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Radio Ambulante - La alcaldesa

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Nélida Silva se fue de Llamellín, su pueblo natal en los Andes peruanos, cuando tenía solo 11 años. Tres décadas después volvió y no le gustó lo que vio. Decidió lanzar una campaña quijotesca para ser alcaldesa. ¿Qué pasa cuando alguien de afuera trata de ganar una elección en su provincia? ¿Y por qué Nélida está tan comprometida a cambiar un lugar que dejó cuando era niña?

Ahora
puedes
llevar
Radio
Ambulante
contigo
a
donde
vayas
con
el
app
NPR
One.
En
NPR
One
puedes
encontrar
todo
lo
mejor
de
la
radio
pública:
música,
historias
locales
y
tus
podcasts
favoritos.
NPR
One
te
acompaña
mientras
manejas,
preparas
la
cena
u
ordenas
la
casa.
Encuentra
NPR
One
(O-N-E)
en
tu
tienda
de
apps.
Hola,
soy
Daniel
Alarcón,
el
productor
ejecutivo
de
Radio
Ambulante.
Antes
de
comenzar
quiero
pedirles
un
pequeño
favor.
Ya
llevamos
3
meses
como
parte
de
NPR
y
queremos
saber
más
sobre
ustedes,
nuestros
oyentes.
No
importa
si
nos
escuchas
desde
hace
años
o
si
es
la
primera
vez
que
te
topas
con
este
episodio.
Igual
te
queremos
conocer.
Por
favor
ve
a
nuestra
página
web:
radioambulante.org/encuensta
y
responde
unas
preguntitas.
No
te
demorarás
más
de
5
minutos
y
nos
ayudarás
bastante.
Eso.
Gracias.
Nélida
Silva
tenía
11
años,
y
vivía
en
la
provincia
de
Raimondi,
en
Perú.
Esto
queda
lejos
de
Lima,
en
un
departamento
llamado
Áncash.
Su
vida
era
tranquila:
una
vida
de
campo,
de
pueblo.
Una
vida
andina.
Sus
hermanos
ya
vivían
en
la
capital.
Y
claro,
Nélida
sabía
que
en
algún
momento
se
iría.
Pero
sus
padres
no
eran
de
los
que
avisaban
o
consultaban.
Entonces,
cuando
se
fue
de
Raimondi,
fue
de
un
día
para
el
otro.
Sin
advertencia.
Así
nomás.
Era
una
noche
con
sombras,
con
unas
luces
que
iban
apareciendo
del
alba,
¿no?
Cuando
el
sol
empieza
a
salir,
pero
todavía
está
un
poco
oscuro
porque,
sabes,
las
montañas
tan
altas
y
las
sombras
y
los
árboles…
Viajaba
con
su
mamá,
que
la
iba
a
dejar
en
Lima
y
después
regresar
a
su
pueblo.
El
primer
trayecto
lo
hicieron
a
caballo.
Se
acuerda
bien
cómo
sonaban.
Que
iban
saliendo:
«pata-tún,
pata-tún,
pata-tún”.
Y
era
prácticamente
en
el
pleno
silencio.
Porque
a
esa
hora
lo
único
que
se
escucha
son
los
gallos,
algunos
animales,
quizás
alguna
que
otra
gente
que
se
está
levantando
para
trabajar
en
el
campo.
Y
recuerdo
que,
cuando
ya
amaneció,
ya
estábamos
en
La
Puna,
¿no?
Muy
alto.
Y
se
sentía
un
viento
muy
frío.
Pararon
al
lado
de
un
riachuelo
y
su
mamá
sacó
algo
de
comer.
Comida
que
había
empacado
meticulosamente.
Recuerdo
esas
servilletitas
bien
amarradas,
bordadas,
así
en
blanco,
y
muy
amarradas,
así.
Cada
una
tenía
un
pedazo
de
cuy
y
maíz.
Esas
cositas
que
se
me
quedaron
ahí
grabadas.
Y
bueno,
y
el
agua…
nada,
el
agua
del
riachuelo,
que
en
ese
tiempo
podíamos
tomarlo,
¿no?
Y
así
alcanzamos
el
bus…
El
bus
a
Lima.
Un
lugar
tan
diferente
a
Raimondi
que
podría
ser
un
viaje
intergaláctico.
Y
bueno,
ahí
crecería
Nélida.
Y
aunque
volvería
bastante
a
Raimondi,
no
viviría
ahí
por
más
de
tres
décadas.
Esta
es
la
historia
de
su
regreso
a
su
provincia.
Un
retorno
algo
quijotesco.
Porque
cuando
Nélida
volvió
en
el
2014
fue
para
lanzarse
a
alcaldesa
de
todo
Raimondi.
Raimondi
se
merece
progreso.
Nosotros
nos
merecemos
un
cambio.
No
el
pasado
de
burlas
y
engaños.
La
hora
para
Raimondi
ha
llegado.
Hermanas
y
hermanos
raimondinos:
a
pocos
días
de
las
elecciones
regionales
y
municipales,
les
saludo
afectuosamente.
Soy
Nélida
Silva,
llamellina
desde
muchas
generaciones.
Soy
nueva
en
la
contienda
electoral,
mujer
luchadora
y
emprendedora,
como
todo
raimondino.
Habían
pasado
más
de
tres
décadas.
El
país
y
su
provincia
habían
cambiado
muchísimo.
Y
Nélida
también.
Bienvenidos
a
Radio
Ambulante,
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.
Para
esta
historia
colaboramos
con
el
cineasta
Mitch
Teplitsky
y
su
compañía
de
producción,
Lúcuma
Films.
Partes
del
audio
que
van
a
escuchar
vienen
de
escenas
que
Mitch
y
su
equipo
grabaron.
Entonces
cuando
escuché
la
historia
de
Nélida,
me
quedé
con
varias
preguntas.
Por
ejemplo,
¿qué
tan
complicado
puede
ser
volver?
¿Y
qué
tan
seductor
es
imaginarte
que
todavía
perteneces
al
lugar
donde
naciste?
En
fin,
ya
veremos.
Para
entender
todo
lo
que
viene,
hay
que
entender
lo
chocante
que
fue
esa
llegada
a
Lima
para
Nélida.
En
la
provincia
de
Raimondi,
en
los
Andes
peruanos…
…todo
es
arriba,
todo
es
abajo.
Tienes
como
una
referencia
mental
de
para
dónde
vas:
al
norte
o
al
sur,
¿no?
Y
por
dónde
sale
el
sol,
y
por
dónde
se
oculta
y…
Pero
Lima,
pues,
nada
que
ver.
Aunque
suene
exagerado,
salvo
en
el
verano,
nunca
se
ve
el
sol.
Es
una
ciudad
costeña,
sí,
pero
en
muchos
barrios
el
mar
casi
no
se
siente.
A
Nélida,
con
sus
11
años,
todo
le
parecía
extraño.
El
sabor
del
agua,
el
aire,
y
el…
odo.
Era
una
pesadilla,
¿no?
Como
que
«¿a
qué
hora
despierto
y
regreso
a
donde
puedo…
donde
pueda
yo
sentirme
bien?»
Estaba
rodeada
de
gente
a
la
que
no
reconocía,
a
la
que
no
entendía.
Y
los
niños,
¿no?
Que
no
querían
jugar
conmigo,
y
yo
no
entendía
por
qué,
porque
en
ese
tiempo
no
me
miraba
que
yo
era
diferente
a
ellos.
Yo
los
veía
a
ellos
diferente.
Pero
yo
no
sabía
que
yo
era
“la
outsider”.
Cuando
le
pregunté
a
Nélida
si
llegó
a
sentirse
en
casa
en
Lima,
me
dijo
que
no.
Que
nunca
se
sintió
“limeña”
a
pesar
de
los
12
años
que
vivió
ahí.
Pero
en
Lima
pudo
ir
a
la
universidad
para
estudiar
contabilidad
y
luego
hizo
la
práctica
en
una
compañía
minera
que
tenía
algunos
contratos
en
Gran
Bretaña.
Y
ese
fue
el
contacto.
Es
decir,
cómo
logró
irse
a
Londres.
En
principio,
se
fue
sólo
una
semana,
pero…
Mientras
mi
viaje,
la
empresa
cerró
aquí
en
el
Perú.
Eran
los
años
ochenta,
en
que…
en
que
era
muy…
todo
era
inestable.
Entonces
decidí
quedarme
por
mi
cuenta
en
Inglaterra
por
un
año.
Pero
ya
en
un
año
dije
«tengo
que
regresar
a
casa».
Y…
“pero
antes
de
regresar,
voy
a
parar
en
Nueva
York”.
Y
en
Nueva
York
terminó
quedándose
por
casi
dos
décadas.
Durante
esos
años
trabajó
con
ONGs,
en
organizaciones
que
apoyaban
la
cultura
andina.
Y
cada
cierto
tiempo
volvía
a
su
pueblo,
a
su
provincia,
para
las
fiestas,
para
ver
a
sus
padres.
Y
cada
vez
que
volvía
le
parecía
preocupante
ver
cómo
cambiaban
las
cosas.
La
minería
siempre
había
sido
parte
de
la
economía
local,
desde
por
lo
menos
los
años
cincuenta.
Pero
a
partir
del
2001,
se
inauguró
un
megaproyecto
en
San
Marcos,
un
pueblo
ancashino,
un
proyecto
que
empezó
a
traer
daños
ambientales
para
toda
la
región.
Y
al
mismo
tiempo,
dinero.
Dinero
que
en
muchos
casos
se
malgastaba.
Me
consta.
Mi
abuelo
viene
de
esa
región
y
la
he
visitado
varias
veces.
Me
han
contado
que
las
autoridades
nunca
quieren
gastar
en
salud
pública,
por
ejemplo,
pero
en
repavimentar
la
plaza.
Que
no
gastan
en
educación,
pero
en
ponerle
otra
capa
de
pintura
a
la
fachada
del
municipio.
Es
que
se
dedican
a
construir
monumentos
o
construcciones
que
el
pueblo
no
necesita.
Esto
se
veía
en
todo
el
Perú,
no
sólo
en
Raimondi.
Pero
a
Nélida
le
molestaba.
Me
parecía
tan…
tan
ineficiente,
¿no?
Tan
así
como
que
no
les
importa
nada.
“Hacemos,
pues,
por
cumplir.
Y
bueno,
si
viene
el
dinero
qué
bueno
que
venga,
porque
necesitamos
tirar
cemento
aquí
o
allá”,
¿no?
Le
parecía
un
desarrollo
al
azar,
sin
planificación,
sin
pensar
en
lo
que
necesitaba
la
gente.
Alcalde
tras
alcalde
gastando
simplemente
por
gastar.
En
algunos
casos,
los
alcaldes
mandaban
a
construir
a
cambio
de
lo
que
se
conoce
como
“una
coima”,
es
decir,
un
porcentaje
del
contrato,
siempre
inflado.
Nélida
veía
otras
posibilidades.
Tenía
otras
ideas.
Había
trabajado
con
grupos
de
mujeres
empresarias.
Había
visto
en
la
práctica
que
invertir
en
talento
humano
muchas
veces
rendía
más.
¿Un
poco
idealista?
Sí.
Pero
en
cada
viaje
a
su
pueblo,
hablaba
con
la
gente,
y
todos
le
decían
lo
mismo.
Escuchaba
de
muchos
las
mismas
quejas
que
ella
sentía:
¡En
este
pueblo
no
hay
avance!
¿Estas
son
calles,
estas
son
calles?
Señores,
¡¿son
calles
estas?!
Esta
es
la
provincia
más
olvidada
del
departamento
de
Áncash.
Las
autoridades
entran
pa’
llevarse
la
plata.
Mira,
los
candidatos
se
enriquecen,
pero
el
pueblo
día
por
día
es
peor.
Entran
en
el
poder,
se
olvidan
de
todo,
de
nosotros.
Usted
mismo
ha
visto
como
está
Llamellín,
es
una
desgracia.
A
lo
menos
cuando
llueve
es
impasable:
derrumbe
por
acá,
derrumbe
por
allá.
No
hay
educación
acá.
No
tenemos
ni
baños.
No
tenemos
médicos
especialistas.
Las
autoridades
brillan
[por]
su
ausencia.
Nosotros
necesitamos
un
alcalde
que
realmente
se
preocupa
para
nuestra
provincia.
Poco
a
poco
se
hizo
la
idea
de
que
ella
podía
ser
esa
persona.
Mucha
gente
de
la
zona
la
conocía,
en
parte
porque
había
vivido
en
el
extranjero
y
porque
siempre
volvía.
Sus
éxitos
afuera
eran
motivo
de
orgullo.
Entonces
la
gente
me
decía:
“Nélida,
¿por
qué
no
lideras?
¿Por
qué
no
eres
una
de
las
candidatas?”.
¿Te
acuerdas
de
alguna
conversación
con
algún
amigo
o
algún
familiar
o
alguien
querido
que
te
dijo
«Nélida,
no
te
metas
en
esta…
en
esta
mierda”?
Sabes
que
tuve
casi
toda
mi
familia
diciéndome
eso.
Y
muchos
de
mis
amigos
cercanos
también.
Y
aunque
tenía
dudas…
…luego
vi
el
trabajo
que
ellos
hacen.
En
realidad
es
un
trabajo
muy
incipiente.
Y
dije
“yo
puedo
hacer
mejor
que
ellos”.
Y
así
empezó
a
nacer
la
idea
para
yo
ser
una
de
las
candidatas.
Y
su
familia,
espantada.
Esta,
por
ejemplo,
es
su
hermana
Noelia.
Cuando
dijo,
“sí…”
y
ya
pasó
el
tiempo
y
dijo
“sí,
ya
voy
a
ser…
voy
a
postular”,
“Ahhh…
¡Ay,
no!
¡No,
por
favor!
¡Otra
locura
más!”.
Pero
ya
estaba
decidida.
Orlando
Sáenz
conoce
a
Nélida
desde
que
eran
niños.
Y
se
convirtió
en
su
jefe
de
campaña.
Ella
regresa
al
Perú.
Para
ella,
una
mujer
que
ha…
ha
visto
el
mundo
globalizado,
regresar
a
Llamellín
es
como
retroceder,
¿no?
Y
según
Orlando,
la
experiencia
tan
inusual
que
tenía
Nélida
era
su
ventaja.
La
gente
ya
está
cansada
de
los
políticos
tradicionales.
Siempre
han
querido
un
cambio.
Simplemente
no
se
les
ha
presentado
esa
oportunidad.
Y
es
que
para
ese
momento,
todo
Áncash
–el
departamento
al
que
pertenece
Raimondi–
era
controlado
por
una
mafia.
El
jefe
era
un
tal
César
Álvarez.
Según
informes
policiales,
él
y
su
gente
se
repartían
la
plata
que
salía
de
la
minería,
y
se
mantenían
en
el
poder
intimidando
a
sus
opositores.
En
mayo
del
2014,
Álvarez
fue
arrestado
después
de
ser
acusado
de
mandar
a
matar
a
un
enemigo
político,
Ezequiel
Nolasco.
Este
era
el
mundo
al
que
Nélida
quería
meterse.
Ese
mismo
mes
del
arresto
de
Álvarez,
Nélida
empezó
su
campaña
política.
Así
que
quedaron
siete
contra
Nélida.
¿Siete
hombres?
Siete
hombres,
siete
candidatos
hombres,
contra
Nélida.
Entre
ellos,
Félix
Lora,
conocido
como
Pachi,
que
había
sido
funcionario
del
Ministerio
de
Educación
en
Lima.
Esta
es
una
tierra
grandiosa.
A
parte
de
todos
los
problemas
que
acabo
de
manifestar,
esta
tierra
linda
posee
el
capital
humano,
que
es
lo
más
importante:
la
sencillez
de
la
gente,
la
solidaridad
de
la
gente,
lo
peculiar
de
sus
platos
típicos,
las
danzas
autóctonas
que
tenemos
aquí.
Todos
los
candidatos
estarían
de
acuerdo
con
esto.
Es,
de
veras,
una
región
bellísima.
Bueno,
y
de
ganar,
Nélida
sería
la
primera
mujer
elegida
para
ser
alcaldesa
de
Raimondi.
Entrando
a
la
campaña,
mis
temores
eran
la…
la
violencia.
No
es
que
tenía
un
miedo
de
que
me
mataran,
pero
tenía
mucho
miedo
de…
de
un
poco
de
agresión
física.
Por
ejemplo,
que
alguien
le
bloqueara
el
paso
poniéndole
piedras
en
alguna
carretera
muy
aislada.
Son
cosas
que
pasan.
Entonces,
¿qué
significa
hacer
campaña
en
una
provincia
como
Raimondi?
¿Cómo
se
hace?
Pues
es
una
zona
montañosa,
rural
y
muy
pobre.
Ser
candidato
en
una
provincia
como
esta
requiere
largos
viajes
por
carreteras
maltrechas.
Además,
era
época
de
lluvias.
Nélida
misma
era
la
que
manejaba.
Una
noche
les
tocó
dormir
en
la
camioneta.
¿Neli?
¡Hola!
¿Cómo
estás?
Estamos
en
Parpa.
¿Dónde
van
a
dormir?
En
el
carro.
Porque
arriba
hay
precipicios.
Te
resbalas
un
poco
y
hay
precipicios.
Pero
a
pesar
de
todo,
a
Nélida
le
gustaba.
Así
conocía
mejor
su
provincia
y
llegaba
a
los
pueblitos
más
recónditos,
donde
la
visita
de
un
candidato
siempre
era
un
acontecimiento.
Los
pobladores
veían
llegar
una
camioneta
y
salían
a
ver
de
qué
se
trataba,
de
pura
curiosidad.
Buenas
tardes.
Buenas
tardes.
Buenas
tardes.
¿Cómo
está,
mami?
¿Qué
tal?
Uy,
ya
va
a
techar
pronto.
Así
le
tienes
que
decir
a
tu
papá
y
tu
mamá:
“Ahora
hay
una
candidata
mujer
que
va
a
hacer
las
cosas
mejor”.
Buenas
tardes,
¿cómo
estás?
¿Qué
tal?
Y
el
mensaje
de
Nélida,
su
propuesta,
era
un
poco
diferente.
Apoyar
a
las
mujeres.
Invertir
en
los
pequeños
empresarios.
Hacer
alianzas
para
que
los
productos
agrícolas
encontraran
su
mercado.
Entonces
mi
propuesta,
como
decía
aquí
Don
Pedro,
este…
eh…
es
de
que
la
agricultura
nos
tiene
que
sacar
a
nosotros
de
la
pobreza.
Para
no
es
justo
que
los
agricultores
son
los
que
trabajan,
proveen
de
alimento
a
otros
y
los
otros
son
los
que
están
mejor
que
los
agricultores,
¿no?
En
esta
provincia
casi
sembramos
para
consumir
y
no
sembramos
tanto
para
vender.
¿Por
qué?
Porque
no
es…
Pero
no
sólo
basta
ofrecer
detalles
de
una
plataforma.
Una
de
las
cosas
que
Nélida
entendió
muy
pronto
en
su
campaña
es
que
no
se
puede
llegar
a
un
pueblo
con
las
manos
vacías.
Es
simplemente
parte
de
la
cultura
política
de
Áncash.
Nos
puede
parecer
bien
o
mal,
pero
el
punto
es
que
así
se
hacen
las
cosas.
Entonces
Nélida…
Nosotros
teníamos
regalos
de
unas
bolsitas
para…
de
detergente
para
que
laven
la
ropa,
teníamos
lapiceros.
Y
como
yo
vi
que
las
mujeres
tejían
mucho,
yo…
se
me
ocurrió
llevar
muchísimo
material
para
que
ellas
tejan,
¿no?
Y
aquí
hay
un
diferencia
entre
su
campaña
y
la
de
algunos
de
sus
opositores:
A
todos
los
lugares
que
iban
llevaban
sus
cajas
de
cerveza
–o
compraban
en
el
mismo
lugar–.
Y
tomaban.
Tomaban
un
montón.
Y
esa
era
la
campaña
de
ellos.
Y
bueno,
imagínate
que
tu
vives
en
un
pueblito
de
estos.
Hay
un
candidato
que
ofrece
comida,
cerveza,
fiesta.
Y
por
otro
lado
llega
Nélida…
con
lápices,
y
detergente.
Nélida
rápidamente
se
dio
cuenta
de
que
esta
campaña
no
iba
a
ser
fácil.
La
geografía,
la
lluvia,
la
falta
de
infraestructura…Pero
también,
la
cultura.
Y
el
simple
hecho
de
que
Nélida
era
mujer.
La
zona
andina…
bueno,
todo
el
país,
creo.
Somos
muy
machistas.
Es
que
tienes
que
verlo
en
el
documental
de
Mitch:
una
y
otra
vez
Nélida
se
encuentra
en
reuniones
comunitarias,
salones
repletos,
40
hombres
y,
no
sé,
¿pues
tres
mujeres?
¿Y
la
única
que
habla?
Nélida.
Solamente
unas
cuantas
palabras:
soy
Nélida
Silva,
para
quienes
no
me
conocen
aún.
Esta
reunión
se
ha
dado
para
hablar…
Y
cuando
le
toca
hablar
a
Nélida,
es
como
si
fuera
una
maestra
de
colegio
tratando
de
controlar
un
salón
de
rebeldes.
No
le
prestan
atención.
…Y
allá,
algunas
personas
que
no
tienen
ni
siquiera
tienen
la
creatividad,
ni
la
han
tenido
por
muchos
años
(inaudible).
Escuchen,
escuchen
tantito…
Le
toca
callarlos.
Quizás
esto
no
sea
tan
sorprendente:
que
una
sala
llena
de
hombres
no
le
preste
atención
a
una
mujer.
Pero
según
Nélida,
no
es
cuestión
sólo
de
hombres.
¿Las
mujeres?
Machistas,
pues,
también.
Es
una
cultura
machista.
Por
eso
es
que
crían
a
sus
hijos
de
la
forma
como
los
crían,
con
una
desigualdad,
¿no?
No…
no…
no
hay
una
equidad,
¿no?
Como
que
los
varones
deben
tener
algunas
preferencias
y
las
mujeres
otras
cosas.
Y
quizás
ese
sería
uno
de
los
obstáculos
más
complicados
para
la
campaña
de
Nélida.
Pero
también
había
otra
cosa.
Me
han
dado
mala
referencia.
Dicen
que
la
señora
o
la
señorita
que
está
postulando
[es]
muy
petulante.
Esta
mujer
mayor,
campesina,
resume
un
poco
la
forma
en
que
alguna
gente
reaccionaba
ante
Nélida.
Y
repite
el
rumor
que
tanto
daño
le
haría
a
la
campaña.
Ha
ido
a
las
comunidades.
Cuando
nos
hemos
encontrado,
cuando
hemos
saludado,
cuando
hemos
dado
la
mano,
se
ha
lavado,
yendo
a
otro
sitio.
Total,
este…
Creo
que
no
le
gusta
la
gente
comuna
[sic].
Mucha
gente
comenzó
a
repetir
esta
misma
acusación.
Se
había
dicho
que
la
señora,
después
de
saludar
a
los
campesinos,
ha
entrado
a
su
auto
y
se
ha
lavado
con…
con
alcohol.
Y
ese
rumor
era
particularmente
cruel,
irónico,
porque…
…el
símbolo
de
mi
partido
era
la
mano.
Y
entonces
todo
el
slogan
era
«dame
la
mano
y
te
doy
la
mano»,
¿no?
Y
la
verdad
es
que
yo
ni
siquiera
he
tenido
un
sanitizer,
nunca.
Eso
fue
una
campaña
bien
dura
porque
no
había
otra
cosa
que
dijeran
de
mí.
Yo
nunca
había
robado.
Nunca
les
había
mentido.
Estamos
hablando
de
un
mundo
político
en
el
que
hay
candidatos
acusados
de
malgastar
dinero
público,
de
amenazar
periodistas,
de
cometer
fraude
electoral.
Pero
la
acusación
que
más
impacto
tiene
con
la
ciudadanía
es
que
Nélida
se
lava
las
manos.
Que
es
una
pituca.
Explica
qué
es
pituca.
Bueno,
pituca
es
un
término,
eh…
Oye,
pero
es
bien
difícil
de
explicar
esto,
¿no?
Ehm,
es
un
término
que
se
usa
a
la…
En
realidad
a
la
gente
de
Lima,
que
pertenece
a
una
clase
social
muy
alta.
La
gente
rica.
La
gente
blanca.
Y
la
ironía
es
que
Nélida,
cuando
crecía
en
Lima,
era
marginada
por
ser
la
andina.
Ahora,
de
vuelta
en
su
provincia,
la
ninguneaban
por
ser
limeña.
Aquí
un
señor
resume
la
crítica
hacia
Nélida:
Haciéndose
mujer
campesina,
poniendo
la
gorra,
poniendo
la
falda.
Y
para
creer
y
para
tentar
a
la
población
raimondina.
Primera
vez
en
la
vida
que
te
dicen
pituca.
Primera
vez
en
la
vida,
sí.
Este
es
Orlando
Sáenz,
el
director
de
la
campaña:
La
gente
dice
“ella
no
camina”.
Es
falso.
Nosotros
caminamos,
comemos
lo
que
comen
ustedes.
Comemos
papa,
comemos…
La
señora
es
tan
sencilla
que
se
sienta
hasta
con
las
chocheras
de
la
esquina.
Pero
los
enemigos,
como
no
tienen
nada
que
decir,
¿qué
dicen?
“No,
dicen
que
se
lava
las
manos,
no
saluda
a
la
gente,
no
camina.
Dicen
que
la
llevan
cargando”.
¿Cargada?
La
reinita
de
los
Andes.
Hazme
el
favor.
En
fin,
todos
sabemos
que
la
política
es
sucia.
Pero,
¿qué
tanto?
Ya
veremos
después
de
la
pausa.
Ahoritita
vienen
los
Óscares.
Y
bueno,
¿qué
yo,
si
no
he
ido
al
cine
desde
que
nació
mi
hijo
hace
cuatro
años?
Entonces,
para
mantenerme
al
tanto
y
no
sonar
tan
ignorante
cuando
estoy
con
amigos,
recomiendo
el
podcast
Pop
Culture
Happy
Hour,
de
NPR,
con
Linda
Holmes.
Pop
Culture
Hapy
Hour
siempre
tiene
una
conversación
inteligente
sobre
la
cultura
pop.
Búscalo
en
npr.org/podcasts
o
en
el
app
NPR
One.
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante.
Soy
Daniel
Alarcón.
Y
esta
es
Nélida
Silva,
un
par
de
semanas
antes
de
la
votación,
hablando
con
un
productor
del
equipo
de
Lúcuma
Films:
Cuéntanos,
¿cómo
va
la
campaña?
Bueno,
la
campaña,
este…
Es
un
poco
de
lo
que
yo
esperaba
cuando
yo
me
inicié
en
esto.
Eh…
aunque
a
veces
pasa
más
allá
de
los
límites
de
lo
que
estaba
incluso
esperando.
Ahorita
somos
uno
de
los
favoritos,
y
creo
que
por
eso
empezaron
ya
los
ataques,
ya
así…
Además
de
los
rumores
que
corrían,
en
varios
pueblos
de
Raimondi,
a
Nélida
le
destruyeron
sus
pancartas.
En
los
afiches
acuchillaban
su
cara.
Pero
a
pesar
de
todos
los
retos,
Nélida
se
sentía
optimista.
Y
bueno,
ahí
estamos
ahí
en
la
lucha,
¿no?
Seguimos
en
la
lucha.
Pero
había
otro
reto
quizá
más
complicado
que
el
rumor
de
la
lavada
de
manos.
Y
esto
ya
es
un
tema
electoral,
de
fraude:
los
llamados
golondrinos.
Un
golondrino
es
una
persona
que
está
siendo
pagada
para
ir
a
votar
por
una
X
persona.
Pero
este
votante
no
vive
en
el
lugar
donde
va
a
votar.
Entonces
yo
puedo
pagar
un
golondrino,
vamos
a
suponer,
de
la
selva
o
de
la
costa,
y
pago
varios
golondrinos.
Y
les
pago
el
pasaje,
les
pago
el
cambio
de
residencia.
Y
luego
vienen
–el
día
de
la
votación–
llegan
a
votar
a
mi
lugar.
Es
básicamente
comprar
el
voto.
Y
durante
la
campaña,
Nélida
temía
que
algunos
de
sus
opositores
fueran
a
hacer
esto.
Y
no
es
paranoia.
Aquí
está
Marco
Antonio
Garrido,
jefe
regional
del
RENIEC,
el
Registro
Nacional
de
Identificación
y
Estado
Civil:
Es
de
conocimiento
público,
cada
vez
que
se
acercan
los
procesos
electorales,
siempre
algunas…
algunos
malos
candidatos
o
algunas
autoridades,
incluso,
en
el
ejercicio
de
su
poder
edilicio,
promueven
el
tema
de
cambios
masivos
de
domicilios,
¿no?
Con
la
finalidad
de
favorecerse
con
algunos
votos
extras.
Y
en
zonas
rurales,
influenciar
el
resultado
de
una
elección
no
es
tan
difícil.
Hay
relativamente
pocos
votantes.
100
aquí,
100
allá,
y
basta.
Cambia
todo.
Según
el
RENIEC,
hubo
más
de
11
mil
votos
golondrinos
en
las
elecciones
regionales
del
2014,
cuando
Nélida
fue
candidata.
Con
casos
tan
absurdos
como:
Una
noche
antes
de
la
votación,
una
mujer
embarazada
va
al
hospital,
a
La
Posta,
y
da
a
luz.
Y
esta
mujer
obviamente
no
puede
votar,
porque
está…
recién
ha
dado
a
luz,
¿no?
Al
bebé.
Sin
embargo,
en
su
DNI
aparece
como
que
ella
votó.
Entonces
este
es
el
contexto:
siete
candidatos
hombres
y
Nélida,
la
outsider.
La
única
mujer
haciendo
una
campaña
diferente
con
propuestas
claras
y
un
mensaje
de
cambio
a
largo
plazo.
El
día
de
la
elección,
Nélida
votó
temprano.
Yo
he
estado
muy
tranquila,
muy
contenta
y
bastante
confidente
de
que
los
resultados
van
a
ser
a
favor
de
nosotros.
Y
luego
a
su
casa,
a
esperar.
Todo
el
día,
Nélida
estuvo
en
comunicación
constante
con
sus
amigos
y
aliados.
Fueron
horas
tensas.
¿Aló?
¿Cómo
está,
Rontoy?
Nada,
nada,
nada,
porque
todavía
no
salen
los
personeros.
Y
además,
en
Raimondi
no
hay
televisión
local.
Hay
dos
emisoras
de
radio,
pero
sólo
pasan
música.
Entonces…
La
forma
como
aquí
nos
enteramos
de
quién
es
el
posible
ganador
es…
es
solamente
porque
salen
los
personeros
ya
después
del
conteo.
Y
ellos
dicen
quién
en
su
mesa
ha
ganado.
Y
a
partir
de
eso,
la
gente
saca
su
propia
conclusión
de
quién
puede
estar
arriba.
Pero,
oficialmente…
No
se
sabe.
Y
las
cosas
pueden
cambiar.
En
un
país
como
el
Perú,
donde
la
mafia
es
grande,
donde
el
crimen
organizado
en
lo
político
es
tremendo…
Y
los
resultados
oficiales
pueden
tardar
hasta
días
en
salir.
Esta
entrevista
se
la
hicieron
a
Nélida
por
la
tarde,
el
día
de
las
elecciones:
En
Llamellín
esperaremos…
quizás
en
menos
una
hora
ya
se
debe
saber
mas
o
menos
quién
está
arriba.
Pero,
a
esas
alturas,
más
o
menos
ya
tenía
una
idea
de
lo
que
venía.
Perdió
en
San
Juan
de
Rontoy.
Perdió
en
Chaccho.
Perdió
en
Chingas.
No
ganó
en
ningún
municipio.
Ganó
Pachi
Lora,
el
candidato
que
ya
conocimos,
del
partido
Alianza
Para
el
Progreso.
Después
de
las
elecciones
habló
de
su
plan
de
gobierno:
Básicamente
estamos
iniciando
la
constitución
de
empresas
para
que
podamos
trabajar
en
el
rubro
del
afianzamiento
económico
en
nuestra
provincia.
Enfatizando,
en
especial,
el
rol
de
las
mujeres
en
el
desarrollo.
Uno
de
ellos,
por
ejemplo,
es
la
de…
Hemos,
hace
poco,
hemos
asociado
a
un
grupo
de
madres,
de
damas,
quienes
van
a
impulsar
el
tejido
y
el
arte
del
crochet
y
los
palitos
para
que
este
proyecto
al
menos
salga
adelante.
Por
ejemplo,
en
mayo…
Esa
misma
noche
de
las
elecciones,
Mitch,
el
productor
del
documental,
le
hizo
una
entrevista
a
Nélida.
Se
nota
que
ella
todavía
no
ha
procesado
la
noticia.
Seguimos
en
un
país
donde…
donde
todavía
no
hay
una
conciencia
política.
Tampoco
una
educación
en
que
la
gente
pueda
apostar
por
un
desarrollo
sostenible,
¿no?
Siempre
estamos
pensando
“a
ver
de
dónde
me
cae…
de
qué
árbol
me
cae
el
billetito”.
Meses
después,
en
Nueva
York,
hablé
con
Nélida
y
retomamos
la
historia
de
su
campaña:
de
las
dificultades,
de
los
retos.
En
particular,
ser
candidata
mujer
en
una
zona
donde
hay
tan
poco
conocimiento
sobre
los
procesos
políticos.
Me
contó,
por
ejemplo
que
hubo
muchos
votos
mal
marcados.
Muchas
mujeres
me
dijeron
eso
al
final,
¿no?
“Que
no
encontramos
tu…
la
mano.
No
sabíamos
cómo
era,
entonces
nada:
hicimos
una
‘x’
en
todo
el
papel.
O
pusimos…
escribimos
–hay
algunos
que
sabían
escribir–
Nélida».
Y
no
sé.
Pero
así
me
contaban,
¿no?
Votos
nulos.
Hablamos
de
lo
que
había
aprendido
de
esta
experiencia,
si
realmente
pensó
que
podía
ganar.
Me
dijo
que
sí.
Pero
que
cuando
llegaron
los
resultados…
…Yo
sentí
más
un
alivio.
¿De
no
haber
ganado?
Sí,
porque,
digo,
después
de
haber
pasado
en
la
campaña
todo
lo
que
pasamos,
¿no?
Y
todos
estos
ataques
y
todas
estas
ganas
de
la
gente
de…
Decía:
«Wow,
probablemente
la
gente,
si
uno
está
en
el
poder,
está
así
igual
de
histérica
y
de
negativa.
Y
no
te
deja
trabajar
al
fin,
¿no?”
Y
esto
me
sorprendió,
la
verdad.
Si
me
hubiera
consultado
desde
el
principio,
creo
que
le
habría
dicho
a
Nélida
que
no
se
metiera
en
política,
que
no
vale
la
pena.
Al
mismo
tiempo,
admiro
esas
ganas
de
enfrentarse
a
la
realidad
nacional
e
intentar
cambiar
algo.
Quizás
más
gente
como
ella
debería
arriesgarse
de
esa
manera.
No
sé.
me
acabas
de
decir
que
sentiste
alivio.
¿Expresaste
eso
a
los
familiares,
los
amigos
que
estaban
contigo?
Sí,
porque
muchos
estaban
al
borde
de
llanto.
Porque
no
podían
creer
de
que
tanto
trabajo
y
que
tanto…
¿no?
O
sea,
que…
Y
mucha
gente
veía
en
el
cambio,
¿no?
Que
honestamente
lo
veían,
decían:
«Oh,
por
fin
tendremos
un
cambio,
así
radical,
pues
algo
diferente”,
¿no?.
Y
estas
personas
estaban
con
mucha,
mucha
pena.
Pero
no
se
arrepiente.
Yo
diría
que
toda
la
campaña
–a
pesar
que
llevó
mucho
esfuerzo,
¿no?–,
para
fue
muy
gratificante,
¿no?
Aprendí
muchísimo.
Yo
conocí
muchas
comunidades
que
de
otra
manera
no
se
me
hubiera
ocurrido
caminar
por
esas
comunidades.
Y
bueno,
yo
me
quedo
con
esto.
Con
esta
imagen:
la
de
una
niña,
arrancada
de
su
hogar
a
los
11
años
y
depositada
en
una
ciudad
extraña
y
hostil.
Que
crece
añorando
volver
y
que
años
después
tiene
esa
oportunidad.
Qué
maravilla,
qué
experiencia.
Y
si
no
ganó,
pues
por
lo
menos
lo
intentó.
Dime,
¿tú
sientes
que
cuando
vuelves,
después
de
las
elecciones,
que
tus
vecinos…
la
gente
te
mira
de
otra
manera?
Sí.
Y
no
que
estoy
paranoica,
pero
yo
siento
que
hay
otra
manera.
¿Cuál
es
la
diferencia?
Pues
nada,
alguna
gente
que
simplemente
no
le
gusto
yo.
S
sea,
está
distante,
¿no?
La
diferencia,
dice
Nélida,
es
que
ahora
la
ven
como
candidata.
Como
alguien
que
intentó
meterse
en
un
ámbito
que
era
–que
ha
sido–,
en
esencia,
prohibido
para
las
mujeres.
Y
bueno,
es
un
ámbito
que,
por
el
momento,
lo
sigue
siendo.
Un
nuevo
documental
sobre
el
regreso
de
Nélida
a
Perú
y
de
su
campaña
para
ser
alcaldesa
saldrá
a
finales
de
la
primavera
de
este
año.
Visita
soyandina.com
para
más
información.
Gracias
a
los
documentalistas
Mitchell
Teplitsky
y
Palu
Abadía.
Esta
historia
fue
escrita
por
y
editada
por
Camila
Segura,
con
la
ayuda
de
Caro
Rolando.
La
mezcla
y
el
diseño
de
sonido
es
de
Ryan
Sweikert.
El
resto
del
equipo
de
radio
Ambulante
incluye
a
Silvia
Viñas,
Luis
Trelles,
Fe
Martínez,
Elsa
Liliana
Ulloa,
Barbara
Sawhill,
Melissa
Montalvo,
Désirée
Bayonet,
Luis
Fernando
Vargas
y
David
Trujillo.
Nuestros
pasantes
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Su vida era tranquila: una vida de campo, de pueblo. Una vida andina. Sus hermanos ya vivían en la capital. Y claro, Nélida sabía que en algún momento se iría. Pero sus padres no eran de los que avisaban o consultaban. Entonces, cuando se fue de Raimondi, fue de un día para el otro. Sin advertencia. Así nomás. Era una noche con sombras, con unas luces que iban apareciendo del alba, ¿no? Cuando el sol empieza a salir, pero todavía está un poco oscuro porque, tú sabes, las montañas tan altas y las sombras y los árboles… Viajaba con su mamá, que la iba a dejar en Lima y después regresar a su pueblo. El primer trayecto lo hicieron a caballo. Se acuerda bien cómo sonaban. Que iban saliendo: «pata-tún, pata-tún, pata-tún”. Y era prácticamente en el pleno silencio. Porque a esa hora lo único que se escucha son los gallos, algunos animales, quizás alguna que otra gente que se está levantando para trabajar en el campo. Y recuerdo que, cuando ya amaneció, ya estábamos en La Puna, ¿no? Muy alto. Y se sentía un viento muy frío. Pararon al lado de un riachuelo y su mamá sacó algo de comer. Comida que había empacado meticulosamente. Recuerdo esas servilletitas bien amarradas, bordadas, así en blanco, y muy amarradas, así. Cada una tenía un pedazo de cuy y maíz. Esas cositas que se me quedaron ahí grabadas. Y bueno, y el agua… nada, el agua del riachuelo, que en ese tiempo podíamos tomarlo, ¿no? Y así alcanzamos el bus… El bus a Lima. Un lugar tan diferente a Raimondi que podría ser un viaje intergaláctico. Y bueno, ahí crecería Nélida. Y aunque volvería bastante a Raimondi, no viviría ahí por más de tres décadas. Esta es la historia de su regreso a su provincia. Un retorno algo quijotesco. Porque cuando Nélida volvió en el 2014 fue para lanzarse a alcaldesa de todo Raimondi. Raimondi sí se merece progreso. Nosotros nos merecemos un cambio. No el pasado de burlas y engaños. La hora para Raimondi ha llegado. Hermanas y hermanos raimondinos: a pocos días de las elecciones regionales y municipales, les saludo afectuosamente. Soy Nélida Silva, llamellina desde muchas generaciones. Soy nueva en la contienda electoral, mujer luchadora y emprendedora, como todo raimondino. Habían pasado más de tres décadas. El país y su provincia habían cambiado muchísimo. Y Nélida también. Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Para esta historia colaboramos con el cineasta Mitch Teplitsky y su compañía de producción, Lúcuma Films. Partes del audio que van a escuchar vienen de escenas que Mitch y su equipo grabaron. Entonces cuando escuché la historia de Nélida, me quedé con varias preguntas. Por ejemplo, ¿qué tan complicado puede ser volver? ¿Y qué tan seductor es imaginarte que todavía perteneces al lugar donde naciste? En fin, ya veremos. Para entender todo lo que viene, hay que entender lo chocante que fue esa llegada a Lima para Nélida. En la provincia de Raimondi, en los Andes peruanos… …todo es arriba, todo es abajo. Tienes como una referencia mental de para dónde vas: al norte o al sur, ¿no? Y por dónde sale el sol, y por dónde se oculta y… Pero Lima, pues, nada que ver. Aunque suene exagerado, salvo en el verano, nunca se ve el sol. Es una ciudad costeña, sí, pero en muchos barrios el mar casi no se siente. A Nélida, con sus 11 años, todo le parecía extraño. El sabor del agua, el aire, y el… odo. Era una pesadilla, ¿no? Como que «¿a qué hora despierto y regreso a donde puedo… donde pueda yo sentirme bien?» Estaba rodeada de gente a la que no reconocía, a la que no entendía. Y los niños, ¿no? Que no querían jugar conmigo, y yo no entendía por qué, porque en ese tiempo no me miraba que yo era diferente a ellos. Yo los veía a ellos diferente. Pero yo no sabía que yo era “la outsider”. Cuando le pregunté a Nélida si llegó a sentirse en casa en Lima, me dijo que no. Que nunca se sintió “limeña” a pesar de los 12 años que vivió ahí. Pero en Lima pudo ir a la universidad para estudiar contabilidad y luego hizo la práctica en una compañía minera que tenía algunos contratos en Gran Bretaña. Y ese fue el contacto. Es decir, cómo logró irse a Londres. En principio, se fue sólo una semana, pero… Mientras mi viaje, la empresa cerró aquí en el Perú. Eran los años ochenta, en que… en que era muy… todo era inestable. Entonces decidí quedarme por mi cuenta en Inglaterra por un año. Pero ya en un año dije «tengo que regresar a casa». Y… “pero antes de regresar, voy a parar en Nueva York”. Y en Nueva York terminó quedándose por casi dos décadas. Durante esos años trabajó con ONGs, en organizaciones que apoyaban la cultura andina. Y cada cierto tiempo volvía a su pueblo, a su provincia, para las fiestas, para ver a sus padres. Y cada vez que volvía le parecía preocupante ver cómo cambiaban las cosas. La minería siempre había sido parte de la economía local, desde por lo menos los años cincuenta. Pero a partir del 2001, se inauguró un megaproyecto en San Marcos, un pueblo ancashino, un proyecto que empezó a traer daños ambientales para toda la región. Y al mismo tiempo, dinero. Dinero que en muchos casos se malgastaba. Me consta. Mi abuelo viene de esa región y la he visitado varias veces. Me han contado que las autoridades nunca quieren gastar en salud pública, por ejemplo, pero sí en repavimentar la plaza. Que no gastan en educación, pero sí en ponerle otra capa de pintura a la fachada del municipio. Es que se dedican a construir monumentos o construcciones que el pueblo no necesita. Esto se veía en todo el Perú, no sólo en Raimondi. Pero a Nélida le molestaba. Me parecía tan… tan ineficiente, ¿no? Tan así como que no les importa nada. “Hacemos, pues, por cumplir. Y bueno, si viene el dinero qué bueno que venga, porque necesitamos tirar cemento aquí o allá”, ¿no? Le parecía un desarrollo al azar, sin planificación, sin pensar en lo que necesitaba la gente. Alcalde tras alcalde gastando simplemente por gastar. En algunos casos, los alcaldes mandaban a construir a cambio de lo que se conoce como “una coima”, es decir, un porcentaje del contrato, siempre inflado. Nélida veía otras posibilidades. Tenía otras ideas. Había trabajado con grupos de mujeres empresarias. Había visto en la práctica que invertir en talento humano muchas veces rendía más. ¿Un poco idealista? Sí. Pero en cada viaje a su pueblo, hablaba con la gente, y todos le decían lo mismo. Escuchaba de muchos las mismas quejas que ella sentía: ¡En este pueblo no hay avance! ¿Estas son calles, estas son calles? Señores, ¡¿son calles estas?! Esta es la provincia más olvidada del departamento de Áncash. Las autoridades entran pa’ llevarse la plata. Mira, los candidatos se enriquecen, pero el pueblo día por día es peor. Entran en el poder, se olvidan de todo, de nosotros. Usted mismo ha visto como está Llamellín, es una desgracia. A lo menos cuando llueve es impasable: derrumbe por acá, derrumbe por allá. No hay educación acá. No tenemos ni baños. No tenemos médicos especialistas. Las autoridades brillan [por] su ausencia. Nosotros necesitamos un alcalde que realmente se preocupa para nuestra provincia. Poco a poco se hizo la idea de que ella podía ser esa persona. Mucha gente de la zona la conocía, en parte porque había vivido en el extranjero y porque siempre volvía. Sus éxitos afuera eran motivo de orgullo. Entonces la gente me decía: “Nélida, ¿por qué tú no lideras? ¿Por qué no eres una de las candidatas?”. ¿Te acuerdas de alguna conversación con algún amigo o algún familiar o alguien querido que te dijo «Nélida, no te metas en esta… en esta mierda”? Sabes que tuve casi toda mi familia diciéndome eso. Y muchos de mis amigos cercanos también. Y aunque tenía dudas… …luego vi el trabajo que ellos hacen. En realidad es un trabajo muy incipiente. Y dije “yo puedo hacer mejor que ellos”. Y así empezó a nacer la idea para yo ser una de las candidatas. Y su familia, espantada. Esta, por ejemplo, es su hermana Noelia. Cuando dijo, “sí…” y ya pasó el tiempo y dijo “sí, ya voy a ser… voy a postular”, “Ahhh… ¡Ay, no! ¡No, por favor! ¡Otra locura más!”. Pero ya estaba decidida. Orlando Sáenz conoce a Nélida desde que eran niños. Y se convirtió en su jefe de campaña. Ella regresa al Perú. Para ella, una mujer que ha… ha visto el mundo globalizado, regresar a Llamellín es como retroceder, ¿no? Y según Orlando, la experiencia tan inusual que tenía Nélida era su ventaja. La gente ya está cansada de los políticos tradicionales. Siempre han querido un cambio. Simplemente no se les ha presentado esa oportunidad. Y es que para ese momento, todo Áncash –el departamento al que pertenece Raimondi– era controlado por una mafia. El jefe era un tal César Álvarez. Según informes policiales, él y su gente se repartían la plata que salía de la minería, y se mantenían en el poder intimidando a sus opositores. En mayo del 2014, Álvarez fue arrestado después de ser acusado de mandar a matar a un enemigo político, Ezequiel Nolasco. Este era el mundo al que Nélida quería meterse. Ese mismo mes del arresto de Álvarez, Nélida empezó su campaña política. Así que quedaron siete contra Nélida. ¿Siete hombres? Siete hombres, siete candidatos hombres, contra Nélida. Entre ellos, Félix Lora, conocido como Pachi, que había sido funcionario del Ministerio de Educación en Lima. Esta es una tierra grandiosa. A parte de todos los problemas que acabo de manifestar, esta tierra linda posee el capital humano, que es lo más importante: la sencillez de la gente, la solidaridad de la gente, lo peculiar de sus platos típicos, las danzas autóctonas que tenemos aquí. Todos los candidatos estarían de acuerdo con esto. Es, de veras, una región bellísima. Bueno, y de ganar, Nélida sería la primera mujer elegida para ser alcaldesa de Raimondi. Entrando a la campaña, mis temores eran la… la violencia. No es que tenía un miedo de que me mataran, pero sí tenía mucho miedo de… de un poco de agresión física. Por ejemplo, que alguien le bloqueara el paso poniéndole piedras en alguna carretera muy aislada. Son cosas que pasan. Entonces, ¿qué significa hacer campaña en una provincia como Raimondi? ¿Cómo se hace? Pues es una zona montañosa, rural y muy pobre. Ser candidato en una provincia como esta requiere largos viajes por carreteras maltrechas. Además, era época de lluvias. Nélida misma era la que manejaba. Una noche les tocó dormir en la camioneta. ¿Neli? ¡Hola! ¿Cómo estás? Estamos en Parpa. ¿Dónde van a dormir? En el carro. Porque arriba hay precipicios. Te resbalas un poco y hay precipicios. Pero a pesar de todo, a Nélida le gustaba. Así conocía mejor su provincia y llegaba a los pueblitos más recónditos, donde la visita de un candidato siempre era un acontecimiento. Los pobladores veían llegar una camioneta y salían a ver de qué se trataba, de pura curiosidad. Buenas tardes. Buenas tardes. Buenas tardes. ¿Cómo está, mami? ¿Qué tal? Uy, ya va a techar pronto. Así le tienes que decir a tu papá y tu mamá: “Ahora hay una candidata mujer que va a hacer las cosas mejor”. Buenas tardes, ¿cómo estás? ¿Qué tal? Y el mensaje de Nélida, su propuesta, era un poco diferente. Apoyar a las mujeres. Invertir en los pequeños empresarios. Hacer alianzas para que los productos agrícolas encontraran su mercado. Entonces mi propuesta, como decía aquí Don Pedro, este… eh… es de que la agricultura nos tiene que sacar a nosotros de la pobreza. Para mí no es justo que los agricultores son los que trabajan, proveen de alimento a otros y los otros son los que están mejor que los agricultores, ¿no? En esta provincia casi sembramos para consumir y no sembramos tanto para vender. ¿Por qué? Porque no es… Pero no sólo basta ofrecer detalles de una plataforma. Una de las cosas que Nélida entendió muy pronto en su campaña es que no se puede llegar a un pueblo con las manos vacías. Es simplemente parte de la cultura política de Áncash. Nos puede parecer bien o mal, pero el punto es que así se hacen las cosas. Entonces Nélida… Nosotros teníamos regalos de unas bolsitas para… de detergente para que laven la ropa, teníamos lapiceros. Y como yo vi que las mujeres tejían mucho, yo… se me ocurrió llevar muchísimo material para que ellas tejan, ¿no? Y aquí hay un diferencia entre su campaña y la de algunos de sus opositores: A todos los lugares que iban llevaban sus cajas de cerveza –o compraban en el mismo lugar–. Y tomaban. Tomaban un montón. Y esa era la campaña de ellos. Y bueno, imagínate que tu vives en un pueblito de estos. Hay un candidato que ofrece comida, cerveza, fiesta. Y por otro lado llega Nélida… con lápices, y detergente. Nélida rápidamente se dio cuenta de que esta campaña no iba a ser fácil. La geografía, la lluvia, la falta de infraestructura…Pero también, la cultura. Y el simple hecho de que Nélida era mujer. La zona andina… bueno, todo el país, creo. Somos muy machistas. Es que tienes que verlo en el documental de Mitch: una y otra vez Nélida se encuentra en reuniones comunitarias, salones repletos, 40 hombres y, no sé, ¿pues tres mujeres? ¿Y la única que habla? Nélida. Solamente unas cuantas palabras: soy Nélida Silva, para quienes no me conocen aún. Esta reunión se ha dado para hablar… Y cuando le toca hablar a Nélida, es como si fuera una maestra de colegio tratando de controlar un salón de rebeldes. No le prestan atención. …Y allá, algunas personas que no tienen ni siquiera tienen la creatividad, ni la han tenido por muchos años (inaudible). Escuchen, escuchen tantito… Le toca callarlos. Quizás esto no sea tan sorprendente: que una sala llena de hombres no le preste atención a una mujer. Pero según Nélida, no es cuestión sólo de hombres. ¿Las mujeres? Machistas, pues, también. Es una cultura machista. Por eso es que crían a sus hijos de la forma como los crían, con una desigualdad, ¿no? No… no… no hay una equidad, ¿no? Como que los varones deben tener algunas preferencias y las mujeres otras cosas. Y quizás ese sería uno de los obstáculos más complicados para la campaña de Nélida. Pero también había otra cosa. Me han dado mala referencia. Dicen que la señora o la señorita que está postulando [es] muy petulante. Esta mujer mayor, campesina, resume un poco la forma en que alguna gente reaccionaba ante Nélida. Y repite el rumor que tanto daño le haría a la campaña. Ha ido a las comunidades. Cuando nos hemos encontrado, cuando hemos saludado, cuando hemos dado la mano, se ha lavado, yendo a otro sitio. Total, este… Creo que no le gusta la gente comuna [sic]. Mucha gente comenzó a repetir esta misma acusación. Se había dicho que la señora, después de saludar a los campesinos, ha entrado a su auto y se ha lavado con… con alcohol. Y ese rumor era particularmente cruel, irónico, porque… …el símbolo de mi partido era la mano. Y entonces todo el slogan era «dame la mano y te doy la mano», ¿no? Y la verdad es que yo ni siquiera he tenido un sanitizer, nunca. Eso fue una campaña bien dura porque no había otra cosa que dijeran de mí. Yo nunca había robado. Nunca les había mentido. Estamos hablando de un mundo político en el que hay candidatos acusados de malgastar dinero público, de amenazar periodistas, de cometer fraude electoral. Pero la acusación que más impacto tiene con la ciudadanía es que Nélida se lava las manos. Que es una pituca. Explica qué es pituca. Bueno, pituca es un término, eh… Oye, pero es bien difícil de explicar esto, ¿no? Ehm, es un término que se usa a la… En realidad a la gente de Lima, que pertenece a una clase social muy alta. La gente rica. La gente blanca. Y la ironía es que Nélida, cuando crecía en Lima, era marginada por ser la andina. Ahora, de vuelta en su provincia, la ninguneaban por ser limeña. Aquí un señor resume la crítica hacia Nélida: Haciéndose mujer campesina, poniendo la gorra, poniendo la falda. Y para creer y para tentar a la población raimondina. Primera vez en la vida que te dicen pituca. Primera vez en la vida, sí. Este es Orlando Sáenz, el director de la campaña: La gente dice “ella no camina”. Es falso. Nosotros caminamos, comemos lo que comen ustedes. Comemos papa, comemos… La señora es tan sencilla que se sienta hasta con las chocheras de la esquina. Pero los enemigos, como no tienen nada que decir, ¿qué dicen? “No, dicen que se lava las manos, no saluda a la gente, no camina. Dicen que la llevan cargando”. ¿Cargada? La reinita de los Andes. Hazme el favor. En fin, todos sabemos que la política es sucia. Pero, ¿qué tanto? Ya veremos después de la pausa. Ahoritita vienen los Óscares. Y bueno, ¿qué sé yo, si no he ido al cine desde que nació mi hijo hace cuatro años? Entonces, para mantenerme al tanto y no sonar tan ignorante cuando estoy con amigos, recomiendo el podcast Pop Culture Happy Hour, de NPR, con Linda Holmes. Pop Culture Hapy Hour siempre tiene una conversación inteligente sobre la cultura pop. Búscalo en npr.org/podcasts o en el app NPR One. Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Y esta es Nélida Silva, un par de semanas antes de la votación, hablando con un productor del equipo de Lúcuma Films: Cuéntanos, ¿cómo va la campaña? Bueno, la campaña, este… Es un poco de lo que yo esperaba cuando yo me inicié en esto. Eh… aunque a veces pasa más allá de los límites de lo que estaba incluso esperando. Ahorita somos uno de los favoritos, y creo que por eso empezaron ya los ataques, ya así… Además de los rumores que corrían, en varios pueblos de Raimondi, a Nélida le destruyeron sus pancartas. En los afiches acuchillaban su cara. Pero a pesar de todos los retos, Nélida se sentía optimista. Y bueno, ahí estamos ahí en la lucha, ¿no? Seguimos en la lucha. Pero había otro reto quizá más complicado que el rumor de la lavada de manos. Y esto ya es un tema electoral, de fraude: los llamados golondrinos. Un golondrino es una persona que está siendo pagada para ir a votar por una X persona. Pero este votante no vive en el lugar donde va a votar. Entonces yo puedo pagar un golondrino, vamos a suponer, de la selva o de la costa, y pago varios golondrinos. Y les pago el pasaje, les pago el cambio de residencia. Y luego vienen –el día de la votación– llegan a votar a mi lugar. Es básicamente comprar el voto. Y durante la campaña, Nélida temía que algunos de sus opositores fueran a hacer esto. Y no es paranoia. Aquí está Marco Antonio Garrido, jefe regional del RENIEC, el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil: Es de conocimiento público, cada vez que se acercan los procesos electorales, siempre algunas… algunos malos candidatos o algunas autoridades, incluso, en el ejercicio de su poder edilicio, promueven el tema de cambios masivos de domicilios, ¿no? Con la finalidad de favorecerse con algunos votos extras. Y en zonas rurales, influenciar el resultado de una elección no es tan difícil. Hay relativamente pocos votantes. 100 aquí, 100 allá, y basta. Cambia todo. Según el RENIEC, hubo más de 11 mil votos golondrinos en las elecciones regionales del 2014, cuando Nélida fue candidata. Con casos tan absurdos como: Una noche antes de la votación, una mujer embarazada va al hospital, a La Posta, y da a luz. Y esta mujer obviamente no puede votar, porque está… recién ha dado a luz, ¿no? Al bebé. Sin embargo, en su DNI aparece como que ella votó. Entonces este es el contexto: siete candidatos hombres y Nélida, la outsider. La única mujer haciendo una campaña diferente con propuestas claras y un mensaje de cambio a largo plazo. El día de la elección, Nélida votó temprano. Yo he estado muy tranquila, muy contenta y bastante confidente de que los resultados van a ser a favor de nosotros. Y luego a su casa, a esperar. Todo el día, Nélida estuvo en comunicación constante con sus amigos y aliados. Fueron horas tensas. ¿Aló? ¿Cómo está, Rontoy? Nada, nada, nada, porque todavía no salen los personeros. Y además, en Raimondi no hay televisión local. Hay dos emisoras de radio, pero sólo pasan música. Entonces… La forma como aquí nos enteramos de quién es el posible ganador es… es solamente porque salen los personeros ya después del conteo. Y ellos dicen quién en su mesa ha ganado. Y a partir de eso, la gente saca su propia conclusión de quién puede estar arriba. Pero, oficialmente… No se sabe. Y las cosas pueden cambiar. En un país como el Perú, donde la mafia es grande, donde el crimen organizado en lo político es tremendo… Y los resultados oficiales pueden tardar hasta días en salir. Esta entrevista se la hicieron a Nélida por la tarde, el día de las elecciones: En Llamellín esperaremos… quizás en menos una hora ya se debe saber mas o menos quién está arriba. Pero, a esas alturas, más o menos ya tenía una idea de lo que venía. Perdió en San Juan de Rontoy. Perdió en Chaccho. Perdió en Chingas. No ganó en ningún municipio. Ganó Pachi Lora, el candidato que ya conocimos, del partido Alianza Para el Progreso. Después de las elecciones habló de su plan de gobierno: Básicamente estamos iniciando la constitución de empresas para que podamos trabajar en el rubro del afianzamiento económico en nuestra provincia. Enfatizando, en especial, el rol de las mujeres en el desarrollo. Uno de ellos, por ejemplo, es la de… Hemos, hace poco, hemos asociado a un grupo de madres, de damas, quienes van a impulsar el tejido y el arte del crochet y los palitos para que este proyecto al menos salga adelante. Por ejemplo, en mayo… Esa misma noche de las elecciones, Mitch, el productor del documental, le hizo una entrevista a Nélida. Se nota que ella todavía no ha procesado la noticia. Seguimos en un país donde… donde todavía no hay una conciencia política. Tampoco una educación en que la gente pueda apostar por un desarrollo sostenible, ¿no? Siempre estamos pensando “a ver de dónde me cae… de qué árbol me cae el billetito”. Meses después, en Nueva York, hablé con Nélida y retomamos la historia de su campaña: de las dificultades, de los retos. En particular, ser candidata mujer en una zona donde hay tan poco conocimiento sobre los procesos políticos. Me contó, por ejemplo que hubo muchos votos mal marcados. Muchas mujeres me dijeron eso al final, ¿no? “Que no encontramos tu… la mano. No sabíamos cómo era, entonces nada: hicimos una ‘x’ en todo el papel. O pusimos… escribimos –hay algunos que sabían escribir– Nélida». Y no sé. Pero así me contaban, ¿no? Votos nulos. Hablamos de lo que había aprendido de esta experiencia, si realmente pensó que podía ganar. Me dijo que sí. Pero que cuando llegaron los resultados… …Yo sentí más un alivio. ¿De no haber ganado? Sí, porque, digo, después de haber pasado en la campaña todo lo que pasamos, ¿no? Y todos estos ataques y todas estas ganas de la gente de… Decía: «Wow, probablemente la gente, si uno está en el poder, está así igual de histérica y de negativa. Y no te deja trabajar al fin, ¿no?” Y esto me sorprendió, la verdad. Si me hubiera consultado desde el principio, creo que le habría dicho a Nélida que no se metiera en política, que no vale la pena. Al mismo tiempo, admiro esas ganas de enfrentarse a la realidad nacional e intentar cambiar algo. Quizás más gente como ella debería arriesgarse de esa manera. No sé. Tú me acabas de decir que sentiste alivio. ¿Expresaste eso a los familiares, los amigos que estaban contigo? Sí, porque muchos estaban al borde de llanto. Porque no podían creer de que tanto trabajo y que tanto… ¿no? O sea, que… Y mucha gente veía en mí el cambio, ¿no? Que honestamente lo veían, decían: «Oh, por fin tendremos un cambio, así radical, pues algo diferente”, ¿no?. Y estas personas estaban con mucha, mucha pena. Pero no se arrepiente. Yo diría que toda la campaña –a pesar que llevó mucho esfuerzo, ¿no?–, para mí fue muy gratificante, ¿no? Aprendí muchísimo. Yo conocí muchas comunidades que de otra manera no se me hubiera ocurrido caminar por esas comunidades. Y bueno, yo me quedo con esto. Con esta imagen: la de una niña, arrancada de su hogar a los 11 años y depositada en una ciudad extraña y hostil. Que crece añorando volver y que años después tiene esa oportunidad. Qué maravilla, qué experiencia. Y si no ganó, pues por lo menos lo intentó. Dime, ¿tú sientes que cuando vuelves, después de las elecciones, que tus vecinos… la gente te mira de otra manera? Sí. Y no sé que estoy paranoica, pero yo sí siento que hay otra manera. ¿Cuál es la diferencia? Pues nada, alguna gente que simplemente no le gusto yo. S sea, está distante, ¿no? La diferencia, dice Nélida, es que ahora la ven como candidata. Como alguien que intentó meterse en un ámbito que era –que ha sido–, en esencia, prohibido para las mujeres. Y bueno, es un ámbito que, por el momento, lo sigue siendo. Un nuevo documental sobre el regreso de Nélida a Perú y de su campaña para ser alcaldesa saldrá a finales de la primavera de este año. Visita soyandina.com para más información. Gracias a los documentalistas Mitchell Teplitsky y Palu Abadía. Esta historia fue escrita por mí y editada por Camila Segura, con la ayuda de Caro Rolando. La mezcla y el diseño de sonido es de Ryan Sweikert. El resto del equipo de radio Ambulante incluye a Silvia Viñas, Luis Trelles, Fe Martínez, Elsa Liliana Ulloa, Barbara Sawhill, Melissa Montalvo, Désirée Bayonet, Luis Fernando Vargas y David Trujillo. Nuestros pasantes son Emiliano Rodríguez y Andrés Azpiri. Carolina Guerrero es la CEO. Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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