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Radio Ambulante - Hasta abajo

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Si no puedo perrear, no es mi revolución.

La puertorriqueña Patricia Velásquez ha pasado toda su vida escuchando reguetón. Es parte de su identidad. Pero cuando le hicieron un cuestionamiento sobre el contenido de las canciones, comenzó una investigación que la llevaría a crear algo completamente nuevo sobre el género musical.

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:
Antes
de
comenzar
una
advertencia.
En
este
episodio
hay
lenguaje
explícito.
Se
recomienda
discreción.
Esto
es
Radio
Ambulante
desde
NPR,
soy
Daniel
Alarcón.
Hay
dos
cosas
que
deben
saber
sobre
la
puertorriqueña
Patricia
Velázquez.
La
primera
es
que,
a
sus
28
años,
tiene
algo
muy
claro
sobre
misma. Si
mi
vida
fuera
una
película,
el
soundtrack
con
el
que
comenzaría
sería
una
canción
de
reguetón.Una
específica,
la
primera
que
escuchó
en
el
2002:
Gata
Celosa,
una
colaboración
de
los
puertorriqueños
Magnate
y
Valentino
con
Héctor
y
Tito. Dice:
“Si
quieres
de
esto,
toma
que
yo
tengo
lo
que
quieras
de
mí.
Ven,
perrea
lento
con
el
movimiento.
Ven
gata
celosa
por
mí….”Coge
el
movimientooo,
ven
gata
celosa
por
mí,
por
mí.
Perreo,
papi
perreo…
Azota… Desde
niña,
Patricia
ha
escuchado
mucho
reguetón.
Pero
esta
canción,
Gata
Celosa,
la
transporta
a
la
casa
de
su
abuela,
cuando
tenía
como
7
años
y
se
la
pasaba
viendo
un
canal
de
televisión
nacional
de
videos
musicales,
en
su
mayoría
de
reguetón.
Su
abuela,
de
vez
en
cuando,
le
echaba
un
ojo
para
que
Patricia
no
fuera
a
imitar
los
movimientos
de
las
chicas
de
los
videos,
o
sea
que
no
se
pusiera
a
perrear.
Gata
celosa
es
solo
una
de
la
larga
lista
de
canciones
que
le
recuerdan
momentos
muy
específicos
de
su
vida.
Géneros
como
salsa,
merengue,
bachata
y
claro,
reguetón,
siempre
han
sido
parte
fundamental
de
su
identidad.
Y
bueno,
lo
segundo
que
tienen
que
saber
de
Patricia…Me
considero
una
mujer
100%
feminista.Empezó
a
interesarse
en
los
estudios
de
género
en
2012,
cuando
entró
a
estudiar
Educación
Secundaria
en
la
universidad.
Mientras
más
aprendía
sobre
feminismo,
más
sentía
que
resonaba
con
lo
que
ella
siempre
había
creído.
En
especial
cuando
la
discusión
giraba
en
torno
a
la
autonomía
de
los
cuerpos.
Era
un
tema
de
conversación
en
sus
clases,
en
su
grupo
de
teatro
y
con
sus
amigas.
Terminó
su
carrera
en
la
primavera
de
2017
y
ese
mismo
otoño
empezó
una
maestría
en
gestión
cultural.
Era
finales
de
octubre
de
ese
año.
Recién
había
pasado
el
Huracán
María,
muchas
vías
públicas
de
la
isla
habían
sido
despejadas
pero
la
Universidad
de
Patricia
seguía
sin
luz.
Así
que
uno
de
sus
profesores
les
dijo
que
retomarían
las
clases
en
otro
espacio.
Y
como
no
había
mucho
estacionamiento
allí,
Patricia
se
ofreció
a
llevar
a
algunos
compañeros
en
su
auto.
Cuando
se
subieron,
obviamente,
Patricia
puso
reguetón
a
todo
volumen.
Y
en
ese
momento
una
compañera
le
dijo… No
entiendo
cómo
puedes
ser
feminista
y
escuchar
reguetón.
Así
me
lo
dijo
tal
cual. Patricia
no
supo
cómo
responder.
Si
bien
había
aprendido
un
poco
sobre
feminismo
y
había
escuchado
las
críticas
hacia
el
reguetón
—como
que
es
machista
y
cosifica
a
las
mujeres—,
nunca
se
lo
había
planteado
de
esa
manera.
No
se
le
había
ocurrido
claramente
que
el
feminismo
y
el
reguetón
no
pudieran
coexistir
en
una
persona.
Se
molestó
y
se
puso
a
la
defensiva.
Porque
nunca
me
habían
cuestionado
de
esa
forma
a
mí,
como
mis
estándares.
Yo
“oh…
Dios
mío.”
Este
(risa)…
Yo
no
recuerdo
que
le
respondí,
quizás
algo
como
que:
“Yo
escucho
reguetón
y
escucho
reguetón
todos
los
días
y
soy
feminista
y
perreo”,
como
que
probablemente
le
pude
haber
contestado
algo
así. La
conversación
entre
ellas
no
siguió,
pero
la
pregunta
le
quedó
sonando.
Hasta
el
punto
de
causarle
un
conflicto
de
identidad
¿Cómo
amar
tanto
un
género
musical
que
puede
cosificar
a
las
mujeres?
Y
eso
provocó
en
que
como
esta
pregunta
yo
me
la
empecé
a
hacer
yo
misma
y
yo
dije:
¿Cómo
yo
puedo
responder
la
próxima
vez
que
me
cuestionen
esto?Ya
encontraría
la
manera.
Y
sin
saberlo,
ese
intento
de
reconciliar
el
feminismo
con
el
reguetón
la
llevaría
a
crear
algo
único.
Una
pausa
y
volvemos.
:
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante.
Nuestra
productora
senior
Lisette
Arévalo
nos
sigue
contando. Conocí
a
Patricia
en
junio
de
2022
en
San
Juan,
Puerto
Rico.
Ya
habíamos
tenido
una
llamada
antes
de
que
yo
viajara
a
la
isla
para
entrevistarla
y
después
de
eso
me
pasó
un
texto
que
había
escrito
que
tenía
una
lista
de
más
de
20
canciones.
Su
vida
—desde
su
niñez
pasando
por
la
adolescencia
y
sus
años
de
universidad—
podría
narrarse
a
través
de
esas
canciones.
Cada
una
le
recuerda
un
momento
específico.
Así
que
le
pedí
que
comenzáramos
por
una
de
las
primeras.
Empecemos
con
Doncella,
del
2004.
¿Qué
recuerdo
tienes
de
esa
canción?
Yo
conocí
a
una
nena,
tan
bella.
Ella
es
como
una
doncella
ella,
ella,
tan
bella…
Había
una
muchacha
que
nos
cuidaba
mientras
mi
mamá
trabajaba.
Y
el
hermano
de
ella,
mientras
lavaba
carro
ponía
música
alta.
Y
escuché
esa
canción.
Como
que
la
relaciono
mucho
a
esa
casa.
En
esa
época,
Patricia
tenía
unos
9
años,
su
hermano
mayor
unos
19
y
la
menor,
unos
7.
Ya
habían
pasado
cuatro
años
desde
que
sus
padres
se
habían
divorciado
y
mudado
a
diferentes
pueblos
del
sudeste
de
la
isla.
Su
mamá
vivía
en
Juncos
y
su
papá
a
un
poco
más
de
10
minutos,
en
Las
Piedras.
Ella
y
su
hermana
vivían
entre
las
dos
casas,
pero
pasaban
más
tiempo
en
la
de
su
mamá.
“Doncella”
era
una
de
las
tantas
canciones
que
Patricia
escuchaba
del
álbum
“Motivando
a
la
Yal”
de
los
puertorriqueños
Zion
y
Lennox,
que
por
esa
época
estaba
muy
de
moda
y
sonaba
todo
el
tiempo
en
la
radio.
Ese
año,
2004,
fue
uno
de
los
primeros
en
que
el
reguetón
comenzó
a
escucharse
más
allá
de
los
programas
dedicados
a
lo
que
se
llamaba
“música
tropical”.
Y
también
empezó
a
escucharse
más
fuera
de
la
isla…
en
toda
América
Latina.
Pero
mucho
antes
de
esto,
Patricia
tenía
reguetón
sonando
en
el
fondo
de
su
día
a
día.
Lo
escuchaba
en
la
mañana
antes
de
ir
a
la
escuela.
En
las
tardes
cuando
salía
de
clases,
y
regresaba
a
casa.
O
cuando
estaba
donde
su
abuela
y
su
tío
pasaba
en
su
auto
con
el
reguetón
a
toda.
Hasta
lo
escuchaba
en
la
escuela
pública
a
la
que
iba.
Cuando
había
fiestas
dentro
del
colegio,
las
profesoras
ubicaban
un
parlante
en
medio
del
patio
y
ponían
reguetón.
Patricia
tenía
8
años
más
o
menos
cuando
tuvo
su
primera
fiesta
y
se
acuerda
que
a
todos
los
niños
les
encantaba. Y
me
acuerdo
que
los
bailes
eran
que
se
ponían
como
en
una
fila
india,
uno
detrás
de
los
otros.
Y
bailaban
como
de
lado
a
lado.
Era
alguna
cosa
bien,
incluso
hasta
separados.
No
era
nada
sexual.
Era
un
disfrute
entre
chamaquitos
vacilando
con
reguetón. Y
es
que
el
reguetón
estaba
presente
en
casi
cada
rincón
de
su
Puerto
Rico.
En
el
barrio
donde
vivía
su
mamá,
en
Juncos,
por
ejemplo,
había…
Muchos
carros
con
música
alta,
vecinos
con
música
alta.
Eran
unos
barrios,
unas
urbanizaciones
un
poco
más,
menos
exclusivas.Menciona
que
la
zona
donde
vivía
su
mamá
era
menos
exclusiva
porque
el
reguetón,
de
cierta
manera,
también
lo
era.
Antes
de
seguir
tengo
que
dejar
algo
claro:
hablar
del
origen
del
reguetón
es
como
hablar
del
origen
del
pisco.
Un
tema
polémico
y
de
discusión.
Algunos
dicen
que
nació
en
Jamaica…
Otros
en
Panamá,
en
la
ciudad
de
Nueva
York…
Y
claro,
en
Puerto
Rico.
Lo
cierto
es
que
todos
estos
lugares
han
sido
cruciales
para
el
desarrollo
del
género
músical.
Así
que
se
podría
decir
que
el
reguetón
no
es
técnicamente
de
un
solo
lugar.
Pero
lo
que
podemos
decir,
y
otros
ya
vienen
diciendo,
es
que
su
fuerza
comercial
se
estableció
en
Puerto
Rico.
Entonces,
con
el
permiso
de
Panamá
y
el
resto
del
Caribe,
nos
vamos
a
enfocar
en
este
lugar.
El
reguetón
que
nació
en
el
Puerto
Rico
de
los
años
80
salió
de
las
zonas
marginalizadas
de
la
isla.
La
fusión
de
los
ritmos
del
rap
estadounidense
y
la
estética
del
reggae
jamaiquino
y
panameño,
se
escuchaba
en
las
barriadas
y
los
caseríos,
esas
viviendas
públicas
destinadas
a
las
familias
de
bajos
ingresos.
Nació
como
una
expresión
cultural
del
malestar
social
y
los
jóvenes
creaban
canciones
con
letras
rapeadas,
a
veces
cantadas,
y
se
caracterizaba
por
diferenciarse
del
rap
más
comercial
de
los
estudios
de
grabación.
Esa
nueva
música
puertorriqueña
era
cruda,
confrontacional,
bulliciosa
y,
muchas
veces,
violenta.
Era
espontánea,
sin
censura
y
hablaba
de
lo
que
pasaba
en
las
calles…
Pero
sobre
todo,
hacía
referencia
a
las
condiciones
sociales
del
país:
tasas
de
desempleo
de
hasta
59%
en
algunas
zonas,
escuelas
en
malas
condiciones,
corrupción
gubernamental
y
violencia
vinculada
al
narcotráfico.
Muchas
canciones
sonaban
algo
así,
como
esta
canción
de
Vico
C
de
1990,
“Recta
final”. Dinero
puede
controlar
hasta
la
corte.
Tanto
en
el
sur
como
allá
en
el
norte.
Creen
que
lo
lujoso
es
la
salvación.
Y
ahí
es
que
el
corrupto
entra
en
acción.
Aplastando,
abusando,
asesinando…Para
los
90s,
esta
música
se
conocía
como
underground.
Los
artistas
grababan
sus
canciones
con
DJs
que
se
encargaban
de
la
producción
y
la
distribución
de
varias
copias
de
CDs
en
clubes,
en
los
lugares
de
trabajo
y
en
sus
barrios.
Y
esas
copias,
a
su
vez,
eran
pirateadas
y
distribuidas
por
toda
la
isla.
No
es
gratuito
que
muchos
consideren
a
Djs
como
DJ
Playero
y
DJ
Negro
como
los
padres
del
género
musical.
Por
esa
misma
época,
la
palabra
reguetón
se
escuchó
por
primera
vez
en
Puerto
Rico.
Según
DJ
Playero,
Daddy
Yankee
la
usó
en
una
canción
que
grabó
con
él
para
un
mixtape
en
el
que
colaboraron
en
1994.
La
canción
se
llama
“So
persígueme”
y
está
en
el
disco
Playero
34.
Va
así:
Este
es
Daddy
Yankee
que
le
canta
a
la
gente.
Y
tiene
que
acercarse.
Baila
el
reguetón.
Me
encuentro
furioso
en
la
pista.
Y
toda
la
gente
ahora
tiene
que
acercarse… Y
aunque
era
música
que
se
escuchaba
cada
vez
más,
estaba
lejos
de
ser
aceptada
por
todo
el
mundo.
Por
el
contenido
de
la
gran
mayoría
de
sus
letras
y
su
origen,
algunos
la
relacionaban
con
una
subcultura
de
la
delincuencia.
Por
esos
mismos
años,
un
grupo
religioso
y
conservador
llamado
Morality
in
Media
lideró
una
campaña
en
contra
del
reguetón.
Decían
que
esta
música
incitaba
a
los
jóvenes
a
practicar
sexo,
entre
comillas,
“ilícito”,
y
que
era
una
apología
a
la
violencia
y
el
consumo
de
drogas.
Estas
declaraciones
eran
las
que
dominaban
el
debate
público
sobre
el
reguetón.
Y
el
gobierno
local
respondió.
:
Para
los
90,
este,
hubo
una
persecución
directa
de
mano
dura
contra
el
crimen,
para
allanar
o
adentrarse
a
espacios
como
caseríos
y
para
criminalizarlos,
como
que
era
guerra
contra
las
drogas.
Pero
era
directamente
en
los
barrios
y
caseríos,
no
en
otros
lugares.
Y
como
el
reguetón
nace
de
estos
espacios,
pues
se
le
vincula
directamente
con
el
crimen. En
febrero
de
1995,
por
ejemplo,
el
Escuadrón
de
Control
del
Vicio
de
la
Policía
de
Puerto
Rico
y
la
Guardia
Nacional
hicieron
una
redada
en
seis
locales
de
música
en
el
área
de
San
Juan.
Cientos
de
cassettes
y
CDs
de
underground
fueron
confiscados
por
violar
las
leyes
locales
contra
la
obscenidad,
que
castigaba
cualquier
acción
o
actividad
considerada
morbosa.
Esto
iba
desde
bailar
y
cantar
hasta
distribuir
libros
o
CDs…
Eran
leyes
que
siguen
vigentes
en
el
código
penal
de
Puerto
Rico
para
combatir
la
pornografía
infantil
y
la
obscenidad,
pero
que
están
sujetas
a
lo
que
llaman,
y
cito,
“patrones
comunitarios
contemporáneos”.
Por
lo
que
su
interpretación
puede
ser
bastante
subjetiva.
Y
la
persecución
no
terminaba
ahí.
Bastaba
verse
como
un
“típico”
reguetonero
o
rapero
—ropa
holgada,
zapatos
grandes,
gorras
y
gafas
de
sol
para
que
la
policía
los
parara
para
requisar
sus
autos
buscando
armas
o
drogas.
De
cierta
manera,
eran
movidas
políticas
que
servían
a
una
clase
media
y
a
una
élite
que
rechazaba
la
música
que
había
empezado
a
salir
de
los
caseríos.
Una
que
era
bailada
por
ciertas
clases
sociales
y
comunidades
raciales,
y
que
se
estaba
esparciendo
por
el
resto
de
la
isla.
Se
referían
a
ella
de
forma
despectiva. Música
por
ejemplo,
de
gente
pobre,
gente
negra,
música
sin
clase
o
música
vulgar.Esto
sigue
pasando,
claro:
hay
mucha
gente
que
la
considera
inmoral,
artísticamente
deficiente. Que
era
pornografía,
que
dañaba
a
la
juventud… Y
que
era
misógina…
Por
el
contenido
de
sus
videos
musicales
que
salían
mujeres
bailando
con…
con
tangas
y
todo.Y
en
especial,
también,
por
el
estilo
del
baile:
lo
que
llegó
a
conocerse
como
perreo
y
que
tiene
origen
en
el
ritmo
jamaiquino
llamado
“dembow”,
en
el
que
los
bailarines
se
restriegan
unos
contra
los
otros.
Pero
además,
por
el
estilo
de
los
videos
de
reguetón.
Cuando
comenzaron
a
crearlos,
muchos
artistas
se
inspiraron
en
los
videos
de
rap
de
Estados
Unidos
donde
salían
mujeres
en
bikini
de
espaldas,
mostrando
las
nalgas.
Para
muchos,
lo
que
vendería
y
aseguraría
el
éxito
del
reguetón
eran
las
mujeres:
su
cuerpo
y
su
sexualidad.
Y
eso
causaba
que
muchas
personas
las
vieran
nada
más
que
como
una
simple
mercancía. Y
pues
también
eso
tuvo
un
efecto
en
que
las
personas
de
momento
vieran
el
reguetón
también
como
algo
malo,
como
que
contribuyó
a
eso. Había
—y
sigue
habiendo—
una
fuerte
crítica
de
la
hipersexualización
de
las
mujeres
en
estos
videos.
Pero
Patricia
nunca
las
vio
así.
Claro
que
se
acuerda
de
ver
a
estas
mujeres
en
los
videos
pero
nunca
desde
una
mirada
crítica.Simplemente
las
vi
como
que
eran
parte
de
esto.
Simplemente
era
como
admiración
total
de
estos
cuerpos,
porque
son
mujeres
obviamente
delgadas,
con
muchas
pompis,
tetis,
y
eran
bien
bonitas
de
cara
y
siguen
siendo
la
estética
de
la
mujer
bonita,
de
lo
que
entendemos
como
por
belleza. Quería
ser
como
ellas,
bailar
como
ellas,
usar
su
ropa
y
maquillarse
igual.
Y
a
diferencia
de
las
chicas
blancas
y
flacas
que
salían
en
las
revistas
y
los
programas
de
televisión
estadounidenses,
las
de
estos
videos
eran
mujeres
caribeñas,
como
ella.
Mientras
tanto,
en
medio
de
todas
esas
críticas,
cada
vez
aparecían
más
artistas
jóvenes
que
iban
donde
DJ
Playero
o
DJ
Negro
a
grabar
sus
canciones.
Una
de
ellas
fue
Ivy
Queen,
considerada
la
reina
del
reguetón.
En
ese
tiempo
logró
abrirse
paso
en
un
género
musical
dominado
por
hombres.
No
fue
fácil.
Ivy
Queen
ha
dicho
que
cuando
ella
confesaba
que
quería
dedicarse
a
esto
la
reacción
era
siempre
de
crítica:
que
era
muy
bajita,
que
su
voz
era
muy
gruesa,
casi
masculina.
Pero
ella
ha
dicho
que
esa
diferencia
fue
su
arma.
En
el
97
sacó
su
primer
disco,
En
mi
imperio,
donde
sus
canciones
buscaban
alejarse
del
contenido
machista
que
predominaba
en
la
música
de
entonces,
porque
inclusive
ella
misma
lo
ha
dicho
en
varias
entrevistas:
había
reguetón
que
denigraba
a
la
mujer.
Esta
es
Ivy
Queen
en
una
entrevista
en
el
Billboard
Latin
Music
Week
de
2022:Cuando
yo
comencé,
los
videos
eran
muy
desagradables.
Una
cosa
que
yo
veía
a
las
mujeres
literal
en
panty
y
brasier
y
me
volvía…
Yo
me
sentía
mal
porque
yo
era
parte
de
ese
género,
de
mi
género. Y
eso
es
lo
que
ella
no
quería.
Su
estilo
musical
buscaba
hablar
desde
otra
perspectiva.
Quería
que
las
mujeres
se
sintieran
identificadas
al
escucharla.
Todo
me
lo
basé
en
defender
a
la
mujer.
En
cómo
la
mujer
quería
ser
amada.
Cómo
la
mujer
si
está
herida
y
un
hombre
le
falló,
cómo
puedes
ventilarlo
y
decirlo
y
no
tener
que
reprimirlo.No
solo
eso,
también
ha
hablado
sobre
la
violencia
de
género
en
la
isla.
Se
inspiraba
en
las
vivencias
reales
de
las
mujeres
que
conocía.
Pero
ella
era
la
excepción.
Seguía
habiendo
columnas
de
opinión
en
los
periódicos
y
programas
de
televisión
enteros
que
se
dedicaban
a
criticar
el
reguetón.
Todo
esto
influyó
a
que,
desde
el
inicio,
el
underground
y
luego
el
reguetón
se
distribuyeran
a
escondidas.
A
principios
de
los
2000,
cuando
Patricia
estaba
en
la
escuela
primaria,
ella
y
sus
amigos
pirateaban
CDs
y
los
intercambiaban
en
la
escuela.
Se
sabía
que
cuando
los
jóvenes
llegaban
a
sus
casas,
muchos
escondían
los
CDs
debajo
del
colchón
o
la
almohada
para
que
sus
padres
no
los
vieran.
Fue
por
esa
época,
2004,
que
el
panorama
del
reguetón
comenzó
a
cambiar
con
la
famosa
canción
de
Daddy
Yankee,
“Gasolina”.
Daddy
Yankee…
Zúmbale
mambo
pa’
que
mi
gata
prenda
lo’
motore’.
Que
se
preparen
que
lo
que
viene
es
pa’
que
le
den
duro… El
reguetón,
incluida
esta
canción,
sonó
desde
Estados
Unidos,
pasando
por
Europa
y
el
resto
de
América
Latina.
Llegó
a
Ecuador,
donde
yo,
con
unos
12
años,
comenzaba
a
ir
a
fiestas
bailables
en
el
colegio
y
claro
que
la
recuerdo.
Se
podría
decir
que
“Gasolina”
es
mi
canción
fundacional
en
el
reguetón.
A
ella
le
gusta
la
gasolina,
dame
más
gasolina…
:La
anticipación
de
que
el
reguetón
se
podría
convertir
en
lo
que
el
hip-hop
fue
para
los
afroamericanos,
causó
una
ola
de
cambios
en
la
industria.
Las
disqueras
de
hip-hop
crearon
sellos
latinos
y
empezaron
a
firmar
con
artistas
reguetoneros
como
Daddy
Yankee.
Él,
por
ejemplo,
comenzó
a
ganar
millones
con
su
música
y
con
los
contratos
que
hizo
para
promocionar
productos,
crear
líneas
de
ropa
y
giras
musicales.
Ya
para
2006,
los
discos
de
reguetón
se
vendían
tanto
que
varios
artistas
recibieron
uno
de
los
reconocimientos
más
importantes
en
la
industria
musical:
el
disco
de
oro,
platino
y
doble
platino,
por
su
éxito
en
ventas.
Ese
mismo
año,
la
música
que
comenzó
con
el
rap
de
los
muchachos
de
caseríos
llegó
a
los
Grammys
Latinos,
cuando
Calle
13
se
llevó
tres
premios.
A
pesar
de
todo
este
reconocimiento
y
popularidad,
el
reguetón
no
dejaba
de
ser
algo
prohibido
para
muchas
personas.
Incluso
en
Puerto
Rico.
Pero
mientras
más
se
buscaba
censurarlo,
más
popularidad
ganaba
entre
la
gente.
Miles
de
jóvenes
como
Patricia
lo
escuchaban
activamente.
Ella
se
acuerda
que
cuando
comenzó
la
época
de
tener
iPods
y
reproductores
mp3
–por
ahí
por
el
2006,
2007–
sus
amigas
descargaban
todas
las
canciones
que
querían
de
Internet
y
Patricia
les
pedía
que
las
cargaran
en
su
reproductor
mp3.
Prefería
no
bajarla
en
la
computadora
de
su
casa,
a
pesar
de
que
no
había
una
prohibición
directa
de
su
mamá
o
su
papá. Pero
yo
que
a
ellos
no
les
agradaba.
So,
antes
de
que
ellos
me
dieran
un
regaño
por
escuchar
o
bailar
reguetón,
simplemente
hacía
que
pensaran
que
yo
no
escuchaba
eso
o
quizá…
No
sé. Especialmente
porque
había
canciones
muy
sexuales.
Como
una
que
Patricia
recuerda
haber
oído
a
sus
11
años.
Fue
un
día
que
se
escapó
de
la
escuela
con
una
amiga
para
escuchar
un
disco.Y
fuimos
a
su
casa
y
ella
me
puso
en
un
boombox,
un
radio.
Y
escuchamos
La
combi
completa,
que
es
la
de
Nicky
Jam
y
Daddy
Yankee
dice:
«Que
quiero
la
combi
completa,
que…»
Y
todas
esas
palabras
bellas
que
vienen
después. Chocha,
culo,
teta…
Yo,
quiero
la
combi
completa,
¿qué?
chocha,
culo,
teta… La
canción
se
llama
“En
la
cama”
y
salió
en
2001,
cuando
Patricia
tenía
tan
solo
7
años.
Patricia
la
estaba
escuchando
4
años
más
tarde
porque
no
es
que
la
ponían
en
los
eventos
escolares
a
los
que
ella
iba.
Quizá,
justamente,
por
la
letra
que
acabamos
de
escuchar.
Y
es
que
no
es
nuevo
que
haya
música
que
no
es
recomendada
para
los
niños
y
que
no
fue
escrita
pensando
en
un
público
infantil.
Muchos
psicólogos
han
hablado
de
los
riesgos
de
que
niños
entre
6
y
12
años
se
enfrenten
a
un
contenido
que
va
más
allá
de
su
entendimiento
del
mundo.
Puede
confundirlos,
causarles
problemas
de
autoestima
o
llevarlos
a
un
desarrollo
precoz.
Claro
que
esto
no
es
exclusivo
del
reguetón.
Pasa
con
telenovelas,
películas,
series,
libros
y
música
de
otros
géneros.
Pero
es
cierto
que
el
reguetón
habla
de
sexo
sin
tapujos.
Y
en
parte,
eso
era
lo
que
le
molestaba
a
muchos
adultos.
Yo
siento
que
para
las
personas
de
dónde
nace
esta
música,
y
también
como
es
una
música
que
empezó
con
la
juventud,
para
la
juventud
no
necesariamente
esto
era
algo
despreciable
o
malo.
Era
más
como
persona
adulta,
que
que
veían
esto
como
mal.Patricia
no
recuerda
haberse
escandalizado
en
su
adolescencia
con
las
letras
explícitas
de
las
canciones.
Para
ella
y
sus
compañeros
era
como
una
travesura
pues
sabían
que
no
“debían”
escuchar
esa
música.
En
ese
momento
de
su
vida
no
tenía
conciencia
de
la
hipersexualización
de
las
mujeres
en
las
canciones
de
reguetón
ni
de
la
agresividad
de
la
letra
hacia
ellas.
Además
que
para
esa
época
ya
no
solo
había
canciones
de
ese
tipo.
En
2003
Ivy
Queen
lanzó
su
canción
“Yo
quiero
bailar”,
una
revolución
completa
para
la
música
porque
hablaba
sobre
el
consentimiento
de
las
mujeres.
Yo
quiero
bailar,
quieres
sudar
y
pegarte
a
mí,
el
cuerpo
rozar
y
yo
te
digo
si
me
puedes
provocar,
eso
no
quiere
decir
que
pa’la
cama
voy.Además,
a
Patricia
cada
vez
se
le
hacía
más
claro
cómo
el
desprecio
del
reguetón
era
un
asunto
de
clase
pues
lo
vivió
de
primera
mano.
Cuando
llegó
a
la
secundaria,
su
mamá
la
sacó
del
colegio
público
y
la
puso
en
uno
privado
y
católico.
Ahí
las
dinámicas
cambiaron
un
montón
porque,
pues
como
hay
gente
con
más
dinero,
otros
acceso,
unas
vidas
un
poquito
más
privilegiadas.
Ahí
pues…
La
primera
vez
que
me
decían
como
“cafre”.
Y
cafre
es
como
persona
pobre
o
inculta
o
de
barrio.Las
mismas
características
que
se
les
atribuían
a
las
personas
que
escuchaban
reguetón.
En
ese
colegio
no
se
permitía
oír
esa
música
en
las
fiestas
y
mucho
menos
bailar
como
lo
hacía
en
la
escuela
pública.
Aún
así,
Patricia
veía
cómo
ahí
también
sus
compañeros
intercambiaban
CDs
con
lo
último
de
Tito
y
Bambino,
Wisin
y
Yandel,
Alexis
y
Fido…
Solo
que
lo
hacían
de
una
manera
un
poco
más
discreta
que
en
su
escuela
anterior.
Con
el
tiempo
se
fue
adaptando
a
su
nueva
escuela
e
hizo
nuevas
amigas.
Iba
a
clases,
seguía
descubriendo
nuevos
discos
y,
sobre
todo,
iba
a
muchas
fiestas
en
marquesinas,
que
son
los
garajes
cubiertos
de
las
casas
de
Puerto
Rico.
El
reguetón
seguía
sonando
en
todo
momento.En
2012
Patricia
entró
a
la
Universidad
de
Puerto
Rico
a
estudiar
Historia
en
Educación
Secundaria.
En
esa
época,
se
unió
a
un
grupo
de
teatro
que
se
enfocaba
en
temas
sociales
y
empezó
a
acercarse
al
feminismo.
Y,
como
dijimos
al
principio,
comenzó
a
explorar
más
los
estudios
de
género,
la
importancia
de
la
igualdad
de
oportunidades
entre
los
hombres
y
las
mujeres.
Pero
sobre
todo,
se
interesó
por
la
libertad
de
las
mujeres
a
la
hora
de
decidir
sobre
su
cuerpo
y
su
sexualidad.
En
el
proceso
comenzó
a
cuestionarse
algunas
de
las
letras
de
las
canciones
de
reguetón
que
había
oído
antes
pero
que
en
su
momento
no
le
habían
causado
ruido.
Como
el
fragmento
de
la
canción
“Mujeres
Talentosas”
cantada
por
Luigi
21
plus. Si
Eva
no
se
hubiera
comido
la
manzana,
la
vida
fuera
sin
malicia
y
mucho
más
sana.
Pero
como
esa
cabrona
se
comió
la
fruta
por
eso
es
que
hoy
en
día
hay
mujeres
tan
putas. Y
esa
canción
cuando
yo
la
escuché
yo
dije
como
que:
¿Cmo
este
tipo
se
atreve
a
cantar
eso?
Como
que
si
tengo
una
memoria
de
que
esa
canción
no
me
gustara,
como
que
me
sacara
de
onda.
Pero
así,
la
cantaba.
Porque
a
pesar
de
que
le
parecía
de
un
machismo
sin
pudor,
y
fuera
de
lugar,
eso
no
quería
decir
que
no
podía
disfrutar
de
la
música.
Mientras
tanto,
Patricia
comenzó
a
darse
cuenta
de
que
sus
compañeros
de
universidad
veían
el
reguetón
como
algo
opuesto
a
lo
intelectual.
Aunque
lo
bailaban
en
las
fiestas
y
lo
escuchaban
entre
tragos,
alardeaban
de
solo
escuchar
músicos
como
Silvio
Rodríguez
o
Jorge
Drexler.
Pero
Patricia
no.
El
reguetón
continuó
acompañándola
durante
esos
cuatro
años
de
licenciatura
en
la
universidad
y
cuando
comenzó
su
maestría,
en
otoño
del
2017.
Esto
nos
lleva
a
ese
momento
cuando
una
de
sus
compañeras
se
subió
a
su
auto,
escuchó
al
reguetón
que
salía
de
los
parlantes
de
la
radio
y… Me
cuestionó:
¿cómo
se
puede
ser
feminista
y
escuchar
el
reguetón?En
los
días
siguientes
de
esa
conversación
con
su
compañera,
una
de
las
primeras
cosas
que
le
pasaron
a
Patricia
fue
que
comenzó
a
detenerse
a
pensar
aún
más
en
el
contenido
de
las
letras
de
reguetón
que
escuchaba. Y
sí,
habían
canciones
que
me
incomodaban,
pero
sí,
siento
que
me
hizo
un
poquito
más
consciente
de
la
lírica
del
reguetón
o
cómo
esto
puede
contribuir
a
la
perspectiva
de
cómo
se
deben
tratar
a
las
mujeres.No
es
una
exageración
decir
que
comenzó
a
sufrir
un
poco
de
una
crisis
de
identidad.
Se
sentía
molesta. Porque
era
algo
que
yo
nunca
me
había
planteado
y
de
porque,
ah,
quizás
eso
me
hacía
menos
feminista.
Y
estoy
escuchando
el
reggaetón
porque
no
tanto
de
feminismo
y
era
como,
no
sé,
me
afectó
un
poquito,
quizás
de
que
yo
no
sabía
nada.
Como
que
ese
temor
de…
yo
no
sabía
lo
que
era
feminismo,
o
que
no
soy
de
verdad
feminista. No
es
una
duda
poco
frecuente
en
algunas
de
las
personas
que
se
identifican
como
feministas:
¿Qué
debe
hacer,
qué
debe
pensar
una,
entre
comillas,
“buena”
o
“mala”
feminista
ante
los
ojos
de
los
demás?
¿Te
gusta
el
rosado?
Pierdes
puntos.
¿Quieres
tener
hijos
y
quedarte
en
casa?
No
eres
feminista.
¿Te
gusta
el
maquillaje
y
la
moda?
No
estás
lo
suficientemente
deconstruida…
Y
así.
Como
si
hubiera
una
sola
forma
de
ser
feminista.
Y
eso
era,
quizá,
lo
que
más
le
molestaba
a
Patricia.
Mientras
guardaba
todas
estas
preguntas,
seguía
cursando
su
maestría.
Un
día,
en
una
de
sus
clases,
su
profesora
les
mandó
una
tarea:
buscar
un
tema
que
les
diera
coraje
e
investigarlo.
Patricia
enseguida
pensó
en
lo
que
le
había
pasado
con
esa
compañera. Y
yo
le
digo
a
mi
profesora:
«me
pasó
esto
y
tengo
esto,
me
causó
coraje,
me
causó
como
que
me
sacudió
un
poco
porque
nuevamente
me
está
cuestionando
mis
estándares».
Y
ella
me
dijo
“ese
es
tu
tema”.Así
que
se
puso
a
investigar.
Patricia
partió
por
querer
entender
algo
crucial:
cómo
se
relacionaban
las
mujeres
puertorriqueñas
con
el
reguetón,
y
cómo
se
veían
representadas
en
esa
música.
Elaboró
varias
preguntas
que
quería
responder.
Y
empezaría
por
la
que
detonó
todo:
¿cómo
se
puede
ser
feminista
y
disfrutar
el
reguetón? ¿Cómo
pueden
ser
una
colectiva
feminista
y
hacer
un
party
de
reguetón? ¿Cómo
hace
sentir
a
las
mujeres
el
reguetón?¿Qué
hay
en
el
reguetón
el
que
quieras
ese
goce
incluirlo
con
el
feminismo?
Y
desmembrar
eso
un
poco. Era
2017,
y
comenzó
a
leer
libros,
tesis,
e
investigaciones
sobre
el
reguetón.
Pero
al
principio
le
costó
encontrar
información.
Buscó
en
la
página
web
oficial
del
Instituto
de
Cultura
Puertorriqueña
la
palabra
“reguetón”
y
no
salía
nada.
Algunos
textos
que
encontró
por
ahí
eran
críticos
de
la
música:
la
calificaban
como
simple,
repetitiva,
ofensiva
y
sin
calidad.
No
encontraba
casi
nada
a
favor.
Hasta
que
se
encontró
con
lecturas
que
hablaban
sobre
cómo
la
violencia
de
la
letra
del
reguetón
es
un
reflejo
de
la
violencia
de
la
isla.
Eso
hizo
click
en
Patricia. No
existe
la
violencia
de
género
porque
el
reguetón
existe,
sino
que
la
violencia
de
género
existe
y
se
ve
reflejada
en
el
reguetón
y
en
muchos
otros
aspectos
de
la
sociedad.
No
en
la
música,
sino
en
la
televisión
todos
los
días,
en
los
periódicos,
en
el
Instagram,
en
todos
lados
vemos
la
violencia
de
género.Patricia
también
leyó
un
argumento
que
le
atrajo
mucho:
Que
ese
mandato
de
qué
podía
escuchar
alguien
que
se
considera
feminista
termina
siendo
paternalista.
Dictamina
lo
que
a
las
mujeres
les
debe
gustar,
lo
que
deben
escuchar,
qué
les
debe
molestar,
lo
que
deben
ponerse
o
qué
es
aceptable
disfrutar.
Además,
en
muchas
de
las
canciones
de
reguetón
las
mujeres
no
son
pasivas
sino
sexualmente
activas.
Dicen
lo
que
les
gusta,
y
los
hombres
les
dan
placer.
Y
para
Patricia,
es
justamente
esto
lo
que
hace
que
muchas
personas
critiquen
al
reguetón. Y
es
como
que
cuando
nosotras
decimos
lo
que
sentimos
y
queremos
hacer,
como
la
autonomía
que
estaba
hablando,
pues
ahí
es
que
viene
el
disgusto
y
la
molestia.Es
decir,
también
hay
un
rechazo
—un
poco
más
velado—
a
que
las
mujeres
expresen
sus
deseos
sexuales
de
manera
directa.
Es
como
si
el
terreno
del
deseo
del
sexo
solo
le
perteneciera
a
los
hombres.
Por
eso
también
dentro
de
la
relación
que
Patricia
tiene
con
el
reguetón
está
el
perreo
y
el
significado
que
ella
y
otras
mujeres
le
dan. El
baile
está
vinculado
como
a
la
liberación
y
al
deseo
de
moverte
por
deseo,
porque
sí,
porque
te
sientes
sensual
y
te
sientes
bien. El
acto
de
perrear
se
ha
convertido
en
mucho
más
que
un
baile
para
muchas
mujeres.
En
especial
con
la
música
de
Ivy
Queen,
como
la
canción
que
escuchamos
antes
“Yo
quiero
bailar”.
Su
letra
abrió
un
espacio
en
las
pistas
de
baile
donde
las
mujeres
pueden
perrear
sin
tener
que
deberle
nada
a
nadie.
Un
perreo
donde
son
ellas
quienes
dirigen,
deciden
hasta
dónde
van
a
llegar
y
con
quién.
Un
baile
que
se
puede
hacer
sola
o
con
las
amigas.
Y
eso
empodera.
Y
al
final
del
día
la
relación
que
yo
tengo
o
que
las
mujeres
quieran
o
puedan
tener
con
el
reguetón
es
bien
de
ellas. Con
todo
esto
Patricia
pensó,
por
ejemplo,
en
las
mujeres
que
salen
en
los
videos
de
reguetón
y
que
veía
de
niña.
Sabía
que
la
crítica
más
común
era
que
eran
cosificadas
e
hipersexualizadas.
Y
llegó
a
la
conclusión
de
que
no
tiene
un
problema
con
eso
siempre
y
cuando
sean
ellas
las
que
ponen
los
términos
de
su
participación:
que
les
paguen
bien,
que
se
sientan
cómodas
perreando
frente
a
la
cámara.
Había
aprendido
mucho
y
con
todo
lo
que
había
leído,
Patricia
escribió
un
ensayo
que
fue
una
especie
de
catarsis.
Pero
ese
solo
fue
el
primer
paso.
A
partir
de
ahí
se
sumergió
por
completo
en
el
estudio
del
reguetón.Una
pausa
y
volvemos.
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante,
soy
Daniel
Alarcón.
Nuestra
productora
Lisette
Arévalo
nos
sigue
contando. Después
de
ese
primer
escrito,
Patricia
comenzó
a
relacionar
el
reguetón
con
todos
los
temas
que
veía
en
sus
clases
de
la
maestría.
Hasta
se
convirtió
en
su
tema
de
tesis.
Pero
no
se
quedó
en
solo
algo
académico.
Mientras
estaba
trabajando
en
su
tesis,
Patricia
logró
ser
pasante
en
el
Smithsonian
Center
for
Life
and
Cultural
Heritage,
en
Washington
DC.
Era
verano
de
2019
y
ahí
la
conoció
a
ella… Yo
soy
Ashley
Oliva
Mayor.
Soy
una
historiadora
y
curadora
de
música
latina.Ashley
trabajaba
en
el
Smithsonian
desde
2016.
Y
en
ese
momento,
2019,
formaba
parte
del
Latino
Center.
Como
Patricia
estaba
interesada
en
conectarse
con
diferentes
personas
que
estudiaran
música
latina,
buscó
a
Ashley
para
conversar. Me
dice
mira,
estoy
súper
interesada
en
hablar
contigo,
me
interesa
la
música,
el
reguetón.
Yo
le
dije
wow,
me
encanta
también… Se
sentaron
en
una
cafetería
del
museo
y
hablaron
un
buen
rato
sobre
el
reguetón. Yo
le
cuento
que
una
de
mis
metas
es
ampliar
lo
que
es
la
representación
latina
en
la
colección
de
música
del
museo,
y
quería
llamar
la
atención
y
empezar
a
incluir
más
historias
y
más
objetos
que
representaban
lo
que
es
una
experiencia
del
género
urbano
de
reguetón,
porque
siento
que
es
importante
que
la
gente
sepa
esa
historia
también.Estos
archivos
crean
memoria
de
un
país
y
su
gente.
Pero
eso
era
algo
que
no
habían
visto
para
el
reguetón.
Y
por
lo
tanto,
tampoco
para
la
gente
que
lo
creó. Reguetón
no
es
un
género
de
ayer,
es
un
género
de
más
de
30
años
ya.
La
importancia
es
también
reconocer
los
orígenes
de
esa
música,
de
dónde
viene,
las
comunidades
en
que
se
desarrolló.
Las
personas
que
influyeron
en
el
desarrollo
del
género.Patricia
pensaba
igual
que
Ashley.
Y
las
dos
quedaron
maravilladas
la
una
con
la
otra,
con
lo
que
pensaban
y
su
pasión
por
el
reguetón.
Unos
días
más
tarde,
a
Patricia
la
invitaron
a
un
tour
con
el
grupo
de
pasantes
del
centro
latino
y
Ashley
era
la
guía.
Les
mostró
diferentes
artículos
de
historia
de
la
música
latina
que
conserva
el
Smithsonian,
como
los
trajes
de
Celia
Cruz
y
hasta
los
zapatos
que
utilizaba
en
sus
conciertos.
Patricia
estaba
maravillada
con
lo
que
veía
pero
también
le
sorprendió
algo.
En
medio
de
todos
esos
objetos,
discos
y
posters
de
música
latina
en
el
Smithsonian,
no
había
uno
solo
sobre
reguetón. Yo
me
quedé
como
que
con
el
pensamiento
de
que,
diantres,
aquí
faltaría
algo
como
de
reguetón.
Y
después
de
haber
visto
tantos
objetos
con
tanta
memoria
en
el
Smithsonian
y
la
conversación
que
había
tenido
con
Ashley,
Patricia
pensó: Ah,
mira,
quizás
yo
puedo
hacer
un
archivo
que
tenga
cosas
de
reguetón. Ya
en
el
avión
de
regreso
a
San
Juan,
Patricia
empezó
a
soñar
con
tener
una
colección
gigante
con
objetos
y
un
recorrido
por
los
hitos
de
esa
música.
Quizá
hasta
algún
día
llegar
a
tener
todas
esas
cosas
que
había
visto
en
el
Smithsonian.
Pero
en
vez
de
los
zapatos
y
los
trajes
de
Celia
Cruz,
podrían
ser
los
disfraces
de
los
bufones
que
salían
en
ese
primer
video
de
reguetón
que
vio
de
pequeña,
“Gata
Celosa”.
O
tal
vez
alguna
de
las
gafas
o
las
cadenas
doradas
que
usaban
los
cantantes
en
los
años
90.
No
era
una
cuestión
de
tener
estos
objetos
por
el
simple
hecho
de
tenerlos.
Sino
por
su
contenido
histórico,
su
memoria
y
la
influencia
que
ha
tenido
en
la
manera
en
que
ella
y
tantos
jóvenes
puertorriqueños
piensan,
hablan
y
sienten.
Porque
para
Patricia,
el
reguetón
es
cultura
puertorriqueña.
Y
ese
sería
el
lema
de
su
proyecto
de
tesis:
el
reguetón
es
cultura.
Decidió
llamarlo
Hasta
Abajo
Project
por
ser
una
de
las
frases
más
gritadas
y
cantadas
en
medio
del
disfrute
de
las
fiestas
de
reguetón.
Era
noviembre
del
2019
y
para
dar
inicio
al
archivo
creó
una
cuenta
de
Instagram.
El
primer
post
decía
que
Hasta
Abajo
es
un
colectivo
que
busca
salvaguardar,
educar
y
exponer
el
reguetón
para
resaltar
su
valor
en
la
cultura
puertorriqueña.
Que
la
meta
era
crear
un
museo
a
través
de
una
serie
de
proyectos.
Y
seguía… Uno
de
ellos,
por
ejemplo,
es
la
creación
de
un
archivo
histórico.
Para
poder
comenzar
con
su
creación,
necesitamos
su
ayuda. Con
el
hashtag
#SomosHastaAbajo,
Patricia
pedía
que
las
personas
enviaran
fotos
de
conciertos,
cassettes,
flyers,
o
cualquier
otro
objeto
de
reguetón
que
tuvieran
guardado.
Hizo
lo
mismo
en
sus
cuentas
de
Facebook
y
Twitter.
Y
aunque
la
respuesta
no
fue
masiva,
recibió
algunas.
Una
persona
le
envió
una
foto
de
una
colección
de
CDs
que
tenía
que
había
comprado
e
intercambiado
con
sus
amigos
en
sus
años
de
estreno.
Su
post
venía
acompañado
de
un
mensaje
que
decía
que
cada
vez
que
escuchaba
esa
música
lo
transportaba
a
sus
años
de
juventud.
Otra
persona
mandó
la
foto
de
un
CD
que
su
papá
le
compró
antes
de
irse
de
la
isla
para
vivir
a
Estados
Unidos.
Contaba
que
cuando
regresó
encontró
el
CD
y
se
acordó
de
una
época
que
atesoraba
con
su
papá
y
las
visitas
que
hacían
a
las
disqueras.
Les
mandaron
fotos
de
tickets
de
conciertos,
de
pósters
con
firmas
de
los
artistas
y
muchos
discos
pirateados.
Patricia
se
emocionó
mucho
al
recibir
estas
fotos.
Era
el
inicio
del
archivo
que
quería
crear.
Pero
en
medio
de
terminar
su
maestría,
ya
cada
vez
le
quedaba
menos
tiempo
para
darle
seguimiento
a
las
publicaciones
y
a
las
redes
sociales.
Así
que
dejó
el
proyecto
varado
por
un
tiempo.
Hasta
que
casi
un
año
después,
en
septiembre
de
2020,
Ashley
se
encontró
con
los
posts
de
Patricia
en
las
redes
sociales.
Después
de
conocerse
en
Washington
DC,
se
seguían
mutuamente
en
sus
cuentas
personales
pero
no
estaban
en
contacto
constante.
A
Ashley
le
llamó
mucho
la
atención
ver
el
inicio
de
un
posible
primer
archivo
histórico
del
reguetón,
pero
con
algo
particular:
al
hacer
un
llamado
a
enviar
fotos
personales
de
objetos
de
reguetón,
Patricia
estaba
uniendo
la
historia
cultural
de
este
género
con
las
historias
íntimas
de
la
gente.
De
sus
memorias.
De
su
cultura.
Enseguida
Ashley
le
escribió
a
Patricia
y
le
dijo
que
le
encantaría
formar
parte
del
proyecto.
Aceptó
feliz. Tengo
una
profesional
del
Smithsonian
al
lado
mío.
What
the
fuck.
Es
como
se
volvió
más
real. Porque
si
bien
el
Smithsonian
no
participaría
directamente,
Ashley
venía
con
todo
el
conocimiento
que
había
aprendido
durante
años
de
trabajar
allí.
Con
su
participación
personal,
su
proyecto
dejaba
de
ser
una
tesis
de
maestría.
El
dilema
que
había
llevado
a
Patricia
a
meterse
de
fondo
a
estudiar
el
reguetón
ahora
le
había
permitido
crear
un
equipo.
Comenzaron
a
reunirse
por
Zoom
—Patricia
desde
San
Juan,
Puerto
Rico
y
Ashley
desde
Washington
DC—
para
planear
actividades.
La
primera
fue
una
celebración
del
aniversario
del
primer
post
que
se
hizo
desde
la
cuenta
de
Hasta
Abajo
Project.
Era
noviembre
del
2020. Hicimos
un
sinnúmero
de
paneles
que
fueron
de
reguetón
en
la
moda,
perreo
en
la
academia,
reguetón
es
memoria. Se
sumaron
unas
90
personas
a
los
paneles
virtuales.
Les
fue
tan
bien
que
hicieron
otro
en
marzo
de
2021.
Y
en
una
especie
de
continuidad
con
la
pregunta
que
le
había
impulsado
a
crear
su
proyecto,
dedicaron
el
panel
para
hablar
sobre
reguetón
y
feminismo
que
se
llamaba
“Sin
mujeres
no
hay
reguetón”. También
tuvo
gran
acogida.
Eso
fue
increíble
para
Patricia
y
desde
ese
momento
ya
no
hubo
marcha
atrás.
El
proyecto
estaba
funcionando. Dejó
de
ser
una
tesis
hace
rato.
Es
una
organización,
es
un
proyecto,
es
una
iniciativa.
Es
gente
trabajando
todos
los
días. Cada
vez
más
la
gente
hablaba
de
ellas
en
las
redes
sociales
y
se
iban
enterando
de
sus
ganas
de
crear
el
primer
archivo
de
reguetón.
Además,
que
por
ese
entonces
empezaron
a
pedirle
a
la
gente
que,
si
podía,
donara
sus
objetos
para
poder
crear
el
archivo
físico
que
tanto
querían.
Y
ese
mismo
año
pasó
algo
increíble.
Ahí
nos
contacta
Juan
Arroyo.
Me
escribe:
“Mira,
yo
soy
Juan
Arroyo.
Yo
fui
el
creador
de
Reguetón
Lyrics,
que
después
fue
Reggaetón
World”,
y
yo…
¡¿Qué?!Reguetón
Lyrics
era
una
página
dedicada
a
difundir
la
música
y
también
sus
letras. “Y
mira,
en
mi
casa
yo
tengo
un
montón
de
cd’s,
un
montón
de
cosas,
te
las
voy
a
dar”.
Y
nos
dio
sobre
300
artículos
entre
revistas,
cd’s,
carnets
de
prensa.
Y
allí
es
como
oficialmente
tenemos
un
archivo,
tenemos
un
material. Patricia
no
lo
podía
creer.
Muy
agradecida
con
Juan
Arroyo,
le
dijo
que
que
iría
a
recoger
las
cosas
cuando
tuviera
un
lugar
para
guardarlas.
No
quería
tener
todos
esos
objetos
ahí,
en
su
casa,
empolvándose.
Quería
hacerlo
bien
desde
el
inicio.
De
manera
profesional.
Así
que
se
preparó:
Yo
tomé
clases
de
archivo,
no
somos
un
corillo
de
loquitos
ahí
inventándonos
un
archivo.En
esa
clase
aprendió
técnicas
para
preservar
los
objetos
de
la
mejor
manera:
agarrarlos
con
guantes,
cómo
limpiarlos,
bajo
qué
condiciones
guardarlos.
Después
de
unos
días
consiguieron
un
espacio
para
rentar:
una
bodega
grande
que
estaba
aclimatada
y
tenía
las
condiciones
necesarias
para
preservar
los
objetos.
Patricia
llamó
a
Juan
y
quedaron
en
que
iría
a
su
casa
a
retirar
el
material.
Él
ya
tenía
todo
listo
para
ellas.
Los
CDs,
las
revistas,
todo
estaba
guardado
en
cajas
con
cojines
de
aire
para
protegerlos. Me
emocioné
un
montón.
Jamás
pensé
que
iba
a
tener
un
donativo
como
ese.
Yo
no
me
podía
creer.
Todavía
no
me
lo
creo.
Y
cada
vez
que
vamos
y
veo
todo
eso
cds,
que
básicamente
está
casi
toda
la
música
del
reguetón
ahí.Guardó
todo
en
ese
lugar.
Y
después
de
un
llamado
que
hicieron
en
sus
redes,
otras
personas
también
donaron
varios
ítems
como
entradas
de
conciertos,
carteles,
revistas…
A
pesar
de
que
no
es
ni
cerquita
de
sofisticado
como
el
Smithsonian,
para
Patricia
es
el
inicio
de
lo
que
espera
que
en
unos
años
se
convierta:
un
museo
de
reguetón.
Aunque
será
un
camino
largo,
siente
que
valdrá
la
pena.
Cuando
estuve
en
San
Juan
me
encontré
con
Ashley
y
Natalia
Merced,
una
integrante
más
de
Hasta
Abajo,
encargada
de
las
redes
sociales.
Me
llevaron
a
conocer
el
archivo. Bueno,
bienvenidas,
has
llegado
al
almacén
de
Hasta
Abajo
Project.Hace
frío. Sí,
bueno
es
mejor
porque
todo
lo
que
tenemos
necesita
control
de
temperatura
y
humedad.El
lugar
era
enorme
y
tenía
varias
bodegas
con
puertas
metálicas.
Detrás
de
una
de
esas
estaba
el
archivo
que
habían
recolectado
hasta
ese
momento
en
siete
cajas.
Cajas
que
tenían
muchísima
historia
de
Puerto
Rico.
Poco
a
poco
fueron
sacando
los
objetos
y
poniéndolos
sobre
una
mesa
que
estaba
en
el
centro.
Aquí
tienes
algunas
cajas
de
lo
que
tenemos
en
Hasta
Abajo
Project
en
nuestro
archivo.
Tenemos
películas,
como
DVDs
de
conciertos,
visuales,
documentales
si
hay
algunos… Se
pusieron
guantes
y
me
fueron
mostrando
uno
por
uno
los
discos
que
tenían
ahí.
Me
enseñaron
que
hay
varias
formas
de
analizar
la
portada
de
un
CD.
Por
ejemplo,
cómo
la
gráfica
y
el
diseño
habla
de
la
identidad
visual
de
cada
artista.
Y
hasta
tenían
unos
DVD’s
de
clases
para
aprender
a
perrear. Y
aquí
tienes
otros
ejemplos
de
las
cosas
que
coleccionamos.
Por
ejemplo,
artículos
de
periódico
que
se
tratan
de
reguetón.
Posters
también
de
conciertos…
Este
es
de
Bad
Bunny… Era
el
póster
del
primer
concierto
que
dio
Bad
Bunny
en
Puerto
Rico
en
una
de
las
sedes
más
importantes
de
la
isla.
Me
mostraron
revistas
del
Centro
de
Estudios
Puertorriqueños
con
artículos
históricos
sobre
el
reguetón.
Y
un
objeto
muy
especial:
una
tanga
o
gistro
amarillo
que
fue
creado
para
promocionar
la
canción
del
mismo
nombre
de
Wisin.
Esta
es
Natalia
Merced. Una
de
las
canciones
más
icónicas
del
reguetón
es
la
que
habla
del
gistro
amarillo.
Y
que
haya
literalmente
un
gistro
amarillo
como
parte
del
archivo,
me
parece
genial.
El
coro
dice…
“El
corillo,
enséñame
el
gistro
amarillo”.
Vélala,
que
esta
fronteando
en
el
corillo,
enséñame
el
gistro
amarillo”.
Es
sencillo,
guaya
el
calzoncillo.
Se
siente
bien…¡Bien
a
fueguillo!Este
gistro
es
uno
de
los
ítems
favoritos
que
tienen
en
el
archivo
de
Hasta
Abajo.
Por
ahora.
Para
Natalia,
por
ejemplo,
su
objeto
soñado
serían
unas
gafas
de
Bad
Bunny,
de
las
que
usaba
al
inicio
de
su
carrera.
Y
quién
sabe.
A
este
ritmo
es
probable
que
lo
consigan.
Ahora,
son
ocho
personas
trabajando
para
alimentar
el
archivo.
Y
para
crear
memoria.
Dan
charlas
en
colegios,
universidades
y
hasta
en
el
Conservatorio
de
Música
de
Puerto
Rico.
Se
han
puesto
a
las
órdenes
de
quien
quiera
estudiar
el
reguetón
para
que
puedan
usar
a
Hasta
Abajo
como
una
bibliografía
del
género
musical.
Pero
no
todas
han
sido
actividades
dentro
de
las
aulas
y
solamente
sobre
reguetón.
Se
han
puesto
a
perrear
en
fiestas
organizadas
por
ellas.
Talleres
de
perreo
y
mucho
bailoteo.
Y
en
general
su
trabajo
ha
sido
recibido
bien.
Las
acompañé
a
una
feria
de
artistas
donde
fueron
a
vender
sus
camisetas,
CDs
y
stickers
para
recaudar
fondos
y
autogestionar
su
proyecto.
Patricia
y
Ashley
estaban
usando
la
camiseta
icónica
de
Hasta
Abajo
Project
que
dice:
“Reguetón
es
cultura”.
Y
en
un
momento
de
la
tarde
una
señora
en
sus
50s
se
paró
cerca
de
la
mesa,
vio
la
camiseta
y
negó
con
la
cabeza
con
una
sonrisa
cínica.
“¿Ves
lo
que
pasó
ahí?”
me
preguntó
Patricia.
No
era
la
primera
vez
que
recibían
un
gesto
como
ese. La
camisa
de:
“El
reguetón
es
cultura”
es
un
statement
bien
contundente
y
que
puede
incomodar
a
muchas
personas
como
le
puede
encantar
a
otras.
Siento
que
tiene
que
ver
con…
cómo
el
chip
mental
que
estaba
hablando
del
tabú
que
va
alrededor
del
reguetón
,
o
sea,
es
un
ataque
de
años.
Y
que
todavía
sigue.
Siento
que
ese
tabú
también,
a
veces
no
le
permite
a
las
personas
decir
reguetón
y
cultura,
¡no’
Cultura
es
el
jíbaro
puertorriqueño,
cultura
es
la
bandera
de
Puerto
Rico.
O
sea,
pero
no,
cultura
es
mucho
más.
Cultura
no
es
lo
que
nos
dice
el
gobierno
que
es
cultura. A
pesar
del
nivel
de
fama
de
cantantes
puertorriqueños
como
Bad
Bunny,
Daddy
Yankee,
Ozuna,
todavía
hay
muchas
miradas
juzgonas
hacia
la
música
y,
bueno,
hacia
el
perreo.
Todavía
existe
la
idea
de
que
es
la
música
del
diablo,
como
muchas
veces
escuché
en
mi
adolescencia.
Todavía
queda
el
cuestionamiento
de
si
se
puede
ser
feminista
y
gustarnos
el
reguetón.
Pero
eso
no
le
importa
a
Patricia.
Porque
después
de
todo,
el
trabajo
que
ha
venido
haciendo
le
ha
enseñado
mucho
sobre
misma:
sobre
su
identidad,
su
cultura,
y
la
relación
que
tiene
con
el
feminismo.
Y
esto
último
lo
ha
llevado
a
su
proyecto.
Publican
posts
en
sus
redes
sobre
feminismo
y
sexualidad,
y
constantemente
están
buscando
alimentar
la
discusión
al
respecto.
Ha
sido
la
manera
en
que
Patricia
ha
logrado
una
especie
de
reconciliación
con
esa
duda
que
la
carcomía.
Si
ahorita
te
hiciera
la
pregunta
esa
misma
persona,
o
yo
en
este
caso,
¿cómo
puede
ser
feminista
y
gustarte
el
reguetón
?
¿Cómo
responderías?Que…
porque
puedo.
Porque
mi
feminismo
precisamente
me
lo
permite.
Me
permite
decidir
qué
me
gusta,
qué
escucho,
qué
bailo,
qué
no
bailo
y
me
da
esa
autoridad
de
sobre
mi
cuerpo
y
mis
decisiones.No
es
sorpresa
que
ahora
haya
muchas
mujeres,
personas
del
colectivo
LGBTIQ+
y
feministas
que
han
encontrado
en
el
reguetón
una
herramienta
de
liberación.
Que
además,
es
un
género
que
no
ha
dejado
de
lado
sus
raíces:
la
protesta
social
en
todos
los
niveles.
Y
las
mujeres
han
estado
ahí,
dándole
un
nuevo
significado
a
las
canciones,
hablando
de
los
temas
urgentes
que
las
atraviesan.
No
por
nada
ahora
los
nombres
más
sonados
en
la
industria
son
de
las
mismas
mujeres
que
han
demostrado
esa
autonomía.
Como
la
colombiana
Karol
G
con
su
tema
“Bichota”
que
viene
de
la
palabra
puertorriqueña
bichote,
utilizada
para
hablar
de
los
jefes
de
droga.
Pero
que
Karol
G
le
ha
dado
un
nuevo
significado:
la
utiliza
para
referirse
a
una
mujer
poderosa,
atrevida,
sexy…
Y
también
está
el
mismo
Bad
Bunny
que,
a
pesar
de
que
muchas
de
sus
canciones
más
viejas
pueden
considerarse
machistas,
ahora
tiene
varios
temas
que
son
todo
lo
contrario.
Entre
ellos,
uno
de
los
más
famosos,
“Yo
perreo
sola”…
Una
canción
dedicada,
justamente,
a
esa
libertad
de
las
mujeres
de
perrear
cuando
quieran,
con
quien
quieran
y
sin
que
nadie
se
les
pegue.
Como
ya
lo
había
planteado
Ivy
Queen.
Y
por
esto
y
muchas
razones
más
es
que
Patricia
me
dijo
algo
que
una
vez
escuchó
decir
a
una
colectiva
feminista:
“Si
no
puedo
perrear
no
es
mi
revolución”.Lisette
Arévalo
es
productora
senior
de
Radio
Ambulante.
Vive
en
Quito,
Ecuador.
Esta
historia
fue
editada
por
Camila
Segura,
Natalia
Sánchez-Loayza
y
por
mí.
Bruno
Scelza
hizo
el
fact-checking.
El
diseño
de
sonido
es
de
Andrés
Azpiri
con
música
original
de
Ana
Tuirán.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Paola
Alean,
Nicolás
Alonso,
Pablo
Arguelles,
Aneris
Cassasus,
Diego
Corzo,
Emila
Erbetta,
Camilo
Jiménez
Santofimio,
Rémy
Lozano,
Selene
Mazón,
Juan
David
Naranjo,
Ana
Pais,
Melisa
Rabanales,
Laura
Rojas
Aponte,
Barbara
Sawhill,
David
Trujillo,
Elsa
Liliana
Ulloa
y
Luis
Fernando
Vargas.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
es
un
podcast
de
Radio
Ambulante
Estudios,
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
de
Hindenburg
PRO.
Radio
Ambulante
cuenta
las
historias
de
América
Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
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: Antes de comenzar una advertencia. En este episodio hay lenguaje explícito. Se recomienda discreción. Esto es Radio Ambulante desde NPR, soy Daniel Alarcón. Hay dos cosas que deben saber sobre la puertorriqueña Patricia Velázquez. La primera es que, a sus 28 años, tiene algo muy claro sobre sí misma. Si mi vida fuera una película, el soundtrack con el que comenzaría sería una canción de reguetón.Una específica, la primera que escuchó en el 2002: Gata Celosa, una colaboración de los puertorriqueños Magnate y Valentino con Héctor y Tito. Dice: “Si tú quieres de esto, toma que yo tengo lo que tú quieras de mí. Ven, perrea lento con el movimiento. Ven gata celosa por mí….”Coge el movimientooo, ven gata celosa por mí, por mí. Perreo, papi perreo… Azota… Desde niña, Patricia ha escuchado mucho reguetón. Pero esta canción, Gata Celosa, la transporta a la casa de su abuela, cuando tenía como 7 años y se la pasaba viendo un canal de televisión nacional de videos musicales, en su mayoría de reguetón. Su abuela, de vez en cuando, le echaba un ojo para que Patricia no fuera a imitar los movimientos de las chicas de los videos, o sea que no se pusiera a perrear. Gata celosa es solo una de la larga lista de canciones que le recuerdan momentos muy específicos de su vida. Géneros como salsa, merengue, bachata y claro, reguetón, siempre han sido parte fundamental de su identidad. Y bueno, lo segundo que tienen que saber de Patricia…Me considero una mujer 100% feminista.Empezó a interesarse en los estudios de género en 2012, cuando entró a estudiar Educación Secundaria en la universidad. Mientras más aprendía sobre feminismo, más sentía que resonaba con lo que ella siempre había creído. En especial cuando la discusión giraba en torno a la autonomía de los cuerpos. Era un tema de conversación en sus clases, en su grupo de teatro y con sus amigas. Terminó su carrera en la primavera de 2017 y ese mismo otoño empezó una maestría en gestión cultural. Era finales de octubre de ese año. Recién había pasado el Huracán María, muchas vías públicas de la isla habían sido despejadas pero la Universidad de Patricia seguía sin luz. Así que uno de sus profesores les dijo que retomarían las clases en otro espacio. Y como no había mucho estacionamiento allí, Patricia se ofreció a llevar a algunos compañeros en su auto. Cuando se subieron, obviamente, Patricia puso reguetón a todo volumen. Y en ese momento una compañera le dijo… No entiendo cómo puedes ser feminista y escuchar reguetón. Así me lo dijo tal cual. Patricia no supo cómo responder. Si bien había aprendido un poco sobre feminismo y había escuchado las críticas hacia el reguetón —como que es machista y cosifica a las mujeres—, nunca se lo había planteado de esa manera. No se le había ocurrido claramente que el feminismo y el reguetón no pudieran coexistir en una persona. Se molestó y se puso a la defensiva. Porque nunca me habían cuestionado de esa forma a mí, como mis estándares. Yo “oh… Dios mío.” Este (risa)… Yo no recuerdo que le respondí, quizás algo como que: “Yo escucho reguetón y escucho reguetón todos los días y soy feminista y perreo”, como que probablemente le pude haber contestado algo así. La conversación entre ellas no siguió, pero la pregunta le quedó sonando. Hasta el punto de causarle un conflicto de identidad ¿Cómo amar tanto un género musical que puede cosificar a las mujeres? Y eso provocó en mí que como esta pregunta yo me la empecé a hacer yo misma y yo dije: ¿Cómo yo puedo responder la próxima vez que me cuestionen esto?Ya encontraría la manera. Y sin saberlo, ese intento de reconciliar el feminismo con el reguetón la llevaría a crear algo único. Una pausa y volvemos. : Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Nuestra productora senior Lisette Arévalo nos sigue contando. Conocí a Patricia en junio de 2022 en San Juan, Puerto Rico. Ya habíamos tenido una llamada antes de que yo viajara a la isla para entrevistarla y después de eso me pasó un texto que había escrito que tenía una lista de más de 20 canciones. Su vida —desde su niñez pasando por la adolescencia y sus años de universidad— podría narrarse a través de esas canciones. Cada una le recuerda un momento específico. Así que le pedí que comenzáramos por una de las primeras. Empecemos con Doncella, del 2004. ¿Qué recuerdo tienes de esa canción? Yo conocí a una nena, tan bella. Ella es como una doncella ella, ella, tan bella… Había una muchacha que nos cuidaba mientras mi mamá trabajaba. Y el hermano de ella, mientras lavaba carro ponía música alta. Y escuché esa canción. Como que la relaciono mucho a esa casa. En esa época, Patricia tenía unos 9 años, su hermano mayor unos 19 y la menor, unos 7. Ya habían pasado cuatro años desde que sus padres se habían divorciado y mudado a diferentes pueblos del sudeste de la isla. Su mamá vivía en Juncos y su papá a un poco más de 10 minutos, en Las Piedras. Ella y su hermana vivían entre las dos casas, pero pasaban más tiempo en la de su mamá. “Doncella” era una de las tantas canciones que Patricia escuchaba del álbum “Motivando a la Yal” de los puertorriqueños Zion y Lennox, que por esa época estaba muy de moda y sonaba todo el tiempo en la radio. Ese año, 2004, fue uno de los primeros en que el reguetón comenzó a escucharse más allá de los programas dedicados a lo que se llamaba “música tropical”. Y también empezó a escucharse más fuera de la isla… en toda América Latina. Pero mucho antes de esto, Patricia tenía reguetón sonando en el fondo de su día a día. Lo escuchaba en la mañana antes de ir a la escuela. En las tardes cuando salía de clases, y regresaba a casa. O cuando estaba donde su abuela y su tío pasaba en su auto con el reguetón a toda. Hasta lo escuchaba en la escuela pública a la que iba. Cuando había fiestas dentro del colegio, las profesoras ubicaban un parlante en medio del patio y ponían reguetón. Patricia tenía 8 años más o menos cuando tuvo su primera fiesta y se acuerda que a todos los niños les encantaba. Y me acuerdo que los bailes eran que se ponían como en una fila india, uno detrás de los otros. Y bailaban como de lado a lado. Era alguna cosa bien, incluso hasta separados. No era nada sexual. Era un disfrute entre chamaquitos vacilando con reguetón. Y es que el reguetón estaba presente en casi cada rincón de su Puerto Rico. En el barrio donde vivía su mamá, en Juncos, por ejemplo, había… Muchos carros con música alta, vecinos con música alta. Eran unos barrios, unas urbanizaciones un poco más, menos exclusivas.Menciona que la zona donde vivía su mamá era menos exclusiva porque el reguetón, de cierta manera, también lo era. Antes de seguir tengo que dejar algo claro: hablar del origen del reguetón es como hablar del origen del pisco. Un tema polémico y de discusión. Algunos dicen que nació en Jamaica… Otros en Panamá, en la ciudad de Nueva York… Y claro, en Puerto Rico. Lo cierto es que todos estos lugares han sido cruciales para el desarrollo del género músical. Así que se podría decir que el reguetón no es técnicamente de un solo lugar. Pero lo que sí podemos decir, y otros ya vienen diciendo, es que su fuerza comercial se estableció en Puerto Rico. Entonces, con el permiso de Panamá y el resto del Caribe, nos vamos a enfocar en este lugar. El reguetón que nació en el Puerto Rico de los años 80 salió de las zonas marginalizadas de la isla. La fusión de los ritmos del rap estadounidense y la estética del reggae jamaiquino y panameño, se escuchaba en las barriadas y los caseríos, esas viviendas públicas destinadas a las familias de bajos ingresos. Nació como una expresión cultural del malestar social y los jóvenes creaban canciones con letras rapeadas, a veces cantadas, y se caracterizaba por diferenciarse del rap más comercial de los estudios de grabación. Esa nueva música puertorriqueña era cruda, confrontacional, bulliciosa y, muchas veces, violenta. Era espontánea, sin censura y hablaba de lo que pasaba en las calles… Pero sobre todo, hacía referencia a las condiciones sociales del país: tasas de desempleo de hasta 59% en algunas zonas, escuelas en malas condiciones, corrupción gubernamental y violencia vinculada al narcotráfico. Muchas canciones sonaban algo así, como esta canción de Vico C de 1990, “Recta final”. Dinero puede controlar hasta la corte. Tanto en el sur como allá en el norte. Creen que lo lujoso es la salvación. Y ahí es que el corrupto entra en acción. Aplastando, abusando, asesinando…Para los 90s, esta música se conocía como underground. Los artistas grababan sus canciones con DJs que se encargaban de la producción y la distribución de varias copias de CDs en clubes, en los lugares de trabajo y en sus barrios. Y esas copias, a su vez, eran pirateadas y distribuidas por toda la isla. No es gratuito que muchos consideren a Djs como DJ Playero y DJ Negro como los padres del género musical. Por esa misma época, la palabra reguetón se escuchó por primera vez en Puerto Rico. Según DJ Playero, Daddy Yankee la usó en una canción que grabó con él para un mixtape en el que colaboraron en 1994. La canción se llama “So persígueme” y está en el disco Playero 34. Va así: Este es Daddy Yankee que le canta a la gente. Y tiene que acercarse. Baila el reguetón. Me encuentro furioso en la pista. Y toda la gente ahora tiene que acercarse… Y aunque era música que se escuchaba cada vez más, estaba lejos de ser aceptada por todo el mundo. Por el contenido de la gran mayoría de sus letras y su origen, algunos la relacionaban con una subcultura de la delincuencia. Por esos mismos años, un grupo religioso y conservador llamado Morality in Media lideró una campaña en contra del reguetón. Decían que esta música incitaba a los jóvenes a practicar sexo, entre comillas, “ilícito”, y que era una apología a la violencia y el consumo de drogas. Estas declaraciones eran las que dominaban el debate público sobre el reguetón. Y el gobierno local respondió. : Para los 90, este, hubo una persecución directa de mano dura contra el crimen, para allanar o adentrarse a espacios como caseríos y para criminalizarlos, como que era guerra contra las drogas. Pero era directamente en los barrios y caseríos, no en otros lugares. Y como el reguetón nace de estos espacios, pues se le vincula directamente con el crimen. En febrero de 1995, por ejemplo, el Escuadrón de Control del Vicio de la Policía de Puerto Rico y la Guardia Nacional hicieron una redada en seis locales de música en el área de San Juan. Cientos de cassettes y CDs de underground fueron confiscados por violar las leyes locales contra la obscenidad, que castigaba cualquier acción o actividad considerada morbosa. Esto iba desde bailar y cantar hasta distribuir libros o CDs… Eran leyes que siguen vigentes en el código penal de Puerto Rico para combatir la pornografía infantil y la obscenidad, pero que están sujetas a lo que llaman, y cito, “patrones comunitarios contemporáneos”. Por lo que su interpretación puede ser bastante subjetiva. Y la persecución no terminaba ahí. Bastaba verse como un “típico” reguetonero o rapero —ropa holgada, zapatos grandes, gorras y gafas de sol — para que la policía los parara para requisar sus autos buscando armas o drogas. De cierta manera, eran movidas políticas que servían a una clase media y a una élite que rechazaba la música que había empezado a salir de los caseríos. Una que era bailada por ciertas clases sociales y comunidades raciales, y que se estaba esparciendo por el resto de la isla. Se referían a ella de forma despectiva. Música por ejemplo, de gente pobre, gente negra, música sin clase o música vulgar.Esto sigue pasando, claro: hay mucha gente que la considera inmoral, artísticamente deficiente. Que era pornografía, que dañaba a la juventud… Y que era misógina… Por el contenido de sus videos musicales que salían mujeres bailando con… con tangas y todo.Y en especial, también, por el estilo del baile: lo que llegó a conocerse como perreo y que tiene origen en el ritmo jamaiquino llamado “dembow”, en el que los bailarines se restriegan unos contra los otros. Pero además, por el estilo de los videos de reguetón. Cuando comenzaron a crearlos, muchos artistas se inspiraron en los videos de rap de Estados Unidos donde salían mujeres en bikini de espaldas, mostrando las nalgas. Para muchos, lo que vendería y aseguraría el éxito del reguetón eran las mujeres: su cuerpo y su sexualidad. Y eso causaba que muchas personas las vieran nada más que como una simple mercancía. Y pues también eso tuvo un efecto en que las personas de momento vieran el reguetón también como algo malo, como que contribuyó a eso. Había —y sigue habiendo— una fuerte crítica de la hipersexualización de las mujeres en estos videos. Pero Patricia nunca las vio así. Claro que se acuerda de ver a estas mujeres en los videos pero nunca desde una mirada crítica.Simplemente las vi como que eran parte de esto. Simplemente era como admiración total de estos cuerpos, porque son mujeres obviamente delgadas, con muchas pompis, tetis, y eran bien bonitas de cara y siguen siendo la estética de la mujer bonita, de lo que entendemos como por belleza. Quería ser como ellas, bailar como ellas, usar su ropa y maquillarse igual. Y a diferencia de las chicas blancas y flacas que salían en las revistas y los programas de televisión estadounidenses, las de estos videos eran mujeres caribeñas, como ella. Mientras tanto, en medio de todas esas críticas, cada vez aparecían más artistas jóvenes que iban donde DJ Playero o DJ Negro a grabar sus canciones. Una de ellas fue Ivy Queen, considerada la reina del reguetón. En ese tiempo logró abrirse paso en un género musical dominado por hombres. No fue fácil. Ivy Queen ha dicho que cuando ella confesaba que quería dedicarse a esto la reacción era siempre de crítica: que era muy bajita, que su voz era muy gruesa, casi masculina. Pero ella ha dicho que esa diferencia fue su arma. En el 97 sacó su primer disco, En mi imperio, donde sus canciones buscaban alejarse del contenido machista que predominaba en la música de entonces, porque inclusive ella misma lo ha dicho en varias entrevistas: había reguetón que sí denigraba a la mujer. Esta es Ivy Queen en una entrevista en el Billboard Latin Music Week de 2022:Cuando yo comencé, los videos eran muy desagradables. Una cosa que yo veía a las mujeres literal en panty y brasier y me volvía… Yo me sentía mal porque yo era parte de ese género, de mi género. Y eso es lo que ella no quería. Su estilo musical buscaba hablar desde otra perspectiva. Quería que las mujeres se sintieran identificadas al escucharla. Todo me lo basé en defender a la mujer. En cómo la mujer quería ser amada. Cómo la mujer si está herida y un hombre le falló, cómo puedes ventilarlo y decirlo y no tener que reprimirlo.No solo eso, también ha hablado sobre la violencia de género en la isla. Se inspiraba en las vivencias reales de las mujeres que conocía. Pero ella era la excepción. Seguía habiendo columnas de opinión en los periódicos y programas de televisión enteros que se dedicaban a criticar el reguetón. Todo esto influyó a que, desde el inicio, el underground y luego el reguetón se distribuyeran a escondidas. A principios de los 2000, cuando Patricia estaba en la escuela primaria, ella y sus amigos pirateaban CDs y los intercambiaban en la escuela. Se sabía que cuando los jóvenes llegaban a sus casas, muchos escondían los CDs debajo del colchón o la almohada para que sus padres no los vieran. Fue por esa época, 2004, que el panorama del reguetón comenzó a cambiar con la famosa canción de Daddy Yankee, “Gasolina”. Daddy Yankee… Zúmbale mambo pa’ que mi gata prenda lo’ motore’. Que se preparen que lo que viene es pa’ que le den duro… El reguetón, incluida esta canción, sonó desde Estados Unidos, pasando por Europa y el resto de América Latina. Llegó a Ecuador, donde yo, con unos 12 años, comenzaba a ir a fiestas bailables en el colegio y claro que la recuerdo. Se podría decir que “Gasolina” es mi canción fundacional en el reguetón. A ella le gusta la gasolina, dame más gasolina… :La anticipación de que el reguetón se podría convertir en lo que el hip-hop fue para los afroamericanos, causó una ola de cambios en la industria. Las disqueras de hip-hop crearon sellos latinos y empezaron a firmar con artistas reguetoneros como Daddy Yankee. Él, por ejemplo, comenzó a ganar millones con su música y con los contratos que hizo para promocionar productos, crear líneas de ropa y giras musicales. Ya para 2006, los discos de reguetón se vendían tanto que varios artistas recibieron uno de los reconocimientos más importantes en la industria musical: el disco de oro, platino y doble platino, por su éxito en ventas. Ese mismo año, la música que comenzó con el rap de los muchachos de caseríos llegó a los Grammys Latinos, cuando Calle 13 se llevó tres premios. A pesar de todo este reconocimiento y popularidad, el reguetón no dejaba de ser algo prohibido para muchas personas. Incluso en Puerto Rico. Pero mientras más se buscaba censurarlo, más popularidad ganaba entre la gente. Miles de jóvenes como Patricia lo escuchaban activamente. Ella se acuerda que cuando comenzó la época de tener iPods y reproductores mp3 –por ahí por el 2006, 2007– sus amigas descargaban todas las canciones que querían de Internet y Patricia les pedía que las cargaran en su reproductor mp3. Prefería no bajarla en la computadora de su casa, a pesar de que no había una prohibición directa de su mamá o su papá. Pero yo sé que a ellos no les agradaba. So, antes de que ellos me dieran un regaño por escuchar o bailar reguetón, simplemente hacía que pensaran que yo no escuchaba eso o quizá… No sé. Especialmente porque había canciones muy sexuales. Como una que Patricia recuerda haber oído a sus 11 años. Fue un día que se escapó de la escuela con una amiga para escuchar un disco.Y fuimos a su casa y ella me puso en un boombox, un radio. Y escuchamos La combi completa, que es la de Nicky Jam y Daddy Yankee dice: «Que quiero la combi completa, que…» Y todas esas palabras bellas que vienen después. Chocha, culo, teta… Yo, quiero la combi completa, ¿qué? chocha, culo, teta… La canción se llama “En la cama” y salió en 2001, cuando Patricia tenía tan solo 7 años. Patricia la estaba escuchando 4 años más tarde porque no es que la ponían en los eventos escolares a los que ella iba. Quizá, justamente, por la letra que acabamos de escuchar. Y es que no es nuevo que haya música que no es recomendada para los niños y que no fue escrita pensando en un público infantil. Muchos psicólogos han hablado de los riesgos de que niños entre 6 y 12 años se enfrenten a un contenido que va más allá de su entendimiento del mundo. Puede confundirlos, causarles problemas de autoestima o llevarlos a un desarrollo precoz. Claro que esto no es exclusivo del reguetón. Pasa con telenovelas, películas, series, libros y música de otros géneros. Pero sí es cierto que el reguetón habla de sexo sin tapujos. Y en parte, eso era lo que le molestaba a muchos adultos. Yo siento que para las personas de dónde nace esta música, y también como es una música que empezó con la juventud, para la juventud no necesariamente esto era algo despreciable o malo. Era más como persona adulta, que sí que veían esto como mal.Patricia no recuerda haberse escandalizado en su adolescencia con las letras explícitas de las canciones. Para ella y sus compañeros era como una travesura pues sabían que no “debían” escuchar esa música. En ese momento de su vida no tenía conciencia de la hipersexualización de las mujeres en las canciones de reguetón ni de la agresividad de la letra hacia ellas. Además que para esa época ya no solo había canciones de ese tipo. En 2003 Ivy Queen lanzó su canción “Yo quiero bailar”, una revolución completa para la música porque hablaba sobre el consentimiento de las mujeres. Yo quiero bailar, tú quieres sudar y pegarte a mí, el cuerpo rozar y yo te digo si tú me puedes provocar, eso no quiere decir que pa’la cama voy.Además, a Patricia cada vez se le hacía más claro cómo el desprecio del reguetón era un asunto de clase pues lo vivió de primera mano. Cuando llegó a la secundaria, su mamá la sacó del colegio público y la puso en uno privado y católico. Ahí las dinámicas cambiaron un montón porque, pues como hay gente con más dinero, otros acceso, unas vidas un poquito más privilegiadas. Ahí pues… La primera vez que me decían como “cafre”. Y cafre es como persona pobre o inculta o de barrio.Las mismas características que se les atribuían a las personas que escuchaban reguetón. En ese colegio no se permitía oír esa música en las fiestas y mucho menos bailar como lo hacía en la escuela pública. Aún así, Patricia veía cómo ahí también sus compañeros intercambiaban CDs con lo último de Tito y Bambino, Wisin y Yandel, Alexis y Fido… Solo que lo hacían de una manera un poco más discreta que en su escuela anterior. Con el tiempo se fue adaptando a su nueva escuela e hizo nuevas amigas. Iba a clases, seguía descubriendo nuevos discos y, sobre todo, iba a muchas fiestas en marquesinas, que son los garajes cubiertos de las casas de Puerto Rico. El reguetón seguía sonando en todo momento.En 2012 Patricia entró a la Universidad de Puerto Rico a estudiar Historia en Educación Secundaria. En esa época, se unió a un grupo de teatro que se enfocaba en temas sociales y empezó a acercarse al feminismo. Y, como dijimos al principio, comenzó a explorar más los estudios de género, la importancia de la igualdad de oportunidades entre los hombres y las mujeres. Pero sobre todo, se interesó por la libertad de las mujeres a la hora de decidir sobre su cuerpo y su sexualidad. En el proceso comenzó a cuestionarse algunas de las letras de las canciones de reguetón que había oído antes pero que en su momento no le habían causado ruido. Como el fragmento de la canción “Mujeres Talentosas” cantada por Luigi 21 plus. Si Eva no se hubiera comido la manzana, la vida fuera sin malicia y mucho más sana. Pero como esa cabrona se comió la fruta por eso es que hoy en día hay mujeres tan putas. Y esa canción cuando yo la escuché yo dije como que: ¿Cmo este tipo se atreve a cantar eso? Como que si tengo una memoria de que esa canción no me gustara, como que me sacara de onda. Pero así, la cantaba. Porque a pesar de que le parecía de un machismo sin pudor, y fuera de lugar, eso no quería decir que no podía disfrutar de la música. Mientras tanto, Patricia comenzó a darse cuenta de que sus compañeros de universidad veían el reguetón como algo opuesto a lo intelectual. Aunque lo bailaban en las fiestas y lo escuchaban entre tragos, alardeaban de solo escuchar músicos como Silvio Rodríguez o Jorge Drexler. Pero Patricia no. El reguetón continuó acompañándola durante esos cuatro años de licenciatura en la universidad y cuando comenzó su maestría, en otoño del 2017. Esto nos lleva a ese momento cuando una de sus compañeras se subió a su auto, escuchó al reguetón que salía de los parlantes de la radio y… Me cuestionó: ¿cómo se puede ser feminista y escuchar el reguetón?En los días siguientes de esa conversación con su compañera, una de las primeras cosas que le pasaron a Patricia fue que comenzó a detenerse a pensar aún más en el contenido de las letras de reguetón que escuchaba. Y sí, habían canciones que me incomodaban, pero sí, siento que me hizo un poquito más consciente de la lírica del reguetón o cómo esto puede contribuir a la perspectiva de cómo se deben tratar a las mujeres.No es una exageración decir que comenzó a sufrir un poco de una crisis de identidad. Se sentía molesta. Porque era algo que yo nunca me había planteado y de porque, ah, quizás eso me hacía menos feminista. Y estoy escuchando el reggaetón porque no sé tanto de feminismo y era como, no sé, me afectó un poquito, quizás de que yo no sabía nada. Como que ese temor de… yo no sabía lo que era feminismo, o que no soy de verdad feminista. No es una duda poco frecuente en algunas de las personas que se identifican como feministas: ¿Qué debe hacer, qué debe pensar una, entre comillas, “buena” o “mala” feminista ante los ojos de los demás? ¿Te gusta el rosado? Pierdes puntos. ¿Quieres tener hijos y quedarte en casa? No eres feminista. ¿Te gusta el maquillaje y la moda? No estás lo suficientemente deconstruida… Y así. Como si hubiera una sola forma de ser feminista. Y eso era, quizá, lo que más le molestaba a Patricia. Mientras guardaba todas estas preguntas, seguía cursando su maestría. Un día, en una de sus clases, su profesora les mandó una tarea: buscar un tema que les diera coraje e investigarlo. Patricia enseguida pensó en lo que le había pasado con esa compañera. Y yo le digo a mi profesora: «me pasó esto y tengo esto, me causó coraje, me causó como que me sacudió un poco porque nuevamente me está cuestionando mis estándares». Y ella me dijo “ese es tu tema”.Así que se puso a investigar. Patricia partió por querer entender algo crucial: cómo se relacionaban las mujeres puertorriqueñas con el reguetón, y cómo se veían representadas en esa música. Elaboró varias preguntas que quería responder. Y empezaría por la que detonó todo: ¿cómo se puede ser feminista y disfrutar el reguetón? ¿Cómo pueden ser una colectiva feminista y hacer un party de reguetón? ¿Cómo hace sentir a las mujeres el reguetón?¿Qué hay en el reguetón el que tú quieras ese goce incluirlo con el feminismo? Y desmembrar eso un poco. Era 2017, y comenzó a leer libros, tesis, e investigaciones sobre el reguetón. Pero al principio le costó encontrar información. Buscó en la página web oficial del Instituto de Cultura Puertorriqueña la palabra “reguetón” y no salía nada. Algunos textos que encontró por ahí eran críticos de la música: la calificaban como simple, repetitiva, ofensiva y sin calidad. No encontraba casi nada a favor. Hasta que se encontró con lecturas que hablaban sobre cómo la violencia de la letra del reguetón es un reflejo de la violencia de la isla. Eso hizo click en Patricia. No existe la violencia de género porque el reguetón existe, sino que la violencia de género existe y se ve reflejada en el reguetón y en muchos otros aspectos de la sociedad. No en la música, sino en la televisión todos los días, en los periódicos, en el Instagram, en todos lados vemos la violencia de género.Patricia también leyó un argumento que le atrajo mucho: Que ese mandato de qué podía escuchar alguien que se considera feminista termina siendo paternalista. Dictamina lo que a las mujeres les debe gustar, lo que deben escuchar, qué les debe molestar, lo que deben ponerse o qué es aceptable disfrutar. Además, en muchas de las canciones de reguetón las mujeres no son pasivas sino sexualmente activas. Dicen lo que les gusta, y los hombres les dan placer. Y para Patricia, es justamente esto lo que hace que muchas personas critiquen al reguetón. Y es como que cuando nosotras decimos lo que sentimos y queremos hacer, como la autonomía que estaba hablando, pues ahí es que viene el disgusto y la molestia.Es decir, también hay un rechazo —un poco más velado— a que las mujeres expresen sus deseos sexuales de manera directa. Es como si el terreno del deseo del sexo solo le perteneciera a los hombres. Por eso también dentro de la relación que Patricia tiene con el reguetón está el perreo y el significado que ella y otras mujeres le dan. El baile está vinculado como a la liberación y al deseo de moverte por deseo, porque sí, porque te sientes sensual y te sientes bien. El acto de perrear se ha convertido en mucho más que un baile para muchas mujeres. En especial con la música de Ivy Queen, como la canción que escuchamos antes “Yo quiero bailar”. Su letra abrió un espacio en las pistas de baile donde las mujeres pueden perrear sin tener que deberle nada a nadie. Un perreo donde son ellas quienes dirigen, deciden hasta dónde van a llegar y con quién. Un baile que se puede hacer sola o con las amigas. Y eso empodera. Y al final del día la relación que yo tengo o que las mujeres quieran o puedan tener con el reguetón es bien de ellas. Con todo esto Patricia pensó, por ejemplo, en las mujeres que salen en los videos de reguetón y que veía de niña. Sabía que la crítica más común era que eran cosificadas e hipersexualizadas. Y llegó a la conclusión de que no tiene un problema con eso siempre y cuando sean ellas las que ponen los términos de su participación: que les paguen bien, que se sientan cómodas perreando frente a la cámara. Había aprendido mucho y con todo lo que había leído, Patricia escribió un ensayo que fue una especie de catarsis. Pero ese solo fue el primer paso. A partir de ahí se sumergió por completo en el estudio del reguetón.Una pausa y volvemos. Estamos de vuelta en Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. Nuestra productora Lisette Arévalo nos sigue contando. Después de ese primer escrito, Patricia comenzó a relacionar el reguetón con todos los temas que veía en sus clases de la maestría. Hasta se convirtió en su tema de tesis. Pero no se quedó en solo algo académico. Mientras estaba trabajando en su tesis, Patricia logró ser pasante en el Smithsonian Center for Life and Cultural Heritage, en Washington DC. Era verano de 2019 y ahí la conoció a ella… Yo soy Ashley Oliva Mayor. Soy una historiadora y curadora de música latina.Ashley trabajaba en el Smithsonian desde 2016. Y en ese momento, 2019, formaba parte del Latino Center. Como Patricia estaba interesada en conectarse con diferentes personas que estudiaran música latina, buscó a Ashley para conversar. Me dice mira, estoy súper interesada en hablar contigo, me interesa la música, el reguetón. Yo le dije wow, me encanta también… Se sentaron en una cafetería del museo y hablaron un buen rato sobre el reguetón. Yo le cuento que una de mis metas es ampliar lo que es la representación latina en la colección de música del museo, y quería llamar la atención y empezar a incluir más historias y más objetos que representaban lo que es una experiencia del género urbano de reguetón, porque siento que es importante que la gente sepa esa historia también.Estos archivos crean memoria de un país y su gente. Pero eso era algo que no habían visto para el reguetón. Y por lo tanto, tampoco para la gente que lo creó. Reguetón no es un género de ayer, es un género de más de 30 años ya. La importancia es también reconocer los orígenes de esa música, de dónde viene, las comunidades en que se desarrolló. Las personas que influyeron en el desarrollo del género.Patricia pensaba igual que Ashley. Y las dos quedaron maravilladas la una con la otra, con lo que pensaban y su pasión por el reguetón. Unos días más tarde, a Patricia la invitaron a un tour con el grupo de pasantes del centro latino y Ashley era la guía. Les mostró diferentes artículos de historia de la música latina que conserva el Smithsonian, como los trajes de Celia Cruz y hasta los zapatos que utilizaba en sus conciertos. Patricia estaba maravillada con lo que veía pero también le sorprendió algo. En medio de todos esos objetos, discos y posters de música latina en el Smithsonian, no había uno solo sobre reguetón. Yo me quedé como que con el pensamiento de que, diantres, aquí faltaría algo como de reguetón. Y después de haber visto tantos objetos con tanta memoria en el Smithsonian y la conversación que había tenido con Ashley, Patricia pensó: Ah, mira, quizás yo puedo hacer un archivo que tenga cosas de reguetón. Ya en el avión de regreso a San Juan, Patricia empezó a soñar con tener una colección gigante con objetos y un recorrido por los hitos de esa música. Quizá hasta algún día llegar a tener todas esas cosas que había visto en el Smithsonian. Pero en vez de los zapatos y los trajes de Celia Cruz, podrían ser los disfraces de los bufones que salían en ese primer video de reguetón que vio de pequeña, “Gata Celosa”. O tal vez alguna de las gafas o las cadenas doradas que usaban los cantantes en los años 90. No era una cuestión de tener estos objetos por el simple hecho de tenerlos. Sino por su contenido histórico, su memoria y la influencia que ha tenido en la manera en que ella y tantos jóvenes puertorriqueños piensan, hablan y sienten. Porque para Patricia, el reguetón es cultura puertorriqueña. Y ese sería el lema de su proyecto de tesis: el reguetón es cultura. Decidió llamarlo Hasta Abajo Project por ser una de las frases más gritadas y cantadas en medio del disfrute de las fiestas de reguetón. Era noviembre del 2019 y para dar inicio al archivo creó una cuenta de Instagram. El primer post decía que Hasta Abajo es un colectivo que busca salvaguardar, educar y exponer el reguetón para resaltar su valor en la cultura puertorriqueña. Que la meta era crear un museo a través de una serie de proyectos. Y seguía… Uno de ellos, por ejemplo, es la creación de un archivo histórico. Para poder comenzar con su creación, necesitamos su ayuda. Con el hashtag #SomosHastaAbajo, Patricia pedía que las personas enviaran fotos de conciertos, cassettes, flyers, o cualquier otro objeto de reguetón que tuvieran guardado. Hizo lo mismo en sus cuentas de Facebook y Twitter. Y aunque la respuesta no fue masiva, sí recibió algunas. Una persona le envió una foto de una colección de CDs que tenía que había comprado e intercambiado con sus amigos en sus años de estreno. Su post venía acompañado de un mensaje que decía que cada vez que escuchaba esa música lo transportaba a sus años de juventud. Otra persona mandó la foto de un CD que su papá le compró antes de irse de la isla para vivir a Estados Unidos. Contaba que cuando regresó encontró el CD y se acordó de una época que atesoraba con su papá y las visitas que hacían a las disqueras. Les mandaron fotos de tickets de conciertos, de pósters con firmas de los artistas y muchos discos pirateados. Patricia se emocionó mucho al recibir estas fotos. Era el inicio del archivo que quería crear. Pero en medio de terminar su maestría, ya cada vez le quedaba menos tiempo para darle seguimiento a las publicaciones y a las redes sociales. Así que dejó el proyecto varado por un tiempo. Hasta que casi un año después, en septiembre de 2020, Ashley se encontró con los posts de Patricia en las redes sociales. Después de conocerse en Washington DC, se seguían mutuamente en sus cuentas personales pero no estaban en contacto constante. A Ashley le llamó mucho la atención ver el inicio de un posible primer archivo histórico del reguetón, pero con algo particular: al hacer un llamado a enviar fotos personales de objetos de reguetón, Patricia estaba uniendo la historia cultural de este género con las historias íntimas de la gente. De sus memorias. De su cultura. Enseguida Ashley le escribió a Patricia y le dijo que le encantaría formar parte del proyecto. Aceptó feliz. Tengo una profesional del Smithsonian al lado mío. What the fuck. Es como se volvió más real. Porque si bien el Smithsonian no participaría directamente, Ashley venía con todo el conocimiento que había aprendido durante años de trabajar allí. Con su participación personal, su proyecto dejaba de ser una tesis de maestría. El dilema que había llevado a Patricia a meterse de fondo a estudiar el reguetón ahora le había permitido crear un equipo. Comenzaron a reunirse por Zoom —Patricia desde San Juan, Puerto Rico y Ashley desde Washington DC— para planear actividades. La primera fue una celebración del aniversario del primer post que se hizo desde la cuenta de Hasta Abajo Project. Era noviembre del 2020. Hicimos un sinnúmero de paneles que fueron de reguetón en la moda, perreo en la academia, reguetón es memoria. Se sumaron unas 90 personas a los paneles virtuales. Les fue tan bien que hicieron otro en marzo de 2021. Y en una especie de continuidad con la pregunta que le había impulsado a crear su proyecto, dedicaron el panel para hablar sobre reguetón y feminismo que se llamaba “Sin mujeres no hay reguetón”. También tuvo gran acogida. Eso fue increíble para Patricia y desde ese momento ya no hubo marcha atrás. El proyecto estaba funcionando. Dejó de ser una tesis hace rato. Es una organización, es un proyecto, es una iniciativa. Es gente trabajando todos los días. Cada vez más la gente hablaba de ellas en las redes sociales y se iban enterando de sus ganas de crear el primer archivo de reguetón. Además, que por ese entonces empezaron a pedirle a la gente que, si podía, donara sus objetos para poder crear el archivo físico que tanto querían. Y ese mismo año pasó algo increíble. Ahí nos contacta Juan Arroyo. Me escribe: “Mira, yo soy Juan Arroyo. Yo fui el creador de Reguetón Lyrics, que después fue Reggaetón World”, y yo… ¡¿Qué?!Reguetón Lyrics era una página dedicada a difundir la música y también sus letras. “Y mira, en mi casa yo tengo un montón de cd’s, un montón de cosas, te las voy a dar”. Y nos dio sobre 300 artículos entre revistas, cd’s, carnets de prensa. Y allí es como oficialmente tenemos un archivo, tenemos un material. Patricia no lo podía creer. Muy agradecida con Juan Arroyo, le dijo que que iría a recoger las cosas cuando tuviera un lugar para guardarlas. No quería tener todos esos objetos ahí, en su casa, empolvándose. Quería hacerlo bien desde el inicio. De manera profesional. Así que se preparó: Yo tomé clases de archivo, no somos un corillo de loquitos ahí inventándonos un archivo.En esa clase aprendió técnicas para preservar los objetos de la mejor manera: agarrarlos con guantes, cómo limpiarlos, bajo qué condiciones guardarlos. Después de unos días consiguieron un espacio para rentar: una bodega grande que estaba aclimatada y tenía las condiciones necesarias para preservar los objetos. Patricia llamó a Juan y quedaron en que iría a su casa a retirar el material. Él ya tenía todo listo para ellas. Los CDs, las revistas, todo estaba guardado en cajas con cojines de aire para protegerlos. Me emocioné un montón. Jamás pensé que iba a tener un donativo como ese. Yo no me podía creer. Todavía no me lo creo. Y cada vez que vamos y veo todo eso cds, que básicamente está casi toda la música del reguetón ahí.Guardó todo en ese lugar. Y después de un llamado que hicieron en sus redes, otras personas también donaron varios ítems como entradas de conciertos, carteles, revistas… A pesar de que no es ni cerquita de sofisticado como el Smithsonian, para Patricia es el inicio de lo que espera que en unos años se convierta: un museo de reguetón. Aunque será un camino largo, siente que valdrá la pena. Cuando estuve en San Juan me encontré con Ashley y Natalia Merced, una integrante más de Hasta Abajo, encargada de las redes sociales. Me llevaron a conocer el archivo. Bueno, bienvenidas, has llegado al almacén de Hasta Abajo Project.Hace frío. Sí, bueno es mejor porque todo lo que tenemos necesita control de temperatura y humedad.El lugar era enorme y tenía varias bodegas con puertas metálicas. Detrás de una de esas estaba el archivo que habían recolectado hasta ese momento en siete cajas. Cajas que tenían muchísima historia de Puerto Rico. Poco a poco fueron sacando los objetos y poniéndolos sobre una mesa que estaba en el centro. Aquí tienes algunas cajas de lo que tenemos en Hasta Abajo Project en nuestro archivo. Tenemos películas, como DVDs de conciertos, visuales, documentales si hay algunos… Se pusieron guantes y me fueron mostrando uno por uno los discos que tenían ahí. Me enseñaron que hay varias formas de analizar la portada de un CD. Por ejemplo, cómo la gráfica y el diseño habla de la identidad visual de cada artista. Y hasta tenían unos DVD’s de clases para aprender a perrear. Y aquí tienes otros ejemplos de las cosas que coleccionamos. Por ejemplo, artículos de periódico que se tratan de reguetón. Posters también de conciertos… Este es de Bad Bunny… Era el póster del primer concierto que dio Bad Bunny en Puerto Rico en una de las sedes más importantes de la isla. Me mostraron revistas del Centro de Estudios Puertorriqueños con artículos históricos sobre el reguetón. Y un objeto muy especial: una tanga o gistro amarillo que fue creado para promocionar la canción del mismo nombre de Wisin. Esta es Natalia Merced. Una de las canciones más icónicas del reguetón es la que habla del gistro amarillo. Y que haya literalmente un gistro amarillo como parte del archivo, me parece genial. El coro dice… “El corillo, enséñame el gistro amarillo”. Vélala, que esta fronteando en el corillo, enséñame el gistro amarillo”. Es sencillo, guaya el calzoncillo. Se siente bien…¡Bien a fueguillo!Este gistro es uno de los ítems favoritos que tienen en el archivo de Hasta Abajo. Por ahora. Para Natalia, por ejemplo, su objeto soñado serían unas gafas de Bad Bunny, de las que usaba al inicio de su carrera. Y quién sabe. A este ritmo es probable que lo consigan. Ahora, son ocho personas trabajando para alimentar el archivo. Y para crear memoria. Dan charlas en colegios, universidades y hasta en el Conservatorio de Música de Puerto Rico. Se han puesto a las órdenes de quien quiera estudiar el reguetón para que puedan usar a Hasta Abajo como una bibliografía del género musical. Pero no todas han sido actividades dentro de las aulas y solamente sobre reguetón. Se han puesto a perrear en fiestas organizadas por ellas. Talleres de perreo y mucho bailoteo. Y en general su trabajo ha sido recibido bien. Las acompañé a una feria de artistas donde fueron a vender sus camisetas, CDs y stickers para recaudar fondos y autogestionar su proyecto. Patricia y Ashley estaban usando la camiseta icónica de Hasta Abajo Project que dice: “Reguetón es cultura”. Y en un momento de la tarde una señora en sus 50s se paró cerca de la mesa, vio la camiseta y negó con la cabeza con una sonrisa cínica. “¿Ves lo que pasó ahí?” me preguntó Patricia. No era la primera vez que recibían un gesto como ese. La camisa de: “El reguetón es cultura” es un statement bien contundente y sé que puede incomodar a muchas personas como le puede encantar a otras. Siento que tiene que ver con… cómo el chip mental que estaba hablando del tabú que va alrededor del reguetón , o sea, es un ataque de años. Y que todavía sigue. Siento que ese tabú también, a veces no le permite a las personas decir reguetón y cultura, ¡no’ Cultura es el jíbaro puertorriqueño, cultura es la bandera de Puerto Rico. O sea, pero no, cultura es mucho más. Cultura no es lo que nos dice el gobierno que es cultura. A pesar del nivel de fama de cantantes puertorriqueños como Bad Bunny, Daddy Yankee, Ozuna, todavía hay muchas miradas juzgonas hacia la música y, bueno, hacia el perreo. Todavía existe la idea de que es la música del diablo, como muchas veces escuché en mi adolescencia. Todavía queda el cuestionamiento de si se puede ser feminista y gustarnos el reguetón. Pero eso no le importa a Patricia. Porque después de todo, el trabajo que ha venido haciendo le ha enseñado mucho sobre sí misma: sobre su identidad, su cultura, y la relación que tiene con el feminismo. Y esto último lo ha llevado a su proyecto. Publican posts en sus redes sobre feminismo y sexualidad, y constantemente están buscando alimentar la discusión al respecto. Ha sido la manera en que Patricia ha logrado una especie de reconciliación con esa duda que la carcomía. Si ahorita te hiciera la pregunta esa misma persona, o yo en este caso, ¿cómo puede ser feminista y gustarte el reguetón ? ¿Cómo responderías?Que… porque puedo. Porque mi feminismo precisamente me lo permite. Me permite decidir qué me gusta, qué escucho, qué bailo, qué no bailo y me da esa autoridad de mí sobre mi cuerpo y mis decisiones.No es sorpresa que ahora haya muchas mujeres, personas del colectivo LGBTIQ+ y feministas que han encontrado en el reguetón una herramienta de liberación. Que además, es un género que no ha dejado de lado sus raíces: la protesta social en todos los niveles. Y las mujeres han estado ahí, dándole un nuevo significado a las canciones, hablando de los temas urgentes que las atraviesan. No por nada ahora los nombres más sonados en la industria son de las mismas mujeres que han demostrado esa autonomía. Como la colombiana Karol G con su tema “Bichota” que viene de la palabra puertorriqueña bichote, utilizada para hablar de los jefes de droga. Pero que Karol G le ha dado un nuevo significado: la utiliza para referirse a una mujer poderosa, atrevida, sexy… Y también está el mismo Bad Bunny que, a pesar de que muchas de sus canciones más viejas pueden considerarse machistas, ahora tiene varios temas que son todo lo contrario. Entre ellos, uno de los más famosos, “Yo perreo sola”… Una canción dedicada, justamente, a esa libertad de las mujeres de perrear cuando quieran, con quien quieran y sin que nadie se les pegue. Como ya lo había planteado Ivy Queen. Y por esto y muchas razones más es que Patricia me dijo algo que una vez escuchó decir a una colectiva feminista: “Si no puedo perrear no es mi revolución”.Lisette Arévalo es productora senior de Radio Ambulante. Vive en Quito, Ecuador. Esta historia fue editada por Camila Segura, Natalia Sánchez-Loayza y por mí. Bruno Scelza hizo el fact-checking. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri con música original de Ana Tuirán. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Nicolás Alonso, Pablo Arguelles, Aneris Cassasus, Diego Corzo, Emila Erbetta, Camilo Jiménez Santofimio, Rémy Lozano, Selene Mazón, Juan David Naranjo, Ana Pais, Melisa Rabanales, Laura Rojas Aponte, Barbara Sawhill, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa y Luis Fernando Vargas. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa de Hindenburg PRO. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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