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Radio Ambulante - Por 40 semanas

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Hay distintas formas para llegar a ser mamá.

Cuando tenía 29 años, a Andrea Verino le diagnosticaron un cáncer de mama avanzado. Empezó un tratamiento agresivo para intentar detenerlo. Tan agresivo –le dijeron– que nunca podría ser mamá. Pero jamás renunció a su sueño. Hasta que, una década después, de la manera más inesperada, lo logró.



En nuestro sitio web puedes encontrar una transcripción del episodio. Or you can also check this English translation.



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Esto
es
Radio
Ambulante
desde
NPR.
Soy
Daniel
Alarcón.
Andrea
Verino
vive
en
la
ciudad
de
Córdoba,
en
Argentina,
y
nació
en
una
familia
muy
tradicional.
Desde
que
era
niña
en
su
casa
siempre
le
hablaron
de
la
importancia
de
estudiar
y
desarrollarse
profesionalmente.
Así
que
cuando
creció
hizo
lo
que
todos
esperaban
de
ella.
Se
graduó
de
odontóloga
y
le
dedicó
mucha
energía
a
su
trabajo.
Pero
dejó
poco
tiempo
para
su
vida
personal
y
las
experiencias
de
pareja
que
tuvo
no
fueron
muy
buenas.
Y
en
2003,
cuando
tenía
29
años,
vino
un
golpe
inesperado:
le
diagnosticaron
un
cáncer
de
mama
avanzado.
Necesitaba
empezar
un
tratamiento
agresivo
para
intentar
detenerlo.
Me
dijeron
que
yo
nunca
iba
a
poder
ser
mamá.
Que
nunca
iba
a
poder
ser
mamá.
A
pesar
de
que
en
ese
momento
tener
hijos
no
era
su
prioridad,
la
noticia
la
afectó.
Era
algo
que
siempre
había
querido.
Fue
muy
duro,
pero
había
que
sobrellevar
también
lo
que
estaba
viviendo.
El
oncólogo
siempre
me
decía
tenés
que
vivir
en
el
hoy.
Hoy
es
entrar
a
la
sesión
de
rayos.
Hoy
es
entrar
a
la
sesión
de
quimio.
Hoy
es
entrar
al
quirófano
para
que
le
sacaran
parte
del
pecho.
Hasta
que
se
acabaron
las
sesiones
de
rayos.
Se
acabaron
las
sesiones
de
quimio.
Llegó
el
tener
que
esperar
dos
años
porque
siempre
hay
un
margen
de
los
primeros
dos
años
para
ver
que
no
haya
síntomas.
Después
superó
la
meta
de
los
cinco
años
y
ahí
había
que
esperar
a
los
diez
para
alcanzar
el
alta
definitiva.
En
esa
espera,
ya
dejando
cada
vez
más
atrás
el
tratamiento,
un
día
de
octubre
de
2011,
cuando
tenía
38
años,
fue
a
un
bar
y
conoció
a
Julián
Mondragón.
Él
vivía
en
Tanti,
un
pueblo
a
unos
55
kilómetros
de
Córdoba
y
había
llegado
a
ese
bar
con
un
amigo.
Tenía
37
años,
venía
de
un
divorcio
muy
complicado
y
tenía
dos
hijos.
Al
principio
lo
miraba
como
diciendo
“un
hombre
con
problemas”
pero
me
di
una
oportunidad.
Y
aunque
decidió
darse
el
chance,
andaba
muy
cautelosa.
Este
es
Julián:
Ella
quería
ir
tranquila,
despacio,
conocernos
bien.
Andrea
ya
estaba
cansada
de
intentar
relaciones
que
fracasaban.
Pero,
para
su
sorpresa,
esta
vez
las
cosas
funcionaron…
La
relación
avanzó
y
Andrea
le
presentó
a
Julián
a
su
familia.
No
les
gustó
mucho
que
fuera
un
hombre
divorciado
y
con
hijos
pero
al
final
lo
terminaron
aceptando.
En
cambio,
la
familia
de
Julián
recibió
a
Andrea
con
los
brazos
abiertos,
sin
ningún
“pero”.
Primero
conocí
a
los
papás
y
a
la
abuelita,
ah…
la
abuelita
era
un
sol.
Y
después
fui
conociendo
a
los
hermanos.
Romina
hacía
poco
había
sido
mamá
de
su
segundo
hijo.
Romina,
la
tercera
de
los
cuatro
hermanos
Mondragón
y
la
única
mujer.
Es
13
años
menor
que
Julián,
el
mayor.
Si
bien
yo
me
llevo
bien
con
todos
mis
hermanos,
la
conexión
con
Romina
es
muy,
muy
especial.
Romina
recuerda
que
cuando
Julián
le
presentó
a
Andrea
le
cayó
bien
pero
no
sintió
demasiada
afinidad.
Andrea
es
14
años
mayor
que
ella
y
estaban
viviendo
momentos
de
la
vida
muy
diferentes.
Además,
parecían
ser
como
el
agua
y
el
aceite.
Esta
es
Romina:
Ella
también
es
como
que
es
muy,
muy
recta,
muy
estructurada
y
yo
soy
muy,
ohh,
yo
soy
un
tiro
al
aire,
yo
soy
muy
jodona,
muy…
no
sé,
yo
voy
por
la
vida
y
punto.
En
ese
momento
como
que
no
tenían
muchos
temas
en
común
de
los
que
hablar.
Pero
eso
cambiaría
unos
dos
años
después
cuando
Andrea
y
Julián
empezaran
a
considerar
la
idea
de
ser
papás.
Fue
en
2013.
Andrea
tenía
40
años
y
ya
habían
pasado
diez
desde
el
diagnóstico
del
cáncer.
Entonces
se
animó
a
hacer
la
pregunta
que
había
dejado
postergada
durante
todo
esos
años.
Fuimos
a
preguntarle
a
mi
médico
de
cabecera
si
yo
podía
intentar
ser
mamá.
Y
ahí
él
me
dice
que
ya
sí,
me
daba
el
alta
médica,
pero
que
él
no
quería
que
yo
entrara
en
un
tratamiento
hormonal
ni
nada,
porque
estaba
en
riesgo
mi
vida,
porque
mi
cáncer
se
podía
reactivar.
Pero
el
médico
le
dijo
que
podía
intentar
un
embarazo
por
vías
naturales.
Para
Andrea
fue,
dentro
de
todo,
una
buena
noticia.
De
pronto
podía
volver
a
ilusionarse
con
la
idea
de
ser
madre.
Pero
pasaba
el
tiempo
y
no
lograba
quedar
embarazada.
Era
un
ciclo
de
ilusión
y
frustración
mes
tras
mes.
Hasta
que
un
día,
esa
frustración
se
hizo
más
presente
que
nunca.
Andrea
empezó
a
sentir
un
dolor
fuertísimo
en
el
abdomen
y
minutos
después
sufrió
una
hemorragia.
Se
asustó
mucho
y
siempre
le
quedó
la
duda
de
si
no
había
perdido
un
embarazo.
Después
de
ese
episodio,
con
Julián
analizaron
la
posibilidad
de
adoptar
un
bebé.
Fueron
a
una
abogada
de
familia
pero
no
les
dio
un
panorama
muy
alentador.
Había
que
anotarse
en
una
lista
de
espera…
Y
daban
en
adopción
20
niños
por
año.
Yo
teniendo
40
años
¿cuándo
iba
a
adoptar?
¿a
los
60?
Entonces
decidieron
ir
a
dos
especialistas
en
fertilidad
para
buscar
más
opiniones.
Uno
les
repitió
lo
mismo
que
ya
les
había
dicho
su
médico:
que
por
sus
antecedentes
no
era
recomendable
hacer
un
tratamiento
de
fertilidad.
A
Andrea
la
afectó
mucho
volver
a
escuchar
lo
mismo…
Me
defenestró.
Estuve
destruida
no
si
un
año.
El
otro
fue
un
poco
más
optimista:
le
dijeron
que
podría
intentar
llevar
adelante
un
embarazo
pero
recurriendo
a
la
donación
de
óvulos.
Por
su
edad
y
por
haber
recibido
radioterapia
sin
protección
en
la
zona
ovárica
la
calidad
de
sus
óvulos
no
era
lo
suficientemente
buena.
Avanzaron
con
esa
idea
pero
en
2015
a
Andrea
se
le
explotó
un
quiste
en
el
útero
y
tuvo
una
infección
por
la
cual
estuvo
10
días
hospitalizada.
A
partir
de
ese
momento
llevar
adelante
un
embarazo
ya
sería
muy
riesgoso.
Andrea
y
Julián
estaban
devastados
pero
él
trataba
de
mantenerse
entero
para
contenerla:
Ella
se
ponía
mal
y
se
echaba
la
culpa.
Yo
siempre
le
decía
y
“será
que
Dios
querrá
que
sea
así
la
cosa”.
No
le
busques
el
porqué,
porque
muchas
veces
no
se
puede
encontrar
el
porqué.
Pero
nada
de
lo
que
le
dijeran
aliviaba
el
dolor
que
sentía
Andrea…
Vos
no
sabés
la
cantidad
de
frustración
que
cargué
yo.
Lloré
muchísimo,
hasta
cambié
el
auto
porque
tenía
un
auto
con
baúl
para
tener
atrás
las
cositas
de
un
bebé.
Lo
del
auto
era
algo
material,
pero
también
una
forma
de
visualizar
su
sueño.
Se
imaginaba
allí
con
su
bebé,
guardando
el
cochecito,
los
paquetes
de
pañales,
el
bolso
con
la
ropita…
Necesitó
deshacerse
de
él
para
intentar
dar
vuelta
la
página.
Pero
se
ve
que
es
tan
fuerte
el
deseo.
Es
el
sueño
tan
fuerte,
sigue
llamándote,
te
sigue
llamando,
te
sigue
llamando.
En
esa
búsqueda
difícil
y
dolorosa,
Andrea
encontró
en
su
cuñada
Romina
no
solo
a
una
amiga
que
la
consolaba
ante
cada
mala
noticia
sino
a
una
aliada
que
la
ayudaría
a
concretar
su
sueño
de
una
manera
totalmente
inesperada.
Una
pausa
y
volvemos.
Este
mensaje
viene
del
patrocinador
de
NPR,
Squarespace.
Utiliza
la
herramienta
de
Insights
para
hacer
crecer
tu
negocio.
Conoce
de
dónde
vienen
las
visitas
y
las
ventas
de
tu
sitio
web
y
analiza
cuáles
son
los
canales
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efectivos.
Mejora
tu
sitio
y
crea
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de
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basada
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las
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ciento
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compra
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primer
sitio
web
o
dominio.
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante,
soy
Daniel
Alarcón.
Nuestra
productora
Aneris
Casassus
nos
trae
la
historia.
Aquí
Aneris…
Empecemos
con
Romina.
Algo
en
particular
la
impactó
el
día
del
nacimiento
de
su
tercer
hijo,
Jeremías.
Su
primer
bebé
había
nacido
en
un
hospital
público
pero
Romina
no
había
tenido
una
buena
experiencia.
No
le
permitieron
a
Pablo,
su
marido,
acompañarla
durante
el
trabajo
de
parto.
A
los
21
años,
a
punto
de
dar
a
luz
a
su
primer
hijo,
Romina
se
sintió
sola
y
desprotegida.
Entonces,
cuando
quedó
embarazada
de
su
segundo
hijo,
decidió
probar
en
una
clínica
privada.
Tampoco
le
gustó.
Terminó
atendiendo
el
parto
otra
médica
que
no
era
la
suya
y
no
estuvo
contenida.
Durante
el
tercer
embarazo
no
tuvo
dudas:
se
prepararía
para
que
su
hijo
naciera
en
su
casa
y
así
escaparía
de
las
malas
experiencias
que
había
tenido
en
las
instituciones
médicas.
Pablo
estuvo
de
acuerdo.
Él,
que
venía
del
campo,
había
escuchado
varias
veces
la
historia
de
cómo
su
abuela
había
parido
a
todos
sus
hijos
en
la
casa.
Así
que
apoyó
a
Romina
en
su
decisión
y
ella
enseguida
se
empezó
a
preparar,
a
leer
mucho.
Y
ahí,
bueno,
descubrí
esta
vocación
que
son
de
las
doulas
y
bueno,
y
ahí
me
fascinó.
Esto
es
lo
mío.
Con
el
tiempo
Romina
estudiaría
para
convertirse
en
doula,
las
mujeres
que
acompañan
física
y
emocionalmente
el
embarazo,
el
parto
y
el
postparto
de
otras
mujeres.
Jeremías
nació
en
la
casa
de
Romina
y
Pablo
a
las
2
de
la
madrugada
del
25
de
abril
de
2015
y
todo
salió
bien.
A
las
9
de
la
mañana,
Andrea
y
Julián
fueron
a
conocer
a
su
nuevo
sobrino
y
una
imagen
quedaría
para
siempre
guardada
en
la
memoria
de
Romina:
su
cuñada
Andrea
alzando
al
bebé
y
mirándolo
de
una
manera
tan
especial,
tan
única.
Cuando
ellos
se
fueron,
yo
agarré
y
empecé
a
llorar
acá
sentada
en
la
cama
porque
era
terrible
de
decir
“es
la
necesidad
de
ella
de
querer
ser
madre,
tiene
su
trabajo,
su
casa,
su
auto,
su
profesión,
todo
lo
que
vos
quieras.
Pero
el
sueño
de
ella
es
ser
madre”.
Ahí
fue
cuando
me
tocó
muchísimo.
Mucho,
mucho,
me
tocó
ahí.
Andrea
recuerda
que,
un
tiempo
después,
Romina
le
dijo…
Ese
día
que
te
vi
con
Jeremías
en
los
brazos
sentí
vergüenza
de
tener
a
mi
hijo
porque
lo
que
te
dolía
a
vos
no
poder
ser
madre.
Ahí
vi
la
mamá
que
gritaba
un
bebé,
ser
mamá
que
tenías
ese
don
ahí
como
latiendo
sin
un
niño
para
abrazar.
Poco
más
de
un
año
después
de
que
naciera
Jeremías,
Romina
volvió
a
quedar
embarazada.
Mientras
los
planes
de
Andrea
y
Julián
de
ser
papás
se
iban
desvaneciendo,
Romina
no
podía
dejar
de
pensar
en
ellos.
Se
sentía
rara,
como
con
una
sensación
de
culpa.
Porque
si
yo
decidía
quedar
embarazada
y
decíamos
“buscamos
un
hijo,
Pablo,
queremos.
Bueno,
dale”,
y
yo
al
otro
mes
estaba
embarazada.
O
ese
mismo
mes.
Y
ellos
no,
digo
pero
¿por
qué?
O
sea,
yo
tengo
una
facilidad
para
poder
tenerlos
y
ella
no.
Le
partía
el
alma.
Por
eso,
en
la
Navidad
de
2016,
Romina
le
preparó
un
regalo
especial
a
Andrea.
Era
una
cajita
envuelta
en
papel
celofán.
Andrea
la
abrió
y
enseguida
leyó
la
nota
que
había
adentro:
[
“Niñito
Dios
te
pregunta
si
querés
ser
madrina
de
Isabella”.
Isabella,
la
cuarta
hija
de
Romina
y
Pablo,
que
nacería
en
mayo.
Andrea
recuerda
que
cuando
leyó
el
mensaje
empezó
a
llorar.
No
sabés
como
la
abracé
a
la
panza
y
a
ella.
Fue
como
si
me
regalara
ser
mamá.
Así
lo
viví
a
ser
madrina.
Entonces
yo
ya
estaba
realizada
con
Isabella.
Estar
con
sus
sobrinos
era
lo
más
cercano
que
podía
estar
a
la
idea
de
la
maternidad.
Pero
más
de
un
año
y
medio
después,
en
agosto
de
2018,
la
ilusión
de
ser
mamá
se
renovaría
de
una
manera
inesperada.
Andrea
estaba
en
la
cocina
cuando
recibió
un
mensaje
de
whatsapp.
Era
Romina
que
le
escribía
mientras
estaba
mirando
la
tele.
Y
estaban
pasando
de
que
una
pareja
de
homosexuales
había
podido
tener
su
hijo
a
través
del
vientre
subrogado
acá
en
Argentina.
Y
automáticamente
le
mando
un
mensaje
a
Andrea.
Era
un
viernes,
yo
estaba
en
mi
casa
y
no
porque
estaba
viendo
el
mismo
programa
y
no
lo
vi
entero,
pero
vi
un
poco
y
ay
yo
me
quedé
con
un
ruido
interno.
En
el
programa
hablaban
del
primer
caso
de
subrogación
de
vientre
de
una
pareja
gay
en
la
Argentina.
En
2015,
tres
años
antes,
dos
hombres
se
habían
convertido
en
papás
gracias
a
que
una
amiga
les
había
prestado
su
vientre.
Allí
creció
un
embrión
formado
con
el
óvulo
de
una
donante
anónima
y
el
semen
de
uno
de
ellos.
[Decía
“ay
qué
lindo,
le
pasa
a
los
otros”,
porque
yo
la
maternidad
la
tenía
que
relegar
y
te
tenés
que
relegar
de
tu
cerebro
porque
si
no
te
hace
tanto
mal
que
terminás
enfermo.
A
Andrea
y
Romina
la
historia
de
la
que
estaban
hablando
en
la
televisión
les
llamó
la
atención.
Hasta
ese
momento
habían
oído
muy
poco
hablar
de
ese
tema
y
los
casos
que
conocían
eran
los
de
algunos
famosos
que
habían
viajado
a
Estados
Unidos
para
hacerlo.
Y
es
que
en
Argentina
hay
un
vacío
legal
respecto
a
la
subrogación
de
vientres.
No
está
prohibida
pero
tampoco
regulada.
Por
eso,
hasta
ese
momento,
Romina
y
Andrea
pensaban
que
no
se
podía
hacer
en
el
país.
Andrea
y
Julián
jamás
habían
siquiera
pensado
en
esta
opción.
Para
ellos,
pagar
un
tratamiento
de
este
tipo
en
el
extranjero
era
algo
totalmente
imposible.
Sorprendidas
por
la
noticia,
Romina
y
Andrea
siguieron
mandándose
mensajes.
Digo,
qué
loco,
le
digo
se
puede
hacer
acá.
Viste,
digo
yo,
la
verdad
que
es
increíble.
Ojalá,
sería
hermoso
poder
hacerlo
acá,
me
dice.
Pero
¿cómo
lo
haríamos
nosotros?,
me
dice
¿quién
nos
prestaría
un
vientre
a
nosotros?
Para
Romina,
la
respuesta
era
obvia.
Yo,
Andrea,
acá
estoy
yo.
Estoy.
Para
lo
que
sea,
estoy.
Andrea
se
acuerda
perfecto
cómo
reaccionó
cuando
recibió
ese
mensaje:
“¡¿Qué?!”
Así
como
me
estás
escuchando
y
te
puedo
haber
asustado
fue
el
grito
que
yo
pegué.
Pero
empecé
a
temblar,
temblar
porque
era
muy
fuerte
lo
que
me
estaba
diciendo.
“¿Estás
segura?
¿estás
segura?
¿estás
segura?”
quedé
en
shock
y
salí
corriendo
al
galpón
“Julián,
Julián”
a
los
gritos
“¿Qué
te
pasa?
¿Qué
te
pasa?”
Julián
estaba
arreglando
un
auto
en
el
taller
que
tiene
en
su
casa
cuando
escuchó
los
gritos
de
Andrea.
Casi
sin
aire,
ella
le
contó
lo
que
su
hermana
le
estaba
diciendo:
que
estaba
dispuesta
a
prestarles
el
vientre
para
que
ellos
pudieran
ser
papás.
La
verdad
es
que
nos…
nos
quedamos
sorprendidos,
helados.
Todo,
todo,
al
mismo
tiempo,
porque
no
podíamos
creer.
Todavía
en
shock
por
la
propuesta
que
acababan
de
recibir,
Andrea
y
Julián
llamaron
por
teléfono
a
Romina.
Hablaron
durante
casi
una
hora
y
media.
Romina
recuerda
que
Julián
le
dijo…
¿Vos
me
estás
diciendo
en
serio,
negra?,
me
dice
y
le
digo
sí,
si
hay
posibilidad
sí,
vamos
a
ver
qué
onda,
nosotros
escuchamos
este
caso
en
la
televisión,
no
sabemos
cómo
viene
todo
por
atrás,
pero
si
se
puede,
sí,
más
vale.
A
Julián
le
preocupaba
sobre
todo
una
cosa.
Está
todo
bien,
le
digo.
Pero
vos
con
Pablo,
que
es
mi
cuñado.
Digo
con
Pablo
vos
lo
hablaste,
digo,
porque…
consultalo
con
tu
familia,
le
digo,
¿por
qué?
es
groso
y
es
mucha
cosa
lo
que
estás
diciendo.
Cuando
Romina
le
contó
a
Pablo
la
idea,
le
habló
rápido
y
atropelladamente.
[Llegó
y
no
le
dije
ni
hola,
lo
ataqué.
Y
supo
que
no
se
lo
explicó
bien
cuando
Pablo
le
contestó…
Entonces
me
dice
“vos
estás
loca
que
vamos
a
dar
un
hijo
nuestro”,
me
decía.
Y
le
digo
“no,
no,
no,
no
es
nuestro,
vamos
a
sentarnos
a
hablar
así
te
explico”.
Con
más
tranquilidad,
Romina
le
explicó
que
ella
solo
prestaría
el
vientre,
que
el
embrión
se
formaría
en
un
laboratorio
con
material
genético
que
no
sería
de
ellos.
Si
él
le
daba
el
ok,
podrían
averiguar
más
para
saber
cómo
sería
exactamente
el
tratamiento.
Pablo
le
dijo
que
estaría
dispuesto
a
acompañarla
pero
le
puso
una
condición.
Me
dice
“yo
te
acompaño,
pero
te
voy
a
pedir
que
hablemos
con
los
chicos
a
ver
qué
dicen
los
chicos
también,
porque
esta
decisión
es
de
ellos,
porque
si
ellos
la
van
a
pasar
mal
no
está
bueno
tampoco”.
Es
que
imaginémonos
por
un
instante
la
situación.
No
es
algo
fácil
de
procesar.
Romina
le
estaba
planteando
a
Pablo
una
idea
que
alteraría
todo
el
funcionamiento
familiar.
Si
decidían
avanzar
y
todo
salía
bien,
Romina
gestaría
a
su
sobrino.
Durante
nueve
meses
sus
cuatro
hijos
verían
cómo
le
iría
creciendo
la
panza
pero
llegado
el
momento
del
nacimiento
ese
bebé
no
se
quedaría
en
su
casa
sino
que
se
iría
con
Andrea
y
Julián.
Los
niños
tendrían
que
entender
que
ese
niño
no
sería
su
hermano,
sino
su
primo.
Y
Romina
debería
ser
consciente
de
que
siempre
estaría
en
contacto
con
ese
niño
que
gestó,
pero
con
otro
rol,
el
de
tía.
Pablo
quería
saber
sobre
todo
qué
opinaban
Bautista
y
Joakim,
sus
dos
hijos
más
grandes,
que
ya
tenían
9
y
7
años
en
ese
momento.
Jeremías
e
Isabella
tenían
tres
y
uno.
A
los
dos
o
tres
días,
Romina
y
Pablo
se
sentaron
a
hablar
con
los
niños.
Romina
les
dijo:
“ustedes
saben
que
su
tía
Andrea
no
puede
ser
mamá”…
Hay
esta
posibilidad,
yo
voy
a
tener
un
bebé
en
la
panza,
que
no
es
su
hermano,
no
es
ni
mi
hijo.
Le
comentamos
cómo
era.
Lo
entendieron,
le
dijimos
que
lo
piensen
si
estaban
de
acuerdo.
Automáticamente
ellos
dijeron
“sí,
con
tal
de
que
la
tía
sea
mamá”.
Dice
“sí,
más
vale
que
sí”.
Romina
ya
tenía
la
aprobación
de
su
familia
pero
ese
era
solo
el
comienzo.
Junto
con
Andrea
se
pusieron
a
investigar
más.
Solo
habían
visto
esa
nota
en
televisión
pero
no
sabían
por
dónde
empezar.
Un
día,
Andrea
le
comentó
la
idea
a
una
compañera
de
trabajo
y
por
contactos
de
conocidos
llegó
a
otro
centro
de
fertilidad.
No
era
ninguno
de
los
dos
en
los
que
ya
había
estado
antes
con
Julián.
Llamó
por
teléfono
y
pidió
una
cita.
Ellos
consultan…
septiembre
del
2018.
Él
es
el
doctor
Cesar
Sánchez
Sarmiento,
ginecólogo
especializado
en
Fertilidad
y
director
del
centro
que
le
habían
recomendado
a
Andrea.
A
la
cita
fueron
Andrea
y
Julián
y
apenas
entraron
le
explicaron
toda
la
situación
al
doctor:
la
enfermedad
de
Andrea,
los
obstáculos
para
ser
mamá
y
el
ofrecimiento
de
Romina
para
prestarles
el
vientre.
Pero
antes
de
darles
detalles
sobre
el
tratamiento
médico,
el
doctor
les
hizo
una
advertencia.
Médicamente
no
es
un
tratamiento
agresivo
pero
emocionalmente
es
muy
fuerte.
Al
doctor
le
preocupaba
el
vínculo
que
existía
entre
Andrea,
Julián
y
Romina.
Debían
tener
las
cosas
muy
claras
antes
de
tomar
cualquier
decisión.
Entonces
siguió
diciéndoles…
Hay
que
poder
manejar
familiarmente
que
mi
hermana
está
gestando
mi
bebé
y
lo
voy
a
tener
que
manejar
para
el
resto
de
la
vida.
Por
otro
lado
que
estoy
gestando
este
bebé
pero
cuando
nazca
no
me
lo
llevo
a
mi
casa.
Pongámonos
en
ese
lugar
y
uno
empieza
a
tomar
la
dimensión
de
qué
tan
grande
que
es
todo
esto,
¿no?
El
doctor
Sánchez
Sarmiento
les
explicó
que,
si
decidían
seguir
adelante,
el
embrión
se
podría
formar
en
un
laboratorio
con
el
óvulo
de
una
donante
anónima,
que
el
mismo
centro
se
encargaría
de
conseguir,
y
con
el
semen
de
Julián.
Para
saber
si
Romina
podría
ser
la
gestante,
debería
hacerse
unos
chequeos
de
rutina.
Si
todo
estaba
bien,
cuando
lograran
un
embrión
podrían
transferirlo
a
su
útero.
Pero
no
se
trataba
solo
del
tratamiento
médico.
El
doctor
les
informó
que,
como
en
Argentina
la
subrogación
de
vientres
no
está
legislada,
necesitaban
llevar
el
caso
a
los
tribunales
para
conseguir
una
autorización
especial.
No
solo
tendrían
que
lidiar
con
estudios
médicos
e
historias
clínicas,
sino
también
con
expedientes
judiciales.
Así
llegaron
a
la
oficina
del
abogado
Nicolás
Gigena.
Este
es
Nicolás:
Querían
conocer
en
profundidad
qué
decía
la
ley
argentina.
Si
estaba
regulado,
si
no
estaba
regulado.
Cómo
sería
el
proceso
ante
los
tribunales,
qué
tiempo
podría
llevar.
Nicolás
les
explicó
que
la
ley
argentina
no
dice
nada
acerca
de
la
subrogación
de
vientres.
En
2015
entró
en
vigencia
el
nuevo
Código
Civil
y
Comercial
de
la
República
Argentina
que
llevaba
144
años
sin
ser
modificado.
Allí
se
incorporaron,
entre
otras
cosas,
cinco
artículos
sobre
las
reglas
de
filiación
para
las
técnicas
de
reproducción
asistida.
Dentro
de
los
cinco
artículos
hay
uno
en
el
que
vamos
a
detenernos:
el
562.
Ese
artículo
dice
que,
y
cito,
“los
nacidos
por
las
técnicas
de
reproducción
humana
asistida
son
hijos
de
quien
dio
a
luz
y
del
hombre
o
de
la
mujer
que
también
ha
prestado
su
consentimiento
previo,
informado
y
libre”.
Es
decir
que,
según
el
Código,
el
bebé
es
hijo
de
quien
lo
gestó
y
de
quien
da
el
consentimiento,
sin
importar
quiénes
hayan
aportado
el
material
genético.
El
abogado
les
contó
que
en
la
práctica
había
personas
que
primero
hacían
el
tratamiento
médico
a
través
de
la
subrogación
de
vientre
y
luego
pedían
a
la
justicia
que
el
bebé
fuera
reconocido
como
su
hijo.
Pero
que
eso
era
riesgoso
porque
durante
un
tiempo
el
niño
quedaba
como
en
un
limbo
respecto
a
su
filiación.
Por
eso
les
dijo
que
era
importante
judicializar
el
caso
antes
de
iniciar
el
tratamiento.
Entonces
de
esa
forma
ese
niño
nace
y
va
a
tener
una
partida
de
nacimiento
donde
se
establezca
que
ese
niño
no
es
hijo
de
la
gestante,
sino
que
es
hijo
de
los
padres
intencionales.
Esos
papás
que
deciden,
ya
sea
por
una
limitación
digamos
de
tipo
biológica,
si
es
una
pareja
igualitaria
o
por
una
limitación
patológica,
si
es
una
pareja
heterosexual,
deciden,
¿sí?,
llevar
adelante
esta
práctica.
La
familia
del
caso
que
Romina
y
Andrea
habían
visto
por
televisión
tiene
hasta
hoy
ese
problema.
El
niño
fue
inscrito
como
hijo
de
la
gestante
y
uno
solo
de
sus
papás.
La
pareja
sigue
peleando
en
la
justicia
para
que
se
les
reconozca
a
ambos
la
filiación
y
liberen
a
la
gestante
de
cualquier
tipo
de
vínculo
legal
sobre
el
niño,
que
ya
tiene
7
años.
Justamente
para
evitar
este
tipo
de
situaciones
es
que
algunos
prefieren
viajar
y
hacerlo
en
lugares
donde
está
regulado
y
hay
normas
claras
para
esta
práctica.
Se
puede
hacer
en
países
como
Canadá,
Ucrania,
en
el
Reino
Unido,
Australia,
y
en
algunos
estados
de
Estados
Unidos.
En
Latinoamérica,
solo
los
estados
mexicanos
de
Sinaloa
y
Tabasco
tienen
leyes
que
regulan
la
subrogación.
Algunas
de
estas
legislaciones
imponen
restricciones
para
los
padres
intencionales:
en
ciertos
casos
no
lo
permiten
para
parejas
homosexuales
o
padres
o
madres
solteros.
En
cuanto
a
la
gestante,
algunos
estados
exigen
que
sea
un
acto
altruista
mientras
que
otros
permiten
el
alquiler
de
vientres
de
manera
comercial.
Otros
países
como
España,
en
cambio,
directamente
tienen
leyes
en
las
que
se
prohíbe
la
gestación
por
sustitución.
Pero
volvamos
a
la
Argentina.
Como
hay
un
vacío
legal,
todo
se
va
basando
en
la
jurisprudencia,
en
esos
primeros
casos
donde
los
abogados
van
recurriendo
a
estrategias
legales
para
conseguir
una
autorización.
Para
presentar
un
pedido,
me
explicó
Nicolás,
tiene
que
haber
una
causa
válida
para
la
subrogación:
No
lo
veo
viable
que
una
mujer
diga
“no,
yo
no
quiero
gestar
porque
no
quiero
transitar
un
embarazo”,
entonces
bueno
acudo
a
la
gestación
por
sustitución.
Y
otra
cosa
importante,
muy
importante.
En
Argentina,
la
gestante
tiene
que
hacerlo
de
una
forma
altruista,
sin
mediar
ninguna
compensación
económica
de
por
medio.
Tiene
que
tratarse
de
un
acto
solidario.
El
caso
de
Andrea
y
Romina
reunía
ambas
cosas,
así
que
el
abogado
les
dijo
que
estaban
en
condiciones
de
presentar
la
petición
ante
el
juzgado
de
familia.
Además
de
explicarles
todo
esto,
en
esa
primera
reunión,
Nicolás
trató
de
asegurarse
de
que
Romina
era
plenamente
consciente
de
lo
que
estaba
dispuesta
a
hacer.
La
gestante
es
un
ser
especial.
Me
parece
que
el
acto
de
amor
que
lleva
adelante
la
gestante
es
un
acto
de
amor
supremo,
porque
acá
no
se
trata
de
ser
solidario
a
partir
de
donar
sangre,
sino
de…
de
poner
el
cuerpo
durante
nueve
meses
con
todo
lo
que
implica
llevar
adelante
un
embarazo.
Pero
Romina
lo
había
pensado
mucho
y
estaba
segura.
Ya
había
parido
cuatro
hijos
y
si
bien
cada
embarazo
había
sido
diferente
sabía
muy
bien
a
lo
que
se
enfrentaría.
El
abogado
les
dijo
que
para
avanzar
con
el
trámite
tendrían
que
empezar
a
reunir
una
serie
de
papeles.
Primero,
debían
firmar
un
documento
ante
un
notario
llamado
“acuerdo
de
voluntad
procreacional”.
En
ese
documento
se
dejaba
claro
el
rol
de
Romina,
la
gestante,
y
de
Andrea
y
Julián,
los
padres
intencionales,
durante
todo
el
proceso.
Con
la
firma
de
ese
papel,
Romina
renunciaba
a
cualquier
derecho
sobre
el
futuro
bebé.
Además,
debían
adjuntar
la
historia
clínica
de
Andrea
en
la
que
constaba
que
no
podía
llevar
adelante
un
embarazo
y
los
estudios
médicos
de
Romina
para
corroborar
que
ella
podía
hacerlo.
También
debían
incluir
la
historia
médica
de
Julián,
quien
aportaría
el
espermatozoide.
Nicolás
tomó
el
caso
y
se
aseguró
de
decirles
que
a
partir
de
ese
momento
les
iría
contando
detalladamente
cada
paso
que
diera.
Sabe
que
parte
de
su
trabajo
también
es
manejar
la
ansiedad
de
los
padres
intencionales
y
de
la
gestante,
pues
es
una
situación
donde
entran
en
juego
los
tiempos
biológicos.
Por
eso
trató
de
mover
el
caso
lo
más
rápido
posible.
Con
todas
las
pruebas
reunidas,
redactó
una
demanda.
Argumentó
jurídicamente
el
pedido
citando,
entre
otros,
los
derechos
a
la
igualdad,
a
la
salud
reproductiva,
a
la
autodeterminación
del
propio
cuerpo
y
al
uso
del
avance
de
la
ciencia
para
llevar
adelante
un
proyecto
familiar.
Y
pidió
que
se
declare
la
inconstitucionalidad
del
artículo
562
del
Código
Civil
para
que
el
bebé
pueda
ser
inscrito
en
el
momento
del
nacimiento
como
hijo
de
Andrea
y
Julián.
En
octubre
de
2018,
Nicolás
presentó
la
carpeta
ante
el
juzgado
de
familia.
Y
ahora
Romina,
Andrea
y
Julián
no
podían
hacer
otra
cosa
más
que
esperar.
Unos
días
después,
el
expediente
ya
estaba
en
el
escritorio
de
ella,
la
jueza
de
familia
Mónica
Parrello.
Cuando
nos
encontramos
con
esto,
obviamente
que
dijimos:
“¡Wow!,
¿qué
trámite
le
damos?”
Porque
el
Código
no
tiene
previsto
ningún
trámite
para
esto.
Era
el
primer
pedido
de
subrogación
de
vientre
que
llegaba
a
su
juzgado
y
se
llenó
de
preguntas.
No
era
un
caso
más
de
todos
los
que
recibe
a
diario,
era
uno
que
la
estaba
enfrentando
a
revisar
los
conceptos
tradicionales
de
la
maternidad.
Porque
es
una
construcción
cultural
que
tenemos
incorporada
todos
de
que
el
bebé
que
nace
de
una
panza…
ese
bebé
es
de
esa
mamá
que
lo
gestó.
Llamó
a
varios
de
sus
colegas
para
buscar
más
opiniones.
Todos
coincidían
en
algo:
Nuestro
mayor,
no
si
temor…
pero
te
diría
es
no
estar
encubriendo
un
negocio.
Por
la
relación
entre
Romina,
Andrea
y
Julián,
parecía
bastante
claro
que
se
trataba
de
un
acto
solidario
pero
igual
debía
tener
plena
certeza
de
ello
antes
de
tomar
cualquier
decisión.
Enseguida
la
jueza
puso
a
trabajar
a
su
equipo
técnico
de
psicólogos
y
asistentes
sociales
para
que
evaluaran
el
caso.
Al
igual
que
al
abogado
y
al
médico,
una
cosa
le
preocupaba
en
particular:
si
Romina
sabía
a
lo
que
se
enfrentaría.
Porque
no
cualquiera
presta
su
vientre
para
gestar
a
un
bebé
que
sabe
que
va
a
ser
su
sobrino.
La
otra
cosa
que
le
preocupaba
era
muy
parecida
a
la
que
Julián
tenía
al
principio:
si
los
hijos
de
Romina
serían
capaces
de
procesar
la
situación.
Por
eso
encomendó
al
equipo
que
se
dividiera
en
dos
grupos:
uno
trabajaría
con
los
adultos
y
otro
se
enfocaría
en
los
niños.
Los
psicólogos
y
asistentes
sociales
entrevistaron
a
Andrea
y
Julián
y
los
visitaron
en
su
casa
de
Córdoba.
Luego
hicieron
lo
mismo
con
Romina,
Pablo
y
los
niños
en
su
casa
de
Tanti.
Elaboraron
un
informe
detallado
y
se
lo
entregaron
a
la
jueza.
Pero
eso
no
sería
suficiente:
ella
misma
quería
conocerlos
y
recién
ahí
daría
su
sentencia.
Y
una
vez
más,
Romina,
Andrea
y
Julián
no
podían
hacer
otra
cosa
más
que
esperar.
Una
pausa
y
volvemos…
¡Hola,
Ambulantes!
Soy
Silvia
Viñas.
Si
no
nos
hemos
escuchado
antes,
les
cuento:
soy
la
productora
ejecutiva
y
presentadora
de
El
hilo,
un
podcast
de
esta
misma
casa,
Radio
Ambulante
Estudios,
y
de
VICE
News.
Cada
semana
tomamos
una
noticia
clave
en
Latinoamérica
y
la
contamos
y
analizamos
mucho
más
profundamente
que
en
esas
decenas
de
titulares
que
nos
abruman.
Queremos
entender
nuestra
región
junto
a
ustedes
con
rigor,
objetividad
e
independencia.
Estrenamos
cada
viernes.
Nos
encuentran
en
El
hilo.audio
o
en
su
app
de
podcast
favorita.
Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante,
soy
Daniel
Alarcón.
Antes
de
la
pausa
conocimos
a
Andrea
que
durante
muchos
años
había
soñado
con
ser
mamá.
Y
a
Romina,
su
cuñada,
que
estaba
dispuesta
a
prestarle
su
vientre
para
que
concretara
su
deseo.
Después
de
mucho
investigar,
habían
llegado
a
los
tribunales
de
justicia
para
que
los
autorizaran
a
llevar
adelante
esta
práctica
que
no
está
prohibida
pero
tampoco
regulada
en
Argentina.
Les
habían
hecho
evaluaciones
psicológicas
y
asistentes
sociales
habían
visitado
sus
casas.
Pero
no
había
sido
suficiente.
Una
jueza
los
quería
conocer
para
asegurarse
de
tomar
la
decisión
correcta.
Aneris
Casassus
nos
sigue
contando…
En
diciembre,
antes
de
que
terminara
el
año,
la
jueza
les
envió
una
citación
a
Romina,
Pablo,
Andrea
y
Julián.
Fijaba
una
audiencia
para
marzo
de
2019
en
los
tribunales
de
familia.
Ese
verano
se
hizo
eterno
para
todos.
Era
mucha
la
ansiedad,
necesitaban
que
llegara
rápido
la
audiencia
para
saber
si
podrían
seguir
adelante
con
su
plan.
Ya
estaban
muy
ilusionados.
Hasta
que
llegó
el
día.
Romina,
Pablo,
Andrea
y
Julián
se
encontraron
con
Nicolás,
el
abogado,
en
los
tribunales
de
familia
de
Córdoba.
Cuando
entraron
al
despacho,
vieron
a
los
psicólogos
y
asistentes
sociales
que
los
habían
evaluado.
También
estaba
la
fiscal
que
había
intervenido
en
el
caso.
Romina
estaba
súper
nerviosa
pero
se
acuerda
perfectamente
de
ese
momento
y
las
primeras
palabras
que
les
dijo
la
jueza:
Entramos
y
nos
sentamos
y
nos
dice:
“No
dormí
en
toda
la
noche
pensando
en
ustedes”,
nos
dijo.
Ahhhh
yo
me
quería
morir.
Yo
digo,
“será
bueno
o
será
malo”,
digo.
La
jueza
había
leído
detenidamente
el
informe
del
equipo
técnico.
Allí
decían
que
Romina
se
mostraba
segura
y
firme
con
su
decisión.
Además
destacaban
que
la
situación
de
madre
de
cuatro
hijos
y
su
profesión
de
doula
le
permitían
empatizar
de
una
manera
especial
con
Andrea,
con
su
deseo
de
tener
un
hijo.
Pero
además,
que
entre
ellas
se
observaban
fuertes
lazos
afectivos
y
de
colaboración.
Pero
no
se
quería
quedar
solo
con
eso.
Quería
saber
más
de
ellos.
Así
que
empezó
haciéndoles
varias
preguntas…
Sobre
mis
hijos,
sobre
Andrea,
Julián.
Todo
eso.
Estuvimos
charlando
más
que
como
amigos,
no
más
que
como
que
estábamos
en
una
sesión
hablando
con
una
jueza.
Y
si
bien
a
medida
que
avanzaba
la
audiencia
se
sentían
un
poco
más
distendidos,
seguían
muy
ansiosos
por
saber
cuál
sería
el
fallo.
Hasta
que
en
un
momento,
Julián
recuerda
que
la
jueza
les
dijo…
La
verdad
que
esto
hoy
dice
me
cambia
la…
no
me
acuerdo
si
me
dijo
me
cambia
la
vida
o
el
replanteo
de…
de
mirar
la
vida.
Con
esa
frase
intuyeron
que
las
cosas
estaban
saliendo
bien.
Conversaron
un
rato
más
y
luego
la
jueza
les
dijo
que…
Habían
demostrado
que
todas
las
partes
involucradas
sabían
exactamente
cuál
era
el
rol
que
le
tocaba
construir
en
esta
relación
No
había
ningún
tipo
de
confusión.
Ni
siquiera
en
los
niños.
Eso
quería
decir,
en
otras
palabras,
que
fallaba
a
su
favor.
Y
cuando
terminó
de
decir
nos
largamos
a
llorar
con
Romina.
La
abracé
mucho
a
mi
hermana.
Andrea
la
abrazó,
lo
abracé
a
mi
cuñado
también.
Mónica,
la
jueza,
también
estaba
conmovida:
A
lo
mejor
uno
debería
a
veces
guardar
un
poco
las
formas,
pero
la
verdad
es
que
terminamos
todos
abrazados
en
un
estado
de
una
emoción
muy
linda.
Acostumbrada
a
decidir
sobre
peleas
por
los
bienes
tras
un
divorcio,
disputas
por
el
cuidado
de
los
hijos,
incumplimiento
de
las
cuotas
alimentarias…
Al
ver
estos
gestos
de
amor
tan
grande
nos
devuelven
a
nosotros
estas
ganas
de
seguir
diciendo:
apuesto
a
la
gente
que
todavía
es
capaz
de
una
generosidad
tan
grande.
La
jueza
les
adelantó
su
decisión
pero
les
explicó
que
debían
esperar
a
que
saliera
el
fallo
definitivo.
Recién
ahí
podrían
ir
al
centro
de
fertilidad
para
empezar
con
el
tratamiento
médico.
La
espera
seguía.
Un
mes
después,
en
abril
de
2019,
salió
la
sentencia.
Ahí
la
jueza
les
daba
la
autorización
para
la
gestación
por
sustitución
y
declaraba
la
inconstitucionalidad
del
artículo
562
del
Código
Civil.
Esto
permitía
que
el
bebé
pudiera
ser
inscrito
en
el
momento
del
nacimiento
como
hijo
de
Andrea
y
Julián.
Pero
no
solo
eso.
Incluyó
algo
que
sentaría
jurisprudencia
para
futuros
casos
de
subrogación
de
vientre:
ordenaba
que
se
le
diera
período
de
licencia
por
maternidad
tanto
a
Romina
-para
que
se
recuperara
del
parto-
como
a
Andrea
-para
que
pudiera
ocuparse
del
bebé-.
Además,
estableció
que
Andrea
y
Julián
debían
comprometerse
a
hacer
conocer
a
su
hijo
o
hija
su
origen
gestacional
cuando
tenga
la
edad
suficiente
para
comprender
la
situación.
Pronto
la
sentencia
se
hizo
pública
y
no
tardó
en
llegar
a
los
medios.
La
historia
despertaba
mucho
interés:
la
tía
que
gestaría
a
su
sobrino…
Presten
atención
a
este
caso.
Romina
Mondragón
se
va
a
convertir
en
el
vientre
del
hijo
de
su
cuñada.
Ella
es
de
Córdoba
y
va
a
llevar
en
su
vientre
al
bebé
de
su
hermano
y
su
cuñada.
La
justicia
de
esa
provincia
admitió
el
procedimiento
y
puso
un
marco
ante
la
ausencia
de
una
ley
sobre
el
tema.
Hasta
el
momento,
Andrea,
Julián
y
Romina
habían
compartido
sus
planes
con
su
círculo
más
cercano.
Tanto
para
los
papás
de
Andrea
como
para
los
de
Romina
y
Julián,
criados
en
otra
época,
con
un
pensamiento
más
conservador,
lo
que
estaban
por
hacer
sus
hijos
les
resultaba
rarísimo.
Después
de
mucho
explicarles,
terminaron
por
apoyarlos,
pero
para
otros
de
sus
seres
queridos
no
fue
nada
fácil
de
entender
ni
de
aceptar.
Y
ahora
que
la
sentencia
era
pública,
estaban
en
boca
de
todos.
Fue
tan
fuerte
porque
era
algo
reservado,
privado.
Y
me
empezaron
a
preguntar
si
quería
nota
y
yo
no
quería.
Yo
soy
NN
y
quería
seguir
siendo
NN.
Yo
quería
ser
mamá.
A
Julián
también
le
empezaron
a
hacer
muchas
preguntas…
Hasta
mismos
compañeros
de
trabajo
preguntaban
realmente
cómo
era
el
tema
porque
ellos
pensaban
qué…
qué
retorcido…
pero
bueno.
Les
costaba
mucho
entender
cómo
sería
posible
que
su
hermana
gestara
a
su
hijo.
A
Andrea
le
molestaba
las
opiniones,
pero
le
digo
eso
lo
tenés
que
tomar
de
la
ignorancia
de
la
gente.
Uno
sabe…
uno
sabe
bien
lo
que
está
haciendo.
Hicimos
todos
los
pasos
como
correspondía.
Pero
como
la
gente
no
sabe,
lo
primero
que
hace
es
pensar
muy
mal
de
todo
este
tema.
A
Romina
muchos
la
felicitaban
por
el
gesto
de
amor
que
estaba
dispuesta
a
hacer,
pero
algunos
conocidos,
en
cambio…
Me
decían
que
cómo
iba
a
hacer
un
incesto
con
mi
hermano
y
bueno
yo
les
decía,
no,
no
estoy
haciendo
incesto
con
mi
hermano.
Bueno,
era
cuestión
de
explicar
¿no?,
pero
siempre
expliqué
bien…
lo
importante
era
que…
que
entienda
lo
que
uno
estaba
haciendo,
que
no
era
ningún
degeneramiento
ni
nada
por
el
estilo.
Para
explicarlo
de
la
forma
más
simple
posible,
les
daba
siempre
el
mismo
ejemplo…
Si
a
vos
viene
tu
hermano
y
te
dice
me
cuidas
al
bebé
durante
un
año
que
me
tengo
que
ir
y
no
lo
puedo
llevar.
¿Vos
qué
vas
a
hacer?
¿Lo
vas
a
cuidar
o
lo
vas
a
dejar
tirado?
Y
no,
lo
voy
a
cuidar.
Ella
haría
lo
mismo
pero
desde
el
principio:
cuidaría
a
su
sobrino
nueve
meses
en
la
panza.
Aunque
siempre
trataba
de
explicar
todo
con
mucha
paciencia,
había
algunos
comentarios
que
le
dolían.
Los
leía
en
internet,
donde
se
compartían
historias
de
vientres
subrogados:
Habían
mujeres
que
contestaban
cómo
pueden
ser…
decían
que
regalen
un
hijo,
cómo
pueden
ser
tan
desamoradas
las
mujeres
que
hacen
esto.
Cómo
me
espanta
que
otras
mujeres
le
den
así
a
otra
mujer,
porque
estamos
hablando
de
todo
esto
que
está
pasando
con
las
mujeres,
estamos
hablando
de
solidaridad,
de
esto,
del
otro.
Y
eso
me
molesta
y
me
duele
muchísimo.
Además
de
este
tipo
de
cuestionamientos,
en
los
países
donde
está
regulada
la
subrogación
y
se
permite
el
alquiler
de
vientres
de
manera
comercial
se
suman
otras
críticas.
Un
sector
del
feminismo
considera
que
esta
práctica
pone
a
la
mujer
en
una
situación
de
explotación
reproductiva.
Porque
es
imposible
comprobar
que
no
haya
presiones
ni
abuso
de
una
situación
socioeconómica
desventajosa
que
lleve
a
la
gestante
a
tomar
esta
decisión.
También
mencionan
las
consecuencias
físicas
y
psicológicas
que
conlleva
esta
práctica
para
la
gestante.
Según
esta
postura,
la
subrogación
es
un
negocio
internacional
y
las
mujeres
que–
como
en
el
caso
de
Romina–
quieren
hacer
un
favor
a
alguien
cercano
son
la
excepción.
Tanta
controversia
genera
el
tema
que
en
el
proyecto
de
modificación
del
Código
Civil
que
mencionamos
antes
se
incluía
un
artículo
para
regular
la
subrogación
de
vientres
pero
no
se
llegó
a
un
consenso…
por
lo
cual
se
terminó
desechando.
Es
un
debate
que
sigue
pendiente.
A
pesar
de
las
críticas,
Romina,
Andrea
y
Julián
siguieron
adelante
con
sus
planes.
Con
la
autorización
judicial
en
mano,
ya
podían
empezar
con
el
tratamiento
médico.
Así
que
volvieron
a
la
clínica
del
doctor
Sánchez
Sarmiento
para
empezar
con
todo.
Como
les
habían
explicado,
necesitaban
los
óvulos
de
una
donante
anónima.
Las
mujeres
que
donan
óvulos
deben
tomar
una
medicación
durante
10
o
12
días
para
estimular
sus
ovarios
y
así
generar
varios
óvulos
en
un
mismo
ciclo.
Luego,
en
una
intervención
en
quirófano
y
mientras
permanecen
sedadas,
se
los
extraen.
Si
bien
en
Argentina
no
existe
regulación
para
la
subrogación
de
vientres,
la
donación
de
óvulos
y
espermatozoides
está
contemplada
en
la
Ley
de
Reproducción
Médicamente
Asistida.
Allí
se
habla
de
“donación”,
es
decir
que
tampoco
puede
tener
fines
comerciales.
Lo
que
se
admite
en
la
práctica
es
una
compensación
económica
para
cubrir
los
gastos
y
el
tiempo
invertido.
Los
donantes
pasan
por
muchos
filtros:
pruebas
médicas,
análisis
clínicos,
estudios
genéticos
y
una
evaluación
psicológica.
Una
vez
superan
todo
eso,
deben
firmar
un
consentimiento
donde
dejan
constancia
de
que
no
tienen
voluntad
procreacional.
Es
decir,
que
no
pueden
reclamar
ningún
tipo
de
derecho
sobre
un
posible
bebé
formado
a
partir
de
sus
óvulos
o
espermatozoides.
Esa
persona,
cuando
crezca,
por
su
parte,
tampoco
tiene
derecho
a
saber
quién
aportó
el
óvulo
o
el
espermatozoide.
Este
es,
otra
vez,
el
doctor
Sánchez
Sarmiento:
El
único
motivo
donde
los
centros
médicos
debemos
dar
información
es
información
médica,
pura
y
exclusivamente
médica,
cuando
un
juez
nos
lo
pide.
Pero
todo
lo
demás
es
anónimo.
El
centro
de
fertilidad
se
encargó
de
buscar
a
la
donante
y
extraer
sus
óvulos.
Luego
Julián
dejó
su
muestra
de
esperma.
En
un
laboratorio,
unieron
esos
óvulos
con
los
espermatozoides
pero
recién
entre
el
quinto
y
sexto
día
sabrían
si
se
habría
terminado
de
formar
algún
embrión.
Durante
esos
días
el
médico
les
informaba
permanentemente
cómo
evolucionaban
los
embriones.
Las
horas
se
hacían
interminables,
no
solo
para
Andrea
y
Julián,
también
para
Romina:
De
que
el
doctor
te
decía
te
llamo
a
las
dos
y
eran
dos
y
media
y
no
te
había
llamado
entonces,
entonces
no
sabíamos
cómo
seguían.
Pero
al
quinto
día,
cuando
recibieron
la
llamada,
las
noticias
no
fueron
buenas.
El
médico
les
avisó
que
no
se
había
formado
ningún
embrión.
Debían
intentarlo
otra
vez.
Esta
segunda
espera
fue
tal
vez
aún
más
difícil
que
la
primera.
Julián
recuerda
muy
bien
las
sensaciones
durante
esos
días.
Esos
cinco
días
los
contaba,
¿sabes
qué?
Se
te
hacían
eternos,
por
qué
no
te
pasaba
más
el
tiempo.
Una
vez
más
las
noticias
no
fueron
buenas:
no
había
embrión.
Andrea
y
Julián
ya
estaban
cansados
y
tomaron
una
decisión.
Lo
intentarían
solo
una
vez
más.
Habían
sido
muchos
años
de
acumular
frustraciones:
16
desde
el
diagnóstico
de
cáncer
cuando
le
dijeron
a
Andrea
que
jamás
podría
ser
mamá,
seis
desde
que
le
habían
dicho
que
había
una
posibilidad
de
intentarlo
pero
nada
había
funcionado,
más
de
uno
desde
que
Romina
se
había
ofrecido
a
ayudarlos.
Pero
hacia
fines
de
diciembre
de
2019,
cuando
estaban
a
punto
de
rendirse,
el
doctor
los
llamó
para
avisarles
que
ese
tercer
intento
había
funcionado:
había
embrión.
Ya
lo
habían
mandado
a
analizar
y
todo
estaba
perfecto.
Ahí
supieron
el
sexo:
femenino.
Oh
yo
saltaba
de
la
felicidad.
Un
salto
de
alegría
total.
Enseguida
llamaron
a
Romina
para
avisarle.
Fue
increíble
que
recibieran
la
noticia
ese
día
porque
unas
horas
antes
una
prima
de
Andrea
que
estaba
de
vacaciones
en
México
le
había
avisado
que
ya
había
dejado
su
carta
en
la
Basílica
de
la
Virgen
de
Guadalupe.
Era
un
mensaje
en
el
que
Andrea
le
pedía
a
la
Virgen
que
todo
saliera
bien.
En
ese
instante
decidió
que
si
las
cosas
avanzaban
como
tanto
había
soñado
su
hija
se
llamaría
Guadalupe.
Era
un
paso
más
pero
todavía
faltaba
un
gran
camino
por
recorrer.
Ahora
debían
preparar
a
Romina
con
una
medicación.
Le
dieron
unas
pastillas
que
tomó
durante
un
mes
para
que
el
útero
estuviera
más
fortalecido
para
recibir
el
embrión.
Después
bueno
empezaron
como
aparecer
los
miedos.
¿Y
si
sale
todo
bien?
¿Y
si
sale
todo
mal?
Bueno,
los
miedos
que
aparecen
como
siempre.
El
médico
ya
les
había
adelantado
que
no
era
seguro
que
el
embrión
prendiera
en
el
primer
intento.
El
26
de
febrero
de
2020
era
el
día
indicado
para
la
transferencia
al
útero
de
Romina.
Romina
llegó
con
Pablo,
Andrea
y
Julián
al
centro
de
fertilidad.
Y
luego
Romina
y
Andrea
entraron
a
una
habitación.
Bailamos
en
la
salita
de
quirófano.
Romina
vistiéndose
con
la
bata
y…
de
la
adrenalina
que
teníamos.
La
transferencia
fue
rápida
y
sencilla,
es
un
procedimiento
similar
al
estudio
ginecológico
de
rutina.
Romina
salió
de
ahí
con
una
seguridad
abrumadora.
Me
pregunta
el
doctor
¿cómo
estás?
Yo
le
dije
estoy
embarazada.
De
acá
me
voy
embarazada,
listo.
Ella
dice
cuando
salió:
“Yo
que
estoy
embarazada.
Yo
sé,
yo
sé…”.
Y
así
vivía
por
la
vida,
yo
digo
“esta
es
una
loca”,
porque
tenía
que
prender
todavía,
pero
era
tanta
energía
hermosa
que
no
te
dejaba
dudar.
Para
confirmarlo
tendrían
que
esperar
15
días,
cuando
el
médico
le
indicó
a
Romina
que
se
hiciera
un
análisis
de
sangre.
Esperar,
otra
vez,
esperar…
Los
días
que
siguieron
fueron
de
mucha
ansiedad
para
todos.
Andrea
le
preguntaba
a
cada
rato
a
Romina
cómo
se
sentía.
Los
hijos
de
Romina
le
preguntaban
cuánto
tiempo
faltaba
para
saber
si
estaba
embarazada.
Y
Pablo,
su
marido,
le
decía
que
notaba
en
ella
un
semblante
distinto:
el
mismo
que
había
notado
antes
en
los
embarazos
de
sus
cuatro
hijos.
Ella
también
sentía
que
todo
había
salido
bien,
pero
quería
ser
cauta
con
Andrea
y
no
generar
falsas
expectativas.
Así
que
le
decía
que
tuviera
paciencia,
que
ya
faltaba
menos
para
el
día
del
análisis
de
sangre.
Habían
pasado
12
días
de
la
transferencia
embrionaria
cuando
Andrea
y
Julián
viajaron
hasta
Tanti.
Toda
la
familia
se
reuniría
allí
para
celebrar
el
cumpleaños
del
papá
de
Romina
y
Julián.
Y
ahí
Andrea
no
se
aguantó
más.
A
escondidas,
le
hizo
una
propuesta
a
su
cuñada.
Romina
dudó
un
momento
pero
luego
aceptó:
Así
que
salimos
corriendo
a
la
farmacia
y
no
compramos
un
Evatest,
qué
ansiosas.
Son
los
test
rápidos
de
embarazo
que
se
hacen
con
la
orina.
Salieron
de
la
farmacia
y
volvieron
a
la
casa
de
los
papás
de
Romina
y
Julián.
Antes
de
meterse
al
baño,
Romina
le
advirtió
a
Andrea
que
no
se
angustiara
si
daba
negativo.
Porque
tal
vez
habían
pasado
muy
pocos
días
como
para
que
el
resultado
sea
fiable.
Salgo
del
baño,
pálida
debo
haber
salido.
Y
Andrea
“¿¿¿y???”.
“Ay
le
digo,
ay
boluda,
sí”.
Nos
queríamos
morir.
Empezamos
los
gritos.
No,
no
te
podrás
imaginar
ahí
adentro.
No,
no…
una
alegría
terrible
Cuando
la
familia
escuchó
los
gritos
de
Romina
y
Andrea,
no
hubo
que
explicar
nada.
Todos
entendieron
lo
que
estaba
pasando.
Se
abrazaron
y
se
pusieron
a
llorar. Romina,
con
32
años,
iniciaba
así
su
quinto
embarazo.
Yo
dije
esto
va
a
ser
igual
que
mis
otros
embarazos
no
tiene
nada
de
distinto.
Solo
que
bueno,
que
es
una
sobrina,
pero
es
lo
mismo.
Yo
quiero
que
tenga
lo
mismo
que
tuvieron
mis
hijos.
Pero
ahí
sucedió
algo
que
no
estaba
en
los
planes:
la
pandemia.
Apenas
once
días
después
de
que
Romina
se
hiciera
el
test,
Argentina
decretó
la
cuarentena
obligatoria.
Así
que
Romina
y
Andrea
casi
no
podían
verse.
Una
estaba
en
su
casa
de
Tanti,
la
otra
en
Córdoba.
Para
llevarle
el
ácido
fólico
que
debía
tomar
Romina,
Julián
viajaba
con
el
expediente
bajo
el
brazo.
Ante
cada
control
policial
le
explicaba
la
situación
y
le
mostraba
los
documentos
para
que
lo
dejaran
pasar.
También
tuvieron
que
dar
explicaciones
cuando
llegó
el
día
de
la
primera
ecografía.
Por
las
medidas
sanitarias,
las
embarazadas
debían
entrar
sin
acompañante.
Pero
esto
era
distinto.
Yo
le
decía:
“Mirá
le
digo
no,
yo
no
soy
la
madre,
la
madre
es
ella.
Yo
necesito
que
ella
la
vea,
a
la…
a
la
bebé”.
El
médico
entonces
hizo
una
excepción
y
dejó
pasar
a
Andrea
también.
Y
Andrea,
por
primera
vez,
vio
a
su
hija
en
el
vientre
de
su
cuñada.
Quería
guardar
ese
momento
para
siempre
así
que
sacó
el
celular
y
empezó
a
grabar.
Este
es
un
audio
de
ese
video:
Yo
tengo
cuatro
hijos…
Mi
vida.
Ay
cosita…
Mirá
el
corazón…
Mi
amor…
Latiditos
[Sonido
de
latidos]
No
tienen
idea
lo
que
significa
esto
para
mí.
A
los
29
años
tuve
cáncer
de
mama.
Mi
vida…
Así
que
todo
bien
por
ahora…
Excelente…
El
confinamiento
se
extendió
mucho
más
de
lo
esperado.
Andrea
y
Julián
le
mandaban
videos
y
audios
a
Romina
para
que
la
beba
empezara
a
escuchar
sus
voces
desde
la
panza.
Y
Romina
les
enviaba
fotos
y
videos
para
que
vivieran
lo
más
cerca
posible
todo
el
embarazo.
Guadalupe
solía
moverse
mucho
durante
la
madrugada
y
cuando
lo
hacía,
Romina
enseguida
agarraba
el
celular
y
le
escribía
a
Andrea
para
contarle.
Yo
le
dije
yo
te
voy
a
mandar
a
la
hora
que
sea,
no
me
interesa
que
trabajes
al
otro
día.
Eran
las
tres
de
la
mañana
yo
digo
“acá
sigo
despierta
sin
dormir”.
Estábamos
muy
conectadas,
me
hacía
fotos,
me
hacían
videos
los
chicos.
Le
sostenían
el
celular
cuando
daba
pataditas
para
que
yo
la
viera.
Todos
mis
sobrinos
acompañando
todo
el
momento.
Isabella,
la
más
pequeña,
ya
tenía
tres
años
y
había
empezado
a
hablar.
A
cada
rato
le
hablaba
a
la
panza
y
decía:
“Salí
Guadalupe
para
jugar”.
Pero
Romina
no
perdía
oportunidad
para
recordarle
cómo
serían
las
cosas:
Acá
está
tu
prima
Guadalupe,
cuando
nace
Guadalupe
se
va
con
la
tía
Andrea
que
es
la
mamá,
la
tía
Andrea
no
lo
puede
tener
en
la
panza
porque
tiene
la
panza
enferma,
entonces
la
tiene
mamá”.
Y
lo
mismo
que
le
decía
a
los
chicos,
se
lo
decía
a
Guadalupe
en
la
panza
Yo
le
decía:
“Guada,
acá
está
tu
tía,
yo
soy
tu
tía
no
soy
mamá”.
Y
cuando
venía
Andrea
le
hablaba
y
le
decía
“acá
está
mamá
afuera,
que
te
está
esperando”.
Siempre
¿viste?
Nunca
le
dije
o
hija
mía
o
algo
de
eso,
no
no…
Las
pocas
veces
que
Andrea
y
Julián
podían
llegar
hasta
Tanti
con
un
permiso
especial,
le
llevaban
música
en
un
pen
drive
o
lanas
para
que
se
entretuviera
haciendo
las
manualidades
que
a
ella
le
gustan.
Eran
momentos
únicos
y
los
aprovechaban
al
máximo.
Romina
solía
acostarse
y
Andrea
le
acariciaba
la
panza
y
le
hablaba…
Durante
todo
el
embarazo
Romina
trató
de
darle
a
Andrea
tranquilidad.
Y
a
medida
que
se
acercaba
noviembre,
el
mes
en
que
nacería
Guadalupe,
la
contuvo
más
que
nunca.
Andrea
estaba
demasiado
ansiosa
y
Romina,
con
la
experiencia
de
haber
ya
pasado
por
cuatro
partos
y
por
su
trabajo
como
doula,
le
decía…
No
es
como
en
las
novelas,
le
decía
yo
a
Andrea,
que
empiezo
con
trabajo
de
parto
y
nace
ahí
a
los
diez
minutos.
Vos
quedate
tranquila,
que
yo
hasta
dónde,
hasta
cuándo
y
cuando
yo
esté,
te
aviso.
Si
bien
a
Romina
le
había
gustado
la
experiencia
de
parir
en
su
casa,
Andrea
y
Julián
le
habían
pedido
que
el
parto
de
Guadalupe
fuera
en
una
clínica
de
Córdoba.
Eso
les
daba
más
seguridad.
Romina
respetó
esa
decisión.
Después
de
una
falsa
alarma
y
cuando
faltaban
unos
días
para
que
se
cumpliera
la
semana
40,
Julián
se
instaló
en
la
casa
de
su
hermana
en
Tanti.
Prefería
estar
allí
para
llevarla
a
Córdoba
ni
bien
empezara
con
las
contracciones.
Pasaban
las
noches
caminando
por
el
pueblo
pero
Guadalupe
no
quería
salir.
Y
la
tipa
estaba
tranquila.
No,
no…
no
daba
signo
de
nada.
Andrea,
mientras
tanto,
se
había
quedado
en
su
casa
ultimando
los
detalles
para
la
llegada
de
Guadalupe.
Si
para
el
viernes
13
de
noviembre
de
2020
no
había
noticias,
les
había
dicho
el
médico,
debían
inducir
el
parto.
Así
que
ese
día
por
la
mañana
Romina,
Pablo
y
Julián
viajaron
a
Córdoba
y
buscaron
a
Andrea
para
ir
a
la
clínica.
Aún
seguían
las
restricciones
por
la
pandemia
pero
en
la
clínica
ya
conocían
el
caso.
Harían
una
excepción
y
los
dejarían
pasar
a
los
cuatro.
A
eso
de
las
11
a
Romina
le
pusieron
el
suero
para
desencadenar
el
trabajo
de
parto
pero
poco
rato
después
ya
tenía
ocho
centímetros
de
dilatación
y
pidió
que
se
lo
sacaran.
Quería
tener
las
menores
intervenciones
posibles
sobre
ella
y
la
beba.
Ya
se
acercaba
el
momento.
Romina
y
Andrea
entraron
a
la
sala
de
parto.
Y
Julián
y
Pablo
se
quedaron
esperando
en
un
pasillo
de
la
clínica.
Y
a
las
tres
menos
diez
nació
Guadalupe.
Hermosa,
hermosa,
hermosa.
Y
fue
un
parto
precioso.
Ver
que
sale
ese
bebé
es
una
cosa,
es
un
regalo.
Ninguna
mamá
lo
puede
ver.
Y
yo
lo
vi.
A
los
47
años,
Andrea
estaba
viendo
nacer
a
su
hija
y
en
ese
preciso
instante
todas
las
frustraciones
quedaron
atrás.
Unos
minutos
después,
Andrea
acompañó
a
Guadalupe
a
una
salita
donde
la
limpiaron,
la
pesaron,
le
hicieron
sus
primeros
controles.
Era
la
primera
vez
que
una
madre
-le
dijeron
los
médicos
y
las
enfermeras-
podía
presenciar
ese
momento.
Enseguida
Julián
fue
a
conocer
a
su
hija
y
Pablo
entró
a
acompañar
a
Romina.
Y
luego
Andrea
volvió
con
Guadalupe
a
la
sala
de
parto.
Un
rato
después
fueron
a
la
habitación
y
por
un
momento
estuvieron
todos
juntos
ahí:
los
cinco.
Lo
habían
conseguido.
Cuando
la
tenés
en
brazos
ya
es…
tenés
la
realidad.
¿Viste?,
donde
tanto
la
añoraste
y
la
pediste,
y
bueno,
se
dio,
se
dio
todo
y
fue
todo
bien.
Romina
estaba
feliz:
Verlos
a
ellos
dos
con
la
bebé
en
los
brazos.
Ahhh,
es…
es
impagable.
Esa
primera
noche
Guadalupe,
Andrea
y
Romina
se
quedaron
en
la
clínica
y
no
podían
dejar
de
pensar
en
todo
el
camino
recorrido.
Así
que
bueno,
ahí
como
mirando,
mirándonos
y
mirando
al
techo,
recordando
todo,
dijimos:
“Llegamos”.
No
lo
podíamos
creer.
Es
más,
a
veces
yo
hasta
el
día
de
hoy
no
lo
creo.
Me
parece
como
que
es
irreal
que
esté
Guadalupe
acá.
Unas
semanas
antes
de
que
naciera
Guadalupe,
Andrea
había
tomado
unas
pastillas
para
lograr
tener
algo
de
leche
y
poder
amamantarla.
Logró
hacerlo
durante
esas
primeras
horas.
Y
a
pesar
de
que
Romina
nunca
había
tenido
problema
amamantando….
No
me
salió
una
gota
de
leche
cuando
nació
Guadalupe.
Nada.
Lo
que
es
la
cabeza,
¿viste?,
yo
siempre
digo
como
que
ya
sabían
que
ese
bebé
no
era
un
bebe
mío.
Al
día
siguiente
les
dieron
el
alta
y
Romina
se
quedó
esa
noche
en
la
casa
de
Andrea
y
Julián.
Al
tercer
día
se
fueron
todos
para
Tanti.
Romina
extrañaba
a
sus
hijos
y
además
ellos
estaban
ansiosos
por
conocer
a
su
primita.
El
domingo
Pablo
y
los
niños
los
esperaron
con
un
asado.
Cuando
tocó
el
momento
de
que
ellos
se
vayan
listo
se
fueron,
yo
me
quedé
acá.
Digo
bueno,
ahora
yo
esta
noche
voy
a
dormir
tranquila.
Yo
como
les
decía
a
ellos,
yo
hice
mi
parte…
Ahora
les
tocaba
a
Andrea
y
a
Julián.
Ay…
¿a
ver
esa
mona?…
hermosa…[risas]
[Daniel]:
Andrea
tiene
dos
cuadernos
donde
ella
y
toda
la
familia
fueron
escribiendo
mensajes
para
Guadalupe
mientras
estaba
en
la
panza.
Ahí
también
juntó
toda
la
documentación
y
las
notas
periodísticas
sobre
su
caso.
Cuando
crezca
y
tenga
edad
de
entender,
le
van
a
contar
que
llegó
al
mundo
de
una
forma
diferente,
que
fue
la
tía
Romina
quien
la
tuvo
en
la
panza
y
que
siempre
estuvo
rodeada
de
mucho
amor.
En
unos
días
Guadalupe
cumplirá
2
años.
Y
Romina
acaba
de
dar
a
luz
a
su
quinto
hijo.
En
2017,
la
Ciudad
de
Buenos
Aires
se
convirtió
en
el
único
distrito
donde
los
hijos
pueden
ser
inscritos
a
nombre
de
los
padres
intencionales.
Esto,
siempre
y
cuando
se
presente
el
consentimiento
por
parte
de
la
gestante.
En
todo
el
resto
de
Argentina
aún
es
necesaria
la
judicialización
de
cada
caso.
Aneris
Casassus
es
productora
de
Radio
Ambulante
y
vive
en
Buenos
Aires.
Este
episodio
fue
editado
por
Camila
Segura
y
por
mí.
Desirée
Yépez
hizo
el
fact-checking.
El
diseño
de
sonido
es
de
Andrés
Azpiri
y
Rémy
Lozano,
con
música
original
de
Rémy.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Paola
Alean,
Nicolás
Alonso,
Lisette
Arévalo,
Pablo
Argüelles,
Diego
Corzo,
José
Díaz,
Emilia
Erbetta,
Fernanda
Guzmán,
Camilo
Jiménez
Santofimio,
Juan
David
Naranjo,
Ana
Pais,
Laura
Rojas
Aponte,
Barbara
Sawhill,
Bruno
Scelza,
David
Trujillo,
Ana
Tuirán,
Elsa
Liliana
Ulloa,
y
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Fernando
Vargas.
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Esto es Radio Ambulante desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Andrea Verino vive en la ciudad de Córdoba, en Argentina, y nació en una familia muy tradicional. Desde que era niña en su casa siempre le hablaron de la importancia de estudiar y desarrollarse profesionalmente. Así que cuando creció hizo lo que todos esperaban de ella. Se graduó de odontóloga y le dedicó mucha energía a su trabajo. Pero dejó poco tiempo para su vida personal y las experiencias de pareja que tuvo no fueron muy buenas. Y en 2003, cuando tenía 29 años, vino un golpe inesperado: le diagnosticaron un cáncer de mama avanzado. Necesitaba empezar un tratamiento agresivo para intentar detenerlo. Me dijeron que yo nunca iba a poder ser mamá. Que nunca iba a poder ser mamá. A pesar de que en ese momento tener hijos no era su prioridad, la noticia la afectó. Era algo que siempre había querido. Fue muy duro, pero había que sobrellevar también lo que estaba viviendo. El oncólogo siempre me decía tenés que vivir en el hoy. Hoy es entrar a la sesión de rayos. Hoy es entrar a la sesión de quimio. Hoy es entrar al quirófano para que le sacaran parte del pecho. Hasta que se acabaron las sesiones de rayos. Se acabaron las sesiones de quimio. Llegó el tener que esperar dos años porque siempre hay un margen de los primeros dos años para ver que no haya síntomas. Después superó la meta de los cinco años y ahí había que esperar a los diez para alcanzar el alta definitiva. En esa espera, ya dejando cada vez más atrás el tratamiento, un día de octubre de 2011, cuando tenía 38 años, fue a un bar y conoció a Julián Mondragón. Él vivía en Tanti, un pueblo a unos 55 kilómetros de Córdoba y había llegado a ese bar con un amigo. Tenía 37 años, venía de un divorcio muy complicado y tenía dos hijos. Al principio lo miraba como diciendo “un hombre con problemas” pero me di una oportunidad. Y aunque decidió darse el chance, andaba muy cautelosa. Este es Julián: Ella quería ir tranquila, despacio, conocernos bien. Andrea ya estaba cansada de intentar relaciones que fracasaban. Pero, para su sorpresa, esta vez las cosas sí funcionaron… La relación avanzó y Andrea le presentó a Julián a su familia. No les gustó mucho que fuera un hombre divorciado y con hijos pero al final lo terminaron aceptando. En cambio, la familia de Julián recibió a Andrea con los brazos abiertos, sin ningún “pero”. Primero conocí a los papás y a la abuelita, ah… la abuelita era un sol. Y después fui conociendo a los hermanos. Romina hacía poco había sido mamá de su segundo hijo. Romina, la tercera de los cuatro hermanos Mondragón y la única mujer. Es 13 años menor que Julián, el mayor. Si bien yo me llevo bien con todos mis hermanos, la conexión con Romina es muy, muy especial. Romina recuerda que cuando Julián le presentó a Andrea le cayó bien pero no sintió demasiada afinidad. Andrea es 14 años mayor que ella y estaban viviendo momentos de la vida muy diferentes. Además, parecían ser como el agua y el aceite. Esta es Romina: Ella también es como que es muy, muy recta, muy estructurada y yo soy muy, ohh, yo soy un tiro al aire, yo soy muy jodona, muy… no sé, yo voy por la vida y punto. En ese momento como que no tenían muchos temas en común de los que hablar. Pero eso cambiaría unos dos años después cuando Andrea y Julián empezaran a considerar la idea de ser papás. Fue en 2013. Andrea tenía 40 años y ya habían pasado diez desde el diagnóstico del cáncer. Entonces se animó a hacer la pregunta que había dejado postergada durante todo esos años. Fuimos a preguntarle a mi médico de cabecera si yo podía intentar ser mamá. Y ahí él me dice que ya sí, me daba el alta médica, pero que él no quería que yo entrara en un tratamiento hormonal ni nada, porque estaba en riesgo mi vida, porque mi cáncer se podía reactivar. Pero el médico le dijo que sí podía intentar un embarazo por vías naturales. Para Andrea fue, dentro de todo, una buena noticia. De pronto podía volver a ilusionarse con la idea de ser madre. Pero pasaba el tiempo y no lograba quedar embarazada. Era un ciclo de ilusión y frustración mes tras mes. Hasta que un día, esa frustración se hizo más presente que nunca. Andrea empezó a sentir un dolor fuertísimo en el abdomen y minutos después sufrió una hemorragia. Se asustó mucho y siempre le quedó la duda de si no había perdido un embarazo. Después de ese episodio, con Julián analizaron la posibilidad de adoptar un bebé. Fueron a una abogada de familia pero no les dio un panorama muy alentador. Había que anotarse en una lista de espera… Y daban en adopción 20 niños por año. Yo teniendo 40 años ¿cuándo iba a adoptar? ¿a los 60? Entonces decidieron ir a dos especialistas en fertilidad para buscar más opiniones. Uno les repitió lo mismo que ya les había dicho su médico: que por sus antecedentes no era recomendable hacer un tratamiento de fertilidad. A Andrea la afectó mucho volver a escuchar lo mismo… Me defenestró. Estuve destruida no sé si un año. El otro fue un poco más optimista: le dijeron que podría intentar llevar adelante un embarazo pero recurriendo a la donación de óvulos. Por su edad y por haber recibido radioterapia sin protección en la zona ovárica la calidad de sus óvulos no era lo suficientemente buena. Avanzaron con esa idea pero en 2015 a Andrea se le explotó un quiste en el útero y tuvo una infección por la cual estuvo 10 días hospitalizada. A partir de ese momento llevar adelante un embarazo ya sería muy riesgoso. Andrea y Julián estaban devastados pero él trataba de mantenerse entero para contenerla: Ella se ponía mal y se echaba la culpa. Yo siempre le decía y “será que Dios querrá que sea así la cosa”. No le busques el porqué, porque muchas veces no se puede encontrar el porqué. Pero nada de lo que le dijeran aliviaba el dolor que sentía Andrea… Vos no sabés la cantidad de frustración que cargué yo. Lloré muchísimo, hasta cambié el auto porque tenía un auto con baúl para tener atrás las cositas de un bebé. Lo del auto era algo material, pero también una forma de visualizar su sueño. Se imaginaba allí con su bebé, guardando el cochecito, los paquetes de pañales, el bolso con la ropita… Necesitó deshacerse de él para intentar dar vuelta la página. Pero se ve que es tan fuerte el deseo. Es el sueño tan fuerte, sigue llamándote, te sigue llamando, te sigue llamando. En esa búsqueda difícil y dolorosa, Andrea encontró en su cuñada Romina no solo a una amiga que la consolaba ante cada mala noticia sino a una aliada que la ayudaría a concretar su sueño de una manera totalmente inesperada. Una pausa y volvemos. Este mensaje viene del patrocinador de NPR, Squarespace. Utiliza la herramienta de Insights para hacer crecer tu negocio. Conoce de dónde vienen las visitas y las ventas de tu sitio web y analiza cuáles son los canales más efectivos. 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Terminó atendiendo el parto otra médica que no era la suya y no estuvo contenida. Durante el tercer embarazo no tuvo dudas: se prepararía para que su hijo naciera en su casa y así escaparía de las malas experiencias que había tenido en las instituciones médicas. Pablo estuvo de acuerdo. Él, que venía del campo, había escuchado varias veces la historia de cómo su abuela había parido a todos sus hijos en la casa. Así que apoyó a Romina en su decisión y ella enseguida se empezó a preparar, a leer mucho. Y ahí, bueno, descubrí esta vocación que son de las doulas y bueno, y ahí me fascinó. Esto es lo mío. Con el tiempo Romina estudiaría para convertirse en doula, las mujeres que acompañan física y emocionalmente el embarazo, el parto y el postparto de otras mujeres. Jeremías nació en la casa de Romina y Pablo a las 2 de la madrugada del 25 de abril de 2015 y todo salió bien. A las 9 de la mañana, Andrea y Julián fueron a conocer a su nuevo sobrino y una imagen quedaría para siempre guardada en la memoria de Romina: su cuñada Andrea alzando al bebé y mirándolo de una manera tan especial, tan única. Cuando ellos se fueron, yo agarré y empecé a llorar acá sentada en la cama porque era terrible de decir “es la necesidad de ella de querer ser madre, tiene su trabajo, su casa, su auto, su profesión, todo lo que vos quieras. Pero el sueño de ella es ser madre”. Ahí fue cuando me tocó muchísimo. Mucho, mucho, me tocó ahí. Andrea recuerda que, un tiempo después, Romina le dijo… Ese día que te vi con Jeremías en los brazos sentí vergüenza de tener a mi hijo porque sé lo que te dolía a vos no poder ser madre. Ahí vi la mamá que gritaba un bebé, ser mamá que tenías ese don ahí como latiendo sin un niño para abrazar. Poco más de un año después de que naciera Jeremías, Romina volvió a quedar embarazada. Mientras los planes de Andrea y Julián de ser papás se iban desvaneciendo, Romina no podía dejar de pensar en ellos. Se sentía rara, como con una sensación de culpa. Porque si yo decidía quedar embarazada y decíamos “buscamos un hijo, Pablo, queremos. Bueno, dale”, y yo al otro mes estaba embarazada. O ese mismo mes. Y ellos no, digo pero ¿por qué? O sea, yo tengo una facilidad para poder tenerlos y ella no. Le partía el alma. Por eso, en la Navidad de 2016, Romina le preparó un regalo especial a Andrea. Era una cajita envuelta en papel celofán. Andrea la abrió y enseguida leyó la nota que había adentro: [ “Niñito Dios te pregunta si querés ser madrina de Isabella”. Isabella, la cuarta hija de Romina y Pablo, que nacería en mayo. Andrea recuerda que cuando leyó el mensaje empezó a llorar. No sabés como la abracé a la panza y a ella. Fue como si me regalara ser mamá. Así lo viví a ser madrina. Entonces yo ya estaba realizada con Isabella. Estar con sus sobrinos era lo más cercano que podía estar a la idea de la maternidad. Pero más de un año y medio después, en agosto de 2018, la ilusión de ser mamá se renovaría de una manera inesperada. Andrea estaba en la cocina cuando recibió un mensaje de whatsapp. Era Romina que le escribía mientras estaba mirando la tele. Y estaban pasando de que una pareja de homosexuales había podido tener su hijo a través del vientre subrogado acá en Argentina. Y automáticamente le mando un mensaje a Andrea. Era un viernes, yo estaba en mi casa y no sé porque estaba viendo el mismo programa y no lo vi entero, pero vi un poco y ay yo me quedé con un ruido interno. En el programa hablaban del primer caso de subrogación de vientre de una pareja gay en la Argentina. En 2015, tres años antes, dos hombres se habían convertido en papás gracias a que una amiga les había prestado su vientre. Allí creció un embrión formado con el óvulo de una donante anónima y el semen de uno de ellos. [Decía “ay qué lindo, le pasa a los otros”, porque yo la maternidad la tenía que relegar y te tenés que relegar de tu cerebro porque si no te hace tanto mal que terminás enfermo. A Andrea y Romina la historia de la que estaban hablando en la televisión les llamó la atención. Hasta ese momento habían oído muy poco hablar de ese tema y los casos que conocían eran los de algunos famosos que habían viajado a Estados Unidos para hacerlo. Y es que en Argentina hay un vacío legal respecto a la subrogación de vientres. No está prohibida pero tampoco regulada. Por eso, hasta ese momento, Romina y Andrea pensaban que no se podía hacer en el país. Andrea y Julián jamás habían siquiera pensado en esta opción. Para ellos, pagar un tratamiento de este tipo en el extranjero era algo totalmente imposible. Sorprendidas por la noticia, Romina y Andrea siguieron mandándose mensajes. Digo, qué loco, le digo se puede hacer acá. Viste, digo yo, la verdad que es increíble. Ojalá, sería hermoso poder hacerlo acá, me dice. Pero ¿cómo lo haríamos nosotros?, me dice ¿quién nos prestaría un vientre a nosotros? Para Romina, la respuesta era obvia. Yo, Andrea, acá estoy yo. Estoy. Para lo que sea, estoy. Andrea se acuerda perfecto cómo reaccionó cuando recibió ese mensaje: “¡¿Qué?!” Así como me estás escuchando y te puedo haber asustado fue el grito que yo pegué. Pero empecé a temblar, temblar porque era muy fuerte lo que me estaba diciendo. “¿Estás segura? ¿estás segura? ¿estás segura?” quedé en shock y salí corriendo al galpón “Julián, Julián” a los gritos “¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa?” Julián estaba arreglando un auto en el taller que tiene en su casa cuando escuchó los gritos de Andrea. Casi sin aire, ella le contó lo que su hermana le estaba diciendo: que estaba dispuesta a prestarles el vientre para que ellos pudieran ser papás. La verdad es que nos… nos quedamos sorprendidos, helados. Todo, todo, al mismo tiempo, porque no podíamos creer. Todavía en shock por la propuesta que acababan de recibir, Andrea y Julián llamaron por teléfono a Romina. Hablaron durante casi una hora y media. Romina recuerda que Julián le dijo… ¿Vos me estás diciendo en serio, negra?, me dice y le digo sí, si hay posibilidad sí, vamos a ver qué onda, nosotros escuchamos este caso en la televisión, no sabemos cómo viene todo por atrás, pero si se puede, sí, más vale. A Julián le preocupaba sobre todo una cosa. Está todo bien, le digo. Pero vos con Pablo, que es mi cuñado. Digo con Pablo vos lo hablaste, digo, porque… consultalo con tu familia, le digo, ¿por qué? es groso y es mucha cosa lo que estás diciendo. Cuando Romina le contó a Pablo la idea, le habló rápido y atropelladamente. [Llegó y no le dije ni hola, lo ataqué. Y supo que no se lo explicó bien cuando Pablo le contestó… Entonces me dice “vos estás loca que vamos a dar un hijo nuestro”, me decía. Y le digo “no, no, no, no es nuestro, vamos a sentarnos a hablar así te explico”. Con más tranquilidad, Romina le explicó que ella solo prestaría el vientre, que el embrión se formaría en un laboratorio con material genético que no sería de ellos. Si él le daba el ok, podrían averiguar más para saber cómo sería exactamente el tratamiento. Pablo le dijo que estaría dispuesto a acompañarla pero le puso una condición. Me dice “yo te acompaño, pero te voy a pedir que hablemos con los chicos a ver qué dicen los chicos también, porque esta decisión es de ellos, porque si ellos la van a pasar mal no está bueno tampoco”. Es que imaginémonos por un instante la situación. No es algo fácil de procesar. Romina le estaba planteando a Pablo una idea que alteraría todo el funcionamiento familiar. Si decidían avanzar y todo salía bien, Romina gestaría a su sobrino. Durante nueve meses sus cuatro hijos verían cómo le iría creciendo la panza pero llegado el momento del nacimiento ese bebé no se quedaría en su casa sino que se iría con Andrea y Julián. Los niños tendrían que entender que ese niño no sería su hermano, sino su primo. Y Romina debería ser consciente de que siempre estaría en contacto con ese niño que gestó, pero con otro rol, el de tía. Pablo quería saber sobre todo qué opinaban Bautista y Joakim, sus dos hijos más grandes, que ya tenían 9 y 7 años en ese momento. Jeremías e Isabella tenían tres y uno. A los dos o tres días, Romina y Pablo se sentaron a hablar con los niños. Romina les dijo: “ustedes saben que su tía Andrea no puede ser mamá”… Hay esta posibilidad, yo voy a tener un bebé en la panza, que no es su hermano, no es ni mi hijo. Le comentamos cómo era. Lo entendieron, le dijimos que lo piensen si estaban de acuerdo. Automáticamente ellos dijeron “sí, con tal de que la tía sea mamá”. Dice “sí, más vale que sí”. Romina ya tenía la aprobación de su familia pero ese era solo el comienzo. Junto con Andrea se pusieron a investigar más. Solo habían visto esa nota en televisión pero no sabían por dónde empezar. Un día, Andrea le comentó la idea a una compañera de trabajo y por contactos de conocidos llegó a otro centro de fertilidad. No era ninguno de los dos en los que ya había estado antes con Julián. Llamó por teléfono y pidió una cita. Ellos consultan… septiembre del 2018. Él es el doctor Cesar Sánchez Sarmiento, ginecólogo especializado en Fertilidad y director del centro que le habían recomendado a Andrea. A la cita fueron Andrea y Julián y apenas entraron le explicaron toda la situación al doctor: la enfermedad de Andrea, los obstáculos para ser mamá y el ofrecimiento de Romina para prestarles el vientre. Pero antes de darles detalles sobre el tratamiento médico, el doctor les hizo una advertencia. Médicamente no es un tratamiento agresivo pero emocionalmente es muy fuerte. Al doctor le preocupaba el vínculo que existía entre Andrea, Julián y Romina. Debían tener las cosas muy claras antes de tomar cualquier decisión. Entonces siguió diciéndoles… Hay que poder manejar familiarmente que mi hermana está gestando mi bebé y lo voy a tener que manejar para el resto de la vida. Por otro lado que estoy gestando este bebé pero cuando nazca no me lo llevo a mi casa. Pongámonos en ese lugar y uno empieza a tomar la dimensión de qué tan grande que es todo esto, ¿no? El doctor Sánchez Sarmiento les explicó que, si decidían seguir adelante, el embrión se podría formar en un laboratorio con el óvulo de una donante anónima, que el mismo centro se encargaría de conseguir, y con el semen de Julián. Para saber si Romina podría ser la gestante, debería hacerse unos chequeos de rutina. Si todo estaba bien, cuando lograran un embrión podrían transferirlo a su útero. Pero no se trataba solo del tratamiento médico. El doctor les informó que, como en Argentina la subrogación de vientres no está legislada, necesitaban llevar el caso a los tribunales para conseguir una autorización especial. No solo tendrían que lidiar con estudios médicos e historias clínicas, sino también con expedientes judiciales. Así llegaron a la oficina del abogado Nicolás Gigena. Este es Nicolás: Querían conocer en profundidad qué decía la ley argentina. Si estaba regulado, si no estaba regulado. Cómo sería el proceso ante los tribunales, qué tiempo podría llevar. Nicolás les explicó que la ley argentina no dice nada acerca de la subrogación de vientres. En 2015 entró en vigencia el nuevo Código Civil y Comercial de la República Argentina que llevaba 144 años sin ser modificado. Allí se incorporaron, entre otras cosas, cinco artículos sobre las reglas de filiación para las técnicas de reproducción asistida. Dentro de los cinco artículos hay uno en el que vamos a detenernos: el 562. Ese artículo dice que, y cito, “los nacidos por las técnicas de reproducción humana asistida son hijos de quien dio a luz y del hombre o de la mujer que también ha prestado su consentimiento previo, informado y libre”. Es decir que, según el Código, el bebé es hijo de quien lo gestó y de quien da el consentimiento, sin importar quiénes hayan aportado el material genético. El abogado les contó que en la práctica había personas que primero hacían el tratamiento médico a través de la subrogación de vientre y luego pedían a la justicia que el bebé fuera reconocido como su hijo. Pero que eso era riesgoso porque durante un tiempo el niño quedaba como en un limbo respecto a su filiación. Por eso les dijo que era importante judicializar el caso antes de iniciar el tratamiento. Entonces de esa forma ese niño nace y va a tener una partida de nacimiento donde se establezca que ese niño no es hijo de la gestante, sino que es hijo de los padres intencionales. Esos papás que deciden, ya sea por una limitación digamos de tipo biológica, si es una pareja igualitaria o por una limitación patológica, si es una pareja heterosexual, deciden, ¿sí?, llevar adelante esta práctica. La familia del caso que Romina y Andrea habían visto por televisión tiene hasta hoy ese problema. El niño fue inscrito como hijo de la gestante y uno solo de sus papás. La pareja sigue peleando en la justicia para que se les reconozca a ambos la filiación y liberen a la gestante de cualquier tipo de vínculo legal sobre el niño, que ya tiene 7 años. Justamente para evitar este tipo de situaciones es que algunos prefieren viajar y hacerlo en lugares donde sí está regulado y hay normas claras para esta práctica. Se puede hacer en países como Canadá, Ucrania, en el Reino Unido, Australia, y en algunos estados de Estados Unidos. En Latinoamérica, solo los estados mexicanos de Sinaloa y Tabasco tienen leyes que regulan la subrogación. Algunas de estas legislaciones imponen restricciones para los padres intencionales: en ciertos casos no lo permiten para parejas homosexuales o padres o madres solteros. En cuanto a la gestante, algunos estados exigen que sea un acto altruista mientras que otros permiten el alquiler de vientres de manera comercial. Otros países como España, en cambio, directamente tienen leyes en las que se prohíbe la gestación por sustitución. Pero volvamos a la Argentina. Como hay un vacío legal, todo se va basando en la jurisprudencia, en esos primeros casos donde los abogados van recurriendo a estrategias legales para conseguir una autorización. Para presentar un pedido, me explicó Nicolás, tiene que haber una causa válida para la subrogación: No lo veo viable que una mujer diga “no, yo no quiero gestar porque no quiero transitar un embarazo”, entonces bueno acudo a la gestación por sustitución. Y otra cosa importante, muy importante. En Argentina, la gestante tiene que hacerlo de una forma altruista, sin mediar ninguna compensación económica de por medio. Tiene que tratarse de un acto solidario. El caso de Andrea y Romina reunía ambas cosas, así que el abogado les dijo que estaban en condiciones de presentar la petición ante el juzgado de familia. Además de explicarles todo esto, en esa primera reunión, Nicolás trató de asegurarse de que Romina era plenamente consciente de lo que estaba dispuesta a hacer. La gestante es un ser especial. Me parece que el acto de amor que lleva adelante la gestante es un acto de amor supremo, porque acá no se trata de ser solidario a partir de donar sangre, sino de… de poner el cuerpo durante nueve meses con todo lo que implica llevar adelante un embarazo. Pero Romina lo había pensado mucho y estaba segura. Ya había parido cuatro hijos y si bien cada embarazo había sido diferente sabía muy bien a lo que se enfrentaría. El abogado les dijo que para avanzar con el trámite tendrían que empezar a reunir una serie de papeles. Primero, debían firmar un documento ante un notario llamado “acuerdo de voluntad procreacional”. En ese documento se dejaba claro el rol de Romina, la gestante, y de Andrea y Julián, los padres intencionales, durante todo el proceso. Con la firma de ese papel, Romina renunciaba a cualquier derecho sobre el futuro bebé. Además, debían adjuntar la historia clínica de Andrea en la que constaba que no podía llevar adelante un embarazo y los estudios médicos de Romina para corroborar que ella sí podía hacerlo. También debían incluir la historia médica de Julián, quien aportaría el espermatozoide. Nicolás tomó el caso y se aseguró de decirles que a partir de ese momento les iría contando detalladamente cada paso que diera. Sabe que parte de su trabajo también es manejar la ansiedad de los padres intencionales y de la gestante, pues es una situación donde entran en juego los tiempos biológicos. Por eso trató de mover el caso lo más rápido posible. Con todas las pruebas reunidas, redactó una demanda. Argumentó jurídicamente el pedido citando, entre otros, los derechos a la igualdad, a la salud reproductiva, a la autodeterminación del propio cuerpo y al uso del avance de la ciencia para llevar adelante un proyecto familiar. Y pidió que se declare la inconstitucionalidad del artículo 562 del Código Civil para que el bebé pueda ser inscrito en el momento del nacimiento como hijo de Andrea y Julián. En octubre de 2018, Nicolás presentó la carpeta ante el juzgado de familia. Y ahora Romina, Andrea y Julián no podían hacer otra cosa más que esperar. Unos días después, el expediente ya estaba en el escritorio de ella, la jueza de familia Mónica Parrello. Cuando nos encontramos con esto, obviamente que dijimos: “¡Wow!, ¿qué trámite le damos?” Porque el Código no tiene previsto ningún trámite para esto. Era el primer pedido de subrogación de vientre que llegaba a su juzgado y se llenó de preguntas. No era un caso más de todos los que recibe a diario, era uno que la estaba enfrentando a revisar los conceptos tradicionales de la maternidad. Porque es una construcción cultural que tenemos incorporada todos de que el bebé que nace de una panza… ese bebé es de esa mamá que lo gestó. Llamó a varios de sus colegas para buscar más opiniones. Todos coincidían en algo: Nuestro mayor, no sé si temor… pero te diría es no estar encubriendo un negocio. Por la relación entre Romina, Andrea y Julián, parecía bastante claro que se trataba de un acto solidario pero igual debía tener plena certeza de ello antes de tomar cualquier decisión. Enseguida la jueza puso a trabajar a su equipo técnico de psicólogos y asistentes sociales para que evaluaran el caso. Al igual que al abogado y al médico, una cosa le preocupaba en particular: si Romina sabía a lo que se enfrentaría. Porque no cualquiera presta su vientre para gestar a un bebé que sabe que va a ser su sobrino. La otra cosa que le preocupaba era muy parecida a la que Julián tenía al principio: si los hijos de Romina serían capaces de procesar la situación. Por eso encomendó al equipo que se dividiera en dos grupos: uno trabajaría con los adultos y otro se enfocaría en los niños. Los psicólogos y asistentes sociales entrevistaron a Andrea y Julián y los visitaron en su casa de Córdoba. Luego hicieron lo mismo con Romina, Pablo y los niños en su casa de Tanti. Elaboraron un informe detallado y se lo entregaron a la jueza. Pero eso no sería suficiente: ella misma quería conocerlos y recién ahí daría su sentencia. Y una vez más, Romina, Andrea y Julián no podían hacer otra cosa más que esperar. Una pausa y volvemos… ¡Hola, Ambulantes! Soy Silvia Viñas. Si no nos hemos escuchado antes, les cuento: soy la productora ejecutiva y presentadora de El hilo, un podcast de esta misma casa, Radio Ambulante Estudios, y de VICE News. Cada semana tomamos una noticia clave en Latinoamérica y la contamos y analizamos mucho más profundamente que en esas decenas de titulares que nos abruman. Queremos entender nuestra región junto a ustedes con rigor, objetividad e independencia. Estrenamos cada viernes. Nos encuentran en El hilo.audio o en su app de podcast favorita. Estamos de vuelta en Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. Antes de la pausa conocimos a Andrea que durante muchos años había soñado con ser mamá. Y a Romina, su cuñada, que estaba dispuesta a prestarle su vientre para que concretara su deseo. Después de mucho investigar, habían llegado a los tribunales de justicia para que los autorizaran a llevar adelante esta práctica que no está prohibida pero tampoco regulada en Argentina. Les habían hecho evaluaciones psicológicas y asistentes sociales habían visitado sus casas. Pero no había sido suficiente. Una jueza los quería conocer para asegurarse de tomar la decisión correcta. Aneris Casassus nos sigue contando… En diciembre, antes de que terminara el año, la jueza les envió una citación a Romina, Pablo, Andrea y Julián. Fijaba una audiencia para marzo de 2019 en los tribunales de familia. Ese verano se hizo eterno para todos. Era mucha la ansiedad, necesitaban que llegara rápido la audiencia para saber si podrían seguir adelante con su plan. Ya estaban muy ilusionados. Hasta que llegó el día. Romina, Pablo, Andrea y Julián se encontraron con Nicolás, el abogado, en los tribunales de familia de Córdoba. Cuando entraron al despacho, vieron a los psicólogos y asistentes sociales que los habían evaluado. También estaba la fiscal que había intervenido en el caso. Romina estaba súper nerviosa pero se acuerda perfectamente de ese momento y las primeras palabras que les dijo la jueza: Entramos y nos sentamos y nos dice: “No dormí en toda la noche pensando en ustedes”, nos dijo. Ahhhh yo me quería morir. Yo digo, “será bueno o será malo”, digo. La jueza había leído detenidamente el informe del equipo técnico. Allí decían que Romina se mostraba segura y firme con su decisión. Además destacaban que la situación de madre de cuatro hijos y su profesión de doula le permitían empatizar de una manera especial con Andrea, con su deseo de tener un hijo. Pero además, que entre ellas se observaban fuertes lazos afectivos y de colaboración. Pero no se quería quedar solo con eso. Quería saber más de ellos. Así que empezó haciéndoles varias preguntas… Sobre mis hijos, sobre Andrea, Julián. Todo eso. Estuvimos charlando más que como amigos, no más que como que sí estábamos en una sesión hablando con una jueza. Y si bien a medida que avanzaba la audiencia se sentían un poco más distendidos, seguían muy ansiosos por saber cuál sería el fallo. Hasta que en un momento, Julián recuerda que la jueza les dijo… La verdad que esto hoy dice me cambia la… no me acuerdo si me dijo me cambia la vida o el replanteo de… de mirar la vida. Con esa frase intuyeron que las cosas estaban saliendo bien. Conversaron un rato más y luego la jueza les dijo que… Habían demostrado que todas las partes involucradas sabían exactamente cuál era el rol que le tocaba construir en esta relación No había ningún tipo de confusión. Ni siquiera en los niños. Eso quería decir, en otras palabras, que fallaba a su favor. Y cuando terminó de decir nos largamos a llorar con Romina. La abracé mucho a mi hermana. Andrea la abrazó, lo abracé a mi cuñado también. Mónica, la jueza, también estaba conmovida: A lo mejor uno debería a veces guardar un poco las formas, pero la verdad es que terminamos todos abrazados en un estado de una emoción muy linda. Acostumbrada a decidir sobre peleas por los bienes tras un divorcio, disputas por el cuidado de los hijos, incumplimiento de las cuotas alimentarias… Al ver estos gestos de amor tan grande nos devuelven a nosotros estas ganas de seguir diciendo: apuesto a la gente que todavía es capaz de una generosidad tan grande. La jueza les adelantó su decisión pero les explicó que debían esperar a que saliera el fallo definitivo. Recién ahí podrían ir al centro de fertilidad para empezar con el tratamiento médico. La espera seguía. Un mes después, en abril de 2019, salió la sentencia. Ahí la jueza les daba la autorización para la gestación por sustitución y declaraba la inconstitucionalidad del artículo 562 del Código Civil. Esto permitía que el bebé pudiera ser inscrito en el momento del nacimiento como hijo de Andrea y Julián. Pero no solo eso. Incluyó algo que sentaría jurisprudencia para futuros casos de subrogación de vientre: ordenaba que se le diera período de licencia por maternidad tanto a Romina -para que se recuperara del parto- como a Andrea -para que pudiera ocuparse del bebé-. Además, estableció que Andrea y Julián debían comprometerse a hacer conocer a su hijo o hija su origen gestacional cuando tenga la edad suficiente para comprender la situación. Pronto la sentencia se hizo pública y no tardó en llegar a los medios. La historia despertaba mucho interés: la tía que gestaría a su sobrino… Presten atención a este caso. Romina Mondragón se va a convertir en el vientre del hijo de su cuñada. Ella es de Córdoba y va a llevar en su vientre al bebé de su hermano y su cuñada. La justicia de esa provincia admitió el procedimiento y puso un marco ante la ausencia de una ley sobre el tema. Hasta el momento, Andrea, Julián y Romina habían compartido sus planes con su círculo más cercano. Tanto para los papás de Andrea como para los de Romina y Julián, criados en otra época, con un pensamiento más conservador, lo que estaban por hacer sus hijos les resultaba rarísimo. Después de mucho explicarles, terminaron por apoyarlos, pero para otros de sus seres queridos no fue nada fácil de entender ni de aceptar. Y ahora que la sentencia era pública, estaban en boca de todos. Fue tan fuerte porque era algo reservado, privado. Y me empezaron a preguntar si quería nota y yo no quería. Yo soy NN y quería seguir siendo NN. Yo quería ser mamá. A Julián también le empezaron a hacer muchas preguntas… Hasta mismos compañeros de trabajo preguntaban realmente cómo era el tema porque ellos pensaban qué… qué retorcido… pero bueno. Les costaba mucho entender cómo sería posible que su hermana gestara a su hijo. A Andrea le molestaba las opiniones, pero le digo eso lo tenés que tomar de la ignorancia de la gente. Uno sabe… uno sabe bien lo que está haciendo. Hicimos todos los pasos como correspondía. Pero como la gente no sabe, lo primero que hace es pensar muy mal de todo este tema. A Romina muchos la felicitaban por el gesto de amor que estaba dispuesta a hacer, pero algunos conocidos, en cambio… Me decían que cómo iba a hacer un incesto con mi hermano y bueno yo les decía, no, no estoy haciendo incesto con mi hermano. Bueno, era cuestión de explicar ¿no?, pero siempre expliqué bien… lo importante era que… que entienda lo que uno estaba haciendo, que no era ningún degeneramiento ni nada por el estilo. Para explicarlo de la forma más simple posible, les daba siempre el mismo ejemplo… Si a vos viene tu hermano y te dice me cuidas al bebé durante un año que me tengo que ir y no lo puedo llevar. ¿Vos qué vas a hacer? ¿Lo vas a cuidar o lo vas a dejar tirado? Y no, lo voy a cuidar. Ella haría lo mismo pero desde el principio: cuidaría a su sobrino nueve meses en la panza. Aunque siempre trataba de explicar todo con mucha paciencia, había algunos comentarios que le dolían. Los leía en internet, donde se compartían historias de vientres subrogados: Habían mujeres que contestaban cómo pueden ser… decían que regalen un hijo, cómo pueden ser tan desamoradas las mujeres que hacen esto. Cómo me espanta que otras mujeres le den así a otra mujer, porque estamos hablando de todo esto que está pasando con las mujeres, estamos hablando de solidaridad, de esto, del otro. Y eso me molesta y me duele muchísimo. Además de este tipo de cuestionamientos, en los países donde está regulada la subrogación y se permite el alquiler de vientres de manera comercial se suman otras críticas. Un sector del feminismo considera que esta práctica pone a la mujer en una situación de explotación reproductiva. Porque es imposible comprobar que no haya presiones ni abuso de una situación socioeconómica desventajosa que lleve a la gestante a tomar esta decisión. También mencionan las consecuencias físicas y psicológicas que conlleva esta práctica para la gestante. Según esta postura, la subrogación es un negocio internacional y las mujeres que– como en el caso de Romina– quieren hacer un favor a alguien cercano son la excepción. Tanta controversia genera el tema que en el proyecto de modificación del Código Civil que mencionamos antes se incluía un artículo para regular la subrogación de vientres pero no se llegó a un consenso… por lo cual se terminó desechando. Es un debate que sigue pendiente. A pesar de las críticas, Romina, Andrea y Julián siguieron adelante con sus planes. Con la autorización judicial en mano, ya podían empezar con el tratamiento médico. Así que volvieron a la clínica del doctor Sánchez Sarmiento para empezar con todo. Como les habían explicado, necesitaban los óvulos de una donante anónima. Las mujeres que donan óvulos deben tomar una medicación durante 10 o 12 días para estimular sus ovarios y así generar varios óvulos en un mismo ciclo. Luego, en una intervención en quirófano y mientras permanecen sedadas, se los extraen. Si bien en Argentina no existe regulación para la subrogación de vientres, la donación de óvulos y espermatozoides sí está contemplada en la Ley de Reproducción Médicamente Asistida. Allí se habla de “donación”, es decir que tampoco puede tener fines comerciales. Lo que sí se admite en la práctica es una compensación económica para cubrir los gastos y el tiempo invertido. Los donantes pasan por muchos filtros: pruebas médicas, análisis clínicos, estudios genéticos y una evaluación psicológica. Una vez superan todo eso, deben firmar un consentimiento donde dejan constancia de que no tienen voluntad procreacional. Es decir, que no pueden reclamar ningún tipo de derecho sobre un posible bebé formado a partir de sus óvulos o espermatozoides. Esa persona, cuando crezca, por su parte, tampoco tiene derecho a saber quién aportó el óvulo o el espermatozoide. Este es, otra vez, el doctor Sánchez Sarmiento: El único motivo donde los centros médicos debemos dar información es información médica, pura y exclusivamente médica, cuando un juez nos lo pide. Pero todo lo demás es anónimo. El centro de fertilidad se encargó de buscar a la donante y extraer sus óvulos. Luego Julián dejó su muestra de esperma. En un laboratorio, unieron esos óvulos con los espermatozoides pero recién entre el quinto y sexto día sabrían si se habría terminado de formar algún embrión. Durante esos días el médico les informaba permanentemente cómo evolucionaban los embriones. Las horas se hacían interminables, no solo para Andrea y Julián, también para Romina: De que el doctor te decía te llamo a las dos y eran dos y media y no te había llamado entonces, entonces no sabíamos cómo seguían. Pero al quinto día, cuando recibieron la llamada, las noticias no fueron buenas. El médico les avisó que no se había formado ningún embrión. Debían intentarlo otra vez. Esta segunda espera fue tal vez aún más difícil que la primera. Julián recuerda muy bien las sensaciones durante esos días. Esos cinco días los contaba, ¿sabes qué? Se te hacían eternos, por qué no te pasaba más el tiempo. Una vez más las noticias no fueron buenas: no había embrión. Andrea y Julián ya estaban cansados y tomaron una decisión. Lo intentarían solo una vez más. Habían sido muchos años de acumular frustraciones: 16 desde el diagnóstico de cáncer cuando le dijeron a Andrea que jamás podría ser mamá, seis desde que le habían dicho que había una posibilidad de intentarlo pero nada había funcionado, más de uno desde que Romina se había ofrecido a ayudarlos. Pero hacia fines de diciembre de 2019, cuando estaban a punto de rendirse, el doctor los llamó para avisarles que ese tercer intento había funcionado: había embrión. Ya lo habían mandado a analizar y todo estaba perfecto. Ahí supieron el sexo: femenino. Oh yo saltaba de la felicidad. Un salto de alegría total. Enseguida llamaron a Romina para avisarle. Fue increíble que recibieran la noticia ese día porque unas horas antes una prima de Andrea que estaba de vacaciones en México le había avisado que ya había dejado su carta en la Basílica de la Virgen de Guadalupe. Era un mensaje en el que Andrea le pedía a la Virgen que todo saliera bien. En ese instante decidió que si las cosas avanzaban como tanto había soñado su hija se llamaría Guadalupe. Era un paso más pero todavía faltaba un gran camino por recorrer. Ahora debían preparar a Romina con una medicación. Le dieron unas pastillas que tomó durante un mes para que el útero estuviera más fortalecido para recibir el embrión. Después bueno empezaron como aparecer los miedos. ¿Y si sale todo bien? ¿Y si sale todo mal? Bueno, los miedos que aparecen como siempre. El médico ya les había adelantado que no era seguro que el embrión prendiera en el primer intento. El 26 de febrero de 2020 era el día indicado para la transferencia al útero de Romina. Romina llegó con Pablo, Andrea y Julián al centro de fertilidad. Y luego Romina y Andrea entraron a una habitación. Bailamos en la salita de quirófano. Romina vistiéndose con la bata y… de la adrenalina que teníamos. La transferencia fue rápida y sencilla, es un procedimiento similar al estudio ginecológico de rutina. Romina salió de ahí con una seguridad abrumadora. Me pregunta el doctor ¿cómo estás? Yo le dije estoy embarazada. De acá me voy embarazada, listo. Ella dice cuando salió: “Yo sé que estoy embarazada. Yo sé, yo sé…”. Y así vivía por la vida, yo digo “esta es una loca”, porque tenía que prender todavía, pero era tanta energía hermosa que no te dejaba dudar. Para confirmarlo tendrían que esperar 15 días, cuando el médico le indicó a Romina que se hiciera un análisis de sangre. Esperar, otra vez, esperar… Los días que siguieron fueron de mucha ansiedad para todos. Andrea le preguntaba a cada rato a Romina cómo se sentía. Los hijos de Romina le preguntaban cuánto tiempo faltaba para saber si estaba embarazada. Y Pablo, su marido, le decía que notaba en ella un semblante distinto: el mismo que había notado antes en los embarazos de sus cuatro hijos. Ella también sentía que todo había salido bien, pero quería ser cauta con Andrea y no generar falsas expectativas. Así que le decía que tuviera paciencia, que ya faltaba menos para el día del análisis de sangre. Habían pasado 12 días de la transferencia embrionaria cuando Andrea y Julián viajaron hasta Tanti. Toda la familia se reuniría allí para celebrar el cumpleaños del papá de Romina y Julián. Y ahí Andrea no se aguantó más. A escondidas, le hizo una propuesta a su cuñada. Romina dudó un momento pero luego aceptó: Así que salimos corriendo a la farmacia y no compramos un Evatest, qué ansiosas. Son los test rápidos de embarazo que se hacen con la orina. Salieron de la farmacia y volvieron a la casa de los papás de Romina y Julián. Antes de meterse al baño, Romina le advirtió a Andrea que no se angustiara si daba negativo. Porque tal vez habían pasado muy pocos días como para que el resultado sea fiable. Salgo del baño, pálida debo haber salido. Y Andrea “¿¿¿y???”. “Ay le digo, ay boluda, sí”. Nos queríamos morir. Empezamos los gritos. No, no te podrás imaginar ahí adentro. No, no… una alegría terrible Cuando la familia escuchó los gritos de Romina y Andrea, no hubo que explicar nada. Todos entendieron lo que estaba pasando. Se abrazaron y se pusieron a llorar. Romina, con 32 años, iniciaba así su quinto embarazo. Yo dije esto va a ser igual que mis otros embarazos no tiene nada de distinto. Solo que bueno, que es una sobrina, pero es lo mismo. Yo quiero que tenga lo mismo que tuvieron mis hijos. Pero ahí sucedió algo que no estaba en los planes: la pandemia. Apenas once días después de que Romina se hiciera el test, Argentina decretó la cuarentena obligatoria. Así que Romina y Andrea casi no podían verse. Una estaba en su casa de Tanti, la otra en Córdoba. Para llevarle el ácido fólico que debía tomar Romina, Julián viajaba con el expediente bajo el brazo. Ante cada control policial le explicaba la situación y le mostraba los documentos para que lo dejaran pasar. También tuvieron que dar explicaciones cuando llegó el día de la primera ecografía. Por las medidas sanitarias, las embarazadas debían entrar sin acompañante. Pero esto era distinto. Yo le decía: “Mirá le digo no, yo no soy la madre, la madre es ella. Yo necesito que ella la vea, a la… a la bebé”. El médico entonces hizo una excepción y dejó pasar a Andrea también. Y Andrea, por primera vez, vio a su hija en el vientre de su cuñada. Quería guardar ese momento para siempre así que sacó el celular y empezó a grabar. Este es un audio de ese video: Yo tengo cuatro hijos… Mi vida. Ay cosita… Mirá el corazón… Mi amor… Latiditos [Sonido de latidos] No tienen idea lo que significa esto para mí. A los 29 años tuve cáncer de mama. Mi vida… Así que todo bien por ahora… Excelente… El confinamiento se extendió mucho más de lo esperado. Andrea y Julián le mandaban videos y audios a Romina para que la beba empezara a escuchar sus voces desde la panza. Y Romina les enviaba fotos y videos para que vivieran lo más cerca posible todo el embarazo. Guadalupe solía moverse mucho durante la madrugada y cuando lo hacía, Romina enseguida agarraba el celular y le escribía a Andrea para contarle. Yo le dije yo te voy a mandar a la hora que sea, no me interesa que trabajes al otro día. Eran las tres de la mañana yo digo “acá sigo despierta sin dormir”. Estábamos muy conectadas, me hacía fotos, me hacían videos los chicos. Le sostenían el celular cuando daba pataditas para que yo la viera. Todos mis sobrinos acompañando todo el momento. Isabella, la más pequeña, ya tenía tres años y había empezado a hablar. A cada rato le hablaba a la panza y decía: “Salí Guadalupe para jugar”. Pero Romina no perdía oportunidad para recordarle cómo serían las cosas: Acá está tu prima Guadalupe, cuando nace Guadalupe se va con la tía Andrea que es la mamá, la tía Andrea no lo puede tener en la panza porque tiene la panza enferma, entonces la tiene mamá”. Y lo mismo que le decía a los chicos, se lo decía a Guadalupe en la panza Yo le decía: “Guada, acá está tu tía, yo soy tu tía no soy mamá”. Y cuando venía Andrea le hablaba y le decía “acá está mamá afuera, que te está esperando”. Siempre ¿viste? Nunca le dije o hija mía o algo de eso, no no… Las pocas veces que Andrea y Julián podían llegar hasta Tanti con un permiso especial, le llevaban música en un pen drive o lanas para que se entretuviera haciendo las manualidades que a ella le gustan. Eran momentos únicos y los aprovechaban al máximo. Romina solía acostarse y Andrea le acariciaba la panza y le hablaba… Durante todo el embarazo Romina trató de darle a Andrea tranquilidad. Y a medida que se acercaba noviembre, el mes en que nacería Guadalupe, la contuvo más que nunca. Andrea estaba demasiado ansiosa y Romina, con la experiencia de haber ya pasado por cuatro partos y por su trabajo como doula, le decía… No es como en las novelas, le decía yo a Andrea, que empiezo con trabajo de parto y nace ahí a los diez minutos. Vos quedate tranquila, que yo sé hasta dónde, hasta cuándo y cuando yo esté, te aviso. Si bien a Romina le había gustado la experiencia de parir en su casa, Andrea y Julián le habían pedido que el parto de Guadalupe fuera en una clínica de Córdoba. Eso les daba más seguridad. Romina respetó esa decisión. Después de una falsa alarma y cuando faltaban unos días para que se cumpliera la semana 40, Julián se instaló en la casa de su hermana en Tanti. Prefería estar allí para llevarla a Córdoba ni bien empezara con las contracciones. Pasaban las noches caminando por el pueblo pero Guadalupe no quería salir. Y la tipa estaba tranquila. No, no… no daba signo de nada. Andrea, mientras tanto, se había quedado en su casa ultimando los detalles para la llegada de Guadalupe. Si para el viernes 13 de noviembre de 2020 no había noticias, les había dicho el médico, debían inducir el parto. Así que ese día por la mañana Romina, Pablo y Julián viajaron a Córdoba y buscaron a Andrea para ir a la clínica. Aún seguían las restricciones por la pandemia pero en la clínica ya conocían el caso. Harían una excepción y los dejarían pasar a los cuatro. A eso de las 11 a Romina le pusieron el suero para desencadenar el trabajo de parto pero poco rato después ya tenía ocho centímetros de dilatación y pidió que se lo sacaran. Quería tener las menores intervenciones posibles sobre ella y la beba. Ya se acercaba el momento. Romina y Andrea entraron a la sala de parto. Y Julián y Pablo se quedaron esperando en un pasillo de la clínica. Y a las tres menos diez nació Guadalupe. Hermosa, hermosa, hermosa. Y fue un parto precioso. Ver que sale ese bebé es una cosa, es un regalo. Ninguna mamá lo puede ver. Y yo lo vi. A los 47 años, Andrea estaba viendo nacer a su hija y en ese preciso instante todas las frustraciones quedaron atrás. Unos minutos después, Andrea acompañó a Guadalupe a una salita donde la limpiaron, la pesaron, le hicieron sus primeros controles. Era la primera vez que una madre -le dijeron los médicos y las enfermeras- podía presenciar ese momento. Enseguida Julián fue a conocer a su hija y Pablo entró a acompañar a Romina. Y luego Andrea volvió con Guadalupe a la sala de parto. Un rato después fueron a la habitación y por un momento estuvieron todos juntos ahí: los cinco. Lo habían conseguido. Cuando la tenés en brazos ya es… tenés la realidad. ¿Viste?, donde tanto la añoraste y la pediste, y bueno, se dio, se dio todo y fue todo bien. Romina estaba feliz: Verlos a ellos dos con la bebé en los brazos. Ahhh, es… es impagable. Esa primera noche Guadalupe, Andrea y Romina se quedaron en la clínica y no podían dejar de pensar en todo el camino recorrido. Así que bueno, ahí como mirando, mirándonos y mirando al techo, recordando todo, dijimos: “Llegamos”. No lo podíamos creer. Es más, a veces yo hasta el día de hoy no lo creo. Me parece como que es irreal que esté Guadalupe acá. Unas semanas antes de que naciera Guadalupe, Andrea había tomado unas pastillas para lograr tener algo de leche y poder amamantarla. Logró hacerlo durante esas primeras horas. Y a pesar de que Romina nunca había tenido problema amamantando…. No me salió una gota de leche cuando nació Guadalupe. Nada. Lo que es la cabeza, ¿viste?, yo siempre digo como que ya sabían que ese bebé no era un bebe mío. Al día siguiente les dieron el alta y Romina se quedó esa noche en la casa de Andrea y Julián. Al tercer día se fueron todos para Tanti. Romina extrañaba a sus hijos y además ellos estaban ansiosos por conocer a su primita. El domingo Pablo y los niños los esperaron con un asado. Cuando tocó el momento de que ellos se vayan listo se fueron, yo me quedé acá. Digo bueno, ahora yo esta noche voy a dormir tranquila. Yo como les decía a ellos, yo hice mi parte… Ahora les tocaba a Andrea y a Julián. Ay… ¿a ver esa mona?… hermosa…[risas] [Daniel]: Andrea tiene dos cuadernos donde ella y toda la familia fueron escribiendo mensajes para Guadalupe mientras estaba en la panza. Ahí también juntó toda la documentación y las notas periodísticas sobre su caso. Cuando crezca y tenga edad de entender, le van a contar que llegó al mundo de una forma diferente, que fue la tía Romina quien la tuvo en la panza y que siempre estuvo rodeada de mucho amor. En unos días Guadalupe cumplirá 2 años. Y Romina acaba de dar a luz a su quinto hijo. En 2017, la Ciudad de Buenos Aires se convirtió en el único distrito donde los hijos pueden ser inscritos a nombre de los padres intencionales. Esto, siempre y cuando se presente el consentimiento por parte de la gestante. En todo el resto de Argentina aún es necesaria la judicialización de cada caso. Aneris Casassus es productora de Radio Ambulante y vive en Buenos Aires. Este episodio fue editado por Camila Segura y por mí. Desirée Yépez hizo el fact-checking. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri y Rémy Lozano, con música original de Rémy. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Nicolás Alonso, Lisette Arévalo, Pablo Argüelles, Diego Corzo, José Díaz, Emilia Erbetta, Fernanda Guzmán, Camilo Jiménez Santofimio, Juan David Naranjo, Ana Pais, Laura Rojas Aponte, Barbara Sawhill, Bruno Scelza, David Trujillo, Ana Tuirán, Elsa Liliana Ulloa, y Luis Fernando Vargas. Natalia Sánchez Loayza es nuestra pasante editorial. Selene Mazón es nuestra pasante de producción. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante se edita en Hindenburg Pro. Si eres creador de podcast y te interesa Hindenburg Pro, entra a hindenburg.com/radioambulante y haz una prueba gratuita de 90 días. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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