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Radio Ambulante - La importancia de llamarse Ernesto

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Ernesto Gómez creció como un chico mexicano más en la ciudad de Chihuahua. Pero cuando cumplió diez años, tuvo que enfrentar un pasado de luchas clandestinas que puso en duda su nacionalidad, su familia y hasta su propio nombre.

Esta historia hace parte de nuestros archivos y fue publicada originalmente en 2015.

*

➤ Muy pronto lanzaremos El hilo, el nuevo podcast de Radio Ambulante. Suscríbete a su newsletter para recibir novedades.

Daniel
Alarcón:
Soy
Daniel
Alarcón,
productor
ejecutivo
de
Radio
Ambulante.
Antes
de
comenzar
quiero
agradecer
a
dos
fundaciones
cuyo
apoyo
ha
sido
esencial:
la
Fundación
de
Sara
y
Evan
Williams
y
la
fundación
Panta
Rhea.
Gracias
además
a
nuestro
patrocinador,
MailChimp.
Más
de
7
millones
de
personas
y
negocios
a
nivel
mundial
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—-
Daniel
Alarcón:
Bueno,
comencemos
aquí
¿Qué
hay
en
un
nombre?
Es
una
pregunta
que
seguro
han
escuchado
varias
veces
y
de
pronto,
a
ti
te
nombraron
en
honor
a
tu
abuelo,
o
a
tu
abuela.
En
el
caso
de
Ernesto
Gómez…
Ernesto
Gomez:
Y
bueno,
me
ponen
Ernesto
pues
por
el
Ché,
no,
y
como
símbolo
de
solidaridad
entre
los
pueblos
latinoamericanos,
¿no?
Daniel
Alarcón:
Y
este
detalle
dice
mucho
del
ambiente
en
el
que
Ernesto
creció.
Alma:
Para
nosotros,
Ernesto
Che
Guevara
es…
Gabino:
El
símbolo
más
importante…
Alma:
Un
símbolo
muy
importante.
Entonces
decidimos
ponerlo
Ernesto
porque
ese
niño
era
el
reflejo
de
ese
internacionalismo
proletario.
Daniel
Alarcón:
Estos
son
Alma
y
Gabino,
los
papás
de
Ernesto.
Son
una
pareja
de
activistas
mexicanos,
y
el
nombre
que
le
dieron
a
su
hijo
tiene
una
historia
mucho
más
complicada,
con
un
pasado
radical
que
Ernesto
pasaría
el
resto
de
su
vida
tratando
de
entender.
Bienvenidos
a
Radio
Ambulante,
soy
Daniel
Alarcón.
Hoy
“La
importancia
de
llamarse
Ernesto”…
Desde
San
Juan,
Puerto
Rico,
nuestro
productor
Luis
Trelles
nos
cuenta.
Luis
Trelles:
Ernesto
tuvo
la
típica
infancia
feliz
de
un
niño
mexicano
de
la
década
de
los
80.
Creció
en
la
ciudad
Chihuahua,
al
norte
del
país.
Jugaba
béisbol,
se
escapaba
de
la
escuela
con
sus
hermanos…
Normal.
Hasta
que
un
día,
cuando
Ernesto
tenía
10
años,
sus
papás
lo
llevaron
al
consultorio
de
un
psiquiatra
que
era
amigo
de
la
familia.
Ernesto
Gómez:
Como
lo
recuerdo
era
un
como
un
segundo
piso,
una
oficina
oscura.
Nos
sentamos
los
tres
en
un
sillón
largo.
Luis
Trelles:
Y
el
psiquiatra
le
empezó
a
hacer
preguntas
a
Ernesto,
preguntas
hasta
aburridas.
Ernesto
Gómez:
¿Cómo
está
todo?
¿Cómo
va
la
escuela?
¿Cómo
va
el
béisbol?
Luis
Trelles:
Ernesto
no
sabía
por
qué
estaba
allí.
Hasta
que
el
psiquiatra
miró
a
sus
padres
y
les
dijo.
Ernesto
Gómez:
Y
bueno,
pues
a
lo
que
venimos…
hay
que
decirle
a
Ernesto
por
qué
está
aquí,
¿no?
Luis
Trelles:
Entonces
Alma
y
Gabino
le
dijeron
la
verdad.
Alma:
Que
había
hijos
de
vientre,
hijos
de
corazón.
Ernesto
Gómez:
Pero
que
se
querían
igual.
Y
que
pues
yo
era
un
hijo
de
corazón,
¿no?.
Alma:
Que
él
tenía
otro
papá
y
otra
mamá.
Luis
Trelles:
Y
eso
explicaba
algunas
cosas.
Su
color
de
piel,
por
ejemplo,
era
un
poco
más
oscuro
que
el
de
sus
hermanos.
Ernesto
Gómez:
Y
me
acuerdo
que
los
dos
me
abrazaron
y
me
besaron.
Mi
mamá
siempre
ha
sido
muy
cariñosa,
no,
pero
mi
papá
fue
siempre
un
tipo
muy
seco,
¿no?
no
sabe
dar
abrazos,
y
como
tosco,
¿no?
Y
tengo
ese
recuerdo
que
es
uno
de
los
recuerdos
más
bonitos
de
afecto
así
de
los
dos,
no,
estar
en
medio
de
mis
papás
y
los
dos
abrazándome
y
dándome
besos
¿no?
Luis
Trelles:
Pero,
una
vez
que
salieron
de
la
consulta,
Ernesto
trató
de
borrar
todo
esto
de
su
cabeza.
Quería
volver
a
su
vida,
sin
que
nada
cambiara.
Ernesto
Gómez:
Me
daba
un
pavor
enorme
pensar
que
mis
hermanos
me
fueran
a
rechazar,
no,
que
en
algún
juego
o
una
pelea
de
niños
me
sacaran
eso
en
cara,
no.
«Ah
no,
cállate,
eres
adoptado,
pinche
negro».
Nunca
lo
exterioricé.
Nunca
lo
comenté
con
mis
padres,
¿no?.
Y
y
ni
a
mis
hermanos
nunca.
Esto
es
algo
que
yo
creo
que
nunca
le
he
dicho
a
nadie.
Era
ese
miedo
a
ser
rechazado
por
mi
familia.
Luis
Trelles:
Pero
Alma
y
Gabino
tenían
que
decirle
toda
la
verdad
por
razones
que
serán
más
claras
un
poco
más
adelante.
Entonces
un
día
decidieron
montarlo
en
el
carro
de
la
familia
y
salir
de
paseo.
Querían
hablar
con
Ernesto
a
solas.
Ernesto
Gómez:
El
recuerdo
que
tengo
de
ese
momento
es
como
en
cámara
lenta.
Es
cómo
ir
en
el,
digamos
en
el
carro,
mis
papás
iban
en
frente,
yo
iba
sentado
atrás
en
el
medio.
Y
de
manera
sincronizada,
¿no?,
mis
papás
voltean
al
mismo
tiempo
a
verme.
Y
ahí
yo
supe,
¿no?,
«híjole,
aquí
viene
algo»,
¿no?.
Alma:
Y
le
dijimos
«bueno,
este,
no
nos
has
preguntado
nada.»
Ernesto
Gómez:
¿No
quieres
saber
nada?
¿No
quieres
saber
quienes
son
tus
papás?
Y
me
acuerdo,
o
sea,
mi
sentimiento
es:
no,
no
quiero
saber
ni
me
importa,
no.
Luis
Trelles:
Pero
Ernesto
no
dijo
que
no,
se
quedó
callado
y
Alma
y
Gabino
le
hablaron
de
un
hombre
que
había
vivido
con
la
familia
unos
años
atrás.
Ernesto
se
acordaba
de
este
hombre
y
lo
recordaba
como
“Mone”.
Ernesto
Gómez:
Mira
yo
de
niño
hubo
un
momento
que
vivió
este
muchacho
que
se
llamaba
Mone
que
no
tenía
manos,
que
eso
lo
tengo
muy
clarito
que
tenía…y
que
tenía
el
rostro
medio
desfigurado.
Y
que
jugaba
conmigo
a
los
bomberos
en
el
patio.
Luis
Trelles:
Cuando
Ernesto
cumplió
cuatro
años,
este
hombre
sin
manos
y
con
la
cara
llena
de
cicatrices
desapareció
de
su
vida.
Y
ahora
Alma
y
Gabino
le
estaban
diciendo
que
Mone
era
su
papá.
Ernesto
Gómez:
Y
me
acuerdo
que
los
dos
se
quedaron
muy
serios
y
que
me
dijeron:
bueno
Ernesto,
este,
esto
no
lo
puede
saber
nadie,
Mone
era
un
guerrillero
que
luchaba
por
la
independencia
de
Puerto
Rico,
y
lo
estaban
buscando
los
gringos
para
meterlo
en
la
cárcel.
Y
estuvo
viviendo
con
nosotros
un
tiempo
escondido.
Y
ya
se
fue.
Luis
Trelles:
Ernesto
había
escuchado
de
Puerto
Rico
antes,
pero
si
le
hubieran
puesto
un
mapa
en
frente,
no
hubiera
podido
encontrarlo.
Ernesto
Gómez:
Yo
lo
que
sabía
de
Puerto
Rico
yo
creo
que
era
muy
poco,
que
era
una
colonia
de
los
Estados
Unidos
y
que
había
un
movimiento
por
liberarlo,
no.
Quizá
me
lo
imaginaba
así,
que
era
esta
isla
infeliz
de
gente
sometida
bajo
el
yugo
de
los
militares
norteamericanos,
¿no?
Luis
Trelles:
Era
una
visión
romántica
de
la
isla.
En
esa
época,
Puerto
Rico
ya
llevaba
más
de
9
décadas
siendo
un
territorio
de
los
Estados
Unidos.
Y
durante
todo
ese
tiempo,
distintos
grupos
habían
tratado
de
liberar
a
la
isla
a
través
de
la
lucha
armada.
El
padre
biológico
de
Ernesto
había
sido
parte
de
uno
de
estos
grupos.
Y
su
mamá
biológica
también.
Alma
y
Gabino
le
mostraron
unas
fotos
de
ella
en
una
prisión,
y
le
dijeron.
Ernesto
Gómez:
Ella
es
Dylcia,
es
tu
mamá.
Está
luchando
por
la
independencia
de
su
país
y
la
agarraron,
la
metieron
a
la
cárcel,
y
por
eso
estás
con
nosotros.
Luis
Trelles:
Dylcia
Pagán
cumplía
una
condena
de
55
años
en
una
cárcel
de
San
Francisco,
en
Estados
Unidos.
Ernesto
solo
tenía
10
años
y
no
entendía
nada…
Ernesto
Gómez:
Me
acuerdo
sentirme
como
desubicado.
Como
estar
en
un
limbo
y
decir
«wow,
entonces
qué
va
a
pasar
conmigo,
no,
ahora».
Y
después
de
eso,
inmediatamente
después,
me
dicen,
“¿y
te
gustaría
conocerlos?”.
Luis
Trelles:
Esa
era
la
pregunta.
Y
aunque
estaba
confundido,
Ernesto
tenía
algo
muy
claro
¿Conocerlos?
Ernesto
Gómez:
¿Para
qué?
Pues
tenía
a
mis
papás,
tenía
una
vida
super
feliz,
para
qué
conocerlos,
¿no?
Pero
bueno
sabía
que
no
era
algo
que
podía
decir
que
no.
Luis
Trelles:
No
hay
manera
de
contarle
a
un
hijo
estas
cosas
sin
que
sea…
complicado…
pero
Alma
y
Gabino
no
tenían
otra
opción.
La
madre
biológica
de
Ernesto
estaba
pidiendo
verlo.
Y
ellos
tenían
que
decirle
toda
la
verdad
antes
de
llevarlo
a
conocerla.
Entonces,
en
diciembre
de
1989,
cuando
Ernesto
estaba
a
punto
de
cumplir
11
años,
viajó
junto
a
toda
su
familia
a
San
Francisco
para
conocer
a
Dylcia.
Y
para
entender
por
qué
Dylcia
estaba
en
una
prisión
federal,
hay
que
entender
que,
en
los
años
70,
ella
formó
parte
de
las
Fuerzas
Armadas
de
Liberación
Nacional,
mejor
conocida
como
la
FALN.
Noticiero:
Fuerzas
Armadas
de
Liberación
Nacional,
FALN,
es
la
organización
clandestina
a
la
que
pertenecen
las
independentistas
acusadas
de
robo
de
autos,
de
la
fabricación
de
explosivos.
Luis
Trelles:
La
FALN
era
una
organización
clandestina
que
se
dedicaba
a
poner
bombas
en
edificios
públicos
de
Chicago
y
Nueva
York.
Lo
hacían
para
exigir
la
independencia
de
Puerto
Rico.
El
grupo
comenzó
en
1973,
y
sus
miembros
eran
hijos
de
emigrantes
puertorriqueños
en
Estados
Unidos,
gente
que
se
había
enfrentado
a
mucha
pobreza
y
discriminación.
Estaban
convencidos
de
que
si
era
para
liberar
a
Puerto
Rico,
el
fin
justificaba
los
medios.
Pero
en
1980,
luego
de
haber
detonado
docenas
de
bombas
que
ocasionaron
5
muertes
accidentales,
la
organización
se
detuvo
casi
por
completo.
En
un
operativo
inesperado,
la
policía
arrestó
a
11
miembros
del
grupo
en
Chicago,
y
la
mamá
de
Ernesto
estaba
entre
los
arrestados.
Noticiero:
Fueron
encontradas
culpables
bajo
el
cargo
de
conspiración
sediciosa,
de
querer
derrocar
al
gobierno
de
los
Estados
Unidos
mediante
el
uso
de
la
fuerza.
Aquí
en
esta
prisión
federal
cumplen
entre
35
y
97
años
de
cárcel.
Luis
Trelles:
Ernesto
tenía
menos
de
dos
años
cuando
arrestaron
a
Dylcia.
Y
al
día
de
hoy
aún
no
está
100%
seguro
de
cómo
fue
que
llegó
a
México.
Pero
sabe
una
cosa:
los
miembros
de
la
FALN
que
quedaron
libres
lo
protegieron.
Ernesto
Gómez:
Y
que
me
tuvieron
escondiendo
por
varias
partes
de
Estados
Unidos,
hasta
que
a
finalmente
yo
termino
en
Chihuahua,
México.
Luis
Trelles:
En
Chihuahua,
Alma
y
Gabino
pertenecían
a
una
organización
política
que
tenía
contactos
con
la
FALN.
Gabino:
Ellos
hablaron
con
la
dirigencia
de
nuestra
organización
para
el
apoyo.
Y
es
la
forma
en
que
él
llega
con
nosotros.
Nosotros
éramos
un
matrimonio
recientemente
casados
que
todavía
no
teníamos
hijos.
Luis
Trelles:
Ernesto
había
nacido
con
otro
nombre
en
Nueva
York,
pero
Alma
y
Gabino
le
crearon
una
identidad
completamente
distinta
en
Chihuahua.
Dylcia
se
convirtió
en
una
prisionera
política,
condenada
por
conspiración
sediciosa
contra
los
Estados
Unidos.
En
1989
ya
llevaba
presa
8
años,
y
estaba
desesperada
por
volver
a
ver
al
bebé
que
había
dejado
en
manos
de
la
FALN.
Desde
que
aterrizó
en
San
Francisco,
Ernesto
estuvo
en
un
estado
constante
de
alerta.
Desde
chiquito
le
habían
dicho
que
Estados
Unidos
era
el
enemigo,
y
ahora
que
estaba
allí
se
imaginaba
lo
peor.
Ernesto
Gómez:
El
pavor
que
yo
tenía
era
que
me
fuera
a
secuestrar
el
gobierno
de
Estados
Unidos.
Y
fue
un
miedo
que
tuve
mucho
tiempo,
a
que
me
fuera
a
agarrar
el
gobierno
de
los
Estados
Unidos
y
no
me
dejara
regresar
a
México.
Luis
Trelles:
Para
poder
entrar
a
la
prisión,
Ernesto
se
hizo
pasar
por
un
sobrino
político
de
Dylcia.
Tuvo
que
ir
sin
Alma
y
Gabino,
porque
ellos
no
aparecían
en
la
lista
de
visitantes.
Unos
amigos
de
Dylcia
que
estaban
en
la
lista
lo
acompañaron.
Ernesto
se
acuerda
que
cuando
entró
al
área
de
visita,
lo
que
encontró
fue
un
cuarto
frío
y
grande.
Ernesto
Gómez:
Y
ahí
es
que
llaman
al
prisionero
por
un
altoparlante.
88971-024,
ese
era
el
número
de
Dylcia.
Luis
Trelles:
Unos
minutos
después,
Dylcia
entró
al
área
de
visita…
y
recuerda
perfectamente
el
momento
en
que
volvió
a
ver
a
su
hijo.
Esta
es
Dylcia:
Dylcia:
Cuándo
entré
vi
a
esa
cara,
dije:
wow,
ese
es
mi
bebé.
él
me
miro,
nos
miramos,
yo
lo
cogí
por
las
manos…
era
como
cuando
el
bebé
nace.
Ernesto
Gómez:
Me
abrazó
y
me
apretó
y
me
abrazaba
y
era
este
llanto
que
te
sale
como
del
fondo
del
alma,
no.
Y
me
sobo,
y
me
revisó
las
orejas.
Me
levantó
la
camisa
y
me
revisó
la
espalda
y
me
revisó
la
panza.
Y
me
recuerdo
que
no
se
sentía
mal
que
me
estuviera
revisando.
O
sea,
era
como
un
cariño
que
sentía
genuino
de
una
madre
a
su
hijo.
Y
con
la
ilusión
de
que
era
bonito
conocerla,
no,
y
de
estar
juntos.
Luis
Trelles:
Tan
pronto
vió
a
Dylcia
toda
la
tensión
que
tenía
se
fue.
El
parecido
entre
los
dos
era
obvio.
Tenían
los
mismos
ojos
grandes,
el
mismo
tono
de
piel.
Ernesto
Gómez:
O
sea,
el
recuerdo
que
tengo
y
lo
que
me
puedo
acordar
es
sentirme
bien
conmigo
mismo.
Es
como
un
regocijo,
fue
como
sentir
un
tipo
de
conexión,
y
más
para
físicamente,
no,
ver
que
me
parezco
a
alguien.
Luis
Trelles:
La
visita
acabó
poco
después
y
Ernesto
se
despidió
con
una
promesa:
que
la
volvería
a
ver
pronto.
Al
verano
siguiente
Ernesto
volvió
a
viajar.
Esta
vez
iba
a
Cuba,
con
toda
su
familia,
porque
allí
estaba
Mone,
su
papá
biológico.
Mone
era
un
refugiado
político,
era
un
invitado
del
gobierno
de
Fidel
Castro.
Ernesto
Gómez:
Yo
lo
vi,
corrí,
lo
abracé,
emocionado,
osea
yo
estaba
contento
de
verlo.
Luis
Trelles:
Cuando
Ernesto
lo
volvió
a
ver
en
Cuba,
Mone
todavía
llevaba
las
cicatrices
de
una
bomba
que
le
explotó
una
década
antes.
Ernesto
Gómez:
Yo
me
acuerdo
de
estar
abrazado
con
él
así
como,
acurrucado
y
me
dijo
«yo
soy
Mone».
Y
le
dije
«sí
sé,
que
eres
Mone».
Y
me
acuerdo,
fue
un
momento
de
sentirme
muy
seguro
y
especial.
William:
Fue
después
de
casi
10
años
que
no
lo
veía.
Me
conoció
oficialmente
como
su
papá.
Luis
Trelles:
El
nombre
real
de
Mone
es
William
Morales.
Durante
los
años
70
fue
el
diseñador
de
bombas
de
la
FALN…
hasta
1978,
cuando
ocurrió
un
accidente
mientras
armaba
un
explosivo
en
un
apartamento
de
Nueva
York.
William:
Explotó
un
artefacto,
y…
perdí
parte
de
las
manos,
me
desfiguré
parte
de
la
cara,
y
fui
capturado,
y
fui
encarcelado.
Luis
Trelles:
En
1980,
unas
semanas
después
de
su
juicio,
algo
inesperado
sucedió.
Los
guardias
del
hospital
carcelario
donde
William
estaba
internado
hicieron
un
conteo
de
los
prisioneros,
y
cuando
llegaron
a
la
cama
de
William.
Ernesto
Gómez:
Y
levantan
las
sábanas
y
ven
que
debajo
de
las
sábanas
lo
que
hay
son
unas
almohadas.
Y
que
hay
una
ventana
abierta
y
hay
vendajes
colgando
de
la
ventana
¿no?
Luis
Trelles:
William
se
escapó,
y
aunque
no
quiso
hablar
conmigo
sobre
los
detalles
de
su
fuga,
su
hijo
ha
escuchado
las
historias
y
me
dijo
que
William
logró
escaparse
por
un
séptimo
piso.
Se
había
escapado
sin
manos,
usando
una
soga
hecha
de
vendajes.
Ernesto
Gómez:
Y
desaparece
de
la
faz
de
la
tierra.
Se
convierte
automáticamente
en
el
hombre
más
buscado
por
el
FBI.
William
estuvo
escondido
por
mucho
tiempo.
Lo
ayudaba
una
red
extensa
de
organizaciones
de
izquierda
a
ambos
lados
de
la
frontera
entre
Estados
Unidos
y
México.
Así
fue
cómo
acabó
en
la
casa
de
Alma
y
Gabino,
donde
también
estaba
su
hijo.
Luego
de
pasar
un
tiempo
en
Chihuahua,
William
siguió
su
paso
por
México
con
un
grupo
de
Zapatistas.
Eventualmente
pasó
tiempo
en
una
cárcel
mexicana
y
luego
de
eso,
Cuba
le
ofreció
asilo
político.
Y
así
fue
como
llegó
a
la
isla.
Es
una
vida
de
película.
Una
vida
que
lo
había
llevado
lejos
del
hijo
que
él
conocía
por
otro
nombre.
William:
Él
está
registrado
como
Guillermo
Sebastián
Morales,
¿no?
En
su
acto
de
nacimiento
norteamericano
y
todo
eso.
Eso
no
se
le
puede
quitar.
Luis
Trelles:
Por
eso
hubo
un
poco
de
confusión
cuando
Ernesto
se
quedó
con
William
en
La
Habana.
Ernesto
Gómez:
la
primer
mañana
que
me
levantó
me
dijo
Guillermo,
¡Guillermo!
Y
yo,
ay…
Me
acuerdo
que
me
estuvo
llamando
y
que
fue
y
me
dijo
Guillermo,
y
dijo
Ernesto,
y
ahí
reaccioné.
¡Ah
porque
no
me
haces
caso
si
eres
Guillermo!
Luis
Trelles:
Por
primera
vez
Ernesto
se
daba
cuenta
de
que
tenía
dos
nombres
totalmente
distintos.
Y
que
cada
nombre
tenía
su
propio
pasado
y
su
propia
historia.
Y
él,
en
este
momento,
no
quería
ser
Guillermo.
Ernesto
Gómez:
En
teoría
en
los
papeles
ahí,
pero
yo
nunca
fui
Guillermo.
Y…
pero
ese
fue
como
mi
primer
choque
de
la
cuestión
de
identidad,
¿no?
Luis
Trelles:
Ernesto
volvió
a
Chihuahua
exhausto.
El
tiempo
que
pasó
en
Cuba
lo
dejó
agotado
física
y
emocionalmente.
En
menos
de
un
año
había
conocido
a
sus
papás
biológicos,
dos
personas
desconocidas
para
él
que
lo
obligaron
a
cuestionarse
todo
lo
que
sabía
de
mismo.
Ernesto
estaba
por
cumplir
12
años,
y
a
partir
de
ese
momento
su
vida
se
dividió.
Los
cuatro
adultos
que
decidían
su
futuro
se
pusieron
de
acuerdo:
Ernesto
iba
a
pasar
el
año
escolar
en
Chihuahua,
como
siempre,
y
luego
iría
a
San
Francisco
a
visitar
a
Dylcia
durante
las
Navidades,
y
los
veranos
viajaría
a
Cuba
para
ver
a
William.
Fue
una
rutina
anual
que
Ernesto
repitió
hasta
cumplir
15
años
y
durante
todo
ese
tiempo
intentó
de
acercarse
más
a
Dylcia.
Porque
la
verdad
era
que,
para
Ernesto,
querer
a
Dylcia
se
sentía
como
una
obligación.
Ernesto
Gómez:
Emocionalmente
no
sentía
esa
conexión
de
que
era
mi
mamá.
Pero
sentía
que
lo
correcto
es
que
era
mi
verdadera
madre,
no.
Luis
Trelles:
¿Por
qué
querías
quererla
como
una
madre?
Ernesto
Gómez:
Ay
pinche
Luis,
porque
pues
no
sé.
Pues
porque
era
mi
mamá
y
era
esta
heroe
que
se
había
sacrificado
por
una
causa
de
la
independencia
de
Puerto
Rico,
no.
Y
yo
tenía
que
aprender
a
aceptar
eso
y
como
a
sentirlo,
no.
Luis
Trelles:
Y
Alma
y
Gabino
también
querían
que
su
hijo
lo
sintiera.
En
un
momento
dado,
le
dijeron
que
sería
bueno
que
se
fuera
a
vivir
un
rato
a
San
Francisco
para
que
pudiera
pasar
más
tiempo
con
Dylcia.
Alma:
Yo
le
dije
«yo
prefiero
que
ahorita
me
estés
reclamando,
que
te
presioné
un
poco
para
ir
a
ver
a
tu
mamá,
a
que
nos
reclamaras
que
no
te
permitimos
conocerla
y
estar
con
ella»
Luis
Trelles:
Y
luego
de
estar
tres
años
viajando
a
San
Francisco
constantemente,
Ernesto
empezó
a
jugar
con
la
idea
de
quedarse
por
allá.
Ernesto
Gómez:
Había
una
cuestión
de
también
ir
a
Estados
Unidos
a
vivir
en
el
primer
mundo.
De
salirme
de
Chihuahua.
Era
un
poco
el
sueño
americano
que
ves
en
las
películas
de
estar
en
high
school
y
juegas
football
americano
y
las
cheerleaders
son
tus
novias
y
ah,
y
las
fiestas,
esa
fantasía
de
adolescente
de
ser
el
cool
de
la
escuela
y
todo.
Luis
Trelles:
Entonces,
cuando
tenía
15
años,
Ernesto
se
fue
a
vivir
a
San
Francisco
con
una
amiga
de
Dylcia,
pero
esta
no
fue
una
simple
mudanza.
Ernesto
estaba
a
punto
de
cambiar
su
identidad
por
completo.
Recordemos
que
nació
en
Nueva
York,
con
el
nombre
de
Guillermo
Morales.
Ahora,
estando
en
San
Francisco,
los
adultos
en
su
vida
le
sugerían
que
retomara
esa
identidad.
Ernesto
Gómez:
Y
se
me
sacó
mi
pasaporte
como
Guillermo
y
se
me
inscribió
en
la
escuela,
en
high
school
como
Guillermo
Morales.
Entonces
deje
de
ser
Ernesto
para
convertirme
en
Guillermo.
Luis
Trelles:
Su
fecha
de
nacimiento,
su
nacionalidad,
hasta
su
nombre,
todo
cambió
a
la
misma
vez.
Pero
todos
estos
cambios
solo
ocurrieron
en
San
Francisco.
Alma:
Y
él
siempre
para
nosotros
en
México
siguió
siendo
Ernesto.
Luis
Trelles:
Entonces
en
plena
adolescencia,
cuando
casi
todo
el
mundo
está
tratando
de
definirse,
Ernesto
comenzó
a
tener
dos
identidades.
En
San
Francisco,
la
amiga
con
la
que
estaba
viviendo
le
hablaba
de
sus
raíces
puertorriqueñas.
Ernesto
Gómez:
Y
me
hizo
mucho
énfasis
de
que
yo
realmente
no
era
mexicano,
y
que
yo
era
puertorriqueño
y
que
tenía
que
aprender
de
Puerto
Rico
para
aprender
a
amarlo
y
sentirlo.
Luis
Trelles:
Y
en
la
escuela
también
sintió
la
necesidad
de
presentarse
con
su
nueva
identidad.
Ernesto
Gómez:
Me
sentí
súper
desconectado,
ahí
no
hice
realmente
amistades.
Era
Guillermo,
era
el
puertorriqueño.
Me
acuerdo
que
una
vez
una
maestra
me
pidió
que
hablara
de
mi
tierra
de
Puerto
Rico.
¿Que
iba
hablar
yo
de
Puerto
Rico?
Si
yo
nunca
he
estado
en
Puerto
Rico,
¿no?
Luis
Trelles:
Pero
Ernesto
volvía
a
Chihuahua
una
vez
al
año,
y
ahí
volvía
a
ser
el
mismo
de
siempre.
Los
choques
entre
sus
dos
identidades
eran
inevitables,
sin
embargo.
Un
ejemplo:
Una
vez
fue
a
visitar
a
su
tía
mexicana,
y
en
vez
de
hablar
de
Alma
y
de
Gabino
como
sus
papás,
como
siempre,
Ernesto
se
refirió
a
ellos
por
sus
nombres.
Ernesto
Gómez
:
Y
que
mi
tía
dijo:
no,
no,
no
pérate
cabrón.
¿Cómo
que
Alma
y
Gabino?
Son
tus
papás.
Y
siempre
van
a
ser
tus
papás.
Luis
Trelles:
Pero
en
San
Francisco,
Ernesto
sentía
que
no
podía
hablar
así
frente
a
Dylcia.
Ernesto
Gómez:
Con
Dylcia
no
me
podía
referir
a
mis
papás
como
mis
papás.
Se
le
veía
la
cara
de
ella
que
se
le
trancaba
la
venita
que
se
le
brotaba
aquí
de
coraje,
¿no?
Que
hablara
de
mis
papás,
tenía
que
hablar
de
Alma
y
de
Gabino.
Luis
Trelles:
Cuando
hablé
con
Dylcia
sobre
esto,
le
pregunté
si
alguna
vez
le
había
prohibido
a
Ernesto
referirse
a
Alma
y
Gabino
como
sus
padres….
Y
ella
me
dijo
que
no,
que
nunca.
Pero…
De
la
manera
que
sea,
para
Ernesto,
esto
era
un
conflicto
de
lealtades
gigantesco.
Y
en
este
momento,
él
había
elegido
ser
Guillermo,
el
hijo
de
una
prisionera
política
muy
importante.
Noticias:
Con
gritos
de
libertad
y
el
pueblo
unido
jamás
será
vencido,
manifestantes
marcharon
por
las
calles
de
Washington
exigiendo
libertad
para
15
presos
políticos
puertorriqueños.
Luis
Trelles:
En
el
clip,
Ernesto
tiene
19
años
y
llevaba
un
año
viviendo
en
Puerto
Rico.
Ernesto
Gómez:
Entendemos
que
son
presos
políticos
y
que
ya…
18
años.
18
años
es
más
que
suficiente.
Luis
Trelles:
Se
había
mudado
a
la
isla
para
formar
parte
de
la
campaña
que
buscaba
sacar
a
Dylcia
y
al
resto
de
sus
compañeros
de
la
cárcel
federal.
Ernesto
Gómez:
Fue
un
rol
que
hice
por
mucho
tiempo,
no.
Y
fue
cómo
que
me
convertí
en
el
hijo
insignia
de
los
presos
políticos.
Presentadora:
He
is
Guillermo
Morales.
And
Guillermo
Morales
is
the
son
of
Dylcia
Pagán….
Luis
Trelles:
Hasta
salió
un
documental
sobre
su
vida
en
la
televisión
pública
de
Estados
Unidos.
Ernesto
Gómez:
Mi
mamá
entró
al
clandestinaje
cuando
yo
tenía
7
meses
de
edad
y
tuve
que
esperar
10
años
para
poder
visitar
a
mi
madre.
Luis
Trelles:
Su
historia
era
conmovedora
y
efectiva.
La
gente
lloraba
cuando
lo
escuchaba
hablar
y,
aún
más
importante,
algunos
donaban
dinero
para
la
campaña
de
excarcelación.
Ernesto
comenzó
una
serie
de
giras
mediáticas
que
lo
llevaron
por
Estados
Unidos
y
el
Caribe.
Y
se
empezaba
a
involucrar
cada
vez
más
en
la
campaña
para
darle
libertad
a
su
mamá.
Pero,
en
privado,
las
cosas
no
andaban
bien
entre
él
y
Dylcia.
De
hecho,
a
duras
penas
se
hablaban.
A
Ernesto
no
le
gustaba
la
manera
en
que
su
mamá
se
metía
en
su
vida,
y
aún
más
importante:
cuestionaba
las
decisiones
que
ella
había
tomado
cuando
él
era
solo
un
bebé…
Ernesto
Gómez:
Vas
madurando,
¿no?
Y
bueno
pero
tu
decidiste
meterte
en
esto
pus
porque
es
lo
que
quisiste
hacer,
no
pensaste
en
mí…
Luis
Trelles:
Lo
que
sentía
era
resentimiento.
Contra
Dylcia
y
contra
el
movimiento.
Lo
habían
involucrado
para
que
contara
su
relato
de
hijo
abandonado,
pero
nadie
quería
saber
de
su
infancia
feliz
en
Chihuahua.
Ernesto
se
dio
cuenta
de
lo
que
estaba
sintiendo
en
el
lugar
menos
esperado:
lo
habían
invitado
a
hablar
en
la
Casa
Blanca
y
llegó
acompañado
de
otros
cuatro
hijos
de
presos
políticos
puertorriqueños…
Ernesto
Gómez:
Y
que,
lo
que
ellos
pasaron
al
perder
a
sus
padres,
a
ser
víctimas
de
bullying
en
la
escuela.
A
que
los
escupieran,
a
que
los
apedrearan,
a
tenerlos
que
cambiar
de
barrio
porque
los
acosaban,
Ahí
yo
no
hablé.
Me
acuerdo
que
me
tocó
el
turno
a
a
hablar
y
yo
dije
que
yo
no
quería
hablar.
Luis
Trelles:
Por
primera
vez
veía
claramente
las
consecuencias
de
todo
lo
que
había
hecho
la
generación
de
los
miembros
de
la
FALN,
sobre
todo
con
la
generación
que
vino
después.
Ernesto
Gómez:
Para
fue
un
momento
de
decir,
“esto
no
es
tan
bonito,
‘ah
la
revolución’,
no”.
Hay
unas
víctimas
y
las
víctimas
más
afectadas
son
los
hijos
de
todos
ellos.
Y
ahí
yo
creo
que
empecé
a
cambiar
un
poco.
Luis
Trelles:
A
partir
de
ese
momento,
Ernesto
se
distanció
del
movimiento.
Empezó
a
viajar
más
frecuentemente
a
Chihuahua
para
estar
cerca
de
su
familia
Mexicana.
Ernesto
Gómez:
En
mis
momentos
oscuros,
ahí
siempre
es
la
luz,
es
el
nido.
Y
en
esos
momentos
más
difíciles,
siempre
sentía
una
magia.
Y
estar
ahí
en
esa
casita,
que
es
una
casita
chiquita
la
de
mis
papas,
siempre
como
que
de
ahí
sale,
no?
es
la
base
de
quién
soy.
Luis
Trelles:
Mientras
tanto,
la
campaña
para
sacar
a
los
presos
políticos
de
la
cárcel
llegó
a
un
punto
climático.
Era
1999,
Ernesto
tenía
20
años,
y
la
administración
del
Presidente
Clinton
estaba
en
su
último
año.
En
Puerto
Rico,
los
dirigentes
del
movimiento
pensaban
que
había
llegado
el
momento
decisivo
para
lograr
un
indulto
presidencial…
Y
lo
lograron.
Presidente
Clinton:
They
have
served
very
long
sentences
for
offenses
that
did
not
involve
bodily
harm
to
other
people.
Manifestación:
Dylcia,
Dylcia,
Dylcia.
Luis
Trelles:
11
de
los
13
presos
políticos
decidieron
aceptar
las
condiciones
que
les
ponía
el
Departamento
de
Justicia
Federal
para
recobrar
su
libertad,
y
Dylcia
fue
uno
de
ellos.
A
pesar
de
que
no
se
estaban
hablando
en
ese
momento,
Dylcia
pidió
que
Ernesto
estuviera
allí
cuando
saliera
de
la
prisión…
y
aunque
él
tenía
dudas,
decidió
que
era
mejor
estar
allí
con
Dylcia.
Ernesto
Gómez:
Fue
una
montaña
rusa,
no?
Entrar
a
la
cárcel
que
pues
por
10
años
la
estuve
visitando.
Y
una
saqué
cuentas
de
las
horas
de
visita
que
hice,
yo
hice,
yo
creo
que
hice
como
23
días
de
cárcel.
Luis
Trelles:
Ernesto
no
sabía
qué
esperar
cuando
finalmente
viera
a
Dylcia
salir.
Y
cuando
ella
finalmente
salió
junto
con
las
otras
prisioneras…
Ernesto
Gómez:
las
otras
presas
gritaban:
free
at
last!
Y
aplaudían,
wuuuh,
free
at
last!
free
at
last!
free
at
last!
fue
bien
fuerte,
bien
fuerte.
Luis
Trelles:
Ernesto
se
reencontró
con
su
mamá,
y
ahí
mismo
se
enteró
de
que
ella
quería
que
él
regresara
a
Puerto
Rico
con
ella.
Cientos
de
personas
los
recibieron
en
la
isla.
Dylcia
quiso
que
Ernesto
se
quedara
con
ella
unos
meses,
para
disfrutar
de
su
nueva
libertad
junto
a
su
hijo,
pero
Ernesto
quería
regresar
a
México
lo
antes
posible.
Ernesto
Gómez:
Y
ahí
empezamos
otra
vez
los
choques,
¿no?
Con
quien
yo
soy
y
con
quien
ella
quiere
que
sea
¿no?
Dylcia:
Yo
creo
que
él
también
pensaba
que
yo
iba
como
dedicarme
la
vida
a
él
completamente.
Y
no
pude.
La
misma
vez
porque
yo
ya
necesitaba
conocer
la
gente,
ir
a
nuevos
lugares,
ver
a
Puerto
Rico.
Luis
Trelles:
Ernesto
tenía
20
años
y
buscaba
una
identidad.
Su
madre,
en
cambio,
era
una
prisionera
política
que
súbitamente
se
había
vuelto
una
figura
pública.
Los
choques
entre
ambos
eran
inevitables.
La
situación
entre
ambos
explotó
un
día
en
que
Dylcia
quiso
llevarlo
a
conocer
a
unos
familiares.
Ernesto
Gómez:
y
yo
le
dije,
“no,
es
que
yo
no
quiero
ir
para
allá”.
“Ah,
pero
como
que
no
si
son
tu
familia?”
Y
ahí
le
dije:
“no
no
son
mi
familia”.
“Ah
yo
soy
tu
mamá,
y
yo
te
digo
lo
tienes
que
hacer”.
Y
me
acuerdo
que
fui
y
le
dije:
“no,
es
que
tu
no
eres
mi
mamá”.
Y
me
acuerdo
que
me
dijo:
“fuck
you,
you
mother
fucker,
you
son
of
a
bitch”.
y
me
acuerdo
que
yo
temblando,
temblando,
temblando
por
primera
vez…me
acuerdo
que
la
miré
temblando,
y
le
dije:
“fuc…fuuc..FUCK
YOU,
FUCK
YOU
DYLCIA,
FUCK
YOU!”
Y
me
salí
pal
carajo
de
la
casa
rosada.
Luis
Trelles:
Le
pregunté
a
Dylcia
varias
veces
sobre
este
incidente
varias
veces,
y
la
verdad
es
que
nunca
me
dijo
nada
muy
preciso
sobre
lo
que
ocurrió.
Para
Ernesto,
sin
embargo,
ese
fue
el
último
encontronazo
con
Dylcia
como
su
mamá.
Cuando
cumplió
24
años,
Ernesto
finalmente
eligió
el
nombre
que
él
sentía
que
lo
representaba.
Ernesto
Gómez:
Ernesto
Gómez
en
todos
lados,
no
solamente
en
Chihuahua,
sino
ser
Ernesto
Gómez
en
todos
lados,
y
empecé
a
investigar
como
una
cuestión
de
cómo
cambiarme
el
nombre
legalmente.
Luis
Trelles:
Pero
extrañamente
no
volvió
a
México.
Ernesto
terminó
enamorándose
y
casándose
con
una
mujer
puertorriqueña,
una
independentista
que
tiene
raíces
muy
profundas
en
Puerto
Rico.
Cuando
Ernesto
me
contó
su
historia
a
principios
de
2015,
su
segunda
hija
acababa
de
nacer
en
Puerto
Rico
y
Alma
y
Gabino
habían
a
la
isla
para
conocer
a
su
nueva
nieta.
Con
el
tiempo,
Ernesto
también
se
reconcilió
con
William
y
con
Dylcia,
y
ahora
ellos
también
forman
parte
de
su
vida.
Es
decir
que
su
familia
es
diversa
y
complicada…
o
sea,
un
reflejo
más
de
lo
que
ha
significado
ser
Ernesto.
—-
Daniel
Alarcón:
Luis
Trelles
es
productor
de
Radio
Ambulante.
Vive
en
San
Juan,
Puerto
Rico.
Esta
historia
fue
editada
en
equipo,
entre
Camila
Segura,
Martina
Castro,
Silvia
Viñas,
y
yo,
Daniel
Alarcón.
Queremos
agradecer
a
Gary
Weimberg
y
Luna
Productions
por
darnos
permiso
para
usar
clips
del
documental
“The
Double
Life
of
Ernesto
Gomez
Gomez”.
Un
agradecimiento
especial
Roberto
“Tito”
Otero.
Luis
Trelles
utilizó
los
estudios
de
la
Universidad
del
Sagrado
Corazón,
en
Santurce,
Puerto
Rico.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
es
Claire
Mullen,
Diana
Buendía,
David
Pastor,
Constanza
Gallardo,
Claudia
Giribaldi,
Dennis
Maxwell,
Clara
González
Sueyro,
Vanessa
Baerga,
y
Alejandra
Quintero
Nonsoque.
Carolina
Guerrero
es
nuestra
directora
ejecutiva.
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Soy
Daniel
Alarcón.
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Daniel Alarcón: Soy Daniel Alarcón, productor ejecutivo de Radio Ambulante. Antes de comenzar quiero agradecer a dos fundaciones cuyo apoyo ha sido esencial: la Fundación de Sara y Evan Williams y la fundación Panta Rhea. Gracias además a nuestro patrocinador, MailChimp. Más de 7 millones de personas y negocios a nivel mundial usan MailChimp para enviar sus correos electrónicos y anuncios publicitarios. Radio Ambulante, por cierto, es uno de ellos. Para saber más, visita mailchimp.com. Y Squarespace. Empieza a armar tu página web hoy en Squarespace.com. Es una plataforma intuitiva, y facil de utilizar. Puedes ser como yo, un perfecto inútil en todo lo tecnologico e igual te sale bien. Diseños modernos, que se ven igual de bien en pantallas móviles o en tu compu. Usa el código ambulante cuando vayas a pagar para recibir un descuento de 10%. Squarespace — Tu nueva página web te espera. —- Daniel Alarcón: Bueno, comencemos aquí ¿Qué hay en un nombre? Es una pregunta que seguro han escuchado varias veces y de pronto, a ti te nombraron en honor a tu abuelo, o a tu abuela. En el caso de Ernesto Gómez… Ernesto Gomez: Y bueno, me ponen Ernesto pues por el Ché, no, y como símbolo de solidaridad entre los pueblos latinoamericanos, ¿no? Daniel Alarcón: Y este detalle dice mucho del ambiente en el que Ernesto creció. Alma: Para nosotros, Ernesto Che Guevara es… Gabino: El símbolo más importante… Alma: Un símbolo muy importante. Entonces decidimos ponerlo Ernesto porque ese niño era el reflejo de ese internacionalismo proletario. Daniel Alarcón: Estos son Alma y Gabino, los papás de Ernesto. Son una pareja de activistas mexicanos, y el nombre que le dieron a su hijo tiene una historia mucho más complicada, con un pasado radical que Ernesto pasaría el resto de su vida tratando de entender. Bienvenidos a Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. Hoy “La importancia de llamarse Ernesto”… Desde San Juan, Puerto Rico, nuestro productor Luis Trelles nos cuenta. — Luis Trelles: Ernesto tuvo la típica infancia feliz de un niño mexicano de la década de los 80. Creció en la ciudad Chihuahua, al norte del país. Jugaba béisbol, se escapaba de la escuela con sus hermanos… Normal. Hasta que un día, cuando Ernesto tenía 10 años, sus papás lo llevaron al consultorio de un psiquiatra que era amigo de la familia. Ernesto Gómez: Como lo recuerdo era un como un segundo piso, una oficina oscura. Nos sentamos los tres en un sillón largo. Luis Trelles: Y el psiquiatra le empezó a hacer preguntas a Ernesto, preguntas hasta aburridas. Ernesto Gómez: ¿Cómo está todo? ¿Cómo va la escuela? ¿Cómo va el béisbol? Luis Trelles: Ernesto no sabía por qué estaba allí. Hasta que el psiquiatra miró a sus padres y les dijo. Ernesto Gómez: Y bueno, pues a lo que venimos… hay que decirle a Ernesto por qué está aquí, ¿no? Luis Trelles: Entonces Alma y Gabino le dijeron la verdad. Alma: Que había hijos de vientre, hijos de corazón. Ernesto Gómez: Pero que se querían igual. Y que pues yo era un hijo de corazón, ¿no?. Alma: Que él tenía otro papá y otra mamá. Luis Trelles: Y eso explicaba algunas cosas. Su color de piel, por ejemplo, era un poco más oscuro que el de sus hermanos. Ernesto Gómez: Y me acuerdo que los dos me abrazaron y me besaron. Mi mamá siempre ha sido muy cariñosa, no, pero mi papá fue siempre un tipo muy seco, ¿no? no sabe dar abrazos, y como tosco, ¿no? Y tengo ese recuerdo que es uno de los recuerdos más bonitos de afecto así de los dos, no, estar en medio de mis papás y los dos abrazándome y dándome besos ¿no? Luis Trelles: Pero, una vez que salieron de la consulta, Ernesto trató de borrar todo esto de su cabeza. Quería volver a su vida, sin que nada cambiara. Ernesto Gómez: Me daba un pavor enorme pensar que mis hermanos me fueran a rechazar, no, que en algún juego o una pelea de niños me sacaran eso en cara, no. «Ah no, tú cállate, tú eres adoptado, pinche negro». Nunca lo exterioricé. Nunca lo comenté con mis padres, ¿no?. Y y ni a mis hermanos nunca. Esto es algo que yo creo que nunca le he dicho a nadie. Era ese miedo a ser rechazado por mi familia. Luis Trelles: Pero Alma y Gabino tenían que decirle toda la verdad por razones que serán más claras un poco más adelante. Entonces un día decidieron montarlo en el carro de la familia y salir de paseo. Querían hablar con Ernesto a solas. Ernesto Gómez: El recuerdo que tengo de ese momento es como en cámara lenta. Es cómo ir en el, digamos en el carro, mis papás iban en frente, yo iba sentado atrás en el medio. Y de manera sincronizada, ¿no?, mis papás voltean al mismo tiempo a verme. Y ahí yo supe, ¿no?, «híjole, aquí viene algo», ¿no?. Alma: Y le dijimos «bueno, este, no nos has preguntado nada.» Ernesto Gómez: ¿No quieres saber nada? ¿No quieres saber quienes son tus papás? Y me acuerdo, o sea, mi sentimiento es: no, no quiero saber ni me importa, no. Luis Trelles: Pero Ernesto no dijo que no, se quedó callado y Alma y Gabino le hablaron de un hombre que había vivido con la familia unos años atrás. Ernesto se acordaba de este hombre y lo recordaba como “Mone”. Ernesto Gómez: Mira yo de niño hubo un momento que vivió este muchacho que se llamaba Mone que no tenía manos, que eso lo tengo muy clarito que tenía…y que tenía el rostro medio desfigurado. Y que jugaba conmigo a los bomberos en el patio. Luis Trelles: Cuando Ernesto cumplió cuatro años, este hombre sin manos y con la cara llena de cicatrices desapareció de su vida. Y ahora Alma y Gabino le estaban diciendo que Mone era su papá. Ernesto Gómez: Y me acuerdo que los dos se quedaron muy serios y que me dijeron: bueno Ernesto, este, esto no lo puede saber nadie, Mone era un guerrillero que luchaba por la independencia de Puerto Rico, y lo estaban buscando los gringos para meterlo en la cárcel. Y estuvo viviendo con nosotros un tiempo escondido. Y ya se fue. Luis Trelles: Ernesto había escuchado de Puerto Rico antes, pero si le hubieran puesto un mapa en frente, no hubiera podido encontrarlo. Ernesto Gómez: Yo lo que sabía de Puerto Rico yo creo que era muy poco, que era una colonia de los Estados Unidos y que había un movimiento por liberarlo, no. Quizá me lo imaginaba así, que era esta isla infeliz de gente sometida bajo el yugo de los militares norteamericanos, ¿no? Luis Trelles: Era una visión romántica de la isla. En esa época, Puerto Rico ya llevaba más de 9 décadas siendo un territorio de los Estados Unidos. Y durante todo ese tiempo, distintos grupos habían tratado de liberar a la isla a través de la lucha armada. El padre biológico de Ernesto había sido parte de uno de estos grupos. Y su mamá biológica también. Alma y Gabino le mostraron unas fotos de ella en una prisión, y le dijeron. Ernesto Gómez: Ella es Dylcia, es tu mamá. Está luchando por la independencia de su país y la agarraron, la metieron a la cárcel, y por eso estás tú con nosotros. Luis Trelles: Dylcia Pagán cumplía una condena de 55 años en una cárcel de San Francisco, en Estados Unidos. Ernesto solo tenía 10 años y no entendía nada… Ernesto Gómez: Me acuerdo sentirme como desubicado. Como estar en un limbo y decir «wow, entonces qué va a pasar conmigo, no, ahora». Y después de eso, inmediatamente después, me dicen, “¿y te gustaría conocerlos?”. Luis Trelles: Esa era la pregunta. Y aunque estaba confundido, Ernesto sí tenía algo muy claro ¿Conocerlos? Ernesto Gómez: ¿Para qué? Pues tenía a mis papás, tenía una vida super feliz, para qué conocerlos, ¿no? Pero bueno sabía que no era algo que podía decir que no. Luis Trelles: No hay manera de contarle a un hijo estas cosas sin que sea… complicado… pero Alma y Gabino no tenían otra opción. La madre biológica de Ernesto estaba pidiendo verlo. Y ellos tenían que decirle toda la verdad antes de llevarlo a conocerla. Entonces, en diciembre de 1989, cuando Ernesto estaba a punto de cumplir 11 años, viajó junto a toda su familia a San Francisco para conocer a Dylcia. Y para entender por qué Dylcia estaba en una prisión federal, hay que entender que, en los años 70, ella formó parte de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, mejor conocida como la FALN. Noticiero: Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, FALN, es la organización clandestina a la que pertenecen las independentistas acusadas de robo de autos, de la fabricación de explosivos. Luis Trelles: La FALN era una organización clandestina que se dedicaba a poner bombas en edificios públicos de Chicago y Nueva York. Lo hacían para exigir la independencia de Puerto Rico. El grupo comenzó en 1973, y sus miembros eran hijos de emigrantes puertorriqueños en Estados Unidos, gente que se había enfrentado a mucha pobreza y discriminación. Estaban convencidos de que si era para liberar a Puerto Rico, el fin justificaba los medios. Pero en 1980, luego de haber detonado docenas de bombas que ocasionaron 5 muertes accidentales, la organización se detuvo casi por completo. En un operativo inesperado, la policía arrestó a 11 miembros del grupo en Chicago, y la mamá de Ernesto estaba entre los arrestados. Noticiero: Fueron encontradas culpables bajo el cargo de conspiración sediciosa, de querer derrocar al gobierno de los Estados Unidos mediante el uso de la fuerza. Aquí en esta prisión federal cumplen entre 35 y 97 años de cárcel. Luis Trelles: Ernesto tenía menos de dos años cuando arrestaron a Dylcia. Y al día de hoy aún no está 100% seguro de cómo fue que llegó a México. Pero sí sabe una cosa: los miembros de la FALN que quedaron libres lo protegieron. Ernesto Gómez: Y sé que me tuvieron escondiendo por varias partes de Estados Unidos, hasta que a finalmente yo termino en Chihuahua, México. Luis Trelles: En Chihuahua, Alma y Gabino pertenecían a una organización política que tenía contactos con la FALN. Gabino: Ellos hablaron con la dirigencia de nuestra organización para el apoyo. Y es la forma en que él llega con nosotros. Nosotros éramos un matrimonio recientemente casados que todavía no teníamos hijos. Luis Trelles: Ernesto había nacido con otro nombre en Nueva York, pero Alma y Gabino le crearon una identidad completamente distinta en Chihuahua. Dylcia se convirtió en una prisionera política, condenada por conspiración sediciosa contra los Estados Unidos. En 1989 ya llevaba presa 8 años, y estaba desesperada por volver a ver al bebé que había dejado en manos de la FALN. Desde que aterrizó en San Francisco, Ernesto estuvo en un estado constante de alerta. Desde chiquito le habían dicho que Estados Unidos era el enemigo, y ahora que estaba allí se imaginaba lo peor. Ernesto Gómez: El pavor que yo tenía era que me fuera a secuestrar el gobierno de Estados Unidos. Y fue un miedo que tuve mucho tiempo, a que me fuera a agarrar el gobierno de los Estados Unidos y no me dejara regresar a México. Luis Trelles: Para poder entrar a la prisión, Ernesto se hizo pasar por un sobrino político de Dylcia. Tuvo que ir sin Alma y Gabino, porque ellos no aparecían en la lista de visitantes. Unos amigos de Dylcia que sí estaban en la lista lo acompañaron. Ernesto se acuerda que cuando entró al área de visita, lo que encontró fue un cuarto frío y grande. Ernesto Gómez: Y ahí es que llaman al prisionero por un altoparlante. 88971-024, ese era el número de Dylcia. Luis Trelles: Unos minutos después, Dylcia entró al área de visita… y recuerda perfectamente el momento en que volvió a ver a su hijo. Esta es Dylcia: Dylcia: Cuándo entré vi a esa cara, dije: wow, ese es mi bebé. él me miro, nos miramos, yo lo cogí por las manos… era como cuando el bebé nace. Ernesto Gómez: Me abrazó y me apretó y me abrazaba y era este llanto que te sale como del fondo del alma, no. Y me sobo, y me revisó las orejas. Me levantó la camisa y me revisó la espalda y me revisó la panza. Y me recuerdo que no se sentía mal que me estuviera revisando. O sea, era como un cariño que sentía genuino de una madre a su hijo. Y con la ilusión de que era bonito conocerla, no, y de estar juntos. Luis Trelles: Tan pronto vió a Dylcia toda la tensión que tenía se fue. El parecido entre los dos era obvio. Tenían los mismos ojos grandes, el mismo tono de piel. Ernesto Gómez: O sea, el recuerdo que tengo y lo que me puedo acordar es sentirme bien conmigo mismo. Es como un regocijo, fue como sentir un tipo de conexión, y más para mí físicamente, no, ver que me parezco a alguien. Luis Trelles: La visita acabó poco después y Ernesto se despidió con una promesa: que la volvería a ver pronto. Al verano siguiente Ernesto volvió a viajar. Esta vez iba a Cuba, con toda su familia, porque allí estaba Mone, su papá biológico. Mone era un refugiado político, era un invitado del gobierno de Fidel Castro. Ernesto Gómez: Yo lo vi, corrí, lo abracé, emocionado, osea yo estaba contento de verlo. Luis Trelles: Cuando Ernesto lo volvió a ver en Cuba, Mone todavía llevaba las cicatrices de una bomba que le explotó una década antes. Ernesto Gómez: Yo me acuerdo de estar abrazado con él así como, acurrucado y me dijo «yo soy Mone». Y le dije «sí sé, sí sé que eres Mone». Y me acuerdo, fue un momento de sentirme muy seguro y especial. William: Fue después de casi 10 años que no lo veía. Me conoció oficialmente como su papá. Luis Trelles: El nombre real de Mone es William Morales. Durante los años 70 fue el diseñador de bombas de la FALN… hasta 1978, cuando ocurrió un accidente mientras armaba un explosivo en un apartamento de Nueva York. William: Explotó un artefacto, y… perdí parte de las manos, me desfiguré parte de la cara, y fui capturado, y fui encarcelado. Luis Trelles: En 1980, unas semanas después de su juicio, algo inesperado sucedió. Los guardias del hospital carcelario donde William estaba internado hicieron un conteo de los prisioneros, y cuando llegaron a la cama de William. Ernesto Gómez: Y levantan las sábanas y ven que debajo de las sábanas lo que hay son unas almohadas. Y que hay una ventana abierta y hay vendajes colgando de la ventana ¿no? Luis Trelles: William se escapó, y aunque no quiso hablar conmigo sobre los detalles de su fuga, su hijo sí ha escuchado las historias y me dijo que William logró escaparse por un séptimo piso. Se había escapado sin manos, usando una soga hecha de vendajes. Ernesto Gómez: Y desaparece de la faz de la tierra. Se convierte automáticamente en el hombre más buscado por el FBI. William estuvo escondido por mucho tiempo. Lo ayudaba una red extensa de organizaciones de izquierda a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México. Así fue cómo acabó en la casa de Alma y Gabino, donde también estaba su hijo. Luego de pasar un tiempo en Chihuahua, William siguió su paso por México con un grupo de Zapatistas. Eventualmente pasó tiempo en una cárcel mexicana y luego de eso, Cuba le ofreció asilo político. Y así fue como llegó a la isla. Es una vida de película. Una vida que lo había llevado lejos del hijo que él conocía por otro nombre. William: Él está registrado como Guillermo Sebastián Morales, ¿no? En su acto de nacimiento norteamericano y todo eso. Eso no se le puede quitar. Luis Trelles: Por eso hubo un poco de confusión cuando Ernesto se quedó con William en La Habana. Ernesto Gómez: la primer mañana que me levantó me dijo Guillermo, ¡Guillermo! Y yo, ay… Me acuerdo que me estuvo llamando y que fue y me dijo Guillermo, y dijo Ernesto, y ahí reaccioné. ¡Ah porque no me haces caso si tú eres Guillermo! Luis Trelles: Por primera vez Ernesto se daba cuenta de que tenía dos nombres totalmente distintos. Y que cada nombre tenía su propio pasado y su propia historia. Y él, en este momento, no quería ser Guillermo. Ernesto Gómez: En teoría en los papeles ahí, pero yo nunca fui Guillermo. Y… pero ese fue como mi primer choque de la cuestión de identidad, ¿no? Luis Trelles: Ernesto volvió a Chihuahua exhausto. El tiempo que pasó en Cuba lo dejó agotado física y emocionalmente. En menos de un año había conocido a sus papás biológicos, dos personas desconocidas para él que lo obligaron a cuestionarse todo lo que sabía de sí mismo. Ernesto estaba por cumplir 12 años, y a partir de ese momento su vida se dividió. Los cuatro adultos que decidían su futuro se pusieron de acuerdo: Ernesto iba a pasar el año escolar en Chihuahua, como siempre, y luego iría a San Francisco a visitar a Dylcia durante las Navidades, y los veranos viajaría a Cuba para ver a William. Fue una rutina anual que Ernesto repitió hasta cumplir 15 años y durante todo ese tiempo intentó de acercarse más a Dylcia. Porque la verdad era que, para Ernesto, querer a Dylcia se sentía como una obligación. Ernesto Gómez: Emocionalmente no sentía esa conexión de que era mi mamá. Pero sentía que lo correcto es que era mi verdadera madre, no. Luis Trelles: ¿Por qué querías quererla como una madre? Ernesto Gómez: Ay pinche Luis, porque pues no sé. Pues porque era mi mamá y era esta heroe que se había sacrificado por una causa de la independencia de Puerto Rico, no. Y yo tenía que aprender a aceptar eso y como a sentirlo, no. Luis Trelles: Y Alma y Gabino también querían que su hijo lo sintiera. En un momento dado, le dijeron que sería bueno que se fuera a vivir un rato a San Francisco para que pudiera pasar más tiempo con Dylcia. Alma: Yo le dije «yo prefiero que ahorita me estés reclamando, que te presioné un poco para ir a ver a tu mamá, a que nos reclamaras que no te permitimos conocerla y estar con ella» Luis Trelles: Y luego de estar tres años viajando a San Francisco constantemente, Ernesto empezó a jugar con la idea de quedarse por allá. Ernesto Gómez: Había una cuestión de también ir a Estados Unidos a vivir en el primer mundo. De salirme de Chihuahua. Era un poco el sueño americano que ves en las películas de estar en high school y juegas football americano y las cheerleaders son tus novias y ah, y las fiestas, esa fantasía de adolescente de ser el cool de la escuela y todo. Luis Trelles: Entonces, cuando tenía 15 años, Ernesto se fue a vivir a San Francisco con una amiga de Dylcia, pero esta no fue una simple mudanza. Ernesto estaba a punto de cambiar su identidad por completo. Recordemos que nació en Nueva York, con el nombre de Guillermo Morales. Ahora, estando en San Francisco, los adultos en su vida le sugerían que retomara esa identidad. Ernesto Gómez: Y se me sacó mi pasaporte como Guillermo y se me inscribió en la escuela, en high school como Guillermo Morales. Entonces deje de ser Ernesto para convertirme en Guillermo. Luis Trelles: Su fecha de nacimiento, su nacionalidad, hasta su nombre, todo cambió a la misma vez. Pero todos estos cambios solo ocurrieron en San Francisco. Alma: Y él siempre para nosotros en México siguió siendo Ernesto. Luis Trelles: Entonces en plena adolescencia, cuando casi todo el mundo está tratando de definirse, Ernesto comenzó a tener dos identidades. En San Francisco, la amiga con la que estaba viviendo le hablaba de sus raíces puertorriqueñas. Ernesto Gómez: Y me hizo mucho énfasis de que yo realmente no era mexicano, y que yo era puertorriqueño y que tenía que aprender de Puerto Rico para aprender a amarlo y sentirlo. Luis Trelles: Y en la escuela también sintió la necesidad de presentarse con su nueva identidad. Ernesto Gómez: Me sentí súper desconectado, ahí no hice realmente amistades. Era Guillermo, era el puertorriqueño. Me acuerdo que una vez una maestra me pidió que hablara de mi tierra de Puerto Rico. ¿Que iba hablar yo de Puerto Rico? Si yo nunca he estado en Puerto Rico, ¿no? Luis Trelles: Pero Ernesto volvía a Chihuahua una vez al año, y ahí volvía a ser el mismo de siempre. Los choques entre sus dos identidades eran inevitables, sin embargo. Un ejemplo: Una vez fue a visitar a su tía mexicana, y en vez de hablar de Alma y de Gabino como sus papás, como siempre, Ernesto se refirió a ellos por sus nombres. Ernesto Gómez : Y que mi tía dijo: no, no, no pérate cabrón. ¿Cómo que Alma y Gabino? Son tus papás. Y siempre van a ser tus papás. Luis Trelles: Pero en San Francisco, Ernesto sentía que no podía hablar así frente a Dylcia. Ernesto Gómez: Con Dylcia no me podía referir a mis papás como mis papás. Se le veía la cara de ella que se le trancaba la venita que se le brotaba aquí de coraje, ¿no? Que hablara de mis papás, tenía que hablar de Alma y de Gabino. Luis Trelles: Cuando hablé con Dylcia sobre esto, le pregunté si alguna vez le había prohibido a Ernesto referirse a Alma y Gabino como sus padres…. Y ella me dijo que no, que nunca. Pero… De la manera que sea, para Ernesto, esto sí era un conflicto de lealtades gigantesco. Y en este momento, él había elegido ser Guillermo, el hijo de una prisionera política muy importante. Noticias: Con gritos de libertad y el pueblo unido jamás será vencido, manifestantes marcharon por las calles de Washington exigiendo libertad para 15 presos políticos puertorriqueños. Luis Trelles: En el clip, Ernesto tiene 19 años y llevaba un año viviendo en Puerto Rico. Ernesto Gómez: Entendemos que son presos políticos y que ya… 18 años. 18 años es más que suficiente. Luis Trelles: Se había mudado a la isla para formar parte de la campaña que buscaba sacar a Dylcia y al resto de sus compañeros de la cárcel federal. Ernesto Gómez: Fue un rol que hice por mucho tiempo, no. Y fue cómo que me convertí en el hijo insignia de los presos políticos. Presentadora: He is Guillermo Morales. And Guillermo Morales is the son of Dylcia Pagán…. Luis Trelles: Hasta salió un documental sobre su vida en la televisión pública de Estados Unidos. Ernesto Gómez: Mi mamá entró al clandestinaje cuando yo tenía 7 meses de edad y tuve que esperar 10 años para poder visitar a mi madre. Luis Trelles: Su historia era conmovedora y efectiva. La gente lloraba cuando lo escuchaba hablar y, aún más importante, algunos donaban dinero para la campaña de excarcelación. Ernesto comenzó una serie de giras mediáticas que lo llevaron por Estados Unidos y el Caribe. Y se empezaba a involucrar cada vez más en la campaña para darle libertad a su mamá. Pero, en privado, las cosas no andaban bien entre él y Dylcia. De hecho, a duras penas se hablaban. A Ernesto no le gustaba la manera en que su mamá se metía en su vida, y aún más importante: cuestionaba las decisiones que ella había tomado cuando él era solo un bebé… Ernesto Gómez: Vas madurando, ¿no? Y bueno pero tu decidiste meterte en esto pus porque es lo que tú quisiste hacer, no pensaste en mí… Luis Trelles: Lo que sentía era resentimiento. Contra Dylcia y contra el movimiento. Lo habían involucrado para que contara su relato de hijo abandonado, pero nadie quería saber de su infancia feliz en Chihuahua. Ernesto se dio cuenta de lo que estaba sintiendo en el lugar menos esperado: lo habían invitado a hablar en la Casa Blanca y llegó acompañado de otros cuatro hijos de presos políticos puertorriqueños… Ernesto Gómez: Y que, lo que ellos pasaron al perder a sus padres, a ser víctimas de bullying en la escuela. A que los escupieran, a que los apedrearan, a tenerlos que cambiar de barrio porque los acosaban, Ahí yo no hablé. Me acuerdo que me tocó el turno a mí a hablar y yo dije que yo no quería hablar. Luis Trelles: Por primera vez veía claramente las consecuencias de todo lo que había hecho la generación de los miembros de la FALN, sobre todo con la generación que vino después. Ernesto Gómez: Para mí fue un momento de decir, “esto no es tan bonito, ‘ah la revolución’, no”. Hay unas víctimas y las víctimas más afectadas son los hijos de todos ellos. Y ahí yo creo que empecé a cambiar un poco. Luis Trelles: A partir de ese momento, Ernesto se distanció del movimiento. Empezó a viajar más frecuentemente a Chihuahua para estar cerca de su familia Mexicana. Ernesto Gómez: En mis momentos oscuros, ahí siempre es la luz, es el nido. Y en esos momentos más difíciles, siempre sentía una magia. Y estar ahí en esa casita, que es una casita chiquita la de mis papas, siempre como que de ahí sale, no? es la base de quién soy. Luis Trelles: Mientras tanto, la campaña para sacar a los presos políticos de la cárcel llegó a un punto climático. Era 1999, Ernesto tenía 20 años, y la administración del Presidente Clinton estaba en su último año. En Puerto Rico, los dirigentes del movimiento pensaban que había llegado el momento decisivo para lograr un indulto presidencial… Y lo lograron. Presidente Clinton: They have served very long sentences for offenses that did not involve bodily harm to other people. Manifestación: Dylcia, Dylcia, Dylcia. Luis Trelles: 11 de los 13 presos políticos decidieron aceptar las condiciones que les ponía el Departamento de Justicia Federal para recobrar su libertad, y Dylcia fue uno de ellos. A pesar de que no se estaban hablando en ese momento, Dylcia pidió que Ernesto estuviera allí cuando saliera de la prisión… y aunque él tenía dudas, decidió que era mejor estar allí con Dylcia. Ernesto Gómez: Fue una montaña rusa, no? Entrar a la cárcel que pues por 10 años la estuve visitando. Y una saqué cuentas de las horas de visita que hice, yo hice, yo creo que hice como 23 días de cárcel. Luis Trelles: Ernesto no sabía qué esperar cuando finalmente viera a Dylcia salir. Y cuando ella finalmente salió junto con las otras prisioneras… Ernesto Gómez: las otras presas gritaban: free at last! Y aplaudían, wuuuh, free at last! free at last! free at last! fue bien fuerte, bien fuerte. Luis Trelles: Ernesto se reencontró con su mamá, y ahí mismo se enteró de que ella quería que él regresara a Puerto Rico con ella. Cientos de personas los recibieron en la isla. Dylcia quiso que Ernesto se quedara con ella unos meses, para disfrutar de su nueva libertad junto a su hijo, pero Ernesto quería regresar a México lo antes posible. Ernesto Gómez: Y ahí empezamos otra vez los choques, ¿no? Con quien yo soy y con quien ella quiere que sea ¿no? Dylcia: Yo creo que él también pensaba que yo iba como dedicarme la vida a él completamente. Y no pude. La misma vez porque yo ya necesitaba conocer la gente, ir a nuevos lugares, ver a Puerto Rico. Luis Trelles: Ernesto tenía 20 años y buscaba una identidad. Su madre, en cambio, era una prisionera política que súbitamente se había vuelto una figura pública. Los choques entre ambos eran inevitables. La situación entre ambos explotó un día en que Dylcia quiso llevarlo a conocer a unos familiares. Ernesto Gómez: y yo le dije, “no, es que yo no quiero ir para allá”. “Ah, pero como que no si son tu familia?” Y ahí le dije: “no no son mi familia”. “Ah yo soy tu mamá, y yo te digo lo tienes que hacer”. Y me acuerdo que fui y le dije: “no, es que tu no eres mi mamá”. Y me acuerdo que me dijo: “fuck you, you mother fucker, you son of a bitch”. y me acuerdo que yo temblando, temblando, temblando por primera vez…me acuerdo que la miré temblando, y le dije: “fuc…fuuc..FUCK YOU, FUCK YOU DYLCIA, FUCK YOU!” … Y me salí pal carajo de la casa rosada. Luis Trelles: Le pregunté a Dylcia varias veces sobre este incidente varias veces, y la verdad es que nunca me dijo nada muy preciso sobre lo que ocurrió. Para Ernesto, sin embargo, ese fue el último encontronazo con Dylcia como su mamá. Cuando cumplió 24 años, Ernesto finalmente eligió el nombre que él sentía que lo representaba. Ernesto Gómez: Ernesto Gómez en todos lados, no solamente en Chihuahua, sino ser Ernesto Gómez en todos lados, y empecé a investigar como una cuestión de cómo cambiarme el nombre legalmente. Luis Trelles: Pero extrañamente no volvió a México. Ernesto terminó enamorándose y casándose con una mujer puertorriqueña, una independentista que tiene raíces muy profundas en Puerto Rico. Cuando Ernesto me contó su historia a principios de 2015, su segunda hija acababa de nacer en Puerto Rico y Alma y Gabino habían a la isla para conocer a su nueva nieta. Con el tiempo, Ernesto también se reconcilió con William y con Dylcia, y ahora ellos también forman parte de su vida. Es decir que su familia es diversa y complicada… o sea, un reflejo más de lo que ha significado ser Ernesto. —- Daniel Alarcón: Luis Trelles es productor de Radio Ambulante. Vive en San Juan, Puerto Rico. Esta historia fue editada en equipo, entre Camila Segura, Martina Castro, Silvia Viñas, y yo, Daniel Alarcón. Queremos agradecer a Gary Weimberg y Luna Productions por darnos permiso para usar clips del documental “The Double Life of Ernesto Gomez Gomez”. Un agradecimiento especial Roberto “Tito” Otero. Luis Trelles utilizó los estudios de la Universidad del Sagrado Corazón, en Santurce, Puerto Rico. El resto del equipo de Radio Ambulante es Claire Mullen, Diana Buendía, David Pastor, Constanza Gallardo, Claudia Giribaldi, Dennis Maxwell, Clara González Sueyro, Vanessa Baerga, y Alejandra Quintero Nonsoque. Carolina Guerrero es nuestra directora ejecutiva. Gracias nuevamente a nuestro patrocinador, Squarespace. La mejor plataforma para armar una perfecta página web. Puedes comenzar hoy, sin tarjeta de crédito, usando el código. Ambulante. Visítelos en squarespace.com. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Para escuchar más, visita nuestra página web, radioambulante.org. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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