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Radio Ambulante - Romper el silencio

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15
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Después de 20 años, se sientan a hablar.

En octubre de 2001, Oswaldo Díaz fue secuestrado y esa tragedia atormentaría a su familia durante años. Pero cuando los victimarios firmaron un acuerdo de paz, la familia de Oswaldo se vio obligada a confrontarlos y a considerar el costo del perdón.

En nuestro sitio web puedes encontrar una transcripción del episodio.

Or you can also check this English translation.

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:
Hola
ambulantes,
antes
de
comenzar
quiero
hablarles
de
algo
súper
importante,
quizás
en
un
tono
que
no
escuchan
de
muy
a
menudo.
Radio
Ambulante
va
en
su
temporada
número
13;
más
de
250
historias
producidas.
El
hilo,
nuestro
show
de
noticias,
tiene
más
de
200
episodios.
Me
asombra,
la
verdad,
cuando
pienso
cómo
arrancó
todo
esto,
lo
poco
que
sabíamos
y
lo
mucho
que
hemos
logrado.
Éramos
cuatro
gatos,
intentando
algo
ambicioso,
con
muchas
ganas,
literalmente
cero
presupuesto,
pero
con
la
convicción
de
que
había
gente
como
nosotros
que
quería
escuchar
a
América
Latina
de
otra
manera.
Y
lo
logramos.
Encontramos
la
audiencia.
Hoy
en
día
tenemos
más
de
un
millón
de
descargas
al
mes
y
un
crecimiento
anual
de
más
del
15%.
Quizás
saben,
quizá
no…
qué
tan
difícil
está
la
cosa
para
medios
independientes
como
Radio
Ambulante
Studios.
Quizás
han
escuchado
de
cuántas
compañías
de
podcasts
han
cerrado,
cuántos
productores
han
sido
despedidos.
En
Radio
Ambulante,
no
somos
millonarios.
Trabajamos
muy
duro
para
sacar
cada
historia
y
tenemos
un
modelo
de
negocio
híbrido.
Esto
significa
que
buscamos
dinero
para
financiar
nuestro
periodismo
por
todas
partes.
Con
pauta,
con
fundaciones,
con
nuestra
app
para
aprender
español,
con
shows
en
vivo,
con
alianzas,
con
venta
de
camisetas
y
tazas
de
café.
Y
con
el
apoyo
de
ustedes.
Siempre
ha
sido
complicado
explicarle
a,
digamos,
fundaciones,
quiénes
somos.
Qué
hacemos.
Para
qué
sirve
nuestro
contenido.
Nos
cuesta
crear
esas
relaciones,
pero
igual
lo
hacemos,
con
paciencia
y
claridad.
Pero
los
que
siempre
han
entendido
lo
que
hacemos
son
ustedes.
Nuestros
oyentes.
Desafortunadamente,
eso
no
es
suficiente.
Les
doy
un
dato:
solo
1
de
cada
100
de
nuestros
oyentes
dona
para
apoyar
el
periodismo
de
Radio
Ambulante.
¡Solo
el
uno
por
ciento!
Hoy
quiero
pedirles
que
nos
ayuden
a
duplicar
esa
cifra.
Imagínate
que
estuviéramos
en
tu
ciudad,
yo
o
alguno
de
tus
productores
favoritos
de
Radio
Ambulante
o
El
hilo.
¿Nos
invitarías
a
un
café?
¿Una
cerveza?
Entonces,
dale.
Cualquier
monto
nos
sirve.
Por
favor.
Tiendo
a
no
ser
dramático,
pero
en
realidad,
este
año,
en
esta
campaña,
necesitamos
tu
ayuda
más
que
nunca.
Estamos
luchando
para
que
Radio
Ambulante
Studios
siga
produciendo.
Siga
sacando
las
historias
que
escuchas
cada
semana.
Si
aprecias
lo
que
hacemos,
pues
nada.
Esta
es
tu
oportunidad
de
demostrarlo.
Radio
ambulante
punto
org
/
donar.
Gracias.
Aquí
el
episodio.
Esto
es
Radio
Ambulante
desde
NPR,
soy
Daniel
Alarcón.
Esta
historia
empieza
el
15
de
octubre
del
2001.
Era
lunes
festivo,
y
esa
tarde
Victoria
Ríos,
de
13
años,
estaba
sola
en
su
casa
en
Palmira,
en
Colombia,
cuando
sonó
el
teléfono.
Al
contestar
escuchó
a
su
prima,
la
hija
mayor
de
su
tío
Oswaldo
Díaz.
Esta
es
Victoria: Estaba,
pues,
desesperada,
gritando,
en
llanto.
Pues,
una
cosa
terrible.
No
le
entendía
muy
bien.
El
caso
fue
que
me
dijo:
“Necesito
que
llamés
a
mi
abuela
o
que
llamés
a
alguien,
que
llamés
a
mi
tía,
estoy
llamando
a
todo
el
mundo
y
nadie
me
responde”.Victoria
no
entendía
cuál
era
la
urgencia,
qué
había
pasado.
Le
dijo
que
podía
ir
corriendo
donde
una
tía
de
ambas
que
vivía
cerca,
pero
que
primero
necesitaba
más
información. Entonces
me
dice:
“a
mi
papá
lo
secuestraron”.
Me
llamaron
a
a
notificarme
que
estaba
secuestrado.
Y
yo:
“¿Pero
quién
te
llamó?”
“No,
no
sé.
Andá,
buscá
a
mi
tía.
Necesito
que
alguien
me
responda”.Soltó
el
teléfono
y
salió
corriendo
para
allá.
Pero
cuando
llegó
no
había
nadie.
Así
que
volvió
a
su
casa,
asustada,
sin
saber
muy
bien
qué
hacer.
En
ese
momento,
Zamira
Díaz,
su
mamá,
estaba
visitando
a
la
abuela.
Eran
un
poco
más
de
las
3
de
la
tarde
cuando
recibieron
la
llamada
de
la
hija
de
Oswaldo.
Esta
es
Zamira.
No
me
acuerdo
quién
contestó,
pero
eso
fue
horrible,
horrible.
Es
un
caos.
“Que
a
mi
papá
se
lo
llevó
las
FARC”.Las
FARC,
la
guerrilla.
El
resto
de
la
familia
se
fue
enterando
poco
a
poco.
Aunque
era
una
niña,
Victoria
entendía
bien
lo
que
estaba
pasando.
Lo
que
significaba. Yo
tenía
perfectamente
claro
lo
que
era
un
secuestro.
O
sea,
estábamos
históricamente
viviendo
un
momento
en
el
que
pues
era
imposible
obviar
esto,
¿no?
O
sea,
era
imposible
obviar
el
conflicto
armado,
era
imposible
no
verlo
en
las
noticias
y
no
discutirlo. Para
ese
momento,
Colombia
llevaba
varias
décadas
inmersa
en
un
conflicto
armado
muy
complejo,
que
involucraba
a
varios
grupos
guerrilleros,
paramilitares,
narcotraficantes,
fuerzas
del
Estado…
Todos
responsables
de
violencia
y
de
diferentes
crímenes.
Desde
hacía
años
los
noticieros
hablaban
todo
el
tiempo
de
combates,
de
tomas
de
pueblos,
desapariciones
forzadas,
masacres
y
secuestros.
De
los
secuestros
parecía
que
casi
nadie
se
salvaba:
policías,
militares,
ganaderos,
empresarios,
personas
al
azar
que
capturaban
en
las
carreteras
y,
claro,
políticos,
como
el
tío
de
Victoria,
que
había
sido
concejal
de
su
ciudad.
Cuando
Victoria
llegó
donde
su
abuela
recuerda
ver
el
desespero
de
sus
familiares,
especialmente
de
una
de
ellas.
A
mi
tía
Eibar
tirada
en
el
piso
de
rodillas
discutiendo
con
mi
abuela
porque
ella
estaba
muy
serena,
¿no?
Ella
como
que
decía
que
nos
tranquilizáramos,
que
no…
Que
ellos
no
le
iban
a
hacer
nada.
Pero
mi
tía
estaba,
o
sea,
Dios
mío,
estaba
enardecida.
Entonces
ella
decía
que
ella
misma
subía,
que
ella
misma
iba
y
los
buscaba…
Bueno,
eso
fue
terrible.
Y
sí,
como
una
noche
larga
a
partir
de
allí. Una
que
los
llevaría
a
estar
cara
a
cara
con
la
gente
que
les
causó
tanto
dolor.
Después
de
la
pausa,
nuestro
productor
senior
David
Trujillo
nos
cuenta.Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante,
aquí
David.El
fin
de
semana
del
secuestro,
Oswaldo,
que
tenía
42
años
en
ese
momento,
se
había
ido
con
su
hijo,
su
pareja
y
el
hijo
de
ella
a
La
Quisquina,
una
zona
rural,
a
unos
14
kilómetros
de
Palmira.
Hacía
unos
dos
o
tres
años
había
comprado
una
finca
pequeña
allá,
y
desde
entonces
toda
la
familia,
incluyendo
a
Zamira
y
Victoria,
iban
constantemente.
O
al
menos
durante
los
primeros
años,
porque
con
el
tiempo
se
empezaron
a
enterar
de
que
las
FARC
estaba
haciéndose
notar
en
La
Quisquina.
Había
rumores
que
llevaron
a
la
familia
a
tener
ciertas
precauciones:
mejor
no
decir
que
estaban
en
la
casa
del
concejal
Díaz,
mejor
no
conversar
tanto
con
el
señor
que
vendía
la
leche,
mejor
evitar
las
preguntas
de
la
señora
de
la
tienda.
La
situación
en
la
Quisquina
llegó
a
ponerse
tan
tensa,
que
en
un
momento
la
familia
decidió
dejar
de
ir
a
la
finca.
Solo
Oswaldo,
que
conocía
bien
la
zona
y
había
hecho
campaña
con
la
gente
de
ahí,
seguía
yendo,
aún
cuando
su
posición
lo
ponía
en
riesgo.
Cuando
lo
secuestraron
ya
no
era
concejal,
pero
lo
había
sido
dos
veces
y
era
bien
conocido
en
Palmira
y
sus
alrededores.
Además,
continuaba
su
carrera
política.
Ahora
quería
ser
alcalde.
En
una
de
sus
campañas,
pusieron
afiches
con
su
foto
por
toda
la
ciudad. Sí
recuerdo
eso,
como
la
foto
típica
de
político,
pues,
mirando
al
horizonte
y
con
la
camisa
roja
y
demás,
porque
era
siempre
del
Partido
Liberal.
Recuerdo
un
slogan:
“Mejores
Díaz
el
que
vamos
a
tener”.
Ese
como
que
se
me
quedó
grabado
en
la
cabeza. Los
primeros
momentos
después
del
secuestro
de
Oswaldo
fueron
muy
confusos.
La
familia
no
tenía
ninguna
pista,
ninguna
información,
nada…
y
la
angustia
fue
aumentando
con
las
horas.
Al
papá
de
Victoria,
que
había
sido
militar,
la
familia,
en
su
desespero,
le
pedía
que
fuera
a
un
batallón
cercano
y
buscara
ayuda
para
encontrarlo.Mi
abuela
le
gritaba
y
le
lloraba
que
por
favor,
que
necesitaba
que
lo
encontráramos.
Bueno,
mi
papá
moviendo
cielo
y
tierra
también
tratando
de
hacer
lo
que
más
podía
porque
mi
papá
es
suboficial
y
además
retirado,
no
era
que
pudiera
hacer
mucho. Unas
horas
después,
una
hermana
de
Oswaldo
habló
con
el
hijo
de
él,
y
con
su
relato
y
lo
que
después
fueron
contando
algunas
personas
de
la
zona
pudieron
saber
lo
que
había
pasado.
Hacia
el
mediodía
de
ese
lunes
15
de
octubre,
Oswaldo
le
había
pedido
al
hijo
de
su
pareja
que
fuera
a
comprar
algo
para
el
almuerzo.
Esta
es
Zamira
de
nuevo.
Entonces
el
muchacho
sacó
el
carro
y
dejó
la
puerta
del
garaje
abierta.
Pues
como
ya
regresaba,
pues
no
se
iban
a
demorar.Pero
eso
facilitó
la
entrada
de
cuatro
hombres
en
una
camioneta.
Dos
se
bajaron,
armados,
y
fueron
hacia
la
parte
de
atrás
de
la
finca.
Allá
estaba
el
hijo
de
Oswaldo,
de
14
años,
con
unos
amigos
en
la
piscina.
Oswaldo
estaba
en
la
cocina
abierta,
a
pocos
metros
de
ahí. Él
estaba
de
espaldas,
terminando
de
hacerles
el
almuerzo.
Entonces
él
no
se
dio
cuenta
que
venían.
:
Que
venían
los
hombres
armados.
Uno
de
ellos
fue
por
Oswaldo.
Al
mismo
tiempo,
el
otro
sacó
a
los
niños
de
la
piscina,
los
hizo
subir
a
la
casa
y
los
metió
en
la
sala,
pero
no
cerró
bien
la
puerta
y
el
hijo
de
Oswaldo
pudo
ver
el
momento
exacto
en
que
se
lo
llevabanAsí
cogido
cada
uno
del
brazo
al
papá.
El
papá
iba
con
una
pantaloneta
azul
y
una
camisa
roja,
en
chanclas.Lo
subieron
a
la
camioneta
y
arrancaron.
Todo
duró
unos
pocos
minutos.
Más
tarde,
el
hijo
de
Oswaldo,
Edward,
dio
ese
mismo
testimonio
a
las
autoridades.
Gracias
a
su
descripción,
pudieron
armar
un
retrato
hablado
del
hombre
que
los
metió
en
la
sala.
Tratamos
de
hablar
con
Edward
pero
prefirió
no
hacerlo.
Después
encontrarían
la
camioneta
abandonada
en
la
vía
hacia
La
Nevera,
una
zona
más
alta
y
fría.Nos
imaginamos
nosotros
que
como
ya
ahí
es
subiendo
y
como
ellos
ya
tenían
esos
carros
especiales
con
esas
llantas,
este,
lo
cambiaron
de
carro
y
lo
subieron.Ese
mismo
día
la
familia
denunció
el
secuestro
a
la
Policía
y
otras
entidades,
y
les
dijeron
que
si
recibían
llamadas
de
los
secuestradores
para
poner
las
condiciones
para
liberarlo,
no
debían
negociar
ni
entregar
dinero.
Que
todo
debería
quedar
en
manos
de
las
autoridades.
Y
en
efecto,
como
a
los
tres
días,
recibieron
la
llamada
de
las
FARC.
Les
dijeron
que
a
Oswaldo
lo
tenía
uno
de
los
grupos
del
Sexto
Frente
del
Bloque
Occidental.
En
principio
se
trataba
de
un
secuestro
político.
No
explicaron
mucho
más.
A
los
pocos
días,
la
familia
de
Oswaldo
recibió
un
cassette. Donde
mi
hermano
pedía
al
Concejo
que
estaba
vigente,
que
por
favor
realizaran
unas
obras,
un
puente,
allá
arriba,
yo
no
qué… Zamira
llevó
la
petición
al
Concejo,
pero
no
hicieron
nada.
Luego
recibieron
una
carta
de
Oswaldo
para
su
mamá.
Bueno,
la
fotocopia
de
una
carta…
bueno,
la
fotocopia
de
partes
de
una
carta. Son
tan
bellacos.
Es
aquí
“Querida
mamá”
y
aquí
la
firma
de
él.
Esto,
el
contexto,
lo
quitaron.
Le
mandaron
los
dos
pedacitos.
No…
eso
es
muy
horrible. Solo
un
“Querida
mamá”
y
una
firma.
Sin
nada
del
contenido.
La
mamá
de
Oswaldo
guardó
ambas
pruebas
de
supervivencia.
Estaban
incompletas,
pero
eran
el
único
vínculo
más
directo
que
podía
tener
con
su
hijo
en
ese
momento,
al
menos
hasta
que
lo
liberaran.
Con
los
días,
el
secuestro
político
de
Oswaldo
se
fue
convirtiendo
en
extorsión.
Y
pasó
rápido.
Ahora
en
las
llamadas,
que
solían
ser
mínimo
una
vez
por
semana,
directamente
pedían
plata:
200
millones
de
pesos,
que
eran
más
de
87
mil
dólares
en
esa
época.
Las
FARC
y
otras
guerrillas
habían
convertido
esto
en
un
negocio
muy
lucrativo,
y
solo
un
año
antes,
en
el
2000,
habían
secuestrado
a
más
de
3.700
personas,
la
mayoría
de
las
veces
con
fines
extorsivos.
Si
bien
las
FARC
habían
nacido
en
los
60
como
un
grupo
armado
marxista
leninista
que
buscaba
proteger
a
las
comunidades
campesinas,
dos
décadas
después
se
había
convertido
en
una
guerrilla
muy
violenta
que
usaba
la
lucha
armada
para
tomar
el
poder.
Sus
fuentes
de
dinero
fueron
cambiando
con
el
tiempo,
y
para
ese
momento,
las
FARC,
que
ya
había
roto
relaciones
con
el
Partido
Comunista
Colombiano
desde
hacía
unos
años,
se
financiaba,
además
de
los
secuestros,
con
extorsiones
y
narcotráfico.
Así
a
la
organización
le
entraba
muchísima
plata,
aunque
claramente
no
todo
el
mundo
podía
pagar
lo
que
pedían.
87
mil
dólares,
por
ejemplo,
era
demasiado
para
los
Díaz,
que
no
habían
sido
una
familia
adinerada.
Y
así
hubieran
querido
vender
los
bienes
que
Oswaldo
tenía
y
con
eso
tratar
de
pagar,
la
ley
de
ese
momento
obligaba
a
congelar
todas
las
propiedades
de
las
personas
reportadas
como
secuestradas.
Entonces
la
mamá
de
Oswaldo
intentaba
ofrecerles
otra
cosa.
Yo
tengo
mi
casita,
si
quiere
yo
la
vendo
y
con
esa…
con
lo
que
me
den
yo
les
mando.
“¿Qué
vamos
a
hacer
con
eso?
Si
con
eso
no,
no
vale
ni
la
comida
que
come
ese
gran
yo
no
qué”,
porque
eran
groserísimos.Eran
terribles.
Una
gente
muy
violenta
en
el
lenguaje,
¿no?
O
sea,
un
discurso
muy
hostil.
Y
no
importaba
que
atendiera
la
llamada
niños,
o
sea,
adolescentes,
mujeres…
No,
no
les
importaba
nada.
Entraban
eso
arriando
madres
desde
el
momento
en
el
que
uno
respondía
la
llamada.
Como
que
me
ordenaban
cosas,
¿no?
O
sea,
páseme
a
su
abuela
o
páseme
a
la
señora
tal
o
al
señor
tal. Victoria
hacía
caso:
le
pasaba
el
teléfono
a
un
adulto,
pero
se
quedaba
viendo
e
intentando
escuchar
lo
que
hablaban. Ver
a
mi
abuelita,
por
ejemplo,
o
a
mi
tía,
muy
afectadas
por
ese
tema,
llorando
obviamente,
porque
es
que
no
había
forma
de
conciliar
nada,
¿me
entiendes?
O
sea,
eran
llamadas
en
las
que
te
tratan
como
el
trapo
sucio
con
el
que
se
limpian
los
pies.
Entonces
era…
era
complejo.Las
comunicaciones
se
volvieron
muy
violentas
hasta
el
punto
de
decirles:
“Paguen
o
van
a
recoger
el
cuerpo
en
el
puente
de
Las
Águilas”.
Y
a
las
llamadas
se
sumaron
panfletos
en
los
que
amenazaban
con
secuestrar
a
otros
hermanos.
También
empezaron
a
notar
que
había
hombres
sospechosos
pendientes
de
sus
movimientos.
Pero
a
Victoria
su
mamá
no
le
hablaba
del
tema… Me
imagino
el
dolor
que
estaba
sintiendo,
lo
que
menos…
no
tenía
ni
un
ápice
de
energía
para
explicarle
a
su
hija
de
12
años
lo
que
estaba
pasando.
Y
un
poco
era
más
lo
que
uno
mismo
como
que
iba
entendiendo
del
entorno,
¿no?
Era
miedo
como
de
perderlos
a
todos,
¿no?
El
desespero
era
mucho,
entonces
era
como
ver
cómo
se
resquebrajaba
todo. Como
el
riesgo
era
tan
alto
y
tan
real,
uno
de
los
hermanos
hasta
pidió
asilo
fuera
del
país.
A
los
pocos
meses,
recibieron
una
llamada,
tal
vez
la
peor
que
estaban
esperando.
Era
la
Policía
diciéndoles
que
habían
encontrado
un
cuerpo
en
el
puente
de
Las
Águilas.
Podía
ser
Oswaldo,
así
que
necesitaban
que
alguien
de
la
familia
fuera
y
lo
reconociera. Yo
no
soy
capaz,
porque
yo,
en
ese
sentido,
yo
sí…
No,
no,
no,
yo
no
soy
capaz.
Me
había
enfermado.
Hicieron
todas
las
pruebas
y
no,
no
era.Nunca
pudieron
identificar
ese
cuerpo.
Quedó
como
otra
víctima
más
de
las
muchas
que
empezaron
a
aparecer
en
la
zona,
cuando
la
violencia
escaló
tanto
que
ya
casi
nadie
podía
moverse
por
ahí
tranquilamente.
En
medio
de
la
angustia,
de
no
saber
nada
de
su
ser
querido,
sintieron
alivio
que
ese
no
fuera
Oswaldo.
Era
una
esperanza
de
que
todavía
estuviera
vivo.
Tenían
eso,
por
lo
menos.
Pero
menos
de
un
año
después
del
secuestro,
la
familia
dejó
de
recibir
las
llamadas.
Intentaron
buscarlo
como
podían,
incluso
yendo
hasta
la
zona,
pero
todo
fue
inútil.
No
pudieron
averiguar
nada.
Luego,
un
supuesto
guerrillero
les
ofreció
información
a
cambio
de
atención
médica
para
su
esposa.Se
le
ayudó
porque
mi
hermana
en
eso
era
auditora
en
el
hospital
que
la
atendieran.
Y
nos
citó,
le
dimos
remesa,
no
qué,
y
a
los
dos
días
lo
mataron.Y
no
alcanzó
a
decirles
nada.
La
desesperación
era
tanta
que
hasta
llegaron
a
pagar
lecturas
de
runas
y
cartas,
regresiones,
conversaciones
con
ángeles… Vea
uno
apela
a
todo,
a
esa
gente
que
lee,
que
lee
el
naipe,
que
el
agua,
a
todo,
uno
a
todo
le
pone
fe,
por
Dios,
a
todo. Pero
nada
de
eso
sirvió.
La
desesperanza
de
la
familia
se
fue
juntando
con
el
odio.
Un
odio
que
desde
siempre
habían
sentido
por
las
FARC
y
que
solo
aumentó
con
el
secuestro.
Más
que
un
actor
político,
los
veían
como
unos
criminales,
unos
matones. Pues
fue
muy
como
de,
de
asumirlos
como
terroristas,
¿no?
Los
malos
eran,
por
supuesto,
las
FARC.
Los
buenos,
entonces,
eran
el
ejército,
por
supuesto,
que
eran
quienes
estaban
combatiendo
a
los
que
eran
los
malos
que
eran
los
que
estaban
haciendo
el
mal:
secuestrando,
sembrando
cultivos
ilícitos
y
demás.
Además,
yo
soy
hija
de
militar,
entonces
mi
papá
ya
te
imaginarás
lo
que
piensa
acerca
de
los
guerrilleros.
Dios
mío.Básicamente,
que
había
que
acabarlos…
con
armas.
Y
Victoria
compartía
esa
idea. Claro,
los
odiaba.
Era
odio
puro
y
duro.En
el
2002
hubo
elecciones
presidenciales.
Victoria
no
tenía
edad
para
votar
pero
sus
papás
y
sus
tíos
sabían
cuál
era
su
candidato
favorito
a
la
presidencia.
Compatriotas,
acompáñenme,
no
les
fallo.
Colombia
necesita
un
gobierno
de
mano
firme
contra
la
corrupción,
la
politiquería,
de
mano
firme
contra
la
violencia.
:
Álvaro
Uribe
Vélez.
Terminó
ganando
las
elecciones
con
una
gran
mayoría,
y
esa
promesa
de
mano
firme
contra
la
violencia
la
materializaría
en
una
política
de
gobierno
que
se
conoció
como
Seguridad
Democrática.
Su
objetivo
fue
fortalecer
los
organismos
de
seguridad
del
Estado
para
combatir
a
los
grupos
armados
ilegales
y
derrotarlos
militarmente.
Eso
era
exactamente
lo
que
quería
la
familia
de
Oswaldo:
que
los
de
las
FARC
pagaran
de
la
peor
forma.
Muchos
odios…
muchos,
muchos,
muchísimos.
Pues
uno
decía:
“Sí,
ojalá
terminen
con
esta
gente”.
Cuando
hacían
esos
combates
y
los
mataban
y
todo,
uno
decía
¡Uy,
sí! En
septiembre
finalmente
les
llegó
información
de
Oswaldo.
Había
pasado
casi
un
año
desde
el
secuestro,
y
la
familia
se
enteró
de
que
en
un
noticiero
local
habían
publicado
un
video
de
alias
Pablo
Catatumbo,
el
comandante
en
ese
momento
del
Sexto
Frente
del
Bloque
Occidental
de
las
FARC.
Aparecía
con
unas
gafas
grandes,
uniforme
camuflado
y
en
medio
de
lo
que
parecía
ser
un
bosque
montañoso,
hablando
de
Oswaldo.
A
ver,
lo
primero
es
que
nosotros
no
hemos
secuestrado
al
señor
Oswaldo
Díaz,
lo
hemos
retenido.
El
concejal
Oswaldo
Díaz,
durante
todo
este
tiempo,
el
señor
ha
ido
acumulando
una
gran
cantidad
de
delitos
de
corrupción.
En
este
caso
hemos
retenido
al
caballero
y
le
hemos
hecho
una
exigencia:
que
él
debe
devolver
200
millones
de
pesos
representados,
no
para
las
FARC,
representados
en
medicamentos,
representados
en
ayudas
para
las
juntas
comunales.A
la
familia
le
indignó
que
usaran
ese
eufemismo.Que
lo
tienen
retenido,
no
secuestrado.También
les
molestó
lo
de
la
corrupción.
Victoria
recuerda
que
su
tío
había
estado
en
la
cárcel
con
el
alcalde
unos
años
antes
por
el
supuesto
mal
manejo
de
un
contrato
público,
pero
también
recuerda
que
lo
absolvieron
y
no
le
abrieron
más
investigaciones.
Pero
eso
no
pareció
importarle
a
las
FARC.
Si
bien
en
las
primeras
llamadas
telefónicas
hablaron
de
las
obras
que
mencionaba
Catatumbo
en
el
video
y
también
enviaron
el
cassette
pidiéndolas
al
Concejo,
el
tema
pronto
desapareció
por
completo
y
lo
único
que
querían
era
plata.
En
ese
video
Catatumbo
repitió
el
mismo
mensaje
que
venían
escuchando
desde
hacía
un
año.
Sean
conscientes
y
entreguen
esos
dineros
para
la
comunidad,
y
salven
la
vida.Salven
la
vida
de
Oswaldo.
Esa
fue
la
última
información
que
les
dio
las
FARC.
Tanto
fue
el
estrés
que
causó
el
secuestro,
que
varios
miembros
de
la
familia
se
empezaron
a
enfermar.
Hubo
depresiones
pero
también
consecuencias
físicas:
a
una
hermana
se
le
agudizó
la
artritis,
el
otro
prácticamente
dejó
de
comer…
A
Zamira
se
le
complicó
la
diabetes,
la
hipertensión
y
hasta
le
dio
una
parálisis
facial.
Como
que
una
se
cuestiona:
si
no
he
llevado,
pues,
como
una
mala
vida,
¿por
por
qué
yo,
pues,
merecer
este
sufrimiento,
esta
pena?
No
sé…
Tener
este
sufrimiento
tan
tremendo. Yo
creo
que
eso
rompió
a
las
personas.
Nos
cambió
la
vida
a
todos.
Muchas
veces
descubrí
a
mi
abuelita,
por
ejemplo
eso,
quedarse
dormida,
llorando,
escuchando
ese
cassette
en
bucle
una
y
otra
vez,
un
mensaje
que
no
dura
más
de
dos
minutos.
A
veces
la
descubres
hablando
sola,
y
está
hablando
con
él.
Le
dice:
“Mijo,
tal
cosa”,
o
sea,
le
habla.Y
así
fueron
pasando
los
años.
Del
2002
al
2006,
durante
el
primer
periodo
del
gobierno
de
Uribe,
los
combates
entre
los
militares
y
las
FARC
se
intensificaron.
Para
la
familia
de
Oswaldo,
esto
era
un
avance
en
el
fin
del
conflicto.
Estaban
convencidos
de
que
la
única
forma
de
lograr
la
libertad
de
los
secuestrados,
así
pusiera
en
riesgo
la
seguridad
de
Oswaldo,
eran
los
ataques
militares.
Que
era
igual
la
promesa
del
gobierno
Uribe
también,
¿no?
O
sea,
la
promesa
de
que
lo
van
a
rescatar,
él
va
a
volver,
la
promesa
de
que
los
vamos
a
entregar.La
que
más
insistía
en
esa
promesa
era
Zamira.
Se
volvió
muy
activa:
iba
a
marchas,
estaba
en
contacto
con
las
autoridades
por
si
tenían
nueva
información
de
su
hermano,
daba
entrevistas
a
medios,
se
inscribió
en
colectivos
de
víctimas
y
participaba
en
cada
encuentro
que
organizaban.
En
el
2006
la
popularidad
de
Uribe
era
altísima
y
con
una
reforma
constitucional
se
hizo
reelegir.
Arrasó
con
más
del
60%
de
la
votación.
Por
esa
época,
Victoria
empezó
a
estudiar
comunicación
social,
y
aunque
el
dolor
de
no
saber
nada
de
su
tío
y
el
resentimiento
con
las
FARC
seguían
ahí,
poco
a
poco
empezó
a
ser
crítica
del
gobierno
y
su
política
de
Seguridad
Democrática. Mi
carrera
profesional,
pues
me
hizo
tener
una
visión
distinta
al
conflicto
armado,
¿no?
Una
de
las
cosas
que
más
le
preocupaba
era
la
desprotección
de
los
derechos
humanos.
Uno
de
los
ejemplos
más
claros
fue
el
de
los
falsos
positivos.
En
2008
se
supo
que,
para
cumplir
las
metas
y
que
los
números
confirmaran
que
el
gobierno
estaba
ganando
la
guerra,
el
Ejército
venía
asesinando
sistemáticamente
a
civiles
y
los
hacía
pasar
por
guerrilleros
muertos
en
combates.
Este
fue
uno
de
los
casos
que
más
debilitó
la
imagen
del
gobierno
y
de
su
política
estrella
para
acabar
con
la
violencia.
Muchos
sectores
de
la
oposición
y
defensores
de
derechos
humanos
insistían
en
que
era
necesario
buscar
otras
salidas
diferentes
a
esa
guerra,
más
allá
de
los
combates.
Y
esa
idea
también
le
llamó
la
atención
a
Victoria.Y
entonces,
de
pronto,
mi
visión
del
conflicto
armado,
ya
propiamente
dicho,
sacada
desde
la
profundidad
de
mi
casa,
o
sea,
de
lo
que
yo
había
vivido,
el
dolor
de
mi
abuela,
pues
me
hacía
verlo
de
otra
forma,
¿no?
Como
que
no
todo
era
eso
que
estaba
pasando
en
mi
casa,
en
mi
pueblito,
en
Palmira,
o
sea,
Colombia
no
era
Palmira,
no.
O
sea
Colombia
era
muchas
colombias,
no
muchas,
muchas
ciudades,
muchos
entornos,
muchos
contextos.Fue
ampliando
su
visión
del
conflicto
y
poco
a
poco
hubo
un
cambio
en
la
forma
en
que
lo
veía.
No
en
relación
a
los
altos
mandos… Me
refiero
a
entender
el
guerrillero
raso.
Esos
niños
que
están
siendo
reclutados,
tienen
14
años,
no
tienen
ni
idea
de
lo
que
están
cargando
en
sus
hombros,
que
es
un
fusil.
No
tienen
ni
idea
de
nada
de
la
vida,
no
saben
lo
que
pasa
en
la
ciudad.
Del
campesino
que
le
matan
los
hijos,
termina
siendo
reclutado
y
es
una
densidad
del
conflicto
y
una
cantidad
de
cosas
que
van
sucediendo,
que
pues
eso
me
hizo
comprender
que
eran
también
víctimas
de,
pues,
de
un
conflicto
que
los
rebasaba,
o
sea,
no
tenía
nada
que
ver
con
ellos
realmente.Pasaron
nueve
años
y
la
familia
de
Oswaldo
seguía
esperándolo.
La
promesa
que
les
había
hecho
el
gobierno
de
Uribe
no
se
cumplió.
En
el
2010,
llegó
un
nuevo
presidente,
Juan
Manuel
Santos,
quien
había
sido
ministro
de
Defensa
de
Uribe.
Dos
años
después
hizo
un
anuncio
que
prometía
cambiar
radicalmente
la
forma
de
tratar
el
conflicto
armado:
Hoy
les
quiero
anunciar
que
estas
reuniones
exploratorias
han
culminado
con
la
firma
de
un
acuerdo
marco
entre
el
gobierno
nacional
y
las
FARC.Desde
hacía
seis
meses,
y
con
mucha
discreción,
el
gobierno
venía
reuniéndose
con
las
FARC
para
hablar
de
la
posibilidad
de
un
acuerdo
de
paz.
Desde
el
principio,
el
gobierno
sabía
que
sería
un
proceso
muy
difícil,
con
una
oposición
fuerte.
Pero
veía
como
un
logro
enorme
el
solo
hecho
de
sentar
a
conversar
a
dos
enemigos
que
llevaban
en
guerra
más
de
50
años.
Además,
desde
1982
se
intentaron
tres
acuerdos
de
paz
con
las
FARC,
pero
ninguno
había
prosperado.
Con
esta
negociación,
sin
embargo,
dejaron
claro
que
las
cosas
serían
diferentes:
no
despejarían
territorio
nacional
para
negociar,
sino
que
se
reunirían
fuera
del
país,
primero
en
Oslo,
Noruega,
y
luego
en
La
Habana.
Además,
tendrían
una
agenda
organizada
con
seis
puntos
muy,
muy
específicos
para
lograr
la
paz
y
proponer
soluciones
claras
para
cada
uno.
El
acuerdo
era
que
no
pasarían
al
siguiente
punto
sin
haber
aceptado
el
anterior.
Todo
esto
sin
un
cese
al
fuego.
Empezarían
discutiendo
una
reforma
agraria
integral,
algo
que
las
FARC
pedía
casi
desde
sus
inicios.
Luego
plantearían
su
participación
política.
Después
vendría
la
negociación
para
dejar
las
armas
y
la
solución
al
problema
del
narcotráfico,
uno
de
los
mayores
motores
del
conflicto.
De
ahí
pasarían
a
la
conversación
en
torno
a
las
víctimas
y
la
forma
cómo
se
iba
a
aplicar
justicia
por
los
crímenes
que
se
cometieron
durante
tantos
años
y
desde
todos
los
bandos.
Por
último,
decidirían
la
forma
de
validar
el
acuerdo
final,
su
verificación
y
su
implementación.
La
noticia
de
los
diálogos,
como
se
esperaba,
no
fue
bien
recibida
por
toda
la
población.
Es
más,
se
podría
decir
que
fue
una
ruptura
en
la
sociedad
colombiana.
Se
trataba
de
definir,
en
muchas
formas,
el
futuro
del
país.
Desde
hacía
unos
años
las
FARC
era
el
gran
enemigo
público
y
ya
no
la
veían
como
la
organización
campesina
y
reivindicadora
de
derechos
agrarios
que
fue
en
sus
inicios.
Empezó
entonces
a
aparecer
la
polarización:
las
peleas
constantes
en
redes
sociales
de
qué
era
lo
mejor
para
el
país,
las
ideas
opositoras
de
que
esto
era
una
forma
de
entregarle
el
poder
a
las
FARC
y
una
burla
a
las
Fuerzas
Militares
y
a
las
víctimas.
El
uribismo,
que
seguía
teniendo
una
fuerza
electoral
importante
y
una
gran
representación
en
el
Congreso,
fue
uno
de
los
sectores
políticos
que
rechazó
los
diálogos
desde
el
principio.
La
crítica
fundamental
era
que
con
criminales
de
esa
talla
no
se
podía
acordar
nada,
sencillamente
había
que
acabarlos.
Y
eso
que
durante
el
gobierno
de
Uribe
hubo
acercamientos
para
negociar
la
paz
con
las
FARC
y
hasta
se
hicieron
diálogos
exploratorios
con
otra
guerrilla,
el
ELN.
La
posición
de
no
negociar
también
la
compartió
la
familia
de
Victoria
desde
el
principio,
cuando
se
enteraron
de
los
diálogos.
Para
ellos
era
claro.El
proceso
de
paz
debería
ser
pues
metan
a
esa
gente
presa
y
digan
dónde
está
la
gente
secuestrada
y
que
entreguen
armas
y
listo.
No
había
como
bemoles,
¿no?
O
son
buenos
o
son
malos,
no
hay
forma
de
que
coexistamos
o
que,
o
que
lleguemos
a
un
acuerdo
o
que
busquemos…
¿cómo
así
que,
que
negociar
qué
con
esa
gente?
O
sea,
no
hay
por
qué
negociar
nada,
¿no?
Era
un
poco
el
discurso.No,
no
creía
en
eso.
Pensaba
que
eso
era
una
alcahuetería,
y
no
creía
en
eso.Para
Zamira
se
trataba
de
un
sometimiento
del
Estado
ante
unos
criminales
que
iban
a
resultar
beneficiados.
No
tenía
ningún
sentido.
En
octubre
de
2013,
cuando
apenas
habían
acordado
el
primer
punto
de
la
agenda
de
los
diálogos
y
estaban
a
días
de
acordar
el
segundo,
Zamira
recibió
una
llamada.
Era
un
periodista
de
una
emisora
de
radio
que
ya
la
había
entrevistado
antes
y
que
estaba
en
La
Habana.
Le
dijo
que
él
se
iba
a
encontrar
en
pocas
horas
con
alias
Pablo
Catatumbo,
el
ahora
jefe
del
Bloque
Occidental
y
comandante
de
quienes
secuestraron
a
su
hermano.
Que
si
quería
hacerle
alguna
pregunta,
le
dijo.
Zamira
no
podía
desaprovechar
esta
pequeña
puerta
que
le
estaba
abriendo
el
periodista. Yo
le
dije
no,
pues
si
usted
tiene
la
oportunidad
de
hablar
con
él,
pregúntele
de
Oswaldo
Díaz
Cifuentes. Por
primera
vez
en
12
años,
una
de
las
cabezas
de
las
FARC
podría
decirles
algo
sobre
el
paradero
de
su
hermano.
Una
pausa
y
volvemos.Estamos
de
vuelta
en
Radio
Ambulante.
David
Trujillo
nos
sigue
contando. Apenas
colgó
con
el
periodista,
Zamira
se
quedó
pegada
a
la
radio,
esperando
información
sobre
la
entrevista.
Después
de
hacerle
la
pregunta
a
Catatumbo
y
tener
su
respuesta,
el
periodista
se
conectó
con
su
emisora
y
salió
en
directo
contando
lo
que
le
dijo.
Fue
imposible
obtener
la
grabación
de
radio
de
ese
momento,
pero
un
noticiero
local
entrevistó
al
periodista
para
que
contara
la
versión
de
Catatumbo.
Aquí
se
refiere
a
Oswaldo…
El
secuestrado
entabló
una
relación
con
una
de
las
guerrilleras
que
estaba
custodiándolo,
y
posterior,
como
a
los
dos
tres
meses,
estas
dos
personas,
el
exconcejal
y
la
guerrillera,
intentaron
fugarse
del
campamento.
La
versión
que
dice
Pablo
Catatumbo
es
que,
en
ese
intento
de
fuga
del
campamento
donde
estaban
secuestrados,
pues
los
guardias
que
salieron
en
la
búsqueda
de
ellos,
los
asesinaron.
Catatumbo
no
dio
más
información.
Para
Zamira
es
difícil
poner
en
palabras
lo
que
sintió
en
ese
momento. Yo
no
cómo
me
ha
dado
Dios
tanta
fortaleza,
porque
es
que
eso
es
duro,
duro,
duro,
duro.Para
Victoria
no
fue
muy
diferente. A
me
dio
durísimo
darme
cuenta
que
que
estaba
en
efecto
muerto,
porque
pues
en
todo
caso
todos,
pues
yo
creo
que
uno
siempre
lo
espera,
¿no?
Ahora,
el
hecho
mismo
de
que
no
hayan
entregado
nada
solamente
está
como
la
declaración
de
ellos
diciendo
que
sí,
que
ellos
saben
que
lo
mataron,
pero
que
no
te
entreguen
nada
¿Cómo
entiendes
que
en
el
plano
de
lo
físico
esa
persona
ya
no
existe?En
2014,
Santos
fue
reelegido
en
unas
votaciones
que
casi
pierde
contra
el
candidato
uribista,
que
prometía
suspender
los
diálogos.
A
los
pocos
días
de
su
posesión,
el
gobierno
organizó
a
un
grupo
de
víctimas
para
que
fueran
a
La
Habana
a
que
hablaran
directamente
con
los
comandantes
de
las
FARC
sobre
los
puntos
a
discutir.
A
pesar
de
que
no
estaba
de
acuerdo
con
los
diálogos,
Zamira
no
quería
desentenderse
del
proceso.
Intentó
por
todos
lados
que
la
incluyeran
en
ese
grupo,
pero
no
lo
logró.
Le
quedó
entonces
la
sensación
de
que
todo
se
estaba
haciendo
a
espaldas
de
la
gente
y
solo
les
importaban
algunas
víctimas.
Eso,
sumado
a
la
noticia
de
la
muerte
de
Oswaldo,
endureció
su
oposición
al
acuerdo
de
paz.
Habían
pasado
de
ser
secuestradores
a
asesinos,
así
de
simple,
y
con
asesinos
no
se
podía
negociar.
Como
se
esperaba,
el
proceso
de
paz
tuvo
muchas
dificultades
y
en
varias
ocasiones
estuvo
a
punto
de
suspenderse.
El
gobierno
fue
claro
desde
el
principio
y
dijo
que
no
pararía
las
operaciones
militares
contra
la
guerrilla,
por
lo
que
básicamente
las
negociaciones
se
hicieron
en
medio
de
una
guerra.
Hubo
ataques
de
ambos
bandos,
secuestros
y
bombardeos
que
pusieron
en
crisis
los
diálogos
varias
veces.
Además,
algunos
sectores
políticos,
principalmente
el
uribismo,
criticaban
constantemente
ciertos
puntos
de
los
acuerdos.
Decían,
por
ejemplo,
que
el
narcotráfico
no
podía
ser
catalogado
como
delito
político
y
por
lo
tanto
no
era
amnistiable.
Tampoco
les
parecía
que
las
cabezas
de
las
FARC
tuvieran
puestos
asegurados
en
el
Congreso,
y
mucho
menos
que
pagaran
sus
condenas
en
lugares
especiales
de
reclusión,
con
trabajo
social
y
otras
actividades,
y
no
en
cárceles
convencionales.
Los
negociadores
del
gobierno
intentaban
explicar
esos
puntos
y
otros
más:
que
las
amnistías
se
tendrían
que
discutir
en
el
Congreso
para
hacer
una
ley
al
respecto;
que
se
garantizarían
solo
cinco
puestos
en
el
Senado
y
la
Cámara
de
Representantes
durante
únicamente
dos
periodos;
que
la
justicia
transicional
no
era
sinónimo
de
impunidad,
sino
que
le
exigía
la
verdad
a
los
victimarios
a
cambio
de
penas
alternativas
a
la
cárcel.
Esa
estrategia
ya
se
había
implementado
en
otros
lugares
del
mundo,
como
en
Sudáfrica,
Irlanda
del
Norte,
Argentina
y
Guatemala.
Al
final
se
trataban
de
mecanismos
avalados
por
acuerdos
internacionales
para
buscar
una
paz
sólida.
Después
de
cuatro
años
muy
tensos,
se
llegó
a
un
documento
final
en
2016.
En
el
último
punto
aceptaron
llevarlo
a
un
plebiscito
para
que
la
gente
decidiera
entre
dos
opciones:
o
no…
aprobar
o
rechazar
el
acuerdo
de
paz.
Para
ese
punto,
Victoria
tenía
claro
que
su
voto
era
por
él
sí.
Creía
que,
con
esto,
eran
altas
las
probabilidades
de
que
obtuvieran
algún
tipo
de
respuestas
sobre
el
caso
de
su
tío.
:
Pues
yo
estaba
convencida
de
que
eso
nos
iba
al
menos
a
dar
una
respuesta,
¿no?
O
sea,
si
realmente
estaba
muerto,
si
no
lo
estaba,
si
era
que
se
había
escapado,
en
qué
condiciones
había
muerto,
si
estaba
muerto,
dónde
estaba
el
cuerpo.
Eso
era
una
acción
reparadora
para
todos
y
eso
era
para
importante.
Pero
yo
no
votaba
al
solamente
por
mi
tío,
¿sabes?
Yo
votaba
al
porque
el
conflicto
armado
colombiano
no
es
solamente
el
secuestro,
son
muchas
cosas.
Historias
muy
duras.
No
era
solamente
el
tema
de
la
guerrilla,
sino
también
todo
lo
que
estaba
involucrado
en
el
conflicto:
el
campesino,
niños,
militares,
policías,
o
sea,
tanta
gente
involucrada
tratando
de
salir
adelante
en
un
mundo
y
en
un
país
sumamente
desigual. A
veces
se
atrevía
a
intentar
conversarlo
con
sus
papás… Pero
era
muy
complejo
porque,
como
te
digo,
mi
papá
es
militar,
o
sea,
la
mirada
de
mi
papá
es
esa
y
es
inamovible.
“Yo
voy
a
votar
no,
no
puedo
creer
que
usted
vaya
a
votar
sí”,
bueno.
Y
la
de
mi
madre
en
todo
caso
era
de
una
víctima
que
no
estaba
siendo
tenida
en
cuenta
en
el
proceso. Porque
Zamira,
además
de
que
no
solo
no
estaba
de
acuerdo
con
las
negociaciones,
se
sentía
excluida
en
ciertos
aspectos…
como
por
ejemplo,
que
no
la
hubieran
llevado
a
La
Habana.
No,
no,
no.
Uno
a
veces
se
siente
como,
como
más…
como
que
lo
están
victimizando
más.
Se
siente
uno
maltratado.Mientras
que
los
guerrilleros
obtenían
algo,
ella
quedaba
ignorada.
Y
las
críticas
que
tanto
resonaban
sobre
el
acuerdo
de
paz
le
fortalecieron
la
idea
de
que
las
FARC
iba
a
controlar
el
país
si
este
se
aprobaba.
Una
semana
antes
del
plebiscito,
Victoria
publicó
en
su
Facebook
una
reflexión
sobre
el
secuestro
de
su
tío
y
las
razones
por
las
que
votaría
por
el
sí.
Y
bueno,
eso
Dios
mío,
llegaron
allí
mis
tíos,
mis
primos,
que
cómo
era
posible
que
yo
fuera
a
votar
por
el
sí,
que
si
era
que
yo
no
valoraba
que
mi
padre
hubiera
sido
militar
y
hubiera
tenido
que
darse
pues
bala
con
esa
gente,
que
si
era
que
yo
no
recordaba
todo
el
sufrimiento
de
mi
abuela…No
le
sorprendió
esa
reacción.
Intentó
responder
algunos
comentarios
de
forma
conciliadora
y
tratando
de
explicarles
sus
razones,
pero
luego
desistió
porque
así
como
su
mamá,
ellos
también
tenían
muy
claro
que
su
voto
iba
a
ser
por
el
no.Entonces
imagínate,
¿cómo
iba
a
entrar
yo
a
tener
esa
discusión?
Siempre
salía
perdiendo,
pero
pues
en
todo
caso
yo
tenía
mi
postura
muy
clara. El
2
de
octubre
de
2016,
día
del
plebiscito,
Victoria
y
Zamira
salieron
de
sus
casas
al
puesto
de
votación
creyendo
firmemente
en
su
decisión…
y
al
mismo
tiempo
ambas
convencidas
de
que
iba
a
ganar
el
sí.
Eso
era
lo
que
decían
las
encuestas
y
los
analistas
desde
hacía
meses.
Por
eso,
el
resultado
fue
tan
sorprendente.
Este
es
el
presidente,
Juan
Manuel
Santos:
Yo
los
convoqué
a
que
decidieran
si
respaldaban
o
no
el
acuerdo
para
la
terminación
del
conflicto
con
las
FARC.
Y
la
mayoría,
así
sea
por
un
estrechísimo
margen,
ha
dicho
que
no. El
resultado
fue
de
poco
más
del
50%
para
el
no.
La
diferencia
fue
de
apenas
poco
más
de
53
mil
votos.
Victoria
era
una
de
las
millones
de
colombianas
que
no
podía
creer
el
resultado. Yo
lloré
mucho.
Pues
una
tristeza
muy
profunda
de
ver
como
la
respuesta
a
la
gente,
¿no?
Además
aquel
momento
era
de
tanta
polarización
que
ahora
ya
no
era
directamente
yo
soy
de
ese
partido
político,
yo
soy
del
otro,
sino
yo
quiero
la
guerra
y
usted
no
la
quiere.
O
yo
quiero
la
paz
y
usted
no
la
quiere.
Fue
un
discurso
muy
complejo. Y
se
fue
complejizando
más
con
el
paso
del
tiempo.
A
los
pocos
días,
el
gerente
de
la
campaña
por
el
no,
dijo
en
una
entrevista
al
periódico
La
República
que
los
distintos
opositores
al
acuerdo
–30
individuos
y
30
empresas
habían
unido
fuerzas
para
financiar
una
campaña
que
generara,
sobre
todo,
indignación.
Lo
que
querían
era
que
la
gente
saliera
a
votar
enfurecida.
Se
usaron
distintas
estrategias.
Una
de
ellas
fue
no
explicar
realmente
en
qué
consistían
los
acuerdos.
Se
enfocaron,
más
bien,
en
circular
en
redes
sociales
imágenes
y
mensajes
con
información
engañosa,
donde
se
decía
que
las
FARC
tendrían
el
poder,
que
el
país
se
iba
a
convertir
en
una
especie
de
Venezuela
o
que
la
impunidad
estaba
garantizada.
La
frase
del
entrevistado
que
usaron
para
titular
el
artículo
fue:
“El
no
en
el
plebiscito
ha
sido
la
campaña
más
barata
y
efectiva
de
la
historia”.
Por
su
parte,
los
votantes
del
salieron
a
las
calles
a
pedirle
al
gobierno
y
a
las
FARC
que
se
conservara
lo
pactado
en
La
Habana,
que
no
volvieran
a
los
enfrentamientos.
La
comunidad
internacional
también
pidió
que
no
se
rompieran
los
acuerdos
y
unos
días
después
el
presidente
Santos
recibió
el
Nobel
de
Paz
que
muchos
interpretaron
como
un
gesto
de
que
el
proceso
debía
continuar.
Entonces
el
gobierno
armó
una
estrategia
para
seguir
adelante:
se
reunió
con
la
oposición
para
hacer
varios
ajustes
a
cada
punto
acordado,
como
que
la
reforma
agraria
integral
no
afectaría
el
derecho
a
la
propiedad
privada,
que
aparte
de
los
puestos
de
las
FARC
en
el
Congreso
las
organizaciones
de
víctimas
también
tendrían
representación
o
que
el
Gobierno
no
renunciaría
a
la
erradicación
forzosa
de
cultivos
ilícitos.
Un
mes
después,
ya
sin
someter
ese
nuevo
documento
a
un
plebiscito,
firmaron
el
acuerdo
final.
Ahora
invitamos
a
firmar
el
nuevo
acuerdo
de
paz
al
señor
presidente
de
la
República
de
Colombia,
doctor
Juan
Manuel
Santos
Calderón.Sí
se
pudo,
se
pudo…El
paso
siguiente
sería
la
implementación
de
ese
acuerdo
final.
Ahora
se
iban
a
poner
en
marcha
las
estrategias
que
impartirían
justicia
para
los
criminales,
revelarían
la
verdad
sobre
los
delitos
que
cometieron,
ofrecerían
reparaciones
a
las
víctimas,
y
darían
la
garantía
de
que
ese
horror
nunca
volvería
a
suceder.
Dentro
del
componente
de
justicia
se
creó
un
mecanismo
que
es
muy
importante
para
esta
historia,
y
en
el
que
me
voy
a
detener
un
momento
para
explicar
lo
básico.
Se
llama
Jurisdicción
Especial
para
la
Paz,
la
JEP,
que
investiga
y
juzga
los
delitos
cometidos
durante
el
conflicto
armado
hasta
diciembre
de
2016.
El
diseño
de
la
JEP
es
diferente
a
la
justicia
ordinaria.
Allá
llegan
los
casos
de
excombatientes
de
las
FARC
y
miembros
de
las
Fuerzas
Militares
y
la
Policía.
Si
lo
deciden
voluntariamente,
también
se
pueden
presentar
otros
agentes
del
Estado
y
civiles
que
apoyaron
el
conflicto
de
cualquier
forma.
En
un
principio,
los
paramilitares
no
iban
a
estar
porque
están
dentro
de
otro
marco
legal
aprobado
en
2005
y
que
resultó
de
unos
acuerdos
que
hizo
el
gobierno
Uribe
con
ellos.
Pero
se
decidió
que
algunos
casos
pueden
entrar
de
forma
excepcional
cuando
se
compruebe
que
trabajaron
muy
de
cerca
con
la
Fuerza
Pública.
Por
un
lado,
la
JEP
revisa
casos
relacionados
con
delitos
que
se
acordaron
fueran
amnistiables
o
indultables.
Rebelión,
sedición,
conspiración,
espionaje,
porte
ilegal
de
armas,
entre
otros.
Por
otro
lado,
hay
unos
delitos
que
se
consideran
tan
graves,
de
lesa
humanidad,
de
guerra,
que
no
pueden
ser
amnistiados
o
indultados.
La
JEP
decidió
dividirlos
en
macrocasos:
las
ejecuciones
extrajudiciales,
el
reclutamiento
de
menores
de
edad,
las
acciones
violentas
contra
pueblos
étnicos…
También
incluyeron
el
secuestro
por
parte
de
las
FARC.
También
resolvió
abrir
otros
cuatro
casos
dedicados
a
crímenes
cometidos
en
territorios
específicos.
La
tarea
de
la
JEP
en
esos
casos
va
más
allá
de
impartir
justicia.
También
se
enfoca
en
proteger
a
las
víctimas
y
ayudarlas
a
conseguir
su
derecho
a
la
verdad
y
a
la
reparación.
Para
eso
se
recoge
toda
la
información
disponible
sobre
cada
caso
y
se
llama
a
los
responsables
a
dar
su
versión
voluntaria
de
lo
que
pasó.
Este
punto
del
proceso
es
muy
importante.
Si
al
investigar
se
dan
cuenta
de
que
esa
versión
no
es
cierta
o
está
incompleta,
los
comparecientes
pueden
ser
condenados
a
penas
ordinarias
de
entre
15
y
20
años
de
cárcel,
si
los
encuentran
culpables.
En
algunos
casos,
cuando
no
aceptan
su
responsabilidad
o
se
prueba
que
han
vuelto
a
delinquir,
pueden
ser
expulsados.
Pero
el
acuerdo
deja
claro
que
si
aportan
a
la
verdad
de
forma
plena,
detallada
y
exhaustiva,
y
además
las
víctimas
lo
reconocen
como
tal,
serán
condenados
a
penas
alternativas
de
entre
cinco
y
ocho
años
en
cárceles
o
penas
propias
sin
cárcel
pero
haciendo
trabajos,
obras
y
actividades
enfocadas
en
reparar
a
las
víctimas
.
Enfoquémonos
en
los
secuestros
por
parte
de
las
FARC,
que
es
lo
que
nos
importa
en
esta
historia.
La
JEP
abrió
el
caso
en
julio
de
2018.
Durante
la
investigación
lograron
identificar
a
más
de
21
mil
secuestrados,
incluido
Oswaldo
Díaz
Cifuentes.
Por
ese
secuestro,
llegaron
dos
procesos
a
la
JEP.
Uno
era
el
de
Carlos
Mario
Cardona,
alias
el
Paisa,
que
fue
el
segundo
al
mando
del
grupo
que
secuestró
a
Oswaldo.
De
hecho
fue
el
único
de
ese
grupo
que
sobrevivió
a
la
guerra.
El
otro
era
el
de
Óscar
Bolaños,
a
quien
el
hijo
de
Oswaldo
reconoció
cuando
se
llevaron
a
su
papá,
y
del
que
luego
se
supo
era
chofer
de
la
alcaldía.
Desde
2019,
el
Paisa
ha
dado
unas
versiones
voluntarias
de
lo
que
supuestamente
pasó,
pero
hay
inconsistencias
en
las
fechas,
los
eventos
y
la
forma
en
que
murió
Oswaldo.
Por
ejemplo,
él
no
menciona
lo
del
romance
con
la
guerrillera,
sino
que
le
informaron
que
lo
habían
asesinado
por
ser
muy
rebelde.
Además,
el
Paisa
niega
que
Bolaños
haya
pertenecido
a
las
FARC.
Todo
esto
es
contradictorio
para
la
familia
Díaz. Porque
como
te
digo,
mi
sobrino
reconoció
al
que
los
encerró,
que
es
el
tal
Bolaños. Por
este
tipo
de
cosas,
la
familia
de
Oswaldo
le
pidió
a
la
JEP
que
no
tuviera
en
cuenta
estas
versiones
para
dar
penas
alternativas.
Hasta
el
momento,
la
JEP
no
ha
llamado
a
Bolaños
a
dar
su
versión
libre
de
los
hechos.
Pablo
Catatumbo,
el
comandante
de
quienes
secuestraron
a
Oswaldo
y
que
luego
perteneció
al
secretariado
de
las
FARC,
también
está
en
la
JEP
por
diferentes
delitos
en
los
que
debe
aportar
a
la
verdad.
La
mayoría
de
las
audiencias
de
reconocimiento
son
privadas,
pero,
en
algunos
casos,
para
garantizar
los
derechos
de
las
víctimas,
se
hacen
eventos
públicos
en
los
que
los
comparecientes,
como
Catatumbo,
deben
aceptar
su
responsabilidad.
Así
lo
hicieron
con
el
macrocaso
del
secuestro.
A
mediados
de
2022,
la
JEP
organizó
las
primeras
audiencias
públicas.
Allí
citó
a
los
siete
miembros
del
antiguo
secretariado
de
las
FARC
y
a
muchas
víctimas,
entre
las
que
estaba
Edward,
el
hijo
de
Oswaldo
que
fue
testigo
de
su
secuestro.
Las
iban
a
transmitir
en
directo
entre
el
21
y
23
de
junio
de
ese
año.
Edward
le
pidió
a
su
tía
Zamira
que
lo
acompañara
a
Bogotá.
Ella,
en
principio,
no
estaría
frente
a
los
ex
combatientes
ni
les
hablaría,
pero
le
dijo
que
podía
estar
en
el
público
y
escuchar
directamente
lo
que
él
tenía
para
decirles
y
sus
respuestas.
Zamira
lo
dudó.
Todo
eso
le
había
generado
daños
importantes
en
su
salud,
y
no
estaba
dispuesta
a
soportar
un
golpe
más.
Pero
Victoria
le
insistió. De
pronto
ella
lo
desestimaba,
pero
iba
a
ser
transformador
para
ella,
¿no?
O
sea,
no
para
la
familia
entera,
sino
para
ella,
para
su
propio
proceso
individual.
Además,
que
era
también
importante
que
acompañara
a
Edward.
Y
yo
también
se
lo
dije:
“Él
necesita
también
estar
acompañado
por
alguien
mami,
no
lo
vas
a
dejar
solo
en
eso”.La
convenció.
Viajó
con
su
sobrino
y
antes
de
las
audiencias
públicas
les
avisaron
que
habría
unos
encuentros
privados
con
los
excomandantes,
para
que
pudieran
hablar
directamente,
cara
a
cara,
sin
cámaras.
Edward
se
negó
a
ir,
pero
Zamira
lo
vio
como
una
oportunidad
única
de
por
fin
tenerlos
al
frente,
incluido
a
Pablo
Catatumbo,
y
preguntarles
lo
que
quisieran. A
el
corazón
me
hacía
así,
yo
decía,
¿yo
cómo
voy
a
enfrentar
a
esta
gente
si…?
Dios
mío. Llamó
a
Victoria. Y
yo
le
dije:
“Mami,
yo
creo
que,
de
pronto
la
reparación
que
vos
estás
esperando
no
va
a
llegar,
porque
obviamente
no
quiere
decir
que
por
hablar
con
él
te
van
a
entregar
a
mi
tío
sino
que
creo
que
es
importante
que
eso
sea
como
un
cierre
para
vos
y
que
vos
tengas
tu
momento
también
allí
de
soltarlo,
¿no?
De
soltarlo
definitivamente”.Victoria
la
animó
a
que
anotara
todas
las
preguntas
que
tuviera
y
organizara
las
ideas. Como
¿dónde
estaban
los
restos?
¿Por
qué
había
reconocido
un
año
después,
si
hacía
seis
meses
supuestamente
lo
habían
matado?
¿Quién
lo
mató?
¿Si
de
verdad
fue
que
se
enamoró?
O
sea,
como
cosas
muy
específicas. Y
quizás
la
que
más
la
inquietaba:
¿Por
qué
lo
secuestraron
si
no
hay
ninguna
prueba
de
que
Oswaldo
cometiera
esos
delitos
de
los
que
lo
acusó
Catatumbo
en
el
video? Y
mi
mamá
tiene
una
profunda
sospecha
de
pensar
que
fueron
los
políticos
del
momento,
¿no?
Que
lo
mandaron
a
secuestrar,
que
ellos
realmente
lo
que
hicieron
fue
un
mandado.Ese
día
llevaron
a
las
víctimas
a
un
salón
especial.
A
cada
una
la
sentaron
en
una
mesa
con
personas
que
les
iban
a
dar
apoyo
emocional
y
jurídico.
La
idea
era
que
cada
excomandante
pasara
por
algunas
mesas
para
conversar
durante
unos
minutos.
Antes
de
empezar,
tuvieron
una
pequeña
charla
para
aclararles
a
las
víctimas
lo
que
iba
a
pasar.
Y
enfatizar
que
no
estaban
obligadas
a
estar
ahí,
que
podían
irse
cuando
quisieran.
Luego
hicieron
una
oración.
Cuando
estuvieron
listas,
dejaron
entrar
a
los
excomandantes.
Zamira
se
fijó
en
Catatumbo.El
descargue
de
emociones
y
de
ira
y
de
todo
que
yo
creo
que
todos
sentimos
es
horrible,
es
horrible.
Y
yo
miraba
a
ese
señor
con
un
odio,
con
una
cosa…
horrible.El
primero
que
se
sentó
en
la
mesa
de
Zamira
fue
Pastor
Alape,
comandante
del
Bloque
Magdalena
Medio.
No
tenía
nada
que
ver
con
el
secuestro
específico
de
Oswaldo,
pero
estaba
ahí
para
pedir
perdón
a
nombre
de
las
FARC,
aceptar
los
horrores
que
cometieron
y
reafirmar
su
compromiso
con
el
proceso
de
paz.
Zamira
se
sorprendió
al
oírlo.Ese
señor,
pues
yo
le
vi
como
la
sinceridad,
como
la
humillación,
como
el
remordimiento,
como
eso.
Como
hablaba
y
lloraba.Luego
siguió
Rodrigo
Londoño,
alias
Timochenko,
el
último
comandante
de
toda
la
organización.
También
le
pidió
perdón.
Después
vino
el
tercero,
el
que
Zamira
más
esperaba
pero
al
que
más
temía:
Pablo
Catatumbo. Él
llegó
con
su
abogada.
Entonces
me
dijo:
“Yo
fui
el
comandante
del
Sexto
Frente
de
las
FARC.
Yo
no
ordené
el
secuestro
de
tu
hermano.
A
me
avisaron
de
que
lo
habían
secuestrado”. Por
los
supuestos
delitos
de
corrupción. Entonces
le
dije:
“¿Ustedes
quiénes
eran
para
eso?”
Me
dijo:
“No,
pues
eso
eran
pues
cosas
de
nosotros
para
tener
como
un
mejor
país,
no
qué”.
:
Zamira
lo
interrumpió.¿Se
acuerda
que
usted,
el
septiembre
del
2002,
esto
y
esto?Le
habló
del
video
que
salió
en
el
noticiero
y
le
preguntó
insistentemente
si
a
su
hermano
le
habían
comprobado
alguno
de
esos
delitos.
Catatumbo
dijo
que
no.¿Qué
le
comprobaron
a…?
“No,
nada”.
Entonces,
le
dije
yo:
“Señor,
espero
que
usted
desenlode
el
nombre
de
mi
hermano
y
de
la
familia.
Nosotros
nunca
le
hemos
robado
a
nadie,
a
nadie”. Yo
tenía
muchas
ideas
y
cosas
en
la
cabeza,
y
yo
lloraba.
Pero
de
todas
formas
no
cómo
yo
sola
ahí
me
desahogué.
Yo
tenía
el
apoyo
de
la
muchacha
trabajadora
social,
y
ese
señor
era
así
como
agachado…
no,
no,
no
sé.Después
de
que
hablaron
del
secuestro
de
Oswaldo,
Catatumbo
empezó
a
contarle
su
historia
personal.
Tal
vez
quería
justificar
todo
el
horror
que
causó,
despertar
empatía,
desahogarse…
Quién
sabe,
pero
Zamira
lo
escuchó
con
atención.Empezó
a
contar
cosas
que
le
han
pasado
a
la
familia
de
él.
Cosas
horribles.
A
una
hermana,
se
la
mandaron
despedazada
los
paramilitares.
Mejor
dicho,
es
una
familia
que
ha
sufrido
muchísimo,
muchísimo,
muchísimo.
Entonces,
digo
yo,
este
señor
de
dónde
agarra
fuerzas
y
esta
para,
para
seguir
en
esa
guerra,
¡Dios
mío
bendito!
:
Se
horrorizó
con
las
cosas
que
le
estaba
contando
ese
hombre
al
que
tanto
odiaba
desde
hacía
dos
décadas.
Pero
el
horror
también
venía
de
un
lugar
en
el
que
no
había
pensado
antes:
que
en
este
conflicto
muchas
víctimas
se
han
vuelto
victimarios
y
luego
han
dejado
más
y
más
víctimas…
un
ciclo
interminable
de
violencia.
No
esperaba
lo
que
le
pasó.Claro,
lo
humanicé.
Yo
le
toqué
la
fibra,
yo
no
sé,
y
él
a
también.
Mis
sentimientos
se
van
como
volviendo
como
más
flexibles
al
odio
que
yo
estaba
sintiendo,
¿sí?
Yo
no
te
voy
a
decir
que
uno
perdona,
pues,
en
total…
pero
sí,
sentí
empatía
por
esa
gente.
Yo
creo
que
llegamos
a
un
punto
en
que,
sin
decirnos
te
perdono,
no
qué,
no
qué,
como
a
un
entendimiento,
porque
ellos
también
en
esa
lucha
han
sufrido
mucho.Zamira
salió
agotada
de
esa
jornada
y
lo
primero
que
hizo
fue
llamar
a
Victoria. Lloró
en
el
teléfono,
me
contó
como
todo,
cómo
había
sido.
Y
pues,
no
te
voy
a
decir
yo
que
me
echo
flores
por
haberla
promovido
que
fuera
allá,
pero
yo
pienso
que
es
un
poco
mi
papel,
lo
siento
como
en
el
momento
como
tomando
a
mi
mamá
de
la
mano
y
llevándola
a
ir
por
lo
siguiente,
que
en
todo
caso
era
ya
a
soltar.
En
una
cosa
muy
fuerte
y
muy
dura,
por
supuesto,
nadie
está
dejando
de
reconocer
que
eso
fue
muy
denso
para
mi
madre,
pero
pienso
que
para
ella
fue
transformador.Después
de
eso,
el
22
de
junio,
fue
la
audiencia
pública
de
reconocimiento.
Incluyeron
el
caso
de
Oswaldo
en
la
segunda
sesión,
que
se
enfocó
en
secuestros
con
fines
de
financiación.
La
hicieron
en
un
auditorio
grande
en
Bogotá
y
la
transmitieron
en
directo.
En
el
escenario
pusieron
tres
mesas:
una
al
fondo,
horizontal,
donde
estaban
las
magistradas
de
la
JEP.
Las
otras
dos
estaban
frente
a
frente:
en
la
de
la
izquierda
estaban
las
víctimas
y
a
la
derecha,
los
siete
excomandantes
del
secretariado.
Después
de
casi
siete
horas
de
audiencia
y
varios
bloques
en
los
que
otras
víctimas
contaron
sus
historias,
se
desahogaron
y
les
hicieron
preguntas
a
los
de
las
FARC,
llegó
el
turno
de
Edward,
el
hijo
de
Oswaldo,
para
confrontar
a
los
victimarios.
Continuamos
entonces
con
el
señor
Edward
Oswaldo
Díaz.
Él
es
hijo
del
exconcejal
Oswaldo
Díaz…Desde
una
de
las
sillas
del
auditorio,
en
medio
de
muchos
otros
asistentes,
Zamira
y
la
mamá
de
Edward
lo
acompañaban.
Arrancó
pidiéndole
a
uno
de
los
de
las
FARC
que
no
se
durmiera. Antes
que
nada
quería
hacerle
un
llamado
de
atención
al
señor
Milton:
“Yo
no
creo
que
aquí
a
este
recinto
se
pueda
venir
a
dormir.
Para
que
tenga
eso
en
cuenta.” Después
de
presentarse,
Edward
contó
cómo
vivió
el
secuestro.Mi
padre
fue
secuestrado
en
mi
presencia,
cuando
yo
era
un
niño
de
14
años
de
edad.
Ahora
tengo
34
años.
Nosotros
estábamos
en
una
situación
de
indefensión.Mientras
hablaba,
al
fondo,
en
una
pantalla,
proyectaban
fotos
suyas
de
niño
con
Oswaldo.
Edward
continuó
diciendo
que,
aunque
Catatumbo
reconoció
que
habían
matado
a
su
papá
durante
el
secuestro,
nunca
aclaró
dónde
estaban
sus
restos
ni
al
cuánto
tiempo
lo
habían
asesinado.Necesitamos
aclarar
eso
porque
tenemos
sospechas
de
que
ellos
decían
que
lo
tenían
cuando
ya
lo
habían
asesinado.Luego,
volvió
a
la
pregunta
que
tantas
veces
se
ha
hecho
la
familia
de
Oswaldo
y
que
seguramente
no
pararán
de
hacerla:
¿Por
qué
lo
secuestraron? Mi
papá
no
era
un
hombre
adinerado.
Mi
papá
era
un
buen
hombre.
Y
era
el
mejor
papá
del
mundo.
Mi
papá
no
era
corrupto.
Él
no
merecía
que
lo
secuestraran
y
lo
desaparecieran.
Yo
no
merecía
pasar
por
esto
y
mi
familia
tampoco.
Y
así
mi
papá
hubiera
sido
mala
persona,
que
no
lo
era,
nadie
merece
que
lo
secuestren.
Nadie
merece
eso,
ni
siquiera
ustedes,
porque
son
seres
humanos.Continuó
diciendo
que
esa
decisión
de
secuestrar
a
su
papá,
lo
único
que
produjo
fue
sufrimientoY
también
les
habló
a
todos
como
organización. Ustedes
eran
un
grupo
terrorista,
un
ejército
ilegal.
Ustedes
no
eran
la
ley.
Ustedes
no
debieron
existir,
las
FARC
como
organización
no
debieron
existir.
Ustedes
todo
lo
hicieron
mal,
no
hicieron
nada
bien.
Ustedes
han
sido
el
cáncer
de
Colombia,
ustedes
son
un
cáncer. En
ese
momento,
Victoria
estaba
con
su
abuela
en
Palmira
viendo
la
intervención
de
Edward.
Aunque
era
evidente
que
no
pretendía
reconciliarse
con
sus
victimarios,
no
la
sorprendió. Pues
yo
entendía
su
dolor
y
entendía
perfectamente
el
abordaje
que
le
estaba
dando,
pues
porque
era
su
manera
de
transitar
sus
cosas
y
eso
también
está
perfecto.
Nadie
puede
venir
a
decirle
eso
está
bien
o
mal.Tanto
Victoria
como
su
abuela
lloraban
mientras
oían
a
Edward
hablar.
A
su
abuela
también
la
conmovió
mucho
verlo. Claro,
ella
reconociendo
a
su
hijo
en
los
ademanes,
en
la
forma
en
la
que
mueve
las
manos,
el
timbre
de
la
voz.
La
forma
con
la
que
gesticula,
¿no?
Lo
tuvimos
que
quitar
porque
mi
abuelita
no
fue
capaz
de
verlo
todo.Victoria
siguió
viendo
en
el
celular
y
Edward
insistió
en
que
el
trauma
no
se
puede
curar
con
nada. Nada
puede
reparar
esta
cicatriz
que
nosotros
como
víctimas
tenemos
en
nuestros
corazones.
Nada.
Absolutamente
nada.Luego
les
hizo
unas
preguntas
parecidas
a
las
de
Zamira:
¿Quiénes
lo
hicieron?
¿Hubo
políticos
involucrados?
¿Cómo
participó
Óscar
Bolaños?
Al
final,
leyó
una
oración,
y
remató
con
esto… Ustedes
van
a
pagar.
Ustedes
van
a
pagar.Luego
de
la
intervención
de
Edward,
las
magistradas
les
dieron
la
palabra
a
los
victimarios
para
reconocer
su
culpa
ante
las
víctimas.
Después
de
tantos
años
de
intentos
fallidos
de
paz,
esa
escena
aún
parecía
imposible:
que
los
antiguos
comandantes
de
un
grupo
armado
tan
violento
y
tan
poderoso
estuvieran
ahí.
Antes
solo
aparecían
en
videos
amenazando
con
armas
y
uniformes
camuflados
en
medio
de
la
selva,
diciendo
que
iban
a
secuestrar
más,
a
poner
más
bombas,
a
tomar
más
poblaciones,
a
sabotear
alguna
votación.
Pero
ahora
estaban
sentados,
vestidos
de
civil
y
mucho
más
viejos.
Catatumbo
fue
el
cuarto
que
habló
y
fue
el
encargado
de
aportar
a
la
verdad
en
el
caso
de
Oswaldo
Díaz.
Le
doy
la
palabra
al
señor
Pablo
Catatumbo
Torres.Bueno,
buenas
tardes
a
todas,
a
todos.
Un
saludo
muy
especial
de
reconocimiento
y
de
respeto
a
las
víctimas.Empezó
reconociendo
el
delito. Hago
presencia
aquí
en
este
acto
de
reconocimiento
para
asumir
mi
responsabilidad
pública
y
libremente
frente
a
crímenes
de
privación
de
la
libertad.Aceptó
que
los
secuestros
fueron
uno
de
los
delitos
más
graves
que
cometieron
durante
el
conflicto. El
secuestro
se
hizo
masivo.
El
secuestro
causó
dolores,
daños,
fracturas.
Y
no
sólo
victimiza
a
la
persona
secuestrada,
sino
también
a
sus
seres
queridos.
Aunque
lo
hicieron
como
una
forma
de
financiar
la
organización,
con
la
excusa
de
que
los
más
poderosos
aportaran
a
la
causa,
tenía
que
reconocer
que
la
mayoría
de
personas
que
secuestraron
con
fines
económicos
no
tenían
cómo
pagar
esa
extorsión. Si
se
pensaba
era
afectar
a
los,
a
los
ricos
de
verdad,
a
los
poderosos,
a
lo
que
llamábamos
en
aquella
época
la
oligarquía,
pues
no
lo
hicimos.
Pero
afectamos
compatriotas,
gente
humilde,
campesina
o
pequeños
productores
que
no
eran
los
responsables
de
la
guerra.En
ese
momento
pasó
al
caso
de
Oswaldo
y
le
habló
directamente
a
Edward.
Como
comandante
de
sus
captores,
reconoció
la
responsabilidad
en
su
secuestro,
asesinato
y
desaparición,
y
repitió
lo
que
ya
había
dicho
en
otras
ocasiones:
que
sus
subalternos
le
informaron
que
lo
habían
retenido
por
corrupto,
y
que
tiempo
después,
sin
especificar
cuánto,
le
reportaron
que
lo
habían
matado.
Aceptó
que
hay
contradicciones,
que
todavía
quedan
preguntas,
y
precisamente
por
eso
entendía
la
rabia
de
Edward.
Pero
dijo
que
él
no
podía
dar
más
información
porque
no
la
tenía.
Según
explicó,
todo
lo
supo
a
través
de
relatos
de
terceros
y,
como
ya
sabemos,
de
ese
grupo
solo
queda
una
persona
viva,
el
Paisa,
que
tampoco
estuvo
presente
en
la
muerte
de
Oswaldo.
Pero
fue
claro
en
algo
clave
sobre
Óscar
Bolaños,
el
secuestrador
que
Edward
reconoció.Que
el
señor
Bolaños
no
es
integrante
de
las
FARC.
No
fue
integrante
de
las
extintas
Farc.Catatumbo
pasó
a
aceptar
que
nunca
pudieron
confirmar
que
Oswaldo
era
corrupto,
y
que
sí,
que
habían
atacado
su
dignidad
en
lo
más
profundo.
Y
como
acto
de
reparación.Quiero
hacer
un
reconocimiento
y
dignificar
el
nombre
del
concejal
Oswaldo
Díaz.
Como
ya
dije,
actuamos
de
manera
irresponsable,
de
manera
ligera
calumniándolo
a
él
y
acusándolo
de
un
delito
que
él
no
había
cometido.
Hoy
quiero
pedirle
perdón
no
solamente
a
usted,
Edward,
a
su
madre,
a
su
tía,
al
resto
de
su
familia,
porque
realmente
cometimos
un
crimen
abominable
con
su
padre.
Tiene
todo
el
derecho
en
pensar
lo
que
ha
expresado,
y
espero
que
no
solamente
usted
y
su
familia,
sino
Colombia
perdone
los
crímenes
que
cometimos.Por
último,
les
pidió
a
sus
antiguos
compañeros
que
no
estaban
ahí
que
ayudaran
a
aliviar
el
dolor
de
las
víctimas,
que
no
le
tuvieran
miedo
a
la
verdad
porque
el
proceso
de
paz
lo
necesitaba.
Y
se
comprometió
a
algo. Contribuiré
en
todo
lo
que
de
dependa
para
que
este
crimen
del
concejal
Oswaldo
Díaz
pueda
ser
esclarecido
en
su
totalidad.
Eso
quería
decir,
señora
magistrada
y
muchas
gracias.Muchas
gracias.
Yo
creo
que
en
este
momento
todos
necesitamos
una
pausa.
Ha
sido
muy
intenso.Zamira
volvió
a
su
casa,
en
Palmira.
No
puede
decir
que
se
sienta
reparada
del
todo.
Tal
vez,
como
su
sobrino
Edward,
nunca
logre
sentirse
así. El
daño
ya
está
hecho
y
nunca
uno
se
repara
de
ese
dolor
tan
grande
que
le
causan
a
uno.
Nunca.
No
es
por
dinero
ni
daño
físico,
sino
un
daño
emocional.Pero
quizás
hay
una
señal
evidente
de
que
hubo
un
cambio
en
ella.
Le
pregunté
si
ahora
votaría
diferente
en
el
plebiscito.
¿Y
después
de
todo
esto
usted
cree
que
cambiaría
su
voto?Sí,
pues,
puede
que
sí,
porque
sirvió
mucho
el
encuentro
con
estas
personas
para
pues
yo
entender
que
en
realidad
son
cosas
que
se
necesitan,
a
ver
si
de
pronto
que
el
país
salga
de
tanta
violencia,
tanta
cosa.
Dios
quiera
que
así
sea,
¿no?A
ver,
si
de
pronto,
las
próximas
generaciones
puedan
evitar
sentir
un
dolor
como
el
suyo. La
Unidad
de
Búsqueda
de
Personas
dadas
por
Desaparecidas,
que
también
surgió
con
los
acuerdos
de
paz,
continúa
buscando
los
restos
de
Oswaldo.
Hasta
el
momento
sigue
sin
aclararse
qué
relación
tenía
Óscar
Bolaños,
el
secuestrador
que
Edward
reconoció,
con
las
FARC.
Aún
no
ha
dado
su
versión
voluntaria
de
lo
que
pasó.
A
la
fecha
solo
han
empezado
dos
juicios
ante
el
Tribunal
de
Paz
de
la
JEP
y
son
por
no
reconocimiento
de
verdad.
Ninguno
de
los
comparecientes
es
excombatiente
de
las
FARC.
David
Trujillo
es
productor
senior
de
Radio
Ambulante
y
vive
en
Bogotá.
Esta
historia
fue
editada
por
Camila
Segura
y
Luis
Fernando
Vargas.
Bruno
Scelza
hicieron
el
factchecking.
El
diseño
de
sonido
es
de
Andrés
Azpiri
y
Ana
Tuirán
con
música
original
de
Ana.
El
resto
del
equipo
de
Radio
Ambulante
incluye
a
Paola
Alean,
Lisette
Arévalo,
Pablo
Argüelles,
Adriana
Bernal,
Aneris
Casassus,
Diego
Corzo,
Emilia
Erbetta,
Rémy
Lozano,
Selene
Mazón,
Juan
David
Naranjo,
Ana
Pais,
Melisa
Rabanales,
Natalia
Ramírez,
Natalia
Sánchez
Loayza,
Barbara
Sawhill
y
Elsa
Liliana
Ulloa.
Carolina
Guerrero
es
la
CEO.
Radio
Ambulante
es
un
podcast
de
Radio
Ambulante
Estudios,
se
produce
y
se
mezcla
en
el
programa
Hindenburg
PRO.
Radio
Ambulante
cuenta
las
historias
de
América
Latina.
Soy
Daniel
Alarcón.
Gracias
por
escuchar.
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: Hola ambulantes, antes de comenzar quiero hablarles de algo súper importante, quizás en un tono que no escuchan de mí muy a menudo. Radio Ambulante va en su temporada número 13; más de 250 historias producidas. El hilo, nuestro show de noticias, tiene más de 200 episodios. Me asombra, la verdad, cuando pienso cómo arrancó todo esto, lo poco que sabíamos y lo mucho que hemos logrado. Éramos cuatro gatos, intentando algo ambicioso, con muchas ganas, literalmente cero presupuesto, pero con la convicción de que había gente como nosotros que quería escuchar a América Latina de otra manera. Y lo logramos. Encontramos la audiencia. Hoy en día tenemos más de un millón de descargas al mes y un crecimiento anual de más del 15%. Quizás saben, quizá no… qué tan difícil está la cosa para medios independientes como Radio Ambulante Studios. Quizás han escuchado de cuántas compañías de podcasts han cerrado, cuántos productores han sido despedidos. En Radio Ambulante, no somos millonarios. Trabajamos muy duro para sacar cada historia y tenemos un modelo de negocio híbrido. Esto significa que buscamos dinero para financiar nuestro periodismo por todas partes. Con pauta, con fundaciones, con nuestra app para aprender español, con shows en vivo, con alianzas, con venta de camisetas y tazas de café. Y con el apoyo de ustedes. Siempre ha sido complicado explicarle a, digamos, fundaciones, quiénes somos. Qué hacemos. Para qué sirve nuestro contenido. Nos cuesta crear esas relaciones, pero igual lo hacemos, con paciencia y claridad. Pero los que siempre han entendido lo que hacemos son ustedes. Nuestros oyentes. Desafortunadamente, eso no es suficiente. Les doy un dato: solo 1 de cada 100 de nuestros oyentes dona para apoyar el periodismo de Radio Ambulante. ¡Solo el uno por ciento! Hoy quiero pedirles que nos ayuden a duplicar esa cifra. Imagínate que estuviéramos en tu ciudad, yo o alguno de tus productores favoritos de Radio Ambulante o El hilo. ¿Nos invitarías a un café? ¿Una cerveza? Entonces, dale. Cualquier monto nos sirve. Por favor. Tiendo a no ser dramático, pero en realidad, este año, en esta campaña, necesitamos tu ayuda más que nunca. Estamos luchando para que Radio Ambulante Studios siga produciendo. Siga sacando las historias que tú escuchas cada semana. Si aprecias lo que hacemos, pues nada. Esta es tu oportunidad de demostrarlo. Radio ambulante punto org / donar. Gracias. Aquí el episodio. Esto es Radio Ambulante desde NPR, soy Daniel Alarcón. Esta historia empieza el 15 de octubre del 2001. Era lunes festivo, y esa tarde Victoria Ríos, de 13 años, estaba sola en su casa en Palmira, en Colombia, cuando sonó el teléfono. Al contestar escuchó a su prima, la hija mayor de su tío Oswaldo Díaz. Esta es Victoria: Estaba, pues, desesperada, gritando, en llanto. Pues, una cosa terrible. No le entendía muy bien. El caso fue que me dijo: “Necesito que llamés a mi abuela o que llamés a alguien, que llamés a mi tía, estoy llamando a todo el mundo y nadie me responde”.Victoria no entendía cuál era la urgencia, qué había pasado. Le dijo que podía ir corriendo donde una tía de ambas que vivía cerca, pero que primero necesitaba más información. Entonces me dice: “a mi papá lo secuestraron”. Me llamaron a mí a notificarme que estaba secuestrado. Y yo: “¿Pero quién te llamó?” “No, no sé. Andá, buscá a mi tía. Necesito que alguien me responda”.Soltó el teléfono y salió corriendo para allá. Pero cuando llegó no había nadie. Así que volvió a su casa, asustada, sin saber muy bien qué hacer. En ese momento, Zamira Díaz, su mamá, estaba visitando a la abuela. Eran un poco más de las 3 de la tarde cuando recibieron la llamada de la hija de Oswaldo. Esta es Zamira. No me acuerdo quién contestó, pero eso fue horrible, horrible. Es un caos. “Que a mi papá se lo llevó las FARC”.Las FARC, la guerrilla. El resto de la familia se fue enterando poco a poco. Aunque era una niña, Victoria entendía bien lo que estaba pasando. Lo que significaba. Yo tenía perfectamente claro lo que era un secuestro. O sea, estábamos históricamente viviendo un momento en el que pues era imposible obviar esto, ¿no? O sea, era imposible obviar el conflicto armado, era imposible no verlo en las noticias y no discutirlo. Para ese momento, Colombia llevaba varias décadas inmersa en un conflicto armado muy complejo, que involucraba a varios grupos guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes, fuerzas del Estado… Todos responsables de violencia y de diferentes crímenes. Desde hacía años los noticieros hablaban todo el tiempo de combates, de tomas de pueblos, desapariciones forzadas, masacres y secuestros. De los secuestros parecía que casi nadie se salvaba: policías, militares, ganaderos, empresarios, personas al azar que capturaban en las carreteras y, claro, políticos, como el tío de Victoria, que había sido concejal de su ciudad. Cuando Victoria llegó donde su abuela recuerda ver el desespero de sus familiares, especialmente de una de ellas. A mi tía Eibar tirada en el piso de rodillas discutiendo con mi abuela porque ella estaba muy serena, ¿no? Ella como que decía que nos tranquilizáramos, que no… Que ellos no le iban a hacer nada. Pero mi tía estaba, o sea, Dios mío, estaba enardecida. Entonces ella decía que ella misma subía, que ella misma iba y los buscaba… Bueno, eso fue terrible. Y sí, como una noche larga a partir de allí. Una que los llevaría a estar cara a cara con la gente que les causó tanto dolor. Después de la pausa, nuestro productor senior David Trujillo nos cuenta.Estamos de vuelta en Radio Ambulante, aquí David.El fin de semana del secuestro, Oswaldo, que tenía 42 años en ese momento, se había ido con su hijo, su pareja y el hijo de ella a La Quisquina, una zona rural, a unos 14 kilómetros de Palmira. Hacía unos dos o tres años había comprado una finca pequeña allá, y desde entonces toda la familia, incluyendo a Zamira y Victoria, iban constantemente. O al menos durante los primeros años, porque con el tiempo se empezaron a enterar de que las FARC estaba haciéndose notar en La Quisquina. Había rumores que llevaron a la familia a tener ciertas precauciones: mejor no decir que estaban en la casa del concejal Díaz, mejor no conversar tanto con el señor que vendía la leche, mejor evitar las preguntas de la señora de la tienda. La situación en la Quisquina llegó a ponerse tan tensa, que en un momento la familia decidió dejar de ir a la finca. Solo Oswaldo, que conocía bien la zona y había hecho campaña con la gente de ahí, seguía yendo, aún cuando su posición lo ponía en riesgo. Cuando lo secuestraron ya no era concejal, pero lo había sido dos veces y era bien conocido en Palmira y sus alrededores. Además, continuaba su carrera política. Ahora quería ser alcalde. En una de sus campañas, pusieron afiches con su foto por toda la ciudad. Sí recuerdo eso, como la foto típica de político, pues, mirando al horizonte y con la camisa roja y demás, porque era siempre del Partido Liberal. Recuerdo un slogan: “Mejores Díaz el que vamos a tener”. Ese como que se me quedó grabado en la cabeza. Los primeros momentos después del secuestro de Oswaldo fueron muy confusos. La familia no tenía ninguna pista, ninguna información, nada… y la angustia fue aumentando con las horas. Al papá de Victoria, que había sido militar, la familia, en su desespero, le pedía que fuera a un batallón cercano y buscara ayuda para encontrarlo.Mi abuela le gritaba y le lloraba que por favor, que necesitaba que lo encontráramos. Bueno, mi papá moviendo cielo y tierra también tratando de hacer lo que más podía porque mi papá es suboficial y además retirado, no era que pudiera hacer mucho. Unas horas después, una hermana de Oswaldo habló con el hijo de él, y con su relato y lo que después fueron contando algunas personas de la zona pudieron saber lo que había pasado. Hacia el mediodía de ese lunes 15 de octubre, Oswaldo le había pedido al hijo de su pareja que fuera a comprar algo para el almuerzo. Esta es Zamira de nuevo. Entonces el muchacho sacó el carro y dejó la puerta del garaje abierta. Pues como ya regresaba, pues no se iban a demorar.Pero eso facilitó la entrada de cuatro hombres en una camioneta. Dos se bajaron, armados, y fueron hacia la parte de atrás de la finca. Allá estaba el hijo de Oswaldo, de 14 años, con unos amigos en la piscina. Oswaldo estaba en la cocina abierta, a pocos metros de ahí. Él estaba de espaldas, terminando de hacerles el almuerzo. Entonces él no se dio cuenta que venían. : Que venían los hombres armados. Uno de ellos fue por Oswaldo. Al mismo tiempo, el otro sacó a los niños de la piscina, los hizo subir a la casa y los metió en la sala, pero no cerró bien la puerta y el hijo de Oswaldo pudo ver el momento exacto en que se lo llevabanAsí cogido cada uno del brazo al papá. El papá iba con una pantaloneta azul y una camisa roja, en chanclas.Lo subieron a la camioneta y arrancaron. Todo duró unos pocos minutos. Más tarde, el hijo de Oswaldo, Edward, dio ese mismo testimonio a las autoridades. Gracias a su descripción, pudieron armar un retrato hablado del hombre que los metió en la sala. Tratamos de hablar con Edward pero prefirió no hacerlo. Después encontrarían la camioneta abandonada en la vía hacia La Nevera, una zona más alta y fría.Nos imaginamos nosotros que como ya ahí es subiendo y como ellos sí ya tenían esos carros especiales con esas llantas, este, lo cambiaron de carro y lo subieron.Ese mismo día la familia denunció el secuestro a la Policía y otras entidades, y les dijeron que si recibían llamadas de los secuestradores para poner las condiciones para liberarlo, no debían negociar ni entregar dinero. Que todo debería quedar en manos de las autoridades. Y en efecto, como a los tres días, recibieron la llamada de las FARC. Les dijeron que a Oswaldo lo tenía uno de los grupos del Sexto Frente del Bloque Occidental. En principio se trataba de un secuestro político. No explicaron mucho más. A los pocos días, la familia de Oswaldo recibió un cassette. Donde mi hermano pedía al Concejo que estaba vigente, que por favor realizaran unas obras, un puente, allá arriba, yo no sé qué… Zamira llevó la petición al Concejo, pero no hicieron nada. Luego recibieron una carta de Oswaldo para su mamá. Bueno, la fotocopia de una carta… bueno, la fotocopia de partes de una carta. Son tan bellacos. Es aquí “Querida mamá” y aquí la firma de él. Esto, el contexto, lo quitaron. Le mandaron los dos pedacitos. No… eso es muy horrible. Solo un “Querida mamá” y una firma. Sin nada del contenido. La mamá de Oswaldo guardó ambas pruebas de supervivencia. Estaban incompletas, pero eran el único vínculo más directo que podía tener con su hijo en ese momento, al menos hasta que lo liberaran. Con los días, el secuestro político de Oswaldo se fue convirtiendo en extorsión. Y pasó rápido. Ahora en las llamadas, que solían ser mínimo una vez por semana, directamente pedían plata: 200 millones de pesos, que eran más de 87 mil dólares en esa época. Las FARC y otras guerrillas habían convertido esto en un negocio muy lucrativo, y solo un año antes, en el 2000, habían secuestrado a más de 3.700 personas, la mayoría de las veces con fines extorsivos. Si bien las FARC habían nacido en los 60 como un grupo armado marxista leninista que buscaba proteger a las comunidades campesinas, dos décadas después se había convertido en una guerrilla muy violenta que usaba la lucha armada para tomar el poder. Sus fuentes de dinero fueron cambiando con el tiempo, y para ese momento, las FARC, que ya había roto relaciones con el Partido Comunista Colombiano desde hacía unos años, se financiaba, además de los secuestros, con extorsiones y narcotráfico. Así a la organización le entraba muchísima plata, aunque claramente no todo el mundo podía pagar lo que pedían. 87 mil dólares, por ejemplo, era demasiado para los Díaz, que no habían sido una familia adinerada. Y así hubieran querido vender los bienes que Oswaldo tenía y con eso tratar de pagar, la ley de ese momento obligaba a congelar todas las propiedades de las personas reportadas como secuestradas. Entonces la mamá de Oswaldo intentaba ofrecerles otra cosa. Yo tengo mi casita, si quiere yo la vendo y con esa… con lo que me den yo les mando. “¿Qué vamos a hacer con eso? Si con eso no, no vale ni la comida que come ese gran yo no sé qué”, porque eran groserísimos.Eran terribles. Una gente muy violenta en el lenguaje, ¿no? O sea, un discurso muy hostil. Y no importaba que atendiera la llamada niños, o sea, adolescentes, mujeres… No, no les importaba nada. Entraban eso arriando madres desde el momento en el que uno respondía la llamada. Como que me ordenaban cosas, ¿no? O sea, páseme a su abuela o páseme a la señora tal o al señor tal. Victoria hacía caso: le pasaba el teléfono a un adulto, pero se quedaba viendo e intentando escuchar lo que hablaban. Ver a mi abuelita, por ejemplo, o a mi tía, muy afectadas por ese tema, llorando obviamente, porque es que no había forma de conciliar nada, ¿me entiendes? O sea, eran llamadas en las que te tratan como el trapo sucio con el que se limpian los pies. Entonces era… era complejo.Las comunicaciones se volvieron muy violentas hasta el punto de decirles: “Paguen o van a recoger el cuerpo en el puente de Las Águilas”. Y a las llamadas se sumaron panfletos en los que amenazaban con secuestrar a otros hermanos. También empezaron a notar que había hombres sospechosos pendientes de sus movimientos. Pero a Victoria su mamá no le hablaba del tema… Me imagino el dolor que estaba sintiendo, lo que menos… no tenía ni un ápice de energía para explicarle a su hija de 12 años lo que estaba pasando. Y un poco era más lo que uno mismo como que iba entendiendo del entorno, ¿no? Era miedo como de perderlos a todos, ¿no? El desespero era mucho, entonces era como ver cómo se resquebrajaba todo. Como el riesgo era tan alto y tan real, uno de los hermanos hasta pidió asilo fuera del país. A los pocos meses, recibieron una llamada, tal vez la peor que estaban esperando. Era la Policía diciéndoles que habían encontrado un cuerpo en el puente de Las Águilas. Podía ser Oswaldo, así que necesitaban que alguien de la familia fuera y lo reconociera. Yo no soy capaz, porque yo, en ese sentido, yo sí… No, no, no, yo no soy capaz. Me había enfermado. Hicieron todas las pruebas y no, no era.Nunca pudieron identificar ese cuerpo. Quedó como otra víctima más de las muchas que empezaron a aparecer en la zona, cuando la violencia escaló tanto que ya casi nadie podía moverse por ahí tranquilamente. En medio de la angustia, de no saber nada de su ser querido, sintieron alivio que ese no fuera Oswaldo. Era una esperanza de que todavía estuviera vivo. Tenían eso, por lo menos. Pero menos de un año después del secuestro, la familia dejó de recibir las llamadas. Intentaron buscarlo como podían, incluso yendo hasta la zona, pero todo fue inútil. No pudieron averiguar nada. Luego, un supuesto guerrillero les ofreció información a cambio de atención médica para su esposa.Se le ayudó porque mi hermana en eso era auditora en el hospital que la atendieran. Y nos citó, le dimos remesa, no sé qué, y a los dos días lo mataron.Y no alcanzó a decirles nada. La desesperación era tanta que hasta llegaron a pagar lecturas de runas y cartas, regresiones, conversaciones con ángeles… Vea uno apela a todo, a esa gente que lee, que lee el naipe, que el agua, a todo, uno a todo le pone fe, por Dios, a todo. Pero nada de eso sirvió. La desesperanza de la familia se fue juntando con el odio. Un odio que desde siempre habían sentido por las FARC y que solo aumentó con el secuestro. Más que un actor político, los veían como unos criminales, unos matones. Pues fue muy como de, de asumirlos como terroristas, ¿no? Los malos eran, por supuesto, las FARC. Los buenos, entonces, eran el ejército, por supuesto, que eran quienes estaban combatiendo a los que eran los malos que eran los que estaban haciendo el mal: secuestrando, sembrando cultivos ilícitos y demás. Además, yo soy hija de militar, entonces mi papá ya te imaginarás lo que piensa acerca de los guerrilleros. Dios mío.Básicamente, que había que acabarlos… con armas. Y Victoria compartía esa idea. Claro, los odiaba. Era odio puro y duro.En el 2002 hubo elecciones presidenciales. Victoria no tenía edad para votar pero sus papás y sus tíos sí sabían cuál era su candidato favorito a la presidencia. Compatriotas, acompáñenme, no les fallo. Colombia necesita un gobierno de mano firme contra la corrupción, la politiquería, de mano firme contra la violencia. : Álvaro Uribe Vélez. Terminó ganando las elecciones con una gran mayoría, y esa promesa de mano firme contra la violencia la materializaría en una política de gobierno que se conoció como Seguridad Democrática. Su objetivo fue fortalecer los organismos de seguridad del Estado para combatir a los grupos armados ilegales y derrotarlos militarmente. Eso era exactamente lo que quería la familia de Oswaldo: que los de las FARC pagaran de la peor forma. Muchos odios… muchos, muchos, muchísimos. Pues uno decía: “Sí, ojalá terminen con esta gente”. Cuando hacían esos combates y los mataban y todo, uno decía ¡Uy, sí! En septiembre finalmente les llegó información de Oswaldo. Había pasado casi un año desde el secuestro, y la familia se enteró de que en un noticiero local habían publicado un video de alias Pablo Catatumbo, el comandante en ese momento del Sexto Frente del Bloque Occidental de las FARC. Aparecía con unas gafas grandes, uniforme camuflado y en medio de lo que parecía ser un bosque montañoso, hablando de Oswaldo. A ver, lo primero es que nosotros no hemos secuestrado al señor Oswaldo Díaz, lo hemos retenido. El concejal Oswaldo Díaz, durante todo este tiempo, el señor ha ido acumulando una gran cantidad de delitos de corrupción. En este caso hemos retenido al caballero y le hemos hecho una exigencia: que él debe devolver 200 millones de pesos representados, no para las FARC, representados en medicamentos, representados en ayudas para las juntas comunales.A la familia le indignó que usaran ese eufemismo.Que lo tienen retenido, no secuestrado.También les molestó lo de la corrupción. Victoria sí recuerda que su tío había estado en la cárcel con el alcalde unos años antes por el supuesto mal manejo de un contrato público, pero también recuerda que lo absolvieron y no le abrieron más investigaciones. Pero eso no pareció importarle a las FARC. Si bien en las primeras llamadas telefónicas hablaron de las obras que mencionaba Catatumbo en el video y también enviaron el cassette pidiéndolas al Concejo, el tema pronto desapareció por completo y lo único que querían era plata. En ese video Catatumbo repitió el mismo mensaje que venían escuchando desde hacía un año. Sean conscientes y entreguen esos dineros para la comunidad, y salven la vida.Salven la vida de Oswaldo. Esa fue la última información que les dio las FARC. Tanto fue el estrés que causó el secuestro, que varios miembros de la familia se empezaron a enfermar. Hubo depresiones pero también consecuencias físicas: a una hermana se le agudizó la artritis, el otro prácticamente dejó de comer… A Zamira se le complicó la diabetes, la hipertensión y hasta le dio una parálisis facial. Como que una se cuestiona: si no he llevado, pues, como una mala vida, ¿por por qué yo, pues, merecer este sufrimiento, esta pena? No sé… Tener este sufrimiento tan tremendo. Yo creo que eso rompió a las personas. Nos cambió la vida a todos. Muchas veces descubrí a mi abuelita, por ejemplo eso, quedarse dormida, llorando, escuchando ese cassette en bucle una y otra vez, un mensaje que no dura más de dos minutos. A veces la descubres hablando sola, y está hablando con él. Le dice: “Mijo, tal cosa”, o sea, le habla.Y así fueron pasando los años. Del 2002 al 2006, durante el primer periodo del gobierno de Uribe, los combates entre los militares y las FARC se intensificaron. Para la familia de Oswaldo, esto era un avance en el fin del conflicto. Estaban convencidos de que la única forma de lograr la libertad de los secuestrados, así pusiera en riesgo la seguridad de Oswaldo, eran los ataques militares. Que era igual la promesa del gobierno Uribe también, ¿no? O sea, la promesa de que lo van a rescatar, él va a volver, la promesa de que los vamos a entregar.La que más insistía en esa promesa era Zamira. Se volvió muy activa: iba a marchas, estaba en contacto con las autoridades por si tenían nueva información de su hermano, daba entrevistas a medios, se inscribió en colectivos de víctimas y participaba en cada encuentro que organizaban. En el 2006 la popularidad de Uribe era altísima y con una reforma constitucional se hizo reelegir. Arrasó con más del 60% de la votación. Por esa época, Victoria empezó a estudiar comunicación social, y aunque el dolor de no saber nada de su tío y el resentimiento con las FARC seguían ahí, poco a poco empezó a ser crítica del gobierno y su política de Seguridad Democrática. Mi carrera profesional, pues me hizo tener una visión distinta al conflicto armado, ¿no? Una de las cosas que más le preocupaba era la desprotección de los derechos humanos. Uno de los ejemplos más claros fue el de los falsos positivos. En 2008 se supo que, para cumplir las metas y que los números confirmaran que el gobierno estaba ganando la guerra, el Ejército venía asesinando sistemáticamente a civiles y los hacía pasar por guerrilleros muertos en combates. Este fue uno de los casos que más debilitó la imagen del gobierno y de su política estrella para acabar con la violencia. Muchos sectores de la oposición y defensores de derechos humanos insistían en que era necesario buscar otras salidas diferentes a esa guerra, más allá de los combates. Y esa idea también le llamó la atención a Victoria.Y entonces, de pronto, mi visión del conflicto armado, ya propiamente dicho, sacada desde la profundidad de mi casa, o sea, de lo que yo había vivido, el dolor de mi abuela, pues me hacía verlo de otra forma, ¿no? Como que no todo era eso que estaba pasando en mi casa, en mi pueblito, en Palmira, o sea, Colombia no era Palmira, no. O sea Colombia era muchas colombias, no muchas, muchas ciudades, muchos entornos, muchos contextos.Fue ampliando su visión del conflicto y poco a poco hubo un cambio en la forma en que lo veía. No en relación a los altos mandos… Me refiero a entender el guerrillero raso. Esos niños que están siendo reclutados, tienen 14 años, no tienen ni idea de lo que están cargando en sus hombros, que es un fusil. No tienen ni idea de nada de la vida, no saben lo que pasa en la ciudad. Del campesino que le matan los hijos, termina siendo reclutado y es una densidad del conflicto y una cantidad de cosas que van sucediendo, que pues eso me hizo comprender que eran también víctimas de, pues, de un conflicto que los rebasaba, o sea, no tenía nada que ver con ellos realmente.Pasaron nueve años y la familia de Oswaldo seguía esperándolo. La promesa que les había hecho el gobierno de Uribe no se cumplió. En el 2010, llegó un nuevo presidente, Juan Manuel Santos, quien había sido ministro de Defensa de Uribe. Dos años después hizo un anuncio que prometía cambiar radicalmente la forma de tratar el conflicto armado: Hoy les quiero anunciar que estas reuniones exploratorias han culminado con la firma de un acuerdo marco entre el gobierno nacional y las FARC.Desde hacía seis meses, y con mucha discreción, el gobierno venía reuniéndose con las FARC para hablar de la posibilidad de un acuerdo de paz. Desde el principio, el gobierno sabía que sería un proceso muy difícil, con una oposición fuerte. Pero veía como un logro enorme el solo hecho de sentar a conversar a dos enemigos que llevaban en guerra más de 50 años. Además, desde 1982 se intentaron tres acuerdos de paz con las FARC, pero ninguno había prosperado. Con esta negociación, sin embargo, dejaron claro que las cosas serían diferentes: no despejarían territorio nacional para negociar, sino que se reunirían fuera del país, primero en Oslo, Noruega, y luego en La Habana. Además, tendrían una agenda organizada con seis puntos muy, muy específicos para lograr la paz y proponer soluciones claras para cada uno. El acuerdo era que no pasarían al siguiente punto sin haber aceptado el anterior. Todo esto sin un cese al fuego. Empezarían discutiendo una reforma agraria integral, algo que las FARC pedía casi desde sus inicios. Luego plantearían su participación política. Después vendría la negociación para dejar las armas y la solución al problema del narcotráfico, uno de los mayores motores del conflicto. De ahí pasarían a la conversación en torno a las víctimas y la forma cómo se iba a aplicar justicia por los crímenes que se cometieron durante tantos años y desde todos los bandos. Por último, decidirían la forma de validar el acuerdo final, su verificación y su implementación. La noticia de los diálogos, como se esperaba, no fue bien recibida por toda la población. Es más, se podría decir que fue una ruptura en la sociedad colombiana. Se trataba de definir, en muchas formas, el futuro del país. Desde hacía unos años las FARC era el gran enemigo público y ya no la veían como la organización campesina y reivindicadora de derechos agrarios que fue en sus inicios. Empezó entonces a aparecer la polarización: las peleas constantes en redes sociales de qué era lo mejor para el país, las ideas opositoras de que esto era una forma de entregarle el poder a las FARC y una burla a las Fuerzas Militares y a las víctimas. El uribismo, que seguía teniendo una fuerza electoral importante y una gran representación en el Congreso, fue uno de los sectores políticos que rechazó los diálogos desde el principio. La crítica fundamental era que con criminales de esa talla no se podía acordar nada, sencillamente había que acabarlos. Y eso que durante el gobierno de Uribe hubo acercamientos para negociar la paz con las FARC y hasta se hicieron diálogos exploratorios con otra guerrilla, el ELN. La posición de no negociar también la compartió la familia de Victoria desde el principio, cuando se enteraron de los diálogos. Para ellos era claro.El proceso de paz debería ser pues metan a esa gente presa y digan dónde está la gente secuestrada y que entreguen armas y listo. No había como bemoles, ¿no? O son buenos o son malos, no hay forma de que coexistamos o que, o que lleguemos a un acuerdo o que busquemos… ¿cómo así que, que negociar qué con esa gente? O sea, no hay por qué negociar nada, ¿no? Era un poco el discurso.No, no creía en eso. Pensaba que eso era una alcahuetería, y no creía en eso.Para Zamira se trataba de un sometimiento del Estado ante unos criminales que iban a resultar beneficiados. No tenía ningún sentido. En octubre de 2013, cuando apenas habían acordado el primer punto de la agenda de los diálogos y estaban a días de acordar el segundo, Zamira recibió una llamada. Era un periodista de una emisora de radio que ya la había entrevistado antes y que estaba en La Habana. Le dijo que él se iba a encontrar en pocas horas con alias Pablo Catatumbo, el ahora jefe del Bloque Occidental y comandante de quienes secuestraron a su hermano. Que si quería hacerle alguna pregunta, le dijo. Zamira no podía desaprovechar esta pequeña puerta que le estaba abriendo el periodista. Yo le dije no, pues si usted tiene la oportunidad de hablar con él, pregúntele de Oswaldo Díaz Cifuentes. Por primera vez en 12 años, una de las cabezas de las FARC podría decirles algo sobre el paradero de su hermano. Una pausa y volvemos.Estamos de vuelta en Radio Ambulante. David Trujillo nos sigue contando. Apenas colgó con el periodista, Zamira se quedó pegada a la radio, esperando información sobre la entrevista. Después de hacerle la pregunta a Catatumbo y tener su respuesta, el periodista se conectó con su emisora y salió en directo contando lo que le dijo. Fue imposible obtener la grabación de radio de ese momento, pero un noticiero local entrevistó al periodista para que contara la versión de Catatumbo. Aquí se refiere a Oswaldo… El secuestrado entabló una relación con una de las guerrilleras que estaba custodiándolo, y posterior, como a los dos tres meses, estas dos personas, el exconcejal y la guerrillera, intentaron fugarse del campamento. La versión que dice Pablo Catatumbo es que, en ese intento de fuga del campamento donde estaban secuestrados, pues los guardias que salieron en la búsqueda de ellos, los asesinaron. Catatumbo no dio más información. Para Zamira es difícil poner en palabras lo que sintió en ese momento. Yo no sé cómo me ha dado Dios tanta fortaleza, porque es que eso es duro, duro, duro, duro.Para Victoria no fue muy diferente. A mí me dio durísimo darme cuenta que que estaba en efecto muerto, porque pues en todo caso todos, pues yo creo que uno siempre lo espera, ¿no? Ahora, el hecho mismo de que no hayan entregado nada solamente está como la declaración de ellos diciendo que sí, que ellos saben que lo mataron, pero que no te entreguen nada ¿Cómo entiendes que en el plano de lo físico esa persona ya no existe?En 2014, Santos fue reelegido en unas votaciones que casi pierde contra el candidato uribista, que prometía suspender los diálogos. A los pocos días de su posesión, el gobierno organizó a un grupo de víctimas para que fueran a La Habana a que hablaran directamente con los comandantes de las FARC sobre los puntos a discutir. A pesar de que no estaba de acuerdo con los diálogos, Zamira no quería desentenderse del proceso. Intentó por todos lados que la incluyeran en ese grupo, pero no lo logró. Le quedó entonces la sensación de que todo se estaba haciendo a espaldas de la gente y solo les importaban algunas víctimas. Eso, sumado a la noticia de la muerte de Oswaldo, endureció su oposición al acuerdo de paz. Habían pasado de ser secuestradores a asesinos, así de simple, y con asesinos no se podía negociar. Como se esperaba, el proceso de paz tuvo muchas dificultades y en varias ocasiones estuvo a punto de suspenderse. El gobierno fue claro desde el principio y dijo que no pararía las operaciones militares contra la guerrilla, por lo que básicamente las negociaciones se hicieron en medio de una guerra. Hubo ataques de ambos bandos, secuestros y bombardeos que pusieron en crisis los diálogos varias veces. Además, algunos sectores políticos, principalmente el uribismo, criticaban constantemente ciertos puntos de los acuerdos. Decían, por ejemplo, que el narcotráfico no podía ser catalogado como delito político y por lo tanto no era amnistiable. Tampoco les parecía que las cabezas de las FARC tuvieran puestos asegurados en el Congreso, y mucho menos que pagaran sus condenas en lugares especiales de reclusión, con trabajo social y otras actividades, y no en cárceles convencionales. Los negociadores del gobierno intentaban explicar esos puntos y otros más: que las amnistías se tendrían que discutir en el Congreso para hacer una ley al respecto; que se garantizarían solo cinco puestos en el Senado y la Cámara de Representantes durante únicamente dos periodos; que la justicia transicional no era sinónimo de impunidad, sino que le exigía la verdad a los victimarios a cambio de penas alternativas a la cárcel. Esa estrategia ya se había implementado en otros lugares del mundo, como en Sudáfrica, Irlanda del Norte, Argentina y Guatemala. Al final se trataban de mecanismos avalados por acuerdos internacionales para buscar una paz sólida. Después de cuatro años muy tensos, se llegó a un documento final en 2016. En el último punto aceptaron llevarlo a un plebiscito para que la gente decidiera entre dos opciones: sí o no… aprobar o rechazar el acuerdo de paz. Para ese punto, Victoria tenía claro que su voto era por él sí. Creía que, con esto, eran altas las probabilidades de que obtuvieran algún tipo de respuestas sobre el caso de su tío. : Pues yo sí estaba convencida de que eso nos iba al menos a dar una respuesta, ¿no? O sea, si realmente estaba muerto, si no lo estaba, si era que se había escapado, en qué condiciones había muerto, si estaba muerto, dónde estaba el cuerpo. Eso era una acción reparadora para todos y eso era para mí importante. Pero yo no votaba al sí solamente por mi tío, ¿sabes? Yo votaba al sí porque el conflicto armado colombiano no es solamente el secuestro, son muchas cosas. Historias muy duras. No era solamente el tema de la guerrilla, sino también todo lo que estaba involucrado en el conflicto: el campesino, niños, militares, policías, o sea, tanta gente involucrada tratando de salir adelante en un mundo y en un país sumamente desigual. A veces se atrevía a intentar conversarlo con sus papás… Pero era muy complejo porque, como te digo, mi papá es militar, o sea, la mirada de mi papá es esa y es inamovible. “Yo voy a votar no, no puedo creer que usted vaya a votar sí”, bueno. Y la de mi madre en todo caso era de una víctima que no estaba siendo tenida en cuenta en el proceso. Porque Zamira, además de que no solo no estaba de acuerdo con las negociaciones, se sentía excluida en ciertos aspectos… como por ejemplo, que no la hubieran llevado a La Habana. No, no, no. Uno a veces se siente como, como más… como que lo están victimizando más. Se siente uno maltratado.Mientras que los guerrilleros obtenían algo, ella quedaba ignorada. Y las críticas que tanto resonaban sobre el acuerdo de paz le fortalecieron la idea de que las FARC iba a controlar el país si este se aprobaba. Una semana antes del plebiscito, Victoria publicó en su Facebook una reflexión sobre el secuestro de su tío y las razones por las que votaría por el sí. Y bueno, eso Dios mío, llegaron allí mis tíos, mis primos, que cómo era posible que yo fuera a votar por el sí, que si era que yo no valoraba que mi padre hubiera sido militar y hubiera tenido que darse pues bala con esa gente, que si era que yo no recordaba todo el sufrimiento de mi abuela…No le sorprendió esa reacción. Intentó responder algunos comentarios de forma conciliadora y tratando de explicarles sus razones, pero luego desistió porque así como su mamá, ellos también tenían muy claro que su voto iba a ser por el no.Entonces imagínate, ¿cómo iba a entrar yo a tener esa discusión? Siempre salía perdiendo, pero pues en todo caso yo tenía mi postura muy clara. El 2 de octubre de 2016, día del plebiscito, Victoria y Zamira salieron de sus casas al puesto de votación creyendo firmemente en su decisión… y al mismo tiempo ambas convencidas de que iba a ganar el sí. Eso era lo que decían las encuestas y los analistas desde hacía meses. Por eso, el resultado fue tan sorprendente. Este es el presidente, Juan Manuel Santos: Yo los convoqué a que decidieran si respaldaban o no el acuerdo para la terminación del conflicto con las FARC. Y la mayoría, así sea por un estrechísimo margen, ha dicho que no. El resultado fue de poco más del 50% para el no. La diferencia fue de apenas poco más de 53 mil votos. Victoria era una de las millones de colombianas que no podía creer el resultado. Yo lloré mucho. Pues una tristeza muy profunda de ver como la respuesta a la gente, ¿no? Además aquel momento era de tanta polarización que ahora ya no era directamente yo soy de ese partido político, yo soy del otro, sino yo quiero la guerra y usted no la quiere. O yo quiero la paz y usted no la quiere. Fue un discurso muy complejo. Y se fue complejizando más con el paso del tiempo. A los pocos días, el gerente de la campaña por el no, dijo en una entrevista al periódico La República que los distintos opositores al acuerdo –30 individuos y 30 empresas – habían unido fuerzas para financiar una campaña que generara, sobre todo, indignación. Lo que querían era que la gente saliera a votar enfurecida. Se usaron distintas estrategias. Una de ellas fue no explicar realmente en qué consistían los acuerdos. Se enfocaron, más bien, en circular en redes sociales imágenes y mensajes con información engañosa, donde se decía que las FARC tendrían el poder, que el país se iba a convertir en una especie de Venezuela o que la impunidad estaba garantizada. La frase del entrevistado que usaron para titular el artículo fue: “El no en el plebiscito ha sido la campaña más barata y efectiva de la historia”. Por su parte, los votantes del sí salieron a las calles a pedirle al gobierno y a las FARC que se conservara lo pactado en La Habana, que no volvieran a los enfrentamientos. La comunidad internacional también pidió que no se rompieran los acuerdos y unos días después el presidente Santos recibió el Nobel de Paz que muchos interpretaron como un gesto de que el proceso debía continuar. Entonces el gobierno armó una estrategia para seguir adelante: se reunió con la oposición para hacer varios ajustes a cada punto acordado, como que la reforma agraria integral no afectaría el derecho a la propiedad privada, que aparte de los puestos de las FARC en el Congreso las organizaciones de víctimas también tendrían representación o que el Gobierno no renunciaría a la erradicación forzosa de cultivos ilícitos. Un mes después, ya sin someter ese nuevo documento a un plebiscito, firmaron el acuerdo final. Ahora invitamos a firmar el nuevo acuerdo de paz al señor presidente de la República de Colombia, doctor Juan Manuel Santos Calderón.Sí se pudo, sí se pudo…El paso siguiente sería la implementación de ese acuerdo final. Ahora se iban a poner en marcha las estrategias que impartirían justicia para los criminales, revelarían la verdad sobre los delitos que cometieron, ofrecerían reparaciones a las víctimas, y darían la garantía de que ese horror nunca volvería a suceder. Dentro del componente de justicia se creó un mecanismo que es muy importante para esta historia, y en el que me voy a detener un momento para explicar lo básico. Se llama Jurisdicción Especial para la Paz, la JEP, que investiga y juzga los delitos cometidos durante el conflicto armado hasta diciembre de 2016. El diseño de la JEP es diferente a la justicia ordinaria. Allá llegan los casos de excombatientes de las FARC y miembros de las Fuerzas Militares y la Policía. Si lo deciden voluntariamente, también se pueden presentar otros agentes del Estado y civiles que apoyaron el conflicto de cualquier forma. En un principio, los paramilitares no iban a estar porque están dentro de otro marco legal aprobado en 2005 y que resultó de unos acuerdos que hizo el gobierno Uribe con ellos. Pero se decidió que algunos casos sí pueden entrar de forma excepcional cuando se compruebe que trabajaron muy de cerca con la Fuerza Pública. Por un lado, la JEP revisa casos relacionados con delitos que se acordaron fueran amnistiables o indultables. Rebelión, sedición, conspiración, espionaje, porte ilegal de armas, entre otros. Por otro lado, hay unos delitos que se consideran tan graves, de lesa humanidad, de guerra, que no pueden ser amnistiados o indultados. La JEP decidió dividirlos en macrocasos: las ejecuciones extrajudiciales, el reclutamiento de menores de edad, las acciones violentas contra pueblos étnicos… También incluyeron el secuestro por parte de las FARC. También resolvió abrir otros cuatro casos dedicados a crímenes cometidos en territorios específicos. La tarea de la JEP en esos casos va más allá de impartir justicia. También se enfoca en proteger a las víctimas y ayudarlas a conseguir su derecho a la verdad y a la reparación. Para eso se recoge toda la información disponible sobre cada caso y se llama a los responsables a dar su versión voluntaria de lo que pasó. Este punto del proceso es muy importante. Si al investigar se dan cuenta de que esa versión no es cierta o está incompleta, los comparecientes pueden ser condenados a penas ordinarias de entre 15 y 20 años de cárcel, si los encuentran culpables. En algunos casos, cuando no aceptan su responsabilidad o se prueba que han vuelto a delinquir, pueden ser expulsados. Pero el acuerdo deja claro que si aportan a la verdad de forma plena, detallada y exhaustiva, y además las víctimas lo reconocen como tal, serán condenados a penas alternativas de entre cinco y ocho años en cárceles o penas propias sin cárcel pero haciendo trabajos, obras y actividades enfocadas en reparar a las víctimas . Enfoquémonos en los secuestros por parte de las FARC, que es lo que nos importa en esta historia. La JEP abrió el caso en julio de 2018. Durante la investigación lograron identificar a más de 21 mil secuestrados, incluido Oswaldo Díaz Cifuentes. Por ese secuestro, llegaron dos procesos a la JEP. Uno era el de Carlos Mario Cardona, alias el Paisa, que fue el segundo al mando del grupo que secuestró a Oswaldo. De hecho fue el único de ese grupo que sobrevivió a la guerra. El otro era el de Óscar Bolaños, a quien el hijo de Oswaldo reconoció cuando se llevaron a su papá, y del que luego se supo era chofer de la alcaldía. Desde 2019, el Paisa ha dado unas versiones voluntarias de lo que supuestamente pasó, pero hay inconsistencias en las fechas, los eventos y la forma en que murió Oswaldo. Por ejemplo, él no menciona lo del romance con la guerrillera, sino que le informaron que lo habían asesinado por ser muy rebelde. Además, el Paisa niega que Bolaños haya pertenecido a las FARC. Todo esto es contradictorio para la familia Díaz. Porque como te digo, mi sobrino reconoció al que los encerró, que es el tal Bolaños. Por este tipo de cosas, la familia de Oswaldo le pidió a la JEP que no tuviera en cuenta estas versiones para dar penas alternativas. Hasta el momento, la JEP no ha llamado a Bolaños a dar su versión libre de los hechos. Pablo Catatumbo, el comandante de quienes secuestraron a Oswaldo y que luego perteneció al secretariado de las FARC, también está en la JEP por diferentes delitos en los que debe aportar a la verdad. La mayoría de las audiencias de reconocimiento son privadas, pero, en algunos casos, para garantizar los derechos de las víctimas, se hacen eventos públicos en los que los comparecientes, como Catatumbo, deben aceptar su responsabilidad. Así lo hicieron con el macrocaso del secuestro. A mediados de 2022, la JEP organizó las primeras audiencias públicas. Allí citó a los siete miembros del antiguo secretariado de las FARC y a muchas víctimas, entre las que estaba Edward, el hijo de Oswaldo que fue testigo de su secuestro. Las iban a transmitir en directo entre el 21 y 23 de junio de ese año. Edward le pidió a su tía Zamira que lo acompañara a Bogotá. Ella, en principio, no estaría frente a los ex combatientes ni les hablaría, pero le dijo que podía estar en el público y escuchar directamente lo que él tenía para decirles y sus respuestas. Zamira lo dudó. Todo eso le había generado daños importantes en su salud, y no estaba dispuesta a soportar un golpe más. Pero Victoria le insistió. De pronto ella lo desestimaba, pero iba a ser transformador para ella, ¿no? O sea, no para la familia entera, sino para ella, para su propio proceso individual. Además, que era también importante que acompañara a Edward. Y yo también se lo dije: “Él necesita también estar acompañado por alguien mami, no lo vas a dejar solo en eso”.La convenció. Viajó con su sobrino y antes de las audiencias públicas les avisaron que habría unos encuentros privados con los excomandantes, para que pudieran hablar directamente, cara a cara, sin cámaras. Edward se negó a ir, pero Zamira lo vio como una oportunidad única de por fin tenerlos al frente, incluido a Pablo Catatumbo, y preguntarles lo que quisieran. A mí el corazón me hacía así, yo decía, ¿yo cómo voy a enfrentar a esta gente si…? Dios mío. Llamó a Victoria. Y yo le dije: “Mami, yo creo que, de pronto la reparación que vos estás esperando no va a llegar, porque obviamente no quiere decir que por hablar con él te van a entregar a mi tío sino que creo que es importante que eso sea como un cierre para vos y que vos tengas tu momento también allí de soltarlo, ¿no? De soltarlo definitivamente”.Victoria la animó a que anotara todas las preguntas que tuviera y organizara las ideas. Como ¿dónde estaban los restos? ¿Por qué había reconocido un año después, si hacía seis meses supuestamente lo habían matado? ¿Quién lo mató? ¿Si de verdad fue que se enamoró? O sea, como cosas muy específicas. Y quizás la que más la inquietaba: ¿Por qué lo secuestraron si no hay ninguna prueba de que Oswaldo cometiera esos delitos de los que lo acusó Catatumbo en el video? Y mi mamá tiene una profunda sospecha de pensar que fueron los políticos del momento, ¿no? Que lo mandaron a secuestrar, que ellos realmente lo que hicieron fue un mandado.Ese día llevaron a las víctimas a un salón especial. A cada una la sentaron en una mesa con personas que les iban a dar apoyo emocional y jurídico. La idea era que cada excomandante pasara por algunas mesas para conversar durante unos minutos. Antes de empezar, tuvieron una pequeña charla para aclararles a las víctimas lo que iba a pasar. Y enfatizar que no estaban obligadas a estar ahí, que podían irse cuando quisieran. Luego hicieron una oración. Cuando estuvieron listas, dejaron entrar a los excomandantes. Zamira se fijó en Catatumbo.El descargue de emociones y de ira y de todo que yo creo que todos sentimos es horrible, es horrible. Y yo miraba a ese señor con un odio, con una cosa… horrible.El primero que se sentó en la mesa de Zamira fue Pastor Alape, comandante del Bloque Magdalena Medio. No tenía nada que ver con el secuestro específico de Oswaldo, pero estaba ahí para pedir perdón a nombre de las FARC, aceptar los horrores que cometieron y reafirmar su compromiso con el proceso de paz. Zamira se sorprendió al oírlo.Ese señor, pues yo le vi como la sinceridad, como la humillación, como el remordimiento, como eso. Como hablaba y lloraba.Luego siguió Rodrigo Londoño, alias Timochenko, el último comandante de toda la organización. También le pidió perdón. Después vino el tercero, el que Zamira más esperaba pero al que más temía: Pablo Catatumbo. Él llegó con su abogada. Entonces me dijo: “Yo sí fui el comandante del Sexto Frente de las FARC. Yo no ordené el secuestro de tu hermano. A mí me avisaron de que lo habían secuestrado”. Por los supuestos delitos de corrupción. Entonces le dije: “¿Ustedes quiénes eran para eso?” Me dijo: “No, pues eso eran pues cosas de nosotros para tener como un mejor país, no sé qué”. : Zamira lo interrumpió.¿Se acuerda que usted, el septiembre del 2002, esto y esto?Le habló del video que salió en el noticiero y le preguntó insistentemente si a su hermano le habían comprobado alguno de esos delitos. Catatumbo dijo que no.¿Qué le comprobaron a…? “No, nada”. Entonces, le dije yo: “Señor, espero que usted desenlode el nombre de mi hermano y de la familia. Nosotros nunca le hemos robado a nadie, a nadie”. Yo tenía muchas ideas y cosas en la cabeza, y yo lloraba. Pero de todas formas no sé cómo yo sola ahí me desahogué. Yo tenía sí el apoyo de la muchacha trabajadora social, y ese señor era así como agachado… no, no, no sé.Después de que hablaron del secuestro de Oswaldo, Catatumbo empezó a contarle su historia personal. Tal vez quería justificar todo el horror que causó, despertar empatía, desahogarse… Quién sabe, pero Zamira lo escuchó con atención.Empezó a contar cosas que le han pasado a la familia de él. Cosas horribles. A una hermana, se la mandaron despedazada los paramilitares. Mejor dicho, es una familia que ha sufrido muchísimo, muchísimo, muchísimo. Entonces, digo yo, este señor de dónde agarra fuerzas y esta para, para seguir en esa guerra, ¡Dios mío bendito! : Se horrorizó con las cosas que le estaba contando ese hombre al que tanto odiaba desde hacía dos décadas. Pero el horror también venía de un lugar en el que no había pensado antes: que en este conflicto muchas víctimas se han vuelto victimarios y luego han dejado más y más víctimas… un ciclo interminable de violencia. No esperaba lo que le pasó.Claro, lo humanicé. Yo le toqué la fibra, yo no sé, y él a mí también. Mis sentimientos se van como volviendo como más flexibles al odio que yo estaba sintiendo, ¿sí? Yo no te voy a decir que uno perdona, pues, en total… pero sí, sí sentí empatía por esa gente. Yo creo que llegamos a un punto en que, sin decirnos te perdono, no sé qué, no sé qué, como a un entendimiento, porque ellos también en esa lucha han sufrido mucho.Zamira salió agotada de esa jornada y lo primero que hizo fue llamar a Victoria. Lloró en el teléfono, me contó como todo, cómo había sido. Y pues, no te voy a decir yo que me echo flores por haberla promovido que fuera allá, pero yo pienso que es un poco mi papel, lo siento como en el momento como tomando a mi mamá de la mano y llevándola a ir por lo siguiente, que en todo caso era ya a soltar. En una cosa muy fuerte y muy dura, por supuesto, nadie está dejando de reconocer que eso fue muy denso para mi madre, pero sí pienso que para ella fue transformador.Después de eso, el 22 de junio, fue la audiencia pública de reconocimiento. Incluyeron el caso de Oswaldo en la segunda sesión, que se enfocó en secuestros con fines de financiación. La hicieron en un auditorio grande en Bogotá y la transmitieron en directo. En el escenario pusieron tres mesas: una al fondo, horizontal, donde estaban las magistradas de la JEP. Las otras dos estaban frente a frente: en la de la izquierda estaban las víctimas y a la derecha, los siete excomandantes del secretariado. Después de casi siete horas de audiencia y varios bloques en los que otras víctimas contaron sus historias, se desahogaron y les hicieron preguntas a los de las FARC, llegó el turno de Edward, el hijo de Oswaldo, para confrontar a los victimarios. Continuamos entonces con el señor Edward Oswaldo Díaz. Él es hijo del exconcejal Oswaldo Díaz…Desde una de las sillas del auditorio, en medio de muchos otros asistentes, Zamira y la mamá de Edward lo acompañaban. Arrancó pidiéndole a uno de los de las FARC que no se durmiera. Antes que nada quería hacerle un llamado de atención al señor Milton: “Yo no creo que aquí a este recinto se pueda venir a dormir. Para que tenga eso en cuenta.” Después de presentarse, Edward contó cómo vivió el secuestro.Mi padre fue secuestrado en mi presencia, cuando yo era un niño de 14 años de edad. Ahora tengo 34 años. Nosotros estábamos en una situación de indefensión.Mientras hablaba, al fondo, en una pantalla, proyectaban fotos suyas de niño con Oswaldo. Edward continuó diciendo que, aunque Catatumbo reconoció que habían matado a su papá durante el secuestro, nunca aclaró dónde estaban sus restos ni al cuánto tiempo lo habían asesinado.Necesitamos aclarar eso porque tenemos sospechas de que ellos decían que lo tenían cuando ya lo habían asesinado.Luego, volvió a la pregunta que tantas veces se ha hecho la familia de Oswaldo y que seguramente no pararán de hacerla: ¿Por qué lo secuestraron? Mi papá no era un hombre adinerado. Mi papá era un buen hombre. Y era el mejor papá del mundo. Mi papá no era corrupto. Él no merecía que lo secuestraran y lo desaparecieran. Yo no merecía pasar por esto y mi familia tampoco. Y así mi papá hubiera sido mala persona, que no lo era, nadie merece que lo secuestren. Nadie merece eso, ni siquiera ustedes, porque son seres humanos.Continuó diciendo que esa decisión de secuestrar a su papá, lo único que produjo fue sufrimientoY también les habló a todos como organización. Ustedes eran un grupo terrorista, un ejército ilegal. Ustedes no eran la ley. Ustedes no debieron existir, las FARC como organización no debieron existir. Ustedes todo lo hicieron mal, no hicieron nada bien. Ustedes han sido el cáncer de Colombia, ustedes son un cáncer. En ese momento, Victoria estaba con su abuela en Palmira viendo la intervención de Edward. Aunque era evidente que no pretendía reconciliarse con sus victimarios, no la sorprendió. Pues yo entendía su dolor y entendía perfectamente el abordaje que le estaba dando, pues porque era su manera de transitar sus cosas y eso también está perfecto. Nadie puede venir a decirle eso está bien o mal.Tanto Victoria como su abuela lloraban mientras oían a Edward hablar. A su abuela también la conmovió mucho verlo. Claro, ella reconociendo a su hijo en los ademanes, en la forma en la que mueve las manos, el timbre de la voz. La forma con la que gesticula, ¿no? Lo tuvimos que quitar porque mi abuelita no fue capaz de verlo todo.Victoria siguió viendo en el celular y Edward insistió en que el trauma no se puede curar con nada. Nada puede reparar esta cicatriz que nosotros como víctimas tenemos en nuestros corazones. Nada. Absolutamente nada.Luego les hizo unas preguntas parecidas a las de Zamira: ¿Quiénes lo hicieron? ¿Hubo políticos involucrados? ¿Cómo participó Óscar Bolaños? Al final, leyó una oración, y remató con esto… Ustedes van a pagar. Ustedes van a pagar.Luego de la intervención de Edward, las magistradas les dieron la palabra a los victimarios para reconocer su culpa ante las víctimas. Después de tantos años de intentos fallidos de paz, esa escena aún parecía imposible: que los antiguos comandantes de un grupo armado tan violento y tan poderoso estuvieran ahí. Antes solo aparecían en videos amenazando con armas y uniformes camuflados en medio de la selva, diciendo que iban a secuestrar más, a poner más bombas, a tomar más poblaciones, a sabotear alguna votación. Pero ahora estaban sentados, vestidos de civil y mucho más viejos. Catatumbo fue el cuarto que habló y fue el encargado de aportar a la verdad en el caso de Oswaldo Díaz. Le doy la palabra al señor Pablo Catatumbo Torres.Bueno, buenas tardes a todas, a todos. Un saludo muy especial de reconocimiento y de respeto a las víctimas.Empezó reconociendo el delito. Hago presencia aquí en este acto de reconocimiento para asumir mi responsabilidad pública y libremente frente a crímenes de privación de la libertad.Aceptó que los secuestros fueron uno de los delitos más graves que cometieron durante el conflicto. El secuestro se hizo masivo. El secuestro causó dolores, daños, fracturas. Y no sólo victimiza a la persona secuestrada, sino también a sus seres queridos. Aunque lo hicieron como una forma de financiar la organización, con la excusa de que los más poderosos aportaran a la causa, tenía que reconocer que la mayoría de personas que secuestraron con fines económicos no tenían cómo pagar esa extorsión. Si se pensaba era afectar a los, a los ricos de verdad, a los poderosos, a lo que llamábamos en aquella época la oligarquía, pues no lo hicimos. Pero sí afectamos compatriotas, gente humilde, campesina o pequeños productores que no eran los responsables de la guerra.En ese momento pasó al caso de Oswaldo y le habló directamente a Edward. Como comandante de sus captores, reconoció la responsabilidad en su secuestro, asesinato y desaparición, y repitió lo que ya había dicho en otras ocasiones: que sus subalternos le informaron que lo habían retenido por corrupto, y que tiempo después, sin especificar cuánto, le reportaron que lo habían matado. Aceptó que hay contradicciones, que todavía quedan preguntas, y precisamente por eso entendía la rabia de Edward. Pero dijo que él no podía dar más información porque no la tenía. Según explicó, todo lo supo a través de relatos de terceros y, como ya sabemos, de ese grupo solo queda una persona viva, el Paisa, que tampoco estuvo presente en la muerte de Oswaldo. Pero sí fue claro en algo clave sobre Óscar Bolaños, el secuestrador que Edward reconoció.Que el señor Bolaños no es integrante de las FARC. No fue integrante de las extintas Farc.Catatumbo pasó a aceptar que nunca pudieron confirmar que Oswaldo era corrupto, y que sí, que habían atacado su dignidad en lo más profundo. Y como acto de reparación.Quiero hacer un reconocimiento y dignificar el nombre del concejal Oswaldo Díaz. Como ya dije, actuamos de manera irresponsable, de manera ligera calumniándolo a él y acusándolo de un delito que él no había cometido. Hoy quiero pedirle perdón no solamente a usted, Edward, a su madre, a su tía, al resto de su familia, porque realmente cometimos un crimen abominable con su padre. Tiene todo el derecho en pensar lo que ha expresado, y espero que no solamente usted y su familia, sino Colombia perdone los crímenes que cometimos.Por último, les pidió a sus antiguos compañeros que no estaban ahí que ayudaran a aliviar el dolor de las víctimas, que no le tuvieran miedo a la verdad porque el proceso de paz lo necesitaba. Y se comprometió a algo. Contribuiré en todo lo que de mí dependa para que este crimen del concejal Oswaldo Díaz pueda ser esclarecido en su totalidad. Eso quería decir, señora magistrada y muchas gracias.Muchas gracias. Yo creo que en este momento todos necesitamos una pausa. Ha sido muy intenso.Zamira volvió a su casa, en Palmira. No puede decir que se sienta reparada del todo. Tal vez, como su sobrino Edward, nunca logre sentirse así. El daño ya está hecho y nunca uno se repara de ese dolor tan grande que le causan a uno. Nunca. No es por dinero ni daño físico, sino un daño emocional.Pero quizás hay una señal evidente de que hubo un cambio en ella. Le pregunté si ahora votaría diferente en el plebiscito. ¿Y después de todo esto usted cree que cambiaría su voto?Sí, pues, puede que sí, porque sirvió mucho el encuentro con estas personas para pues yo entender que en realidad son cosas que se necesitan, a ver si de pronto que el país salga de tanta violencia, tanta cosa. Dios quiera que así sea, ¿no?A ver, si de pronto, las próximas generaciones puedan evitar sentir un dolor como el suyo. La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, que también surgió con los acuerdos de paz, continúa buscando los restos de Oswaldo. Hasta el momento sigue sin aclararse qué relación tenía Óscar Bolaños, el secuestrador que Edward reconoció, con las FARC. Aún no ha dado su versión voluntaria de lo que pasó. A la fecha solo han empezado dos juicios ante el Tribunal de Paz de la JEP y son por no reconocimiento de verdad. Ninguno de los comparecientes es excombatiente de las FARC. David Trujillo es productor senior de Radio Ambulante y vive en Bogotá. Esta historia fue editada por Camila Segura y Luis Fernando Vargas. Bruno Scelza hicieron el factchecking. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri y Ana Tuirán con música original de Ana. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Lisette Arévalo, Pablo Argüelles, Adriana Bernal, Aneris Casassus, Diego Corzo, Emilia Erbetta, Rémy Lozano, Selene Mazón, Juan David Naranjo, Ana Pais, Melisa Rabanales, Natalia Ramírez, Natalia Sánchez Loayza, Barbara Sawhill y Elsa Liliana Ulloa. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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