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Radio Ambulante - Jaz y Lalay

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+
15
30

Al conocerse, Jazmín Elizondo y Laura Flores-Estrada tuvieron una conexión intensa. Encontraron una mejor versión de ellas mismas la una en la otra, y nunca jamás quisieron volver a estar separadas. Pero es difícil tener una relación en una sociedad que te discrimina por tu orientación sexual. Esta es la historia de cómo, gracias a un error burocrático, un acto de amor se convirtió en un acto de protesta.

¡Lesbianas
contra
la
guerra!
¡Lesbianas
contra
el
capital!
¡Lesbianas
contra
el
racismo,
contra
el
racismo
neoliberal!…
El
audio
que
escuchan
lo
grabó
Luis
Fernando
Vargas,
nuestro
editor
asistente.
Eso
fue
el
9
de
enero
del
2018,
en
San
José,
Costa
Rica.
Y
lo
que
oyen
es
un
grupo
de
más
de
100
personas
la
comunidad
LGTBI.
Están
cantando:
“Lesbianas
contra
la
guerra.
Lesbianas
contra
el
capital.
Lesbianas
contra
el
racismo”.
Pero
no
era
una
protesta,
sino
una
celebración.
Estaban
en
la
Fuente
de
la
Hispanidad,
un
lugar
simbólico
porque
es
donde
todo
el
mundo
se
reúne
a
festejar
cuando
gana
la
selección
nacional
de
fútbol
o
después
de
una
elección.
Y
es
que
más
temprano
ese
mismo
día,
la
Corte
Interamericana
de
Derechos
Humanos
dijo
que
Costa
Rica
debía
reconocer
el
cambio
de
nombre
y
de
sexo
en
los
documentos
oficiales
de
las
personas
trans.
Pero
no
solo
eso.
También
pidió
que
se
les
garantice
a
las
parejas
del
mismo
sexo
los
mismos
derechos
que
a
las
parejas
heterosexuales.
Incluido
el
matrimonio.
Este
es
Luis
Fernando.
El
Estado
de
Costa
Rica
le
había
preguntado
a
la
Corte
cómo
debía
manejar
las
demandas
de
la
comunidad
LGTBI.
Y
como
el
país
siempre
ha
seguido
las
recomendaciones
de
la
Corte,
había
motivos
para
festejar.
Había
sido
una
lucha
de
décadas.
Y
ese
martes,
se
sentía
como
una
victoria.
¡Iglesia,
basura,
no
somos
dictadura!
¡Iglesia,
basura,
no
somos
dictadura!
Llegué
un
poco
tarde
al
encuentro.
Alguna
gente
ya
se
iba,
pero
todavía
se
sentía
un
ambiente
alegre:
abrazos,
gritos,
tambores,
banderas…
Tomé
una
foto
de
las
personas
celebrando
y
la
subí
a
redes
sociales.
Era
un
día
feliz.
Fue
en
ese
momento
que
vi
otra
foto.
Y
es
esta
de
la
que
quiero
hablarles.
La
subió
uno
de
mis
contactos
en
Facebook,
que
conocerán
dentro
de
poco.
Es
una
selfie,
en
blanco
y
negro,
de
dos
muchachas
sonriendo.
Una
ve
hacia
la
cámara
y
la
otra
mira
a
la
distancia.
Estaban
ahí
mismo,
en
la
Hispanidad.
Un
hashtag
acompañaba
la
foto.
Se
leía:
“Ya
no
vamos
a
la
cárcel”.
Y
esa
es
la
historia
que
nos
va
a
contar
Luis
Fernando,
la
que
está
detrás
de
esa
imagen,
de
esas
dos
chicas.
Es
la
historia
un
acto
de
amor
que
se
convirtió
en
un
acto
de
protesta…
Un
acto
de
protesta
contra
el
gobierno
y
contra
la
sociedad
costarricense.
Una
sociedad
que
muchas
veces
escoge
el
silencio
frente
a
los
temas
incómodos.
Lo
como
tico
que
soy.
Pero
estas
dos
muchachas,
pues,
la
hicieron
hablar.
Las
mujeres
de
la
foto
se
llaman
Jazmín
Elizondo
y
Laura
Flores-Estrada.
Pero
las
conocen
como
Jaz
y
Lalay.
Estas
son
ellas:
eres
más
capitalista
que
yo.
Es
que,
o
sea…
[Risa]
¿Está
escuchando?
Es
que
yo
“breteo”
más,
pero
quieres
cobrarle
más
a
todo
el
mundo.
No
es
verdad.
Yo
quiero
darle
valor
a
las
cosas…
Para
que
las
identifiquen:
Lalay
es
la
que
acusa
a
Jaz
de
ser
más
capitalista
que
ella.
Y
Jaz
es
la
que
dice
que
solo
quiere
darle
valor
a
las
cosas.
Bromean
sobre
su
negocio:
El
Árbol
de
Seda,
un
restaurante
vegetariano
en
el
centro
de
San
José.
Lalay
es
la
chef,
y
Jaz
maneja
el
bar
de
jugos
naturales
y
también
ayuda
a
atender
a
los
clientes.
Son
más
de
las
10
de
la
noche
y
ya
están
cerrando.
El
restaurante
está
en
una
zona
cada
día
más
gentrificada.
Es
una
casa
vieja,
grande,
acogedora,
con
diferentes
salones.
Y
Jaz
y
Lalay
están
casadas.
Pero
desde
hace
casi
3
años.
Mucho
antes
de
que
la
Corte
se
pronunciara.
Todo
comenzó
en
el
2014.
Lalay
recién
inauguraba
el
restaurante.
Jaz,
que
estudiaba
en
la
universidad,
era
cliente
regular,
y
se
interesó
por
Lalay
desde
el
primer
momento.
Esta
es
Jaz:
Lo
que
me
llamó
la
atención
de
ella
era
como
su
actitud:
como
muy
buena
nota,
como
siempre
sonriente,
siempre
linda,
siempre
amable.
No
sé,
como
que
tenía
una
chispita
en
los
ojos
diferente.
Y
bueno,
Lalay,
en
cambio…
Ay,
qué
terrible,
es
que
yo
la
primera
vez
no
la
noté.
No
la
tengo
tan
presente
(me
va
a
odiar
cuando
escuche
eso).
Tenían
amigos
en
común,
y
ellos
le
hicieron
el
favor
a
Jaz
de
decirle
a
Lalay:
“Ey,
¿esta
chica
que
pasa
comiendo
aca?
Está
interesada
en
vos”.
Y
entonces
ahí
sí.
Lalay
empezó
a
fijarse
un
poquito
más
en
Jaz,
y
a
salir
con
ella
en
grupo
—al
cine,
al
teatro—
pero
al
principio
Lalay…
Yo
sentía
que
Jaz
y
yo
no
teníamos
mucho
en
común.
Entonces
la
principio
no
le
di…
no
le
di
mucha
pelota.
Lalay,
además,
acababa
de
terminar
una
relación
con
otra
muchacha,
y
el
quiebre
había
sido
duro.
Todavía
estaba
muy
herida.
No
se
sentía
lista
para
otra
relación.
Jaz,
por
otro
lado,
nunca
había
tenido
algo
serio
con
una
mujer.
Sólo
algunas
aventurillas
en
bares
o
fiestas,
pero
su
interés
por
Lalay
crecía
cada
vez
que
se
juntaban.
Entonces
ideó
un
plan:
le
dijo
que
quería
ayudarle
en
la
cocina
del
restaurante.
Para
aprender,
y
bueno,
para
conocerla
más
y
de
pronto,
tal
vez,
enamorarla.
Pero
Lalay,
al
principio
pensó…
“Ay,
no,
va
a
ser
un
atraso.
[Risas]
Y
qué
pereza,
voy
a
tener
que
parar
y
voy
a
tener
que
estar
enseñándole
cosas”.
Y
me
daba
mucha
pereza,
de
hecho.
Aunque
Lalay
terminó
aceptando
y
Jaz
resultó
ser
una
excelente
ayudante:
rápida,
cumplida,
eficiente.
Es
difícil
encontrar
gente
así.
Entonces
Lalay
se
fue
abriendo
poco
a
poco.
Esta
es
Jaz.
Empezamos
a
conversar
temas
de
política,
de
opiniones
de
conceptos
del
aborto,
la
iglesia,
libros,
películas,
lo
que
sea,
¿me
entiende?
Y
nos
interesaba
como
la
perspectiva
de
la
otra.
A
me
gustó
mucho
que
es
súper
inteligente.
Y
es
buena
en
lo
que
hace,
es
apasionada
con
lo
que
hace…
Tuvieron
citas
a
solas
y
se
fueron
conociendo
más.
Después,
se
dieron
su
primer
beso
y
todo
se
movió
muy
rápido.
Fue
una
conexión
intensa.
La
relación
de
Jaz
y
Lalay
es
un
ejemplo
de
cómo,
extrañamente,
dos
personas
que
vienen
de
lugares
muy
distintos
se
encuentran
una
en
la
otra.
Esos
casos
en
que
se
mira
al
otro,
y
se
ve
un
reflejo.
Lalay
viene
de
una
familia
acomodada.
Mientras
que
Jaz
no,
creció
en
una
familia
bastante
humilde.
Pero
las
familias
de
ambas
eran
muy
conservadoras.
Tal
vez
la
de
Lalay
un
poco
más,
pues
eran
del
Opus
Dei.
Cuando
Lalay
tenía
11
años
se
obsesionó
con
una
compañerita
de
su
clase.
Todos
los
días
la
llamaba,
insistentemente,
hasta
que
la
mamá
de
su
amiguita
le
prohibió
hablar
con
ella.
Y
llegó
el
punto
en
que…
Se
corrió
el
rumor
en
toda
la
escuela
de
que
yo
era
lesbiana.
Entonces
cuando
tenía
11
años
no
tenía
amigos.
Y
su
mamá…
Siempre
tenía
comentarios
negativos
para
las
lesbianas.
O
sea,
me
tenía…
Me
dijo
que
nunca
jamás
me
hiciera
amiga
de
una
lesbiana
porque
era
el
peor
tipo
de
gente.
Su
adolescencia
fue
una
época
muy
dura.
Creció
estando
sola,
muy
aislada
de
todos.
Se
obligó
a
salir
con
hombres,
un
poco
buscando
la
aprobación
de
su
mamá,
pero
realmente
no
conectaba
con
ellos.
Hasta
que,
ya
cuando
tenía
más
de
20
años,
fue
honesta
consigo
misma.
Y
ahí
fue
como:
“No,
no,
yo
soy
lesbiana.
Eso…
Eso
es.
O
sea,
todo
este
tiempo
lo
que
me
han
gustado
son
las
mujeres”.
Lalay
tiene
nacionalidad
española
porque
nació
ahí,
pero
su
familia
se
vino
a
Costa
Rica
cuando
ella
tenía
6
años.
Entonces,
a
los
22,
aprovechó
y
se
fue
un
tiempo
a
vivir
a
España.
Quería
alejarse
de
la
homofobia
de
su
mamá
y
por
primera
vez
ser
realmente
libre,
experimentar.
Era
el
lugar
perfecto.
Era
como
un
buen
momento
para
ya
aceptarme
a
misma.
Pero
no
tuve
suerte,
no
tuve
ningún…
Es
que,
di,
era,
eh…
novata.
Cómo…
¿Cómo
iba
a
ligar
a
una
chica?
No
tenía
ni
la
menor
idea,
la
verdad.
Mientras
vivía
en
España
se
lo
confesó
a
sus
hermanos,
que
eran
muy
liberales,
y
la
apoyaron
completamente.
Sintió
un
alivio
enorme.
Pero
Lalay
duró
poco
en
Europa,
solo
unos
meses.
Volvió
a
Costa
Rica
en
el
2009,
huyendo
de
la
crisis
económica.
Al
poco
tiempo
de
haber
regresado,
recibió
un
mensaje
por
teléfono
de
uno
de
sus
hermanos.
Chini,
mami
sabe”.
Y
yo:
“Ok”.
Era
un
martes,
me
acuerdo.
Tenía…
Ese
día
tenía
cita
con
la
psicóloga
y
dije:
“Ok,
me
voy
a
matar,
me
voy
a
matar,
o
sea,
ya
mi
mamá
lo
sabe”.
Su
mamá
se
había
metido
a
leer
sus
correos
electrónicos
y
leyó
unas
correspondencias
con
un
amigo
gay
de
España,
donde
ella
hablaba
explícitamente
de
ser
lesbiana.
Ese
día
lo
habló
con
su
psicóloga.
Ella
la
calmó
un
poco,
pero
cuando
llegó
a
su
casa
su
mamá
la
recibió
muy
mal.
Le
dijo
que…
Sentía
náuseas
de
solo
pensarlo,
y
que
nunca
me
quería
ver
de
la
mano
de
una
mujer.
Y
que
nunca
quería
que
le
dijeran
que
me
habían
visto
con
una
chica
y
que
yo
le
daba
asco,
y
no,
no,
fue
terrible,
terrible.
No
me
habló
por
varios
días
y
me
hacía
sentir
miserable,
digamos.
Lalay
vivía
con
su
mamá
y,
pues,
decir
que
la
situación
era
muy
tensa
es
decir
poco.
Necesitaba
salir
de
ahí.
Rápido.
Al
igual
que
Lalay,
Jaz
me
comentó
que
ella,
cuando
niña,
era
solitaria.
Nunca
logró
encajar.
Y
casi
no
tenía
amigos.
Su
mamá
se
había
separado
de
su
papá
cuando
ella
estaba
muy
pequeña,
y
se
había
casado
de
nuevo.
Y
en
la
adolescencia,
empezó
a
hacerse
preguntas.
Como:
¿Qué
pasa
si
me
gustan
las
chicas?
¿Verdad?
Di,
tenía
curiosidad.
Pero
igualmente
era
como
impensable.
Mi
padrastro
habló
conmigo
una
vez,
por
ejemplo,
y
me
dijo
claramente
que
eso
era
malo.
No
sabe
muy
bien
por
qué
su
padrastro
le
dijo
eso.
Cree
que
tal
vez
vio
en
ella
alguna
conducta
que
le
parecía
—entre
comillas—“rara”.
Y
a
Jaz
no
le
parece
del
todo
extraño,
porque
era
casi
obvio
que
ella…
Tenía
más
conexión
con
las
mujeres
que
con
los
maes.
Los
maes
era
como
para
vacilar
y
para
joder…
Y
mientras
que
para
Lalay,
la
reprobación
por
su
orientación
sexual
venía
solo
de
su
familia,
para
Jaz
también
venía
desde
adentro,
desde
ella
misma.
Jaz
creció
siendo
muy
católica
y
sentía
mucha
culpa.
Conversaba
sobre
el
tema
con
un
amigo
que
también
era
gay,
pero
que,
como
a
ella,
le
generaba
conflicto.
El
amigo
le
decía:
Que
eso
era
un
demonio.
Que…
Que
había
que
evitarlo,
que
Dios
nos
podía
curar,
que
Dios
nos
podía
salvar,
que
esto
y
lo
otro.
Di,
al
final
de
cuentas
obviamente
ninguno
de
los
dos
pudo
modificar
lo
que
sentía.
En
especial
cuando
Jaz
conoció
a
Lalay.
A
me
han
gustado
muchas
chicas,
también
me
han
gustado
chicos.
Pero
yo
me
enamoré
de
Lalay.
O
sea,
nunca
me
había
pasado
lo
que
me
pasó
con
ella.
En
ese
momento
pensó
que
lo
mejor
era
ser
honesta
con
su
familia.
Por
la
universidad,
Jaz
se
había
ido
a
vivir
sola
al
centro
de
San
José.
Entonces
viajó
a
Pérez
Zeledón,
la
ciudad
pequeña
donde
nació,
y
al
llegar
se
lo
dijo
a
su
mamá.
Al
principio
como
que
no
reaccionó.
Fue
eso:
raro.
Como
que
mi
mamá
reacciona
mucho
con
negación.
Luego
de
que
pasó
—ya
que
lo
logró
entender
lo
que
yo
le
había
dicho
y
que
logró
reaccionar—,
me
dijo:
“No
me
hable
más
de
esto,
yo
espero
que
en
algún
momento
recapacite
y
se
le
pase
como
se
le
ha
pasado.
Como
todas
esas
etapas
que
ha
tenido”.
Su
mamá
le
contó
a
su
hija
menor.
Y
ella
llamó
a
Jaz
a
decirle
que…
Cómo
se
me
ocurría
hacerle
eso
a
mami,
y…
O
sea,
me
trató
como
malísimo,
malísimo.
Y
desde
esa
vez
ir
a
Pérez
Zeledón,
a
visitar
a
su
familia,
es
muy
diferente
a
lo
que
era
antes.
Me
hace
demasiado
daño,
digamos.
Cuando
yo
voy
allá
no
me
siento…
no
me
siento
en
casa,
la
verdad.
Fue
por
ese
sufrimiento,
el
sufrimiento
de
ser
rechazadas
por
quienes
eran,
que
Jaz
y
Lalay
se
dieron
cuenta
de
que
no
estaban
solas.
Esta
es
Lalay:
Bueno,
es
que
yo
sentí
que
por
primera
vez
en
mi
vida
podía
ser
sincera
con
alguien.
Que
no
me
iba
a
juzgar,
no…
que
me
aceptaba
tal
y
como
era.
Y,
este,
nunca
me
había
pasado,
yo
nunca
había
sido
completamente
honesta
con
nadie.
Y
desde
entonces,
no
volvieron
a
estar
la
una
sin
la
otra.
Lalay
estaba
viviendo
con
su
mamá
cuando
empezaron
su
relación,
y
bueno,
como
se
podrán
imaginar,
su
mamá
no
estaba
nada
feliz.
Jaz
sentía
el
rechazo
cada
vez
que
iba
a
esa
casa.
Hasta
que
un
día,
la
mamá
de
Lalay
dijo:
“No,
ella
no
puede
volver”.
Y
entonces
nosotras
dijimos:
“Bueno,
nosotras
queremos
estar
juntas.
Si
usted
no
quiere,
entonces
nos
vamos
nosotras”.
Y
eso
fue
lo
que
hicimos,
de
hecho.
Ya
llevaban
6
meses
juntas
cuando
se
mudaron
al
lugar
que
las
había
unido:
El
Árbol
de
Seda,
el
restaurante.
Todavía
quedaban
unos
cuartos
desocupados,
y
fue
ahí
que
decidieron
hacer
un
pequeño
hogar,
con
sus
perros
y
gatos,
una
cama,
libros,
velas,
adornos…
Se
sintió
como
el
inicio
de
una
nueva
vida.
Con
cientos
de
posibilidades.
Libres.
A
los
pocos
días
fueron
a
la
marcha
de
la
diversidad,
que
se
hace
cada
junio
para
celebrar
el
orgullo
de
la
comunidad
LGTBI.
Terminaron
comiendo
con
varia
gente
que
habían
conocido
durante
la
actividad.
Y
durante
la
conversación
surgió
un
dato
curioso
de
Jaz:
Desde
que
yo
tengo
12
años
tengo
un
error
en
la
cédula.
Dice
masculino.
Entonces,
después
de
mi
primer
cédula
de
menor,
todas,
o
sea,
todos
los
registros
que
yo
tengo
de
papeles
dice
masculino.
Pero
a
Jaz
nunca
le
importó.
Para
corregir
el
sexo
en
esos
documentos
hay
que
llenar
una
solicitud
en
el
registro
civil
y,
en
algunos
casos,
llevar
un
dictamen
médico
que
corrobore
el
sexo
real.
Era
mucha
molestia
y
a
Jaz
nunca
le
habían
puesto
problema
para
nada,
en
ningún
lado.
El
reglamento
del
Registro
Civil
dice
que
cuando
un
funcionario
se
cuenta
de
un
error
debe
empezar
el
proceso
administrativo
para
corregirlo.
Pero
la
persona
que
le
dio
la
cédula
de
mayores
a
Jaz
no
lo
hizo,
a
pesar
de
que
es
obvio
que
ella
no
es
hombre.
Entonces,
cuando
la
gente
con
la
que
comían
oyó
este
cuento,
pues,
se
emocionaron.
Mucho.
Dijeron
como:
“Pero
es
que…
¡Pero
podrían
casarse!”.
Y
yo
sí:
“¡Sí,
ya
le
dije
eso
e
insiste
en
que
no
se
puede”.
Lalay
ya
se
lo
había
propuesto
antes
de
esa
conversación,
pero
Jaz
no
terminaba
de
convencerse
de
que
podían
hacerlo.
Sin
embargo,
lo
hablaron
en
grupo.
Técnicamente
—es
decir,
legalmente—
eran
hombre
y
mujer.
Si
encontraban
a
un
notario
dispuesto
a
ayudarlas,
podrían
intentarlo.
Y
ambas
reflexionaron.
Sabían
lo
que
querían:
una
vida
juntas.
Entonces,
¿por
qué
no?
Y
al
final
quedamos
en
que
sí,
vamos…
vamos
a
hacerlo.
¡Vamos
a
hacerlo!
Decidieron
esperar
un
mes,
para
pensarlo
bien,
pues…
Tampoco
la
idea
era
mantenerlo
en
secreto,
porque
podríamos
haberlo
mantenido
en
secreto
y
pasar
como
cualquier
pareja
heterosexual.
Pero
no,
no,
es
que
tenía
que
ser
público,
la
gente
tenía
que
saberlo.
Estaban
desafiando
el
concepto
de
familia
que
planteaba
la
ley
de
Costa
Rica,
y
parte
de
la
sociedad.
sabíamos
que
se
iba
a
armar.
Se
iba
a
armar
algo,
¿verdad?
sabíamos
que…
que
era
un
acto
político.
Que
además
estábamos
exigiendo
algo…
Exigiendo
igualdad.
Tener
los
mismos
derechos
que
las
parejas
heterosexuales.
No
más,
no
menos.
Pero,
el
hermano
mayor
de
Lalay,
que
es
abogado
y
ha
sido
diputado,
fue
uno
de
los
primeros
en
advertirles
que
tenían
que
tener
mucho
cuidado.
Fue
como,
“ok,
piénselo
bien,
¿verdad?”.
Nos
dijo
que
se
nos
iba
a
tirar
encima
un
montón
de
gente
conservadora.
Este…
Nos
dio
miedo,
nos
retractamos,
en
ese…
en
ese
mes.
Es
como:
“No,
no,
la
verdad
es
que
ya
no
quiero
hacerlo”.
Porque
el
Código
Penal
dice
que
puede
haber
una
sentencia
de
entre
6
meses
y
3
años
de
cárcel
para
los
que
contraigan
matrimonio
sabiendo
que
existe
un
impedimento
legal.
Y
bueno,
en
los
documentos,
Jaz
y
Lalay
eran
masculino
y
femenino,
pero
obviamente,
por
su
biología,
ambas
caen
en
la
definición
de
mujer.
Y
el
Código
de
Familia
costarricense
es
muy
claro:
dos
personas
del
mismo
sexo
no
se
pueden
casar.
Estaban
en
una
situación
compleja,
donde
todo
era
incierto.
Porque
no
sabían
si
el
Estado
costarricense
las
trataría
acorde
a
su
cuerpo
o
a
lo
que
estaba
en
los
papeles.
Pero,
bueno,
las
condiciones
eran
tan
inusuales,
tan
extraordinarias
que
después
de
pensarlo
bien,
finalmente…
Nosotras
dijimos:
“Diay
sí,
la
verdad
es
que
tenemos
una
oportunidad,
¿por
qué
no
hacerlo?
Tal
vez
funcione”.
Empezaron
a
buscar
notarios.
Todos
las
rechazaban
de
primera
entrada,
pero
una
amiga
les
dio
el
contacto
de
este
señor:
Me
llamo
Marco
Castillo
Rojas.
Soy
abogado
y
notario.
Y
he
sido
y
soy
activista
por
los
derechos
LGTBI
desde
hace
más
o
menos
unos
30,
31
años.
Marco
es
bastante
conocido
en
el
ámbito
del
activismo
porque
ha
fundado
y
liderado
varias
organizaciones.
Pero
Jaz
y
Lalay
no
sabían
quién
era,
ellas
no
andan
metidas
en
esos
grupos.
Entonces
lo
llamaron
y
le
dijeron
que
querían
casarse
legalmente.
Marco
nos
dice:
“¡Pero
es
que
no
se
pueden
casar,
dos
mujeres
no
se
pueden
casar!”.
Y
yo:
“Espere,
escúcheme,
pare
el
carro”.
Y
yo:
“Es
que
ella
tiene
la
cédula
y
dice
masculino”.
Y
yo
no
tuve
duda
en
casarles
porque,
diay,
papelitos
mandan,
¿verdad?
O
sea,
como
que
nos
dijo:
“Bueno,
pero
eso
está
prohibido
dentro
de
la
ley,
ustedes
lo
saben.
Pero
si
todos
los
papeles
están
bien,
pues,
yo
me
mando.
Hagámoslo”.
Yo
estaba
cansado
un
hombre
y
una
mujer.
Un
notario
no
tiene
por
qué
—no
cómo
decirlo—
desnudar
a
una
persona
para
ver
qué
sexo
tiene.
Yo
he
casado
no
cuántas
parejas
—100
o
más—
y
diay,
yo
nunca
me
he
puesto
a
decir…
a
revisarle
los
genitales
a
nadie.
Y
entonces
el
mae
dijo:
“Sí,
está
bien,
son…
Vea,
entonces
sí:
no
hay
ningún
problema,
yo
las…
Yo
las
caso,
serían
100
mil
colones”
y
yo
no
qué
cosas,
¿verdad?
Y
listo.
Hicieron
la
boda
en
el
restaurante.
Fue
un
sábado
de
julio
del
2015,
en
la
noche.
Invitaron
a
cerca
de
25
personas.
No
invité
a
nadie
de
mi
familia,
porque
obviamente
nadie
iba
a
querer
venir…
Lalay,
en
cambio,
todavía
mantenía
contacto
regular
con
su
mamá,
a
pesar
de
las
tensiones
entre
ellas.
Y
ahí
estuvo.
Puntual.
Apoyándola.
Lalay
preparó
la
comida
y
Jaz
la
decoración.
Fue
sencillo.
Íntimo.
Cuando
terminaron
el
papeleo
con
el
notario,
Jaz
y
Lalay
le
dijeron
a
los
invitados
que…
Tenían
que
mantener
secreto
por
lo
menos
un
mes,
porque
eso
era
lo
que
duraba
el
matrimonio
en
inscribirse.
Que
por
favor
no
dijeran
nada,
porque
esto,era,
di…
por
el
momento
podía
ser
un
delito.
Y
Marco
nos
enseñó
los
artículos
que
estábamos
violando,
todo.
Ese
supuesto
mes
de
silencio
se
convirtió
en
3
meses.
Pero
no
por
el
error
en
el
sexo
de
Jaz,
sino
por
la
nacionalidad
de
Lalay.
Porque
el
trámite
de
inscribir
un
matrimonio
con
alguien
extranjero
es
un
poco
más
complejo.
Lalay
se
metía
casi
todos
los
días
al
registro
a
monitorear
cómo
iba
el
trámite.
Hasta
que
el
27
de
octubre
del
2015
finalmente
se
procesó
el
matrimonio.
Ahí
estaban:
marido
y
mujer.
En
la
pantalla.
Lalay
estaba
emocionadísima
y
quería
contárselo
a
Jaz,
pero
ella
estaba
en
la
universidad.
Y
no…
no
contestaba
el
teléfono,
no
me
contestaba.
Y
era
como:
“Jaz,
somos
esposas
y
no
puedes
enterarte!”.
Lalay
se
fue
a
buscarla.
Ese
día
estaba
lloviendo
fuerte.
Llegué
con
5
litros
de
agua
más,
¿verdad?
Y
me
acuerdo:
llegué
con
la
mochila
ahí
y
le
conté.
Y
era
como…
¡No
lo
podíamos
creer,
ya
estábamos
casadas
Lo
primero
que
se
les
ocurrió
fue
contarle
a
Marco.
Le
escribieron
un
mensaje.
Yo
le
digo:
“Ahora,
¿qué
hacemos?¿Qué…
Qué
es
lo
que
sigue?”.
Y
me
dijo
—nada
más
me
dijo—:
“Ahora
nada
más
a
disfrutar
la
luna
de
miel”.
Y
es
que
esa
luna
de
miel
iba
a
incluir
a
todo
el
país.
Una
pausa
y
volvemos.
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FBI,
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Comey,
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Tal
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del
escándalo,
o,
no
sé,
quizá
vives
debajo
de
una
piedra
en
el
Atacama.
En
resumen:
Donald
Trump,
despidió
a
Comey
en
el
2017,
mientras
Comey
lideraba
la
investigación
sobre
la
influencia
de
Rusia
en
las
elecciones
presidenciales.
Bueno,
ahora
Comey
está
contando
su
versión
de
los
eventos.
Y
conversó
con
la
gran
Terry
Gross
del
programa
Fresh
Air
sobre
todo.
Y
si
quieres
saber
más
sobre
toda
esta
vaina,
pues,
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que
tiene
un
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especial
analizando
el
libro,
Comey,
Rusia,
Trump,
etcétera.
Y
nada.
Haganme
espacio
debajo
de
esa
piedra
por
favor.
Soy
Peter
Sagal.
Cuando
comenzamos
Wait
Wait…
Don’t
Tell
Me!,
soñábamos
con
que
nuestras
bromas
fueran,
al
final,
la
manera
adecuada
de
hablar
sobre
las
noticias.
¡Y
miren:
pasó!
Encuentra
Wait
Wait…
Don’t
Tell
Me!
en
el
app
de
NPR
One
o
donde
escuches
tus
podcasts.
Antes
de
la
pausa,
Jaz
y
Lalay
habían
aparecido
inscritas
en
el
Registro
Civil
como
marido
y
mujer.
Era
el
primer
matrimonio
entre
una
pareja
del
mismo
sexo
en
Costa
Rica.
Algo
histórico.
Pero
menos
de
25
personas
lo
sabían.
Muchas
veces,
la
vida
te
pone
en
lugares
y
situaciones
que
no
podés
prever.
Pero
con
Jaz
y
Lalay,
no
fue
solo
eso.
La
vida
las
puso
en
un
lugar
único,
desde
donde
ese
acto
de
casarse,
de
retar
a
un
Estado
que
las
trataba
de
forma
desigual,
era
casi
una
obligación
con
su
comunidad.
O
por
lo
menos
así
lo
sintieron.
Porque
ese
acto
de
protesta
—simbólico,
pero
trasgresor—
tuvo
la
oportunidad
de
trascender
como
ningún
otro.
Entonces,
de
repente,
un
par
de
jóvenes
que
tiene
toda
la
vida
por
delante,
que
nunca
han
estado
ni
siquiera
en
una
organización
política,
se
vuelven
las
activistas
más
radicales
de
una
nación.
¿Te
podés
preparar
para
algo
así?
Digo,
¿para
un
cambio
de
vida
tan
drástico?
Jaz
y
Lalay
fueron
a
recoger
el
certificado
de
matrimonio
inmediatamente.
Lalay
resaltó
la
parte
donde
decía
que
estaban
casadas…
Y
le
tomé
una
foto
y
lo
puse
de…
en
Facebook.
Y
lo
bajé.
Y
lo
volví
a
subir.
Y
lo
volví
a
bajar.
Y
ya
luego
lo
subí
y
lo
dejé,
y
yo:
“Ufffff”.
Alguna
gente
empezó
a
preguntar
si
era
cierto,
pero
Lalay
fue
vaga
en
los
detalles.
Un
par
de
días
después,
una
amiga
de
ellas
les
dijo
que
Fernando
Francia,
un
periodista
de
la
cadena
TeleSur,
le
había
preguntado
si
el
documento
era
legítimo,
y
le
dijo
que
estaba
muy
interesado
cubrir
la
noticia.
Se
pusieron
en
contacto
y
programaron
una
entrevista.
La
nota
se
publicó
el
4
de
noviembre
del
2015,
temprano
en
la
mañana.
Otro
asunto:
En
Costa
Rica,
un
matrimonio
entre
mujeres
tuvo
lugar
semanas
atrás.
La
particular
situación
en
ese
país
centroamericano
aviva
el
debate
sobre
la
unión
igualitaria
en
ese
país.
Ampliamos
con
Fernando
Francia.
Laura
y
Jazmín
plantean
que
si
ellas
pudieron
hacerlo
por
un
subterfugio
legal,
todas
deberían.
Porque
es
absurdo
que
nosotras
tengamos
esta
posibilidad
y
otras
mujeres
igual,
en
la
misma
condición
que
nosotras,
no
tengan
los
derechos…
Y
unas
horas
después…
Llamó
todo
el
mundo…
¡Todo,
todo,
todo
el
mundo!
O
sea,
llamó
todos
los
canales:
¡todos
llamaron!
Llegó
el
momento
en
que
habían
4,
5
cámaras
haciendo
preguntas,
todas
al
mismo
tiempo.
Y
nosotras
ahí,
nada
más
respondiendo.
O
sea,
sin
saber
lo
que
estábamos
respondiendo.
Fue
súper
abrumador.
De
hecho
era
como:
“Ya,
ya,
ya
no
queremos
recibir
más
medios”.
En
eso
llegó
La
Extra
y
nos
dice
como:
“Dice
el
Registro
que
les
va
a
anular
el
matrimonio,
¿cómo
se
sienten
al
respecto?”.
Y
yo
como:
“¡Ya,
ya,
se
acabó,
ya!
¡Váyanse
todos,
ya
no
quiero
hablar
nada!
¡Ya.
Váyanse,
váyanse!”.
Y
Jaz
era
como:
“No,
tranquila,
¡tenemos
que
contestar!”.
La
Extra
es
un
periódico
nacional,
y
la
periodista
se
estaba
refiriendo
a
las
declaraciones
que
dio
el
director
del
Registro
Civil,
Luis
Bolaños,
cuando
explotó
la
noticia.
Este
es
Bolaños:
Mañana
mismo
estaríamos
iniciando
un
procedimiento
para…
para
hacer
la
corrección
en
el
acento
de
nacimiento
en
cuanto
al
sexo
de
la
persona.
Bolaños,
además,
dijo
que
el
error
se
dio
por
un
problema
de
digitación
en
el
2003,
y
que
habían
fallado
los
controles
de
calidad
de
la
institución.
Miembros
del
Frente
por
los
Derechos
Igualitarios
llegaron
al
restaurante
en
la
noche.
Y
nos
asustaron
un
montón.
Nos
dijeron:
“Maes,
ustedes
debieron
informarse
antes.
Debieron
tener
una
estrategia
política.
Eh,
incluso
ustedes
podrían
tener
consecuencias
legales.
Están
estos
caminos…”.
Pero
como
que
dijimos:
“Bueno,
eso
es
un
camino,
pero
no
es…
Es
una
posibilidad
nada
más,
no
va
a
pasar”.
Y
es
verdad
que
no
tenían
una
estrategia…
Di,
no
tenemos
ni
abogado.
O
sea,
así
de
tontas,
¿me
entiende?
No
planeamos
todo
eso.
No
dormimos
bien
esa
noche.
Y
entonces
las
dos
pensábamos:
“¿Pero
qué
hicimos?
¿Qué
hicimos?
¿Metimos
la
pata?
O
sea,
no
debimos
haber
hecho
esto”.
Y
bueno,
el
peor
escenario
posible
que
les
plantearon…
pasó.
Todo
eso
que
nos
advirtieron
pasó.
El
Registro
Civil
las
demandó
penalmente.
Y
no
solo
a
ellas,
sino
a
Marco,
el
abogado
que
las
casó,
y
a
los
dos
testigos
de
la
boda.
Ok.
Nos
vamos
a
tener
que
meter
un
poco
en
territorio
de
leyes,
pero
vamos
a
tratar
de
hacerlo
lo
más
sencillo
posible.
Como
ya
habíamos
dicho,
el
matrimonio
entre
parejas
del
mismo
sexo
está
prohibido
por
el
actual
Código
de
Familia,
y
casarse
ilegalmente
es
un
delito
penal.
O
sea,
había
posibilidades
de
que
todos
fueran
a
la
cárcel.
Y
bueno,
por
ley,
los
funcionarios
del
Registro
Civil…
Cuando
tengan
conocimiento
de
delitos
tienen
la
obligación
imperiosa
de
denunciarlo.
Este
es
Gustavo
Román,
asesor
político
del
Tribunal
Supremo
de
Elecciones,
el
ente
a
cargo
del
Registro
Civil.
Pedí
hablar
con
Luis
Bolaños,
el
director
del
Registro,
pero
la
sala
de
prensa
me
comunicó
con
Román.
Al
parecer,
los
funcionarios
se
dieron
cuenta
del
delito
cuando
los
medios
sacaron
las
imágenes
de
las
dos
mujeres
que
habían
logrado
casarse,
y
no
cuando
recibieron
los
papeles.
Y
en
pleno
escándalo,
los
medios
anunciaron
que…
La
entidad
también
abrió
una
investigación
administrativa
para
determinar
quién
o
quiénes
del
Registro
Civil
aceptaron
los
documentos
de
este
matrimonio,
ya
que
según
aseguran,
jamás
tuvo
que
aprobarse
dicha
unión.
Esa
investigación,
me
dijeron
en
el
Registro,
todavía
sigue.
Pero
hay
algo
específico
que
hizo
el
Registro
Civil,
algo
que
Jaz
y
Lalay
protestaron.
Y
fue
que
a
Jaz
le
corrigieron
el
sexo
sin
pedirle
pruebas
de
que
ella
es
mujer,
y
sin
avisarle.
Dentro
del
registro,
la
corrección
del
sexo
de
Jaz
se
trató
como
un
trámite
de
“URGENCIA”.
En
el
documento
la
palabra
está
escrita
en
mayúsculas.
Jaz
y
Lalay
pidieron
una
justificación
del
porqué,
y
les
respondieron
que
era
porque
el
caso
había
salido
en
los
medios
de
comunicación.
El
trámite
fue
rápido.
8
días
después
de
que
saliera
la
noticia,
legalmente
el
sexo
de
Jaz
ahora
aparecía
como
“femenino”.
La
eficiencia
nunca
antes
vista.
Nunca
antes
vista,
dice
Lalay,
porque
con
esta
noticia
salió
a
relucir
otro
caso.
El
de
Yerimé.
Es
un
hombre
que
tenía
el
mismo
tipo
de
error
que
Jaz:
salía
como
mujer
en
vez
de
hombre,
y
desde
hacía
años
había
solicitado
la
corrección
de
su
sexo
en
la
cédula.
Este
audio
viene
de
una
entrevista
que
le
hicieron
en
el
2015.
Yerimé,
incluso
has
tenido
exámenes
que
han
sido
incómodos
para
verificar
que
realmente
sos
un
hombre.
Sí,
claro.
Solo
ir
a
la
medicatura
forense
e
ir
a
quitarse
la
ropa
delante
de
una
patóloga…
Para
eso
fue
algo
muy
duro.
Y
aún
con
ese
dictamen
de
una
doctora,
el
Registro
le
había
rechazado
la
corrección.
En
la
misma
nota
los
del
Registro
dicen
no
saber
por
qué
se
lo
negaron.
Y
claro,
por
este
error,
Yerimé
no
se
podía
casar
y
no
podía
inscribir
hijos.
Lo
mismo
que
le
hubiera
pasado
a
Jaz
si
se
hubiera
enamorado
de
un
hombre.
Entonces:
¿por
qué
con
Jaz
la
corrección
del
sexo
en
los
documentos
fue
tan
rápida,
y
con
Yerimé
tan
complicada?
Lalay
y
Jaz
tienen
su
teoría:
Nosotras
nos
habíamos
burlado
del
Registro.
Habíamos
metido
un
gol.
Obviamente
quedó
como
en
ridículo,
porque
no
son
meticulosos
con
la
información
de
la
gente,
no
se
dan
cuenta
de
muchos
papeles
que
hay
ahí,
no
le
ponen
importancia…
Así,
en
papel,
ahora
Jaz
es
mujer
de
nuevo.
Pero
el
Registro
no
puede
anular
el
matrimonio.
Por
ley,
solo
puede
hacerlo
un
juez
de
la
corte
encargada
de
asuntos
familiares.
Es
por
esto
que
Jaz
y
Lalay
todavía
siguen
casadas.
A
Yerimé,
por
su
parte,
el
escándalo
le
ayudó:
más
de
10
años
después
logró
que
se
le
corrigiera
el
sexo
en
su
cédula.
Y
más
allá
de
los
problemas
con
el
Registro
Civil,
las
noticias
sobre
el
matrimonio
de
Jaz
y
Lalay
sacaron
la
homofobia
que
existe
en
la
sociedad
costarricense.
Se
leían
muchos,
muchísimos
comentarios
como
estos.
No
es
odio,
lo
que
tenemos
los
cristianos
es
asco.
Lo
siento
si
nos
dan
ganas
de
vomitar
encima
de
ustedes.
Se
debe
anular
porque
fue
por
un
error.
Legalmente
debe
quedar
sin
efecto.
Ojalá
que
ese
error
no
sea
la
puerta
para
airar
a
Dios.
¡De
lo
peor!
Qué
ridículo
abogado
agarrándose
de
mentiras
para
lograr
su
disque
objetivo.
¡Esto
es
fraude!
¡Fraude!
¡Fraude!
Damas
y
caballeros:
así
es
cómo
se
extingue
la
raza
humana.
Le
pregunté
a
Lalay
si
recibieron
ese
tipo
de
mensajes
de
odio
directamente…
No,
nunca
me
escribieron
a
directamente.
En
realidad
los
comentarios
siempre
eran
abajo
de
noticias
nuestras.
¿Y
te
ponías
a
leerlos
o?
Ah,
sí,
a
veces.
Por
puro
masoquismo.
Pero
muy
pronto
los
ataques
fueron
personales.
Y
se
salieron
del
internet.
Nos
empezaron
a
tirar
huevos,
nos
dejaban
mensajes
cristianos…
Una
vez
me
gritaron
mientras
yo
iba
al
auto
que
yo
lo
que
necesitaba
era
un
hombre
que
me
hiciera
mujer.
Entonces
ya
era
como
una
tras
otra,
entonces
teníamos
miedo.
Y
hubo
un
incidente
que
elevó
todo
a
otro
nivel.
No
fue
directamente
hacia
ellas,
sino
hacia
un
periodista
que
escribió
un
reportaje
sobre
su
caso,
y
abiertamente
las
apoyaba.
Lo
golpearon
en
la
cara
entrando
a
su
casa.
Y
lo
insultaron,
con
lenguaje
homofóbico.
El
periodista
es
amigo
mío.
Y
si
yo
me
sentí
impactado
y
enojado,
ya
me
imagino
la
reacción
de
ellas.
Nos
fuimos
de
acá
del
Árbol,
porque
la
verdad
teníamos
miedo
de
que
nos
atacaran.
Empezamos
a
hacer
como
un
protocolo
ahí
de
seguridad:
irnos
con
gente
siempre,
estar
acompañadas,
no
quedarnos
solas
nunca
las
dos
en
el
restaurante.
Decidieron
quedarse
durante
unos
meses
en
la
casa
de
una
amiga.
A
esa
amiga
también
trataron
de
intimidarla,
llamándola
para
decirle
que
era
“lesbiana”
y
gritándole
insultos
homofóbicos.
Unos
días
después
de
que
explotó
la
noticia,
Roberto
Zamora,
un
abogado
especialista
en
derecho
internacional
y
dedicado
al
monitoreo
de
derechos
humanos,
contactó
a
Jaz
y
Lalay.
Las
había
visto
en
la
tele,
dando
declaraciones.
No
sé,
me
dio
la
impresión
de
que
no
estaban
del
todo
informadas
de
todo
lo
que
todo
lo
que
podía
pasar,
digamos,
de
la
trascendencia,
de
la
magnitud,
lo
grande
e
importante
que
era
lo
que
estaban
haciendo…
Entonces
les
ofreció
representarlas
gratuitamente.
Se
reunieron
y
después
de
conversar
un
poco,
Jaz
y
Lalay
aceptaron.
Yo
siempre
fui
muy
claro,
yo
les
dije:
“Vean,
ustedes
hicieron
algo
ilegal.
O
sea,
yo
estoy
de
acuerdo,
yo
las
apoyo
y
todo,
pero
al
día
de
hoy
hay
una
ley
y
eso
es
lo
que
hace
que
algo
sea
ilegal”.
Pero
les
aseguró
que
el
problema
tenía
solución.
Lo
primero
que
hicieron
fue
acudir
a
la
Sala
Constitucional,
que
es
el
máximo
ente
judicial
en
Costa
Rica.
Ahí
pusieron
una
denuncia
contra
el
Registro
Civil.
Nosotros
indicamos
que
el
hecho
de
que
saliera
en
los
medios
no
era
justificación
legal
para
darle
un
tratamiento
diferente
a
Jaz.
O
sea,
para
declarar
el
trámite
de
cambio
de
sexo
de
ella
de
urgencia.
No
estaban
peleando
el
hecho
de
que
se
hubiera
corregido
el
sexo
de
Jaz,
sino
la
manera
atropellada
en
que
se
hizo.
Porque,
según
ellos,
esto
violaba
sus
derechos
a
no
ser
discriminada
por
su
orientación
sexual.
Además,
en
enero
del
2016,
plantearon
ante
esa
sala
que
era
inconstitucional
que
los
matrimonios
del
mismo
sexo
fueran
prohibidos.
Argumentaron
que
la
Corte
Interamericana
de
Derechos
Humanos
ya
ha
dicho
que
la
definición
de
familia
incluye
parejas
del
mismo
sexo,
y
que
en
ningún
lugar
de
la
Constitución
Política
costarricense
se
dice
que
la
familia
se
limita
a
la
unión
de
un
hombre
y
una
mujer.
Así,
por
las
leyes
de
Costa
Rica,
el
proceso
penal
se
detuvo
hasta
que
la
Sala
Constitucional
resolviera
el
caso.
Pasó
el
tiempo
y
nada.
Silencio
total
de
la
Sala,
incertidumbre
para
ellas.
Hasta
que
llegó
el
9
de
enero
del
2018:
el
mismo
momento
donde
empezamos
esta
historia.
¡Lesbianas
contra
la
guerra!
¡Lesbianas
contra
el
capital!
¡Lesbianas
contra
el
racismo,
contra
el
racismo
neoliberal!…
Ese
día
que
la
Corte
dijo
que
en
Costa
Rica
debe
aprobarse
el
matrimonio
igualitario.
Y
obviamente
ellas
fueron
a
celebrar.
Estaba
en
una
emoción
que
no
cabía
en
mí,
no
dejaba
de
hablar
de
eso.
Fuimos
y
era
como:
“¡Pero
es
que
no
vamos
a
ir
a
la
cárcel!”.
Porque
la
Sala
Constitucional
siempre
se
ha
comprometido
a
cumplir
lo
dicho
por
la
Corte
Interamericana
de
Derechos
Humanos.
Y
en
el
caso
de
Jaz
y
Lalay,
significaría
que
ellas,
el
abogado
que
las
casó
y
los
testigos,
quedarían
libres
del
proceso
penal
en
el
que
se
encuentran.
Su
abogado,
Roberto,
lo
explica
así:
Si
se
tiene
por
entendido
que
se
elimina
la
prohibición,
entonces
no
tiene
ningún
sentido
sancionar.
Porque
se
habría
mentido
sobre
algo
que
al
final
ya
no
era
ilegal.
Pero…
A
veces
tengo
un
poco
de
miedo
porque
siento
que
es
demasiado
bueno
para
ser
verdad.
Y
tengo
un
poco
de
miedo
de
toda
la
gente
llena
de
odio
que
ha
estado
manifestándose
en
contra.
Eso
me
da
mis…
mis
reservas.
Todo
lo
que
acaban
de
escuchar
hasta
ahora
fueron
conversaciones
que
tuve
con
Jaz
y
Lalay
en
enero
de
este
año,
2018,
pocos
días
después
de
que
la
Corte
diera
su
respuesta.
Justo
en
la
recta
final
de
las
elecciones
presidenciales…
Si
tenemos
que
salirnos
de
la
Corte,
si
tenemos
que
salirnos
de
la
OEA
para
que
se
respete
nuestra
soberanía,
y
para
que
se
respete
la
vida,
porque
escúcheme
bien:
después
de
esto,
lo
que
viene
es
la
imposición
del
aborto.
Téngalo
por
seguro.
Después
de
esto
es
la
Corte
diciendo:
“Tiene
que
aprobarse
el
aborto
en
todas
sus
formas
en
Costa
Rica”.
Se
lo
aseguro
que
eso
es
lo
que
sigue.
Así
que
si
tenemos
que
salirnos
de
la
OEA,
nos
salimos
de
la
OEA.
Este
Fabricio
Alvarado.
Es
un
periodista
que
no
terminó
sus
estudios,
y
un
predicador
y
cantante
evangélico.
En
ese
momento,
Fabricio
Alvarado
era
el
único
diputado
en
la
Asamblea
Legislativa
representando
al
partido
evangélico
Restauración
Nacional.
También
era
candidato
presidencial,
y,
en
diciembre
del
2017,
las
encuestas
lo
colocaban
en
los
últimos
lugares,
con
poco
más
del
2%
de
apoyo.
El
audio
viene
de
un
video
que
publicó
en
sus
redes
sociales
unas
horas
después
de
que
la
Corte
Interamericana
se
pronunciara.
Decía
que
si
era
necesario
que
el
país
saliera
del
sistema
de
derecho
internacional
para
evitar
el
matrimonio
igualitario,
él
lo
haría.
Fabricio
no
tenía
un
plan
de
gobierno
con
propuestas
concretas
ni
un
equipo.
Entonces
se
centró
en
defender
lo
que,
según
él,
son
los
valores
tradicionales
de
la
familia
costarricense,
y
oponerse
a
lo
que
llama
la
“ideología
de
género”.
Matrimonio
es
entre
hombre
y
mujer,
y
es
el
que
hemos
sostenido
y
sostendremos,
y
es
el
que
el
pueblo
también
defiende.
Cuando
nosotros
hablamos
de
“ideología
de
género”
son
aquellos
elementos
que
se
han
introducido,
especialmente
en
la
educación,
donde
se
trata
de
pues
establecer
que
uno
no
nace
hombre
ni
nace
mujer,
sino
que
uno
puede
ser
lo
que
uno
se
imagine
ser
o
cómo
uno
se
sienta.
Enseñarle
a
nuestros
hijos
eso,
no
va
con
los
valores
y
principios
que
tiene
la
mayoría
de
los
costarricenses.
En
su
plan
de
gobierno,
Fabricio
decía
que
la
libertad
solo
se
podía
ejercer
bajo
la
ética
cristiana,
y
que
la
unión
homosexual
iba
en
contra
de
la
naturaleza.
Además,
prometió
hacer
un
instituto
para
reformar
a
homosexuales
que
así
lo
quisieran.
Un
mes
después
fueron
las
elecciones.
El
país
tomó
su
decisión.
Fabricio
Alvarado,
de
Restauración
Nacional,
y
Carlos
Alvarado,
del
PAC,
irán
a
una
segunda
ronda
para
elegir
al
nuevo
presidente
de
Costa
Rica
el
próximo
1
de
abril.
Y
sí,
contrario
a
lo
que
habían
mostrado
las
encuestas
en
diciembre,
Fabricio
quedó
en
primer
lugar.
Con
casi
25%
de
los
votos.
No
fueron
los
suficientes
para
ser
declarado
presidente,
pero
para
poder
pasar
a
una
segunda
vuelta.
Aún
así,
su
partido
obtuvo
la
segunda
bancada
más
grande
de
diputados
en
el
parlamento.
Algo
que
ningún
otro
grupo
evangélico
había
logrado.
El
contrincante,
Carlos
Alvarado,
representaba
al
partido
oficialista
Acción
Ciudadana,
que
obtuvo
menos
diputados
que
el
partido
evangélico.
La
gente
estaba
descontenta
con
el
gobierno.
El
escándalo
más
grande
de
corrupción
del
país
—que
involucró
a
la
Presidencia,
el
Poder
Judicial,
a
la
Asamblea
Legislativa
y
los
bancos
del
Estado—
se
destapó
meses
antes.
Además,
los
crímenes
y
la
violencia
aumentaron,
el
déficit
fiscal
no
se
controló
y
la
pobreza
se
mantuvo
en
niveles
similares.
Y
entre
la
corrupción
del
partido
de
Carlos
y
la
poca
preparación
de
Fabricio
para
ser
presidente,
algo
se
volvió
parte
central
de
la
discusión
pública:
los
derechos
de
la
personas
LGTBI.
Este
es
Carlos
Alvarado…
Las
relaciones
entre
los
individuos
y
el
Estado
deben
ser
normadas
por
el
principio
de
igualdad.
Y
desde
ese
punto
de
vista
es
que
apoyo
el
matrimonio
civil
igualitario.
El
país
se
dividió.
Fabricio
contra
Carlos:
un
fanático
religioso
conservador
y
de
derecha,
contra
un
candidato
de
centro
con
ideas
progresistas
en
derechos
humanos.
Volví
a
hablar
con
Lalay
y
Jaz
para
saber
cómo
se
sentían.
Me
contaron
que
tenían
miedo
de
que
Fabricio
quedara
electo.
En
especial
por…
La
represión
del
Estado
contra
nosotras
personalmente,
y
además
contra
todas
las
personas
diversas
en
general.
Porque,
diay,
los
matones
se
envalentonan
cuando
el
líder
más
poderoso,
digamos,
del
país
—el
que
representa
el
país—
da
un
permiso
tácito,
¿verdad?,
para
discriminar.
Una
de
las
encuesta
de
más
credibilidad,
hecha
por
un
instituto
de
la
Universidad
de
Costa
Rica,
ponía
a
ambos
candidatos
en
un
empate
técnico.
La
población
indecisa
definiría
el
ganador.
Y
después
de
dos
meses
de
tensión
social,
el
1
de
abril,
la
gente
fue
a
las
urnas
de
nuevo
para
elegir
a
su
gobernante.
Esa
misma
noche,
el
presidente
del
Tribunal
Supremo
de
Elecciones
dio
el
primer
informe.
Se
habían
contado
el
90%
de
los
votos.
Votos
válidos
por
partido
político.
Acción
Ciudadana:
1.205.864
votos,
para
un
60,66%
del
total.
Restauración
Nacional:
786.009,
es
decir
39,33%.
Carlos
Alvarado
era
el
presidente
electo.
Fue
una
victoria
aplastante…
El
lugar
donde
los
votantes
se
reunieron
para
recibir
los
resultados
estalló…
¡Sí
se
pudo!
¡Sí
se
pudo!
¡Sí
se
pudo!
¡Sí
se
pudo!
¡Sí
se
pudo!
¡Sí
se
pudo!
Lalay
y
Jaz
me
contaron
cómo
vivieron
ese
momento.
Fue
todo
de
golpe,
entonces
fue
todo
muy
eh…
A
mi
costó
creerlo
la
verdad,
me…
me…
Yo
la
verdad
es
que
esperaba
que
fuera
así.
De
hecho,
le
dije
a
Lalay
que,
tal
vez
fue
una
fantasía
o
no
sé,
pero
yo
esperaba
que
ganáramos
como
70-30.
Así
como…
Yo
pensé
en
realidad
que
iba
a
estar
muy
justo,
muy
muy
justo.
Fuimos
a
celebrar
a
la
Hispanidad,
entonces
empezaron
a
tocar…
Y
mae,
lloré,
porque
me
tocó
las
fibras,
así,
estaba
demasiado…
Di,
era
un
grupo
de
chicas
y
chicos
con
tambores
y,
ay,
fue
maravilloso.
Eran
miles
de
personas
celebrando
en
la
Hispanidad.
Y
entre
las
banderas
habían
varios
carteles
donde
se
leía:
“Ganó
el
amor”.
Jaz
y
Lalay
sienten
lo
mismo.
Ganó
el
amor.
Mucha
gente
las
llamó
después
de
las
elecciones
para
decirles:
Yo
no
por
qué,
pero
tengo
ganas
de
felicitarlas”.
[Risa]
Y
también
como
decirnos
que…
que
pensaron
en
nosotras.
Que
en
los
primeras
personas
en
que
pensaron
eran
nosotras
cuando
ganaron
y
nos
han
escrito
montones.
Y
hoy
han
venido
varios
clientes
a
decir
como,
“¡ya
no
van
a
tener
que
irse!”.
[Risilla]
Ajá
y
nos
dan
un
abrazo.
Sí,
sí,
en
realidad
de
vuelve
un
poco
la
esperanza
en
la
gente
porque,
no
sé,
es…
es
impresionante:
Costa
Rica
es
histórica
porque
siempre
se
salva
de
los
extremos.
Y
ahora…
Esperamos
que
todo
termine.
Para
bien,
ya.
O
sea
que
la
Sala
Cuarta
el
fallo,
y
que
ya
esto
se
acabe.
Porque
Carlos
no
puede
oponerse
a
lo
que
diga
la
Corte
Interamericana,
y
ya
lo
dejó
claro
en
los
debates.
Esperemos
que
cumpla.
Yo
siento
que
ya
Costa
Rica
dio
un
veredicto
de
qué
es
lo
que
quiere
ser,
y
lo
que
queremos
ser
es
una
Costa
Rica
de
Estado
de
Derecho.
Una
Costa
Rica
que
respeta
las
libertades
de
las
personas
individuales.
Después
de
toda
esta
historia,
después
de
estos
años
que
mezclaron
angustia
y
felicidad,
tenía
una
pregunta
más:
¿Valió
la
pena?
Ah,
obvio.
O
sea,
esto
nos
cambió
la
vida.
Obviamente.
Incluso
yo
siento
que
somos
como…
como
una
idea,
como
una
abstracción
de
Jaz
y
Lalay.
Incluso
nos
confunden,
es
muy
gracioso.
[Risilla]
Y
no
solo
ha
cambiado
sus
vidas…
Sino
que
ha
cambiado
la
vida
de
otros.
Que
cuando
salió
el
tema
a
discusión,
cuando
salió
nuestro
caso,
las
familias
costarricenses
discutían,
aunque
se
les
saliera
todo
lo
conservador
que
le
la
gana:
discutieron.
Tampoco
como
que
es
tuanis
como
andar
exhibiendo
la
vida
de
una,
¿verdad?
Pero
si
ayuda
en
algo,
vamos
a
dar
nuestros
testimonios
de
vida.
Para
otros
países
y
para
personas
acá
también
y
todo.
Porque,
di,
es
tuanis
darle
esperanza
a
la
gente
de
que
de
pronto
una
persona
o
dos
personas
pueden
cambiar
una
realidad
con
una
acción
pequeña
o
una
acción
más
grande.
Y
de
eso
no
me
arrepiento
y
lo
vamos
a
seguir
haciendo,
de
hecho.
Quiero
cerrar
con
una
de
esas
pequeñas
acciones
de
las
que
habla
Jaz.
Actos
que
transforman
la
vida
de
los
demás.
Afuera
de
su
restaurante
está
pintada
la
bandera
LGTBI,
una
bandera
que
es
una
señal
de
seguridad.
Seguridad
de
que
ahí
la
comunidad
siempre
será
recibida
con
los
brazos
abiertos,
con
cariño.
Un
lugar
donde
las
personas
no
tienen
que
tener
miedo
de
mostrar
quiénes
son,
donde
pueden
conocer
a
otros
con
toda
libertad.
Un
lugar
que
les
pertenece.
Casi
5
meses
después
de
que
la
Corte
Interamericana
se
pronunciara…
y
a
pocos
días
del
cambio
de
gobierno,
Jaz
y
Lalay
siguen
esperando
la
respuesta
de
la
Sala
Constitucional.
Con
el
dictamen
podrán
finalizar
el
proceso
penal
en
su
contra,
y
ser,
legalmente,
el
primer
matrimonio
entre
personas
del
mismo
sexo
en
Costa
Rica.
Luis
Fernando
Vargas
es
nuestro
editor
asistente.
Vive
en
San
José,
Costa
Rica.
Esta
historia
fue
editada
por
Camila
Segura,
Silvia
Viñas
y
por
mí.
La
mezcla
de
sonido
es
de
Andrés
Azpiri.
El
fact-checking
es
de
Daniel
Villatoro.
Muchas
gracias
a
Round
House
Studio,
Daniela
Aguilar,
Felipe
Zúñiga,
Melania
Rodríguez
y
Roberth
Pereira.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Jorge
Caraballo,
Patrick
Mosley,
Laura
Pérez,
Ana
Prieto,
Barbara
Sawhill,
Luis
Trelles,
David
Trujillo
y
Elsa
Liliana
Ulloa.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
Hindenburg
PRO.
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¡Lesbianas contra la guerra! ¡Lesbianas contra el capital! ¡Lesbianas contra el racismo, contra el racismo neoliberal!… El audio que escuchan lo grabó Luis Fernando Vargas, nuestro editor asistente. Eso fue el 9 de enero del 2018, en San José, Costa Rica. Y lo que oyen es un grupo de más de 100 personas la comunidad LGTBI. Están cantando: “Lesbianas contra la guerra. Lesbianas contra el capital. Lesbianas contra el racismo”. Pero no era una protesta, sino una celebración. Estaban en la Fuente de la Hispanidad, un lugar simbólico porque es donde todo el mundo se reúne a festejar cuando gana la selección nacional de fútbol o después de una elección. Y es que más temprano ese mismo día, la Corte Interamericana de Derechos Humanos dijo que Costa Rica debía reconocer el cambio de nombre y de sexo en los documentos oficiales de las personas trans. Pero no solo eso. También pidió que se les garantice a las parejas del mismo sexo los mismos derechos que a las parejas heterosexuales. Incluido el matrimonio. Este es Luis Fernando. El Estado de Costa Rica le había preguntado a la Corte cómo debía manejar las demandas de la comunidad LGTBI. Y como el país siempre ha seguido las recomendaciones de la Corte, había motivos para festejar. Había sido una lucha de décadas. Y ese martes, se sentía como una victoria. ¡Iglesia, basura, no somos dictadura! ¡Iglesia, basura, no somos dictadura! Llegué un poco tarde al encuentro. Alguna gente ya se iba, pero todavía se sentía un ambiente alegre: abrazos, gritos, tambores, banderas… Tomé una foto de las personas celebrando y la subí a redes sociales. Era un día feliz. Fue en ese momento que vi otra foto. Y es esta de la que quiero hablarles. La subió uno de mis contactos en Facebook, que conocerán dentro de poco. Es una selfie, en blanco y negro, de dos muchachas sonriendo. Una ve hacia la cámara y la otra mira a la distancia. Estaban ahí mismo, en la Hispanidad. Un hashtag acompañaba la foto. Se leía: “Ya no vamos a la cárcel”. Y esa es la historia que nos va a contar Luis Fernando, la que está detrás de esa imagen, de esas dos chicas. Es la historia un acto de amor que se convirtió en un acto de protesta… Un acto de protesta contra el gobierno y contra la sociedad costarricense. Una sociedad que muchas veces escoge el silencio frente a los temas incómodos. Lo sé como tico que soy. Pero estas dos muchachas, pues, la hicieron hablar. Las mujeres de la foto se llaman Jazmín Elizondo y Laura Flores-Estrada. Pero las conocen como Jaz y Lalay. Estas son ellas: Tú eres más capitalista que yo. Es que, o sea… [Risa] ¿Está escuchando? Es que yo “breteo” más, pero tú quieres cobrarle más a todo el mundo. No es verdad. Yo quiero darle valor a las cosas… Para que las identifiquen: Lalay es la que acusa a Jaz de ser más capitalista que ella. Y Jaz es la que dice que solo quiere darle valor a las cosas. Bromean sobre su negocio: El Árbol de Seda, un restaurante vegetariano en el centro de San José. Lalay es la chef, y Jaz maneja el bar de jugos naturales y también ayuda a atender a los clientes. Son más de las 10 de la noche y ya están cerrando. El restaurante está en una zona cada día más gentrificada. Es una casa vieja, grande, acogedora, con diferentes salones. Y Jaz y Lalay están casadas. Pero desde hace casi 3 años. Mucho antes de que la Corte se pronunciara. Todo comenzó en el 2014. Lalay recién inauguraba el restaurante. Jaz, que estudiaba en la universidad, era cliente regular, y se interesó por Lalay desde el primer momento. Esta es Jaz: Lo que me llamó la atención de ella era como su actitud: como muy buena nota, como siempre sonriente, siempre linda, siempre amable. No sé, como que tenía una chispita en los ojos diferente. Y bueno, Lalay, en cambio… Ay, qué terrible, es que yo la primera vez no la noté. No la tengo tan presente (me va a odiar cuando escuche eso). Tenían amigos en común, y ellos le hicieron el favor a Jaz de decirle a Lalay: “Ey, ¿esta chica que pasa comiendo aca? Está interesada en vos”. Y entonces ahí sí. Lalay empezó a fijarse un poquito más en Jaz, y a salir con ella en grupo —al cine, al teatro— pero al principio Lalay… Yo sentía que Jaz y yo no teníamos mucho en común. Entonces la principio no le di… no le di mucha pelota. Lalay, además, acababa de terminar una relación con otra muchacha, y el quiebre había sido duro. Todavía estaba muy herida. No se sentía lista para otra relación. Jaz, por otro lado, nunca había tenido algo serio con una mujer. Sólo algunas aventurillas en bares o fiestas, pero su interés por Lalay crecía cada vez que se juntaban. Entonces ideó un plan: le dijo que quería ayudarle en la cocina del restaurante. Para aprender, y bueno, para conocerla más y de pronto, tal vez, enamorarla. Pero Lalay, al principio pensó… “Ay, no, va a ser un atraso. [Risas] Y qué pereza, voy a tener que parar y voy a tener que estar enseñándole cosas”. Y me daba mucha pereza, de hecho. Aunque Lalay terminó aceptando y Jaz resultó ser una excelente ayudante: rápida, cumplida, eficiente. Es difícil encontrar gente así. Entonces Lalay se fue abriendo poco a poco. Esta es Jaz. Empezamos a conversar temas de política, de opiniones de conceptos del aborto, la iglesia, libros, películas, lo que sea, ¿me entiende? Y nos interesaba como la perspectiva de la otra. A mí me gustó mucho que es súper inteligente. Y es buena en lo que hace, es apasionada con lo que hace… Tuvieron citas a solas y se fueron conociendo más. Después, se dieron su primer beso y todo se movió muy rápido. Fue una conexión intensa. La relación de Jaz y Lalay es un ejemplo de cómo, extrañamente, dos personas que vienen de lugares muy distintos se encuentran una en la otra. Esos casos en que se mira al otro, y se ve un reflejo. Lalay viene de una familia acomodada. Mientras que Jaz no, creció en una familia bastante humilde. Pero las familias de ambas eran muy conservadoras. Tal vez la de Lalay un poco más, pues eran del Opus Dei. Cuando Lalay tenía 11 años se obsesionó con una compañerita de su clase. Todos los días la llamaba, insistentemente, hasta que la mamá de su amiguita le prohibió hablar con ella. Y llegó el punto en que… Se corrió el rumor en toda la escuela de que yo era lesbiana. Entonces cuando tenía 11 años no tenía amigos. Y su mamá… Siempre tenía comentarios negativos para las lesbianas. O sea, me tenía… Me dijo que nunca jamás me hiciera amiga de una lesbiana porque era el peor tipo de gente. Su adolescencia fue una época muy dura. Creció estando sola, muy aislada de todos. Se obligó a salir con hombres, un poco buscando la aprobación de su mamá, pero realmente no conectaba con ellos. Hasta que, ya cuando tenía más de 20 años, fue honesta consigo misma. Y ahí fue como: “No, no, yo soy lesbiana. Eso… Eso es. O sea, todo este tiempo lo que me han gustado son las mujeres”. Lalay tiene nacionalidad española porque nació ahí, pero su familia se vino a Costa Rica cuando ella tenía 6 años. Entonces, a los 22, aprovechó y se fue un tiempo a vivir a España. Quería alejarse de la homofobia de su mamá y por primera vez ser realmente libre, experimentar. Era el lugar perfecto. Era como un buen momento para ya aceptarme a mí misma. Pero no tuve suerte, no tuve ningún… Es que, di, era, eh… novata. Cómo… ¿Cómo iba a ligar a una chica? No tenía ni la menor idea, la verdad. Mientras vivía en España se lo confesó a sus hermanos, que eran muy liberales, y la apoyaron completamente. Sintió un alivio enorme. Pero Lalay duró poco en Europa, solo unos meses. Volvió a Costa Rica en el 2009, huyendo de la crisis económica. Al poco tiempo de haber regresado, recibió un mensaje por teléfono de uno de sus hermanos. Chini, mami sabe”. Y yo: “Ok”. Era un martes, me acuerdo. Tenía… Ese día tenía cita con la psicóloga y dije: “Ok, me voy a matar, me voy a matar, o sea, ya mi mamá lo sabe”. Su mamá se había metido a leer sus correos electrónicos y leyó unas correspondencias con un amigo gay de España, donde ella hablaba explícitamente de ser lesbiana. Ese día lo habló con su psicóloga. Ella la calmó un poco, pero cuando llegó a su casa su mamá la recibió muy mal. Le dijo que… Sentía náuseas de solo pensarlo, y que nunca me quería ver de la mano de una mujer. Y que nunca quería que le dijeran que me habían visto con una chica y que yo le daba asco, y no, no, fue terrible, terrible. No me habló por varios días y me hacía sentir miserable, digamos. Lalay vivía con su mamá y, pues, decir que la situación era muy tensa es decir poco. Necesitaba salir de ahí. Rápido. Al igual que Lalay, Jaz me comentó que ella, cuando niña, era solitaria. Nunca logró encajar. Y casi no tenía amigos. Su mamá se había separado de su papá cuando ella estaba muy pequeña, y se había casado de nuevo. Y en la adolescencia, empezó a hacerse preguntas. Como: ¿Qué pasa si me gustan las chicas? ¿Verdad? Di, tenía curiosidad. Pero igualmente era como impensable. Mi padrastro habló conmigo una vez, por ejemplo, y me dijo claramente que eso era malo. No sabe muy bien por qué su padrastro le dijo eso. Cree que tal vez vio en ella alguna conducta que le parecía —entre comillas—“rara”. Y a Jaz no le parece del todo extraño, porque era casi obvio que ella… Tenía más conexión con las mujeres que con los maes. Los maes era como para vacilar y para joder… Y mientras que para Lalay, la reprobación por su orientación sexual venía solo de su familia, para Jaz también venía desde adentro, desde ella misma. Jaz creció siendo muy católica y sentía mucha culpa. Conversaba sobre el tema con un amigo que también era gay, pero que, como a ella, le generaba conflicto. El amigo le decía: Que eso era un demonio. Que… Que había que evitarlo, que Dios nos podía curar, que Dios nos podía salvar, que esto y lo otro. Di, al final de cuentas obviamente ninguno de los dos pudo modificar lo que sentía. En especial cuando Jaz conoció a Lalay. A mí me han gustado muchas chicas, también me han gustado chicos. Pero yo me enamoré de Lalay. O sea, nunca me había pasado lo que me pasó con ella. En ese momento pensó que lo mejor era ser honesta con su familia. Por la universidad, Jaz se había ido a vivir sola al centro de San José. Entonces viajó a Pérez Zeledón, la ciudad pequeña donde nació, y al llegar se lo dijo a su mamá. Al principio como que no reaccionó. Fue eso: raro. Como que mi mamá reacciona mucho con negación. Luego de que pasó —ya que lo logró entender lo que yo le había dicho y que logró reaccionar—, me dijo: “No me hable más de esto, yo espero que en algún momento recapacite y se le pase como se le ha pasado. Como todas esas etapas que ha tenido”. Su mamá le contó a su hija menor. Y ella llamó a Jaz a decirle que… Cómo se me ocurría hacerle eso a mami, y… O sea, me trató como malísimo, malísimo. Y desde esa vez ir a Pérez Zeledón, a visitar a su familia, es muy diferente a lo que era antes. Me hace demasiado daño, digamos. Cuando yo voy allá no me siento… no me siento en casa, la verdad. Fue por ese sufrimiento, el sufrimiento de ser rechazadas por quienes eran, que Jaz y Lalay se dieron cuenta de que no estaban solas. Esta es Lalay: Bueno, es que yo sentí que por primera vez en mi vida podía ser sincera con alguien. Que no me iba a juzgar, no… que me aceptaba tal y como era. Y, este, nunca me había pasado, yo nunca había sido completamente honesta con nadie. Y desde entonces, no volvieron a estar la una sin la otra. Lalay estaba viviendo con su mamá cuando empezaron su relación, y bueno, como se podrán imaginar, su mamá no estaba nada feliz. Jaz sentía el rechazo cada vez que iba a esa casa. Hasta que un día, la mamá de Lalay dijo: “No, ella no puede volver”. Y entonces nosotras dijimos: “Bueno, nosotras queremos estar juntas. Si usted no quiere, entonces nos vamos nosotras”. Y eso fue lo que hicimos, de hecho. Ya llevaban 6 meses juntas cuando se mudaron al lugar que las había unido: El Árbol de Seda, el restaurante. Todavía quedaban unos cuartos desocupados, y fue ahí que decidieron hacer un pequeño hogar, con sus perros y gatos, una cama, libros, velas, adornos… Se sintió como el inicio de una nueva vida. Con cientos de posibilidades. Libres. A los pocos días fueron a la marcha de la diversidad, que se hace cada junio para celebrar el orgullo de la comunidad LGTBI. Terminaron comiendo con varia gente que habían conocido durante la actividad. Y durante la conversación surgió un dato curioso de Jaz: Desde que yo tengo 12 años tengo un error en la cédula. Dice masculino. Entonces, después de mi primer cédula de menor, todas, o sea, todos los registros que yo tengo de papeles dice masculino. Pero a Jaz nunca le importó. Para corregir el sexo en esos documentos hay que llenar una solicitud en el registro civil y, en algunos casos, llevar un dictamen médico que corrobore el sexo real. Era mucha molestia y a Jaz nunca le habían puesto problema para nada, en ningún lado. El reglamento del Registro Civil dice que cuando un funcionario se dé cuenta de un error debe empezar el proceso administrativo para corregirlo. Pero la persona que le dio la cédula de mayores a Jaz no lo hizo, a pesar de que es obvio que ella no es hombre. Entonces, cuando la gente con la que comían oyó este cuento, pues, se emocionaron. Mucho. Dijeron como: “Pero es que… ¡Pero podrían casarse!”. Y yo sí: “¡Sí, ya le dije eso e insiste en que no se puede”. Lalay ya se lo había propuesto antes de esa conversación, pero Jaz no terminaba de convencerse de que podían hacerlo. Sin embargo, lo hablaron en grupo. Técnicamente —es decir, legalmente— eran hombre y mujer. Si encontraban a un notario dispuesto a ayudarlas, podrían intentarlo. Y ambas reflexionaron. Sabían lo que querían: una vida juntas. Entonces, ¿por qué no? Y al final quedamos en que sí, vamos… vamos a hacerlo. ¡Vamos a hacerlo! Decidieron esperar un mes, para pensarlo bien, pues… Tampoco la idea era mantenerlo en secreto, porque podríamos haberlo mantenido en secreto y pasar como cualquier pareja heterosexual. Pero no, no, es que tenía que ser público, la gente tenía que saberlo. Estaban desafiando el concepto de familia que planteaba la ley de Costa Rica, y parte de la sociedad. Sí sabíamos que se iba a armar. Se iba a armar algo, ¿verdad? Sí sabíamos que… que era un acto político. Que además estábamos exigiendo algo… Exigiendo igualdad. Tener los mismos derechos que las parejas heterosexuales. No más, no menos. Pero, el hermano mayor de Lalay, que es abogado y ha sido diputado, fue uno de los primeros en advertirles que tenían que tener mucho cuidado. Fue como, “ok, piénselo bien, ¿verdad?”. Nos dijo que se nos iba a tirar encima un montón de gente conservadora. Este… Nos dio miedo, nos retractamos, en ese… en ese mes. Es como: “No, no, la verdad es que ya no quiero hacerlo”. Porque el Código Penal dice que puede haber una sentencia de entre 6 meses y 3 años de cárcel para los que contraigan matrimonio sabiendo que existe un impedimento legal. Y bueno, en los documentos, Jaz y Lalay eran masculino y femenino, pero obviamente, por su biología, ambas caen en la definición de mujer. Y el Código de Familia costarricense es muy claro: dos personas del mismo sexo no se pueden casar. Estaban en una situación compleja, donde todo era incierto. Porque no sabían si el Estado costarricense las trataría acorde a su cuerpo o a lo que estaba en los papeles. Pero, bueno, las condiciones eran tan inusuales, tan extraordinarias que después de pensarlo bien, finalmente… Nosotras dijimos: “Diay sí, la verdad es que tenemos una oportunidad, ¿por qué no hacerlo? Tal vez funcione”. Empezaron a buscar notarios. Todos las rechazaban de primera entrada, pero una amiga les dio el contacto de este señor: Me llamo Marco Castillo Rojas. Soy abogado y notario. Y he sido y soy activista por los derechos LGTBI desde hace más o menos unos 30, 31 años. Marco es bastante conocido en el ámbito del activismo porque ha fundado y liderado varias organizaciones. Pero Jaz y Lalay no sabían quién era, ellas no andan metidas en esos grupos. Entonces lo llamaron y le dijeron que querían casarse legalmente. Marco nos dice: “¡Pero es que no se pueden casar, dos mujeres no se pueden casar!”. Y yo: “Espere, escúcheme, pare el carro”. Y yo: “Es que ella tiene la cédula y dice masculino”. Y yo no tuve duda en casarles porque, diay, papelitos mandan, ¿verdad? O sea, como que nos dijo: “Bueno, pero eso está prohibido dentro de la ley, ustedes lo saben. Pero si todos los papeles están bien, pues, yo me mando. Hagámoslo”. Yo estaba cansado un hombre y una mujer. Un notario no tiene por qué —no sé cómo decirlo— desnudar a una persona para ver qué sexo tiene. Yo he casado no sé cuántas parejas —100 o más— y diay, yo nunca me he puesto a decir… a revisarle los genitales a nadie. Y entonces el mae dijo: “Sí, está bien, son… Vea, entonces sí: no hay ningún problema, yo las… Yo las caso, serían 100 mil colones” y yo no sé qué cosas, ¿verdad? Y listo. Hicieron la boda en el restaurante. Fue un sábado de julio del 2015, en la noche. Invitaron a cerca de 25 personas. No invité a nadie de mi familia, porque obviamente nadie iba a querer venir… Lalay, en cambio, todavía mantenía contacto regular con su mamá, a pesar de las tensiones entre ellas. Y ahí estuvo. Puntual. Apoyándola. Lalay preparó la comida y Jaz la decoración. Fue sencillo. Íntimo. Cuando terminaron el papeleo con el notario, Jaz y Lalay le dijeron a los invitados que… Tenían que mantener secreto por lo menos un mes, porque eso era lo que duraba el matrimonio en inscribirse. Que por favor no dijeran nada, porque esto,era, di… por el momento podía ser un delito. Y Marco nos enseñó los artículos que estábamos violando, todo. Ese supuesto mes de silencio se convirtió en 3 meses. Pero no por el error en el sexo de Jaz, sino por la nacionalidad de Lalay. Porque el trámite de inscribir un matrimonio con alguien extranjero es un poco más complejo. Lalay se metía casi todos los días al registro a monitorear cómo iba el trámite. Hasta que el 27 de octubre del 2015 finalmente se procesó el matrimonio. Ahí estaban: marido y mujer. En la pantalla. Lalay estaba emocionadísima y quería contárselo a Jaz, pero ella estaba en la universidad. Y no… no contestaba el teléfono, no me contestaba. Y era como: “Jaz, somos esposas y no puedes enterarte!”. Lalay se fue a buscarla. Ese día estaba lloviendo fuerte. Llegué con 5 litros de agua más, ¿verdad? Y me acuerdo: llegué con la mochila ahí y le conté. Y era como… ¡No lo podíamos creer, ya estábamos casadas Lo primero que se les ocurrió fue contarle a Marco. Le escribieron un mensaje. Yo le digo: “Ahora, ¿qué hacemos?¿Qué… Qué es lo que sigue?”. Y me dijo —nada más me dijo—: “Ahora nada más a disfrutar la luna de miel”. Y es que esa luna de miel iba a incluir a todo el país. Una pausa y volvemos. Este podcast de NPR y el siguiente mensaje son patrocinados por Squarespace. El destino llama. Dice que necesitas una nueva página web. Crea una tú mismo de manera fácil, y con el apoyo del galardonado servicio al cliente que está disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Ingresa a Squarespace.com/RADIO para obtener una prueba gratuita. Y cuando estés listo para lanzar tu página, usa el código RADIO para ahorrarte 10% en la compra de tu primer sitio web o dominio. Sigue soñando. Pero hazlo una realidad. Con un sitio web de Squarespace. Este podcast de NPR y el siguiente mensaje son patrocinados por Sleep Number. 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Haganme espacio debajo de esa piedra por favor. Soy Peter Sagal. Cuando comenzamos Wait Wait… Don’t Tell Me!, soñábamos con que nuestras bromas fueran, al final, la manera adecuada de hablar sobre las noticias. ¡Y miren: pasó! Encuentra Wait Wait… Don’t Tell Me! en el app de NPR One o donde escuches tus podcasts. Antes de la pausa, Jaz y Lalay habían aparecido inscritas en el Registro Civil como marido y mujer. Era el primer matrimonio entre una pareja del mismo sexo en Costa Rica. Algo histórico. Pero menos de 25 personas lo sabían. Muchas veces, la vida te pone en lugares y situaciones que no podés prever. Pero con Jaz y Lalay, no fue solo eso. La vida las puso en un lugar único, desde donde ese acto de casarse, de retar a un Estado que las trataba de forma desigual, era casi una obligación con su comunidad. O por lo menos así lo sintieron. Porque ese acto de protesta —simbólico, pero trasgresor— tuvo la oportunidad de trascender como ningún otro. Entonces, de repente, un par de jóvenes que tiene toda la vida por delante, que nunca han estado ni siquiera en una organización política, se vuelven las activistas más radicales de una nación. ¿Te podés preparar para algo así? Digo, ¿para un cambio de vida tan drástico? Jaz y Lalay fueron a recoger el certificado de matrimonio inmediatamente. Lalay resaltó la parte donde decía que estaban casadas… Y le tomé una foto y lo puse de… en Facebook. Y lo bajé. Y lo volví a subir. Y lo volví a bajar. Y ya luego lo subí y lo dejé, y yo: “Ufffff”. Alguna gente empezó a preguntar si era cierto, pero Lalay fue vaga en los detalles. Un par de días después, una amiga de ellas les dijo que Fernando Francia, un periodista de la cadena TeleSur, le había preguntado si el documento era legítimo, y le dijo que estaba muy interesado cubrir la noticia. Se pusieron en contacto y programaron una entrevista. La nota se publicó el 4 de noviembre del 2015, temprano en la mañana. Otro asunto: En Costa Rica, un matrimonio entre mujeres tuvo lugar semanas atrás. La particular situación en ese país centroamericano aviva el debate sobre la unión igualitaria en ese país. Ampliamos con Fernando Francia. Laura y Jazmín plantean que si ellas pudieron hacerlo por un subterfugio legal, todas deberían. Porque es absurdo que nosotras tengamos esta posibilidad y otras mujeres igual, en la misma condición que nosotras, no tengan los derechos… Y unas horas después… Llamó todo el mundo… ¡Todo, todo, todo el mundo! O sea, llamó todos los canales: ¡todos llamaron! Llegó el momento en que habían 4, 5 cámaras haciendo preguntas, todas al mismo tiempo. Y nosotras ahí, nada más respondiendo. O sea, sin saber lo que estábamos respondiendo. Fue súper abrumador. De hecho era como: “Ya, ya, ya no queremos recibir más medios”. En eso llegó La Extra y nos dice como: “Dice el Registro que les va a anular el matrimonio, ¿cómo se sienten al respecto?”. Y yo como: “¡Ya, ya, se acabó, ya! ¡Váyanse todos, ya no quiero hablar nada! ¡Ya. Váyanse, váyanse!”. Y Jaz era como: “No, tranquila, ¡tenemos que contestar!”. La Extra es un periódico nacional, y la periodista se estaba refiriendo a las declaraciones que dio el director del Registro Civil, Luis Bolaños, cuando explotó la noticia. Este es Bolaños: Mañana mismo estaríamos iniciando un procedimiento para… para hacer la corrección en el acento de nacimiento en cuanto al sexo de la persona. Bolaños, además, dijo que el error se dio por un problema de digitación en el 2003, y que habían fallado los controles de calidad de la institución. Miembros del Frente por los Derechos Igualitarios llegaron al restaurante en la noche. Y nos asustaron un montón. Nos dijeron: “Maes, ustedes debieron informarse antes. Debieron tener una estrategia política. Eh, incluso ustedes podrían tener consecuencias legales. Están estos caminos…”. Pero como que dijimos: “Bueno, eso es un camino, pero no es… Es una posibilidad nada más, no va a pasar”. Y es verdad que no tenían una estrategia… Di, no tenemos ni abogado. O sea, así de tontas, ¿me entiende? No planeamos todo eso. No dormimos bien esa noche. Y entonces las dos pensábamos: “¿Pero qué hicimos? ¿Qué hicimos? ¿Metimos la pata? O sea, no debimos haber hecho esto”. Y bueno, el peor escenario posible que les plantearon… Sí pasó. Todo eso que nos advirtieron pasó. El Registro Civil las demandó penalmente. Y no solo a ellas, sino a Marco, el abogado que las casó, y a los dos testigos de la boda. Ok. Nos vamos a tener que meter un poco en territorio de leyes, pero vamos a tratar de hacerlo lo más sencillo posible. Como ya habíamos dicho, el matrimonio entre parejas del mismo sexo está prohibido por el actual Código de Familia, y casarse ilegalmente es un delito penal. O sea, había posibilidades de que todos fueran a la cárcel. Y bueno, por ley, los funcionarios del Registro Civil… Cuando tengan conocimiento de delitos tienen la obligación imperiosa de denunciarlo. Este es Gustavo Román, asesor político del Tribunal Supremo de Elecciones, el ente a cargo del Registro Civil. Pedí hablar con Luis Bolaños, el director del Registro, pero la sala de prensa me comunicó con Román. Al parecer, los funcionarios se dieron cuenta del delito cuando los medios sacaron las imágenes de las dos mujeres que habían logrado casarse, y no cuando recibieron los papeles. Y en pleno escándalo, los medios anunciaron que… La entidad también abrió una investigación administrativa para determinar quién o quiénes del Registro Civil aceptaron los documentos de este matrimonio, ya que según aseguran, jamás tuvo que aprobarse dicha unión. Esa investigación, me dijeron en el Registro, todavía sigue. Pero hay algo específico que hizo el Registro Civil, algo que Jaz y Lalay protestaron. Y fue que a Jaz le corrigieron el sexo sin pedirle pruebas de que ella es mujer, y sin avisarle. Dentro del registro, la corrección del sexo de Jaz se trató como un trámite de “URGENCIA”. En el documento la palabra está escrita en mayúsculas. Jaz y Lalay pidieron una justificación del porqué, y les respondieron que era porque el caso había salido en los medios de comunicación. El trámite fue rápido. 8 días después de que saliera la noticia, legalmente el sexo de Jaz ahora aparecía como “femenino”. La eficiencia nunca antes vista. Nunca antes vista, dice Lalay, porque con esta noticia salió a relucir otro caso. El de Yerimé. Es un hombre que tenía el mismo tipo de error que Jaz: salía como mujer en vez de hombre, y desde hacía años había solicitado la corrección de su sexo en la cédula. Este audio viene de una entrevista que le hicieron en el 2015. Yerimé, incluso has tenido exámenes que han sido incómodos para verificar que realmente sos un hombre. Sí, claro. Solo ir a la medicatura forense e ir a quitarse la ropa delante de una patóloga… Para mí eso fue algo muy duro. Y aún con ese dictamen de una doctora, el Registro le había rechazado la corrección. En la misma nota los del Registro dicen no saber por qué se lo negaron. Y claro, por este error, Yerimé no se podía casar y no podía inscribir hijos. Lo mismo que le hubiera pasado a Jaz si se hubiera enamorado de un hombre. Entonces: ¿por qué con Jaz la corrección del sexo en los documentos fue tan rápida, y con Yerimé tan complicada? Lalay y Jaz tienen su teoría: Nosotras nos habíamos burlado del Registro. Habíamos metido un gol. Obviamente quedó como en ridículo, porque no son meticulosos con la información de la gente, no se dan cuenta de muchos papeles que hay ahí, no le ponen importancia… Así, en papel, ahora Jaz es mujer de nuevo. Pero el Registro no puede anular el matrimonio. Por ley, solo puede hacerlo un juez de la corte encargada de asuntos familiares. Es por esto que Jaz y Lalay todavía siguen casadas. A Yerimé, por su parte, el escándalo le ayudó: más de 10 años después logró que se le corrigiera el sexo en su cédula. Y más allá de los problemas con el Registro Civil, las noticias sobre el matrimonio de Jaz y Lalay sacaron la homofobia que existe en la sociedad costarricense. Se leían muchos, muchísimos comentarios como estos. No es odio, lo que tenemos los cristianos es asco. Lo siento si nos dan ganas de vomitar encima de ustedes. Se debe anular porque fue por un error. Legalmente debe quedar sin efecto. Ojalá que ese error no sea la puerta para airar a Dios. ¡De lo peor! Qué ridículo abogado agarrándose de mentiras para lograr su disque objetivo. ¡Esto es fraude! ¡Fraude! ¡Fraude! Damas y caballeros: así es cómo se extingue la raza humana. Le pregunté a Lalay si recibieron ese tipo de mensajes de odio directamente… No, nunca me escribieron a mí directamente. En realidad los comentarios siempre eran abajo de noticias nuestras. ¿Y te ponías a leerlos o? Ah, sí, a veces. Por puro masoquismo. Pero muy pronto los ataques sí fueron personales. Y se salieron del internet. Nos empezaron a tirar huevos, nos dejaban mensajes cristianos… Una vez me gritaron mientras yo iba al auto que yo lo que necesitaba era un hombre que me hiciera mujer. Entonces ya era como una tras otra, entonces teníamos miedo. Y hubo un incidente que elevó todo a otro nivel. No fue directamente hacia ellas, sino hacia un periodista que escribió un reportaje sobre su caso, y abiertamente las apoyaba. Lo golpearon en la cara entrando a su casa. Y lo insultaron, con lenguaje homofóbico. El periodista es amigo mío. Y si yo me sentí impactado y enojado, ya me imagino la reacción de ellas. Nos fuimos de acá del Árbol, porque la verdad teníamos miedo de que nos atacaran. Empezamos a hacer como un protocolo ahí de seguridad: irnos con gente siempre, estar acompañadas, no quedarnos solas nunca las dos en el restaurante. Decidieron quedarse durante unos meses en la casa de una amiga. A esa amiga también trataron de intimidarla, llamándola para decirle que era “lesbiana” y gritándole insultos homofóbicos. Unos días después de que explotó la noticia, Roberto Zamora, un abogado especialista en derecho internacional y dedicado al monitoreo de derechos humanos, contactó a Jaz y Lalay. Las había visto en la tele, dando declaraciones. No sé, me dio la impresión de que no estaban del todo informadas de todo lo que todo lo que podía pasar, digamos, de la trascendencia, de la magnitud, lo grande e importante que era lo que estaban haciendo… Entonces les ofreció representarlas gratuitamente. Se reunieron y después de conversar un poco, Jaz y Lalay aceptaron. Yo siempre fui muy claro, yo les dije: “Vean, ustedes hicieron algo ilegal. O sea, yo estoy de acuerdo, yo las apoyo y todo, pero al día de hoy hay una ley y eso es lo que hace que algo sea ilegal”. Pero les aseguró que el problema tenía solución. Lo primero que hicieron fue acudir a la Sala Constitucional, que es el máximo ente judicial en Costa Rica. Ahí pusieron una denuncia contra el Registro Civil. Nosotros indicamos que el hecho de que saliera en los medios no era justificación legal para darle un tratamiento diferente a Jaz. O sea, para declarar el trámite de cambio de sexo de ella de urgencia. No estaban peleando el hecho de que se hubiera corregido el sexo de Jaz, sino la manera atropellada en que se hizo. Porque, según ellos, esto violaba sus derechos a no ser discriminada por su orientación sexual. Además, en enero del 2016, plantearon ante esa sala que era inconstitucional que los matrimonios del mismo sexo fueran prohibidos. Argumentaron que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ya ha dicho que la definición de familia incluye parejas del mismo sexo, y que en ningún lugar de la Constitución Política costarricense se dice que la familia se limita a la unión de un hombre y una mujer. Así, por las leyes de Costa Rica, el proceso penal se detuvo hasta que la Sala Constitucional resolviera el caso. Pasó el tiempo y nada. Silencio total de la Sala, incertidumbre para ellas. Hasta que llegó el 9 de enero del 2018: el mismo momento donde empezamos esta historia. ¡Lesbianas contra la guerra! ¡Lesbianas contra el capital! ¡Lesbianas contra el racismo, contra el racismo neoliberal!… Ese día que la Corte dijo que en Costa Rica debe aprobarse el matrimonio igualitario. Y obviamente ellas fueron a celebrar. Estaba en una emoción que no cabía en mí, no dejaba de hablar de eso. Fuimos y era como: “¡Pero es que no vamos a ir a la cárcel!”. Porque la Sala Constitucional siempre se ha comprometido a cumplir lo dicho por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Y en el caso de Jaz y Lalay, significaría que ellas, el abogado que las casó y los testigos, quedarían libres del proceso penal en el que se encuentran. Su abogado, Roberto, lo explica así: Si se tiene por entendido que se elimina la prohibición, entonces no tiene ningún sentido sancionar. Porque se habría mentido sobre algo que al final ya no era ilegal. Pero… A veces tengo un poco de miedo porque siento que es demasiado bueno para ser verdad. Y tengo un poco de miedo de toda la gente llena de odio que ha estado manifestándose en contra. Eso me da mis… mis reservas. Todo lo que acaban de escuchar hasta ahora fueron conversaciones que tuve con Jaz y Lalay en enero de este año, 2018, pocos días después de que la Corte diera su respuesta. Justo en la recta final de las elecciones presidenciales… Si tenemos que salirnos de la Corte, si tenemos que salirnos de la OEA para que se respete nuestra soberanía, y para que se respete la vida, porque escúcheme bien: después de esto, lo que viene es la imposición del aborto. Téngalo por seguro. Después de esto es la Corte diciendo: “Tiene que aprobarse el aborto en todas sus formas en Costa Rica”. Se lo aseguro que eso es lo que sigue. Así que si tenemos que salirnos de la OEA, nos salimos de la OEA. Este Fabricio Alvarado. Es un periodista que no terminó sus estudios, y un predicador y cantante evangélico. En ese momento, Fabricio Alvarado era el único diputado en la Asamblea Legislativa representando al partido evangélico Restauración Nacional. También era candidato presidencial, y, en diciembre del 2017, las encuestas lo colocaban en los últimos lugares, con poco más del 2% de apoyo. El audio viene de un video que publicó en sus redes sociales unas horas después de que la Corte Interamericana se pronunciara. Decía que si era necesario que el país saliera del sistema de derecho internacional para evitar el matrimonio igualitario, él lo haría. Fabricio no tenía un plan de gobierno con propuestas concretas ni un equipo. Entonces se centró en defender lo que, según él, son los valores tradicionales de la familia costarricense, y oponerse a lo que llama la “ideología de género”. Matrimonio es entre hombre y mujer, y es el que hemos sostenido y sostendremos, y es el que el pueblo también defiende. Cuando nosotros hablamos de “ideología de género” son aquellos elementos que se han introducido, especialmente en la educación, donde se trata de pues establecer que uno no nace hombre ni nace mujer, sino que uno puede ser lo que uno se imagine ser o cómo uno se sienta. Enseñarle a nuestros hijos eso, no va con los valores y principios que tiene la mayoría de los costarricenses. En su plan de gobierno, Fabricio decía que la libertad solo se podía ejercer bajo la ética cristiana, y que la unión homosexual iba en contra de la naturaleza. Además, prometió hacer un instituto para reformar a homosexuales que así lo quisieran. Un mes después fueron las elecciones. El país tomó su decisión. Fabricio Alvarado, de Restauración Nacional, y Carlos Alvarado, del PAC, irán a una segunda ronda para elegir al nuevo presidente de Costa Rica el próximo 1 de abril. Y sí, contrario a lo que habían mostrado las encuestas en diciembre, Fabricio quedó en primer lugar. Con casi 25% de los votos. No fueron los suficientes para ser declarado presidente, pero sí para poder pasar a una segunda vuelta. Aún así, su partido obtuvo la segunda bancada más grande de diputados en el parlamento. Algo que ningún otro grupo evangélico había logrado. El contrincante, Carlos Alvarado, representaba al partido oficialista Acción Ciudadana, que obtuvo menos diputados que el partido evangélico. La gente estaba descontenta con el gobierno. El escándalo más grande de corrupción del país —que involucró a la Presidencia, el Poder Judicial, a la Asamblea Legislativa y los bancos del Estado— se destapó meses antes. Además, los crímenes y la violencia aumentaron, el déficit fiscal no se controló y la pobreza se mantuvo en niveles similares. Y entre la corrupción del partido de Carlos y la poca preparación de Fabricio para ser presidente, algo se volvió parte central de la discusión pública: los derechos de la personas LGTBI. Este es Carlos Alvarado… Las relaciones entre los individuos y el Estado deben ser normadas por el principio de igualdad. Y desde ese punto de vista es que apoyo el matrimonio civil igualitario. El país se dividió. Fabricio contra Carlos: un fanático religioso conservador y de derecha, contra un candidato de centro con ideas progresistas en derechos humanos. Volví a hablar con Lalay y Jaz para saber cómo se sentían. Me contaron que tenían miedo de que Fabricio quedara electo. En especial por… La represión del Estado contra nosotras personalmente, y además contra todas las personas diversas en general. Porque, diay, los matones se envalentonan cuando el líder más poderoso, digamos, del país —el que representa el país— da un permiso tácito, ¿verdad?, para discriminar. Una de las encuesta de más credibilidad, hecha por un instituto de la Universidad de Costa Rica, ponía a ambos candidatos en un empate técnico. La población indecisa definiría el ganador. Y después de dos meses de tensión social, el 1 de abril, la gente fue a las urnas de nuevo para elegir a su gobernante. Esa misma noche, el presidente del Tribunal Supremo de Elecciones dio el primer informe. Se habían contado el 90% de los votos. Votos válidos por partido político. Acción Ciudadana: 1.205.864 votos, para un 60,66% del total. Restauración Nacional: 786.009, es decir 39,33%. Carlos Alvarado era el presidente electo. Fue una victoria aplastante… El lugar donde los votantes se reunieron para recibir los resultados estalló… ¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo! Lalay y Jaz me contaron cómo vivieron ese momento. Fue todo de golpe, entonces fue todo muy eh… A mi costó creerlo la verdad, me… me… Yo la verdad es que esperaba que fuera así. De hecho, le dije a Lalay que, tal vez fue una fantasía o no sé, pero yo esperaba que ganáramos como 70-30. Así como… Yo pensé en realidad que iba a estar muy justo, muy muy justo. Fuimos a celebrar a la Hispanidad, entonces empezaron a tocar… Y mae, lloré, porque me tocó las fibras, así, estaba demasiado… Di, era un grupo de chicas y chicos con tambores y, ay, fue maravilloso. Eran miles de personas celebrando en la Hispanidad. Y entre las banderas habían varios carteles donde se leía: “Ganó el amor”. Jaz y Lalay sienten lo mismo. Ganó el amor. Mucha gente las llamó después de las elecciones para decirles: Yo no sé por qué, pero tengo ganas de felicitarlas”. [Risa] Y también como decirnos que… que pensaron en nosotras. Que en los primeras personas en que pensaron eran nosotras cuando ganaron y nos han escrito montones. Y hoy han venido varios clientes a decir como, “¡ya no van a tener que irse!”. [Risilla] Ajá y nos dan un abrazo. Sí, sí, en realidad de vuelve un poco la esperanza en la gente porque, no sé, es… es impresionante: Costa Rica es histórica porque siempre se salva de los extremos. Y ahora… Esperamos que todo termine. Para bien, ya. O sea que la Sala Cuarta dé el fallo, y que ya esto se acabe. Porque Carlos no puede oponerse a lo que diga la Corte Interamericana, y ya lo dejó claro en los debates. Esperemos que cumpla. Yo siento que ya Costa Rica dio un veredicto de qué es lo que quiere ser, y lo que queremos ser es una Costa Rica de Estado de Derecho. Una Costa Rica que respeta las libertades de las personas individuales. Después de toda esta historia, después de estos años que mezclaron angustia y felicidad, tenía una pregunta más: ¿Valió la pena? Ah, obvio. O sea, esto nos cambió la vida. Obviamente. Incluso yo siento que somos como… como una idea, como una abstracción de Jaz y Lalay. Incluso nos confunden, es muy gracioso. [Risilla] Y no solo ha cambiado sus vidas… Sino que ha cambiado la vida de otros. Que cuando salió el tema a discusión, cuando salió nuestro caso, las familias costarricenses discutían, aunque se les saliera todo lo conservador que le dé la gana: discutieron. Tampoco como que es tuanis como andar exhibiendo la vida de una, ¿verdad? Pero si ayuda en algo, vamos a dar nuestros testimonios de vida. Para otros países y para personas acá también y todo. Porque, di, es tuanis darle esperanza a la gente de que de pronto una persona o dos personas pueden cambiar una realidad con una acción pequeña o una acción más grande. Y de eso no me arrepiento y lo vamos a seguir haciendo, de hecho. Quiero cerrar con una de esas pequeñas acciones de las que habla Jaz. Actos que transforman la vida de los demás. Afuera de su restaurante está pintada la bandera LGTBI, una bandera que es una señal de seguridad. Seguridad de que ahí la comunidad siempre será recibida con los brazos abiertos, con cariño. Un lugar donde las personas no tienen que tener miedo de mostrar quiénes son, donde pueden conocer a otros con toda libertad. Un lugar que les pertenece. Casi 5 meses después de que la Corte Interamericana se pronunciara… y a pocos días del cambio de gobierno, Jaz y Lalay siguen esperando la respuesta de la Sala Constitucional. Con el dictamen podrán finalizar el proceso penal en su contra, y ser, legalmente, el primer matrimonio entre personas del mismo sexo en Costa Rica. Luis Fernando Vargas es nuestro editor asistente. Vive en San José, Costa Rica. Esta historia fue editada por Camila Segura, Silvia Viñas y por mí. La mezcla de sonido es de Andrés Azpiri. El fact-checking es de Daniel Villatoro. Muchas gracias a Round House Studio, Daniela Aguilar, Felipe Zúñiga, Melania Rodríguez y Roberth Pereira. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Jorge Caraballo, Patrick Mosley, Laura Pérez, Ana Prieto, Barbara Sawhill, Luis Trelles, David Trujillo y Elsa Liliana Ulloa. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org. ¿Ya te uniste a nuestro Club de Podcast? Es un grupo privado en Facebook en el que discutimos los episodios de Radio Ambulante con oyentes de otros lugares de Latinoamérica y del mundo. Además, nuestro equipo comparte consejos para la producción de historias en audio. Búscalo como Club de Podcast Radio Ambulante. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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