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Radio Ambulante - Lola Pistola

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Un luchador profesional da un show diferente.

El lugar favorito de Diego era el ring. En él, se convertía en el luchador profesional Diego 'Dos Pistolas' Garijo. Pero después de recibir un golpe y casi perder la vista, tuvo que alejarse de su pasión. Para encontrar una nueva, Diego se subió a otro tipo de escenario.

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:
Esto
es
Radio
Ambulante
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.¡Diego
Dos
Pistolas
Garrrrijo!Así
presentan
a
Diego
en
uno
de
sus
lugares
favoritos
del
mundo,
el
ring.
Cuando
está
ahí,
su
mente
se
aleja
de
todo
lo
demás.En
ese
escenario
de
la
lucha
siento
que
estoy
ciego.
No
puedo
ver
nada
excepto
la
persona
que
voy
a
pelear.
Yo
estoy
100%
enfocado.
Y
a
veces
hasta
ni
oigo
las
palabras
del
referí.Diego
“Dos
Pistolas”
Garijo.
De
metro
setenta
y
cinco,
90
kilos
de
músculo.
Diego
tiene
gran
parte
del
cuerpo
cubierto
en
tatuajes:
en
el
rostro,
el
cuello,
el
torso…
en
su
pecho,
por
ejemplo,
se
lee
en
letras
grandes:
“Eat
the
rich”,
o
sea
“cómete
a
los
ricos”.
Tiene
43
años.
Nació
en
Guanajuato,
México.
Pero
a
los
casi
5
años
migró
con
su
familia
a
Estados
Unidos.
Ahora
vive
en
California.
Luego
de
una
niñez
solitaria,
y
una
adolescencia
y
juventud
bastante
conflictivas,
las
artes
marciales
mixtas,
mejor
conocidas
como
MMA,
se
convirtieron
en
un
lugar
seguro
para
él.
Le
daban
un
propósito,
una
comunidad
y
algo
de
dinero.
Su
carrera
comenzó
en
2006
y,
desde
entonces,
casi
toda
su
vida
ha
girado
en
torno
a
esta
pasión.
Las
MMA
son
uno
de
los
deportes
de
contacto
más
feroces
que
existen.
Son
parecidas
al
“vale
tudo”
de
Brasil,
porque
en
su
origen
casi
no
había
reglas.
Solo
no
se
podían
hacer
golpes
bajos
ni
meter
los
dedos
a
la
boca,
a
los
ojos,
ni
morder.
Fuera
de
eso
todo
lo
demás
estaba
permitido.
Hay
de
todo:
puños
sin
guantes,
patadas,
rodillazos,
y
una
mezcla
de
todas
las
disciplinas
marciales
y
deportes
de
combate
que
puedas
dominar. Es
mucho
más
difícil
que
el
box.
Tienes
que
saber
20
cosas
en
vez
de
una
sola
cosa.
O
sea,
que
tienes
que
saber
20
cosas
de
jiujitsu,
20
cosas
de
Muay
Thai,
20
cosas
de
la
lucha…El
que
no
tuviera
reglas
era
parte
su
atractivo,
pero,
en
Estados
Unidos,
en
1996,
el
entonces
senador
de
Arizona,
John
McCain,
llamó
a
las
MMA
“una
pelea
de
gallos
entre
personas”,
y
logró
que
se
prohibiera
comercializar
este
deporte
hasta
que
estuviera
reglamentado.
Ahora
hay
ciertos
movimientos
que
no
están
permitidos,
como
patear
la
cabeza
de
un
oponente
mientras
está
en
el
suelo,
jalar
el
cabello
o
dar
cabezazos.
Desde
que
está
reglamentado,
creció
con
mucha
velocidad
y
ahora
es
uno
de
los
deportes
más
populares
del
mundo.
Un
luchador
de
MMA
entrena
durante
meses
para
pelear
25
minutos
o
menos.
Solo
tiene
tres
o
cinco
rounds
para
derrotar
a
su
contrincante,
mientras
un
réferi
observa
todos
sus
movimientos.
Su
escenario
más
famoso
es
un
clásico
ring
octogonal,
a
veces,
incluso,
enrejado.
Para
los
fanáticos,
su
encanto
principal
es
que,
gracias
a
las
muchas
disciplinas
que
pueden
usar,
hay
luchadores
con
todo
tipo
de
estilos
y
un
gran
repertorio
de
golpes.
Diego,
por
ejemplo,
se
especializa
en
box
estilo
mexicano.
Es
un
boxeo
muy
rápido
y
agresivo.
Y
con
esa
misma
energía
pelea
en
artes
marciales
mixtas.
Aunque
Diego
no
se
caracteriza
por
la
técnica,
sino
por
su
energía.
Lo
que
más
le
interesa
es
dar
un
espectáculo:
no
suele
dar
pasos
para
atrás
ni
aunque
esté
recibiendo
una
lluvia
de
golpes.
Good
left
hand
on
this
step
for
Diego
Garijo…
Both
fighters
swinging
back…
Such
a
strong
start
and
such
a
weak
finish
for…
It’s
all
over!
Garijo
wins!Bailotea
alrededor
del
ring,
con
las
piernas
abiertas,
mirando
directamente
a
los
ojos
de
su
oponente.
Pelea
también
con
sus
gestos:
riendo
con
picardía
aunque
tenga
la
cara
ensangrentada,
retando
la
valentía
del
otro,
pensando:
a
ver
quién
cae
primero.
De
las
14
peleas
en
las
que
ha
participado,
solo
ha
perdido
dos
veces.
Cada
vez
que
es
golpeado,
busca
la
energía
para
resistir
hasta
el
final
una
y
otra
vez.
Y
el
público
le
responde
con
esa
misma
intensidad. Ay,
se
siente
fuera
de
este
mundo.
Y
hay
miles
de
gentes
ahí
en
la
arena
que
se
están
llamando
tu
nombre
y
están
este
gritando
y
tirando
porras
por
ti.
Eso
no
lo
puedes
comparar
con
muchas
cosas
en
la
vida. Ser
un
luchador
no
solo
se
definía
en
el
ring
ni
frente
a
sus
espectadores.
Aunque
el
combate
fuera
corto,
su
preparación
y
estilo
de
vida
eran
un
trabajo
de
tiempo
completo.
Levantarse
temprano,
pesarse,
y
después
ir
al
gimnasio,
dos
veces
al
día,
incluso
en
fines
de
semana.
Regresar
a
casa
y
ver
videos
de
técnicas
que
pueda
aprender.
Su
familia
ya
estaba
muy
acostumbrada
a
su
rutina.
Diego
y
Olivia,
la
madre
de
sus
hijos,
y
ahora
exesposa,
se
habían
conocido
en
la
preparatoria
y
después
de
enamorarse
y
casarse,
iniciaron
una
familia.
Olivia
apoyó
a
Diego
cuando
quiso
iniciar
una
carrera
en
la
lucha
y
los
dos
se
las
arreglaban
para
sacar
adelante
a
tres
hijos.
En
2011,
Diego
se
estaba
preparando
para
participar
por
primera
vez
en
la
liga
de
MMA
más
importante
de
todas,
la
UFC,
o
sea
la
Ultimate
Fighting
Championship,
en
Estados
Unidos.
Él
estaba
seguro
de
que
iban
a
llamarlo
tarde
o
temprano.
Pero,
en
uno
de
los
entrenamientos,
cuando
estaba
practicando
golpes
contra
un
compañero,
descuidó
la
guardia
y
su
colega
le
clavó
un
puñetazo
en
el
ojo
derecho.
Perdí
la
vista
como
por
30
minutos
y
cuando
regresó
tenía
como
una
lucecita
que
se
prendía
cada
unas
dos
o
tres
horas.Había
sido
un
golpe
duro,
sí,
pero
como
había
sufrido
tantas
fracturas
y
lesiones
en
el
pasado,
no
le
dio
demasiada
importancia.
Nunca
imaginó
lo
que
esa
pequeña
luz
en
el
ojo
provocaría.
Una
breve
pausa
y
volvemos.
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante.
Fernanda
Guzmán
investigó
esta
historia,
y
ahora
nos
sigue
contando…Como
dijimos,
Diego
estaba
bastante
acostumbrado
a
las
lesiones
y
tenía
una
gran
tolerancia
al
dolor.
Una
vez,
incluso,
caminó
durante
varios
días
sin
saber
que
tenía
una
pierna
fracturada.
Así
que,
en
2011,
cuando
le
golpearon
el
ojo,
no
fue
al
médico
inmediatamente.
Siendo
así
de
terco
no,
no
fui
al
doctor
y
pasaron
unos
días
y
entonces
la
lucecita
que
tenía
el
ojo
fue
siguiendo
más,
más,
más.Consultó
por
teléfono
con
un
médico
que
atendía
a
los
luchadores
acreditados
y
le
contó
sus
síntomas:
que
al
inicio
era
una
luz
que
aparecía
y
desaparecía
dos
o
tres
veces
al
día,
pero
que
ahora
la
tenía
casi
todo
el
tiempo.
El
médico
le
dijo
que
eso
no
sonaba
bien
y
debía
revisarlo
en
persona.
Pasaron
un
par
de
días
más
hasta
que
Diego
por
fin
fue
al
consultorio.
El
doctor
lo
revisó
y
le
hizo
pruebas
en
el
ojo.
Diego
se
empezó
a
poner
nervioso.
Notaba
al
doctor
un
tanto
reservado.
Recién
ahí
sintió
que
algo
andaba
muy
mal
y
que
el
médico
no
quería
decírselo
todavía.A
lo
mejor
porque
él
me
conocía,
sabía
que
yo
estaba
persiguiendo
la
carrera
completamente
con
todo
mi
corazón.
A
lo
mejor
él
no
quería
ser
la
persona
en
decirme
que
era
un
problema
muy
serio.Y
efectivamente,
el
médico
le
dijo
que
tenía
una
idea
de
lo
que
pasaba,
pero
no
quería
dar
un
diagnóstico
antes
de
estar
completamente
seguro.
Le
pidió
a
Diego
que
hiciera
una
cita
urgente
con
un
especialista
de
retinas.
Y
como
Diego
ya
comenzaba
a
asustarse,
le
hizo
caso
inmediatamente.
Al
día
siguiente,
el
especialista
le
explicó
que
el
impacto
del
golpe
fue
tan
fuerte
que
le
había
desprendido
la
retina.
Esa
membrana
en
la
pared
posterior
del
ojo
que
transforma
la
luz
en
un
impulso
nervioso
que
viaja
hasta
el
cerebro
y
se
convierte
en
las
imágenes
que
vemos.
Una
alteración
en
ella
puede
cambiar
la
manera
en
la
que
percibimos
los
colores
o,
como
en
el
caso
de
Diego,
que
haya
luces
blancas
que
obstruyan
la
visión.
La
situación
era
muy
delicada.
Diego
tenía
que
hacerse
una
cirugía
de
emergencia.
El
doctor
le
dijo:“Si
no
te
haces
cirugía
mañana,
100%
pierdes
toda
la
vista
en
ese
ojo”.
Y
cuando
me
dijo
eso
me
quedé
como:
“guau…uff
99%
no,
100”.100%
ciego
del
ojo
derecho.
Las
palabras
del
médico
lo
asustaron
lo
suficiente
para
que
se
operara
lo
más
pronto
posible.
Esa
cirugía
iba
a
ser
muy
incómoda.
La
retina
de
Diego
estaba
desprendida
y,
para
devolverla
a
su
lugar,
tenían
que
utilizar
una
liga
de
silicona
y
un
gas
especial
que
introducían
con
una
aguja
en
el
ojo.
Todo
esto
para
generar
la
presión
necesaria
que
pegara
la
retina
a
la
pared
del
globo
ocular.
Y
puedes
ver
la
aguja
cuando
está
entrando
al
ojo.
Bien
lento
que
te
meten
la
aguja.Por
supuesto,
le
dolió.
Pero,
según
Diego,
el
doctor
se
sorprendió
de
que
él
continuara
conversando
durante
toda
la
cirugía,
incluso,
con
la
aguja
adentro.
Cuando
el
médico
terminó,
le
dijo
que
hiciera
reposo
absoluto
mientras
su
ojo
terminaba
de
sanar
por,
al
menos,
un
par
de
semanas.
Y
también
le
dio
una
última
mala
noticia:
le
explicó
que
sus
retinas,
genéticamente,
eran
muy
delicadas.
Era
probable
que,
si
continuaba
con
su
carrera
de
peleador,
se
volvería
a
desprender
no
solo
una,
sino
ambas.
Si
eso
pasaba,
quedaría
ciego.
Eso
no
solo
significaba
que
no
podría
seguir
preparándose
para
entrar
a
la
UFC,
sino
que
probablemente
tendría
que
renunciar
por
completo
a
la
lucha.Yo…
Yo
no
estaba
listo.
Yo
ya
había
dado
mi
vida
a
la
pelea.
Yo
estaba
listo
para
quedarme
ciego.
Si
no
tuviera
hijos,
hubiera
continuado
de
pelear.
Eso
fue
un
golpe
muy,
muy
fuerte.Es
decir,
si
hubiera
sido
por
él,
habría
peleado
hasta
quedarse
ciego,
pero
al
tener
una
familia,
sentía
que
esa
decisión
no
era
solo
suya.
Esa
tarde
nadie
podía
recogerlo
después
de
la
cirugía,
y
como
su
casa
quedaba
muy
cerca,
decidió
regresarse
caminando
solo.
En
el
trayecto
tuvo
suficiente
tiempo
para
pensar
en
el
diagnóstico
que
le
había
dado
el
médico
y
la
necesidad
de
tener
que
renunciar
a
lo
que
más
le
apasionaba
en
el
mundo.
Entonces
me
da
las
malas
noticias
el
doctor
y,
como
una
película,
empiezo
a
caminar
a
la
casa
y
de
ningún
lado
en
California,
donde
casi
nunca
llueve,
empieza
a
llover.
Y
estoy
caminando
a
la
casa
casi
llorando
y
cubierto,
así
mojado.En
ese
punto,
Diego
llevaba
ya
casi
seis
años
peleando,
y
sentía
que
renunciar
a
los
entrenamientos,
a
las
luces
de
la
arena,
a
los
octágonos
y
a
las
ovaciones
del
público
era
casi
como
renunciar
a
él
mismo.
Era
mucho
más
que
solo
el
miedo
a
no
tener
dinero,
o
a
perder
su
gran
sueño
de
ser
un
campeón
mundial.
Era
algo
más
personal.
Tenía
tanta
pasión
para
pelear.
Fue
lo
que
me
salvó
como
adulto,
porque
yo
estaba
tan
enfadado.Diego
arrastraba
un
gran
enojo
desde
que
era
pequeño.
Y
es
que
tampoco
era
el
niño
que
quizá
se
están
imaginando.
Muchos
años
antes
de
su
vida
violenta
y
de
luchador,
era
sensible
y
artístico,
algo
que
llamaba
la
atención
de
los
otros
niños
en
su
barrio
en
San
Diego.
No
solía
comportarse
como
lo
que
esperaban
de
él:
que
fuera
seco,
rudo,
estereotípicamente
varonil.
Además
de
llorar
si
quería
y
de
demostrar
cuando
algo
lo
había
lastimado,
le
gustaba
escuchar
a
Whitney
Houston
y
pintar,
en
lugar
de
salir
a
jugar
fútbol.
Esas
características
lo
hicieron
sufrir… De
niño,
la
gente
se
burlaba
de
o
me
metía
en
problemas,
o
me
pegaban
porque
me
veían
de
una
manera
débil
o
creían
que
era
muy
femenino.Le
hacían
bullying,
le
decían
que
seguramente
era
gay,
como
si
fuera
un
insulto,
y
le
quitaban
sus
juguetes.
Él
solo
lo
aguantaba.
En
ese
entonces,
pensaba
que
defenderse
implicaba
responder
con
agresividad
y
él
no
sabía
cómo
hacerlo. No
me
podía
en
mi
cabeza
imaginar
cerrar
mi
puño
y
pegarle
a
alguien
en
la
cara.
Era
como
demasiado
violento
para
mí.Y
la
vida
en
su
casa
tampoco
era
más
sencilla.
Mi
mamá…
sentía
que
me
abandonaba
en
lugares.
No
siempre
sabía
si
mi
mamá
iba
a
regresar,
así
que
yo
ya
traía
un
sentimiento
muy
pesado
desde
niño.Diego
se
crió
prácticamente
solo,
forzado
a
tener
una
vida
más
en
las
calles
que
en
su
propia
casa.
Y,
en
algún
momento,
comenzó
a
transformarse
en
una
persona
que
nunca
imaginó.
Se
enfocó
en
transformar
su
exterior,
en
personificar
esa
masculinidad
que
le
pedían
los
que
lo
rodeaban.
Quería
presentar
una
versión
de
mismo
más
rígida,
más
ruda,
incluso
más
temeraria. De
una
manera
yo
creo
que
también
tratas
de
comprobar
aún
más
que
eres
macho.Fue
ahí
cuando
comenzó
a
juntarse
con
personas
que
se
dedicaban
a
robar
y
a
involucrarse
con
drogas.
También
comenzó
a
participar
en
competencias
de
motocicletas
que
a
menudo
se
volvían
peligrosas.
Y,
en
ese
ambiente,
pronto
empezó
a
dedicarse
a
lo
mismo,
lo
que
él
llama
“la
vida
del
crimen”:
asaltar
tiendas,
robar
televisores
o
aparatos
electrónicos…
Pero
con
el
paso
de
los
años,
se
cansó
de
esa
vida.
Olivia,
la
que
sería
la
madre
de
sus
hijos,
lo
alentó
a
buscar
algo
diferente
y
después
llegó
la
lucha.
Comenzó
a
entrenar
de
forma
seria.
Fue
una
manera
de
seguir
teniendo
un
exterior
muy
intimidante.
Así
empezó
a
pelear
y
a
hacerse
cada
vez
más
exitoso,
hasta
que
como
oímos,
casi
seis
años
después
un
golpe
en
el
ojo
derecho
puso
en
riesgo
todo
lo
que
había
construido.
La
lucha
le
daba
una
identidad
y
también
una
carrera
con
la
que
podía
hacer
dinero.
Al
principio
le
pagaban
10
mil
dólares
por
pelea,
lo
que
con
ayuda
del
crédito,
le
permitía
mantenerse
por
un
tiempo
sin
problemas.
Luego,
llegó
a
recibir
hasta
15
mil
por
contienda.
Ahora
dejarla
implicaba
tener
que
buscar
un
trabajo
nuevo
para
poder
mantenerse
a
él
y
a
su
familia,
pero
Diego
no
conocía
otro
mundo.Ya
tenía
mucho
tiempo
que
ya
había
dejado
el
colegio
y
no
tenía
una
segunda
carrera,
no
tenía
nada,
ningún
otro
medio
de
ganar
dinero
excepto
pelear. Las
necesidades
de
la
vida
cotidiana
no
podían
esperar
a
que
Diego
procesara
su
duelo.
Era
urgente
conseguir
otro
trabajo,
lo
que
fuera,
que
le
permitiera
poder
mantener
a
su
familia.
Menos
de
un
año
después
de
dejar
la
lucha
por
su
lesión
en
el
ojo,
pudo
conseguir
un
trabajo
en
lo
que
se
conoce
en
inglés
como
“process
server”:
esas
personas
que
se
encargan
de
notificar
con
un
documento
a
quienes
tienen
que
ir
a
la
corte
por
alguna
razón
en
Estados
Unidos.
Ese
papel
tiene
que
ser
entregado
personalmente.
Y
Diego
era
quien
lo
entregaba.
Comenzó
a
tomar
los
casos
que
nadie
más
quería:
gente
que
se
estaba
escondiendo,
que
podía
ser
peligrosa
o
que
era
muy
difícil
de
encontrar.
Se
estacionaba
afuera
de
su
casa
durante
días
para
poder
interceptarlos,
incluso
se
llegó
a
disfrazar
de
repartidor
de
paquetes
para
engañarlos.
Era
muy
bueno
en
su
trabajo,
y
le
daba
los
ingresos
necesarios
para
poder
pagar
la
renta
y
mantener
a
su
familia.
Pero
a
Diego
le
estaba
costando
adaptarse
a
este
nuevo
estilo
de
vida.
Sentía
que
no
era
para
él.
Esa
incomodidad
se
convirtió
en
tristeza.
Casi
todos
los
días,
antes
de
llegar
a
su
trabajo,
se
quedaba
un
rato
en
el
estacionamiento
y
lloraba
en
su
coche
antes
de
entrar.
Había
pasado
casi
seis
años
peleando,
sin
tener
un
trabajo
tradicional.
No
tenía
idea
de
cómo
adaptarse
a
un
mundo
laboral
tan
convencional.
:
Nada
me
hacía
sentir
lo
que
yo
sentía
cuando
estaba
peleando,
esa
emoción.
No
sabía
cómo
ser
una
persona
normal
que
va
a
un
trabajo
de
9
a
5,
con
un,
con
un
gerente
que
te
está
diciendo
qué
hacer. Por
instrucción
médica
tenía
recomendado
no
practicar
más
deportes
de
contacto.
Pero
Diego
extrañaba
hacer
actividad
física
así
que
por
un
tiempo
se
conformó
con
levantar
pesas.
Seis
años
después,
y
pese
a
la
instrucción
de
su
doctor,
comenzó
a
pelear
a
puño
limpio.
El
médico
le
autorizó
entrenar,
pero
le
prohibió
volver
a
luchar
competitivamente
en
MMA.
No
era
lo
mismo,
pero
estaba
contento
de
seguir
activo.
Luego
de
ahorrar
lo
suficiente
para
mantener
a
su
familia
por
un
tiempo,
renunció
a
su
trabajo
como
“process
server”.
Necesitaba
una
pausa
y
encontrar
una
forma
de
rehacer
su
vida.
No
lo
tenía
muy
claro.
Trató
de
reconectar
con
aquello
que
disfrutaba
de
hacer
cuando
era
niño,
antes
de
las
peleas:
dibujar,
el
arte…
Se
volvió
tatuador
y
comenzó
a
vender
algunas
de
sus
pinturas,
pero
todavía
no
estaba
en
paz
por
completo.
Por
esos
tiempos,
Diego
estaba
yendo
al
mismo
gimnasio
que
Eric
del
Fierro,
un
entrenador
de
luchadores
de
la
UFC.
Se
habían
hecho
amigos
y
ya
le
tenía
la
confianza
suficiente
para
contarle
un
poco
de
lo
que
estuvo
viviendo
los
últimos
años.Él
vio
que
yo
estaba
medio
batallando
con
la
transición
de
peleador
a
una
persona
normal
y
el
trabajo.Y
con
la
necesidad
de
encontrarse
a
mismo
de
nuevo.
Después
de
escucharlo,
Eric
le
dio
una
recomendación.Me
dijo:
“Yo
que
estás
tratando
de
cambiar
tu
vida.
Acabo
de
tomar
este
curso.
Yo
creo
que
te
va
a
beneficiar
mucho».Era
un
curso
de
inteligencia
emocional.
Duraba
dos
fines
de
semana
y
lo
impartían
en
Las
Vegas,
a
cinco
horas
de
su
ciudad,
San
Diego.
El
viaje
y
las
clases
eran
una
inversión,
pero
Eric
del
Fierro
le
compró
unas
pinturas
para
ayudarle
a
pagarlo.
Diego
viajó
hasta
Las
Vegas
los
dos
fines
de
semana
del
curso.
Era
un
edificio
con
aulas
donde
conoció
a
un
grupo
de
personas
que,
como
él,
trataban
de
definir
cuál
sería
el
nuevo
camino
que
tomarían
sus
vidas.
Algunos
querían
desatorar
bloqueos
creativos,
otros
buscar
más
seguridad
en
mismos
o
encontrar
su
verdadera
vocación
profesional.
Diego
no
pasaba
desapercibido
en
su
grupo.
No
solo
eran
los
tatuajes
en
todo
el
cuerpo;
cuando
lo
conocieron,
él
estaba
hecho
trizas:
tenía
el
brazo
enyesado
y
la
cara
llena
de
puntos.
Por
supuesto,
no
le
había
hecho
caso
al
médico
por
completo
y
cuando
pudo,
volvió
a
excederse
en
los
entrenamientos.
Cuando
llegó
su
turno,
frente
a
sus
compañeros,
contó
lo
mucho
que
le
había
costado
renunciar
a
las
competiciones
profesionales
de
MMA,
y
que
ahora
estaba
buscando
otra
cosa
que
lo
hiciera
feliz.
Idealmente
algo
que
estuviera
relacionado
con
el
arte.
Y
entre
sus
compañeros,
escuchándolo,
estaba
Jackie,
una
joven
que
trabaja
en
la
industria
de
la
moda
y
que
también
estaba
buscando
darle
un
giro
a
su
carrera.
Esta
es
Jackie:You
know,
it
takes
a
lot
of
confidence
just
to
be
yourself
in
front
of
everybody.
And
that’s
why
I
was
very
drawn
to
him.
Like
we
immediately
kind
of
just
opened
up
and
shared…A
Jackie
le
pareció
muy
valiente
que
Diego
fuera
tan
transparente
y
que
se
abriera
así
frente
a
todos.
Durante
el
curso
hablaron
más
y
rápidamente
se
hicieron
amigos.
Pero
más
allá
de
las
amistades
nuevas,
el
objetivo
principal
que
Diego
tenía
en
este
curso
era
resolver
un
asunto
que
tenía
en
la
cabeza
desde
hacía
meses:
Tratando
de
encontrar
quién
era
yo
sin
la
pelea
¿Quién
soy
yo?El
segundo
fin
de
semana
del
curso,
conversaron
sobre
lo
que
les
hacía
sentir
vulnerables
a
cada
uno
y
cómo
podrían
permitirse
esta
vulnerabilidad.
Diego
escuchaba
muy
atento.
Él
se
consideraba
alguien
que
no
tenía
problemas
con
demostrar
sus
emociones.
Sí,
se
había
creado
una
coraza
física
tradicionalmente
masculina,
pero
a
pesar
del
bullying
que
había
sufrido
de
niño,
se
permitía
cosas
que
para
él
rompen
con
el
estereotipo
de
un
macho:
como
llorar
frente
a
sus
hijos
si
alguna
película
lo
conmovía
o
simplemente
expresarle
cariño
a
sus
seres
queridos.
Diego
ya
se
consideraba
alguien
vulnerable,
entonces
el
reto
era
otro.
Encontrar
algo
que
nunca
hubiera
hecho
antes,
algo
nuevo.
Entonces
yo
dije:
¿Cómo
yo
puedo
empujar
mis
límites
de
lo
que
sería
vulnerable
para
mí?Los
que
lo
conocían
sabían
que
era
alguien
sensible,
pero
los
que
solo
lo
juzgaban
por
su
exterior
no
tenían
forma
de
saberlo.
Pues
para
todos
me
ven
como,
este,
macho
peleador
masculino. Entonces
pensó…¿Qué
es
más
masculino
que
un
peleador?Llegó
a
la
conclusión
de
que,
quizá
para
explorar
ese
límite,
tendría
que
hacer
algo
completamente
opuesto. Lo
más
vulnerable
que
yo
puedo
hacer
es
presentarme
como
femenino.Y
en
cuanto
lo
pensó,
le
vino
una
idea,
una
imagen,
que
de
inmediato
compartió
con
su
grupo.
:
Cuando
dije:
“¿Y
si
hago
un
show
de
drag?”. Un
show
de
drag.
Sus
compañeros
pensaron
que
era
una
gran
idea,
que
era
algo
divertido,
y
lo
celebraron.
Todos
creían
que
eso
es
lo
más
vulnerable
que
yo
podía
hacer
como
un
hombre
que
también
en
ese
tiempo
se
ve
muy
como
hipermasculino,
¿verdad?No
imaginaba
muy
bien
por
dónde
comenzar,
pero
sabía
que,
al
igual
que
con
la
lucha,
requeriría
de
compromiso.
Y,
como
en
el
ring,
se
dedicaría
a
hacer
drag
con
toda
su
energía.
Así
comenzó
el
entrenamiento.Una
pausa
y
volvemos.
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante,
soy
Daniel
Alarcón.
Fernanda
Guzmán
nos
sigue
contando. Diego
estaba
convencido
de
que
hacer
un
show
de
drag
era
una
gran
idea,
aunque
en
realidad
sabía
muy
poco
sobre
drag.
El
único
referente
que
tenía
de
este
mundo
lo
conoció
cuando
era
adolescente,
se
trataba
de…If
you
can’t
love
yourself,
how
in
the
hell
you
gonna
love
somebody
else?
You
better
work
(cover
girl!)
Work
it,
girl
(give
a
twirl!)
Do
your
thing
on
the
runway.
Work
(supermodel!).
You
better
work
it,
girl
(of
the
world!) RuPaul,
la
drag
queen
más
famosa
de
Estados
Unidos
y
probablemente
del
mundo.
En
1993
lanzó
su
primer
gran
hit
musical,
Supermodel.
En
el
video
aparece
él:
un
hombre
con
una
larga
peluca
blanca,
con
maquillaje,
tacones,
vestidos
y
joyería,
cantando
sobre
ser
una
supermodelo
de
portada
de
revistas.
Diego
todavía
tenía
esa
imagen
en
su
memoria.
Había
visto
el
video
de
adolescente,
pero
eso
era
todo.
Y
como
no
era
suficiente,
se
puso
a
investigar.
Empecé
a
ver
cómo
se
vestían,
qué
usan
de
maquillaje
y
como
todo,
me
he
hecho
al
extremo
y
lo
empecé
a
estudiar.Antes
de
su
investigación,
Diego
pensaba
que,
en
esencia,
el
drag
se
trataba
de
hombres
maquillados
que
usaban
vestidos.
Y,
si
como
Diego,
uno
investiga
por
primera
vez
sobre
drag
en
internet,
puede
parecer
que
simplemente
se
trata
de
eso.
Pero
él
continuó
revisando
videos,
fotografías
de
distintas
drag
queens
y
también
se
vio
algunos
episodios
de
RuPaul’s
Drag
Race,
un
reality
show
en
donde
distintas
drag
queens
estadounidenses
compiten
por
ser
la
mejor
del
país.
Una
de
sus
ganadoras,
Sasha
Velour,
dice
que
el
drag
es
una
autoexpresión
desvergonzada.
Rechazar
de
forma
juguetona
nuestras
suposiciones
sobre
cómo
“debería”
actuar
y
lucir
un
hombre
o
una
mujer.
El
drag
es
considerado
un
arte
en
mismo,
que
no
es
exclusivo
para
hombres,
sino
para
cualquier
persona
que
quiera
jugar
con
los
estereotipos
de
género.
De
hecho,
también
existen
los
drag
kings
o
incluso
personas
cuyo
drag
sale
por
completo
del
binarismo,
entre
muchos
otros
tipos
de
drag.
Su
esencia
es
el
transformarse
en
otro,
pero
el
drag
no
solo
gira
en
torno
a
la
apariencia
física.
También
tiene
que
ver
con
música
y
coreografías,
entre
muchas
otras
cosas.
Las
drag
queens
suelen
hacer
shows
musicales
en
donde
mueven
los
labios
como
si
estuvieran
cantando
una
canción
que
ellas
eligen,
y
también
bailan
a
su
ritmo.
Así
que
Diego
trazó
una
meta:
no
solo
se
vestiría
de
drag
queen,
sino
que
se
presentaría
en
un
bar
y
haría
un
show
de
en
vivo.
Ese
sería
su
verdadero
ejercicio
de
vulnerabilidad.
Buscó
en
San
Diego
un
bar
para
presentarse
en
donde
hubiera
un
micrófono
abierto
para
hacer
shows
de
drag
queen.
En
Google
encontró
uno
llamado
Lips.
Allí
aceptaban
drag
queens
nuevas
y
les
habló
por
teléfono
para
solicitar
un
espacio
en
el
escenario.
El
gran
evento
sería
el
7
de
junio
del
2019,
así
que
tendría
casi
tres
meses
para
prepararse.
Después
le
contó
el
plan
a
su
familia.
Ellos
están
acostumbrados
a
que
Diego
les
cuente
ideas
extravagantes,
así
que
no
los
tomó
tan
de
sorpresa,
ni
pensaron
que
fuera
algo
malo.
Él
piensa
que
las
generaciones
de
sus
hijos
tienen
una
mente
mucho
más
abierta
y
no
suelen
asustarse
por
este
tipo
de
cosas.
Por
eso,
lo
tomaron
con
mucha
naturalidad.
Olivia,
su
exesposa,
suele
apoyarlo
con
todas
las
ideas
locas
que
se
le
ocurren,
y
esta
no
era
la
excepción.Aunque
tuvo
un
momentito
donde
yo
vi
en
sus
ojos
que
estaba
confundida,
como
diciendo:
“¿esto
qué
quiere
decir
y
qué
va
a
seguir
después
de
esto?”Diego
lo
notó
en
su
expresión,
pero
no
hablaron
sobre
esto.
Él
quería
sacar
adelante
este
plan
y
Olivia
lo
apoyó
en
todo
momento.
Cuando
estuvo
listo
para
empezar
a
buscar
ropa
y
accesorios,
Jackie,
su
compañera
de
curso,
quien
trabaja
en
moda,
le
ofreció
su
ayuda.
Ella
sabía
a
dónde
tenía
que
llevar
a
Diego.
Viajaron
al
Fashion
District
de
Los
Ángeles,
una
zona
de
más
de
100
calles
al
centro
de
la
ciudad,
en
donde
existen
unas
dos
mil
tiendas
de
ropa,
zapatos
y
accesorios.
Allí
también
venden
todo
tipo
de
telas,
hilos
y
materiales
para
confeccionar
ropa.
Ya
en
el
Fashion
District,
Diego
y
Jackie
se
iban
paseando
por
todas
las
tiendas
que
Diego
no
solía
frecuentar.
Buscaban
todos
los
elementos
que
él
necesitaba
para
su
show.
Por
ejemplo,
los
aretes.
Diego
quiso
perforarse
las
orejas.
Esas
y
otras
partes
del
proceso,
como
depilarse
todo
el
cuerpo,
fueron
dolorosas,
pero
Diego
y
Jackie
estaban
divirtiéndose
mucho.
Para
ese
día
siempre
va
a
ser
una
muy
bella
memoria
porque
nos
la
pasamos
muy
bien,
nos
estábamos
conociendo.
Compramos
mi
primerpar
de
tacones.Fue
muy
difícil
encontrarlos
porque
Diego
calza
12,
y
los
tacones
de
ese
número
no
le
quedaban
porque
su
pie
es
demasiado
ancho.
Pero
logró
encontrar
un
par.
Eran
rojos,
terminaban
en
punta
y
tenían
un
tacón
de
unos
13
centímetros.
Para
él,
que
nunca
había
usado
tacones,
eran
altísimos.
Para
las
drag
queens
experimentadas,
eran
pantuflas.
Después
de
comprarlos,
se
sentaron
en
un
café
a
descansar
porque
habían
caminado
durante
horas.
Pero
Jackie,
que
le
iba
a
enseñar
a
caminar
en
tacones,
ya
quería
empezar
con
las
lecciones,
así
que
abrió
la
caja
de
los
zapatos
nuevos…Y
me
dijo:
“Pues
¿por
qué
estás
perdiendo
tiempo?
Póntelos
ya
de
una
vez”.
Y
me
los
puse
ahí
y
empecé
a
caminar.Oh,
my
gosh.
The
first
time
he
ever
wore
heels,
we
put
the
high
heels
on
and
he
just
started
walking
around
the
coffee
shop
like
it
was
nobody’s
business.Jackie
recuerda
que
Diego
comenzó
a
caminar
como
si
nada
en
el
café.
Y
aunque
ante
ella
se
veía
confiado
mientras
daba
sus
primeros
pasos,
la
sensación
en
sus
pies
era
incomodísima,
dolorosa…
Ay,
los
tacones
con
mis
pies
que
tienen
ya
20
años
de
artes
mixtas
marciales
y
ya
los
he
quebrado
varias
veces.
Siento
un
dolor
que
no
puedo
explicar.Pero
en
cierto
modo,
su
carrera
de
peleador
le
sirvió
para
tolerar
ese
dolor.
No
se
los
quitó
e
hizo
toda
una
pasarela
para
divertir
a
Jackie.Y
me
acuerdo
que
me
sacó
a
la
calle
de
afuera
del
café
y
dijo:
“A
ver
practica”.
Y
estaba
caminando
y
nunca
se
me
va
a
olvidar…Afuera,
en
una
de
las
calles
más
transitadas
de
Los
Ángeles,
había
turistas
curioseando
por
la
zona
y
tomando
fotografías.
Entre
ellos,
una
familia
paseaba
con
un
niño
pequeño
que,
desde
abajo,
se
quedó
observando
a
Diego:
El
niño…
La
cara
que
le
vi
de
confundido.
De
que
volteó
a
verme
los
tacones
y
luego
me
volteaba
arriba
a
ver
la
cara,
y
otra
vez
los
tacones,
y
otra
vez
la
cara.Recibir
esa
reacción
hizo
que
el
experimento
comenzara
a
sentirse
real.
La
mirada
del
niño
le
dio
entre
curiosidad
y
risa.
Se
imaginaba
qué
estaría
pensando,
algo
como:
“qué
rara
es
la
gente
de
acá”.
Era
solo
un
niño
y
eran
solo
un
par
de
tacones,
pero
la
situación
hizo
que
Diego
también
se
preguntara
si
algunas
personas
todavía
no
estaban
listas
para
ver
ciertas
cosas.
Luego
de
descansar
en
el
café,
Jackie
y
Diego
continuaron
la
búsqueda
del
resto
del
vestuario.
Los
zapatos
solo
habían
sido
el
principio.
Diego
quería
interpretar
I’m
Every
Woman
de
Whitney
Houston,
una
de
sus
cantantes
favoritas
desde
la
niñez,
y
estaba
buscando
un
vestido
como
los
que
usaba
Whitney:
voluminosos,
con
colores
llamativos
y
llenos
de
pedrería.
Pero
en
una
de
las
tiendas,
encontraron
un
vestido
diferente…Y
me
enamoré
con
el
vestido,
pero
no
era
el
correcto
para
esa
canción.
Entonces
vi
el
vestido
y
dije:
“¿Qué
canción
me
dice
este
vestido?”.
Y
la
primera
canción
que
pensé
es:
Celia
Cruz,
La
vida
es
un
carnaval.
Todo
aquel
que
piense
que
la
vida
es
desigual
tiene
que
saber
que
no
es
así,
que
la
vida
es
una
hermosura,
hay
que
vivirla… El
vestido
le
parecía
a
Diego
como
una
cola
de
sirena:
era
verde,
entallado
y
tenía
lentejuelas
brillantes.
Era
strapless,
o
sea
que
no
tenía
tirantes,
y
el
corsé
estaba
lleno
de
perlas
verdes
y
doradas.
A
Jackie
también
le
pareció
hermoso.
Ese
tenía
que
ser
su
vestido,
y
esa
su
canción.
Entonces
empezamos
a
buscar
todo
para
combinar
con
ese
vestido.
La
peluca,
el
maquillaje,
las
joyas…La
peluca
que
escogieron
era
castaña
y
ondulada.
Estaba
recogida
en
un
peinado
y
decorada
con
una
pañoleta
azul
con
estampado
de
flores
rosadas.
También
consiguió
un
brazalete
plateado
que
hacía
juego
con
un
gran
collar
de
piedras
fantasía
azul
tornasol.
El
vestuario
de
Celia
Cruz
estaba
listo.
Ya
con
la
canción
elegida,
Diego
comenzó
a
montar
su
show.
Aunque
el
drag
no
es
un
deporte
de
contacto,
requiere
una
preparación
física:
Pues
Igual
como
una
pelea
empecé
a
entrenar,
tuve
que
aprender
cómo
bailar
en
los
tacones.
Empecé
a
ensayar
mis
pasos
y
memorizar
la
canción. Diego
ya
tenía
pensada
la
coreografía.
Estaba
listo
el
vestuario
y
la
música,
pero
faltaba
algo
esencial:
el
rostro.
Las
drag
queens
suelen
tener
un
maquillaje
muy
único.
Es
como
si
fuera
la
firma
del
personaje.
De
manera
que,
así
uses
cualquier
estilo
de
ropa,
la
gente
siempre
pueda
reconocer
que
se
trata
de
ti
solo
al
ver
tu
cara.
También
suelen
aplicarse
su
propio
maquillaje,
pero
él
no
sabía
cómo
y
al
ser
algo
tan
importante,
Diego
buscó
ayuda
de
alguien
profesional
y,
un
conocido
le
recomendó
a
alguien.
Y
me
dijo:
“Mi
amigo
Carlos
hace…
hace
drag….
hace
artista
de
maquillaje
y
también
es
bailarín
profesional
que
ha
hecho
espectáculos
de
drag”. Lo
buscó
por
Instagram
y
le
mandó
un
mensaje
directo
contándole
lo
que
necesitaba.Y
cuando
él
me
escribió,
yo
veo
su
profile
que
era
como
de
boxeo,
tenía
fotos
como
con
sangre
en
la
cara.
Yo
le
dije
a
mi
novio:
“Ay,
yo
no
sé.
(Risas).
Yo
no
sé,
me
suena
súper
raro”.Este
es
Carlos
González,
es
puertorriqueño,
tiene
32
años
y
vive
en
Los
Ángeles.
De
entrada
Carlos
desconfió
del
perfil
de
Diego.
No
era
para
nada
el
tipo
de
clientes
que
solían
buscarlo.
Dudaba
de
que
sus
intenciones
fueran
honestas.
Tenía
miedo
de
que
fuera
a
hacerle
daño,
por
ejemplo.
Pero
finalmente
le
contestó
y
decidió
que
iría
a
conocerlo
en
un
café.
Le
dijo
a
su
novio
de
ese
entonces
que
le
mandaría
su
ubicación,
solo
como
prevención,
por
si
cualquier
cosa
pasaba.
Llegó
el
día
del
encuentro.
Diego
lucía
en
persona
tan
intimidante
como
en
sus
fotos.
Pero
mientras
iban
conversando,
Carlos
dejó
de
tener
miedo.
Diego
en
persona
pues
es
un
ángel,
nada
que
ver
con
la
foto.
O
sea,
si
no
lo
conoces,
no
sabes
quién
es.
Y
cuando
lo
conocí
en
la
primera
entrevista,
como
que
toda
esa
imagen
que
tenía
pues
cambió.Para
sorpresa
de
Carlos,
tuvieron
química
muy
pronto.
Diego
le
contó
su
plan:
que
quería
montar
un
show,
que
estaba
comprometido
a
hacer
drag
todo
lo
profesional
que
pudiera
y
por
eso
necesitaba
su
ayuda.
A
Carlos
le
pareció
un
proyecto
atractivo
y
valiente,
así
que
se
pusieron
de
acuerdo
para
verse
un
día
antes
del
show
en
casa
de
Diego
y
escoger
el
maquillaje
definitivo.
Así
fue,
al
día
siguiente
Carlos
llegó
a
casa
de
Diego
y
mientras
alistaba
sus
implementos
en
la
mesa
del
comedor,
Olivia
y
Diego
discutían
por
primera
vez
cuál
sería
el
nombre
perfecto
para
su
personaje
drag.
Recordaron
que,
durante
el
embarazo
de
su
hija,
uno
de
los
nombres
que
tenían
en
mente
era
Lola.
Y
aunque
al
final
decidieron
por
otro
nombre
para
la
bebé,
Lola
siempre
les
gustó.
Olivia
le
dijo:Oye,
¿y
si
te
pones
Lola
Pistola
porque
va
con
tu
nombre
de
peleador,
también
Dos
Pistolas?
Le
dije:
“Wow,
está
fenomenal”.
Me
encantó
y
desde
ahí
nació
Lola
Pistola
y…
ahí
estuvo.El
personaje
que
Diego
imaginó
usando
ese
vestido
brillante
de
sirena,
con
tacones
rojos,
peluca
castaña,
inspirado
en
Celia
Cruz,
y
que
él
estuvo
practicando
durante
tres
meses,
ya
tenía
nombre:
Lola
Pistola.
Y
con
el
nombre
comenzó
a
imaginar
su
personalidad.Me
sacó
así
como
vibras
de
que:
“Ok,
tiene
que
ser
muy
agresiva,
¿verdad?”O
sea
nada
tímida,
explosiva
y
carismática.
Y
dije:
“pues
así
voy
a
usar
el
ánimo
de
Lola
Pistola,
donde
quiera
que
llegue
voy
a
ser
el
centro
de
atención,
¿verdad?”A
Lola
ya
solo
le
faltaba
tener
aquel
rostro
icónico
distintivo
y
Carlos
estaba
concentrado
en
tratar
de
satisfacer
la
visión
que
Diego
tenía
de
ella.
Carlos
comenzó
tapándole
las
cejas
con
un
pegamento
especial.
Sobre
la
capa
de
pegamento,
colocó
base
de
maquillaje,
y
luego
le
diseñó
unas
cejas
negras
desde
cero:
grandes,
gruesas
y
angulosas.
Le
delineó
unos
labios
exagerados,
con
más
volumen,
y
los
pintó
de
rojo.
Combinó
sus
sombras
con
los
colores
de
la
pañoleta:
celeste
y
rosa.
Agregó
unas
pestañas
postizas
muy,
muy
largas.
Le
contorneó
los
pómulos
para
que
quedaran
definidos
y
afilados,
e
hizo
lo
mismo
con
su
nariz.
Del
cuello
para
abajo,
no
cubrió
ninguno
de
los
tatuajes,
de
modo
que
Lola
se
veía
imponente,
femenina
y
masculina
a
la
vez.
La
familia
de
Diego
se
asomaba
de
vez
en
cuando
para
ver
cómo
iba
el
proceso,
pero
él
no
quería
ver
su
rostro
hasta
que
estuviera
terminado.
Luego
de
unas
tres
horas
de
maquillaje,
solo
faltaba
colocar
la
peluca
y
peinarla
un
poco.
Me
dijo:
“Ya,
ya
terminamos”.
Y
me
sacó
el
espejo…
No…
no
podía
parar
de
sonreírme.
Me
estaba
sonriendo
mucho
porque
nunca
me
había
visto
así.
Es…
es
otro
mundo.Se
sentía
bello.
Su
familia
estaba
sorprendida
al
ver
el
gran
cambio.
Además
de
Carlos,
Diego
tenía
otra
visita
ese
día.
Luna
Ferox,
una
de
las
amigas
que
hizo
en
su
curso,
quería
iniciar
una
carrera
en
fotografía
y
le
pidió
hacerle
fotos
a
Lola
como
parte
de
su
proyecto
personal.
Ella
le
dio
indicaciones
muy
puntuales
de
poses
para
hacer
frente
a
la
cámara:
sentado
en
un
sillón
con
las
piernas
cruzadas,
a
veces
con
medias
de
red
o
con
ropa
interior
y
una
bata,
frente
al
espejo
de
baño…
Y
una,
quizás
la
más
llamativa
de
todas,
sentado
con
las
piernas
cruzadas
en
el
inodoro,
sosteniendo
un
cigarrillo,
aparentemente
desnudo,
mostrando
casi
todos
sus
tatuajes,
usando
solo
sus
joyas
y
mirando
directamente
a
la
cámara. Y
tomamos
unas
fotos
muy
sexy.
Y
en
ese
tiempo,
yo
me
sentí
como:
“Oh,
estoy…
Sí,
estoy
haciendo
algo
muy
diferente
ahorita,
porque…
yo
no
dónde
van
a
terminar
estas
fotos
o
quién
las
va
a
ver…”Comprar
la
ropa,
investigar
sobre
drag,
depilarse,
maquillarse…
todo
eso
había
sido
entretenido,
pero
no
fue
sino
hasta
ahora,
completamente
convertido
en
Lola
y
frente
al
lente
de
su
amiga,
que
por
fin
sintió
que
cumplía
con
la
tarea
inicial
de
su
plan:
comenzó
a
sentirse
verdaderamente
vulnerable.
Y
por
un
momento
tuve
ese
pensamiento
de
que:
“Oh…
yo
no
cómo
gente
va
a
pensar
de
mí”.
Entonces
fue
un
poquito
de
pensar
si
estoy
haciendo
la
cosa
correcta
y
proceder
de
ahí.No
sabía
dónde
iban
a
parar
esas
fotos
y
qué
reacción
podrían
tener,
por
ejemplo,
los
familiares
fuera
de
su
núcleo…
A
pesar
de
las
dudas,
decidió
subir
a
Lola
a
un
escenario.
En
ese
momento
sentí
un
poco
del
riesgo,
pero
de
todas
maneras
seguí
adelante.A
la
noche
siguiente,
el
gran
evento
para
el
que
Diego
se
había
estado
preparando
durante
los
últimos
meses,
por
fin
llegó.
A
las
7pm,
Lips,
el
bar
que
había
elegido,
estaba
repleto.
Él
llegó
al
local
ya
casi
completamente
caracterizado
en
Lola
Pistola.
Carlos,
Olivia
y
otros
amigos
cercanos
fueron
a
apoyarlo.
Las
luces
iluminaban
el
escenario
donde
las
drag
queens
desfilarían.
Una
pasarela
se
alargaba
hacia
el
público
y
a
los
lados
del
escenario
colgaban
cortinas
brillantes
de
escarcha
verde.
La
pared
de
fondo
era
negra,
cubierta
con
una
cortina
de
pedrería.
Y
tenía,
en
el
centro,
el
logo
del
bar:
unos
labios
rosas
carnosos
sobre
los
que
se
leía
el
nombre
Lips.
Al
escenario
salió
la
conductora
del
evento:
una
drag
queen
que
animó
al
público
y
que
se
encargaría
de
presentar
a
todas
las
artistas
y
de
hacer
reír
a
la
gente
entre
medio.
Detrás
del
escenario,
Lola
Pistola,
se
enteró
que
esa
noche
no
sería
una
presentación
normal,
sino
un
concurso.
Su
primera
vez
en
drag
sería
una
competencia.
Era
un
poco
de
presión
inesperada,
pero
nada
que
no
pudiera
manejar
un
luchador
profesional.
Como
él
ya
estaba
listo,
se
dedicó
a
observar,
inspeccionar
a
sus
contrincantes.
Les
habían
asignado
a
todas
una
especie
de
camerino,
que
en
realidad
era
un
clóset
pequeño,
con
unas
siete
personas
maquillándose
hombro
a
hombro.
Me
recordó
de
la
pelea,
porque
a
veces
estás
calentando
en
frente
de
tu
oponente
ahí
en
un
clóset
para
trapeadores.Todas
tenían
estilos
muy
diferentes
y
se
veían
bastante
experimentadas:
sabían
maquillarse
y
muchas
de
ellas
habían
diseñado
su
propia
ropa
y
en
comparación…
Diego
se
sintió
en
desventaja.Ese
sentimiento
de
que
yo
era
el
más
nuevo
ahí,
que
no
sabía
lo
que
estaba
haciendo.Mientras
estaba
allí,
observando
a
las
demás
en
el
sofocante
y
pequeño
camerino,
y
con
el
show
a
punto
de
empezar,
Diego
comenzó
a
sentir
miedo.
Y
en
ese
momento
yo
creo
que
estaba
más
asustado
que
en
una
pelea.El
ring
ya
lo
tenía
bien
conocido,
pero
subirse
a
un
escenario
con
apenas
unos
meses
de
preparación,
le
hizo
sentir
que
tal
vez
se
había
apresurado,
que
necesitaba
más
tiempo.Prefiero
pelear
bien
y
que
alguien
me
gane
una
pelea
que
hacer
un
espectáculo
malo
en
el
drag.
Y
si
me
fuera
a
caer
o
se
me
cayera
la
peluca
o
hacer
al
payaso
porque
no,
no
practiqué
suficiente
bien
para
hacerle
la
dignidad
correcta
a
ese
show
porque
es
un
arte
en
misma.Diego
seguía
pensando
en
esto
cuando
llamaron
a
la
primera
drag
queen.
La
competencia
había
comenzado.
Una
a
una
fueron
saliendo
del
camerino
y
después
ya
no
regresaban,
así
que
Diego
se
fue
quedando
con
más
espacio
que
aprovechó
para
respirar
y
concentrarse.
Mientras
tanto,
entre
el
público,
estaba
Carlos
viendo
el
show.
Y
todas
las
concursantes
que
estuvieron
antes
de
Diego
o
después
eran
de
que,
del
uno
al
diez,
eran
diez
o
11.
Todas
eran
buenas,
todas
eran
profesionales.Diego
salió
del
camerino
y
se
acercó
a
la
parte
trasera
del
escenario.
Ya
se
acercaba
su
turno.
Desde
ese
lugar
podía
alcanzar
a
ver
el
show
de
la
concursante
actual.
Aprovechó
para
observar
bien
por
dónde
subir
y
bajar.
También
trató
de
ubicar
la
mesa
de
sus
amigos.
Pero,
después
decidió
dejar
de
mirar
para
seguir
concentrándose…
hasta
que
le
dijeron:
“Ya
es
tu
turno”.
Sintió
en
el
cuerpo
una
sensación
ya
bastante
conocida,
pero
que
no
vivía
desde
hace
mucho.
sentí
muy
parecido
a
lo
que
siento
cuando
voy
a
pelear.
Yo
no
he
sido
nervioso
en
mi
carrera,
pero
se
siente
un
poquito
más
como
dicen
los
americanos,
este,
butterflys
en
el
stomach.Mariposas
en
el
estómago.
Pero
Diego
lo
disimuló
muy
bien,
se
mostraba
seguro.
Y
entre
gritos
de
apoyo,
Lola
Pistola
subió
al
escenario
por
primera
vez.
En
los
primeros
segundos
de
la
canción,
Lola
bailaba,
y
cada
pisada
suya
en
esos
tacones
era
agresiva
y
torpe,
pero
movía
las
caderas
y
ondulaba
los
brazos
al
ritmo
de
la
música.
En
la
primera
pausa
de
la
canción,
justo
antes
de
que
Celia
Cruz
comenzara
a
cantar,
Lola,
en
su
vestido
verde
de
sirena,
sorprendió
con
su
primera
pose:
cadera
y
rostro
hacia
la
izquierda,
una
mano
en
la
cintura
y
la
otra
en
la
peluca
castaña.
Luego
de
unos
segundos,
Lola
apuntó
con
una
mano
al
público
y
alguien
entre
ellos
gritó.
Lola
sonrió
y
continuó
haciendo,
bailando
con
las
piernas
abiertas
como
quien
espera
para
recibir
un
golpe,
aceptando
los
billetes
que
el
público
le
alcanzaba
y
guardándolos
en
su
pecho. Entonces
para
se
me
hizo
muy
complicado
colectar
los
dineros
y
concentrarme
en
los
pasos,
así
que
yo
estaba
más
preocupado
en
el
baile
que
en
colectar
los
dineros.Seguía
señalando
de
vez
en
cuando
a
las
personas
de
la
audiencia,
guiñaba
el
ojo
por
aquí
y
por
allá.
Todavía
tenía
algo
de
miedo
de
dar
un
mal
paso,
caerse
o
que
se
le
cayera
la
peluca,
pero
logró
concentrarse
y
desechar
esas
preocupaciones. Yo
estoy
acostumbrado
a
dominar
mi
mente.
Ese
es
mi
poder,
eso
es
lo
que
yo
soy
bueno,
eso
de
controlar
mis
sentimientos
y
no
dejar
que
ellos
me
controlen
a
mí.Sus
amigos
estaban
muy
orgullosos
de
él.
Carlos,
por
ejemplo.¡Guau!
Diego
lo
hizo
súper
bien
para
ser
su
primera
vez
muy
intimidante.
Yo
creo
que
no
todas
las
personas
tienen
el
coraje
o
el
poder
o
el
amor
propio
de
treparse
a
una
tarima.
Tiene
todas
las
luces,
tiene
toda
esta
gente
enfrente
de
ti.Durante
y
después
del
show,
Diego
volvió
a
escuchar
los
gritos
y
aplausos
que
había
estado
extrañando
desde
hacía
casi
siete
años,
desde
la
última
vez
que
pisó
un
ring
de
MMA.
Este
era
un
escenario
diferente,
pero
la
emoción
era
muy
parecida.Se
siente
un
espectáculo
casi
igual
que
una
pelea.Al
finalizar
el
concurso,
llegó
el
momento
de
anunciar
a
las
ganadoras.
Diego
estaba
en
la
tarima
junto
al
resto
de
las
concursantes.
No
tenía
expectativas,
mucho
menos
esperaba
que
dijeran
su
nombre.
Cuando
de
pronto,
segundo
lugar:
Lola
Pistola. Me
dio
mucha
emoción
de
estar
en
segundo,
pero
en
realidad
lo
que
fue
mucho
más
grande
que
eso
fue
que
la
persona
que
ganó
primer
lugar
vino
y
me
dio
parte
de
las
ganancias,
que
yo
no
las
quería
tomar,
pero
me
dijo:
“Toma,
toma,
toma
esto”.
Me
dijo:
“Tú
te
lo
mereces”.
Para
eso
me
hizo
sentir
muy
incluso
en
la
comunidad
y
me
encantó.
Fue
un
momento
muy
bonito.Después
de
la
premiación
Diego
se
acercó
a
la
mesa
de
sus
amigos
y
se
tomó
algunas
fotos
con
ellos.
Notó
que
disfrutaron
mucho
del
show
y
se
sintió
muy
agradecido
por
su
apoyo.
Cuando
la
noche
llegó
a
su
fin
y
todos
se
preparaban
para
irse,
el
gerente
del
lugar
se
le
acercó
y
le
dijo:
:
¿Sabes
qué?
Trajiste
una
energía
tremenda.
Trajiste
mucha
gente
aquí.
Cualquier
tiempo
que
quieras
hacer
drag,
la
puerta
está
abierta
y
puedes
venir
a
hacer
tus
shows
cuando
quieras. El
primer
espectáculo
de
Lola
Pistola
había
sido
un
éxito
y
abrió
una
puerta
que
Diego
no
había
considerado
hasta
ahora:
plantearse
el
seguir
haciendo
drag
después
de
esta
noche.
Un
mes
después,
Diego
subió
a
Instagram
los
videos
de
su
presentación
en
Lips.
También
las
fotografías
de
su
primera
sesión,
esas
en
donde
llegó
a
sentirse
inseguro.
Gracias
a
esas
fotos,
su
personaje
drag
comenzó
a
llamar
mucho
la
atención.
Consiguió
nuevos
lugares
para
hacer
espectáculos
y
para
eso
necesitaba
más
números,
además
del
de
Celia
Cruz.
Así
que,
parte
de
sus
ganancias
como
tatuador
y
artista
las
usó
para
invertir
en
Lola.Tengo
un
todo
un
vestuario,
tengo
cajas
llenas
de
trajes
porque
también
para
eso…
de
hecho
soy
una
diva
y
odio
usar
la
misma
cosa
dos
veces,
siempre
y
cuando
voy
a
poner
un
show
me
gusta
tener
algo
completamente
diferente. Lola
llegó
al
ojo
de
los
medios
y
varios
periodistas
se
interesaron
en
entrevistarlo.
Su
historia
era
cada
vez
más
popular
tanto
en
el
mundo
del
drag,
como
en
el
mundo
de
la
lucha.
Diego
no
dejó
de
ir
a
entrenar
durante
todo
el
tiempo
que
se
preparó
para
hacer
drag
ni
cuando
decidió
invertir
en
ello.
Desde
el
2018,
cuando
inició
su
entrenamiento
en
box,
tenía
el
mismo
entrenador:
Joe
Vargas.
Pocos
días
después
de
su
show,
Diego
le
contó
que
se
había
convertido
en
drag
queen.
Joe
le
hizo
una
broma…
Le
dije
estás
bien
feo,
cabrón,
de
mujer,
le
dije
(Risas).
Porque
hay
drag
queens
bonitas. Era
una
broma,
claro.
Joe
ni
siquiera
había
visto
una
foto
de
Lola.
Ese
chiste
era
su
forma
de
normalizar
la
situación.
Le
gustaba
ver
que
Diego
se
animaba
con
esto.
Lo
apoya
en
la
lucha
y
lo
apoya
en
el
drag. Yo
estaba
orgulloso
de
él
porque
si
él…
Al
fin
de
cuentas
queremos
vivir
una
vida
contenta,
¿no?
Y
si
eso
lo
hace
contento,
pues
pa’delante.Pero
no
todos
allí
tendrían
la
misma
reacción.
La
comunidad
de
la
lucha
puede
ser
sexista
y
homofóbica.
Como
si
para
ser
un
buen
luchador
y
un
buen
hombre,
se
necesitara
personificar
una
masculinidad
tóxica
y
estereotipada.
Este
es
Joe
de
nuevo:No
si
le
importe
a
Diego,
pero
que
el
estereotipo
de
la
comunidad
de
pelea…
Pues
es
de:
“¡Hey!,
¿qué
onda
con
ese
cabrón?
¿Y
que
por
qué?
¿Y
que
onda?”
No…
a
él
le
valió
queso. Hay
gente
que
me
ha
preguntado
en
el
gimnasio
si
están
preocupados
que
gente
me
va
creer
que
soy
gay
o
cosas
de
ese
estilo.
Yo
siempre
digo:
“Yo
soy
quien
soy”. Hubo
dos
o
tres
personas
que
se
acercaron
a
Joe
para
preguntarle
por
qué
entrenaba
a
alguien
como
Diego,
con
una
connotación
de
que
él
no
pertenecía
a
ese
mundo
por
ser,
entre
comillas,
diferente.
Joe
les
contestaba:“Pos…
Súbete
ring
con
él,
a
ver
si
no
tiene
lo
que
necesita”.
Y
la
pensaban.
Entonces
uno
no
es
nadie
para
juzgar
en
esta
vida.
Todo
el
mundo
quiere
juzgar
a
todo
el
mundo.Diego
continuó
siendo
Lola
a
pesar
de
esas
críticas.
Y
Lola
le
trajo
más
oportunidades
de
las
que
él
esperaba.
Su
nueva
popularidad
en
la
prensa
y
en
las
redes
sociales
le
dieron
más
clientes
para
sus
pinturas
y
sus
tatuajes.
Poder
mantenerse
sin
la
lucha
no
significa
que
Diego
haya
dejado
de
sentir
que
tiene
algo
pendiente.
Siente
que
necesita
una
nueva
oportunidad
de
competir
para
despedirse
por
lo
alto
de
uno
de
los
lugares
que
más
satisfacciones
había
traído
a
su
vida:
el
ring.
A
mediados
del
2022,
unos
meses
antes
de
conversar
conmigo,
comenzó
a
planear
y
prepararse
para
la
que
podía
ser
su
última
pelea.
Sería
una
pelea
con
guantes
de
boxeo
clásico,
sin
nada
de
artes
marciales
mixtas,
en
donde
pudiera
brillar
en
su
estilo
mexicano.
Comenzó
a
buscar
contrincante
y,
de
nuevo,
a
someterse
a
un
entrenamiento
exhaustivo,
con
una
dieta
estricta
y
horas
y
horas
y
horas
de
trabajo
físico
para
estar
en
la
mejor
condición
posible.
Ya
tenía
dos
o
tres
semanas
entrenando
y
ya
estaba
en
buena
condición.
Y,
agh,
me
duele
decir
esto,
pero
como
que
me
arranqué
el
bicep.Una
lesión
que,
otra
vez,
le
impediría
pelear.
Pero
Diego,
un
luchador
que,
como
muchos
otros,
lleva
su
cuerpo
al
límite
porque
siente
que
siempre
está
contra
el
reloj,
no
pierde
la
esperanza
de
sanar
y
volver
a
dar
la
última
batalla.
Ahora
el
chance
de
que
suceda
es
bajo
y,
al
ir
pasando
el
tiempo,
se
reduce
cada
vez
más.
Pero
a
diferencia
de
hace
diez
años,
cuando
se
sumió
en
esa
depresión
tan
fuerte,
este
sentimiento
y
su
intensidad,
ahora
con
Lola,
no
es
tan
sofocante:
La
mente
es
libre.
Y
pase
lo
que
pase,
lo
que
yo
aprendí
del
drag
es
lo
que
me
va
a
ayudar
a
ser
una
persona
entera
sin
tener
que
volver
a
pelear. Lola
le
ha
enseñado
algo
nuevo:
su
identidad
es
mucho
más
amplia
y
se
expande
más
allá
de
los
gimnasios
y
los
octágonos.
Y
si
un
día
tengo
la
oportunidad
de
volver
a
pelear,
voy
a
apreciar
ese
momento,
lo
voy
a
disfrutar,
pero
no
va
a
ser
el
fin
del
mundo
si
nunca
vuelvo
a
pelear
o
tengo
la
oportunidad.Diego
por
fin
sabe
quién
es
él
sin
la
pelea
y
esa,
también
es
una
digna
despedida
del
ring.Diego
todavía
está
esperando
sanar
para
saber
si
podrá
despedirse
del
ring.
Mientras
tanto
su
proyecto
artístico
y
Lola
Pistola
siguen
creciendo.
Él
y
Jackie
pasaron
de
ser
amigos
a
tener
una
relación
amorosa.
Fernanda
Guzmán
es
periodista
y
vive
en
Ciudad
de
México.
Esta
historia
fue
editada
por
Camila
Segura,
Nicolás
Alonso,
Natalia
Sánchez
Loayza
y
por
mí.
El
fact-checking
lo
hizo
Bruno
Scelza.
El
diseño
de
sonido
es
de
Ana
Tuirán
y
Rémy
Lozano
con
música
original
de
Rémy.
El
resto
del
equipo
de
radio
Ambulante
incluye
a
Paola
Alean,
Lisette
Arévalo,
Pablo
Argüelles,
Andrés
Azpiri,
Aneris
Casassus,
Diego
Corzo,
José
Díaz,
Emilia
Erbetta,
Camilo
Jiménez
Santofimio,
Juan
David
Naranjo,
Ana
Pais,
Laura
Rojas
Aponte,
Barbara
Sawhill,
David
Trujillo,
Elsa
Liliana
Ulloa
y
Luis
Fernando
Vargas.
Selene
Mazón
es
nuestra
pasante
de
producción.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
es
un
podcast
de
Radio
Ambulante
Estudios,
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
de
Hindenburg
PRO.
Radio
Ambulante
cuenta
las
historias
de
América
Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
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: Esto es Radio Ambulante desde NPR. Soy Daniel Alarcón.¡Diego Dos Pistolas Garrrrijo!Así presentan a Diego en uno de sus lugares favoritos del mundo, el ring. Cuando está ahí, su mente se aleja de todo lo demás.En ese escenario de la lucha siento que estoy ciego. No puedo ver nada excepto la persona que voy a pelear. Yo estoy 100% enfocado. Y a veces hasta ni oigo las palabras del referí.Diego “Dos Pistolas” Garijo. De metro setenta y cinco, 90 kilos de músculo. Diego tiene gran parte del cuerpo cubierto en tatuajes: en el rostro, el cuello, el torso… en su pecho, por ejemplo, se lee en letras grandes: “Eat the rich”, o sea “cómete a los ricos”. Tiene 43 años. Nació en Guanajuato, México. Pero a los casi 5 años migró con su familia a Estados Unidos. Ahora vive en California. Luego de una niñez solitaria, y una adolescencia y juventud bastante conflictivas, las artes marciales mixtas, mejor conocidas como MMA, se convirtieron en un lugar seguro para él. Le daban un propósito, una comunidad y algo de dinero. Su carrera comenzó en 2006 y, desde entonces, casi toda su vida ha girado en torno a esta pasión. Las MMA son uno de los deportes de contacto más feroces que existen. Son parecidas al “vale tudo” de Brasil, porque en su origen casi no había reglas. Solo no se podían hacer golpes bajos ni meter los dedos a la boca, a los ojos, ni morder. Fuera de eso todo lo demás estaba permitido. Hay de todo: puños sin guantes, patadas, rodillazos, y una mezcla de todas las disciplinas marciales y deportes de combate que puedas dominar. Es mucho más difícil que el box. Tienes que saber 20 cosas en vez de una sola cosa. O sea, que tienes que saber 20 cosas de jiujitsu, 20 cosas de Muay Thai, 20 cosas de la lucha…El que no tuviera reglas era parte su atractivo, pero, en Estados Unidos, en 1996, el entonces senador de Arizona, John McCain, llamó a las MMA “una pelea de gallos entre personas”, y logró que se prohibiera comercializar este deporte hasta que estuviera reglamentado. Ahora hay ciertos movimientos que no están permitidos, como patear la cabeza de un oponente mientras está en el suelo, jalar el cabello o dar cabezazos. Desde que está reglamentado, creció con mucha velocidad y ahora es uno de los deportes más populares del mundo. Un luchador de MMA entrena durante meses para pelear 25 minutos o menos. Solo tiene tres o cinco rounds para derrotar a su contrincante, mientras un réferi observa todos sus movimientos. Su escenario más famoso es un clásico ring octogonal, a veces, incluso, enrejado. Para los fanáticos, su encanto principal es que, gracias a las muchas disciplinas que pueden usar, hay luchadores con todo tipo de estilos y un gran repertorio de golpes. Diego, por ejemplo, se especializa en box estilo mexicano. Es un boxeo muy rápido y agresivo. Y con esa misma energía pelea en artes marciales mixtas. Aunque Diego no se caracteriza por la técnica, sino por su energía. Lo que más le interesa es dar un espectáculo: no suele dar pasos para atrás ni aunque esté recibiendo una lluvia de golpes. Good left hand on this step for Diego Garijo… Both fighters swinging back… Such a strong start and such a weak finish for… It’s all over! Garijo wins!Bailotea alrededor del ring, con las piernas abiertas, mirando directamente a los ojos de su oponente. Pelea también con sus gestos: riendo con picardía aunque tenga la cara ensangrentada, retando la valentía del otro, pensando: a ver quién cae primero. De las 14 peleas en las que ha participado, solo ha perdido dos veces. Cada vez que es golpeado, busca la energía para resistir hasta el final una y otra vez. Y el público le responde con esa misma intensidad. Ay, se siente fuera de este mundo. Y hay miles de gentes ahí en la arena que se están llamando tu nombre y están este gritando y tirando porras por ti. Eso no lo puedes comparar con muchas cosas en la vida. Ser un luchador no solo se definía en el ring ni frente a sus espectadores. Aunque el combate fuera corto, su preparación y estilo de vida eran un trabajo de tiempo completo. Levantarse temprano, pesarse, y después ir al gimnasio, dos veces al día, incluso en fines de semana. Regresar a casa y ver videos de técnicas que pueda aprender. Su familia ya estaba muy acostumbrada a su rutina. Diego y Olivia, la madre de sus hijos, y ahora exesposa, se habían conocido en la preparatoria y después de enamorarse y casarse, iniciaron una familia. Olivia apoyó a Diego cuando quiso iniciar una carrera en la lucha y los dos se las arreglaban para sacar adelante a tres hijos. En 2011, Diego se estaba preparando para participar por primera vez en la liga de MMA más importante de todas, la UFC, o sea la Ultimate Fighting Championship, en Estados Unidos. Él estaba seguro de que iban a llamarlo tarde o temprano. Pero, en uno de los entrenamientos, cuando estaba practicando golpes contra un compañero, descuidó la guardia y su colega le clavó un puñetazo en el ojo derecho. Perdí la vista como por 30 minutos y cuando regresó tenía como una lucecita que se prendía cada unas dos o tres horas.Había sido un golpe duro, sí, pero como había sufrido tantas fracturas y lesiones en el pasado, no le dio demasiada importancia. Nunca imaginó lo que esa pequeña luz en el ojo provocaría. Una breve pausa y volvemos. Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Fernanda Guzmán investigó esta historia, y ahora nos sigue contando…Como dijimos, Diego estaba bastante acostumbrado a las lesiones y tenía una gran tolerancia al dolor. Una vez, incluso, caminó durante varios días sin saber que tenía una pierna fracturada. Así que, en 2011, cuando le golpearon el ojo, no fue al médico inmediatamente. Siendo así de terco no, no fui al doctor y pasaron unos días y entonces la lucecita que tenía el ojo fue siguiendo más, más, más.Consultó por teléfono con un médico que atendía a los luchadores acreditados y le contó sus síntomas: que al inicio era una luz que aparecía y desaparecía dos o tres veces al día, pero que ahora la tenía casi todo el tiempo. El médico le dijo que eso no sonaba bien y debía revisarlo en persona. Pasaron un par de días más hasta que Diego por fin fue al consultorio. El doctor lo revisó y le hizo pruebas en el ojo. Diego se empezó a poner nervioso. Notaba al doctor un tanto reservado. Recién ahí sintió que algo andaba muy mal y que el médico no quería decírselo todavía.A lo mejor porque él me conocía, sabía que yo estaba persiguiendo la carrera completamente con todo mi corazón. A lo mejor él no quería ser la persona en decirme que era un problema muy serio.Y efectivamente, el médico le dijo que tenía una idea de lo que pasaba, pero no quería dar un diagnóstico antes de estar completamente seguro. Le pidió a Diego que hiciera una cita urgente con un especialista de retinas. Y como Diego ya comenzaba a asustarse, le hizo caso inmediatamente. Al día siguiente, el especialista le explicó que el impacto del golpe fue tan fuerte que le había desprendido la retina. Esa membrana en la pared posterior del ojo que transforma la luz en un impulso nervioso que viaja hasta el cerebro y se convierte en las imágenes que vemos. Una alteración en ella puede cambiar la manera en la que percibimos los colores o, como en el caso de Diego, que haya luces blancas que obstruyan la visión. La situación era muy delicada. Diego tenía que hacerse una cirugía de emergencia. El doctor le dijo:“Si no te haces cirugía mañana, 100% pierdes toda la vista en ese ojo”. Y cuando me dijo eso me quedé como: “guau…uff 99% no, 100”.100% ciego del ojo derecho. Las palabras del médico lo asustaron lo suficiente para que se operara lo más pronto posible. Esa cirugía iba a ser muy incómoda. La retina de Diego estaba desprendida y, para devolverla a su lugar, tenían que utilizar una liga de silicona y un gas especial que introducían con una aguja en el ojo. Todo esto para generar la presión necesaria que pegara la retina a la pared del globo ocular. Y tú puedes ver la aguja cuando está entrando al ojo. Bien lento que te meten la aguja.Por supuesto, le dolió. Pero, según Diego, el doctor se sorprendió de que él continuara conversando durante toda la cirugía, incluso, con la aguja adentro. Cuando el médico terminó, le dijo que hiciera reposo absoluto mientras su ojo terminaba de sanar por, al menos, un par de semanas. Y también le dio una última mala noticia: le explicó que sus retinas, genéticamente, eran muy delicadas. Era probable que, si continuaba con su carrera de peleador, se volvería a desprender no solo una, sino ambas. Si eso pasaba, quedaría ciego. Eso no solo significaba que no podría seguir preparándose para entrar a la UFC, sino que probablemente tendría que renunciar por completo a la lucha.Yo… Yo no estaba listo. Yo ya había dado mi vida a la pelea. Yo estaba listo para quedarme ciego. Si no tuviera hijos, hubiera continuado de pelear. Eso sí fue un golpe muy, muy fuerte.Es decir, si hubiera sido por él, habría peleado hasta quedarse ciego, pero al tener una familia, sentía que esa decisión no era solo suya. Esa tarde nadie podía recogerlo después de la cirugía, y como su casa quedaba muy cerca, decidió regresarse caminando solo. En el trayecto tuvo suficiente tiempo para pensar en el diagnóstico que le había dado el médico y la necesidad de tener que renunciar a lo que más le apasionaba en el mundo. Entonces me da las malas noticias el doctor y, como una película, empiezo a caminar a la casa y de ningún lado en California, donde casi nunca llueve, empieza a llover. Y estoy caminando a la casa casi llorando y cubierto, así mojado.En ese punto, Diego llevaba ya casi seis años peleando, y sentía que renunciar a los entrenamientos, a las luces de la arena, a los octágonos y a las ovaciones del público era casi como renunciar a él mismo. Era mucho más que solo el miedo a no tener dinero, o a perder su gran sueño de ser un campeón mundial. Era algo más personal. Tenía tanta pasión para pelear. Fue lo que me salvó como adulto, porque yo estaba tan enfadado.Diego arrastraba un gran enojo desde que era pequeño. Y es que tampoco era el niño que quizá se están imaginando. Muchos años antes de su vida violenta y de luchador, era sensible y artístico, algo que llamaba la atención de los otros niños en su barrio en San Diego. No solía comportarse como lo que esperaban de él: que fuera seco, rudo, estereotípicamente varonil. Además de llorar si quería y de demostrar cuando algo lo había lastimado, le gustaba escuchar a Whitney Houston y pintar, en lugar de salir a jugar fútbol. Esas características lo hicieron sufrir… De niño, la gente se burlaba de mí o me metía en problemas, o me pegaban porque me veían de una manera débil o creían que era muy femenino.Le hacían bullying, le decían que seguramente era gay, como si fuera un insulto, y le quitaban sus juguetes. Él solo lo aguantaba. En ese entonces, pensaba que defenderse implicaba responder con agresividad y él no sabía cómo hacerlo. No me podía en mi cabeza imaginar cerrar mi puño y pegarle a alguien en la cara. Era como demasiado violento para mí.Y la vida en su casa tampoco era más sencilla. Mi mamá… sentía que me abandonaba en lugares. No siempre sabía si mi mamá iba a regresar, así que yo ya traía un sentimiento muy pesado desde niño.Diego se crió prácticamente solo, forzado a tener una vida más en las calles que en su propia casa. Y, en algún momento, comenzó a transformarse en una persona que nunca imaginó. Se enfocó en transformar su exterior, en personificar esa masculinidad que le pedían los que lo rodeaban. Quería presentar una versión de sí mismo más rígida, más ruda, incluso más temeraria. De una manera yo creo que también tratas de comprobar aún más que sí eres macho.Fue ahí cuando comenzó a juntarse con personas que se dedicaban a robar y a involucrarse con drogas. También comenzó a participar en competencias de motocicletas que a menudo se volvían peligrosas. Y, en ese ambiente, pronto empezó a dedicarse a lo mismo, lo que él llama “la vida del crimen”: asaltar tiendas, robar televisores o aparatos electrónicos… Pero con el paso de los años, se cansó de esa vida. Olivia, la que sería la madre de sus hijos, lo alentó a buscar algo diferente y después llegó la lucha. Comenzó a entrenar de forma seria. Fue una manera de seguir teniendo un exterior muy intimidante. Así empezó a pelear y a hacerse cada vez más exitoso, hasta que como oímos, casi seis años después un golpe en el ojo derecho puso en riesgo todo lo que había construido. La lucha le daba una identidad y también una carrera con la que podía hacer dinero. Al principio le pagaban 10 mil dólares por pelea, lo que con ayuda del crédito, le permitía mantenerse por un tiempo sin problemas. Luego, llegó a recibir hasta 15 mil por contienda. Ahora dejarla implicaba tener que buscar un trabajo nuevo para poder mantenerse a él y a su familia, pero Diego no conocía otro mundo.Ya tenía mucho tiempo que ya había dejado el colegio y no tenía una segunda carrera, no tenía nada, ningún otro medio de ganar dinero excepto pelear. Las necesidades de la vida cotidiana no podían esperar a que Diego procesara su duelo. Era urgente conseguir otro trabajo, lo que fuera, que le permitiera poder mantener a su familia. Menos de un año después de dejar la lucha por su lesión en el ojo, pudo conseguir un trabajo en lo que se conoce en inglés como “process server”: esas personas que se encargan de notificar con un documento a quienes tienen que ir a la corte por alguna razón en Estados Unidos. Ese papel tiene que ser entregado personalmente. Y Diego era quien lo entregaba. Comenzó a tomar los casos que nadie más quería: gente que se estaba escondiendo, que podía ser peligrosa o que era muy difícil de encontrar. Se estacionaba afuera de su casa durante días para poder interceptarlos, incluso se llegó a disfrazar de repartidor de paquetes para engañarlos. Era muy bueno en su trabajo, y le daba los ingresos necesarios para poder pagar la renta y mantener a su familia. Pero a Diego le estaba costando adaptarse a este nuevo estilo de vida. Sentía que no era para él. Esa incomodidad se convirtió en tristeza. Casi todos los días, antes de llegar a su trabajo, se quedaba un rato en el estacionamiento y lloraba en su coche antes de entrar. Había pasado casi seis años peleando, sin tener un trabajo tradicional. No tenía idea de cómo adaptarse a un mundo laboral tan convencional. : Nada me hacía sentir lo que yo sentía cuando estaba peleando, esa emoción. No sabía cómo ser una persona normal que va a un trabajo de 9 a 5, con un, con un gerente que te está diciendo qué hacer. Por instrucción médica tenía recomendado no practicar más deportes de contacto. Pero Diego extrañaba hacer actividad física así que por un tiempo se conformó con levantar pesas. Seis años después, y pese a la instrucción de su doctor, comenzó a pelear a puño limpio. El médico le autorizó entrenar, pero le prohibió volver a luchar competitivamente en MMA. No era lo mismo, pero estaba contento de seguir activo. Luego de ahorrar lo suficiente para mantener a su familia por un tiempo, renunció a su trabajo como “process server”. Necesitaba una pausa y encontrar una forma de rehacer su vida. No lo tenía muy claro. Trató de reconectar con aquello que disfrutaba de hacer cuando era niño, antes de las peleas: dibujar, el arte… Se volvió tatuador y comenzó a vender algunas de sus pinturas, pero todavía no estaba en paz por completo. Por esos tiempos, Diego estaba yendo al mismo gimnasio que Eric del Fierro, un entrenador de luchadores de la UFC. Se habían hecho amigos y ya le tenía la confianza suficiente para contarle un poco de lo que estuvo viviendo los últimos años.Él vio que yo estaba medio batallando con la transición de peleador a una persona normal y el trabajo.Y con la necesidad de encontrarse a sí mismo de nuevo. Después de escucharlo, Eric le dio una recomendación.Me dijo: “Yo sé que tú estás tratando de cambiar tu vida. Acabo de tomar este curso. Yo creo que te va a beneficiar mucho».Era un curso de inteligencia emocional. Duraba dos fines de semana y lo impartían en Las Vegas, a cinco horas de su ciudad, San Diego. El viaje y las clases eran una inversión, pero Eric del Fierro le compró unas pinturas para ayudarle a pagarlo. Diego viajó hasta Las Vegas los dos fines de semana del curso. Era un edificio con aulas donde conoció a un grupo de personas que, como él, trataban de definir cuál sería el nuevo camino que tomarían sus vidas. Algunos querían desatorar bloqueos creativos, otros buscar más seguridad en sí mismos o encontrar su verdadera vocación profesional. Diego no pasaba desapercibido en su grupo. No solo eran los tatuajes en todo el cuerpo; cuando lo conocieron, él estaba hecho trizas: tenía el brazo enyesado y la cara llena de puntos. Por supuesto, no le había hecho caso al médico por completo y cuando pudo, volvió a excederse en los entrenamientos. Cuando llegó su turno, frente a sus compañeros, contó lo mucho que le había costado renunciar a las competiciones profesionales de MMA, y que ahora estaba buscando otra cosa que lo hiciera feliz. Idealmente algo que estuviera relacionado con el arte. Y entre sus compañeros, escuchándolo, estaba Jackie, una joven que trabaja en la industria de la moda y que también estaba buscando darle un giro a su carrera. Esta es Jackie:You know, it takes a lot of confidence just to be yourself in front of everybody. And that’s why I was very drawn to him. Like we immediately kind of just opened up and shared…A Jackie le pareció muy valiente que Diego fuera tan transparente y que se abriera así frente a todos. Durante el curso hablaron más y rápidamente se hicieron amigos. Pero más allá de las amistades nuevas, el objetivo principal que Diego tenía en este curso era resolver un asunto que tenía en la cabeza desde hacía meses: Tratando de encontrar quién era yo sin la pelea ¿Quién soy yo?El segundo fin de semana del curso, conversaron sobre lo que les hacía sentir vulnerables a cada uno y cómo podrían permitirse esta vulnerabilidad. Diego escuchaba muy atento. Él se consideraba alguien que no tenía problemas con demostrar sus emociones. Sí, se había creado una coraza física tradicionalmente masculina, pero a pesar del bullying que había sufrido de niño, se permitía cosas que para él rompen con el estereotipo de un macho: como llorar frente a sus hijos si alguna película lo conmovía o simplemente expresarle cariño a sus seres queridos. Diego ya se consideraba alguien vulnerable, entonces el reto era otro. Encontrar algo que nunca hubiera hecho antes, algo nuevo. Entonces yo dije: ¿Cómo yo puedo empujar mis límites de lo que sería vulnerable para mí?Los que lo conocían sabían que era alguien sensible, pero los que solo lo juzgaban por su exterior no tenían forma de saberlo. Pues para mí todos me ven como, este, macho peleador masculino. Entonces pensó…¿Qué es más masculino que un peleador?Llegó a la conclusión de que, quizá para explorar ese límite, tendría que hacer algo completamente opuesto. Lo más vulnerable que yo puedo hacer es presentarme como femenino.Y en cuanto lo pensó, le vino una idea, una imagen, que de inmediato compartió con su grupo. : Cuando dije: “¿Y si hago un show de drag?”. Un show de drag. Sus compañeros pensaron que era una gran idea, que era algo divertido, y lo celebraron. Todos creían que eso es lo más vulnerable que yo podía hacer como un hombre que también en ese tiempo se ve muy como hipermasculino, ¿verdad?No imaginaba muy bien por dónde comenzar, pero sabía que, al igual que con la lucha, requeriría de compromiso. Y, como en el ring, se dedicaría a hacer drag con toda su energía. Así comenzó el entrenamiento.Una pausa y volvemos. Estamos de vuelta en Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. Fernanda Guzmán nos sigue contando. Diego estaba convencido de que hacer un show de drag era una gran idea, aunque en realidad sabía muy poco sobre drag. El único referente que tenía de este mundo lo conoció cuando era adolescente, se trataba de…If you can’t love yourself, how in the hell you gonna love somebody else? You better work (cover girl!) Work it, girl (give a twirl!) Do your thing on the runway. Work (supermodel!). You better work it, girl (of the world!) RuPaul, la drag queen más famosa de Estados Unidos y probablemente del mundo. En 1993 lanzó su primer gran hit musical, Supermodel. En el video aparece él: un hombre con una larga peluca blanca, con maquillaje, tacones, vestidos y joyería, cantando sobre ser una supermodelo de portada de revistas. Diego todavía tenía esa imagen en su memoria. Había visto el video de adolescente, pero eso era todo. Y como no era suficiente, se puso a investigar. Empecé a ver cómo se vestían, qué usan de maquillaje y como todo, me he hecho al extremo y lo empecé a estudiar.Antes de su investigación, Diego pensaba que, en esencia, el drag se trataba de hombres maquillados que usaban vestidos. Y, si como Diego, uno investiga por primera vez sobre drag en internet, puede parecer que simplemente se trata de eso. Pero él continuó revisando videos, fotografías de distintas drag queens y también se vio algunos episodios de RuPaul’s Drag Race, un reality show en donde distintas drag queens estadounidenses compiten por ser la mejor del país. Una de sus ganadoras, Sasha Velour, dice que el drag es una autoexpresión desvergonzada. Rechazar de forma juguetona nuestras suposiciones sobre cómo “debería” actuar y lucir un hombre o una mujer. El drag es considerado un arte en sí mismo, que no es exclusivo para hombres, sino para cualquier persona que quiera jugar con los estereotipos de género. De hecho, también existen los drag kings o incluso personas cuyo drag sale por completo del binarismo, entre muchos otros tipos de drag. Su esencia es el transformarse en otro, pero el drag no solo gira en torno a la apariencia física. También tiene que ver con música y coreografías, entre muchas otras cosas. Las drag queens suelen hacer shows musicales en donde mueven los labios como si estuvieran cantando una canción que ellas eligen, y también bailan a su ritmo. Así que Diego trazó una meta: no solo se vestiría de drag queen, sino que se presentaría en un bar y haría un show de en vivo. Ese sería su verdadero ejercicio de vulnerabilidad. Buscó en San Diego un bar para presentarse en donde hubiera un micrófono abierto para hacer shows de drag queen. En Google encontró uno llamado Lips. Allí aceptaban drag queens nuevas y les habló por teléfono para solicitar un espacio en el escenario. El gran evento sería el 7 de junio del 2019, así que tendría casi tres meses para prepararse. Después le contó el plan a su familia. Ellos están acostumbrados a que Diego les cuente ideas extravagantes, así que no los tomó tan de sorpresa, ni pensaron que fuera algo malo. Él piensa que las generaciones de sus hijos tienen una mente mucho más abierta y no suelen asustarse por este tipo de cosas. Por eso, lo tomaron con mucha naturalidad. Olivia, su exesposa, suele apoyarlo con todas las ideas locas que se le ocurren, y esta no era la excepción.Aunque sí tuvo un momentito donde yo vi en sus ojos que estaba confundida, como diciendo: “¿esto qué quiere decir y qué va a seguir después de esto?”Diego lo notó en su expresión, pero no hablaron sobre esto. Él quería sacar adelante este plan y Olivia lo apoyó en todo momento. Cuando estuvo listo para empezar a buscar ropa y accesorios, Jackie, su compañera de curso, quien trabaja en moda, le ofreció su ayuda. Ella sabía a dónde tenía que llevar a Diego. Viajaron al Fashion District de Los Ángeles, una zona de más de 100 calles al centro de la ciudad, en donde existen unas dos mil tiendas de ropa, zapatos y accesorios. Allí también venden todo tipo de telas, hilos y materiales para confeccionar ropa. Ya en el Fashion District, Diego y Jackie se iban paseando por todas las tiendas que Diego no solía frecuentar. Buscaban todos los elementos que él necesitaba para su show. Por ejemplo, los aretes. Diego quiso perforarse las orejas. Esas y otras partes del proceso, como depilarse todo el cuerpo, fueron dolorosas, pero Diego y Jackie estaban divirtiéndose mucho. Para mí ese día siempre va a ser una muy bella memoria porque nos la pasamos muy bien, nos estábamos conociendo. Compramos mi primerpar de tacones.Fue muy difícil encontrarlos porque Diego calza 12, y los tacones de ese número no le quedaban porque su pie es demasiado ancho. Pero logró encontrar un par. Eran rojos, terminaban en punta y tenían un tacón de unos 13 centímetros. Para él, que nunca había usado tacones, eran altísimos. Para las drag queens experimentadas, eran pantuflas. Después de comprarlos, se sentaron en un café a descansar porque habían caminado durante horas. Pero Jackie, que le iba a enseñar a caminar en tacones, ya quería empezar con las lecciones, así que abrió la caja de los zapatos nuevos…Y me dijo: “Pues ¿por qué estás perdiendo tiempo? Póntelos ya de una vez”. Y me los puse ahí y empecé a caminar.Oh, my gosh. The first time he ever wore heels, we put the high heels on and he just started walking around the coffee shop like it was nobody’s business.Jackie recuerda que Diego comenzó a caminar como si nada en el café. Y aunque ante ella se veía confiado mientras daba sus primeros pasos, la sensación en sus pies era incomodísima, dolorosa… Ay, los tacones con mis pies que tienen ya 20 años de artes mixtas marciales y ya los he quebrado varias veces. Siento un dolor que no puedo explicar.Pero en cierto modo, su carrera de peleador le sirvió para tolerar ese dolor. No se los quitó e hizo toda una pasarela para divertir a Jackie.Y me acuerdo que me sacó a la calle de afuera del café y dijo: “A ver practica”. Y estaba caminando y nunca se me va a olvidar…Afuera, en una de las calles más transitadas de Los Ángeles, había turistas curioseando por la zona y tomando fotografías. Entre ellos, una familia paseaba con un niño pequeño que, desde abajo, se quedó observando a Diego: El niño… La cara que le vi de confundido. De que volteó a verme los tacones y luego me volteaba arriba a ver la cara, y otra vez los tacones, y otra vez la cara.Recibir esa reacción hizo que el experimento comenzara a sentirse real. La mirada del niño le dio entre curiosidad y risa. Se imaginaba qué estaría pensando, algo como: “qué rara es la gente de acá”. Era solo un niño y eran solo un par de tacones, pero la situación hizo que Diego también se preguntara si algunas personas todavía no estaban listas para ver ciertas cosas. Luego de descansar en el café, Jackie y Diego continuaron la búsqueda del resto del vestuario. Los zapatos solo habían sido el principio. Diego quería interpretar I’m Every Woman de Whitney Houston, una de sus cantantes favoritas desde la niñez, y estaba buscando un vestido como los que usaba Whitney: voluminosos, con colores llamativos y llenos de pedrería. Pero en una de las tiendas, encontraron un vestido diferente…Y me enamoré con el vestido, pero no era el correcto para esa canción. Entonces vi el vestido y dije: “¿Qué canción me dice este vestido?”. Y la primera canción que pensé es: Celia Cruz, La vida es un carnaval. Todo aquel que piense que la vida es desigual tiene que saber que no es así, que la vida es una hermosura, hay que vivirla… El vestido le parecía a Diego como una cola de sirena: era verde, entallado y tenía lentejuelas brillantes. Era strapless, o sea que no tenía tirantes, y el corsé estaba lleno de perlas verdes y doradas. A Jackie también le pareció hermoso. Ese tenía que ser su vestido, y esa su canción. Entonces empezamos a buscar todo para combinar con ese vestido. La peluca, el maquillaje, las joyas…La peluca que escogieron era castaña y ondulada. Estaba recogida en un peinado y decorada con una pañoleta azul con estampado de flores rosadas. También consiguió un brazalete plateado que hacía juego con un gran collar de piedras fantasía azul tornasol. El vestuario de Celia Cruz estaba listo. Ya con la canción elegida, Diego comenzó a montar su show. Aunque el drag no es un deporte de contacto, sí requiere una preparación física: Pues Igual como una pelea empecé a entrenar, tuve que aprender cómo bailar en los tacones. Empecé a ensayar mis pasos y memorizar la canción. Diego ya tenía pensada la coreografía. Estaba listo el vestuario y la música, pero faltaba algo esencial: el rostro. Las drag queens suelen tener un maquillaje muy único. Es como si fuera la firma del personaje. De manera que, así uses cualquier estilo de ropa, la gente siempre pueda reconocer que se trata de ti solo al ver tu cara. También suelen aplicarse su propio maquillaje, pero él no sabía cómo y al ser algo tan importante, Diego buscó ayuda de alguien profesional y, un conocido le recomendó a alguien. Y me dijo: “Mi amigo Carlos hace… hace drag…. hace artista de maquillaje y también es bailarín profesional que ha hecho espectáculos de drag”. Lo buscó por Instagram y le mandó un mensaje directo contándole lo que necesitaba.Y cuando él me escribió, yo veo su profile que era como de boxeo, tenía fotos como con sangre en la cara. Yo le dije a mi novio: “Ay, yo no sé. (Risas). Yo no sé, me suena súper raro”.Este es Carlos González, es puertorriqueño, tiene 32 años y vive en Los Ángeles. De entrada Carlos desconfió del perfil de Diego. No era para nada el tipo de clientes que solían buscarlo. Dudaba de que sus intenciones fueran honestas. Tenía miedo de que fuera a hacerle daño, por ejemplo. Pero finalmente le contestó y decidió que iría a conocerlo en un café. Le dijo a su novio de ese entonces que le mandaría su ubicación, solo como prevención, por si cualquier cosa pasaba. Llegó el día del encuentro. Diego lucía en persona tan intimidante como en sus fotos. Pero mientras iban conversando, Carlos dejó de tener miedo. Diego en persona pues es un ángel, nada que ver con la foto. O sea, si no lo conoces, no sabes quién es. Y cuando lo conocí en la primera entrevista, como que toda esa imagen que tenía pues cambió.Para sorpresa de Carlos, tuvieron química muy pronto. Diego le contó su plan: que quería montar un show, que estaba comprometido a hacer drag todo lo profesional que pudiera y por eso necesitaba su ayuda. A Carlos le pareció un proyecto atractivo y valiente, así que se pusieron de acuerdo para verse un día antes del show en casa de Diego y escoger el maquillaje definitivo. Así fue, al día siguiente Carlos llegó a casa de Diego y mientras alistaba sus implementos en la mesa del comedor, Olivia y Diego discutían por primera vez cuál sería el nombre perfecto para su personaje drag. Recordaron que, durante el embarazo de su hija, uno de los nombres que tenían en mente era Lola. Y aunque al final decidieron por otro nombre para la bebé, Lola siempre les gustó. Olivia le dijo:Oye, ¿y si te pones Lola Pistola porque va con tu nombre de peleador, también Dos Pistolas? Le dije: “Wow, está fenomenal”. Me encantó y desde ahí nació Lola Pistola y… ahí estuvo.El personaje que Diego imaginó usando ese vestido brillante de sirena, con tacones rojos, peluca castaña, inspirado en Celia Cruz, y que él estuvo practicando durante tres meses, ya tenía nombre: Lola Pistola. Y con el nombre comenzó a imaginar su personalidad.Me sacó así como vibras de que: “Ok, tiene que ser muy agresiva, ¿verdad?”O sea nada tímida, explosiva y carismática. Y dije: “pues así voy a usar el ánimo de Lola Pistola, donde quiera que llegue voy a ser el centro de atención, ¿verdad?”A Lola ya solo le faltaba tener aquel rostro icónico distintivo y Carlos estaba concentrado en tratar de satisfacer la visión que Diego tenía de ella. Carlos comenzó tapándole las cejas con un pegamento especial. Sobre la capa de pegamento, colocó base de maquillaje, y luego le diseñó unas cejas negras desde cero: grandes, gruesas y angulosas. Le delineó unos labios exagerados, con más volumen, y los pintó de rojo. Combinó sus sombras con los colores de la pañoleta: celeste y rosa. Agregó unas pestañas postizas muy, muy largas. Le contorneó los pómulos para que quedaran definidos y afilados, e hizo lo mismo con su nariz. Del cuello para abajo, no cubrió ninguno de los tatuajes, de modo que Lola se veía imponente, femenina y masculina a la vez. La familia de Diego se asomaba de vez en cuando para ver cómo iba el proceso, pero él no quería ver su rostro hasta que estuviera terminado. Luego de unas tres horas de maquillaje, solo faltaba colocar la peluca y peinarla un poco. Me dijo: “Ya, ya terminamos”. Y me sacó el espejo… No… no podía parar de sonreírme. Me estaba sonriendo mucho porque nunca me había visto así. Es… es otro mundo.Se sentía bello. Su familia estaba sorprendida al ver el gran cambio. Además de Carlos, Diego tenía otra visita ese día. Luna Ferox, una de las amigas que hizo en su curso, quería iniciar una carrera en fotografía y le pidió hacerle fotos a Lola como parte de su proyecto personal. Ella le dio indicaciones muy puntuales de poses para hacer frente a la cámara: sentado en un sillón con las piernas cruzadas, a veces con medias de red o con ropa interior y una bata, frente al espejo de baño… Y una, quizás la más llamativa de todas, sentado con las piernas cruzadas en el inodoro, sosteniendo un cigarrillo, aparentemente desnudo, mostrando casi todos sus tatuajes, usando solo sus joyas y mirando directamente a la cámara. Y tomamos unas fotos muy sexy. Y en ese tiempo, yo me sentí como: “Oh, estoy… Sí, estoy haciendo algo muy diferente ahorita, porque… yo no sé dónde van a terminar estas fotos o quién las va a ver…”Comprar la ropa, investigar sobre drag, depilarse, maquillarse… todo eso había sido entretenido, pero no fue sino hasta ahora, completamente convertido en Lola y frente al lente de su amiga, que por fin sintió que cumplía con la tarea inicial de su plan: comenzó a sentirse verdaderamente vulnerable. Y por un momento tuve ese pensamiento de que: “Oh… yo no sé cómo gente va a pensar de mí”. Entonces sí fue un poquito de pensar si estoy haciendo la cosa correcta y proceder de ahí.No sabía dónde iban a parar esas fotos y qué reacción podrían tener, por ejemplo, los familiares fuera de su núcleo… A pesar de las dudas, decidió subir a Lola a un escenario. En ese momento sí sentí un poco del riesgo, pero de todas maneras seguí adelante.A la noche siguiente, el gran evento para el que Diego se había estado preparando durante los últimos meses, por fin llegó. A las 7pm, Lips, el bar que había elegido, estaba repleto. Él llegó al local ya casi completamente caracterizado en Lola Pistola. Carlos, Olivia y otros amigos cercanos fueron a apoyarlo. Las luces iluminaban el escenario donde las drag queens desfilarían. Una pasarela se alargaba hacia el público y a los lados del escenario colgaban cortinas brillantes de escarcha verde. La pared de fondo era negra, cubierta con una cortina de pedrería. Y tenía, en el centro, el logo del bar: unos labios rosas carnosos sobre los que se leía el nombre Lips. Al escenario salió la conductora del evento: una drag queen que animó al público y que se encargaría de presentar a todas las artistas y de hacer reír a la gente entre medio. Detrás del escenario, Lola Pistola, se enteró que esa noche no sería una presentación normal, sino un concurso. Su primera vez en drag sería una competencia. Era un poco de presión inesperada, pero nada que no pudiera manejar un luchador profesional. Como él ya estaba listo, se dedicó a observar, inspeccionar a sus contrincantes. Les habían asignado a todas una especie de camerino, que en realidad era un clóset pequeño, con unas siete personas maquillándose hombro a hombro. Me recordó de la pelea, porque a veces estás calentando en frente de tu oponente ahí en un clóset para trapeadores.Todas tenían estilos muy diferentes y se veían bastante experimentadas: sabían maquillarse y muchas de ellas habían diseñado su propia ropa y en comparación… Diego se sintió en desventaja.Ese sentimiento de que yo era el más nuevo ahí, que no sabía lo que estaba haciendo.Mientras estaba allí, observando a las demás en el sofocante y pequeño camerino, y con el show a punto de empezar, Diego comenzó a sentir miedo. Y en ese momento yo creo que estaba más asustado que en una pelea.El ring ya lo tenía bien conocido, pero subirse a un escenario con apenas unos meses de preparación, le hizo sentir que tal vez se había apresurado, que necesitaba más tiempo.Prefiero pelear bien y que alguien me gane una pelea que hacer un espectáculo malo en el drag. Y si me fuera a caer o se me cayera la peluca o hacer al payaso porque no, no practiqué suficiente bien para hacerle la dignidad correcta a ese show porque es un arte en sí misma.Diego seguía pensando en esto cuando llamaron a la primera drag queen. La competencia había comenzado. Una a una fueron saliendo del camerino y después ya no regresaban, así que Diego se fue quedando con más espacio que aprovechó para respirar y concentrarse. Mientras tanto, entre el público, estaba Carlos viendo el show. Y todas las concursantes que estuvieron antes de Diego o después eran de que, del uno al diez, eran diez o 11. Todas eran buenas, todas eran profesionales.Diego salió del camerino y se acercó a la parte trasera del escenario. Ya se acercaba su turno. Desde ese lugar podía alcanzar a ver el show de la concursante actual. Aprovechó para observar bien por dónde subir y bajar. También trató de ubicar la mesa de sus amigos. Pero, después decidió dejar de mirar para seguir concentrándose… hasta que le dijeron: “Ya es tu turno”. Sintió en el cuerpo una sensación ya bastante conocida, pero que no vivía desde hace mucho. Sí sentí muy parecido a lo que siento cuando voy a pelear. Yo no he sido nervioso en mi carrera, pero sí se siente un poquito más como dicen los americanos, este, butterflys en el stomach.Mariposas en el estómago. Pero Diego lo disimuló muy bien, se mostraba seguro. Y entre gritos de apoyo, Lola Pistola subió al escenario por primera vez. En los primeros segundos de la canción, Lola bailaba, y cada pisada suya en esos tacones era agresiva y torpe, pero movía las caderas y ondulaba los brazos al ritmo de la música. En la primera pausa de la canción, justo antes de que Celia Cruz comenzara a cantar, Lola, en su vestido verde de sirena, sorprendió con su primera pose: cadera y rostro hacia la izquierda, una mano en la cintura y la otra en la peluca castaña. Luego de unos segundos, Lola apuntó con una mano al público y alguien entre ellos gritó. Lola sonrió y continuó haciendo, bailando con las piernas abiertas como quien espera para recibir un golpe, aceptando los billetes que el público le alcanzaba y guardándolos en su pecho. Entonces para mí se me hizo muy complicado colectar los dineros y concentrarme en los pasos, así que yo estaba más preocupado en el baile que en colectar los dineros.Seguía señalando de vez en cuando a las personas de la audiencia, guiñaba el ojo por aquí y por allá. Todavía tenía algo de miedo de dar un mal paso, caerse o que se le cayera la peluca, pero logró concentrarse y desechar esas preocupaciones. Yo estoy acostumbrado a dominar mi mente. Ese es mi poder, eso es lo que yo soy bueno, eso de controlar mis sentimientos y no dejar que ellos me controlen a mí.Sus amigos estaban muy orgullosos de él. Carlos, por ejemplo.¡Guau! Diego lo hizo súper bien para ser su primera vez muy intimidante. Yo creo que no todas las personas tienen el coraje o el poder o el amor propio de treparse a una tarima. Tiene todas las luces, tiene toda esta gente enfrente de ti.Durante y después del show, Diego volvió a escuchar los gritos y aplausos que había estado extrañando desde hacía casi siete años, desde la última vez que pisó un ring de MMA. Este era un escenario diferente, pero la emoción era muy parecida.Se siente un espectáculo casi igual que una pelea.Al finalizar el concurso, llegó el momento de anunciar a las ganadoras. Diego estaba en la tarima junto al resto de las concursantes. No tenía expectativas, mucho menos esperaba que dijeran su nombre. Cuando de pronto, segundo lugar: Lola Pistola. Me dio mucha emoción de estar en segundo, pero en realidad lo que fue mucho más grande que eso fue que la persona que ganó primer lugar vino y me dio parte de las ganancias, que yo no las quería tomar, pero me dijo: “Toma, toma, toma esto”. Me dijo: “Tú te lo mereces”. Para mí eso me hizo sentir muy incluso en la comunidad y me encantó. Fue un momento muy bonito.Después de la premiación Diego se acercó a la mesa de sus amigos y se tomó algunas fotos con ellos. Notó que disfrutaron mucho del show y se sintió muy agradecido por su apoyo. Cuando la noche llegó a su fin y todos se preparaban para irse, el gerente del lugar se le acercó y le dijo: : ¿Sabes qué? Trajiste una energía tremenda. Trajiste mucha gente aquí. Cualquier tiempo que quieras hacer drag, la puerta está abierta y puedes venir a hacer tus shows cuando tú quieras. El primer espectáculo de Lola Pistola había sido un éxito y abrió una puerta que Diego no había considerado hasta ahora: plantearse el seguir haciendo drag después de esta noche. Un mes después, Diego subió a Instagram los videos de su presentación en Lips. También las fotografías de su primera sesión, esas en donde llegó a sentirse inseguro. Gracias a esas fotos, su personaje drag comenzó a llamar mucho la atención. Consiguió nuevos lugares para hacer espectáculos y para eso necesitaba más números, además del de Celia Cruz. Así que, parte de sus ganancias como tatuador y artista las usó para invertir en Lola.Tengo un todo un vestuario, tengo cajas llenas de trajes porque también para eso… de hecho soy una diva y odio usar la misma cosa dos veces, siempre y cuando voy a poner un show me gusta tener algo completamente diferente. Lola llegó al ojo de los medios y varios periodistas se interesaron en entrevistarlo. Su historia era cada vez más popular tanto en el mundo del drag, como en el mundo de la lucha. Diego no dejó de ir a entrenar durante todo el tiempo que se preparó para hacer drag ni cuando decidió invertir en ello. Desde el 2018, cuando inició su entrenamiento en box, tenía el mismo entrenador: Joe Vargas. Pocos días después de su show, Diego le contó que se había convertido en drag queen. Joe le hizo una broma… Le dije estás bien feo, cabrón, de mujer, le dije (Risas). Porque hay drag queens bonitas. Era una broma, claro. Joe ni siquiera había visto una foto de Lola. Ese chiste era su forma de normalizar la situación. Le gustaba ver que Diego se animaba con esto. Lo apoya en la lucha y lo apoya en el drag. Yo estaba orgulloso de él porque si él… Al fin de cuentas queremos vivir una vida contenta, ¿no? Y si eso lo hace contento, pues pa’delante.Pero no todos allí tendrían la misma reacción. La comunidad de la lucha puede ser sexista y homofóbica. Como si para ser un buen luchador y un buen hombre, se necesitara personificar una masculinidad tóxica y estereotipada. Este es Joe de nuevo:No sé si le importe a Diego, pero sé que el estereotipo de la comunidad de pelea… Pues es de: “¡Hey!, ¿qué onda con ese cabrón? ¿Y que por qué? ¿Y que onda?” No… a él le valió queso. Hay gente que me ha preguntado en el gimnasio si están preocupados que gente me va creer que soy gay o cosas de ese estilo. Yo siempre digo: “Yo soy quien soy”. Hubo dos o tres personas que se acercaron a Joe para preguntarle por qué entrenaba a alguien como Diego, con una connotación de que él no pertenecía a ese mundo por ser, entre comillas, diferente. Joe les contestaba:“Pos… Súbete ring con él, a ver si no tiene lo que necesita”. Y la pensaban. Entonces uno no es nadie para juzgar en esta vida. Todo el mundo quiere juzgar a todo el mundo.Diego continuó siendo Lola a pesar de esas críticas. Y Lola le trajo más oportunidades de las que él esperaba. Su nueva popularidad en la prensa y en las redes sociales le dieron más clientes para sus pinturas y sus tatuajes. Poder mantenerse sin la lucha no significa que Diego haya dejado de sentir que tiene algo pendiente. Siente que necesita una nueva oportunidad de competir para despedirse por lo alto de uno de los lugares que más satisfacciones había traído a su vida: el ring. A mediados del 2022, unos meses antes de conversar conmigo, comenzó a planear y prepararse para la que podía ser su última pelea. Sería una pelea con guantes de boxeo clásico, sin nada de artes marciales mixtas, en donde pudiera brillar en su estilo mexicano. Comenzó a buscar contrincante y, de nuevo, a someterse a un entrenamiento exhaustivo, con una dieta estricta y horas y horas y horas de trabajo físico para estar en la mejor condición posible. Ya tenía dos o tres semanas entrenando y ya estaba en buena condición. Y, agh, me duele decir esto, pero como que me arranqué el bicep.Una lesión que, otra vez, le impediría pelear. Pero Diego, un luchador que, como muchos otros, lleva su cuerpo al límite porque siente que siempre está contra el reloj, no pierde la esperanza de sanar y volver a dar la última batalla. Ahora el chance de que suceda es bajo y, al ir pasando el tiempo, se reduce cada vez más. Pero a diferencia de hace diez años, cuando se sumió en esa depresión tan fuerte, este sentimiento y su intensidad, ahora con Lola, no es tan sofocante: La mente es libre. Y pase lo que pase, lo que yo aprendí del drag es lo que me va a ayudar a ser una persona entera sin tener que volver a pelear. Lola le ha enseñado algo nuevo: su identidad es mucho más amplia y se expande más allá de los gimnasios y los octágonos. Y si un día tengo la oportunidad de volver a pelear, voy a apreciar ese momento, lo voy a disfrutar, pero no va a ser el fin del mundo si nunca vuelvo a pelear o tengo la oportunidad.Diego por fin sabe quién es él sin la pelea y esa, también es una digna despedida del ring.Diego todavía está esperando sanar para saber si podrá despedirse del ring. Mientras tanto su proyecto artístico y Lola Pistola siguen creciendo. Él y Jackie pasaron de ser amigos a tener una relación amorosa. Fernanda Guzmán es periodista y vive en Ciudad de México. Esta historia fue editada por Camila Segura, Nicolás Alonso, Natalia Sánchez Loayza y por mí. El fact-checking lo hizo Bruno Scelza. El diseño de sonido es de Ana Tuirán y Rémy Lozano con música original de Rémy. El resto del equipo de radio Ambulante incluye a Paola Alean, Lisette Arévalo, Pablo Argüelles, Andrés Azpiri, Aneris Casassus, Diego Corzo, José Díaz, Emilia Erbetta, Camilo Jiménez Santofimio, Juan David Naranjo, Ana Pais, Laura Rojas Aponte, Barbara Sawhill, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa y Luis Fernando Vargas. Selene Mazón es nuestra pasante de producción. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa de Hindenburg PRO. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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