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Radio Ambulante - Permanencia temporal

-
+
15
30

Anamer salió de Venezuela como tantos, huyendo de una crisis económica y política que parece no tener solución. Llegó a Perú y, a diferencia de muchos venezolanos que han llegado a otros países, fue bien recibida. Pensó que había encontrado un nuevo hogar, hasta que, un día, se dio cuenta de que algo había cambiado.

¿Por
qué
deberían
escuchar
Radio
Ambulante?
Por
las
historias
que
les
traemos
cada
semana.
Por
las
voces
que
les
presentamos,
voces
que
no
vas
a
escuchar
en
ningún
otro
lado.
Nos
encanta
traerles
estas
historias.
Latinoamérica
es
una
región
complicada
y
maravillosa.
Contamos
estas
historias
para
ayudarles
a
entenderla
mejor.
Entonces,
muchos
de
ustedes
nos
han
preguntado
cómo
pueden
apoyar
a
Radio
Ambulante.
Hay
varias
maneras.
Pueden
recomendarnos
a
un
amigo,
o
pueden
dejarnos
una
reseña
en
iTunes.
Incluso
pueden
hacer
una
donación
si
van
a
nuestra
página
web
—radioambulante.org—.
Producir
este
tipo
de
contenido
cuesta
mucha
plata:
desde
pagar
a
editores
y
productores,
hasta
el
alquiler
de
estudios
y
compra
de
equipo.
Cada
ayuda
que
recibamos,
por
más
pequeña
que
sea,
significa
un
montón.
Y
para
nuestra
audiencia
en
los
Estados
Unidos,
por
favor:
también
consideren
apoyar
a
su
emisora
de
Radio
Pública
local.
Pueden
hacerlo
entrando
a
la
página
donate.npr.org/RadioAmbulante.
Donate
se
deletrea:
donate:
D-O-N-A-T-E.
Repito:
donate.npr.org/Radio
Ambulante.
Muchísimas
gracias.
Y
de
parte
de
todo
el
equipo
de
Radio
Ambulante,
les
deseamos
felices
fiestas.
Bienvenidos
a
Radio
Ambulante,
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.
Simplemente
nuestra
vida
cabe
en
una
maleta.
Nuestra
vida
es
una
maleta.
Se
convirtió
en
eso.
Se
habla
tanto
del
éxodo
venezolano.
El
éxodo
venezolano:
esa
es
la
noticia.
Miles
salen
de
su
país
cada
día.
Estamos
hablando
de
flujo
de
desplazados
que
no
se
habían
visto
antes
en
la
región.
Por
lo
menos
unos
2
millones
300
mil
venezolanos
han
huído
de
su
país.
Son
números
increíbles.
En
los
últimos
años,
más
de
2
millones
de
venezolanos
han
salido
de
su
país.
Escuchen
bien:
es
casi
el
7
por
ciento
de
la
población.
Pero
a
veces
se
nos
olvidan
las
historias.
O
mejor
dicho,
las
historias
humanas
se
pierden
entre
las
cifras
tan
chocantes.
Historias
como
la
de
la
mujer
que
escuchamos
al
inicio.
Mi
nombre
es
Anamer
Alejandra
Salazar
Chirinos.
Tengo
29
años.
Nací
en
El
Tigre,
estado
Anzoátegui,
en
Venezuela.
En
el
caso
de
Anamer,
llegó
primero
a
Panamá,
aunque
terminaría
en
el
Perú.
Los
venezolanos
como
ella
están
migrando
a
cualquier
país
que
los
acepte:
a
Colombia,
Ecuador,
Brasil,
Chile,
Argentina,
México,
Costa
Rica.
Se
están
moviendo
por
toda
Latinoamérica.
En
cada
lugar
han
sido
recibidos
de
manera
diferente,
dependiendo
de
la
política
local,
de
la
geografía,
de
la
situación
económica,
de
la
historia
que
comparten
con
Venezuela.
Y
hemos
reportado
sobre
este
fenómeno
antes,
pero
para
este
episodio
nuestro
enfoque
es
un
poco
diferente.
No
tanto
en
la
travesía,
sino
en
la
llegada.
La
integración.
Cómo
es
que
afecta
la
llegada
masiva
de
migrantes
al
país
que
los
recibe.
En
este
caso
al
Perú,
donde
se
calcula
que
han
llegado
cerca
de
600
mil
venezolanos.
Conocimos
la
historia
de
Anamer
por
dos
periodistas…
Soy
Diego
Salazar.
Nací,
crecí
en
Lima.
Viví
en
España
10
años
y
regresé
al
Perú
en
el
año
2012.
Y…
Yo
soy
Lizzy
Cantú.
Vivo
en
Lima
hace
ocho
años.
Lizzy
es
mexicana.
Los
dos
saben
lo
que
es
ser
migrante
y
se
sintieron
muy
conmovidos
por
la
situación
de
los
venezolanos.
Entonces,
Anamer.
Anamer
es
periodista.
Y
bueno,
su
vida
en
El
Tigre
era
la
típica
de
cualquier
profesional
liberal
de
clase
media
latinoamericana.
Trabajaba
en
un
periódico
local,
vivía
con
su
novio
Jorge,
que
es
diseñador
gráfico,
tenían
su
propio
apartamento.
Era
una
vida
buena,
cómoda.
Próspera.
Hasta
el
2016.
El
Gobierno
de
Venezuela
declaró
hoy
una
situación
de
emergencia
económica.
El
año
en
que
la
vida
para
muchos
se
volvió
insostenible.
La
inflación
anual
podría
cerrar
este
año
en
un
millón
por
ciento.
Y
estalló
una
crisis
humanitaria.
La
situación
está
cada
vez
peor,
la
gente
pasa
hambre.
El
desabastecimiento
de
medicinas
llegó
al
85
por
ciento.
Además
hay
escasez
de
agua,
electricidad,
internet
y
mucho
más.
Y
la
vida
de
Anamer,
claro,
cambiaría
muchísimo.
Tuve
que
buscar
otras
alternativas
para
poder
mantenerme,
para
poder
ayudarme,
para
poder
comer
y
subsistir.
Anamer
y
Jorge
dejaron
sus
trabajos,
pusieron
una
empresa
de
marketing
digital.
Tomaron
clientes
en
Estados
Unidos,
con
lo
cual
cobraban
en
dólares.
Y,
bueno,
por
eso
su
situación
era
—económicamente
hablando—
mejor
que
la
de
muchísimos
venezolanos
en
ese
momento.
Pero
no
duraría.
La
escasez,
la
violencia,
y
finalmente
la
represión
política
por
parte
del
gobierno
de
Nicolás
Maduro
ya
no
se
podía
ignorar.
Anamer
jamás
se
imaginó
que
tendría
que
abandonar
Venezuela.
Pero
solo
unos
meses
después,
migrar
se
convirtió
en
su
única
opción.
Anamer
se
fue
primero
a
Panamá
—sin
Jorge—
a
probar
suerte.
Pero…
No
le
fue
nada
bien.
No
hay
oportunidades
laborales
para
los
venezolanos
y
si
las
consigues
es
a
punta
de
explotación,
no
te
pagan
ni
siquiera
un
sueldo
mínimo.
Y
lo
que
más
afectó
a
Anamer
en
Panamá
fue
la
xenofobia.
Me
escupieron
en
la
calle.
Me
decían
groserías,
eh,
soeces.
Me
decían
venezolana
cualquier
adjetivo
calificativo
negativo.
Si
entraba
a
buscar
trabajo
no
bastaba
con
que
me
rechazaran,
sino
también
se
burlaban
de
la
situación.
Se
burlaban
de
nosotros
y
nos
decían
que
éramos
ladrones,
que
éramos
unos
estafadores,
que
éramos
unos
oportunistas.
Anamer
volvió
de
Panamá
como
a
los
3
meses.
Y
para
entonces
ella
y
Jorge
estaban
muy
desilusionados.
Y
estaban
como
un
poco
perdidos.
No…
no
sabían
bien
qué
iban
a
hacer
después.
Pero
a
los
pocos
meses,
en
abril
del
2017.
¡Elecciones
ya!
Fuera
Maduro,
¡elecciones
ya!
Fuera
Maduro,
¡elecciones
ya!
La
oposición
al
gobierno
de
Nicolás
Maduro
se
lanzó
a
las
calles,
pidiendo
elecciones
democráticas
y
la
liberación
de
presos
políticos.
¡Si
no
salimos
hoy,
se
acaba
la
unidad!
¡Si
no
salimos
hoy,
se
acaba
la
unidad!
Vimos
una
esperanza
en
las
protestas.
Salimos
a
protestar.
Venezuela
primera
vez
que
sale
a
protestar
tan
unida.
Era
un
ambiente
caótico,
tenso,
violento,
peligroso,
pero
a
la
vez
alentador.
Éramos
los
últimos
rezagados,
que
no
nos
queríamos…
que
estábamos
renuentes
a
irnos
No
voy
a
abandonar
mi
patria,
no,
yo
no
me
quiero
ir.
Parecía
un
punto
de
quiebre
del
régimen.
Una
señal
de
que
el
cambio
era
inevitable.
Hasta
que
en
mayo
del
2017,
Maduro
convoca
a
una
Asamblea
Constituyente
con
la
idea
de
quedarse
en
el
poder.
La
Asamblea
Constituyente
cuenta
con
el
rechazo
de
gran
parte
de
la
comunidad
internacional.
Con
esta
Asamblea
Constituyente
se
disolvió
el
Congreso,
que
tenía
una
mayoría
opositora.
De
fracaso.
Así
califica
la
oposición
venezolana
a
la
Asamblea
Nacional
Constituyente
convocada
por
el
oficialismo.
Era
el
único
contrapoder
que
había
en
el
gobierno
de
Maduro.
En
otras
palabras,
busca
tener
una
especie
de
poder
absoluto
y
sin
contrapesos…
Y
recuerdo
que
ese
día
que
pasaron
eso
en
las
noticias
volteé
y
vi
la
cara
de
mi
novio
y
le
dije:
“Nos
vamos
del
país.
Ya
no
aguanto
más,
ya
esto
para
es
insostenible
ya”.
La
Constituyente.
Y
el
Parlamento
designó
a
nuevos
magistrados
para
el
Tribunal
Supremo
de
Justicia.
Lo
que
Anamer
vivió
en
Panamá
les
pesaba,
a
ella
y
a
su
novio
Jorge.
No
estaban
acostumbrados
a
ese
tipo
de
rechazo.
Entonces
no
tenían
claro
adónde
ir,
solo
sabían
algo…
Querían
pasar
desapercibidos.
Irse
a
un
lugar
donde
no
resaltaran
como
extranjeros,
¿no?
Aunque
eso
iba
a
ser
difícil.
Desde
hacía
algunos
meses,
en
las
noticias,
ya
se
estaba
hablando
de
la
emigración
masiva
de
venezolanos
y
sus
efectos
en
toda
la
región.
La
mayoría
estaba
llegando
a
Colombia,
Chile
y
Argentina.
Jorge
le
dijo
a
Anamer
para
ir
a
Chile
y
parecía
una
buena
idea
porque
la
situación
económica
pintaba
muy
bien,
pero…
Yo
lo
conversaba
como
que:
“Vamos
a
pensarlo
bien.
Vamos
a
pensarlo
bien
porque
siento
que
ya
está
Chile
superpoblado”.
Y
bueno,
en…
entre
las
conversaciones
que
tuvieron,
empezaron
a
inclinarse
por
un
país
que
en
ese
momento
se
mencionaba
muy
poco,
que
era
Perú.
Esto
fue
a
mediados
del
2017.
Y
no
lo
analizaron
mucho
más.
Con
que
lograran
tener
un
perfil
bajo
era
suficiente.
Tenían
ahorros
y
vendieron
lo
que
pudieron.
Y
con
eso,
en
total,
juntaron
unos
1.200
dólares.
Nos
daba
miedo
quedarnos
en
la
calle
y,
o
sea,
llegamos
para
poder
alquilar,
para
tener
dónde
vivir,
para
poder
comer.
Cosas
básicas
que
para
muchos
venezolanos
que
están
migrando
ahora
son
lujos.
Y
es
que
para
migrar
de
Venezuela
a
Lima
necesitas
dinero.
Tomemos
el
caso
de
Anamer
y
Jorge:
tuvieron
que
cruzar
todo
Venezuela
para
llegar
a
Cúcuta,
en
la
frontera
con
Colombia.
Hacer
el
viaje
en
bus
era
demasiado
peligroso,
entonces
alquilaron
un
carro
con
otras
dos
personas.
El
viaje
costó
30
dólares
por
cabeza.
Luego
tomaron
un
bus
de
Cúcuta
a
Lima:
250
dólares
y
5
días
de
viaje.
Ya
iban
más
de
300
dólares,
sin
contar
la
comida.
Un
tiquete
de
avión
de
Caracas
a
Lima
les
saldría
en
más
de
450
dólares.
Un
costo
que
solo
puede
asumir
la
clase
alta.
Es
decir,
para
llegar
al
Perú
tienes
que
hacer
un
esfuerzo
enorme
para
recoger
el
dinero
que
se
necesita,
aunque
seas
de
clase
media,
profesional.
Eso,
o
bueno,
hacer
lo
que
muchos
hacen
ahora:
caminar
y
caminar
durante
semanas,
incluso
meses,
tratando
de
sobrevivir
en
el
camino.
Anamer
y
Jorge
llegaron
a
Lima
en
noviembre
del
2017.
Ella
estaba
ansiosa,
tenía
miedo.
Estaba
muy
inquieta
porque
no
sabía
si
se
iba
a
repetir
lo
que
pasó
en
Panamá.
Si
iba
a
poder
aguantar
emocionalmente,
pero
bueno…
Luego
ese
miedo
se
fue
calmando
un
poco.
Primero,
para
su
sorpresa,
consiguieron
rápido
y
fácil
un
lugar
para
vivir.
Vieron
un
anuncio
en
internet
de
una
señora
que
estaba
rentando
un
cuarto
en
su
casa.
Y
pues
aunque
no
tenían
trabajo
fijo
como
para
garantizar
que
iban
a
poder
pagar
la
renta,
eh,
la
señora
los…
los
recibió.
Se
portó
de
un
bien.
Primero
no
teníamos
para
el
depósito:
“¡Tranquilos,
vengan,
pasen,
en
lo
que
consiguen
trabajo
me
dan
el
depósito!”.
Nos
abrigó
en
su
casa.
Su
familia
vino
de
Cusco,
nos
mandó
a
traer
comida
especial
de
Cusco
para
que
nosotros
comiéramos.
En
diciembre
que
yo
no
estaba
trabajando
la
señora
salía
conmigo
a
todos
lados.
Me
pagaba
el
pasaje,
me
invitaba
a
comer
comida
típica:
picarones,
ceviche…
Y
ella
me
dijo
claramente
que
quería
que
nosotros
nos
sintiéramos
en
un
hogar
y
nos
sintiéramos
en
familia,
pues.
Y
lo
que
tranquilizó
a
Anamer
fue
ver
la
reacción
de
la
gente
en
la
calle.
Que
te
reconoce
inmediatamente:
“¡Tú
eres
venezolano!
¡Ay
pobrecitos
de
ustedes
que
no
qué…!”.
Y
te
abrazan,
incluso.
Incluso
hay
mucha
gente
que
te
abraza,
te
da
un
gesto
amable.
Era
lo
opuesto
a
Panamá.
Lima,
con
los
brazos
abiertos,
con
calidez,
con
amabilidad.
El
pesar
de
haber
tenido
que
dejar
Venezuela
estaba
ahí,
claro,
pero
también
había
tranquilidad,
esperanza.
Sentían
que
había
oportunidades
para
empezar
de
nuevo.
Volveremos
a
la
historia
de
Anamer
dentro
de
un
rato,
pero
quiero
detenerme
aquí
para
que
entiendan
un
poco
de
lo
que
hay
detrás
de
esta
bienvenida
que
el
Perú
les
dio
a
Anamer
y
a
Jorge.
Porque
estamos
hablando
de
un
país
que,
pues,
eso
de
recibir
migrantes
es
algo
más
o
menos
nuevo.
O
sea,
Perú
ha
tenido
migración…
Pero
eran
trabajadores
de
origen
chino,
japonés,
que
vinieron
a…
a
principios
de
siglo.
Pero
después
de
eso,
nunca
ha
habido
un
flujo
masivo
de
migrantes.
Más
bien,
el
Perú
ha
sido
un
país
de
gente
que
migraba.
Mi
familia
lo
hizo.
Diego
mismo
se
fue.
Para
Lizzy,
la
llegada
de
los
migrantes
venezolanos…
Me
parecía
como
muy
especial
que
un
Perú
que
tal
vez
no
estaba
acostumbrado
a
recibir
una
comunidad
grande
de
inmigrantes
estaba
descubriendo
a…
a
estos
vecinos
que
llegaban
en
un
momento
difícil
para
ellos.
Y
al
comienzo,
los
peruanos,
pues,
nos
sentíamos
súper
orgullosos
de
nuestra
hospitalidad,
nuestra
generosidad.
No
se
refiere
solo
a
la
actitud
de
los
peruanos
hacia
los
venezolanos,
sino
a
políticas
claras,
diseñadas
para
acoger
a
los
migrantes.
Este
es
Pedro
Pablo
Kuczynski,
el
presidente
de
ese
entonces,
a
comienzos
del
2017.
Venezolanos,
bienvenidos
al
Perú.
Y…
Y
vengan
aquí
y…
y
les
pagaremos
los
sueldos
de
ley
y…
y
todo
el
resto.
Y
este
es
el
ex-ministro
del
Interior,
Carlos
Basombrío.
Nosotros
queremos
dar
un
mensaje
diferente
al
que
está
ocurriendo
en
otros
lugares
del
mundo.
Queremos
decir
que
los
pueblos
son
hermanos,
que
no
tenemos
que
construir
muros
que
nos
separen,
sino
puentes
que
nos
unan.
A
comienzos
de
ese
año,
Kuczynski
creó
algo
llamado
Permiso
Temporal
de
Permanencia,
o
el
PTP.
Recuerden:
PTP.
Será
importante
para
entender
el
resto
de
esta
historia.
El
PTP
es…
es
un
permiso
que
permite
que
los
venezolanos
que
han
llegado
durante
esta
crisis
puedan
integrarse
a
la
vida
de
un
inmigrante
regular
sin
tener
que
contar
con
una
visa
previa
o
sin
tener
que
haber
venido
con
trabajo
ya
desde
antes
de
llegar.
Les
permite
extender
durante
un
año
su
estadía
en
el
país
mientras
consiguen
cambiar
su
calidad
migratoria.
Es
un
estado
temporal,
pero
durante
ese
tiempo
pueden
obtener
una
cuenta
bancaria,
pueden
pagar
impuestos
mientras
están
trabajando.
También
permitía
que
los
niños
sean
matriculados
en
el
colegio
y
que
reciban
servicios
de
salud
pública.
En
fin,
con
el
PTP,
los
venezolanos
que
llegaban
al
Perú
podían
llevar
una
vida
más
o
menos
normal,
mientras
decidían
si
irse
a
otro
país
o
pedir
la
residencia.
El
PTP
era
una
política
humanitaria.
Estaba
diseñada
para
que
los
venezolanos
pudieran
regularizarse
de
la
forma
más
fácil
y
rápida
posible.
Los
requisitos
eran
poquísimos.
Primero…
Que
hayas
ingresado
legalmente
al
país.
O
sea,
que
pasaras
por
migración
y
presentaras
tus
papeles.
Básicamente
ingresar
a
Perú
como
turista.
Y
que
estés
sin
ningún
tipo
de
antecedente
penal
ni
judicial.
Y
bueno
al
inicio
había
otra
restricción:
haber
ingresado
al
Perú
antes
del
primero
de
diciembre
del
2016.
Cuando
empezó,
el
PTP
tenía
una
gran
ventaja:
no
necesitabas
un
pasaporte
vigente
para
empezar
el
trámite.
Podías
ingresar
al
Perú
con
tu
cédula
de
identidad
o
con
un
pasaporte
viejo,
y
eso
no
te
excluía
del
programa.
Esto
fue
un
gran
alivio
para
muchos
venezolanos.
No
hay
información
exacta
de
cuánto
cuesta
sacar
un
pasaporte
en
Venezuela,
hoy
se
habla
de
poco
más
de
100
dólares.
Pero
existen
denuncias
por
corrupción
en
contra
de
la
oficina
del
gobierno
venezolano
que
emite
los
pasaportes.
Hay
quienes
dicen
haber
pagado
hasta
mil
dólares
por
el
documento.
En
un
país
en
hiperinflación,
donde
las
personas
que
quieren
irse
no
tienen
ni
siquiera
qué
comer,
es
imposible
pagar
esa
plata.
Y
sumando
a
las
dificultades,
el
plazo
de
entrega
puede
durar
hasta
dos
años.
La
justificación
que
da
el
gobierno
es
que
no
hay
suficientes
materiales
para
imprimir
los
documentos
y
la
demanda
es
grande.
Pero,
bueno,
una
vez
que
estabas
en
el
Perú,
y
si
cumplías
con
los
requisitos,
lo
que
tenías
que
hacer
para
sacar
el
PTP
era…
Conseguir
una
ficha
de
la
Interpol,
de
antecedentes
penales
y
judiciales,
¿no?
La
Interpol
certifica
que
en
tu
país
y
en
otros
países
nadie
te
está
buscando.
Esta
ficha
costaba
unos
25
dólares.
Luego
ibas
a
migración
con
una
copia
de
tu
pasaporte
o
cédula,
pagabas
unos
13
dólares
por
el
trámite,
y
en
cuestión
de
días
te
entregaban
el
carné
del
PTP.
Y
ya
está.
Lo
cual
suena,
para
ser
honesto,
como
ciencia
ficción,
porque
digamos
que
no
somos
un
país
conocido
por
su
eficiencia
burocrática.
Por
estas
razones,
muchos
inmigrantes
venezolanos
que
en
un
inicio
no
tenían
contemplado
aterrizar
en
el
Perú,
empezaron
a
venir
a
este
país,
¿no?
El
PTP
comenzó
a
funcionar
en
el
2017
y
se
estimaba
que
unos
4.500
venezolanos
solicitarían
el
permiso
durante
los
primeros
seis
meses.
Pero
calcularon
mal.
Fueron
unos
12
mil.
Y
la
demanda
no
bajó.
Yo
creo
que
nadie
nos
imaginamos
la
cantidad
de
venezolanos
que
iban
a
llegar.
Decidieron,
entonces,
quitar
la
restricción
que
había,
de
que
el
PTP
solo
era
para
los
que
habían
llegado
antes
de
diciembre
2016.
Este
es
Kuczynski
en
julio
del
2017.
Estamos
ampliando
el
permiso
temporal
de
permanencia
residencial
de
nuestros
hermanos
venezolanos.
Con
esa
ampliación,
los
venezolanos
que
llegaron
antes
de
agosto
del
2017
también
tenían
derecho
al
PTP.
Sería
la
primera
de
varias
ampliaciones.
Anamer
llegó
a
el
Perú
en
noviembre
del
2017,
cuando
la
demanda
por
el
PTP
iba
creciendo
rápidamente.
Pero
ellos
no
fueron
al
Perú
por
eso,
ni
siquiera
sabían
que
existía.
Como
ya
dijimos,
su
único
criterio
para
escoger
Perú
fue
que
no
se
mencionaba
mucho
en
las
noticias.
Y
unas
semanas
después
de
haber
llegado
a
Lima,
ya
en
diciembre,
alguien
les
habló
del
PTP.
Y
Anamer
le
dijo
a
su
novio…
Por
más
costosos
que
sean
y
por
más
que
nos
apretamos
en
diciembre,
vamos
a
sacarnos
los
antecedentes
penales,
porque
yo
siento
que
tenemos
más
oportunidad
de
entrar
en
un
empleo
si
le
mostramos
a
esa
persona
que
nosotros
no
tenemos
antecedentes
penales
en
Venezuela.
Sentía
que
necesitaba
demostrarle
al
Perú
que
yo
no…
que
yo
estaba
bien,
pues.
El
trámite
fue
bastante
rápido.
En
enero
tuvieron
la
cita.
Pidieron
el
PTP.
A
los
días
ya
les
habían
entregado
el
carnet.
Con
el
carnet
podían
pedir
trabajo
legalmente.
Y
bueno,
pues
a
eso
se
dedicaron.
Entrabas
a
sitios
donde
había
un
cartel
afuera,
hay
muchos
sitios
donde
hay
carteles
que
se
necesita
azafata,
se
necesita
personal
con
experiencia
para
atender
al
público.
Aunque,
claro,
es
muy
diferente
que
la
gente
te
salude
y
te
apoyo
en
la
calle
a
que
te
un
trabajo.
Entonces
se
encontró
con
un
poquito
de
rechazo
al
principio.
Te
dicen
que
porque
eres
venezolana
ya
no.
O
sea,
no
te
preguntan
si
tienes
permiso
de
trabajo,
si
tiene
PTP,
si
tienes
papeles,
no.
Te
dicen
de
una
vez
que
no.
Eres
venezolana,
bueno,
no…
Y
bueno,
eso
la
puso…
la
puso
mal,
¿no?
A
la
defensiva.
Es
cuando
la
depresión,
la…
la
presión,
la
desesperanza,
todo
juega
en
tu
contra
y
te
sientes
súper
afligido.
Pero…
Entre
el
desánimo
y
el
ánimo
logre
salir
adelante
y
seguir
buscando.
No
rendirme,
no
rendirme:
ir
a
entrevistas,
enviar
diferentes
papeles.
Y
finalmente
—un
mes
después—
consiguió
un
trabajo
como
asistente
de
un
abogado.
Y
ahí
le
tocaba,
pues,
redactar
documentos,
demandas,
querellas…
Todo
lo
que
tenga
que
ver
con
notarías,
todo
este
tipo
de
documentos.
Y
además
me
toca
llevarlos
a
las
entidades
públicas,
Fiscalía,
abogados
penales,
civiles,
familia.
Y,
bueno,
por
su
experiencia
buscando
trabajo…
Al
principio
obviamente
sentía
miedo
de
llegar
a
estas
entidades
públicas.
Me
pedían:
“Su
DNI
por
favor
para
darle
el
papel”.
Y
en
el
que
era
la
primera
parte,
y
yo
les
entregaba
el
pasaporte
o
el
PTP
y
me
veían:
“¡Ah,
eres
venezolana,
qué
bien,
que
no
qué!
¿Y
estás
trabajando
con
un
abogado?”.
Y
veía
como
interés
en…
en
hablar
conmigo.
Y
me
ayudaba:
me
daban
mi
ticket
normal
y
me
decían:
“Mira,
vas
a
subir
en
la
ventanilla,
cruzas…”.
O
sea,
se
preocupaban
por
explicarme
mucho.
Su
novio
también
consiguió
empleo
como
diseñador
gráfico.
Y
pues
ya,
con
esa
estabilidad,
pues
empezaron
a
disfrutar
en
Lima
la
vida
que
una
vez
habían
tenido
en
Venezuela.
Vi
los
automercados
refull
de
comida
y
eso…
tenemos
años
que
no
veíamos
eso.
Mirar
toda
la
comida
en
la
calle,
en
Lima
todo
huele
rico.
[Risas]
Lima
es
el
país
para
engordar.
Digo
que
hasta
la
lechuga
engorda.
[Risas]
Estoy
haciendo
dieta
con
lechuga
y
atún
y
no
he
adelgazado
nada.
Y
no
solo
se
sentía
emocionada
por
la
comida,
en
Lima
podía
conseguir
cosas
que
en
Venezuela
se
habían
vuelto
lujos.
Hay
jabón
de
lavar
ropa
aquí
y
hay
papel
higiénico
y
esas
son
cosas…
[Risas]
Hay
pasta
de
dientes,
hay
afeitadoras,
hay
todo
eso
que
no
había
en
Venezuela.
Hasta
un
desodorante.
Nada
de
aseo
personal
había
en
Venezuela.
Entonces
por
eso
para
nosotros
es
como
entrar
a
Orlando,
Florida.
Finalmente
estaba
contenta.
Hasta
podría
decir
que
feliz.
Tenía
una
rutina,
estabilidad
y
las
cosas
básicas
que
meses
antes
parecían
imposibles.
Pero
mientras
la
vida
de
Anamer
tomaba
ritmo,
la
demanda
por
el
PTP
continuaba.
Y
era
cada
vez
mayor.
Cientos
de
venezolanos
trajeron
lo
que
encontraron
en
casa
para
pasar
la
noche
haciendo
cola
en
los
exteriores
de
la
sede
de
la
Interpol
en
Surco.
La
dirección
de
migraciones
ha
ido
ampliando
sus
horarios
de
trabajo,
las
colas
frente
a
Interpol
han
ido
creciendo.
Cerca
de
700
venezolanos
acuden
a
diario
a
esas
oficinas
de
San
Isidro…
Para
noviembre
del
2018,
unos
140
mil
venezolanos
contaban
con
el
PTP
y
otros
250
mil
estaban
en
medio
del
trámite,
a
pesar
del
trabajo
extra
de
la
oficina
de
migración
y
la
Interpol.
Esto
sin
hablar
de
las
más
de
200
mil
personas
que
ni
siquiera
habían
podido
—o
querido—
sacar
una
cita.
Y
la
llegada
masiva
de
venezolanos
empezaría
a
transformar
el
Perú.
Anamer
notó
este
cambio
por
primera
vez
el
sábado
3
de
marzo
del
2018.
Eran
aproximadamente
la
1
y
media
de
la
tarde.
Iba
a
mi
cita
de
odontólogo
como
todos
los
sábados
Estaba
en
un
autobús
que
iba
por
la
avenida
Arequipa,
que
es
una
de
las
calles
principales
de
Lima.
En
un
paradero
—específicamente
enfrente
de
un
restaurante
que
se
llama
Miami
Chicken
Criollo—
el
autobús
se
detiene
a
bajar
a
pasajeros
y
a
tomar
más.
Y
yo
estaba
escuchando
música,
y
de
repente,
no
por
qué
razón,
voltee
mi
mirada
hacia
la
derecha
y
vi
el
paradero
y
vi
un
cartel
que
me
llamó
la
atención
porque
vi
la
palabra
“venezolanos”.
Era
un
cartel
negro,
de
diseño
sencillo,
pero
se
veía
la
mano
de
un
profesional,
¿no?
Y
las
letras
eran
blancas
y
rojas,
como
emulando
la
bandera
peruana…
Y
tenía
un
hashtag
que
decía
claramente:
“Perú
sin
venezolanos”.
Y
abajo
unas
letras
que
decían:
“Basta
ya”.
Basta
ya.
Una
pausa
y
volvemos.
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en
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cosas
para
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que
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crezca.
Claro,
“crecer”
significa
algo
diferente
para
todos,
por
lo
que
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hagas
las
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de
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Desde
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de
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hasta
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de
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Mailchimp.
Mucho
más
que
email.
La
economía
es
difícil
de
entender,
pero
no
con
Planet
Money.
Somos
como
tu
guía
de
negocios
y
economía,
pero
divertida.
Planet
Money:
búscanos
donde
sea
que
escuches
tus
podcasts.
Empecé
a
sudar
frío.
La
cabeza
sentí
que
me
iba
a
explotar,
el
estómago
sentí
como
que
si
lo
ahorcaran
con
una
liga…
Empecé
a
sentir
muchísimas
cosas
feas.
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante,
soy
Daniel
Alarcón.
Dejamos
la
historia
de
Anamer
un
sábado,
cuando
estaba
en
el
autobús
en
la
avenida
Arequipa
—una
de
las
vías
más
transitadas
de
la
capital
peruana—
frente
a
un
paradero,
viendo
un
cartel
con
la
frase
“Perú
sin
Venezolanos.
Basta
Ya”.
Estaba
en
shock.
Paralizada.
Porque
esto
era
algo
financiado.
Es
decir,
alguien
se
tomó
la
molestia
de
invertir
dinero,
de
buscar
un
diseñador,
de
buscar
una
imprenta.
Y
pues
lo
primero
que
se
le
ocurrió
fue
quitarse
los
audífonos…
Y
entrar
en
Twitter
y
pensar
en…
[risa
nerviosa]
en
cualquier
cosa
que
escribir
para
poder
denunciar
esto
que
acababa
de
ver.
A
Anamer
le
pareció
que
estaba
frente
a
una
campaña,
¿no?
Así
que
buscó
el
hashtag
Perú
sin
venezolanos
que
aparecía
en
el
cartel.
A
ver
si
la
gente
ya
lo
estaba
compartiendo,
si
alguien
lo
denunciaba
como
xenofóbico.
Y
no
encontré
absolutamente
nada.
Me
pareció
súper
extraño
por
lo
cual
yo
lo
usé
y
hice
la
denuncia
del
cartel
que
acababa
de
ver.
Con
el
teléfono
le
hizo
una
foto
al
cartel
y
antes
de
que
el
bus
arranque,
ya
estaba
escribiendo
un
tuit.
“Vaya
vaya,
me
acabo
de
conseguir
con
esta
perlita,
un
cartel
con
el
hashtag
Perú
Sin
Venezolanos.
Basta
de
xenofobia”.
El
tuit
de
Anamer
tuvo
un
montón
de
respuestas
y
rápidamente
empezaron
a
aparecer
—también
en
Twitter—
imágenes
de
otros
carteles
que
otros
usuarios
habían
visto.
Varios
afiches
con
la
frase
Perú
sin
venezolanos
fueron
pegados
en
varios
puntos
de
la
capital.
En
el
puente
de
Acho
y
en
los
paraderos
de
la
avenida
arequipa
apareció
esta
especie
de
propaganda
que
emplea
un
hashtag…
Así
que
la
prensa
rápidamente
empezó
a
replicar
la
noticia.
Los
afiches
no
han
sido
atribuidos
a
ningún
movimiento
ni
colectivo,
ni
llevan
firma.
Al
día
siguiente
la
mayoría
de
carteles
ya
no
estaban.
Desaparecieron
de
la
nada.
Nadie
supo
quién
los
puso,
ni
quién
los
quitó.
Pero
esta
campaña
fue
una
señal
clara
de
que
algo
estaba
cambiando
en
la
sociedad
peruana.
Ya
no
era
todo
amabilidad
y
hospitalidad.
Diego
y
Lizzy
ya
lo
habían
notado.
Lo
vieron
en
los
noticieros,
en
los
periódicos
y
en
los
medios
digitales
que
empezaban
a
sacar
titulares
tendenciosos.
Las
cámaras
de
seguridad
han
captado
a
un
grupo
de
venezolanos
asaltando
a
plena
luz
del
día
en
Los
Olivos.
Llegó
desde
Venezuela
hace
dos
meses
y
en
vez
de
ganarse
la
vida
honradamente
se
dedicaba
al
cogoteo
y
robo
al
paso.
En
los
que
ya
no
se
hablaba
del
migrante
heroico
venezolano
que
había
cruzado
el
continente
para
buscarse
un
futuro,
sino
de:
“Banda
de
delincuentes
venezolanos
viola
y
asalta
y
mata”.
La
captura
de
cinco
ciudadanos
venezolanos
en
el
centro
comercial
Plaza
Norte
ha
revelado
una
amenaza
sumamente
peligrosa:
la
presencia
de
temibles
bandas
venezolanas
en
nuestro
país
para
las
que
los
asesinatos
brutales
son
algo
así
como
una
simple
anécdota.
Pero
no
solo
resaltaban
la
noticia
violenta,
parecía
que
cualquier
venezolano
que
cayera
mal,
por
cualquier
razón,
también
podría
terminar
en
los
noticieros
peruanos.
No
importaba
qué
tan
absurda
o
minúscula
fuera
la
supuesta
ofensa.
Y
llegando
luego
al
punto
ridículo
de:
“Video
viral
en
el
que
venezolanos
dicen
que
no
le
gusta
la
chicha
morada
indigna
a
peruanos”.
O
el
caso
de
la
venezolana
que
se
grabó
a
misma
diciendo
que
los
peruanos
eran
feos
y
mutantes.
Un
racismo
horrible,
un
racismo
que
dicho
sea
de
paso,
es
tristemente
común
entre
peruanos.
La
noticia
es
que
la
racista
era
venezolana.
Una
venezolana
no
encontró
mejor
forma
de
calificar
a
los
peruanos
de
ratones
de
laboratorios.
Además
los
tildó
de
indígenas
con
peinados
asiáticos,
¿de
dónde
sacó
lo
de
peinados
asiáticos?
Las
palabras
ofensivas
y
tontas
de
esta
señorita
se
hicieron
viral
de
inmediato
en
las
redes
ante
la
polémica
por
la
masiva
llegada
de
venezolanos
a
nuestro
país.
Empezaron
como
que
a
explotar
la
nacionalidad
de
las
personas
en
un
titular
que
tal
vez
no
sería
noticia
de
otra
manera.
Claro,
la
única
razón
por
la
que
los
editores
o
redactores
consideran
que
eso
es
noticia
es
porque
lleva
la
palabra
venezolanos,
y
la
palabra
venezolanos
“rankea”
muy
alta
en
Google
Search
actualmente
en
el
Perú,
¿no?
Es
decir,
el
conflicto
y
la
polémica
vende
más
que
las
buenas
acciones
y
las
noticias
positivas.
Y
uno
de
los
problemas
más
grandes
es
que
mientras
los
medios
empujaban
estas
notas
amarillistas
todos
los
días,
se
olvidaron
de
informar
sobre
qué
era
realmente
el
PTP.
No
fueron
prolijos
a
la
hora
de
explicar
cuáles
eran
los
beneficios
o
derechos
que
adquirían
los
migrantes
que
accedían
a
él.
Para
muchos
peruanos
era
como
si
las
necesidades
de
los
extranjeros
eran
más
importantes
que
las
de
ellos.
Están
bien
bienvenidos
acá
los
venezolanos.
Pero
luego
el
Estado
Peruano
hubiera
pensado
dar
el
empleo
a
ellos,
no
a
nosotros
quitarnos
el
pan
del
día.
A
donde
voy
y
a
cada
tienda
que
voy
hay
un
venezolano
ocupando
un
puesto
de
trabajo
que
debería
ser
ocupado
por
un
peruano.
En
septiembre
del
2018,
El
Comercio
—uno
de
los
periódicos
más
grandes
del
país—
publicó
una
encuesta
sobre
la
percepción
que
tenían
los
limeños
sobre
la
migración
venezolana.
Para
los
que
hemos
escuchado
cómo
fue
recibida
Anamer
en
Lima
los
resultados
son
sorprendentes:
el
55
por
ciento
piensa
que
la
migración
es
negativa
para
el
Perú.
Y
casi
un
25
por
ciento
cree
que
los
venezolanos
les
«quitan
puestos
de
trabajo
a
los
peruanos».
Y
bueno,
aquí
entramos
en
lo
delicado
del
tema.
El
Perú
es
un
país
en
el
que
la
gente
no
confía
en
el
gobierno.
Donde
la
percepción
no
solo
es
de
autoridades
que
no
ayudan,
sino
de
autoridades
que
estorban.
Pero,
por
alguna
razón,
este
mismo
gobierno
de
pronto
se
preocupó
por
una
categoría
de
migrantes.
El
PTP
se
volvió
una
sigla
que
los
peruanos
oían
una
y
otra
vez
en
los
medios,
sin
que
nadie
explicara
bien
qué
era,
qué
hacía.
Y
se
hizo
sinónimo
del
privilegio
de
los
recién
llegados.
A
eso
se
suma
una
preocupación
legítima,
de
que
los
millones
de
peruanos
que
viven
en
la
precariedad,
ahora
tengan
que
competir
con
cientos
de
miles
de
trabajadores
más.
Aquí
Anamer…
Siento
que
nos
tienen
mucho
recelo
por
el
PTP
porque
sienten
que
te
va
a
dar
permiso
para
destruir
el
Perú
si
quieres
[risa]
y
no
es
así.
No
es
cierto
que
el
PTP
les
a
los
venezolanos
algún
beneficio
especial
que
los
peruanos
no
tienen…
Nosotros
no
vamos
a
ir
con
el
PTP
a
pedir
un
crédito
en
el
banco
para
construir
un
edificio
o
un
restaurante
o
un
automercado.
Y
decir:
“Bueno,
sí,
toma
porque
eres
venezolano”.
No
señor.
Solo
regulariza
su
situación
migratoria
y
equipara
un
poco
las
condiciones
de
vida:
les
da
la
oportunidad
de
trabajar
o
de
mandar
a
sus
hijos
a
la
escuela.
Lo
mínimo
para
empezar
una
vida
en
otro
país.
Después
de
ver
el
cartel
con
el
hashtag
Perú
Sin
Venezolanos,
Anamer
empezó
a
fijarse
en
lo
que
decían
los
medios
sobre
los
migrantes.
Vio
lo
mismo
que
Lizzy
y
Diego.
La
misma
xenofobia
basada
en
hechos
aislados
y
amarillistas.
Desde
que
las
empecé
a
ver,
me
empecé
a
contener.
Ya
no
conversaba
con
mi
novio
en
el
autobús
porque
tenía
temor
a
que
me
escucharán
la
voz,
porque
había
visto
que
se
había
presentado
un
altercado
en
un
autobús.
Entonces,
yo
evitaba
ser
víctima
de
ese
altercado
en
el
autobús
Eh,
me
ha
pasado
que
en
el
autobús
me
ven
y
medio
que
me
escuchen
que
estoy
mandando
una
nota
de
voz
—que
lo
trato
de
hacer
muy
bajito—
y
los
ojos
me
los
voltean.
Además…
He
visto
que
personas
se
me
quedan
viendo
cuando
estoy
sentada.
Como
que
les
causa
molestia
que
yo
esté
sentada
y
él
esté
parado,
pues,
porque
se
dan
cuenta
que
somos
venezolanos.
Inevitablemente
se
nos
nota
en
los
rasgos,
también.
Lizzy
y
Diego
han
hablado
constantemente
con
Anamer
durante
ya
más
de
6
meses,
meses
en
que
las
noticias
con
tintes
xenofóbicos
solo
han
ido
aumentando.
Y
para
ellos,
el
cambio
de
Anamer
ha
sido
evidente,
al
principio
la
veían
muy
optimista,
pero…
La
última
vez
que
la
vimos
veías
que
estaba
cansada.
O
sea,
veías
un
poco
a
una
chica
que
tal
vez
había
perdido
ese
entusiasmo
de…
de
la
excitación
de…
de
empezar
una
nueva
vida,
y
de…
de
acomodarse
en
una
nueva
oportunidad.
Y
esto
es
algo
que
Lizzy
entiende.
Aunque
no
es
venezolana,
es
inmigrante,
y
también
siente
que
existe
un
ambiente
de
paranoia
y
desconfianza.
La
actitud
ha
cambiado.
No
te…
O
sea,
no
es
que…
Nadie
me
ha
maltratado
ni
nada,
pero
ya
no
es
ese…
ese:
“Ay,
qué
bonito
México”.
Y:
“Ay,
¿qué
está
haciendo
acá?”,
¿no?
O
sea,
era
como
hasta
sorprendente
que
viniera
alguien
a…
a
vivir
o
a
trabajar
a…
a
Perú.
Y
ahora
es
como:
“Ah”.
Es
un
pequeño
recelo,
¿no?,
dentro
de
la
hospitalidad
y…
y
de…
de…
de
todo
el
buen
trato
y…
y,
pues,
de
la
bienvenida
que
Perú
le
da
a
los…
a
los
migrantes,
hay
por
lo
menos
un
detenerse
a
pensar,
¿no?
Es
como:
“Ah,
hay
más
personas
que
están
viniendo,
¿no?”.
Para
Lizzy
y
Diego,
parte
de
esta
desconfianza
es
cultural,
histórica.
Como
ya
dijimos
hace
un
rato,
durante
décadas
la
gente
salía
del
Perú,
no
llegaba
al
Perú.
Así
que
el
entusiasmo
inicial
de
ayudar
a
los
venezolanos
venía
de
la
solidaridad,
pero
también
de
la
inexperiencia:
del
no
saber
bien
qué
implica
ser
un
país
de
inmigrantes.
Creo
que
el
país
receptor
o
la
sociedad
receptora
tiene
esta
tendencia
a
pensar
que
quien
viene,
pues,
viene
a
comportarse
bonito
y
servir,
¿no?
Porque,
claro,
ser
inmigrante
es
una
cuestión
de
nacionalidad,
sí.
Pero
también
de
clase.
Si
eres
un
inmigrante
con
dinero
eres
bienvenido,
y
si
quieres,
puedes
hacerte
invisible.
Pero
el
inmigrante
que
llega
sin
nada,
ese
no
se
puede
esconder.
Es
al
que
se
señala
y
se
ataca
cuando
hay
problemas.
En
Perú,
la
mayoría
de
los
venezolanos
—fueran
pobres
o
clase
media
antes
de
la
crisis—
está
llegando
en
la
misma
situación
desesperada,
buscando
cómo
sobrevivir.
Y
algunos
en
Perú
han
decidido
señalarlos
a
ellos
como
la
raíz
de
muchos
problemas.
Y
el
gobierno
peruano…
No
sabe
muy
bien
qué
hacer
con
la
gente
a
la
que
recibe.
Es
decir,
todavía
no
aprende
cómo
es
ese
asunto
de…
de
acoger
a
un
migrante
y
lo
que
eso
implica
en
derechos,
en
obligaciones.
Y
como
medida
para
aplacar
la
crisis
decidió
cambiar
su
política
humanitaria
con
los
venezolanos…
El
Ministro
del
Interior
anunció
que
la
cédula
de
identidad
venezolana
dejará
de
tener
validez
como
documento
de
ingreso
al
territorio
peruano
y
en
su
lugar
se
exigirá
el
pasaporte.
A
partir
del
25
de
agosto
del
2018,
solo
los
venezolanos
con
el
pasaporte
vigente
podían
ingresar
al
país.
Las
autoridades
empezaron
a
decir
que
era
una
cuestión
de
seguridad,
que
teníamos
que
estar
conscientes
de
que
había
que
mantener
las
fronteras
aseguradas.
Que
no
podíamos
permitir
que
estuvieran
viniendo
delincuentes.
Así
empezó
una
carrera
por
entrar
al
Perú
desde
Ecuador.
Cientos
de
Venezolanos
pugnan
por
entrar
al
Perú
con
maletas
en
mano
y
bebés
en
brazo
en
el
centro
binacional
de
atención
fronteriza
en
Tumbes.
La
medida
afectó
a
muchísimos
venezolanos
que
tenían
planeado
ir
al
Perú,
porque
—como
dijimos
al
principio—
sacar
el
pasaporte
en
Venezuela
es
demasiado
caro.
No
piensan
en
todos
los
venezolanos
que
quieren
salir
y
tampoco
tienen
documentos.
Y
no
es
porque
uno
no
quiera,
uno
intenta
e
intenta
y
no
hay
manera
de
conseguir
documentos.
Bueno,
lamentablemente
nos
van
a
tener
viviendo
ahí
en
la
frontera.
¿No
se
va
a
mover?
No
me
muevo
de
ahí
porque
es
que
no
me
puedo
regresar.
Ya
no
tengo
dinero
para
regresar,
y
mi
esposo
está
allá.
Además,
las
ampliaciones
que
se
habían
hecho
al
PTP
se
redujeron.
Ahora
solo
pueden
aplicar
los
venezolanos
que
llegaron
antes
del
primero
de
noviembre
del
2018.
El
cambio
de
política
va
de
la
mano
con
un
cambio
de
gobierno.
Frente
a
esta
difícil
situación
pienso
que
lo
mejor
para
el
país
es
que
yo
renuncie
a
la
presidencia
de
la
República…
Pedro
Pablo
Kuczynski
renunció
a
la
presidencia
del
Perú
en
marzo
del
2018
tras
varios
escándalos
de
corrupción.
El
vicepresidente,
Martín
Vizcarra,
asumió
el
cargo
y
ha
tratado
de
distanciarse
lo
más
posible
de
Kuczynski
y
sus
políticas.
Entre
ellas,
claro,
las
de
la
migración
venezolana.
En
especial
porque
el
descontento
de
gran
parte
de
la
sociedad
se
hizo
notar
justo
cuando
Vizcarra
asumió
la
presidencia.
En
septiembre
de
este
año,
2018,
se
reunieron
gobiernos
de
13
países
latinoamericanos
tocados
por
la
migración
venezolana.
Ahí
se
le
pidió
al
gobierno
de
Venezuela
que
facilitara
la
entrega
de
pasaportes
y
cada
país
tomó
diferentes
medidas
para
lidiar
con
la
llegada
de
migrantes.
Como
resultado
del
encuentro,
el
Perú
dio
un
paso
atrás
con
su
cambio
de
política
y
decidió
que
volvería
a
aceptar
pasaportes
vencidos
para
ingresar
al
país.
Pero
con
todo
lo
que
ha
pasado
el
Perú
ya
no
es
el
país
que
era
en
el
2017,
tan
hospitalario
con
los
venezolanos.
Volvamos
a
Anamer
una
última
vez.
Y
es
que
no
es
solo
la
sociedad
peruana
la
que
está
aprendiendo
a
lidiar
con
la
migración,
sino
también
los
mismos
venezolanos.
Un
pueblo
que,
hasta
hace
poco,
nunca
tuvo
necesidad
de
salir
de
su
país.
Ellos
también
son
nuevos
en
todo
esto…
Esto
de
migrar
—además
de
que
estás
lejos
de
tu
familia—
es
como
que
no
te
terminas
de
ir
de
Venezuela,
cada
vez
que
pasa
algo
en
Venezuela
te
afecta
directamente
acá.
Nosotros
ahorita
estamos
y
no
estamos.
Estamos
aquí
como
nos
podemos
ir
a
otro
país,
como
nos
podemos
ir
a
otro
y
a
otro,
porque
simplemente
nuestra
vida
cabe
en
una
maleta.
Nuestra
vida
es
una
maleta.
Se
convirtió
en
eso.
Y
siento
que
así
como
nos
venimos
nos
podemos
ir
y
nos
tenemos
que
ir.
Nos
tenemos
que
ir.
Para
muchos
venezolanos,
todo
esto
es
transitorio.
El
destino
final
de
esta
migración
es
el
retorno.
Muchas
personas
que
escuchan
Radio
Ambulante
saben
lo
que
significa
ser
migrante:
han
dejado
su
ciudad,
su
cultura,
su
idioma,
su
país,
su
familia,
para
establecerse
en
otro
lugar.
Queremos
conocer
y
compartir
tu
experiencia
como
migrante.
Usa
el
hashtag
#ÁlbumDeMigrantes
en
Twitter
o
en
Instagram
para
publicar
una
foto
y
un
testimonio
corto
de
esos
primeros
meses
en
los
que
llegaste
a
un
lugar
que
no
te
resultaba
familiar.
Cuéntanos
alguna
historia
corta:
¿qué
fue
lo
más
difícil
o
lo
más
emocionante?
¿Cómo
hiciste
tus
primeros
amigos?
¿Qué
hacías
para
sentirte
cerca
de
tu
país?
Recuerda:
publica
el
testimonio
y
una
foto
usando
el
hashtag
#ÁlbumDeMigrantes
y
menciona
a
@radioambulante
en
Twitter
o
Instagram
Stories.
Compartiremos
los
testimonios
con
el
resto
de
los
oyentes.
Diego
Salazar
es
periodista
y
autor
del
libro
“No
hemos
entendido
nada”,
publicado
este
año
2018,
en
donde,
entre
muchas
otras
cosas,
analiza
la
cobertura
mediática
de
la
migración
venezolana.
Lizzy
Cantú
es
editora
del
New
York
Times
en
Español.
Están
casados
y
son
muy
amigos
de
la
familia
de
Radio
Ambulante.
Este
episodio
fue
producido
por
nuestro
editor
asistente,
Luis
Fernando
Vargas,
y
Victoria
Estrada,
una
de
nuestras
pasantes
editoriales.
Camila
Segura
y
yo
lo
editamos.
La
música
y
el
diseño
de
sonido
son
de
Andrés
Azpiri
y
Remy
Lozano.
Nuestra
pasante
editorial,
Andrea
López
Cruzado,
hizo
el
factchecking.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Jorge
Caraballo,
Miranda
Mazariegos,
Diana
Morales,
Patrick
Mosley,
Ana
Prieto,
Laura
Rojas
Aponte,
Barbara
Sawhill,
David
Trujillo,
Elsa
Liliana
Ulloa
y
Silvia
Viñas.
Lisette
Arévalo
es
pasante
editorial.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
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PRO.
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cuenta
las
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América
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Soy
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Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
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Nací en El Tigre, estado Anzoátegui, en Venezuela. En el caso de Anamer, llegó primero a Panamá, aunque terminaría en el Perú. Los venezolanos como ella están migrando a cualquier país que los acepte: a Colombia, Ecuador, Brasil, Chile, Argentina, México, Costa Rica. Se están moviendo por toda Latinoamérica. En cada lugar han sido recibidos de manera diferente, dependiendo de la política local, de la geografía, de la situación económica, de la historia que comparten con Venezuela. Y hemos reportado sobre este fenómeno antes, pero para este episodio nuestro enfoque es un poco diferente. No tanto en la travesía, sino en la llegada. La integración. Cómo es que afecta la llegada masiva de migrantes al país que los recibe. En este caso al Perú, donde se calcula que han llegado cerca de 600 mil venezolanos. Conocimos la historia de Anamer por dos periodistas… Soy Diego Salazar. Nací, crecí en Lima. Viví en España 10 años y regresé al Perú en el año 2012. Y… Yo soy Lizzy Cantú. Vivo en Lima hace ocho años. Lizzy es mexicana. Los dos saben lo que es ser migrante y se sintieron muy conmovidos por la situación de los venezolanos. Entonces, Anamer. Anamer es periodista. Y bueno, su vida en El Tigre era la típica de cualquier profesional liberal de clase media latinoamericana. Trabajaba en un periódico local, vivía con su novio Jorge, que es diseñador gráfico, tenían su propio apartamento. Era una vida buena, cómoda. Próspera. Hasta el 2016. El Gobierno de Venezuela declaró hoy una situación de emergencia económica. El año en que la vida para muchos se volvió insostenible. La inflación anual podría cerrar este año en un millón por ciento. Y estalló una crisis humanitaria. La situación está cada vez peor, la gente pasa hambre. El desabastecimiento de medicinas llegó al 85 por ciento. Además hay escasez de agua, electricidad, internet y mucho más. Y la vida de Anamer, claro, cambiaría muchísimo. Tuve que buscar otras alternativas para poder mantenerme, para poder ayudarme, para poder comer y subsistir. Anamer y Jorge dejaron sus trabajos, pusieron una empresa de marketing digital. Tomaron clientes en Estados Unidos, con lo cual cobraban en dólares. Y, bueno, por eso su situación era —económicamente hablando— mejor que la de muchísimos venezolanos en ese momento. Pero no duraría. La escasez, la violencia, y finalmente la represión política por parte del gobierno de Nicolás Maduro ya no se podía ignorar. Anamer jamás se imaginó que tendría que abandonar Venezuela. Pero solo unos meses después, migrar se convirtió en su única opción. Anamer se fue primero a Panamá —sin Jorge— a probar suerte. Pero… No le fue nada bien. No hay oportunidades laborales para los venezolanos y si las consigues es a punta de explotación, no te pagan ni siquiera un sueldo mínimo. Y lo que más afectó a Anamer en Panamá fue la xenofobia. Me escupieron en la calle. Me decían groserías, eh, soeces. Me decían venezolana cualquier adjetivo calificativo negativo. Si entraba a buscar trabajo no bastaba con que me rechazaran, sino también se burlaban de la situación. Se burlaban de nosotros y nos decían que éramos ladrones, que éramos unos estafadores, que éramos unos oportunistas. Anamer volvió de Panamá como a los 3 meses. Y para entonces ella y Jorge estaban muy desilusionados. Y estaban como un poco perdidos. No… no sabían bien qué iban a hacer después. Pero a los pocos meses, en abril del 2017. ¡Elecciones ya! Fuera Maduro, ¡elecciones ya! Fuera Maduro, ¡elecciones ya! La oposición al gobierno de Nicolás Maduro se lanzó a las calles, pidiendo elecciones democráticas y la liberación de presos políticos. ¡Si no salimos hoy, se acaba la unidad! ¡Si no salimos hoy, se acaba la unidad! Vimos una esperanza en las protestas. Salimos a protestar. Venezuela primera vez que sale a protestar tan unida. Era un ambiente caótico, tenso, violento, peligroso, pero a la vez alentador. Éramos los últimos rezagados, que no nos queríamos… que estábamos renuentes a irnos No voy a abandonar mi patria, no, yo no me quiero ir. Parecía un punto de quiebre del régimen. Una señal de que el cambio era inevitable. Hasta que en mayo del 2017, Maduro convoca a una Asamblea Constituyente con la idea de quedarse en el poder. La Asamblea Constituyente cuenta con el rechazo de gran parte de la comunidad internacional. Con esta Asamblea Constituyente se disolvió el Congreso, que tenía una mayoría opositora. De fracaso. Así califica la oposición venezolana a la Asamblea Nacional Constituyente convocada por el oficialismo. Era el único contrapoder que había en el gobierno de Maduro. En otras palabras, busca tener una especie de poder absoluto y sin contrapesos… Y recuerdo que ese día que pasaron eso en las noticias volteé y vi la cara de mi novio y le dije: “Nos vamos del país. Ya no aguanto más, ya esto para mí es insostenible ya”. La Constituyente. Y el Parlamento designó a nuevos magistrados para el Tribunal Supremo de Justicia. Lo que Anamer vivió en Panamá les pesaba, a ella y a su novio Jorge. No estaban acostumbrados a ese tipo de rechazo. Entonces no tenían claro adónde ir, solo sabían algo… Querían pasar desapercibidos. Irse a un lugar donde no resaltaran como extranjeros, ¿no? Aunque eso iba a ser difícil. Desde hacía algunos meses, en las noticias, ya se estaba hablando de la emigración masiva de venezolanos y sus efectos en toda la región. La mayoría estaba llegando a Colombia, Chile y Argentina. Jorge le dijo a Anamer para ir a Chile y parecía una buena idea porque la situación económica pintaba muy bien, pero… Yo lo conversaba como que: “Vamos a pensarlo bien. Vamos a pensarlo bien porque siento que ya está Chile superpoblado”. Y bueno, en… entre las conversaciones que tuvieron, empezaron a inclinarse por un país que en ese momento se mencionaba muy poco, que era Perú. Esto fue a mediados del 2017. Y no lo analizaron mucho más. Con que lograran tener un perfil bajo era suficiente. Tenían ahorros y vendieron lo que pudieron. Y con eso, en total, juntaron unos 1.200 dólares. Nos daba miedo quedarnos en la calle y, o sea, llegamos para poder alquilar, para tener dónde vivir, para poder comer. Cosas básicas que para muchos venezolanos que están migrando ahora son lujos. Y es que para migrar de Venezuela a Lima necesitas dinero. Tomemos el caso de Anamer y Jorge: tuvieron que cruzar todo Venezuela para llegar a Cúcuta, en la frontera con Colombia. Hacer el viaje en bus era demasiado peligroso, entonces alquilaron un carro con otras dos personas. El viaje costó 30 dólares por cabeza. Luego tomaron un bus de Cúcuta a Lima: 250 dólares y 5 días de viaje. Ya iban más de 300 dólares, sin contar la comida. Un tiquete de avión de Caracas a Lima les saldría en más de 450 dólares. Un costo que solo puede asumir la clase alta. Es decir, para llegar al Perú tienes que hacer un esfuerzo enorme para recoger el dinero que se necesita, aunque seas de clase media, profesional. Eso, o bueno, hacer lo que muchos hacen ahora: caminar y caminar durante semanas, incluso meses, tratando de sobrevivir en el camino. Anamer y Jorge llegaron a Lima en noviembre del 2017. Ella estaba ansiosa, tenía miedo. Estaba muy inquieta porque no sabía si se iba a repetir lo que pasó en Panamá. Si iba a poder aguantar emocionalmente, pero bueno… Luego ese miedo se fue calmando un poco. Primero, para su sorpresa, consiguieron rápido y fácil un lugar para vivir. Vieron un anuncio en internet de una señora que estaba rentando un cuarto en su casa. Y pues aunque no tenían trabajo fijo como para garantizar que iban a poder pagar la renta, eh, la señora los… los recibió. Se portó de un bien. Primero no teníamos para el depósito: “¡Tranquilos, vengan, pasen, en lo que consiguen trabajo me dan el depósito!”. Nos abrigó en su casa. Su familia vino de Cusco, nos mandó a traer comida especial de Cusco para que nosotros comiéramos. En diciembre que yo no estaba trabajando la señora salía conmigo a todos lados. Me pagaba el pasaje, me invitaba a comer comida típica: picarones, ceviche… Y ella me dijo claramente que quería que nosotros nos sintiéramos en un hogar y nos sintiéramos en familia, pues. Y lo que tranquilizó a Anamer fue ver la reacción de la gente en la calle. Que te reconoce inmediatamente: “¡Tú eres venezolano! ¡Ay pobrecitos de ustedes que no sé qué…!”. Y te abrazan, incluso. Incluso hay mucha gente que te abraza, te da un gesto amable. Era lo opuesto a Panamá. Lima, con los brazos abiertos, con calidez, con amabilidad. El pesar de haber tenido que dejar Venezuela estaba ahí, claro, pero también había tranquilidad, esperanza. Sentían que sí había oportunidades para empezar de nuevo. Volveremos a la historia de Anamer dentro de un rato, pero quiero detenerme aquí para que entiendan un poco de lo que hay detrás de esta bienvenida que el Perú les dio a Anamer y a Jorge. Porque estamos hablando de un país que, pues, eso de recibir migrantes es algo más o menos nuevo. O sea, Perú sí ha tenido migración… Pero eran trabajadores de origen chino, japonés, que vinieron a… a principios de siglo. Pero después de eso, nunca ha habido un flujo masivo de migrantes. Más bien, el Perú ha sido un país de gente que migraba. Mi familia lo hizo. Diego mismo se fue. Para Lizzy, la llegada de los migrantes venezolanos… Me parecía como muy especial que un Perú que tal vez no estaba acostumbrado a recibir una comunidad grande de inmigrantes estaba descubriendo a… a estos vecinos que llegaban en un momento difícil para ellos. Y al comienzo, los peruanos, pues, nos sentíamos súper orgullosos de nuestra hospitalidad, nuestra generosidad. No se refiere solo a la actitud de los peruanos hacia los venezolanos, sino a políticas claras, diseñadas para acoger a los migrantes. Este es Pedro Pablo Kuczynski, el presidente de ese entonces, a comienzos del 2017. Venezolanos, bienvenidos al Perú. Y… Y vengan aquí y… y les pagaremos los sueldos de ley y… y todo el resto. Y este es el ex-ministro del Interior, Carlos Basombrío. Nosotros queremos dar un mensaje diferente al que está ocurriendo en otros lugares del mundo. Queremos decir que los pueblos son hermanos, que no tenemos que construir muros que nos separen, sino puentes que nos unan. A comienzos de ese año, Kuczynski creó algo llamado Permiso Temporal de Permanencia, o el PTP. Recuerden: PTP. Será importante para entender el resto de esta historia. El PTP es… es un permiso que permite que los venezolanos que han llegado durante esta crisis puedan integrarse a la vida de un inmigrante regular sin tener que contar con una visa previa o sin tener que haber venido con trabajo ya desde antes de llegar. Les permite extender durante un año su estadía en el país mientras consiguen cambiar su calidad migratoria. Es un estado temporal, pero durante ese tiempo pueden obtener una cuenta bancaria, pueden pagar impuestos mientras están trabajando. También permitía que los niños sean matriculados en el colegio y que reciban servicios de salud pública. En fin, con el PTP, los venezolanos que llegaban al Perú podían llevar una vida más o menos normal, mientras decidían si irse a otro país o pedir la residencia. El PTP era una política humanitaria. Estaba diseñada para que los venezolanos pudieran regularizarse de la forma más fácil y rápida posible. Los requisitos eran poquísimos. Primero… Que hayas ingresado legalmente al país. O sea, que pasaras por migración y presentaras tus papeles. Básicamente ingresar a Perú como turista. Y que estés sin ningún tipo de antecedente penal ni judicial. Y bueno al inicio había otra restricción: haber ingresado al Perú antes del primero de diciembre del 2016. Cuando empezó, el PTP tenía una gran ventaja: no necesitabas un pasaporte vigente para empezar el trámite. Podías ingresar al Perú con tu cédula de identidad o con un pasaporte viejo, y eso no te excluía del programa. Esto fue un gran alivio para muchos venezolanos. No hay información exacta de cuánto cuesta sacar un pasaporte en Venezuela, hoy se habla de poco más de 100 dólares. Pero existen denuncias por corrupción en contra de la oficina del gobierno venezolano que emite los pasaportes. Hay quienes dicen haber pagado hasta mil dólares por el documento. En un país en hiperinflación, donde las personas que quieren irse no tienen ni siquiera qué comer, es imposible pagar esa plata. Y sumando a las dificultades, el plazo de entrega puede durar hasta dos años. La justificación que da el gobierno es que no hay suficientes materiales para imprimir los documentos y la demanda es grande. Pero, bueno, una vez que estabas en el Perú, y si cumplías con los requisitos, lo que tenías que hacer para sacar el PTP era… Conseguir una ficha de la Interpol, de antecedentes penales y judiciales, ¿no? La Interpol certifica que en tu país y en otros países nadie te está buscando. Esta ficha costaba unos 25 dólares. Luego ibas a migración con una copia de tu pasaporte o cédula, pagabas unos 13 dólares por el trámite, y en cuestión de días te entregaban el carné del PTP. Y ya está. Lo cual suena, para ser honesto, como ciencia ficción, porque digamos que no somos un país conocido por su eficiencia burocrática. Por estas razones, muchos inmigrantes venezolanos que en un inicio no tenían contemplado aterrizar en el Perú, empezaron a venir a este país, ¿no? El PTP comenzó a funcionar en el 2017 y se estimaba que unos 4.500 venezolanos solicitarían el permiso durante los primeros seis meses. Pero calcularon mal. Fueron unos 12 mil. Y la demanda no bajó. Yo creo que nadie nos imaginamos la cantidad de venezolanos que iban a llegar. Decidieron, entonces, quitar la restricción que había, de que el PTP solo era para los que habían llegado antes de diciembre 2016. Este es Kuczynski en julio del 2017. Estamos ampliando el permiso temporal de permanencia residencial de nuestros hermanos venezolanos. Con esa ampliación, los venezolanos que llegaron antes de agosto del 2017 también tenían derecho al PTP. Sería la primera de varias ampliaciones. Anamer llegó a el Perú en noviembre del 2017, cuando la demanda por el PTP iba creciendo rápidamente. Pero ellos no fueron al Perú por eso, ni siquiera sabían que existía. Como ya dijimos, su único criterio para escoger Perú fue que no se mencionaba mucho en las noticias. Y unas semanas después de haber llegado a Lima, ya en diciembre, alguien les habló del PTP. Y Anamer le dijo a su novio… Por más costosos que sean y por más que nos apretamos en diciembre, vamos a sacarnos los antecedentes penales, porque yo siento que tenemos más oportunidad de entrar en un empleo si le mostramos a esa persona que nosotros no tenemos antecedentes penales en Venezuela. Sentía que necesitaba demostrarle al Perú que yo no… que yo estaba bien, pues. El trámite fue bastante rápido. En enero tuvieron la cita. Pidieron el PTP. A los días ya les habían entregado el carnet. Con el carnet podían pedir trabajo legalmente. Y bueno, pues a eso se dedicaron. Entrabas a sitios donde había un cartel afuera, hay muchos sitios donde hay carteles que se necesita azafata, se necesita personal con experiencia para atender al público. Aunque, claro, es muy diferente que la gente te salude y te dé apoyo en la calle a que te dé un trabajo. Entonces sí se encontró con un poquito de rechazo al principio. Te dicen que porque eres venezolana ya no. O sea, no te preguntan si tienes permiso de trabajo, si tiene PTP, si tienes papeles, no. Te dicen de una vez que no. Eres venezolana, bueno, no… Y bueno, eso la puso… la puso mal, ¿no? A la defensiva. Es cuando la depresión, la… la presión, la desesperanza, todo juega en tu contra y te sientes súper afligido. Pero… Entre el desánimo y el ánimo logre salir adelante y seguir buscando. No rendirme, no rendirme: ir a entrevistas, enviar diferentes papeles. Y finalmente —un mes después— consiguió un trabajo como asistente de un abogado. Y ahí le tocaba, pues, redactar documentos, demandas, querellas… Todo lo que tenga que ver con notarías, todo este tipo de documentos. Y además me toca llevarlos a las entidades públicas, Fiscalía, abogados penales, civiles, familia. Y, bueno, por su experiencia buscando trabajo… Al principio obviamente sentía miedo de llegar a estas entidades públicas. Me pedían: “Su DNI por favor para darle el papel”. Y en el que era la primera parte, y yo les entregaba el pasaporte o el PTP y me veían: “¡Ah, eres venezolana, qué bien, que no sé qué! ¿Y estás trabajando con un abogado?”. Y veía como interés en… en hablar conmigo. Y me ayudaba: me daban mi ticket normal y me decían: “Mira, vas a subir en la ventanilla, cruzas…”. O sea, se preocupaban por explicarme mucho. Su novio también consiguió empleo como diseñador gráfico. Y pues ya, con esa estabilidad, pues empezaron a disfrutar en Lima la vida que una vez habían tenido en Venezuela. Vi los automercados refull de comida y eso… tenemos años que no veíamos eso. Mirar toda la comida en la calle, en Lima todo huele rico. [Risas] Lima es el país para engordar. Digo que hasta la lechuga engorda. [Risas] Estoy haciendo dieta con lechuga y atún y no he adelgazado nada. Y no solo se sentía emocionada por la comida, en Lima podía conseguir cosas que en Venezuela se habían vuelto lujos. Hay jabón de lavar ropa aquí y hay papel higiénico y esas son cosas… [Risas] Hay pasta de dientes, hay afeitadoras, hay todo eso que no había en Venezuela. Hasta un desodorante. Nada de aseo personal había en Venezuela. Entonces por eso para nosotros es como entrar a Orlando, Florida. Finalmente estaba contenta. Hasta podría decir que feliz. Tenía una rutina, estabilidad y las cosas básicas que meses antes parecían imposibles. Pero mientras la vida de Anamer tomaba ritmo, la demanda por el PTP continuaba. Y era cada vez mayor. Cientos de venezolanos trajeron lo que encontraron en casa para pasar la noche haciendo cola en los exteriores de la sede de la Interpol en Surco. La dirección de migraciones ha ido ampliando sus horarios de trabajo, las colas frente a Interpol han ido creciendo. Cerca de 700 venezolanos acuden a diario a esas oficinas de San Isidro… Para noviembre del 2018, unos 140 mil venezolanos contaban con el PTP y otros 250 mil estaban en medio del trámite, a pesar del trabajo extra de la oficina de migración y la Interpol. Esto sin hablar de las más de 200 mil personas que ni siquiera habían podido —o querido— sacar una cita. Y la llegada masiva de venezolanos empezaría a transformar el Perú. Anamer notó este cambio por primera vez el sábado 3 de marzo del 2018. Eran aproximadamente la 1 y media de la tarde. Iba a mi cita de odontólogo como todos los sábados Estaba en un autobús que iba por la avenida Arequipa, que es una de las calles principales de Lima. En un paradero —específicamente enfrente de un restaurante que se llama Miami Chicken Criollo— el autobús se detiene a bajar a pasajeros y a tomar más. Y yo estaba escuchando música, y de repente, no sé por qué razón, voltee mi mirada hacia la derecha y vi el paradero y vi un cartel que me llamó la atención porque vi la palabra “venezolanos”. Era un cartel negro, de diseño sencillo, pero se veía la mano de un profesional, ¿no? Y las letras eran blancas y rojas, como emulando la bandera peruana… Y tenía un hashtag que decía claramente: “Perú sin venezolanos”. Y abajo unas letras que decían: “Basta ya”. Basta ya. Una pausa y volvemos. Este podcast de NPR y el siguiente mensaje son patrocinados por Squarespace. Un sueño es tan solo una gran idea que tiene todavía no una página web. Personaliza la apariencia y la navegación de tu página, así como la forma para vender tus productos y mucho más con un par de clicks. Ingresa a Squarespace.com y haz una prueba gratuita. Y cuando estés listo para lanzar tu página, usa el código RADIO para ahorrarte 10 por ciento en la compra de tu primer sitio web o dominio. El futuro está llegando. 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Dejamos la historia de Anamer un sábado, cuando estaba en el autobús en la avenida Arequipa —una de las vías más transitadas de la capital peruana— frente a un paradero, viendo un cartel con la frase “Perú sin Venezolanos. Basta Ya”. Estaba en shock. Paralizada. Porque esto era algo financiado. Es decir, alguien se tomó la molestia de invertir dinero, de buscar un diseñador, de buscar una imprenta. Y pues lo primero que se le ocurrió fue quitarse los audífonos… Y entrar en Twitter y pensar en… [risa nerviosa] en cualquier cosa que escribir para poder denunciar esto que acababa de ver. A Anamer le pareció que estaba frente a una campaña, ¿no? Así que buscó el hashtag Perú sin venezolanos que aparecía en el cartel. A ver si la gente ya lo estaba compartiendo, si alguien lo denunciaba como xenofóbico. Y no encontré absolutamente nada. Me pareció súper extraño por lo cual yo sí lo usé y hice la denuncia del cartel que acababa de ver. Con el teléfono le hizo una foto al cartel y antes de que el bus arranque, ya estaba escribiendo un tuit. “Vaya vaya, me acabo de conseguir con esta perlita, un cartel con el hashtag Perú Sin Venezolanos. Basta de xenofobia”. El tuit de Anamer tuvo un montón de respuestas y rápidamente empezaron a aparecer —también en Twitter— imágenes de otros carteles que otros usuarios habían visto. Varios afiches con la frase Perú sin venezolanos fueron pegados en varios puntos de la capital. En el puente de Acho y en los paraderos de la avenida arequipa apareció esta especie de propaganda que emplea un hashtag… Así que la prensa rápidamente empezó a replicar la noticia. Los afiches no han sido atribuidos a ningún movimiento ni colectivo, ni llevan firma. Al día siguiente la mayoría de carteles ya no estaban. Desaparecieron de la nada. Nadie supo quién los puso, ni quién los quitó. Pero esta campaña fue una señal clara de que algo estaba cambiando en la sociedad peruana. Ya no era todo amabilidad y hospitalidad. Diego y Lizzy ya lo habían notado. Lo vieron en los noticieros, en los periódicos y en los medios digitales que empezaban a sacar titulares tendenciosos. Las cámaras de seguridad han captado a un grupo de venezolanos asaltando a plena luz del día en Los Olivos. Llegó desde Venezuela hace dos meses y en vez de ganarse la vida honradamente se dedicaba al cogoteo y robo al paso. En los que ya no se hablaba del migrante heroico venezolano que había cruzado el continente para buscarse un futuro, sino de: “Banda de delincuentes venezolanos viola y asalta y mata”. La captura de cinco ciudadanos venezolanos en el centro comercial Plaza Norte ha revelado una amenaza sumamente peligrosa: la presencia de temibles bandas venezolanas en nuestro país para las que los asesinatos brutales son algo así como una simple anécdota. Pero no solo resaltaban la noticia violenta, parecía que cualquier venezolano que cayera mal, por cualquier razón, también podría terminar en los noticieros peruanos. No importaba qué tan absurda o minúscula fuera la supuesta ofensa. Y llegando luego al punto ridículo de: “Video viral en el que venezolanos dicen que no le gusta la chicha morada indigna a peruanos”. O el caso de la venezolana que se grabó a sí misma diciendo que los peruanos eran feos y mutantes. Un racismo horrible, un racismo que dicho sea de paso, es tristemente común entre peruanos. La noticia es que la racista era venezolana. Una venezolana no encontró mejor forma de calificar a los peruanos de ratones de laboratorios. Además los tildó de indígenas con peinados asiáticos, ¿de dónde sacó lo de peinados asiáticos? Las palabras ofensivas y tontas de esta señorita se hicieron viral de inmediato en las redes ante la polémica por la masiva llegada de venezolanos a nuestro país. Empezaron como que a explotar la nacionalidad de las personas en un titular que tal vez no sería noticia de otra manera. Claro, la única razón por la que los editores o redactores consideran que eso es noticia es porque lleva la palabra venezolanos, y la palabra venezolanos “rankea” muy alta en Google Search actualmente en el Perú, ¿no? Es decir, el conflicto y la polémica vende más que las buenas acciones y las noticias positivas. Y uno de los problemas más grandes es que mientras los medios empujaban estas notas amarillistas todos los días, se olvidaron de informar sobre qué era realmente el PTP. No fueron prolijos a la hora de explicar cuáles eran los beneficios o derechos que adquirían los migrantes que accedían a él. Para muchos peruanos era como si las necesidades de los extranjeros eran más importantes que las de ellos. Están bien bienvenidos acá los venezolanos. Pero luego el Estado Peruano hubiera pensado dar el empleo a ellos, no a nosotros quitarnos el pan del día. A donde voy y a cada tienda que voy hay un venezolano ocupando un puesto de trabajo que debería ser ocupado por un peruano. En septiembre del 2018, El Comercio —uno de los periódicos más grandes del país— publicó una encuesta sobre la percepción que tenían los limeños sobre la migración venezolana. Para los que hemos escuchado cómo fue recibida Anamer en Lima los resultados son sorprendentes: el 55 por ciento piensa que la migración es negativa para el Perú. Y casi un 25 por ciento cree que los venezolanos les «quitan puestos de trabajo a los peruanos». Y bueno, aquí entramos en lo delicado del tema. El Perú es un país en el que la gente no confía en el gobierno. Donde la percepción no solo es de autoridades que no ayudan, sino de autoridades que estorban. Pero, por alguna razón, este mismo gobierno de pronto sí se preocupó por una categoría de migrantes. El PTP se volvió una sigla que los peruanos oían una y otra vez en los medios, sin que nadie explicara bien qué era, qué hacía. Y se hizo sinónimo del privilegio de los recién llegados. A eso se suma una preocupación legítima, de que los millones de peruanos que viven en la precariedad, ahora tengan que competir con cientos de miles de trabajadores más. Aquí Anamer… Siento que nos tienen mucho recelo por el PTP porque sienten que te va a dar permiso para destruir el Perú si quieres [risa] y no es así. No es cierto que el PTP les dé a los venezolanos algún beneficio especial que los peruanos no tienen… Nosotros no vamos a ir con el PTP a pedir un crédito en el banco para construir un edificio o un restaurante o un automercado. Y decir: “Bueno, sí, toma porque tú eres venezolano”. No señor. Solo regulariza su situación migratoria y equipara un poco las condiciones de vida: les da la oportunidad de trabajar o de mandar a sus hijos a la escuela. Lo mínimo para empezar una vida en otro país. Después de ver el cartel con el hashtag Perú Sin Venezolanos, Anamer empezó a fijarse en lo que decían los medios sobre los migrantes. Vio lo mismo que Lizzy y Diego. La misma xenofobia basada en hechos aislados y amarillistas. Desde que las empecé a ver, me empecé a contener. Ya no conversaba con mi novio en el autobús porque tenía temor a que me escucharán la voz, porque había visto que se había presentado un altercado en un autobús. Entonces, yo evitaba ser víctima de ese altercado en el autobús Eh, me ha pasado que en el autobús me ven y medio que me escuchen que estoy mandando una nota de voz —que lo trato de hacer muy bajito— y los ojos me los voltean. Además… He visto que personas se me quedan viendo cuando estoy sentada. Como que les causa molestia que yo esté sentada y él esté parado, pues, porque se dan cuenta que somos venezolanos. Inevitablemente se nos nota en los rasgos, también. Lizzy y Diego han hablado constantemente con Anamer durante ya más de 6 meses, meses en que las noticias con tintes xenofóbicos solo han ido aumentando. Y para ellos, el cambio de Anamer ha sido evidente, al principio la veían muy optimista, pero… La última vez que la vimos tú veías que estaba cansada. O sea, veías un poco a una chica que tal vez había perdido ese entusiasmo de… de la excitación de… de empezar una nueva vida, y de… de acomodarse en una nueva oportunidad. Y esto es algo que Lizzy entiende. Aunque no es venezolana, es inmigrante, y también siente que existe un ambiente de paranoia y desconfianza. La actitud ha cambiado. No te… O sea, no es que… Nadie me ha maltratado ni nada, pero ya no es ese… ese: “Ay, qué bonito México”. Y: “Ay, ¿qué está haciendo acá?”, ¿no? O sea, era como hasta sorprendente que viniera alguien a… a vivir o a trabajar a… a Perú. Y ahora es como: “Ah”. Es un pequeño recelo, ¿no?, dentro de la hospitalidad y… y de… de… de todo el buen trato y… y, pues, de la bienvenida que Perú le da a los… a los migrantes, sí hay por lo menos un detenerse a pensar, ¿no? Es como: “Ah, hay más personas que están viniendo, ¿no?”. Para Lizzy y Diego, parte de esta desconfianza es cultural, histórica. Como ya dijimos hace un rato, durante décadas la gente salía del Perú, no llegaba al Perú. Así que el entusiasmo inicial de ayudar a los venezolanos venía de la solidaridad, pero también de la inexperiencia: del no saber bien qué implica ser un país de inmigrantes. Creo que el país receptor o la sociedad receptora tiene esta tendencia a pensar que quien viene, pues, viene a comportarse bonito y servir, ¿no? Porque, claro, ser inmigrante es una cuestión de nacionalidad, sí. Pero también de clase. Si eres un inmigrante con dinero eres bienvenido, y si quieres, puedes hacerte invisible. Pero el inmigrante que llega sin nada, ese no se puede esconder. Es al que se señala y se ataca cuando hay problemas. En Perú, la mayoría de los venezolanos —fueran pobres o clase media antes de la crisis— está llegando en la misma situación desesperada, buscando cómo sobrevivir. Y algunos en Perú han decidido señalarlos a ellos como la raíz de muchos problemas. Y el gobierno peruano… No sabe muy bien qué hacer con la gente a la que recibe. Es decir, todavía no aprende cómo es ese asunto de… de acoger a un migrante y lo que eso implica en derechos, en obligaciones. Y como medida para aplacar la crisis decidió cambiar su política humanitaria con los venezolanos… El Ministro del Interior anunció que la cédula de identidad venezolana dejará de tener validez como documento de ingreso al territorio peruano y en su lugar se exigirá el pasaporte. A partir del 25 de agosto del 2018, solo los venezolanos con el pasaporte vigente podían ingresar al país. Las autoridades empezaron a decir que era una cuestión de seguridad, que teníamos que estar conscientes de que había que mantener las fronteras aseguradas. Que no podíamos permitir que estuvieran viniendo delincuentes. Así empezó una carrera por entrar al Perú desde Ecuador. Cientos de Venezolanos pugnan por entrar al Perú con maletas en mano y bebés en brazo en el centro binacional de atención fronteriza en Tumbes. La medida afectó a muchísimos venezolanos que tenían planeado ir al Perú, porque —como dijimos al principio— sacar el pasaporte en Venezuela es demasiado caro. No piensan en todos los venezolanos que quieren salir y tampoco tienen documentos. Y no es porque uno no quiera, uno intenta e intenta y no hay manera de conseguir documentos. Bueno, lamentablemente nos van a tener viviendo ahí en la frontera. ¿No se va a mover? No me muevo de ahí porque es que no me puedo regresar. Ya no tengo dinero para regresar, y mi esposo está allá. Además, las ampliaciones que se habían hecho al PTP se redujeron. Ahora solo pueden aplicar los venezolanos que llegaron antes del primero de noviembre del 2018. El cambio de política va de la mano con un cambio de gobierno. Frente a esta difícil situación pienso que lo mejor para el país es que yo renuncie a la presidencia de la República… Pedro Pablo Kuczynski renunció a la presidencia del Perú en marzo del 2018 tras varios escándalos de corrupción. El vicepresidente, Martín Vizcarra, asumió el cargo y ha tratado de distanciarse lo más posible de Kuczynski y sus políticas. Entre ellas, claro, las de la migración venezolana. En especial porque el descontento de gran parte de la sociedad se hizo notar justo cuando Vizcarra asumió la presidencia. En septiembre de este año, 2018, se reunieron gobiernos de 13 países latinoamericanos tocados por la migración venezolana. Ahí se le pidió al gobierno de Venezuela que facilitara la entrega de pasaportes y cada país tomó diferentes medidas para lidiar con la llegada de migrantes. Como resultado del encuentro, el Perú dio un paso atrás con su cambio de política y decidió que volvería a aceptar pasaportes vencidos para ingresar al país. Pero con todo lo que ha pasado el Perú ya no es el país que era en el 2017, tan hospitalario con los venezolanos. Volvamos a Anamer una última vez. Y es que no es solo la sociedad peruana la que está aprendiendo a lidiar con la migración, sino también los mismos venezolanos. Un pueblo que, hasta hace poco, nunca tuvo necesidad de salir de su país. Ellos también son nuevos en todo esto… Esto de migrar —además de que estás lejos de tu familia— es como que no te terminas de ir de Venezuela, cada vez que pasa algo en Venezuela te afecta directamente acá. Nosotros ahorita estamos y no estamos. Estamos aquí como nos podemos ir a otro país, como nos podemos ir a otro y a otro, porque simplemente nuestra vida cabe en una maleta. Nuestra vida es una maleta. Se convirtió en eso. Y siento que así como nos venimos nos podemos ir y nos tenemos que ir. Nos tenemos que ir. Para muchos venezolanos, todo esto es transitorio. El destino final de esta migración es el retorno. Muchas personas que escuchan Radio Ambulante saben lo que significa ser migrante: han dejado su ciudad, su cultura, su idioma, su país, su familia, para establecerse en otro lugar. Queremos conocer y compartir tu experiencia como migrante. Usa el hashtag #ÁlbumDeMigrantes en Twitter o en Instagram para publicar una foto y un testimonio corto de esos primeros meses en los que llegaste a un lugar que no te resultaba familiar. Cuéntanos alguna historia corta: ¿qué fue lo más difícil o lo más emocionante? ¿Cómo hiciste tus primeros amigos? ¿Qué hacías para sentirte cerca de tu país? Recuerda: publica el testimonio y una foto usando el hashtag #ÁlbumDeMigrantes y menciona a @radioambulante en Twitter o Instagram Stories. Compartiremos los testimonios con el resto de los oyentes. Diego Salazar es periodista y autor del libro “No hemos entendido nada”, publicado este año 2018, en donde, entre muchas otras cosas, analiza la cobertura mediática de la migración venezolana. Lizzy Cantú es editora del New York Times en Español. Están casados y son muy amigos de la familia de Radio Ambulante. Este episodio fue producido por nuestro editor asistente, Luis Fernando Vargas, y Victoria Estrada, una de nuestras pasantes editoriales. Camila Segura y yo lo editamos. La música y el diseño de sonido son de Andrés Azpiri y Remy Lozano. Nuestra pasante editorial, Andrea López Cruzado, hizo el factchecking. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Jorge Caraballo, Miranda Mazariegos, Diana Morales, Patrick Mosley, Ana Prieto, Laura Rojas Aponte, Barbara Sawhill, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa y Silvia Viñas. Lisette Arévalo es pasante editorial. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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