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Radio Ambulante - Perdidas

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15
30

Unos malos pasos y te vas para la miércoles.

Claudia y Mónica López son hermanas inseparables. Ya están jubiladas y quieren dedicar su tiempo libre a viajar, a conocer nuevos lugares diferentes a su ciudad, Buenos Aires. El agosto pasado visitaron Tucumán, una provincia al norte de Argentina con muchos atractivos turísticos. Pero lo que se suponía eran unas vacaciones tranquilas se convertirían en una odisea que las retaría física y mentalmente.

**

► Luis Fernando Vargas, editor en Radio Ambulante y productor de este episodio, responderá tus preguntas sobre la historia en un Facebook Live el próximo viernes 13 de diciembre a las 12:30 ET. Si tienes Facebook, puedes programar un recordatorio en este enlace.

Hace
poco
más
de
tres
años
publicamos
los
primeros
episodios
de
Radio
Ambulante
en
NPR.
Sabíamos
que
ser
parte
de
la
radio
pública
estadounidense
iba
a
darnos
un
impulso
enorme.
Y
no
estábamos
equivocados.
Hemos
crecido
como
equipo
—en
ese
entonces
éramos
solo
cinco;
ahora
somos
más
de
20—.
Y
también
hemos
crecido
muchísimo
como
comunidad:
ahora
hay
cientos
de
miles
de
ambulantes
escuchando
desde
todo
el
mundo.
Si
quieren
vernos
seguir
creciendo
y
apoyar
la
siguiente
etapa
de
Radio
Ambulante,
hay
varias
maneras
de
ayudar.
Tenemos
un
programa
de
membresías,
tenemos
una
nueva
app
para
los
oyentes
que
están
aprendiendo
español.
Y
para
los
que
nos
escuchan
en
Estados
Unidos,
por
favor,
consideren
apoyar
a
su
emisora
local
de
radio
pública.
Para
hacerlo,
ingresen
a
donate.npr.org/RadioAmbulante.
Donate
se
deletrea:
D-O-N-A-T-E.
Donate,
en
inglés.
Repito:
donate.npr.org/Radio
Ambulante.
¡Muchas
gracias
desde
ya
por
su
apoyo!
Antes
de
comenzar,
una
advertencia:
este
episodio
tiene
una
muestra
muy
amplia
de
vulgaridades
argentinas.
Se
recomienda
sacar
el
cuadernito
para
apuntar
bien
las
frases.
O,
si
prefieren,
discreción.
Bienvenidos
a
Radio
Ambulante,
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.
Todo
comienza
con
un
video:
dos
señoras
de
unos
60
años,
argentinas,
sonrientes,
están
sentadas
en
medio
de
un
bosque
espeso,
muy
verdoso.
Son
8
y
20
de
la
mañana
y
nosotras
estamos
metidas
en
este
bosque
hermosísimo
desde
ayer
a
las
dos
de
la
tarde.
Aclaran
que
están
en
un
bosque
en
Tucumán,
una
provincia
de
Argentina.
Pero
no
acampando
ni
algo
por
el
estilo.
Al
contrario.
No
sabemos
qué
hicimos.
Agarramos
alguna
curva
de
las
piedritas
que
no
correspondía
y
nos
fuimos
a
la
reverenda
concha
de
la
lora.
Por
si
no
quedó
claro,
se
perdieron.
Y
acá
estamos,
esperando
que
alguien
nos
rescate.
Exactamente.
Así
que,
ehm…
Porque
no
tenemos
la
más
puta
idea
de
cómo
mierdas
salir
y
no
saben
la
cantidad
de
cosas
que
pasamos.
Y
es
que
de
verdad
no
se
pueden
imaginar
la
cantidad
de
cosas
que
pasaron.
Fue
una
odisea.
Hoy,
la
historia
de
dos
mujeres
en
un
bosque
tucumano
tratando
de
volver
a
la
civilización.
Y
es
importante
aclarar
aquí
que
ambas
están
bien,
así
que
no
se
preocupen.
Nuestro
editor
Luis
Fernando
Vargas
habló
con
ellas.
Aquí
Luis
Fernando.
Claudia
y
Mónica
López:
esos
son
sus
nombres.
Son
hermanas.
Esta
es
Claudia,
la
mayor,
de
67
años.
Nos
llevamos
bien.
Nos
vemos
semanalmente
y,
bueno,
y
conversamos.
Y
esta
es
Mónica,
la
menor,
tiene
62.
Desde
chicas
siempre
fuimos
muy
compinches,
compañeras.
Nos
contamos
todo.
No
solamente
somos
hermanas,
somos
mejores
amigas.
Para
Mónica,
el
carácter
tan
diferente
de
ambas
hace
que
se
complementen.
¿Viste
como
el
yin
y
el
yang?
Así
somos
nosotras:
el
día
y
la
noche.
Ella
es,
eh,
más
calma.
Yo
me
llevo
todo
por
delante,
Luis.
No
cómo
explicarte.
Tengo
otra
forma
de
ser.
Es
como
que
yo
por
ahí
a
veces
la
subo
a
ella
y
ella
me
baja
un
poco
a
mí.
Y
encontramos
ahí
el
equilibrio
para
tener,
este,
una
buena
relación
y
que
nos
ganas
de…
de
estar
juntas,
¿no?
Ambas
son
de
Buenos
Aires,
están
jubiladas
y,
ahora
que
tienen
tiempo
libre,
les
gusta
viajar.
A
donde
sea.
En
Argentina
han
ido
al
norte,
a
Salta
y
a
Jujuy.
Y
también
han
viajado
a
Colombia.
Y
un
día,
porque
yo
soy
de
meterme
mucho
en
internet
y
estoy
siempre
boludeando
con
esas
cosas,
eh,
veo
que
hay
una
promoción
de
viaje
a
Tucumán.
Tucumán,
otra
provincia
al
norte
de
Argentina.
Ellas
intentaron
visitar
una
parte
cuando
fueron
a
Salta
y
a
Jujuy,
pero
no
les
alcanzó
el
tiempo.
Y,
bueno,
le
mandé
un
mensaje
a
mi
hermana.
Le
digo:
“¿Chaise,
vamos
a
Tucumán?”.
Y
ella
me
dice:
“Bueno,
dale,
listo”.
Ahí
en
el
momento
saqué
los
pasajes,
sin
pensar
mucho.
Nos
informamos
a
ver
cómo
se
podía
hacer
para
conocer
la
provincia.
Teníamos
posibilidad
de
alquilar
un
auto
y
alquilamos
un
departamento
desde
un
espacio,
un
lugar
que
podíamos…
era
accesible
cualquier
parte
de
Tucumán.
Tucumán
es
una
provincia
pequeña
y,
bueno,
íbamos
a
hacer
tres
circuitos
y
conocer
la…
la
parte
histórica
y
el
centro,
¿no?
Tucumán
también
es
una
provincia
con
mucha
industria
agrícola
y
varios
parques
nacionales
y
reservas
naturales.
Tiene
zonas
desérticas,
pero
también
bosques
frondosos,
además
de
un
centro
histórico
con
museos
y
mucho
que
hacer.
Ellas
planeaban
visitar
todo
y
llegaron
el
jueves
22
de
agosto
del
2019
a
la
capital
de
la
provincia.
Ese
día
estuvimos
paseando
un
poco
por
la
calle.
Vimos
la…
la
plaza
central.
Al
día
siguiente
alquilamos
ya
el
auto.
Este,
fuimos
a
recorrer
el
parque
9
de
Julio,
que
es
precioso.
El
parque
9
de
Julio
es
un
área
verde
enorme
en
el
centro
de
la
capital.
Tiene
varias
atracciones
turísticas
y
culturales,
como
la
Casa
de
la
Cultura
Municipal
y
un
lago.
Y
el
sábado…
Empezamos
a
hacer
los
circuitos
que
nos…
que
nos
proponía
turismo,
¿no?
Recorrieron
otra
parte
de
la
ciudad
y
hasta
ahí
todo
bien,
disfrutando,
conociendo
Tucumán.
Y,
bueno,
y
llegó
el
famoso
domingo
en
la
mañana.
¿Qué
va
a
hacer?
Ah,
lo
empezamos
remal,
porque
nos
levantamos
las
dos
medio…
medio
enojadas.
No
sé.
¿Viste
esos
días
que
no
tenés
un
buen
día
cuando
te
levantás?
Quizás
fue
un
indicio
que
no
escuchamos
de
decir:
“No
tenemos
que
salir”.
Salimos
media
mañana,
eh,
ya
viendo
cómo
íbamos
a
hacer.
Yo
estaba
un
poco
apurada
porque
quería
conocer
la…
la
mejor
parte
del
circuito.
La
quería
conocer
bien.
El
circuito
Las
Yungas.
Querían
conocer
el
municipio
de
Yerba
Buena,
donde
hay
varias
atracciones
naturales,
y
subir
al
cerro
San
Javier
para
apreciar
la
vista.
Entonces,
bueno,
estábamos
ahí
viendo
cómo
acomodarnos
con
los
tiempos
y
demás.
En
un
momento
determinado
habíamos
recorrido
algunos
lugares,
eh,
y
nos
encontramos…
con
una
zona
que
era
de
áreas
protegidas,
que
había
una
cascada.
Decidieron
parar.
Era
temprano,
tipo
11
y
media
de
la
mañana.
La
cascada
no
se
veía
desde
la
entrada.
Para
llegar
había
que
bajar
unas
escaleras.
Lo
único
que
había
en
la
entrada
era
una
casita
chiquitita,
que
era
la
oficina
donde
cobraban
el
tiquete,
y
adentro
había
un
guardia
y
un
guardaparque.
Lo
demás
eran
árboles,
árboles
y
árboles.
La
idea
era
ir
a
la
cascada
y
prepararse
un
mate
ahí,
relajarse
un
rato,
y
luego
seguir
el
camino
hacia
San
Javier.
Como
iba
a
ser
una
parada
corta,
solo
se
llevaron
sus
carteras
—con
dinero
y
sus
documentos—
y
unos
bolsos
de
nylon
donde
iban
la
matera
—donde
se
hace
el
mate—,
una
botella
de
agua
de
medio
litro,
unas
nueces
y
unos
bizcochitos
para
comer,
y
sus
celulares.
Pagaron
la
entrada
y
bajaron
las
escaleras,
que
eran
de
unos
500
metros,
muy
empinadas,
hechas
de
tierra
y
tronco.
Y
después
es…
aparecen
un
arroyo
con
piedras,
eh,
para
continuarlo.
Hay
que
tener…
seguir
ese
arroyo
para
encontrarse
con
la
cascada.
Es
una
zona
muy
tupida,
con
muchísima
vegetación.
Caminaron
como
500
o
600
metros
por
el
arroyo
y
finalmente
llegaron
a
la
cascada.
Ah,
el
lugar
es
precioso,
es
un
sueño:
todo
lleno
de
piedra,
eh,
es
un
hilito
de
agua.
Es
una
cascada
muy
chiquitita,
pero
la…
el
agua
baja
con
bastante
potencia.
Y
había
gente
que
veni…
bajaba
para…
con
sus
valijas,
con
su
bolsito
para
tomar
mate
o
en
familia
también.
No
había
muchísima
gente,
pero
había
gente.
Y
ahora
sí,
era
el
momento
de
sentarse
a
tomar
un
mate.
Y
cuando
mi
hermana
prepara
todo
se
da
cuenta
que
no
había
llevado
la
yerba.
Imaginate
el
rosario
de
puteadas
que
le
mandé,
porque
yo
quería
tomar
un
mate.
Habían
caminado
un
buen
trecho,
así
que
descansaron
un
rato
ahí.
Fue
como
una
hora,
sin
mate,
y
luego
decidieron
volver.
Empezaron
a
caminar
por
el
arroyo
que
ya
habían
recorrido,
el
que
las
iba
a
llevar
a
la
escalera.
Pero…
Es
una
escalera
muy
empinada
y
el
cartel
de
salida
está
metido
hacia
adentro,
con
lo
cual
si
uno
no
está
mirando
todo
el
tiempo
la
ladera
de
ese
monte
la
salida
no
se
ve.
Y
nosotros
no
la
vimos.
Y
el
arroyo
—o
sea,
el
camino
a
la
cascada—
bordeaba
un
monte.
Entonces
no
podían
ver
la
cascada
para
ubicarse.
Habíamos
caminado
un
poco.
Entonces,
este,
Mónica
dijo:
“Este
camino
me
parece
que
no
es
el
de
la
vuelta”.
Porque
era
distinto
el
tipo
de
piedras
que
había
y…
y
habíamos
caminado
bastante.
Entonces
empezamos
a
buscar
las…
los
carteles,
las
señales
de
la…
que
decían
salida
y
no
encontramos
nada.
Ya
habían
cruzado
algunos
arroyos
que
se
conectaban
con
el
arroyo
principal
que
conducía
a
la
cascada.
Empecé
a
ver
que
las
piedras
cambiaban
de
color
y
dije:
“Chao,
estamos…
Ya
está.
Este
no
es
el
lugar”.
Quisimos
volver
y
al
volver
—también
desorientadas
como
estábamos—
en
vez
de
agarrar
teóricamente
el
arroyo
por
el
que
habíamos
ido,
agarramos
uno
de
los
que
cruzaba
y
nos
fuimos
a
la
miércoles.
No
se
veía
nadie
cerca
y
no
tenían
señal
de
celular.
Era
después
de
mediodía.
Así
que
directamente
empezamos
a
buscar
la
forma
de
salir.
Seguimos
el
curso
del
agua.
Ese
lugar
no
era.
Entonces
empezamos
a
gritar:
“¡Socorro!
¿Hay
alguien
ahí?
¿Dónde
están?”.
Nadie
nos
contestaba.
Y
después
seguimos
buscando
otro
curso
de
agua
y
así
nos
íbamos
metiendo
cada
vez
más
en
el
monte.
Y
mi
razonamiento
fue
justamente
ese:
si
yo
bajé
para
ir
a
la
cascada,
tengo
que
subir.
Y
ahí
es
donde
nos
equivocamos
de
ladera.
O
sea,
en
lugar
de
subir
por
la
montaña
en
la
que
estaban
las
escaleras,
subieron
por
la
montaña
opuesta,
metiéndose
aún
más
en
el
bosque
Para
ese
entonces
habían
pasado
ahí
unas
tres
horas.
Ya
eran
como
las
tres
de
la
tarde.
Les
pregunté
si
cuando
se
vieron
pérdidas
tuvieron
miedo.
Claudia
me
dijo
que:
Sentí
preocupación,
claro
que
sí.
Eh,
pero
no…
no
le
di
demasiada
trascendencia
porque
lo
que
necesitaba
era
estar
atenta,
estar
despierta,
estar
bien
como
para
poder
tomar
decisiones
que…
que
no
nos
perjudicaran
ni
a
ella
ni
a
mí,
¿no?
Sabía
que
la
solución
la
íbamos
a
encontrar.
Y
lo
mismo
Mónica.
Yo
tengo
tanta
confianza
en
que
voy
a
encontrar
la…
la
solución,
como
siempre
en
mi
vida
lo
hice,
que
sabía
que
de
ahí
íbamos
a
salir.
Al
principio
lo
tomé
con
bastante
inconsciencia,
te
soy
sincera.
Hasta
como
con
un
juego,
¿entendés?
“Ah,
bueno,
estamos
pérdidas.
Esto
es
una
pavada,
salir
de
acá”.
Así
lo
tomé
yo.
Mi
hermana
es
más
cauta.
Mi
hermana
se
sumía
en
los
silencios.
Y,
bueno…
Pero
igual
Mónica
estaba
angustiada
de
que
sus
hijos
se
fueran
a
asustar.
Yo
tengo
dos
hijos
y
los
tres
somos
muy
pegotes
y
vivimos
conectados
en
WhatsApp,
en
el
teléfono,
en…
en
los
mails,
en
todo.
Y
yo
sabía,
porque
veía
mi
teléfono,
que
estaba
la
última
conexión
era
11
y
30
de
la
mañana
del
domingo.
Y
yo
el
domingo
en
la
tarde
ya
estaba…
Eso
me
angustiaba
muchísimo.
Sabía
que
iban
a
estar
desesperados.
Claudia
y
Mónica
estaban
arriba
en
la
ladera
cuando
empezó
a
anochecer,
así
que
decidieron
empezar
a
bajar.
Y
entonces,
bueno,
ahí
fue
cuando
Mónica
me
dijo:
“Esperá,
porque
no
te
va
a
gustar
lo
que
hay
aquí”.
Yo
venía
detrás
de
ella.
Y
así
es
cuando
llegamos,
eh,
a
ese
lugar
en
donde
ya
no
se
podía
bajar.
Era
un
barranco
grande,
imposible
de
bajar
sin
lastimarse.
Mónica
se
sujetó
al
tronco
de
un
árbol
para
no
caerse,
porque
estaba
al
puro
borde.
Recuerden
que
estaban
en
una
ladera
y
era
bastante
empinada:
más
que
caminar,
se
deslizaban
hacia
abajo.
Claudia
estaba
unos
tres
metros
más
arriba,
buscando
un
lugar
seguro
donde
quedarse.
Lo
encontró
y
dejó
su
cartera
y
su
bolsa
de
nylon.
Intentó
ir
a
donde
estaba
Mónica,
pero
ya
no
se
veía
casi
nada,
entonces
se
sujetó
a
otro
árbol
para
no
deslizarse.
Por
miedo
a
caerse
se
quedaron
ahí
y
muy
pronto
se
hizo
completamente
oscuro.
Y,
bueno,
esa
noche
la
tuvimos
que
pasar
11
horas
sentadas,
cada
una,
en
un
tronco.
Mónica
tenía
su
celular,
pero
el
de
Claudia
no
lo
encontraron
hasta
que
se
activó
la
alarma,
cerca
de
las
12
de
la
noche.
Aparte
de
las
luces
de
estos
dos
aparatos,
fueron
11
horas
de
oscuridad
No
veía
nada
y
con
muchísimo
frío.
Teníamos
una
remera,
nada
más.
Y,
bueno,
la
verdad
que
sí,
el
frío
se
sintió,
porque
como
estábamos
sentadas
las
dos
y
no
teníamos
mucha
oportunidad
de…
de
movernos,
el
frío,
¿viste?,
que
se
te
va
metiendo
en
los
huesos.
Y,
bueno,
en
toda
esa
situación,
este,
tratamos
de,
cada
una,
de
ver
cómo
podía
sostenerse
emocionalmente.
Y
estuvimos
conversando
mucho,
viendo
la
forma
de
que
el
frío
no
nos…
no
nos
ganara,
no
nos
venciera.
Nos
sacudíamos
los
brazos,
las
piernas.
Hablábamos
entre
nosotras.
Cada
hora
que
pasaba
me
decía:
“Son
las…
son
las
12.
Es
la
una.
Son
las
dos…”.
Son
las
tres.
Son
las
cuatro.
Me
imagino
esa
noche
y
me
cuesta
entender
cómo
sobrevivieron.
Dos
mujeres
ya
mayores,
balanceadas
de
manera
tan
precaria,
al
borde
de
un
barranco,
inmovilizadas,
en
la
oscuridad
casi
total.
¿En
qué
pensás
en
esos
momentos?
O
mejor
dicho,
¿qué
hacés
para
no
pensar
en
la
urgencia
de
la
situación?
Pues,
en
el
caso
de
las
hermanas
López…
Recordamos
cosas
de
chicas,
de
vacaciones,
del
colegio,
boludeces
de
novios,
peleas
que
habíamos
tenido
nosotras
de
chicas,
cosas
de
la
actualidad
que
por
ahí,
por…
también
por
una
cuestión
de
tiempo
no
nos
habíamos
contado.
Así.
El
tema
que
surgiera.
Era
cualquier
cosa.
Es
decir,
se
refugiaron
en
el
pasado.
En
recuerdos.
Una
manera
de
sobrevivir.
Pero
no
pudieron
ignorar
por
completo
las
circunstancias
en
las
que
estaban.
Porque
sentíamos
ruidos
de
todo
tipo
que
no
los
podíamos
reconocer
y
que
pensábamos
que
eran
animales
o
que
eran,
no
sé,
cualquier
cosa
que
pudiera,
este,
acercarse
a
nosotros.
Nos
estábamos
preguntando,
cuándo
se
sentía
un
ruido,
después
de
un
silencio
importante:
“Este,
¿estás
bien?
¿Estás
ahí?
¿Sos
vos
la
del
ruido?”.
Y
siempre
teníamos
algún
motivo
para…
para
hablarnos,
¿no?
Ya
en
la
madrugada,
antes
de
que
saliera
el
sol…
Dormimos
por
segundos,
por
ahí
nos…
yo
bajaba
los
párpados
y…
y…
pero
tenía
siempre
la
sensación
de
que
me
podía
deslizar,
de
que
me
podía
quedar
dormida
y
perder
el…
el
sostén
de
donde
estaba.
Y
caer
por
el
barranco.
Era
un
peligro
inminente.
Pero
moverse
de
ahí
no
era
una
opción
tampoco.
Estaban
atrapadas
por
la
oscuridad.
A
ratos
se
les
dormían
partes
del
cuerpo,
pero
eran
incapaces
de
moverse
mucho.
No
habían
comido
nada,
solo
habían
tomado
un
poco
de
agua.
Fue
una
de
las
noches
más
duras
de
sus
vidas.
Y
así
llegaron
hasta
el
amanecer.
Una
pausa
y
volvemos.
¿Alguna
vez
has
notado
cómo
la
canción
correcta
puede
cambiar
completamente
tu
estado
de
ánimo?
All
Songs
Considered
es
el
podcast
de
NPR
que
te
ayuda
a
descubrir
nueva
música.
Cada
semana,
ponen
y
discuten
canciones
de
las
que
te
enamorarás,
y
con
las
que
pensarás,
reirás
y,
a
veces,
derramarás
algunas
lágrimas.
Escucha
y
deja
que
All
Songs
Considered
se
vuelva
parte
de
tu
soundtrack
personal.
Hola,
soy
Jorge
Caraballo,
editor
de
crecimiento
en
Radio
Ambulante
y
te
queremos
recordar
que
hay
muchas
formas
de
apoyarnos.
Ya
sea
a
través
del
programa
de
membresías
o
a
través
de
Lupa,
la
app
para
quienes
están
aprendiendo
español.
Y
si
estás
en
Estados
Unidos,
queremos
invitarte
a
que
apoyes
a
tu
estación
de
radio
pública
local.
Para
hacerlo
solamente
tienes
que
ir
a
donate.npr.org/RadioAmbulante.
Donate
se
deletrea:
D-O-N-A-T-E.
Donate,
en
inglés.
Repito:
donate.npr.org/Radio
Ambulante.
¡Muchas
gracias!
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante.
Soy
Daniel
Alarcón.
Antes
de
la
pausa
conocimos
a
Claudia
y
Mónica
López,
dos
hermanas
que
andaban
de
turistas
por
la
provincia
de
Tucumán,
Argentina.
Durante
su
viaje,
se
fueron
a
ver
una
cascada
en
medio
bosque
y
se
perdieron
en
el
camino
de
vuelta.
Al
llegar
la
noche,
Claudia
y
Mónica
quedaron
atrapadas
entre
una
ladera
muy
empinada
y
un
barranco
imposible
de
bajar.
Pasaron
11
horas
agarradas
a
unos
árboles
en
total
oscuridad.
Entonces
llegó
la
mañana
del
lunes.
Ya
llevaban
más
de
15
horas
en
el
bosque
y
apenas
habían
tomado
un
poquito
de
agua.
Luis
Fernando
Vargas
nos
sigue
contando…
Con
la
luz
del
día
pudieron
salir
de
esa
zona
empinada
que
daba
con
el
barranco.
Lograron
llegar
a
un
lugar
más
plano,
donde
había
menos
vegetación
y
más
sol.
Ahí
tomaron
un
poco
de
agua.
Poca
porque
recordemos
que
solo
llevaban
una
botella
de
medio
litro.
Y
si
bien
confiaban
en
que
iban
a
lograr
salir
en
unas
pocas
horas,
en
el
fondo
también
empezaban
a
temer
lo
peor.
Comieron
un
poco
de
lo
que
llevaban:
algunas
nueces
y
medio
paquete
de
bizcochitos.
Los
bizcochitos
y
las
nueces
comimos
porque
sabíamos
que
algo
teníamos
que
comer.
Lo
único
que
queríamos
era
irnos
de
ahí.
Hambre
no
teníamos.
Incluso
hasta
nos
sobraron
bizcochitos,
mirá
vos.
Pero
las
nueces
no,
eh,
las
comimos
todas.
Ahí
descansaron
por
un
rato
después
de
la
noche
tan
dura
que
habían
vivido.
Claudia
intentaba
mantener
la
calma
y
transmitirle
serenidad
a
su
hermana.
Yo
por
lo
menos
no
quería
ponerme
a
pensar
en
nada.
Simplemente
en
estar
bien.
Simplemente
en
estar
atenta
y
en
estar
acompañando
a
mi
hermana
para
poder,
este,
ser
las
dos…
una
ayudándose
a
la
otra.
Pero
a
veces,
claro,
tenía
pensamientos
negativos.
Pequeños
momentos
en
donde
aparecía
el
hecho
de
decir:
“No
me
quiero
morir
congelada
acá”.
O…
o
pensando,
“Uy,
¿qué
puede
pasar
si
me
caigo,
si
me
lastimo,
si
tengo
fiebre?”.
Sí,
sí,
pero
eran
segundos,
segundos.
No…
no
continuábamos
con
esos
pensamientos,
porque
sabíamos
por
experiencia
que
el
pensamiento
es
lo
que
hace
que
las
emociones
surjan
y
las
emociones,
este,
a
veces
no
nos
ayudan.
Hay
que
manejarlas
con
el
pensamiento
también.
Mónica,
por
otro
lado.
Yo
analicé
toda
mi
vida.
En
las
cosas
que
me
equivoqué,
en
las
cosas
que
acerté.
Es
ponerte
a
pensar
que
uno
se
pelea
por
estupideces,
que
hace
diferencia
por
idioteces,
que
te
dejás
de
hablar
porque
por
ahí
estás
apurado
para
ir
al
trabajo,
entonces,
en
vez
de
contestar
un
mensaje
decís,
“bueno,
después
escribo”,
y
ese
después
no
llega
nunca.
Y
vos
decís:
qué
al
pedo
todo,
¿no?
Porque
la
vida
se
te
va
en
un
segundo
y…
y
uno
hace
cuestiones
por…
por
pavadas,
pero
por
pavadas,
Luis.
Y
veces
es
una
pena
que
uno
tenga
que
pasar
una
cosa
así
para
realmente
hacer
un…
un
juicio
de
qué
es
lo
que
estás
haciendo,
dónde
estás
parado
y
hacia
dónde
vas.
Con
todo
eso
en
la
cabeza,
se
le
ocurrió
grabar
un
video
para
sus
hijos.
Se
los
enviaría
por
WhatsApp.
Mi
humilde
pensamiento
fue:
“Bueno,
si
en
algún
momento
hay
señal,
que
les
llegue
el
video
para
que
ellos
estén
tranquilos”.
Y
ese
fue
el
video
que
escuchamos
al
inicio.
Les
vamos
a
contar
una
historia.
Son
8
y
20
de
la
mañana
y
nosotras
estamos
metidas
en
este
bosque
hermosísimo
desde
ayer
a
las
2
de
la
tarde.
En
realidad
Mónica
siempre
usa
el
humor
como
una
estrategia
para
poder
salir
adelante
de
las
situaciones
que
son
críticas,
angustiantes,
para
no
quedar
con
esa…
esas
emociones,
¿no?
Y
aquí
el
humor
servía
también
para
hacerles
creer
a
sus
hijos:
“Esto
no
es
nada
serio”.
Aunque
lo
fuera
Dormimos
en
el
bosque.
En
la
selva
Tucumana.
Colgadas
de
dos
árboles.
Sí,
señor.
Es
quizás
la
única
fortaleza
que
tenga.
Es
como
un
escudo,
¿viste?,
el
humor.
Todo
lo
más
bien.
Llegamos,
nos
sacamos
la
foto,
bla
bla
bla
bla.
Cuando
salimos
de
ahí
no
sabemos
qué
hicimos.
Agarramos
alguna
curva
de
las
piedritas
que
no
correspondía
y
nos
fuimos
a
la
reverenda
concha
de
la
lora.
Tranquila
no
estaba.
El
video
tal
como
me
ves
es
como
soy
yo
estando
bien.
Yo
soy
de
joder,
de…
de
putear,
de
hacer
chistes,
de…
soy
de
hacer
sorpresas,
y
qué
yo.
Así.
Entonces
quería
que
me
vieran
tal
cual
soy
para
que
ellos
aparte
de
escuchar
mi
voz,
que
los
tranquilice,
me
vean
que
estoy
bien.
Y
bueno,
claro,
aprovechar
para
pedir
ayuda.
Así
que
chicos,
Dios
quiera
que
alguien
mande
este
maravilloso
mensaje
y
nos
vengan
a
rescatar.
Porque
queremos
volver,
estamos
cagadas
de
frío.
Agradecidas
de
que
hayamos
pasado
porque
lo
pasamos
bien.
Pero
ya
está.
Pero
ya
está,
no
es
para
repetir.
Así
que,
bueno,
los
amamos,
a
todos.
Exactamente,
los
amamos.
Y
cuándo
le
pregunté
cómo
se
sentía
cuando
grabó
el
video,
Mónica
me
dijo:
No
te
voy
a
contar
cómo
estaba
ni
antes
ni
después
del
video.
Eso
me
lo
guardo
para
mí.
Me
sorprendió
que
me
contestó
casi
todas
las
preguntas,
pero
esta
no.
Lo
interpreto
así:
que
fue
duro
y
quizá
ese
fue
uno
de
los
momentos
más
complicados.
Con
el
video
grabado,
esperando
que
en
algún
momento
hubiera
señal
y
se
enviara,
decidieron
seguir
buscando
la
salida.
Nos
parecía
que
la
solución,
la
cuestión
estaba
para
abajo.
Pero,
bueno,
nos
volvimos
a
encontrar
pendientes
y…
y
tuvimos
que
volver
a
subir.
La
subida
era
muy
complicada
porque
bajábamos
de
cola,
pero
subir,
había
que
subir
trepando.
Y
bueno,
nos
ayudábamos
con
lo
que
podíamos.
Encontrábamos
lianas,
encontrábamos,
este,
siempre
algo
para
ayudarnos.
Y
cuando
estábamos
muy
cansadas,
descansábamos.
Horas
y
horas
caminando.
Eh
yo
salí
más
lastimada
de
mi
hermana…
que
mi
hermana,
porque
era
como
que
yo
tomaba
la
delantera
en
las
subidas
y
las
bajadas.
Así
que
me
tragaba
todos
los
palos,
todas
las
piedras.
A
mi
hermana
un
poco
como
que
le
allanaba
el
camino,
¿viste?
Mientras
buscaban
la
salida,
Mónica
dice
que
ambas
empezaron
a
tener
alucinaciones.
Ay,
no
sabes,
de
todo.
Vimos
personas.
Vimos
vacas.
Vimos
caballos,
este…
vimos
mariposas,
de
todo.
Entonces
yo
decía…
le
decía
a
mi
hermana,
mirábamos
hacia
abajo
y
veíamos
vacas,
caballos,
gente,
y
le
digo:
“Clau,
ahí
está”.
Le
empezábamos
a
gritar
como
locas,
¿no?
Claudia
también
veía
una
especie
de
estructura
de
madera
y
un
pasillo
que
llevaba
a
una
escalera.
Pero
Claudia
le
decía
a
Mónica
que
cerrara
y
volviera
a
abrir
los
ojos.
Y
yo
cerraba
los
ojos,
los
abría
y
no
había
nada.
Era
una
desesperación
enorme.
Y
después
volví
a
ver
cosas
y
yo
le
decía
a
mi
hermana:
“Ahora
no
los
voy
a
cerrar”.
Prefería
seguir
imaginando
que
había
algo
ahí
Pasaron
las
horas
y
otra
vez
se
empezó
a
hacer
de
noche.
Ya
llevaban
más
de
30
horas
dentro
del
bosque.
El
agua
empezaba
a
escasear,
así
que
decidieron
encontrar
un
lugar
plano
para
poder
pasar
la
oscuridad.
Dieron
con
uno
donde
había
un
tronco
que
se
estaba
quemado
y
tenía
humo
saliendo
de
él,
un
poco
de
calor.
Y
buscamos
hojas
para
poder
acostarnos
sobre
ellas
y
teníamos
una
bolsa…
unas
bolsas
de
nylon
para
poder
mantener
un
poquito
más
el
calor.
Esos
días
la
temperatura
en
la
noche
anduvo
entre
los
10
y
14
grados.
Así
que
nos
pusimos
juntas,
nos
acostamos
ahí
y…
y
ahí
ese
día
estábamos
cansadas,
así
que
podemos
dormir.
Llegó
la
mañana
del
martes
y
siguieron
insistiendo
en
encontrar
la
salida
con
la
energía
que
les
quedaba.
En
la
noche
Mónica
había
visto
luces
pendiente
abajo,
así
que
decidieron
ir
por
ahí,
pero
se
volvieron
a
encontrar
con
un
barranco
de
unos
dos
metros
de
altura.
Era
muy
peligroso
tirarse.
Eran
momentos
de
mucho
silencio,
de
moral
baja.
Por
la
tarde
se
les
acabó
el
agua.
Ya
habíamos
empezado
a
juntar
orina.
Porque
si
el
miércoles
teníamos
que
estar
ahí,
ya
no
teníamos
agua.
En
un
momento,
yo
le
digo
a
mi
hermana:
“La
puta
madre,
no
me
quiero
morir
acá”.
Entonces
digo:
“Pero
como
tengo
tantos
cojones,
voy
a
salir
y
voy
a
seguir
hinchándole
las
pelotas
a
mis
hijos”.
Así
se
lo
dije.
Claudia,
como
solía
hacer,
se
hundió
en
el
silencio.
Para
ese
momento
ambas…
Nos
pusimos
en
manos
de
Dios.
Dijimos:
“Para
algo
está
pasando
esto.
Que
se
haga
su
voluntad”.
Aceptamos
lo
que
suceda,
eh…
y
nos…
y
nos
tranquilizamos
en
eso.
Para
la
tarde
del
martes
ya
habían
pasado
más
de
48
horas
en
el
bosque.
El
cansancio
era
demasiado.
Entonces
decidieron
volver
al
tronco
humeante
donde
habían
dormido
la
noche
anterior.
Y
decidimos
hacer
una
casita
porque
encontramos
unos…
unas
cortezas
que…
de
un
tronco
inmenso
que
se
estaban
desprendiendo.
Nos
habíamos
hecho
una
casa
divina
con
troncos,
todas
las
paredes
agarradas
con
liana.
Le
habíamos
hecho
un
techito
con
corteza
de
árbol.
Estaba
divina.
Nos
acostamos
ahí
porque
ya
se
hacía
de
noche
y
es
un
bajón
la
hora
en
la
que
empieza
a
hacerse
de
noche,
porque
sabés
que
después
son
muchísimas
horas
por
delante
de
total
oscuridad,
¿viste?
Nos
tomamos
de
las
manos
y
nos
dijimos:
“Bueno,
que
sea
la
voluntad
de
Dios”.
Y…
Y
que
vamos
a
salir
adelante,
vamos
a
descansar
y
vamos
a
salir
adelante.
Pasaron
unos
minutos
y…
Mi
hermana
roncaba
como
la
mejor,
este,
porque
ella
la
dejás
parada,
no
le
hablas
un
segundo,
y
mi
hermana
se
duerme.
Mónica,
mientras
tanto,
daba
vueltas
de
un
lado
para
el
otro.
Le
dolían
las
rodillas,
así
que
decidió
salir
de
la
casita
para
moverse
un
poco
y
ver
si
le
daba
sueño.
En
eso
vio
dos
luces
que
se
movían
a
ritmos
distintos.
Entonces
yo
dije:
“Son
dos
personas
que
están
caminando”.
Y
empieza
a
gritar:
“¡Socorro!”.
Yo
estaba
dormida.
Empieza
a
gritar:
“¡Socorro!”.
Yo
escucho
su
socorro
y
grito
con
ella.
Empezó:
“¡Socorro,
socorro,
socorro!”.
Y
yo
le
digo:
“Pará,
que
no
me
dejás
escuchar”.
Porque
había…
me
había
parecido
escuchar
la
voz
de
un
hombre.
Pero
como
ya
habíamos
tenido
alucinaciones
el
día
lunes,
yo
dije:
“Por
ahí
me
lo
estoy
imaginando”.
Entonces
le
pedí
que
se
calle.
No
escuchamos
nada.
Yo
seguía
viendo
las
linternas.
Eran
linternas,
pero
de
las
que
traen
los
celulares,
de
baja
potencia.
Claudia
también
las
veía.
Entonces
volví
a
gritar:
“¿Estás
ahí?”.
Y
dice:
“Sí,
estamos
aquí.
Tranquilas
que
las
estamos
buscando”.
Y
cuando
escuché
el
“sí”,
bueno,
ahí
fue
que
nos
agarramos,
nos
abrazamos,
nos…
nos
pusimos
a
llorar.
“¡Estamos
arriba!
¡Estamos
arriba!”,
gritamos
y
nos
abrazamos
y
nos
quedamos,
este,
recontra
emocionadas.
Y
fue
como
una
explosión
de
alegría
y
llanto.
Todo
estaba
oscuro,
así
que
solo
veían
las
dos
linternas
de
los
celulares.
Más
tarde
se
darían
cuenta
que
era
un
gerente
comercial
de
la
agencia
de
autos
Hertz,
dos
lugareños
y
un
policía.
Pero
ellos
no
nos
ubicaban
a
nosotros
porque
buscaban
en
la
parte
de
abajo
de
la
quebrada
del
monte,
no
arriba.
Y
nosotros
no
teníamos
cómo
hacer
luz
para
que
nos
vean.
Entonces
yo
le
decía,
le
gritaba:
“¡Arriba
de
todo!
¡Arriba,
arriba!
¡Fíjate
bien
arriba,
donde
terminan
los…”.
Ya
no
sabía
cómo
explicarle.
Hasta
que
al
final
lograron
localizarlas.
Tardaron
cerca
de
una
hora
en
llegar
hasta
donde
estaban.
La
hora
más
larga
de
mi
vida.
No
llegaban
más.
Y
yo
les
hablaba
a
cada
rato
porque
tenía
tanto
miedo
de
que
o
me
lo
esté
imaginando
o
que
se
arrepientan
porque
no
podían
pasar
y
vuelvan.
Pero
bueno,
nada,
por
suerte
pudieron
llegar.
Vi
la
fortaleza
de
ellas
dos
y
ahí
como
que
dije:
“Qué
loco.
Sin
luz,
sin
nada”.
Y
nada,
lo
único
que
atiné
fue
abrazarlas.
Él
es
Federico
Gómez,
una
de
las
personas
que
las
encontró.
Llevaba
buscándolas
unas
3
o
4
horas.
Y
fue
el
momento
más
especial
de
mi
vida
porque
siento
que
desde
ahí
todo
cambió.
Me
sentí
por
primera
vez
en
esta
vida
útil
para
algo
y
para…
Y
nada,
la
verdad
que
fue
una
sensación
tremenda.
Federico
trabaja
en
Hertz,
la
empresa
donde
Claudia
y
Mónica
alquilaron
el
auto.
La
familia
de
las
hermanas
le
informó
a
la
empresa
que
ambas
estaban
desaparecidas
desde
el
domingo.
Esto
gracias
a
que
Mónica
había
enviado
una
foto
de
la
patente
del
carro
—o
sea,
la
placa—
a
sus
hijos.
Cosa
que
siempre
les
mando
fotos,
pero
jamás
le
había
mandado
de
la
patente
del
auto.
Nunca.
Federico
vive
y
trabaja
en
Salta,
una
provincia
cerca
de
Tucumán.
Pero
la
noticia
de
la
desaparición
de
las
mujeres
se
movió
por
toda
la
empresa
ese
mismo
domingo.
Fue
así
que
Federico
se
enteró.
El
martes,
el
día
que
encontraron
a
Claudia
y
a
Mónica,
Federico
tenía
que
viajar
a
Tucumán
para
dar
una
capacitación
y
aprovechó
que
estaba
ahí
para
unirse
a
la
búsqueda.
Para
ese
entonces
la
noticia
de
que
estaban
desaparecidas
ya
circulaba
por
los
canales
de
televisión
locales.
Empezamos
la
búsqueda
más
o
menos
guiándonos
por
lo
que
los
familiares,
mediante
la
cuenta
de
Google,
habían
detectado
la
última
señal
del
teléfono.
La
ubicación
de
esa
señal
era
en
una
finca.
Federico
y
el
gerente
de
Hertz
en
Tucumán
pidieron
a
un
oficial
de
policía
que
los
llevara
hasta
allá.
Al
llegar
ahí
a…
a
la
finca,
no,
por
supuesto
no
encontramos
nada.
Y
ya
la
verdad
que
se
tornó
más
preocupante
porque
no…
no
había
nada.
No
había
ni
el
teléfono.
No
estaba
ni
el
auto.
Ya
nos
imaginábamos
lo
peor.
Entre
lo
peor
era
que
no…
se
habían
desbarrancado
en
alguna…
en
alguna
cuesta.
Alrededor
de
las
seis
de
la
tarde
decidieron
recorrer
un
circuito
turístico
cercano
a
la
finca.
Se
llama
Circuito
Chico.
En
el
camino
encontraron
el
carro
que
Claudia
y
Mónica
habían
alquilado.
Empezamos
a
gritar
el
nombre
de
Mónica
y
el
solo
hecho
de
escuchar
el
socorro
del
otro
lado…
eh,
nada.
Nos
metimos
a
los
senderos,
que
era
una
pequeña
caminata
en
las
Yungas,
y
con
la
esperanza
de
que
estaban
vivas,
por
así
decirlo.
La
verdad
que
esa
fue
la
sensación.
Y
nada,
nos
metimos
sin
conocer,
sin
saber
dónde
estábamos.
Federico
entró
con
dos
personas
del
lugar
que
estaban
ayudando
en
la
búsqueda.
No
lograron
encontrarlas
a
pesar
de
los
gritos
de
socorro,
entonces
volvieron
a
la
entrada
del
sendero.
Notificaron
a
la
policía,
a
los
bomberos
y
al
guardaparques,
y
volvieron
a
entrar
ya
con
más
guía
sobre
cómo
era
el
terreno
de
la
zona.
Esta
vez
pudieron
dar
con
ellas.
Estábamos
deshidratadas,
sí,
pero
todavía
teníamos,
este,
energía
como
para
poder
colaborar.
Y
lastimadas,
muy
las…
Sí,
la
piel,
es
decir,
las
hojas,
el
deslizarnos
por
la
tierra,
el
tratar
de
trepar,
este,
el
tratar
de
engancharnos
para
no
deslizarnos
del
modo
que
pudiéramos.
Sí,
sí.
Mónica
tiene
un
hombro
bastante
lastimado.
Todavía
tenían
que
salir
de
ahí,
entonces
Federico…
Empecé
a
trabajar
desde
el
lado
de
todo
lo
que
yo
sabía.
Sabía
que
la
nieta
de
una
de
las
señoras
cumplía
años
ese
día.
Sabía
que
el
hijo
estaba
en
Tucumán.
Entonces
empezar
a
incentivarla
con
ese:
“Mirá,
tenemos
que
bajar.
Tu
hijo
está
acá,
así
que
sabe
que
estás
bien.
Tenés
que
darle
un
abrazo.
Mónica
tenés
que
llamar
a
tu
nieta
para
saludarla.
Eh,
mirá
que
hoy
es
su
cumpleaños
y
nunca
la
dejaste
de
saludar”.
Y,
bueno,
empecé
a
motivarla,
motivarla.
Al
llegar
abajo
de
la
loma
en
que
estaban,
se
encontraron
con
bomberos
que
les
dieron
agua
y
caramelos
para
subirles
el
azúcar.
El
hijo
de
Mónica
las
esperaba
a
la
salida.
Había
viajado
a
Tucumán
para
buscar
a
su
mamá.
Y
a
pesar
de
que
los
bomberos
dijeron
que,
y
los
médicos
también,
que
no
se
acerque
a
para
que
yo
no
tengo
una
emoción
muy
fuerte
al
verlo,
yo
empujé
a
medio
mundo,
fui
y
lo
abracé.
Era
lo
que
necesitaba.
Fue
un
encuentro
muy
emotivo.
Un
abrazo
interminable.
Es
algo
que,
viste,
cuando…
cuando
no
te
quieres
desprender
de
una…
de
una
persona.
Como
decir
que
no
pasaba
de
esa
noche,
porque
que
ellas
decían:
“Yo
creo
que
de
noche
no
pasábamos”.
Hablando
con
las
hermanas,
pensé
algo
similar:
Que
una
noche
más
no
aguantaban.
Y
que
quizá,
una
noche
sola
la
una
o
la
otra
hubiera
sido
demasiado.
Lo
lograron
y
tal
vez
la
clave
fue
que
estuvieron
juntas.
Al
llegar
al
apartamento
que
habían
alquilado,
Mónica
puso
a
cargar
su
celular
y
el
video
se
envió.
La
familia
lo
compartió
con
la
gente
que
estuvo
en
el
rescate
y
ellos
lo
volvieron
a
compartir.
Se
volvió
viral.
En
mi
vida
me
imaginé
que
me
iba
a
ver
tantas
veces
tanta
gente.
Un
video
que
era
solamente
para
mis
hijos,
solamente
para
mis
hijos.
Pero
a
raíz
de
ese
video,
se
hicieron
conocidas.
Y
aparecieron
en
programas
de
radio
y
televisión.
Vamos
a
hablar
de
estas
dos
hermanas
que
viajaron
a
Tucumán
y
que
vivieron
una
odisea
que
por
suerte
la
pueden
contar.
¿Las
hermanas
que
se
perdieron
en
Tucumán
están
ya
con
vos,
Roberto?
¿Ya
las
viste,
las
abrazaste?
La
pregunta
es:
no
se
las
ve
en
ese
video
como
dos
pobrecitas
que
están
perdidas
en
la
selva.
Estaban
como
recontradivertidas.
Decir
que
durmieron
colgadas
de
un
árbol,
yo
no
sé,
no
se
las
veía
tan
mal…
Mi
hijo
me
dijo:
“Mamá,
disfrutá
todo
esto
porque
es
tu
momento”.
Y
la
verdad
que
lo
disfruté
a
morir.
Me
divertí,
la
pasé
bárbaro.
Después,
¿no?
Por
supuesto
estando
allá,
no.
Y
del
bosque
salió
recordando
que…
La
vida
son
los
afectos.
Es
la
familia.
Y
no
hay…
No
hay
ningún
motivo
que
justifique
ni
un
enojo,
ni
una
falta
de
saludo,
ni
nada.
Nada.
Porque
hoy
estamos
y
mañana
no
sabemos.
Y
es
valorar
eso.
Es
el
hoy.
Hoy.
Hoy
les
digo
que
los
amo
y
les
digo
que
los
quiero
y
los
besuqueo
por
todos
lados.
Es
hoy.
Mañana
no
sé.
Luis
Fernando
es
editor
en
Radio
Ambulante.
Vive
en
San
José,
Costa
Rica.
Este
episodio
fue
editado
por
Camila
Segura
y
por
mí.
El
diseño
de
sonido
y
la
música
son
de
Andrés
Azpiri
y
Rémy
Lozano.
Andrea
López-Cruzado
hizo
el
fact-checking.
Muchas
gracias
a
Florencia
Flores
de
Tristana
Producciones
por
su
ayuda
en
esta
historia.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Lisette
Arévalo,
Gabriela
Brenes,
Jorge
Caraballo,
Victoria
Estrada,
Miranda
Mazariegos,
Patrick
Moseley,
Laura
Rojas
Aponte,
Barbara
Sawhill,
Luis
Trelles,
David
Trujillo,
y
Elsa
Liliana
Ulloa.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
es
un
podcast
de
Radio
Ambulante
Estudios,
y
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
Hindenburg
PRO.
El
Club
de
Podcast
Radio
Ambulante
es
un
grupo
en
Facebook
en
el
que
oyentes
de
Radio
Ambulante
de
todo
el
mundo
se
encuentran
a
conversar
sobre
los
episodios
y
a
compartir
información
adicional
sobre
las
historias.
Es
uno
de
nuestros
rincones
favoritos
del
internet.
Búsquenlo
en
Facebook
como
Club
de
Podcast
Radio
Ambulante
para
participar.
Ahí
los
esperamos.
Radio
Ambulante
cuenta
las
historias
de
América
Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
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Hace poco más de tres años publicamos los primeros episodios de Radio Ambulante en NPR. Sabíamos que ser parte de la radio pública estadounidense iba a darnos un impulso enorme. Y no estábamos equivocados. Hemos crecido como equipo —en ese entonces éramos solo cinco; ahora somos más de 20—. Y también hemos crecido muchísimo como comunidad: ahora hay cientos de miles de ambulantes escuchando desde todo el mundo. Si quieren vernos seguir creciendo y apoyar la siguiente etapa de Radio Ambulante, hay varias maneras de ayudar. Tenemos un programa de membresías, tenemos una nueva app para los oyentes que están aprendiendo español. Y para los que nos escuchan en Estados Unidos, por favor, consideren apoyar a su emisora local de radio pública. Para hacerlo, ingresen a donate.npr.org/RadioAmbulante. Donate se deletrea: D-O-N-A-T-E. Donate, en inglés. Repito: donate.npr.org/Radio Ambulante. ¡Muchas gracias desde ya por su apoyo! Antes de comenzar, una advertencia: este episodio tiene una muestra muy amplia de vulgaridades argentinas. Se recomienda sacar el cuadernito para apuntar bien las frases. O, si prefieren, discreción. Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Todo comienza con un video: dos señoras de unos 60 años, argentinas, sonrientes, están sentadas en medio de un bosque espeso, muy verdoso. Son 8 y 20 de la mañana y nosotras estamos metidas en este bosque hermosísimo desde ayer a las dos de la tarde. Aclaran que están en un bosque en Tucumán, una provincia de Argentina. Pero no acampando ni algo por el estilo. Al contrario. No sabemos qué hicimos. Agarramos alguna curva de las piedritas que no correspondía y nos fuimos a la reverenda concha de la lora. Por si no quedó claro, se perdieron. Y acá estamos, esperando que alguien nos rescate. Exactamente. Así que, ehm… Porque no tenemos la más puta idea de cómo mierdas salir y no saben la cantidad de cosas que pasamos. Y es que de verdad no se pueden imaginar la cantidad de cosas que pasaron. Fue una odisea. Hoy, la historia de dos mujeres en un bosque tucumano tratando de volver a la civilización. Y es importante aclarar aquí que ambas están bien, así que no se preocupen. Nuestro editor Luis Fernando Vargas habló con ellas. Aquí Luis Fernando. Claudia y Mónica López: esos son sus nombres. Son hermanas. Esta es Claudia, la mayor, de 67 años. Nos llevamos bien. Nos vemos semanalmente y, bueno, y conversamos. Y esta es Mónica, la menor, tiene 62. Desde chicas siempre fuimos muy compinches, compañeras. Nos contamos todo. No solamente somos hermanas, somos mejores amigas. Para Mónica, el carácter tan diferente de ambas hace que se complementen. ¿Viste como el yin y el yang? Así somos nosotras: el día y la noche. Ella es, eh, más calma. Yo me llevo todo por delante, Luis. No sé cómo explicarte. Tengo otra forma de ser. Es como que yo por ahí a veces la subo a ella y ella me baja un poco a mí. Y encontramos ahí el equilibrio para tener, este, una buena relación y que nos dé ganas de… de estar juntas, ¿no? Ambas son de Buenos Aires, están jubiladas y, ahora que tienen tiempo libre, les gusta viajar. A donde sea. En Argentina han ido al norte, a Salta y a Jujuy. Y también han viajado a Colombia. Y un día, porque yo soy de meterme mucho en internet y estoy siempre boludeando con esas cosas, eh, veo que hay una promoción de viaje a Tucumán. Tucumán, otra provincia al norte de Argentina. Ellas intentaron visitar una parte cuando fueron a Salta y a Jujuy, pero no les alcanzó el tiempo. Y, bueno, le mandé un mensaje a mi hermana. Le digo: “¿Chaise, vamos a Tucumán?”. Y ella me dice: “Bueno, dale, listo”. Ahí en el momento saqué los pasajes, sin pensar mucho. Nos informamos a ver cómo se podía hacer para conocer la provincia. Teníamos posibilidad de alquilar un auto y alquilamos un departamento desde un espacio, un lugar que podíamos… era accesible cualquier parte de Tucumán. Tucumán es una provincia pequeña y, bueno, íbamos a hacer tres circuitos y conocer la… la parte histórica y el centro, ¿no? Tucumán también es una provincia con mucha industria agrícola y varios parques nacionales y reservas naturales. Tiene zonas desérticas, pero también bosques frondosos, además de un centro histórico con museos y mucho que hacer. Ellas planeaban visitar todo y llegaron el jueves 22 de agosto del 2019 a la capital de la provincia. Ese día estuvimos paseando un poco por la calle. Vimos la… la plaza central. Al día siguiente alquilamos ya el auto. Este, fuimos a recorrer el parque 9 de Julio, que es precioso. El parque 9 de Julio es un área verde enorme en el centro de la capital. Tiene varias atracciones turísticas y culturales, como la Casa de la Cultura Municipal y un lago. Y el sábado… Empezamos a hacer los circuitos que nos… que nos proponía turismo, ¿no? Recorrieron otra parte de la ciudad y hasta ahí todo bien, disfrutando, conociendo Tucumán. Y, bueno, y llegó el famoso domingo en la mañana. ¿Qué va a hacer? Ah, lo empezamos remal, porque nos levantamos las dos medio… medio enojadas. No sé. ¿Viste esos días que no tenés un buen día cuando te levantás? Quizás fue un indicio que no escuchamos de decir: “No tenemos que salir”. Salimos media mañana, eh, ya viendo cómo íbamos a hacer. Yo estaba un poco apurada porque quería conocer la… la mejor parte del circuito. La quería conocer bien. El circuito Las Yungas. Querían conocer el municipio de Yerba Buena, donde hay varias atracciones naturales, y subir al cerro San Javier para apreciar la vista. Entonces, bueno, estábamos ahí viendo cómo acomodarnos con los tiempos y demás. En un momento determinado habíamos recorrido algunos lugares, eh, y nos encontramos… con una zona que era de áreas protegidas, que había una cascada. Decidieron parar. Era temprano, tipo 11 y media de la mañana. La cascada no se veía desde la entrada. Para llegar había que bajar unas escaleras. Lo único que había en la entrada era una casita chiquitita, que era la oficina donde cobraban el tiquete, y adentro había un guardia y un guardaparque. Lo demás eran árboles, árboles y árboles. La idea era ir a la cascada y prepararse un mate ahí, relajarse un rato, y luego seguir el camino hacia San Javier. Como iba a ser una parada corta, solo se llevaron sus carteras —con dinero y sus documentos— y unos bolsos de nylon donde iban la matera —donde se hace el mate—, una botella de agua de medio litro, unas nueces y unos bizcochitos para comer, y sus celulares. Pagaron la entrada y bajaron las escaleras, que eran de unos 500 metros, muy empinadas, hechas de tierra y tronco. Y después es… aparecen un arroyo con piedras, eh, para continuarlo. Hay que tener… seguir ese arroyo para encontrarse con la cascada. Es una zona muy tupida, con muchísima vegetación. Caminaron como 500 o 600 metros por el arroyo y finalmente llegaron a la cascada. Ah, el lugar es precioso, es un sueño: todo lleno de piedra, eh, es un hilito de agua. Es una cascada muy chiquitita, pero la… el agua baja con bastante potencia. Y había gente que veni… bajaba para… con sus valijas, con su bolsito para tomar mate o en familia también. No había muchísima gente, pero sí había gente. Y ahora sí, era el momento de sentarse a tomar un mate. Y cuando mi hermana prepara todo se da cuenta que no había llevado la yerba. Imaginate el rosario de puteadas que le mandé, porque yo quería tomar un mate. Habían caminado un buen trecho, así que descansaron un rato ahí. Fue como una hora, sin mate, y luego decidieron volver. Empezaron a caminar por el arroyo que ya habían recorrido, el que las iba a llevar a la escalera. Pero… Es una escalera muy empinada y el cartel de salida está metido hacia adentro, con lo cual si uno no está mirando todo el tiempo la ladera de ese monte la salida no se ve. Y nosotros no la vimos. Y el arroyo —o sea, el camino a la cascada— bordeaba un monte. Entonces no podían ver la cascada para ubicarse. Habíamos caminado un poco. Entonces, este, Mónica dijo: “Este camino me parece que no es el de la vuelta”. Porque era distinto el tipo de piedras que había y… y habíamos caminado bastante. Entonces empezamos a buscar las… los carteles, las señales de la… que decían salida y no encontramos nada. Ya habían cruzado algunos arroyos que se conectaban con el arroyo principal que conducía a la cascada. Empecé a ver que las piedras cambiaban de color y dije: “Chao, estamos… Ya está. Este no es el lugar”. Quisimos volver y al volver —también desorientadas como estábamos— en vez de agarrar teóricamente el arroyo por el que habíamos ido, agarramos uno de los que cruzaba y nos fuimos a la miércoles. No se veía nadie cerca y no tenían señal de celular. Era después de mediodía. Así que directamente empezamos a buscar la forma de salir. Seguimos el curso del agua. Ese lugar no era. Entonces empezamos a gritar: “¡Socorro! ¿Hay alguien ahí? ¿Dónde están?”. Nadie nos contestaba. Y después seguimos buscando otro curso de agua y así nos íbamos metiendo cada vez más en el monte. Y mi razonamiento fue justamente ese: si yo bajé para ir a la cascada, tengo que subir. Y ahí es donde nos equivocamos de ladera. O sea, en lugar de subir por la montaña en la que estaban las escaleras, subieron por la montaña opuesta, metiéndose aún más en el bosque Para ese entonces habían pasado ahí unas tres horas. Ya eran como las tres de la tarde. Les pregunté si cuando se vieron pérdidas tuvieron miedo. Claudia me dijo que: Sentí preocupación, claro que sí. Eh, pero no… no le di demasiada trascendencia porque lo que necesitaba era estar atenta, estar despierta, estar bien como para poder tomar decisiones que… que no nos perjudicaran ni a ella ni a mí, ¿no? Sabía que la solución la íbamos a encontrar. Y lo mismo Mónica. Yo tengo tanta confianza en que voy a encontrar la… la solución, como siempre en mi vida lo hice, que sabía que de ahí íbamos a salir. Al principio lo tomé con bastante inconsciencia, te soy sincera. Hasta como con un juego, ¿entendés? “Ah, bueno, estamos pérdidas. Esto es una pavada, salir de acá”. Así lo tomé yo. Mi hermana es más cauta. Mi hermana se sumía en los silencios. Y, bueno… Pero igual Mónica estaba angustiada de que sus hijos se fueran a asustar. Yo tengo dos hijos y los tres somos muy pegotes y vivimos conectados en WhatsApp, en el teléfono, en… en los mails, en todo. Y yo sabía, porque veía mi teléfono, que estaba la última conexión era 11 y 30 de la mañana del domingo. Y yo el domingo en la tarde ya estaba… Eso sí me angustiaba muchísimo. Sabía que iban a estar desesperados. Claudia y Mónica estaban arriba en la ladera cuando empezó a anochecer, así que decidieron empezar a bajar. Y entonces, bueno, ahí fue cuando Mónica me dijo: “Esperá, porque no te va a gustar lo que hay aquí”. Yo venía detrás de ella. Y así es cuando llegamos, eh, a ese lugar en donde ya no se podía bajar. Era un barranco grande, imposible de bajar sin lastimarse. Mónica se sujetó al tronco de un árbol para no caerse, porque estaba al puro borde. Recuerden que estaban en una ladera y era bastante empinada: más que caminar, se deslizaban hacia abajo. Claudia estaba unos tres metros más arriba, buscando un lugar seguro donde quedarse. Lo encontró y dejó su cartera y su bolsa de nylon. Intentó ir a donde estaba Mónica, pero ya no se veía casi nada, entonces se sujetó a otro árbol para no deslizarse. Por miedo a caerse se quedaron ahí y muy pronto se hizo completamente oscuro. Y, bueno, esa noche la tuvimos que pasar 11 horas sentadas, cada una, en un tronco. Mónica tenía su celular, pero el de Claudia no lo encontraron hasta que se activó la alarma, cerca de las 12 de la noche. Aparte de las luces de estos dos aparatos, fueron 11 horas de oscuridad No veía nada y con muchísimo frío. Teníamos una remera, nada más. Y, bueno, la verdad que sí, el frío se sintió, porque como estábamos sentadas las dos y no teníamos mucha oportunidad de… de movernos, el frío, ¿viste?, que se te va metiendo en los huesos. Y, bueno, en toda esa situación, este, tratamos de, cada una, de ver cómo podía sostenerse emocionalmente. Y estuvimos conversando mucho, viendo la forma de que el frío no nos… no nos ganara, no nos venciera. Nos sacudíamos los brazos, las piernas. Hablábamos entre nosotras. Cada hora que pasaba me decía: “Son las… son las 12. Es la una. Son las dos…”. Son las tres. Son las cuatro. Me imagino esa noche y me cuesta entender cómo sobrevivieron. Dos mujeres ya mayores, balanceadas de manera tan precaria, al borde de un barranco, inmovilizadas, en la oscuridad casi total. ¿En qué pensás en esos momentos? O mejor dicho, ¿qué hacés para no pensar en la urgencia de la situación? Pues, en el caso de las hermanas López… Recordamos cosas de chicas, de vacaciones, del colegio, boludeces de novios, peleas que habíamos tenido nosotras de chicas, cosas de la actualidad que por ahí, por… también por una cuestión de tiempo no nos habíamos contado. Así. El tema que surgiera. Era cualquier cosa. Es decir, se refugiaron en el pasado. En recuerdos. Una manera de sobrevivir. Pero no pudieron ignorar por completo las circunstancias en las que estaban. Porque sentíamos ruidos de todo tipo que no los podíamos reconocer y que pensábamos que eran animales o que eran, no sé, cualquier cosa que pudiera, este, acercarse a nosotros. Nos estábamos preguntando, cuándo se sentía un ruido, después de un silencio importante: “Este, ¿estás bien? ¿Estás ahí? ¿Sos vos la del ruido?”. Y siempre teníamos algún motivo para… para hablarnos, ¿no? Ya en la madrugada, antes de que saliera el sol… Dormimos por segundos, por ahí nos… yo bajaba los párpados y… y… pero tenía siempre la sensación de que me podía deslizar, de que me podía quedar dormida y perder el… el sostén de donde estaba. Y caer por el barranco. Era un peligro inminente. Pero moverse de ahí no era una opción tampoco. Estaban atrapadas por la oscuridad. A ratos se les dormían partes del cuerpo, pero eran incapaces de moverse mucho. No habían comido nada, solo habían tomado un poco de agua. Fue una de las noches más duras de sus vidas. Y así llegaron hasta el amanecer. Una pausa y volvemos. ¿Alguna vez has notado cómo la canción correcta puede cambiar completamente tu estado de ánimo? All Songs Considered es el podcast de NPR que te ayuda a descubrir nueva música. Cada semana, ponen y discuten canciones de las que te enamorarás, y con las que pensarás, reirás y, a veces, derramarás algunas lágrimas. Escucha y deja que All Songs Considered se vuelva parte de tu soundtrack personal. Hola, soy Jorge Caraballo, editor de crecimiento en Radio Ambulante y te queremos recordar que hay muchas formas de apoyarnos. Ya sea a través del programa de membresías o a través de Lupa, la app para quienes están aprendiendo español. Y si estás en Estados Unidos, queremos invitarte a que apoyes a tu estación de radio pública local. Para hacerlo solamente tienes que ir a donate.npr.org/RadioAmbulante. Donate se deletrea: D-O-N-A-T-E. Donate, en inglés. Repito: donate.npr.org/Radio Ambulante. ¡Muchas gracias! Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Antes de la pausa conocimos a Claudia y Mónica López, dos hermanas que andaban de turistas por la provincia de Tucumán, Argentina. Durante su viaje, se fueron a ver una cascada en medio bosque y se perdieron en el camino de vuelta. Al llegar la noche, Claudia y Mónica quedaron atrapadas entre una ladera muy empinada y un barranco imposible de bajar. Pasaron 11 horas agarradas a unos árboles en total oscuridad. Entonces llegó la mañana del lunes. Ya llevaban más de 15 horas en el bosque y apenas habían tomado un poquito de agua. Luis Fernando Vargas nos sigue contando… Con la luz del día pudieron salir de esa zona empinada que daba con el barranco. Lograron llegar a un lugar más plano, donde había menos vegetación y más sol. Ahí tomaron un poco de agua. Poca porque recordemos que solo llevaban una botella de medio litro. Y si bien confiaban en que iban a lograr salir en unas pocas horas, en el fondo también empezaban a temer lo peor. Comieron un poco de lo que llevaban: algunas nueces y medio paquete de bizcochitos. Los bizcochitos y las nueces comimos porque sabíamos que algo teníamos que comer. Lo único que queríamos era irnos de ahí. Hambre no teníamos. Incluso hasta nos sobraron bizcochitos, mirá vos. Pero las nueces no, eh, las comimos todas. Ahí descansaron por un rato después de la noche tan dura que habían vivido. Claudia intentaba mantener la calma y transmitirle serenidad a su hermana. Yo por lo menos no quería ponerme a pensar en nada. Simplemente en estar bien. Simplemente en estar atenta y en estar acompañando a mi hermana para poder, este, ser las dos… una ayudándose a la otra. Pero a veces, claro, tenía pensamientos negativos. Pequeños momentos en donde aparecía el hecho de decir: “No me quiero morir congelada acá”. O… o pensando, “Uy, ¿qué puede pasar si me caigo, si me lastimo, si tengo fiebre?”. Sí, sí, pero eran segundos, segundos. No… no continuábamos con esos pensamientos, porque sabíamos por experiencia que el pensamiento es lo que hace que las emociones surjan y las emociones, este, a veces no nos ayudan. Hay que manejarlas con el pensamiento también. Mónica, por otro lado. Yo analicé toda mi vida. En las cosas que me equivoqué, en las cosas que acerté. Es ponerte a pensar que uno se pelea por estupideces, que hace diferencia por idioteces, que te dejás de hablar porque por ahí estás apurado para ir al trabajo, entonces, en vez de contestar un mensaje decís, “bueno, después escribo”, y ese después no llega nunca. Y vos decís: qué al pedo todo, ¿no? Porque la vida se te va en un segundo y… y uno hace cuestiones por… por pavadas, pero por pavadas, Luis. Y veces es una pena que uno tenga que pasar una cosa así para realmente hacer un… un juicio de qué es lo que estás haciendo, dónde estás parado y hacia dónde vas. Con todo eso en la cabeza, se le ocurrió grabar un video para sus hijos. Se los enviaría por WhatsApp. Mi humilde pensamiento fue: “Bueno, si en algún momento hay señal, que les llegue el video para que ellos estén tranquilos”. Y ese fue el video que escuchamos al inicio. Les vamos a contar una historia. Son 8 y 20 de la mañana y nosotras estamos metidas en este bosque hermosísimo desde ayer a las 2 de la tarde. En realidad Mónica siempre usa el humor como una estrategia para poder salir adelante de las situaciones que son críticas, angustiantes, para no quedar con esa… esas emociones, ¿no? Y aquí el humor servía también para hacerles creer a sus hijos: “Esto no es nada serio”. Aunque lo fuera Dormimos en el bosque. En la selva Tucumana. Colgadas de dos árboles. Sí, señor. Es quizás la única fortaleza que tenga. Es como un escudo, ¿viste?, el humor. Todo lo más bien. Llegamos, nos sacamos la foto, bla bla bla bla. Cuando salimos de ahí no sabemos qué hicimos. Agarramos alguna curva de las piedritas que no correspondía y nos fuimos a la reverenda concha de la lora. Tranquila no estaba. El video tal como me ves es como soy yo estando bien. Yo soy de joder, de… de putear, de hacer chistes, de… soy de hacer sorpresas, y qué sé yo. Así. Entonces quería que me vieran tal cual soy para que ellos aparte de escuchar mi voz, que los tranquilice, me vean que estoy bien. Y bueno, claro, aprovechar para pedir ayuda. Así que chicos, Dios quiera que alguien mande este maravilloso mensaje y nos vengan a rescatar. Porque queremos volver, estamos cagadas de frío. Agradecidas de que hayamos pasado porque lo pasamos bien. Pero ya está. Pero ya está, no es para repetir. Así que, bueno, los amamos, a todos. Exactamente, los amamos. Y cuándo le pregunté cómo se sentía cuando grabó el video, Mónica me dijo: No te voy a contar cómo estaba ni antes ni después del video. Eso me lo guardo para mí. Me sorprendió que me contestó casi todas las preguntas, pero esta no. Lo interpreto así: que fue duro y quizá ese fue uno de los momentos más complicados. Con el video grabado, esperando que en algún momento hubiera señal y se enviara, decidieron seguir buscando la salida. Nos parecía que la solución, la cuestión estaba para abajo. Pero, bueno, nos volvimos a encontrar pendientes y… y tuvimos que volver a subir. La subida era muy complicada porque bajábamos de cola, pero subir, había que subir trepando. Y bueno, nos ayudábamos con lo que podíamos. Encontrábamos lianas, encontrábamos, este, siempre algo para ayudarnos. Y cuando estábamos muy cansadas, descansábamos. Horas y horas caminando. Eh yo salí más lastimada de mi hermana… que mi hermana, porque era como que yo tomaba la delantera en las subidas y las bajadas. Así que me tragaba todos los palos, todas las piedras. A mi hermana un poco como que le allanaba el camino, ¿viste? Mientras buscaban la salida, Mónica dice que ambas empezaron a tener alucinaciones. Ay, no sabes, de todo. Vimos personas. Vimos vacas. Vimos caballos, este… vimos mariposas, de todo. Entonces yo decía… le decía a mi hermana, mirábamos hacia abajo y veíamos vacas, caballos, gente, y le digo: “Clau, ahí está”. Le empezábamos a gritar como locas, ¿no? Claudia también veía una especie de estructura de madera y un pasillo que llevaba a una escalera. Pero Claudia le decía a Mónica que cerrara y volviera a abrir los ojos. Y yo cerraba los ojos, los abría y no había nada. Era una desesperación enorme. Y después volví a ver cosas y yo le decía a mi hermana: “Ahora no los voy a cerrar”. Prefería seguir imaginando que había algo ahí Pasaron las horas y otra vez se empezó a hacer de noche. Ya llevaban más de 30 horas dentro del bosque. El agua empezaba a escasear, así que decidieron encontrar un lugar plano para poder pasar la oscuridad. Dieron con uno donde había un tronco que se estaba quemado y tenía humo saliendo de él, un poco de calor. Y buscamos hojas para poder acostarnos sobre ellas y teníamos una bolsa… unas bolsas de nylon para poder mantener un poquito más el calor. Esos días la temperatura en la noche anduvo entre los 10 y 14 grados. Así que nos pusimos juntas, nos acostamos ahí y… y ahí ese día estábamos cansadas, así que sí podemos dormir. Llegó la mañana del martes y siguieron insistiendo en encontrar la salida con la energía que les quedaba. En la noche Mónica había visto luces pendiente abajo, así que decidieron ir por ahí, pero se volvieron a encontrar con un barranco de unos dos metros de altura. Era muy peligroso tirarse. Eran momentos de mucho silencio, de moral baja. Por la tarde se les acabó el agua. Ya habíamos empezado a juntar orina. Porque si el miércoles teníamos que estar ahí, ya no teníamos agua. En un momento, yo le digo a mi hermana: “La puta madre, no me quiero morir acá”. Entonces digo: “Pero como tengo tantos cojones, voy a salir y voy a seguir hinchándole las pelotas a mis hijos”. Así se lo dije. Claudia, como solía hacer, se hundió en el silencio. Para ese momento ambas… Nos pusimos en manos de Dios. Dijimos: “Para algo está pasando esto. Que se haga su voluntad”. Aceptamos lo que suceda, eh… y nos… y nos tranquilizamos en eso. Para la tarde del martes ya habían pasado más de 48 horas en el bosque. El cansancio era demasiado. Entonces decidieron volver al tronco humeante donde habían dormido la noche anterior. Y decidimos hacer una casita porque encontramos unos… unas cortezas que… de un tronco inmenso que se estaban desprendiendo. Nos habíamos hecho una casa divina con troncos, todas las paredes agarradas con liana. Le habíamos hecho un techito con corteza de árbol. Estaba divina. Nos acostamos ahí porque ya se hacía de noche y es un bajón la hora en la que empieza a hacerse de noche, porque sabés que después son muchísimas horas por delante de total oscuridad, ¿viste? Nos tomamos de las manos y nos dijimos: “Bueno, que sea la voluntad de Dios”. Y… Y que vamos a salir adelante, vamos a descansar y vamos a salir adelante. Pasaron unos minutos y… Mi hermana roncaba como la mejor, este, porque ella la dejás parada, no le hablas un segundo, y mi hermana se duerme. Mónica, mientras tanto, daba vueltas de un lado para el otro. Le dolían las rodillas, así que decidió salir de la casita para moverse un poco y ver si le daba sueño. En eso vio dos luces que se movían a ritmos distintos. Entonces yo dije: “Son dos personas que están caminando”. Y empieza a gritar: “¡Socorro!”. Yo estaba dormida. Empieza a gritar: “¡Socorro!”. Yo escucho su socorro y grito con ella. Empezó: “¡Socorro, socorro, socorro!”. Y yo le digo: “Pará, que no me dejás escuchar”. Porque había… me había parecido escuchar la voz de un hombre. Pero como ya habíamos tenido alucinaciones el día lunes, yo dije: “Por ahí me lo estoy imaginando”. Entonces le pedí que se calle. No escuchamos nada. Yo seguía viendo las linternas. Eran linternas, pero de las que traen los celulares, de baja potencia. Claudia también las veía. Entonces volví a gritar: “¿Estás ahí?”. Y dice: “Sí, estamos aquí. Tranquilas que las estamos buscando”. Y cuando escuché el “sí”, bueno, ahí fue que nos agarramos, nos abrazamos, nos… nos pusimos a llorar. “¡Estamos arriba! ¡Estamos arriba!”, gritamos y nos abrazamos y nos quedamos, este, recontra emocionadas. Y fue como una explosión de alegría y llanto. Todo estaba oscuro, así que solo veían las dos linternas de los celulares. Más tarde se darían cuenta que era un gerente comercial de la agencia de autos Hertz, dos lugareños y un policía. Pero ellos no nos ubicaban a nosotros porque buscaban en la parte de abajo de la quebrada del monte, no arriba. Y nosotros no teníamos cómo hacer luz para que nos vean. Entonces yo le decía, le gritaba: “¡Arriba de todo! ¡Arriba, arriba! ¡Fíjate bien arriba, donde terminan los…”. Ya no sabía cómo explicarle. Hasta que al final lograron localizarlas. Tardaron cerca de una hora en llegar hasta donde estaban. La hora más larga de mi vida. No llegaban más. Y yo les hablaba a cada rato porque tenía tanto miedo de que o me lo esté imaginando o que se arrepientan porque no podían pasar y vuelvan. Pero bueno, nada, por suerte pudieron llegar. Vi la fortaleza de ellas dos y ahí como que dije: “Qué loco. Sin luz, sin nada”. Y nada, lo único que atiné fue abrazarlas. Él es Federico Gómez, una de las personas que las encontró. Llevaba buscándolas unas 3 o 4 horas. Y fue el momento más especial de mi vida porque siento que desde ahí todo cambió. Me sentí por primera vez en esta vida útil para algo y para… Y nada, la verdad que fue una sensación tremenda. Federico trabaja en Hertz, la empresa donde Claudia y Mónica alquilaron el auto. La familia de las hermanas le informó a la empresa que ambas estaban desaparecidas desde el domingo. Esto gracias a que Mónica había enviado una foto de la patente del carro —o sea, la placa— a sus hijos. Cosa que siempre les mando fotos, pero jamás le había mandado de la patente del auto. Nunca. Federico vive y trabaja en Salta, una provincia cerca de Tucumán. Pero la noticia de la desaparición de las mujeres se movió por toda la empresa ese mismo domingo. Fue así que Federico se enteró. El martes, el día que encontraron a Claudia y a Mónica, Federico tenía que viajar a Tucumán para dar una capacitación y aprovechó que estaba ahí para unirse a la búsqueda. Para ese entonces la noticia de que estaban desaparecidas ya circulaba por los canales de televisión locales. Empezamos la búsqueda más o menos guiándonos por lo que los familiares, mediante la cuenta de Google, habían detectado la última señal del teléfono. La ubicación de esa señal era en una finca. Federico y el gerente de Hertz en Tucumán pidieron a un oficial de policía que los llevara hasta allá. Al llegar ahí a… a la finca, no, por supuesto no encontramos nada. Y ya la verdad que se tornó más preocupante porque no… no había nada. No había ni el teléfono. No estaba ni el auto. Ya nos imaginábamos lo peor. Entre lo peor era que no… se habían desbarrancado en alguna… en alguna cuesta. Alrededor de las seis de la tarde decidieron recorrer un circuito turístico cercano a la finca. Se llama Circuito Chico. En el camino encontraron el carro que Claudia y Mónica habían alquilado. Empezamos a gritar el nombre de Mónica y el solo hecho de escuchar el socorro del otro lado… eh, nada. Nos metimos a los senderos, que era una pequeña caminata en las Yungas, y con la esperanza de que estaban vivas, por así decirlo. La verdad que esa fue la sensación. Y nada, nos metimos sin conocer, sin saber dónde estábamos. Federico entró con dos personas del lugar que estaban ayudando en la búsqueda. No lograron encontrarlas a pesar de los gritos de socorro, entonces volvieron a la entrada del sendero. Notificaron a la policía, a los bomberos y al guardaparques, y volvieron a entrar ya con más guía sobre cómo era el terreno de la zona. Esta vez sí pudieron dar con ellas. Estábamos deshidratadas, sí, pero todavía teníamos, este, energía como para poder colaborar. Y lastimadas, muy las… Sí, la piel, es decir, las hojas, el deslizarnos por la tierra, el tratar de trepar, este, el tratar de engancharnos para no deslizarnos del modo que pudiéramos. Sí, sí. Mónica tiene un hombro bastante lastimado. Todavía tenían que salir de ahí, entonces Federico… Empecé a trabajar desde el lado de todo lo que yo sabía. Sabía que la nieta de una de las señoras cumplía años ese día. Sabía que el hijo estaba en Tucumán. Entonces empezar a incentivarla con ese: “Mirá, tenemos que bajar. Tu hijo está acá, así que sabe que estás bien. Tenés que darle un abrazo. Mónica tenés que llamar a tu nieta para saludarla. Eh, mirá que hoy es su cumpleaños y nunca la dejaste de saludar”. Y, bueno, empecé a motivarla, motivarla. Al llegar abajo de la loma en que estaban, se encontraron con bomberos que les dieron agua y caramelos para subirles el azúcar. El hijo de Mónica las esperaba a la salida. Había viajado a Tucumán para buscar a su mamá. Y a pesar de que los bomberos dijeron que, y los médicos también, que no se acerque a mí para que yo no tengo una emoción muy fuerte al verlo, yo empujé a medio mundo, fui y lo abracé. Era lo que necesitaba. Fue un encuentro muy emotivo. Un abrazo interminable. Es algo que, viste, cuando… cuando no te quieres desprender de una… de una persona. Como decir que no pasaba de esa noche, porque que ellas decían: “Yo creo que de noche no pasábamos”. Hablando con las hermanas, pensé algo similar: Que una noche más no aguantaban. Y que quizá, una noche sola la una o la otra hubiera sido demasiado. Lo lograron y tal vez la clave fue que estuvieron juntas. Al llegar al apartamento que habían alquilado, Mónica puso a cargar su celular y el video se envió. La familia lo compartió con la gente que estuvo en el rescate y ellos lo volvieron a compartir. Se volvió viral. En mi vida me imaginé que me iba a ver tantas veces tanta gente. Un video que era solamente para mis hijos, solamente para mis hijos. Pero a raíz de ese video, se hicieron conocidas. Y aparecieron en programas de radio y televisión. Vamos a hablar de estas dos hermanas que viajaron a Tucumán y que vivieron una odisea que por suerte la pueden contar. ¿Las hermanas que se perdieron en Tucumán están ya con vos, Roberto? ¿Ya las viste, las abrazaste? La pregunta es: no se las ve en ese video como dos pobrecitas que están perdidas en la selva. Estaban como recontradivertidas. Decir que durmieron colgadas de un árbol, yo no sé, no se las veía tan mal… Mi hijo me dijo: “Mamá, disfrutá todo esto porque es tu momento”. Y la verdad que lo disfruté a morir. Me divertí, la pasé bárbaro. Después, ¿no? Por supuesto estando allá, no. Y del bosque salió recordando que… La vida son los afectos. Es la familia. Y no hay… No hay ningún motivo que justifique ni un enojo, ni una falta de saludo, ni nada. Nada. Porque hoy estamos y mañana no sabemos. Y es valorar eso. Es el hoy. Hoy. Hoy les digo que los amo y les digo que los quiero y los besuqueo por todos lados. Es hoy. Mañana no sé. Luis Fernando es editor en Radio Ambulante. Vive en San José, Costa Rica. Este episodio fue editado por Camila Segura y por mí. El diseño de sonido y la música son de Andrés Azpiri y Rémy Lozano. Andrea López-Cruzado hizo el fact-checking. Muchas gracias a Florencia Flores de Tristana Producciones por su ayuda en esta historia. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Lisette Arévalo, Gabriela Brenes, Jorge Caraballo, Victoria Estrada, Miranda Mazariegos, Patrick Moseley, Laura Rojas Aponte, Barbara Sawhill, Luis Trelles, David Trujillo, y Elsa Liliana Ulloa. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, y se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. El Club de Podcast Radio Ambulante es un grupo en Facebook en el que oyentes de Radio Ambulante de todo el mundo se encuentran a conversar sobre los episodios y a compartir información adicional sobre las historias. Es uno de nuestros rincones favoritos del internet. Búsquenlo en Facebook como Club de Podcast Radio Ambulante para participar. Ahí los esperamos. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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