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Radio Ambulante - La ruta larga

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Entre el 2014 y el 2016, más de 100 mil cubanos entraron a Estados Unidos, no por mar, sino a pie. En la primera parte de esta serie sobre la nueva era en la emigración cubana, contamos la historia de tres cubanos que hicieron una travesía clandestinamente desde Quito, Ecuador, hasta El Paso, Texas. Ellos fueron parte del flujo migratorio de cubanos que quiso entrar a Estados Unidos cuando la política de pies secos/pies mojados se veía amenazada.

Hola,
soy
Kelly
McEvers,
y
Embedded
está
de
vuelta.
El
presidente
Donald
Trump
no
tiene
experiencia
en
funciones
públicas,
pero
tiene
experiencia
en
negocios
y
la
televisión.
En
nuestras
nuevas
historias
te
presentamos
a
la
gente
que
estaba
ahí
mientras
Trump
construía
un
imperio
y
una
reputación.
Encuéntranos
en
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de
NPR
One
o
donde
escuches
tus
podcasts.
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si
estás
en
Nueva
York
acompáñanos
el
jueves
26
de
octubre
en
una
noche
de
historias
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por
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y
por
ayudarnos
a
pasar
la
voz.
Bienvenidos
a
Radio
Ambulante,
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.
Allá
adelante
hay
una
lancha
de
balseros.
¿Una
balsa?
¡Sí,
de
balseros!
Los
que
se
escuchan
son
2
cubanos
en
una
lancha.
Viven
en
Florida
y
probablemente
son
ciudadanos
estadounidenses.
Este
audio
se
sacó
de
un
video
en
YouTube,
y
lo
que
se
ve,
desde
la
lancha,
es
un
punto
negro
que
se
bandea
de
lado
a
lado
entre
las
olas.
Míralos
tratando
de
llegar,
compadre,
en
una
balsa.
Son
1,
2,
3,
4,
5…
¡son
6!
6
cubanos
que
reman
sobre
una
llanta
que
está
a
punto
de
reventarse.
Los
de
la
lancha
apagan
el
motor
y
se
acercan
a
ellos.
¡Dale
recto,
men!
¡Dale
recto!
¡Dale
recto,
que
se
la
ganan!
¡Dale
recto!Los
están
guiando
para
ayudarlos
a
llegar
a
los
cayos
de
la
Florida,
unos
islotes
muy
pequeños
que
quedan
a
solo
90
millas
de
Cuba.
Y
aunque
quisieran
ayudarlos,
no
pueden
por
razones
legales
que
más
adelante
entenderemos.
Qué
suerte:
unos
cubanos
y
no
poderlos
ayudar,
men…
Qué
lástima
me
da
eso…
Cuando
pensamos
en
los
cubanos
llegando
a
los
Estados
Unidos
generalmente
se
nos
ocurren
imágenes
como
estas.
Pero
lo
que
muchos
no
saben
es
que
miles
de
cubanos
no
toman
esta
ruta
por
el
mar,
sino
otra,
que
es
bastante
más
larga.
Se
trata
de
una
nueva
generación
de
migrantes
cubanos
que
prefiere
ir
por
tierra,
haciendo
un
recorrido
igual
de
peligroso.
Entonces
esta
semana,
y
la
que
viene,
tenemos
dos
historias
que
intentan
entender
este
nuevo
fenómeno.
Porque
detrás
de
este
cambio,
está
la
geopolítica,
el
legado
de
la
Guerra
Fría
y,
en
medio
de
todo,
cientos
de
miles
de
cubanos
comunes
y
corrientes
que
están
dispuestos
a
arriesgar
todo
para
llegar
a
Estados
Unidos.
Nuestro
productor
es
Rolando
Arrieta.
Aquí
Rolando.
Yoannelis
tiene
37
años.
Por
mucho
tiempo
trabajó
vendiendo
arroz
y
verduras
en
un
mercado.
Vivía
en
Las
Tunas,
un
pueblo
al
oriente
de
la
isla.
Ganaba
más
o
menos
un
dólar
al
día
y
con
eso
tenía
que
mantener
a
su
mamá,
a
su
papá
y
a
una
hija.
Y
eso,
obviamente,
no
era
suficiente.
Mi
país
es
maravilloso.
Lo
que
realmente…
Yo
quería
darle
un,
o
sea,
darle
más
cosas
a
mi
familia,
y
realmente
en
Cuba
la
economía
no
me
lo
permitía.
Ese
es
el
único
problema
que
yo
veía
en
Cuba.
Así
que
en
agosto
del
2014,
Yoannelis
decidió
irse
de
la
isla
a
buscar
una
vida
mejor.
Empezó
su
recorrido
por
un
país
que
queda
al
otro
lado
del
continente:
Ecuador.
Ecuador
empezó
a
convertirse
en
un
país
atractivo
para
la
migración
cubana
desde
que
el
gobierno
de
Rafael
Correa
adoptó,
en
el
2008,
una
política
de
fronteras
abiertas
con
casi
todos
los
países
del
mundo
y
eliminó
el
requerimiento
de
visas.
Yoannelis
vendió
sus
cosas
y
pudo
reunir
suficiente
dinero
para
comprar
un
boleto
de
avión
y
salir
de
su
país.
Y,
claro,
Yoannelis
no
ha
sido
la
única…
Se
estima
que
más
de
20
mil
ciudadanos
de
la
isla
han
ingresado
al
Ecuador
en
los
últimos
5
años.
Miles
de
ciudadanos
cubanos
que
llegaron
al
país
no
regresaron
a
Cuba
y
actualmente
viven
de
forma
ilegal
en
el
Ecuador.
Y
eso
fue
lo
que
pasó
a
ella.
A
los
3
meses
se
le
venció
el
plazo
para
estar
de
turista,
pero
se
quedó…
indocumentada.
Me
pasé
año
y
medio
ilegal
y
entonces
te
cogía
migración
y
no
tenías
tus
documentos
legales
y
te
mandaban
para
Cuba.
Habían
cubanos,
miles,
que
se
escondían
de
la
migra,
terrible.
Pero
Ecuador
fue
bastante
duro.
Se
rebuscaba
como
podía
con
tal
de
enviarle
dinero
a
su
familia
en
la
isla,
y
siempre
con
la
idea
de
llegar
a
Estados
Unidos.
No
iba
a
ser
fácil.
Tenía
que
cruzar
8
fronteras
ilegalmente,
era
una
travesía
que
le
costaría
más
o
menos
$10
mil,
pero
para
Yoannelis
valió
la
pena
intentarlo.
En
esa
misma
época,
Yoandra,
su
amiga
de
la
infancia,
también
salió
de
Cuba
hacia
Ecuador.
Pero
su
situación
era
distinta.
Ella
se
fue
detrás
de
su
esposo.
Unos
meses
atrás,
él
había
entrado
a
Ecuador
como
turista,
pero
como
era
ingeniero
industrial,
tenía
más
posibilidades
de
quedarse
y
trabajar
legalmente.
El
esposo
de
Yoandra
le
compró
el
boleto
de
avión
a
Quito.
Y
en
abril
del
2015,
ella
salió
de
Cuba
con
Arián,
su
hijo
de
4
años.
Pues
nada.
Cuando
llegué
estaba
esperándonos
él
en
el
aeropuerto.
Con
su
detalle,
un
ramo
de
flores,
todo…
Todo
muy
bonito,
muy
romántico.
Ya
instalada
en
Quito,
Yoandra
también
quiso
traer
a
su
hermano
Raikel.
Y
lo
pudo
hacer.
Porque
el
marido
de
ella
me
ayudó
a
salir.
Raikel
hizo
los
trámites
necesarios,
y
en
julio
de
ese
mismo
año,
también
salió
para
Ecuador,
dejando
a
sus
3
hijos
atrás.
Ya
en
Ecuador,
Yoannelis,
Raikel,
y
Yoandra
se
dedicaban
a
ganarse
la
vida
como
fuera.
Yoannelis
vendía
dulces
en
una
cafetería.
Raikel
vendía
pasteles
Cubanos
en
las
calles
de
Quito.
Yoandra
cuidaba
niños.
Pero
sus
vidas,
que
ya
eran
bastante
precarias,
estaban
a
punto
de
volverse
aún
más
complicadas.
La
principal
puerta
de
salida
hacia
Centroamérica,
Ecuador,
anunció
que
impone
visas
de
entrada…
A
partir
del
primero
de
diciembre
necesitan
una
visa
para
poder
viajar
a
Ecuador.
Es
una
medida
que
pretende
reducir
el
ingreso
de
miles
de
cubanos
en
el
inicio
de
una
larga
odisea
hasta
tierra…
Según
el
gobierno
ecuatoriano,
esta
nueva
restricción
se
impuso,
en
parte,
para
impedir
el
tráfico
ilegal
de
migrantes.
Raikel,
Yoannelis
y
Yoandra,
tanto
como
miles
de
cubanos
en
el
país,
temían
que
los
deportaran
de
nuevo
a
Cuba,
donde
tendrían
que
empezar
de
cero.
Especialmente
aquellos
que
vendieron
todo,
incluso
sus
casas.
Yoandra
y
su
hijo
ya
llevaban
más
de
un
año
en
Ecuador.
Ella
quería
sacar
el
permiso
de
residencia,
así
que
se
fue
para
la
oficina
de
inmigración
a
hacer
los
trámites.
El
mismo
día
que
estaba
yo
en
migración…
recogió
y
se
fue.
Se
refiere
a
su
esposo.
Es
decir,
ese
día
la
abandonó.
Se
fue
con
otra
mujer
que
había
conocido
meses
antes.
Yoandra
entonces
se
quedó
con
un
hijo
de
4
años
en
un
país
que
no
era
el
suyo.
Por
lo
menos
estaba
acompañada
de
su
hermano
Raikel
y
su
amiga
Yoannelis.
Pero
ninguno
de
los
tres
tenía
trabajo
fijo.
Un
día
de
enero
del
2016,
Raikel
le
dijo
a
su
hermana:
Yo
le
dije:
“Mañana.
Recoge
los
cheles,
que
nos
vamos”.
“No,
estás
loco.
estás
loco”.
“Te
estoy
diciendo
que
recojas
los
cheles”…
Los
cheles,
o
sea,
las
maletas.
La
salida
fue
una
cosa
de
momento.
Ni
Yoandra
sabía.
Porque
yo
soy
así…
Yo
soy
un
loco.Así
nomás.
De
relámpago.
“Te
estoy
diciendo
que
recojas
los
cheles,
que
nos
vamos,
mami,
aquí
no
nos
podemos
quedar”.
Raikel
y
Yoandra
vendieron
todo
lo
que
tenían
en
Quito,
y
le
pidieron
dinero
prestado
a
su
madre,
que
había
emigrado
a
Madrid
unos
años
antes.
Juntaron
cerca
de
5
mil
dólares
entre
los
2.
Yoandra
no
podía
imaginarse
el
camino
que
venía.
Pero
tenía
que
explicárselo
de
alguna
manera
a
su
hijo
Arián.
Pues
mi
idea
para
Arián
fue
decirle
que
íbamos
a
cambiar
de
lugar,
que
íbamos
a
dar
como
un
paseo,
una
excursión.
Eso
fue
lo
único
que
se
me
ocurrió.
Para
que
él,
pues…
Es
que
los
niños
no
tienen
conciencia
del
peligro,
ni…
Y
no
quería
que…
que
esto
le
afectara
tanto.
A
los
tres
días
de
haber
hecho
la
decisión,
se
fueron
de
Ecuador
con
un
grupo
de
cubanos.
El
plan:
caminar,
coger
buses,
lanchas,
avionetas
y
lo
que
fuera
necesario
para
llegar
primero
a
Colombia,
luego
a
Panamá,
seguir
a
Costa
Rica,
Nicaragua,
Honduras,
Guatemala
y
de
ahí
a
México
para
cruzar
la
frontera
y
finalmente
llegar
a
los
Estados
Unidos.
Pero
sin
documentos,
pues…
nada
es
tan
simple.
Ya
desde
Ecuador,
cuando
sales
ya
de
Ecuador…
Ya…
Ya
eres
un
indocumentado.
eres
un
indocumentado,
porque…
porque
si
a
ti
te
pasa
algo:
“Ah
bueno,
tu
saliste
de
Cuba,
papi,
si
te
moriste,
bueno,
no…
no
hay
problema,
no
hay
un…”.
Por
ejemplo,
una
cosa
que
te
van
a
decir:
“¿Y
dónde
está
el
cubano
que
se
me
fue
de
aquí?
A
qué
me
importa
si
se
murió
o
que
se
murió”.
¿Me
entiendes?
Y
ya
desde
que
sales,
tienes
la
vida
en
un
hilo.
En
abril
del
2016,
unos
meses
después
de
que
los
hermanos
y
el
niño
comenzarán
su
viaje,
ya
Yoannelis
había
reunido
suficiente
dinero
para
irse
de
Ecuador.
Calculaba
que
lo
que
tenía
sería
suficiente
para
contratar
a
los
coyotes
que
la
llevarían
desde
Colombia
hasta
Panamá.
De
ahí
no
sabía
exactamente
qué
iba
a
hacer,
pero
de
todos
modos
se
juntó
con
otro
grupo
de
cubanos
que
iban
saliendo.
Pero
apenas
cruzó
la
frontera
con
Colombia
la
detuvieron
dos
hombres
uniformados
y
armados.
A
nosotros
nos
lo
dijeron:
“Ustedes
no
son
ni
los
primeros
ni
los
últimos
cubanos
que
se
van
a
morir
aquí.
Si
no
cooperan,
ustedes
se
mueren.
¿Y
quién
los
va
a
buscar
a
ustedes
aquí?
O
dan
el
dinero
o
se
mueren
aquí.
Así
de
sencillo”.
No
le
quedó
otro
remedio
que
entregarles
todo
el
dinero
que
cargaban.
¿Y
qué
íbamos
a
hacer?
No,
yo…
Darle
el
dinero
o
que
te
dieran
un
tiro.
Si
uno
no
se
lo
daba,
me
mataban.
¿Qué
iba
a
hacer?
Mientras
tanto,
a
los
once
días
de
haber
salido
de
Quito,
Raikel,
Yoandra
y
su
niño
Arián,
llegaron
en
bus
al
pueblo
costeño
de
Turbo,
en
Colombia.
Las
autoridades
de
esa
región
les
dieron
un
salvoconducto
que
les
permitía
cruzar
la
frontera
con
Panamá.
Con
ese
documento
en
mano,
ahí
tomaron
una
lancha
en
la
que
cruzaron
el
Golfo
de
Urabá,
para
llegar
al
pueblo
de
Puerto
Obaldía
ya
en
Panamá.
De
ahí
los
guardias
fronterizos
panameños
les
dieron
un
permiso
para
ingresar
al
país
con
tal
de
que
no
se
quedaran
y
siguieran
su
camino.
Puerto
Obaldía
es
un
pueblito
de
tránsito,
rodeado
por
una
de
las
selvas
más
imponentes
y
densas
de
América
Latina:
el
Tapón
del
Darién.
Pero
para
ellos
la
selva
no
era
un
problema
porque
tenían
otro
plan.
Nosotros
en
Obaldía
cogíamos
la
avioneta.
Ya
eso
ya
lo
sabíamos
de
antemano
porque,
sabes,
las
cosas
se
van
corriendo.
Y
sabíamos
que
había
una
avioneta
que
salía,
que
había
un
vuelo
regular,
que
había
un
vuelo
chárter.
Era
un
vuelo
directo
hasta
la
Ciudad
de
Panamá,
y
costaba
como
$200.
Pensaban
que
iba
a
ser
una
estadía
corta
en
Puerto
Obaldía.
Pero
ahí
se
encontraron
con
miles
de
migrantes
como
ellos.
Era
un
embotellamiento
de
cubanos
que
también
venían
de
Ecuador.
Y
todos
esperaban
la
misma
avioneta.
Se
suponía
que
había
un
vuelo
diario,
pero
una
vez
ahí
Raikel
y
Yoandra
se
enteraron
que
no.
Que
en
realidad,
la
avioneta
solo
salía
una
vez
al
mes.
Y
no
había
ninguna
garantía
que
pudieran
tomar
el
siguiente
vuelo.
Y
con
cada
vuelo
perdido,
la
desesperación
aumentaba.
Algunos
se
cansaban
de
esperar
y
se
iban
a
pie
por
la
selva.
Raikel
y
Yoandra
decidieron
esperar,
sobre
todo,
por
que
viajaban
con
Arián.
Pero
los
días
se
convirtieron
en
semanas.
Ya
llevábamos
un
mes
en
Obaldía.
Y
entonces
un
mes
más
allí
equivalía…
era
el
equivalente
de
que
gastes
el
dinero
que
traías.
Por
ejemplo,
un
plato
de
comida
costaba
$5,
una
pequeña
fortuna
para
estos
migrantes
que
tenían
un
presupuesto
ajustadísimo.
El
niño
chiquito
hay
que
darle
desayuno,
y
yo
no
tenía
corazón
para
ver
a
mi
hermana
y
al
niño
sin
comer.
Y
cada
vez
que
pensaban
que
podían
salir
en
el
próximo
avión…
No,
no
hay
más
vuelos.
Hay
que
esperar
un
mes.
Era
una
situación
imposible.
Cuando
tu
hijo
se
levanta
y…
y
te
dice,
“mamá,
tengo
hambre”…,
y
no
tienes
para
darle…
te
desesperas.
Llega
un
momento
en
que
no
sabes
qué
hacer,
no
sabes
para
dónde
ir,
qué
hacer,
qué
coger,
qué
hacer.
Es
difícil.
Con
cada
día
que
pasaba,
el
dinero
se
les
iba
acabando,
y
veían
que
solo
les
quedaba
una
opción:
Entonces
por
eso
tomamos
la
decisión
de
coger
por
la
selva.
En
el
mes
y
medio
que
llevaban
en
Puerto
Obaldía,
Raikel
se
había
hecho
amigo
de
uno
de
los
guardias
fronterizos
de
Panamá.
Y
cuando
Raikel
le
dijo
que
iban
a
meterse
por
la
selva,
el
guardia
le
dijo:
“Hermano,
cuando
yo
estoy
aquí
abajo,
en
Obaldía,
yo
estoy
bien.
Cuando
me
mandan
a
hacer
guardias
arriba
de
la
loma,
yo
quisiera
desaparecerme
de
la
faz
de
la
tierra».
La
selva
del
Darién
es
la
selva
más
hostil
que
tiene
el
planeta
tierra.
Ni
el
amazonas.
Pero
ya
no
podían
aguantar
más.
Por
eso,
cuando
el
guardia
amigo
de
Raikel
le
preguntó
si
sabía
lo
que
estaba
a
punto
de
hacer,
Raikel
le
contestó:
«Tengo
que
hacerlo,
hermano.
Yo
no
puedo
seguir
aquí,
no
puedo
perder
más
tiempo».
Y
él
me
dijo,
«traeme
una
mochila».
Y
me
llenó
la
mochila
de
comida:
de
lata
de
carne,
leche
para
el
niño…
Y
con
eso,
arrancaron.
Para
hacer
el
cruce
por
la
selva,
un
grupo
de
40
cubanos
se
unieron
y
le
pagaron
$30
por
cabeza
a
un
guía.
Y
rápidamente
se
dieron
cuenta
de
que
todo
lo
que
les
habían
contado
sobre
esta
selva,
era
cierto.
Unas
horas
después
de
empezar
el
viaje
se
enfrentaron
al
primer
obstáculo.
La
primera
loma
que
subimos
le
decían
la
“Loma
del
Ángel”,
según
los
guías
que
conocían
esa
zona,
porque
las
nubes
pasaban
por
la
mitad
de
la
loma.
La
loma
tenía
casi
2
mil
kilómetros…
eh,
2
kilómetros
de
altura.
Casi
2
mil
metros.
Según
su
cálculo,
les
tomó
más
de
3
horas
subir
la
loma
entre
la
humedad
y
el
calor
tropical.
Una
vez
llegaron
a
la
cima,
Raikel
grabó
un
video
con
su
celular,
y
ahí
se
puede
ver
a
Arián
sentado
en
las
piernas
de
Yoandra.
Todos
en
el
grupo
se
ven
sudados
y
exhaustos.
Ya
en
la
punta
de
la
loma.
Ahí,
saluda
a
la
cámara
papá,
ahí.
[Risa]
Ahí.
Déjame
ver
los
zapatos,
los
zapatos.
‘Pérate,
‘pérate,
‘pérate.
Ahí,
pues.
Los
zapatos
estaban
totalmente
llenos
de
barro.
Se
nota
que
fue
difícil
subir,
y
en
medio
de
las
caras
largas
de
los
adultos,
sale
Arián
sonriendo
de
oreja
a
oreja,
saludando
a
la
cámara.
Un
esfuerzo,
un
sacrificio
para
llegar
a
Estados
Unidos.
Y
miren
esto…
A
la
altura
que
estamos…
A
la
altura
que
estamos,
imagínate
que
estamos
por
arriba
de
las
nubes.
Y
esto
era
sólo
el
comienzo,
aún
faltaban
3
días
más
en
la
selva.
El
acceso
al
Tapón
del
Darién
es
tan
difícil
que
hasta
la
carretera
Panamericana,
que
va
desde
la
punta
sur
de
Argentina
hasta
Alaska,
solo
se
ve
interrumpida
por
este
tramo
de
unos
100
kilómetros
de
bosque
tropical.
Cada
día
era
una
lucha.
Serpientes
venenosas,
arañas,
tigrillos,
jaguares,
cocodrilos…
La
selva
estaba
llena
de
peligros
y
ellos
no
estaban
preparados
para
enfrentarlos,
porque
ni
algo
tan
sencillo
como
repelente
para
los
mosquitos
cargaban.
Avanzaban
a
machetazos,
barro,
matorrales,
caminos
estrechos
que
bordeaban
precipicios
y
ríos
vírgenes
de
aguas
bravas…
Pero
las
amenazas
no
solo
venían
de
los
animales
y
la
naturaleza.
Era
un
área
donde
había
personas
armadas
involucradas
en
el
narcotráfico
y
el
contrabando.
No
todos
los
guías
eran
confiables.
Y
había
otros
que
se
aprovechaban
de
los
migrantes.
Mientras
tanto,
Yoannelis
pudo
llegar
a
Puerto
Obaldía
en
Panamá,
y
de
ahí
también
optó
por
irse
por
la
selva.
Y
unos
días
después
de
haber
entrado,
su
grupo
se
topó
con
una
banda
de
ladrones.
Por
segunda
vez,
fue
asaltada,
y
esta
vez
perdió
todo.
Y
me
dejaron
sin
ropa,
me
quitaron
la
ropa.
A
me
lo
robaron
todo,
ahí
nos
dejaron
sin
nada.
Los
hombres
descalzos…
Aquello
fue
terrible.
Sin
reloj,
sin
nada,
sin
nada.
Yoandra
y
Raikel
no
podían
avanzar
tan
rápido
porque
iban
con
Arián.
Con
cada
tramo
de
selva
que
cruzaban,
se
quedaban
más
y
más
rezagados.
Hasta
que
finalmente
se
quedaron
atrás.
Fue
duro
vivir
eso,
muy
duro.
Para
Yoandra,
este
fue
uno
de
los
momentos
más
difíciles
del
viaje.
Nos
encontramos
ya…
Casi
a
4
días
de
camino,
nos
quedamos
sin
comida.
Estaban
perdidos.
Dieron
vueltas
por
la
selva,
y
en
una
de
esas
se
encontraron
con
un
hombre
de
la
India…
Este,
lo
encontramos
en
el
camino.
Él
se
había
separado
de
su
grupo.
Porque
tenía
un
pie
lastimado.
Ya
no
podía
caminar
con
la
misma
rapidez
que
caminaban
los
otros
y
entonces
se
quedó…
se
quedó
solo.
Y
entonces
se
reencontró
con
nosotros.Y
es
que
el
Darién
es
una
ruta
migratoria
internacional
muy
transitada.
En
la
selva
había
asiáticos,
africanos
de
varios
países,
europeos
del
este
y
muchos
haitianos.
Continuaron
el
camino
juntos,
y
el
indio
fue
muy
amable
al
compartir
con
ellos
un
poco
del
arroz
que
cargaba
en
su
bulto.
Nada,
él
se
refugió
ahí,
con
nosotros.
Acampó
con
nosotros
esa
noche.
Pero
ya
al
otro
día
ya
se
tuvo
que
quedar.
Comenzamos
la
caminata
de
nuevo
temprano,
temprano
ya
cuando
estaba
aclarando,
pero
ya
se
empezó
a
quedar
atrás
y
empezó
a
quedar
atrás.
Nosotros
nos
quedábamos
con
él,
pero
ya
hubo
un
momento
que
tuvimos
que
dejarlo.
Habían
encontrado
otro
grupo
que
iba
con
otro
guía.
Y
lo
habían
empezado
a
seguir,
pero
el
indio
que
andaba
con
ellos
no
podía
mantener
el
paso.
Y
yo
miré
pa’
todos
lados,
yo
ando
con
mi
hermana,
ando
con
un
niño,
y
¿qué
hago?
Yo
no
puedo
quedarme.
Y
no
tenía
fuerzas
para
cargarlo
tampoco.
No.
Querían
ayudarlo,
pero
no
pudieron…
Realmente
fue
muy
duro
tener
que
dejar
a
ese
hombre
detrás.
Es
muy
duro,
muy
duro.
A
me
partió
el
alma,
y
a
hasta
los
ojos
se
me
aguaron.
Le
dije:
“Yoa,
o
él
o
nosotros,
¿qué
hacemos?
Traemos
al
niño”.
Y
hubo
que
dejarlo
allí.
Hubo
que
dejarlo
allí.
Ya
no
podía
caminar.
Ya
llevaban
casi
5
días
caminando
cuando
les
tocó
escalar
una
montaña
más.
Le
dicen
“Adiós
Mi
Pueblo”,
y
Raikel
se
acuerda
que
era
aún
más
difícil
que
la
primera
loma.
Después
el
guía
nos
hizo
el
cuento
que
le
dicen
“Adiós
Mi
Pueblo”
por
la
cantidad
de
gente
que
se
había
matado
en
ese
paso.
Era
un
paso
casi
de
500
metros.
Era
un
farallón
de
piedras.
Un
farallón
de
piedras
donde
había
un
borde
que
no
tenía
más
de…
de
un
pie
y
medio
de…
de
ancho.
Él
se
acuerda
que
era
un
camino
estrecho
y
muy
empinado,
con
una
caída
de
500
metros
hacia
abajo.
Los
cubanos
del
grupo
tuvieron
que
hacer
una
cadena
humana,
y
pasaron
a
Arián
de
brazo
en
brazo.
Así
fue
como
lograron
que
cruzara.
Al
final
acabaron
todos
exhaustos,
y
Arián
más
que
todos.
El
niño
estaba
dando
señales
de
que
ya
no
podía
más.
Y
hubo
un
momento
que
ya
yo
no
podía,
pero
comencé
a
cantar,
aún
así
que
ya
yo
no
podía
ni
hablar…
Pero
por
él
comencé
a
cantar.
Canciones
infantiles.
Se
le
ocurrió
cantar
la
canción
de
los
pollitos:
“Los
pollitos
dicen
pío
pío
pío”…
Yo
le
cambié
la
letra
a
la
canción.
Como
yo
estaba
tan
agotada,
tan
cansada,
tan…
fatigada,
pues
ya…
se
me
ocurrió
decirle,
pal
carajo…
[Risas]
Los
pollitos
dicen
que
se
van
pal
carajo.
Y
este
gesto
tan
pequeño
le
dio
un
poco
de
ánimo
al
niño
para
seguir
caminando.
Y
cuando
íbamos
bajando
la..
la
loma,
que
estaba
todo
enlodado,
él
lo
que
hacía
es
que
se
reía
y,
«mamá!
estoy
patinando»,
era
lo
que
me
decía.
Porque
el
lodo
no
te
dejaba
caminar.
no
bajabas.
resbalabas.
A
pesar
de
que
el
plan
era
cruzar
la
selva
en
4
días,
realmente
fueron
7.
Dormían
al
intemperie,
y
cada
día
que
pasaba
tuvieron
que
descartar
las
pocas
cosas
que
tenían
en
sus
mochila.
Sobrevivian
de
la
naturaleza.
Tuve
que
comer
aguacates
verdes
de
una
mata.
No,
era
lo
único
que
había.
Y
no
había
más
nada.
Más
adelante
nos
topamos
una
mata
de
mandarina.
Que
me
trepé
en
la
mata,
que
me
comieron
las
hormigas,
mi
hermana
lo
sabe,
me
comieron.
Me
trepé
por
la
mata,
y
sacudí
la
mata
y
cuando
sacudí
la
mata
me
cayeron
todas
las
hormigas.
Bueno,
me
comieron
arriba,
pero
sacudí
la
mata
y
cogímos
mandarinas.
Cuando
finalmente
Raikel,
Yoandra
y
el
niño
salieron
de
la
selva,
llegaron
a
un
pueblo
llamado
Bajo
Chiquito.
Ahí
fueron
atendidos
por
grupos
humanitarios.
Habían
muchas
mujeres
embarazadas,
infantes
y
niños
como
Arián
que
acaban
de
cruzar
el
Darién.
El
grupo
de
Yoannelis
también
se
perdió
en
la
selva.
Les
tomó
6
días
llegar
a
donde
estaban
Raikel,
Yoandra
y
Arián.
Yoannelis
llegó
deshidratada,
con
hambre
y
llena
de
incertidumbre
de
lo
que
pasaría.
Cuando
me
contó
esto,
noté
en
su
voz
que
para
ella
es
incómodo
acordarse
de
esos
días.
Y
es…
Es
muy
fuerte.
Realmente
es
muy
fuerte.
Es
duro.
Yo…
Yo
llegué
a
este
país
que
el
pelo
se
me
caía
del
estrés,
no
te
creas
que
fue
fácil
lo
que
uno
pasó.
Estaba
en
fila
donde
le
daban
comida
a
los
que
salían
de
la
salva
cuando
se
reencontró
con
su
amiga
Yoandra.
Felices
de
volverse
a
ver,
decidieron
seguir
el
viaje
juntas.
Pero
había
un
problema…
Porque
realmente
éramos
muchos
cubanos,
y
ellos
no
tenían
realmente
donde
meternos.
O
sea,
cómo
acomodarlos.
Los
de
migración
les
dieron
catres
para
que
durmieran
al
aire
libre
a
los
cubanos
que
estaban
llegando
desde
la
selva.
Pero
como
dijimos
antes,
los
cubanos
no
eran
los
únicos
ahí.
Habían
hindús,
habían
de…
africanos.
Dónde
quiera.
¿Ves?
De
ahí
entonces
era
donde
ellos
nos
daban
como
alojamiento
ahí,
y…
y…
y
de
ahí
nos…
nos
mandaban
para
los
distintos
lugares,
o
sea,
porque
los
africanos
tienen
un
proceso,
los
cubanos
tienen
otro…
Durante
el
recorrido
del
Darién,
todos
los
migrantes
habían
sido
iguales.
Pero
ahora,
que
estaban
del
otro
lado,
los
cubanos
recibían
un
trato
preferencial.
Mientras
que
los
migrantes
de
otros
países
eran
detenidos
temporalmente
y
posiblemente
deportados,
a
los
cubanos
los
pusieron
bajo
la
protección
del
Estado
de
Panamá.
Un
beneficio
que
ningún
otro
migrantes
tenía.
Luego
de
la
pausa,
exploramos
lo
que
significa
ser
un
migrante
privilegiado,
y
cómo
eso
se
ve
reflejado
en
la
historia
de
cubanos
como
Yoandra,
Raikel,
Yoannelis,
y
Arián.
Ahora
volvemos.
Hola,
soy
Kelly
McEvers,
y
Embedded
está
de
vuelta.
El
presidente
Donald
Trump
no
tiene
experiencia
en
funciones
públicas,
pero
tiene
experiencia
en
negocios
y
la
televisión.
En
nuestras
nuevas
historias
te
presentamos
a
la
gente
que
estaba
ahí
mientras
Trump
construía
un
imperio
y
una
reputación.
Encuéntranos
en
el
app
de
NPR
One
o
donde
escuches
tus
podcasts.
Antes
de
la
pausa
estábamos
oyendo
la
historia
de
4
cubanos
que
cruzaron
una
de
las
selvas
más
difíciles
del
mundo
con
la
esperanza
de
llegar
a
los
Estados
Unidos.
Desde
el
2015,
cerca
de
40
mil
cubanos
han
pasado
por
Panamá
de
camino
a
su
destino
final,
y
una
buena
parte
de
ellos
lo
ha
hecho
a
través
del
Tapón
del
Darién.
Y
para
poner
este
viaje
en
contexto,
es
importante
recordar
que
Cuba
está
a
solo
90
millas
del
estado
de
Florida.
Aún
así,
cientos
de
miles
de
cubanos
han
optado
por
dar
la
vuelta
larga,
por
Sur
y
Centroamérica.
Para
entender
por
qué,
hay
que
volver
a
los
años
90.
En
ese
tiempo,
Cuba
estaba
en
medio
de
lo
que
se
conoce
como
“Período
Especial”.
Se
cayó
la
la
Unión
Soviética,
se
acabó
la
Guerra
Fría,
y
se
acabó
también
toda
la
ayuda
económica
que
los
soviéticos
enviaban
a
la
isla.
Fueron
años
difíciles.
¡Cuba
y
la
Revolución
Cubana
seguirían
luchando
y
seguirían
resistiendo!
Todo
escaseaba.
Muchos
cubanos
pasaban
hambre,
y
estaban
desesperados.
En
un
reportaje
de
televisión
pública
danesa,
hecho
en
el
1994,
se
entrevista
a
varios
cubanos
que
decidieron
irse
del
país.
Cubanos
como
este:
El
cubano
no
pide
lujos,
el
cubano
pide
lo
elemental:
pasta
de
diente,
cepillos…
El
entrevistado
es
un
hombre
joven
que
se
ve
muy
flaco,
hasta
desnutrido.
Lo
entrevistan
frente
al
mar.
A
su
alrededor,
docenas
de
cubanos
se
dirigen
al
agua
en
embarcaciones
caseras,
hechas
con
maderas
viejas
y
neumáticos
amarrados
con
sogas.
Lo
elemental.
Que
no
lo
tenemos
en
este
país.
Nos
falta,
pues.
No
solamente
por
el
bloqueo
americano,
eso
influye,
pero
también
por
el
bloqueo
de
nosotros
mismo
que
tenemos
aquí
dentro,
por
el
sistema.
Que
no
fun-cio-na.
Esa
es
la
realidad.
La
crisis
del
“Periodo
Especial”
estaba
llegando
a
su
momento
más
difícil.
Más
de
35
mil
cubanos
como
él
se
lanzaron
al
mar
en
el
verano
del
94.
Los
que
trataban
de
irse
de
esta
manera
eran
conocidos
como
balseros,
e
intentaban
llegar
a
Estados
Unidos
porque
ese
gobierno
les
permitía
entrar
legalmente,
y
convertirse
en
residentes
permanentes
un
año
después
de
haber
llegado.
Las
salidas
por
mar
eran
ilegales,
claro,
pero
había
demasiados
balseros
lanzándose
al
mar
a
la
misma
vez.
Tantos,
que
el
mismo
Fidel
Castro
les
abrió
las
puertas
para
que
se
fueran.
Nosotros
nos
sentiremos
en
el
deber
de
darle
instrucciones
a
los
guardafronteras
que
no
obstaculicen
ninguna
embarcación
que
quiera
salir.
Y
con
esta
decisión,
Castro
lograba
2
metas:
deshacerse
de
un
problema
social
y
crear
una
crisis
humanitaria
para
su
enemigo
de
siempre:
los
Estados
Unidos.
We
have
also
kept
the
pressure
on
Cuba
by
maintaining
a
tough
embargo
policy.
Para
reducir
la
entrada
descontrolada
de
tantos
cubanos
a
la
Florida,
el
presidente
Bill
Clinton,
en
el
95,
decretó
que
todos
los
balseros
interceptados
por
mar
serían
devueltos
a
Cuba.
Pero
los
que
lograran
poner
un
pie
en
tierra
estadounidense
se
podían
quedar.
Por
eso
el
decreto
llegó
a
ser
conocido
como
la
política
de
“Pies
secos/Pies
mojados”.
Desde
el
95,
más
de
650
mil
cubanos
han
sido
admitidos
a
Estados
Unidos
de
esta
manera.
Pero
otros
40
mil
balseros
han
sido
devueltos
a
Cuba,
al
ser
interceptados
por
la
guardia
costera
estadounidense.
Y
además,
se
estima
que
por
lo
menos
15
mil
cubanos
se
han
ahogado
en
el
intento.
Pero
en
diciembre
del
2014,
todo
cambió.
El
presidente
Obama
anunció
que
comenzaba
una
nueva
etapa
en
las
relaciones
con
Cuba:
Today,
the
United
States
of
America
is
changing
its
relationship
with
the
people
of
Cuba.
Y
el
presidente
cubano
Raúl
Castro
hacía
su
propio
anuncio
al
mismo
tiempo:
Esta
decisión
del
presidente
Obama
merece
el
respeto
y
el
reconocimiento
de
nuestro
pueblo.
Y
esto
era
solo
el
comienzo.
Luego
Barack
Obama
iría
a
la
isla
en
marzo
de
2015.
Y
después…
El
20
de
julio
Estados
Unidos
y
Cuba
reabrirán
sus
embajadas…
Se
pone
fin
a
54
años
de
ruptura
de
relaciones
diplomáticas
con
Cuba.
Los
países
establecen
formalmente
sus
relaciones.
Y
aunque
los
noticieros
mostraban
que
muchos
cubanos
recibían
la
noticia
con
optimismo…
Esto
es
correcto
para
ellos
y
correcto
pa
nosotros.
También
hubo
muchos
que
apenas
escucharon
el
anuncio,
pensaron
que
muy
posiblemente
su
status
como
migrantes
privilegiados
se
podía
acabar
en
cualquier
momento.
Y
entonces
empezó
un
nuevo
éxodo.
El
recorrido
ilegal
de
cubanos
por
países
latinoamericanos
en
su
afán
por
alcanzar
tierras
estadounidenses
no
se
detiene.
Y
ya
no
era
por
mar
que
entraban,
sino
por
tierra.
Esta
era
la
manera
más
segura
de
poner
los
pies
secos
en
Estados
Unidos
y
poder
entrar
legalmente.
Colombia,
Panamá,
Costa
Rica,
Nicaragua,
Honduras
y
Guatemala…
A
partir
del
2014,
esta
fue
la
ruta
que
trataron
de
seguir
cubanos
como
Raikel,
Yoandra
y
Yoannelis.
Era
difícil,
sí,
y
llena
de
riesgos,
pero
también
tenía
la
garantía
de
que
si
llegaban
a
México,
podían
entrar
a
los
Estados
Unidos.
Una
garantía
única,
que
no
tienen
ningún
migrante
que
no
sea
cubano.
Entonces,
este
es
el
contexto.
Y
ahora
volvemos
a
la
historia
que
nos
estaba
contando
Rolando…
Unos
días
después
de
haber
salido
de
la
selva,
los
cubanos
los
se
fueron
en
bus
al
otro
lado
de
Panamá,
al
pueblo
fronterizo
con
Costa
Rica
que
se
llama
Paso
Canoas.
Ahí
las
autoridades
panameñas
los
pusieron
en
un
albergue
conocido
como
El
Bon.
No,
las
condiciones…
Las
condiciones
de
El
Bon,
imagínate,
eran
casi
3
mil
cubanos
dentro
de
un
almacén,
y
estamos
hablando
de
que
Panamá
tiene
el
clima
bastante
tropical,
un
clima
caliente.
El
calor
es
infernal.
Fue
en
El
Bon
donde
de
nuevo
comenzaban
a
aparecer
más
obstáculos.
Había
rumores
de
que
las
fronteras
de
los
países
en
Centroamérica
estaban
cerrando.
Y
así
fue.
El
primer
país
fue
Nicaragua,
que
cerró
su
frontera
en
noviembre
del
2015.
Después
vino
Guatemala,
que
anunció
que
no
se
les
daría
paso
a
ningún
cubano.
De
ahí
siguió
Belice.
Y
luego,
Costa
Rica.
El
gobierno
tico
mandó
a
su
policía
de
migración
a
la
frontera
con
Panamá
para
detener
a
los
cubanos
que
trataban
de
entrar
al
país,
y
corrían
el
riesgo
de
ser
deportados.
Sin
duda,
el
flujo
de
cubanos
que
había
llegado
a
Panamá
entre
el
2014
y
el
2016
tomó
por
sorpresa
al
país.
El
cierre
de
fronteras
en
los
países
vecinos
causó
otro
embotellamiento
de
cubanos
que
llegaban
a
Panamá
todos
los
días.
Los
recursos
y
servicios
humanitarios
no
alcanzaban.
Y
finalmente,
Panamá
también
tuvo
que
cerrar
el
paso
a
los
demás
que
venían
en
camino.
Mientras
tanto,
en
el
albergue
donde
se
encontraban
varados,
algunos
cubanos
que
viajaban
con
niños,
recibieron
ayuda
de
vecinos
panameños.
Una
de
ellas
fue
Lucy
Córdoba,
una
activista
que
visitó
El
Bon
para
ayudar
a
los
hijos
de
los
migrantes.
Le
decían
“La
Maestra”,
y
Arián
enseguida
se
encariñó
con
ella.
Sí,
porque
como
él
siempre
estaba
jugando
por
los
alrededores,
el
día
que
Lucy
llegó,
entonces
dijo
que…
que
había
llegado
la
maestra,
una
maestra.
Lucy
se
organizó
para
abrir
unas
aulas
donde
los
niños
podían
leer,
escribir
y
dibujar.
Y
era
esa
misión.
Esta
es
Lucy.
De
hacer
que
los
niños
rieran,
jugaran.
Sacarlos
de
esa…
de
esa
tristeza.
Porque
de
verdad
era
una
tristeza
muy
grande.
Esa
angustia,
esa
incertidumbre
de
saber
si
iban
a
viajar
o
no
iban
a
viajar.
Había
que
hacer
algo
con
los
miles
de
cubanos
varados
en
Panamá.
La
solución
más
obvia
era
que
se
fueran,
que
siguieran
su
camino
hacia
el
norte.
Todos
los
países
centroamericanos
buscaban
lo
mismo.
Deshacerse
del
problema.
Uno
por
uno,
los
gobiernos
centroamericanos
buscaron
su
propia
solución
a
la
crisis.
Pero
la
mayoría
de
los
cubanos
estaban
varados
en
Costa
Rica
y
en
Panamá.
Y
es
por
eso
que
los
dos
países
llegaron
a
un
acuerdo
con
el
gobierno
mexicano
que
les
permitió
hacer
un
puente
aéreo
hacia
una
ciudad
cerca
de
la
frontera
con
los
Estados
Unidos.
Pero
los
boletos
de
avión
de
Panamá
a
México
costaban
$800,
y
Raikel,
Yoandra
y
Yoannelis
apenas
tenían
$100
entre
los
3.
Estaban
muy
cerca
de
llegar
a
su
destino,
pero
no
sabían
si
iban
a
poder
salir
de
Panamá
y
aprovechar
esta
oportunidad.
Raikel
se
encargó.
Y
dos
días
antes
yo
dije:
“Hey,
tranquilos
que
vamos
a
resolver”.
Y
así
mismo
fue.
Se
me
ocurre
llamar
a
un
tío
mío,
un
primo
hermano
de
mi
mamá
que
vive
en
Miami.
Y
lo
lograron.
Consiguieron
el
dinero.
Ahora
solo
faltaba
ver
cómo
les
llegaba
la
plata.
Habían
miles
de
cubanos
que
esperaban
lo
mismo.
Y
el
único
Western
Union
que
había
en
la
ciudad
más
cercana
a
ellos
no
daban
abasto.
El
dinero
se
acababa,
y
la
fila
duraba
varios
días.
Raikel,
Yoandra
y
Yoannelis
tuvieron
que
dormir
en
la
calle
para
poder
estar
en
la
fila
a
primera
hora
de
la
mañana,
y
en
eso
llegó
Lucy,
la
activista
que
ayudaba
a
los
niños
en
El
Bon.
Y
veo
a
Arián
en
un
pantalón
amarillo.
Y
me
dijeron
que
estaban
esperando
dinero
para
la
Western.
Iban
a
dormir
ese
día
[Risas]
a
la
intemperie
los
4.
Lucy
se
ofreció
a
llevarse
a
Arián
de
paseo
para
que
se
distrajera
un
poco.
Fuimos
a
comer,
fuimos
a
hacer
un
poco
de
diligencias.
Y
bueno,
Arián
fue
un
niño
que
se
portó
siempre
muy
bien,
y
tenía
mucho
carisma.
Un
niño
muy
noble,
muy
noble.
Lo
que
empezó
con
un
sencillo
paseo,
terminó
con
una
invitación
de
Lucy
a
los
4
a
que
se
quedaran
en
su
casa.
Y
así
fue:
por
primera
vez
en
meses,
durmieron
felices
en
una
cama
cómoda.
El
13
de
mayo
del
2016,
Yoannelis,
Yoandra,
Raikel
y
Arián
pudieron
finalmente
montarse
en
un
avión
rumbo
a
México.
Habían
pasado
más
de
4
meses
de
haber
salido
de
Ecuador.
Y
mis
últimas
palabras
fueron,
este,
o
sea,
me
viré
para
mi
hermano
y…
Y
dije,
“muchas
gracias
Panamá”.
Fue
algo
muy
emocionante,
realmente.
Porque
estaba
muy
agradecida,
pero,
como
le
dije,
también
sabía
que
se
quedaban
muchas
personas
detrás…
que
no
iban
a
tener
la
misma
suerte
que
nosotros.
Y
eso
es
muy
duro.
Aterrizaron
en
Juárez,
Mexico.
Al
siguiente
día
pudieron
hacer
el
cruce
a
Estados
Unidos
por
El
Paso,
Texas,
y
lo
hicieron
sin
gran
contratiempo.
Del
lado
de
Estados
Unidos
les
dieron
permiso
para
entrar
al
país.
El
trámite
con
los
agentes
fronterizos
duró
menos
de
24
horas.
Y
me
sentía
hasta
orgulloso
de
mismo,
porque…
porque…
porque
vi
que
todo…
todo
sacrificio
que
habíamos
hecho
había
resultado.
Que
lo
logramos,
que
nada
fue
en
vano,
que
todo
lo
que
pasamos
tuvo
su…
su
fruto.
Cuando
el
grupo
de
cubanos
pasó
sobre
el
puente
hacia
la
ciudad
de
El
Paso,
con
sus
banderitas
cubanas,
sucedió
algo
muy
inesperado…
Algo
casi
inexplicable
si
entiendes
algo
sobre
la
migración
en
Estados
Unidos,
sobre
la
retórica
que
se
usa
para
hablar
de
migrantes
latinoamericanos…
Raikel
me
cuenta
que
los
carros
que
pasaban
bajaban
las
ventanas
y
les
gritaban…
“Bienvenidos,
bienvenidos,
bienvenidos.
Cuba,
bienvenidos,
bienvenidos.
Que
lo
habíamos
logrado,
bienvenidos.
Son
libres,
son
libres”,
así
decían.
Yo
viví
cerca
de
este
puente
en
El
Paso
por
varios
años,
y
créanme
que
este
tipo
de
recibimiento
no
es
normal.
Unos
meses
después,
en
agosto
del
2016,
Yoannelis,
Raikel,
Yoandra
y
Arián
terminaron
en
un
pueblo
de
Kansas
que
se
llama
Emporia,
casi
en
el
centro
de
los
Estados
Unidos.
Después
de
haber
tratado
de
empezar
una
nueva
vida
en
Miami,
el
tío
de
Raikel
le
recomendó
que
se
mudara
para
Emporia
donde
es
más
tranquilo
y
el
costo
de
vida
no
es
tan
alto.
Y
allí
fue
donde
yo
los
conocí,
en
el
pasado
mes
de
julio,
cuando
llegué
a
su
casa.
Y
no
fui
solo.
Sino
con
una
persona
muy
importante
para
ellos.
¡Tanto
tiempo!
Oh
my
God.
[Risa]
¿No
sabías?
Estás
igualita,
estás
bonita,
qué
linda.
Gracias
mi
amor,
y
igual
que
siempre.
No,
más
gordita.
Lucy
Córdoba,
la
panameña
que
les
había
ofrecido
su
casa.
Cuando
llegó
el
momento
de
ver
a
Arián,
entraron
a
la
casa,
abrieron
la
puerta
de
su
cuarto,
y
como
cualquier
niño
de
esa
edad,
Arián,
que
ahora
tiene
7
años,
estaba
pegado
a
la
televisión.
Hola.
¿Sabes
quién
soy?
Yo
creo
que
él
no
se
acuerda.
se
acuerda.
No,
él
no
se
acuerda.
Mirá
quién
está
allí,
Arián.
Ven,
dame
un
abrazo.
Lucy.
¿Lucy?
¿Ven?
No
se
acuerda.
¡Lucy!
¡Mi
amor,
¿cómo
estás?!
En
Emporia,
los
3
adultos
del
grupo
trabajan
en
un
taller
de
carpintería
donde
ganan
$16
la
hora.
Es
más
de
lo
que
se
ganaban
en
Cuba
en
un
mes.
Y
ahí
hay
varios
latinos,
sobre
todo
mexicanos
y
salvadoreños.
Le
pregunté
a
Raikel
si
alguna
vez
había
hablado
con
ellos
de
por
qué
los
cubanos
podían
entrar
a
Estados
Unidos
tan
fácilmente.
Y
me
dijo
que
sí.
Y
a
cada
rato
sale
el
temita.
Raikel
me
explicó
que
sus
compañeros
latinos
a
menudo
le
sacan
en
cara
que
él
y
las
cubanas
tienen
permiso
para
trabajar,
mientras
que
ellos,
que
llevan
años
allá,
aún
tienen
que
vivir
como
indocumentados.
Y
yo
se
le
digo,
“yo
no
tengo
culpa”.
Porque
yo
que
hay
personas
que
no,
pero
hay
personas
que
yo
que
les
molesta.
¿Entiendes?
Pero
lo
que
no
entiendo
es
que
quieras
cogerla
conmigo.
Si
yo
no…
Yo
tengo
mi
manera
de
pensar.
Yo
tengo
mi
manera
de
ver
la
vida.
no
sabes
como
yo
viví
en
mi
país.
¿Entiendes?
Porque
eres
de
un
país
subdesarrollado
igual
que
el
mío,
pero
cobras
a
$6
al
día,
que
eso
no
lo
cobra
nadie
en
Cuba.
En
Cuba
es
$10
dólares
al
mes.
Para
Reikel
estaba
muy
claro:
si
ellos
tuvieran
el
mismo
privilegio,
sin
duda
harían
lo
mismo.
En
enero
del
2017…
Muy
bien,
en
una
noticia
de
última
hora
el
presidente
Barack
Obama,
en
su
última
semana
en
la
Casa
Blanca,
eliminaría
la
disposición
conocida
como
“Pies
secos
/
Pies
mojados”.
La
Casa
Blanca
anunció
esta
tarde
que
el
cambio
en
política
de
“Pies
secos
/
Pies
mojados”
entrará
en
vigor
inmediatamente.
Y
ordenaría
la
repatriación
inmediata
a
la
isla
de
los
balseros,
incluso
cuando
logren
tocar
suelo
estadounidense.
Es
decir,
incluso
cuando
tengan
los
pies
secos.
De
la
noche
a
la
mañana
los
cubanos
perdieron
el
privilegio
de
entrada
que
habían
tenido
desde
los
años
90.
Desde
que
Obama
hizo
el
anuncio,
Raikel
me
dice
que
ya
no
tiene
las
mismas
discusiones
con
sus
compañeros
latinos
del
taller.
Después
de
todo,
ahora
los
cubanos
son
como
cualquier
otro
migrante.
Más
de
100
mil
cubanos
entraron
a
los
Estados
Unidos
entre
el
2014
y
2016.
La
mayoría
hizo
un
viaje
muy
similar
al
que
acabamos
de
escuchar.
Y
casi
todos
lograron
quedarse.
En
este
mismo
periodo,
por
lo
menos
250
mil
mexicanos
y
centroamericanos
fueron
deportados
en
la
frontera.
Pero,
claro,
no
todos
los
cubanos
llegaron
a
tiempo
a
Estados
Unidos.
Miles
estaban
a
medio
camino
cuando
Obama
revocó
“pies
secos/pies
mojados”.
En
la
segunda
parte
de
esta
serie
sobre
la
nueva
era
de
la
migración
cubana,
seguimos
la
historia
de
los
que
se
quedaron
en
la
ruta,
y
lo
que
están
haciendo
ahora
que
Estados
Unidos
les
ha
cerrado
las
puertas.
Una
parte
de
esta
historia
se
hizo
posible
gracias
al
apoyo
del
Pulitzer
Center
for
Crisis
Reporting.
Este
episodio
forma
parte
de
una
serie
que
se
reportó
en
colaboración
con
14ymedio
y
El
Nuevo
Herald.
Agradecemos
especialmente
a
Alejandro
González
y
Mario
Pentón,
de
14yMedio,
y
a
José
Iglesias
y
Nancy
SanMartín
del
Miami
Herald
y
el
Nuevo
Herald.
Rolando
Arrieta
es
periodista
de
NPR.
Vive
en
Washington
D.
C.
Esta
historia
fue
producida
por
Luis
Trelles,
y
editada
por
Camila
Segura
y
por
mí.
La
mezcla
y
el
diseño
de
sonido
es
de
Andrés
Azpiri.
Ana
Prieto
hizo
el
“factchecking”.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Jorge
Caraballo,
Barbara
Sawhill,
Ryan
Sweikert,
David
Trujillo,
Elsa
Liliana
Ulloa,
Luis
Fernando
Vargas
y
Silvia
Viñas.
Maytik
Avirama
es
nuestra
pasante
editorial,
y
Andrea
Betanzos
es
la
coordinadora
de
programas.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
Hindenburg
PRO.
Conoce
más
sobre
Radio
Ambulante
y
sobre
esta
historia
en
nuestra
página
web:
radioambulante.org.
Radio
Ambulante
cuenta
las
historias
de
América
Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
Check out more Radio Ambulante

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Hola, soy Kelly McEvers, y Embedded está de vuelta. El presidente Donald Trump no tiene experiencia en funciones públicas, pero sí tiene experiencia en negocios y la televisión. En nuestras nuevas historias te presentamos a la gente que estaba ahí mientras Trump construía un imperio y una reputación. Encuéntranos en el app de NPR One o donde escuches tus podcasts. Un anuncio: si estás en Nueva York acompáñanos el jueves 26 de octubre en una noche de historias en audio en vivo. Participarán productores de algunos de tus podcasts favoritos: This American Life, More Perfect, Radiolab y Latino USA. Y por supuesto nosotros, Radio Ambulante. El evento será en inglés. Todo lo que recaudamos será para apoyar a Puerto Rico. Encontrarás toda la información en nuestra página web: radioambulante.org. Gracias por comprar tiquets y por ayudarnos a pasar la voz. Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Allá adelante hay una lancha de balseros. ¿Una balsa? ¡Sí, de balseros! Los que se escuchan son 2 cubanos en una lancha. Viven en Florida y probablemente son ciudadanos estadounidenses. Este audio se sacó de un video en YouTube, y lo que se ve, desde la lancha, es un punto negro que se bandea de lado a lado entre las olas. Míralos tratando de llegar, compadre, en una balsa. Son 1, 2, 3, 4, 5… ¡son 6! 6 cubanos que reman sobre una llanta que está a punto de reventarse. Los de la lancha apagan el motor y se acercan a ellos. ¡Dale recto, men! ¡Dale recto! ¡Dale recto, que se la ganan! ¡Dale recto!Los están guiando para ayudarlos a llegar a los cayos de la Florida, unos islotes muy pequeños que quedan a solo 90 millas de Cuba. Y aunque quisieran ayudarlos, no pueden por razones legales que más adelante entenderemos. Qué suerte: unos cubanos y no poderlos ayudar, men… Qué lástima me da eso… Cuando pensamos en los cubanos llegando a los Estados Unidos generalmente se nos ocurren imágenes como estas. Pero lo que muchos no saben es que miles de cubanos no toman esta ruta por el mar, sino otra, que es bastante más larga. Se trata de una nueva generación de migrantes cubanos que prefiere ir por tierra, haciendo un recorrido igual de peligroso. Entonces esta semana, y la que viene, tenemos dos historias que intentan entender este nuevo fenómeno. Porque detrás de este cambio, está la geopolítica, el legado de la Guerra Fría y, en medio de todo, cientos de miles de cubanos comunes y corrientes que están dispuestos a arriesgar todo para llegar a Estados Unidos. Nuestro productor es Rolando Arrieta. Aquí Rolando. Yoannelis tiene 37 años. Por mucho tiempo trabajó vendiendo arroz y verduras en un mercado. Vivía en Las Tunas, un pueblo al oriente de la isla. Ganaba más o menos un dólar al día y con eso tenía que mantener a su mamá, a su papá y a una hija. Y eso, obviamente, no era suficiente. Mi país es maravilloso. Lo que realmente… Yo quería darle un, o sea, darle más cosas a mi familia, y realmente en Cuba la economía no me lo permitía. Ese es el único problema que yo veía en Cuba. Así que en agosto del 2014, Yoannelis decidió irse de la isla a buscar una vida mejor. Empezó su recorrido por un país que queda al otro lado del continente: Ecuador. Ecuador empezó a convertirse en un país atractivo para la migración cubana desde que el gobierno de Rafael Correa adoptó, en el 2008, una política de fronteras abiertas con casi todos los países del mundo y eliminó el requerimiento de visas. Yoannelis vendió sus cosas y pudo reunir suficiente dinero para comprar un boleto de avión y salir de su país. Y, claro, Yoannelis no ha sido la única… Se estima que más de 20 mil ciudadanos de la isla han ingresado al Ecuador en los últimos 5 años. Miles de ciudadanos cubanos que llegaron al país no regresaron a Cuba y actualmente viven de forma ilegal en el Ecuador. Y eso fue lo que pasó a ella. A los 3 meses se le venció el plazo para estar de turista, pero se quedó… indocumentada. Me pasé año y medio ilegal y entonces te cogía migración y no tenías tus documentos legales y te mandaban para Cuba. Habían cubanos, miles, que se escondían de la migra, terrible. Pero Ecuador fue bastante duro. Se rebuscaba como podía con tal de enviarle dinero a su familia en la isla, y siempre con la idea de llegar a Estados Unidos. No iba a ser fácil. Tenía que cruzar 8 fronteras ilegalmente, era una travesía que le costaría más o menos $10 mil, pero para Yoannelis valió la pena intentarlo. En esa misma época, Yoandra, su amiga de la infancia, también salió de Cuba hacia Ecuador. Pero su situación era distinta. Ella se fue detrás de su esposo. Unos meses atrás, él había entrado a Ecuador como turista, pero como era ingeniero industrial, tenía más posibilidades de quedarse y trabajar legalmente. El esposo de Yoandra le compró el boleto de avión a Quito. Y en abril del 2015, ella salió de Cuba con Arián, su hijo de 4 años. Pues nada. Cuando llegué estaba esperándonos él en el aeropuerto. Con su detalle, un ramo de flores, todo… Todo muy bonito, muy romántico. Ya instalada en Quito, Yoandra también quiso traer a su hermano Raikel. Y lo pudo hacer. Porque el marido de ella me ayudó a salir. Raikel hizo los trámites necesarios, y en julio de ese mismo año, también salió para Ecuador, dejando a sus 3 hijos atrás. Ya en Ecuador, Yoannelis, Raikel, y Yoandra se dedicaban a ganarse la vida como fuera. Yoannelis vendía dulces en una cafetería. Raikel vendía pasteles Cubanos en las calles de Quito. Yoandra cuidaba niños. Pero sus vidas, que ya eran bastante precarias, estaban a punto de volverse aún más complicadas. La principal puerta de salida hacia Centroamérica, Ecuador, anunció que impone visas de entrada… A partir del primero de diciembre necesitan una visa para poder viajar a Ecuador. Es una medida que pretende reducir el ingreso de miles de cubanos en el inicio de una larga odisea hasta tierra… Según el gobierno ecuatoriano, esta nueva restricción se impuso, en parte, para impedir el tráfico ilegal de migrantes. Raikel, Yoannelis y Yoandra, tanto como miles de cubanos en el país, temían que los deportaran de nuevo a Cuba, donde tendrían que empezar de cero. Especialmente aquellos que vendieron todo, incluso sus casas. Yoandra y su hijo ya llevaban más de un año en Ecuador. Ella quería sacar el permiso de residencia, así que se fue para la oficina de inmigración a hacer los trámites. El mismo día que estaba yo en migración… recogió y se fue. Se refiere a su esposo. Es decir, ese día la abandonó. Se fue con otra mujer que había conocido meses antes. Yoandra entonces se quedó con un hijo de 4 años en un país que no era el suyo. Por lo menos estaba acompañada de su hermano Raikel y su amiga Yoannelis. Pero ninguno de los tres tenía trabajo fijo. Un día de enero del 2016, Raikel le dijo a su hermana: Yo le dije: “Mañana. Recoge los cheles, que nos vamos”. “No, tú estás loco. Tú estás loco”. “Te estoy diciendo que recojas los cheles”… Los cheles, o sea, las maletas. La salida fue una cosa de momento. Ni Yoandra sabía. Porque yo soy así… Yo soy un loco.Así nomás. De relámpago. “Te estoy diciendo que recojas los cheles, que nos vamos, mami, aquí no nos podemos quedar”. Raikel y Yoandra vendieron todo lo que tenían en Quito, y le pidieron dinero prestado a su madre, que había emigrado a Madrid unos años antes. Juntaron cerca de 5 mil dólares entre los 2. Yoandra no podía imaginarse el camino que venía. Pero tenía que explicárselo de alguna manera a su hijo Arián. Pues mi idea para Arián fue decirle que íbamos a cambiar de lugar, que íbamos a dar como un paseo, una excursión. Eso fue lo único que se me ocurrió. Para que él, pues… Es que los niños no tienen conciencia del peligro, ni… Y no quería que… que esto le afectara tanto. A los tres días de haber hecho la decisión, se fueron de Ecuador con un grupo de cubanos. El plan: caminar, coger buses, lanchas, avionetas y lo que fuera necesario para llegar primero a Colombia, luego a Panamá, seguir a Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y de ahí a México para cruzar la frontera y finalmente llegar a los Estados Unidos. Pero sin documentos, pues… nada es tan simple. Ya desde Ecuador, cuando tú sales ya de Ecuador… Ya… Ya tú eres un indocumentado. Tú eres un indocumentado, porque… porque si a ti te pasa algo: “Ah bueno, tu saliste de Cuba, papi, si te moriste, bueno, no… no hay problema, no hay un…”. Por ejemplo, una cosa que te van a decir: “¿Y dónde está el cubano que se me fue de aquí? A mí qué me importa si se murió o que se murió”. ¿Me entiendes? Y ya desde que tú sales, tú tienes la vida en un hilo. En abril del 2016, unos meses después de que los hermanos y el niño comenzarán su viaje, ya Yoannelis había reunido suficiente dinero para irse de Ecuador. Calculaba que lo que tenía sería suficiente para contratar a los coyotes que la llevarían desde Colombia hasta Panamá. De ahí no sabía exactamente qué iba a hacer, pero de todos modos se juntó con otro grupo de cubanos que iban saliendo. Pero apenas cruzó la frontera con Colombia la detuvieron dos hombres uniformados y armados. A nosotros nos lo dijeron: “Ustedes no son ni los primeros ni los últimos cubanos que se van a morir aquí. Si no cooperan, ustedes se mueren. ¿Y quién los va a buscar a ustedes aquí? O dan el dinero o se mueren aquí. Así de sencillo”. No le quedó otro remedio que entregarles todo el dinero que cargaban. ¿Y qué íbamos a hacer? No, yo… Darle el dinero o que te dieran un tiro. Si uno no se lo daba, me mataban. ¿Qué iba a hacer? Mientras tanto, a los once días de haber salido de Quito, Raikel, Yoandra y su niño Arián, llegaron en bus al pueblo costeño de Turbo, en Colombia. Las autoridades de esa región les dieron un salvoconducto que les permitía cruzar la frontera con Panamá. Con ese documento en mano, ahí tomaron una lancha en la que cruzaron el Golfo de Urabá, para llegar al pueblo de Puerto Obaldía ya en Panamá. De ahí los guardias fronterizos panameños les dieron un permiso para ingresar al país con tal de que no se quedaran y siguieran su camino. Puerto Obaldía es un pueblito de tránsito, rodeado por una de las selvas más imponentes y densas de América Latina: el Tapón del Darién. Pero para ellos la selva no era un problema porque tenían otro plan. Nosotros en Obaldía cogíamos la avioneta. Ya eso ya lo sabíamos de antemano porque, tú sabes, las cosas se van corriendo. Y sabíamos que había una avioneta que salía, que había un vuelo regular, que había un vuelo chárter. Era un vuelo directo hasta la Ciudad de Panamá, y costaba como $200. Pensaban que iba a ser una estadía corta en Puerto Obaldía. Pero ahí se encontraron con miles de migrantes como ellos. Era un embotellamiento de cubanos que también venían de Ecuador. Y todos esperaban la misma avioneta. Se suponía que había un vuelo diario, pero una vez ahí Raikel y Yoandra se enteraron que no. Que en realidad, la avioneta solo salía una vez al mes. Y no había ninguna garantía que pudieran tomar el siguiente vuelo. Y con cada vuelo perdido, la desesperación aumentaba. Algunos se cansaban de esperar y se iban a pie por la selva. Raikel y Yoandra decidieron esperar, sobre todo, por que viajaban con Arián. Pero los días se convirtieron en semanas. Ya llevábamos un mes en Obaldía. Y entonces un mes más allí equivalía… era el equivalente de que tú gastes el dinero que tú traías. Por ejemplo, un plato de comida costaba $5, una pequeña fortuna para estos migrantes que tenían un presupuesto ajustadísimo. El niño chiquito hay que darle desayuno, y yo no tenía corazón para ver a mi hermana y al niño sin comer. Y cada vez que pensaban que podían salir en el próximo avión… No, no hay más vuelos. Hay que esperar un mes. Era una situación imposible. Cuando tu hijo se levanta y… y te dice, “mamá, tengo hambre”…, y tú no tienes para darle… Tú te desesperas. Llega un momento en que tú no sabes qué hacer, no sabes para dónde ir, qué hacer, qué coger, qué hacer. Es difícil. Con cada día que pasaba, el dinero se les iba acabando, y veían que solo les quedaba una opción: Entonces por eso tomamos la decisión de coger por la selva. En el mes y medio que llevaban en Puerto Obaldía, Raikel se había hecho amigo de uno de los guardias fronterizos de Panamá. Y cuando Raikel le dijo que iban a meterse por la selva, el guardia le dijo: “Hermano, cuando yo estoy aquí abajo, en Obaldía, yo estoy bien. Cuando me mandan a hacer guardias arriba de la loma, yo quisiera desaparecerme de la faz de la tierra». La selva del Darién es la selva más hostil que tiene el planeta tierra. Ni el amazonas. Pero ya no podían aguantar más. Por eso, cuando el guardia amigo de Raikel le preguntó si sabía lo que estaba a punto de hacer, Raikel le contestó: «Tengo que hacerlo, hermano. Yo no puedo seguir aquí, no puedo perder más tiempo». Y él me dijo, «traeme una mochila». Y me llenó la mochila de comida: de lata de carne, leche para el niño… Y con eso, arrancaron. Para hacer el cruce por la selva, un grupo de 40 cubanos se unieron y le pagaron $30 por cabeza a un guía. Y rápidamente se dieron cuenta de que todo lo que les habían contado sobre esta selva, era cierto. Unas horas después de empezar el viaje se enfrentaron al primer obstáculo. La primera loma que subimos le decían la “Loma del Ángel”, según los guías que conocían esa zona, porque las nubes pasaban por la mitad de la loma. La loma tenía casi 2 mil kilómetros… eh, 2 kilómetros de altura. Casi 2 mil metros. Según su cálculo, les tomó más de 3 horas subir la loma entre la humedad y el calor tropical. Una vez llegaron a la cima, Raikel grabó un video con su celular, y ahí se puede ver a Arián sentado en las piernas de Yoandra. Todos en el grupo se ven sudados y exhaustos. Ya en la punta de la loma. Ahí, saluda a la cámara papá, ahí. [Risa] Ahí. Déjame ver los zapatos, los zapatos. ‘Pérate, ‘pérate, ‘pérate. Ahí, pues. Los zapatos estaban totalmente llenos de barro. Se nota que fue difícil subir, y en medio de las caras largas de los adultos, sale Arián sonriendo de oreja a oreja, saludando a la cámara. Un esfuerzo, un sacrificio para llegar a Estados Unidos. Y miren esto… A la altura que estamos… A la altura que estamos, imagínate que estamos por arriba de las nubes. Y esto era sólo el comienzo, aún faltaban 3 días más en la selva. El acceso al Tapón del Darién es tan difícil que hasta la carretera Panamericana, que va desde la punta sur de Argentina hasta Alaska, solo se ve interrumpida por este tramo de unos 100 kilómetros de bosque tropical. Cada día era una lucha. Serpientes venenosas, arañas, tigrillos, jaguares, cocodrilos… La selva estaba llena de peligros y ellos no estaban preparados para enfrentarlos, porque ni algo tan sencillo como repelente para los mosquitos cargaban. Avanzaban a machetazos, barro, matorrales, caminos estrechos que bordeaban precipicios y ríos vírgenes de aguas bravas… Pero las amenazas no solo venían de los animales y la naturaleza. Era un área donde había personas armadas involucradas en el narcotráfico y el contrabando. No todos los guías eran confiables. Y había otros que se aprovechaban de los migrantes. Mientras tanto, Yoannelis pudo llegar a Puerto Obaldía en Panamá, y de ahí también optó por irse por la selva. Y unos días después de haber entrado, su grupo se topó con una banda de ladrones. Por segunda vez, fue asaltada, y esta vez perdió todo. Y mí me dejaron sin ropa, me quitaron la ropa. A mí me lo robaron todo, ahí sí nos dejaron sin nada. Los hombres descalzos… Aquello fue terrible. Sin reloj, sin nada, sin nada. Yoandra y Raikel no podían avanzar tan rápido porque iban con Arián. Con cada tramo de selva que cruzaban, se quedaban más y más rezagados. Hasta que finalmente se quedaron atrás. Fue duro vivir eso, muy duro. Para Yoandra, este fue uno de los momentos más difíciles del viaje. Nos encontramos ya… Casi a 4 días de camino, nos quedamos sin comida. Estaban perdidos. Dieron vueltas por la selva, y en una de esas se encontraron con un hombre de la India… Este, lo encontramos en el camino. Él se había separado de su grupo. Porque tenía un pie lastimado. Ya no podía caminar con la misma rapidez que caminaban los otros y entonces se quedó… se quedó solo. Y entonces se reencontró con nosotros.Y es que el Darién es una ruta migratoria internacional muy transitada. En la selva había asiáticos, africanos de varios países, europeos del este y muchos haitianos. Continuaron el camino juntos, y el indio fue muy amable al compartir con ellos un poco del arroz que cargaba en su bulto. Nada, él se refugió ahí, con nosotros. Acampó con nosotros esa noche. Pero ya al otro día ya se tuvo que quedar. Comenzamos la caminata de nuevo temprano, temprano ya cuando estaba aclarando, pero ya se empezó a quedar atrás y empezó a quedar atrás. Nosotros nos quedábamos con él, pero ya hubo un momento que tuvimos que dejarlo. Habían encontrado otro grupo que iba con otro guía. Y lo habían empezado a seguir, pero el indio que andaba con ellos no podía mantener el paso. Y yo miré pa’ todos lados, yo ando con mi hermana, ando con un niño, y ¿qué hago? Yo no puedo quedarme. Y no tenía fuerzas para cargarlo tampoco. No. Querían ayudarlo, pero no pudieron… Realmente fue muy duro tener que dejar a ese hombre detrás. Es muy duro, muy duro. A mí me partió el alma, y a mí hasta los ojos se me aguaron. Le dije: “Yoa, o él o nosotros, ¿qué hacemos? Traemos al niño”. Y hubo que dejarlo allí. Hubo que dejarlo allí. Ya no podía caminar. Ya llevaban casi 5 días caminando cuando les tocó escalar una montaña más. Le dicen “Adiós Mi Pueblo”, y Raikel se acuerda que era aún más difícil que la primera loma. Después el guía nos hizo el cuento que le dicen “Adiós Mi Pueblo” por la cantidad de gente que se había matado en ese paso. Era un paso casi de 500 metros. Era un farallón de piedras. Un farallón de piedras donde había un borde que no tenía más de… de un pie y medio de… de ancho. Él se acuerda que era un camino estrecho y muy empinado, con una caída de 500 metros hacia abajo. Los cubanos del grupo tuvieron que hacer una cadena humana, y pasaron a Arián de brazo en brazo. Así fue como lograron que cruzara. Al final acabaron todos exhaustos, y Arián más que todos. El niño estaba dando señales de que ya no podía más. Y hubo un momento que ya yo no podía, pero comencé a cantar, aún así que ya yo no podía ni hablar… Pero por él comencé a cantar. Canciones infantiles. Se le ocurrió cantar la canción de los pollitos: “Los pollitos dicen pío pío pío”… Yo le cambié la letra a la canción. Como yo estaba tan agotada, tan cansada, tan… fatigada, pues ya… se me ocurrió decirle, pal carajo… [Risas] Los pollitos dicen que se van pal carajo. Y este gesto tan pequeño le dio un poco de ánimo al niño para seguir caminando. Y cuando íbamos bajando la.. la loma, que estaba todo enlodado, él lo que hacía es que se reía y, «mamá! estoy patinando», era lo que me decía. Porque el lodo no te dejaba caminar. Tú no bajabas. Tú resbalabas. A pesar de que el plan era cruzar la selva en 4 días, realmente fueron 7. Dormían al intemperie, y cada día que pasaba tuvieron que descartar las pocas cosas que tenían en sus mochila. Sobrevivian de la naturaleza. Tuve que comer aguacates verdes de una mata. No, era lo único que había. Y no había más nada. Más adelante nos topamos una mata de mandarina. Que me trepé en la mata, que me comieron las hormigas, mi hermana lo sabe, me comieron. Me trepé por la mata, y sacudí la mata y cuando sacudí la mata me cayeron todas las hormigas. Bueno, me comieron arriba, pero sacudí la mata y cogímos mandarinas. Cuando finalmente Raikel, Yoandra y el niño salieron de la selva, llegaron a un pueblo llamado Bajo Chiquito. Ahí fueron atendidos por grupos humanitarios. Habían muchas mujeres embarazadas, infantes y niños como Arián que acaban de cruzar el Darién. El grupo de Yoannelis también se perdió en la selva. Les tomó 6 días llegar a donde estaban Raikel, Yoandra y Arián. Yoannelis llegó deshidratada, con hambre y llena de incertidumbre de lo que pasaría. Cuando me contó esto, noté en su voz que para ella es incómodo acordarse de esos días. Y es… Es muy fuerte. Realmente es muy fuerte. Es duro. Yo… Yo llegué a este país que el pelo se me caía del estrés, no te creas que fue fácil lo que uno pasó. Estaba en fila donde le daban comida a los que salían de la salva cuando se reencontró con su amiga Yoandra. Felices de volverse a ver, decidieron seguir el viaje juntas. Pero había un problema… Porque realmente éramos muchos cubanos, y ellos no tenían realmente donde meternos. O sea, cómo acomodarlos. Los de migración les dieron catres para que durmieran al aire libre a los cubanos que estaban llegando desde la selva. Pero como dijimos antes, los cubanos no eran los únicos ahí. Habían hindús, habían de… africanos. Dónde quiera. ¿Ves? De ahí entonces era donde ellos nos daban como alojamiento ahí, y… y… y de ahí nos… nos mandaban para los distintos lugares, o sea, porque los africanos tienen un proceso, los cubanos tienen otro… Durante el recorrido del Darién, todos los migrantes habían sido iguales. Pero ahora, que estaban del otro lado, los cubanos recibían un trato preferencial. Mientras que los migrantes de otros países eran detenidos temporalmente y posiblemente deportados, a los cubanos los pusieron bajo la protección del Estado de Panamá. Un beneficio que ningún otro migrantes tenía. Luego de la pausa, exploramos lo que significa ser un migrante privilegiado, y cómo eso se ve reflejado en la historia de cubanos como Yoandra, Raikel, Yoannelis, y Arián. Ahora volvemos. Hola, soy Kelly McEvers, y Embedded está de vuelta. El presidente Donald Trump no tiene experiencia en funciones públicas, pero sí tiene experiencia en negocios y la televisión. En nuestras nuevas historias te presentamos a la gente que estaba ahí mientras Trump construía un imperio y una reputación. Encuéntranos en el app de NPR One o donde escuches tus podcasts. Antes de la pausa estábamos oyendo la historia de 4 cubanos que cruzaron una de las selvas más difíciles del mundo con la esperanza de llegar a los Estados Unidos. Desde el 2015, cerca de 40 mil cubanos han pasado por Panamá de camino a su destino final, y una buena parte de ellos lo ha hecho a través del Tapón del Darién. Y para poner este viaje en contexto, es importante recordar que Cuba está a solo 90 millas del estado de Florida. Aún así, cientos de miles de cubanos han optado por dar la vuelta larga, por Sur y Centroamérica. Para entender por qué, hay que volver a los años 90. En ese tiempo, Cuba estaba en medio de lo que se conoce como “Período Especial”. Se cayó la la Unión Soviética, se acabó la Guerra Fría, y se acabó también toda la ayuda económica que los soviéticos enviaban a la isla. Fueron años difíciles. ¡Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo! Todo escaseaba. Muchos cubanos pasaban hambre, y estaban desesperados. En un reportaje de televisión pública danesa, hecho en el 1994, se entrevista a varios cubanos que decidieron irse del país. Cubanos como este: El cubano no pide lujos, el cubano pide lo elemental: pasta de diente, cepillos… El entrevistado es un hombre joven que se ve muy flaco, hasta desnutrido. Lo entrevistan frente al mar. A su alrededor, docenas de cubanos se dirigen al agua en embarcaciones caseras, hechas con maderas viejas y neumáticos amarrados con sogas. Lo elemental. Que no lo tenemos en este país. Nos falta, pues. No solamente por el bloqueo americano, eso influye, pero también por el bloqueo de nosotros mismo que tenemos aquí dentro, por el sistema. Que no fun-cio-na. Esa es la realidad. La crisis del “Periodo Especial” estaba llegando a su momento más difícil. Más de 35 mil cubanos como él se lanzaron al mar en el verano del 94. Los que trataban de irse de esta manera eran conocidos como balseros, e intentaban llegar a Estados Unidos porque ese gobierno les permitía entrar legalmente, y convertirse en residentes permanentes un año después de haber llegado. Las salidas por mar eran ilegales, claro, pero había demasiados balseros lanzándose al mar a la misma vez. Tantos, que el mismo Fidel Castro les abrió las puertas para que se fueran. Nosotros nos sentiremos en el deber de darle instrucciones a los guardafronteras que no obstaculicen ninguna embarcación que quiera salir. Y con esta decisión, Castro lograba 2 metas: deshacerse de un problema social y crear una crisis humanitaria para su enemigo de siempre: los Estados Unidos. We have also kept the pressure on Cuba by maintaining a tough embargo policy. Para reducir la entrada descontrolada de tantos cubanos a la Florida, el presidente Bill Clinton, en el 95, decretó que todos los balseros interceptados por mar serían devueltos a Cuba. Pero los que sí lograran poner un pie en tierra estadounidense se podían quedar. Por eso el decreto llegó a ser conocido como la política de “Pies secos/Pies mojados”. Desde el 95, más de 650 mil cubanos han sido admitidos a Estados Unidos de esta manera. Pero otros 40 mil balseros han sido devueltos a Cuba, al ser interceptados por la guardia costera estadounidense. Y además, se estima que por lo menos 15 mil cubanos se han ahogado en el intento. Pero en diciembre del 2014, todo cambió. El presidente Obama anunció que comenzaba una nueva etapa en las relaciones con Cuba: Today, the United States of America is changing its relationship with the people of Cuba. Y el presidente cubano Raúl Castro hacía su propio anuncio al mismo tiempo: Esta decisión del presidente Obama merece el respeto y el reconocimiento de nuestro pueblo. Y esto era solo el comienzo. Luego Barack Obama iría a la isla en marzo de 2015. Y después… El 20 de julio Estados Unidos y Cuba reabrirán sus embajadas… Se pone fin a 54 años de ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba. Los países establecen formalmente sus relaciones. Y aunque los noticieros mostraban que muchos cubanos recibían la noticia con optimismo… Esto es correcto para ellos y correcto pa nosotros. También hubo muchos que apenas escucharon el anuncio, pensaron que muy posiblemente su status como migrantes privilegiados se podía acabar en cualquier momento. Y entonces empezó un nuevo éxodo. El recorrido ilegal de cubanos por países latinoamericanos en su afán por alcanzar tierras estadounidenses no se detiene. Y ya no era por mar que entraban, sino por tierra. Esta era la manera más segura de poner los pies secos en Estados Unidos y poder entrar legalmente. Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Guatemala… A partir del 2014, esta fue la ruta que trataron de seguir cubanos como Raikel, Yoandra y Yoannelis. Era difícil, sí, y llena de riesgos, pero también tenía la garantía de que si llegaban a México, podían entrar a los Estados Unidos. Una garantía única, que no tienen ningún migrante que no sea cubano. Entonces, este es el contexto. Y ahora volvemos a la historia que nos estaba contando Rolando… Unos días después de haber salido de la selva, los cubanos los se fueron en bus al otro lado de Panamá, al pueblo fronterizo con Costa Rica que se llama Paso Canoas. Ahí las autoridades panameñas los pusieron en un albergue conocido como El Bon. No, las condiciones… Las condiciones de El Bon, imagínate, eran casi 3 mil cubanos dentro de un almacén, y estamos hablando de que Panamá tiene el clima bastante tropical, un clima caliente. El calor es infernal. Fue en El Bon donde de nuevo comenzaban a aparecer más obstáculos. Había rumores de que las fronteras de los países en Centroamérica estaban cerrando. Y así fue. El primer país fue Nicaragua, que cerró su frontera en noviembre del 2015. Después vino Guatemala, que anunció que no se les daría paso a ningún cubano. De ahí siguió Belice. Y luego, Costa Rica. El gobierno tico mandó a su policía de migración a la frontera con Panamá para detener a los cubanos que trataban de entrar al país, y corrían el riesgo de ser deportados. Sin duda, el flujo de cubanos que había llegado a Panamá entre el 2014 y el 2016 tomó por sorpresa al país. El cierre de fronteras en los países vecinos causó otro embotellamiento de cubanos que llegaban a Panamá todos los días. Los recursos y servicios humanitarios no alcanzaban. Y finalmente, Panamá también tuvo que cerrar el paso a los demás que venían en camino. Mientras tanto, en el albergue donde se encontraban varados, algunos cubanos que viajaban con niños, recibieron ayuda de vecinos panameños. Una de ellas fue Lucy Córdoba, una activista que visitó El Bon para ayudar a los hijos de los migrantes. Le decían “La Maestra”, y Arián enseguida se encariñó con ella. Sí, porque como él siempre estaba jugando por los alrededores, el día que Lucy llegó, entonces dijo que… que había llegado la maestra, una maestra. Lucy se organizó para abrir unas aulas donde los niños podían leer, escribir y dibujar. Y era esa misión. Esta es Lucy. De hacer que los niños rieran, jugaran. Sacarlos de esa… de esa tristeza. Porque de verdad era una tristeza muy grande. Esa angustia, esa incertidumbre de saber si iban a viajar o no iban a viajar. Había que hacer algo con los miles de cubanos varados en Panamá. La solución más obvia era que se fueran, que siguieran su camino hacia el norte. Todos los países centroamericanos buscaban lo mismo. Deshacerse del problema. Uno por uno, los gobiernos centroamericanos buscaron su propia solución a la crisis. Pero la mayoría de los cubanos estaban varados en Costa Rica y en Panamá. Y es por eso que los dos países llegaron a un acuerdo con el gobierno mexicano que les permitió hacer un puente aéreo hacia una ciudad cerca de la frontera con los Estados Unidos. Pero los boletos de avión de Panamá a México costaban $800, y Raikel, Yoandra y Yoannelis apenas tenían $100 entre los 3. Estaban muy cerca de llegar a su destino, pero no sabían si iban a poder salir de Panamá y aprovechar esta oportunidad. Raikel se encargó. Y dos días antes yo dije: “Hey, tranquilos que vamos a resolver”. Y así mismo fue. Se me ocurre llamar a un tío mío, un primo hermano de mi mamá que vive en Miami. Y lo lograron. Consiguieron el dinero. Ahora solo faltaba ver cómo les llegaba la plata. Habían miles de cubanos que esperaban lo mismo. Y el único Western Union que había en la ciudad más cercana a ellos no daban abasto. El dinero se acababa, y la fila duraba varios días. Raikel, Yoandra y Yoannelis tuvieron que dormir en la calle para poder estar en la fila a primera hora de la mañana, y en eso llegó Lucy, la activista que ayudaba a los niños en El Bon. Y veo a Arián en un pantalón amarillo. Y me dijeron que estaban esperando dinero para la Western. Iban a dormir ese día [Risas] a la intemperie los 4. Lucy se ofreció a llevarse a Arián de paseo para que se distrajera un poco. Fuimos a comer, fuimos a hacer un poco de diligencias. Y bueno, Arián fue un niño que se portó siempre muy bien, y tenía mucho carisma. Un niño muy noble, muy noble. Lo que empezó con un sencillo paseo, terminó con una invitación de Lucy a los 4 a que se quedaran en su casa. Y así fue: por primera vez en meses, durmieron felices en una cama cómoda. El 13 de mayo del 2016, Yoannelis, Yoandra, Raikel y Arián pudieron finalmente montarse en un avión rumbo a México. Habían pasado más de 4 meses de haber salido de Ecuador. Y mis últimas palabras fueron, este, o sea, me viré para mi hermano y… Y dije, “muchas gracias Panamá”. Fue algo muy emocionante, realmente. Porque estaba muy agradecida, pero, como le dije, también sabía que se quedaban muchas personas detrás… que no iban a tener la misma suerte que nosotros. Y eso es muy duro. Aterrizaron en Juárez, Mexico. Al siguiente día pudieron hacer el cruce a Estados Unidos por El Paso, Texas, y lo hicieron sin gran contratiempo. Del lado de Estados Unidos les dieron permiso para entrar al país. El trámite con los agentes fronterizos duró menos de 24 horas. Y me sentía hasta orgulloso de mí mismo, porque… porque… porque vi que todo… todo sacrificio que habíamos hecho había resultado. Que lo logramos, que nada fue en vano, que todo lo que pasamos tuvo su… su fruto. Cuando el grupo de cubanos pasó sobre el puente hacia la ciudad de El Paso, con sus banderitas cubanas, sucedió algo muy inesperado… Algo casi inexplicable si entiendes algo sobre la migración en Estados Unidos, sobre la retórica que se usa para hablar de migrantes latinoamericanos… Raikel me cuenta que los carros que pasaban bajaban las ventanas y les gritaban… “Bienvenidos, bienvenidos, bienvenidos. Cuba, bienvenidos, bienvenidos. Que lo habíamos logrado, bienvenidos. Son libres, son libres”, así decían. Yo viví cerca de este puente en El Paso por varios años, y créanme que este tipo de recibimiento no es normal. Unos meses después, en agosto del 2016, Yoannelis, Raikel, Yoandra y Arián terminaron en un pueblo de Kansas que se llama Emporia, casi en el centro de los Estados Unidos. Después de haber tratado de empezar una nueva vida en Miami, el tío de Raikel le recomendó que se mudara para Emporia donde es más tranquilo y el costo de vida no es tan alto. Y allí fue donde yo los conocí, en el pasado mes de julio, cuando llegué a su casa. Y no fui solo. Sino con una persona muy importante para ellos. ¡Tanto tiempo! Oh my God. [Risa] ¿No sabías? Estás igualita, estás bonita, qué linda. Gracias mi amor, y tú igual que siempre. No, más gordita. Lucy Córdoba, la panameña que les había ofrecido su casa. Cuando llegó el momento de ver a Arián, entraron a la casa, abrieron la puerta de su cuarto, y como cualquier niño de esa edad, Arián, que ahora tiene 7 años, estaba pegado a la televisión. Hola. ¿Sabes quién soy? Yo creo que él no se acuerda. Sí se acuerda. No, él no se acuerda. Mirá quién está allí, Arián. Ven, dame un abrazo. Lucy. ¿Lucy? ¿Ven? No se acuerda. ¡Lucy! ¡Mi amor, ¿cómo estás?! En Emporia, los 3 adultos del grupo trabajan en un taller de carpintería donde ganan $16 la hora. Es más de lo que se ganaban en Cuba en un mes. Y ahí hay varios latinos, sobre todo mexicanos y salvadoreños. Le pregunté a Raikel si alguna vez había hablado con ellos de por qué los cubanos podían entrar a Estados Unidos tan fácilmente. Y me dijo que sí. Y a cada rato sale el temita. Raikel me explicó que sus compañeros latinos a menudo le sacan en cara que él y las cubanas tienen permiso para trabajar, mientras que ellos, que llevan años allá, aún tienen que vivir como indocumentados. Y yo se le digo, “yo no tengo culpa”. Porque yo sé que hay personas que no, pero hay personas que yo sé que les molesta. ¿Entiendes? Pero lo que no entiendo es que quieras cogerla conmigo. Si yo no… Yo tengo mi manera de pensar. Yo tengo mi manera de ver la vida. Tú no sabes como yo viví en mi país. ¿Entiendes? Porque tú eres de un país subdesarrollado igual que el mío, pero tú cobras a $6 al día, que eso no lo cobra nadie en Cuba. En Cuba es $10 dólares al mes. Para Reikel estaba muy claro: si ellos tuvieran el mismo privilegio, sin duda harían lo mismo. En enero del 2017… Muy bien, en una noticia de última hora el presidente Barack Obama, en su última semana en la Casa Blanca, eliminaría la disposición conocida como “Pies secos / Pies mojados”. La Casa Blanca anunció esta tarde que el cambio en política de “Pies secos / Pies mojados” entrará en vigor inmediatamente. Y ordenaría la repatriación inmediata a la isla de los balseros, incluso cuando logren tocar suelo estadounidense. Es decir, incluso cuando tengan los pies secos. De la noche a la mañana los cubanos perdieron el privilegio de entrada que habían tenido desde los años 90. Desde que Obama hizo el anuncio, Raikel me dice que ya no tiene las mismas discusiones con sus compañeros latinos del taller. Después de todo, ahora los cubanos son como cualquier otro migrante. Más de 100 mil cubanos entraron a los Estados Unidos entre el 2014 y 2016. La mayoría hizo un viaje muy similar al que acabamos de escuchar. Y casi todos lograron quedarse. En este mismo periodo, por lo menos 250 mil mexicanos y centroamericanos fueron deportados en la frontera. Pero, claro, no todos los cubanos llegaron a tiempo a Estados Unidos. Miles estaban a medio camino cuando Obama revocó “pies secos/pies mojados”. En la segunda parte de esta serie sobre la nueva era de la migración cubana, seguimos la historia de los que se quedaron en la ruta, y lo que están haciendo ahora que Estados Unidos les ha cerrado las puertas. Una parte de esta historia se hizo posible gracias al apoyo del Pulitzer Center for Crisis Reporting. Este episodio forma parte de una serie que se reportó en colaboración con 14ymedio y El Nuevo Herald. Agradecemos especialmente a Alejandro González y Mario Pentón, de 14yMedio, y a José Iglesias y Nancy SanMartín del Miami Herald y el Nuevo Herald. Rolando Arrieta es periodista de NPR. Vive en Washington D. C. Esta historia fue producida por Luis Trelles, y editada por Camila Segura y por mí. La mezcla y el diseño de sonido es de Andrés Azpiri. Ana Prieto hizo el “factchecking”. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Jorge Caraballo, Barbara Sawhill, Ryan Sweikert, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, Luis Fernando Vargas y Silvia Viñas. Maytik Avirama es nuestra pasante editorial, y Andrea Betanzos es la coordinadora de programas. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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