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Radio Ambulante - Me autodeclaro negra

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¿Quién puede llamarse a sí mismo negro?

Lindinês de Jesus Sousa siempre quiso ser médica, pero para un brasileño negro, conseguir un cupo en la universidad para estudiar medicina era casi imposible. Una ley le abrió una puerta, pero también la expuso a un esquema de fraudes y privilegios.

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:
Esto
es
Radio
Ambulante
desde
NPR,
soy
Daniel
Alarcón.
Vámonos
a
Salvador
de
Bahía,
al
noreste
de
Brasil.
Era
una
tarde
de
marzo
de
2020
y
Lindinês,
de
26
años,
tenía
que
ir
a
la
Universidad
Federal
de
Bahía.
Llegó
a
tiempo
al
salón
de
clases
que
les
habían
asignado
y
se
sentó
en
la
primera
fila,
cerca
de
la
puerta.
No
pasó
mucho
hasta
que
anunciaron
su
nombre
junto
con
el
de
otros
cuatro
compañeros.
Cuando
se
levantó
sintió
cómo
temblaban
sus
piernas.
Por
un
momento
pensó
que
el
resto
de
las
personas,
casi
200,
podían
ver
qué
tan
nerviosa
estaba.
Su
corazón
latía
a
mil.
Caminó
unos
pocos
metros
en
medio
de
un
grupo
de
estudiantes
y
con
cada
paso
sentía
miradas
cortantes.
Algunos
la
señalaban.
Pero
no
se
dejó
intimidar.
Entró
a
la
sala
donde
la
estaban
esperando.
Se
paró
frente
a
una
mesa
donde
estaban
cinco
personas.
Respiró
hondo,
levantó
la
cabeza
y
en
tono
firme
dijo:
Eu
Lindines
de
Jesus
Souza
me
autodeclaro
como
mulher
preta. “Yo,
Lindinês
de
Jesus
Sousa,
me
autodeclaro
una
mujer
negra”.
El
silencio
de
la
sala
se
rompió
con
el
sonido
de
la
cámara
fotográfica
que
estaba
ahí
para
registrar
su
piel
oscura,
su
cabello
crespo
voluminoso,
sus
labios
gruesos.
Una
foto
de
frente,
otra
de
perfil,
como
si
estuviera
siendo
fichada
por
la
polícia.
Pero
los
que
la
examinaban
eran
miembros
de
la
“Comisión
de
identificación
racial”
de
la
universidad,
que
ese
día
estaban
encargados
de
comprobar
que
los
estudiantes
que
dicen
ser
negros
realmente
lo
eran.
Y
es
que
como
pocas
veces
en
la
historia
de
Brasil,
tener
la
piel
oscura
significaba
una
oportunidad
y
no
un
problema.
Desde
2012,
bajo
el
gobierno
de
Dilma
Rousseff,
se
creó
un
sistema
conocido
como
“cuotas
raciales”,
donde
se
reservan
cupos
para
alumnos
negros,
indígenas
y
pardos
—es
decir,
hijos
de
negros
con
blancos
o
negros
con
indígenas.
Era
una
medida
que
quería
mitigar
años
de
desigualdad
social
en
el
país.
Solo
para
poner
un
ejemplo:
a
pesar
de
que
para
el
2012,
un
poco
más
de
la
mitad
de
la
población
se
identificaba
como
afro,
el
89%
de
los
cupos
en
las
universidades
eran
ocupados
por
estudiantes
blancos.
Y
las
cuotas
raciales
querían
revertir
esto,
al
menos
en
las
universidades
públicas.
Por
eso,
para
Lindinês,
era
raro
que
ese
día,
junto
a
ella,
hubiera
estudiantes
de
ojos
claros,
piel
blanca
y
cabello
lacio…
personas
que,
como
ella,
estaban
ahí
porque
también
se
habían
autodeclarado
negras.
Era
un
fraude
que
llevaba
ya
algún
tiempo,
pero
que
Lindinês
estaba
dispuesta
a
enfrentar.
Una
pausa
y
volvemos.
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante.
La
periodista
Claudia
Jardim
nos
cuenta.Lindinês
nació
y
creció
en
Salvador,
la
capital
de
Bahía,
al
noreste
de
Brasil.
Vivía
con
su
mamá,
su
papá,
dos
hermanos
y
una
hermana
en
Itapuã,
una
villa
de
pescadores
y
uno
de
los
principales
puntos
turísticos
de
la
ciudad.
Su
infancia
olía
a
mar.
Su
padre
trabajaba
como
obrero
en
una
plataforma
petrolera
y
su
madre
vendía
todo
lo
que
podía
en
la
vecindad:
yogurts,
cosméticos,
ropa.
Desde
muy
pequeña
la
educaron
para
que
sintiera
orgullo
del
color
de
su
piel.
Pero
también
le
enseñaron
que
nunca
ha
sido
sencillo
ser
afro
en
su
país.
En
el
siglo
XVI,
más
de
5
millones
de
africanos,
traficados
y
esclavizados
durante
la
colonización
portuguesa,
llegaron
a
los
puertos
de
Brasil.
Eran
forzados
a
trabajar
en
agricultura,
en
minería,
en
los
puertos
y
en
el
servicio
doméstico.
Brasil
fue
el
último
país
en
las
Américas
en
abolir
la
esclavitud.
No
fue
hasta
1888.
Pero
el
acceso
a
derechos
básicos
como
educación,
salud
y
vivienda
siguió
siendo
un
problema
para
los
afrodescendientes
por
décadas.
O
mejor
dicho,
sigue
siendo.
A
eso
se
le
suma
la
violencia
policial.
Cuando
Lindinês
era
niña,
durante
los
noventas,
escuchaba
a
su
madre
repetirle
lo
mismo
a
sus
dos
hermanos
mayores:
Não
sai
de
casa
sem
documento,
não
usa
cabelo
grande… Que
no
salieran
sin
su
documento
de
identidad,
ni
que
se
dejaran
crecer
el
pelo…
Não
se
veste
de
qualquer
jeito,
não
anda
tarde
na
rua… Que
no
andaran
desarreglados
o
en
chancletas,
ni
que
estuvieran
en
la
calle
a
altas
horas
de
la
noche.
Não
reage,
não
fala
nada,
pede
ajuda,
manda
alguém
chamar
em
casa,
se
tiver
qualquer
abordagem
perto.
Que
no
reaccionaran
si
los
detenía
un
policía
y
que
siempre
la
llamaran
si
necesitaban
ayuda.
Su
mamá
no
exageraba.
No
hay
un
registro
oficial
sobre
la
violencia
policial
en
esa
época,
pero
era
una
amenaza
con
la
que
familias
como
la
suya
convivían
constantemente.
Por
testimonios
y
noticias,
se
sabe
que
es
una
realidad
que
no
ha
cambiado
mucho.
Además,
según
datos
del
2020,
en
Bahía,
la
posibilidad
de
que
una
persona
negra
muera
a
manos
de
la
policía
es
cinco
veces
mayor
que
la
de
una
persona
blanca.
Lo
que
se
suma
a
una
estadística
impactante:
en
todo
Brasil
casi
el
80%
de
las
personas
que
han
muerto
en
interacciones
con
la
policía
son
negras.
A
pesar
de
crecer
en
ese
mundo,
su
familia
funcionaba
como
un
muro
de
contención.
La
trataron
siempre
como
una
niña
excepcional:
por
su
disciplina
en
la
escuela,
su
curiosidad,
su
chispa.
A
los
7
años,
empezó
la
primaria
en
una
escuela
pública.
Ahí
estudiaba
con
otros
niños
negros
que
vivían
en
su
mismo
barrio
y
las
calificaciones
de
Lindinês
siempre
fueron
las
mejores.
Le
fue
tan
bien
que
se
ganó
una
beca
para
hacer
la
secundaria
en
un
colegio
privado
y
religioso
de
alto
nivel.
Uno
muy
costoso
para
familias
como
la
suya,
que
ganaban
poco
y
vivían
en
la
periferia.
El
colegio
quedaba
lejos
de
su
casa,
en
el
centro
de
Salvador.
De
lunes
a
viernes
se
despertaba
muy
temprano
y
salía
dos
horas
antes
para
llegar
a
tiempo
a
clases.
Y
entre
una
gran
mayoría
de
estudiantes
blancos
y
con
dinero,
Lindinês
se
sentía
fuera
de
lugar.
No
podía
ir
a
los
planes
que
hacían
sus
compañeros,
como
ir
al
cine
o
comer
helados
en
la
playa.
Eu
ficava
na
biblioteca
para
poder
usar
a
internet,
ler
os
livros
da
biblioteca
de
tarde
na
escola,
com
fome
porque
eu
estudava
de
manhã.Como
no
tenía
computadora
en
su
casa,
ni
plata
para
comprar
libros,
se
quedaba
todas
las
tardes
en
la
biblioteca
de
la
escuela
y
se
pasaba
horas
estudiando
ahí.
Aún
así,
Lindinês
seguía
destacándose
en
el
colegio.
Me
dijo
que
durante
dos
años
seguidos
estuvo
entre
los
mejores
3
alumnos
de
toda
la
escuela.
Fue
por
esta
misma
época,
a
los
14
años,
que
adoptó
como
propio
uno
de
los
sueños
de
su
madre.
Minha
mãe
sempre
quis
ser
médica,
mas
ela
nunca
me
impôs
nada,
tipo
assim
ela
nem
falava
muito
sobre
isso.
Mas
isso
ficou
ali,
isso
me
pairava,
né?
:
Su
mamá
siempre
había
querido
estudiar
medicina,
pero
no
pudo
ir
a
la
Universidad.
Estudió
la
preparatoria
y,
después
de
dos
intentos
fallidos
de
presentar
el
examen
de
admisión,
abandonó
la
idea.
Era
algo
de
lo
que
su
mamá
no
hablaba
mucho.
Pero
bastó
con
que
se
lo
mencionara
a
Lindinês
para
que
no
lo
olvidara.
Poco
a
poco
comenzó
a
imaginarse
a
misma
usando
la
bata
blanca
de
los
doctores.
Pero
cuando
le
contaba
a
la
gente
lo
que
quería
hacer,
muchos
le
decían:
Essa
é
outra
coisa
que
o
racismo
opera
sobre
a
gente
né?
Eu
nunca
tinha
cara
de
quem
queria
fazer
medicina. Que
no
tenía
cara
de
médica…
Le
sugerían,
más
bien,
las
profesiones
que
eran,
supuestamente,
aptas
para
alguien
como
ella.
Tinha
cara
de
História,
tinha
cara
de
Direito,
eu
tinha
cara
de
outras
coisas.
Enfermagem,
por
que
você
não
faz
enfermagem?
Enfermagem
parece
um
pouco
mais
com
você. Que
mejor
debería
estudiar
historia,
derecho,
enfermería
o
fisioterapia,
porque
en
esas
carreras
había
gente
parecida
a
ella.
En
plenos
años
2000,
en
el
estado
de
Bahía,
no
era
común
que
una
persona
negra,
o
mucho
menos
una
mujer
negra
aspirara
a
una
carrera
considerada
prestigiosa,
como
la
medicina,
ocupada
mayoritariamente
por
blancos.
Pero
nada
de
eso
la
hizo
desistir.
Lindinês
veía
el
mundo
más
allá
de
las
costas
de
Bahía.
Por
esa
época,
en
el
colegio
le
asignaron
leer
un
libro
escrito
por
el
neurocirujano
estadounidense
Benjamin
Carson,
Piense
en
grande.
Negro
como
ella,
Carson
había
vivido
la
violencia
de
clase
y
racial
en
Estados
Unidos,
y
se
había
convertido
en
uno
de
los
médicos
más
respetados
en
su
área.
Viveu
algo
muito
parecido
com
tudo
que
eu
vivo,
conseguiu
chegar
muito
longe
e
eu
falei
assim,
acho
que
eu
também
consigo
fazer
grandes
coisas. Leyó
algo
que
le
sorprendió
sobre
él:
a
finales
de
los
80
realizó
una
cirugía
de
gemelos
siameses
en
la
que
ambos
sobrevivieron.
Y
pensó
que,
a
lo
mejor,
ella
también
sería
capaz
de
realizar
grandes
cosas
como
él.
Por
eso,
cuando
terminó
la
secundaria
en
2011,
comenzó
a
prepararse
para
el
examen
de
admisión
de
la
Universidad
Federal
de
Bahía,
la
más
importante
de
su
estado
y
una
de
las
mejores
del
país.
Quería
ser
admitida
en
Medicina,
aunque
sabía
que
el
puntaje
que
necesitaba
para
entrar
era
muy
alto.
Pero
al
poco
tiempo
algo
cambió.
Después
de
mucha
presión
social,
en
el
2012,
tan
solo
meses
después
que
Lindinês
terminara
la
secundaria,
Brasil
aprobó
la
ley
que
ya
mencionamos:
la
de
las
cuotas
socio-raciales,
que
obliga
a
las
universidades
públicas
a
tomar
medidas
para
la
inclusión
racial.
Esto
significa
que
deben
reservar
50%
de
los
cupos
para
alumnos
de
las
escuelas
públicas
y
de
bajos
recursos
y,
de
este
total,
25%
para
personas
negras,
pardas,
indígenas
y
personas
con
discapacidad.
Cuando
Lindinês
se
enteró
de
esta
ley,
sintió
que
tenía
una
oportunidad.
“Pronto,
pelos
menos
50%
das
pessoas
agora
vão
ser
pessoas
minimamente
próximas
a
mim,
vão
ser
pessoas
parecidas
comigo,
então
tenho
mais
chances” Pensar
que
el
50%
de
las
personas
en
la
carrera
de
medicina
se
parecerían
a
ella,
que
vendrían
de
un
contexto
social
y
racial
similar
al
suyo,
aumentaba
sus
posibilidades
de
pelear
por
ese
cupo
en
condiciones
menos
difíciles.
Como
ella,
mucha
gente
veía
la
ley
como
una
reparación
histórica,
un
paso
fundamental
para
democratizar
el
acceso
a
la
educación
superior
en
Brasil
y
reducir
la
desigualdad
social.
Era
el
avance
más
significativo
en
beneficio
de
la
población
negra
e
indígena
desde
la
abolición
de
la
esclavitud.
Pero
no
todos
en
el
país
estaban
de
acuerdo
y
muchos
criticaban
la
medida.
Eu
sou
contra
porque
acho
que
todos
são
iguais
no
mundo
e
as
oportunidades
têm
que
ser
iguais
para
todos.Ciudadanos
como
este
se
oponían
a
la
ley
argumentando
de
que
todas
las
personas
son
iguales
y
que
todos
deberían
tener
las
mismas
oportunidades.
Isso
feriria
a
meritocracia
prevista
no
princípio
republicano,
ou
seja,
o
sistema
de
mérito,
aquela
pessoa
que
fosse
mais
capaz,
ou
mais
capacitada
intelectualmente
deveria
ser
o
dono
da
vaga
e
que
isso
estaria
sendo
violado”.Este
audio
es
de
un
programa
de
televisión
del
2012,
donde
una
abogada
dice
que
la
ley
va
en
contra
de
la
meritocracia
prevista
en
el
principio
republicano
y
que
las
personas
más
capacitadas
intelectualmente
son
las
que
deberían
recibir
el
cupo
universitario.
Pero
no
es
tan
sencillo.
En
Brasil,
como
en
muchos
países
de
la
región,
la
educación
pública
no
es
tan
buena,
y
mucho
menos
en
contextos
tan
precarios
como
en
el
que
creció
Lindinês.
Esto
pone
en
desventaja
a
personas
como
ella
porque
los
cupos
en
las
carreras
de
las
universidades
públicas
son
limitados
y,
antes
de
la
ley
de
cuotas,
siempre
los
terminaban
ocupando
los
alumnos
con
los
mejores
puntajes
en
el
examen
de
admisión.
Y,
claro,
no
era
casualidad
que
la
gran
mayoría
de
esas
personas
fueran
blancas
y
graduadas
de
escuelas
privadas
donde
recibieron
una
educación
de
mejor
calidad.
Lindinês
había
sido
una
de
las
mejores
estudiantes
en
su
escuela
pública,
sí…
Y
había
estudiado
en
un
colegio
privado
en
la
secundaria…
Pero
alcanzar
un
puntaje
que
pudiera
competir
con
los
estudiantes
que
habían
ido
a
escuelas
privadas
toda
su
vida
era
casi
imposible.
Simplemente
no
alcanzaba
a
tener
el
mismo
nivel.
Eu
sabia
que
não
conseguiria
entrar
em
medicina
jamais
se
não
fossem
as
cotas.Dice
que
sabía
que
jamás
hubiera
podido
entrar
a
medicina
si
no
fuera
por
las
cuotas.
Y
es
que
Lindinês
competiría
por
el
25%
de
los
cupos
con
otras
personas
que
vienen
de
su
mismo
contexto
social,
económico
y
racial.
Así,
en
lugar
de
competir
con
la
nota
más
alta
de
una
persona
blanca
y
de
escuela
privada,
lo
haría
con
la
nota
más
alta
de
las
personas
que
aplicaban
a
la
ley
de
cuotas.
Aunque
claro,
eso
no
quería
decir
que
no
tendría
que
alcanzar
el
puntaje
mínimo
que
exigía
cada
carrera.
En
el
caso
de
medicina
en
la
Universidad
de
Bahía,
la
que
quería
Lindinês,
ese
puntaje
era
bastante
alto
en
comparación
con
las
otras.
A
pesar
de
que
ella
estudiaba
muchísimo,
no
lograba
alcanzar
ese
puntaje
mínimo.
Eu
sempre
soube
que
tinha
que
estudar
muito
para
poder
passar
no
vestibular.
Fiz
vestibular,
não
passa
num
ano,
não
passa
no
outro,
não
passa,
eu
fiz:
Ah,
não
vou
ficar
aqui
com
a
cara
pra
cima
não.
Presentó
el
examen
una…
dos…
tres
veces
y
no
podía
aprobarlo.
Así
pasaron
3
años,
en
los
que
se
dedicó
a
estudiar
todos
los
días.
Seguía
viviendo
con
sus
padres
y
ellos
la
apoyaban
económicamente
para
que
pudiera
enfocarse
completamente
en
pasar
el
examen.
La
veían
como
la
gran
promesa
de
la
familia
y
no
querían
que
se
distrajera
en
otras
cosas.
Solo
en
vacaciones
se
tomaba
un
descanso
del
estudio
y
trabajaba
en
la
playa
como
asistente
de
las
vendedoras
de
acarajé,
un
plato
típico
de
Bahía.
Después
de
esos
tres
intentos
fallidos,
Lindinês,
con
21
años,
decidió
que
ya
era
el
momento
de
presentarse
a
otra
carrera.
Y
así
lo
hizo
en
2015
cuando
postuló
a
la
misma
universidad,
pero
a
dos
carreras
donde
el
puntaje
mínimo
necesario
era
menor:
farmacia
y
el
bachillerato
de
salud.
Esta
última
era
una
especie
de
preparatoria
en
salud
que
permitía,
después
de
tres
años,
que
los
alumnos
migraran
a
otras
carreras
en
la
misma
área,
como
medicina.
Lo
que
más
le
interesaba
en
este
punto
era
comenzar
a
estudiar.
En
el
primer
intento,
Lindinês
pasó
el
examen
de
farmacia.
Decidió
matricularse
de
una
vez.
Su
familia
celebró
y
salieron
a
comer.
E
a
gente
festejou
ali
a
entrada
em
Farmácia.
Vai
ser
farmacêutica,
é
algo
importante,
é
uma
conquista.Le
decían
que
estudiar
farmacia
era
una
conquista,
que
finalmente
la
verían
estudiando
en
la
Universidad
más
importante
de
su
estado.
Lindinês
comenzó
clases
el
segundo
semestre
del
2015
y,
aunque
le
pareció
difícil
seguir
el
ritmo
de
la
clase
de
álgebra,
siguió
yendo
sin
falta.
Tres
semanas
después,
publicaron
los
resultados
del
examen
de
admisión
al
Bachillerato
de
Salud:
también
lo
había
aprobado.
Inmediatamente
decidió
salirse
de
la
carrera
de
farmacia.
Lindinês
estaba
emocionada
cuando
se
transfirió,
pero
desde
el
principio
la
experiencia
no
fue
placentera.
La
competitividad
entre
los
estudiantes
era
demoledora;
y
el
ambiente,
hostil.
As
pessoas
são
desonestas,
as
pessoas
são
agressivas,
as
pessoas
são
maldosas.
As
pessoas
sabotam
umas
às
outras,
então
tipo
assim
as
pessoas
se
fecham
num
grupo
para
se
proteger. Los
alumnos
eran
deshonestos
y
agresivos.
Se
saboteaban
entre
todo
el
tiempo,
porque
solo
los
que
tenían
las
mejores
calificaciones
lograrían
transferirse
a
la
carrera
de
medicina…
La
única
salida
que
ella
encontró
en
ese
ambiente
fue
fortalecer
su
grupo
de
amigos
para
protegerse
de
los
demás.
Solo
así
podía
enfocarse
en
su
meta.
Pero
sus
buenas
notas
no
siempre
le
bastaban
para
ser
respetada
por
sus
profesores
y
sus
colegas.
Lindinês
era
solo
una
de
las
cuatro
personas
negras
que
había
en
el
grupo
de
60
estudiantes.
Y
el
racismo
era
explícito.
Había
un
profesor
en
particular
que
le
hacía
sentir
terrible.
Era
un
hombre
blanco
que
trataba
a
todos
con
mucho
respeto
y
siempre
con
una
sonrisa.
Menos
a
ella.
Una
vez
Lindinês
cuestionó
la
calificación
en
un
examen
y
el
profesor
le
dijo:
Não
se
preocupe
que
você
vai
ficar
ainda
com
92,
porque
pra
gente
como
você
92
é
uma
nota
muito
alta’
tipo
assim
para
pessoas
medíocres
como
você,
medíocres
a
vida
inteira,
92
é
na
média
é
muito
alta.
No
te
preocupes,
te
vas
a
quedar
con
un
92,
que
para
gente
como
es
una
nota
muy
alta.
Lindinês
se
enfureció.
Sintió
que
la
estaba
llamando
mediocre
y
ella
era
todo
menos
eso.
Después
de
dos
años
y
medio,
terminó
de
cursar
todas
las
materias
del
Bachillerato
de
Salud
con
calificaciones
altas.
Lo
cual
quería
decir
que
podría
participar
del
proceso
selectivo
interno
para
la
carrera
de
medicina.
Además,
como
era
una
alumna
que
calificaba
para
beneficiarse
de
las
cuotas
raciales
en
la
universidad,
aplicaría
a
uno
de
estos
cupos.
Pero
ese
año
decidió
esperar,
pues
se
estaba
hablando
de
algo
que
la
intimidó…
Porque
no
ano
que
eu
formava
o
número
de
fraudadores
era
muito
maior
e
isso
me
intimidou.
Que
ese
año
el
número
de
personas
cometiendo
fraude
en
el
sistema
de
cuotas
raciales
era
muy
alto.
Muchos
se
estaban
haciendo
pasar
por
negros
para
entrar
a
la
universidad.
Pero
que
esto
pasara
no
era
secreto.
Hasta
el
2019,
lo
único
que
se
necesitaba
para
aplicar
a
algún
cupo
de
cuotas
raciales
era
entregar
una
autodeclaración
racial
por
escrito.
Nadie
verificaba
la
información.
Quien
dijera
que
era
negro,
indígena
o
pardo,
para
el
sistema,
lo
era.
Y
punto.
O
caso
mais
gritante
era
de
uma
aluna
que
tinha
uma
alta
extremamente
competitiva,
mas
era
branca,
loira,
de
olhos
verdes,
morava
na
Pituba,
bairro
nobre
aqui
de
Salvador.El
caso
más
escandaloso
que
conoció
Lindinês
fue
de
una
alumna
que
entró
a
la
carrera
de
medicina
como
beneficiaria
de
las
cuotas
raciales…
y
que,
si
bien
tenía
calificaciones
muy
buenas,
era
blanca,
rubia
y
de
ojos
verdes.
Y
vivía
en
un
barrio
de
clase
alta.
También
tenía
compañeros
en
sus
clases
de
Bachillerato
de
Salud
que
habían
entrado
a
la
universidad
haciéndose
pasar
por
negros.
Y
lo
que
más
le
preocupaba
era
que
muchos
de
ellos
también
podrían
solicitar
el
traslado
a
la
carrera
de
medicina
y
ocupar
uno
de
los
cupos
que
ella
quería.
Lindinês
veía
estos
fraudes
en
el
sistema
de
cuotas
como
otra
de
las
tantas
irregularidades
en
Brasil
que
no
tenían
una
solución
clara.
Eu
me
sentia
muito
impotente
contra
aquilo.
A
gente
discutia
muito,
ficava
conspirando,
o
que
a
gente
pode
fazer
pra
derrubar
essa
galera,
todo
mundo
sabe
e
ninguém
faz
nada.Sentía
mucha
impotencia
con
todo
aquello.
A
veces,
conspiraba
con
sus
compañeros
sobre
cómo
podrían
exponer
a
estas
personas.
Pero
le
daban
vueltas
y
vueltas
a
la
idea
y
no
lograban
llegar
a
ninguna
solución.
Así
que
por
eso
prefirió
posponer
su
graduación,
con
la
esperanza
de
que
un
año
después
tendría
menos
competencia
de
gente
haciendo
fraude.
Mientras
esperaba,
Lindinês
consiguió
una
pasantía
en
la
unidad
de
urgencias
de
un
hospital
público
de
Salvador.
Le
entusiasmaba
aplicar
lo
que
había
aprendido
en
la
universidad.
Como
suele
ser,
este
ambiente
era
frenético
e
intimidante.
A
Lindinês
le
tocaba
indicarle
a
las
familias
dónde
hacer
el
registro
de
entrada
al
hospital
y
dónde
esperar
a
sus
familiares
heridos.
Muchos
llegaban
en
estado
grave,
la
mayoría
víctimas
baleadas
por
la
policía
y
cuerpos
todavía
esposados.
Y
sí,
la
mayoría
eran
negros.
Eu
recebia
mães
pretas,
órfãs
de
seus
filhos,
que
chegavam
sem
a
menor
dignidade
porque
eram
vistos
como
menos
gente.
Corpos
pretos
sendo
violados
por
alunos
brancos
da
faculdade
de
medicina
de
Salvador,
que
riam
na
mesma
sala
que
uma
mãe
chorava
a
morte
de
seu
filho.Dice
que
recibía
a
madres
negras
que
habían
perdido
a
sus
hijos
y
que
el
trato
que
les
daban
los
alumnos
blancos
que
hacían
prácticas
en
el
hospital
era
irrespetuoso.
Las
violentaban
a
ellas,
a
los
pacientes
y
a
los
cuerpos
una
y
otra
vez.
Recuerda
ver,
por
ejemplo,
cómo
colocaban
a
los
heridos
en
camillas
de
hierro
heladas
para
que
las
colchonetas
no
se
“ensuciaran
de
sangre”.
Y
que,
cuando
ya
no
se
podía
hacer
más
para
salvar
al
paciente,
los
estudiantes
de
medicina
veían
allí
una
oportunidad
para
practicar
algunas
maniobras
médicas.
Eu
via
eles
entubando
uma
pessoa
que
estava
morta.
Eles
enfiando
a
cânula
num
corpo
que
não
tinha
dignidade
mais,
assim,
e
eles
queriam
ter
a
oportunidade
de
entubar
e
tipo,
aquele
corpo
podia
passar
por
aquilo,
entendeu? Los
estudiantes
entubaban
a
las
personas
negras
fallecidas
y
los
trataban
sin
ninguna
dignidad.
Isso
me
violentava
todo
o
dia.
Todo
dia
eu
saia
da
sala
de
espera
e
ia
para
o
banheiro
chorar.
Todos
los
días
se
encerraba
en
el
baño
a
llorar.
Sentía
esa
violencia
como
algo
personal.
Me
ajudou
a
ver
a
necessidade
de
ter
alguém
parecido
que
entendesse
minimamente
o
que
aquelas
mães,
aquelas
pessoas,
aquelas
mulheres
pretas
passavam…Dice
que
esta
experiencia
la
ayudó
a
ver
la
necesidad
de
que
las
madres
y
mujeres
negras
que
llegan
al
hospital
sean
atendidas
por
alguien
que
entienda
su
realidad.
En
especial
en
un
país
como
Brasil,
donde,
en
el
2018,
tan
solo
el
18%
de
los
médicos
se
auto
identificaban
como
negros.
Representar
a
los
suyos
con
la
bata
blanca
puesta
se
convirtió
en
su
principal
motivación.
Finalmente,
en
2019,
al
terminar
la
pasantía
de
un
año
en
el
hospital,
Lindinês
se
postuló
para
la
carrera
de
medicina.
En
el
campus
de
Salvador
había
más
cupos,
pero
la
competencia,
por
ser
en
la
capital
de
Bahía,
sería
mayor.
Por
eso,
decidió
postular
a
otro
campus
de
la
misma
Universidad,
uno
que
está
en
el
interior
del
estado,
a
más
de
500
kilómetros
de
distancia
de
la
capital
y
de
su
casa.
Quizás
allí
tendría
más
posibilidad.
Aunque
para
aquel
año,
tan
solo
dos
de
9
vacantes
en
total
eran
para
alumnos
de
las
cuotas
raciales
a
las
que
podía
aplicar
Lindinês.
De
todas
maneras
decidió
apuntarle
a
uno
de
esos
dos
cupos.
Para
ingresar
a
la
carrera
de
medicina,
no
necesitaba
hacer
un
nuevo
examen
porque
la
Universidad
evaluaba
las
notas
promedio
del
bachillerato
de
salud.
Quienes
tuvieran
los
mejores
puntajes
serían
seleccionados.
Lindinês
solo
tenía
que
llenar
un
formulario
en
línea
con
sus
datos
personales
e
indicar
su
interés
en
al
menos
tres
carreras
en
el
área
de
la
salud.
Eligió
medicina,
odontología
como
segunda
opción
y
salud
colectiva
en
tercer
lugar.
Un
poco
más
de
un
mes
más
tarde,
llegó
el
día
en
que
anunciarían
la
lista
de
los
seleccionados.
Era
el
3
de
febrero
de
2020
y
Lindinês
se
fue
a
la
casa
de
su
abuela
para
recibir
la
noticia.
Cuando
llegó,
se
sentó
frente
a
la
computadora
y
abrió
la
página
donde
daban
los
resultados
de
medicina.
Su
nombre
estaba
ahí.
Pero
en
el
tercer
lugar
en
la
lista
de
candidatos
que
se
disputaban
por
los
dos
cupos
de
las
cuotas
raciales.
Fiquei
em
choque,
fiquei
estática
porque
para
mim
o
sonho
tinha
acabado,
tipo
assim,
vou
viver
uma
vida
de
frustração.
Seja
o
que
for
o
que
eu
vou
fazer
não
vai
ser
o
que
eu
queria
e
vou
ter
que
conviver
com
isso.Quedó
en
shock.
Pensó
que
su
sueño
se
había
acabado
y
sabía
que
cualquier
camino
que
eligiera
sería
una
vida
de
frustración
por
no
haber
entrado
a
medicina.
Lindinês
abrió
otra
vez
el
buscador
en
la
computadora
para
saber
si
había
ingresado
en
su
segunda
opción,
odontología.
Y
sí,
había
pasado.
Pero
nunca
se
había
visto
a
misma
como
odontóloga.
No
era
lo
que
quería.
La
noticia
cayó
como
una
bomba
sobre
la
familia.
Una
de
las
más
afectadas
parecía
ser
su
mamá.
Le
propuso
que
fueran
a
la
casa
de
la
hermana
de
Lindinês
para
pasar
el
momento
amargo.
Entre
mujeres
le
darían
el
apoyo
necesario.
Le
pareció
bien
y,
mientras
se
preparaba
para
salir,
su
celular
empezó
a
sonar.
Eran
sus
amigos,
pero
no
se
trataban
de
mensajes
de
aliento.
Hasta
abrir
los
mensajes,
la
frustración
de
Lindinês
era
consigo
misma,
por
no
haber
sido
capaz
de
alcanzar
un
cupo,
hasta
que
vio
lo
que
le
escribieron…
Lindi,
quem
passou
nas
duas
vagas,
são
duas
brancas,
são
duas
brancas
e
me
mandavam
fotos.Los
dos
cupos
de
cuotas
raciales
de
la
carrera
de
medicina
habían
sido
otorgados
a
dos
chicas
blancas
que
se
habían
hecho
pasar
por
negras.
Le
mandaron
fotos
para
que
las
viera.
Y
sí,
las
dos
eran
de
tez
blanca.
Una
tenía
el
pelo
lacio,
color
castaño
oscuro
y
estaba
en
traje
de
baño
en
un
pasadizo
con
vista
al
mar.
La
otra
también
tenía
el
pelo
liso,
estaba
maquillada
y
tenía
una
blusa
negra.
Estaba
mirando
hacia
un
lado,
como
si
posara
para
una
foto
de
estudio.
No
parecían
formar
parte
de
los
grupos
afrodescendientes
o
indígenas
de
Brasil.
Lindi
você
sabendo?
eu
disse:
‘eu
não’.
‘E
o
que
você
vai
fazer?’
Eu
disse:
‘não
vou
fazer
nada,
estou
cansada’. Sus
amigos
no
le
dejaban
de
preguntar:
“¿Qué
vas
hacer?”.
Ella
les
contestaba
que
no
sabía,
que
estaba
cansada.
A
minha
vida
é
toda
de
questionar.
Eu
questiono
da
hora
que
eu
acordo
a
hora
que
eu
durmo,
porque
eu
sempre
nesse
lugar
de
que
tenho
que
me
defender,
de
ter
que
estar
provando
que
eu
sou
digna
das
coisas,
que
eu
conquistei
as
coisas,
então
para
mim
é
muito
cansativo
esse
lugar.
Dice
que
toda
su
vida
se
la
había
pasado
cuestionando
todo,
todos
los
días.
Se
sentía
agotada
de
tener
que
defenderse
siempre,
de
tener
que
probar
que
merece
sus
logros.
Sentía
que
ya
no
podía
más.
Cuando
llegó
a
la
casa
de
su
hermana
se
pasó
horas
llorando.
No
haber
entrado
por
un
fraude
iba
más
allá
de
la
frustración
personal.
Não
era
justo
com
meu
povo.
Toda
vez
que
um
de
nós
ascende,
a
gente
carrega
uma
família.
A
gente
estava
sendo
privado,
várias
famílias
pretas
estavam
sendo
privadas
de
ascender
socialmente
por
causa
de
descaração
de
gente
branca.Le
parecía
una
injusticia
con
su
gente.
Dice
que
cada
vez
que
una
persona
negra
asciende
socialmente,
se
supera,
y
también
lo
hace
su
familia.
Le
dolía
saber
que
a
tantas
familias
como
la
suya
les
estaban
negando
oportunidades.
Pero
el
caso
de
Lindinês
no
era
aislado.
Entre
2013
y
2020,
4
mil
alumnos
en
todo
el
país
denunciaron
fraudes
en
el
acceso
a
las
cuotas
socio
raciales
ante
diferentes
universidades.
Era
tan
grande
el
problema
que,
tanto
la
Universidad
Federal
de
Bahía
como
otras
del
país,
habían
intentado
enfrentarlo
desde
2019
creando
comisiones
de
identificación.
Estas
comisiones
funcionan
así:
convocan
a
los
alumnos
que
se
autodeclaran
negros,
pardos
o
indígenas,
y
verifican
que
sus
rasgos
fenotípicos
correspondan
a
su
autodeclaración.
Lo
que
observan
es
el
tono
de
piel,
la
textura
del
cabello,
y
la
forma
de
los
labios
y
de
la
nariz.
Si,
según
la
mayoría
de
los
cinco
miembros
titulares
de
la
comisión,
estas
características
corresponden
a
lo
que
es
considerado
una
persona
negra,
parda
o
indígena
en
la
sociedad
brasileña,
el
alumno
puede
acceder
a
las
cuotas
raciales.
Acá
es
importante
aclarar
algo:
para
aplicar
a
las
cuotas
raciales,
la
regla
no
solo
considera
cómo
la
persona
se
ve
a
misma,
sino
también
cómo
es
vista
por
la
sociedad
brasileña.
La
ley
no
explica
por
qué,
pero
tiene
algo
de
lógica.
En
Brasil,
como
en
muchos
otros
países,
el
color
de
la
piel
es
lo
que
muchas
veces
determina
el
lugar
que
una
persona
ocupa
en
el
mundo —las
experiencias
y
el
acceso
a
las
oportunidades.
Es,
en
parte,
por
eso
que
no
se
evalúa
el
color
de
piel
de
los
familiares.
Y
solo
se
toma
en
cuenta
la
experiencia
que
tiene
cada
persona
por
sus
rasgos
físicos
en
el
presente.
Y
recordemos
que
la
ley
de
cuotas
también
está
pensada
para
personas
de
bajos
ingresos,
independientemente
de
su
color
de
piel:
las
universidades
públicas
deben
reservar
25%
de
sus
cupos
para
alumnos
de
escuelas
públicas
y
de
familias
con
un
ingreso
inferior
a
un
sueldo
mínimo.
Pero,
como
dijimos,
había
un
vacío
en
estas
comisiones.
No
evaluaban
el
fenotipo
de
los
alumnos
que
habían
ingresado
a
la
Universidad
antes
de
que
esta
doble
verificación
fuera
creada,
en
2019.
Lo
único
que
necesitaban
las
personas
era
entregar
una
autodeclaración.
Y
una
vez
matriculados
en
la
Universidad,
los
alumnos
podían
pasar
de
una
carrera
a
otra
usando
las
cuotas
raciales
sin
la
necesidad
de
repetir
el
proceso.
Como
era
el
caso
de
las
chicas
blancas
que
le
quitaron
el
cupo
a
Lindinês.
Y
ella,
que
había
postergado
un
año
su
aplicación
a
la
carrera
de
medicina
pensando
que
tendría
más
chance
de
obtener
el
cupo,
se
llevó
una
gran
decepción.
Estaba
triste,
pero
también
enojada.
Ya
era
madrugada
cuando
logró
calmarse
y
pudo
contarle
con
más
detalles
a
su
hermana
lo
que
había
pasado.
La
hermana
le
propuso
dos
salidas.
Que
si
ella
no
quería
hacer
nada,
estaba
bien,
pero
que
tendría
que
olvidarse
del
caso,
enterrarlo
allí,
ni
siquiera
volver
a
mencionarlo.
E
a
segunda
opção
é
vamos
fazer
o
que
a
gente
puder,
o
que
estiver
ao
nosso
alcance,
para
que
a
justiça
seja
feita. Y
la
segunda
opción
era
hacer
lo
posible
para
exigir
justicia.
Si
decidía
pelear,
tenían
muy
pocos
días
para
formalizar
la
denuncia
en
la
Universidad.
Agora,
você
precisa
decidir
isso
aqui
e
agora
porque
não
podemos
perder
tempo.
Tenía
que
decidir
en
aquel
momento.
No
había
tiempo
que
perder.
Su
hermana
le
decía:
«El
cupo
es
tuyo.
¿Vas
a
regalar
algo
que
es
tuyo?”
Así
que,
apoyada
por
su
madre
y
por
su
hermana,
Lindinês
se
armó
de
valor
y
dijo:
Eu
fiz:
então
tá,
a
gente
vai
fazer,
conseguiu
me
convencer.
Hagámoslo.
Me
convenciste.
Una
pausa
y
volvemos.
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante.
Antes
de
la
pausa,
Lindinês
descubrió
que
los
cupos
de
cuotas
raciales
para
estudiar
medicina
en
la
Universidad
Federal
de
Bahía
habían
sido
otorgados
a
dos
chicas
blancas.
Pero
esto
no
se
quedaría
así.
Decidió
que
haría
lo
que
fuera
para
reclamar
lo
que
era
suyo.
Claudia
Jardim
nos
sigue
contando. Apenas
Lindinês
decidió
que
pondría
una
denuncia,
su
hermana
llamó
a
una
conocida
que
trabajaba
en
otra
universidad
del
estado
de
Bahía
y
le
preguntó
cómo
podrían
denunciar
un
caso
de
fraude.
La
mujer
le
dijo
que
lo
primero
que
tenían
que
hacer
era
formalizar
la
queja
en
la
oficina
de
asistencia
estudiantil
de
la
universidad.
Y
que
a
pesar
de
que
anteriormente
las
denuncias
de
fraude
no
habían
sido
resueltas,
era
el
protocolo
a
seguir
antes
de
escalar
su
caso
a
la
Justicia
estatal.
El
plazo
para
formalizar
reclamos
era
de
apenas
dos
días,
así
que
Lindinês
decidió
ir
a
la
mañana
siguiente.
Cuando
llegó
a
la
sala
de
asistencia
estudiantil
en
la
Universidad,
se
reunió
con
una
de
las
funcionarias,
una
mujer
negra
como
ella.
Le
contó
lo
que
había
pasado.
Escribió
su
denuncia
en
un
papel
y
lo
firmó.
La
funcionaria
subió
el
documento
al
sistema
de
la
universidad
que
reunía
todo
tipo
de
reclamos
y
le
dijo
que
tenía
que
esperar,
que
en
unos
días
recibiría
una
respuesta
por
correo
electrónico.
Pero
Lindinês
no
se
quedó
tranquila
con
solo
ir
ante
la
Universidad.
Salió
de
ahí,
tomó
un
autobús
y
se
fue
directo
hasta
la
Secretaría
de
Promoción
e
Igualdad
Racial
de
Bahía.
Allí
presentó
de
nuevo
su
denuncia
ante
el
Observatorio
de
Racismo
Estructural.
Lo
que
les
contó
no
era
sorpresa
para
nadie.
Los
funcionarios
habían
recibido
decenas
de
casos
como
el
de
Lindinês
de
diferentes
universidades
públicas
de
Bahía.
Entonces
la
persona
que
recibió
su
queja
llamó
a
un
colectivo
de
abogadas
y
abogados
negros
de
Bahía
para
ver
si
la
podían
ayudar.
Una
de
ellas,
Adalice
Gonçalves,
escuchó
su
historia
y
no
dudó
en
tomar
el
caso.
No
le
cobraría
nada.
Le
dió
la
dirección
de
su
despacho
y
acordaron
encontrarse
dos
días
después.
Cuando
Lindinês
salió
de
allí,
recibió
una
llamada
de
un
periodista
del
diario
Correio
da
Bahía,
uno
de
los
principales
periódicos
del
estado.
Quería
entrevistarla.
La
hermana
de
Lindinês,
que
era
comunicadora,
había
mandado
un
mensaje
a
un
grupo
de
periodistas
en
Whatsapp
contando
lo
del
fraude
en
las
cuotas
en
la
universidad
y
que
su
hermana
menor
estaba
peleando
por
su
cupo.
Les
envió
el
número
de
teléfono
de
Lindinês
para
quien
quisiera
entrevistarla.
Lindinês
le
contó
su
historia,
pero
le
pidió
mantener
su
anonimato.
Eu
realmente
temo.
Apesar
de
todo
mundo
saber
que
sou
eu,
não
quero
botar
minha
cara
agora
no
jornal,
porque
eu
não
posso
garantir
a
minha
segurança.
Eu
fazendo
tudo
isso,
mas
eu
me
deslocando
de
ônibus
porque
é
o
meu
meio
de
transporte,
eu
fico
o
tempo
todo
muito
vulnerável. Dice
que
temía
por
su
seguridad.
Y
aunque
mucha
gente
del
entorno
universitario
sabía
que
ella
había
presentado
la
denuncia
de
fraude,
no
quería
ver
su
cara
estampada
en
el
periódico.
Tenía
miedo
de
ser
reconocida.
El
periodista
aceptó
y,
al
día
siguiente,
el
diario
sacó
un
titular
que
decía:
“Me
siento
una
basura,
invisibilizada,
dice
estudiante
que
denuncia
fraudes
en
cuotas
de
la
Universidad
Federal
de
Bahía”.
Dos
días
más
tarde,
Lindinês
llegó
al
despacho
de
la
abogada,
Adalice
Gonçalves,
también
negra
como
ella.
Le
explicó
que
podía
pedir
una
revisión
de
notas,
la
única
manera
prevista
en
la
Universidad
para
poner
una
nueva
demanda,
y
que,
en
ese
mismo
documento,
incluirían
la
denuncia
de
fraude
racial,
con
la
esperanza
de
que
la
irregularidad
llegara
a
los
oídos
del
rector.
Tenían
que
apresurarse.
Les
quedaban
solo
algunas
horas.
Pasaron
la
noche
calculando
las
notas
y
juntas
escribieron
el
documento
que
sería
firmado
por
Lindinês.
En
los
días
siguientes,
Lindinês
seguía
recibiendo
mensajes
de
sus
compañeros
de
universidad
que
le
preguntaban
cómo
estaba
y
si
la
universidad
le
había
dado
alguna
respuesta.
Algunos
iniciaron
una
campaña
en
la
plataforma
Change.org.
Querían
recolectar
firmas
para
pedir
a
la
Universidad
que
revisara
quiénes
eran
los
alumnos
que
habían
ingresado
por
cuotas.
También
se
le
acercaban
otras
personas
de
la
universidad
a
ofrecerle
ayuda
en
lo
que
necesitara.
Lindinês
solo
les
pedía
que
si
sabían
de
fraudes
anteriores,
no
se
callaran
y
lo
denunciaran
frente
a
la
rectoría
de
la
universidad
para
demostrar
que
lo
suyo
no
era
un
caso
aislado.
Pero
no
todos
la
apoyaban.
Otros
compañeros
empezaron
una
campaña
en
su
contra
en
el
grupo
de
Whatsapp
del
Bachillerato
de
Salud.
Eran
hijos
de
gente
de
mucho
dinero
en
Bahía,
entre
ellos
latifundistas.
Decían
que
era
una
resentida,
deshonesta
y
amenazaban
con
darle
una
golpiza.
Que
ella
estaba
destruyendo
los
sueños
de
muchas
personas
de
convertirse
en
médicos.
Mientras
tanto,
los
medios
de
comunicación
no
dejaban
de
buscarla.
Ella
aceptaba
las
entrevistas
pero
seguía
hablándoles
en
condición
de
anonimato.
Dos
semanas
después
de
que
decidiera
denunciar
su
caso,
Lindinês
se
enteró
que
su
reclamo
había
sido
escuchado
por
las
autoridades.
La
universidad
publicó
en
su
página
web
una
convocatoria
citando
a
todos
los
alumnos
cuotistas
a
presentarse
a
la
comisión
de
identificación
a
la
semana
siguiente.
Decenas
de
alumnos
tendrían
que
hacer
una
autodeclaración
pública
presencial
para
que
los
miembros
de
la
comisión
pudieran
comprobar
que
eran
efectivamente
negros,
pardos
o
indígenas.
Cuando
Lindinês
vio
la
convocatoria,
dice
que
se
sintió
escuchada,
visibilizada.
Eu
finalmente
me
senti
vista,
ouvida.
Algo
que
nos
anos
anteriores
a
gente
falava
no
curso
que
deveria
ter,
que
deveria
acontecer
e
que
até
aquele
momento
não
existia.
Nunca
imaginei
que
ia
acontecer
pelas
minhas
mãos. Y
que
nunca
se
imaginó
que
ese
cambio
del
que
tanto
había
hablado
con
sus
compañeros
fuera
a
ocurrir
por
una
acción
suya.
La
comisión
de
identificación
racial
citó
a
los
alumnos
para
el
inicio
de
marzo
de
2020.
En
ese
momento,
estalló
la
pandemia
por
la
Covid-19
y
muchos
países
estaban
implementando
medidas
de
cuarentena.
Pero
en
Brasil,
el
gobierno
de
Jair
Bolsonaro
minimizaba
la
gravedad
de
la
pandemia.
Así
que
la
propagación
del
virus
no
interfirió
con
la
convocatoria
de
la
comisión
de
identificación.
Finalmente
llegó
el
día.
Por
la
tarde
Lindinês
tomó
un
autobús
hacia
el
campus
de
la
capital
Salvador,
a
unos
25
kilómetros
de
su
casa.
Tuvo
que
ir
sola.
Su
hermana
y
hermanos
no
podían
faltar
al
trabajo,
y
su
mamá
tenía
que
quedarse
a
cuidar
a
su
abuela
que
estaba
enferma.
Y
esto
nos
lleva
a
la
escena
con
la
que
comenzamos
esta
historia.
Cuando
llegó
al
salón
todas
las
miradas
se
voltearon
hacía
ella.
La
sala
estaba
repleta
de
alumnos
que
harían
la
autodeclaración
pública.
Había
familiares
acompañando
a
sus
hijos.
El
ambiente
era
denso.
La
miraban
mal.
Para
algunos,
estar
allí
era
una
segunda
oportunidad
de
demostrar
que
habían
sido
perjudicados
por
el
fraude.
Para
otros,
Lindinês
era
la
culpable
de
lo
que
pasaría
con
su
futuro.
E
meus
colegas
todos
brancos
lá,
me
odiando. Que
sus
colegas
blancos
la
odiaban.
Y
estaban
dispuestos
a
todo
para
hacerse
pasar
por
negros.
Tinha
gente
que
tinha
feito
bronzeamento
artificial,
teve
gente
que
resolveu
entrar
na
transição
capilar
naquela
semana,
com
foto
dos
parentes
de
algemas
nos
pés
dizendo
‘Ai
meu
avô
era
escravo’,
teve
gente
que
apareceu
com
advogado…
Dice
que
hubo
gente
que
se
había
bronceado
artificialmente.
Otros
se
raparon
el
cabello
para
no
mostrar
que
eran
lacios.
Hubo
compañeros
que
llevaron
fotos
de
sus
abuelos
negros
para
decir
que
habían
sido
esclavizados.
Y
también
gente
acompañada
de
abogados
que
decían
que
la
comisión
era
ilegal,
porque
ya
habían
sido
aceptados
como
beneficiarios
de
las
cuotas,
cuando
aún
no
había
la
doble
verificación.
Pessoas
que
a
gente
sabia
que
tinha
dinheiro
e
que
além
de
se
fazer
de
louco
fingindo
que
era
preto,
se
fazia
de
louco
fingindo
que
era
pobre. Y
que,
además,
había
personas
con
dinero
que
no
solo
se
hacían
pasar
por
negros,
sino
que
fingían
también
ser
pobres.
Lindinês
estaba
muy
nerviosa.
Se
sentó
en
la
primera
fila
del
salón
junto
a
la
puerta
porque
quería
tener
una
ruta
de
escape
en
caso
de
que
alguien
quisiera
agredirla.
Mientras
esperaba
que
la
sesión
comenzara,
la
gente
del
salón
no
dejaba
de
hablar.
Lindinês
evitaba
mirar
en
dirección
a
los
alumnos
que
ni
de
lejos
podrían
hacerse
pasar
por
negros.
Quería
evitar
cualquier
confrontación
porque,
según
ella,
todos
sabían
que
ella
era
la
razón
por
la
que
estaban
allí.
Se
puso
a
escuchar
música
para
relajarse
mientras
esperaba
su
turno,
pero
no
funcionaba.
Tenía
taquicardia.
Llamó
a
su
madre
para
que
la
calmara.
Le
gustó
escucharla,
se
sintió
apoyada
pero
seguía
muy
nerviosa.
Não
sei
como
meu
corpo
não
pulava
do
chão
de
tão
nervosa
que
eu
estava. Sus
piernas
temblaban
tanto
de
los
nervios
que
no
sabe
cómo
todo
su
cuerpo
no
se
movía
de
manera
involuntaria.
Al
comienzo
de
la
sesión,
uno
de
los
miembros
de
la
comisión
explicó
la
importancia
de
la
ley
de
cuotas,
su
papel
de
reparación
histórica
y
de
inclusión.
Enseguida
dio
el
puntapié
inicial
de
la
autodeclaración:
dijo
su
nombre
completo
y
se
autodeclaró
blanco.
Y
sí,
efectivamente
su
piel
era
clara.
Hubo
silencio
en
la
sala.
Lindinês
observó
atenta
a
los
demás
alumnos
para
ver
su
reacción.
Ai
as
pessoas
começam
a
se
olhar.
olha
pra
cor
do
braço,
olha
pro
colega
do
lado.
Isso
é
muito
bom,
isso
é
fantástico.
tipo
assim,
várias
pessoas,
eu
me
autodeclaro
preto,
eu
me
autodeclaro
pardo,
eu
me
autodeclaro
branco.
Las
personas
se
observaban
a
ellas
mismas.
Veían
sus
propios
brazos,
miraban
a
la
persona
de
al
lado…
Mientras
tanto,
los
demás
funcionarios
de
la
comisión
continuaron
con
sus
propias
autodeclaraciones:
negros,
pardos,
blancos…
Era
evidente
el
malestar
entre
los
estudiantes
blancos
que
estaban
allí
para
autodeclararse
negros.
Si
alguien
con
su
mismo
color
de
piel
no
se
declaraba
negro,
¿cómo
podrían
ellos
hacerlo?
É
o
que
eu
chamo
de
constrangimento
pedagógico. Era
una
especie
de
vergüenza
pedagógica,
dice
Lindinês.
Después
de
la
presentación
de
los
miembros
de
la
comisión,
los
estudiantes
fueron
divididos
en
grupos
de
cinco
personas
a
los
que
iban
llamando
a
salas
más
pequeñas
para
la
autodeclaración.
Lindinês
había
perdido
la
noción
del
tiempo
cuando
llegó
su
turno.
Fue
la
primera
de
su
grupo
en
pasar
frente
a
la
comisión.
Escuchó
su
nombre,
se
levantó
y
caminó
entre
los
demás
estudiantes.
Al
entrar
en
la
sala
que
le
asignaron,
levantó
la
cabeza
frente
a
la
comisión
y
en
tono
firme
dijo
lo
que
escuchamos
al
inicio
de
esta
historia.
Eu
Lindines
de
Jesus
Souza
me
autodeclaro
uma
mulher
preta.Yo,
Lindinês
de
Jesus
Souza
me
autodeclaro
una
mujer
negra.
Silencio.
La
comisión,
formada
por
5
personas,
entre
blancas
y
negras,
la
escucharon
con
atención,
tomaron
nota,
la
fotografiaron,
y
le
preguntaron
si
quería
decir
algo
más.
A
pesar
de
los
nervios,
Lindinês
tomó
la
palabra.
Queria
dizer
que
estou
muito
feliz,
isso
pra
mim
é
um
marco
na
minha
vida
porque
finalmente
justiça
está
sendo
feita
e
que
a
gente
vai
ocupar
as
nossas
vagas
porque
elas
são
nossas.Dijo
que
estaba
feliz
y
que
ese
era
un
momento
determinante
en
su
vida
porque
sentía
que
finalmente
se
estaba
haciendo
justicia,
porque
los
alumnos
negros
como
ella
ocuparían
los
cupos
que
eran
suyos
por
ley.
Después,
Lindinês
firmó
un
papel
donde
constaba
su
autodeclaración.
El
papel
pasó
de
mano
en
mano
entre
los
cinco
miembros
de
la
comisión.
Y
por
mayoría
simple
se
daría
el
veredicto,
que
sería
colgado
luego
en
la
página
web
de
la
universidad.
A
pesar
de
que,
por
un
lado,
estaba
tranquila
porque
la
presencia
de
la
comisión
parecía
garantizar
que
los
que
cometieron
fraude
serían
expuestos;
por
otro
lado,
se
sentía
violentada.
Apesar
de
reconhecer
a
validade,
acho
um
processo
extremamente
traumático
e
doloroso.
Mas
acho
válido
passar
porque
se
é
esse
o
jeito
que
a
gente
vai
garantir
que
a
vaga
vai
ser
de
um
dos
nossos,
que
seja.
Fue
un
proceso
traumático
y
doloroso,
dice.
Pero
si
ese
era
el
camino
para
asegurarse
de
que
personas
negras
pudieran
entrar
a
la
Universidad,
valía
la
pena.
Apenas
se
despertó
a
la
mañana
siguiente,
corrió
a
prender
la
computadora
para
actualizar
la
página
de
la
Universidad.
Esperaba
que
ya
estuviera
publicada
la
nueva
lista
de
estudiantes
admitidos
a
la
carrera
de
medicina
y
que
su
nombre
apareciera
allí.
Ya
no
en
el
tercer
puesto,
sino
al
menos
en
el
segundo,
quizás
en
el
primero.
Pero
nada.
Desde
entonces
pasaba
casi
todo
el
día
frente
a
la
computadora,
en
una
espera
interminable.
Eu
olhava
o
site
todos
os
dias,
várias
vezes
ao
dia.
De
manhã,
de
tarde,
de
noite,
várias
vezes.Actualizaba
la
página
web
de
la
universidad
todos
los
días,
varias
veces.
En
la
mañana,
tarde
y
noche.
Y
nada.
Hasta
que
una
semana
después
salió
un
resultado
parcial
en
la
página
web.
Al
lado
del
nombre
de
las
personas
que
habían
defraudado
el
sistema
aparecía
la
palabra
‘diferido’,
pospuesto.
Algo
se
estaba
moviendo.
Lindinês
se
alegró.
Sabia
por
questão
da
classificação
geral,
do
resultado
geral,
quem
eram
os
próximos
né?
Mas
ainda
não
tinha
saído
a
lista
com
meu
nome. Dice
que
por
los
resultados
del
examen
ya
se
sabía
quiénes
serían
los
próximos
en
ser
aprobados
para
el
curso.
Pero
aún
no
salía
la
lista
con
su
nombre
y
ella
necesitaba
ver
eso.
De
los
172
alumnos
que
fueron
sometidos
a
la
evaluación
de
la
comisión,
31
no
cumplían
con
las
características
del
reglamento,
y
debían
ser
expulsados
de
la
universidad.
De
estos,
11
estaban
en
el
curso
de
medicina.
Y
claro,
entre
los
nombres
de
quienes
cometieron
fraude
estaban
las
dos
chicas
blancas
del
grupo
de
Lindinês.
En
un
documento
público
el
veredicto
de
la
comisión
dice
sobre
cada
una
de
ellas:
“La
candidata
no
presenta
rasgos
fenotípicos
que
la
identifican
como
una
persona
negra
en
la
sociedad
brasileña”.
Intenté
comunicarme
con
estas
dos
estudiantes
para
saber
qué
pensaban
ellas
de
todo
esto,
pero
no
fue
posible.
Envié
varios
correos
a
diferentes
departamentos
de
la
universidad
—rectoría,
grupo
de
estudiantes,
asesoría
de
comunicación—
pidiendo
su
contacto,
pero
no
recibí
respuesta.
Las
busqué
en
redes
sociales
y
nada.
Y,
antes
de
cerrar
esta
historia,
el
asesor
de
prensa
de
la
universidad
me
dijo
que
no
podía
compartir
sus
números
de
teléfono
o
correos
electrónicos.
Volviendo
a
Lindinês,
los
meses
pasaban
y
la
universidad
no
publicaba
la
nueva
lista
de
convocados.
Ella
se
sentía
en
el
limbo.
Una
tarde
de
viernes
del
7
de
agosto
de
2020,
estaba
cuidando
a
los
hijos
de
una
amiga
y
se
desconectó
de
su
celular.
Estaba
entretenida
con
los
niños
viendo
películas.
Ya
era
de
noche
cuando
se
acordó
de
revisar
el
celular.
Cuando
miró
la
pantalla,
tenía
decenas
de
mensajes.
Lo
primero
que
pensó
fue
que
alguien
se
había
muerto.
Pero
cuando
abrió
el
primer
mensaje,
se
sorprendió.
Era
de
su
grupo
de
amigos
de
la
universidad
y
decía:
“Felicitaciones,
médica,
estamos
contigo”.
No
entendía
bien
qué
estaba
pasando,
hasta
que
alguien
le
dijo:
saiu’.
E
eu
fiz:
Saiu
o
quê?
‘O
resultado’.
Nisso
eu
comecei
a
tremer. Ya
salió.
Que
ya
había
salido
el
resultado.
Lindinês
empezó
a
temblar.
Nerviosa,
dejó
todo
y
entró
al
sitio
web
de
la
Universidad.
Nunca
le
costó
tanto
escribir
las
iniciales
U
F
B
A.
En
la
pantalla
titilaba
el
anuncio
de
nuevos
ingresos.
Y
cuando
leyó
su
nombre,
no
podía
creerlo.
Meu
deus,
me
chamou.
Me
chamaram,
me
chamaram,
me
chamaram.“¡Dios
mío!
Me
dieron
el
cupo,
me
dieron
el
cupo,
me
dieron
el
cupo.”
Habían
sido
cinco
largos
meses
de
espera
desde
que
se
había
parado
frente
a
la
comisión
para
autodeclararse
negra.
La
casa
de
su
amiga
estaba
al
lado
de
la
de
su
abuela.
Sin
pensarlo
mucho
salió
corriendo,
gritando,
para
contarle
a
su
madre
y
a
su
abuela
que
lo
había
logrado.
No
podía
contener
la
emoción.
Cuenta
que
se
sentó
en
el
piso
de
la
sala,
a
los
pies
de
su
abuela
y
llorando
le
decía:
“¡Me
dieron
el
cupo,
me
dieron
el
cupo!”
Y
no
solo
eso.
Le
contó
que
era
la
primera
en
la
lista
de
los
estudiantes
de
medicina
en
el
campus
de
Vitoria
da
Conquista
de
la
Universidad
Federal
de
Bahía.
Foi
grandioso,
foi
épico.
Porque
junto
tinha
o
nome
de
uma
galera
que
também
cumpria
os
requisitos
e
que
como
eu
estavam
mudando
o
destino
de
suas
famílias.
Fue
grandioso,
épico,
porque
ahora,
junto
a
su
nombre,
estaba
gente
que
cumplía
con
las
reglas
y
podrían
cambiar
el
destino
de
sus
familias.
Eso
era
lo
más
importante
para
ella.
Al
lograr
que
la
Universidad
reconociera
el
fraude,
a
31
estudiantes
negros
y
pardos
que
habían
sido
excluidos
de
la
selección
inicial,
se
les
garantizó
el
ingreso
ese
año.
A
gente
conseguiu
derrubar
fraudador
de
todos
os
cursos. Lograron
sacar
impostores
de
todas
las
carreras,
no
solo
de
medicina.
Finalmente,
el
17
de
agosto
de
2020,
llegó
el
día
de
enviar
los
papeles
para
la
matrícula.
Ese
mismo
día
se
graduó
en
el
Bachillerato
de
Salud.
Para
ese
entonces,
los
gobernadores
brasileños
también
habían
implementado
restricciones
por
la
pandemia,
por
lo
que
su
ceremonia
fue
en
línea.
Pero
aún
así,
Lindines
dice
que
se
vistió
para
la
fiesta.
Se
puso
un
vestido
fucsia
largo
y
se
arregló
el
cabello
para
que
sus
rizos
estuviesen
perfectamente
voluminosos.
Pero
se
divirtió
con
un
detalle
que
agregó
a
propósito:
Pus
o
vestido
de
havaianas,
e
pus
no
Instagram
assim:
Olha
como
a
gente
forma
e
com
havaianas
sempre
no
pé. Se
puso
chanclas,
todo
un
símbolo
nacional
en
Brasil.
Y
compartió
en
sus
redes
sociales
una
foto
de
su
look
todo
formal,
pero
en
chancletas.
Había
mucha
gente
viendo
la
transmisión
de
la
graduación
por
YouTube.
Toda
su
familia
estaba
conectada:
su
padre,
su
mamá,
su
hermana,
su
sobrina,
su
abuela…
Lindinês
estaba
contenta
y
nerviosa.
En
la
graduación
estaban
las
dos
chicas
que
defraudaron
al
sistema.
Tenía
miedo
de
que
en
el
chat
apareciera
alguna
campaña
de
odio
en
su
contra.
Pero
no.
Todo
lo
contrario:
recibió
mensajes
de
aliento
y
fuerza.
Quando
chamou
meu
nome,
eu
lembro
que
pessoas
que
eu
não
conhecia
comentaram,
tipo:
‘Parabéns
Lindi.
Isso
aí,
máximo
respeito’,
essas
coisas
não
lembro
exatamente
mais. Mensajes
como
“Felicitaciones
Lindi,
mis
respetos”
y
cosas
así.
Inscrita
en
la
facultad
de
medicina,
comenzó
las
clases
en
línea
el
8
de
septiembre
de
2020.
Pasaba
todo
el
día
frente
a
la
computadora.
Pese
a
las
restricciones
de
la
pandemia,
la
Universidad
convocó
a
los
alumnos
para
algunas
prácticas
presenciales.
El
campus
donde
iba
estudiar
estaba
fuera
de
la
capital,
en
la
ciudad
de
Vitória
da
Conquista,
a
más
de
10
horas
de
distancia
en
autobús.
Como
Lindinês
entró
más
tarde
a
las
clases
ese
semestre
porque
estaba
esperando
la
confirmación
de
su
ingreso,
no
asistió
a
una
de
las
ceremonias
más
significativas:
la
entrega
de
la
bata
blanca,
un
requisito
para
las
prácticas,
así
que
Lindinês
buscó
una
costurera
que
pudiera
hacerle
una
a
su
medida.
Llevaba
bordado
en
el
bolsillo
del
lado
izquierdo
su
nombre,
y
el
nombre
de
la
carrera:
Medicina.
Cuando
finalmente
quedó
lista,
Lindinês
se
la
puso
para
que
su
abuela
la
viera.
Para
ella
ese
momento
fue
su
tan
esperada
ceremonia
de
la
bata
blanca.
Foi
legal
porque
foi
mais
uma
daquelas
coisas
que
a
gente
diz:
aconteceu,
né?
Eu
não
louca.
Eu
não
sonhando,
eu
não
dormindo,
acontecendo,
é
verdade
tem
meu
nome
aqui,
sou
eu
mesma,
tem
escrito
medicina
embaixo,
então
é
o
curso. Dice
que
fue
el
momento
en
que
confirmó
que
todo
lo
que
había
pasado
era
real.
Que
no
era
un
sueño,
que
no
estaba
loca.
Ver
su
nombre
escrito
junto
a
la
palabra
“medicina”
en
la
bata
blanca
era
todo
lo
que
siempre
había
querido
por
años.
Y
cuando
su
abuela
la
vio,
no
podía
dejar
de
sonreír,
satisfecha.
Sería
la
primera
de
las
pocas
veces
que
su
abuela
disfrutaría
verla
vestida
con
la
bata
blanca.
En
enero
de
2022,
su
abuela
falleció.
Cuando
suspendieron
parcialmente
las
restricciones
por
la
pandemia
y
las
clases
volvieron
a
ser
presenciales,
finalmente
pudo
ir
a
la
universidad.
Cuando
se
presentó,
el
pasillo
repleto
de
alumnos,
bullicioso,
de
pronto,
se
quedó
en
silencio.
Ella
intuía
que
algunos
aún
estaban
molestos
por
su
denuncia.
Lindinês
saludó
con
un
gesto
de
cabeza
y
entró
al
salón.
No
hubo
reclamos
ni
ofensas.
Y
desde
entonces
Lindinês
ha
llevado
el
curso
con
la
seriedad
que
la
acompaña
desde
pequeña.
Se
apoya
en
su
grupo
de
amigos
para
cursar
los
próximos
años
de
carrera
y
mira
hacia
el
futuro.
No
tiene
dudas
de
que
cada
segundo
de
toda
esta
pelea
ha
valido
la
pena
y
no
solo
por
ella.
Esta
mujer
negra
de
28
años
sabe
que
no
se
trata
solo
de
una
conquista
personal.
Quando
eu
entrei
na
faculdade
coloquei
minha
família
na
faculdade.
Não
era
Lindi
que
estava
entrando.
Era
a
neta
de
dona
Candida,
a
filha
de
dona
Palmira,
a
irmã
de
Juci,
a
tia
de
Marcela,
a
tia
de
Aisha.
Dice
que
cuando
entró
a
la
universidad
puso
a
toda
su
familia
allí.
No
era
solo
Lindinês
la
que
estaba
haciendo
todo
esto.
Era
la
nieta
de
doña
Candida,
la
hija
de
Palmira,
la
hermana
de
Juci,
era
la
tía
de
Marcela
y
de
Aisha.
Minha
sobrinha
que
tem
um
ano
e
meio
vai
ter
uma
tia
que
é
médica.
A
medicina
pra
ela
vai
ser
uma
opção,
não
vai
ser
algo
improvável.
Ela
não
vai
crescer
sem
nunca
ter
lidado
com
uma
médica
preta. Que
su
sobrina,
que
aún
es
un
bebé,
va
a
tener
una
tía
médica,
que
la
medicina
para
ella
ahora
será
una
opción,
no
algo
improbable
como
lo
fue
para
Lindinês.
Pero
además,
va
a
crecer
y
poder
ser
atendida
por
médicas
negras,
como
ella. Entre
los
53
alumnos
de
su
clase,
apenas
Lindinês
y
otros
cinco
colegas
son
negros,
entre
ellos
un
refugiado
haitiano.
Lindinês
sigue
estudiando
en
la
Universidad
y,
por
ahora,
planea
ejercer
en
el
Sistema
Unificado
de
Salud,
el
sistema
público
de
acceso
gratuito
a
toda
la
población.
Para
el
2022,
luego
de
una
década
de
la
ley
de
cuotas,
las
matrículas
de
alumnos
negros,
pardos
e
indígenas
en
las
universidades
públicas
y
federales
aumentó
en
205%.
Una
de
las
chicas
blancas
que
había
tomado
el
cupo
de
las
cuotas
raciales
en
lugar
de
Lindines
puso
una
demanda
y
un
juez
obligó
a
la
universidad
a
crear
un
cupo
adicional
para
acomodarla.
La
otra
fue
expulsada.
Para
hacer
esta
historia
hablamos
con
el
vicerrector
de
la
Universidad
Federal
de
Bahia,
Penildon
Filho,
y
la
profesora
Juliana
Oliveira
de
la
Comisión
de
Identificación
Racial
de
la
universidad.
También
conversamos
con
la
abogada
de
Lindinês,
Adalice
Gonçalves
y
con
el
profesor
Juarez
Xavier,
de
la
Universidad
Estatal
Paulista.
Agradecemos
al
colectivo
de
abogadas
y
abogados
negros
de
Bahía.
Este
episodio
fue
producido
por
Claudia
Jardim,
es
periodista
brasileña,
y
vive
en
Tailandia.
Esta
historia
fue
editada
por
Camila
Segura,
Lisette
Arévalo,
Natalia
Sánchez
Loayza
y
por
mí.
Bruno
Scelza
hizo
el
fact-checking.
El
diseño
de
sonido
es
de
Andrés
Azpiri,
con
música
original
de
Ana
Tuirán.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Paola
Alean,
Nicolás
Alonso,
Pablo
Argüelles,
Aneris
Casassus,
Diego
Corzo,
Emilia
Erbetta,
Camilo
Jiménez
Santofimio,
Rémy
Lozano,
Selene
Mazón,
Juan
David
Naranjo,
Ana
Pais,
Melisa
Rabanales,
Natalia
Ramírez,
Laura
Rojas
Aponte,
Barbara
Sawhill,
David
Trujillo,
Elsa
Liliana
Ulloa
y
Luis
Fernando
Vargas.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
es
un
podcast
de
Radio
Ambulante
Estudios,
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
de
Hindenburg
PRO.
Radio
Ambulante
cuenta
las
historias
de
América
Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
Check out more Radio Ambulante

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: Esto es Radio Ambulante desde NPR, soy Daniel Alarcón. Vámonos a Salvador de Bahía, al noreste de Brasil. Era una tarde de marzo de 2020 y Lindinês, de 26 años, tenía que ir a la Universidad Federal de Bahía. Llegó a tiempo al salón de clases que les habían asignado y se sentó en la primera fila, cerca de la puerta. No pasó mucho hasta que anunciaron su nombre junto con el de otros cuatro compañeros. Cuando se levantó sintió cómo temblaban sus piernas. Por un momento pensó que el resto de las personas, casi 200, podían ver qué tan nerviosa estaba. Su corazón latía a mil. Caminó unos pocos metros en medio de un grupo de estudiantes y con cada paso sentía miradas cortantes. Algunos la señalaban. Pero no se dejó intimidar. Entró a la sala donde la estaban esperando. Se paró frente a una mesa donde estaban cinco personas. Respiró hondo, levantó la cabeza y en tono firme dijo: Eu Lindines de Jesus Souza me autodeclaro como mulher preta. “Yo, Lindinês de Jesus Sousa, me autodeclaro una mujer negra”. El silencio de la sala se rompió con el sonido de la cámara fotográfica que estaba ahí para registrar su piel oscura, su cabello crespo voluminoso, sus labios gruesos. Una foto de frente, otra de perfil, como si estuviera siendo fichada por la polícia. Pero los que la examinaban eran miembros de la “Comisión de identificación racial” de la universidad, que ese día estaban encargados de comprobar que los estudiantes que dicen ser negros realmente lo eran. Y es que como pocas veces en la historia de Brasil, tener la piel oscura significaba una oportunidad y no un problema. Desde 2012, bajo el gobierno de Dilma Rousseff, se creó un sistema conocido como “cuotas raciales”, donde se reservan cupos para alumnos negros, indígenas y pardos —es decir, hijos de negros con blancos o negros con indígenas. Era una medida que quería mitigar años de desigualdad social en el país. Solo para poner un ejemplo: a pesar de que para el 2012, un poco más de la mitad de la población se identificaba como afro, el 89% de los cupos en las universidades eran ocupados por estudiantes blancos. Y las cuotas raciales querían revertir esto, al menos en las universidades públicas. Por eso, para Lindinês, era raro que ese día, junto a ella, hubiera estudiantes de ojos claros, piel blanca y cabello lacio… personas que, como ella, estaban ahí porque también se habían autodeclarado negras. Era un fraude que llevaba ya algún tiempo, pero que Lindinês estaba dispuesta a enfrentar. Una pausa y volvemos. Estamos de vuelta en Radio Ambulante. La periodista Claudia Jardim nos cuenta.Lindinês nació y creció en Salvador, la capital de Bahía, al noreste de Brasil. Vivía con su mamá, su papá, dos hermanos y una hermana en Itapuã, una villa de pescadores y uno de los principales puntos turísticos de la ciudad. Su infancia olía a mar. Su padre trabajaba como obrero en una plataforma petrolera y su madre vendía todo lo que podía en la vecindad: yogurts, cosméticos, ropa. Desde muy pequeña la educaron para que sintiera orgullo del color de su piel. Pero también le enseñaron que nunca ha sido sencillo ser afro en su país. En el siglo XVI, más de 5 millones de africanos, traficados y esclavizados durante la colonización portuguesa, llegaron a los puertos de Brasil. Eran forzados a trabajar en agricultura, en minería, en los puertos y en el servicio doméstico. Brasil fue el último país en las Américas en abolir la esclavitud. No fue hasta 1888. Pero el acceso a derechos básicos como educación, salud y vivienda siguió siendo un problema para los afrodescendientes por décadas. O mejor dicho, sigue siendo. A eso se le suma la violencia policial. Cuando Lindinês era niña, durante los noventas, escuchaba a su madre repetirle lo mismo a sus dos hermanos mayores: Não sai de casa sem documento, não usa cabelo grande… Que no salieran sin su documento de identidad, ni que se dejaran crecer el pelo… Não se veste de qualquer jeito, não anda tarde na rua… Que no andaran desarreglados o en chancletas, ni que estuvieran en la calle a altas horas de la noche. Não reage, não fala nada, pede ajuda, manda alguém chamar lá em casa, se tiver qualquer abordagem perto. Que no reaccionaran si los detenía un policía y que siempre la llamaran si necesitaban ayuda. Su mamá no exageraba. No hay un registro oficial sobre la violencia policial en esa época, pero era una amenaza con la que familias como la suya convivían constantemente. Por testimonios y noticias, se sabe que es una realidad que no ha cambiado mucho. Además, según datos del 2020, en Bahía, la posibilidad de que una persona negra muera a manos de la policía es cinco veces mayor que la de una persona blanca. Lo que se suma a una estadística impactante: en todo Brasil casi el 80% de las personas que han muerto en interacciones con la policía son negras. A pesar de crecer en ese mundo, su familia funcionaba como un muro de contención. La trataron siempre como una niña excepcional: por su disciplina en la escuela, su curiosidad, su chispa. A los 7 años, empezó la primaria en una escuela pública. Ahí estudiaba con otros niños negros que vivían en su mismo barrio y las calificaciones de Lindinês siempre fueron las mejores. Le fue tan bien que se ganó una beca para hacer la secundaria en un colegio privado y religioso de alto nivel. Uno muy costoso para familias como la suya, que ganaban poco y vivían en la periferia. El colegio quedaba lejos de su casa, en el centro de Salvador. De lunes a viernes se despertaba muy temprano y salía dos horas antes para llegar a tiempo a clases. Y entre una gran mayoría de estudiantes blancos y con dinero, Lindinês se sentía fuera de lugar. No podía ir a los planes que hacían sus compañeros, como ir al cine o comer helados en la playa. Eu ficava na biblioteca para poder usar a internet, ler os livros da biblioteca de tarde na escola, com fome porque eu estudava de manhã.Como no tenía computadora en su casa, ni plata para comprar libros, se quedaba todas las tardes en la biblioteca de la escuela y se pasaba horas estudiando ahí. Aún así, Lindinês seguía destacándose en el colegio. Me dijo que durante dos años seguidos estuvo entre los mejores 3 alumnos de toda la escuela. Fue por esta misma época, a los 14 años, que adoptó como propio uno de los sueños de su madre. Minha mãe sempre quis ser médica, mas ela nunca me impôs nada, tipo assim ela nem falava muito sobre isso. Mas isso ficou ali, isso me pairava, né? : Su mamá siempre había querido estudiar medicina, pero no pudo ir a la Universidad. Estudió la preparatoria y, después de dos intentos fallidos de presentar el examen de admisión, abandonó la idea. Era algo de lo que su mamá no hablaba mucho. Pero bastó con que se lo mencionara a Lindinês para que no lo olvidara. Poco a poco comenzó a imaginarse a sí misma usando la bata blanca de los doctores. Pero cuando le contaba a la gente lo que quería hacer, muchos le decían: Essa é outra coisa que o racismo opera sobre a gente né? Eu nunca tinha cara de quem queria fazer medicina. Que no tenía cara de médica… Le sugerían, más bien, las profesiones que sí eran, supuestamente, aptas para alguien como ella. Tinha cara de História, tinha cara de Direito, eu tinha cara de outras coisas. Enfermagem, por que você não faz enfermagem? Enfermagem parece um pouco mais com você. Que mejor debería estudiar historia, derecho, enfermería o fisioterapia, porque en esas carreras sí había gente parecida a ella. En plenos años 2000, en el estado de Bahía, no era común que una persona negra, o mucho menos una mujer negra aspirara a una carrera considerada prestigiosa, como la medicina, ocupada mayoritariamente por blancos. Pero nada de eso la hizo desistir. Lindinês veía el mundo más allá de las costas de Bahía. Por esa época, en el colegio le asignaron leer un libro escrito por el neurocirujano estadounidense Benjamin Carson, Piense en grande. Negro como ella, Carson había vivido la violencia de clase y racial en Estados Unidos, y se había convertido en uno de los médicos más respetados en su área. Viveu algo muito parecido com tudo que eu vivo, conseguiu chegar muito longe e eu falei assim, acho que eu também consigo fazer grandes coisas. Leyó algo que le sorprendió sobre él: a finales de los 80 realizó una cirugía de gemelos siameses en la que ambos sobrevivieron. Y pensó que, a lo mejor, ella también sería capaz de realizar grandes cosas como él. Por eso, cuando terminó la secundaria en 2011, comenzó a prepararse para el examen de admisión de la Universidad Federal de Bahía, la más importante de su estado y una de las mejores del país. Quería ser admitida en Medicina, aunque sabía que el puntaje que necesitaba para entrar era muy alto. Pero al poco tiempo algo cambió. Después de mucha presión social, en el 2012, tan solo meses después que Lindinês terminara la secundaria, Brasil aprobó la ley que ya mencionamos: la de las cuotas socio-raciales, que obliga a las universidades públicas a tomar medidas para la inclusión racial. Esto significa que deben reservar 50% de los cupos para alumnos de las escuelas públicas y de bajos recursos y, de este total, 25% para personas negras, pardas, indígenas y personas con discapacidad. Cuando Lindinês se enteró de esta ley, sintió que tenía una oportunidad. “Pronto, pelos menos 50% das pessoas agora vão ser pessoas minimamente próximas a mim, vão ser pessoas parecidas comigo, então tenho mais chances” Pensar que el 50% de las personas en la carrera de medicina se parecerían a ella, que vendrían de un contexto social y racial similar al suyo, aumentaba sus posibilidades de pelear por ese cupo en condiciones menos difíciles. Como ella, mucha gente veía la ley como una reparación histórica, un paso fundamental para democratizar el acceso a la educación superior en Brasil y reducir la desigualdad social. Era el avance más significativo en beneficio de la población negra e indígena desde la abolición de la esclavitud. Pero no todos en el país estaban de acuerdo y muchos criticaban la medida. Eu sou contra porque acho que todos são iguais no mundo e as oportunidades têm que ser iguais para todos.Ciudadanos como este se oponían a la ley argumentando de que todas las personas son iguales y que todos deberían tener las mismas oportunidades. Isso feriria a meritocracia prevista no princípio republicano, ou seja, o sistema de mérito, aquela pessoa que fosse mais capaz, ou mais capacitada intelectualmente deveria ser o dono da vaga e que isso estaria sendo violado”.Este audio es de un programa de televisión del 2012, donde una abogada dice que la ley va en contra de la meritocracia prevista en el principio republicano y que las personas más capacitadas intelectualmente son las que deberían recibir el cupo universitario. Pero no es tan sencillo. En Brasil, como en muchos países de la región, la educación pública no es tan buena, y mucho menos en contextos tan precarios como en el que creció Lindinês. Esto pone en desventaja a personas como ella porque los cupos en las carreras de las universidades públicas son limitados y, antes de la ley de cuotas, siempre los terminaban ocupando los alumnos con los mejores puntajes en el examen de admisión. Y, claro, no era casualidad que la gran mayoría de esas personas fueran blancas y graduadas de escuelas privadas donde recibieron una educación de mejor calidad. Lindinês había sido una de las mejores estudiantes en su escuela pública, sí… Y había estudiado en un colegio privado en la secundaria… Pero alcanzar un puntaje que pudiera competir con los estudiantes que habían ido a escuelas privadas toda su vida era casi imposible. Simplemente no alcanzaba a tener el mismo nivel. Eu sabia que não conseguiria entrar em medicina jamais se não fossem as cotas.Dice que sabía que jamás hubiera podido entrar a medicina si no fuera por las cuotas. Y es que Lindinês competiría por el 25% de los cupos con otras personas que vienen de su mismo contexto social, económico y racial. Así, en lugar de competir con la nota más alta de una persona blanca y de escuela privada, lo haría con la nota más alta de las personas que aplicaban a la ley de cuotas. Aunque claro, eso no quería decir que no tendría que alcanzar el puntaje mínimo que exigía cada carrera. En el caso de medicina en la Universidad de Bahía, la que quería Lindinês, ese puntaje era bastante alto en comparación con las otras. A pesar de que ella estudiaba muchísimo, no lograba alcanzar ese puntaje mínimo. Eu sempre soube que tinha que estudar muito para poder passar no vestibular. Fiz vestibular, não passa num ano, não passa no outro, não passa, eu fiz: Ah, não vou ficar aqui com a cara pra cima não. Presentó el examen una… dos… tres veces y no podía aprobarlo. Así pasaron 3 años, en los que se dedicó a estudiar todos los días. Seguía viviendo con sus padres y ellos la apoyaban económicamente para que pudiera enfocarse completamente en pasar el examen. La veían como la gran promesa de la familia y no querían que se distrajera en otras cosas. Solo en vacaciones se tomaba un descanso del estudio y trabajaba en la playa como asistente de las vendedoras de acarajé, un plato típico de Bahía. Después de esos tres intentos fallidos, Lindinês, con 21 años, decidió que ya era el momento de presentarse a otra carrera. Y así lo hizo en 2015 cuando postuló a la misma universidad, pero a dos carreras donde el puntaje mínimo necesario era menor: farmacia y el bachillerato de salud. Esta última era una especie de preparatoria en salud que permitía, después de tres años, que los alumnos migraran a otras carreras en la misma área, como medicina. Lo que más le interesaba en este punto era comenzar a estudiar. En el primer intento, Lindinês pasó el examen de farmacia. Decidió matricularse de una vez. Su familia celebró y salieron a comer. E aí a gente festejou ali a entrada em Farmácia. Vai ser farmacêutica, é algo importante, é uma conquista.Le decían que estudiar farmacia era una conquista, que finalmente la verían estudiando en la Universidad más importante de su estado. Lindinês comenzó clases el segundo semestre del 2015 y, aunque le pareció difícil seguir el ritmo de la clase de álgebra, siguió yendo sin falta. Tres semanas después, publicaron los resultados del examen de admisión al Bachillerato de Salud: también lo había aprobado. Inmediatamente decidió salirse de la carrera de farmacia. Lindinês estaba emocionada cuando se transfirió, pero desde el principio la experiencia no fue placentera. La competitividad entre los estudiantes era demoledora; y el ambiente, hostil. As pessoas são desonestas, as pessoas são agressivas, as pessoas são maldosas. As pessoas sabotam umas às outras, então tipo assim as pessoas se fecham num grupo para se proteger. Los alumnos eran deshonestos y agresivos. Se saboteaban entre sí todo el tiempo, porque solo los que tenían las mejores calificaciones lograrían transferirse a la carrera de medicina… La única salida que ella encontró en ese ambiente fue fortalecer su grupo de amigos para protegerse de los demás. Solo así podía enfocarse en su meta. Pero sus buenas notas no siempre le bastaban para ser respetada por sus profesores y sus colegas. Lindinês era solo una de las cuatro personas negras que había en el grupo de 60 estudiantes. Y el racismo era explícito. Había un profesor en particular que le hacía sentir terrible. Era un hombre blanco que trataba a todos con mucho respeto y siempre con una sonrisa. Menos a ella. Una vez Lindinês cuestionó la calificación en un examen y el profesor le dijo: Não se preocupe que você vai ficar ainda com 92, porque pra gente como você 92 é uma nota muito alta’ tipo assim para pessoas medíocres como você, medíocres a vida inteira, 92 é na média é muito alta. No te preocupes, te vas a quedar con un 92, que para gente como tú es una nota muy alta. Lindinês se enfureció. Sintió que la estaba llamando mediocre y ella era todo menos eso. Después de dos años y medio, terminó de cursar todas las materias del Bachillerato de Salud con calificaciones altas. Lo cual quería decir que podría participar del proceso selectivo interno para la carrera de medicina. Además, como era una alumna que calificaba para beneficiarse de las cuotas raciales en la universidad, aplicaría a uno de estos cupos. Pero ese año decidió esperar, pues se estaba hablando de algo que la intimidó… Porque no ano que eu formava o número de fraudadores era muito maior e isso me intimidou. Que ese año el número de personas cometiendo fraude en el sistema de cuotas raciales era muy alto. Muchos se estaban haciendo pasar por negros para entrar a la universidad. Pero que esto pasara no era secreto. Hasta el 2019, lo único que se necesitaba para aplicar a algún cupo de cuotas raciales era entregar una autodeclaración racial por escrito. Nadie verificaba la información. Quien dijera que era negro, indígena o pardo, para el sistema, lo era. Y punto. O caso mais gritante era de uma aluna que tinha uma alta extremamente competitiva, mas era branca, loira, de olhos verdes, morava na Pituba, bairro nobre aqui de Salvador.El caso más escandaloso que conoció Lindinês fue de una alumna que entró a la carrera de medicina como beneficiaria de las cuotas raciales… y que, si bien tenía calificaciones muy buenas, era blanca, rubia y de ojos verdes. Y vivía en un barrio de clase alta. También tenía compañeros en sus clases de Bachillerato de Salud que habían entrado a la universidad haciéndose pasar por negros. Y lo que más le preocupaba era que muchos de ellos también podrían solicitar el traslado a la carrera de medicina y ocupar uno de los cupos que ella quería. Lindinês veía estos fraudes en el sistema de cuotas como otra de las tantas irregularidades en Brasil que no tenían una solución clara. Eu me sentia muito impotente contra aquilo. A gente discutia muito, ficava conspirando, o que a gente pode fazer pra derrubar essa galera, todo mundo sabe e ninguém faz nada.Sentía mucha impotencia con todo aquello. A veces, conspiraba con sus compañeros sobre cómo podrían exponer a estas personas. Pero le daban vueltas y vueltas a la idea y no lograban llegar a ninguna solución. Así que por eso prefirió posponer su graduación, con la esperanza de que un año después tendría menos competencia de gente haciendo fraude. Mientras esperaba, Lindinês consiguió una pasantía en la unidad de urgencias de un hospital público de Salvador. Le entusiasmaba aplicar lo que había aprendido en la universidad. Como suele ser, este ambiente era frenético e intimidante. A Lindinês le tocaba indicarle a las familias dónde hacer el registro de entrada al hospital y dónde esperar a sus familiares heridos. Muchos llegaban en estado grave, la mayoría víctimas baleadas por la policía y cuerpos todavía esposados. Y sí, la mayoría eran negros. Eu recebia mães pretas, órfãs de seus filhos, que chegavam sem a menor dignidade porque eram vistos como menos gente. Corpos pretos sendo violados por alunos brancos da faculdade de medicina de Salvador, que riam na mesma sala que uma mãe chorava a morte de seu filho.Dice que recibía a madres negras que habían perdido a sus hijos y que el trato que les daban los alumnos blancos que hacían prácticas en el hospital era irrespetuoso. Las violentaban a ellas, a los pacientes y a los cuerpos una y otra vez. Recuerda ver, por ejemplo, cómo colocaban a los heridos en camillas de hierro heladas para que las colchonetas no se “ensuciaran de sangre”. Y que, cuando ya no se podía hacer más para salvar al paciente, los estudiantes de medicina veían allí una oportunidad para practicar algunas maniobras médicas. Eu via eles entubando uma pessoa que já estava morta. Eles enfiando a cânula num corpo que não tinha dignidade mais, assim, e eles queriam ter a oportunidade de entubar e tipo, aquele corpo podia passar por aquilo, entendeu? Los estudiantes entubaban a las personas negras fallecidas y los trataban sin ninguna dignidad. Isso me violentava todo o dia. Todo dia eu saia da sala de espera e ia para o banheiro chorar. Todos los días se encerraba en el baño a llorar. Sentía esa violencia como algo personal. Me ajudou a ver a necessidade de ter alguém parecido que entendesse minimamente o que aquelas mães, aquelas pessoas, aquelas mulheres pretas passavam…Dice que esta experiencia la ayudó a ver la necesidad de que las madres y mujeres negras que llegan al hospital sean atendidas por alguien que entienda su realidad. En especial en un país como Brasil, donde, en el 2018, tan solo el 18% de los médicos se auto identificaban como negros. Representar a los suyos con la bata blanca puesta se convirtió en su principal motivación. Finalmente, en 2019, al terminar la pasantía de un año en el hospital, Lindinês se postuló para la carrera de medicina. En el campus de Salvador había más cupos, pero la competencia, por ser en la capital de Bahía, sería mayor. Por eso, decidió postular a otro campus de la misma Universidad, uno que está en el interior del estado, a más de 500 kilómetros de distancia de la capital y de su casa. Quizás allí tendría más posibilidad. Aunque para aquel año, tan solo dos de 9 vacantes en total eran para alumnos de las cuotas raciales a las que podía aplicar Lindinês. De todas maneras decidió apuntarle a uno de esos dos cupos. Para ingresar a la carrera de medicina, no necesitaba hacer un nuevo examen porque la Universidad evaluaba las notas promedio del bachillerato de salud. Quienes tuvieran los mejores puntajes serían seleccionados. Lindinês solo tenía que llenar un formulario en línea con sus datos personales e indicar su interés en al menos tres carreras en el área de la salud. Eligió medicina, odontología como segunda opción y salud colectiva en tercer lugar. Un poco más de un mes más tarde, llegó el día en que anunciarían la lista de los seleccionados. Era el 3 de febrero de 2020 y Lindinês se fue a la casa de su abuela para recibir la noticia. Cuando llegó, se sentó frente a la computadora y abrió la página donde daban los resultados de medicina. Su nombre estaba ahí. Pero en el tercer lugar en la lista de candidatos que se disputaban por los dos cupos de las cuotas raciales. Fiquei em choque, fiquei estática porque para mim o sonho tinha acabado, tipo assim, vou viver uma vida de frustração. Seja o que for o que eu vou fazer não vai ser o que eu queria e vou ter que conviver com isso.Quedó en shock. Pensó que su sueño se había acabado y sabía que cualquier camino que eligiera sería una vida de frustración por no haber entrado a medicina. Lindinês abrió otra vez el buscador en la computadora para saber si había ingresado en su segunda opción, odontología. Y sí, había pasado. Pero nunca se había visto a sí misma como odontóloga. No era lo que quería. La noticia cayó como una bomba sobre la familia. Una de las más afectadas parecía ser su mamá. Le propuso que fueran a la casa de la hermana de Lindinês para pasar el momento amargo. Entre mujeres le darían el apoyo necesario. Le pareció bien y, mientras se preparaba para salir, su celular empezó a sonar. Eran sus amigos, pero no se trataban de mensajes de aliento. Hasta abrir los mensajes, la frustración de Lindinês era consigo misma, por no haber sido capaz de alcanzar un cupo, hasta que vio lo que le escribieron… Lindi, quem passou nas duas vagas, são duas brancas, são duas brancas e me mandavam fotos.Los dos cupos de cuotas raciales de la carrera de medicina habían sido otorgados a dos chicas blancas que se habían hecho pasar por negras. Le mandaron fotos para que las viera. Y sí, las dos eran de tez blanca. Una tenía el pelo lacio, color castaño oscuro y estaba en traje de baño en un pasadizo con vista al mar. La otra también tenía el pelo liso, estaba maquillada y tenía una blusa negra. Estaba mirando hacia un lado, como si posara para una foto de estudio. No parecían formar parte de los grupos afrodescendientes o indígenas de Brasil. Lindi você tá sabendo? eu disse: ‘eu não’. ‘E o que você vai fazer?’ Eu disse: ‘não vou fazer nada, estou cansada’. Sus amigos no le dejaban de preguntar: “¿Qué vas hacer?”. Ella les contestaba que no sabía, que estaba cansada. A minha vida é toda de questionar. Eu questiono da hora que eu acordo a hora que eu durmo, porque eu tô sempre nesse lugar de que tenho que me defender, de ter que estar provando que eu sou digna das coisas, que eu conquistei as coisas, então para mim é muito cansativo esse lugar. Dice que toda su vida se la había pasado cuestionando todo, todos los días. Se sentía agotada de tener que defenderse siempre, de tener que probar que merece sus logros. Sentía que ya no podía más. Cuando llegó a la casa de su hermana se pasó horas llorando. No haber entrado por un fraude iba más allá de la frustración personal. Não era justo com meu povo. Toda vez que um de nós ascende, a gente carrega uma família. A gente estava sendo privado, várias famílias pretas estavam sendo privadas de ascender socialmente por causa de descaração de gente branca.Le parecía una injusticia con su gente. Dice que cada vez que una persona negra asciende socialmente, se supera, y también lo hace su familia. Le dolía saber que a tantas familias como la suya les estaban negando oportunidades. Pero el caso de Lindinês no era aislado. Entre 2013 y 2020, 4 mil alumnos en todo el país denunciaron fraudes en el acceso a las cuotas socio raciales ante diferentes universidades. Era tan grande el problema que, tanto la Universidad Federal de Bahía como otras del país, habían intentado enfrentarlo desde 2019 creando comisiones de identificación. Estas comisiones funcionan así: convocan a los alumnos que se autodeclaran negros, pardos o indígenas, y verifican que sus rasgos fenotípicos correspondan a su autodeclaración. Lo que observan es el tono de piel, la textura del cabello, y la forma de los labios y de la nariz. Si, según la mayoría de los cinco miembros titulares de la comisión, estas características corresponden a lo que es considerado una persona negra, parda o indígena en la sociedad brasileña, el alumno puede acceder a las cuotas raciales. Acá es importante aclarar algo: para aplicar a las cuotas raciales, la regla no solo considera cómo la persona se ve a sí misma, sino también cómo es vista por la sociedad brasileña. La ley no explica por qué, pero sí tiene algo de lógica. En Brasil, como en muchos otros países, el color de la piel es lo que muchas veces determina el lugar que una persona ocupa en el mundo —las experiencias y el acceso a las oportunidades. Es, en parte, por eso que no se evalúa el color de piel de los familiares. Y solo se toma en cuenta la experiencia que tiene cada persona por sus rasgos físicos en el presente. Y recordemos que la ley de cuotas también está pensada para personas de bajos ingresos, independientemente de su color de piel: las universidades públicas deben reservar 25% de sus cupos para alumnos de escuelas públicas y de familias con un ingreso inferior a un sueldo mínimo. Pero, como dijimos, había un vacío en estas comisiones. No evaluaban el fenotipo de los alumnos que habían ingresado a la Universidad antes de que esta doble verificación fuera creada, en 2019. Lo único que necesitaban las personas era entregar una autodeclaración. Y una vez matriculados en la Universidad, los alumnos podían pasar de una carrera a otra usando las cuotas raciales sin la necesidad de repetir el proceso. Como era el caso de las chicas blancas que le quitaron el cupo a Lindinês. Y ella, que había postergado un año su aplicación a la carrera de medicina pensando que tendría más chance de obtener el cupo, se llevó una gran decepción. Estaba triste, pero también enojada. Ya era madrugada cuando logró calmarse y pudo contarle con más detalles a su hermana lo que había pasado. La hermana le propuso dos salidas. Que si ella no quería hacer nada, estaba bien, pero que tendría que olvidarse del caso, enterrarlo allí, ni siquiera volver a mencionarlo. E a segunda opção é vamos fazer o que a gente puder, o que estiver ao nosso alcance, para que a justiça seja feita. Y la segunda opción era hacer lo posible para exigir justicia. Si decidía pelear, tenían muy pocos días para formalizar la denuncia en la Universidad. Agora, você precisa decidir isso aqui e agora porque não podemos perder tempo. Tenía que decidir en aquel momento. No había tiempo que perder. Su hermana le decía: «El cupo es tuyo. ¿Vas a regalar algo que es tuyo?” Así que, apoyada por su madre y por su hermana, Lindinês se armó de valor y dijo: Eu fiz: então tá, a gente vai fazer, conseguiu me convencer. Hagámoslo. Me convenciste. Una pausa y volvemos. Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Antes de la pausa, Lindinês descubrió que los cupos de cuotas raciales para estudiar medicina en la Universidad Federal de Bahía habían sido otorgados a dos chicas blancas. Pero esto no se quedaría así. Decidió que haría lo que fuera para reclamar lo que era suyo. Claudia Jardim nos sigue contando. Apenas Lindinês decidió que pondría una denuncia, su hermana llamó a una conocida que trabajaba en otra universidad del estado de Bahía y le preguntó cómo podrían denunciar un caso de fraude. La mujer le dijo que lo primero que tenían que hacer era formalizar la queja en la oficina de asistencia estudiantil de la universidad. Y que a pesar de que anteriormente las denuncias de fraude no habían sido resueltas, era el protocolo a seguir antes de escalar su caso a la Justicia estatal. El plazo para formalizar reclamos era de apenas dos días, así que Lindinês decidió ir a la mañana siguiente. Cuando llegó a la sala de asistencia estudiantil en la Universidad, se reunió con una de las funcionarias, una mujer negra como ella. Le contó lo que había pasado. Escribió su denuncia en un papel y lo firmó. La funcionaria subió el documento al sistema de la universidad que reunía todo tipo de reclamos y le dijo que tenía que esperar, que en unos días recibiría una respuesta por correo electrónico. Pero Lindinês no se quedó tranquila con solo ir ante la Universidad. Salió de ahí, tomó un autobús y se fue directo hasta la Secretaría de Promoción e Igualdad Racial de Bahía. Allí presentó de nuevo su denuncia ante el Observatorio de Racismo Estructural. Lo que les contó no era sorpresa para nadie. Los funcionarios habían recibido decenas de casos como el de Lindinês de diferentes universidades públicas de Bahía. Entonces la persona que recibió su queja llamó a un colectivo de abogadas y abogados negros de Bahía para ver si la podían ayudar. Una de ellas, Adalice Gonçalves, escuchó su historia y no dudó en tomar el caso. No le cobraría nada. Le dió la dirección de su despacho y acordaron encontrarse dos días después. Cuando Lindinês salió de allí, recibió una llamada de un periodista del diario Correio da Bahía, uno de los principales periódicos del estado. Quería entrevistarla. La hermana de Lindinês, que era comunicadora, había mandado un mensaje a un grupo de periodistas en Whatsapp contando lo del fraude en las cuotas en la universidad y que su hermana menor estaba peleando por su cupo. Les envió el número de teléfono de Lindinês para quien quisiera entrevistarla. Lindinês le contó su historia, pero le pidió mantener su anonimato. Eu realmente temo. Apesar de todo mundo saber que sou eu, não quero botar minha cara agora no jornal, porque eu não posso garantir a minha segurança. Eu tô fazendo tudo isso, mas eu tô me deslocando de ônibus porque é o meu meio de transporte, eu fico o tempo todo muito vulnerável. Dice que temía por su seguridad. Y aunque mucha gente del entorno universitario sabía que ella había presentado la denuncia de fraude, no quería ver su cara estampada en el periódico. Tenía miedo de ser reconocida. El periodista aceptó y, al día siguiente, el diario sacó un titular que decía: “Me siento una basura, invisibilizada, dice estudiante que denuncia fraudes en cuotas de la Universidad Federal de Bahía”. Dos días más tarde, Lindinês llegó al despacho de la abogada, Adalice Gonçalves, también negra como ella. Le explicó que podía pedir una revisión de notas, la única manera prevista en la Universidad para poner una nueva demanda, y que, en ese mismo documento, incluirían la denuncia de fraude racial, con la esperanza de que la irregularidad llegara a los oídos del rector. Tenían que apresurarse. Les quedaban solo algunas horas. Pasaron la noche calculando las notas y juntas escribieron el documento que sería firmado por Lindinês. En los días siguientes, Lindinês seguía recibiendo mensajes de sus compañeros de universidad que le preguntaban cómo estaba y si la universidad le había dado alguna respuesta. Algunos iniciaron una campaña en la plataforma Change.org. Querían recolectar firmas para pedir a la Universidad que revisara quiénes eran los alumnos que habían ingresado por cuotas. También se le acercaban otras personas de la universidad a ofrecerle ayuda en lo que necesitara. Lindinês solo les pedía que si sabían de fraudes anteriores, no se callaran y lo denunciaran frente a la rectoría de la universidad para demostrar que lo suyo no era un caso aislado. Pero no todos la apoyaban. Otros compañeros empezaron una campaña en su contra en el grupo de Whatsapp del Bachillerato de Salud. Eran hijos de gente de mucho dinero en Bahía, entre ellos latifundistas. Decían que era una resentida, deshonesta y amenazaban con darle una golpiza. Que ella estaba destruyendo los sueños de muchas personas de convertirse en médicos. Mientras tanto, los medios de comunicación no dejaban de buscarla. Ella aceptaba las entrevistas pero seguía hablándoles en condición de anonimato. Dos semanas después de que decidiera denunciar su caso, Lindinês se enteró que su reclamo había sido escuchado por las autoridades. La universidad publicó en su página web una convocatoria citando a todos los alumnos cuotistas a presentarse a la comisión de identificación a la semana siguiente. Decenas de alumnos tendrían que hacer una autodeclaración pública presencial para que los miembros de la comisión pudieran comprobar que eran efectivamente negros, pardos o indígenas. Cuando Lindinês vio la convocatoria, dice que se sintió escuchada, visibilizada. Eu finalmente me senti vista, ouvida. Algo que nos anos anteriores a gente falava no curso que deveria ter, que deveria acontecer e que até aquele momento não existia. Nunca imaginei que ia acontecer pelas minhas mãos. Y que nunca se imaginó que ese cambio del que tanto había hablado con sus compañeros fuera a ocurrir por una acción suya. La comisión de identificación racial citó a los alumnos para el inicio de marzo de 2020. En ese momento, estalló la pandemia por la Covid-19 y muchos países estaban implementando medidas de cuarentena. Pero en Brasil, el gobierno de Jair Bolsonaro minimizaba la gravedad de la pandemia. Así que la propagación del virus no interfirió con la convocatoria de la comisión de identificación. Finalmente llegó el día. Por la tarde Lindinês tomó un autobús hacia el campus de la capital Salvador, a unos 25 kilómetros de su casa. Tuvo que ir sola. Su hermana y hermanos no podían faltar al trabajo, y su mamá tenía que quedarse a cuidar a su abuela que estaba enferma. Y esto nos lleva a la escena con la que comenzamos esta historia. Cuando llegó al salón todas las miradas se voltearon hacía ella. La sala estaba repleta de alumnos que harían la autodeclaración pública. Había familiares acompañando a sus hijos. El ambiente era denso. La miraban mal. Para algunos, estar allí era una segunda oportunidad de demostrar que habían sido perjudicados por el fraude. Para otros, Lindinês era la culpable de lo que pasaría con su futuro. E meus colegas todos brancos lá, me odiando. Que sus colegas blancos la odiaban. Y estaban dispuestos a todo para hacerse pasar por negros. Tinha gente que tinha feito bronzeamento artificial, teve gente que resolveu entrar na transição capilar naquela semana, com foto dos parentes de algemas nos pés dizendo ‘Ai meu avô era escravo’, teve gente que apareceu com advogado… Dice que hubo gente que se había bronceado artificialmente. Otros se raparon el cabello para no mostrar que eran lacios. Hubo compañeros que llevaron fotos de sus abuelos negros para decir que habían sido esclavizados. Y también gente acompañada de abogados que decían que la comisión era ilegal, porque ya habían sido aceptados como beneficiarios de las cuotas, cuando aún no había la doble verificación. Pessoas que a gente sabia que tinha dinheiro e que além de se fazer de louco fingindo que era preto, se fazia de louco fingindo que era pobre. Y que, además, había personas con dinero que no solo se hacían pasar por negros, sino que fingían también ser pobres. Lindinês estaba muy nerviosa. Se sentó en la primera fila del salón junto a la puerta porque quería tener una ruta de escape en caso de que alguien quisiera agredirla. Mientras esperaba que la sesión comenzara, la gente del salón no dejaba de hablar. Lindinês evitaba mirar en dirección a los alumnos que ni de lejos podrían hacerse pasar por negros. Quería evitar cualquier confrontación porque, según ella, todos sabían que ella era la razón por la que estaban allí. Se puso a escuchar música para relajarse mientras esperaba su turno, pero no funcionaba. Tenía taquicardia. Llamó a su madre para que la calmara. Le gustó escucharla, se sintió apoyada pero seguía muy nerviosa. Não sei como meu corpo não pulava do chão de tão nervosa que eu estava. Sus piernas temblaban tanto de los nervios que no sabe cómo todo su cuerpo no se movía de manera involuntaria. Al comienzo de la sesión, uno de los miembros de la comisión explicó la importancia de la ley de cuotas, su papel de reparación histórica y de inclusión. Enseguida dio el puntapié inicial de la autodeclaración: dijo su nombre completo y se autodeclaró blanco. Y sí, efectivamente su piel era clara. Hubo silencio en la sala. Lindinês observó atenta a los demás alumnos para ver su reacción. Ai as pessoas começam a se olhar. Aí olha pra cor do braço, olha pro colega do lado. Isso é muito bom, isso é fantástico. Aí tipo assim, várias pessoas, eu me autodeclaro preto, eu me autodeclaro pardo, eu me autodeclaro branco. Las personas se observaban a ellas mismas. Veían sus propios brazos, miraban a la persona de al lado… Mientras tanto, los demás funcionarios de la comisión continuaron con sus propias autodeclaraciones: negros, pardos, blancos… Era evidente el malestar entre los estudiantes blancos que estaban allí para autodeclararse negros. Si alguien con su mismo color de piel no se declaraba negro, ¿cómo podrían ellos hacerlo? É o que eu chamo de constrangimento pedagógico. Era una especie de vergüenza pedagógica, dice Lindinês. Después de la presentación de los miembros de la comisión, los estudiantes fueron divididos en grupos de cinco personas a los que iban llamando a salas más pequeñas para la autodeclaración. Lindinês había perdido la noción del tiempo cuando llegó su turno. Fue la primera de su grupo en pasar frente a la comisión. Escuchó su nombre, se levantó y caminó entre los demás estudiantes. Al entrar en la sala que le asignaron, levantó la cabeza frente a la comisión y en tono firme dijo lo que escuchamos al inicio de esta historia. Eu Lindines de Jesus Souza me autodeclaro uma mulher preta.Yo, Lindinês de Jesus Souza me autodeclaro una mujer negra. Silencio. La comisión, formada por 5 personas, entre blancas y negras, la escucharon con atención, tomaron nota, la fotografiaron, y le preguntaron si quería decir algo más. A pesar de los nervios, Lindinês tomó la palabra. Queria dizer que estou muito feliz, isso pra mim é um marco na minha vida porque finalmente justiça está sendo feita e que a gente vai ocupar as nossas vagas porque elas são nossas.Dijo que estaba feliz y que ese era un momento determinante en su vida porque sentía que finalmente se estaba haciendo justicia, porque los alumnos negros como ella ocuparían los cupos que eran suyos por ley. Después, Lindinês firmó un papel donde constaba su autodeclaración. El papel pasó de mano en mano entre los cinco miembros de la comisión. Y por mayoría simple se daría el veredicto, que sería colgado luego en la página web de la universidad. A pesar de que, por un lado, estaba tranquila porque la presencia de la comisión parecía garantizar que los que cometieron fraude serían expuestos; por otro lado, se sentía violentada. Apesar de reconhecer a validade, acho um processo extremamente traumático e doloroso. Mas acho válido passar porque se é esse o jeito que a gente vai garantir que a vaga vai ser de um dos nossos, que seja. Fue un proceso traumático y doloroso, dice. Pero si ese era el camino para asegurarse de que personas negras pudieran entrar a la Universidad, valía la pena. Apenas se despertó a la mañana siguiente, corrió a prender la computadora para actualizar la página de la Universidad. Esperaba que ya estuviera publicada la nueva lista de estudiantes admitidos a la carrera de medicina y que su nombre apareciera allí. Ya no en el tercer puesto, sino al menos en el segundo, quizás en el primero. Pero nada. Desde entonces pasaba casi todo el día frente a la computadora, en una espera interminable. Eu olhava o site todos os dias, várias vezes ao dia. De manhã, de tarde, de noite, várias vezes.Actualizaba la página web de la universidad todos los días, varias veces. En la mañana, tarde y noche. Y nada. Hasta que una semana después salió un resultado parcial en la página web. Al lado del nombre de las personas que habían defraudado el sistema aparecía la palabra ‘diferido’, pospuesto. Algo se estaba moviendo. Lindinês se alegró. Sabia por questão da classificação geral, do resultado geral, quem eram os próximos né? Mas ainda não tinha saído a lista com meu nome. Dice que por los resultados del examen ya se sabía quiénes serían los próximos en ser aprobados para el curso. Pero aún no salía la lista con su nombre y ella necesitaba ver eso. De los 172 alumnos que fueron sometidos a la evaluación de la comisión, 31 no cumplían con las características del reglamento, y debían ser expulsados de la universidad. De estos, 11 estaban en el curso de medicina. Y claro, entre los nombres de quienes cometieron fraude estaban las dos chicas blancas del grupo de Lindinês. En un documento público el veredicto de la comisión dice sobre cada una de ellas: “La candidata no presenta rasgos fenotípicos que la identifican como una persona negra en la sociedad brasileña”. Intenté comunicarme con estas dos estudiantes para saber qué pensaban ellas de todo esto, pero no fue posible. Envié varios correos a diferentes departamentos de la universidad —rectoría, grupo de estudiantes, asesoría de comunicación— pidiendo su contacto, pero no recibí respuesta. Las busqué en redes sociales y nada. Y, antes de cerrar esta historia, el asesor de prensa de la universidad me dijo que no podía compartir sus números de teléfono o correos electrónicos. Volviendo a Lindinês, los meses pasaban y la universidad no publicaba la nueva lista de convocados. Ella se sentía en el limbo. Una tarde de viernes del 7 de agosto de 2020, estaba cuidando a los hijos de una amiga y se desconectó de su celular. Estaba entretenida con los niños viendo películas. Ya era de noche cuando se acordó de revisar el celular. Cuando miró la pantalla, tenía decenas de mensajes. Lo primero que pensó fue que alguien se había muerto. Pero cuando abrió el primer mensaje, se sorprendió. Era de su grupo de amigos de la universidad y decía: “Felicitaciones, médica, estamos contigo”. No entendía bien qué estaba pasando, hasta que alguien le dijo: Já saiu’. E eu fiz: Saiu o quê? ‘O resultado’. Nisso eu já comecei a tremer. Ya salió. Que ya había salido el resultado. Lindinês empezó a temblar. Nerviosa, dejó todo y entró al sitio web de la Universidad. Nunca le costó tanto escribir las iniciales U F B A. En la pantalla titilaba el anuncio de nuevos ingresos. Y cuando leyó su nombre, no podía creerlo. Meu deus, me chamou. Me chamaram, me chamaram, me chamaram.“¡Dios mío! Me dieron el cupo, me dieron el cupo, me dieron el cupo.” Habían sido cinco largos meses de espera desde que se había parado frente a la comisión para autodeclararse negra. La casa de su amiga estaba al lado de la de su abuela. Sin pensarlo mucho salió corriendo, gritando, para contarle a su madre y a su abuela que lo había logrado. No podía contener la emoción. Cuenta que se sentó en el piso de la sala, a los pies de su abuela y llorando le decía: “¡Me dieron el cupo, me dieron el cupo!” Y no solo eso. Le contó que era la primera en la lista de los estudiantes de medicina en el campus de Vitoria da Conquista de la Universidad Federal de Bahía. Foi grandioso, foi épico. Porque junto tinha o nome de uma galera que também cumpria os requisitos e que como eu estavam mudando o destino de suas famílias. Fue grandioso, épico, porque ahora, junto a su nombre, estaba gente que cumplía con las reglas y podrían cambiar el destino de sus familias. Eso era lo más importante para ella. Al lograr que la Universidad reconociera el fraude, a 31 estudiantes negros y pardos que habían sido excluidos de la selección inicial, se les garantizó el ingreso ese año. A gente conseguiu derrubar fraudador de todos os cursos. Lograron sacar impostores de todas las carreras, no solo de medicina. Finalmente, el 17 de agosto de 2020, llegó el día de enviar los papeles para la matrícula. Ese mismo día se graduó en el Bachillerato de Salud. Para ese entonces, los gobernadores brasileños también habían implementado restricciones por la pandemia, por lo que su ceremonia fue en línea. Pero aún así, Lindines dice que se vistió para la fiesta. Se puso un vestido fucsia largo y se arregló el cabello para que sus rizos estuviesen perfectamente voluminosos. Pero se divirtió con un detalle que agregó a propósito: Pus o vestido de havaianas, e pus no Instagram assim: Olha como a gente forma e com havaianas sempre no pé. Se puso chanclas, todo un símbolo nacional en Brasil. Y compartió en sus redes sociales una foto de su look todo formal, pero en chancletas. Había mucha gente viendo la transmisión de la graduación por YouTube. Toda su familia estaba conectada: su padre, su mamá, su hermana, su sobrina, su abuela… Lindinês estaba contenta y nerviosa. En la graduación estaban las dos chicas que defraudaron al sistema. Tenía miedo de que en el chat apareciera alguna campaña de odio en su contra. Pero no. Todo lo contrario: recibió mensajes de aliento y fuerza. Quando chamou meu nome, eu lembro que pessoas que eu não conhecia comentaram, tipo: ‘Parabéns Lindi. Isso aí, máximo respeito’, essas coisas não lembro exatamente mais. Mensajes como “Felicitaciones Lindi, mis respetos” y cosas así. Inscrita en la facultad de medicina, comenzó las clases en línea el 8 de septiembre de 2020. Pasaba todo el día frente a la computadora. Pese a las restricciones de la pandemia, la Universidad convocó a los alumnos para algunas prácticas presenciales. El campus donde iba estudiar estaba fuera de la capital, en la ciudad de Vitória da Conquista, a más de 10 horas de distancia en autobús. Como Lindinês entró más tarde a las clases ese semestre porque estaba esperando la confirmación de su ingreso, no asistió a una de las ceremonias más significativas: la entrega de la bata blanca, un requisito para las prácticas, así que Lindinês buscó una costurera que pudiera hacerle una a su medida. Llevaba bordado en el bolsillo del lado izquierdo su nombre, y el nombre de la carrera: Medicina. Cuando finalmente quedó lista, Lindinês se la puso para que su abuela la viera. Para ella ese momento fue su tan esperada ceremonia de la bata blanca. Foi legal porque foi mais uma daquelas coisas que a gente diz: aconteceu, né? Eu não tô louca. Eu não tô sonhando, eu não tô dormindo, tá acontecendo, é verdade tem meu nome aqui, sou eu mesma, tem escrito medicina embaixo, então é o curso. Dice que fue el momento en que confirmó que todo lo que había pasado era real. Que no era un sueño, que no estaba loca. Ver su nombre escrito junto a la palabra “medicina” en la bata blanca era todo lo que siempre había querido por años. Y cuando su abuela la vio, no podía dejar de sonreír, satisfecha. Sería la primera de las pocas veces que su abuela disfrutaría verla vestida con la bata blanca. En enero de 2022, su abuela falleció. Cuando suspendieron parcialmente las restricciones por la pandemia y las clases volvieron a ser presenciales, finalmente pudo ir a la universidad. Cuando se presentó, el pasillo repleto de alumnos, bullicioso, de pronto, se quedó en silencio. Ella intuía que algunos aún estaban molestos por su denuncia. Lindinês saludó con un gesto de cabeza y entró al salón. No hubo reclamos ni ofensas. Y desde entonces Lindinês ha llevado el curso con la seriedad que la acompaña desde pequeña. Se apoya en su grupo de amigos para cursar los próximos años de carrera y mira hacia el futuro. No tiene dudas de que cada segundo de toda esta pelea ha valido la pena y no solo por ella. Esta mujer negra de 28 años sabe que no se trata solo de una conquista personal. Quando eu entrei na faculdade coloquei minha família na faculdade. Não era Lindi que estava entrando. Era a neta de dona Candida, a filha de dona Palmira, a irmã de Juci, a tia de Marcela, a tia de Aisha. Dice que cuando entró a la universidad puso a toda su familia allí. No era solo Lindinês la que estaba haciendo todo esto. Era la nieta de doña Candida, la hija de Palmira, la hermana de Juci, era la tía de Marcela y de Aisha. Minha sobrinha que tem um ano e meio vai ter uma tia que é médica. A medicina pra ela vai ser uma opção, não vai ser algo improvável. Ela não vai crescer sem nunca ter lidado com uma médica preta. Que su sobrina, que aún es un bebé, va a tener una tía médica, que la medicina para ella ahora será una opción, no algo improbable como lo fue para Lindinês. Pero además, va a crecer y poder ser atendida por médicas negras, como ella. Entre los 53 alumnos de su clase, apenas Lindinês y otros cinco colegas son negros, entre ellos un refugiado haitiano. Lindinês sigue estudiando en la Universidad y, por ahora, planea ejercer en el Sistema Unificado de Salud, el sistema público de acceso gratuito a toda la población. Para el 2022, luego de una década de la ley de cuotas, las matrículas de alumnos negros, pardos e indígenas en las universidades públicas y federales aumentó en 205%. Una de las chicas blancas que había tomado el cupo de las cuotas raciales en lugar de Lindines puso una demanda y un juez obligó a la universidad a crear un cupo adicional para acomodarla. La otra fue expulsada. Para hacer esta historia hablamos con el vicerrector de la Universidad Federal de Bahia, Penildon Filho, y la profesora Juliana Oliveira de la Comisión de Identificación Racial de la universidad. También conversamos con la abogada de Lindinês, Adalice Gonçalves y con el profesor Juarez Xavier, de la Universidad Estatal Paulista. Agradecemos al colectivo de abogadas y abogados negros de Bahía. Este episodio fue producido por Claudia Jardim, es periodista brasileña, y vive en Tailandia. Esta historia fue editada por Camila Segura, Lisette Arévalo, Natalia Sánchez Loayza y por mí. Bruno Scelza hizo el fact-checking. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri, con música original de Ana Tuirán. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Nicolás Alonso, Pablo Argüelles, Aneris Casassus, Diego Corzo, Emilia Erbetta, Camilo Jiménez Santofimio, Rémy Lozano, Selene Mazón, Juan David Naranjo, Ana Pais, Melisa Rabanales, Natalia Ramírez, Laura Rojas Aponte, Barbara Sawhill, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa y Luis Fernando Vargas. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa de Hindenburg PRO. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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