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Radio Ambulante - La tregua

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Quizá ya nadie recuerde que hubo un día en que El Salvador amaneció casi sin muertos.

Un día de 2012, El Salvador no tuvo homicidios. Los índices de violencia eran tan altos que 24 horas sin asesinatos era como si amaneciera sin sol. Por eso nadie se explicaba cómo, de repente, el conflicto eterno entre pandillas se redujo y el país tuvo una temporada casi sin muertos.

Esta es una coproducción entre Radio Ambulante y El Faro.



En nuestro sitio web puedes leer una transcripción del episodio.



Nuestra décima temporada está llegando a su final y desde ya estamos preparando la que sigue. Únete hoy a la comunidad de Deambulantes y ayúdanos a seguir haciendo el mejor periodismo en audio en español. En tus manos está la sostenibilidad y la independiencia de Radio Ambulante. ¡Gracias desde ya!

Una
advertencia:
en
el
episodio
de
hoy
hay
escenas
fuertes
que
no
son
aptas
para
niños.
Se
recomienda
discreción.
Bienvenidos
a
Radio
Ambulante,
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.
Ok.
Entonces,
estamos
en
un
bar
en
San
Salvador,
un
viernes
por
la
noche
de
marzo
del
2012.
Hay
tres
amigos
periodistas,
compartiendo
unas
cervezas.
Uno
de
ellos…
Bueno,
yo
soy
Sergio
Aráuz,
periodista
de
El
Faro.
El
periódico
digital
de
El
Salvador.
Y
sergio
recibe
una
llamada
Y
bueno,
chequea
el
número,
y
es
una
fuente
suya.
En
El
Faro,
Sergio
cubre
un
poco
de
todo,
pero…
Cubro
particularmente
política.
Diría
que
tengo
dieciocho
años
de
estar
en
El
Faro.
Y
durante
todo
ese
tiempo
ha
acumulado
diversas
fuentes,
sobre
todo
cuando
comenzó
a
cubrir
temas
de
seguridad.
Es
decir,
empecé
a
hablar
con
espías
y
empecé
a
hablar
con
policías.
Empecé
a
hablar
con
jueces,
empezamos
a
hablar
con
gente
bastante
rara,
por
así
decirlo.
Gente
que
confiaba
en
él
y
que
solía
pasarle
información
muy
delicada.
Esta
fuente
en
particular,
la
persona
que
lo
llamó
esa
noche,
era
alguien
en
la
que
Sergio
confiaba.
Y
Sergio
sabía
que
no
lo
llamaría
si
no
fuera
por
algo
serio,
así
que
no
dudó
en
salirse
del
bar
para
contestar.
Me
contó
una
serie
de
cosas
muy
inverosímiles
a
mi
juicio.
Y
me
dice:
“Mire
jefe,
está
ocurriendo
esto”.
Le
dijo
que
el
gobierno
y
las
maras,
las
bandas
criminales
más
violentas
y
odiadas
del
país,
habían
llegado
a
una
suerte
de
acuerdo
de
paz.
Una
tregua.
Eso.
Así
de
simple
y
así
de
inverosímil.
Así
de
impensable.
Sergio
colgó
y
quedó
en
shock.
Sonaba
menos
a
noticia,
y
más
a
fantasía.
Hasta
se
podría
decir
que
sonaba
a
ciencia
ficción.
No
tenía
sentido.
Volvió
al
bar,
y
claro,
lo
primero
que
hizo
fue
contárselo
a
los
otros
dos
amigos
periodistas
que
andaban
con
él.
Y
creo
que
no
me
creyeron
todo
lo
que
les
conté.
Los
que
dudaban
eran
dos
colegas
de
El
Faro.
Los
hermanos
Martínez.
Óscar…
Bueno,
yo
soy
Óscar
Martínez.
Actualmente
soy
editor
de
investigaciones
especiales
del
Faro.
Y
su
hermano
mayor,
Carlos.
Yo
soy
Carlos
Martínez,
soy
periodista
del
Faro.
Y
desde
el
2011
es
parte
del
equipo
Sala
Negra,
cubriendo
la
violencia
en
América
Central.
Bueno,
a
algunos
oyentes
quizás
les
va
parecer
difícil
distinguir
a
los
hermanos.
Nos
pareció
ridículo
y
nos
pareció
que
Sergio
tenía
que
comenzar
a
cambiar
de
fuentes.
Ese
es
Carlos.
Y
este
es
Óscar.
Desde
el
primer
momento,
te
voy
a
ser
honesto,
yo
no
le
presté
mucha
atención
a
eso.
En
cierto
sentido
estas
dudas
son
normales.
El
trabajo
del
periodista
es,
en
esencia,
el
de
dudar.
Pero
bueno,
en
este
asunto,
si
tu
madre
te
dice
que
te
ama,
uno
hay
que
verificarlo.
Teniendo
en
cuenta
quién
era
la
fuente,
Sergio
insistió.
No
podían
descartar
tan
fácilmente
lo
que
le
acababan
de
contar.
Así
que
decidieron
hacer
el
trabajo
de
periodistas:
levantar
el
teléfono
para
verificar
con
sus
propias
fuentes
si
lo
que
le
habían
dicho
era
cierto
o
puro
invento.
Ok.
Vamos
a
volver
a
este
proceso,
al
de
verificar
lo
que
era
en
ese
momento
solo
un
rumor,
algo
casi
absurdo.
Pero,
para
entender
todo
lo
que
viene
en
esta
historia,
hay
que
entender
la
situación
de
aquel
momento
en
El
Salvador.
Y
por
qué
lo
que
les
había
soltado
esa
fuente
sonaba
tan
inverosímil.
Para
los
que
no
son
salvadoreños,
para
los
que
observamos
el
país
desde
afuera,
hay
un
tema
que
siempre
suena.
Un
tema
que
marca
casi
todos
los
aspectos
de
la
vida
del
país:
la
política,
la
economía,
la
cultura
ciudadana.
Y
el
tema,
claro,
es
la
violencia.
O
para
ser
más
específicos:
las
maras
y
qué
hacer
con
ellas.
Para
millones
de
salvadoreños,
ese
tema
es
central.
Lo
viven
día
a
día.
Lo
han
vivido
durante
años.
Óscar
me
lo
explicó
así:
De
hecho,
transitando
por
San
Salvador,
es
decir,
el
centro
de
San
Salvador,
es
un
lugar
que
más
de
dos
millones
de
salvadoreños
cruzan
cada
día,
250
cuadras,
donde
hay
cerca
de
seis
clicas
de
dos
pandillas.
Clicas,
es
decir
los
grupos
pandilleros
que
controlan
barrios
y
zonas
específicas.
Es
imposible
no
toparse
con
las
pandillas
en
San
Salvador.
O
sea
no
si
son
dos
millones,
pero
sí,
cientos
de
miles
de
salvadoreños
que
tienen
que
cruzar
un
campo
minado
—la
capital
de
su
propio
país—
a
diario.
Y
es
solo
un
ejemplo.
Cruzar
las
fronteras
invisibles
entre
el
dominio
de
una
clica
o
la
otra
no
es
algo
que
se
hace
a
la
ligera.
La
violencia
ha
estado
ahí
desde
hace
muchos
años.
Esto
era
cierto
desde
antes
del
2012,
cuando
comienza
esta
historia,
y
sigue
siendo
cierto
ahora,
en
el
2021.
Ha
marcado
la
discusión
política
nacional
por
décadas:
A
los
delincuentes
les
digo
que
se
les
acabó
la
fiesta.
El
Salvador
está
en
guerra.
Los
enfrentamientos
entre
la
policía
y
las
pandillas
se
han
recrudecido
en
los
últimos
meses.
En
los
primeros
días
del
año
la
policía
nacional
civil
también
registra
cincuenta
homicidios.
Eso
significa
un
incremento
en
comparación
con
2020.
Y
la
política
internacional…
Seguo
con
muita
preocupaccione
le
notizzie
que
tkcciungono
da
El
Salvador…
Desde
Roma,
el
papa
Francisco
dijo
que
sigue
con
preocupación
las
noticias
de
este
país.
Ahora
que
el
gobierno
de
Trump
ha
intensificado
el
combate
contra
la
Mara
Salvatrucha,
en
El
Salvador
han
aprobado
más
mano
dura
para
los
pandilleros
que
sean
deportados
de
Estados
Unidos.
No
te
puedes
escapar
del
tema.
El
saldo
diario
de
muertos
es
tan
parte
de
la
vida
como
leer
el
pronóstico
del
clima,
o
los
resultados
de
una
fecha
de
la
liga
de
fútbol.
Las
cifras
son
de
terror.
Hay
dos
principales
pandillas,
o
maras,
en
el
país:
Barrio
18
y
la
Mara
Salvatrucha,
conocida
como
MS
13.
Juntas
cuentan
con
más
de
sesenta
mil
miembros
en
El
Salvador.
Y
miles
más
en
el
exterior.
Cada
año,
las
maras
cobran
millones
de
dólares
de
extorsión.
Entre
el
2014
y
el
2019
hubo
más
de
veinticinco
mil
asesinatos
en
El
Salvador.
Para
ponerlo
en
contexto:
esa
tasa
es
mayor
a
la
que
tuvieron
países
como
Somalia
y
Ucrania,
que
estaban
en
guerra
durante
la
misma
época.
Y
la
gran
mayoría
de
esas
muertes
se
atribuían
a
estas
organizaciones
criminales.
Y,
según
la
fuente
de
Sergio,
¿el
gobierno
quería
negociar
con
ellos?
No
tenía
mucho
sentido.
Ya.
La
fecha
y
la
coyuntura
también
son
importantes
para
entender
esta
historia.
Dijimos
que
era
marzo,
marzo
del
2012.
El
presidente
en
ese
entonces
era
él,
Mauricio
Funes.
El
hecho
de
que
haya
aumentado
el
número
de
homicidios
no
significa
que
estén
fracasando
los
planes
de
seguridad
pública
si
no
se
dimensiona…
Era
el
primer
presidente
de
izquierda
desde
que
se
acabó
la
guerra
civil
en
1990.
Y
Carlos
Martínez
me
explicó
que
antes
de
Funes…
Veníamos
de
gobiernos
de
derecha
que
habían
reaccionado
al
fenómeno
como
normalmente
se
supone
que
hagan
los
gobiernos
de
derecha.
Como
el
de
Francisco
Flores,
un
presidente
que
a
mediados
del
2003
propuso
el
plan
Mano
Dura.
Quiero
decirle
claramente
a
los
ciudadanos,
que
yo
no
estoy
preocupado
del
bienestar
de
los
criminales.
Su
sucesor,
Elías
Antonio
Saca,
un
poco
más
creativo,
propuso
el
plan
Súper
Mano
Dura.
Esta
noche
lanzamos
el
Plan
Súper
Mano
Dura…
Tal
cual,
no
me
estoy
inventado
esos
nombres.
Como
se
pueden
imaginar,
el
plan
Súper
Mano
Dura
era
más
de
lo
mismo.
Haciendo
gestos
agresivos,
es
decir,
saliendo
mucho
en
la
tele,
dándole
muchas
palizas
a
muchos
pandilleros
sin
que
eso
resolviera
el
problema.
Por
el
contrario,
lo
incrementó.
Y
no
es
que
subió
un
poquito.
No.
Entre
el
2003
y
2006,
durante
el
plan
Mano
Dura
y
Súper
Mano
Dura,
la
tasa
de
homicidios
en
El
Salvador
incrementó
en
un
cincuenta
por
ciento.
Entonces
al
principio
de
su
mandato,
en
el
2009,
este
nuevo
presidente
de
izquierda,
Mauricio
Funes,
siguió
la
misma
receta
de
derecha
en
su
lucha
contra
las
pandillas.
Si
bien
no
le
puso
ningún
nombre
exagerado
a
su
estrategia
como
Mano
Súper
Extra
Dura,
o
algo
por
el
estilo,
la
idea
tampoco
se
alejaba
tanto
de
eso.
Sacó
unos
seis
mil
soldados
a
patrullar
las
calles
y
las
prisiones
junto
a
la
policía.
Luego
reemplazó
a
su
Ministro
de
Seguridad
con
un
militar
que
ya
había
sido
su
Ministro
de
Defensa
antes,
el
general
David
Munguía
Payés.
Y
bueno,
como
es
lógico,
si
pones
de
jefe
de
seguridad
a
un
militar,
ya
sabes
qué
hay
que
esperar.
Había
dicho
que
la
policía
no
daba
abasto.
Que
el
Ejército
debería
hacerse
cargo
del
fenómeno
de
pandillas.
Este
es
Munguía
Payés.
El
gobierno
de
El
Salvador
no
ha
renunciado
en
ningún
momento
a
la
represión
ni
al
control
del
delito…
Payés
había
dicho
que
las
organizaciones
de
derechos
humanos
eran
una
especie
de
estorbo
para
solucionar
el
conflicto…
Y
había
dicho
que,
a
su
juicio,
había
que
suspender
las
garantías
constitucionales
en
los
barrios
asediados
por
pandillas
para
poder
registrar
casas
sin
permiso,
para
poder
arrestar
gente
sin
permiso
de
un
juez,
para
poder,
para
que
el
ejército
además
pudiera
hacer
estas
cosas.
O
sea
más
de
lo
mismo.
Entonces
te
imaginas,
¿qué
esperábamos
que
este
tipo
hiciera?
Pues
lo
que
había
prometido.
Mano
súper
extra
mega
dura.
Cabe
decir
que
en
un
país
apabullado
por
la
violencia,
un
discurso
como
este
es
el
que
más
vende.
Es
el
discurso
que
la
gente
entiende
—y
quiere—
a
un
nivel
visceral.
Una
vez
entrevisté
a
una
mujer
joven,
cristiana,
muy
agradable,
que
cuando
le
pregunté
qué
creía
que
se
debería
hacer
con
las
pandillas,
se
transformó.
Que
los
quemen
a
todos.
Ya.
O
sea…
Como
salvadoreños
no
son
mis
hermanos.
Yo
fui
criada
bajo
el
evangelio,
bajo
el
cristianismo.
Nunca
los
voy
a
ver
como
hermanos.
Así
que
si
los
pueden
envolver
en
una
sola
hoguera
como
holocausto,
que
les
den.
Que
les
den
fuego.
Le
pregunté
a
Carlos
si
entendía
este
punto
de
vista.
Porque
claro,
más
allá
de
su
labor
como
periodista,
es
ciudadano
salvadoreño.
Los
riesgos
que
sus
compatriotas
sufren
día
a
día
no
le
es
algo
ajeno.
Me
dijo
que
sí,
que
por
supuesto.
Desde
luego
lo
último
que
sentís
por
los…
por
los
perpetradores,
es
empatía.
Entonces.
Tres
gobiernos
seguidos,
de
derecha
y
de
izquierda,
aplicando
diferentes
versiones
de
mano
dura.
Una
población
harta
de
matanzas,
de
extorsiones,
harta
de
vivir
como
rehenes
en
su
propio
país…
Dado
todo
esto,
lo
que
la
fuente
de
Sergio
le
contó
esa
noche
no
tenía
sentido,
para
nada.
¿El
gobierno
de
Funes
había
negociado
una
tregua
con
la
mara?
Era
una
tregua
con
el
diablo.
Pero
la
fuente
de
Sergio
tenía
detalles
del
asunto.
Por
ejemplo,
que
a
cambio
de
trasladar
algunos
líderes
a
cárceles
de
menor
seguridad,
la
directiva
de
las
principales
maras
del
país
había
aceptado
bajar
las
armas.
Y
ese
tipo
de
detalle
—si
unos
líderes
pandilleros
habían
sido
trasladados
a
una
cárcel
o
no—
eso
se
podría
verificar.
Sucedían
cosas
raras
en
El
Salvador
en
esos
días.
O
mejor
lo
explico
así:
las
cosas
que
normalmente
suceden
en
El
Salvador
no
sucedían.
Y
eso
era
lo
raro.
El
día
después
de
la
llamada,
el
sábado,
por
ejemplo.
Ese
sábado
diez
hubo
diez
homicidios,
cuando
la
tendencia
del
trimestre
eran
catorce
al
día.
Y
el
domingo
solo
hubo
seis.
Un
número
bastante
fuera
de
lo
normal.
Pero
quizás
había
una
explicación,
algo
que
no
tenía
nada
que
ver
con
la
supuesta
tregua.
El
Salvador
decide
este
domingo
once
de
marzo
una
nueva
batalla
electoral
por
el
parlamento
y
las
alcaldías
de
ese
país.
Había
elecciones
municipales….
Entonces,
el
despliegue
policial,
toda
la
policía
está
en
emergencia
y
tiene
que
trabajar.
Por
lo
que
tal
vez,
ese
número
tan
bajito
de
muertos
quizás
se
explicaba
por
la
presencia
policial
en
las
calles.
Pero
el
lunes
hubo
dos,
pero
el
despliegue
policial
de
las
elecciones
todavía
continuaba.
Pero
el
martes
ya
no
había
despliegue
policial
y
hubo
tres.
Entonces
ya
no
entendíamos
nada.
Hay
que
decirlo
de
manera
muy
directa:
en
El
Salvador,
si
un
día
hay
tan
poquitos
muertos,
es
como
si
amaneciera
sin
sol.
No
tiene
sentido.
No
cabe
en
la
cabeza.
Así
que
Óscar
y
Carlos
empezaron
a
hacer
llamadas,
querían
averiguar
qué
estaba
pasando.
Empezamos
ya
a
llamar
al
general
Payés,
empezamos
a
llamar
a
la
oficina
de
otros
funcionarios
y
nos
negaron
siquiera
pasarnos
el
teléfono.
Pero
siguieron
insistiendo.
Pasaron
varios
días
corroborando
la
información,
reuniéndose
con
agentes
de
inteligencia
y
verificando
documentos
confidenciales.
Y
finalmente
concluyeron
que
sí,
que
era
cierto.
Resulta
que
el
gobierno
había
seleccionado
cerca
de
treinta
líderes
encarcelados,
unos
de
Barrio
18
y
otros
de
MS
13.
Los
subieron
a
buses
de
madrugada,
y
los
llevaron
de
penales
de
máxima
seguridad
a
penales
de
menor
rigor.
Había
una
tregua.
Este
es
Carlos.
Donde
fueron
recibidos
los
pandilleros
como
héroes.
En
aplauso
y
fanfarria
del
resto
de
la
población
penitenciaria,
llegaron
a
esos
penales
y
tomaron
el
control
de
la
pandilla,
del
penal
y
de
la
calle.
En
cuestión
de
un
día,
desde
ese
traslado,
los
homicidios
se
desplomaron.
Lo
que
se
veía
en
las
calles,
esa
desconcertante
ausencia
de
cadáveres,
tenía
una
explicación.
Los
ajustes
de
cuentas
ya
programados
quedaron
en
pausa.
Hubo
gente
que
tenía
sentencia
de
muerte
de
las
maras,
gente
a
la
que,
según
la
ley
de
la
calle,
les
tocaba
una
bala…
una
bala
que
simplemente
no
llegó.
Entonces:
Cuando
por
fin
pudimos
probarle
a
nuestros
editores
que
no
estábamos
persiguiendo
un
disparate
y
una
locura.
Publicamos
un
artículo
que
titulamos
de
una
manera
muy
circunspecta
y
muy
fría:
“Gobierno
negoció
con
pandillas
reducción
de
homicidios”.
Y
ese
artículo
de
El
Faro,
con
su
titular
tan
plano,
fue
una
bomba.
Dos
días
después
el
general
David
Munguía
Payés
decidió
ofrecer
una
conferencia
de
prensa.
Y
en
la
conferencia
de
prensa
él
dijo
lo
siguiente:
“Miren,
me
voy
a
referir
a
la
publicación
que
ha
hecho
El
Faro,
y
en
principio
quiero
decir…”.
Número
uno,
el
gobierno
de
la
república
en
ningún
momento
está
negociando
con
ninguna
pandilla.
Y
mucho
menos
ofreciendo
dinero
para
que
paren
los
asesinatos
aquí
en
nuestro
país.
El
ministro
de
defensa
concedió
que
sí,
que
los
líderes
de
las
principales
pandillas
del
país
habían
sido
trasladados
de
una
cárcel
a
otra,
pero
según
él,
no
tenía
nada
que
ver
con
una
supuesta
tregua.
¿La
motivación
principal?,
precisamente
razones
de
seguridad.
En
días
anteriores
tuvimos
informaciones
que
habían
ingresado
al
país
24
cohetes
LAW.
Los
lanzacohetes
LAW
están
diseñados
para
destruir
tanques
de
guerra.
Y
Munguía
Payés
empieza
a
dar
unas
explicaciones
que
se
salían
del
estadio.
Y
la
información
que
tenía
apuntaba
a
que
podríamos
tener
nosotros
algún
intento
de
fuga
en
el
penal
de
máxima
seguri…
de
máxima
seguridad.
O
sea
que
las
maras
iban
a
volarse
de
la
cárcel
con
bazukas.
De
una
prisión
que
es
subterránea.
Para
que,
como
en
un
episodio
de
Los
Simpson,
los
reos
salieran
corriendo
por
ese
boquete.
Era
absurdo
porque
hay
un
muro
perimetral
para
empezar.
La
cárcel
está
bajo
tierra.
Y
por
otro
lado
resultaba
curioso,
por
no
decir
ridículo,
que
para
prevenir
la
fuga
de
pandilleros
de
una
cárcel
de
máxima
seguridad
era
buena
idea
sacarlos
y
repartirlos
en
varias
cárceles
de
menor
seguridad.
Con
o
sin
la
existencia
de
cohetes
anti-guerra,
por
donde
lo
miraras,
no
tenía
sentido.
Nos
quedó
claro
que
no
tenían
ninguna
estrategia.
Todos
salimos
ahí
con
la
idea…
Desde
luego,
nosotros
profundamente
convencidos
de
lo
que
habíamos
publicado
y
el
resto
de
colegas
con
la
sensación
de
que
habían
escuchado
un
disparate,
un
enorme
disparate.
Pero
entonces,
¿qué
estaba
pasando?,
¿por
qué
se
habían
reducido
los
homicidios
de
esta
manera
tan
drástica?
Para
eso,
no
había
explicación
oficial.
Pasaron
unos
días
sin
ningún
otro
pronunciamiento
del
gobierno,
hasta
que
se
dio
una
conferencia
de
prensa
en
la
Nunciatura,
la
embajada
de
El
Vaticano
en
El
Salvador.
Y
cuando
llegamos
nos
encontramos
con
monseñor
Fabio
Colindres.
Que
todos
lo
conocíamos
nada
más
porque
él
aparecía
en
la
televisión
como
host
de
un
programa
que
se
llamaba
El
minuto
de
María
Es
difícil
lograr
entender
qué
es
un
sacerdote.
Pero
podemos
decir
que
el
más
extraordinario
don
que
Dios
ha
hecho
al
mundo…
Además
de
su
microprograma
en
la
televisión
salvadoreña,
Colindres
también
era
el
capellán
oficial
de
la
Fuerza
Armada.
Aparentemente,
no
tenía
nada
que
ver
con
las
pandillas,
ni
con
las
prisiones,
pero
igual
decidió
pronunciarse…
He
decidido
dar
esta
conferencia
de
prensa
en
respuesta
a
la
polémica
suscitada
hace
algunos
días.
Esa
conferencia
fue
súper
rara.
Resulta
que
Monseñor
Colindres
nos
explicó
que
él
tenía
ratos
,
sin
que
nosotros
lo
supiéramos,
ingresando
al
penal
de
máxima
seguridad…
…y
que
le
había
llevado
esta
petición
de
traslado
al
General
Munguía
Payés:
Suplico
al
señor
ministro
el
gesto
humanitario
de
movilizar
en
el
nombre
de
Dios
un
mecanismo
que
vaya
constatando,
en
la
medida
de
lo
posible,
la
situación
de
salud
de
los
ciudadanos
privados
de
libertad
en
nuestro
sistema
penitenciario,
a
fin
de
que
si
la
ley
lo
permite,
puedan
ser
trasladados.
En
otras
palabras,
la
idea
de
trasladar
a
los
presos
había
sido
suya.
Pero
decía
que
se
trataba
de
un
gesto
humanitario
con
los
presos
que
estaban
enfermos,
no
para
los
líderes
de
las
pandillas.
Y
fue
muy
enfático
en
este
punto.
No
hablaba
de
una
“tregua”.
Le
llamaban
un
proceso.
Esa
es
la
palabra
que
ocupaban.
Esto
es
un
proceso
entre
la
Iglesia
católica,
unos
mediadores…
esa
otra
palabra
tan
anodina
se
puso
ahí.
No
estábamos
hablando
de
una
negociación
entre
gobierno
y
pandillas.
Nunca.
El
objetivo
primordial
era
lograr
con
la
mediación
pastoral
de
la
iglesia
y
de
la
sociedad
civil
un
entendimiento
entre
pandillas.
O
sea,
mediadores
entre
quién
y
quién
preguntábamos…
Mediadores,
decían.
Simplemente
mediadores.
Monseñor
Colindres
no
era
el
único
mediador.
A
su
lado,
en
la
conferencia
de
prensa
estaba
Raúl
Mijango…
Que
había
sido
un
político
importante
hacía
una
década,
más
o
menos.
Y
no
lo
habíamos
vuelto
a
ver
hasta
que
lo
encontramos
en
esa
conferencia
de
prensa.
Mijango
era
un
ex
guerrillero,
una
persona
muy
involucrada
con
los
movimientos
políticos
de
izquierda
en
el
país.
Su
trayectoria
y
hasta
su
estilo
campechano
y
directo
creaban
un
contraste
muy
grande
con
Colindres.
Pero
ambos
coincidían
en
una
cosa.
Esto
es
un
milagro
que
yo
lo
he
calificado
como
un
milagro
progresivo.
¿Qué
significa
esto?
Que
día
tras
día
esa
cuenta
de
personas
que
se
están
salvando
sigue
aumentando.
O
sea
la
reducción
en
homicidios
no
tiene
causa
terrenal,
sino
es
producto
de
intervención
divina.
Un
milagro.
Carlos
y
los
demás
colegas
no
podían
creerlo.
Desde
luego
era
toda
una
andanada
de
patrañas.
Y
nos
preguntábamos:
¿acabo
de
escuchar
la
palabra
milagro?
(risa).
Es
decir,
¿acabo
de
escuchar
como
explicación
la
palabra
milagro?
Una
semana
después
el
presidente
Mauricio
Funes
finalmente
habló
del
tema.
Dijo
que
su
gobierno…
…no
ha
negociado,
ni
negocia,
ni
va
a
negociar
con
ninguna
de
las
pandillas
existentes
en
el
país.
El
gobierno
solo
acompañó
el
esfuerzo
de
la
iglesia
católica
para
alcanzar
un
entendimiento
entre
los
los
líderes
de
las
pandillas.
A
un
mes
del
artículo
de
El
Faro,
la
tendencia
se
mantenía:
de
catorce
asesinatos
diarios,
ahora
había
un
promedio
de
seis.
Lo
cual
suena
a
una
excelente
noticia,
solo
que
nadie
explicaba
bien
cómo,
ni
por
qué.
Y
el
presidente
tampoco
se
adueñaba
de
este
proceso
de
paz.
Lo
que
había
reportado
El
Faro,
de
una
tregua
clandestina
entre
el
gobierno
y
las
pandillas,
era
controversial
desde
donde
lo
miraras.
Algunos
cuestionaban
si
algo
así
fuera
legal.
Pero
más
allá
de
lo
estrictamente
legal…
Pedirle
a
la
gente
que
aceptara
negociaciones
con
los
verdugos
de
un
país,
con
los
que
extorsionaban,
aterrorizaban,
asesinaban
a
diario,
y
que
lo
habían
hecho
por
años,
era
demasiado.
Ningún
político
se
atrevía
a
arriesgarse
de
esa
manera.
Desde
el
punto
de
vista
del
presidente
Funes…
Que
lo
que
estaba
intentando
hacer
era:
hoy
que
se
descubrió
el
experimento,
pues
si
salía
mal
no
tenía
nada
que
ver.
Que
los
platos
rotos
los
pague
la
iglesia
católica.
Pero
si
esto
sigue
saliendo
bien,
pues
que
me
aplaudan
a
(risa).
La
pregunta
es:
¿le
saldría
bien?
Ya
volvemos.
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mensaje
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Contra
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de
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En
la
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los
reporteros
de
Vice
News
viajan
a
Colombia,
donde
una
compañía
norteamericana
de
carbón
ha
sido
acusada
de
financiar
a
los
paramilitares
que
asesinaron
a
tres
líderes
sindicales.
Una
historia
de
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que
recorre
América
y
nunca
has
escuchado
antes.
Escucha
Contra
Natura
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Estos
días
hay
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para
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alcanzar
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Es
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Happy
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Dos
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comparten
sus
reacciones
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verás
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de
NPR.
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante.
Soy
Daniel
Alarcón.
Proceso,
acuerdo,
negociación,
tregua.
A
pesar
de
que
no
tenía
un
nombre
oficial,
era
innegable
que
algo
histórico
estaba
sucediendo
en
El
Salvador.
Algo
nunca
visto
en
el
país.
La
tasa
de
homicidios
había
caído
a
la
mitad.
Y
si
bien
el
gobierno
no
aceptaba
que
había
negociado
con
las
maras,
parecía
que
estaba
dispuesto
a
aceptar
el
crédito
por
la
disminución
de
la
violencia.
Mientras
tanto
los
pandilleros
comenzaban
a
salir
en
televisión
y
a
publicar
comunicados
en
los
periódicos.
Esto
comenzó
a
ser
una
especie
de
festival
de
gestos.
De
pronto
los
pandilleros
lanzaban
comunicados
firmados
Mara
Salvatrucha
y
Barrio
18.
Los
voceros
nacionales
de
la
mara
MS
13
y
el
Barrio
18…
Este
es
uno
de
los
líderes
históricos
del
Barrio
18,
El
Viejo
Lin.
Al
pueblo
salvadoreño
hacemos
saber,
que
nos
mantenemos
firmes
en
la
decisión
de
contribuir
al
proceso
de
pacificación
que
desde
el
nueve
de
marzo
está
en
desarrollo
en
nuestro
país.
Y
ese
gesto,
hacer
un
anuncio
junto
a
sus
enemigos
mortales
de
la
MS
13,
era
algo
impensable
hasta
ese
momento.
Luego
comenzaron,
por
ejemplo,
a
abrir
las
prisiones
para
que
los
medios
de
comunicación
pudiéramos
asistir
a
eventos
al
interior
de
las
prisiones,
donde
los
líderes
pandilleros
daban
discursos
a
la
nación.
La
paz
esté
con
todos
ustedes…
Ojo
con
eso.
Entonces
entrabas
al
penal,
había
una
misa
y
tomaba
la
palabra
un
miembro
de
la
pandilla
MS
13
y
decía.
Nadie
a
nosotros
nos
ha
querido
escuchar
en
todo
este
tiempo
atrás.
Siempre
han
dicho
que
nosotros
hemos
sido
la
escoria
y
lo
peor
del
mundo.
La
verdad
es
de
que…
que
no
es
que
nosotros
no
tengamos
valores.
Lo
que
pasa
es
que
cuando
nosotros
crecimos
en
una
época
de
conflicto
fue
cuando
logramos
tapar
nuestros
valores
con
cosas
negativas.
Ay
disculpen,
soy
poco
de
palabras,
pero
o
sea
lo
que
quiero
expresar
es
de
que
estamos
dispuestos
a
seguir
adelante
y
que
el
principal
beneficiario
en
esto
sea
el
pueblo.
No
nosotros,
no
que
el
pueblo.
Antes
de
la
tregua,
perdón,
antes
del
proceso
lo
que
se
veía
de
los
mareros
en
la
televisión
era
siempre
lo
mismo.
Tipos
rudos,
con
tatuajes
en
las
caras
y
casi
siempre,
las
manos
esposadas.
Por
lo
general
los
mostraban
después
de
que
habían
caído
en
redadas
de
la
policía,
y
se
los
veía
tras
las
rejas
en
algún
penal
violento
y
hacinado.
Pero
parte
del
llamado
proceso
era
cambiar
esa
imagen.
Ahora
tenían
voceros,
escribían
discursos,
se
les
veía
en
eventos
de
muy
alto
nivel.
Eran
figuras
públicas.
Para
muchos
salvadoreños,
desorientaba
verlos
así.
Hasta
que
ocurrió
lo
que
ya
era
el
cénit
de
la
locura.
El
secretario
general
de
la
Organización
de
Estados
Americanos.
José
Miguel
Insulza,
de
Chile.
Anunció
que
llegaría
a
El
Salvador
para
poner
a
disposición
la
Organización
de
Estados
Americanos
como
garante
y
observador
del
proceso
en
El
Salvador.
Ojo
con
esto,
de
un
proceso
que
el
Estado
salvadoreño
no
reconocía
como
propio.
La
OEA
llegó
en
un
momento
clave.
Los
mediadores
buscaban
algún
tipo
de
legitimidad.
De
cualquier
lado.
Que
alguien
avale
y
se
adueñe
de
la
tregua.
El
mediador
Raúl
Mijango
y
el
creador
de
la
tregua,
Munguía
Payés,
empezaba
a
colar
un
mensaje
en
el
Gobierno:
“Necesitamos
apoyo,
cabrones”.
El
doce
de
julio
del
2012,
los
representantes
de
la
MS
13
y
Barrio
18
comenzaron
un
diálogo
con
Insulza.
Carlos
me
describió
la
escena.
Están
sentados
en
un
solo
salón
los
liderazgos
de
las
grandes
estructuras
criminales
del
país,
como
si
fueran
diplomáticos
de
toda
la
vida.
Insulza
comenzó
diciendo
que
lo
que
estaba
pasando
en
El
Salvador
podría
ser
importante
no
solo
en
el
país…
Sino
que
a
otros
países
de
América
que
tienen
un
problema
similar.
Así
que
ojalá
que
la
lección
que
ustedes
están
dando
pueda
ser
recogida
en
muchas
partes…
Luego
le
tocó
a
los
representantes
de
las
pandillas…
y
ellos
siguieron
el
rebuscado
protocolo
diplomático
al
pie
de
la
letra.
Los
voceros
nacionales
de
la
MS
13
y
Barrio
18,
al
pueblo
salvadoreño,
a
la
comunidad
internacional
y
a
los
países
miembros
de
la
OEA
hacemos
saber,
primero,
que
saludamos
efusivamente
la
llegada
a
nuestro
país
del
excelentísimo
secretario
general
de
la
OEA,
señor
José
Miguel
Insulza.
Y
aprovecharon
su
visita
para
hacer
un
gesto
de
buena
voluntad.
Nuestro
gesto
consiste
en
un
simbólico
desarme
parcial
de
nuestras
estructuras.
Las
armas
depuestas
le
serán
entregadas
al
señor
secretario
general
de
la
OEA
para
su
posterior
destrucción.
El
desarme
se
hizo
al
día
siguiente.
Un
grupo
de
pandilleros
encapuchados
llegaron
a
una
plaza
en
el
centro
histórico
de
San
Salvador.
De
un
carro
de
verduras
bajaron
una
enorme
cantidad
de
costales
de
armas,
donde
iban
fusiles,
pistolas,
carabinas,
escopetas,
hasta
una
mina
Claymore
antipersona.
Y
los
pusieron
frente
al
Secretario
de
la
OEA
y
a
un
grupo
que
había
sido
invitado
al
evento.
Obviamente
se
hicieron
discursos.
Pidiendo
que
esas
armas
se
derritieran
y
que
se
hiciera
un
concurso
público
para
convocar
a
escultores
nacionales
y
hacer
con
ellas
una
escultura
dedicada
a
la
paz.
Hubo
un
elemento
más
que
le
daba
un
tono
surreal
a
la
ceremonia.
A
todo
esto,
este
evento
estaba
ambientado
en
loop
con
la
canción
Chiquitita
de
Abba.
O
sea,
si
ese
día
hubieran
llovido
ranas,
hubiera
sido
lo
más
normal.
Carlos
no
es
un
tipo
que
se
deja
llevar
fácilmente
por
el
optimismo.
Ni
su
personalidad,
ni
su
vocación
se
lo
permite.
Todo
lo
contrario.
Llevaba
mucho
tiempo
reportando
sobre
las
pandillas.
Años
detallando
un
acto
sangriento
tras
otro.
No
es
gratuito
que
su
equipo
en
El
Faro
se
llame
Sala
Negra.
Pero
la
tregua
le
estaba
mostrando
un
lado
de
las
pandillas
que
no
había
visto
antes.
Y
por
primera
vez
empezó
a
creer.
El
yo
salvadoreño
se
moría
por
creer
de
que
estaba
cambiando
todo.
Que
estábamos
atestiguando
verdaderos
gestos
de
paz,
que
ningún
niño
iba
a
verse
sometido
a
la
obligación
atroz
de
asesinar
para
pertenecer
a
una
familia,
a
una
familia
criminal.
Y
que
probablemente
la
explicación
era
tan
sencilla
como
haber
tocado
las
puertas
al
diálogo.
Desde
luego
fui
un
ingenuo.
Desde
luego
me
equivoqué.
Las
pandillas
llevaban
más
de
quince
años
matando
a
personas
inocentes.
Ya
lo
hemos
escuchado,
los
salvadoreños
estaban
hartos
de
vivir
con
el
terror
de
las
maras.
La
gente
de
alguna
manera
quería
algo
que
está
entre
la
justicia
y
la
venganza.
La
idea
de
un
pandillero
en
un
buen
lugar,
en
un
penal
de
menor
seguridad,
pudiendo
abrazar
a
su
mujer
y
a
sus
hijos,
era
muy
disruptiva
en
la
mente
de
las
personas.
Óscar
me
contó
que
cuando
los
pandilleros
empezaron
a
aparecer
como
embajadores
de
la
paz,
lo
que
se
comentaba
en
la
calle
era…
Estos
son
unas
ratas,
muéranse…
ese
maldito
gobierno”.
Las
reacciones
eran
muy
catastróficas
a
la
idea
de
la
tregua.
Es
decir,
la…
la
ciudadanía
comentaba
esto
como
un
pacto
criminal,
sin
perdón
alguno.
En
septiembre
del
2013,
el
presidente
Funes
se
dirigió
a
las
Naciones
Unidas.
Sobre
un
proceso
que
sus
mediadores
habían
tildado
como
un
milagro,
se
limitó
a
decir
esto:
Un
pacto
de
no
agresión
entre
las
dos
principales
pandillas
juveniles
del
país,
del
cual
el
gobierno
solo
ha
sido
facilitador,
ha
creado
las
condiciones
mínimas
para
reducir
los
niveles
de
violencia
pandilleril
en
los
lugares
más
afectados
por
este
fenómeno.
Lo
voy
a
repetir,
para
que
quede
claro.
Año
y
medio
después
de
haber
iniciado
esta
tregua,
un
tregua
que
nunca
reconoció
plenamente,
el
presidente
del
país
insistía
en
que
su
gobierno
era
solo
un
facilitador.
Nada
más.
No
había
un
respaldo
oficial
al
proceso
de
paz
y
eso
lo
dejaba
huérfano.
Los
pandilleros
tardaron
en
darse
cuenta
en
la
trampa
en
la
que
habían
caído,
porque
al
intentar
mantener
en
secreto
el
acuerdo,
le
estaban
facilitando
al
gobierno
encabezado
por
Mauricio
Funes
desentenderse
de
la
paternidad
del
acuerdo.
Y
las
estaban
dejando
básicamente
solos,
con
una
enorme
papa
caliente
en
las
manos.
Entonces,
pasaron
cuatro
meses
y
llegamos
al
2014,
un
año
de
elecciones.
Y
la
tregua
se
convirtió
en
un
tema
central
de
las
campañas.
La
oposición
la
usó
para
atacar
al
presidente
Funes
con
anuncios
como
este:
Funes
confesó,
ante
las
Naciones
Unidas,
que
el
gobierno
del
FMLN
facilitó
el
pacto
entre
las
pandillas.
¡Pero
la
realidad
es
que
ese
pacto
solo
benefició
para
que
los
pandilleros
crecieran.
Y
luego
salen
varios
ciudadanos
comunes
y
corrientes
quejándose
del
pacto:
Ahora
está
peor
la
delincuencia.
Pues
aquí
como
que
no
hay
ley,
pues
los
delincuentes
mandan
más
aquí
que
el
gobierno.
Ya
uno
sale
con
miedo
a
las
calles.
Ya
uno
no
sabe
si
va
a
regresar
con
vida
a
la
casa.
MS,
18,
Mijango
y
el
presidente,
ellos
hacen
su
envoltorio
y
al
pueblo
no
lo
toman
en
cuenta.
Óscar
me
contó
que
ante
la
presión
política,
el
presidente
y
su
partido
comenzaron
una
campaña
de
negación
absoluta
de
la
tregua.
Ya
habían
desplegado
operativos,
ya
habían
devuelto
a
algunos
de
los
líderes
de
la
ranfla
a
máxima
seguridad
y
ya
era
evidente
que
la
estrategia
era
llegar
a
las
elecciones
habiéndose
deshecho
de
ese
saco
lleno
de
pandilleros.
Había
una
cosa
más.
Algo
muy
importante
que
explica
por
qué
para
el
pueblo
salvadoreño
la
baja
en
la
tasa
de
homicidios
no
era
suficiente
para
convencerlos
de
que
las
pandillas
habían
cambiado.
De
que
merecían
este
proceso.
Pero
para
entenderlo
tenemos
que
volver
a
la
cárcel.
A
una
reunión
que
tuvo
Carlos
y
su
equipo
de
Sala
Negra
con
los
líderes
de
la
MS
13
en
septiembre
del
2012,
en
la
primera
etapa
de
la
tregua.
Los
líderes
de
la
MS
13,
los
que
habían
sido
trasladados
a
un
penal
de
mínima
seguridad,
concedieron
entrevistas
a
él
y
a
un
equipo
de
El
Faro
dentro
de
la
nueva
cárcel
del
grupo.
Llegamos
al
centro
penal
de
Ciudad
Barrios
y
estaba
cayendo
una
lluvia
torrencial,
para
hablar
con
la
ranfla
La
cúpula
de
la
pandilla-
Encabezada
por
Borromeo
Enrique
Henríquez,
el
diablito
de
Hollywood.
El
diablito
de
Hollywood
era
un
personaje
legendario.
Era
una
figura
a
la
que
todo
pandillero
que
hubiera
pasado
por
un
penal
conocía.
O
sea
este
tipo
era,
no
sé,
era
el
ADN
de
la
pandilla.
A
principios
de
los
años
noventa
el
diablito
de
Hollywood
había
sido
parte
de
las
primeras
pandillas
salvadoreñas
en
las
calles
de
Los
Ángeles,
en
California.
Su
familia
había
llegado
a
Estados
Unidos
huyendo
de
la
violencia
de
la
guerra
civil.
Luego
fue
deportado
de
vuelta
a
El
Salvador,
y
fue
de
los
que
introdujo
las
pandillas
al
país.
Oscar
me
contó
que
a
principios
de
los
años
dos
mil,
el
diablito
creó
lo
que
se
conoce
como
la
ranfla,
la
rueda
de
cabecillas
que
dirige
a
MS
13
desde
adentro
de
los
penales
del
país.
Entonces,
es
un
tipo
que
hizo
la
arquitectura
de
lo
que
conocemos
como
ranfla
y
por
eso
la
llegó
a
gobernar.
En
el
penal
donde
ahora
se
hacía
la
entrevista,
la
pandilla
controlaba
todo,
mantenía
orden.
Y
los
ranfleros
no
estaban
contentos
con
El
Faro,
y
en
específico
con
la
noticia
que
habían
publicado
sobre
la
negociación.
Habían
conseguido
imprimir
nuestro
reportaje.
Y
lo
tenían…
eh…
Lo
había
hecho
un
rollo,
un
tipo
muy
musculoso
al
que
se
conoce
como
Crook
y
lo
había
hecho
puño
adentro
de
su
mano.
Y
ese
tipo
se
sentó
al
lado
mío
(risa).
No
fue
una
conversación
sencilla.
Y
es
que,
en
realidad,
Carlos
y
su
equipo
por
un
lado,
y
la
ranfla,
por
el
otro,
tenían
objetivos
muy
diferentes.
Los
pandilleros
veían
la
entrevista
como
una
oportunidad
para
tener
un
cubrimiento
más
positivo
sobre
ellos.
Mientras
que
Carlos
quería
presionarlos.
Habían
bajado
la
tasa
de
homicidios.
Ya.
Bien.
Pero,
¿qué
más?
Carlos
quería
saber
a
qué
más
se
comprometía
la
MS
13,
además
de
la
tregua,
para
que
los
salvadoreños
confiaran
en
que
verdaderamente
vendría
un
cambio.
Y
para
eso
Carlos
y
su
equipo
tendrían
que
tocar
temas
complicados.
Carlos
empezó
sugiriendo
a
los
pandilleros
que
no
se
vieran
a
mismos
como
víctimas
del
Estado,
tratando
de
sacarlos
de
ese
recurrente
discurso,
sino
como
una
organización
violenta
que
había
hecho
mucho
daño.
Y
con
ese
cambio
de
perspectiva
poder
hacer
sus
preguntas.
La
primera
que
les
hizo
fue:
¿Existe
dentro
de
los
planes,
dentro
de
la
carretera
a
largo
plazo
de
Mara
Salvatrucha,
algo
parecido
a
un
instrumento
de
compensación
a
las
víctimas?
¿Esa
es
la
pregunta?
Sí.
Esa
es
la
pregunta.
Al
grano.
Borromeo
contestó
explicando
que
conocían
muy
bien
la
dimensión
del
daño
que
habían
generado
en
las
familias
de
su
país.
Sabía
que
habría
quienes
nunca
los
podrían
perdonar.
Hay
personas
que
indiscutiblemente
no
vamos
a
poder
remediar
el
daño.
A
pesar
de
lo
directo
que
fue
la
pregunta
de
Carlos,
las
respuestas,
al
comienzo,
sonaban
muy
pensadas,
hasta
relajadas.
Y
así
fluyó
la
entrevista
hasta
que
pasaron
al
tema
más
complicado.
Las
extorsiones,
la
principal
fuente
de
ingreso
de
las
maras.
Les
seguían
cobrando
una
renta
ilegal
a
pequeños
negocios,
a
dueños
de
panaderías,
o
a
choferes
de
transporte
público.
De
eso
vivían.
Era
difícil
imaginarse
que
el
pueblo
realmente
apoyara
la
tregua,
que
tuviera
éxito,
sin
que
las
pandillas
se
comprometieran
a
reformarse
por
completo.
Estas
extorsiones
venían
a
ser
un
impuesto
ilegal
a
la
vida
cotidiana
de
miles
y
miles
de
salvadoreños.
Un
impuesto
en
un
país
pobre.
Un
impuesto
que
se
cobraba
a
la
fuerza.
Menos
muertos
está
bien.
Muy
bien.
Pero
no
es
que
las
maras
hubieran
dejado
de
ser
un
problema.
En
ese
momento,
septiembre
del
2012,
con
el
país
asombrado
con
la
baja
en
la
tasa
de
homicidios,
y
los
aliados
al
gobierno
llamándolo
un
milagro
sin
explicación
terrenal.
Nadie
sabía
si
había
voluntad
para
frenar
las
extorsiones.
Esa
era
la
gran
pregunta
que
Carlos
le
quería
hacer
a
los
pandilleros.
La
cosa
se
comenzó
a
trabar
cuando
le
preguntamos:
“Lo
que
no
es
posible
es
que
ustedes
estén
hablando
tan
civilizadamente,
mientras
nos
están
robando.
Es
decir,
ustedes
han
frenado
los
homicidios,
pero
han
anunciado
que
no
están
en
capacidad
de
frenar
las
extorsiones”.
Se
dirigió
directamente
a
Borromeo
Henríquez,
el
Diablito
de
Hollywood.
Y
finalmente,
para
presionarlo
le
dijimos:
bueno,
si
estás
de
acuerdo,
titulamos
esta
entrevista:
“Prohíbo
a
la
Mara
Salvatrucha
extorsionar,
dos
puntos,
Borromeo
Enrique
Enríquez”.
Borromeo
lo
pensó.
Y
busca
la
aprobación
del
resto
con
la
mirada
hasta
que
aparece
un
veterano
que
había
sido
MS
Stoner
en
Los
Angeles.
Es
decir,
fundador
de
la
MS
13
y
le
dice:
“Diablo,
no
creo
que
podamos
hacer
esto
así
de
golpe.
No
podemos
hacer
esto.
Y
Borromeo
dice:
Puta,
se
tienen
que
hacer
una
consulta
general
para
saber
si
lo
que
están
preguntando
sería
lo
más
viable
o
no.
Dice:
“Algo
así
no
se
puede
decidir
sin
hacer
una
consulta
general”.
Carlos
siguió
insistiendo,
hasta
que
hizo
la
pregunta
más
importante
de
la
entrevista.
Ustedes
estarían
dispuestos
a
desarticular
la
Mara
Salvatrucha?
Caminando
en
ese
sentido,
¿uno
de
los
puntos
es
desarticular
la
organización
Mara
Salvatrucha
13?
El
que
responde
es
Chino,
un
ranflero
que
hasta
ese
entonces,
había
estado
callado,
observando.
Pero
con
esa
pregunta
se
hartó.
Ustedes
quieren
meterse
mucho
adentro
de
la
pandilla.
Nosotros
estamos
tratando
de
darles
a
ustedes
algo
de
conocimiento
de
lo
bueno
que
nosotros
estamos
haciendo.
Pero
ustedes
vienen
y
se
están
metiendo
hasta
adentro,
pues.
¿Qué
tanto
quieren
escarbar?
Se
echó
para
adelante
en
la
silla
y…
Sabes
qué?
Con
todo
respeto,
ustedes
tienen
un
hasta
aquí.
aquí
nos
haces
muchas
preguntas
comprometedoras.
Bien
comprometedoras.
Y
esa
onda
no
va.
Vos
querés
tu
trabajo,
yo
quiero
mi
pandilla.
Así
es
que,
¿sabes
qué?
Respetá
y
nosotros
te
vamos
a
respetar.
Fue
una
reacción
intensa.
Visceral.
Porque,
claro,
una
tregua
permanente
una
que
incluyera
no
solo
frenar
los
homicidios
sino
también
las
extorsiones,
significaría
el
fin
de
la
pandilla.
Los
ranfleros
lo
sabían,
y
no
estaban
listos
para
dar
ese
paso.
Otros
pandilleros
que
estaban
fuera
de
la
celda
comenzaron
a
entrar.
Viene
uno,
dos,
tres.
Entonces
en
la
celda
comenzábamos
a
estar
tres
periodistas
y
un
fotógrafo
y
doce,
quince,
veinte,
veinticinco
pandilleros.
Y
Chino,
el
pandillero
que
había
detenido
la
entrevista,
le
preguntó
a
Carlos…
¿Cuántos
años
tienes
tú?
Tenías
tres
años
cuando
yo
comencé
caminar
en
la
pandilla.
y
crees
que
me
va
a
gustar,
que
tu
vengas
a
decirme
a
que
si
nos
vamos
a
deshacer,
que
si
nosotros
vamos
a
deshacer
una
pandilla,
sabes
qué
yo
creo
que
ese
derecho
no
lo
tienes.
Ok
En
un
intento
por
defender
su
pregunta
y
relajar
el
ambiente
Carlos
respondió:
A
verme
parece
que
se
han
tensado
las
cosas.
Nosotros
no
intentamos
ofender
a
nadie
ni
faltar.
Es…
vamos
a
hacer
una
serie
de
preguntas
porque
creemos
que
en
la
calle
la
gente
tiene
esas
dudas.
Incluso
ofreció
detener
la
entrevista,
pero
siguieron
conversando
un
poco
más,
no
sin
antes
dejar
claro
que…
La
Mara
Salvatrucha
no
se
va
a
deshacer
y
ya
no
puedes
seguir
preguntando
de
eso.
Y
aquella
celda
se
quedó
toda
rumorosa,
tensa…
Esa
fue
la
última
palabra.
No
se
habló
más
sobre
el
futuro
de
la
pandilla.
Y
bueno,
eso
es.
Si
una
tregua
no
contempla
la
desarticulación
de
una
organización
criminal
que
tanto
daño
le
hace
a
la
población,
entonces
de
poco
sirve.
Hablando
con
Carlos
y
Óscar,
se
me
hizo
claro
que
nunca
hubo
una
estrategia
coherente
para
hacer
la
paz
con
las
maras.
Esta
entrevista
del
2012
lo
comprueba.
Es
como
si
nadie
les
hubiera
preguntado
sobre
las
extorsiones
antes.
Negociaron
los
homicidios.
Y
nada
más.
El
único
logro
de
la
tregua
había
sido
disminuir
los
asesinatos,
pero
para
mediados
del
2013,
la
cifra
de
homicidios
comenzó
a
subir,
y
ya
no
volvió
a
bajar
a
los
niveles
que
se
vieron
al
principio
de
la
tregua.
Pasaron
las
elecciones
y
ganó
el
candidato
del
FMLN,
el
mismo
partido
de
Funes,
pero
a
ras.
En
el
2015
se
rompieron
récords
de
asesinatos,
105
homicidios
por
cada
100
mil
habitantes,
una
cifra
que
no
se
veía
desde
los
tiempos
de
la
Guerra
Civil.
Y
claro,
con
el
alza
en
la
violencia,
vino
el
éxodo.
La
emigración,
que
ya
era
altísima,
se
disparó
a
niveles
realmente
alarmantes.
Las
caravanas
que
tanto
se
comentan
y
los
miles
de
menores
de
edad
que
llegaban
a
la
frontera
de
Estados
Unidos
sin
sus
padres.
Todo
muy
chocante
visto
desde
acá,
desde
el
norte,
pero
pocos
entendían
qué
había
detrás
de
esa
migración.
Una
violencia
desenfrenada,
y
un
intento
improvisado
y
mal
hecho
de
pararla.
Un
intento
que
finalmente
fracasó.
Y
lo
que
les
esperaba
al
otro
lado:
separaciones
de
familias
en
Estados
Unidos
y
ahora
los
campamentos
para
refugiados
en
la
frontera
entre
México
y
Guatemala.
Los
salvadoreños
le
huyen
como
pueden
a
la
pobreza,
pero
también
a
las
maras
y
a
la
inseguridad.
No
tenía
que
ser
así.
Durante
unos
dos
años,
una
ventana
se
abrió
en
El
Salvador.
Por
un
instante
hubo
una
oportunidad
de
seguir
un
camino
distinto.
Fue
tenue,
efímera.
Pero
estaba
ahí,
todos
los
salvadoreños
lo
vieron.
Quizá
no
lo
recuerden
a
estas
alturas,
con
tanta
sangre
derramada,
quizá
no
recuerden
que
hubo
un
día
en
que
el
país
amaneció
casi
sin
muertos.
Quizás
el
legado
más
duradero
de
la
tregua
fue
hacer
de
lo
impensable
algo
normal,
un
elemento
más
de
la
vida
política
salvadoreña.
Negociar
con
las
maras
es
algo
que
todos
hacen,
siempre
en
secreto,
para
poder
negarlo
si
son
descubiertos.
Ya
no
solo
para
bajar
la
violencia,
sino
a
veces
para
algún
beneficio
electoral.
Es
normal.
El
más
reciente
ejemplo
es
el
actual
presidente,
Nayib
Bukele,
que
aunque
públicamente
se
pronuncia
duramente
contra
los
pandilleros,
también
negoció
con
ellos
a
través
de
algunos
funcionarios
suyos,
funcionarios
que
ahora
son
candidatos
en
las
elecciones
legislativas
de
este
año.
Esto
también
lo
destapó
El
Faro.
En
otras
palabras,
la
tregua
murió,
pero
su
herencia
sigue
viva.
Updates
del
presidente
Funes
y
los
mediadores:
Munguía
Payés,
Mijango
y
los
procesos
legales
que
han
enfrentado
por
la
tregua.
El
expresidente
Mauricio
Funes
vive
como
refugiado
político
en
Nicaragua
desde
2016.
Un
juzgado
de
El
Salvador
ordenó
su
arresto
el
año
pasado.
Esta
es
la
sexta
orden
de
detención
en
su
contra,
por
varios
delitos
relacionados
a
la
tregua
entre
pandillas
del
2012.
También
tiene
abiertos
otros
cinco
procesos
penales
en
El
Salvador
por
posible
corrupción
durante
su
gobierno.
En
todos
ellos
se
ha
declarado
inocente.
Un
juzgado
antimafia
ordenó
a
David
Munguía
Payés
prisión
domiciliaria
desde
el
julio
pasado
por
supuesto
favorecimiento
a
las
pandillas
durante
la
misma
tregua
del
2012.
En
2018,
Raúl
Mijango
fue
condenado
a
trece
años
de
prisión
por
el
delito
de
extorsión
agravada
en
calidad
de
cómplice
con
cabecillas
de
la
MS13
y
Barrio
18.
Y
en
enero
de
este
año,
catorce
líderes
de
la
Mara
Salvatrucha
fueron
acusados
con
cargos
por
narcoterrorismo
y
terrorismo
en
Estados
Unidos,
entre
ellos
Borromeo
Henríquez.
Esta
historia
es
una
co-producción
entre
Radio
Ambulante
y
El
Faro.
Fue
producida
y
escrita
por
Luis
Trelles,
Fernanda
Guzmán,
y
por
mí,
basándonos
en
el
reporteo
de
Sergio
Araúz,
Carlos
Martínez
y
Óscar
Martínez.
La
edición
es
de
Camila
Segura.
El
diseño
de
sonido
es
de
Andrés
Azpiri
y
Rémy
Lozano
con
música
de
Rémy.
El
fact-checking
es
de
Andrea
López
Cruzado
y
Desirée
Yépez.
Gracias
a
Álvaro
Céspedes.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Paola
Alean,
Nicolás
Alonso,
Lisette
Arévalo,
Jorge
Caraballo,
Aneris
Casassus,
Victoria
Estrada,
Xochitl
Fabián,Miranda
Mazariegos,
Hans-Gernot
Schenk,
Barbara
Sawhill,
Elsa
Liliana
Ulloa,
y
David
Trujillo.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
es
un
podcast
de
Radio
Ambulante
Estudios,
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
Hindenburg
PRO.
Radio
Ambulante
cuenta
las
historias
de
América
Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
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► Una advertencia: en el episodio de hoy hay escenas fuertes que no son aptas para niños. Se recomienda discreción. Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Ok. Entonces, estamos en un bar en San Salvador, un viernes por la noche de marzo del 2012. Hay tres amigos periodistas, compartiendo unas cervezas. Uno de ellos… Bueno, yo soy Sergio Aráuz, periodista de El Faro. El periódico digital de El Salvador. Y sergio recibe una llamada Y bueno, chequea el número, y es una fuente suya. En El Faro, Sergio cubre un poco de todo, pero… Cubro particularmente política. Diría que tengo dieciocho años de estar en El Faro. Y durante todo ese tiempo ha acumulado diversas fuentes, sobre todo cuando comenzó a cubrir temas de seguridad. Es decir, empecé a hablar con espías y empecé a hablar con policías. Empecé a hablar con jueces, empezamos a hablar con gente bastante rara, por así decirlo. Gente que confiaba en él y que solía pasarle información muy delicada. Esta fuente en particular, la persona que lo llamó esa noche, era alguien en la que Sergio confiaba. Y Sergio sabía que no lo llamaría si no fuera por algo serio, así que no dudó en salirse del bar para contestar. Me contó una serie de cosas muy inverosímiles a mi juicio. Y me dice: “Mire jefe, está ocurriendo esto”. Le dijo que el gobierno y las maras, las bandas criminales más violentas y odiadas del país, habían llegado a una suerte de acuerdo de paz. Una tregua. Eso. Así de simple y así de inverosímil. Así de impensable. Sergio colgó y quedó en shock. Sonaba menos a noticia, y más a fantasía. Hasta se podría decir que sonaba a ciencia ficción. No tenía sentido. Volvió al bar, y claro, lo primero que hizo fue contárselo a los otros dos amigos periodistas que andaban con él. Y creo que no me creyeron todo lo que les conté. Los que dudaban eran dos colegas de El Faro. Los hermanos Martínez. Óscar… Bueno, yo soy Óscar Martínez. Actualmente soy editor de investigaciones especiales del Faro. Y su hermano mayor, Carlos. Yo soy Carlos Martínez, soy periodista del Faro. Y desde el 2011 es parte del equipo Sala Negra, cubriendo la violencia en América Central. Bueno, a algunos oyentes quizás les va parecer difícil distinguir a los hermanos. Nos pareció ridículo y nos pareció que Sergio tenía que comenzar a cambiar de fuentes. Ese es Carlos. Y este es Óscar. Desde el primer momento, te voy a ser honesto, yo no le presté mucha atención a eso. En cierto sentido estas dudas son normales. El trabajo del periodista es, en esencia, el de dudar. Pero bueno, en este asunto, si tu madre te dice que te ama, uno hay que verificarlo. Teniendo en cuenta quién era la fuente, Sergio insistió. No podían descartar tan fácilmente lo que le acababan de contar. Así que decidieron hacer el trabajo de periodistas: levantar el teléfono para verificar con sus propias fuentes si lo que le habían dicho era cierto o puro invento. Ok. Vamos a volver a este proceso, al de verificar lo que era en ese momento solo un rumor, algo casi absurdo. Pero, para entender todo lo que viene en esta historia, hay que entender la situación de aquel momento en El Salvador. Y por qué lo que les había soltado esa fuente sonaba tan inverosímil. Para los que no son salvadoreños, para los que observamos el país desde afuera, hay un tema que siempre suena. Un tema que marca casi todos los aspectos de la vida del país: la política, la economía, la cultura ciudadana. Y el tema, claro, es la violencia. O para ser más específicos: las maras y qué hacer con ellas. Para millones de salvadoreños, ese tema es central. Lo viven día a día. Lo han vivido durante años. Óscar me lo explicó así: De hecho, transitando por San Salvador, es decir, el centro de San Salvador, es un lugar que más de dos millones de salvadoreños cruzan cada día, 250 cuadras, donde hay cerca de seis clicas de dos pandillas. Clicas, es decir los grupos pandilleros que controlan barrios y zonas específicas. Es imposible no toparse con las pandillas en San Salvador. O sea no sé si son dos millones, pero sí, cientos de miles de salvadoreños que tienen que cruzar un campo minado —la capital de su propio país— a diario. Y es solo un ejemplo. Cruzar las fronteras invisibles entre el dominio de una clica o la otra no es algo que se hace a la ligera. La violencia ha estado ahí desde hace muchos años. Esto era cierto desde antes del 2012, cuando comienza esta historia, y sigue siendo cierto ahora, en el 2021. Ha marcado la discusión política nacional por décadas: A los delincuentes les digo que se les acabó la fiesta. El Salvador está en guerra. Los enfrentamientos entre la policía y las pandillas se han recrudecido en los últimos meses. En los primeros días del año la policía nacional civil también registra cincuenta homicidios. Eso significa un incremento en comparación con 2020. Y la política internacional… Seguo con muita preocupaccione le notizzie que tkcciungono da El Salvador… Desde Roma, el papa Francisco dijo que sigue con preocupación las noticias de este país. Ahora que el gobierno de Trump ha intensificado el combate contra la Mara Salvatrucha, en El Salvador han aprobado más mano dura para los pandilleros que sean deportados de Estados Unidos. No te puedes escapar del tema. El saldo diario de muertos es tan parte de la vida como leer el pronóstico del clima, o los resultados de una fecha de la liga de fútbol. Las cifras son de terror. Hay dos principales pandillas, o maras, en el país: Barrio 18 y la Mara Salvatrucha, conocida como MS 13. Juntas cuentan con más de sesenta mil miembros en El Salvador. Y miles más en el exterior. Cada año, las maras cobran millones de dólares de extorsión. Entre el 2014 y el 2019 hubo más de veinticinco mil asesinatos en El Salvador. Para ponerlo en contexto: esa tasa es mayor a la que tuvieron países como Somalia y Ucrania, que estaban en guerra durante la misma época. Y la gran mayoría de esas muertes se atribuían a estas organizaciones criminales. Y, según la fuente de Sergio, ¿el gobierno quería negociar con ellos? No tenía mucho sentido. Ya. La fecha y la coyuntura también son importantes para entender esta historia. Dijimos que era marzo, marzo del 2012. El presidente en ese entonces era él, Mauricio Funes. El hecho de que haya aumentado el número de homicidios no significa que estén fracasando los planes de seguridad pública si no se dimensiona… Era el primer presidente de izquierda desde que se acabó la guerra civil en 1990. Y Carlos Martínez me explicó que antes de Funes… Veníamos de gobiernos de derecha que habían reaccionado al fenómeno como normalmente se supone que hagan los gobiernos de derecha. Como el de Francisco Flores, un presidente que a mediados del 2003 propuso el plan Mano Dura. Quiero decirle claramente a los ciudadanos, que yo no estoy preocupado del bienestar de los criminales. Su sucesor, Elías Antonio Saca, un poco más creativo, propuso el plan Súper Mano Dura. Esta noche lanzamos el Plan Súper Mano Dura… Tal cual, no me estoy inventado esos nombres. Como se pueden imaginar, el plan Súper Mano Dura era más de lo mismo. Haciendo gestos agresivos, es decir, saliendo mucho en la tele, dándole muchas palizas a muchos pandilleros sin que eso resolviera el problema. Por el contrario, lo incrementó. Y no es que subió un poquito. No. Entre el 2003 y 2006, durante el plan Mano Dura y Súper Mano Dura, la tasa de homicidios en El Salvador incrementó en un cincuenta por ciento. Entonces al principio de su mandato, en el 2009, este nuevo presidente de izquierda, Mauricio Funes, siguió la misma receta de derecha en su lucha contra las pandillas. Si bien no le puso ningún nombre exagerado a su estrategia como Mano Súper Extra Dura, o algo por el estilo, la idea tampoco se alejaba tanto de eso. Sacó unos seis mil soldados a patrullar las calles y las prisiones junto a la policía. Luego reemplazó a su Ministro de Seguridad con un militar que ya había sido su Ministro de Defensa antes, el general David Munguía Payés. Y bueno, como es lógico, si pones de jefe de seguridad a un militar, ya sabes qué hay que esperar. Había dicho que la policía no daba abasto. Que el Ejército debería hacerse cargo del fenómeno de pandillas. Este es Munguía Payés. El gobierno de El Salvador no ha renunciado en ningún momento a la represión ni al control del delito… Payés había dicho que las organizaciones de derechos humanos eran una especie de estorbo para solucionar el conflicto… Y había dicho que, a su juicio, había que suspender las garantías constitucionales en los barrios asediados por pandillas para poder registrar casas sin permiso, para poder arrestar gente sin permiso de un juez, para poder, para que el ejército además pudiera hacer estas cosas. O sea más de lo mismo. Entonces te imaginas, ¿qué esperábamos que este tipo hiciera? Pues lo que había prometido. Mano súper extra mega dura. Cabe decir que en un país apabullado por la violencia, un discurso como este es el que más vende. Es el discurso que la gente entiende —y quiere— a un nivel visceral. Una vez entrevisté a una mujer joven, cristiana, muy agradable, que cuando le pregunté qué creía que se debería hacer con las pandillas, se transformó. Que los quemen a todos. Ya. O sea… Como salvadoreños no son mis hermanos. Yo fui criada bajo el evangelio, bajo el cristianismo. Nunca los voy a ver como hermanos. Así que si los pueden envolver en una sola hoguera como holocausto, que les den. Que les den fuego. Le pregunté a Carlos si entendía este punto de vista. Porque claro, más allá de su labor como periodista, es ciudadano salvadoreño. Los riesgos que sus compatriotas sufren día a día no le es algo ajeno. Me dijo que sí, que por supuesto. Desde luego lo último que sentís por los… por los perpetradores, es empatía. Entonces. Tres gobiernos seguidos, de derecha y de izquierda, aplicando diferentes versiones de mano dura. Una población harta de matanzas, de extorsiones, harta de vivir como rehenes en su propio país… Dado todo esto, lo que la fuente de Sergio le contó esa noche no tenía sentido, para nada. ¿El gobierno de Funes había negociado una tregua con la mara? Era una tregua con el diablo. Pero la fuente de Sergio tenía detalles del asunto. Por ejemplo, que a cambio de trasladar algunos líderes a cárceles de menor seguridad, la directiva de las principales maras del país había aceptado bajar las armas. Y ese tipo de detalle —si unos líderes pandilleros habían sido trasladados a una cárcel o no— eso sí se podría verificar. Sucedían cosas raras en El Salvador en esos días. O mejor lo explico así: las cosas que normalmente suceden en El Salvador no sucedían. Y eso era lo raro. El día después de la llamada, el sábado, por ejemplo. Ese sábado diez hubo diez homicidios, cuando la tendencia del trimestre eran catorce al día. Y el domingo solo hubo seis. Un número bastante fuera de lo normal. Pero quizás había una explicación, algo que no tenía nada que ver con la supuesta tregua. El Salvador decide este domingo once de marzo una nueva batalla electoral por el parlamento y las alcaldías de ese país. Había elecciones municipales…. Entonces, el despliegue policial, toda la policía está en emergencia y tiene que trabajar. Por lo que tal vez, ese número tan bajito de muertos quizás se explicaba por la presencia policial en las calles. Pero el lunes hubo dos, pero el despliegue policial de las elecciones todavía continuaba. Pero el martes ya no había despliegue policial y hubo tres. Entonces ya no entendíamos nada. Hay que decirlo de manera muy directa: en El Salvador, si un día hay tan poquitos muertos, es como si amaneciera sin sol. No tiene sentido. No cabe en la cabeza. Así que Óscar y Carlos empezaron a hacer llamadas, querían averiguar qué estaba pasando. Empezamos ya a llamar al general Payés, empezamos a llamar a la oficina de otros funcionarios y nos negaron siquiera pasarnos el teléfono. Pero siguieron insistiendo. Pasaron varios días corroborando la información, reuniéndose con agentes de inteligencia y verificando documentos confidenciales. Y finalmente concluyeron que sí, que era cierto. Resulta que el gobierno había seleccionado cerca de treinta líderes encarcelados, unos de Barrio 18 y otros de MS 13. Los subieron a buses de madrugada, y los llevaron de penales de máxima seguridad a penales de menor rigor. Había una tregua. Este es Carlos. Donde fueron recibidos los pandilleros como héroes. En aplauso y fanfarria del resto de la población penitenciaria, llegaron a esos penales y tomaron el control de la pandilla, del penal y de la calle. En cuestión de un día, desde ese traslado, los homicidios se desplomaron. Lo que se veía en las calles, esa desconcertante ausencia de cadáveres, tenía una explicación. Los ajustes de cuentas ya programados quedaron en pausa. Hubo gente que tenía sentencia de muerte de las maras, gente a la que, según la ley de la calle, les tocaba una bala… una bala que simplemente no llegó. Entonces: Cuando por fin pudimos probarle a nuestros editores que no estábamos persiguiendo un disparate y una locura. Publicamos un artículo que titulamos de una manera muy circunspecta y muy fría: “Gobierno negoció con pandillas reducción de homicidios”. Y ese artículo de El Faro, con su titular tan plano, fue una bomba. Dos días después el general David Munguía Payés decidió ofrecer una conferencia de prensa. Y en la conferencia de prensa él dijo lo siguiente: “Miren, me voy a referir a la publicación que ha hecho El Faro, y en principio quiero decir…”. Número uno, el gobierno de la república en ningún momento está negociando con ninguna pandilla. Y mucho menos ofreciendo dinero para que paren los asesinatos aquí en nuestro país. El ministro de defensa concedió que sí, que los líderes de las principales pandillas del país habían sido trasladados de una cárcel a otra, pero según él, no tenía nada que ver con una supuesta tregua. ¿La motivación principal?, precisamente razones de seguridad. En días anteriores tuvimos informaciones que habían ingresado al país 24 cohetes LAW. Los lanzacohetes LAW están diseñados para destruir tanques de guerra. Y Munguía Payés empieza a dar unas explicaciones que se salían del estadio. Y la información que tenía apuntaba a que podríamos tener nosotros algún intento de fuga en el penal de máxima seguri… de máxima seguridad. O sea que las maras iban a volarse de la cárcel con bazukas. De una prisión que es subterránea. Para que, como en un episodio de Los Simpson, los reos salieran corriendo por ese boquete. Era absurdo porque hay un muro perimetral para empezar. La cárcel está bajo tierra. Y por otro lado resultaba curioso, por no decir ridículo, que para prevenir la fuga de pandilleros de una cárcel de máxima seguridad era buena idea sacarlos y repartirlos en varias cárceles de menor seguridad. Con o sin la existencia de cohetes anti-guerra, por donde lo miraras, no tenía sentido. Nos quedó claro que no tenían ninguna estrategia. Todos salimos ahí con la idea… Desde luego, nosotros profundamente convencidos de lo que habíamos publicado y el resto de colegas con la sensación de que habían escuchado un disparate, un enorme disparate. Pero entonces, ¿qué estaba pasando?, ¿por qué se habían reducido los homicidios de esta manera tan drástica? Para eso, no había explicación oficial. Pasaron unos días sin ningún otro pronunciamiento del gobierno, hasta que se dio una conferencia de prensa en la Nunciatura, la embajada de El Vaticano en El Salvador. Y cuando llegamos nos encontramos con monseñor Fabio Colindres. Que todos lo conocíamos nada más porque él aparecía en la televisión como host de un programa que se llamaba El minuto de María Es difícil lograr entender qué es un sacerdote. Pero sí podemos decir que el más extraordinario don que Dios ha hecho al mundo… Además de su microprograma en la televisión salvadoreña, Colindres también era el capellán oficial de la Fuerza Armada. Aparentemente, no tenía nada que ver con las pandillas, ni con las prisiones, pero igual decidió pronunciarse… He decidido dar esta conferencia de prensa en respuesta a la polémica suscitada hace algunos días. Esa conferencia fue súper rara. Resulta que Monseñor Colindres nos explicó que él tenía ratos , sin que nosotros lo supiéramos, ingresando al penal de máxima seguridad… …y que le había llevado esta petición de traslado al General Munguía Payés: Suplico al señor ministro el gesto humanitario de movilizar en el nombre de Dios un mecanismo que vaya constatando, en la medida de lo posible, la situación de salud de los ciudadanos privados de libertad en nuestro sistema penitenciario, a fin de que si la ley lo permite, puedan ser trasladados. En otras palabras, la idea de trasladar a los presos había sido suya. Pero decía que se trataba de un gesto humanitario con los presos que estaban enfermos, no para los líderes de las pandillas. Y fue muy enfático en este punto. No hablaba de una “tregua”. Le llamaban un proceso. Esa es la palabra que ocupaban. Esto es un proceso entre la Iglesia católica, unos mediadores… esa otra palabra tan anodina se puso ahí. No estábamos hablando de una negociación entre gobierno y pandillas. Nunca. El objetivo primordial era lograr con la mediación pastoral de la iglesia y de la sociedad civil un entendimiento entre pandillas. O sea, mediadores entre quién y quién preguntábamos… Mediadores, decían. Simplemente mediadores. Monseñor Colindres no era el único mediador. A su lado, en la conferencia de prensa estaba Raúl Mijango… Que había sido un político importante hacía una década, más o menos. Y no lo habíamos vuelto a ver hasta que lo encontramos en esa conferencia de prensa. Mijango era un ex guerrillero, una persona muy involucrada con los movimientos políticos de izquierda en el país. Su trayectoria y hasta su estilo campechano y directo creaban un contraste muy grande con Colindres. Pero ambos coincidían en una cosa. Esto es un milagro que yo lo he calificado como un milagro progresivo. ¿Qué significa esto? Que día tras día esa cuenta de personas que se están salvando sigue aumentando. O sea la reducción en homicidios no tiene causa terrenal, sino es producto de intervención divina. Un milagro. Carlos y los demás colegas no podían creerlo. Desde luego era toda una andanada de patrañas. Y nos preguntábamos: ¿acabo de escuchar la palabra milagro? (risa). Es decir, ¿acabo de escuchar como explicación la palabra milagro? Una semana después el presidente Mauricio Funes finalmente habló del tema. Dijo que su gobierno… …no ha negociado, ni negocia, ni va a negociar con ninguna de las pandillas existentes en el país. El gobierno solo acompañó el esfuerzo de la iglesia católica para alcanzar un entendimiento entre los los líderes de las pandillas. A un mes del artículo de El Faro, la tendencia se mantenía: de catorce asesinatos diarios, ahora había un promedio de seis. Lo cual suena a una excelente noticia, solo que nadie explicaba bien cómo, ni por qué. Y el presidente tampoco se adueñaba de este proceso de paz. Lo que había reportado El Faro, de una tregua clandestina entre el gobierno y las pandillas, era controversial desde donde lo miraras. Algunos cuestionaban si algo así fuera legal. Pero más allá de lo estrictamente legal… Pedirle a la gente que aceptara negociaciones con los verdugos de un país, con los que extorsionaban, aterrorizaban, asesinaban a diario, y que lo habían hecho por años, era demasiado. Ningún político se atrevía a arriesgarse de esa manera. Desde el punto de vista del presidente Funes… Que lo que estaba intentando hacer era: hoy que se descubrió el experimento, pues si salía mal no tenía nada que ver. Que los platos rotos los pague la iglesia católica. Pero si esto sigue saliendo bien, pues que me aplaudan a mí (risa). La pregunta es: ¿le saldría bien? Ya volvemos. Este mensaje viene de un patrocinador de NPR, VICE News. 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En unos diez minutos de lunes a viernes te enterarás de nuevos descubrimientos y misterios cotidianos y la ciencia detrás de los titulares. Te volverás un poco más inteligente. O al menos así te verás frente a tus amigos. Escucha y suscríbete ahora a Short Wave de NPR. Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Proceso, acuerdo, negociación, tregua. A pesar de que no tenía un nombre oficial, era innegable que algo histórico estaba sucediendo en El Salvador. Algo nunca visto en el país. La tasa de homicidios había caído a la mitad. Y si bien el gobierno no aceptaba que había negociado con las maras, parecía que sí estaba dispuesto a aceptar el crédito por la disminución de la violencia. Mientras tanto los pandilleros comenzaban a salir en televisión y a publicar comunicados en los periódicos. Esto comenzó a ser una especie de festival de gestos. De pronto los pandilleros lanzaban comunicados firmados Mara Salvatrucha y Barrio 18. Los voceros nacionales de la mara MS 13 y el Barrio 18… Este es uno de los líderes históricos del Barrio 18, El Viejo Lin. Al pueblo salvadoreño hacemos saber, que nos mantenemos firmes en la decisión de contribuir al proceso de pacificación que desde el nueve de marzo está en desarrollo en nuestro país. Y ese gesto, hacer un anuncio junto a sus enemigos mortales de la MS 13, era algo impensable hasta ese momento. Luego comenzaron, por ejemplo, a abrir las prisiones para que los medios de comunicación pudiéramos asistir a eventos al interior de las prisiones, donde los líderes pandilleros daban discursos a la nación. La paz esté con todos ustedes… Ojo con eso. Entonces entrabas al penal, había una misa y tomaba la palabra un miembro de la pandilla MS 13 y decía. Nadie a nosotros nos ha querido escuchar en todo este tiempo atrás. Siempre han dicho que nosotros hemos sido la escoria y lo peor del mundo. La verdad es de que… que no es que nosotros no tengamos valores. Lo que pasa es que cuando nosotros crecimos en una época de conflicto fue cuando logramos tapar nuestros valores con cosas negativas. Ay disculpen, soy poco de palabras, pero o sea lo que quiero expresar es de que estamos dispuestos a seguir adelante y que el principal beneficiario en esto sea el pueblo. No nosotros, no que el pueblo. Antes de la tregua, perdón, antes del proceso lo que se veía de los mareros en la televisión era siempre lo mismo. Tipos rudos, con tatuajes en las caras y casi siempre, las manos esposadas. Por lo general los mostraban después de que habían caído en redadas de la policía, y se los veía tras las rejas en algún penal violento y hacinado. Pero parte del llamado proceso era cambiar esa imagen. Ahora tenían voceros, escribían discursos, se les veía en eventos de muy alto nivel. Eran figuras públicas. Para muchos salvadoreños, desorientaba verlos así. Hasta que ocurrió lo que ya era el cénit de la locura. El secretario general de la Organización de Estados Americanos. José Miguel Insulza, de Chile. Anunció que llegaría a El Salvador para poner a disposición la Organización de Estados Americanos como garante y observador del proceso en El Salvador. Ojo con esto, de un proceso que el Estado salvadoreño no reconocía como propio. La OEA llegó en un momento clave. Los mediadores buscaban algún tipo de legitimidad. De cualquier lado. Que alguien avale y se adueñe de la tregua. El mediador Raúl Mijango y el creador de la tregua, Munguía Payés, empezaba a colar un mensaje en el Gobierno: “Necesitamos apoyo, cabrones”. El doce de julio del 2012, los representantes de la MS 13 y Barrio 18 comenzaron un diálogo con Insulza. Carlos me describió la escena. Están sentados en un solo salón los liderazgos de las grandes estructuras criminales del país, como si fueran diplomáticos de toda la vida. Insulza comenzó diciendo que lo que estaba pasando en El Salvador podría ser importante no solo en el país… Sino que a otros países de América que tienen un problema similar. Así que ojalá que la lección que ustedes están dando pueda ser recogida en muchas partes… Luego le tocó a los representantes de las pandillas… y ellos siguieron el rebuscado protocolo diplomático al pie de la letra. Los voceros nacionales de la MS 13 y Barrio 18, al pueblo salvadoreño, a la comunidad internacional y a los países miembros de la OEA hacemos saber, primero, que saludamos efusivamente la llegada a nuestro país del excelentísimo secretario general de la OEA, señor José Miguel Insulza. Y aprovecharon su visita para hacer un gesto de buena voluntad. Nuestro gesto consiste en un simbólico desarme parcial de nuestras estructuras. Las armas depuestas le serán entregadas al señor secretario general de la OEA para su posterior destrucción. El desarme se hizo al día siguiente. Un grupo de pandilleros encapuchados llegaron a una plaza en el centro histórico de San Salvador. De un carro de verduras bajaron una enorme cantidad de costales de armas, donde iban fusiles, pistolas, carabinas, escopetas, hasta una mina Claymore antipersona. Y los pusieron frente al Secretario de la OEA y a un grupo que había sido invitado al evento. Obviamente se hicieron discursos. Pidiendo que esas armas se derritieran y que se hiciera un concurso público para convocar a escultores nacionales y hacer con ellas una escultura dedicada a la paz. Hubo un elemento más que le daba un tono surreal a la ceremonia. A todo esto, este evento estaba ambientado en loop con la canción Chiquitita de Abba. O sea, si ese día hubieran llovido ranas, hubiera sido lo más normal. Carlos no es un tipo que se deja llevar fácilmente por el optimismo. Ni su personalidad, ni su vocación se lo permite. Todo lo contrario. Llevaba mucho tiempo reportando sobre las pandillas. Años detallando un acto sangriento tras otro. No es gratuito que su equipo en El Faro se llame Sala Negra. Pero la tregua le estaba mostrando un lado de las pandillas que no había visto antes. Y por primera vez empezó a creer. El yo salvadoreño se moría por creer de que estaba cambiando todo. Que estábamos atestiguando verdaderos gestos de paz, que ningún niño iba a verse sometido a la obligación atroz de asesinar para pertenecer a una familia, a una familia criminal. Y que probablemente la explicación era tan sencilla como haber tocado las puertas al diálogo. Desde luego fui un ingenuo. Desde luego me equivoqué. Las pandillas llevaban más de quince años matando a personas inocentes. Ya lo hemos escuchado, los salvadoreños estaban hartos de vivir con el terror de las maras. La gente de alguna manera quería algo que está entre la justicia y la venganza. La idea de un pandillero en un buen lugar, en un penal de menor seguridad, pudiendo abrazar a su mujer y a sus hijos, era muy disruptiva en la mente de las personas. Óscar me contó que cuando los pandilleros empezaron a aparecer como embajadores de la paz, lo que se comentaba en la calle era… Estos son unas ratas, muéranse… ese maldito gobierno”. Las reacciones eran muy catastróficas a la idea de la tregua. Es decir, la… la ciudadanía comentaba esto como un pacto criminal, sin perdón alguno. En septiembre del 2013, el presidente Funes se dirigió a las Naciones Unidas. Sobre un proceso que sus mediadores habían tildado como un milagro, se limitó a decir esto: Un pacto de no agresión entre las dos principales pandillas juveniles del país, del cual el gobierno solo ha sido facilitador, ha creado las condiciones mínimas para reducir los niveles de violencia pandilleril en los lugares más afectados por este fenómeno. Lo voy a repetir, para que quede claro. Año y medio después de haber iniciado esta tregua, un tregua que nunca reconoció plenamente, el presidente del país insistía en que su gobierno era solo un facilitador. Nada más. No había un respaldo oficial al proceso de paz y eso lo dejaba huérfano. Los pandilleros tardaron en darse cuenta en la trampa en la que habían caído, porque al intentar mantener en secreto el acuerdo, le estaban facilitando al gobierno encabezado por Mauricio Funes desentenderse de la paternidad del acuerdo. Y las estaban dejando básicamente solos, con una enorme papa caliente en las manos. Entonces, pasaron cuatro meses y llegamos al 2014, un año de elecciones. Y la tregua se convirtió en un tema central de las campañas. La oposición la usó para atacar al presidente Funes con anuncios como este: Funes confesó, ante las Naciones Unidas, que el gobierno del FMLN facilitó el pacto entre las pandillas. ¡Pero la realidad es que ese pacto solo benefició para que los pandilleros crecieran. Y luego salen varios ciudadanos comunes y corrientes quejándose del pacto: Ahora está peor la delincuencia. Pues aquí como que no hay ley, pues los delincuentes mandan más aquí que el gobierno. Ya uno sale con miedo a las calles. Ya uno no sabe si va a regresar con vida a la casa. MS, 18, Mijango y el presidente, ellos hacen su envoltorio y al pueblo no lo toman en cuenta. Óscar me contó que ante la presión política, el presidente y su partido comenzaron una campaña de negación absoluta de la tregua. Ya habían desplegado operativos, ya habían devuelto a algunos de los líderes de la ranfla a máxima seguridad y ya era evidente que la estrategia era llegar a las elecciones habiéndose deshecho de ese saco lleno de pandilleros. Había una cosa más. Algo muy importante que explica por qué para el pueblo salvadoreño la baja en la tasa de homicidios no era suficiente para convencerlos de que las pandillas habían cambiado. De que merecían este proceso. Pero para entenderlo tenemos que volver a la cárcel. A una reunión que tuvo Carlos y su equipo de Sala Negra con los líderes de la MS 13 en septiembre del 2012, en la primera etapa de la tregua. Los líderes de la MS 13, los que habían sido trasladados a un penal de mínima seguridad, concedieron entrevistas a él y a un equipo de El Faro dentro de la nueva cárcel del grupo. Llegamos al centro penal de Ciudad Barrios y estaba cayendo una lluvia torrencial, para hablar con la ranfla La cúpula de la pandilla- Encabezada por Borromeo Enrique Henríquez, el diablito de Hollywood. El diablito de Hollywood era un personaje legendario. Era una figura a la que todo pandillero que hubiera pasado por un penal conocía. O sea este tipo era, no sé, era el ADN de la pandilla. A principios de los años noventa el diablito de Hollywood había sido parte de las primeras pandillas salvadoreñas en las calles de Los Ángeles, en California. Su familia había llegado a Estados Unidos huyendo de la violencia de la guerra civil. Luego fue deportado de vuelta a El Salvador, y fue de los que introdujo las pandillas al país. Oscar me contó que a principios de los años dos mil, el diablito creó lo que se conoce como la ranfla, la rueda de cabecillas que dirige a MS 13 desde adentro de los penales del país. Entonces, es un tipo que hizo la arquitectura de lo que conocemos como ranfla y por eso la llegó a gobernar. En el penal donde ahora se hacía la entrevista, la pandilla controlaba todo, mantenía orden. Y los ranfleros no estaban contentos con El Faro, y en específico con la noticia que habían publicado sobre la negociación. Habían conseguido imprimir nuestro reportaje. Y lo tenían… eh… Lo había hecho un rollo, un tipo muy musculoso al que se conoce como Crook y lo había hecho puño adentro de su mano. Y ese tipo se sentó al lado mío (risa). No fue una conversación sencilla. Y es que, en realidad, Carlos y su equipo por un lado, y la ranfla, por el otro, tenían objetivos muy diferentes. Los pandilleros veían la entrevista como una oportunidad para tener un cubrimiento más positivo sobre ellos. Mientras que Carlos quería presionarlos. Habían bajado la tasa de homicidios. Ya. Bien. Pero, ¿qué más? Carlos quería saber a qué más se comprometía la MS 13, además de la tregua, para que los salvadoreños confiaran en que verdaderamente vendría un cambio. Y para eso Carlos y su equipo tendrían que tocar temas complicados. Carlos empezó sugiriendo a los pandilleros que no se vieran a sí mismos como víctimas del Estado, tratando de sacarlos de ese recurrente discurso, sino como una organización violenta que había hecho mucho daño. Y con ese cambio de perspectiva poder hacer sus preguntas. La primera que les hizo fue: ¿Existe dentro de los planes, dentro de la carretera a largo plazo de Mara Salvatrucha, algo parecido a un instrumento de compensación a las víctimas? ¿Esa es la pregunta? Sí. Esa es la pregunta. Al grano. Borromeo contestó explicando que conocían muy bien la dimensión del daño que habían generado en las familias de su país. Sabía que habría quienes nunca los podrían perdonar. Hay personas que indiscutiblemente no vamos a poder remediar el daño. A pesar de lo directo que fue la pregunta de Carlos, las respuestas, al comienzo, sonaban muy pensadas, hasta relajadas. Y así fluyó la entrevista hasta que pasaron al tema más complicado. Las extorsiones, la principal fuente de ingreso de las maras. Les seguían cobrando una renta ilegal a pequeños negocios, a dueños de panaderías, o a choferes de transporte público. De eso vivían. Era difícil imaginarse que el pueblo realmente apoyara la tregua, que tuviera éxito, sin que las pandillas se comprometieran a reformarse por completo. Estas extorsiones venían a ser un impuesto ilegal a la vida cotidiana de miles y miles de salvadoreños. Un impuesto en un país pobre. Un impuesto que se cobraba a la fuerza. Menos muertos está bien. Muy bien. Pero no es que las maras hubieran dejado de ser un problema. En ese momento, septiembre del 2012, con el país asombrado con la baja en la tasa de homicidios, y los aliados al gobierno llamándolo un milagro sin explicación terrenal. Nadie sabía si había voluntad para frenar las extorsiones. Esa era la gran pregunta que Carlos le quería hacer a los pandilleros. La cosa se comenzó a trabar cuando le preguntamos: “Lo que no es posible es que ustedes estén hablando tan civilizadamente, mientras nos están robando. Es decir, ustedes han frenado los homicidios, pero han anunciado que no están en capacidad de frenar las extorsiones”. Se dirigió directamente a Borromeo Henríquez, el Diablito de Hollywood. Y finalmente, para presionarlo le dijimos: bueno, si estás de acuerdo, titulamos esta entrevista: “Prohíbo a la Mara Salvatrucha extorsionar, dos puntos, Borromeo Enrique Enríquez”. Borromeo lo pensó. Y busca la aprobación del resto con la mirada hasta que aparece un veterano que había sido MS Stoner en Los Angeles. Es decir, fundador de la MS 13 y le dice: “Diablo, no creo que podamos hacer esto así de golpe. No podemos hacer esto. Y Borromeo dice: Puta, se tienen que hacer una consulta general para saber si lo que están preguntando sería lo más viable o no. Dice: “Algo así no se puede decidir sin hacer una consulta general”. Carlos siguió insistiendo, hasta que hizo la pregunta más importante de la entrevista. Ustedes estarían dispuestos a desarticular la Mara Salvatrucha? Caminando en ese sentido, ¿uno de los puntos es desarticular la organización Mara Salvatrucha 13? El que responde es Chino, un ranflero que hasta ese entonces, había estado callado, observando. Pero con esa pregunta se hartó. Ustedes quieren meterse mucho adentro de la pandilla. Nosotros estamos tratando de darles a ustedes algo de conocimiento de lo bueno que nosotros estamos haciendo. Pero ustedes vienen y se están metiendo hasta adentro, pues. ¿Qué tanto quieren escarbar? Se echó para adelante en la silla y… Sabes qué? Con todo respeto, ustedes tienen un hasta aquí. Tú aquí nos haces muchas preguntas comprometedoras. Bien comprometedoras. Y esa onda no va. Vos querés tu trabajo, yo quiero mi pandilla. Así es que, ¿sabes qué? Respetá y nosotros te vamos a respetar. Fue una reacción intensa. Visceral. Porque, claro, una tregua permanente una que incluyera no solo frenar los homicidios sino también las extorsiones, significaría el fin de la pandilla. Los ranfleros lo sabían, y no estaban listos para dar ese paso. Otros pandilleros que estaban fuera de la celda comenzaron a entrar. Viene uno, dos, tres. Entonces en la celda comenzábamos a estar tres periodistas y un fotógrafo y doce, quince, veinte, veinticinco pandilleros. Y Chino, el pandillero que había detenido la entrevista, le preguntó a Carlos… ¿Cuántos años tienes tú? Tenías tres años cuando yo comencé caminar en la pandilla. y crees que me va a gustar, que tu vengas a decirme a mí que si nos vamos a deshacer, que si nosotros vamos a deshacer una pandilla, sabes qué yo creo que ese derecho no lo tienes. Ok En un intento por defender su pregunta y relajar el ambiente Carlos respondió: A verme parece que se han tensado las cosas. Nosotros no intentamos ofender a nadie ni faltar. Es… vamos a hacer una serie de preguntas porque creemos que en la calle la gente tiene esas dudas. Incluso ofreció detener la entrevista, pero siguieron conversando un poco más, no sin antes dejar claro que… La Mara Salvatrucha no se va a deshacer y ya no puedes seguir preguntando de eso. Y aquella celda se quedó toda rumorosa, tensa… Esa fue la última palabra. No se habló más sobre el futuro de la pandilla. Y bueno, eso es. Si una tregua no contempla la desarticulación de una organización criminal que tanto daño le hace a la población, entonces de poco sirve. Hablando con Carlos y Óscar, se me hizo claro que nunca hubo una estrategia coherente para hacer la paz con las maras. Esta entrevista del 2012 lo comprueba. Es como si nadie les hubiera preguntado sobre las extorsiones antes. Negociaron los homicidios. Y nada más. El único logro de la tregua había sido disminuir los asesinatos, pero para mediados del 2013, la cifra de homicidios comenzó a subir, y ya no volvió a bajar a los niveles que se vieron al principio de la tregua. Pasaron las elecciones y ganó el candidato del FMLN, el mismo partido de Funes, pero a ras. En el 2015 se rompieron récords de asesinatos, 105 homicidios por cada 100 mil habitantes, una cifra que no se veía desde los tiempos de la Guerra Civil. Y claro, con el alza en la violencia, vino el éxodo. La emigración, que ya era altísima, se disparó a niveles realmente alarmantes. Las caravanas que tanto se comentan y los miles de menores de edad que llegaban a la frontera de Estados Unidos sin sus padres. Todo muy chocante visto desde acá, desde el norte, pero pocos entendían qué había detrás de esa migración. Una violencia desenfrenada, y un intento improvisado y mal hecho de pararla. Un intento que finalmente fracasó. Y lo que les esperaba al otro lado: separaciones de familias en Estados Unidos y ahora los campamentos para refugiados en la frontera entre México y Guatemala. Los salvadoreños le huyen como pueden a la pobreza, pero también a las maras y a la inseguridad. No tenía que ser así. Durante unos dos años, una ventana se abrió en El Salvador. Por un instante hubo una oportunidad de seguir un camino distinto. Fue tenue, efímera. Pero estaba ahí, todos los salvadoreños lo vieron. Quizá no lo recuerden a estas alturas, con tanta sangre derramada, quizá no recuerden que hubo un día en que el país amaneció casi sin muertos. Quizás el legado más duradero de la tregua fue hacer de lo impensable algo normal, un elemento más de la vida política salvadoreña. Negociar con las maras es algo que todos hacen, siempre en secreto, para poder negarlo si son descubiertos. Ya no solo para bajar la violencia, sino a veces para algún beneficio electoral. Es normal. El más reciente ejemplo es el actual presidente, Nayib Bukele, que aunque públicamente se pronuncia duramente contra los pandilleros, también negoció con ellos a través de algunos funcionarios suyos, funcionarios que ahora son candidatos en las elecciones legislativas de este año. Esto también lo destapó El Faro. En otras palabras, la tregua murió, pero su herencia sigue viva. Updates del presidente Funes y los mediadores: Munguía Payés, Mijango y los procesos legales que han enfrentado por la tregua. El expresidente Mauricio Funes vive como refugiado político en Nicaragua desde 2016. Un juzgado de El Salvador ordenó su arresto el año pasado. Esta es la sexta orden de detención en su contra, por varios delitos relacionados a la tregua entre pandillas del 2012. También tiene abiertos otros cinco procesos penales en El Salvador por posible corrupción durante su gobierno. En todos ellos se ha declarado inocente. Un juzgado antimafia ordenó a David Munguía Payés prisión domiciliaria desde el julio pasado por supuesto favorecimiento a las pandillas durante la misma tregua del 2012. En 2018, Raúl Mijango fue condenado a trece años de prisión por el delito de extorsión agravada en calidad de cómplice con cabecillas de la MS13 y Barrio 18. Y en enero de este año, catorce líderes de la Mara Salvatrucha fueron acusados con cargos por narcoterrorismo y terrorismo en Estados Unidos, entre ellos Borromeo Henríquez. Esta historia es una co-producción entre Radio Ambulante y El Faro. Fue producida y escrita por Luis Trelles, Fernanda Guzmán, y por mí, basándonos en el reporteo de Sergio Araúz, Carlos Martínez y Óscar Martínez. La edición es de Camila Segura. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri y Rémy Lozano con música de Rémy. El fact-checking es de Andrea López Cruzado y Desirée Yépez. Gracias a Álvaro Céspedes. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Nicolás Alonso, Lisette Arévalo, Jorge Caraballo, Aneris Casassus, Victoria Estrada, Xochitl Fabián,Miranda Mazariegos, Hans-Gernot Schenk, Barbara Sawhill, Elsa Liliana Ulloa, y David Trujillo. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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