
grandes
en
el
fútbol.
Si
usted
solamente…
eso,
no
le
cuesta
nada.
Si
usted
está
conmigo,
yo
la
puedo
llevar
a
la
cima”.
Carolina
no
podía
creer
lo
que
le
estaba
proponiendo.
Y
más
firme
que
antes
le
dijo:
«No,
mi
respuesta
es
no
y
déjeme
trabajar».
Entonces
el
señor
se
pone
tan
bravo,
bravísimo,
que
me
grita
y
me
dice:
«No
le
ruego
más,
aténgase
a
las
consecuencias.
Asuma
las
cosas,
maestra».
Y
salió
y
se
fue.
En
ese
momento
Carolina
se
alejó
de
las
barandas
contra
las
que
estaba
acorralada,
buscó
rápidamente
la
llave
de
su
cuarto,
se
metió
y
cerró
la
puerta
con
seguro.
Yo
me
sentí
muy
mal.
Me
sentí
indignada,
me
sentí
pisoteada.
O
sea
yo
decía,
este
señor
me
vio
la
cara
de
qué
o…
Cómo
se
le
ocurre
decirme
esas
cosas,
una
falta
de
respeto.
Yo…
Y
lloré
tanto
porque
no
sabía
qué
hacer.
Se
sentía
agotada.
Ya
ni
siquiera
tenía
cabeza
para
pensar
en
recolectar
pruebas
ni
denunciarlo.
Solo
quería
dejar
de
trabajar
ahí.
Así
que
decidió
que
terminaría
la
concentración
y
que
nunca
más
regresaría.
Y
esperaba
que
con
lo
que
le
dijo,
Luna
la
dejaría
en
paz.
Pero
decirle
que
no
le
trajo
consecuencias.
Esa
misma
tarde,
cuando
Carolina
bajó
a
la
cancha
para
ayudar
a
las
jugadoras
en
su
entrenamiento,
Luna
ya
era
otro.
Ese
señor
ya
tomó
una
actitud
muy
fuerte
conmigo
y
me
empieza
a
tratar
mal.
«Oiga,
trabaje,
usted
no
sabe
trabajar.
Usted
es
una
inepta».
O
sea,
de
una
el
tipo
tomó
represalias.
Y
no
fue
el
único
en
tratarla
mal.
Carolina
dice
que
sus
compañeros
de
trabajo
se
aliaron
con
Luna.
Comenzaron
a
ignorarla,
no
la
dejaban
hablar
en
las
reuniones.
La
anularon
por
completo.
Según
ella
lo
que
Luna
quería
con
eso
era…
Aburrirme
y
sacarme
por
no
haber
accedido
a
lo
que
él
quería.
Y
eso
era
algo
que
Carolina
no
iba
a
permitir.
Un
día
se
atrevió
a
enfrentarlo
y
le
preguntó
si
es
que
tenía
algún
problema
con
su
trabajo.
Y
ese
señor
sólo
grita.
Entonces
me
dice:
«Yo
a
usted
le
dije
algo
y
usted
no
quiso
hacerlo.
Entonces,
asuma
las
consecuencias».
Luna,
además,
le
dijo
que
si
quería
se
podía
ir,
que
igual
ella
no
trabajaba
bien.
Ella
se
defendió,
pero
él
le
dio
la
espalda
y
se
fue.
Un
día
después,
terminó
la
concentración
y
Carolina
regresó
a
su
casa.
A
pesar
de
que
no
había
podido
recolectar
pruebas
en
ese
momento,
decidió
llamar
a
su
jefe
directo,
el
director
deportivo
de
la
Federación,
y
contárselo
todo.
Y
él
me
dijo:
«Cómo
así
Carolina.
Pero
esto
no
puede
estar
pasando
dentro
de
la
selección,
eso
está
mal,
a
ese
señor
qué
le
pasa.
Déjame
yo
voy
a
mirar
como
hago
y
miramos
para
que
no
la
moleste
más».
Parecía
genuinamente
sorprendido.
Después
de
unos
días,
la
llamó
y
le
pidió
que
fuera
a
su
oficina
para
conversar
un
poco
más.
Pensaba
que
le
brindaría
una
solución
pero
para
su
sorpresa
cuando
llegó,
además
de
su
jefe,
también
estaban
el
psicólogo
y
el
fisioterapeuta
de
la
Federación.
Ella
volvió
a
contar
todo
lo
que
le
había
pasado,
y
claro
la
escucharon.
Pero
había
algo
en
sus
miradas…
Y
ellos
en
ese
momento,
todos
se
miraron
con
una
complicidad,
que
yo
dije,
estoy
metida
en
la
boca
del
lobo,
porque
estos
señores
saben.
Ahí
Carolina
se
dio
cuenta
que
los
de
la
Federación
eran
cómplices
del
comportamiento
de
Luna.
Como
creyó
que
ellos
definitivamente
no
iban
a
hacer
nada,
pensó
que
si
no
era
ella
la
que
actuaba,
todo
seguiría
igual.
Así
que
decidió
retomar
su
plan
inicial
e
ir
a
recolectar
pruebas.
Uno
de
los
primeros
días
de
la
concentración
de
febrero,
una
de
las
jugadoras,
a
la
que
llamaré
Liliana,
se
lesionó.
Carolina
la
separó
del
grupo
para
revisarla
y
cuando
se
quedaron
solas…
Y
entonces
ella
me
dice
muy
curiosa:
«Fisio,
yo
quiero
preguntarle
algo,
pero
si
usted
me
cuenta,
yo
le
cuento
algo».
A
Carolina
le
sorprendió
lo
que
Liliana
le
dijo.
Entonces
le
contestó
que
bueno.
Me
dijo:
«¿Cierto
que
Didier
la
acosaba?”
Y
yo
le
dije
sí,
me
acosó
y
por
eso
la
situación
está
así.
Es
decir,
el
ambiente
laboral
tenso,
los
gritos
de
Luna,
los
malos
tratos
de
sus
compañeros.
Entonces
Carolina
le
preguntó
qué
era
lo
que
ella
le
quería
contar.
Y
ahí
fue
cuando
yo
prendí
el
teléfono.
Yo
dije
tengo
que
grabar
porque
esta
niña
algo
me
va
a
decir.
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Daniel
Alarcón.
Antes
de
la
pausa,
la
fisioterapeuta
Carolina
Rozo
estaba
conversando
con
Liliana,
una
de
las
jugadoras,
sobre
el
acoso
de
Didier
Luna.
Y
Liliana
también
tenía
algo
que
contarle.
Así
que
Carolina
sacó
su
celular
y
comenzó
a
grabar.
Pero
sin
su
permiso.
Porque
si
yo
les
decía…
Ellas
le
tenían
mucho
temor
al
tipo
y
ellas
no
iban
a
hablar.
Fue
una
reacción
desesperada
frente
a
una
situación
extrema.
Y
es
que
hay
que
recordar
que
para
que
Carolina
pudiera
poner
una
denuncia
necesitaba
pruebas,
cualquiera
que
fuera,
y
grabar
a
escondidas
era
la
única
forma
de
conseguirlas.
Entonces,
con
la
grabadora
de
su
celular
encendida
y
escondida
en
el
bolsillo
de
su
uniforme,
Carolina
le
preguntó.
«Bueno,
y
usted
qué
tiene
que
contarme».
Y
lo
que
Liliana
le
dijo,
le
demostraría
que
los
acosos
iban
más
allá
de
Luna,
y
más
allá
de
ella.
Lisette
nos
sigue
contando.
Liliana
comenzó
diciéndole
que
un
día,
durante
la
concentración
que
había
pasado
un
mes
antes,
en
enero,
ella
estaba
regresando
a
su
habitación
después
de
una
recuperación.
Solo
llevaba
puesta
una
toalla.
Esta
es
una
de
las
grabaciones
que
hizo
Carolina.
No
se
escucha
muy
bien
porque,
como
ya
dijimos,
tenía
el
celular
en
su
bolsillo.
Cuando
bueno
yo
llegué
a
mi
pieza
y
entonces
yo
estaba
sola
porque
[BEEP]
ya
se
había
ido.
Ese
beep
que
escucharon,
es
para
proteger
la
identidad
de
otra
jugadora,
la
compañera
de
habitación
de
Liliana.
Y
entró
a
mi
pieza.
Y
entonces
se
me
acerca
y
me
da
un
beso
en
la
boca.
Dice
que
alguien
entró
a
su
habitación,
se
le
acercó
y
la
besó
en
la
boca.
¿Didier?
¿Didier?
No.
Sigifredo.
No
se
escucha
muy
bien
pero
Carolina
le
pregunta
si
fue
Didier
y
Liliana
le
responde
que
no.
Que
fue
Sigifredo.
Sigifredo
Alonso,
el
preparador
físico
del
equipo.
Le
contó
a
Carolina
que
este
hombre
de
cuarenta
y
cuatro
años,
le
dijo
que
se
separaría
de
su
esposa
para
estar
con
ella
—que
en
ese
entonces
tenía
dieciséis.
Liliana
le
dijo
que
no
y
lo
echó
de
su
cuarto.
Entonces,
Carolina
aprovechó
para
preguntarle
sobre
Luna.
¿Pero
Didier
nunca
la
ha
acosado
a
usted?
La
verdad.
Pues
en
ocasiones
como
que
me
da
un
beso
en
la
boca.
¿La
trata
de
besar?
Ajá.
Carolina
le
pregunta
a
Liliana
que
si
Luna
la
ha
acosado.
Y
Liliana
le
dice
que
a
veces
ha
tratado
de
darle
un
beso
en
la
boca.
Liliana
también
le
contó
que
a
veces
le
agarraba
las
nalgas
pero
que
se
moría
de
miedo
de
decir
algo.
Después
de
todo,
ellos
eran
muy
poderosos
en
el
mundo
del
fútbol
y
tenía
miedo
de
que
acabaran
con
su
carrera.
Carolina
le
dijo
a
Liliana
que
lo
que
le
había
pasado
era
un
acoso
sexual
y
que
era
inaceptable.
Ella
se
quedó
callada.
Terminaron
la
recuperación,
se
despidieron
y
Carolina
dejó
de
grabar.
No
podía
creer
lo
que
había
escuchado.
No
era
solo
Luna
el
que
acosaba
a
las
jugadoras,
sino
también
Sigifredo.
O
sea,
yo
sentí
como
cuando
sientes
una,
una
noticia
mala
que
te
baja
por
el
cuerpo
y
te
hormiguea
la
adrenalina
y
te…
mejor
dicho
te
hace
efecto
todo.
Yo
los
tenía
como
a
tres
metros
y
los
volteé
a
mirar
y
yo
decía
«en
qué
estoy
metida,
en
qué
estoy
metida».
Porque
lo
que
estaba
pasando
en
esa
selección
era
mucho
más
grande
de
lo
que
ella
se
imaginaba.
Así
que
decidió
que
hablaría
con
las
demás
jugadoras
porque
seguro
tenían
más
cosas
que
contarle.
Como
ya
tenían
una
relación
de
mucha
confianza
no
sería
difícil.
Después
de
unos
días,
todo
el
equipo
viajó
a
Argentina
para
participar
en
el
torneo
sudamericano.
Una
vez
ahí,
cada
vez
que
podía,
Carolina
les
hacía
preguntas
a
las
jugadoras
y,
a
veces,
las
grababa.
Escuchó
todo
tipo
de
acoso:
le
dijeron,
por
ejemplo,
que
Luna
hacía
que
se
quitaran
la
pantaloneta
y
se
quedaran
solo
en
ropa
interior
para
bañarse
en
la
piscina.
Todo
esto
mientras
él
las
miraba.
Además,
muchas
le
dijeron
que
Luna
varias
veces
las
había
intentado
besar
y
que
les
daba
nalgadas.
A
las
jugadoras,
como
le
había
pasado
a
Carolina
al
principio,
les
daba
miedo
denunciarlo.
Pero
no
es
la
misma
situación.
Carolina
era
adulta
y
profesional.
Ella
podría
ejercer
como
fisioterapeuta
en
cualquier
parte,
pero
para
estas
adolescentes,
todas
menores
de
edad,
no
hay
otra
selección
Colombia.
Y
es
que,
según
le
contaron
a
Carolina,
ya
había
habido
represalias
contra
una
de
las
jugadoras
que
se
había
quejado
de
Luna.
La
sacaron
de
la
selección
3
días
antes
de
viajar
a
Argentina
a
jugar
el
sudamericano.
Ese
era
el
tipo
de…
de
actuaciones
que
tenía
este
señor.
La
que
hablaba
la
sacaba
y
pues
el
gran
sueño
de
ellas
era
estar
jugando
fútbol,
jugando
en
una
selección
Colombia.
Ni
siquiera
querían
hablarlo
con
la
psicóloga
del
equipo
técnico.
Ya
les
había
pasado
antes
que
si
le
comentaban
algo,
ella
se
lo
contaba
a
Luna
y
él
se
vengaba
maltratandolas.
Carolina
decidió
grabar
también
a
la
psicóloga
para
demostrar
que
estaba
aliada
con
Luna
y
que
no
le
interesaba
apoyar
a
las
jugadoras.
El
audio
es
casi
ininteligible
pero
en
la
conversación
queda
claro
que
la
psicóloga
sabe
todos
los
detalles
de
estos
acosos…
Aquí
por
ejemplo,
la
psicóloga
le
dice
que
ha
visto
cómo
Luna
les
coge
la
cara
a
algunas
jugadoras
y
hace
como
que
las
va
a
besar
y
les
pregunta
si
les
da
miedo.
Que
ha
visto
que
algunas
solo
se
ríen
pero
que
otras
se
quedan
mirando
a
todos
lados
sin
saber
qué
hacer.
Entonces
el
man
al
final
no
les
da
nada
y
se
separa
y
dice:
“Ah
vea
ya
no
le
da
miedo”.
Entonces
las
niñas
se
ríen.
Unas
se
ríen
y
las
otras
como
que
miran
a
todos
lados.
Y
yo:
“Ay
no,
no
qué
hago”.
Al
final
dice:
“Y
yo:
Ay
no,
no,
qué
hago”.
Se
refiere
a
que
ella
no
sabe
cómo
lidiar
con
la
situación.
Este
audio
era
la
prueba
que
Carolina
necesitaba
para
demostrar
que
varias
personas
en
el
equipo
sabían
lo
que
estaba
pasando,
que
sabían
que
estaba
mal
y
que
aún
así
nadie
hacía
nada.
Carolina
llevaba
casi
dos
meses
en
ese
proceso
de
conseguir
pruebas
pero
tratando
de
no
levantar
sospechas.
Entre
más
se
enteraba
de
detalles
más
rabia
le
daba.
Le
frustraba
no
poder
hacer
algo
de
manera
inmediata
pero
tenía
que
tener
paciencia.
Carolina
solo
lloraba,
llamaba
a
su
esposo
y
se
desahogaba.
Lo
que
más
la
mortificaba
era
pensar
en
las
jugadoras.
A
me
daba
mucha
tristeza,
porque
ese…
en
ese
momento
eran
muy
inocentes.
Sus
papás
confiaban.
Él
se
ganaba
la
confianza
de
los
papás
y
los
papás
creían
que
ellas
estaban
bien.
El
ambiente
laboral
cada
vez
era
peor.
Si
bien
ya
Luna
no
la
seguía
acosando
sexualmente,
era
claro
que
se
estaba
vengando
de
ella
por
no
acceder
a
lo
que
él
le
pedía.
Los
insultos,
los
horarios
extendidos,
obligarla
a
trabajar
por
las
noches…
todo
esto
era
un
claro
indicio.
Presentó
una
última
queja
a
la
Federación.
Habló
con
un
delegado
que
las
acompañó
a
Argentina.
Le
contó
todo
lo
que
estaba
pasando
y
de
nuevo,
como
ya
lo
habían
hecho
otros,
actuó
sorprendido
y
le
ofreció
su
ayuda.
Pero
le
dijo…
“Qué
podemos
hacer,
no
es
el
momento,
estamos
en
competencia,
no
podemos
generar
este
escándalo
acá.
Esperemos
que
lleguemos
a
Colombia”.
Y
aunque
no
era
una
solución
inmediata,
eso
la
tranquilizó
un
poco.
Le
dio
la
impresión
de
que
él
iba
a
hacer
algo
a
su
regreso.
Además,
había
conversado
con
la
psicóloga
y
la
médica
y
le
dijeron
que
ellas
también
querían
presentar
una
queja.
Así
que
cuando
regresó
a
Colombia,
pensaba
que
lo
único
que
tenía
que
hacer
era
esperar
a
que
la
llamaran
de
la
Federación
para
dar
su
testimonio.
Yo
llegué
y
nadie
se
comunica
conmigo.
Mi
jefe
tampoco
me
volvió
a
hablar.
O
sea,
es
como
si
hubieran
dejado
en
el
olvido,
como
si
nada
hubiese
pasado.
Como
si
nunca
hubiera
denunciado
a
Luna
con
su
jefe,
con
el
delegado,
con
sus
compañeras
de
trabajo.
Y
es
que
nunca
la
volvieron
a
llamar.
Perdió
su
trabajo
sin
que
nadie
le
avisara.
Recordemos
que
ni
siquiera
le
habían
hecho
firmar
un
contrato.
En
abril
del
2018,
un
par
de
semanas
después
de
regresar
de
Argentina,
Carolina
decidió
denunciar
a
Luna
ante
las
autoridades.
Entregó
todas
las
grabaciones
y
las
pruebas
que
tenía
y
les
contó
lo
que
había
pasado.
Ahí
le
pidieron
los
datos
de
las
jugadoras
y
Carolina,
después
de
confirmar
con
ellas,
se
los
dio.
Una
de
ellas
fue
Liliana,
quien,
después
de
dar
su
testimonio,
decidió
presentar
una
denuncia
penal
contra
Sigifredo
Alonso,
en
la
que
también
habló
de
lo
que
le
hacía
Didier
Luna.
Dos
meses
después
Carolina
recibió
una
llamada
del
médico
de
la
Federación,
su
ex
jefe.
Me
dice:
«¡Quiubo,
Carolina!
Es
que
imagínese
que
llegó
una
denuncia
a
la
Federación.
¿Fue
usted?”.
Era
la
denuncia
de
Liliana
que
había
llegado
de
forma
anónima.
El
ex
jefe
la
presionó
para
que
le
contara
quién
había
sido.
Y
le
dijo
que
quería
saber
si
había
sido
ella
porque
lo
estaba
haciendo
quedar
mal
por
haberla
recomendado.
Yo
quedé
fría
y
yo
dije
me
pillaron.
Le
dijo
que
ella
no
había
sido.
Y
me
dijo;
«¿Seguro?
Porque
usted
sabe
que
la
Federación
tiene
gente
poderosa
y
ya
en
dos
días
vamos
a
saber
si
fue
usted
y
si
fue
usted
pues
imagínense
en
el
problema
que
se
metió».
Claramente
era
una
amenaza.
Querían
que
todo
el
asunto
desapareciera,
y
pronto,
porque
se
estaba
acercando
el
Mundial
femenino
sub-diecisiete
y
el
equipo
colombiano
iba
a
jugar.
Sin
embargo,
la
Federación
no
podía
ignorar
el
caso
de
Liliana.
Se
trataba
de
una
menor
de
edad
y
el
contacto
físico,
o
sea,
el
beso,
ya
era
un
agravante.
Y
aunque
trataron
de
presionar
a
Liliana
para
que
cambiara
su
versión
de
los
hechos,
ella
no
lo
hizo.
Un
mes
más
tarde,
sacaron
a
Sigifredo
Alonso
de
su
trabajo
en
la
selección.
Pero
la
denuncia
que
presentó
después
Liliana
contra
Luna
se
archivó.
Nunca
se
supo
bien
por
qué.
A
pesar
de
que
la
denuncia
formal
era
de
Liliana,
ya
en
la
Federación
sabían
que
Carolina
había
tenido
que
ver.
Y
las
consecuencias
no
tardaron
en
llegar.
Me
vetaron
por
el
lado
del
deporte,
del
fútbol
y
la
que
la
que
habla
se
va.
Es
así
de
simple
la
vetan
y
se
va.
La
Federación
es
tan
poderosa
que
podía
hacer
que
no
la
volvieran
a
llamar
de
ningún
equipo
para
trabajar
como
fisioterapeuta.
Y
eso
justamente
fue
lo
que
pasó.
Carolina
estaba
devastada
pero
además
tenía
mucho
miedo.
Pues
me
entró
un
shock
de
ansiedad.
Yo
no
salía
a
la
calle.
Sino
de
mi
casa
a
la
iglesia
y
de
la
iglesia
a
mi
casa.
Andaba
paranoica,
mirando
para
todos
lados
las
pocas
veces
que
salía.
Pensaba
todo
el
tiempo
que
la
estaban
siguiendo.
No
se
sentía
segura,
ni
respaldada.
Mientras
tanto,
yo
caí
en
una
depresión
terrible.
Yo
sólo
lloraba
no…
Tomé
una
cantidad
de
pastillas.
Yo
no
quería
seguir
viviendo.
Toque
el
fondo,
el
fondo,
el
fondo,
el
fondo.
Carolina
dice
que
buscó
refugio
en
su
iglesia
y
en
su
familia
y
que
ellos
le
ayudaron
a
salir
poco
a
poco
de
esa
depresión.
Además,
comenzó
a
ir
a
terapia
psiquiátrica.
Y
eso
también
le
sirvió.
Lentamente
sentía
que
estaba
recobrando
el
control
sobre
su
vida,
pero
no
soportaba
la
idea
de
que
Luna
no
pagara
por
lo
que
hizo.
Así
que
en
septiembre
de
2018,
casi
un
año
después
de
haberlo
conocido
en
ese
hotel,
decidió
denunciar
penalmente
a
Luna
por
acoso
sexual.
La
Fiscalía
empezó
a
investigar.
Pero
incluso
con
ese
proceso
abierto,
Luna
siguió
su
normalidad:
viajó
en
noviembre
al
mundial
sub-17
femenino
en
Uruguay,
recibió
una
condecoración
de
la
Federación
y
participaba
en
charlas
sobre
el
fútbol
femenino.
Me
daba
mucha
rabia.
Mucha
rabia,
porque
en
vez
de
la
Federación
actuar
honestamente,
pues
no
lo
estaba
haciendo.
Pasaban
los
meses
y
nada
cambiaba.
Entonces
febrero,
25
de
febrero
decido
hacer
la
denuncia
pública
en
un
medio
de
comunicación.
Hoy,
por
primera
vez,
hablan
los
denunciantes
que
fueron
hasta
la
Fiscalía
a
contar
qué
fue
lo
que
les
pasó.
En
este
caso
permítanme
saludar
a
Carolina
Rozo.
Carolina
bienvenida
a
la
W.
Gracias
Vicky,
muy
buenas
tardes
para
todos
y
para
todo
el
equipo
de
la
W
por
permitir
estar
acá.
Y
pronto
otros
medios
replicaron
la
noticia,
incluso
a
nivel
internacional.
Con
el
caso
que
ha
estallado
en
los
últimos
días
en
el
fútbol
femenino.
Tras
las
denuncias
de
los
últimos
días
sobre
supuesto
acoso
sexual
en
la
selección
sub-diecisiete.
La
fisioterapeuta
Carolina
Rozo
entregó
declaraciones
a
la
W
radio.
Reveló
que
aportó
lo
que
serían
nuevas
pruebas
que
demostrarían
el
acoso
sexual.
El
primero
en
responder
a
las
acusaciones
de
Carolina
fue
uno
de
los
dirigentes
de
la
Federación
Colombiana
de
Fútbol,
Álvaro
González
Alzate.
En
una
entrevista
en
prensa
dijo
que
no
creía
que
las
denuncias
fueran
ciertas
porque
no
había
ningún
documento
probatorio
y
negó
que
la
Federación
hubiera
recibido
una
denuncia
formal,
es
decir
escrita.
Dijo
que
lo
que
Carolina
estaba
haciendo
era,
y
aquí
cito:
“Solo
un
afán
desmedido
de
figuración
y
protagonismo
inmerecido”.
Unos
días
más
tarde,
Luna
sacó
un
comunicado
rechazando
lo
que
Carolina
había
dicho.
Decía
que
él
llevaba
más
de
40
años
en
el
fútbol
y
que
eran
solo
calumnias
hacia
su
vida
personal,
familiar
y
profesional.
Que
sus
acusaciones
eran,
y
aquí
vuelvo
a
citar,
“mediáticas
y
sensacionalistas”
que
solo
buscaban
manchar
su
imagen
y
que
sus
abogados
ya
estaban
tomando
acciones
en
su
contra.
Decía
que
seguramente
Carolina
confundió
sus
intenciones,
que
él
es
exigente
y
expresivo.
Nada
más.
Recalcó
su
inocencia
y
dijo
que
inclusive
unas
jugadoras
habían
hecho
una
campaña
para
apoyarlo.
La
llamaron
“por
tu
buen
nombre
Didier
Luna”.
En
redes
sociales
unas
20
jugadoras
publicaron
videos
defendiéndolo,
casi
como
leyendo
un
mismo
mensaje.
Eran
algo
como
estos.
Estuve
bajo
la
dirección
técnica
del
profesor
Didier
Luna
por
varias
selecciones
Bogotá.
Eh…
Nunca
me
sentí
acusada
ni
abusada
por
él.
Por
el
contrario,
lo
admiro
y
respeto
por
su
entrega
y
dedicación
al
fútbol
femenino.
Eh…
Estoy
contigo
profesor
Luna.
Aquí
es
importante
aclarar
algo,
así
sea
obvio.
Que
Luna
no
las
haya
acosado
a
ellas
no
quiere
decir
que
a
las
demás
no
les
haya
pasado.
Se
ha
comprobado
que
quienes
perpetúan
el
acoso
identifican
muy
bien
quiénes
serán
sus
víctimas.
Generalmente
son
las
más
vulnerables,
las
más
tímidas
o
las
que
acaban
de
empezar
en
un
trabajo.
Al
mismo
tiempo
que
Carolina,
trece
jugadoras
de
la
selección
femenina
de
fútbol
denunciaron
la
inequidad
y
el
trato
discriminatorio
al
que
fueron
sometidas.
Entre
algunos
de
sus
reclamos
estaban
la
falta
de
pago.
Necesitamos
recibir
un
mejor
apoyo
económico.
Falta
de
protección
en
salud,
el
mal
estado
de
los
uniformes,
trato
diferenciado
con
los
jugadores
hombres…
Falta
de
viáticos
nacionales
cuando
a
los
futbolistas
masculinos
les
dan.
Y
que
la
Federación
había
sacado
a
algunas
jugadoras
que
se
habían
atrevido
a
quejarse.
No
es
fácil
dejar
el
miedo
a
un
lado
y
hablar
de
los
temas
que
nosotros
estamos
aquí
hoy
poniéndole
la
cara
a
ustedes
y
al
país.
Lo
de
estas
jugadoras
más
lo
de
Carolina
hizo
que
el
gobierno
colombiano
interviniera.
En
marzo
de
2019
convocaron
a
una
reunión
con
los
dirigentes
de
la
Federación
Colombiana
de
Fútbol
para
buscar
mecanismos
de
protección
para
las
deportistas.
Esta
es
la
vicepresidenta
de
Colombia,
Marta
Lucía
Ramírez.
Dice
que
había
tenido
la
oportunidad
de
escuchar…
A
Carolina
Rozo,
así
como
a
otras
niñas
que
han
tenido
quejas,
reclamos,
sugerencias,
sobre
cómo
tomar
correctivos
oportunos…
Ahí
firmaron
un
‘Pacto
por
la
transparencia
y
la
protección
de
los
niños
y
las
mujeres
en
el
deporte
colombiano.
Se
comprometieron
a
tener
cero
tolerancia
con
el
abuso,
la
explotación,
acoso,
discriminación
o
violencia
en
el
deporte.
Querían
evitar
que
ocurrieran
más
casos
de
abuso
y
acoso
por
parte
de
los
entrenadores
y
el
equipo
técnico
de
la
selección.
Eso
se
sintió
como
una
primera
victoria.
Por
esas
fechas
Carolina
recibió
una
llamada
y
le
dijeron
que
debía
presentarse
ante
la
Fiscalía.
No
sabía
bien
para
qué,
pero
cuando
llegó
vio
a
Luna
con
cinco
personas
más.
Era
la
primera
vez
que
lo
veía
desde
el
viaje
a
Argentina,
un
año
atrás.
Yo
llego
y
saludo
buenas
tardes,
independientemente
de
todo.
El
señor
no
saluda,
no
me
mira
la
cara.
Con
una
soberbia
impresionante.
Lo
vi
poderoso.
Confiado,
seguro
de
mismo
y
de
lo
que
pasaría
con
su
caso.
En
ese
momento
le
dijeron
a
Carolina
que
la
llamaron
porque
la
audiencia
de
imputación
de
cargos
se
había
adelantado
para
ese
mismo
día.
Como
en
ese
momento
Carolina
no
tenía
abogado,
no
entendía
bien
por
qué
no
le
avisaron
con
más
tiempo.
Pero
ella
cree
que
Luna
adelantó
el
proceso
para
evitar
a
los
medios.
Por
eso,
antes
de
entrar,
Carolina
llamó
a
los
periodistas
que
conocía
y
les
pidió
que
fueran.
La
audiencia
comenzó
casi
enseguida.
Con
finalidad
desarrollar
la
imputación
y
posición
de
medida
de
aseguramiento
y
respecto
del
ciudadano
Didier
Alfonso
Luna
González,
presunta
conducta
punible
de
acoso
sexual.
Carolina
nunca
se
había
enfrentado
a
una
situación
así.
El
señor
llena
la
sala
de
audiencia
con
gente
de
él.
Tuve
que
soportar
que
me
miraran,
que
se
burlaran.
Y
yo
lo,
lo
único
que
hice
fue…
Abrir
un
cuaderno
y
ponerme
a
escribir.
Porque
ese
señor
se
sentía
victorioso.
Él,
él
pensó
que
iba
a
salir
adelante.
Ella
dice
que
fue
muy
difícil
ver
a
Luna
después
de
tanto
tiempo
pero
que
valió
la
pena.
Entonces
tuve
que
aguantarme
muchas
cosas
y
tragarme
muchas
cosas
para
finalmente
verlo
sentado
ante
la
Justicia.
Yo
creo
que
esa
es
una
de
las
mayores
satisfacciones
que
uno
puede
tener
como
víctima:
ver
sentado
al
tipo
enfrentando
a
un
juez,
a
un
fiscal.
La
audiencia
duró
cinco
horas.
Ahí
la
Fiscalía
presentó
cargos
en
contra
de
Luna
por
acoso
sexual
agravado.
Él
se
declaró
inocente.
Pero
las
pruebas
que
había
presentado
Carolina
fueron
lo
suficientemente
contundentes
como
para
que
el
juicio
de
Luna
continuara.
Había
mostrado
capturas
de
pantalla
de
sus
conversaciones
en
WhatsApp
y
entregó
las
grabaciones
que
había
hecho,
como
las
que
escuchamos
antes.
A
Luna
le
pusieron
algo
que
se
conoce
como
medidas
restrictivas
no
privativas
de
la
libertad.
Eso
significa
que
no
podía
salir
del
país,
debía
presentarse
a
todas
las
citas
de
la
justicia,
tener
buena
conducta,
y
no
podía
comunicarse
con
las
víctimas.
El
proceso
contra
Luna
continuaría
en
los
meses
siguientes.
A
pesar
de
los
cargos,
Luna
continuó
negando
que
lo
que
decía
Carolina
fuera
cierto.
Este
es
él
en
una
entrevista
con
la
revista
Semana,
en
mayo
de
2019.
Soy
inocente.
Me
he
visto
perjudicado,
porque
mi
carrera
deportiva
es
con
el
fútbol
femenino
y
a
raíz
de
esos
problemas,
eh,
nadie
quiere
darme
trabajo.
Y
es
que,
según
Luna,
su
contrato
con
la
federación
terminó
a
finales
de
diciembre
de
2018,
tres
meses
antes
de
la
imputación
de
cargos,
y
no
fue
renovado.
Durante
la
entrevista,
se
defendió
con
los
argumentos
de
siempre:
que
estaba
casado
y
que
tenía
tres
hijas.
Que
siempre
había
tratado
con
respeto
a
las
mujeres.
Soy
una
persona
que
siempre
halago
la
belleza
de
la
mujer
y
como
tal
son
situaciones
que
a
ellas
de
pronto
las
confundió.
Que
Carolina
podía
argumentar
lo
que
ella
quisiera
pero
que
él
no
actuaba
con
mala
intención.
Que
él
era
así,
cariñoso,
nada
más.
Pues
hay
momentos
efusivos
donde
hay
un
abrazo,
donde
hay
un
beso,
pero
es
una
manifestación
de
cariño.
Es
una
manifestación
de…
Motivación
a
que
la
gente
haga
las
cosas
lo
mejor
posible.
Pero
nunca
perdiéndole
el
respeto
a
una
persona
y
más
a
una
mujer.
Contacté
a
Luna
para
que
me
diera
su
versión
pero
se
negó.
Me
dijo
que
sus
abogados
le
tenían
prohibido
hablar
más
con
los
medios.
Pero
me
dejó
claro
que
él
es
inocente,
que
supuestamente
no
había
pruebas
en
su
contra
y
que
no
quería
seguir
hablando,
y
aquí
cito,
de
“estas
calumnias”.
Además
me
dijo…
Y
lo
de
la
información
periodística
no
me
interesa
porque
ustedes
no
son
congruentes
y
no
son
precisos
con
la
información.
Por
eso
no
le
hablo
a
los
medios
de
información.
La
Federación
de
Fútbol
colombiana
tampoco
contestó
mi
solicitud
de
entrevista.
Pero
según
cuenta
Carolina,
nunca
se
contactaron
con
ella
para
ayudarla.
Al
contrario,
mostraron
su
respaldo
a
Luna
certificándolo
para
entrenar
niños
y
niñas,
en
medio
de
un
proceso
penal
por
acoso
sexual.
La
primera
audiencia
con
testigos
estaba
programada
para
noviembre
de
2019
pero
ni
Luna
ni
su
abogado
se
presentaron.
Esto
hizo
que
el
proceso
se
aplazara
hasta
febrero
de
2020.
Casi
un
año
después
de
que
Carolina
salió
por
primera
vez
en
los
medios
denunciándolo
públicamente.
Y
es
cuando
ya
yo
recibo
la
llamada
de
mi
abogado
de
que
hay
un
acercamiento
para
hacer
un
preacuerdo
que
si
yo
estaba
de
acuerdo.
El
abogado
de
Luna
quería
llegar
a
un
nuevo
acuerdo:
si
Luna
se
declaraba
culpable
por
acoso
sexual
el
delito
se
le
cambiaría
a
uno
con
una
pena
más
baja.
Ahora
sería
injuria
por
vía
de
hecho,
que
es
una
manera
de
decir
que
las
acciones
de
Luna
ofendieron
el
honor
de
Carolina.
Esas
acciones
pueden
ir
desde
bofetadas
hasta
tocamientos
indeseados
como
los
que
puede
hacerle
un
pasajero
a
otro
en
un
transporte
público,
por
ejemplo.
Este
cambio
reduce
la
pena:
en
lugar
de
ir
hasta
cuatro
años
y
medio
a
prisión
por
acoso
sexual
agravado,
lo
máximo
a
lo
que
podría
enfrentarse
sería
a
tres
años
en
prisión.
Pero
lo
que
más
le
interesaba
a
Luna
era
que,
al
degradar
la
pena,
él
podía
acceder
a
beneficios
como
no
tener
que
ir
a
la
cárcel
a
cambio
de
que
cumpliera
con
algunas
condiciones.
Y
yo
viendo
la
situación
realmente
de
cómo
se
venía
anda…
andando
el
caso
y
el
tipo
ya
empezaba
a
dilatar
la
situación,
se
decide
hacer
el
acuerdo
porque
si
no
se
iba
a
salir,
él
se
iba
a
escapar,
él
iba
a
salir
invicto
de
la
denuncia,
donde
yo
no
hubiera
hecho
ese
preacuerdo.
Había
pasado
un
año
y
el
proceso
no
había
avanzado
mucho.
Le
daba
miedo
que
los
testigos
se
cansaran
o
se
retractaran.
Entonces
aceptó
porque
más
allá
de
la
cárcel,
lo
que
le
importaba
era
que
se
supiera
lo
que
le
hizo.
Por
eso,
lo
que
pidió
como
parte
del
preacuerdo,
es
que
Luna
le
diera
unas
disculpas
públicas.
El
12
de
febrero
de
2020,
se
presentaron
en
el
juzgado
para
formalizar
el
preacuerdo.
En
el
caso
presente
la
audiencia
no
será
de
juicio,
sino
que
se
cambiará
su
naturaleza
a
verificación
del
preacuerdo
de
pena
y
lectura
de
fallo
señora
fiscal…
Cuando
el
juez
le
preguntó
a
Luna
si
había
entendido
el
preacuerdo
dijo
que
sí.
Pero
cuando
le
pidió
declararse
culpable,
Luna
evadió
la
pregunta.
Eh,
su
señoría
yo
soy
una
persona
que
llevo
40
años
en
el
fútbol,
30
dedicados
al
fútbol
femenino.
Yo
soy
una
persona
que
siento
el
fútbol,
soy
muy
disciplinado.
En
un
momento
dado
el
juez
se
desespera
y
lo
interrumpe:
Pero
a
ver
la
pregunta,
a
francamente
no
me
interesa
cuánto
lleva
en
el
fútbol.
Me
interesa
es
saber
si
usted
se
considera
o
no
responsable
de
esto.
(FADE)
El
tema
del
fútbol
en
este
caso…
El
juez
tuvo
que
preguntarle
varias
veces
más
y
Luna
le
respondía
que
era
inocente,
que
había
cometido
errores,
que
quería
cambiar…
Hasta
que,
finalmente…
¿Usted
se
considera
responsable
de
este
delito
por
el
cual
fue
el
imputado
y
acusado
por
la
fiscalía.
Vale
decir,
acoso
sexual
agravado?
su
señoría.
Me
dio
como
una
crisis
nerviosa
y
mi
cuerpo
temblaba
y
yo
lloraba
y
lloraba
ahí…
Después
el
juez
le
preguntó
a
Carolina
si
quería
decir
unas
palabras…
Ella
aceptó.
Se
llenó
de
valor,
se
paró
frente
a
todos
y
dijo:
Y
por
eso
estoy
aquí.
Y
lo
miro
a
la
cara
para
decirle
señor
Luna
que
quiero
que
me
pida
una
disculpa
pública.
Y
a
todas
las
víctimas
que
aún
siguen
en
silencio.
Cuando
yo
le
dije
míreme
a
la
cara
porque
yo
le
tengo
que
decir
esto.
Ese
señor
subió
los
ojos
y
vi
unos
ojos
rojos
como
de
un
demonio.
Y
volvió
y
agachó
la
mirada
mientras
yo
le
decía
esas
palabras.
Después
de
esto
el
juez
dio
paso
a
la
disculpa
pública
de
Luna.
Eh…
Su
señoría
y,
y
señora
Carolina.
De
manera
sentida
ofrezco
disculpas.
De
manera
pública.
Si
en
algún
momento
sintió
que
algunas
de
mis
acciones
transgredieron
su
moral,
categóricamente
manifiesto
jamás
fue
mi
intención
(fade)
como
he
sostenido
mi
proceder
siempre
he
estado…
Obviamente
fueron
disculpas
que
traía
escritas
en
un
papel
ahí
todo
arrugado
que
yo
creo
que
se
las
escribió
el
abogado,
porque
él
no
lo
dijo
de
corazón.
Él
siempre
ha
sido
claro:
Yo
quiero
salir
rápido
de
esto
para
poder
seguir
en
la
Selección
Colombia
y
seguir
manejando
mujeres.
Luna
fue
condenado
a
dos
años
y
cuatro
meses
en
prisión
y
le
prohibieron
ejercer
cualquier
tipo
de
función
pública
durante
ese
tiempo.
Además,
debía
pagar
una
multa
de
veinte
salarios
mínimos
vigentes
—es
decir
un
poco
más
de
4
mil
dólares—
al
Estado.
Pero
como
su
pena
fue
inferior
a
cuatro
años
y
era
su
primer
delito,
Luna
no
tendría
que
ir
a
la
cárcel.
Siempre
y
cuando
cumpliera
con
algunas
condiciones
como
buena
conducta
e
indemnizar
a
la
víctima
—si
así
ella
lo
quisiera.
Pero
Carolina
no
quería
dinero.
Para
ella
nunca
se
trató
de
eso.
Es
importante
mencionar
que
a
pesar
de
que
no
fue
condenado
por
acoso
sexual,
el
juez
determinó
durante
la
audiencia
que
había
suficientes
evidencias
de
que
Luna
era
responsable
de
ese
delito.
Que
era
evidente
que
valiéndose
de
su
posición
de
autoridad,
acosó
sexual
y
laboralmente
a
Carolina.
Su
caso
marcó
un
precedente:
era
la
primera
vez
que
se
enjuiciaba
a
un
directivo
con
tanto
poder
en
el
fútbol
colombiano.
A
pesar
de
la
condena
y
de
haber
aceptado
el
delito,
Luna
insiste
en
que
es
inocente.
Aunque
esas
declaraciones
molestan
a
Carolina,
ella
ha
preferido
ignorarlas.
Porque
sin
importar
lo
que
diga
Luna,
ya
hay
una
resolución
legal.
Yo
lo
veo
como
una
victoria,
¿sabes?
Porque
en
medio
de
todo
esto
abre
una
brecha
muy
importante
para
el
tema
del
acoso
sexual
y
que
se
den
cuenta
que
sí,
que
si
siguen
acosando
y
que
si
siguen
tocando
la
cola
y
que
si
siguen
morboseando
a
las
mujeres,
pues
hay
un
castigo.
Y
es
que
Carolina
consiguió
mucho
más
que
unas
disculpas
públicas
de
Luna.
Hizo
visible
un
fenómeno
que
a
veces
es
minimizado:
el
acoso
sexual
y
laboral.
Abrió
las
puertas
para
que
muchas
más
personas
como
ella
denuncien
y
digan,
“a
también
me
pasó”.
Didier
Luna
apeló
la
decisión
del
juzgado
pero
no
para
declararse
inocente,
sino
para
que
le
bajaran
la
indemnización
que
debía
pagar.
Todavía
no
se
resuelve
la
sentencia
final
después
de
esta
apelación.
Cuando
Carolina
denunció
estos
hechos,
muchas
mujeres
se
acercaron
a
ella
para
contarle
que
Luna
y
otros
dirigentes
del
fútbol
colombiano
también
las
habían
acosado.
Además,
se
destapó
una
serie
de
casos
de
abuso
en
el
fútbol,
como
de
árbitros
profesionales
que
denunciaron
que
sus
entrenadores
los
habían
abusado
sexualmente.
Lisette
Arévalo
es
productora
de
Radio
Ambulante,
vive
en
Quito.
Este
episodio
fue
editado
por
Camila
Segura
y
por
mí.
El
diseño
de
sonido
y
la
música
son
de
Andrés
Azpiri.
Desirée
Yépez
hizo
el
fact-checking.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Paola
Alean,
Nicolás
Alonso,
Jorge
Caraballo,
Aneris
Casassus,
Victoria
Estrada,
Xochitl
Fabián,
Fernanda
Guzmán,
Rémy
Lozano,
Miranda
Mazariegos,
Barbara
Sawhill,
David
Truijillo
y
Elsa
Liliana
Ulloa.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
es
un
podcast
de
Radio
Ambulante
Estudios,
y
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
Hindenburg
PRO.
Radio
Ambulante
cuenta
las
historias
de
América
Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
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► Antes de comenzar una advertencia. En este episodio hay escenas fuertes que no son aptas para niños. Se recomienda discreción. Bienvenidos a Radio Ambulante desde NPR, soy Daniel Alarcón. Carolina Rozo estaba en su tercer año de estudios de fisioterapia en una universidad en Bogotá. Cuando llegó el momento en que le iban a asignar su práctica, ella solo quería una cosa: Y yo decía que no, que no fútbol no, fútbol no, fútbol no… Lo que Carolina más quería era dedicarse a la fisioterapia en el área clínica. Pero tenía que aprender a trabajar en cualquier campo de su profesión. Incluyendo el deporte. A ella eso no le importaba mientras que no fuera fútbol. Nunca le había gustado. La aburría profundamente. Pero no era su decisión. Y justo pasó lo que no quería. Y cuando me dicen Carolina Rozo va para tal lugar… Es un equipo que se llama Independiente de Santa Fe. Uno de los equipos de fútbol más importantes de Colombia. Carolina se resignó. No podía hacer otra cosa. Así que se dedicó a estudiar. Cuánto medía una cancha, las habilidades de los arqueros, de cada posición del jugador. Y, para su sorpresa, entre más estudiaba, más le llamaba la atención. Empecé a entender cómo es el fútbol desde la táctica, desde la técnica, desde el juego. Y ahí es cuando empieza a gustarme, a ver el fútbol de otra manera y me empieza a gustar. Carolina ayudaba a los jugadores a recuperarse de lesiones y a prepararse para los campeonatos. Y como pasaban tanto tiempo juntos durante los entrenamientos, comenzó a llevarse muy bien con ellos y con el resto del equipo técnico. Le fue tan bien que el equipo le pidió que se quedara trabajando con ellos. Ella, encantada, dijo que sí. Se había enamorado del fútbol y no le importaba tener que trabajar y estudiar al mismo tiempo. Además que le pagaban bien y estaba aprendiendo mucho. Pero poco a poco trabajar y estudiar al tiempo se volvió muy pesado para ella. Así que al año de haber empezado, decidió dejar el trabajo para dedicarse solo a estudiar. Estaba a punto de terminar la carrera. Y fue muy triste, porque yo estaba muy bien, fue una empresa donde crecí, aprendí. Y es que para ella era importante terminar la universidad porque diez años atrás, cuando ella tenía veintidós, tuvo que dejar sus estudios de odontología porque se casó y quedó embarazada. Así que la fisioterapia se había convertido en una forma de retomar lo que había empezado una década antes y esta vez quería terminarlo. Cuando terminó las materias, a finales del 2017, con treinta y tres años, recibió una llamada de su antiguo jefe. Me dice: «Carolina hay una sub diecisiete de mujeres, por qué no la coge mientras sale el diploma y sale el grado y pues ahí vamos mirando”. No había pasado ni un mes desde su graduación y ya le estaban ofreciendo unirse como fisioterapeuta de una selección nacional. En la llamada le explicó que el trabajo no era pago, que no tendría ningún contrato y que sólo le cubrirían los viáticos en caso de que saliera del país con la selección. Era algo común en las selecciones femeninas de fútbol. Se justificaba con que era un deporte en desarrollo, y que sus jugadoras son aficionadas y no profesionales, como los hombres. Aunque esto no era ideal para Carolina, no se desmotivó. Era una gran oportunidad. Además su esposo tenía un trabajo estable y podía encargarse de los gastos de la casa. Y pues muy contenta por estar en una selección Colombia. Si es un logro para los jugadores, para el cuerpo técnico también. Y pues me fui con toda la alegría del mundo. Pero pronto Carolina se daría cuenta que la falta de pago y de contrato no eran los únicos problemas que había en la selección sub diecisiete de fútbol femenino. Nuestra productora Lisette Arévalo nos cuenta. Una semana después de haber aceptado la oferta laboral, Carolina se presentó en un hotel a las afueras de Bogotá para comenzar con su trabajo. Ahí el equipo iba a tener una concentración de diez días: un entrenamiento intenso donde las jugadoras y sus entrenadores se aíslan durante un tiempo y se dedican a prepararse para los partidos. Era tal el aislamiento que hasta les quitaban los celulares a las jugadoras y no podían comunicarse con nadie por varios días. Al llegar, Carolina se registró y saludó a algunas de las jugadoras —que tenían entre catorce y dieciséis años—. También conoció al utilero —el encargado de alistar los uniformes— quien se ofreció a mostrarle el hotel y acompañarla a su cuarto. Me iba diciendo mientras me mostraba el hotel, cómo es el temperamento del… del director técnico, que es un poco fuerte. El director técnico de la sub diecisiete femenina era Didier Luna, un hombre de sesenta años con un largo recorrido en el fútbol colombiano. Carolina sabía muy poco sobre él, así que lo que le dijo el utilero no le llamó mucho la atención. Se quedó en su cuarto y quedó en que bajaría a la hora de almuerzo para conocer al resto del equipo y al director. Cuando Carolina bajó al comedor conoció a Luna. Me saluda: “Mucho gusto, doctora. Qué bueno que esté aquí. Vamos a almorzar, vamos a presentarla”. Muy normal. A Carolina le pareció amable y se sintió bienvenida por él. Cuando terminaron de comer, le presentaron al resto del equipo técnico: una médica, al preparador físico y a la psicóloga. Después se reunieron para planificar cómo serían los siguientes días de trabajo. Y ya. Parecía ir bien. Pero todo cambió muy rápido. A la noche siguiente, a la hora de la cena, Luna se le acercó y frente a sus compañeros de trabajo le dijo: “Oiga doctora usted está muy linda». Pues yo lo tomé como, como normal. Yo dije, de pronto… de pronto sí, a un hombre le pareció bonita una mujer y ya. Nadie de los que estaban ahí dijo nada. Así que esa noche se fue a dormir sin darle muchas más vueltas al asunto. Pero al día siguiente, cuando todos los del equipo bajaron al desayuno… Ya no era sólo el saludo, sino era el apretón duro para que se juntaran mi pecho con el de él y me hablara al oído y me dijera: “Usted me gusta mucho”. Varias personas lo vieron, pero nuevamente nadie dijo nada. Carolina se quedó helada, sin saber qué hacer. Nunca había vivido una situación así. Solo se separó de Luna y se sentó a comer. Pero no quedó ahí. En los días siguientes, cuando iban a unas canchas cerca del hotel para el entrenamiento, Luna se sentaba al lado de ella en el bus y le decía cosas como: «Doctora usted amaneció hoy muy linda”. Comentaba sobre su apariencia y su cuerpo… “Cómo le luce ese uniforme, cómo le luce esa gorra». La invitaba a salir… Yo quiero invitarte a bailar. Vamos a… a bailar salsa”. Y así fue por varios días. Una incomodidad terrible, una tortura. Sobre todo en el bus, donde Luna siempre la acorralaba. Pero Carolina prefirió quedarse callada. Después de todo, era su nuevo jefe, había una relación de poder muy clara, ¿qué le podía decir? Porque yo dije bueno, llevo cinco días y ya este señor con esto de pronto estoy pensando mal y no quiero generar un conflicto. Tengo que esperar. Esperar y ver si las cosas cambiaban. Así que cada vez que le decía algo, intentaba hablar de otra cosa: sobre las jugadoras, las lesiones, y sus entrenamientos. Hasta que un día Luna intentó cogerle la pierna. Y ahí fue cuando yo dije: «No, stop, no». Y fue ahí cuando yo ya tomé la decisión de irme a la última silla con las jugadoras que iban atrás. Yo dije no me vuelvo a sentar ahí. Prefirió evadirlo a enfrentarlo. Carolina empezó a tomar precauciones por su seguridad. Por ejemplo, con la puerta de la habitación del hotel… Yo le pasaba la cadena de seguro, porque yo sentía temor. Le daba miedo que Luna se le fuera a meter a su cuarto sin permiso. Había muchos indicios para creer que era posible. Un día, cuando Carolina estaba en su habitación, alguien tocó a su puerta. Se acercó y vio por la mirilla que Luna estaba afuera con un pastel en sus manos. Carolina le abrió, pero no quitó la cadena. Y él me dijo: «Ábreme mi amor, ábreme que yo no te voy a hacer nada. Te traje un… un pedacito de pastel”. Y yo, con ese corazón que se me salía, yo dije este señor se me puede entrar en cualquier momento y me puede hacer algo. Pero también sabía que no podía negarse a recibir el pedazo de pastel sin una razón. Así que decidió quitar la cadena y abrió la puerta un poco. Lo suficiente para recibir el pastel rápidamente, agradecerle y cerrarla otra vez. Pero él me decía: «¿Por qué no me dejas entrar? Déjame entrar». Y yo le decía «No, no, no, no, no, no, no, no, no estoy… Me voy a duchar, voy a hacer otras cosas». Siguió insistiendo pero Carolina le dijo que no y que no. Hasta que finalmente Luna se fue. O sea quedé peor de asustada porque yo dije este señor es capaz, con esa conducta que tiene es capaz. Capaz de hacer cualquier cosa. Carolina no entendía el comportamiento de Luna y comenzó a sentirse culpable. O sea, entra uno en esa dualidad de emociones y de pensamientos, en decir ¿será que yo hice algo para que este señor se esté comportando conmigo así? Pero Carolina no tardó mucho en darse cuenta de que no era la única siendo acosada por Luna. Lo primero que notó fue que en los entrenamientos, él les gritaba a las jugadoras y les decía cosas como “inútiles”, o a veces incluso las llamaba “lesbianas”, como si eso fuera un insulto. Pero lo que más le llamó la atención fue ver que una mañana, durante el desayuno, las jugadoras entraban en fila a saludarlo. Y cuando se acercaban a él… Pues les cogía la cola. Algunas se les acercaba a la mesa y les hablaba al oído también. Les cogía su cara y las intentaba besar. También lo hacía durante la recuperación física. Después de los entrenamientos, las jugadoras tenían que meterse en una piscina helada. Y como no era muy grande, lo hacían por grupos. Pasaban en lycra y en top y el tipo ahí aprovechaba para poderlas coger y tocar. “Tiene la lycra mal puesta acá», y se la acomodaba, pero era con la morbosidad, era con la segunda intención. Las tocaba por todas partes. Y mientras hacía esto, Luna les decía: «No, es que yo soy como su papá». Como si eso fuera algo normal que los padres hacen con sus hijas. Las jugadoras se quedaban calladas y no hacían nada más que agachar la cabeza y meterse a la piscina. Algunas, según veía Carolina, habían normalizado esto porque trabajaban con Luna desde que eran pequeñas. Entonces pensaban que así era él y no era algo de lo que debían preocuparse. Hay que recordar que eran unas adolescentes de catorce, quince y dieciséis, y no siempre es fácil reconocer un acoso. Carolina veía esto y sentía mucha rabia. No sabía cómo ayudarlas. Lo comentó con la médica del equipo y ella le dijo que también había visto cómo se portaba Luna con las chicas y que no le gustaba para nada. Pero la conversación quedó ahí. Mientras tanto, Luna seguía buscando a Carolina. Le mandaba mensajes de WhatsApp diciéndole que estaba muy linda, que se cuidara, que cuándo iban a salir. Carolina por lo general no contestaba los mensajes y, cuando lo hacía, era de una forma cortante. Pero Luna seguía con los comentarios, los apretones. Carolina dice que en una ocasión intentó besarla. Ocurrió una noche después de la cena, cuando ella se acercó para despedirse de él. El señor me coge con las manos mi cara y se queda mirándome con una intención de besarme. Iban saliendo jugadoras y estaba el cuerpo técnico ahí y yo lo único que hice fue, eh, llevar mi cabeza hacia atrás y asustada yo dije: “No, no, no, no, ¿este tipo que le pasa? No, no, no, no, no”. Y, como siempre pasaba, nadie reaccionó. Ese fue un punto de quiebre para ella. Me subí a mi habitación muy nerviosa. Ese día yo me puse a llorar porque yo dije no pues ya esto, pues claramente es un acoso, qué hago. Habían sido ocho días muy difíciles para Carolina así que decidió contarle todo a la psicóloga del equipo. Le dijo que le incomodaba demasiado la actitud de Luna y que pensaba renunciar. Pero la psicóloga le contestó: “No, eso es normal. Es que el señor es cariñoso y ya, o sea, no le pongas cuidado. No te vayas a ir por eso”. Y yo le dije: “No, esa actitud de ese señor no me gusta”. A Carolina le pareció extraña esta respuesta, pero la dejó pensando en que tal vez ella estaba exagerando. Se sintió más confundida que antes. Entonces optó por no decirle nada más a nadie de su equipo. Terminó la concentración el 23 de diciembre, diez días después, empacó sus cosas y regresó a su casa para las fiestas. Pasaron los días y Carolina no podía dejar de pensar en lo que le había pasado en la concentración. Estaba molesta. Y mientras más vueltas le daba al asunto, más se convencía de que eso no era normal, como le había dicho la psicóloga. O sea, yo en ese momento no sabía que era un acoso sexual. Y me puse a indagar eh… Internet y artículos. Quería una definición y ver si su caso cabía ahí. Encontró que el acoso sexual es una conducta no deseada que causa que la víctima se sienta ofendida, humillada e intimidada. Que puede manifestarse de varias formas: comentarios sobre su aspecto, tocamientos indeseados, chantajes, gestos o miradas sexuales, besos forzados. Carolina pudo identificarse a ella misma y a las jugadoras en todo lo que estaba leyendo. Llena de indignación, se puso a buscar qué podía hacer. Y yo leí la ley de acá y pues decía que el… el acoso sexual tenía que ser repetitivo… Eh, que se necesitaban pruebas. Pero es muy difícil. Muy difícil de probar. Yo decía, como víctima, no me van a creer, no me van a poner cuidado, no me van a escuchar. Porque sabía que su palabra no era suficiente para comprobar lo que estaba pasando en el equipo. Entonces, ahí tomó una decisión: volvería a la concentración en enero. Con el fin de buscar pruebas y pues también con lo que las jugadoras ya me habían contado yo dije pues de aquí puedo sacar algo. Por eso me arriesgué a seguir. Pero no iba a ser fácil. Cuando llegó a la concentración, Luna empezó con el mismo acoso de siempre y más intenso que antes. Hasta llegó a decirle a Carolina que se cuidara, porque él le iba a robar un beso. Carolina tenía miedo y se sentía insegura. Al tercer día, cuando ella estaba subiendo a su cuarto… El señor me estaba esperando en el pasillo donde hay unas barandas libres y me arrincona contra esa baranda y me señala con el dedo al logo de la federación, me toca el seno. Carolina le apartó la mano pero se quedó quieta, arrinconada contra la baranda. Estaba muerta de miedo. Y me dice: «Esta es la mujer que yo quiero para mí. Yo sólo quiero que me regale un pedacito de su corazón. Eso no le cuesta nada. Yo quiero que me dé un hijo. Yo quiero que sea mi amante. Yo quiero que sea mi amiga especial”. Yo lo dejé que hablara y yo le dije; «No, usted está mal. Yo vengo es aquí a trabajar. Yo vengo es con un objetivo de crecer profesionalmente, de ayudar a estas jugadoras. Usted está mal». Pero Luna no se quedó tranquilo con esa respuesta. Este señor me dice: “Yo a usted la puedo llevar a cosas grandes en el fútbol. Si usted solamente… eso, no le cuesta nada. Si usted está conmigo, yo la puedo llevar a la cima”. Carolina no podía creer lo que le estaba proponiendo. Y más firme que antes le dijo: «No, mi respuesta es no y déjeme trabajar». Entonces el señor se pone tan bravo, bravísimo, que me grita y me dice: «No le ruego más, aténgase a las consecuencias. Asuma las cosas, maestra». Y salió y se fue. En ese momento Carolina se alejó de las barandas contra las que estaba acorralada, buscó rápidamente la llave de su cuarto, se metió y cerró la puerta con seguro. Yo me sentí muy mal. Me sentí indignada, me sentí pisoteada. O sea yo decía, este señor me vio la cara de qué o… Cómo se le ocurre decirme esas cosas, una falta de respeto. Yo… Y lloré tanto porque no sabía qué hacer. Se sentía agotada. Ya ni siquiera tenía cabeza para pensar en recolectar pruebas ni denunciarlo. Solo quería dejar de trabajar ahí. Así que decidió que terminaría la concentración y que nunca más regresaría. Y esperaba que con lo que le dijo, Luna la dejaría en paz. Pero decirle que no le trajo consecuencias. Esa misma tarde, cuando Carolina bajó a la cancha para ayudar a las jugadoras en su entrenamiento, Luna ya era otro. Ese señor ya tomó una actitud muy fuerte conmigo y me empieza a tratar mal. «Oiga, trabaje, usted no sabe trabajar. Usted es una inepta». O sea, de una el tipo tomó represalias. Y no fue el único en tratarla mal. Carolina dice que sus compañeros de trabajo se aliaron con Luna. Comenzaron a ignorarla, no la dejaban hablar en las reuniones. La anularon por completo. Según ella lo que Luna quería con eso era… Aburrirme y sacarme por no haber accedido a lo que él quería. Y eso era algo que Carolina no iba a permitir. Un día se atrevió a enfrentarlo y le preguntó si es que tenía algún problema con su trabajo. Y ese señor sólo grita. Entonces me dice: «Yo a usted le dije algo y usted no quiso hacerlo. Entonces, asuma las consecuencias». Luna, además, le dijo que si quería se podía ir, que igual ella no trabajaba bien. Ella se defendió, pero él le dio la espalda y se fue. Un día después, terminó la concentración y Carolina regresó a su casa. A pesar de que no había podido recolectar pruebas en ese momento, decidió llamar a su jefe directo, el director deportivo de la Federación, y contárselo todo. Y él me dijo: «Cómo así Carolina. Pero esto no puede estar pasando dentro de la selección, eso está mal, a ese señor qué le pasa. Déjame yo voy a mirar como hago y miramos para que no la moleste más». Parecía genuinamente sorprendido. Después de unos días, la llamó y le pidió que fuera a su oficina para conversar un poco más. Pensaba que le brindaría una solución pero para su sorpresa cuando llegó, además de su jefe, también estaban el psicólogo y el fisioterapeuta de la Federación. Ella volvió a contar todo lo que le había pasado, y claro la escucharon. Pero había algo en sus miradas… Y ellos en ese momento, todos se miraron con una complicidad, que yo dije, estoy metida en la boca del lobo, porque estos señores saben. Ahí Carolina se dio cuenta que los de la Federación eran cómplices del comportamiento de Luna. Como creyó que ellos definitivamente no iban a hacer nada, pensó que si no era ella la que actuaba, todo seguiría igual. Así que decidió retomar su plan inicial e ir a recolectar pruebas. Uno de los primeros días de la concentración de febrero, una de las jugadoras, a la que llamaré Liliana, se lesionó. Carolina la separó del grupo para revisarla y cuando se quedaron solas… Y entonces ella me dice muy curiosa: «Fisio, yo quiero preguntarle algo, pero si usted me cuenta, yo le cuento algo». A Carolina le sorprendió lo que Liliana le dijo. Entonces le contestó que bueno. Me dijo: «¿Cierto que Didier la acosaba?” Y yo le dije sí, sí me acosó y por eso la situación está así. Es decir, el ambiente laboral tenso, los gritos de Luna, los malos tratos de sus compañeros. Entonces Carolina le preguntó qué era lo que ella le quería contar. Y ahí fue cuando yo prendí el teléfono. Yo dije tengo que grabar porque esta niña algo me va a decir. Una pausa y volvemos. Este mensaje viene de un patrocinador de NPR, Squarespace, el creador de sitios web dedicado a proporcionar a sus clientes plantillas fáciles de usar y diseñadas por profesionales. 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Juntos exploraremos las noticias siempre aprendiendo algo nuevo con curiosidad y una dosis de humor. Episodios cortitos en inglés cada día de lunes a viernes. Estamos de vuelta en Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. Antes de la pausa, la fisioterapeuta Carolina Rozo estaba conversando con Liliana, una de las jugadoras, sobre el acoso de Didier Luna. Y Liliana también tenía algo que contarle. Así que Carolina sacó su celular y comenzó a grabar. Pero sin su permiso. Porque si yo les decía… Ellas le tenían mucho temor al tipo y ellas no iban a hablar. Fue una reacción desesperada frente a una situación extrema. Y es que hay que recordar que para que Carolina pudiera poner una denuncia necesitaba pruebas, cualquiera que fuera, y grabar a escondidas era la única forma de conseguirlas. Entonces, con la grabadora de su celular encendida y escondida en el bolsillo de su uniforme, Carolina le preguntó. «Bueno, y usted qué tiene que contarme». Y lo que Liliana le dijo, le demostraría que los acosos iban más allá de Luna, y más allá de ella. Lisette nos sigue contando. Liliana comenzó diciéndole que un día, durante la concentración que había pasado un mes antes, en enero, ella estaba regresando a su habitación después de una recuperación. Solo llevaba puesta una toalla. Esta es una de las grabaciones que hizo Carolina. No se escucha muy bien porque, como ya dijimos, tenía el celular en su bolsillo. Cuando bueno yo llegué a mi pieza y entonces yo estaba sola porque [BEEP] ya se había ido. Ese beep que escucharon, es para proteger la identidad de otra jugadora, la compañera de habitación de Liliana. Y entró a mi pieza. Y entonces se me acerca y me da un beso en la boca. Dice que alguien entró a su habitación, se le acercó y la besó en la boca. ¿Didier? ¿Didier? No. Sigifredo. No se escucha muy bien pero Carolina le pregunta si fue Didier y Liliana le responde que no. Que fue Sigifredo. Sigifredo Alonso, el preparador físico del equipo. Le contó a Carolina que este hombre de cuarenta y cuatro años, le dijo que se separaría de su esposa para estar con ella —que en ese entonces tenía dieciséis. Liliana le dijo que no y lo echó de su cuarto. Entonces, Carolina aprovechó para preguntarle sobre Luna. ¿Pero Didier nunca la ha acosado a usted? La verdad. Pues en ocasiones como que me da un beso en la boca. ¿La trata de besar? Ajá. Carolina le pregunta a Liliana que si Luna la ha acosado. Y Liliana le dice que a veces ha tratado de darle un beso en la boca. Liliana también le contó que a veces le agarraba las nalgas pero que se moría de miedo de decir algo. Después de todo, ellos eran muy poderosos en el mundo del fútbol y tenía miedo de que acabaran con su carrera. Carolina le dijo a Liliana que lo que le había pasado era un acoso sexual y que era inaceptable. Ella se quedó callada. Terminaron la recuperación, se despidieron y Carolina dejó de grabar. No podía creer lo que había escuchado. No era solo Luna el que acosaba a las jugadoras, sino también Sigifredo. O sea, yo sentí como cuando tú sientes una, una noticia mala que te baja por el cuerpo y te hormiguea la adrenalina y te… mejor dicho te hace efecto todo. Yo los tenía como a tres metros y los volteé a mirar y yo decía «en qué estoy metida, en qué estoy metida». Porque lo que estaba pasando en esa selección era mucho más grande de lo que ella se imaginaba. Así que decidió que hablaría con las demás jugadoras porque seguro tenían más cosas que contarle. Como ya tenían una relación de mucha confianza no sería difícil. Después de unos días, todo el equipo viajó a Argentina para participar en el torneo sudamericano. Una vez ahí, cada vez que podía, Carolina les hacía preguntas a las jugadoras y, a veces, las grababa. Escuchó todo tipo de acoso: le dijeron, por ejemplo, que Luna hacía que se quitaran la pantaloneta y se quedaran solo en ropa interior para bañarse en la piscina. Todo esto mientras él las miraba. Además, muchas le dijeron que Luna varias veces las había intentado besar y que les daba nalgadas. A las jugadoras, como le había pasado a Carolina al principio, les daba miedo denunciarlo. Pero no es la misma situación. Carolina era adulta y profesional. Ella podría ejercer como fisioterapeuta en cualquier parte, pero para estas adolescentes, todas menores de edad, no hay otra selección Colombia. Y es que, según le contaron a Carolina, ya había habido represalias contra una de las jugadoras que se había quejado de Luna. La sacaron de la selección 3 días antes de viajar a Argentina a jugar el sudamericano. Ese era el tipo de… de actuaciones que tenía este señor. La que hablaba la sacaba y pues el gran sueño de ellas era estar jugando fútbol, jugando en una selección Colombia. Ni siquiera querían hablarlo con la psicóloga del equipo técnico. Ya les había pasado antes que si le comentaban algo, ella se lo contaba a Luna y él se vengaba maltratandolas. Carolina decidió grabar también a la psicóloga para demostrar que estaba aliada con Luna y que no le interesaba apoyar a las jugadoras. El audio es casi ininteligible pero en la conversación queda claro que la psicóloga sabe todos los detalles de estos acosos… Aquí por ejemplo, la psicóloga le dice que ha visto cómo Luna les coge la cara a algunas jugadoras y hace como que las va a besar y les pregunta si les da miedo. Que ha visto que algunas solo se ríen pero que otras se quedan mirando a todos lados sin saber qué hacer. Entonces el man al final no les da nada y se separa y dice: “Ah vea ya no le da miedo”. Entonces las niñas se ríen. Unas se ríen y las otras como que miran a todos lados. Y yo: “Ay no, no qué hago”. Al final dice: “Y yo: Ay no, no, qué hago”. Se refiere a que ella no sabe cómo lidiar con la situación. Este audio era la prueba que Carolina necesitaba para demostrar que varias personas en el equipo sabían lo que estaba pasando, que sabían que estaba mal y que aún así nadie hacía nada. Carolina llevaba casi dos meses en ese proceso de conseguir pruebas pero tratando de no levantar sospechas. Entre más se enteraba de detalles más rabia le daba. Le frustraba no poder hacer algo de manera inmediata pero tenía que tener paciencia. Carolina solo lloraba, llamaba a su esposo y se desahogaba. Lo que más la mortificaba era pensar en las jugadoras. A mí me daba mucha tristeza, porque ese… en ese momento eran muy inocentes. Sus papás confiaban. Él se ganaba la confianza de los papás y los papás creían que ellas estaban bien. El ambiente laboral cada vez era peor. Si bien ya Luna no la seguía acosando sexualmente, era claro que se estaba vengando de ella por no acceder a lo que él le pedía. Los insultos, los horarios extendidos, obligarla a trabajar por las noches… todo esto era un claro indicio. Presentó una última queja a la Federación. Habló con un delegado que las acompañó a Argentina. Le contó todo lo que estaba pasando y de nuevo, como ya lo habían hecho otros, actuó sorprendido y le ofreció su ayuda. Pero le dijo… “Qué podemos hacer, no es el momento, estamos en competencia, no podemos generar este escándalo acá. Esperemos que lleguemos a Colombia”. Y aunque no era una solución inmediata, eso la tranquilizó un poco. Le dio la impresión de que él sí iba a hacer algo a su regreso. Además, había conversado con la psicóloga y la médica y le dijeron que ellas también querían presentar una queja. Así que cuando regresó a Colombia, pensaba que lo único que tenía que hacer era esperar a que la llamaran de la Federación para dar su testimonio. Yo llegué y nadie se comunica conmigo. Mi jefe tampoco me volvió a hablar. O sea, es como si hubieran dejado en el olvido, como si nada hubiese pasado. Como si nunca hubiera denunciado a Luna con su jefe, con el delegado, con sus compañeras de trabajo. Y es que nunca la volvieron a llamar. Perdió su trabajo sin que nadie le avisara. Recordemos que ni siquiera le habían hecho firmar un contrato. En abril del 2018, un par de semanas después de regresar de Argentina, Carolina decidió denunciar a Luna ante las autoridades. Entregó todas las grabaciones y las pruebas que tenía y les contó lo que había pasado. Ahí le pidieron los datos de las jugadoras y Carolina, después de confirmar con ellas, se los dio. Una de ellas fue Liliana, quien, después de dar su testimonio, decidió presentar una denuncia penal contra Sigifredo Alonso, en la que también habló de lo que le hacía Didier Luna. Dos meses después Carolina recibió una llamada del médico de la Federación, su ex jefe. Me dice: «¡Quiubo, Carolina! Es que imagínese que llegó una denuncia a la Federación. ¿Fue usted?”. Era la denuncia de Liliana que había llegado de forma anónima. El ex jefe la presionó para que le contara quién había sido. Y le dijo que quería saber si había sido ella porque lo estaba haciendo quedar mal por haberla recomendado. Yo quedé fría y yo dije me pillaron. Le dijo que ella no había sido. Y me dijo; «¿Seguro? Porque usted sabe que la Federación tiene gente poderosa y ya en dos días vamos a saber si fue usted y si fue usted pues imagínense en el problema que se metió». Claramente era una amenaza. Querían que todo el asunto desapareciera, y pronto, porque se estaba acercando el Mundial femenino sub-diecisiete y el equipo colombiano iba a jugar. Sin embargo, la Federación no podía ignorar el caso de Liliana. Se trataba de una menor de edad y el contacto físico, o sea, el beso, ya era un agravante. Y aunque trataron de presionar a Liliana para que cambiara su versión de los hechos, ella no lo hizo. Un mes más tarde, sacaron a Sigifredo Alonso de su trabajo en la selección. Pero la denuncia que presentó después Liliana contra Luna se archivó. Nunca se supo bien por qué. A pesar de que la denuncia formal era de Liliana, ya en la Federación sabían que Carolina había tenido que ver. Y las consecuencias no tardaron en llegar. Me vetaron por el lado del deporte, del fútbol y la que la que habla se va. Es así de simple la vetan y se va. La Federación es tan poderosa que podía hacer que no la volvieran a llamar de ningún equipo para trabajar como fisioterapeuta. Y eso justamente fue lo que pasó. Carolina estaba devastada pero además tenía mucho miedo. Pues me entró un shock de ansiedad. Yo no salía a la calle. Sino de mi casa a la iglesia y de la iglesia a mi casa. Andaba paranoica, mirando para todos lados las pocas veces que salía. Pensaba todo el tiempo que la estaban siguiendo. No se sentía segura, ni respaldada. Mientras tanto, yo caí en una depresión terrible. Yo sólo lloraba no… Tomé una cantidad de pastillas. Yo no quería seguir viviendo. Toque el fondo, el fondo, el fondo, el fondo. Carolina dice que buscó refugio en su iglesia y en su familia y que ellos le ayudaron a salir poco a poco de esa depresión. Además, comenzó a ir a terapia psiquiátrica. Y eso también le sirvió. Lentamente sentía que estaba recobrando el control sobre su vida, pero no soportaba la idea de que Luna no pagara por lo que hizo. Así que en septiembre de 2018, casi un año después de haberlo conocido en ese hotel, decidió denunciar penalmente a Luna por acoso sexual. La Fiscalía empezó a investigar. Pero incluso con ese proceso abierto, Luna siguió su normalidad: viajó en noviembre al mundial sub-17 femenino en Uruguay, recibió una condecoración de la Federación y participaba en charlas sobre el fútbol femenino. Me daba mucha rabia. Mucha rabia, porque en vez de la Federación actuar honestamente, pues no lo estaba haciendo. Pasaban los meses y nada cambiaba. Entonces febrero, 25 de febrero decido hacer la denuncia pública en un medio de comunicación. Hoy, por primera vez, hablan los denunciantes que fueron hasta la Fiscalía a contar qué fue lo que les pasó. En este caso permítanme saludar a Carolina Rozo. Carolina bienvenida a la W. Gracias Vicky, muy buenas tardes para todos y para todo el equipo de la W por permitir estar acá. Y pronto otros medios replicaron la noticia, incluso a nivel internacional. Con el caso que ha estallado en los últimos días en el fútbol femenino. Tras las denuncias de los últimos días sobre supuesto acoso sexual en la selección sub-diecisiete. La fisioterapeuta Carolina Rozo entregó declaraciones a la W radio. Reveló que aportó lo que serían nuevas pruebas que demostrarían el acoso sexual. El primero en responder a las acusaciones de Carolina fue uno de los dirigentes de la Federación Colombiana de Fútbol, Álvaro González Alzate. En una entrevista en prensa dijo que no creía que las denuncias fueran ciertas porque no había ningún documento probatorio y negó que la Federación hubiera recibido una denuncia formal, es decir escrita. Dijo que lo que Carolina estaba haciendo era, y aquí cito: “Solo un afán desmedido de figuración y protagonismo inmerecido”. Unos días más tarde, Luna sacó un comunicado rechazando lo que Carolina había dicho. Decía que él llevaba más de 40 años en el fútbol y que eran solo calumnias hacia su vida personal, familiar y profesional. Que sus acusaciones eran, y aquí vuelvo a citar, “mediáticas y sensacionalistas” que solo buscaban manchar su imagen y que sus abogados ya estaban tomando acciones en su contra. Decía que seguramente Carolina confundió sus intenciones, que él es exigente y expresivo. Nada más. Recalcó su inocencia y dijo que inclusive unas jugadoras habían hecho una campaña para apoyarlo. La llamaron “por tu buen nombre Didier Luna”. En redes sociales unas 20 jugadoras publicaron videos defendiéndolo, casi como leyendo un mismo mensaje. Eran algo como estos. Estuve bajo la dirección técnica del profesor Didier Luna por varias selecciones Bogotá. Eh… Nunca me sentí acusada ni abusada por él. Por el contrario, lo admiro y respeto por su entrega y dedicación al fútbol femenino. Eh… Estoy contigo profesor Luna. Aquí es importante aclarar algo, así sea obvio. Que Luna no las haya acosado a ellas no quiere decir que a las demás no les haya pasado. Se ha comprobado que quienes perpetúan el acoso identifican muy bien quiénes serán sus víctimas. Generalmente son las más vulnerables, las más tímidas o las que acaban de empezar en un trabajo. Al mismo tiempo que Carolina, trece jugadoras de la selección femenina de fútbol denunciaron la inequidad y el trato discriminatorio al que fueron sometidas. Entre algunos de sus reclamos estaban la falta de pago. Necesitamos recibir un mejor apoyo económico. Falta de protección en salud, el mal estado de los uniformes, trato diferenciado con los jugadores hombres… Falta de viáticos nacionales cuando a los futbolistas masculinos sí les dan. Y que la Federación había sacado a algunas jugadoras que se habían atrevido a quejarse. No es fácil dejar el miedo a un lado y hablar de los temas que nosotros estamos aquí hoy poniéndole la cara a ustedes y al país. Lo de estas jugadoras más lo de Carolina hizo que el gobierno colombiano interviniera. En marzo de 2019 convocaron a una reunión con los dirigentes de la Federación Colombiana de Fútbol para buscar mecanismos de protección para las deportistas. Esta es la vicepresidenta de Colombia, Marta Lucía Ramírez. Dice que había tenido la oportunidad de escuchar… A Carolina Rozo, así como a otras niñas que han tenido quejas, reclamos, sugerencias, sobre cómo tomar correctivos oportunos… Ahí firmaron un ‘Pacto por la transparencia y la protección de los niños y las mujeres en el deporte colombiano. Se comprometieron a tener cero tolerancia con el abuso, la explotación, acoso, discriminación o violencia en el deporte. Querían evitar que ocurrieran más casos de abuso y acoso por parte de los entrenadores y el equipo técnico de la selección. Eso se sintió como una primera victoria. Por esas fechas Carolina recibió una llamada y le dijeron que debía presentarse ante la Fiscalía. No sabía bien para qué, pero cuando llegó vio a Luna con cinco personas más. Era la primera vez que lo veía desde el viaje a Argentina, un año atrás. Yo llego y saludo buenas tardes, independientemente de todo. El señor no saluda, no me mira la cara. Con una soberbia impresionante. Lo vi poderoso. Confiado, seguro de sí mismo y de lo que pasaría con su caso. En ese momento le dijeron a Carolina que la llamaron porque la audiencia de imputación de cargos se había adelantado para ese mismo día. Como en ese momento Carolina no tenía abogado, no entendía bien por qué no le avisaron con más tiempo. Pero ella cree que Luna adelantó el proceso para evitar a los medios. Por eso, antes de entrar, Carolina llamó a los periodistas que conocía y les pidió que fueran. La audiencia comenzó casi enseguida. Con finalidad desarrollar la imputación y posición de medida de aseguramiento y respecto del ciudadano Didier Alfonso Luna González, presunta conducta punible de acoso sexual. Carolina nunca se había enfrentado a una situación así. El señor llena la sala de audiencia con gente de él. Tuve que soportar que me miraran, que se burlaran. Y yo lo, lo único que hice fue… Abrir un cuaderno y ponerme a escribir. Porque ese señor se sentía victorioso. Él, él pensó que iba a salir adelante. Ella dice que fue muy difícil ver a Luna después de tanto tiempo pero que valió la pena. Entonces tuve que aguantarme muchas cosas y tragarme muchas cosas para finalmente verlo sentado ante la Justicia. Yo creo que esa es una de las mayores satisfacciones que uno puede tener como víctima: ver sentado al tipo enfrentando a un juez, a un fiscal. La audiencia duró cinco horas. Ahí la Fiscalía presentó cargos en contra de Luna por acoso sexual agravado. Él se declaró inocente. Pero las pruebas que había presentado Carolina fueron lo suficientemente contundentes como para que el juicio de Luna continuara. Había mostrado capturas de pantalla de sus conversaciones en WhatsApp y entregó las grabaciones que había hecho, como las que escuchamos antes. A Luna le pusieron algo que se conoce como medidas restrictivas no privativas de la libertad. Eso significa que no podía salir del país, debía presentarse a todas las citas de la justicia, tener buena conducta, y no podía comunicarse con las víctimas. El proceso contra Luna continuaría en los meses siguientes. A pesar de los cargos, Luna continuó negando que lo que decía Carolina fuera cierto. Este es él en una entrevista con la revista Semana, en mayo de 2019. Soy inocente. Me he visto perjudicado, porque mi carrera deportiva es con el fútbol femenino y a raíz de esos problemas, eh, nadie quiere darme trabajo. Y es que, según Luna, su contrato con la federación terminó a finales de diciembre de 2018, tres meses antes de la imputación de cargos, y no fue renovado. Durante la entrevista, se defendió con los argumentos de siempre: que estaba casado y que tenía tres hijas. Que siempre había tratado con respeto a las mujeres. Soy una persona que siempre halago la belleza de la mujer y como tal son situaciones que a ellas de pronto las confundió. Que Carolina podía argumentar lo que ella quisiera pero que él no actuaba con mala intención. Que él era así, cariñoso, nada más. Pues hay momentos efusivos donde hay un abrazo, donde hay un beso, pero es una manifestación de cariño. Es una manifestación de… Motivación a que la gente haga las cosas lo mejor posible. Pero nunca perdiéndole el respeto a una persona y más a una mujer. Contacté a Luna para que me diera su versión pero se negó. Me dijo que sus abogados le tenían prohibido hablar más con los medios. Pero me dejó claro que él es inocente, que supuestamente no había pruebas en su contra y que no quería seguir hablando, y aquí cito, de “estas calumnias”. Además me dijo… Y lo de la información periodística no me interesa porque ustedes no son congruentes y no son precisos con la información. Por eso no le hablo a los medios de información. La Federación de Fútbol colombiana tampoco contestó mi solicitud de entrevista. Pero según cuenta Carolina, nunca se contactaron con ella para ayudarla. Al contrario, mostraron su respaldo a Luna certificándolo para entrenar niños y niñas, en medio de un proceso penal por acoso sexual. La primera audiencia con testigos estaba programada para noviembre de 2019 pero ni Luna ni su abogado se presentaron. Esto hizo que el proceso se aplazara hasta febrero de 2020. Casi un año después de que Carolina salió por primera vez en los medios denunciándolo públicamente. Y es cuando ya yo recibo la llamada de mi abogado de que hay un acercamiento para hacer un preacuerdo que si yo estaba de acuerdo. El abogado de Luna quería llegar a un nuevo acuerdo: si Luna se declaraba culpable por acoso sexual el delito se le cambiaría a uno con una pena más baja. Ahora sería injuria por vía de hecho, que es una manera de decir que las acciones de Luna ofendieron el honor de Carolina. Esas acciones pueden ir desde bofetadas hasta tocamientos indeseados como los que puede hacerle un pasajero a otro en un transporte público, por ejemplo. Este cambio reduce la pena: en lugar de ir hasta cuatro años y medio a prisión por acoso sexual agravado, lo máximo a lo que podría enfrentarse sería a tres años en prisión. Pero lo que más le interesaba a Luna era que, al degradar la pena, él podía acceder a beneficios como no tener que ir a la cárcel a cambio de que cumpliera con algunas condiciones. Y yo viendo la situación realmente de cómo se venía anda… andando el caso y el tipo ya empezaba a dilatar la situación, se decide hacer el acuerdo porque si no se iba a salir, él se iba a escapar, él iba a salir invicto de la denuncia, donde yo no hubiera hecho ese preacuerdo. Había pasado un año y el proceso no había avanzado mucho. Le daba miedo que los testigos se cansaran o se retractaran. Entonces aceptó porque más allá de la cárcel, lo que le importaba era que se supiera lo que le hizo. Por eso, lo que sí pidió como parte del preacuerdo, es que Luna le diera unas disculpas públicas. El 12 de febrero de 2020, se presentaron en el juzgado para formalizar el preacuerdo. En el caso presente la audiencia no será de juicio, sino que se cambiará su naturaleza a verificación del preacuerdo de pena y lectura de fallo señora fiscal… Cuando el juez le preguntó a Luna si había entendido el preacuerdo dijo que sí. Pero cuando le pidió declararse culpable, Luna evadió la pregunta. Eh, su señoría yo soy una persona que llevo 40 años en el fútbol, 30 dedicados al fútbol femenino. Yo soy una persona que siento el fútbol, soy muy disciplinado. En un momento dado el juez se desespera y lo interrumpe: Pero a ver la pregunta, a mí francamente no me interesa cuánto lleva en el fútbol. Me interesa es saber si usted se considera o no responsable de esto. (FADE) El tema del fútbol en este caso… El juez tuvo que preguntarle varias veces más y Luna le respondía que era inocente, que había cometido errores, que quería cambiar… Hasta que, finalmente… ¿Usted se considera responsable de este delito por el cual fue el imputado y acusado por la fiscalía. Vale decir, acoso sexual agravado? Sí su señoría. Me dio como una crisis nerviosa y mi cuerpo temblaba y yo lloraba y lloraba ahí… Después el juez le preguntó a Carolina si quería decir unas palabras… Ella aceptó. Se llenó de valor, se paró frente a todos y dijo: Y por eso estoy aquí. Y lo miro a la cara para decirle señor Luna que quiero que me pida una disculpa pública. Y a todas las víctimas que aún siguen en silencio. Cuando yo le dije míreme a la cara porque yo le tengo que decir esto. Ese señor subió los ojos y vi unos ojos rojos como de un demonio. Y volvió y agachó la mirada mientras yo le decía esas palabras. Después de esto el juez dio paso a la disculpa pública de Luna. Eh… Su señoría y, y señora Carolina. De manera sentida ofrezco disculpas. De manera pública. Si en algún momento sintió que algunas de mis acciones transgredieron su moral, categóricamente manifiesto jamás fue mi intención (fade) como he sostenido mi proceder siempre he estado… Obviamente fueron disculpas que traía escritas en un papel ahí todo arrugado que yo creo que se las escribió el abogado, porque él no lo dijo de corazón. Él siempre ha sido claro: Yo quiero salir rápido de esto para poder seguir en la Selección Colombia y seguir manejando mujeres. Luna fue condenado a dos años y cuatro meses en prisión y le prohibieron ejercer cualquier tipo de función pública durante ese tiempo. Además, debía pagar una multa de veinte salarios mínimos vigentes —es decir un poco más de 4 mil dólares— al Estado. Pero como su pena fue inferior a cuatro años y era su primer delito, Luna no tendría que ir a la cárcel. Siempre y cuando cumpliera con algunas condiciones como buena conducta e indemnizar a la víctima —si así ella lo quisiera. Pero Carolina no quería dinero. Para ella nunca se trató de eso. Es importante mencionar que a pesar de que no fue condenado por acoso sexual, el juez determinó durante la audiencia que había suficientes evidencias de que Luna sí era responsable de ese delito. Que era evidente que valiéndose de su posición de autoridad, acosó sexual y laboralmente a Carolina. Su caso marcó un precedente: era la primera vez que se enjuiciaba a un directivo con tanto poder en el fútbol colombiano. A pesar de la condena y de haber aceptado el delito, Luna insiste en que es inocente. Aunque esas declaraciones molestan a Carolina, ella ha preferido ignorarlas. Porque sin importar lo que diga Luna, ya hay una resolución legal. Yo lo veo como una victoria, ¿sabes? Porque en medio de todo esto abre una brecha muy importante para el tema del acoso sexual y que se den cuenta que sí, que si siguen acosando y que si siguen tocando la cola y que si siguen morboseando a las mujeres, pues hay un castigo. Y es que Carolina consiguió mucho más que unas disculpas públicas de Luna. Hizo visible un fenómeno que a veces es minimizado: el acoso sexual y laboral. Abrió las puertas para que muchas más personas como ella denuncien y digan, “a mí también me pasó”. Didier Luna apeló la decisión del juzgado pero no para declararse inocente, sino para que le bajaran la indemnización que debía pagar. Todavía no se resuelve la sentencia final después de esta apelación. Cuando Carolina denunció estos hechos, muchas mujeres se acercaron a ella para contarle que Luna y otros dirigentes del fútbol colombiano también las habían acosado. Además, se destapó una serie de casos de abuso en el fútbol, como de árbitros profesionales que denunciaron que sus entrenadores los habían abusado sexualmente. Lisette Arévalo es productora de Radio Ambulante, vive en Quito. Este episodio fue editado por Camila Segura y por mí. El diseño de sonido y la música son de Andrés Azpiri. Desirée Yépez hizo el fact-checking. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Nicolás Alonso, Jorge Caraballo, Aneris Casassus, Victoria Estrada, Xochitl Fabián, Fernanda Guzmán, Rémy Lozano, Miranda Mazariegos, Barbara Sawhill, David Truijillo y Elsa Liliana Ulloa. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, y se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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